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La inclusión universitaria no incrementó en 2015, tampoco lo hará en 2016, tal vez en 2017

Por Bernardo Ancidey

En 2015 voceros del MPPEUCT, OPSU y rectores de universidades en Venezuela declararon, sin fundamento alguno, que la modificación en el mecanismo de asignación de cupos universitarios realizado en diciembre de 2014 por el Consejo Nacional de Universidades (CNU), marcó un hito en la historia del país en relación a la inclusión a la Educación Universitaria, describiéndolo como más igualitario, más democrático, mucho más participativo, mucho menos discriminatorio, y más justo. Como evidencia, mostraron datos del año 2015 en relación al género, origen de los asignados por tipo de plantel (oficial o privado), tipo de población que demanda cupo al sector universitario (población regular o bachiller) y la que sin duda es la variable más importante: la asignación discriminada por estratos socio-económicos.

En este breve artículo demostraremos la inexistencia del tal hito, dado que los valores de los indicadores para medir el supuesto incremento de la inclusión en 2015 son iguales a los obtenidos en los años 2008 y 2009 con el “viejo mecanismo de asignación de cupos” y sin necesidad de traumas ni acciones Deus-ex machina como la llamada Acta 501 del CNU del 09/06/2015. Ésta última fue una verdadera acción desesperada para enmendar los entuertos cometidos y cumplir con la orden presidencial de darle atención especial, por fuera de cualquier mecanismo, a los candidatos con discapacidad, en extrema pobreza, indígenas no asignados, con promedios por encima de los 18 puntos, los me­jores de cada plantel, deportistas, artistas y privados de libertad. No está de más decir que esta población siempre ha sido el principal objetivo de inclusión social, declarado en las políticas públicas del despacho a cargo de la educación universitaria y de eso existen innumerables documentos oficiales que lo atestiguan. Solo la improvisación luego de cinco años (de 2010 a 2015) de inacción en la materia, justifica el Acta 501.

La metodología es simple: tomar los datos oficiales del Programa Nacional de Ingreso de la Oficina de Planificación del Sector Universitario (OPSU) de los años 2008 y 2009 y compararlos con los mismos datos del año 2015. Presentaremos los datos principalmente en términos relativos porcentuales, para eliminar la impresión de números absolutos y sin referencia. La base será la totalidad de los asignados o demandantes de cada año.

Las tablas siguientes presentan los datos de las variables género, origen de los asignados por tipo de plantel (oficial o privado), tipo de población que demanda cupo al sector universitario (población regular o bachiller) y la distribución de los asignados según estrato socio-económico de los años 2008, 2009 y 2015:

Tabla 1. Distribución por Género

 

Años

Asignación

Demanda

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

2015

60%

40%

55%

45%

2009

63%

37%

57%

43%

2008

62%

38%

57%

43%

 No se observan mayores diferencias entre los tres años. Hay un neto predominio de las féminas, tanto en la demanda como en la asignación. La feminización de la educación universitaria venezolana es un fenómeno que se viene observando desde los años 70 del siglo pasado. Nada nuevo bajo el sol.

Tabla 2. Distribución por Origen de los asignados por tipo de plantel

Años

Asignación

Demanda

Oficial

Privado

Oficial

Privado

2015

80%

20%

74%

26%

2009

77%

23%

69%

31%

2008

76%

24%

69%

31%

Los datos de la Tabla 2 indican un incremento entre 2 y 3 puntos porcentuales en 2015 con respecto a 2009 y 2008, pero al mirar la demanda se observa que la de planteles oficiales creció 5 puntos porcentuales. Es decir que la mayor asignación en 2015 de planteles oficiales es solo un reflejo del incremento relativo de la demanda de planteles oficiales. Por otra parte, el sesgo favorable en la asignación a los planteles oficiales con relación a la demanda sigue siendo similar en los tres años, 6 puntos en 2015, 8 en 2009 y 7 en 2008.

Tabla 3. Distribución por Tipo de población que demanda cupo al sector universitario:

Años

Asignación

Demanda

Regular

Bachiller

Regular

Bachiller

2015

76%

24%

75%

25%

2009

79%

21%

No disponible

No disponible

2008

82%

18%

78%

22%

En este caso se observa una disminución en 2015 de 3 y 6 puntos porcentuales en relación al 2009 y 2008 en la asignación de los aspirantes regulares. No parece mucho pero hay que estar vigilantes. El aumento de la población bachiller que solicita cupo podría reflejar una creciente ineficacia del proceso de ingreso, sea porque no logra ubicarles plazas a estas personas, o porque no están satisfechas con una asignación anterior, lo que las llevaría a repetir su solicitud de cupos.

