OVE entrevista a Delma Cecilia Martínez Muñoz : “El feminismo sigue siendo la hija no querida de los movimientos emancipatorios”

Luz Palomino y Luis Bonilla-Molina entrevistan en exclusiva para Otras Voces en Educación

El primer colectivo feminista que conocimos (Luz y Luis) en México fue el agrupado en la revista “Cuadernos Feministas”, un proyecto de convergencia de feminismos de izquierda. Los ecos de esa publicación se remontan a los tiempos Nellys Palomo, una compañera que sintetizaba la militancia radical. Como lo reseña Ana María Hernández López en el libro “Feministas Trotskistas” (2019), Palomo era una “mujer libre … suavecita, feminista, afroamericana, curadora, pensadora, manos para masajear, resolvía conflictos, escritora, analítica, crítica, marxista, mística y mítica” (en palabras de Sara Lovera). La huella de Nellys Palomo la encontramos en todos los rincones del México rebelde, así como hoy sus ideas siguen refrescando la revista que actualmente dirige Josefina (Josie) Chávez.

Rastreando el encuentro de los feminismos con las educaciones populares y las pedagogías críticas encontramos a Delma Cecilia Martínez. Rebelde, tenaz y contundente en sus ideas, Delma se resiste a aceptar el excesivo protagonismo de los hombres en las educaciones populares, mostrando que el feminismo es el cuerpo real de este campo. Tal vez por ello, no forma parte de las referencias académicas patriarcales, pero si de proyectos alternativos como el Centro Internacional de Pensamiento Crítico “Eduardo del Rio” (Rius). En OVE nos resultó especialmente importante visibilizar esa “otra voz de la educación” que es, Delma Martínez Muñoz.  A continuación, el diálogo que sostuvimos con ella.

 

Delma, cuéntanos un poco tu historia de vida, ¿Cómo llegaste a la educación popular?

 

Hola compañeres. Gracias al portal “otras Voces en educación” por esta oportunidad de dialogar con el magisterio mundial. En la actualidad radico en la ciudad de Cuauhtémoc, Chihuahua; soy Doctora en Pedagogía Crítica, docente por vocación, soprano por devoción, activista, académica y feminista por convicción, poeta por rebeldía. Rebelde sí, pero rebelde con causa.  Estoy casada desde hace 28 años, tengo dos hijos y una hija, soy maestra de Nivel Secundaria con Especialidad en enseñanza de español y Académica del Centro Internacional de Pensamiento Crítico “Eduardo del Río” Ríus CINPECER, institución integrante de CLACSO.

Me ha correspondido ser vocera y fundadora de la Colectiva Feminista Mayé. Mi llegada a la Pedagogía Crítica considero que fue desde mi infancia. Como hija de maestro rural con especialidad en historia, mi casa siempre estuvo llena de libros. Mi madre una gran comerciante, ayudaba a mi padre con la compraventa para poder sobrevivir.  Siempre me pregunté porque algunos niños y niñas indígenas que veía en la calle, no tenían zapatos, pedían comida o limpiaban vidrios.

La pedagogía siempre fue mi llamado, pero por cuestiones económicas no pude estudiarla y cursé contabilidad; fue hasta muchos años después que decidí estudiar para docente. Al ver tanta desigualdad, tanta marginación, tanta violencia, me sentía siempre ajena al mundo, pensarlo y poder verlo me hacía sentirme “rara”, pues en mi medio profesional no encontraba con quien compartir esa forma de pensar; siempre en los grupos de amigos o amigas me decían que me relajara o que, si estaba loca, por lo cual terminaba alejándome.

Esto cambió cuando por internet encontré al Instituto de Pedagogía Crítica IPEC, que ofrecía un doctorado en algo que yo jamás había escuchado y a un costo sumamente bajo, al que alguien con mi bajo salario podía acceder, por supuesto con cierto sacrificio, porque tenía que viajar cada sábado de mi comunidad a la Capital para tomar las clases. Ahí, desde la primera sesión, lo supe, ese era mi espacio, era lo que había buscado, una luz me atravesó como diría Sor Juana con su Verde embeleso y encontré mi lugar.

