¿Es posible una ciencia social no eurocéntrica en nuestra región?.

Centro América/Cuba/Octubre 2016/Francisco López Segrega/

Francisco López Segrera

 

  1. Director de UNESCO-Caracas/IESALC y Consejero Regional de Ciencias Sociales, Caracas.

 

El objetivo esencial es aportar algunas reflexiones acerca de las posibilidades de desarrollo de ciencias sociales no eurocéntricas en nuestra región. Para ello resumiré el valioso legado que hemos recibido de las ciencias sociales y me referiré a la creciente autoctonía de las ciencias sociales latinoamericanas, a su legado, futuro, principales axiomas y desafíos que enfrenta en vísperas del tercer milenio.

La argumentación que desarrollaré sintéticamente a continuación, parte del modelo teórico al respecto que nos ofrecen las principales figuras de las ciencias sociales (también de las ciencias exactas y naturales) a nivel planetario y regional. Teniendo en cuenta estos aportes trataré de expresar en qué consiste, a nuestro juicio, el principal legado de las ciencias sociales a nivel mundial y regional, los desafíos que enfrentamos y cuáles son las perspectivas. Como afirma John Maddox en el Informe Mundial de la Ciencia de UNESCO de 1998, “el progreso en las ciencias consiste, en parte, en plantearse las viejas preguntas de manera más lúcida y penetrante”. Estas son las preguntas sugerentes que han sabido plantearse Wallerstein, Prigogine, Morin, un grupo representativo de científicos sociales latinoamericanos en una encuesta de 1995 de la Revista Nueva Sociedad y trabajos como el de Ana María Cetto y Hebe Vesuri en el mencionado Informe Mundial de la Ciencia. A partir de las preguntas y análisis contenidos en dichos textos, y de nuestras bases de datos y reflexiones, hemos elaborado este trabajo2.

Recién asumidas nuestras funciones de Consejero Regional UNESCO de ciencias sociales y humanas en marzo de 1996, nos percatamos de que era imprescindible -para contribuir a superar la denominada “crisis de paradigmas”, e igualmente para “impensar” y “abrir” las ciencias sociales en la región, recreándolas- una relectura de textos esenciales de estas disciplinas en Latinoamérica y el Caribe.

Si el legado y futuro de las ciencias sociales hoy a nivel planetario pueden ser expresados en tres axiomas (legado) y seis desafíos (futuro), esta relectura seguramente contribuirá en forma decisiva, a la valoración de aspectos esenciales de la herencia que nos han legado las ciencias sociales de esta región e igualmente a enfrentar los desafíos específicos que enfrentan en América Latina y el Caribe estas disciplinas. La reflexión sobre este legado histórico resulta clave para crear nuevos paradigmas que nos permitan vislumbrar y construir un futuro alternativo.

Hagamos, en primer lugar, algunas reflexiones sintéticas acerca de las ciencias sociales a nivel planetario, para luego referirnos a su dimensión latinoamericana. Es necesario no sólo repensar las ciencias sociales, sino sobre todo impensarlas. Es decir, poner en cuestión el legado decimonónico y el de este propio siglo en las ciencias sociales, a la manera que Ilya Prigogine ha hecho en las ciencias duras con la herencia de la física newtoniana y de la teoría de la relatividad. Esta necesidad de impensarlas obedece a que muchas de sus suposiciones, pese a su carácter falaz, permanecen arraigadas firmemente en nuestra mentalidad. Consideramos que impensar las ciencias sociales significa reconciliar lo estático y lo dinámico, lo sincrónico y lo diacrónico, analizando los sistemas históricos como sistemas complejos con autonomía, y límites temporales y espaciales. Si decidimos, por tanto, que la unidad de análisis no es ya el Estado-nación, sino el sistema-mundo (es decir, que no podemos analizar ningún Estado-nación disociado del sistema-mundo) debemos además acudir al análisis transdisciplinario eliminando la tradicional distinción entre el método de análisis idiográfico propio de la historia y el nomotético propio de la antropología, economía, ciencias políticas y sociología. Las ciencias sociales no deben ser ni mero recuento de los hechos del pasado (historia tradicional), ni tampoco la simple búsqueda de regularidades con una visión ahistórica. Las ciencias humanas como la sicología y la filosofía, entre otras, también deben ser tenidas en cuenta a la hora de elaborar esta síntesis.

Pienso que hay textos metodológicos que debemos rescatar, como La imaginación sociológica de C. Wright Mills y otros que debemos relegar al olvido o releer sólo por mera curiosidad como El Sistema Social de Talcott Parsons, biblia de una sociología ahistórica que ejemplifica los defectos de la “gran teoría” y su incapacidad para explicar los sistemas complejos. Esta “gran teoría”, por un lado, y el empirismo abstracto de estudios en detalle, por otro, son los grandes peligros que acechan a las ciencias sociales desde sus orígenes y por lo cual resulta necesario impensarlas y también abrirlas3. Esto último significa: deconstruir las barreras disciplinarias entre lo idiográfico y lo nomotético; integrar las disciplinas idiográficas y nomotéticas en un método transdisciplinario; promover el desarrollo de investigaciones conjuntas, no sólo entre historiadores de un lado y antropólogos, economistas, politólogos y sociólogos de otro, integrando equipos transdisciplinarios en torno a un tema de investigación, sino además integrar a científicos de las ciencias naturales y exactas en proyectos conjuntos en que participen especialistas de las ciencias sociales y de las ciencias duras, y donde por tanto lo transdisciplinario no se agote en la fusión de lo idiográfico y lo nomotético, sino que además también incluya las ciencias duras. Es esto lo que nos ha enseñado el legado de Marx, Durkheim y Weber.

Las obras de Braudel, Wallerstein, Morin, Dos Santos, González Casanova, Aníbal Quijano y Enrique Leff, entre otros, constituyen a nuestro juicio un esfuerzo notable en este sentido desde las ciencias sociales, e igualmente la de Prigogine desde el terreno de las ciencias duras. En resumen, para que las ciencias sociales tengan verdadera relevancia hoy, es imprescindible la reunificación epistemológica del mundo del conocimiento, sin que esto implique la muerte inmediata de disciplinas con una larga tradición. Abogamos por la integración en el análisis de los fenómenos sociales de lo idiográfico y lo nomotético, e incluso de esta visión con las ciencias duras, lo cual no quiere decir que neguemos el valioso legado de las disciplinas autónomas, aunque sí su menor relevancia en análisis desintegrados de los conocimientos que pueden aportarnos el conjunto de ellas.

Antes de referirnos a la especificidad de las ciencias sociales de América Latina y el Caribe ante esta problemática, enunciemos los principales axiomas que constituyen lo esencial del legado de las ciencias sociales; e igualmente los desafíos que enfrentan las ciencias sociales a nivel mundial.

Axioma 1. Existen grupos sociales que tienen estructuras explicables y racionales (Durkheim).
Axioma 2. Todos los grupos sociales contienen subgrupos distribuídos jerárquicamente y en conflicto unos con otros (Marx).
Axioma 3. Los grupos y/o Estados mantienen su hegemonía y contienen los conflictos potenciales, debido a que los subgrupos de menor jerarquía le conceden legitimidad a la autoridad que ejercen los situados en la parte superior de la jerarquía, en la medida que esto permite la sobrevivencia inmediata y a largo plazo (Weber).

