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Maxi: el niño que escribió cuentos para “ayudar a cambiar la educación” hacia un modelo más inclusivo

Por Facundo Franco

Reclama otra forma de aprender para él y sus compañeros.

Maxi terminó segundo año de liceo en 2018, pero no está conforme con la forma en que está planteado el sistema educativo. El niño está diagnosticado con el Síndrome de Asperger, que se incluye entre los trastornos del espectro autista, y escribió una serie de cuentos en los que deja claro su deseo de que el sistema se adaptara más a él y sus compañeros, en lugar de ser a la inversa. Todas las historias están registradas en un blog llamado Maxicuentos, en el que explicita que las historias, basadas en hechos reales, se basan en su intención de “ayudar a cambiar la educación”. La iniciativa fue una sugerencia de Alejandra Balbi, docente de la Universidad Católica del Uruguay y directora académica de secundaria en el colegio Stella Maris, al que el niño concurrió el año pasado. En diálogo con la diaria, Balbi explicó que a raíz de varias charlas con el niño, le sugirió que plasmara sus ideas en forma escrita, algo que también fue trabajado con sus compañeros (ver recuadro). Incluso llegó a escribir una carta dirigida a la ministra de Educación y Cultura, María Julia Muñoz.

En su primer cuento, el niño narra la historia de Serafín, a quien no le gusta ir a clases porque es “muy estresante: ponían calificaciones con nota, eran muchas materias, había parciales, pruebas y escritos”. Además, “cuando tenía que escribir lo obligaban a usar el cuaderno y a él le parecía más cómodo la tablet o la computadora”, sumado a que no le gustaba que lo rezongaran “por un día llegar tarde”, ya que “él era muy responsable”. Por su parte, el personaje del cuento y sus compañeros de clase se quejan de la elevada cantidad de materias que tienen en el liceo y reclaman por la existencia de musicoterapia para cuando están “nerviosos o ansiosos”.

Integración

En el colegio Stella Maris se organizó una actividad en la que los compañeros de clase de Maxi leyeron los cuentos que escribió e hicieron dibujos que los ilustran, que son los que están publicados en el blog. Según contó Balbi, esa actividad sirvió para que los compañeros de clase entendieran mejor lo que sentía Maxi ante distintas situaciones que para ellos eran naturales.

“Serafín quería cambiar el programa del aula, quería que fuera muy diferente. Y si hay un espacio de juego que no sea de ganar y perder, o si no que vean una película o salgan por el barrio, de manera de evitar ese mal momento. Quería que haya un aula para chicos y chicas que no están conformes con el nivel educativo común, no tenían que ser discapacitados como en el aula especial que había en una de las escuelas [a las] que fue. Podría ser para chicos Asperger o también para chicos que por su manera de ser no se sintieran cómodos en el aula común”, narra, y cierra: “Serafín siempre odió el aula. Sin embargo, siempre quiso aprender”.

Hora del recreo

En otro de los cuentos, Maxi cuenta por qué el personaje, llamado Gerónimo, “no disfrutaba de los recreos: “Pensaba… a competir se va a un campeonato, no hay que competir en un recreo, un recreo es para divertirse, para descansar, para comer la merienda, para charlar, no para competir, igual que cuando juegas en tu casa o en la casa de un amigo o amiga”.

Además, el personaje “pensaba que hay chicos a los que no les gusta competir porque no les gusta perder, no les gusta que haya mejor ni peor y que no se sienten bien con eso, algunos lo expresan y otros se lo guardan”. Pero Gerónimo tampoco disfruta de la hora del almuerzo en el colegio, porque siente mucha ansiedad cuando le dan alimentos que no son preparados por alguno de sus padres.

Lucía, protagonista de otro cuento, no disfruta de las clases de Educación Física. Por el contrario, “pasaba muy incómoda porque la hacían competir en fútbol, carreras, básquetbol, manchado, hándbol, atletismo, lanzamiento de bala, salto largo, tenis, etcétera”. “Lucía quería cambiar el sistema de educación física porque sabía que tenía que ir igual, aunque se sintiera incómoda. Pensaba… acá se viene a hacer ejercicio físico para estar saludable, no se viene a competir. También pensaba no hacer educación física en el colegio, hacerla con un entrenador personal o en el club, en algo que no la hicieran competir”, agrega el relato.

