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Brasil: El gobierno de Bolsonaro está transformando la retórica contra los derechos humanos en medidas concretas

El martes 21 de mayo, casi cinco meses después desde que el nuevo gobierno de Jair Bolsonaro llegó al poder, Amnistía Internacional lanza la acción “Brazil for Everyone” (Brasil para todo el mundo), en la que presenta sus principales motivos de preocupación sobre el país y emite un mensaje de alerta: el discurso antiderechos humanos que ha marcado la trayectoria política del presidente, incluida la campaña electoral de 2018, está comenzando a concretarse en medidas y acciones que amenazan y violan los derechos humanos de todas las personas de Brasil.

“En octubre de 2018, en cuanto acabó el proceso electoral, avisamos de que las posturas Bolsonaro representaban un peligro real para los derechos humanos en el país. Hemos seguido con atención la actividad de su gobierno y, lamentablemente, nuestra preocupación empieza a hacerse realidad: el gobierno de Bolsonaro ha adoptado medidas que amenazan los derechos a la vida, a la salud, a la libertad, a la tierra y al territorio de la población brasileña, tanto rural como urbana, que lo que desea es una vida digna y sin miedo”, afirmó Jurema Werneck, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Brasil, que agregó: “Son medidas que pueden afectar a millones de personas. Y para nosotros, un país justo no excluye a su ciudadanía. Un Brasil justo es un Brasil para todo el mundo”.

En la acción que presenta el martes 21 de mayo, Amnistía Internacional expresa su preocupación por las siguientes medidas y acciones del gobierno de Jair Bolsonaro:

  • flexibilización de la regulación sobre tenencia y posesión de armas, que puede contribuir al aumento del número de homicidios en Brasil:
  • nueva política nacional sobre drogas, que endurece su carácter punitivo y atenta contra el derecho a la salud;
  • medidas negativas para los derechos de los pueblos indígenas y los quilombolas;
  • intento de injerencia indebida en el trabajo de las organizaciones de la sociedad civil que operan en Brasil;
  • diversas disposiciones de la ley anticrimen (como, por ejemplo, la flexibilización de la regulación de la legítima defensa de la policía, y del uso de la fuerza y de armas de fuego por parte de ésta);
  • medidas contrarias a los derechos a la verdad, a la justicia y a reparaciones de las víctimas de delitos de derecho internacional cometidos por el Estado durante el régimen militar;
  • ataques a la independencia y autonomía del Sistema Interamericano de Derechos Humanos;
  • mantenimiento de una retórica hostil a los derechos humanos por parte de las autoridades de alto nivel —incluido el presidente de la república—, que podría legitimar distintas violaciones de derechos humanos

«En octubre de 2018, en cuanto acabó el proceso electoral, avisamos de que las posturas Bolsonaro representaban un peligro real para los derechos humanos en el país. Hemos seguido con atención su gobierno y, lamentablemente, nuestra preocupación empieza a hacerse realidad. «

El 21 de mayo visita Brasilia una delegación de Amnistía Internacional compuesta por la directora de Amnistía Internacional Brasil, Jurema Werneck, y la directora de la oficina de Amnistía Internacional para América, Erika Guevara Rosas. Allí, la delegación intentará entregar al presidente Bolsonaro y a otros representantes del gobierno una carta en la que se exponen las ya mencionadas preocupaciones y se formulan recomendaciones para garantizar, promover y proteger los derechos humanos en el país.

“Algunas de las medidas adoptadas o propuestas por este gobierno durante estos cinco meses suscitan grave preocupación: pueden agravar el riesgo de homicidios por arma de fuego, legitiman una política de seguridad basada en el uso de fuerza letal, violan los derechos de los pueblos indígenas y de los quilombolas, basan la política de drogas en prácticas punitivas e ineficaces, pueden conducir a un incremento injustificado del control de las ONG y niegan el derecho a la verdad, a la justicia y a reparaciones de las víctimas del régimen militar. Todo ello acompañado de una retórica claramente hostil a los derechos humanos, que se suma a las preocupaciones de Amnistía Internacional con respecto a la situación de esos derechos en Brasil”, explicó Jurema Werneck.

