Apuntes sobre “La crisis del reformismo educativo en México” de Juan Carlos Miranda Arroyo

Por: Arcelia Martínez Bordón

En este estupendo compendio de apuntes y reflexiones, Juan Carlos Miranda nos ofrece, un recuento de las principales discusiones de los últimos cuatro años respecto a la cancelación de la reforma educativa de 2013 y el diseño y puesta en marcha de la nueva reforma impulsada por el presidente López Obrador, aprobada en mayo de 2019.

El libro reúne varios ensayos breves de Juan Carlos, en los que se colocan debates y posturas propias y de varios actores, respecto a los alcances, resultados y contradicciones de la reforma de 2013 (la que quiso ser “estructural”) y de la reforma que va en marcha, que califica de reactiva, no propositiva ni transformadora de raíz.

Juan Carlos afirma que vivimos una crisis del reformismo educativo, producto de diez años de reformas iniciadas y diseñadas por las cúpulas del país. Nos dice que hay una crisis en tanto: 1) hay un uso excesivo y retórico del concepto de “reforma”, por parte de políticos, empresarios, organismos internacionales y academia, PERO no por las escuelas; 2) porque (ligado con lo anterior) las RE no han producido los cambios en la base del sistema educativo; y 3) porque hay una obsesión por sembrar cambios “desde arriba”, pero nada de ello, lógicamente, aterriza en las escuelas.

Aunque coincido en lo general, quiero comentar que en el último punto se pueden anotar algunos matices, porque aunque con dificultades a veces estas políticas pueden ayudar, y vaya que lo creo, a modificar la forma en la que trabajan las escuelas… y para muestra el botón del famoso Programa Escuelas de Calidad (vigente de 2002 a 2015), a partir del cual se instaló, de manera obligatoria, y no sin dificultades y áreas de oportunidad, la práctica de realizar, colaborativamente, diagnósticos y planeaciones para transformar la escuela (¿recuerdan los llamados “programas estratégicos de transformación escolar”?).

Con todo, coincido con Juan Carlos en que los cambios en la educación no se dan de manera automática, a partir de un mandato legal, por lo que más que reformas, cada seis años, necesitaríamos hacer revisiones sistemáticas y periódicas de lo que sí funciona y lo que es posible y necesario mejorar. Al igual que Juan Carlos me preocupa profundamente que cada seis años tiremos la tina y con el niño adentro.

Sobre esto último, Juan Carlos sostiene que tanto las últimas reformas, la de AMLO como la del “Pacto por México”, como otras reformas en la región en realidad han apostado por el “gradualismo”, porque si bien comienzan colocando varios discursos de ruptura en la práctica es difícil lograr consensos, por lo que estas casi siempre se mueven hacia una posición más al “centro”.

A propósito de ello, me pregunto si debemos condenar el gradualismo o valorar, en su caso, algunas de sus bondades, en tanto que, en mi opinión, parte del fracaso de las políticas tiene que ver con ir en este mar de ocurrencias, como veletas. Me pregunto, pues, si ¿una transformación de raíz requiere cambios constitucionales o más bien presupuestos, tiempo, e incluso, continuidad? Me temo que llevamos años con parches, ires y venires, y hoy el tiempo apremia.

El libro de Juan Carlos nos reta a continuar con un debate no acabado, siempre abierto, sobre cosas tan importantes y sobre las que no nos hemos puesto de acuerdo, como, por ejemplo, el concepto de “calidad”, al que JC cuestiona que muchas veces referimos como “neutral” y sin “ideología”. Al respecto, Juan Carlos señala que en el tercero constitucional se equipara la calidad, hoy la “excelencia”, con el “máximo logro de aprendizajes”… y se pregunta si la calidad debe reducirse al logro. Considero que este es un debate muy necesario, aunque también creo que no podríamos mejorar los resultados de aprendizaje si no invertimos en políticas e intervenciones educativas (sean de desarrollo profesional docente, de infraestructura, de equipamiento, etcétera) que no reúnan requisitos mínimos de calidad. Recuerdo también, sobre este tema, que, en la reforma anterior, el artículo 3 constitucional colocaba varias dimensiones para entender la calidad: suficiencia, relevancia, pertinencia, equidad.

En fin. Juan Carlos nos invita a varias reflexiones y esto se debe celebrar. A lo largo de los capítulos, Juan Carlos argumenta que la última reforma es, en síntesis, más reactiva que estructural, que esta representa más continuidad que ruptura o cambio de raíz, en tanto sigue montada, como reformas anteriores, en una visión “gerencialista” de la educación, en detrimento de la visión pedagógica que se requiere.