Finalmente, la que sin duda es la más importante y polémica de todas las variables:

Tabla 4. Distribución por Estrato socio-económico

Años

Estrato Absoluta Porcentual
Asignación Demanda Asignación Demanda
2015 I 3.282 11.274 1% 3%
II 35.016 91.839 16% 22%
III 69.270 143.519 31% 34%
IV 98.113 157.677 44% 37%
V 15.614 20.766 7% 5%
Subtotal 2015 221.295 425.075 100% 100%
2009

 

 

 

I 1.156 7.189 1% 2%
II 16.678 67.964 14% 17%
III 36.214 133.524 30% 33%
IV 55.645 176.251 47% 43%
V 9.051 23.701 8% 6%
Subtotal 2009 118.744 408.629 100% 100%
2008

 

 

 

 

I 1.206 7.080 1% 2%
II 15.663 64.160 14% 17%
III 35.671 129.389 32% 34%
IV 50.604 161.411 46% 42%
V 6.777 18.206 6% 5%
Subtotal 2008 109.921 380.246 100%

100%

En el gráfico siguiente se destaca el perfil de los asignados en los tres años según el estrato socio-económico:

grafico1

Gráfico 1. Distribución de los asignados según estrato socio-económico en los años 2008,2009 y 2015. Autor.

De seguro los declarantes del supuesto hito histórico del año 2015, se sentirán profundamente decepcionados al revisar la última tabla y el gráfico anterior, y constatar que hicieron mucha alharaca para nada. El perfil de los asignados según estratos socio-económicos en 2015 es prácticamente igual al obtenido en 2009 y 2008. Veamos:

  • Para el estrato más pobre, el V, los porcentajes fueron 7% en 2015, 8% en 2009 y 6% en 2008;

  • Para el estrato IV, fueron 44%, 47% y 46% y

  • Para el estrato III, 31%, 30% y 32%.

Si queremos ponernos muy rigurosos, la conclusión sería que la distribución más favorable a los sectores de menores recursos, fue la del año 2009, es decir el segundo año de aplicación del modelo de asignación multivariable original, cuando la suma de los estratos IV y V representó el 55% del total de la asignación. Pero para no ser tan rudos, lo mejor es reconocer la verdad palmaria de las cifras y obtener la conclusión más razonable: no hubo ningún cambio significativo. Tampoco lo habrá en el año 2016 porque se continúa aplicando el mismo mecanismo.

El único mérito de las modificaciones de 2015 fue aplicar con cuatro (4) años de retraso, dado que estaba previsto para el año 2011, la eliminación de las pruebas internas, con lo cual se incrementó la disponibilidad de cupos a ser ofertados en los procesos de ingreso de 2015 y 2016. Surge el interrogante de por qué descontinuaron durante varios años las líneas de trabajo trazadas desde 2008, dirigidas a la creación de un verdadero Sistema Nacional de Ingreso, descritas en artículos previos sobre el tema (véase http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/author/bancidey), y de repente actuar como aprendices de brujos en un tema tan delicado.

Los cambios realizados produjeron desazón y malestar por la forma en que se efectuaron, sin presentar ningún estudio técnico-político, ocultando las fuentes de los datos y la forma de calcular los factores denominados condición socio-económica y la participación en actividades extra-curriculares que intervienen en los índices de asignación de cupos. Y para peor, no han respondido a las acusaciones de algunas universidades de haber reducido el peso del promedio de notas del bachillerato en el cálculo de los índices de algunos aspirantes. Con todas estas actuaciones chapuceras han enviado un mensaje tremendamente negativo a nuestros estudiantes de educación media, al desvalorizar sus esfuerzos por salir mejor en sus estudios y a reforzar la creencia en que al final, el tramposo es el que triunfa.

En 2015 una alta autoridad declaraba con orgullo que a partir de 2015 era el diseño de “nuestro modelo”, pero del 2014 para atrás, es el “ustedes”, refiriéndose con osadía e ignorancia, a los rectores que supuestamente eran los que habían hecho el mecanismo de asignación utilizado de 2008 al 2014. La verdad, es que ese modelo, bueno o malo, era el modelo del Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria.

Es necesario reconocer los errores y retomar la agenda original, dirigida a incrementar verdaderamente la inclusión social, creando mecanismos que garanticen el ingreso, aseguren el buen desempeño estudiantil, y concilien los intereses de la patria con los de los aspirantes a un cupo universitario. Avanzar en la inclusión universitaria exige mucho más que cambiar los parámetros de un algoritmo. Espero que lo hagamos en 2017.

Artículo en homenaje póstumo al honorable Profesor Antonio Castejón, uno de los padres del modelo del año 2008, y con quien tuve el placer de trabajar en pro de la inclusión educativa en el sistema universitario.

Vayan desde aquí mis respetos a sus deudos.

bernardo.ancidey@gmail.com

Artículo enviado por su autor a la redacción de OVE

Imagen tomada del archivo de OVE

Bernardo Ancidey

Bernardo Ancidey

Doctor en Ciencias Gerenciales y Especialista en Gerencia Pública (UNEFA); Licenciado en Física, Abogado y Licenciado en Educación (UCV). Forma parte del Grupo de Investigación de la UNEFA: Gerencia, Estado y Complejidad (GERESCO). Investiga los sistemas complejos desde una perspectiva socio-física, con énfasis en las dinámicas organizacionales, teniendo como objetivo desarrollar modelos explicativos que ayuden a su comprensión y a explorar su eventual contribución en la construcción del socialismo. bancidey@gmail.com

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