Alberto Royo: “Los nuevos gurús educativos no son profesores”

España/14 de Abril de 2018/El Mundo

Da clases de Música. El profesor de Matemáticas pensará que lo suyo está chupado, ¿no?

Es una asignatura que tradicionalmente está considerada una maría, pero la música tiene gran parte de matemáticas. En realidad, la música también es arte, lenguaje, e incluso filosofía. Es una asignatura muy versátil.
¿Un buen maestro es el que programa muchos o pocos exámenes?
Los necesarios. Yo no pongo demasiados, pero el examen es una herramienta muy buena para comprobar si tus alumnos han aprendido y para saber si has acertado. En el fondo, en el examen no sólo evalúas a los alumnos, sino a ti mismo.
¿Qué requisitos debe tener un gran docente?
El dominio y el amor por la materia que está dando. También el compromiso de estar firmemente convencido de que lo que hace es valioso. Y el entusiasmo, porque no basta con dar la asignatura, sino que debe contagiar a sus alumnos el gusto por la materia.
¿Deberes sí o no?
Depende. Deberes mal estructurados, excesivos y que hagan los padres, no. Pero si son proporcionados y sirven para que al alumno le surjan dudas y refuerce lo que ha visto en clase, sí. Los estudios nos indican, sobre todo en la Secundaria, que los deberes bien diseñados mejoran el rendimiento académico.
Se dice que el nivel ha descendido mucho. Pero lo que veo a mi alrededor son alumnos desbordados que no paran de estudiar.
 El listón ha bajado. Se ha instaurado una especie de facilismo y la idea de que es posible aprender sin esforzarse. Esto es falso. El aprendizaje supone un crecimiento personal y es algo muy valioso. Pero no es algo que se consiga sin esfuerzo.
¿Cuál ha sido la peor ley educativa?
En realidad, la ley no ha cambiado demasiado. La LOGSE, la LOE y la LOMCE mantienen la misma filosofía. No creo que haya habido una ley peor que otra. Las tres son malas y bastante similares.
¿La LOMCE no ha subido el nivel?
No. Teóricamente apostaba por la cultura del esfuerzo, pero en la práctica no ha sido así. El error fundamental de todas las leyes es que se exige poco a los alumnos porque se considera que no es positivo. Sin embargo, la mejor manera de detectar quiénes tienen dificultades para poder ayudarles es exigir.
¿Por qué se ha dejado de memorizar en la escuela?
La educación ha pasado a ser un asunto mediático del que opina prácticamente todo el mundo, excepto el profesorado. Se está intentando combatir un modelo que ya no existe. Siempre que se menosprecia la memoria se hace recurriendo a la lista de los Reyes godos, que ni siquiera yo estudié. Se está confundiendo memorizar, que es algo fundamental, con basarlo todo en la memorización, que no tiene sentido.
¿Qué es el populismo pedagógico?
La corriente, según la cual, decimos lo que queda mejor en lugar de lo que resulta más sensato o de lo que es más eficaz. Se lleva mucho decir que los niños en la escuela tienen que ser felices. Pero, ¿cuál es el cometido de un profesor: proporcionar felicidad o conocimientos? El objetivo no puede ser el bienestar del alumno sino el adquirir conocimientos.
¿Quiénes son los nuevos gurús educativos?
Normalmente no son profesores. La mayoría de ellos conoce la enseñanza de oídas. Eso sí, nos explican a los que estamos día a día en el aula cómo tenemos que trabajar. Son personas que, en realidad no tienen experiencia, y que, paradójicamente, son considerados expertos.
Entonces, ¿los que hacen los estudios son los que nunca pisan las clases?
Bueno, no siempre. Hay gente muy preparada que hace estudios interesantes. Pero, es verdad, que la figura del experto educativo muchas veces está muy lejos del aula.
¿Cuál es el dogma pedagógico posmoderno más dañino?
Esa confrontación entre esfuerzo y felicidad. Esa idea, que es muy peligrosa, de que esforzarse supone un sacrificio inasumible. Cuando los profesores decimos que para aprender hay que esforzarse no estamos queriendo que el alumno sufra. Al contrario, consideramos que es algo gratificante. Afrontar un reto y superarlo proporciona un crecimiento personal importante.
El Gobierno parece preocupado con la formación de los docentes, ¿es éste el principal problema de la educación?
En absoluto. En mi opinión, lo que el Gobierno está planteando es algo tan absurdo como solucionar el exceso de pegadogismo, que nos ha llevado hasta nos ha llevado, con más pedagogismo. En lugar de reconocer que lo fundamental en un profesor es tener un amplio dominio de su materia, lo que vamos a hacer es aumentar la carga pedagógica con una connotación económica importante porque el MIR docente va a ser bastante caro. Esto de ninguna manera va a mejorar la formación de los profesores.
¿Qué opina entonces del MIR educativo?
Errando el diagnóstico, es muy difícil dar con el tratamiento adecuado. El Gobierno considera que el principal problema de la educación es la formación de los profesores y yo creo que no es así. De hecho, somos los que estamos impidiendo que el barco se hunda. Con el MIR, el Gobierno quiere poner el énfasis en los procedimientos y no en los contenidos. Pero lo fundamental para que un profesor enseñe bien es que domine su materia.
¿El docente, en ocasiones, no controla su disciplina?
No, lo que pasa es que no encaja en el perfil que se está solicitando desde la Administración. Nos están pidiendo que seamos grandes comunicadores, olvidando que uno comunica mejor cuanto más sabe. Una persona con pocos conocimientos, pero que es un gran comunicador, es un charlatán o un predicador, pero no es un buen docente.
Según su criterio, lo único que va a hacer el MIR educativo es empeorar las cosas.
Desde luego, no las va a arreglar.