En el cuento Gerónimo soñaba con un aula perfecta el autor deja entrever algunas de las claves que, según su entender, debería incorporar el sistema educativo. Por ejemplo, que se pueda escribir en la computadora o tablet y no sólo en el cuaderno, que la matemática se aprenda con el dinero “de lo que venden en el taller de cocina”, y que “los momentos recreativos, lúdicos o la hora del recreo no sean con juegos de ganar y perder”. En suma, “que tengan un taller de cocina pero no para comer lo que elaboran sino para salir a vender por el barrio y que ese dinero se recaude para que las escuelas públicas tengan más acompañantes pedagógicos, más aulas como estas, más auxiliares de clase, más profesores de educación física”. Otras ideas que se plantean son que “cuando alguien cumple años, en lugar de hacer merienda compartida podrían hacer cine compartido y el cumpleañero o la cumpleañera elegiría la película”, y “que a música vayan todos, que no sea como en un colegio que conoció, donde a coro iban algunos”. También se propone que haya plástica, donde “aprendan sobre museos, información sobre la pintura, los pintores, sobre las técnicas que usan y aprecien el arte”, y que en informática “aprendan a manejar mejor la tecnología para acceder a las informaciones que les interesan y la puedan usar también ahí en el conocimiento de los museos”.

Cambiar el chip

Maxi pasó por varios centros educativos, y ese periplo inspira la historia Cuánto colegio recorrieron los padres de Gerónimo, en la que cuenta que el personaje pasó por cinco centros educativos, pero sus padres recorrieron muchos más. Balbi, formada como psicopedagoga, ha tenido a su cargo la tarea de trabajar en la inclusión de los niños que requirieran algún tipo de adaptación en el colegio al que Maxi asistió en los últimos años. Según reflexionó, históricamente se ha considerado que la inclusión era un problema de los alumnos y, por lo tanto, estos “debían ser ‘reparados’”, lo que explica el surgimiento de las aulas especiales o de los acompañantes terapéuticos.

En cambio, para Balbi el foco debería estar puesto en “cómo pasar del estudiante con problemas de aprendizaje al currículo con problemas de aprendizaje” o, en otras palabras, dejar de mirar al “alumno problema” para lograr un “enfoque más sistémico” y “romper con el mito” de que todos tienen que aprender lo mismo y de la misma forma. Según agregó, esto implica “romper el paradigma del docente parado frente a la clase” para dar su clase magistral, donde “el dispositivo de enseñanza es puramente auditivo”. Para Balbi, para aprender con esa metodología docente es necesario que el estudiante tenga una motivación académica muy importante, y, por ejemplo, esa dinámica no es muy compatible con quienes incorporan los conocimientos de una forma más visual. En ese sentido, habló de las bondades del modelo del “aula invertida”, en el que no es el docente el que va a la clase a exponer contenidos, sino que genera dinámicas de trabajo para que los estudiantes trabajen en grupo, por medio de un rol de acompañamiento. “Ahí descubrís la diversidad, que niños con discapacidad aprendieron muchísimo y que otros sin discapacidad no están aprendiendo nada”, ilustró.

Si bien señaló que “siempre es mejor tener recursos” para implementar este tipo de estrategias, no son una condición imprescindible. Según agregó la docente, “la literatura en el tema muestra que los profesores tienen mucho miedo al cambio” y a que por dos o tres estudiantes no aprenda el resto. Otra dificultad que nombró es el poco tiempo para planificar este tipo de propuestas. En ese sentido, Balbi señaló que “los modelos que tienen buenos resultados le dan tanta importancia al trabajo en el aula como al de fuera”, algo que no pasa en Uruguay, donde los docentes son contratados mayoritariamente en función de horas aula. Por lo tanto, indicó que, sin tiempo previsto para planificar, se tienden a repetir modelos de clases anteriores. Balbi señaló que para eso los profesores no necesitan de otros recursos técnicos y alcanza con que rompan con el trabajo en solitario. Según dijo, para la inclusión educativa resulta clave la noción de “comunidades de aprendizaje” y generar acciones en ese sentido, como entrar a la clase de otros colegas y tener tiempo de intercambiar. Balbi señaló que de esa forma “se aprende mucho más” que en conferencias o en simposios. En suma, otra noción importante para trabajar de esta forma es la del aprendizaje basado en proyectos, que en el caso de secundaria se traduciría a “no ir con la disciplina al aula”, sino “generar preguntas y después traer las disciplinas” para abordarlas.

En términos más institucionales, Balbi entendió que los centros educativos tienen la responsabilidad de asegurar la inclusión de los niños, algo con lo que no siempre se cumple. La propia historia de Maxi es una muestra de ello, ya que sus padres muchas veces recibieron como respuesta que determinado colegio “no era para su hijo”, lamentó.

