La Pedagogía preventiva y el hilo negro

México / 11 de febrero de 2018 / Autor: Martín López Calva / Fuente: E-Consulta

En sentido contrario a quienes utilizan como estrategia el crear miedo y temor en los alumnos

“Don Bosco, nos llama a a una educación que él denominó sistema preventivo, y que consiste en destacar los aspectos positivos de la enseñanza. Don Bosco aboga por una educación basada en el amor, al diálogo, a la solidaridad, al conocimiento previo de las reglas y normas que reijan (sic) en la escuela o instituto y a que los profesores estén al pendiente de las actitudes y comportamientos de los alumnos, para en su caso corregirlos antes de que causen problemas graves. En sentido contrario a quienes utilizan como estrategia el crear miedo y temor en los alumnos, Don Bosco propone que el profesor se haga querer por el alumno por medio de una actitud amorosa, de respeto y compromiso del maestro para con su educando”.

Este miércoles, día último de enero, se conmemora en el santoral de la Iglesia Católica a San Juan Bosco, un sacerdote italiano del siglo antepasado –nació en 1831 y murió en 1888- que se distinguió por su obra educativa que sigue vigente a través del trabajo de los sacerdotes salesianos, congregación fundada por él y aprobada en 1860 y de su rama femenina, el Instituto de Hijas de María auxiliadora.

Don Bosco, como es más conocido este santo nacido en el pequeño poblado rural de I Becchi, cercano a Turín, creó un enfoque que es al mismo tiempo pedagogía, pastoral y espiritualidad al que denominó Sistema preventivo. Dada su relevancia y su vigencia en el ámbito educativo, me permito en este espacio dedicado a temas relacionados con la educación desde una perspectiva humanista, recordar algunos de los elementos de a dimensión pedagógica del sistema preventivo –al que llamaré aquí Pedagogía preventiva- y destacar las aportaciones que esta aproximación –más práctica y existencial que teórica, puesto que su autor no escribió un tratado pedagógico- sigue planteando como un llamado a los educadores dos siglos después de su creación.

En esta época de reformas educativas oficiales y de clamor social por una reforma educativa real y efectiva que impacte positivamente en la formación no solamente académica sino humana y ciudadana de las nuevas generaciones, resulta muy necesario enfatizar la visión positiva del ser humano que está en el fondo de la pedagogía preventiva y los pilares de este sistema que son el amor por el educando, el acompañamiento de sus proceso de crecimiento y la construcción de un ambiente de confianza, seguridad y alegría que sirvan como escenario para la motivación interna por aprender y la invitación permanente a actuar desde y hacia el bien propio y de los demás.

Hace un par de semanas hablaba en este mismo espacio de mi propia experiencia como niño y adolescente educado en una institución salesiana que se fundaba en la pedagogía preventiva y de la impresión de muchos egresados de nuestro colegio de que el resultado de la experiencia vivida en las aulas, en los patios y en las actividades extraescolares. (Este artículo se puede consultar aquí: http://www.e-consulta.com/opinion/2018-01-08/formar-buenas-personas ).

La clave para lograr este resultado, el punto central para obtener como resultado del proceso educativo personas de bien es precisamente la pedagogía preventiva que nace de la confianza profunda en los seres humanos y de la vocación educadora que conduce a los profesores y directivos escolares a vivir su trabajo como una experiencia existencial gozosa y plena de sentido.

La pedagogía preventiva, como su nombre lo indica, tiene como hipótesis fundamental que no es necesario ni efectivo promover un clima de miedo y disciplina rígida en la escuela para lograr buenos resultados educativos sino que se requiere, por el contrario, generar un ambiente constructivo, de convivencia alegre y solidaria, de compromiso que nace del amor mutuo entre educando y educador que hará prácticamente innecesaria la aplicación de castigos porque producirá acciones positivas en la comunidad educativa y tenderá a extinguir los comportamientos dañinos.

La pedagogía preventiva parte de creer en los jóvenes y de respetarlos como personas creando una convivencia escolar rica en valores humanos que estimula la capacidad de pensar y decidir adecuadamente para irse formando en el esfuerzo que prepara para el trabajo y para la sociedad, para la construcción de un proyecto de vida honorable, de una acción ciudadana responsable y de una vivencia humana trascendente (virtual.usalesiana.edu.bo/web/practica/archiv/sistema_preventivo.doc)

En estos tiempos urgidos de una educación renovada y renovadora que contribuya a la formación de personas completas, en esta coyuntura de instrumentación de un nuevo modelo educativo que habla de valores, inclusión, habilidades socioemocionales, convivencia constructiva y formación para la democracia sería muy útil recurrir a la herencia de Don Bosco para evitar esfuerzos estériles en la búsqueda de descubrir el hilo negro para una educación auténtica.

Fuente del Artículo:

http://www.e-consulta.com/opinion/2018-01-29/la-pedagogia-preventiva-y-el-hilo-negro

Fuente de la Imagen:

Don Bosco, las Profecías de un Gran Santo y Místico (31 ene)

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Martín López Calva

Martín López Calva

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, maestro en Educación superior por la misma universidad y en Humanismo universitario por la Universidad Iberoamericana Puebla.

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