Canadá: La reproducción social de la sexualidad

La reproducción social de la sexualidad

Entrevista a Alan Sears

Viewpoint: ¿Por qué utilizar un marco conceptual de reproducción social para entender la sexualidad?

Alan Sears: En mi opinión, la utilidad del marco de reproducción social para comprender la sexualidad se deriva de la situación actual de la política queer. Por un lado, hemos ganado derechos que nunca pude haber imaginado cuando me manifesté por primera vez en la década de 1970. En Canadá gozamos básicamente de la plena igualdad legal, que va de la no discriminación por motivos de orientación sexual a los derechos de matrimonio y adopción. Esto es fruto de una fuerte movilización. Algunas de las manifestaciones más emocionantes e insolentes en que he participado tenían que ver con las luchas queer.

Sin embargo, nos hemos quedado muy lejos de nuestra visión de la liberación sexual. La vigilancia de la sexualidad continúa, no hemos hecho más que desplazar un poco sus límites. Un ejemplo es la reciente incursión en las oficinas de rentboy.com en Nueva York, que parece formar parte de una acción represiva contra trabajadores del sexo y el sexo queer. La normativa de género sigue impregnando todos los ámbitos de nuestra vida, por mucho que las ideas permisibles de masculinidad y femininidad se hayan extendido un poco y la idea de transición de género goce de mayor reconocimiento. El sexo queer se ha convertido en una marca, algo que la gente con bajos ingresos no puede permitirse comprar. No son solo las marchas del Orgullo, sino los espacios queer y su visibilidad las que vienen determinadas por intereses comerciales. Estos espacios también suelen caracterizarse por la piel blanca, pues las experiencias, las historias y el activismo de la gente de color y de los pueblos indígenas a menudo han sido marginadas por una versión dominante de identidad lesbiana y gay arraigada en determinados ámbitos sociales del Norte Global.

Creo que el marco de reproducción social nos ayuda a dar sentido a los avances contradictorios que han tenido lugar y por tanto contribuye a pensar los siguientes pasos de la liberación sexual. La contribución crucial consiste en mostrar cómo la sexualidad y el género están insertos en un conjunto de relaciones que hacen la vida, organizadas en torno a determinadas divisiones del trabajo y jerarquías de desposesión. No podemos alcanzar la liberación sexual sin abordar las maneras en que nuestros cuerpos y nuestras vidas están enredadas en relaciones laborales, domésticas y de mercado, y reguladas por el Estado.

VP: ¿Podrías concretar un poco más y explicarnos qué quieres decir cuando señalas que nuestra sexualidad está enredada en otras relaciones sociales?

AS: La sexualidad no es algo separado del resto de nuestras vidas. No es simplemente un impulso biológico ni el producto de nuestra mente. Se fundamenta en lo que tenemos que hacer para salir adelante, la manera en que hacemos uso de nuestro cuerpo todos los días, las relaciones de poder que están presentes en todos los aspectos de nuestra vida. Creo que el marco de la reproducción social porporciona herramientas cruciales para comprender la manera en que la sexualidad se fundamenta en nuestras prácticas cotidianas y lo que esto significa para la liberación sexual.

El capitalismo es la única forma de sociedad de clases en la que la clase subordinada es libre en el sentido de ser propietaria de su propio cuerpo. Sin embargo, esta libertad está completamente constreñida por la ausencia de propiedad y control sobre los principales recursos productivos de la sociedad. Para vivir necesitamos vender nuestra capacidad de trabajo, relacionarnos con alguien que está empleado u obtener el equivalente a un salario, por ejemplo en forma de asistencia social, una pensión o alguna actividad lucrativa.

