Una campaña del desierto educativo en Argentina

América del Sur/Argentina/Octubre 2016/http://www.telesurtv.net/

En los primeros días de agosto de este año, el portal de Infobae publicó en su sección Tendencias, “Mis diez libros favoritos:

El listado es variopinto, pero hay al menos dos respuestas relevantes para dar cuenta de sus modos de pensar y hacer la educación.

El primer libro de su lista es la Biblia, toda una definición que es tanto espiritual como ideológica teniendo en cuenta que está hablando como Ministro de Educación.

El anteúltimo de la lista es la biografía de Julio Argentino Roca, expresión individual de una élite dirigente y dominante que ejerció con lucidez y sin piedad la construcción del Estado nacional en el último tercio del siglo XIX.

En el caso de Roca, hay al menos tres grandes definiciones de política pública que lo han puesto en un lugar trascendente de la historia argentina. Por un lado, la sanción de la Ley 1420 de educación primaria común, obligatoria y gratuita. Esta y otras medidas de política educativa dieron nacimiento a un poderoso Sistema Educativo Nacional con una noción de Estado Docente comprometido con la  universalización de la educación entendida como derecho de ciudadanía al cual todos debían acceder. Un segundo hecho – poco difundido- ha sido el sostenimiento de la denominada doctrina Luis María Drago. En efecto, en el filo del siglo XX Venezuela fue atacada por buques europeos por negarse a pagar su deuda externa. Drago, canciller de Roca, dejó sentada la idea de que un país no podía ser invadido militarmente por una deuda soberana. Toda una definición política de indudable inspiración antiimperialista y en defensa de la autonomía de nuestros países. El tercer hecho que lleva inscripta la marca roquista ha sido el genocidio perpetrado contra los pueblos originarios en la denominada Campaña del Desierto. En aquél trágico antecedente de la historia nacional fueron masacrados, esclavizados y sometidas numerosos pueblos a la par que sus tierras eran apropiadas y repartidas entre la naciente oligarquía terrateniente “nacional”.

En la inauguración del Hospital Escuela de la Universidad Nacional de Río Negro en Choele Choel, uno de los escenarios del genocidio, no tuvo el ministro mejor idea que referenciarse en Julio Argentino Roca reivindicando nada menos que la Campaña del Desierto. Dijo: “Esta es la nueva campaña del desierto, pero sin espadas, con educación”. En medio de una rueda de prensa Bullrich tuvo que volver sobre su analogía: “Me refiero a ese proceso histórico, del avance en un territorio que no estaba conquistado, ocupado.”

El discurso puede leerse en dos claves, una ideológica y otra político educativa. En relación a la primera, cabe consignar que el avance criminal del naciente Estado Argentino (nacido entre sangre y barro) constituyó una clase dominante repartiendo entre menos de 300 familias aproximadamente once millones de hectáreas. Entre los beneficiados de esa repartija que marcó a fuego el nacimiento de la oligarquía terrateniente figuran nombres como Martínez de Hoz o el propio Bullrich, antecesor del actual ministro de Educación: todo un (auto)reconocimiento.

Pero en materia de política educativa la metáfora nos habla de otra cosa. Sería el reconocimiento de que el Sistema Educativo heredado es un desierto y que resulta imperiosa una acción decidida del Estado Nacional frente a un orden inaceptable. En otras declaraciones, el ministro habló de la política educativa desplegada en los últimos doce años como un “fraude educativo”.

La “pesada herencia” del período kirchnerista puede exhibir algunos logros concretos: incrementó el financiamiento educativo a niveles inéditos, impulsó una prolífica legislación protectora de derechos, construyó escuelas, mejoró las condiciones laborales docentes, distribuyó notebooks y libros por doquier, promovió programas socioeducativos muy valiosos (como las Orquestas Infantiles, los Centros de Actividades Infantiles y Juveniles, etc.). Desde luego que hubo pendientes, como la construcción de un modelo pedagógico propio y consistente con los afanes democratizadores y emancipatorios enunciados por Cristina Fernandez de Kirchner. No se pudo avanzar, tampoco, lo suficiente en la construcción de un gobierno de la educación capaz de sintetizar la participación y la eficiencia en la toma de decisiones, entre otras tareas pendientes. Se expandió la matrícula en todos los niveles pero fue objeto de debate bajo qué condiciones y con qué resultados reales.

En su lugar, la Campaña del Desierto adquirió el nombre pomposo de Revolución Educativa. El análisis de lo efectivamente desplegado en estos primeros meses de gobierno dista de ceñirse a una Revolución y se parece, efectivamente, a una demoledora acción destructiva que justifica el nombre trágico de Campaña del Desierto.

Una estrategia de desmantelamiento de lo previo es la disolución de equipos ministeriales – como ocurrió con Conectar Igualdad, ligado a las computadoras y su introducción en aulas y escuelas- y la derivación de recursos por el mismo monto presupuestado en 2016, cuando la inflación duplicó las previsiones. Así se produce un verdadero vaciamiento presupuestario que tiene algunas consecuencias muy concretas. En 2015 se incorporaron 150.000 jóvenes-adultos al sistema de educación formal y 29.000 se alfabetizaron: este año, ninguno.

A pesar de una retórica donde se hace hincapié en la “calidad educativa”, al 30 de septiembre se usó menos del 11% de los recursos presupuestados para Innovación y Desarrollo de la Formación Tecnológica; algo más del 19% para infraestructura; el 31% en Acciones Compensatorias y menos del 31% para la Formación Docente. En el presupuesto aprobado para 2016 se había comprometido al distribución de cinco millones de libros, pero no se compraron libros y se informó el cese de compras de literatura para escuelas secundarias. Según fuentes sindicales, este año había que repartir 600.000 computadoras para los y las estudiantes de primer año, pero solo se entregaron 100.000 que eran remanentes del año pasado quedando medio millón de jóvenes sin su notebook.

Repasando los primeros meses de gestión, podremos apreciar en qué consiste la campaña del desierto promovida por el Poder Ejecutivo Nacional: se trata del exterminio de la Educación Pública, o más bien de su reducción a servidumbre para la formación de esclavos y papagayos sometidos a poderes fácticos e institucionales. Las resistencias crecen día a día pues, con todos sus claroscuros, la educación pública argentina tiene en su adn un mandato democratizador e incluyente. Y desde el fondo de su historia, y desde la realidad de muchas aulas, maestros y maestras se resisten con prácticas emancipadoras a aceptar el modelo inaceptable de educar para la exclusión y para el exclusivismo.

Fuente:

http://www.telesurtv.net/bloggers/Una-campana-del-desierto-educativo-en-Argentina-20161009-0003.html

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