Estos axiomas constituyen la herencia esencial de la cultura sociológica occidental, de la cual somos en la región tributarios en más de un sentido, sin que esto niegue nuestra especificidad. Es un mérito de Anthony Giddens el haber sido uno de los primeros en discutir la obra de conjunto de Marx, Durkheim y Weber como tres autores.

Pudiera objetarse que hay muchos otros autores que también han legado axiomas de relevancia como, por ejemplo, Malthus (ensayo sobre la población), Tonnies (comunidad y sociedad), Sorokin (diferenciación de las sociedades en grupos multivariados), Veblen (el ocio ostensible), Mannheim (sociología del conocimiento, ideología y utopía), Wright Mills (la élite del poder), Adorno (la personalidad autoritaria), Marcuse (el origen de la civilización represiva), Lukacs (las raíces sociológicas del asalto a la razón, sociología de la cultura), Habermas (su teoría de la acción comunicativa), sin olvidar los aportes de los fundadores (Comte y Spencer) y la lúcida obra actual de Wallerstein, Giddens, Morin, Dos Santos, Gorostiaga, González Casanova, y Quijano, entre otros. Pero lo que ha tratado Wallerstein de argumentar al resumir la “cultura sociológica”, es que esta pudiera sintetizarse en tres axiomas o proposiciones claves: la realidad de los hechos sociales (Durkheim), el carácter perenne y permanente del conflicto social (Marx), y la existencia de mecanismos de legitimación que regulan y contienen los conflictos (Weber).

Veamos ahora los desafíos:
1. ¿Es que en realidad existe una racionalidad formal? (Freud).
2. ¿Existe un desafío civilizatorio de envergadura a la visión moderna/occidental del mundo que debamos tomar seriamente? (Anouar Abdel-Malek).
3. ¿Acaso la realidad de tiempos sociales múltiples requiere que reestructuremos nuestras teorías y metodologías? (Braudel).
4. ¿ En qué sentido los estudios sobre complejidad y el fin de las certidumbres, nos fuerzan a reinventar el método científico? (Prigogine).
5. ¿Podemos demostrar que el feminismo, que el concepto de género, es una variable de presencia ubicua, aún en zonas aparentemente remotas como la conceptualización matemática? (Evelyn Fox Keller, Donna J. Haraway y Vandana Shiva).
6. ¿Es la modernidad una decepción que ha desilusionado antes que a nadie a los científicos sociales? (Bruno Latour)

A partir de estos axiomas y desafíos, Immanuel Wallerstein nos propone las siguientes perspectivas en el siglo XXI para las ciencias sociales: a) la reunificación epistemológica de las denominadas dos culturas, esto es, la de las ciencias y la de las humanidades; b) la reunificación organizacional de las ciencias sociales; c) y la asunción por las ciencias sociales de un papel de centralidad (que no implica hegemonismos) en el mundo del conocimiento4.
La obra de Immanuel Wallerstein, al igual que la de Prigogine en el terreno de la física y la química, y la de Edgar Morin en lo que respecta al pensamiento complejo, se encuentra en la vanguardia de la reflexión prospectiva sobre las ciencias sociales y constituye en forma más o menos explícita una crítica al eurocentrismo y una superación de sus paradigmas. Los principales hitos metodológicos de esta reflexión son: “Impensar las ciencias sociales” (1991); “Abrir las ciencias sociales” (1996); “Social change? Change is eternal. Nothing ever changes” (1996); “Cartas del Presidente de la Asociación Internacional de Sociología (1994-1998)”; y, en especial, su discurso como Presidente de ISA en el XIV Congreso Mundial de Sociología: “The heritage of sociology. The promise of social science”, 26 de julio de 19985.

Anthony Giddens, por su parte, al expresar los objetivos esenciales de su trabajo de investigación como sociólogo, ha formulado una agenda relevante: reinterpretar el pensamiento social clásico, analizar la naturaleza de la modernidad, y establecer un nuevo enfoque metodológico en las ciencias sociales. Estos tres temas interconectados constituyen la agenda de trabajo del mencionado autor6.

En la Conferencia Europea de Ciencias Sociales (1992), el Director General de la UNESCO Federico Mayor, formuló un conjunto de orientaciones de especial relevancia para el trabajo de investigación en ciencias sociales que tienen hoy plena actualidad, y que coinciden, en gran medida, con lo planteado por Wallerstein y Giddens:
1. Promover los enfoques interdisciplinarios y los estudios comparados.
2. Estos enfoque deben sustentarse en bases de datos cuantitativas (estadísticas) y cualitativas de excelente calidad. Para las ciencias naturales la naturaleza y la vida son las fuentes de sus bases de datos, que se analizan en condiciones de laboratorio una vez seleccionadas. Para las ciencias sociales los datos se toman esencialmente de series estadísticas, por eso debemos asegurarnos del carácter fidedigno de nuestras fuentes y trabajar, siempre que sea posible, con fuentes primarias.
3. Es necesario llevar a cabo cambios institucionales y organizativos que permitan el desarrollo del trabajo interdisciplinario.

Y concluía Federico Mayor diciendo que “ningún otro campo del conocimiento podría contribuir tan decisivamente a construir un puente entre la reflexión y la visión de los asuntos humanos, de una parte, y a la formulación de políticas y la puesta en marcha de acciones para mejorar la calidad de vida de los seres humanos, de otra”7.

La importancia de la transdisciplinariedad fue también destacada por Federico Mayor en otro texto en que afirma: “Hace cuarenta años el novelista C. P. Snow declaró que vivimos en un mundo de dos culturas. Una la cultura artística, tiene un amplio espacio en los periódicos, la radio, la televisión, mientras que la otra, la cultura científica, debe contentarse con un espacio extremadamente limitado. ¿Por qué esa diferencia?”8.

En 1998, en la Segunda Conferencia Europea de Ciencias Sociales, el Director General de la UNESCO afirmó: “Hace medio siglo, los fundadores de la UNESCO recomendaron que las ciencias sociales ocuparan una posición importante en el monitoreo de la integración social de la humanidad. La década pasada ha sido un período importante de balance en lo que se refiere a nuestras tradiciones heredadas del conocimiento social”. Y más adelante afirmaba: “Dentro de la UNESCO se prepararon nuevos terrenos para la transdisciplinariedad, especialmente para mejorar la cooperación entre las ciencias naturales y sociales, durante la 28 sesión de la Conferencia General en 1995″9.

Son indudables los aportes positivos de las ciencias (mayor esperanza de vida, aumento de la producción agrícola, las posibilidades que para el conocimiento crean las nuevas tecnologías de información y comunicación…), pero también es cierta la brecha creciente entre países industrializados y los eufemísticamente llamados en vías de desarrollo, y el hecho de que la explotación inadecuada de los logros científicos ha implicado la degradación del medio ambiente y dado lugar al desequilibrio social y la exclusión. Para que se pueda instaurar una paz durable, acorde con el espíritu con el cual La Asamblea General de las Naciones Unidas ha proclamado el Año 2000 “Año Internacional de la Cultura de la Paz”, es necesario solucionar estas contradicciones.