Las luchas en torno a la sexualidad en sociedades capitalistas pasan por sortear esta contradicción entre libertad y subordinación, mientras que la liberación sexual exige en realidad superar esta subordinación. Permíteme un ejemplo: Angela Davis dice que la positividad sexual de la música de Ma Rainey, Bessie Smith y otras cantantes de blues afroamericanas de comienzos del siglo XX estaba relacionada con el hecho de que cierta libertad en el ámbito de la sexualidad y de las relaciones personales fue uno de los pocos avances efectivos que comportó la emancipación de la esclavitud. Si estudias la esclavitud en América verás una historia continua de violencia sexual y destrucción deliberada de las relaciones personales inherentes al régimen de coerción brutal. No es tan solo que el sistema permitía a los esclavistas violar, sino que la coerción sexual formaba parte de la manera en que conservaban el poder.

Las afroamericanas no lograron la justicia económica real ni la libertad frente a los ataques o abusos racistas al conseguir la emancipación de la esclavitud en la América capitalista. El movimiento Black Lives Matter nos recuerda la omnipresencia actual de la violencia racista y el papel que desempeñan en este racismo la vigilancia policial y las cárceles, junto con toda una caterva de otras instituciones. La emancipación de la esclavitud comportó cambios significativos y tangibles en el ámbito de la sexualidad y las relaciones personales, aunque, por supuesto, limitados por la violencia racista, la injusticia económica y el régimen de dominio masculino intrínseco a las relaciones de género capitalistas.

Pienso que un enfoque de reproducción social nos ayuda a comprender esta contradicción. Como miembros de la clase trabajadora en sociedades capitalistas, poseemos nuestros propios cuerpos, pero no el control sobre los mismos. En vez de trabajar directamente para satisfacer nuestros deseos y necesidades, estamos obligados a buscar un empleo y/o emprender un trabajo doméstico de cuidados no remunerado, para acceder a un salario. No controlamos el proceso de trabajo ni el producto de nuestro trabajo. Descargan sobre nosotros un montón de procesos para asegurar la subordinación, desde la escolaridad hasta las prisiones. De este modo nos alienan de nostros mismos y unos de otros. Y esto repercute enormemente en nuestro ser sexual.

VP: Pero ¿no corres el riesgo de convertir la reproducción social en una especie de teoría de todo?

AS: El marco de la reproducción social surgió específicamente como corrección desarrollada por feministas marxistas de la limitada perspectiva de clase y trabajo planteada por las corrientes dominantes del marxismo. Básicamente, esta perspectiva limitada implicaba que la mayoría de marxistas situaran la formación de la clase en el ámbito de la producción, es decir, en el trabajo asalariado en el lugar de empleo remunerado. Quienes mantenían esta perspectiva dejaban de lado el papel del trabajo no remunerado, realizado principalmente por mujeres en el hogar para mantener a la clase obrera existente y criar la siguiente generación.

El marco de la reproducción social amplía nuestra idea de la formación de la clase para incluir toda una gama de procesos de trabajo remunerado y no remunerado, organizados mediante divisiones del trabajo generizadas, racializadas y sexualizadas. El peso del trabajo no remunerado se descarga desproporcionadamente sobre la espalda de las mujeres, pero la configración precisa del trabajo remunerado y no remunerado con el que la gente se autosostiene varía muchísimo con el tiempo y en diferentes ubicaciones sociales.

VP: Estás hablando de género y división del trabajo, pero no está claro cómo se relaciona todo esto con la sexualidad.

AS: Para empezar, pienso que enfocar las divisiones del trabajo desde el punto de vista de la reproducción social arroja una nueva luz sobre las ideas de heteronormatividad y homonormatividad. Heteronormativo es un término empleado para describir las expectativas dominantes de estilos de vida heterosexuales que marcan la pauta de la sexualidad aceptable para el conjunto de la sociedad. La heteronormatividad es un conjunto que incluye divisiones del trabajo, aspiraciones de género, patrones de ocio y prácticas de sexualidad. La heteronormatividad no es meramente ideológica, un conjunto de expectativas culturales, sino que se fundamenta en práctica laborales organizadas a través de relaciones de poder. La heteronormatividad cambia con el tiempo y en diferentes ubicaciones sociales.