Descubrí que no estaba loca y había más como yo, más de esta “especie”.  Solo bastaron unas cuantas clases para que me naciera el deseo infinito de leer todos los textos a los cuales no había tenido acceso jamás, todas las ideas que me habían sido negadas por años, pues ni en las licenciaturas, ni en la maestría había conocido algo así.

Solo fue cuestión de unos meses para que yo devorara gran cantidad de bibliografía y estableciera redes con aquellas personas que estaban dispuestas al igual que yo a enfrentar al capitalismo salvaje. Así fui avanzando, construyendo proyectos y acciones hasta que apareció para mí entre todos los temas torales de lucha “el feminismo”. Entonces supe para qué había nacido y cuál sería mi máxima pasión en la vida.

 

Desde la perspectiva de lo popular ¿Cuáles son los elementos resaltantes de la actual crisis educativa en México? 

Desde la Reforma Educativa del 2013 en nuestro país, cuando anduvimos en las luchas magisteriales, en las tomas de casetas de cobro y oficinas gubernamentales, supimos que las y los docentes habían estado durante tantos años aletargados, sometidos, despolitizados ante el poder de los sindicatos aliados a los gobiernos de turno. En estos sindicatos “charros”, como le decimos en México, los llamados dirigentes sindicales se concebían como jefes, como dueños de una empresa y entendían su relación con el Gobierno como si fuera su Patrón, no como alguien que estaba asignado para dar un servicio.  La lucha fue muy dura, incluso hubo persecuciones y amenazas para algunos de nosotros, llamadas incómodas, presiones y demás; no se diga para los grupos pertenecientes a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

Desafortunadamente solo los grupos afiliados a la Coordinadora, opusieron resistencia, los demás se dejaron llevar por los “charros sindicales” y sus mentiras, jamás creyeron las implicaciones nefastas de la reforma o se negaban a creerlas. Nos dejaron solos y solas.  Incluso en algunos casos hasta la ley del hielo se nos impuso.

La evaluación a los docentes se convirtió en la agenda prioritaria del Estado Mexicano para la destrucción de la escuela pública, pues a través de la reforma se eliminaron de tajo, para las nuevas generaciones de maestros y maestras, muchas de las prestaciones conquistadas por décadas, quedando su salario disminuido hasta en dos terceras partes respecto a alguien que había entrado a una plaza fija de docentes hace quince años.

Dentro de las principales acciones de lucha que emprendimos, estuvo visibilizar la precarización de los salarios que devengaban las y los maestros de nuevo ingreso, así como las modificaciones en las leyes de pensiones, que condicionaban los incrementos en años laborales o impactaban en la disminución del monto jubilatorio.

Así mismo, en el marco de la reforma que impulsó el gobierno de Peña Nieto, se dio un fuerte golpeteo a las normales rurales para hacerlas desaparecer y con ello aplastar el semillero de pensamiento crítico que emana de ellas. La lucha tuvo un capítulo especial en las resistencias por la eliminación de ciertos artículos que garantizaban nuestra estancia en los trabajos y sobre todo respecto a los terribles procesos evaluativos.

 Eso es por el lado de la docencia, pero hay algo más grave desde mi punto de vista, más fuerte que la batalla invisible y cruenta que se libró y se libra por las prestaciones; es la lucha dentro de las aulas, enmarcada en el terreno de lo pedagógico y lo epistemológico, pues los planes y programas que se ofrecen, son diseñados y atienden a intereses empresariales, a los intereses de los grupos hegemónicos y las visiones dominantes.

