De las redes distribuidas a la vivencia del procomún y viceversa

Por Marianicer Figueroa Agreda

Comunidades Técnicas de Asistencia Mutua

Proyecto de Articulación Regional

Rosa Luxemburg Stiftung – México

Centroamérica y Caribe

Las tecnologías digitales como artefactos sociales culturales que en efecto no funcionan sin hardware, software y conectividad, tampoco lo hacen sin las promesas y creencias que los grupos de usarixs1 promueven y construyen en su nombre. Por ello al asumir la presencia de componentes sociales, políticos y culturales que lo constituyen, con intereses incluidos y con ello la urgente necesidad de garantizar su uso democrático en tanto espacio público-político digital, está dando lugar a la presencia de colectivos sociales en la red como las Comunidades Técnicas de Asistencia Mutua (CTAM) que advierten la presencia de acciones silenciosas de grandes transnacionales de la comunicación para eliminar la condición de origen de una internet libre y descentralizada, secuestrar lo que para muchos son los bienes comunes digitales y con ello eliminar el ejercicio de los derechos digitales de quienes ejercemos ciudadanía en la red.

Esta realidad se visibiliza al dar cuenta que lo que en sus inicios fue concebido como un nutrido ecosistema, parece verse minimizado a unas pocas plataformas que actúan como guardianes y decisores de todo lo que encontramos, leemos, compramos, vemos, con quienes compartimos nuestros contenidos y en especial cómo se rentabiliza lo que publicamos, convirtiendo a la red de redes en uno de los mayores generadores de monopolio de la historia económica, y no hay nada más peligroso que un monopolio silencioso e invisible.

Microsoft, Google, Apple y Amazon, con sus posiciones monopólicas, su lobby corporativo, con el secuestro avasallante de la visión descentralizada original de Internet, el control de nuestros datos a través del monocultivo del marketing de vigilancia y de la extracción, y el poder de sus algoritmos para crear las burbujas cognitivas desde donde dirigen lo que se debe ver, saber y consumir, se han vuelto demasiado importantes para que ignoremos sus posiciones monopólicas. El impacto de esta realidad, tal como lo refiere Hugo Pardo Kuklinski, nos obliga a mantener un espíritu crítico sobre lo que sucede, por una parte dada la débil regulación existente en el ecosistema digital, y por otra en defensa del interés común de los ciudadanos, a partir del cual podamos levantar una contranarrativa de lo digital desde donde vislumbrar los desafíos de crear y apostar a caminos alternativos y adyacentes a lo que hoy en día parece controlarlo y extraerlo todo.

En la construcción de esta contranarrativa del digitalismo, Jonathan Taplin (2017) nos alerta entonces de la urgente necesidad de crear estructuras paralelas que beneficien a las y los ciudadanos, en donde la lucha a muerte entre política (la voz de las personas) y la tecnología monopolizada, la gane la política; y allí entra en el escenario la lucha por devolverle a internet su carácter descentralizado como respuesta ante un internet que está siendo rápidamente comercializada, patentada, privatizada, espiada y monopolizada.

El concepto de “descentralización” se escuchó por primera vez nada menos que a mediados del siglo XIX, cuando se hablaba de él como la fuerza que inspiró la Revolución Francesa: “La descentralización tiene una dimensión cívica, ya que aumenta las oportunidades de los ciudadanos de participar en asuntos públicos, y les acostumbra a usar su libertad”, escribía el abogado Alexis de Tocqueville, mucho antes del imparable dominio digital. Hoy en día, ese concepto aplicado a Internet se refiere a una red que no depende de servidores controlados por gobiernos o grandes corporaciones, que permite a lxs usarixs conectados navegar con una mayor seguridad, dado que todo el contenido creado (y compartido) no se aloja en ningún servidor en concreto, sino que se hospeda a la vez en todxs lxs usarixs conectadxs que se saltan los nodos centralizadores de paso, en contraste al Internet que conocemos hoy en día que depende en gran medida de servidores en manos de proveedores de acceso a la red, grandes corporaciones de telecomunicaciones y organizaciones gubernamentales.

Iniciativas como ArkOS, MaidSafe, MegaNet y ZeroNet son algunos de los proyectos que luchan por volver a tener un Internet descentralizado, en manos de las y los ciudadanos y no controlada al antojo por las multinacionales, tal como también está sucediendo en el ámbito de las redes sociales en donde alternativas como Hubzilla, Friendica, Mastodon, Movin y Kune, entre muchas otras, se presentan como opciones para regresar a sus usarixs(as) en las redes sociales el control de sus datos, así como el control sobre aquello que quiere ver y compartir, o en iniciativas de redes de Internet comunitarias en donde de experiencias como Guifi.net tenemos mucho que aprender.

Ahora bien, si al pensar en este concepto desde un punto de vista tecnológico estamos hablando de descentralización de software, hardware, redes y nodos como lo plantean las iniciativas antes mencionadas, desde la mirada sociotécnica y política se hace necesario pensar también en la (Des) centralización política de su organización y gestión  en tanto implica definir cuántas personas o instancias controlan las computadoras que conforman el sistema, y bajo qué tipo de dinámicas se toman las decisiones para su funcionamiento.