A este respecto, una tesis central de Juan Carlos es que para que se dé el cambio educativo se necesita romper con las inercias de operación de las escuelas, por lo que más que pensar en cambios, mandatados desde las cúpulas, al marco legal, hay que comenzar de abajo hacia arriba, modificando las prácticas, cultura y ethos de quienes operan en las escuelas en el día a día, por supuesto, con su convencimiento y apoyo.

Estoy cierta que podemos encontrar algunos puntos medios… Sin duda, la escuela no puede cambiar sin los maestros y maestras, al margen de ellos, sin su convencimiento y trabajo cotidiano, junto con las familias y los propios estudiantes. Y en ello tiene mucha razón Juan Carlos… desde la política pública se pueden empujar cosas, de un modo más horizontal, consultando a los distintos actores clave… En la pandemia, por ejemplo, muchos maestros y maestras se sintieron, sobre todo en un inicio cuando reinaba el caos, poco apoyadas por sus autoridades y más bien rebasadas por la situación. Que bien hubiera hecho haber arrancado una estrategia elaborada por ellos y ellas… y no impuesta por los expertos, quienes sean que hayan sido.

Con todo, también estoy convencida de que algunos cambios pueden impulsarse desde arriba, cuando, por ejemplo, hay un ejercicio bien pensando y, remarco, consensando, de elaboración del presupuesto, por ejemplo. La política educativa implica, entre otras cosas, una toma de decisiones sobre en qué y cuanto gastar. Y ahí quizá, sí necesitamos otras voces… además de las de los y las maestras… Necesitamos evidencia del pasado, de lo que se ha hecho, de lo que ha o no funcionado, de lo que se sabe a partir de la investigación educativa. Es el caso de las becas, o de otras intervenciones que hoy parecen urgentes para, por ejemplo, mejorar la conectividad y aprender a aprovechar mejor las herramientas tecnológicas.

Así que la mejora educativa nos requiere a todos. La voluntad política a partir del conocimiento acumulado (de todos, docentes, investigadores), de la experiencia, para asignar también un presupuesto ahí donde hace falta. Pero también, sí o sí, requiere de tiempo.

En fin, el libro que nos ofrece Juan Carlos, lleno de preguntas, es una fuente muy rica para la reflexión sobre los alcances y límites de las reformas educativas, y para abrir nuevos debates, tan necesarios, entre quienes estos temas nos mueven y apasionan.

*Académica en el Departamento de Educación de la IBERO Ciudad de México, Coordinadora del Faro Educativo
Twitter: @arceliambordon

Fuente: http://www.educacionfutura.org/apuntes-sobre-la-crisis-del-reformismo-educativo-en-mexico-de-juan-carlos-miranda-arroyo/

Comparte este contenido:

México – La Red MUXED: un espacio de agencia y empoderamiento colectivo entre investigadoras educativas

La Red MUXED: un espacio de agencia y empoderamiento colectivo entre investigadoras educativas

Arcelia Martínez Bordón

Mi participación en la Red comenzó en marzo pasado, justo cuando nos vimos en la necesidad de aislarnos, guardarnos en casa, debido a la pandemia por Covid-19. Aunque el lanzamiento oficial de la Mujeres Unidas por la Educación se hizo en abril, de manera virtual, el grupo de trabajo, con sus primeras integrantes comenzó a reunirse a finales de 2019. Entonces, nadie imaginaba lo que pasaría tan solo unos meses después, ni mucho menos, que tardaríamos tanto tiempo en volver a vernos, a abrazarnos… a retornar a esa nueva normalidad tan anhelada. La vida nos ha cambiado a todas. El desempleo y la incertidumbre económica rondan en miles de hogares, sumado al duelo por la pérdida de familiares y amigos.

Han sido meses muy duros. En lo económico, en lo emocional. Para mí han sido meses de intenso trabajo, aunque no me quejo. Mi trabajo en la Ibero –en donde soy investigadora de tiempo completo, doy clases y dirijo un observatorio de políticas educativas– nunca disminuyó, pero aprendí a hacer rutinas distintas, a empezar muy temprano mi día, aprovechando que no tengo que hacer trayectos largos en el coche y en el tráfico. He atendido también muchos foros en los que me han invitado a participar para compartir mi experiencia de trabajo con docentes de distintos niveles, con quienes he tenido la oportunidad de conversar sobre su trabajo a distancia y los retos para sortear la enseñanza y el aprendizaje en estas condiciones tan inéditas.