«Últimamente, hemos presenciado en muchos países campañas de líderes políticos cuyas agendas y discursos eran claramente hostiles a los derecho humanos. «

“En 2017, Amnistía Internacional reveló que Brasil se había convertido en uno de los países más peligrosos de América para los defensores y defensoras de derechos humanos, y Global Witness destacó que era el más peligroso del mundo para los derechos humanos relacionados con la tierra y con el medio ambiente. Es urgente que el presidente Jair Bolsonaro adopte medidas para revertir esta situación, respete los tratados internacionales firmados por Brasil, garantice la libertad de actuación de las personas y organizaciones que trabajan por la construcción de una sociedad mejor y abandone su discurso hostil con respecto a los derechos humanos, que legitima violaciones contra determinados grupos”.

Para Erika Guevara Rosas, resulta preocupante la reducción del espacio de actuación de la sociedad civil en todo el mundo, por la adopción de numerosas leyes que buscan controlar e impedir el trabajo de las organizaciones no gubernamentales.

“Lamentablemente, son cada vez más los países que tratan de controlar a las organizaciones no gubernamentales e impedir el trabajo de organizaciones cruciales por denunciar fallos, crímenes y violaciones de derechos humanos cometidos por el Estado. Nos preocupa comprobar cómo las medidas adoptadas por el actual gobierno sobre la supervisión de ONG van en la misma dirección. La comunidad internacional seguirá atenta a Bolsonaro y su gobierno, para ver si cumplen o no con su obligación de proteger y garantizar los derechos humanos”.

Esta medida, como muchas otras, se da en el marco de una retórica tóxica y abiertamente hostil a los derechos humanos. A este respecto, apuntó Erika Guevara Rosas: “Últimamente, hemos presenciado en muchos países campañas de líderes políticos cuyas agendas y discursos eran claramente hostiles a los derechos humanos. En Brasil, esta retórica está empezando a traducirse en medidas concretas. Por eso, pedimos a Bolsonaro que adopte medidas firmes y decisivas para proteger y garantizar los derechos humanos en todo el país, y para cerciorarse de que las personas que los defienden y se movilizan en su defensa puedan hacerlo sin temor a represalias”.

Fuente de la Información: https://www.amnesty.org/es/latest/news/2019/05/brazil-bolsonaro-anti-human-rights-rhetoric/

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Colombia: Miles de Personas Necesitadas de Protección Urgente

AMNISTÍA INTERNACIONAL

7.000 personas de comunidades indígenas y afrodescendientes de Bojayá, departamento del Chocó (oeste de Colombia) se enfrentan a un peligro mortal y al riesgo de desplazamiento forzado mientras el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el grupo paramilitar Autodefensas Gaitanistas de Colombia intensifican las hostilidades en su territorio.

 

Descarga el informe aquí: https://www.amnesty.org/download/Documents/AMR2302302019SPANISH.pdf

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Formar a la juventud a través de ilustraciones

Noticia De Andrea Garcia Giribet/ Amnístia Internacional

Durante Escribe por los Derechos el año pasado, miles de estudiantes de Ucrania descubrieron los derechos humanos a través de ilustraciones

Cada año, se reúnen personas de todo el mundo para escribir cartas para la mayor iniciativa de Amnistía Internacional: Escribe por los Derechos. Miles de personas participan en una maratón de envío de cartas que tiene como fin liberar a presos y presas de conciencia, proteger a defensores y defensoras de los derechos humanos y hacer justicia a las víctimas de violaciones de estos derechos. En 2018, más de 7.000 estudiantes de Ucrania aprendieron más sobre los derechos humanos y, concretamente, sobre sus defensores y defensoras, gracias a las ilustraciones diseñadas por Olya Maksymenko en colaboración con Amnistía Internacional.

Volodymyr Selivanenko, encargado de Educación en Derechos Humanos en Amnistía Internacional Ucrania, dice que el objetivo era “explicar la esencia de los casos de la maratón al alumnado más joven, usando su empatía hacia los héroes y heroínas” reflejados en los álbumes ilustrados. Explica cómo se representó uno de los casos: “Para el pueblo sengver, describimos brevemente sus vidas y cómo el gobierno de Kenia es una amenaza para ellas. Mostramos al pueblo sengver no como víctimas, sino como personas que luchan por sus derechos humanos”.

Para crear esta conexión entre los defensores y defensoras de los derechos humanos y los niños y niñas, y mostrar estas historias de la mejor forma posible para un alumnado tan joven, Amnistía Internacional colaboró con Olya Maksymenko, una joven ilustradora y activista ucraniana. “Empecé a hacer cómics para Amnistía Internacional hace un año, me pareció la mejor forma de explicar historias largas y complejas a niños y niñas —explica Maksymenko— me da una oportunidad de manifestar mi activismo a través del arte.”