Los estudiantes son formados en la individualidad, concentrados siempre en el aprendizaje, sin conciencia de la colectividad, de la otredad, de la empatía como una forma de vida. Escuelas y cuerpos docentes están centrados en el aprendizaje de las sumas, las restas, la ortografía, porque así lo exige un sistema que solo eso va a tomar en cuenta.  Pero, si te detienes a preguntar (cosa que por supuesto hacemos) el por qué están tristes, si tienen hambre, si hay violencia en su casa, entonces lo que ocurre es que se “atrasa el programa” y los docentes somos forzados a volver a las rutinas porque hay que entregar lo “planificado” para avanzar en esos aprendizajes que realmente han servido para poco, situación más que demostrada en esta contingencia.

No es que esté en desacuerdo con la planificación y la importancia de los aprendizajes, al contrario, me gustan, los promuevo, pero no son todo lo que la escuela es y puede ser.   Algunos estados como Oaxaca y Michoacán, plantean a través de la CNTE nuevos proyectos pedagógicos, pero el resto de las escuelas del país reproducen, a través del plan y programas oficiales, el sistema hegemónico capitalista, racista, clasista y patriarcal.

Cuando se habla de las luchas magisteriales se habla en su mayoría de los logros prestacionales, pero se deja de lado el que hay miles de maestros y maestras que siguen reproduciendo la desigualdad al interior del micro cosmos escolar y que forman una ciudadanía fundamentada en programas que atienden a los intereses de los grupos en el poder. Ese considero, es un gran problema, el no ser capaces de desmontar las estructuras capitalistas y patriarcales presentes en los programas educativos oficiales.

 

 

 

Eres una militante feminista. ¿Consideras que el modelo educativo mexicano refleja el patriarcado como ideología del capitalismo? Si es así, ¿Cómo salir de ese atolladero? 

Como militante del feminismo, entiendo a éste como una teoría política, pero además como un movimiento social.  Todo es político, la educación es política y por ello “lo femenino” no puede estar al margen de la hegemonía establecida por las élites.  El modelo educativo mexicano tiene un sustento primordial sobre la reproducción del mundo como se encuentra actualmente.  El patriarcado no sólo está presente en los contenidos, en los programas, en las leyes, etc., está presente en la ciudadanía latinoamericana, occidental, oriental. Está presente en quien hace las leyes, quien las ejecuta y quien las practica, es un sistema de perpetuidad en todos los espacios.

El patriarcado es indispensable para que el capitalismo se sostenga, pues el trabajo no renumerado de las niñas y mujeres en el  hogar, las dobles o triples jornada de crianza y cuidado que no son reconocidas como trabajo, los matrimonios infantiles forzados, el abuso sexual infantil, el embarazo adolescente, la brecha salarial, el techo de cristal, la venta y cosificación de los cuerpos femeninos, los feminicidios, etc. son un reflejo y una prueba latente de que hay una educación basada en el patriarcado como un sistema basado en la violencia estructural.

Por supuesto que no se puede dejar de lado a la religión como fundamento principal para el accionar de las y los individuos mexicanos, entre los cuales permea el pensamiento mágico como base de todo su actuar.

Es importante mencionar que a pesar de que la educación popular y la pedagogía crítica han dado una fuerte batalla a los sistemas hegemónicos, desde la Revolución Francesa, hasta la fecha, el feminismo sigue siendo la hija no querida de los movimientos emancipatorios.

La única manera de salir del atolladero conservador que permea toda la América Latina es la educación feminista, es la única educación que confronta desde la raíz, desde la manera en cómo te relacionas con las y los otros, ya sea como pareja, madre, padre. El género trastoca todas las relaciones personales externas e internas y confronta de manera personal. Por eso se omite, se le ve de lado, se exime.  Porque es más fácil decir que no existe patriarcado para poder así, reproducir las prácticas machistas, sexistas y los roles y estereotipos que cargamos.

