Del por qué la Reforma Educativa Mexicana debe preocuparnos a todos y todas en Latinoamérica

Por Marianicer Figueroa

Esta es la fachada de la Benemérita Escuela Normal Veracruzana “Enrique C. Rébsamen” en Xalapa México, en donde por tres días tuve la oportunidad de asistir en ocasión de participar como conferencista por el Centro Internacional Miranda de Venezuela, en el Congreso Nacional “ Las Escuelas Normales: Una mirada hacia el futuro de la Educación Pública “.

13516597_10208140131794824_2615391826654903408_nEscuchar de primera mano, las disertaciones de John Ackerman, Alberto Arnaut, Jurjo Torres, Gil Antón, entre otros y otras defensores de la educación pública, la dignificación de la profesión docente, y de la apuesta inalterable y esperanzadora por la construcción de otro mundo posible, afortunadamente puede compartirse y conocerse gracias al maravilloso e ingenioso trabajo de quienes con poca infraestructura tecnológica hicieron posible la transmisión en línea de tan nutrido evento, y la grabación de todas las conferencias, que pueden verse en https://www.youtube.com/channel/UCsWrnUzCCcqFdfKiJRDiz4Q

Del evento, más allá de lo enriquecedor de las conferencias, dado el alto nivel académico y político de las mismas, lo que más deseo resaltar de la totalidad de la jornada es que esta experiencia sirvió de escenario para dar cuenta de la altísima e inalterable reserva moral y de dignidad presente en las maestras y maestros normalistas asistentes al llamado de la Normal Veracruzana, quienes de todas partes de México, y a pesar de alertas de posibles sanciones por asistir a este encuentro, se reunieron para cantar al viento su palabra y sus convicciones del porqué rechazar firmemente la reforma ¿educativa? impuesta desde la Secretaria de Educación Mexicana, y a su vez del por qué seguir pensando y haciendo de la educación y la escuela pública un lugar para la emancipación de los pueblos, y no como escenario que prepara para los designios del mercado y la obediencia de muchos(as) para unos poquitos pocos.

Escuchar de primera mano los grandes errores cometidos por el Estado, en nombre de una Reforma Educativa que no solo no fue consultada públicamente con las y los docentes, sino que fue impulsada y creada por empresarios de la Educación, te hace entender las voces y la resistencia de quienes se han agrupado y acercado a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), resistencia que ya ha cobrado la libertad de varios de sus representantes, la muerte en Nochixtlán de ocho ciudadanos(as) dispuestos(as) a apoyarles, y la suspensión y la jubilación prematura de cientos de maestros(as) que se resistieron a ser sometidos(as) a un proceso de evaluación de su desempeño que solicita, como primera acción para ser considerados(as) aptos(as), que acepten que deben abandonar su condición de permanencia del cargo docente que ejercen, independiente de la antigüedad y los años de servicio que se tengan.

Esta realidad, que de antemano indigna, te hace advertir sobre los riesgos que la reforma conlleva, no solo para México, sino para toda Latinoamérica en tanto parece que es ese país el laboratorio político en donde se está probando lo que se quiere implantar en el resto de los países, en nombre de una Calidad Educativa homogénea y estandarizada, definida en grandes organismos Internacionales como la OCDE. En particular adviertes, no como lo han querido visibilizar las grandes corporaciones de la comunicación, que la resistencia de las y los docentes mexicanos ante esta Reforma que no es educativa sino laboral, no es para que no se les evalúe, sino para que la evaluación de su desempeño, sea dialogada y construida con las y los maestros, que la misma atienda no al conocimiento de manuales prescritos sino a la evaluación integral del acto de educar, y por ende que principalmente las mismas, sean contextualizadas a las diversidad cultural, económica y social que caracteriza cada región de México. Como dice la tela de los profesores de Chihuahua: “Evaluación SÍ, pero no así”, no para destituirlos, no para desmoralizarlos, no para desmantelar la estructura base de quienes pueden seguir siendo garantes de la creación de conciencia social, y no de la mera obediencia a normas y leyes escritas y modificadas a gusto por unos pocos hombres, blancos, empresarios, clase alta y habitantes de una México Urbana.

También te hace entender lo amenazante que es para el Capitalismo, tener maestros y maestras capaces de formar ciudadanía conocedora y defensora, de manera individual y colectiva, de sus derechos, y por lo tanto también es peligroso que esos educadores y educadoras sean firmes custodios(as) de la Escuela Pública en tanto hoy en día sigue siendo el escenario que no solo garantiza la gratuidad de la educación y con ello una mayor posibilidad de inclusión por todos y todas, sino también la concreción de un proyecto político-pedagógico emancipador y liberador de aquello que históricamente ha oprimido a nuestros pueblos. Que una reforma educativa impulse  y grite reiteradamente que cualquiera pueda ser maestro, que se entregue la educación a facilitadores(as) como medio para sustituir y eliminar las y los pedagogos, que se quiera eliminar las escuelas normalistas como la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, de donde aun se encuentran desaparecidos 43 estudiantes cuya conciencia les llevó a salir a la lucha, es muestra definitiva del miedo que el sistema mundo capitalista tiene al poder de quienes apuestan y trabajan por esa educación que garantiza el derecho a la esperanza, entendida esta como la absoluta convicción que todas y todos debemos tener, de manera personal y como pueblo, del derecho “a”.

Con todo eso terminas finalmente entendiendo que la lucha no es de unas pocas o pocos docentes en México, o exclusiva de esa gran parte del magisterio mexicano organizado como colectivo de resistencia e insurgencia, sino de muchas y muchos quienes habitamos más allá de la patria de Emiliano Zapata, asumiendo con ello esa idea alerta que nos regala Bertolt Brecht en su poema “Ahora vienen por mi”, de manera que no nos pase que cuando vengan por el resto de quienes apostamos por esa educación en Latinoamérica, al no ser maestros mexicanos, nos lamentemos que ya sea demasiado tarde para hacer algo.

Por eso a la derogación de esa nefasta Reforma, a la reconducción del rol del Estado como garante de la educación para todos y todas y no al servicio del mercado, al reconocimiento de las derechos alcanzados en luchas históricas del magisterio, al fortalecimiento de las Escuelas Normalistas como nicho para empoderar a las maestras y maestros con la pedagogía necesaria para subvertir el curriculum-receta prescrito en escritorios y academias coloniales, y al diálogo genuino y concertado entre todas las partes, incluyendo las y los estudiantes, madres, padres y representantes en diversidad de regiones, y no solo a las del norte de México, a eso a partir de esta experiencia, llamo a que apostemos y hagamos también nuestra causa.

No quiero terminar este reporte-llamado, sin hacer llegar de manera explícita mi profunda admiración y apoyo a ustedes maestras y maestros mexicanos.

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Marianicer Figueroa

Psicóloga e Investigadora del Centro Internacional Miranda y del Centro Nacional de Investigaciones Educativas (CNIE) de Venezuela. Dra. en Innovaciones Educativas. Activista por el Acceso Abierto y la Difusión Libre del Conocimiento.

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