En casa, el trabajo también se multiplicó, pero aprendí a organizarme distinto, ahora con mis hijos, todos hacemos un poco de todo. Mejoré también mis capacidades multi task: ya puedo escuchar conferencias y podcast mientras lavo los platos o cocino. En un balance, han sido meses de cambios profundos y de muchos aprendizajes. Y algo muy importante que gané en estos meses fue a un grupo importante de amigas y colegas con las que comparto intereses y, sobre todo, las ganas de hacer cosas juntas, de aportar un granito de arena para entender y mejorar la educación de nuestro país.

Conozco el valor y las potencialidades del trabajo en equipo. Sé bien que cuando las mujeres trabajamos juntas podemos ser realmente fuertes. Hace unos 20 años hice mi investigación de doctorado sobre los procesos de agencia y empoderamiento de niñas y jóvenes en el medio rural a partir del acceso al recurso educación formal gracias a las becas que recibían. Los testimonios de vida y relatos que recabé entonces daban cuenta de cómo el espacio de socialización y de compartir, en el patio y el recreo, las hacía fuertes y les ayudaba a visibilizar opciones y horizontes de vida distintos, para romper con los roles tradicionales de género, producto del aislamiento y confinamiento que ellas y sus madres vivían. Sin duda, juntas, desde niñas, somos más fuertes. En el marco de ese trabajo, primero como estudiosa de los procesos de agencia y empoderamiento, y luego en diversas experiencias de vida, he constatado la importancia de trabajar con otras personas, en este caso, entre mujeres que compartimos intereses en común. Este “poder con las demás”, que no un poder de suma cero, nos ayuda a sembrar una semilla importante de cambios tanto a nivel personal como en nuestras relaciones más cercanas. Será por eso, quizá, que me encanta trabajar con mujeres.

Pues bien, la Red de Mujeres Unidas por la Educación ha sido un espacio de enorme crecimiento, sororidad y apoyo, que actualmente congrega a más de 150 mujeres de todo el país, con diversas formaciones y lentes conceptuales: en ésta, participamos politólogas, docentes, pedagogas, sociólogas, antropólogas, economistas, feministas, abogadas… Y esta diversidad de formas de mirar al mundo, lejos de ser un obstáculo o impedirnos cooperar, nos hace más fuertes, porque nos complementamos.

En el eclecticismo y respeto por lo que cada una puede aportar hemos logrado hacer cosas valiosas: varios ciclos de conferencias y diálogos para entender y ayudar a otros a sortear el aprendizaje; un policy brief con recomendaciones para las autoridades educativas y escolares en el eventual regreso a clases; una campaña #YoTambiénMeQuedoEnlaEscuela para apoyar y ayudar a hacer conciencia sobre la importancia de que las niñas y mujeres adolescentes continúen estudiando pese a lo difícil de la situación actual; y, entre muchas otras cosas, el sitio web de El Morral (www.morral.muxed.mx), lleno de contenidos, testimonios y experiencias que pueden servir como espacio de contención y aprendizaje a maestras y maestros, padres y madres de familia e investigadores educativos.

En este trabajo colaborativo, por ejemplo, las que alimentamos el sitio El Morral nos reunimos periódicamente para compartir lo que estamos haciendo, cada una desde nuestras espacios y ámbitos profesionales, y para ver cómo potenciarlo y compartirlo.

Decía Pablo Latapí que para poder incidir en política educativa teníamos que hacernos fuertes con otros, estar dispuestos a renunciar a nuestras diferencias y ver cómo sumar juntos. Del trabajo de Don Pablo rescato la importantísima experiencia del Observatorio Ciudadano de la Educación, un espacio en donde la comunidad de investigadores educativos le preguntaba y pedía cuentas a la autoridad sobre el porqué tomaba una u otra decisión. Hoy iniciativas como el Faro Educativo, el observatorio educativo que dirijo, y la maravillosa Red MUxED de la que soy parte se convierten en esos necesarios espacios para la deliberación pública, el análisis y el planteamiento de propuestas.

La Red MUxED es un espacio plural, una Red de redes, en donde confluyen agendas, visiones, proyectos y sueños. Hoy, en el casi cierre de este 2020, un año distinto, complejo, único, celebro que decenas de investigadoras de lo educativo nos hayamos dado cita para sacarle tiempo al poco tiempo que nos deja la pandemia –luego de resolver lo indispensable– para escucharnos, debatir y juntas encontrar y proponer soluciones. La conformación de la Red y el trabajo hecho en estos meses es un botón de muestra, de las bondades y frutos del trabajo en equipo.

