Pau López Vicente: “Los adolescentes son nuestro espejo”

08 de noviembre de 2017 / Fuente: http://blog.tiching.com/

Pau López Vicente

¿Los adolescentes de hoy en día son iguales que los de hace 20 años? ¿Comparten las mismas problemáticas?
Los cambios propios de la pubertad es evidente que no varían sustancialmente en 20 años. Sin embargo, la manera de experimentar y vivir estos cambios sí que es diferente. La sociedad evoluciona, prioriza, pone esperanza en el futuro o vive la incertidumbre como una tragedia, se impone el concepto de crisis, el desconcierto, la desconfianza… ¡o todo lo contrario! Pues los adolescentes captan estos efluvios sanos o venenosos que revolotean en las conversaciones de los adultos, en las noticias, etc. Aparecen nuevas preocupaciones y retos, nuevas ilusiones, nuevos “sentidos” para hacer o no hacer las cosas que exigen esfuerzo. Si observamos las preocupaciones de la sociedad, de los adultos, sus aciertos, fallos, miedos y esperanzas… descubriremos las preocupaciones de los adolescentes. Son nuestro espejo.

En una sociedad como la actual en la que “ser joven” es un valor que persiguen muchos adultos, ¿qué modelo o referente se les plantea a los adolescentes?
Buena pregunta. Pienso en “referentes” mediáticos, artísticos, deportivos… algunos de gran interés, pero no se me ocurren “héroes sociales” de referencia para los adolescentes. Y, si los hay, son muy pocos. Cuando saltamos a la “juventud” el panorama cambia positivamente. Es un gozo contemplar a los miles de jóvenes que colaboran en el voluntariado, aquí y lejos de aquí, en proyectos de cooperación, educación en el tiempo libre, etc. Pero a los adolescentes se les deja entre dos aguas: entre la infancia protegida y la juventud con proyectos interesantes. Buena pregunta, insisto. El valor “ser joven” es un elemento comercial, de marketing, para los adultos. Además de la falta de aceptación del paso del tiempo, del ciclo vital, y del miedo, posiblemente mucho miedo. En algunos casos, claro.

La comunicación entre adultos (padres, madres, profesores) y adolescentes suele ser compleja. ¿Por qué?
Las dificultades en la comunicación son reales y yo diría que positivas. La dialéctica es necesaria para crecer. El conflicto, el contraste, la gestión de las situaciones problemáticas son fuente de crecimiento: así nos hacemos adultos, así construimos criterios y nos emancipamos. Yo diría que hay que relativizar los tópicos sobre esta problemática de la comunicación. Ellos nos piden que estemos por ellos, a pesar que en ocasiones no sean muy generosos y se muestren demasiado exigentes. Hay que hablar y después hablar, y después volver a hablar, y acordar, y pactar, y volver a hablar. Así se construyen los humanos, desde la infancia hasta el final. Realmente las máquinas son menos complicadas que las persona, pero trabajamos con personas y es más emocionante que trabajar con objetos.

¿Se ha complicado la comunicación con la integración de las nuevas tecnologías en nuestro día a día?
Posiblemente. Pero yo diría que lo que es novedoso para los adultos, es “normal” para los adolescentes. Es aquella idea de Marc Prensky sobre los “nativos digitales” y los “inmigrantes digitales”. Los adolescentes son hábiles y rápidos y los adultos vamos a remolque, pero no es una tragedia. Hay una posibilidad de relación simbiótica adulto-adolescente que jamás se había producido en la historia: el adolescente nos puede enseñar a descargar un programa o acceder a una site determinada,  y  los adultos podemos ayudarle a organizarse, a establecer prioridades. Una relación simbiótica interesante, ¿no? También nos podemos centrar en los peligros del acceso a todo tipo de contenidos, o el ciber bullying, pero ¿vemos el vaso medio lleno o medio vacío? Tendremos que convivir con la incertidumbre y hacer el camino mientras caminamos.

¿Las nuevas tecnologías nos acercan o nos alejan de los alumnos adolescentes?
Como siempre: depende. Hay muchos aspectos a tener en cuenta.

Más concretamente: ¿qué oportunidades ve en la tecnología para gestionar la relación entre alumnos y profesor en el aula? 
Las TIC realmente ofrecen una posibilidad muy real y comprobada de acercamiento y de seguimiento personalizado del alumno en su aprendizaje. Podemos comunicarnos con él, felicitarle y darle apoyo en cualquier momento. Y no hablo de sustituir la comunicación directa cara a cara, ni que haya que hacerlo todo el día, a todas horas y con todos. Sin obsesiones exageradas, la inmediatez puede ser una ventaja. Pensemos, por un momento, en un alumno que nos comunica que ahora, hoy, se siente muy mal, o que le pasa algo muy importante y necesita unas palabras de apoyo. Para algunos alumnos esta posibilidad ha sido su “salvación”. Estoy pensando en problemas de acoso, de relaciones difíciles, de angustias de exámenes…

¿Y las desventajas? 
Tal vez confiar demasiado en que las TIC nos lo resolverán todo, magnificar su uso y su alcance real. Nos hacen dudar que la “alianza pedagógica” entre profesor y alumno es la base de la educación y del aprendizaje. Nos hace pensar que los profesores somos menos necesarios pero, ¡es bueno hablarlo entre adultos! Es una discusión que creo que muchos docentes tenemos pendiente.

¿Cómo cree que debemos gestionar el uso de las TIC en una aula con alumnos de ESO y Bachillerato?
Utilizarlas, contrastar y debatir pros y contras, construir criterios de uso entre todos. Sí, hablar y generar criterio, y poco más. Ellos acabarán decidiendo qué hacer o no hacer. La red es libre y el control muy relativo.

Los conflictos nunca han estado exentos del entorno de los adolescentes. ¿Cómo valora los proyectos de algunos centros en los que los propios adolescentes se forman como mediadores de conflictos?
Realmente es una experiencia genial. Vuelvo con la idea de “construir criterios” desde situaciones reales. Esto sí que es educación experiencial, donde intervienen y se entrelazan aspectos emocionales, cognitivos y sociales. ¡Bien, bien!

Muchos profesores de las etapas educativas adolescentes acceden a la docencia a través de un curso, ahora un master más amplio. ¿Es una formación suficiente para atender las necesidades específicas de estos grupos de edad?
Creo que el máster supone una mejora sustancial. Mi propuesta sería abundar en el conocimiento de las adolescencias, desde la perspectiva bio-psico-social, e incrementar el tiempo del módulo genérico que se dedica a este tema básico y primordial.

¿Aconseja alguna formación complementaria o continuada para este colectivo de profesores?
Pues sí. Yo propondría organizar “espacios de contraste” con profesores y tutores de Secundaria para compartir experiencias y saberes en relación a los cambios de los adolescentes, a las dificultades de trato, a las formas de apoyo, a la manera de hacer frente a sus impertinencias, a sus preguntas, a sus impulsos, a sus emociones, a sus angustias. Se trata de conocer para atender: conocer mejor para poder educar mejor, para acompañarle en su crecimiento de la manera más adecuada. Los “espacios de contraste” con familias, con profesores y con adolescentes son una experiencia magnífica.

Fuente entrevista: http://blog.tiching.com/pau-lopez-vicente-los-adolescentes-espejo/

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