No basta con hacer conciencia de las luchas proletarias, de las opresiones campesinas, de las luchas raciales, todas estas son muy importantes, pero jamás se logrará nada si se deja fuera de ellas a más del cincuenta por ciento de la población.  Si no se voltea a ver y encontramos compañeres que “En la calle son un Ché, pero en la casa Pinochet”. Si llegas a casa a reproducir roles y no eres capaz de ver la opresión que ejerces o que te ejercen, con las niñas y mujeres de tu hogar, de nada sirve la Revolución.

 

Desde lo popular y el feminismo ¿Cuáles son los mayores problemas que presenta la formación docente, de los y las futuras maestres?

Un problema muy grande es que hoy nuevamente pareciera no comprenderse que la iglesia y el Estado van por separado. Dentro de sus prácticas se omite hablar de género, feminismo, relaciones de poder etc. Esto tiene un profundo impacto social, porque la

mayoría de los padres y madres de familia pertenecen a grupos religiosos y se ofenden. En mi experiencia he visto como se molestan e indignan por estar introduciendo a sus hijos e hijas la “ideología feminista”, argumentando que ello los vuelve homosexuales, “asesinas aborteras” o pecadoras.

 Tenemos un reto pedagógico pendiente, porque las escuelas formadoras de docentes no integran entre su plan formativo los análisis de feminismo y género y si lo hacen es de manera edulcorada, tratando únicamente el género como un montón de conceptos y definiciones sueltas, carentes de la carga histórica, social y política. Obvian que fue la lucha feminista quien parió a la teoría de género.

Adicionalmente muchas universidades abrieron la carrera de docencia como si fuera una carrera cualquiera, sin una formación específica en un nivel escolar, sin una formación en estrategias etc., sin una perspectiva feminista, ni pensamiento crítico. Sin embargo, aunque Las normales formadoras de docentes si están bajo especializaciones de niveles y temas, siempre atienden a los intereses internacionales y bajan programas carentes de pensamiento crítico, de debate, de análisis de las realidades nacionales, del contexto político.

Finalmente, para que sirven los muchos años de formación para ser maestras y maestros, si al final solo cuenta el saber contestar un examen para acceder a una plaza. Esto genera competencia ya que mientras hay pocas plazas o cargos docentes para acceder, se permite que profesionistas de otros campos, quienes no fueron formados para el quehacer pedagógico, tengan acceso al proceso y se queden con los cargos permanente.  En contraste, lo único que saben hacer los pedagogos es ser maestro o maestra.

Al estrés de la evaluación y sus múltiples procesos de acceso se añade el uso de las tecnologías, ya que los docentes y futuros maestros y maestras no cuentan con ningún medio para acceder a ellas.  Sobrecarga de contenidos y trabajo extra curricular que en los maestros de nuevo ingreso ya no es pagado, porque les desaparecieron las prestaciones de horas para descarga, mientras los cargos docentes a dedicación exclusiva están desapareciendo. Un tiempo completo de antes, llegan a dividirlo hasta para tres maestros y maestras, dejando con pocas horas y escaso salario a cada uno/una.

Y algo terriblemente grave, es lo que al menos sucede en el Gobierno Chihuahua; donde tardan un año o más para pagar los sueldos, lo que implica la desesperación y el desánimo de los docentes. El cinismo de las autoridades educativas es tremendo, ya que cuando llega un cheque este tarda hasta un año para que el docente lo pueda hacer efectivo, pero eso sí, ya llega con el descuento del servicio médico y cuotas sindicales de las que nunca disfrutó sus regalías.

¿Qué ha significado la crisis del Coronavirus? ¿Considera que las medidas que se adoptaron en materia educativa afectan al derecho a la educación?

 

La contingencia ha representado diferentes cosas para cada uno de los sectores, pero además para los diferentes sexos.  Ha puesto de manifiesto y sobre la mesa, la terrible desigualdad de aquellos y aquellas que tienen que salir de casa y arriesgar sus vidas porque no pueden quedarse, porque viven al día, porque los corrieron de los empleos, porque no queda nada más.