Todo comenzó en el corazón de Amnistía Internacional Ucrania en 2017, donde las personas dedicadas al activismo buscaban nuevas formas de ser creativas en Escribe por los Derechos. Maksymenko ofreció sus conocimientos de dibujo y los cómics tuvieron una acogida tan buena que decidieron hacer más en 2018 para que los niños y niñas aprendieran derechos humanos. “Intentamos elegir las historias más cercanas para ellos y ellas, con personajes jóvenes, para que pudieran identificarse con los héroes y heroínas”, explica. Además, hicieron dos versiones: una en color y otra en blanco y negro, “para que los niños y niñas pudieran pintar la tarjeta y escribir mensajes”, dice. La posibilidad de colorear los cómics hizo que los niños y niñas se implicaran con los dibujos, dedicando tiempo a mirar todos los personajes y a aprender más sobre sus historias.

Natalia Lytvyn e Iryna Matvienko son maestras de la Escuela de Educación General nº 10 de Kryvyj Rih. Elogian los cómics porque “a veces es difícil hacer que los niños y niñas hablen abiertamente, pero los cómics rompen la barrera de la ‘seriedad’, son más como un juego”. En sus aulas, los cómics motivaron al alumnado a hablar de derechos humanos: “Hablan de los derechos humanos, de que las personas pueden ser diferentes pero cada una es respetable, todas merecen atención y respeto”, dicen. “Intentamos ponernos en el lugar de los personajes, para que el alumnado pueda ver que los derechos humanos no son un concepto abstracto.”

Mykhailo Skrypka, de la Escuela de Educación General nº 2 de Zhovkva, dice que los cómics son “una forma excelente de hacer que las historias sobre derechos humanos sean interesantes e informativas” para el alumnado. En el futuro, a sus alumnos y alumnas les encantaría tener “puzles y un juego de mesa basados en las historias” para interactuar y aprender más sobre los derechos humanos. “Las historias han conmovido a los niños y niñas —explica—. Han aprendido la difícil y trágica situación de este pueblo keniano, lo que les ha ayudado a comprender el problema de derechos humanos que lo afectaba.”

Los cómics pueden enseñar a los niños y niñas que “todas las personas debemos ser responsables de nuestros actos, y que cada una puede detener la injusticia, porque los defensores y defensoras de los derechos humanos son personas corrientes”, subraya Valentina Filipjeva, del centro de formación profesional de Mezhivskyi, y añade: “Si nos unimos, somos fuertes, imparables”.

Fuente de la noticia: https://www.amnesty.org/es/latest/education/2019/02/ukraine-w4r/

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La valiente juventud que lucha por los derechos humanos en el Brasil de Bolsonaro

América del sur/Brasil/14 Febrero 2019/Fuente: Amnistía Internacional 

Después de que Jair Bolsonaro ganara las elecciones basándose en un programa abiertamente contrario a los derechos humanos, en Brasil impera un clima de temor. Sin embargo, la juventud se levanta para hacer oír su voz. Amnistía Internacional se reunió con siete activistas de derechos humanos que revelan cómo es la vida en Salvador, Brasil, y cómo hacen frente a la violencia contra las mujeres, el racismo y la homofobia.

“He vivido con miedo desde que era niña”, Lidiane, 33 años

Están aquí para protegerte, pero pueden hacerte daño en cualquier momento. Desde niña, esta es la imagen que he tenido de la policía. Mi infancia estuvo rodeada por el sonido de los disparos. Mientras crecía, no me daba cuenta de lo que eran, pero ahora sé lo mortales que son.

Vivo en una favela a la que la policía acude con frecuencia. Nunca dan información ni dicen a quién buscan, pero atacan a cualquiera que se cruce en su camino. En los últimos años, la situación ha ido en aumento, así que estamos estableciendo toques de queda y vigilamos constantemente lo que sucede.

He vivido con miedo desde que era niña. Eso es habitual en Salvador, Brasil. Este miedo ha alimentado mi pasión por luchar por la justicia. Cuando fui a la universidad quería estudiar Derecho. Era una manera de meterme en el sistema y representar las necesidades y los problemas de las personas de mi comunidad.

Sin embargo, en la lucha por la justicia me he encontrado obstáculos. Como mujer negra, mi acceso a determinadas oportunidades es limitado. Todos los días me enfrento a tres estereotipos: soy de la periferia, soy mujer, y soy negra.

El convertirme en parte de Amnistía Internacional marcó un punto de inflexión. Me he pasado la vida luchando por los derechos humanos y cuestionando la desigualdad de género. Cuando asistí a mi primera reunión, conocí a gente con historias similares a la mía. Querían seguir un camino diferente y transformar sus comunidades.

