Chizuru Ushida: “Argentina tiene una brecha en su escolarización que es necesario revertir”

Por: Flavia Tomaello.

“Mientras Andrés Bello acentuaba su interés en la profundización de la educación superior, Sarmiento y Yukichi Fukuzawa impulsaron modelos que fortalecieron la inclusión escolar inicial”, señala la profesora Chizuru Ushida, del Departamento de Estudios de España y América Latina, que depende de la Facultad de Estudios Extranjeros de la Universidad de Nanzan, Japón. La referencia no es casual: coetáneos, Sarmiento y Fukuzawa promovieron las bases de la ilustración y coincidieron en democratizar el acceso a la educación.

Invitada por el Centro Cultural Nichia Gakuin, la UNTREF y la Embajada del Japón, Ushida desarrolló una serie de encuentros el año pasado con docentes de diferentes niveles, a fin de presentar las políticas educativas de su país, las opciones de cooperación internacional que se promueven y concretar acciones efectivas entre ambos países. “Argentina -dice- está muy interesada en mejorar su educación y Japón es uno de los horizontes”.

Con un esquema similar al local, Japón cuenta con un ciclo de seis años de primaria, tres de secundaria y otros tres de educación superior, con un extra de entre cuatro y seis años de formación universitaria. Pero sorprende por la alta calidad del primer ciclo. “La respuesta en este sentido está dada por la intensa intervención estatal a partir de programas de educación obligatoria, formación docente y priorización del espacio escolar como tiempo primordial para la infancia. La alta calidad es homogénea en todo el territorio, incluso en las áreas rurales”.

¿Cómo cree que se puede fomentar el camino hacia la escuela pública?

Con decisión política. Los padres esperan para sus hijos los mejores niveles de educación. Ese es un clamor que los gobernantes tienen la obligación de responder. Hay que analizar la base del problema, reconocer el mapa real actual e invertir recursos de todo tipo, capacitar a los profesionales docentes y expandir los horizontes de las escuelas del Estado.

Solemos admirar el sistema educativo japonés, pero con cierto grado de incredulidad en cuanto a las posibilidades de aplicación aquí… Creo que volviendo a los principios que nos hicieron parecidos en los comienzos está la respuesta certera para comprender que hay más puntos en común que los que se vislumbran.

¿Qué grado de articulación intercultural hay en la escuela de hoy?

En Japón estamos aprendiendo. Durante años no había muchos inmigrantes, pero, a la vez, había una fuerte impronta de tradición. Hoy estamos intentando que el respeto por la diferencia pase del discurso al hecho concreto. Que la tolerancia y la convivencia sean actuadas más que dichas. Los estudiantes no japoneses, hasta no hace mucho, se sentían marginados, con serias dificultades para insertarse. Hoy, desde las propias políticas públicas y hasta por acciones particulares encabezadas por diferentes organizaciones sin fines de lucro, existe una mayor empatía para con esos educandos. Se intenta crear una integración real y no verbal. Este es un tema en el que Japón tiene mucho que aprender de la experiencia latinoamericana.

¿Considera usted que el mérito es una escala apta para medir el rendimiento escolar?

Creo que se debe partir de un espacio de igualdad desde donde comenzar. Para quienes cuentan con situaciones igualitarias de acceso y tránsito escolar, no veo por qué no estimular los logros y recompensarlos. Estos no necesariamente son el mayor puntaje, sino tal vez la mejor evolución hacia el conocimiento. No creo que haya ningún tipo de discriminación en premiar a quien consigue buenos resultados de aprendizaje, no sólo por lo que significa para ese sujeto sino también por el mensaje inspirador y estimulante para el resto. De eso se trata la escuela: del desarrollo mutuo.

¿Qué adaptaciones implica la formación de poblaciones milennials?

Creo que todo se concentra en un punto intermedio. Los docentes debemos comprometernos para seducir de otro modo a nuestro público, reconvirtiendo el modo en que transmitimos nuestros saberes, entendiendo que el conocimiento ya no se construye de manera unívoca dentro de clase, sino más bien de forma coral aun fuera del aula. Por otro lado, los estudiantes deben comprender que los materiales escritos por los especialistas son diferentes. Hay otra profundidad, otra densidad, otra argumentación y otra diversidad e interconexión. Google no es la fuente del verdadero conocimiento, si sólo se limita a esa herramienta su búsqueda.

¿Para qué educamos hoy?

Para crear ciudadanos con mentes críticas y cosmopolitas. Para ello debemos imprimir un sesgo de nuevas oportunidades e intercambios. Construir puentes que impliquen discusiones con docentes y estudiantes de otras culturas. La respuesta está puesta en la globalización. El Estado japonés beneficia y empuja a las universidades a aceptar estudiantes extranjeros. En 2008 se comenzó un programa fuerte en este sentido, incorporando cursos y programas en inglés. Además, las empresas japonesas fomentan que los extranjeros estudiantes en Japón se inserten en el mercado laboral. Literalmente, se trata de acercar las antípodas.

Señas particulares

Chizuru Ushida (1961) es profesora del Departamento de Estudios Españoles y Latinoamericanos en la Universidad de Nanzan, Japón; licenciada de la misma universidad y de la Complutense de Madrid. Posee un máster en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Tokio y es doctora en Desarrollo de Programas de Estudios Internacionales de la Universidad de Nagoya. Desde 1994 escribe en publicaciones educativas sobre experiencias bilingües, desarrollo educativo y análisis de la actividad docente en hispanoamérica.

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