Referentes

Mel Ainscow, Tony Both y Gerardo Echeita son señalados por Balbi como los mayores referentes en materia teórica en temas de inclusión educativa a nivel mundial. Según contó, en Uruguay hay redes que ponen el foco en la discapacidad y otras que lo hacen en la inclusión. Sobre estas últimas, nombró a algunos impulsores y estudiosos del tema, como Mercedes Viola e Ignacio Navarrete.
Fuente: https://educacion.ladiaria.com.uy/articulo/2019/2/maxi-el-nino-que-escribio-cuentos-para-ayudar-a-cambiar-la-educacion-hacia-un-modelo-mas-inclusivo/
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Especialista argentina destacó la importancia de trabajar en la autorregulación emocional de los niños

Por Facundo Franco

 

La investigadora cuestionó que se evalúe la conducta pero no se enseñe a cambiarla.

El Programa de Cognición y el equipo de desarrollo del Inventario de Desarrollo Infantil de la Facultad de Psicología organizaron una conferencia en la que una investigadora argentina presentó algunas ideas para entender a la autorregulación como “un camino para mejorar la educación”. Lorena Canet Juric, que trabaja en la Universidad Nacional de Mar del Plata y en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina, señaló que existe un solapamiento del concepto de autorregulación con el de autocontrol y el de control cognitivo y de funciones ejecutivas, ya que tienen aspectos en común que llevan a que los investigadores los utilicen como sinónimos. No obstante, Canet Juric señaló que si bien existe un tipo de autorregulación que tiene que ver con el control automático del comportamiento por parte del individuo, ella se centra en estudiar aquel en el que intervienen el esfuerzo y los procesos deliberados que llevan a la persona a adaptarse para conseguir determinada meta u objetivo.

Según diferenció la académica, el autocontrol es una parte de la autorregulación, que concretamente se encarga de priorizar los objetivos a largo plazo “frente a tentaciones en el aquí y el ahora”. “Cuando tengo la meta de terminar una carrera, me encuentro permanentemente con tentaciones de cosas que son más divertidas y no quiero sentarme a estudiar cosas que no siempre me interesan o me gustan”, detalló la investigadora. Según explicó, en ese momento interviene la memoria del trabajo, “que sostiene de manera activa y consciente la meta en la cabeza de las personas”. Por su parte, señaló que la inhibición “tiene que ver con tener despejada esa meta” respecto de interrupciones o amenazas para su concreción, mientras que la flexibilidad permite cambiar de foco cuando los otros mecanismos no funcionan.

“Ahora está de moda el estudio de la autorregulación, porque en el mundo en el que vivimos las tentaciones están al orden del día, es una época de sumo sedentarismo, de incorporación de tecnología. Tenemos a la generación T, compuesta por los que tienen entre cinco y 14 años y que, a diferencia de los adultos, ya nacieron con internet y lo digital incorporado. Todavía no podemos ver los alcances de esto. Son niños que tienen muy poco espacio de descarga física y motora, algo que tiene una implicancia en el contexto escolar, y están capturados por lo tecnológico”, consideró la especialista.

Indicó que a partir de distintos experimentos, la ciencia ha demostrado que a los niños con más autorregulación les va mejor en la vida adulta y son más felices. No obstante, remarcó la idea de que esas habilidades pueden ser cambiadas, y allí es donde la educación emocional puede jugar un papel importante.

Preguntas

“Para un niño, ¿es divertido estudiar? ¿Es divertido estar cuatro horas escuchando a un docente que muchas veces le transmite contenidos que no le interesan para su vida diaria y para su devenir en el transcurso escolar? ¿Es fácil para un niño estar sentado tantas horas sin poder pararse constantemente, cuando no es el mismo niño que hace 40 años? El niño de ahora no tiene vereda, no tiene juego libre; hace muchas actividades de educación física pero todas regladas, no tiene posibilidad de practicar su autorregulación. Andá a convencerlo de que para su vida es más importante quedarse sentado escuchando lo que dice la maestra que levantarse 20 veces a pedirle la goma a un compañero, cuando cada vez que lo hace hay tres niños que se matan de la risa”, consideró Canet Juric, para quien la educación debe tener el “objetivo primordial” de convencer al niño de su importancia, porque en la infancia es algo que no suele tenerse tan claro. En suma, agregó que el aprendizaje no es una práctica tan placentera como otras a las que pueden acceder los niños y jóvenes.

A partir de sus investigaciones en Argentina, la especialista señaló que la mayoría de los niños piensan que en la escuela fallan en actividades como prestar atención en clase, revisar las tareas antes de entregarlas, irse a dormir temprano para no estar cansado a la mañana siguiente, hacer los deberes cuando llegan a su casa y no postergarlos, evitar “chusmear”, escuchar al otro, hablar amablemente y controlar el temperamento.