Partiendo de la idea que las redes descentralizadas, se sustentan en una heterogénea distribución de sus redes y nodos de comunicación en virtud de que cualquiera se relacione con cualquier otro de manera directa o bien a través de intermediarios, por lo que genera que en ellas no existe la representación, desde el punto de vista de la organización sociopolítica parece que con el regreso de una Internet libre y libertaria, se potencia de nuevo la participación plena de los ciudadanos como corresponsables de las decisiones públicas ante un Internet concebido como un procomún, tomando en cuenta que en la lógica de las redes no centralizadas, no es necesario ningún medio de control ni un líder eficaz.

Un procomún es un espacio conformado por un bien que posee una comunidad específica que lo usa y lo gestiona de acuerdo a las propias necesidades de esa comunidad estableciendo reglas más o menos explícitas para su uso. La idea del procomún tecnológico implica que las personas, individualmente o en comunidades, podamos crear nuevas infraestructuras, aplicaciones y formas de distribución de la comunicación, desde donde producir información, cultura y saberes sin necesidad de que intervengan aparatos coercitivos, generalmente relacionados con intereses de mercado y, en muchas ocasiones, demasiado vinculados a las instituciones públicas.

Tal como lo refiere Yochai Benkler (2015), autor de “La riqueza de las redes”, este nuevo modelo de relaciones interpersonales y comunitarias podría representar, por tanto, la creación de formas otras de gestión y producción basado en la colaboración, la co-responsabilidad, el reconocimiento de liderazgos diversos, la confianza y la autogestión, desde donde se favorecen nuevas dinámicas de acción económica y social colectivas, tendientes además a una continua renovación dado que al imperar la ética de la cooperación genuina, los conocimientos producidos por la comunidad a su vez son desarrollados y devueltos para mejorar la comunidad, para que esta los pueda seguir usando, potenciando con ello la utilización de una inteligencia colectiva al servicio del bien común.

Para que esto finalmente ocurra, como de hecho está ocurriendo en las comunidades de hackers y de software libre, necesitamos entonces ciudadanos(as) que no sean considerados(as) clientes ni usarixs, sino constructores de las formas de gobierno y de vinculación social en esa Internet como parte de una lógica que resguarda un bien común intangible, a partir de la creación, uso y gestión de una Internet descentralizada que propicia la transformación de las prácticas que como usarix-consumidor hemos tenido en la Internet actual, y viceversa, lo que implica retos políticos, más que tecnológicos.

En el caso de CTAM, como red que agrupa diferentes colectivos pro tecnologías libres y derechos digitales, cobra doblemente sentido el desafío de asumir redes sociales descentralizadas, definiendo no solo qué red libre seleccionar, sino cómo al apropiarse de ellas como medio de comunicación alternativa para la promoción y defensa de los bienes comunes digitales, sino también identificando cómo sumarse a la constitución y/o incidencia, dentro y fuera de esas redes a nuevas formas de “Gobiernos de los Bienes Comunes” (E. Ostrom), así como de organización social e incidencia política integrada por colectivos, grupos de trabajo, redes y comunidades con quienes pensar juntxs el poder de forma federativa para la cooperación social productiva, a lo interno y fuera de la red.

No hacerlo implicaría solo la apropiación tecnocrática e instrumental de plataformas con enormes potenciales para la defensa de la privacidad, la seguridad y la libertad en la red y de la democratización tanto del acceso a la información y a la comunicación, sino de las posibilidades de aumentar el cuido de la vida misma. No hacerlo sería aportar una piedra más al camino de devolverle a Internet su condición libre, libertaria y libertadora.

Referencias

Benkler, Y. (2015). “La riqueza de las redes: Cómo la producción social transforma los mercados y la libertad”. Barcelona: Icaria

Fosatti, Mariana Gemetto, Jorge (2018) “El gobierno de los bienes comunes digitales” en COMUNES Economías de la colaboración Goethe-Institut Argentina

Pardo Kuklinski, Hugo Contra los monopolios de Google, Amazon, Facebook y Apple. Documento en linea disponible en http://www.ibe.tv/es/canal/elportalvoz/4679/Contra-los-monopolios-de-Google-Amazon-Facebook-y-Apple.htm

Silva Segovia, Jimena (2015) Con los pies en el barro: Investigar en el contexto de pueblos originarios andinos: un relato autoetnográfico/ia en Silva Segovia, Jimena (Coord) y Javier Bassi. Coords. Aportes teóricos y metodológicos. para una investigación social situada. Antofagasta Universidad Católica del Norte Colombia.

1 En aras de acercarme a un un lenguaje de género inclusivo, en este texto utilizó la letra x para indicar la no definición binaria de género. Este posicionamiento no sólo lo hago como una forma para cuestionar el lenguaje, sino como respuesta subversiva ante las formas jerárquicas y piramidales, en las relaciones sociales (Silva Segovia, Jimena, 2015) De igual manera, trato en la medida de lo posible asumir las formas de citar de las hermanas feministas quienes visibilizan nombre y apellido de lxs autores, en aras de dejar ver explícitamente cuando los aportes son de mujeres.

Fuente: artículo enviado por su autora a la redacción de OVE

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Marianicer Figueroa

Psicóloga e Investigadora del Centro Internacional Miranda y del Centro Nacional de Investigaciones Educativas (CNIE) de Venezuela. Dra. en Innovaciones Educativas. Activista por el Acceso Abierto y la Difusión Libre del Conocimiento.

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