Niños migrantes sufren segregación en una escuela italiana

Al comienzo del año escolar, mientras la mayoría de los estudiantes de primaria charlaban y comían pasta caliente en la cafetería, casi una decena de niños inmigrantes destapaban emparedados en tres mesas de un salón de clases que estaba desocupado y tenía persianas púrpuras horizontales, muebles monótonos de oficina y un letrero que decía “Estudiantes que traen su almuerzo de casa”.

“Quería regresar a la cafetería”, dijo Khadiga Comaa, una niña egipcia de 10 años.

Khadiga y los demás no pertenecían a un grupo de estudiantes con mal comportamiento. Los habían segregado del resto de los alumnos en la escuela Archinti de Lodi porque habían perdido su subsidio diario para el almuerzo.

Eso se debía a que no lograron cumplir con un nuevo requisito (algunos críticos lo califican de punitivo) que introdujo la alcaldesa de la ciudad, una integrante de la Liga, el partido gobernante y de postura antiinmigrante.

Además de la documentación habitual necesaria para los subsidios del autobús y el almuerzo, la alcaldesa ahora exige que los extranjeros demuestren que no tienen propiedades, cuentas en el banco ni otras fuentes de ingresos en sus países de origen.

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La habitación en la que comen los niños que llevaron sus propios almuerzos en la escuela Archinti en LodiCreditNadia Shira Cohen para The New York Times

Sin esas pruebas, los niños no pueden obtener el subsidio del almuerzo y en cambio tienen que pagar 5 euros al día, una cantidad que muchos padres dicen que no pueden costear. Sin embargo, en las escuelas de Lodi, como en gran parte de Italia, los niños no pueden traer comida del exterior a la cafetería.

Eso implicó que los estudiantes que no habían pagado ni recibido subsidios tenían que ir a casa a almorzar. Para evitarles esa carga a los padres, el director de la escuela permitió que los niños trajeran emparedados de casa y los comieran en un salón aparte.

Los informes de segregación en Lodi —y la violación del ritual sagrado italiano de almorzar juntos— tocaron una fibra sensible en Italia.

Después de la indignación nacional, los italianos recaudaron 80.000 euros para pagar los almuerzos y los autobuses escolares hasta diciembre de casi doscientos niños inmigrantes, muchos de ellos nacidos y criados en Italia. Además, muchos dijeron que el esfuerzo era una primera señal de resistencia a la Liga y a Matteo Salvini, su líder nacional y el poderoso vicepresidente de Italia, quien ha impuesto medidas estrictas respecto a la inmigración, ha endurecido la oposición a la ciudadanía por derecho de nacimiento y ha hablado despectivamente sobre los migrantes.

No obstante, aquí en Lodi, una ciudad en el fértil valle del río Po, con una hermosa plaza cubierta de piedras de río adoquinadas y adornada con una catedral medieval y fachadas neoclásicas, muchos lugareños adoptaron otra postura.

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Residentes de Lodi observan mientras familias protestan por las nuevas reglas para obtener subsidios para los almuerzos. CreditNadia Shira Cohen para The New York Times

El 16 de octubre por la mañana, mientras el comité que había recaudado dinero para los niños sostenía un mitin en una pequeña plaza justo debajo de las oficinas de la alcaldía, Adriana Bonvicini, de 60 años, compraba gladiolas en la florería de la plaza.

“Están aprovechándose de los sentimientos de la gente y los niños para obtener lo que quieren”, dijo, señalando la plaza, llena de mujeres con hiyabs y vestidos africanos.

“Están intentado que parezcamos descorazonados”, continuó. “Ellos son los crueles. Es una cuestión de justicia. Cada familia tiene cinco hijos y quieren todo gratis. Recuerden lo que dijo Erdogan”.

Esa era una referencia a Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, quien ha animado a la gente turca que vive en Europa a que “no solo tenga tres sino cinco hijos”. Lo citó inexactamente: “Invadiremos Europa a través de los vientres de nuestras mujeres”.