Como abogada en ejercicio, estoy trabajando en dos casos de mi comunidad, prestando apoyo a quienes no pueden permitírselo. Quiero demostrar a otras personas que tenemos derecho a soñar, y que es posible superar las barreras que nos encontramos. Quizá nos estemos dirigiendo hacia un Estado cada vez más dictatorial pero, si nos unimos, tengo la esperanza de que podemos formar un frente común, oponer resistencia y cambiar la dirección en la que se mueve este país.

“Mi madre recibió muchísimas palizas”, Nubia, 33 años

Mi padre era alcohólico. Toda la familia sufrió por su causa. Llegaba a casa del trabajo y nos golpeaba a mi madre, a mí y a mis hermanos y hermanas. A veces nos escapábamos de madrugada y buscábamos refugio en la casa de mi familia hasta que mi padre se marchaba al trabajo. Él tenía un rifle, y a mi madre le daba miedo lo que pudiera hacer con él.

Aprendí a vivir con ello; no tuve más remedio. Mi madre no tenía fuerzas para marcharse, así que yo, que era la mayor, era la que más se enfrentaba a mi padre. Me ponía en medio de la pelea para proteger a mi madre. No quería que le golpeara la cabeza contra la pared ni que le rompiera la espalda.

Mi padre dejó de beber hace unos cuatro años, pero siento que no he superado del todo lo que ocurrió. No he ido a ninguna terapia y, cuando hablo sobre lo que viví, me invade la misma oleada de emociones.

He encontrado esperanza defendiendo a otras mujeres que sufren violencia intrafamiliar. Muchas de mis amigas y vecinas han sufrido también violencia de género. Por eso mi causa es tan importante para mí, y quiero empoderar a las mujeres para que salgan de estas situaciones.

El pertenecer al Grupo de jóvenes de Amnistía Internacional en Salvador me hizo darme cuenta de que no estoy sola. Es importante formar parte de algo más grande, especialmente teniendo en cuenta el clima actual.

El presidente hace declaraciones que van contra los derechos humanos. No obstante, tengo esperanza en que la gente abra los ojos y vea que hay otra manera de vivir. Cuando trabajas en colaboración, conoces a gente que ha vivido las mismas realidades que tú, y ves que todo el mundo es bienvenido y está representado. Al trabajar en unión, nos damos voz.

“Voy a ser alguien”, Paulo, 29 años

Nací y crecí en un pueblo de la zona rural de Bahía, Brasil, donde el racismo formaba parte de la vida cotidiana.

Mis padres comprendían la importancia de la educación. A pesar de que teníamos poco dinero, me enviaron a una escuela privada. Yo era uno de los dos únicos estudiantes negros. Recibí muchos insultos, de alumnos y de profesores. Uno de los profesores me llamaba “negrito” y, en una ocasión, me amenazó con darme un puñetazo en la cara.

Comprendí que el profesor tenía prejuicios, así que decidí no prestarle atención. Me dije a mí mismo: “Voy a ser alguien”.

Estudié Teología en la universidad, y después hice un máster en Estudios de Género. Mientras estaba en la universidad me impliqué más en movimientos de jóvenes, entre ellos Amnistía Internacional, y aprendí sobre los derechos humanos.

Cosas del mi destino: ahora soy profesor en la misma escuela en la que sufrí discriminación y prejuicios. Actualmente trabajo en un proyecto para conseguir que la educación en derechos humanos sea un elemento clave del currículo escolar, y ya enseño derechos humanos en mis propias clases.

Pese a que vivimos tiempos difíciles, los movimientos sociales en Brasil están cobrando fuerza. La educación en derechos humanos es una semilla que puede transformar nuestra manera de ver el mundo. Mi esperanza es que todas las semillas que planto florezcan en algo bueno para el mundo.


“Mi madre fue asesinada por su ex marido”, Maira, 32 años

Cuando yo tenía 20 años, mi madre fue asesinada por su ex marido. Él no pudo aceptar el final de su relación.

La violencia contra las mujeres es generalizada en Brasil, y el caso de mi madre es uno entre muchos. Me pasé un año de luto. No conseguía encontrar las fuerzas para seguir adelante. Creí que nunca volvería a reír. Siempre habíamos sido sólo nosotras dos: mi madre y yo; era la persona más importante de mi vida.

Al principio me resultó difícil trabajar sobre cuestiones como la violencia de género y el feminismo, porque me tocaban muy de cerca. Hoy tengo más valor para hablar de estas cosas.