Para adelante, una vez superada la situación de encierro, tendremos que hacer balances, plantear nuevas y renovadas discusiones y debates, reformular y hacer nuevas preguntas a las autoridades, inventar nuevas formas para poner un granito de arena. Hoy, estoy convencida, es tiempo de construir puentes entre las investigadoras educativas, para a partir de esta agencia y empoderamiento colectivo, potenciar nuestra capacidad de incidencia.

https://www.muxed.mx/post/la-red-muxed-un-espacio-de-agencia-y-empoderamiento-colectivo-entre-investigadoras-educativas

  • Arcelia Martínez Bordón es integrante de MUxED. Doctora en Política por la Universidad de York, Reino Unido. Analista y evaluadora de políticas educativas. Académica de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Twitter: @arceliambordon

Fuente de la Información: http://www.educacionfutura.org/la-red-muxed-un-espacio-de-agencia-y-empoderamiento-colectivo-entre-investigadoras-educativas/

Comparte este contenido:

¿La Reforma educativa a revisión?

Arcelia Martínez Bordón

La Reforma educativa ha estado presente en la discusión pública desde el día en que se anunció. No ha habido tregua; la polémica ha ido entre posturas y debates sobre su sentido, utilidad, y, ahora, incluso, sobre si debe continuar o echarse para atrás.

A unos meses de las elecciones presidenciales, el debate se ha intensificado, y hoy se pueden identificar varias posturas, entre las cuales se destacan dos, que, por ser extremas, resulta interesante analizar. Por un lado, está la postura oficialista, con poca autocrítica, representada por el PRI, a través del coordinador de campaña de José Antonio Meade, Aurelio Nuño, quien hasta hace unos meses fuera Secretario de Educación, y defensor férreo de la Reforma.

Cuando Nuño era titular de la SEP fue enfático al señalar que, para avanzar en la implementación del Nuevo Modelo Educativo (NME) y de la Reforma se necesitaba continuidad (¿qué siguiera gobernando el PRI?), pues muchas de las cosas planteadas en el Modelo apenas estaban en fase de diseño. A esta visión se le suman las declaraciones triunfalistas del nuevo Secretario de Educación, Otto Granados, quien hace unos días dijo que la implementación del Modelo Educativo reportaba un avance de entre el 90 y 95%.

En el otro extremo, se encuentra López Obrador, precandidato de MORENA, quien, en reiteradas ocasiones, ha dicho que de llegar a la presidencia revocará la “mal llamada Reforma educativa”. Hace unos días señaló que lo primero que haría es convocar a una amplia consulta con los docentes (¿para debatir los alcances o disolución de la Reforma?).

Una tercera postura, “intermedia”, es la de Ricardo Anaya -candidato del Frente Amplio-, quien ha dicho que la Reforma debe revisarse y, a partir de ello, replantearse. Sin embargo, tampoco abunda mucho en ello ni dice cómo hacerlo.

Ante las propuestas extremas, en blanco y negro –de echar para atrás la Reforma, o darle continuidad- es necesario buscar distintas tonalidades de grises… Es indispensable discutir por dónde se puede o debe comenzar a evaluar la Reforma educativa.

Considero que, en el planteamiento original de la Reforma y a la luz de los resultados arrojados a la fecha, hay aspectos valiosos como, por ejemplo, buscar que la evaluación educativa, no sólo la docente, oriente una mejor toma de decisiones. Otro gran acierto fue pasar, al menos constitucionalmente, de la exigencia de brindar educación, a que ésta, sea de calidad, entendiendo a ésta última como el máximo logro de aprendizajes. Además, la Reforma no sólo colocó el tema de la calidad en el corazón de su propuesta, sino a la evaluación como un medio para valorar si los componentes, procesos y resultados del Sistema Educativo Nacional están garantizando el derecho de niños, niñas y adolescentes a recibir una educación de calidad.

A partir de la Reforma, el INEE, no sólo adquiere autonomía constitucional, sino la tarea fundamental de coordinar el Sistema Nacional de Evaluación Educativa y evaluar los distintos componentes, procesos y resultados de la educación obligatoria. Ello ha permitido generar diagnósticos más integrales del sector, a partir de los cuales se han emitido directrices de mejora.