Es indispensable intensificar los esfuerzos interdisciplinarios asociando los especialistas de las ciencias exactas y naturales a los de las ciencias sociales, pues estas son claves para suprimir las causas profundas de los conflictos: desigualdades sociales, pobreza, ausencia de justicia y democracia, trabas a la educación para todos, inadecuados servicios de salud, penuria alimentaria, degradación del medio ambiente y otras. La investigación científica en el sector privado no puede sustituir a la investigación pública, lo que implica que el sector público otorgue un financiamiento adecuado, en especial a aquellas investigaciones cuyos resultados sean de especial utilidad para la sociedad, lo que no implica minimizar el importante papel de la investigación fundamental10.

Si bien estos textos nos ofrecen, entre otros, una valiosa brújula, la especificidad de nuestras ciencias sociales tiene sus propios axiomas, desafíos y perspectivas. Es precisamente esa singularidad la que devela y revela una relectura de sus principales textos. Veamos, brevemente, en qué consiste ese legado en nuestra región -así como el papel de UNESCO en fortalecerlo y contribuir a recrearlo- para luego plantearnos una posible Agenda de Trabajo y referirnos a nuestros axiomas, desafíos y perspectivas específicas, injertando en el tronco de nuestras reflexiones autóctonas lo mejor de las ciencias sociales a nivel planetario
Concentraré mis reflexiones en sintéticos vislumbres acerca de la misión de UNESCO en el proceso de desarrollo de las ciencias sociales en la región y, en especial, en cómo contribuir a su redimensionamiento futuro. No puedo dejar de mencionar, el papel clave de UNESCO en la fundación y desarrollo de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y su permanente interacción con su Secretaría General y sus capítulos nacionales; e igualmente la sostenida y creciente colaboración con el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), con su Secretaria Ejecutiva y con sus Grupos de Trabajo. En torno a FLACSO Y CLACSO -que siempre han tenido el apoyo de UNESCO- se ha nucleado tradicionalmente lo mejor de las ciencias sociales de la región.

En síntesis, puedo decir que son redes como FLACSO y CLACSO -y otras muchas que de forma más o menos directa están asociadas al desarrollo de las ciencias sociales en esta área: ALAS, SELA, CLAD, FIUC, PROGRAMA BOLÍVAR – y los científicos sociales agrupados en ellas en torno a universidades y/o grupos de trabajo, los que han producido el extraordinario desarrollo de las ciencias sociales latinoamericanas -visualizadas por otros países del sur como paradigma- y quienes garantizan su futuro, sin que su identidad se disuelva en paradigmas importados. Las ciencias sociales latinoamericanas alcanzaron su plena identidad en los cincuenta en el momento en que surgió FLACSO, y es un mérito de esta red -y de UNESCO- el haber contribuido a la creación de paradigmas autóctonos en las ciencias sociales de América Latina y el Caribe, labor que ha impulsado CLACSO. Digámoslo de una vez, podrá haber crisis de paradigmas con relación a la era de CEPAL o de la Escuela de la Dependencia, pero no hay crisis de identidad. Es clara, no obstante, desde los ochenta, la tendencia a la reversión de los valiosos intentos de repensar el continente desde sí mismo. Esta tendencia, a la cual nos referiremos más adelante, está asociada a los paradigmas propios del neoliberalismo y del posmodernismo.

Veamos ahora, brevemente, los distintos paradigmas de las ciencias sociales en la región desde fines de la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad11.

A fines de los años cincuenta el futuro de América Latina era visualizado a través de los paradigmas estructural-funcionalista, del marxismo tradicional (y luego de la nueva versión que emergió como resultado de la revolución cubana) y del pensamiento desarrollista de CEPAL. Si la falla del funcionalismo fue considerar que se podría reproducir en la periferia el esquema clásico de desarrollo capitalista del centro -tesis validada por el marxismo tradicional, que visualizaba a América Latina como una sociedad feudal- y la de CEPAL pensar que sólo con la sustitución de importaciones y un Estado y un sector público fuertes se obtendría el desarrollo; la Escuela de la Dependencia, en su crítica al denominado capitalismo dependiente latinoamericano, no fue capaz de ofrecer una reflexión con resultados viables acerca de cómo construir un modelo alternativo de sociedad.

El desarrollismo cepalino de Raúl Prebisch fue considerado por los teóricos de la dependencia como un paradigma que, si bien planteaba la necesidad de reformas estructurales modernizantes, en la praxis era incapaz de superar el reformismo. La crítica neoliberal del desarrollismo se centró en el excesivo intervencionismo estatal, el estrangulamiento de la iniciativa privada y la asignación de recursos en forma irracional.

El defecto esencial de la Teoría de la Dependencia fue el no haber percibido que ningún sistema puede ser independiente del sistema-histórico actual, de la economía mundial. Esta realidad interdependiente no implica, sin embargo, validar al neoliberalismo y a sus políticas de ajuste estructural -que tienden a privilegiar la función del mercado en detrimento de la sociedad civil y del Estado- como única receta válida, y mucho menos como fin de la historia. Sobre todo cuando hoy sabemos, tras más de una década perdida en lo económico, que el ajuste estructural ha implicado en la región un profundo deterioro de las condiciones sociales y una concentración cada vez mayor de la riqueza, junto al crecimiento de la pobreza y la exclusión social. Si hoy hablamos de Desarrollo Humano Sostenible (concepto enunciado por el Bruntland Report en 1987), es porque el otro desarrollo, en realidad ha sido un crecimiento económico perverso y desequilibrado que atenta contra el hombre y su habitat12.
Las dos influencias teóricas que predominan en las ciencias sociales latinoamericanas hoy -el neoliberalismo y el postmodernismo- entrañan ciertos peligros. El primero tiende a la reafirmación dogmática de las concepciones lineales de progreso universal y del imaginario del desarrollo y la segunda a la apoteosis del eurocentrismo. El hecho de que los metarrelatos en boga en el siglo XX hayan hecho crisis, no implica la crisis de toda forma de pensar el futuro y mucho menos de éste13.

Como axiomas y/o aportes claves de las ciencias sociales latinoamericanas y caribeñas en la segunda mitad de este siglo podemos mencionar, entre otros, los siguientes:
1. El axioma del capitalismo colonial de Sergio Bagú: “El régimen económico luso-hispano del período colonial no es feudalismo. Es capitalismo colonial, ….el cual presenta reiteradamente en los distintos continentes ciertas manifestaciones externas que lo asemejan al feudalismo. Es un régimen que conserva un perfil equívoco, sin alterar por eso su incuestionable índole capitalista. Lejos de revivir el ciclo feudal, América ingresó con sorprendente celeridad dentro del capitalismo comercial, ya inaugurado en Europa…y contribuyó a dar a ese ciclo un vigor colosal, haciendo posible la iniciación del capitalismo industrial años más tarde”14.
2. El axioma “centro-periferia” de Raúl Prebisch: “en otros términos, mientras los centros han retenido íntegramente el fruto del progreso técnico de su industria, los países de la periferia les han traspasado una parte del fruto de su propio progreso técnico”15.