He sacado fuerzas de otras mujeres fuertes, como mis dos tías, una de las cuales es como una segunda madre. Sin ellas, no sería la mujer que soy hoy. Me han apoyado tanto, y me han dado una razón para seguir viviendo.

Desde la muerte de mi madre, las injusticias que veo me afectan muchísimo. Eso me impulsó a unirme al Grupo de jóvenes de Amnistía Internacional en Salvador. Me di cuenta del significado de la vida, de su riqueza y su valor. Es increíble formar parte de un grupo de personas que piensan igual. Apoyan mis ideas, y las hacemos realidad.

Los próximos años van a ser difíciles. No obstante, tenemos una fuerza interior que nos da poder y no vamos a quedarnos de brazos cruzados. Hay un movimiento de unidad en Brasil. No nos vamos a rendir.

“Mis derechos son atacados casi a diario”, Jamille, 26 años

Me he encontrado con tantas barreras sólo por ser una mujer negra… Mis derechos son atacados casi a diario. Estudio en la universidad en Salvador. Estoy aquí para llenar las cuotas de diversidad, así que hay gente que cree que no me merezco mi plaza en la universidad, cuando lo cierto es que tengo derecho a estar aquí.

Pero todavía tengo esperanza. Vivir en esta sociedad me inspira todos los días. Me enorgullece decir que soy una activista de derechos humanos. Es una forma de reafirmar ante la gente que los derechos humanos son para todas las personas, y que debemos defenderlos.

Habida cuenta del clima actual, me temo que nada va a cambiar, pero confío en que, unidos, creemos un mundo más abierto a la diversidad y menos desigual. Depende de nosotros crear juntos este mundo.

“Soy negro. Soy gay. Soy un educador de derechos humanos”, Israel, 28 años

Mi historia de activismo empieza conmigo, y con lo que he vivido. Soy negro, soy gay, soy un educador de derechos humanos.

Salvador es un lugar peligroso en el que crecer, especialmente si eres joven, pobre y negro. El color de tu piel te hace mucho más vulnerable a la violencia. Sin embargo, para mí, lo más difícil de crecer en esta sociedad fue saber que era gay. En mi familia son súper cristianos, y yo pensaba que iría al infierno si les contaba la verdad.

Cuando conocí a mi esposo, supe que tenía que decírselo a mis padres. Al principio dijeron que les parecía bien. Una semana después, mi madre me gritó que ‘los demonios de la homosexualidad’ tenían que marcharse de la casa. Llevo con mi esposo ocho años y hemos adoptado dos hijos, pero mi familia sigue sin querer saber nada de nosotros.

Me lancé de cabeza al activismo. Muchos hombres consideran que no está bien ser gay, pero quiero hacerles saber que sí lo está. Por eso dirijo un proyecto en escuelas públicas en el que enseño a niños y niñas sobre el acoso, la diversidad, el género, la sexualidad y los derechos humanos. También pertenezco al Grupo de jóvenes de Amnistía Internacional en Salvador. Todos los miembros del grupo son realmente valientes. Defienden a todo el mundo, independientemente de su raza, género, clase social o sexualidad, y luchan por la justicia.

Yo hago oír mi voz mediante la educación: es un elemento clave para los derechos humanos, y es una manera de terminar con la violencia. Mi trabajo me hace sentir miedo. La defensora de los derechos humanos Marielle Franco fue asesinada a tiros simplemente por defender los derechos de otras personas. A mí podría pasarme lo mismo, pero la lucha continúa.

“Encontrar gente que luche por los derechos humanos”, Blenda, 24 años

Salvador tiene la población negra más numerosa de Brasil, pero aún me encuentro con mucho racismo.

Cuando tenía 13 años, mis compañeros de escuela se reían de mi pelo. Me lanzaban bolas de papel y me pegaban chicle en el pelo. Aquello me hizo crecer con poca autoestima y con ansiedad, lo que me llevó a una depresión.

El trabajo benéfico me ha interesado desde que tenía 12 años, pero muchas de las organizaciones en las que estuve de voluntaria no abordaban nunca cuestiones raciales. Cuando Amnistía Internacional Brasil lanzó su campaña Jovem Negro Vivo en Salvador, estaba emocionadísima, porque nunca había visto otra ONG que trabajara sobre este tema.

