La escuela como trinchera pedagógica de la clase obrera

Por. Alejandro Marin

La educación de los trabajadores necesita construirse en perspectiva antagónica con los intereses de la burguesía.

Aunque todavía no está definido el escenario político de los próximos años, en relación al avance de la derecha en la región y la capacidad de organización y resistencia de las masas, es evidente que las clases dominantes comienzan a preparar el terreno ideológico para imponer un discurso, una moral, una conciencia hegemónica al conjunto de la población.

En este sentido, la escuela como espacio de producción y reproducción de los saberes forma parte de la disputa por la dirección intelectual. El debate en torno a la función docente se enmarca entonces en esa contienda, que recorre desde las originarias posiciones conservadoras que exaltaban la “vocación”, hasta los defensores del liberalismo de los 90 que se reciclan hoy en el macrismo y que vuelven a poner en el centro del debate viejas disyuntivas: ¿educadores o políticos?, ¿trabajo asalariado o misión vocacional?

Las consecuencias negativas del modelo expresado en la paradigmática Ley Federal, dejó al descubierto que es en la cultura donde el neoliberalismo impone sus pretendidos aprendizajes de competencia, de superación individual, de sacrificio personal, al tiempo que destruye el sentido de la justicia, la solidaridad, la cooperación y la igualdad. La intención del gobierno de reinstalar ese modelo pedagógico, con la prédica voluntarista de sacrificio nacional para superar la crisis nos exige por un lado, reafirmar posiciones teóricas críticas sobre esta concepción y por otro, recrear una praxis que dispute el currículum en las aulas y conquiste derechos en las calles.

La “educación” es una arena de disputa en la construcción de cualquier proyecto colectivo y por lo tanto el sentido de toda práctica educativa es esencialmente de naturaleza política. La defensa de la “calidad” se promueve en un ejercicio que motive a los chicos a cuestionar desde el saber, a experimentar y rebelarse frente a lo injusto para la transformación de una realidad que pide a gritos ser modificada.

En ese contexto, la implementación del Programa Nacional de Evaluación entre otros, no busca mejorar los saberes de los estudiantes, sino estandarizar contenidos y castigar a los docentes. Busca medir los saberes bajo una lógica cuantitativa que cumpla con ciertos patrones de eficiencia elaborados y predeterminados por empresas consultoras.

Un ejemplo cercano lo constituye el Sistema Nacional de Evaluación del Desempeño (Sned) en Chile, que calcula el índice sobre una fórmula de siete factores en el que se destaca el de “efectividad”. Recientemente, producto de la histórica pelea que los estudiantes vienen dando hace años, las tomas y las huelgas; tres Institutos han perdido la categoría de excelencia y por lo tanto no recibirán la subvención especial que luego se traduce en un bono de incentivo salarial para los docentes.
Desinversión, ampliación de la jornada laboral, implementación de proyectos y nombramientos por fuera de los marcos normativos, salarios retrasados que obligan a trabajar en doble turno y modificación de regímenes jubilatorios en algunas provincias, son otros indicadores de la reforma que se viene. Si reconocemos que Bullrich y los Ministros que asisten al Consejo Federal de educación son los responsables de trazar las prioridades educativas. Si en el mismo sentido esos ministros son serviles a la política económica que defiende a las clases dominantes, mientras las burocracias sindicales garantizan un esquema de persecución a las organizaciones combativas, no es difícil concluir que el horizonte para los estudiantes de los sectores populares y los trabajadores docentes será profundamente regresivo en términos de derechos.
La clave para que la escuela pública siga siendo un símbolo de dignidad, se debe en gran medida a la resistencia militante que las maestras y maestros desarrollaron en los 90 y el posterior ciclo Nac & pop. Convencidos de que la realidad es dialéctica, las derrotas transitorias y los triunfos parciales nos enseñan que en condiciones de recesión, mayor pobreza y transferencia de recursos, debemos defenderla como una trinchera más de la lucha de clases, opuesta a la escuela de los demagogos que se construye en la obsecuencia, la resignación y la mutilación política de la pedagogía.

A continuación reproducimos el petitorio contra los desafueros, la exoneraciones y por a nulidad de las condenas que recibieron los miembros del SUTEF. Envía tu adhesión a: alejandrokloke@gmail.com https://www.facebook.com/sutefprensa.provincial/?ref=ts&fref=ts

Los abajo firmantes expresamos nuestra intención y nuestro reclamo para que se frenen los desafueros y exoneraciones a los 17 dirigentes del sindicato docente de la provincia de Tierra del Fuego. Al mismo tiempo exigimos la nulidad de las condenas que recibieron los miembros del SUTEF en el marco de un juicio repleto de irregularidades que viola derechos constitucionales de los mismos.

Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/La-escuela-como-trinchera-pedagogica-de-la-clase-obrera

Imagen: www.laizquierdadiario.com/local/cache-vignettes/L653xH441/arton53213-147a1.jpg?1473682193

 

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Alejandro Marin

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Docente procesado por luchar

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