  1. El axioma “sub-imperialismo” de Ruy Mauro Marini: “Pasó el tiempo del modelo simple centro-periferia, caracterizado por el intercambio de manufacturas por alimentos y materias primas…..El resultado ha sido un reescalonamiento, una jerarquización de los países en forma piramidal y, por consiguiente, el surgimiento de centros medianos de acumulación, que son también potencias capitalistas medianas -lo que nos ha llevado a hablar de la emergencia de un subimperialismo.” Este concepto resulta equivalente al de semiperiferia de Wallerstein, pues se refiere al papel desempeñado por países como Brasil y los tigres asiáticos en la nueva división internacional del trabajo16.
  2. El axioma “dependencia” de Theotonio dos Santos: la dependencia es “una situación en la cual la economía de un cierto grupo de países está condicionada por el desarrollo y la expansión de otra economía, a la cual su propia economía está atada; una situación histórica que configura la estructura de la economía mundial de tal manera que determinados países resultan favorecidos en detrimento de otros, y que determina las posibilidades de desarrollo de las economías internas”17.

Los autores citados son especialmente emblemáticos, pero expresan amplios movimientos de reflexión en la región, del cual son tributarios. Estos axiomas tienen especial relevancia, desde nuestro punto de vista, para la comprensión del papel de América Latina y el Caribe en el actual sistema-mundo capitalista.

Otros aportes de relevancia de las ciencias sociales en nuestra América, entre otros muchos, que pudiéramos mencionar son:
a) Los estudios tipólogicos de Darcy Ribeiro sobre los pueblos y el proceso civilizatorio.
b) La sociología del hambre de Josué de Castro.
c) La metodología Investigación- Acción Participativa de Orlando Fals Borda.
d) Los conceptos de colonialidad del poder y reoriginalización cultural de A. Quijano.
e) La pedagogía del oprimido de Paulo Freire.
f)) Las visiones críticas de la globalización de Octavio Ianni, Celso Furtado, Héctor Silva Michelena, y Armando Córdova, entre otros autores.
g) La crítica a la visión fundamentalista de la integración globalizada de Aldo Ferrer.
h) Los vislumbres sobre la Teología de la Liberación de Gustavo Gutierrez, así como de Leonardo y Clodovil Boff.
i) La teoría de la marginalidad de Gino Germani, enriquecida desde un ángulo diverso por aportes como el de José Nun.
j) La visión de la dependencia en Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto, denominado “enfoque de la dependencia” para diferenciarlo de la “teoría de la dependencia” de Marini, Dos Santos, Bambirra y Gunder Frank.
k) Los valiosos aportes de Pablo González Casanova sobre el México marginal, y su crítica al “nuevo orden mundial”, su visión de una democracia no excluyente, su preocupación por reconceptualizar nuestras ciencias sociales.
l) La valiosa reflexión en torno a la sociología latinoamericana de autores como Heinz Sonntag y Roberto Briceño.
m) La lúcida crítica de Edgardo Lander al eurocentrismo y el colonialismo en el pensamiento latinoamericano.
n) La tesis de la colonialidad del poder de Aníbal Quijano.
o) La crítica no-eurocéntrica del eurocentrismo de Enrique Dussel, que lleva implícita una valiosa crítica a la construcción de la modernidad en el pensamiento postmoderno.
p) El concepto de “border thinking” de Walter Mignolo.
q) El análisis cultural de la biodiversidad (desde el capitalismo y desde la autonomía cultural) de Arturo Escobar.
r) La visión de Enrique Leff sobre las disyuntivas del desarrollo sustentable.
s) La crítica al neoliberalismo latinoamericano de Atilio Borón.
t) La tesis de una civilización geocultural alternativa emergente de Xabier Gorostiaga.
u) Las tesis sobre transición, democracia, ciudadanía y Estado de Carlos Vilas, Emir Sader, Francisco Delich, Manuel Antonio Garretón, Norbert Lechner, y Guillermo O’Donnell, entre otros.
v) La tesis de las culturas híbridas de Nestor García Canclini.
w) Los estudios de la economía de la coca de Hermes Tovar Pinzón.
x) La sociología del Caribe de Gerard Pierre Charles y Suzy Castor.
y) Los aportes teóricos sobre la economía de plantaciones del Caribe de Ramiro Guerra, Eric Williams, Manuel Moreno Fraginals y Juan Pérez de la Riva.
z) La sociología centroamericana de Edelberto Torres Rivas.
Última, pero no menos importante, es la obra de próceres cuyas reflexiones tienen un carácter fundacional: Simón Bolívar, José Martí y José Carlos Mariátegui.

Este incompleto recuento da noticia indiscutible de la legitimidad y autoctonía de las ciencias sociales latinoamericanas, pese a la amenaza persistente y renovada de los afanes de disolverla en paradigmas eurocéntricos.

Como desafíos específicos que enfrentan las ciencias sociales en la región hoy podemos enumerar, entre otros, los siguientes:
1. ¿Es posible la integración cultural?¿O acaso todo el discurso en torno a la multiculturalidad, la pluralidad cultural y los problemas de homogeneización y heterogeneidad no rebasarán el marco retórico-académico?
2. ¿Es posible recrear un nuevo Estado distinto al caudillista, populista, cepalino o neoliberal, donde la exclusión social sea eliminada sin volver al autoritarismo y dando una dimensión no sólo política, sino también social a la democracia?¿O es que acaso el Estado neoliberal, que legitima y viabiliza el modelo de capitalismo dependiente con rostro de democracia, es viable a largo plazo?
3. ¿Es posible a los Estados latinoamericanos obtener mayores márgenes de independencia y autonomía vía la integración del subcontinente pese a crecientes procesos de globalización y transnacionalización?
4. ¿Es posible disminuir la brecha entre “infopobres” e “inforicos” en la región democratizando el uso de las nuevas tecnologías de información y comunicación? ¿O sólo servirán éstas para aumentar la pobreza, la desigualdad y la exclusión social?
5. ¿Es posible la educación para todos, el desarrollo sostenible, el nuevo carácter de las ciudades, una nueva ética y la construcción de una cultura de paz? ¿O acaso es una utopía inalcanzable construir naciones democráticas, multiculturales y multirraciales con niveles mínimos de desigualdad?

El futuro de las ciencias sociales en la región dependerá, en gran medida, de las políticas y acciones que se adopten con relación a estos desafíos.

