Una Mirada desde el Proceso de Evaluación y Seguimiento del Estudiante, Hacia el Proceso de Evaluación Socialista.

(Sistematización de la práctica educativa)

Profesor José Eduardo Hermoso Q.

Sur América/Venezuela/julio de 2016

LA IDEA
La idea de escribir estas líneas se centra en la casi inexplorada historia de vida de cada uno de los evaluados, aquellos seres de incomprensible actuación (para nosotros los docentes) ante el proceso educativo, de actitudes irreverentes ante el compromiso de ser joven e irrespetuosamente igualado ante el maestro; debería de partir de algunos conceptos para comenzar a traslucidar hacia donde se dirige este escrito y lograr que el lector se impregne de estos conceptos a fin de conseguir afinidad con él, sin embargo, tomaré como base mi experiencia personal sistematizada sobre los procesos evaluativos que he venido realizando a mis estudiantes desde el comienzo de mi carrera, para violar de manera paulatina algunas preconcepciones que se nos viene encima al tratar de puntualizar lo que es evaluación y nuestra actuación como docentes en el aula.

UNA VERDAD INCOMODA.
¿Que debe saber nuestro estudiante?, ¿por qué debe saber eso nuestro estudiante?, ¿Quién puede determina que tanto sabe nuestro estudiante?, la verdad de estas respuesta se encuentra en la concepción que tenemos de nuestro papel en el hecho educativo y determina en realidad, que somos y que queremos conseguir de nuestros estudiantes, de aquí, distingo varias visiones de lo que se debe evaluar al momento de intentar determinar que tanto sabe nuestro estudiante, sin embargo, esas visiones se ven empañadas por la intencionalidad que, de tras fondo, tiene el docente, muchas veces de forma consciente y otras inconsciente, de “para que se debe evaluar”. Entre ese trasfondo se pueden dar varios ejemplos, tales como:
• El docente que evalúa en función de lo que él como experto sabe y no de lo que el estudiante sabe.
• El docente que evalúa en base a lo que el estudiante no sabe. Rebusca en los contenidos, aquellos puntos de mas difícil entendimiento, para demostrar que el estudiante no sabe y delegarle a este la responsabilidad de la nota.
• El docente que evalúa en base a lo que el estudiante sabe, buscando aquí cuales fueron sus propias debilidades como profesor.
• El docente que simplemente avalúa por evaluar, sin criterio y sin un ¿por qué?, de tal manera que lo importante es que el estudiante tenga alguna nota para cumplir un requisito
• …
Me gustaría detenerme aquí para internalizar, con mi amigo el lector, lo referente a ¿Qué es una nota?, buenos, muchos responderán que; es un número del 1 al 20 que el estudiante saca en: algún examen, algún trabajo, la materia, …, sin embargo, pienso que la nota debe ir mucho más allá que un simple valor, numeral o alfabético, que saca el estudiante en una evaluación. La nota debe ser el reflejo de, lo que él sabe y lo que él hace, por tanto, debe haber un equilibrio entre la nota y su conocimiento y actuar GENERAL en relación al contenido que se le está dando, pero de aquí surgen varios problemas, puesto que nosotros, como supuestos expertos, fragmentamos el contenido y decidimos que es lo que con mayor importancia (desde nuestra óptica) debe saber el estudiante con amplitud, así tendemos a preguntar fragmentos del contenido general que dimos como: fechas, lugares, formulas, definiciones, ejemplos particulares, …, luego de ello, entendemos que el papel donde se plasmaron las respuestas a nuestras preguntas fraccionadas, representa el espejo de la totalidad de lo que el estudiante sabe del contenido, así que procedemos a asignar puntos según el nivel de importancia que tiene para nosotros las preguntas, de tal manera que, en las respuestas buscamos elementos no concordantes con nuestra acción educativa (la clase) y procedemos de forma subjetiva a ir descontando la mayor cantidad de puntos, justificados o no, de las respuestas, para así, validar nuestro proceder (buscamos los errores y nos encerramos en ellos para colocar la nota). Caso contrario, cuando las respuestas fraccionadas se parecen a las respuestas que hemos pensado y se parece a nosotros o a nuestra materia, entonces procedemos de forma subjetiva a ir colocando la mayor cantidad de puntos y nunca o casi nuca evaluamos la aplicabilidad en la vida real de lo aprendió en nuestra clase. Si el lector es detallista se habrá dado cuenta que hemos olvidado en la evaluación al ser (el estudiante) y nos hemos basado únicamente en lo que escribió (que supuestamente representa lo que él sabe), sin embargo, olvidamos detalles como: falta de experiencia en la expresión escrita por parte del estudiante, solo preguntamos fragmentos y no un todo, el tiempo y la presión como enemigo de la evaluación,…, así terminamos evaluando una representación de él (la hoja, la cartelera, el trabajo,…) y no a él (como estudiante y como ser humano), de tal manera que en realidad no importa lo que él sabe sino lo que escribió; en mis años de experiencia he visto algunos colegas que cuando el estudiante se acerca para explicarle lo que él quiso hacer o decir en la evaluación, este le responde “eso no fue lo que escribiste y por tanto esta es tu nota y punto”, yo mismo caí en el error de darle más importancia, como matemático, a los resultados que a los procedimientos, cuando, reflexioné sobre el asunto, empecé a darle más importancia a los procedimientos que a los resultados, pero por último me di cuenta que, ni son los procedimientos ni son los resultados escritos en la hoja; sino el entendimiento propio del estudiante y que finalmente la nota de ellos representan mi actuación como docente