Es una crisis en todos los sentidos, sin embargo, es importante que con los lentes púrpura que me permite tener el feminismo, pueda ver que la crisis no se ha vivido igual para las niñas y mujeres que han visto incrementada la violencia en sus hogares al compartir tanto tiempo con su violentador.

  Según el Medio de comunicación El Universal, en su artículo del 15 de abril del 2020, denominado “Alertan por más muertes por feminicidios que por covid” menciona que El Comunicado Técnico de la Pandemia en México de la Secretaría de salud reflejó que desde el inicio de la pandemia el 27 de febrero a la fecha, habían fallecido 406 personas, de las cuales 122 eran mujeres.

Sin embargo, la titular del Instituto Municipal de las mujeres, expuso que se mantiene la tendencia de 10 feminicidios al día y que durante la cuarentena se ha incrementado la violencia de género; desde la presencia del coronavirus las mujeres víctimas de feminicidio suman 490.

Esos datos no son simple estadística, son personas, hijas, madres, amigas. A las autoridades les preocupa el Coronavirus y se lanza toda una campaña para contenerlo, pero la violencia contra las niñas y mujeres se deja a un lado, se invisibiliza, incluso se critica a los grupos de feministas que la hacemos visible en las paredes de las ciudades, con las marchas. Hoy como siempre ante nuestra voz de protesta recibimos insultos, descréditos y discriminación.

La crisis del coronavirus pone de relieve la tarea impostergable de intentar construir un mundo más justo e igualitario.  Cuando acabe la cuarentena y regresemos, no podemos volver a la “normalidad de siempre”, porque esa normalidad era terrorífica.

Respecto a las medidas adoptadas para dar continuidad al ciclo escolar, es una medida como todas las que se toman, formuladas desde el escritorio, desde el desconocimiento de las realidades y contextos.  Decir que continuaremos de manera virtual es dejar a gran porcentaje de la población estudiantil fuera del derecho a la educación.  Es continuar con la sobrecarga de trabajo ejercida a las niñas y mujeres en esta temporada, otro de los aspectos críticos del covid.

Tareas domésticas, cuidados, crianza, trabajo de oficina en casa, elaboración de comida y añadido a ejercer funciones educativas son las realidades a las que se enfrentan las mujeres, niñas y adolescentes. Aunado a ello, el temor de ser violadas por sus familiares cercanos, con los que se tiene que vivir en el encierro; esta realidad en México, ha dejado en esta pandemia un gran número de niñas y adolescentes asesinadas y violadas dentro de su casa, el lugar que debiera ser el más seguro para ellas.

Además de todo lo anterior, las autoridades educativas parten del supuesto que todos y todas las estudiantes gozan del privilegio de una computadora o un celular, de acceso a internet, de comida, de un espacio aislado, de un cuarto propio, de un tiempo, de acceso a la salud, de un ambiente sano emocional, de cero preocupaciones, etc.  Que desconocimiento de la realidad del México adentro, del México profundo.

La propuesta externada por la Secretaría de Educación es el rescate de los aprendizajes perdidos a través de plataformas en línea.  No se han preguntado ¿Qué más hemos perdidos?

El tema sindical no escapa a ello. Somos un sector que cada quincena “aporta” cuotas sindicales, cuyo destino se desconoce y se intuye termina en las arcas de los líderes gremiales. Por ello, surgió en redes sociales, la propuesta de que dichas cuotas se utilizaran para la contingencia, solicitud que se perdió en el silencio y la apatía magisterial. No hemos visto ni a la SEP ni al sector seudo sindical estar preocupado por levantar un padrón de las madres y padres de familia que se han quedado sin trabajo, que están pasando por una verdadera crisis. Tampoco por saber quiénes y cuántos son los que se quedarán atrás en esta brecha digital que se abre y de qué manera se disminuirá dicho impacto.  No se han puesto a hacer centros de acopio para palear la emergencia, salvo honrosas excepciones de la CNTE.  No, el aprendizaje es lo importante, habrá que preguntarse ante esta crisis ¿Qué nos interesa realmente aprender si una nueva crisis se presenta? ¿Cómo puede la escuela cambiar su sentido para hacer personas empáticas?

