Que la educación no sea una deuda impagable

Por Gabriel J. López Arrieta

Siempre que recuerdo cuando estudié en la universidad, es notable mi nostalgia, orgullo y deseos de regresar, por ser de los momentos más importantes, especiales y enriquecedores que he vivido (por supuesto, luego del nacimiento de mi hija). Y desde mi punto de vista, por más extraordinaria que fue la universidad en mi crecimiento personal y profesional, al igual que a muchos otros estudiantes, fue una experiencia que estuvo llena de satisfacciones y frustraciones.

Para ponerles en contexto, y para los que somos parte de la generación “X”, que nacimos entre los años 1965 al 1979, y que nos encontramos como el “jamón del sándwich”, entre la generación de los “baby boomers” que nacieron entre los años 1946 y 1964 y la generación “Y” o “millenials” que nacieron entre los años 1980 al 1999; llegar a la universidad era la aspiración más importante, y hasta casi por obligación, que tenía cualquier estudiante de cuarto año o grado 12.

En gran medida, esto se debía a la cultura laboral del momento, y que aún permea, de obtener un trabajo “inmediato” luego de graduarte ante la necesidad que existía de suplirle en gran parte la empleomanía al sector de la manufactura. Este sector representó, según el estudio Encuesta de Establecimientos que realizó el Departamento del Trabajo y Recursos Humanos (período: 1990 a 2014), sobre 160,000 empleos directos y hasta 200,000 empleos, incluyendo los indirectos. Sin duda, la generación de los “baby boomers” fue la “zapata” en el crecimiento económico que tuvo Puerto Rico por casi 20 años.

¿Pero era la realidad de nuestra generación “X”, es la realidad de los “millenials” o será la realidad de los “Z”, de los “alfa” y demás generaciones que continuarán surgiendo, el graduarte de la universidad, pública o privada y tener “seguro” un empleo en lo que estudiaste? Estoy convencido que no fue así, ni es, y mucho menos será. Seguro, esta es la mayor frustración de un estudiante universitario, y me incluyo, que con ilusión y sacrificio y entre becas, préstamos y hasta tarjetas de crédito, se han pagado y continúan costeando sus estudios. Sin pasar por alto a los padres de muchos otros estudiantes universitarios, que igualmente hicieron y hacen grandes sacrificios económicos con préstamos personales y hasta refinanciando las hipotecas de sus hogares para asumir dicha carga económica.

Es importante que sepamos que, de acuerdo con el Consejo de Educación de Puerto Rico, cada año entre las universidades públicas y privadas se gradúan aproximadamente 50,000 estudiantes. Conociendo este dato, tenemos que cuestionarnos y repensar si dicha oferta responde a la demanda laboral, ante el escenario actual que atraviesa el país de un proceso de quiebra con $72 mil millones en deuda pública y una emigración anual a Estados Unidos que continúa en aumento entre 114,000 a 213,000 puertorriqueños (fuente: Estimates of Post-Hurricane Maria Exodus from Puerto Rico por el Centro de Estudios Puertorriqueños del Hunter College de City University of New York), la cual se agudizó con la devastación que dejó el huracán María de categoría 5. Evidentemente esto provoca la continua fuga del talento joven, que a su vez se convierten en la diáspora, pero por obligación.

Los invito a reflexionar ya que nos encontramos en una coyuntura difícil, compleja e histórica en Puerto Rico, donde precisamente se está discutiendo con pasión el tema de la educación. Es momento de analizar de manera responsable, sensata y prudente, un cambio en la dirección que se le ofrece al estudiantado en todos sus niveles. Necesitamos que tanto el sistema público como el privado integren en sus currículos de enseñanza el tema del emprendimiento y empresarismo de manera permanente y consistente desde los años preescolar, superior y universitario. De igual manera, se deben reforzar las disciplinas de ciencias, matemáticas y tecnología, pero más importante aún, lo que no sea necesario en ese currículo descartarlo, y así, no resulte engorrosa y frustrante la preparación académica de cualquier individuo.

Por todo esto y mucho más, es que los sistemas de educación público y privado tienen que adelantarse a la historia, y no permitir que la historia se les adelante. Puerto Rico lo necesita con urgencia, para que la educación no sea una deuda impagable.

Fuente del Artículo:

https://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/quelaeducacionnoseaunadeudaimpagable-columna-2403072/

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Gabriel J. López Arrieta

Gabriel J. López Arrieta

Exdirector de la Administración de Vivienda Pública, Columnista del Nuevo Día, Puerto Rico

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