Soy activista desde hace tres años. Uno de los elementos principales es la manera en que utilizamos el Quilombox para realizar nuestro trabajo. El Quilombox es una caja que contiene herramientas de movilización, y que también se puede utilizar como proyector. La caja de materiales te brinda la oportunidad de explicar los derechos humanos mediante la palabra hablada, el baile y el hip hop. Fue creada por diferentes activistas de derechos humanos de todo el país, con el apoyo de Amnistía Internacional. Es un recurso increíble, porque gracias a él podemos aprender de otras personas jóvenes de Brasil. Estas son el tipo de herramientas que necesitamos en Brasil. Los próximos años van a ser difíciles, especialmente para la juventud negra.

Es importante encontrar personas que luchen por lograr unas condiciones mejores para los derechos humanos. Estas personas son las que me han ayudado y me han hecho sentir que formo parte de algo más grande.

Imagen tomada de: https://aineupstrmediaprd.blob.core.windows.net/media/20049/258400.jpg?width=500&height=356.25

Fuente: https://www.amnesty.org/es/latest/news/2019/02/brave-young-people-fighting-for-human-rights-in-bolsonaros-brazil/

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Tarana Burke: La mujer que está detrás de Yo También

Por: Amnistía Internacional

En la primera de una serie de perfiles de defensores y defensoras de los derechos humanos y cómo llegaron a serlo, hablamos de Tarana Burke, la mujer que cambió para siempre la conversación sobre la violencia sexual.

Antes de que el movimiento Yo También se hiciera viral en octubre de 2017, la activista Tarana Burke llevaba ya más de una década usando la frase en su lucha de toda la vida para ayudar y proteger a las víctimas de abusos. Aunque la repentina fama de la etiqueta y de su trabajo tomaron a Burke por sorpresa, ha podido usarla para la meta por la que lleva trabajando más de veinte años: ayudar a curar a las supervivientes y acabar con la violencia sexual.

Tarana Burke siempre ha sido una activista que deseaba ayudar a personas cuyas voces apenas se escuchan. Cuando sólo tenía 14 años fue miembro de una organización llamada Movimiento Liderazgo Juvenil Siglo XXI, donde se organizó en torno al caso de los Cinco de Central Park en 1989, en el que cinco jóvenes varones de color fueron acusados injustamente de un delito, y contra una iniciativa encabezada por Donald Trump para restablecer la pena de muerte en el estado de Nueva York para castigar a las personas adolescentes. “Llevo mucho tiempo luchando contra Donald Trump”, le dice a Elle.

Burke ha trabajado en todas las áreas concebibles de la justicia social, pero se ha dedicado concretamente a las niñas de color y sus dificultades, sobre todo en torno a cuestiones de igualdad racial y de género. También ha vivido personalmente la experiencia y, como joven superviviente de violencia sexual, se dio cuenta de que no había recursos suficientes para comenzar el largo camino a la curación.

Contó a Elle lo que vivió cuando intentó buscar ayuda: “Fui al centro local de ayuda para víctimas de violación, y llamé a la puerta y la mujer respondió; la abrió, pero no me invitó a entrar; era una mujer blanca mayor. Así que dije: ‘Estoy tratando de obtener información sobre sus servicios’ y ella dijo: ‘Sólo atendemos casos que nos mandan’. Y yo dije: ‘¿Que les mandan de dónde?’ Y ella dijo: ‘De las comisarías’”.

Ese fue el momento en el que Burke se dio cuenta de que tenía que hacer algo. “No teníamos muchos recursos, pero mi madre era muy resuelta”, contó a The Guardian. “Me metió en todo tipo de programas; me metió en todos los sitios donde pudo meterme”. Esas fueron las cosas que cambiaron el rumbo de su vida: “Los primeros atisbos de curación y de comprensión de lo que me había pasado de niña vinieron de lo que leí”.

Desde entonces, su trabajo se centró en crear un espacio para “apoyar y amplificar las voces de las supervivientes de abusos, agresiones y explotación sexuales” mediante la organización comunitaria, talleres y, más tarde, las redes sociales.

Siempre ha conocido las cifras, y la popularidad inmediata de Yo También sólo confirma lo que ya sabía desde hace tiempo. Recuerda uno de sus primeros talleres Yo También, con unas niñas de secundaria de Alabama. Al terminar, entregó unas fichas y pidió a las niñas que escribieran Yo También si necesitaban ayuda. En un grupo de unas 30 niñas, esperaba encontrar cinco o seis Yo También. Se quedó horrorizada al ver 20.