Los problemas claves que preocupan a Wallerstein sobre las ciencias sociales a nivel mundial, paradójicamente, pese a nuestro “atraso” con relación al patrón occidental de desarrollo, no tienen entre nosotros la misma dimensión. Afortunadamente no tuvimos un Talcott Parsons, aunque sí algunos epígonos ya olvidados. Podemos decir que el proceso de impensar las ciencias sociales empezó en Nuestra América (la del Río Bravo a la Patagonia) en los cincuenta con CEPAL y que, pese a la “crisis de paradigmas” de los ochentas, no se ha detenido. Tenemos no sólo axiomas básicos, sino multitud de conceptos, como ha señalado Pablo González Casanova al hablar de las ciencias sociales en la región. Por otra parte, pese a la perspectiva eurocentrista/anglosajona con que se elaboraron los planes de estudio de las carreras de ciencias sociales en la región, los mejores textos de estas disciplinas tienden a integrar lo idiográfico y lo nomotético en el análisis. Esto obedece, por un lado, a que la herencia española, si bien nos legó lo que en algunos casos es retórica hueca, también nos ofreció una rica herencia ensayística que funde lo idiográfico y lo nomotético; y, por otro, a que la superespecialización no ha sido una actitud cultural entre nosotros por diversas razones. Por estas causas, entre otras, la exhortación a impensar y abrir las ciencias sociales ya lleva largo trecho recorrido entre nosotros, sin que por eso podamos darnos el lujo arrogante de la autocomplacencia que destruye la creatividad. Es por todos conocida la influencia de las ciencias sociales de nuestra región, no sólo en los países del sur, sino también en algunos de los principales científicos sociales de los países desarrollados de Occidente y de otras latitudes.

Con relación a las perspectivas de las ciencias sociales en América Latina y el Caribe, debe reiterarse que mucho hemos avanzado en la reunificación epistemológica de las dos culturas, la de las ciencias y la de las humanidades. No quiere esto decir que podamos eliminar de la agenda totalmente la necesidad de impensar y abrir las ciencias sociales en nuestra región. Pero de lo que se trata sobre todo en Nuestra América, es de avanzar en la reunificación organizativa de las ciencias sociales y en que éstas reasuman su papel de centralidad en el mundo del conocimiento, debilitado en los ochenta y primera mitad de los noventa como consecuencia de la “crisis de paradigmas”. Para esto resulta clave el pensar la región desde sí misma, sin peligrosos provincianismos; el mejor antídoto contra esto es el imprescindible dominio, o al menos lectura, de tres o cuatro idiomas clave además del español y un estado del arte renovado permanentemente en nuevas tecnologías de la comunicación e información- y sin asimilar en forma acrítica agendas y paradigmas de otras latitudes.

Es importante establecer un conjunto de prioridades compartidas por todos, que den respuesta a las urgencias de nuestra América, de su sociedad civil y de sus clases políticas, para coordinadamente establecer una nueva agenda de las investigaciones en ciencias sociales en nuestra región. Si no somos capaces unidos de formular esa agenda, las ciencias sociales de la región perderán una identidad ganada a sangre y fuego, y presenciaremos no una “crisis de paradigmas”, sino la recolonización de nuestras ciencias sociales por paradigmas y agendas fijadas en función de los intereses del Norte desarrollado

Antes de hacer algunas sugerencias con relación a dicha Agenda, me referiré brevemente a ciertos aspectos de nuestro trabajo como Consejero Regional de Ciencias Sociales.
Nuestra acción como Consejero Regional de Ciencias Sociales para América Latina y el Caribe en el bienio 1996/97 y 98/99 se orientó por el Plan a Plazo Medio (C4) y por lo acordado por los estados miembros de UNESCO en sus Conferencias Generales de 1995 y 1997 (C5). En especial se trata de adecuar a la región las metas prioritarias para la acción de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social (Copenhague, marzo de 1995): fomento de la capacidad endógena; desarrollo de las zonas rurales; seguimiento al Programa 21, para alcanzar un desarrollo humano sostenible utilizando racionalmente los recursos y preservando el medio ambiente; ampliar las posibilidades de acceder a la información y la comunicación; y mejorar la capacidad endógena para formular políticas sociales, para preveer, gestionar y evaluar las transformaciones sociales.

En resumen, nuestra acción ha priorizado y prioriza:
1. La lucha contra la pobreza conforme a la Declaración del Director General de la UNESCO de 15 de enero de 1996.
2. La preservación de la gobernabilidad, la democracia, los derechos humanos, y la tolerancia, vía la reforma del estado y de la gestión pública. Este objetivo, la construcción de una cultura de paz y de la justicia para la paz, orienta nuestra acción con el estado y la sociedad civil, en especial apoyando redes como el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). También nuestros vínculos con la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS), con la Secretaría Permanente del Sistema Económico Latinoamericano (SELA), el Centro Latinoamericano de la Administración para el Desarrollo (CLAD) y el Programa Bolívar para el desarrollo de las PYME, revisten especial importancia; e igualmente con el Proyecto UNESCO denominado DEMOS, que ha hecho importantes aportes al estudio de la gobernabilidad en la región. De especial importancia son nuestros vínculos con redes universitarias como la UDUAL, la AIU, la OUI y la FIUC, entre otras. Hemos venido ejecutando y/o preparando proyectos con estas redes, e igualmente con: el Consejo Internacional de Ciencias Sociales de UNESCO (agenda para el milenio); CLACSO (seminarios y reflexiones para integrar las políticas económicas y sociales); FLACSO (anuario de ciencias sociales, premio para jóvenes investigadores en ciencias sociales, erradicación de la pobreza, antología de ciencias sociales..); SELA, CLAD, CEPAL (políticas económicas y sociales, reforma del estado, gestión pública, seguimiento de la Cumbre de Desarrollo Social); y con otras muchas redes e instituciones de carácter regional o interregional.
3. Desarrollar la enseñanza de las ciencias sociales -en especial de los estudios prospectivos- vía las Cátedras UNESCO y de otras formas diversas. Promover la difusión y utilización de las nuevas tecnologías, de la telemática, de Internet y de las redes nuevas y tradicionales. Esta labor difusora tiene como objetivo que se transfiera y comparta el conocimiento en ciencias sociales y su sistemático aggiornamento.
4. La Unidad Regional de Ciencias Sociales, en el concepto de una Oficina Regional integrada como es cada vez más UNESCO-Caracas, tiene también una importante participación en la red UNITWIN de Cátedras UNESCO en la región y en actividades propias de la educación superior.
5. UNESCO, cada vez más, construye pasarelas de la teoría a la acción. Con ese objetivo puso en marcha en 1994 un Programa Internacional en Ciencias Sociales titulado “Gestión de las transformaciones sociales” (MOST). En este Programa se identificaron inicialmente tres áreas prioritarias de investigación -confirmadas en la Primera Conferencia Regional en Buenos Aires en marzo de 1995- que son:
-El multiculturalismo y la multietnicidad en América Latina y el Caribe.
-Las ciudades como escenario de la transformación social.
-Las trasformaciones económicas, tecnológicas y del medio ambiente a nivel local y regional.
Sin embargo, antes de MOST y durante el desarrollo de este programa, UNESCO había respondido y sigue dando respuesta, a la solicitud de los estados miembros para asistencia en actividades de ciencias sociales. He aquí algunos ejemplos:
-Negociaciones de paz en El Salvador.
-Educación para la democracia en Colombia.
-Planificación social en Colombia, Bolivia, Ecuador, Venezuela, tratando de responder a preguntas como las siguientes: ¿Qué clase de políticas pueden aportar los cambios sociales deseados? y ¿Cómo pueden ser evaluadas estas políticas?