Roderick Ferguson señaló que afroamericanos heterosexuales vivían a menudo de una manera que no encajaba en los patrones heteronormativos dominantes en EE UU. Por ejemplo, las mujeres afroamericanas solían participar en el trabajo asalariado en porcentajes muy superiores a los de las mujeres blancas, inclusive a menudo en trabajos físicos pesados que por lo demás no se consideraban trabajos de mujeres. Esto tiene una enorme repercusión en las expectativas de género y las prácticas domésticas.

Podríamos añadir que el régimen de encarcelamiento masivo, especialmente desproporcionado para los hombres afroamericanos e indígenas, crea patrones no heteronormativos porque los hombres viven forzosamente alejados de sus comunidades y están presos en situaciones en que el cumplimiento de papeles heteronormativos –como trabajadores, parejas, padres– es lisa y llanamente imposible. Así sucede con la dispersión geográfica, que significa que una familia concreta puede incluir hogares muy diferentes en diversos países, por ejemplo los niños y niñas criadas por los abuelos en el país de origen mientras el padre está empleado como migrante temporal en otro país y la madre como empleada doméstica asalariada en un tercer país.

La heteronormatividad no tiene que ver simplemente con el conformismo, sino con el poder social, el distanciamiento, el racismo, las divisiones del trabajo remunerado y no remunerado y la organización espacial del mercado de trabajo global. Si entonces decimos que el logro de los derechos de igualdad ha supuesto que las lesbianas y los gays han imitado la heteronormatividad para crear la homonormatividad, no se trata simplemente de una decisión de asimilar en vez de transgredir. Se trata de lo que Johanna Brenner llama estrategias de supervivencia en un conjunto de relaciones sociales organizadas en torno a la desposesión, la explotación y la opresión.

La homonormatividad no es simplemente una decisión en el plano individual o político. Por un lado, ni siquiera es una opción para algunas personas, incluidas muchas que son pobres, racializadas o trans, del mismo modo que la heteronormatividad ni siquiera es una opción para muchas personas que están racializadas, son indígenas o migrantes, como se ha comentado más arriba. Por otro lado, muchas personas que podrían preferir poner en cuestión la homonormatividad o la heteronormatividad pueden verse forzadas básicamente a conformarse a regímenes de trabajo asalariado y de legislación estatal. Por ejemplo, las presiones materiales a favor de casarse con el fin de obtener un estatuto de migrante o el acceso a prestaciones requeridas para el bienestar de los miembros del hogar (adultos y/o menores), bien pueden prevalecer sobre las prevenciones ideológicas de invitar al Estado a meter las narices en nuestros hogares.

Si queremos ir más allá de la heteronormatividad y la homonormatividad, entonces no solo se trata de afirmar lo queer, sino de crear las condiciones sociales en las que la gente pueda prosperar viviendo de la manera en que realmente quiere vivir en términos de género y sexualidad. Sin que te despidan, sin que te priven de prestaciones o de un estatuto, sin que te violen, sin que de apaleen en la calle, sin que te encarcelen ni te dispare la policía. El esquema de reproducción social nos recuerda que la organización del trabajo remunerado y no remunerado en los lugares de trabajo, los hogares y a través de la legislación estatal tiene un enorme impacto en las opciones que tenemos para ejercer la sexualidad. Por supuesto, podemos actuar y hacer historia en el ámbito de la sexualidad, pero nuestra capacidad para hacerlo se verá necesariamente limitada por lo que suceda en estos otros ámbitos de la vida.

VP: Antes has dicho que las divisiones del trabajo no solo están generizadas y racializadas, sino también sexualizadas. ¿Puedes explicar qué entiendes por ello?