Gracias a su propia experiencia y a su extensa labor con otras supervivientes, Burke sabe que lo importante es saber que no estás sola, que hay otras personas que te entienden y te apoyan. Y así es como nació Yo También. “Sabía que cuando intercambias empatía con alguien, se produce una conexión inmediata con la otra persona diciendo ‘yo también’”, explica a Elle. “En eso consiste el trabajo. En supervivientes que hablan entre ellas”.

Saltamos a 2017. La actriz Alyssa Milano instó a las supervivientes de agresión sexual a que usaran las palabras “yo también” en Twitter, sin tener ni idea de su origen ni de su pasado. En apenas unas semanas, la etiqueta se usó más de 12 millones de veces. “Si en este país [Estados Unidos] tuviéramos un brote de una enfermedad contagiosa que hubieran contraído 12 millones de personas […], estaríamos dedicados solamente a buscar la cura. Esa es la diferencia en cómo considera la gente la enfermedad de la violencia sexual”, dice Burke a Variety.

La repentina popularidad de sus palabras y, más tarde, de su propio movimiento, tomaron por sorpresa a Burke. Pero sabía que era una oportunidad que no podía perder: “Creo que nunca veremos una época en la que haya una conversación nacional sobre la violencia sexual”, dice aThe Telegraph.

En cuanto al futuro, sólo espera que este momento se transforme en un movimiento duradero. “Tenemos que estar ahora mismo en un momento de estrategia. Tiene que haber organización. Ha habido amplificación”, dice a The Telegraph. “El trabajo que tiene que haber ahora es lo que pasa después de que dices ‘Yo también’”.

Una de las metas de Burke es que se preste más atención a las víctimas que a los agresores. El movimiento consiste en “construir algo que no existe”, una comunidad global que ayude a orientar a las supervivientes de violencia sexual. Burke reclama más recursos para ayudar a las supervivientes a curarse, para ayudarles a comunicarse, para salvar vidas. En última instancia, busca crear comunidades y seguir educando a la gente sobre la violencia sexual.

Burke sabe que ahora está en una posición privilegiada y quiere usarla para bien. “Pero si no hubiera pasado, estaría aquí mismo, con mi camiseta Yo También, haciendo talleres y yendo a centros de ayuda para víctimas de violación” porque “el trabajo es el trabajo”, recuerda a The Guardian.

Cuando, este año, recibió un homenaje en la fiesta de Variety sobre el poder de las mujeres, Burke terminó su discurso con un grito de guerra: “Si están listas para cambiar el mundo, si están listas para unirse a este movimiento, si están listas para hacer el trabajo que hace falta para acabar con la violencia sexual, sólo puedo terminar con estas palabras: Yo también”.

*Fuente: https://www.amnesty.org/es/latest/education/2018/08/tarana-burke-me-too/

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Amnistía Internacional lanza cuatro nuevos microcursos que podrás hacer cuando quieras y donde quieras

Por: Amnistía Internacional 

Estos microcursos te dotarán de conocimientos básicos que te permitirán para actuar en relación con los siguientes temas: tortura, pena de muerte, libertad de expresión y derechos de los pueblos indígenas.

Nos complace presentar cuatro nuevos y breves cursos online disponibles en inglés y español en nuestra Academia de los Derechos Humanos. En ellos ofrecemos una sucinta y apasionante introducción a cuatro temas de derechos humanos, que puedes seguir a tu ritmo y gratuitamente. Sólo tienes que inscribirte en nuestra plataforma. No es necesario ningún conocimiento previo sobre derechos humanos.

INSCRÍBETE YA

El derecho a no sufrir tortura

El artículo 5 de la Declaración Universal de Derechos Humanos reza: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes». Tras haber completado este curso de 20 minutos, tendrás unos conocimientos básicos sobre la situación de la tortura en el mundo que te permitirán empezar a denunciar esta violación de los derechos humanos.

INSCRÍBETE YA: EL DERECHO A NO SUFRIR TORTURA

Adoptar una postura contraria a la pena de muerte

Todo individuo tiene derecho a la vida (artículo 3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos). Sin embargo, muchos países siguen aplicando este castigo inhumano. En este curso de 20 minutos descubrirás por qué la pena de muerte constituye una violación de derechos humanos, y aprenderás a rebatir las falsas creencias existentes al respecto. En este breve curso te dotaremos de conocimientos básicos y explicaremos distintas formas de actuar contra la pena de muerte.

INSCRÍBETE YA: ADOPTAR UNA POSTURA CONTRARIA A LA PENA DE MUERTE

Los derechos sobre las tierras de los pueblos indígenas

En muchos países, los derechos de los pueblos indígenas están constantemente amenazados. Es importante saber cuáles son las principales amenazas a las que se enfrentan esos derechos y, sobre todo, el derecho al consentimiento libre, previo e informado, que permite a dichos pueblos decidir qué hacer con la tierra en la que viven. Este curso breve ofrece una apasionante introducción a esa lucha.