El INEE ha trabajado de manera importante la integración de distintas evaluaciones: de aprendizajes de los alumnos, de las condiciones para la enseñanza y el aprendizaje en las escuelas, de las políticas y programas existentes, entre otras, para emitir recomendaciones de política para mejorar la planeación y la oferta del servicio educativo. De ahí derivan directrices de política sobre la formación inicial de los docentes, la atención educativa de niños, niñas y adolescentes de poblaciones indígenas y de familias jornaleras migrantes, y, más recientemente, sobre la permanencia de los jóvenes en la educación media superior.

Si bien la evaluación docente ha tenido descalabros, que llevaron, incluso, a su replanteamiento, también es cierto que ha habido avances importantes para que el ingreso, la permanencia y la promoción de los docentes sea a partir del mérito.

La SEP, por su parte, en coordinación con otras instancias, como el INEGI, ha realizado acciones importantes en materia de generación de información. A partir del levantamiento del Censo de Escuelas, Maestros y Alumnos de Educación Básica y Especial (CEMABE), por ejemplo, será más factible diseñar un Sistema de Información y Gestión Educativa (SIGED). Cabe destacar que, en ese punto, hay que ir con cautela, pues el sistema no está completo y además aún está pendiente el levantamiento del Censo de Educación Media Superior.

A simple vista es necesario señalar que se han hecho cosas y hay otras tantas que es necesario revisar y a partir de ver sus alcances, replantear. Sin duda, el proyecto de Reforma no se puede echar simplemente para atrás, sin más. También es cierto que nada está escrito sobre piedra, ni firmado con sangre. Por ello, los candidatos, sus asesores y también los ciudadanos, tenemos la obligación de mirar de forma crítica los avances de la Reforma, sus cuellos de botella y los problemas de implementación. Seguramente hay muchas cosas que se deben revisar, y, en su caso, replantear.

Una primera forma de analizar los alcances de la Reforma, implica mirar detenidamente, entre otras cosas, tanto las acciones que se consignan en el documento Reforma Educativa, como aquellas que se incluyen en el documento Ruta de implementación del Nuevo Modelo Educativo. En este último se indican acciones y metas específicas, con instancias responsables, para cada uno de los ejes del Modelo, a saber: la implementación de un nuevo planteamiento curricular, poner la Escuela al Centro, lograr la idoneidad docente, buscar la inclusión y equidad educativa y garantizar la gobernanza del Sistema.

Si miramos por ahí, podemos empezar a poner, ahora sí, en blanco y negro, a manera de balance, qué pasos se han dado en cada uno de estos ejes y plantear qué falta por hacer y cuándo podemos esperar resultados tangibles. También hay que evaluar, de ser posible, el planteamiento de las metas, porque muchas de estas sólo incluyen actividades de gestión –como la capacitación de docentes para el uso de los nuevos materiales educativos- pero, como sabemos, se necesita más que capacitación.

En este punto retomo la declaración del Secretario, quien hace unos días afirmó que se tiene un avance del 95% en la implementación del Modelo Educativo; en efecto lo hay en aspectos como la revisión de los nuevos planes y programas de estudio, la revisión y producción de nuevos materiales educativos y libros de texto, e incluso, en la planeación de la capacitación de los docentes para que se familiaricen y aprendan a utilizar las nuevas guías y materiales de estudio. Omite decir, sin embargo, que hay retos muy importantes en materia de formación inicial y continua de docentes, por ejemplo, que es un elemento indispensable para implementar el NME. Sobre esto último, el propio documento de la Ruta de Implementación del NME plantea que: “las escuelas, para funcionar bien, requieren de plantillas de maestros completas, infraestructura digna, acceso a las tecnologías de la información y la comunicación, presupuesto propio, asistencia técnica pedagógica de calidad, mayor participación de los padres de familia”, entre otras cosas.

Es cierto, sí, que para cada eje del NME se han realizado acciones, pero hay que preguntarnos ¿qué tantas y con qué porcentaje de avance? ¿son éstas suficientes y relevantes? ¿son las acciones cruciales? ¿deben armonizarse mejor? ¿qué otras acciones que no están en los ejes deberían incluirse? ¿las acciones que se han realizado están llevando a los resultados esperados? En materia de formación continua, que se ubica en el eje de idoneidad docente, por ejemplo, importa conocer no sólo qué cursos se han dado, sino las habilidades que los y las maestras están alcanzando con dichos cursos.

A partir del arranque formal de las campañas es necesario elevar el nivel del debate y discutir a fondo lo que planteó la Reforma, sus objetivos, cómo se vinculan con las acciones y metas del NME, así como los avances que se han tenido en cada uno de los ejes o dimensiones de este último.