MIS ERRORES COMO DOCENTE
Años tras años, había venido buscando una manera de corregir lo mas objetivamente posible a mis estudiantes e insistentemente cambiaba métodos de evaluación continuamente, ya que cada prueba, cada trabajo, cada evaluación, …, me llevaba irremediablemente a un grupo de estudiantes que aprobaba y a otro que reprobaba, a un grupo interesado y a otro menos interesado en la materia, por tanto me fui frustrando del rendimiento de los estudiantes y de su conducta ante la matemática, lo cual me llevo a preguntarme ¿Qué sabia yo de evaluación? y comencé a hurgar muchos conceptos y definiciones, sin encontrar en ello un aliciente que me permitiera entender el ¿por qué de mi frustración?, muchas de esas lecturas me parecían descontextualizadas, descabelladas y en otros casos me veía reflejado en el autor pero no conseguía los resultados que, según él debía lograr. Entendí que, en vez de revisar otros autores debía comenzar por revisarme a mí mismo y poner en duda todo lo que sabía hasta el momento, comencé así por mi materia, seguí por lo que es evaluación, y me fui indetenible a cuestionarme todo, hasta descubrir que yo tenía debilidades en los contenidos de algunas materias de bachillerato y pensé ¿cómo es posible eso?, ¿por qué no se ingles?, ¿Por qué no recuerdo química?…

EL RENACIMIENTO
Comencé a descubrir, que no todos los estudiantes habían madurado (por decirlo de algún modo) a la par de los contenidos que, año tras año, se le estaban dando en matemática y en todas las otras materias; por tanto, no era justo evaluar a la par a todos los estudiantes, de igual modo estaba evaluando fragmentado el conocimiento y ¿quién era yo para decidir que debían saber ellos en su vida?. En un principio, para mi todos debían saber a profundidad matemática sin importar que hicieran con ese conocimiento, pero después entendía que si un estudiante deseaba ser músico, poeta, actor, …, o simplemente no seguir estudiando, el nivel de importancia en mi materia no era el mismo que el mío, por tanto, no se esforzaría por desarrollar un comprensión en profundidad, ya que sus intereses estaban dirigidos a otro fin, así que a este estudiante no debía evaluarlo con la misma rigurosidad con que debía evaluar a un estudiante que quisiera ser ingeniero, arquitecto, licenciado o cualquier carrera que contuviera las ciencias exactas, sin embargo los problemas se iban profundizando cuando les preguntaba a mis estudiantes ¿Qué querían ser cuando llegaran a la universidad? ya que en las respuestas de la mayoría no había una claridad de futuro, sino más bien una apatía a seguir estudiando.
Que tenía hasta el momento:
• Frustración de la realidad que presentaba en mi materia.
• Dudas sobre lo que sabía y sobre lo que debía saber yo.
• Mucha experiencia sobre métodos de evaluación fallida.
• Diversidad de estudiantes.
• …
El cuestionamiento de todo esto, me permitió ver que estaba cegado por la luz incandescente de la disciplina que manejaba, todo debía ser un número y sin importar que ocurría en la mente del estudiante, en su vida y en su entorno. Me di cuenta que solo me interesaba el papel de la evaluación que él debía cumplir, este despertar de conciencia, en mi actuación, me llevo a redescubrir al estudiante como ser orgánico, con muchas debilidades y con muchas fortalezas, por tanto, no debía buscar las debilidades, sino buscar las fortalezas y potencializarlas a fin de lograr una madurez relativa a su desarrollo único como estudiante en mi materia, por tanto, debía preguntar en una evaluación “que sabía” y “como lo sabía”; visto el “como” en forma de razonamiento, pero lo más importante del despertar; fue el descubrir que yo nunca podría saber que tanto sabe él del contenido y que el único que puede saberlo es él mismo, así que: si la nota representa lo que él sabe, por consiguiente, la nota la tiene que poner el estudiante y no yo; mi papel en toda la evaluación sería orientar la nota hacia la honestidad. Ahora bien, en cuanto al fraccionamiento, tanto del contenido como de la individualización del entendimiento del contenido de la materia, comprendí que el trabajo en grupo debía ser el eje principal y que debía apartar de la mente del estudiante la necesidad de pasar la materia y enfocarlo al entendimiento del contenido, así que procedí a internalizar una nueva praxis del trabajo en grupo basado en la interiorización de su responsabilidad como estudiante y como miembro de un salón.

Nueva Praxis Educativa. Desde los grupos:
La nueva praxis educativa pasó necesariamente por una revisión personal, donde decanté la realidad de nuestro contacto educativo hacia los estudiantes que son, en ciencia cierta, nuestra razón de ser, aquí, me detuve a estudiar a fondo el comportamiento de nuestros estudiantes, para poder luego crear una metodología de evaluación acorde con la madurez matemática de cada estudiante en 4to año de bachillerato, sin embargo, al ir haciendo un estudio profundo del comportamiento estudiantil, fui descubriendo que dentro de los salones de clase existían distintos grupos, de diversos intereses y que en su mayoría se encontraban en rivalidad, es así, como pude visualizar que las clases, eran en esencia, todo lo contrario de lo que los profesores pensábamos, ya que, los grupos en rivalidad, al estar hacinados en un espacio, utilizaban las horas de clase para el enfrentamiento entre ellos, un ejemplo de esto es: cuando un estudiante molesta a otro, cuando un estudiante roba a otro compañero, cuando un estudiante busca atacar directamente a otro grupo de clase,…, y así continuamente, mas sin embargo, ya que vemos a un estudiante, pero no al que está detrás de él, y que en cuyo caso, existe su grupo que lo incita, lo aúpa y lo premia por actuar de esta manera, todo esto tratando de que el profesor no se diera cuenta de lo que ocurría, ya que este se encontraría concentrado en explicar su materia. De aquí pude al menos, visualizar 3 grupos distintos por cada salón, lo cual me llevo a preguntarme, ¿Cómo es posible que esto ocurra?, ¿Cómo no me di cuenta antes?, ¿Cómo es posible que los profesores no nos interesemos en estudiar a estos grupos?, y la pregunta mas importante ¿por qué existen estos grupos?, por tanto, me propuse a trabajar en la convivencia sana de estos grupos, mientras intentaba comprender la naturaleza de la necesidad, de los estudiantes, de conformar grupos de este tipo con esas rivalidades. Al pasar el tiempo he ir trabajando en los grupos, me fui frustrando, ya que, el avance en la tolerancia entre ellos no mejoraba, todo lo contrario, cada vez era mas evidente y repetitivo los choques entre los bandos, me pregunte entonces, ¿qué estoy haciendo mal?, lo cual, me llevo a un análisis profundo de mi actuación y entendía que mis clases eran de 2 horas, una vez a la semana en cada sección, siendo muy poco el tiempo semanal para trabajar en mejorar el comportamiento grupal, pero descubrí también que, existía otras 34 horas de otras materias que no había tomado en cuenta y que necesitaba saber, que estaba pasando con los grupos durante esas horas de clases, así que, decidí, de forma clandestina, ver como mis compañeros docentes enfrentaban el problema de los grupos, tomé la decisión de espiar a mis colegas y lo que descubrí me horrorizo, pues, evidencié que lejos de tratar las rivalidades de los grupos, las apoyaban, de hecho, vi como sus prácticas de clase incentivaban la competencia mal sana entre ellos, que para colmo, con la excusa de las evaluaciones, asentaban las discrepancias, como ejemplo expongo: en educación física, como el docente no estaba al tanto de los conflictos de los grupo, en una evaluación cualquiera, mandaba a formar equipo, donde el mejor equipo ganaba la mayor cantidad de puntos y el peor equipo simplemente perdía puntos, no existía cooperación grupal, simplemente competencia, lo que llevaba a la triste conclusión, a posterior de la clase, al enfrentamiento como grupos, ya sea con burlas verbales o gestuales, entre otras; en castellano, en física y en casi todas las demás materias, al ignorar el profesor lo que ocurría en cada salón con los grupos, cometían el mismo error, impulsando las rivalidades, tanto es así que, existían piques entre salones, que los profesores desconocían, y que de una u otra forma, habían ayudado a que aparecieran dichas diferencias, al comparar abiertamente, secciones con secciones, grados contra grados, estudiantes con estudiantes, sin embargo, al tratar de conversar con mis colegas me conseguí una total apatía a tratar de solucionar los problemas grupales, pues ellos no querían cambiar sus prácticas educativas. Al develar esta realidad en toda su inmensidad, decidí entonces, buscar ayuda nuevamente en los libros de diversas materias como: técnicas grupales, psicología educativa, programación neurolingüística, entre otras; ciertamente, después de su revisión, me di cuenta que la propuesta de la solución tenía que venir de mi parte, ya que, estos libros hablaban de forma universal, de algunas situaciones también generales o específicas que no eran mi caso y que solo me proporcionarían las herramientas como tal, y no, para mi caso específico, entonces, tuve algunas ideas de cómo enfrentar la situación utilizando como base la contextualización de las lecturas que había realizado.

El combate de la división grupal
Entendí entonces que, en realidad estaba combatiendo con paradigmas establecidos desde hace mucho tiempo en la institución, que se habían instalado en el comportamiento de nuestros estudiantes, así, decidí romper con toda la experiencia de mi práctica educativa y empezar a trabajar desde los grupos, para lo cual debía re-concebir en los estudiantes el cómo se miraban entre ellos, trabajando así el desarrollo evolutivo en matemáticas, comencé entonces a trabajar en la evaluación de los grupos, imponiendo como regla normada en el salón que “todos debían pasar”, nadie podía aplazar, con el lema “o todos pasan o todos se quedan”, para lo cual en pequeños espacios de la propia clase, explica la evolución del pensamiento para que fueran comprendiendo de que no todos tenían el mismo desarrollo, y que por tanto, los más adelantados debían ayudar a los que más les costaba entender, fue así como comencé hacer dinámicas con todo el salón dentro del aula, de tal manera que, por ejemplo, en las evaluaciones colocaba una pregunta por persona, los reunía en grupo donde debía decidir quién era el líder del grupo, el cual tenía la responsabilidad de hacer trabajar a cada miembro, de hacer la preguntas al profesor, de distribuir la preguntas, entre otros, y luego cada miembro debía colocar en su hoja su respuesta más la de los otros integrantes del grupo, de tal manera que mientras copiaban la respuesta del compañero este le explicaba cómo había realizado el ejercicio, lo cual, abría un debate entre ellos. Al momento de evaluar, yo corregía los ejercicios sin colocar nota, así, a la clase siguiente les entregaba la hoja de la evaluación corregida pero sin nota, por tanto, cada estudiante tenía que venir a mí a explicar cómo había sido su metodología de trabajo, como se había comportado el grupo con él, como se había sentido con el grupo, y por último le preguntaba, ¿qué nota se ponía él?, no solo en la propia hoja de evaluación, sino, en el desempeño del grupo en el cual participó, también le preguntaba, ¿qué nota me ponía a mí como profesor?, tanto en la explicación del contenido como en las dinámicas de evaluación. Las respuestas aquí me dejaban asombrado, porque, a mi como profesor me colocaban notas altas entre 17 y 20 pero cuando tocaba la autoevaluación, muchos de estos estudiantes al ver la cantidad de detalles que le marcaban en la hoja se colocaban notas extremadamente bajas, otros simplemente me eran honestos y confesaban que terceros estudiantes le había realizado el ejercicio, otros le echaban la culta al grupo, los más brillantes se colocaban altas notas y no asumían la responsabilidad del trabajo grupal solo del ejercicio que ellos habían realizado, y así sucesivamente. Evalué la autoestima y Escuchaba cada uno de los argumentos y excusas que ponían sobre su actuación grupal y su nota, al final, les explicaba que la nota que ellos se ponían en realidad era la que yo me merecía, por tanto esas notas bajas como 08,09,10,…, eran la evaluación de mi actuación como profesor, esto causó impacto, ya que no habían relacionado mi papel como maestro y su rendimiento académico, les recordaba el lema “o todos pasan o todos se quedan”, y les preguntaba ¿cómo íbamos a resolver la situación?, ellos decían desde las propuestas más descabelladas hasta llegar a la más razonables, entre ellas estaba que el grupo de los que más sabían le explicaban a los que menos sabían, preparándolos para defender su evaluación, esto hizo que compartieran mas, que se conocieran, que tuvieran metas en común, que salvara sus diferencias, no necesariamente debían ser amigo, simplemente que entendieran que por sobre todo eran “compañeros de clase” y que debían ayudarse a alcanzar las metas establecidas por los profesores,

SALVANDO LAS DIFERENCIAS DE LOS GRUPOS
Al principio costó mucho que los grupos entendieran a profundidad lo que deseaba lograr con ellos y conmigo, pero después de la 3era evaluación los muchachos se acostumbraron a la metodología, al término de cada lapso hacíamos una dinámica de autoevaluación – heteroevaluación – coevaluación, donde cada quién sabía cuáles eran sus debilidades, tanto en los contenidos evaluados como en el trabajo en grupo, logrando altas reflexiones de su papel como estudiantes, y de su madurez educativa, en algunos casos se pedían hasta disculpas por pensamientos y acciones egoístas que habían tenidos en algunos momentos determinados, en otros casos me sentía lleno de mucho orgullo cuando un estudiante brillante defendía la nota de un estudiante que tenía problemas, a tal punto que sus argumentos hacían ver el nivel de comprensión sobre la vida y el desarrollo académico del otro, en un momento me dieron la sorpresa, cuando estuve de reposo 2 semanas, que se había reunido todo el salón durante ese tiempo para estudiar mi materia, dentro y fuera del liceo, haciéndome sentir satisfecho, esto hizo que su rendimiento en matemática fuera muy bueno, evitó por consiguiente que al termino del año los estudiantes vinieran a mí a solicitar puntos, ya que al final comprendieron que no era yo quien había colocado la nota, sino ellos, logré aumentar su autoestima, así como autoconfianza en matemática y que redescubrieran el valor de ser compañeros de clase aprobando todos la materia.