Las mujeres que rodeaban a Bonvicini estuvieron de acuerdo.

Argumentaron que no era tan difícil que los extranjeros obtuvieran pruebas de sus embajadas y que se aprovechaban de la generosidad de la ciudad para después quejarse.

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La mayoría de los estudiantes en la escuela Archinti son considerados como extranjeros a pesar de que muchos de ellos nacieron y han crecido en Italia. CreditNadia Shira Cohen para The New York Times

Para acabar pronto, pensaban como la gente que votó por la Liga en la ciudad y en todo el país.

“Déjenlos gobernar”, dijo Bonvicini, refiriéndose al gobierno.

Sin embargo, las madres que habitan en Lodi y vienen desde Túnez y Egipto dijeron que regresaron a casa para obtener los documentos pero que no existía ninguno. Una madre de Nigeria dijo que su esposo fue a la embajada en Roma y envió los documentos requeridos a la ciudad, pero aún no le habían respondido y tenía problemas para pagar el costo total del transporte de su hijo.

La alcaldesa Sara Casanova tenía el apoyo de Salvini (“¡¡¡TIENE RAZÓN!!!”, escribió él en Twitter). El 16 de octubre nadie podía encontrarla.

Rechazó una solicitud de entrevista de The New York Times, pero dijo a La Verità, un diario favorecido por el gobierno, que no les exigía la documentación a las personas provenientes de países destrozados por la guerra: “No somos racistas y aquí no hay ningún apartheid”.

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El comité que organizó la protesta colgó letreros para demostrar su oposición a la política del almuerzo.CreditNadia Shira Cohen para The New York Times

Las regiones del norte controladas por la Liga también han exigido que los inmigrantes demuestren su estatus financiero a través del mismo requisito burocrático usado en Lodi cuando intentan obtener vivienda pública de bajo costo y subsidios para comprar libros de texto. La ciudad de Lodi, que alguna vez fuera un famoso campo de batalla para Napoleón, ahora para los manifestantes es un frente contra el racismo progresivo y el fascismo resurgente del gobierno.

“Lo siento por Italia si creen que esto es igualdad”, dijo Imen Mbarek, de 30 años, quien dijo que regresó a Túnez para obtener los documentos adecuados pero que simplemente no existían. Ahora está pagando el costo total del almuerzo para la escuela; el año pasado, dijo, pagó 1,65 euros al día.

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Algunos habitantes de Lodi respaldan la acción de la alcaldesa para hacer más estrictas las reglas para los subsidios a los almuerzos. CreditNadia Shira Cohen para The New York Times

Eugenio Merli, el director de la escuela de Archinti —que lleva el nombre de Ettore Archinti, un exalcalde de Lodi que fue enviado por los fascistas a morir en un campo de concentración nazi —defendió su decisión de poner a los niños en un salón de clases aparte para comer.

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Los niños separados están de regreso en la cafetería. CreditNadia Shira Cohen para The New York Times

“Comer en el salón de clases generaba un tipo de separación, pero era una manera para ayudar a los padres”, comentó. Además, agregó que se preocupaba de que, si obligaban a los niños a irse a casa para almorzar, quizá no regresarían.

Este mes, forzó a quienes atienden la cafetería a que dejaran entrar a los estudiantes, donde comieron sus emparedados en mesas aparte.

“Los niños tienen el derecho de estar con sus amigos, de que no los segreguen”, comentó. “No solo vienen a la escuela a estudiar. También están aprendiendo cómo vivir juntos”.

Afuera de la escuela, saludó a Khadiga Gomaa, quien se mostró de buen humor. Dijo que había comido su primer almuerzo caliente con sus amigos desde que comenzó el año escolar.

“Comí pasta penne, bacalao y ensalada”, dijo. “Estaba rico”.

Fuente: https://www.nytimes.com/es/2018/10/24/racismo-migrantes-italia-subsidios/

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