La academia y la ciudadanía debemos exigir a los candidatos que nos presenten propuestas serias a partir de la revisión y el análisis del planteamiento original de la Reforma, de las acciones que se implementaron y del presupuesto ejercido. Es preciso señalar que el problema no parece ser de diseño; éste es impecable, en él conviven distintos ejes o dimensiones sobre los que se tiene que trabajar simultáneamente, y en donde el docente, por cierto, no es el único responsable del aprendizaje de sus estudiantes.

Los discursos triunfalistas y tremendistas fomentan la radicalización de posturas; no ayudan a conciliar las distintas visiones de país, en donde la gran mayoría, si no es que todos, debiéramos caber. Decir que todo está bien es ser autocomplaciente. Pero, hablar de un cambio de viraje radical pareciera querer echar por la borda años de construcción de instituciones, por ejemplo, el trabajo que desde el 2013 realiza el INEE, como órgano autónomo. Necesitamos, sin duda, más definiciones, más profundidad en el debate del tema educativo y de otros temas fundamentales como la economía, la seguridad, el combate a la corrupción.

Respecto a la Reforma educativa es muy importante revisar, a partir de lo que se hizo esta administración, qué cambios pueden plantearse, para llegar más pronto a la meta final del Sistema Educativo Nacional que es garantizar a todos los niños, niñas y adolescentes una educación de calidad, que no sólo se refleje en mejores resultados en sus aprendizajes, sino en oportunidades reales para mejorar sus vidas.

Fuente del Artículo:

¿La Reforma educativa a revisión?

Comparte este contenido:

Revolución educativa y el Nuevo Modelo Educativo: ¿una posibilidad real?

En un evento público que se realizó en Palacio Nacional, finalmente se presentó el Nuevo Modelo Educativo para la Educación Obligatoria (NME), que plantea, según sus principales defensores, “una transformación radical del sistema educativo mexicano, lo que supone una verdadera revolución educativa, a partir de una política educativa de largo plazo”. El secretario señaló que éste es una apuesta de “alto impacto y largo aliento”, y que los cambios que propone comenzarán a rendir frutos a los diez años de su aplicación.

Por: Arcelia Martínez Bordón.

El NME se estructura en cinco ejes: el cambio curricular, que deje de lado el aprendizaje memorístico y dé paso al aprendizaje crítico y creativo, donde importa junto con lo cognitivo el desarrollo de habilidades socio-emocionales y para la convivencia. La escuela al centro, para que ésta cuente con la infraestructura y equipamiento necesarios, y sea autónoma y capaz de tomar sus propias decisiones. La formación y desarrollo profesional docentes, que se refiere a su profesionalización, dado que se sostiene con el principal actor educativo responsable de la transformación de la educación. La equidad y la inclusión, que alude a que todos los niños, sin importar su origen, género, condición económica o discapacidad, cuenten con oportunidades educativas para desarrollar sus capacidades. El último, la gobernanza del sistema educativo, cuyo concepto apunta a que, para implementar el modelo, es necesaria la participación y coordinación de distintos actores autoridad educativa federal y local, INEE, sindicato, maestros, padres de familia, sociedad civil y Poder Legislativo.

Si bien los ejes colocan aspectos fundamentales, las principales ideas no son nuevas, ni fáciles de implementar. El NME debe operar como un conjunto integrado; dado que muchas cosas no funcionan, cada eje involucra retos considerables en términos de presupuesto, organizacionales, etcétera. Desafortunadamente llega tarde, al quinto año de gobierno de Enrique Peña Nieto, cuando los ánimos y preocupaciones están en las elecciones de 2018. El que haya tomado tanto tiempo su elaboración indica la falta de gobernanza del sistema educativo, la imposibilidad de llegar a acuerdos efectivos de manera eficaz y oportuna para conciliar a los actores involucrados, inclusive al interior de la propia SEP —las constantes reorganizaciones de la Secretaría seguramente contribuyeron a la postergación y puesta en marcha de proyectos sustantivos, como el NME, la Estrategia de formación continua de los docentes o el lanzamiento del Plan Integral de Diagnóstico, Rediseño y Fortalecimiento de las Escuelas Normales (PIDIRFEN). El proyecto inicial del NME se presentó tres años después del anuncio de la reforma.

En el anuncio del NME se dijo que éste comenzará a operar en agosto de 2018; un mes después de las elecciones. Cabe preguntarnos si el próximo gobierno lo suscribirá sin más. El reto mayor es sin duda su puesta en marcha si sobrevive al cambio sexenal; lo que implica una importante erogación de recursos, a nivel federal y estatal, y una pronta y efectiva capacitación a los encargados de hacerla realidad: los maestros.

