Entrevista a Esteban Hernández González. Bien común

Entrevista

Por: Jesús Jank Curbelo

Nos invitaron a un pueblo pequeño que está enfrascado en conservar su historia. Un conjunto de casas con un parque y una iglesia pequeña y una escuela y una estación en la que hace ya tiempo paró un tren que llevaba a José Martí; en la que hace ya tiempo paró un tren en el cual iba Fidel. Un pueblecito con una gacetilla en la que escriben sus propios habitantes y un proyecto comunitario espléndido que actúa hace más de cinco años.

Fuimos un sábado. Casi una hora y media por carretera desde Centro Habana hasta Quivicán y Quivicán adentro hasta San Felipe. En San Felipe, entonces, nos reunimos con varias personas en el saloncito de un círculo infantil.

–La idea del proyecto –dice Esteban Hernández González, su coordinador general– surgió conversando con la delegada. Nos percatamos de que había cierto aletargamiento en un grupo de instituciones; de que se acumulaban los problemas sociales a partir de la falta de iniciativas; y de que hacía falta revitalizar el trabajo con la comunidad.

«Entonces, el 25 de diciembre del 2011, nos reunimos en el cine con un grupo de artesanos, pintores, escritores, delegados, combatientes… Y dimos a conocer la idea».

Así comenzó todo. Hicieron un diagnóstico de San Felipe y vieron fortalezas: el potencial académico del pueblo; el trabajo de la Asociación de Combatientes; los resultados de los CDR, del círculo infantil, de la CPA 17 de Mayo. Y que todo esto era una base sólida para contrarrestar ciertos problemas: la falta de sentido de pertenencia; la falta de opciones recreativas; indisciplinas; las desacertadas condiciones higiénicas.

–Nos propusimos un grupo de acciones –explica Esteban–. En primer lugar, dijimos: hay que fortalecer el sentido de pertenencia, porque la población se había rejuvenecido, y se habían incorporado personas de otros lugares que no conocían quiénes se destacaron en el proceso revolucionario, en la construcción de las aceras, del acueducto; y en el deporte, la cultura, los maestros, los médicos…

Investigaron. Armaron un folleto con la historia local; varios folletos sobre literatura; un especial llamado Con Martí en el corazón.

–En el tema de la historia descubrimos que por aquí habían pasado Martí y Fidel, pero también Maceo y Pablo de la Torriente Brau, por la estación de trenes. Y la estación se convirtió en un símbolo. Nos dimos cuenta de que no éramos tan poca cosa, y empezamos a trabajar en este sentido.

Al proyecto le pusieron por nombre Arte-Sanfelipeño (ASF). Así de escueto. Así de natural.

–Después surgió la idea de hacer un festival cultural con los niños, para paliar el problema de la recreación. Hicimos varios equipos, buscamos el jurado, e hicimos la competencia en el cine. Aquello se abarrotaba. Los mismos niños montaban números de teatro, de humor, danza, música, plástica. Teníamos una instructora de música y una de danza.

Nos ayudaron mucho –dice Esteban.

Entonces nos enseñaron los trajes que cosen a máquina para los niños que bailan donde sea que los inviten: trajecitos de recortes de nailon o de sacos de yute; de recortes de tela o de cintas de videocasetes.

–Esa es mi niña –me dijo Yailen señalando la pantalla del teléfono mientras ponía un video de varios niños, en sus trajes de nailon, que bailaban una danza folclórica en La Habana Vieja–. Esa es mi niña, mírala. Es la del medio.

Yailen Amaro Hernández es miembro del grupo organizador. Ella reunió a los niños y montó con ellos la compañía Granitos de azúcar.

–Hemos bailado en la Casa del Alba, en Tropicana, en Varadero –dice.

Su madre cose los trajes a máquina. Yailen también se encarga de escribir sobre temas de salud en el boletín.