 

 

¿Cuáles pueden ser algunas de las alternativas para avanzar en una transformación radical de nuestros sistemas educativos?

El feminismo es lo más radical que puede ser implementado en el sistema educativo. Porque como menciona Amelia Varcárcel, los movimientos feministas han sido rupturas trascendentales para desmantelar el pensamiento humano.  El feminismo es la licencia que se tiene para irrumpir y destruir las ideologías hegemónicas que hacen y han hecho infelices a la humanidad, para hacer que nazca y surja la igualdad para la mitad de la especie humana.

No podemos seguir concentrados en las luchas de raza y de clase, si no se transita por la emancipación de la mujer.  Las grandes olas del feminismo representan una derrota al sistema patriarcal, porque después de los triunfos conquistados nada es igual. Nadie vive igual.  Aunque alguien no se asuma feminista, lo es, y lo es porque goza de sus beneficios, como acceder a la educación, a un trabajo remunerado, a elegir una pareja y muchas cosas heredadas por los movimientos feministas.

Necesitamos hacer visible este sistema de desigualdad entre los sexos, que condena a uno de ellos a no adquirir las mismas oportunidades.  El sistema educativo debe permitir que la educación sea feminista y con ello dejar paso a una nueva forma de construir el mundo.

Lo más interesante es que el magisterio es una profesión feminizada y no asumimos nuestros propios niveles de opresión, no accedemos a los cargos de poder tan fácilmente, ni a los puestos sindicales.  Tenemos interiorizado el patriarcado como una forma de vida y necesitamos erradicarlo de manera urgente.

Como tenemos interiorizado también el ideario de raza y de clase.  Necesitamos replantearnos en los espacios escolares, todas las situaciones que han puesto en jaque nuestras vidas en este tiempo, para no permitir que los espacios de salud no sean dignos, que los trabajos sean precarizados, que no se cuente con acceso a prestaciones, que las empresas privilegien su producción antes que la vida de sus empleados. La mano de obra es quien genera capital, el campo es prioritario, pero también muchos hogares son semilleros de violencia, donde niñas y mujeres no han alcanzado la igualdad. Los pueblos originarios viven triples o cuádruples marginaciones.

El arte debe revalorizarse, pues no podemos permitirnos caer en el espejo de lo virtual para olvidar la importancia de lo humano. Al igual que el feminismo no se queda en la teoría y se va a los movimientos sociales, así, eso mismo deberemos hacer los educadores después de este Segundo Renacimiento.

Consolidar la Agenda feminista para todas las mujeres, de todas las razas, de todas las clases, todas las diversidades, de todos los rincones del planeta. Respetando sus individualidades y sus formas de apropiación de la realidad, pero siempre privilegiando el acceso a una vida digna, igualitaria y sobre todo libre de violencia.

Debemos despatriarcalizar todos los espacios.  Que nuestras niñas crezcan sin el ideario de hacer feliz a un hombre, bajo los espejismos de los mitos del amor romántico, que van perpetuando la violencia y la opresión de las niñas desde el momento de nacer.  Nunca más mujeres condenadas a tener hijos por decisión de otros, a ser amas de casa, a ser propiedad de… que nuestras niñas crezcan con la misma libertad y oportunidades que crece un niño. Si no eres capaz de verlo, entonces eres parte del sistema patriarcal.  Si la educación no lo logra, si no luchamos para que las niñas y las mujeres sean libres, entonces le hemos fallado a la mitad de la población humana.

 

Gracias por este espacio. Y que Otras Voces en Educación sea la herramienta académica que nos permita transitar por un camino donde la igualdad se construya en colectiva.

La Revolución será feminista o no será.

Comparte este contenido:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.