La educación en el V Informe

13 de septiembre de 2017 / Fuente: http://www.excelsior.com.mx

Por: Carlos Ornelas

Este 2 de septiembre se replicó el anatema de Antonio Gramsci: “La educación es política y la política es educación”. Aunque todo el V Informe de Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto encierra lecciones, el dictamen sobre la Reforma Educativa adquirió importancia alegórica. Los ritos y ceremonias forman parte de la tecnología del poder. El presidente rindió su mensaje en el símbolo político más importante de México, el Palacio Nacional. Además, lo hizo ante invitados y evitó la presencia de actores incómodos.

La parte formal, como lo manda la Constitución, se cumplió el día primero, en un acto deslucido, ante un Congreso envuelto en un revoltijo por intereses partidistas, de todos los partidos, no nada más del PAN. La liturgia en Palacio fue para realzar la figura presidencial.

En la alocución de EPN, la educación representó un papel central: “Trabajamos por un México con Educación de Calidad para realizar el anhelo de las familias, de que sus hijas e hijos puedan desarrollar su potencial y realizarse a plenitud. Por eso, la primera reforma que impulsamos al inicio de esta administración fue la Educativa”, dijo.

Luego enumeró los hechos significativos de la Reforma Educativa. Si bien comenzó con una evocación a la calidad de la educación, de inmediato pasó al meollo político: “el Estado mexicano recuperó la rectoría de la educación”. Pese a que es una exageración apuntar que ahora el gobierno rige en el sistema escolar (de educación básica), sí ha recuperado espacios y administra la dialéctica del control en su favor: las facciones del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación sufren mermas en sus márgenes de autonomía. En unas partes ya no son gobierno, aunque su influencia resiste a los intentos de cambio.

El Presidente redondeó el elogio a su reforma en cuatro zonas emblemáticas: laboral, tangible, pedagógica y política. En esta última, su oratoria fue enfática. Me imagino que el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, se mostraba contento al observar que el Presidente celebró su hacer en la SEP.

En la franja laboral, el Presidente rememoró la creación del Servicio Profesional Docente, la transformación de la Carrera Magisterial a un nuevo mecanismo de incentivos, sin la participación de agentes sindicales, sino con el apoyo de las evaluaciones del desempeño docente y la Estrategia de Fortalecimiento y Transformación de las Escuelas Normales.

En la porción concreta, el presidente destacó que, al final del sexenio, se habrán invertido 80 mil millones de pesos para mejorar la infraestructura escolar; 25 mil escuelas de tiempo completo y jornada ampliada; crecimiento de la matrícula en educación media y superior, y el modelo mexicano de educación dual, que tanto elogian muchos empresarios.

Por supuesto que el Modelo para la Educación Obligatoria cubrió buen trozo de la región educativa. No se midió en encomios. Ésta: “Representa una verdadera revolución pedagógica que permitirá a los alumnos aprender para la libertad y para la creatividad. Libertad para elegir su camino de vida y tomar las mejores decisiones; creatividad para idear nuevas soluciones y construir un mejor futuro”. Mencionó el nuevo currículo y aplaudió el apoyo de los especialistas más destacados de México, en su opinión. “La contratación de expertos da prestigio a los políticos”, dicen James March y Johan Olsen.

En el territorio de la política, que es donde se nota más la influencia de la tecnología del poder, EPN, sin mencionarlo por su nombre, recalcó los golpes al corporativismo. Citó que se auditó la nómina del magisterio (y se sigue en el empeño, le faltó decir) y se recuperaron más de 40 mil plazas, diez mil 500 de ellas en manos de aviadores (tampoco lo mencionó) y ratificó que el Estado es ahora el rector de la educación.

Los efectos del Informe son enigmáticos. El Presidente rinde cuentas, pero bajo sus reglas. Claro, luego vendrá la glosa en el Congreso, pero es él quien escoge lo que vale la pena mencionar. Empero, la consecuencia política inmediata es el aplauso de muchos actores y la crítica de otros; ésta no alcanza la misma cobertura que los encomios. El día del Informe ya no es el del presidente, pero mantiene un alto valor simbólico.

Más allá del autoelogio, que guarda algo de vanidad, el hecho es que la Reforma Educativa avanza a pesar de los enojos que causa. Aunque pongamos a Gramsci de atrás para adelante, la admonición es análoga: la política es educación y la educación es política.

Fuente artículo: http://www.excelsior.com.mx/opinion/carlos-ornelas/2017/09/06/1186483

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Carlos Ornelas

Carlos Ornelas

Doctor en educación por la Universidad de Stanford. Es Profesor de Educación y Comunicación en la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco. Sus intereses de investigación incluyen el estudio de reformas educativas en perspectiva comparada. Su libro, El sistema educativo mexicano: la transición de fin de siglo (México: Fondo de Cultura Económica, 1995), tiene dos ediciones y 15 reimpresiones.

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