AS: Las divisiones del trabajo orientan nuestras vidas alrededor de determinadas prácticas personificadas. Los procesos de trabajo más importantes en nuestras rutinas cotidianas influyen necesariamente en nuestra experiencia de nuestros cuerpos y nuestros deseos. Un apoyador de fútbol americano, una trabajadora de línea de montaje en una fábrica de automóviles, una vendedora de maquillaje en unos grandes almacenes y un asistente de centro de día utilizan sus cuerpos de un modo muy distinto todos los días. Carolyn Steedman escribió algo muy impresionante sobre una especie de muerte erótica que sentía como maestra de primaria al tocar y ser tocada por los niños y niñas durante todo el día hasta el punto de que renunció a otras formas de contacto.[1]

Si contemplas la clase de trabajo que se espera que hagas, remunerado y no remunerado, en el hogar y en el lugar de empleo, crea un sentido de tu cuerpo que contribuye a tu propio mapeo del deseo y de lo erótico. Si dedicas mucho tiempo a utilizar tu cuerpo para tranquilizar a menores angustiados, esto te creará un sentido diferente del contacto, por ejemplo, que si lo utilizas para bloquear a los corredores del equipo adversario. No insinúo para nada que este sea el único factor que configura el deseo, pero estas prácticas desempeñan forzosamente un papel importante.

Hace unos diez años había un programa llamado Queer Eye for the Straight Guy,[2] en el que un grupo de hombres gays modernizan la estética de hombres heterosexuales. ¿Qué tiene que ver un ojo queer en este sentido con el deseo homosexual? Creo que un marco de reproducción social nos hace pensar en por qué cabe esperar que unos tipos queer sepan de estética y los tipos heteros sean unos ineptos en este terreno. No cabe duda de que existen determinados ámbitos de la estética y del trabajo emocional que están ocupados más que proporcionalmente por hombres gays. Después está la heterosexualidad obligada del equipo deportivo. Pienso que la liberación sexual real supone abordar la naturaleza coercitiva y jerárquica de las divisiones del trabajo en las sociedades capitalistas y comprender la influencia que tiene la organización del trabajo en nuestro ser sexual.

VP: ¿Puedes abundar en esta cuestión, en la idea de que la liberación sexual exige poner en tela de juicio las divisiones del trabajo?

AS: Lo que quiero decir es que nuestra capacidad para experimentar el placer sexual, para resistir a la coerción sexual, para sentirnos realizados y relacionarnos amorosamente con otras personas, está limitada y viene determinada por la manera en que tenemos que amoldarnos a un papel específico, condicionado por el trabajo remunerado y no remunerado. En un nivel muy básico, nuestros horarios de trabajo, remunerado y no remunerado, repercuten muy directamente en nuestra vida sexual simplemente porque crean o limitan la disponibilidad y nos dejan agotados o con una sensación de realización. En un nivel más complejo, nuestro sentido de nosotros mismos, incluidos nuestros cuerpos, se fundamenta en el trabajo que realizamos, que hiperdesarrolla determinadas habilidades y anula otras.

Un médico, una fotógrafa de moda, un maestro y una madre probablemente verán cosas muy diferentes cuando nos plantamos delante de ellas, dado el enfoque que han aprendido a desarrollar a través de sus experiencias escolares, formativas y laborales dentro o fuera de casa. Tocan de un modo diferente y tienen distintas expectativas de ser tocadas. Sí, los actos queer deliberados pueden cuestionar la normativa, pero a menos que abordemos las prácticas y relaciones de poder en que se halla inserta la normativa, nuestro proyecto de liberación verá limitado su alcance.

También pienso que nuestras sexualidades se ven complicadas por la manera en que opera el poder en las sociedades capitalistas. El consentimiento y la coerción se embrollan por efecto de la contradicción entre la propiedad de nuestros cuerpos y la obligación de vender nuestra fuerza de trabajo (o de realizar un trabajo no remunerado para alguien que la vende). Técnicamente, la gente asalariada consiente en trabajar en una empresa capitalista, pero el poder coercitivo del jefe es inmenso. Así que ¿realmente sabemos cómo sería el verdadero consentimiento basado en el control sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas?

En sentido jurídico, nunca puedes consentir si estás coaccionado. Sin embargo, en las sociedades capitalistas naturalizamos las fuerzas coercitivas clave y las damos por supuestas. Tienes que trabajar, pues de lo contrarios no podrás comer… Todos y todas nos hallamos en esta situación, de modo que firmamos libremente el contrato y trabajamos durante cierto número de horas al día. Y en algunos casos esto implica presentarse en el puesto de trabajo con aspecto sexualmente atractivo, aunque tal vez esto no se diga en voz alta. ¿Esto es consentimiento?