Con relación a la propuesta de una nueva agenda para el desarrollo de las ciencias sociales en la región, debo señalar que, en abril de 1997, la Unidad de Ciencias Sociales bajo mi dirección recogió criterios de FLACSO, CLACSO y de diversos especialistas -que en otros trabajos he expuesto “in extenso”- sobre los siguiente temas: producción de conocimiento y de enseñanza de ciencias sociales; ciencias sociales y políticas de desarrollo social; hacia una cultura de paz; y. cooperación para el desarrollo social:
Si tuviera que resumir la Agenda de las ciencias sociales en la región lo haría con tres propuestas esenciales que pudieran contribuir a “impensar” y “abrir” aún más nuestras ciencias sociales en la región y, sobre todo, a lograr una nueva síntesis teórico-metodológica:
1. Organizar debates entre los científicos sociales ideográficos (historiadores) y nomotéticos de nuestra región, en que también participen representantes latinoamericanos y caribeños de las ciencias duras e igualmente figuras de primer nivel de otras latitudes.
2. Fomentar la transdisciplinariedad mediante proyectos de investigación en torno a problemas de suma importancia actual.
3. Revalorizar las grandes teorías explicativas evitando la ultra-especialización.
Otra propuesta que quisiera hacer, en este caso referida a UNESCO en forma más específica, es la siguiente: que los fondos que destina UNESCO para ciencias exactas y naturales y ciencias humanas y sociales por concepto del programa ordinario y del programa de participación se otorguen y direccionen de manera prioritaria hacia aquellos proyectos de índole transdisciplinaria presentados por los estados miembros de la Organización.
Quisiera poner a manera de ejemplo el Proyecto ya mencionado más arriba “Agenda del Milenio”, desarrollado conjuntamente por UNESCO, el Consejo Internacional de Ciencias Sociales de UNESCO (ISSC), y el Conjunto Universitario Cándido Mendes (EDUCAM). En las palabras inaugurales del Seminario, que tuvo como resultado el libro Représentation et complexité, Jerome Bindé, Director de la División de Análisis y Prospectiva de UNESCO y eminente futurólogo afirmó: “Cómo abrir esta reunión sin saludar algunos de los mejores investigadores y expertos que nos muestran su amistad participando en este encuentro: los profesores Edgar Morin (sociólogo de la contemporaneidad e iniciador del pensamiento complejo), Illya Prigogine (Premio Nobel de Química), Mihajlo Mesarovic (futurólogo), Arjun Appadurai (antropólogo), Helena Knyzeva (física), Zaki Laidi (politólogo), Michel Maffesoli (sociólogo), Cristoph Wolf (antropólogo), Chih-Ming Shih (arquitecto), Francisco López Segrera (historiador), Helio Jaguaribe (economista), Eduardo Portella (filósofo, ensayista), y todos aquellos que no puedo citar esta mañana pero que están presentes en mi pensamiento”. Este grupo transdisciplinario, integrado por investigadores de distintas especialidades y nacionalidades, constituye una muestra interesante de reflexión conjunta en torno a un tema actual -Representación y Complejidad- desde distintos ángulos y con una perspectiva no eurocéntrica18.

Otro ejemplo notable lo constituye la colección “El Mundo Actual: Situación y Alternativas”, -ideada y conducida por Pablo González Casanova en su calidad de Director del “Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades”- que difunde estudios sobre la globalidad y las características que en ella muestran los países y regiones del mundo. La colección ha publicado análisis de carácter transdisciplinario y prospectivo sobre la sociedad, la economía, la política y la cultura, dando especial importancia a la perspectiva desde el Sur del mundo y formulando alternativas que pudieran aplicarse para superar, entre otros, los problemas de desigualdad, pobreza, marginación y exclusión, e igualmente dar claves para la construcción de la paz y la democracia. Entre los investigadores con trabajos publicados en esta colección se encuentran: Immanuel Wallerstein, Samir Amin, Lin Chun, George Aseneiro, Ralph Miliband, Xabier Gorostiaga, Arturo Escobar, Francois Houtart y Francisco López Segrera, entre otros autores19.

Igualmente, quisiéramos mencionar como otra muestra de esfuerzo transdisciplinario el libro Los Retos de la Globalización, publicado en 1998 por la Unidad Regional de UNESCO de Ciencias Sociales de América Latina y el Caribe. Dicha obra agrupa un conjunto de autores que analiza el impacto de la globalización en los países del Sur desde ángulos tales como: los nuevos paradigmas de las ciencias sociales; paz, democracia y “nuevo orden mundial”; dependencia y desarrollo; y cultura y conocimiento en un mundo virtual. Entre los autores que aportaron contribuciones originales a dicho libro se encuentran: sociólogos (Dos Santos, Marini); filósofos (Enrique Dussel); economistas (Samir Amin, Gunder Frank); politólogos (James Petras, Mario Teló, Jorge Nieto, Anaisabel Prera); historiadores (Wallerstein); internacionalistas (Celso Amorin); y especialistas en estudios globales y culturales (Bohadana, Dreifuss, Jesús García-Ruiz, Angel G. Quintero), entre otros muchos investigadores valiosos20.
Hay múltiples ejemplos en UNESCO de esfuerzo transdisciplinario además de los señalados. Los distintos informes mundiales tienden, cada vez más, a una óptica transdisciplinaria e igualmente ocurre, entre otros, con los libros del Director General -La Nueva Página, Ciencia y Poder…- y de Albert Sasson, cuyo libro Biotechnology in Perspective, tuvo como objetivo “diseminar las reflexiones sobre las implicaciones económicas, sociales y culturales de las innovaciones biotecnológicas para los países en desarrollo”21.

El papel esencial de los científicos sociales consiste en iluminar a los tomadores de decisiones con respecto a las opciones posibles ante las alternativas históricas. Cuando un sistema histórico está viviendo su etapa de desarrollo normal, el rango de las opciones y alternativas para los actores sociales es bastante limitado. Sin embargo, cuando un sistema histórico se encuentra en su fase de desintegración, el rango de opciones posible se amplía y las posibilidades de cambio son infinitamente mayores. Coincido con Immanuel Wallerstein en que estamos en un momento de desintegración de un sistema histórico, que durará de 20 a 50 años. Si esto es así a nivel planetario, más drástico aún será este proceso en Nuestra América donde las desigualdades del sistema nunca han sido amortiguadas por el Estado de Bienestar. El estado secular de malestar en nuestra región, nos ofrece una oportunidad histórica única al final de este milenio, para formular con claridad escenarios y alternativas que permitan construir un futuro alternativo sin destrucción ecológica, sin abismales desigualdades sociales, y que deseche las guerras como vía de solución de los conflictos mediante una cultura de paz. En ese nuevo sistema histórico desaparecerán brechas tales como: pasado/presente, lo cual ha separado la historia (ideográfica) de disciplinas nomotéticas como la economía, la ciencia política, y la sociología; civilizados/otros, antinomia que ha sido el fundamento de la visión eurocentrista; y mercado/estado/sociedad civil. En realidad estos límites están hoy en una crisis terminal. Las disciplinas tradicionales de las ciencias sociales están dejando de representar campos de estudio acotados. La complejidad actual sólo puede aprehenderse mediante la transdisciplinariedad. En el punto de saturación alcanzado por este sistema histórico, sólo nuevas alternativas podrán desbloquear un modelo de acumulación y de sociedad agotado. Corresponde a nosotros imaginarlas y comenzar a ejecutarlas.