Entonces, ¿estamos frente a una revolución educativa? En el papel ya están el planteamiento para el cambio y una ruta de implementación, con actividades y metas específicas. Pero falta operarlo y, sobre todo, que se suscriba en la próxima administración, con recursos, tiempo, voluntad y compromiso para que se concreten las acciones propuestas. ¿Esto es posible? ¿Lo suscribirá el nuevo gobierno? ¿Cuándo?, ¿señalará que es necesario elaborar una ruta mejor? Es necesario que la sociedad civil organizada, la academia y el Poder Legislativo trabajemos juntos para monitorear los avances en el cumplimiento de los compromisos y metas enmarcados en el NME y sus posteriores reconfiguraciones.

Fuente: http://www.excelsior.com.mx/opinion/opinion-del-experto-nacional/2017/03/31/1155128

Imagen: http://noticieros.televisa.com/wp-content/uploads/2017/03/modelo-educativo-aurelio-nuno.jpg

Comparte este contenido:

Las directrices del INEE: ¿Una oportunidad para la mejora educativa?

Por Arcelia Martínez Bordón*

Hace tres años el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) comenzó un trabajo importante para vincular la evaluación con la mejora educativa. Desde 2013, por mandato constitucional, al INEE le corresponde emitir directrices que, con base en la evaluación, ayuden a orientar la toma de decisiones para la mejora. Las directrices del INEE son recomendaciones de política que incluyen propósitos específicos, aspectos clave de mejora y una imagen objetivo de la situación a la que sea desea llegar; dichas normas se construyen de forma participativa, con las propuestas y voces de diversos actores educativos y sociales.

Previo a su emisión, el Instituto las socializa en distintos espacios de interlocución, que privilegian el diálogo tanto con tomadores de decisiones, como con grupos técnicos –del ámbito federal y local– docentes, directivos y usuarios directos del sistema educativo. Éste sin duda, es un esquema novedoso, en tanto que las propuestas no provienen del escritorio de un funcionario que poco o nada conoce de la problemática educativa que se busca solucionar.

La elaboración de las directrices implica una revisión de lo que han señalado la investigación y la evaluación educativa. Además, en su corazón se encuentra la evaluación de las políticas y programas educativos, en los distintos ámbitos en los que es urgente implementar acciones para la mejora. El INEE revisa un conjunto amplio de intervenciones públicas, su diseño e implementación a nivel macro, meso y micro, así como el presupuesto que se asigna a dichas intervenciones y, a partir de ello, se valoran los alcances y retos de la acción pública e inicia el trabajo de desarrollar las recomendaciones. En la ruta de la evaluación de las políticas y los programas se define el problema público al que se busca dar respuesta, por ejemplo, la situación de rezago educativo que padecen distintos grupos de población, como es el caso de la niñez indígena o de los hijos de familias de jornaleros agrícolas migrantes. Para caracterizar la situación educativa de la población que será objeto de las intervenciones que se desean mejorar (o implementar, en el caso de que no existan) sirven de insumo fundamental los indicadores que el propio Instituto elabora año con año y que publica en los Panoramas Educativos. Se utilizan también los resultados de las pruebas de aprendizaje de los alumnos del Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (PLANEA) y de la Evaluación de las Condiciones para la Enseñanza y el Aprendizaje (ECEA), entre otras fuentes confiables relacionadas con el fenómeno educativo que se esté estudiando.

Un elemento central en la elaboración de las directrices es su construcción participativa. Las propuestas de mejora se debaten con un conjunto amplio de actores: se consulta a la academia y a los expertos en la temática en cuestión, a docentes, autoridades educativas y funcionarios del orden federal y local. En el caso de las Directrices para mejorar la atención educativa de niños, niñas y adolescentes indígenas, que el Instituto emitió el pasado 30 de enero, el INEE realizó, como paso previo a la elaboración de las propuestas, y de la propia evaluación de las políticas, la Consulta Libre e Informada a Pueblos y Comunidades Indígenas sobre Evaluación Educativa, en la que participaron 49 comunidades de 18 entidades federativas.

La intermediación del INEE para hacer confluir distintas voces en una propuesta es muy importante, porque se busca tender puentes entre lo deseable y lo posible. Se escucha entonces al líder educativo, al facilitador de la comunidad, a los docentes. Pero se dialoga también con los funcionarios encargados de implementar los programas y las estrategias, quienes plantean los retos que enfrentan en términos de personal, presupuesto y tiempo para planear, implementar y monitorear los avances.