Es tan emocionante e importante ver algún trabajo serio que cuestiona la violencia sexual, la violencia contra mujeres y el acoso generizado en los campus en la actualidad. Pienso que un marco de reproducción social podría llevarnos a preguntarnos cómo se entiende el consentimiento en algunas de estas campañas. ¿Cuáles son los factores coercitivos y las relaciones de poder que subyacen al consentimiento que simplemente consideramos normales, del mismo modo que aceptamos el contrato de trabajo como un acto consensual? La insistencia fundamental en el pleno consentimiento es crucial, pero el modelo que solemos utilizar está basado en el agente racional autónomo que es libre y está informado. En realidad, estamos profundamente enredados en relaciones de poder de género, raza, clase, edad y capacidad física en una sociedad que es profundamente sexonegativa. Esas relaciones de poder ejercen una enorme influencia en nuestro ser sexual y nuestros deseos, así como en nuestra capacidad para manifestar el consentimiento o el rechazo.

VP: Acabas de decir que esta es una sociedad sexonegativa, pero ¿cómo casa esto con la realidad cotidiana de una sociedad en la que el sexo es omnipresente?

AS: Sí, esta es otra contradicción interesante. Una sociedad en que todo está sexualizado, pero en que la actividad sexual efectiva se silencia e invisibiliza. Las imágenes sexualizadas están en todas partes, pero a menudo las parejas ni siquiera pueden comunicarse sus deseos sexuales entre sí. La fase neoliberal del capitalismo ha intensificado la sexualización de las cosas, del mismo modo que las relaciones de mercancialización penetran en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana. Así que tratamos de prestar atención a las cosas para estar de moda. Intentamos estar a la altura de las imágenes, que fijan los criterios. Trabajamos nuestros cuerpos y los convertimos en productos: hacemos ejercicio, nos afeitamos, nos teñimos, nos tatuamos, nos sometemos a cirugía estética, hacemos dietas, llevamos la ropa que conviene. El cuerpo bruto no trabajado, el que huele a ser humano, se considera despreciable.

Así que sí, estamos sorteando la sexonegatividad acompañada de sexualización. Los derechos al aborto, el control de natalidad, la seguridad en espacios sociales y en las calles, lugares en que la gente joven pueda practicar sexo, todo lo necesario para una experiencia sexual positiva, especialmente para mujeres, sigue estando vetado.

VP: ¿Qué podemos esperar del uso del marco de reproducción social para comprender la sexualidad?

AS: Pienso que este es un momento emocionante en que la teoría de la reproducción social es objeto de gran atención y se desarrolla en nuevas direcciones. Este número de Viewpoint forma parte de esto. Ello se ha visto impulsado en parte por un franco reconocimiento de las limitaciones de versiones del marxismo que entendían las clases demasiado estrechamente en términos de trabajo remunerado en el lugar de empleo. También es un momento importante en la política sexual, en que avanzamos a tientas hacia una nueva visión de la liberación sexual que nos lleva más allá de la polarización entre derechos de igualdad y transgresión.

Me parece que un enfoque de reproducción social de la sexualidad puede combinar un sentido más amplio de la formación de la clase y de hacer la vida en sociedades capitalistas con una política queer transformadora. Al mismo tiempo, queda mucho trabajo por hacer, por ejemplo para pensar a fondo la relación entre las divisiones del trabajo y las sexualidades. Desarrollar esta labor requerirá muchos debates y comentarios, una buena investigación histórica y contemporánea y un compromiso activista.

31/10/2015

https://www.viewpointmag.com/2015/10/31/the-social-reproduction-of-sexualidad-an-interview-with-alan-sears/

Alan Sears es profesor de Sociología de la Universidad de Ryerson, Canadá.

Traducción: viento sur

Fuente de la Información: https://vientosur.info/spip.php?article15036

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