INSCRÍBETE YA: LOS DERECHOS SOBRE LAS TIERRAS DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS

Alzar la voz por la libertad de expresión

La libertad de expresión es uno de nuestros derechos más básicos, pero en muchas ocasiones la gente no puede expresarse libremente. En este curso, aprenderás qué es la libertad de expresión, y verás de qué forma intentan a menudo, los Estados y las empresas, limitar la voz de la población, recurriendo para ello a medidas que van desde las amenazas y la censura hasta la persecución. Con esta introducción básica, podrás promover y defender el derecho a la libertad de expresión.

INSCRÍBETE YA: ALZAR LA VOZ POR LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Para seguir estos cursos, inscríbete ya en la Academia en academy.amnesty.org y súmate al debate sobre derechos humanos de nuestra página de Facebook dedicada a la educación en derechos humanos.

*Fuente: https://www.amnesty.org/es/latest/education/2018/07/new-microlearning-human-rights-courses/

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“Siempre tendrás una amiga”: Escolares desde India hasta Venezuela expresan solidaridad con los niños y niñas detenidos en aplicación de las órdenes de Trump

Por: Amnistía Internacional/11-07-2018

Alumnos y alumnas de colegios de todo el mundo han enviado mensajes de solidaridad a los miles de niños y niñas detenidos y separados de sus familias en la frontera estadounidense como consecuencia de las indignantes políticas sobre inmigración de la administración Trump.

Cientos de escolares de Argentina, Burkina Faso, India, Kenia, Senegal, Tailandia, Togo y Venezuela participaron en la iniciativa prevista para el 30 de junio, Día Mundial de Acción contra la política de inmigración de “tolerancia cero” del gobierno estadounidense. Esta política inhumana ha causado la detención de solicitantes de asilo que han entrado en el país desde México y el traslado forzoso de sus hijos e hijas, en algunos casos a albergues del gobierno alejados miles de kilómetros.

Escolares de entre 9 y 16 años tomaron lápiz y papel para infundir esperanza en los niños y niñas detenidos, y para instar a las autoridades estadounidenses a que respeten los derechos de los niños y niñas y de las personas solicitantes de asilo. La acción, organizada por el programa deEducación en Derechos Humanos de Amnistía Internacional, tiene por objeto empoderar a niños y niñas para que se expresen y se hagan oír sobre esta cuestión fundamental.

“Te llegará la libertad. ¡No te rindas! Estaremos contigo pase lo que pase”, dice el mensaje de una adolescente del sur de Tailandia.

“El hijo o hija de una persona refugiada es como el hijo o hija de un presidente”, dice otro mensaje, escrito por una niña de Kenia, cuyos compañeros y compañeras de clase muestran carteles en los que se lee: “Soy un niño/niña, respeta mis derechos”, “Soy un niño/niña, respeta mi dignidad” y “Pedir asilo no es un delito”.

En Venezuela, una niña dibujó un perro en una jaula, como alusión a los niños y niñas detenidos en jaulas gigantes mientras se tramitan las solicitudes de asilo de sus padres y madres. Su mensaje: “No somos animales”.

El 20 de junio, el presidente Trump firmó una orden ejecutiva en la que afirmaba que iba a poner fin a la separación de las familias, tras la indignación general suscitada tanto en el ámbito nacional como en el internacional. Sin embargo, esta orden poco hace para poner fin a la política de separación de familias y nada para reunir a los más de 2.000 niños y niñas separados a la fuerza de sus progenitores, sino que reafirma la cruel política de detener y enjuiciar a familias que buscan seguridad.

“Las autoridades estadounidenses deben liberar de inmediato a las familias que aspiran a solicitar asilo y respetar su derecho a hacerlo en condiciones justas y humanas”, dice Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional. “Ningún menor de edad debe ser arrancado de los brazos de su padre o su madre ni obligado a crecer entre rejas. Es hora de acabar definitivamente con las prácticas inhumanas de separar y detener a las familias”.

Amnistía Internacional imprimirá los mensajes de solidaridad y los entregará a los niños y niñas detenidos y separados, así como a los funcionarios encargados de separar a las familias.

*Fuente: https://www.amnesty.org/es/latest/news/2018/07/children-send-solidarity-messages-to-kids-locked-up-under-trump/

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