Prigogine, en La fin des certitudes, nos revela el nuevo recurso y discurso del método a manera de resumen: “Lo que hoy emerge es, por tanto, una descripción mediana, situada entre dos representaciones alienantes, la de un mundo determinista y aquélla de un mundo arbitrario sometido al solo azar. Las leyes físicas corresponden a una nueva forma de inteligibilidad que expresan representaciones probabilísticas irreductibles. Ellas están asociadas a la inestabilidad y, sea a nivel microscópico o macroscópico, ellas describen los acontecimientos en tanto que posibles, sin reducirlos a consecuencias deducibles y previsibles propias de las leyes deterministas”22.

Lo que existe, por tanto, no es el desenvolvimiento de una idea universal hacia el futuro, que se identifica con el progreso, lo que existe realmente son bifurcaciones que permiten construir varios futuros, es decir, los futuribles o futuros posibles.

“La flecha del tiempo -afirma Wallerstein- es ineluctable e impredecible, siempre tenemos ante nosotros bifurcaciones cuyo resultado es indeterminado. Más aún, aunque hay una sola flecha del tiempo, existen múltiples tiempos. No podemos permitirnos ignorar ni la larga duración estructural ni tampoco los ciclos del sistema histórico que estamos analizando. El tiempo es mucho más que cronometría y cronología. El tiempo es también duración, ciclos y disyunción”23

El fin de las certidumbres de que nos habla Prigogine, significa que lo que realmente existe son certidumbres parciales que no prevalecen eternamente. Debemos formular nuestras predicciones e hipótesis teniendo en cuenta esta permanente incertidumbre.

Los científicos sociales han sido vistos tradicionalmente como parientes pobres por las ciencias duras y las humanidades. En América Latina esto ha sido aún peor en una época de auge neoliberal, en que todo conocimiento que no tenga uso práctico inmediato queda devaluado. Esto no debe llevarnos a ser indulgentes con nosotros mismos, sino a reconocer que mucha retórica hueca se esconde tras supuestas grandes teorías explicativas. Sin embargo, la situación está cambiando rápidamente a nivel mundial y regional. Los estudios sobre la complejidad en las ciencias físicas, de un lado, han puesto en cuestión la supuesta exactitud de las ciencias duras y, de otro, han considerado a los sistemas sociales como los más complejos de todos los sistemas. El auge de los estudios culturales en las humanidades, ha enfatizado las raíces sociales de lo cultural. El resultado, por tanto, de los estudios sobre la complejidad y los estudios culturales ha sido acercar a las ciencias naturales y a las humanidades hacia el terreno de las ciencias sociales.

El conocimiento, ante las incertidumbres, implica tomar decisiones, decidirse por opciones diversas y tomar acción. El conocimiento, unido a los valores y a la ética, y pese a la incertidumbre, nos permite tomar las mejores decisiones -en lo cual es imprescindible la colaboración entre las diversas ramas del saber- para construir un futuro alternativo. La nueva ciencia debe ser como un holograma, donde cada una de las partes representa el todo y viceversa. En un momento en que las ciencias sociales han ido recuperando su centralidad a nivel mundial y regional -la creciente desigualdad ha hecho que los gobiernos de la región y otras instancias soliciten cada vez más el concurso de los científicos sociales- no podemos ser neutrales ante la destrucción ecológica, la desigualdad y el autoritarismo. Debemos optar por la construcción de un futuro vivible no regido por la lógica de los mercados financieros y sí por la de una cultura de paz.

Existen inmensos obstáculos, teniendo en cuenta, por un lado, que “la investigación científica en América Latina y el Caribe apareció en el siglo XX” ; y, por otro, que “la falta de visión estratégica de que sufre la sociedad latinoamericana se traduce en la pérdida inmensa y absurda de un buen número de sus mejores investigadores, que emigran hacia los países industrializados donde su trabajo es apreciado y valorado. Se estima que de un 40 a un 60 % de los investigadores argentinos, colombianos, chilenos, y peruanos viven y trabajan fuera de su país”24. Aunque este análisis está referido esencialmente a las ciencias exactas y naturales, la situación no es distinta en las ciencias sociales. Esto implica la necesidad de políticas que inviertan estas tendencias, e igualmente la correlación del monto de la inversión destinada a Investigación-Desarrollo, sumamente alta en los países desarrollados con respecto a los países del Sur.

En resumen, las vanguardias del pensamiento científico hoy, tanto en las ciencias sociales como en las naturales, parecen coincidir en la importancia de la transdisciplinariedad. Es necesario eliminar las fronteras tajantes y artificiales no sólo entre disciplinas propias de las ciencias sociales, historia, economía, derecho…, o de las ciencias duras, física, matemática, biotecnología…, sino incluso entre ciencias sociales y humanas y las exactas y naturales. Esto no implica, en absoluto, renunciar a la especialización propia de cada disciplina. Como ya hemos señalado, la obra de autores como Ilya Prigogine, I. Wallerstein, Edgar Morin, Pablo González Casanova, Theotonio dos Santos, Enrique Leff, Aníbal Quijano y Xabier Gorostiaga, entre otros, nos enseña el camino. Para lograr esto, es necesario constituir programas de estudios de carácter transdisciplinario en torno a un tema y problema de investigación dado y con la participación de profesores invitados de otros países. Sería necesario establecer estos programas de investigación de carácter interdepartamental con centros de excelencia de la región (cooperación Sur-Sur) y de fuera de ella, que estén en el estado del arte de las disciplinas con que se aborda el tema de investigación dado.

Prigogine ha afirmado que “la ciencia nos permite tener la esperanza de ver aparecer un día una civilización donde la violencia y la desigualdad social no sean una necesidad”25.
Walter Benjamin ha dicho: “la esencia de una cosa aparece en su verdad cuando ésta es amenazada de desaparecer”26. Depende de nosotros el convertir “la crisis de paradigmas” de las ciencias sociales en la región, (en un momento de desintegración del sistema-mundo en que se amplían nuestras opciones) en coyuntura propicia para imaginar y construir un nuevo futuro, a partir de aggiornar las ciencias sociales latinoamericanas y caribeñas, elaborar su nueva agenda y, de este modo, abrir las ciencias sociales, reestructurarlas y construir su futuro y el de la región entre todos.