Con todo, por más que se tengan directrices participativas –cimentadas en evidencia– éstas no son suficientes para que se dé el cambio educativo; se necesita, sobre todo, voluntad política. Y es que los cambios a implementar en los distintos ámbitos educativos que las directrices han apuntado son de largo alcance.

En México subsisten archipiélagos educativos, surgidos cada uno en distintos momentos de la construcción del sistema educativo y su expansión en la búsqueda de la cobertura. Hay una oferta educativa diferenciada, de primera, de segunda, de tercera y de cuarta calidad. Así que, con voluntad política, se puede comenzar a ordenar el archipiélago, poniendo a dialogar a los distintos actores. Se puede y necesita dar continuidad a lo que parece estar funcionando, a las acciones, criterios y marcos de actuación y a los presupuestos.

Además, los ajustes requeridos para lograr las mejoras que proponen las directrices competen tanto al ámbito federal como al local. Las directrices sugieren que cada entidad haga su propio diagnóstico del problema y un mapeo de los programas, federales y locales, con los que se atiende a la población objetivo. Se tiene que empezar por ahí. La expectativa de que con evaluaciones y directrices cambie la educación del país de manera inmediata es ambiciosa y poco realista. Las directrices colocan problemas en la agenda pública y proveen un mapa o ruta para la mejora, y, en este sentido, acortan el camino. A la autoridad le corresponde, por su parte, reconocer que hay un problema público, revisar lo que las directrices proponen, y, como lo señalan la Ley General de Educación y la Ley del INEE, incorporarlas en su planeación y programación educativa. Este es sin duda el mayor desafío.

A la fecha se han emitido tres conjuntos de directrices. Además de las directrices para mejorar la atención educativa de la niñez indígena, que recién se emitieron, el Instituto anunció directrices para mejorar la formación inicial de docentes de educación básica, el 7 de septiembre de 2015, y para mejorar la atención educativa de la niñez de familias de jornaleros agrícolas migrantes, el día 3 de agosto de 2016. Si bien las primeras directrices fueron contestadas por las autoridades de todos los estados, e incluso algunas entidades enviaron un plan de trabajo preliminar para atenderlas, éstas han sido prácticamente ignoradas por la autoridad federal. En su momento, dicha autoridad señaló que se anunciaría el Plan Integral de Diagnóstico, Rediseño y Fortalecimiento de las Escuelas Normales (PIDIRFEN) y que éste se armonizaría con las directrices emitidas por el INEE. Esto no sucedió, por lo que sigue siendo un gran pendiente implementar cambios importantes que ayuden a mejorar la formación inicial de los maestros y maestras que estarán frente al aula.

Las segundas directrices tuvieron una buena recepción por parte de las autoridades locales, quienes manifestaron su compromiso de avanzar en la elaboración de diagnósticos estatales, que permitieran ubicar mejor a esta población, así como a revisar las acciones que se requieren implementar para garantizar su derecho de acceso y permanencia en el sistema educativo. A nivel federal, aunque se contestaron las directrices, sigue pendiente una respuesta de carácter integral que las haga operativas.

Lo cierto es que no se pueden esperar los cambios mayores que requiere el sistema educativo si la autoridad no se compromete. Así que entre las tareas del INEE, de los próximos meses y años, se encuentra el seguimiento de los compromisos y acciones específicas que se realicen para incorporar las directrices en la planeación y programación educativa, a nivel local, y en el ámbito federal.

Como lo ha señalado la literatura, no existe una relación lineal entre evaluación y mejora; la evidencia que aportan la investigación y la evaluación no es suficiente para lograr los cambios que éstas sugieren. Por ello, la capacidad de las directrices para influenciar la toma de decisiones no sólo dependerá de su utilidad, relevancia y oportunidad, sino también del cabildeo y seguimiento que se les dé a las acciones que comprometan las autoridades, entre otras cosas. Aquí la sociedad civil organizada y la academia pueden jugar un rol muy importante, al funcionar como voceros de las directrices y aliados de las propuestas que éstas incluyen, y exigir la rendición de cuentas del sistema educativo.

*Académica del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Texto publicado en el blog de Educación de Nexos.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/las-directrices-del-inee-una-oportunidad-para-la-mejora-educativa/

Imagen: www.educacionfutura.org/wp-content/uploads/2016/08/CqtwtjpUsAE8Zi2-768×576.jpg

Comparte este contenido: