Al maestro con cariño: Ricardo Trejos Maldonado

Autor: Edwin Sánchez

Centroamérica/Nicaragua/Julio de 2016/ El 19 Digital.com

Si tuviera que definir en carne y hueso el concepto de humanismo, mis recuerdos, vivencias, formación, siempre me llevarían al profesor Ricardo Trejos Maldonado: un Magisterio completo.
Por su figura, alto y delgado, sincero y culto, sin ínfulas de grandeza, porque era demasiado talentoso para caer en la mediocridad de la arrogancia, me parecía un Quijote.
Militante de la Revolución Sandinista, no era un cuadrado de los que en la época de las vacas gordas abundan y cuando llegan las otras, son los primeros en cuadrarse al nuevo poder y sus influencias.
Somoza Debayle le llamó “comunista”. Y veo al “profe” como le llamé siempre, de pie, y me imagino su verbo en adarga, en una conferencia del dictador. Es una vieja foto de “Novedades”, el diario del somocismo. Ahí, en vez de una simple pregunta, cuestionaba, esgrimía, denunciaba, a rostro descubierto. Y no era a un simple “molino de viento” al que se enfrentaba, sino al último de los huracanes que asoló Nicaragua.
A pesar de haber llegado a la Meca del periodismo nacional en los años 70, de formar parte del gran equipo de Pedro Joaquín Chamorro, su larga trayectoria, su intensa labor docente, de orador insigne, de hombre de letras, de haber acuñado su nombre con el fuego de la palabra impresa, nada le cambió su humildad.
Nadie nace aprendido, pero tampoco la Universidad lo da todo. Después de mi corresponsalía en Barricada y el área de Medios del Comité de Dirección Departamental del FSLN en Carazo, llegué en noviembre de 1983 a la Redacción Central de El Nuevo Diario.
En un edificio de latón, en la Carretera Norte, donde años atrás había peleado Alexis Argüello, conocí al maestro que con otros catedráticos de la prensa escrita, creó el nuevo proyecto periodístico, tras abandonar el rotativo que ya no era el de PJCh: el giro sin retorno hacia la derecha más conservadora había provocado aquel ilustre éxodo.
END nació de aquella pléyade, que en ese tiempo, además del profesor Trejos, contaba con Filadelfo Alemán, Agustín Fuentes, Ernesto Aburto, Hermógenes Balladares…, y de fotógrafos inolvidables como Carlos Doña y Manuel Salazar.
Un periódico reforzado con otro maestro, Mario Fulvio Espinoza, el inteligente William Grigsby Vado, además de Emigdio Suárez. Esta leyenda del periodismo nacional, sin artefactos electrónicos más que su memoria y su pluma, era capaz de extraerle la esencia de los discursos a los Comandantes de la Revolución, aun aquellos difíciles de ser comprensibles como tardos en desenredar la historia de Nicaragua. Es que las revoluciones llevan de todo, pero solo los auténticos van incluso hasta más allá del final.
En aquella época de la agresión de Reagan, del financiamiento a la desestabilización, de intentar ahogar por hambre a Nicaragua, RTM, Jefe de Redacción, era dialogante, reflexivo, plural. ¡Cuánto no se aprende de una personalidad de esa dimensión!
La amplitud de criterio del profe ahora puede sonar fácil, pero en los 80 no bajaba de proeza. Un escrito de Eduardo Galeano nos da la perspectiva de aquel contexto que una minoría extremista quiere ahora reciclar con su promocionada “denuncia internacional”:
“Nicaragua no recibe un centavo. Se ha convertido, para las finanzas mundiales, en un país paria. El embajador Carlos Argüello nos leyó una carta reveladora. El 30 de enero de 1985, el estadounidense George Schultz ordenó al mexicano presidente del Banco Interamericano de Desarrollo que cancelara un crédito ya concedido a Nicaragua. El crédito fue cancelado.
“A los Gobiernos del Tercer Mundo que quieren transformar la realidad en vez de administrarla, se les cierra la bolsa. No hay más que recordar aquella frase de Henry Kissinger, en tiempos de Salvador Allende: ‘Haremos que la economía chilena chille de dolor’”.
Esa era la situación de nuestra patria, cuando chillaba su economía por órdenes de Washington, y ahí, con esas reglas impuestas, le tocó lidiar al maestro, porque en muchas partes hay sus reaccionarios disfrazados de “sandinistas puros” que no entienden el país, ignorantes de su cultura, de su historia, y aprovechándose del cargo, perjudican a la Revolución.
Fueron años peligrosos los que el profe vivió durante la represión somocista, y tiempos de riesgo en la década de la Revolución, de ser mal interpretado: él era un pensante, esmerado en las reuniones matinales en convencer. Era un hombre de partido, pero un humanista de cuerpo entero. Es que los humanistas convencen, los deshumanizados solo vencen.
Persuadido del cambio, él mismo hacía mucho que había dejado el conservatismo antisomocista para ser un lúcido hombre de izquierda; izquierda de avanzada, de visión amplia y nunca apegado a ortodoxias inútiles.
Pienso que por ser hombre de ideas, por su firmeza y carácter, no fue de los que tras la derrota electoral de 1990, renunció al carné del Frente Sandinista.
Quizás por ese contacto con la realidad viva que no palpita en los escritorios ni en los manuales ideológicos; de ser pueblo y del pueblo, de no apartarse de esas multitudes olorosas de Sol, el profesor fue un grande que conceptualizaba el periodismo como escuela, como vehículo del conocimiento para los lectores: una clase al aire libre. Por eso se fue, jugándose su futuro y el de los suyos, a fundar un diario, ese diario que tanto quiso con todo lo que le daba el alma, el comandante Tomás Borge.
Este educador nunca ocupó el diarismo como herramienta de la mentira y la distorsión. Haber dejado “La Prensa” fue su protesta contra la degradación del digno oficio a falso periodismo, ese atrofiado de “manipulaciones malignas y tergiversaciones venenosas que le dan a la noticia la magnitud de un arma mortal”, como diría Gabriel García Márquez.
Creyente de la libertad, no encontró una contradicción entre su militancia en el Sandinismo y su entrega al Periodismo, porque también venía provisto de su república chica, Masaya, y ese arraigo a la tierra ancestral podría explicar bastante cómo transpiraba la Revolución a través de cada capítulo de su biografía.
Masaya y folklore suenan a sinónimo. Masaya y marimba a creatividad. Masaya y sus pequeños talleres, sus artesanías, sus industrias, su florecido comercio, a libertad sin patrones ni gamonales.
La Muy Noble y Leal Villa Fiel de San Fernando de Masaya fue para el profesor Trejos su Patria Cultural y El Nuevo Diario recibió a través de él, esa grata e insuperable influencia.
Por algo, de manos del Presidente Daniel Ortega y la escritora Rosario Murillo, recibió la Orden Independencia Cultural “Rubén Darío”: fue el magno reconocimiento a un cultor de la libertad.
Si la Edad Clásica del Periodismo Nicaragüense tiene un nombre, yo escogería el de Ricardo Trejos Maldonado.
Fuente: http://www.el19digital.com/articulos/ver/titulo:43873-al-maestro-con-carino-ricardo-trejos-maldonado

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Edwin Sánchez Delgado

Edwin Sánchez Delgado

Nacido el 13 de agosto de 1959. Periodista de El Nuevo Diario. Egresado de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Centroamericana (UCA). Ha publicado “Al Sur del siglo” y con su obra “La deuda pendiente con Rubén Darío”, obtuvo el «Premio Nacional Rubén Darío 2000». A través del Centro Nicaragüense de Escritores publicó “Sueño en relieve”. Es miembro del Centro Nicaragüense de Escritores. Un fauno en el Oriental (Cuentos) fue uno de los libros ganadores del “Certamen para publicación de obras literarias” convocado en 2010 por el Centro Nicaragüense de Escritores (CNE).

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