MÁS INNOVACIONES
El estudio de los grupos y la concentración de ellos dentro del salón de clase, hizo que entendiera la necesidad urgente de cambiar las metodologías para dar mis clases, con mucho esfuerzo compre un video beam y comencé a hacer las presentaciones de los contenidos que deseaba que ellos dominaran, a demás, utilicé sus correos para enviarles la presentación una semana antes de cada clase, esto con la finalidad de que, al menos, la revisaran y trataran de comprender, así mismo, les mandaba varios video de internet donde explicaban el contenido que yo iba a dar. Al inicio de cada clase comenzábamos con algún pequeño juego matemático como sudoku, tahagram chino, entre otros, luego se iniciaban las presentaciones que duraban un máximo de 45 minutos, al termino de estas había un trabajo grupal que debían realizar para desarrollar el cooperativismo, así mismo, les asigné una carpeta a cada estudiante para que fueran guardando los trabajos y los resultados de sus evaluaciones, de tal manera que, cuando alguno sentía que dominaba mejor un contenido podía recuperar la nota, esta carpeta permanecía dentro del liceo y todas las clases se las entregaba para que la revisaran y vieran su desarrollo, igualmente manteníamos contacto permanente a través del correo electrónico o mensajes telefónicos, de tal manera que, en cualquier momento me podían consultar sobre alguna duda en matemática o cualquier otro ámbito de la vida.

LAS DIFICULTADES
El problema mas grande que enfrenté fue el total rechazo por parte de la gran mayoría de mis compañeros, que se dedicó a desacredítame ante la dirección del plantel, poniendo en duda mi ética y mi moral, tratando de establecer argumentos sin consistencias, alegando que mi práctica lo que hacía era fomentar la indisciplina, ya que los estudiantes ponían punto de comparación entre mis metodologías y las de ellos, lo cual era contraproducente para la disciplina que ellos imponía dentro de su clase, decían además que como era posible que los estudiantes se evaluaran ellos mismos y al profesor, que eso era desacertado para el liceo, sin embargo, cada vez eran mas los estudiantes que defendían mi metodología, desmontando cualquier argumento en mi contra.

QUE SE LOCRÓ
Se logro un empoderamiento de los estudiantes, sobre su actuación dentro y fuera de las clases de matemática, la comprensión inequívoca de que eran responsables de su vida y sus notas, que existía un relación directa entre lo que sabían en matemática, su actuación como grupo y la nota que sacaban en la materia, es decir, era un todo en conjunto, comprendieron además lo importante de mantener relaciones armónicas entre compañeros y a superar sus individualidades para alcanzar las metas en conjunto.

QUE LOGRE PERSONALMENTE.
A parte de lograr grandes satisfacciones y haber superado mis frustraciones como docente, al año siguiente de comenzar mi nueva praxis académica, fueron las elecciones de los nuevos directivos del plantel, dando como resultado que los propios estudiantes me postularan como jefe del departamento de evaluación, por el cual obtuve mas del 90% de los votos, ganando así dicha jefatura, la cual ejercí siempre a favor de los estudiante, de allí pude analizar desde una perspectiva trans-disciplinar lo complejo de la evaluación estudiantil y las categorías que surgen cuando intentamos interpretar el conocimiento para darle una nota, así mismo, me interesé en la investigación educativa y comencé un curso de doctorado … pero esa es otra historia.

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