Los planes de formación de las comunidades autónomas a los docentes incluyen ‘focusing’, talleres de kinesiología, tertulias dialógicas…
Si la Administración pretende formar al profesor mediante cursos de risoterapia, la cosa resulta bochornosa. Un profesor de Música como yo lo que tiene que hacer es saber cada vez más música. Un alumno necesita tener cierta admiración hacia su profesor.
El ‘design thinking’, las ‘flipped classrooms’, las ‘learning analytics’… ¿se nos está yendo de las manos la innovación en las aulas?
Innovar en sí mismo no es bueno ni malo. Depende. Innovar es hacer algo diferente. La novedad puede ser positiva o negativa. De todas maneras, el profesor siempre está innovando. Yo jamás doy la misma clase y cambio continuamente de estrategias. Lo fundamental es que no tenemos que confundir innovar con ser buen profesor. Ése es el problema. Un profesor puede ser un buen profesional, independientemente de que su metodología sea más tradicional o más moderna.
Pese a este debate en los medios sobre la innovación, lo que percibo es que las clases se siguen impartiendo como siempre. El maestro en la pizarra soltando un monólogo y el niño aburrido en el pupitre.
Es muy raro que un profesor hoy que se dedique a hacer un monólogo sin que los alumnos ni siquiera puedan preguntar. Hay muchas posibilidades que uno puede utilizar en clase. Me estás hablando de la instrucción directa, que es una metodología. Cuando yo tengo que exponer algo, la utilizo. Pero, otras veces, empleo el aprendizaje cooperativo, sólo que no lo llamo así, sino simplemente enseñar. Cuando hablamos de gamificación y de espíritu lúdico, yo en clase practico con mis alumnos la improvisación, que no deja de ser jugar con los sonidos. Tampoco lo denomino gamificar. Muchas de las metodologías que se está vendiendo como novedosas no dejan de ser diferentes maneras de enseñar.
¿Qué opina de los colegios que han suprimido los libros por las tablets?
No sólo no hay evidencias de que el uso de tabletas mejore el rendimiento académico, sino que cada vez tenemos más evidencias científicas que nos están advirtiendo de que perjudica a los alumnos. Antes de implantar una metodología, debemos ser cautos. En este caso, me temo que nos estamos dejando llevar por la moda.
Usted también es muy crítico con la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner. ¿E qué quedamos: hay siete inteligencias o sólo una?
El propio Gardner reconoció que no tenía que haber hablado de inteligencias, sino de habilidades, pero supongo que habría vendido menos libros. Hay cuestiones que la ciencia ya ha desmentido. No tenemos siete cerebros sino una inteligencia. Otra cosa es que tengamos más capacidad para unas actividades que para otras.
¿Los alumnos brillantes están siendo engullidos por una mayoría mediocre?
Tenemos cada vez menos.
¿Por qué?
Cuando se baja el listón y se iguala por abajo pensando que así más alumnos van a alcanzar los objetivos, nos estamos equivocando. Los que podían haber funcionado mejor, terminan desincentivándose.
¿Y qué hacemos con el estudiante que se esfuerza, pero al que le cuesta llegar al aprobado?
Proporcionarle todo el apoyo que necesita. Para mí la base de la escuela pública es que cada alumno desarrolle al máximo sus capacidades. Estamos de acuerdo, pese a Gardner, en que hay alumnos más inteligentes que otros. Para eso es fundamental exigirles a todos en función de sus capacidades y ver las dificultades para apoyarles en lo que necesitan.
¿Y con los estudiantes que ni se esfuerzan ni quieren estudiar?
Éste es uno de los grandes problemas que está sin resolver. Lo que no podemos hacer es reconvertir la escuela de institución académica en un centro asistencial. Hay alumnos descolgados de los estudios a los que hay que buscar una salida. Una posibilidad sería establecer itinerarios interesantes y muy tempranos.
¿Cuál es su consideración del Global Teacher Prize, el que elige al mejor profesor del mundo?
A mí me resulta bastante frívolo dar premios a los profesores. No son premios al mejor sino al más innovador. Volvemos a lo de antes. La labor del profesor es una labor discreta y callada. No es una actividad que necesite aplausos ni grandes galardones, sino despertar curiosidad día a día a los alumnos.
Por ejemplo, Xuxo Ruiz Domínguez enseña con trucos de magia. ¿Quieren convertir al profesor en un mono de feria?
Estamos confundiendo enseñar con entretener. Y no es lo mismo. A lo mejor es un gran profesor, lo que no acepto es que sea un modelo a seguir. Defiendo la libertad metodólogica y de cátedra. Si esta persona consigue que sus alumnos aprendan con trucos de magia, tiene mi enhorabuena. Si no aprenden y sólo les está entreniendo, entonces no está cumpliendo con su obligación.
César Bona, otro de los finalistas de este premio, aboga por estimular la creatividad en el aula y que el niño aprenda a gestionar sus emociones.
La creatividad es importantísima, pero sin una base de conocimientos es extravagancia. Una persona puede ser tanto o más creativa cuanto más sabe. En cuanto a las emociones, siempre se habla de que hay que respetar el ritmo de aprendizaje de los alumnos, pero no se habla del ritmo de maduración. No discuto la importancia de las emociones, pero sí que haya que crear una asignatura ex profeso sobre gestión emocional.
LA ÚLTIMA PREGUNTA: ¿Qué receta me daría para el éxito escolar?
A mis alumnos adolescentes les suelo decir que el mayor acto de rebeldía que pueden hacer es aprender. Porque convirtiéndose en personas cultas y formadas van a ser mucho más difíciles de manipular. No hay nada estimulante para un alumno que ver que aprende y progresa.
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