–Me encanta este trabajo y cómo repercute en nuestra comunidad. Todos los meses me reúno con la especialista, intercambiamos criterios y damos salida a temas que ayuden a la formación de valores en las familias… Me gusta sentir que ayudo a que los padres conozcan, porque yo también tengo niños en la edad de la adolescencia.

La idea del boletín surgió en febrero del 2012 a propuesta de Eddy Delgado Saavedra, un arquitecto de 27 años.

–San Felipe tuvo un periódico en la época neocolonial. Se me ocurrió que retomar la idea podía ser útil, así que lo hablamos con el Gobierno y con el Partido, y empezamos a trabajar en eso.

Armaron un equipo (un responsable para cada una de las secciones: Sociedad, Noticias, Salud, Clasificados, Escolares, Cultura, Deportes, Historia, Variedades e Internacionales), y el 8 de marzo del 2012 lanzaron un primer número, dedicado a las mujeres del pueblo.

–El boletín –dice Eddy– comenzó como una herramienta para dar a conocer el proyecto. La gente nos sugirió secciones, ideas, criterios. Actualmente publicamos la programación de las asambleas del Poder Popular: los acuerdos, los planteamientos de la población, las respuestas de los directores. O sea, que también se ha convertido en un instrumento para las actividades del Gobierno y las asociaciones de masas… Todas las instituciones tienen espacio.

«El proceso de edición es sencillo. Antes de comenzar el año nos reunimos y proponemos una serie de temáticas. Ahí definimos, de las 12 páginas, tres o cuatro que pueden ser seguras: aniversarios, trabajos históricos. Las demás salen sobre la marcha».

–¿Y dónde imprimen?

–En La Habana Vieja, en la Oficina del Historiador.

–Lejísimo.

–No hay imprentas más cerca.

–¿En cuánto sale?

–Depende de la tirada. Ahora estamos haciendo 300 números, así que nos sale sobre los 500 pesos.

El boletín es autosustentable: Una tirada de 300 números equivale a 300 suscriptores. Dos pesos por cada uno: 600. Para cubrir la imprenta, 500 pesos, y 100 para cubrir gastos como el transporte. El resto del proyecto se sustenta, básicamente, con esfuerzos propios.

–Con el tiempo –dice Esteban–, nos dimos cuenta de que ASF debía tener vida propia, y comenzamos a trabajar en la producción de artesanías. Pero también dijimos, ¿por qué no hacer carbón? E hicimos un proyecto para producir carbón, tanto para nosotros como para el resto del municipio. También empezamos a trabajar en el huerto de la escuela, y esos productos aportan a la propia escuela, se venden a la población, y se entregan al círculo infantil, al hogar de ancianos… Y así comenzamos a generar fuentes de empleo, que fueran útiles para el pueblo y a la vez aportaran al proyecto.
Entonces les pregunto cuánto les ha aportado ASF, aunque es redundar.

–Muchísimo –me dice Esteban con ojos llorosos. Salimos.

San Felipe parece un pueblo nuevo. Hay tarjas en el parque que recuerdan personajes históricos y hay árboles en las orillas y algo espiritual que bordea la estación del tren.

Hay casas antiguas, y más nuevas, y una donde nació Eladio González, uno de los ocho estudiantes de Medicina acribillados por los españoles; y otra donde nació el mambí más joven de la tropa de Maceo.

Y hay gentes que visitan San Felipe por el proyecto.

Así que si algo ha conseguido Arte–Sanfelipeño ha sido arrimar la voluntad de muchos a un bien común; un bien que es, a la larga, un bien personal. Si están logrando algo, es conservar la identidad del pueblo, que es un alto por ciento de la identidad de las 2 500 personas que lo habitan. Y de Cuba. Porque la Historia Patria es la juntura de las historias pequeñas de los pueblos. Y la Patria es, en fin, la humanidad.

Fuente: http://www.granma.cu/cultura/2017-07-07/bien-comun-07-07-2017-01-07-08

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