Notas
1. Director de UNESCO-Caracas/IESALC y Consejero Regional de Ciencias Sociales, Caracas.
2. Conférence mondiale sur la science, “Projet de Déclaration”, UNESCO-CIUSS, y “Draft Programme”, UNESCO, París, 5 de enero 1999; UNESCO: Rapport Mondial sur la Science 1998. UNESCO, París, 1998; Varios, “América Latina: la visión de los cientistas sociales”, Nueva Sociedad, No. 139, sept-oct, 1995.
3. Charles Wright Mills, La Imaginación sociológica, Fondo de Cultura Económica, México, 1964; Talcott Parsons, “La situación actual y las perspectivas futuras de la teoría sociológica sistemática”, en Sociología del siglo XX, Editorial Claridad, Buenos Aires, 1956.
4. Immanuel, Wallerstein, “The heritage of sociology. The promise of social science”. Presidential Address, XIV Congreso Mundial de Sociología, Montreal, July 26, 1998.
5. Immanuel, Wallerstein, “Possible Rationality: A Reply to Archer”, International Sociology, vol. 13, no. 1, marzo 1998; Immanuel Wallerstein, Impensar las ciencias sociales, Siglo XXI, México, 1998; Immanuel Wallerstein, Abrir las ciencias sociales, Siglo XXI, México, 1996; Immanuel Wallerstein, “Social Change?”. Ponencia al III Congreso Portugués de Sociología, Lisboa, 1996; Immanuel Wallerstein, Cartas del Presidente (1994-1998), Asociación Internacional de Sociología, 1998; Illya Prigogine, La fin des certitudes, Edition Odile Jacob, París, 1996; Edgar Morin, Terre-Patrie, Editions du Seuil, París, 1993 y Edgar Morin, Pour une utopie réaliste, Arléa, París, 1996.
6. Anthony Giddens, “The transition to late modern society”, International Sociology, vol. 13, No.1, p. 124, marzo 1998.
7. Federico Mayor, “The role of the social sciences in a changing Europe”, International Social Science Journal, 1992/2. Reproducido nuevamente en el número 157 de septiembre de 1998 de dicha revista, en el número dedicado al cincuentenario de ella, p.458.
8. Federico Mayor y A. Forti, Science et Pouvoir, UNESCO, París, 1995, p. 161.
9. Federico Mayor, ” Address at the Second European Social Science Conference”, Bratislava, 14 de junio de 1998.
10. “Projet de Déclaration”, op. cit.; Francisco López Segrera, “La UNESCO y el futuro de las ciencias sociales en América Latina y el Caribe”, en Roberto Briceño León y Heinz Sonntag (editores), Pueblo, época y desarrollo: la sociología de América Latina, Nueva Sociedad, Caracas, 1998.
11. Francisco López Segrera, “Los procesos de integración en América Latina y el Caribe: retos, variables, escenarios y alternativas en la era de la globalización” en Emir Sader (editor), Democracia sin exclusiones ni excluidos, Nueva Sociedad, Caracas, 1998; Francisco López Segrera, “La UNESCO y el futuro de las ciencias sociales en América Latina y el Caribe” op. cit.; Heinz R. Sonntag, Duda, Certeza, Crisis, UNESCO-Nueva Sociedad, Caracas, 1988; Heinz R. Sonntag (editor), ¿Nuevos temas, nuevos contenidos?, UNESCO-Nueva Sociedad, Caracas, 1989; Roberto Briceño León y Heinz R. Sonntag (editores), op. cit. Este libro contiene monografías de: Aníbal Quijano, Hebe Vesuri, Raquel Sosa, Francisco López Segrera, Paulo César Alves, Rigoberto Lanz, Edgardo Lander, Orlando Albornoz, Emir Sader, Marcia Rivera, y Pablo González Casanova; G. Sankatsing, Las ciencias sociales en el Caribe, UNESCO-Nueva Sociedad, Caracas, 1990; S. Villena (editor), El Desarrollo de las ciencias sociales en América Latina, FLACSO/UNESCO, San José de Costa Rica,1998.
12. Fernando Henrique Cardoso, ” El pensamiento socioeconómico latinoamericano”, Nueva Sociedad, no. 139, sept-oct. 1995; Teotonio Dos Santos, “El desarrollo latinoamericano: pasado, presente y futuro. Un homenaje a Andre Gunder Frank”, Problemas del Desarrollo, vol. 27, No. 104, UNAM, México, enero-marzo 1996; Teotonio Dos Santos; “La teoría de la dependencia”, en Los retos de la globalización en Francisco López Segrera (editor), UNESCO-Caracas, 1998.
13. Edgardo Lander, “Eurocentrismo y colonialismo en el pensamiento social latinoamericano”, en Roberto Briceño León y Heinz R. Sonntag, op. cit.
14. Sergio Bagú, Economía de la sociedad colonial, Editorial Grijalbo, México, 1993, p. 253.
15. Raúl Prebisch, “El desarrollo económico de América Latina y algunos de sus principales problemas” [1949], en Rui Mauro Marini, La Teoría Social Latinoamericana, textos escogidos, tomo I, UNAM, México, 1994, p. 238.
16. Rui Mauro Marini, “La acumulación capitalista mundial y el subimperialismo”, Cuadernos Políticos, México, Ediciones Era, No. 12, abril-junio 1977, p.21.
17. Teotonio Dos Santos, “La crisis de la teoría del desarrollo y las relaciones de dependencia en América Latina”, en Helio Jaguaribe y otros, La Dependencia Político-Económica de América Latina, Siglo XXI Editores, México, 1969, p. 184.
18. Candido Mendes y E. Rodriguez (editores), Représentation y Complexité. EDUCAM/ UNESCO/ISSC, Río de Janeiro, 1997.
19. Pablo González Casanova, “Globalidad, neoliberalismo y democracia”, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, Colección El Mundo Actual: Situación y Alternativas, UNAM, México, 1995; Pablo González Casanova, “Reestructuración de las ciencias sociales: hacia un nuevo paradigma”, en Roberto Briceño León y Heinz R. Sonntag, op. cit.
20. Francisco López Segrera (editor), Los retos de la globalización, op. cit.
21. Federico Mayor, La Nueva Página, UNESCO, 1994; Federico Mayor y A. Forti, Science et Pouvoir, op. cit.; A. Sasson: Biotechnologies in Developing Countries: Present and Future, UNESCO, 1998, p. vii.
22. Illya Prigogine, op. cit., p. 224
23. Immanuel Wallerstein, op. cit., 1998, p.52.
24. Ana María Cetto y Hebe Vesuri, “L’Amérique Latine et la Caraïbe” en Rapport Mondial sur la science, 1998, op. cit.
25. Illya Prigogine, “Préface” a Science et Pouvoir de Federico Mayor y A. Forti, op. cit., p. 5.
26. Walter Benjamin. Citado por Jerome Bindé, “Complexité et Crise de la Représentation” en Candido Mendes (organizador) y Enrique Rodríguez (editor), Représentation et Complexité, op. cit.

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Francisco López Segrera

Francisco López Segrera

Doctor en Estudios Latinoamericanos e Hispánicos (Paris VIII, Sorbonne). Vicerrector del Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI), de Cuba (1974-1988) y Profesor de Métodos y Técnicas de Investigación. Funcionario de UNESCO entre 1994 y 2002,donde se desempeñó, entre otros cargos, como Consejero Regional de Ciencias Sociales para América Latina y el Caribe y Director del Instituto Internacional de Educación Superior de UNESCO de América Latina y el Caribe (IESALC).

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