La brecha entre los títulos universitarios y las desigualdades

Por: Rose Mary Hernández Román

Cuando una familia inscribe su hijo o a su hija para iniciar el mundo de la educación, lo hace pensando en que esto le garantizará una mejor condición de vida. Hay padres que nunca más vuelven a la escuela o a los liceos, menos aún lo hacen a la universidad, les toca al pequeño aprender desde su propio ritmo o al ritmo de los demás, donde muchas veces, aunque parezca irónico, terminan siendo cercenados en su creatividad, puesto que son muchos los casos donde el maestro pide dibujar una flor, y la imaginación de los niños aflora distintas representaciones, más sin embargo, en la pizarra se deja apreciar la cotidianidad de una flor roja con un singular tallo verde, coartando habilidades que deben emerger desde el primer encuentro de aprender.

A pesar de estar incongruencias, así  transcurre el tiempo y la brecha entre los estudiantes y los títulos universitarios se van acercando, las ilusiones nunca desaparecen, las emociones recorren y se apoderan de los pensamientos, a tal punto, que cada quien se visualiza con ese especial momento, los padres se alegran y en medio de esfuerzos  acompañan al joven en tan distinguido acto académico.

Obtener un grado universitario es algo valioso, tanto que  si más gente fuera a la escuela, liceos y a la universidad, estarían mucho mejor, sin embargo, es difícil imaginar cómo el ayudar a que más graduados que obtengan un grado universitario pueda revertir el masivo incremento en la desigualdad de las pasadas décadas, que en su mayoría es resultado de las ganancias exorbitantes de los muy ricos. Estoy totalmente de acuerdo con mejorar la educación, que nuestros niños y niñas tengan mejores escuelas, que sean alimentados de forma debida, que las familias se incorporen en su responsabilidad escolar, que cada estudiante goce de los beneficios de una educación para todos y para todas.

Tratar el tema de la educación debe hacerse sin evasión. Hay que tener en cuenta la importancia de los maestros y de las maestras, mejorar sus condiciones de vida es también más que un reto un compromiso de cada gobernante, los ingresos o las ganancias de la gente con grados universitarios no pueden reducirse o desmejorarse con el cambio de quienes lideraran los poderes de cada país.

Cada día se aprecia como siguen creciendo los salarios de los trabajadores con las remuneraciones más altas, como los ejecutivos de corporativos, lo que marca una gran diferencia con la paga de un maestro que enseña en un pueblo, que incluso muchas veces debe trasladarse en bestias para poder llegar a sus salones de clase, para formar a los futuros médicos e ingenieros. Por lo que hablar acerca de niveles de ingreso económico en abstracto, sin considerar políticas específicas. Notablemente, se requieren de políticas redistributivas que reduzcan la desigualdad de todos modos, donde los pobres al igual que los maestros tengan oportunidades de encontrar empleos con pagos dignos, que garanticen una mejor vida familiar, poder suplir los gastos que les corresponden,  esto es una meta valiosa, sin confundirlo  con el más amplio objetivo de lograr una distribución de la riqueza más equitativa.

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Rose Mary Hernández Román

Venezolana, vivo en la ciudad de Calabozo. Docente en ejercicio. Mi Apostolado de la educación inició desde que tenía seis años de edad, al sentarme con mi maestra de 1er grado para ayudarla a enseñar a leer a mis compañeros de clase. Trabajé durante 18 años en una Escuela Técnica Industrial. Actualmente, Docente categoría Asociado en la Universidad "Rómulo Gallegos"-estado Guárico. Investigadora del Centro Internacional Miranda. Coordinadora de América Central en el Proyecto Otras Voces en Educación. PEII-A1. Amante del saber vivir y de las familia formada con sanos valores.

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