Por el lado de los maestros, desde el proyecto que integra han realizado capacitaciones en la que se les pide que evalúen a un niño en base a información del rendimiento académico y de comportamiento. “En la mayoría de los casos el comportamiento pesa más que el rendimiento académico”, dijo la experta, y consideró que eso suele reflejarse en el carné escolar. “Eso no estaría mal si yo le diera herramientas al niño para mejorar en su comportamiento escolar; yo estoy evaluando algo que no enseño”, opinó.

En acción

Acerca de las posibilidades de intervención en autorregulación, la especialista señaló que en el mundo existen muchos programas que tienen varias metodologías y enfoques. En el caso argentino, contó que hay cinco grandes grupos que trabajan en intervención; algunos más enfocados en los procesos –llevan a cabo entrenamientos en funciones ejecutivas– y otros en autorregulación en contexto escolar, que a veces hasta se incluye como materia.

Consideró que las intervenciones efectivas tienen actividades que se siguen unas de las otras, además de organizarse de acuerdo a los grados escolares. En suma, señaló que se debe saber qué es lo que se va a trabajar en cada caso y no cambiar de tema hasta que los escolares lo aprendan, y que el niño también debe saber en qué se está capacitando.

Acerca del proyecto que ella integra en Argentina, el Programa de Autorregulación Socioemocional, contó que se está implementando desde hace tres años. Según dijo, cuenta con los objetivos de tener más conocimiento sobre el desarrollo de habilidades para saber sobre qué aspectos se puede obtener modificaciones, y, al mismo tiempo, desarrollar un espacio de prácticas de habilidades en el contexto escolar. Canet Juric indicó que trabajan principalmente en instituciones educativas con un modelo adaptado por el propio proyecto.

Entre las dificultades, mencionó que las escuelas no siempre les dan lugar para investigar y trabajar con los niños, y que también se han encontrado con oposición de los padres y de los docentes, además de que existe falta de apoyo de organismos gubernamentales. En suma, los obstáculos a la hora de ingresar a escuelas públicas los han llevado a trabajar mayormente en colegios privados.

Según explicó, intervienen primero sobre la mentalidad de cambio de los niños, o sea, sobre la creencia acerca de si sus habilidades pueden ser fácilmente cambiadas o no, y en una segunda etapa intervienen sobre el autocontrol. La especialista explicó que debe seguirse ese orden porque al principio es necesario “cambiar la idea que tienen los niños de que no pueden cambiar nada”. Para Canet Juric, ello tiene una consecuencia fuerte en el aprendizaje, tanto académico como emocional: “Si no puedo cambiar, ¿para qué me voy a esforzar? El que tiene mentalidad fija piensa que nació así y no va a cambiar”, reflexionó. De todas formas, señaló que también es necesario trabajar con los niños a los que les suele ir bien académicamente, “porque se les cae el mundo si un día les va mal” y no están dispuestos a reconocer que pueden tener alguna dificultad.

Detalló que en el programa trabajan los aspectos emocionales de forma gradual en un transcurso de tres años. Además, se enfocan en contenidos específicos como el reconocimiento de mentalidad y de situaciones y la reflexión sobre los constructos como la noción de obstáculo o de estancamiento. En materia de autocontrol, se trabaja con contrastación mental, acertividad, amabilidad, optimismo, valoración de sí mismo, entre otros. Además de realizar actividades en el centro educativo, encomiendan tareas domiciliarias que los estudiantes deben hacer con sus padres; por ejemplo, se tienen que contar mutuamente cosas que les dan miedo.

Algunas de las evaluaciones del programa realizadas por los niños, que compartió la investigadora, señalan que los escolares aprenden a autocontrolarse cuando están “tristes y enojados”, “a no frustrarse y no caer en el abismo”, “a ayudar el otro cuando está triste”, y también a valorar “el poder del todavía no me sale”.

Fuente del artículo: https://educacion.ladiaria.com.uy/articulo/2018/7/especialista-argentina-destaco-la-importancia-de-trabajar-en-la-autorregulacion-emocional-de-los-ninos/

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Protocolo de inclusión educativa para personas con discapacidad se ve como el inicio de un proceso que busca generar debate

Por: Facundo Franco

Si bien era pleno junio, los 18 grados eran propicios para estar al aire libre, más allá del revoloteo de algún mosquito. La actividad convocaba a ir a la sede de la Cátedra Alicia Goyena del Consejo de Educación Secundaria, o Casa de Alicia –como se le llama desde hace algún tiempo–, a construir colectivamente una “educación inclusiva”. Si bien el tema planteado, la inclusión en el sistema educativo de personas con discapacidad, requiere mucho pienso, para lograr dicho objetivo también es necesario rever el vínculo con el cuerpo.

Es por ello que antes de las habituales exposiciones orales en este tipo de instancias, la educadora Denisse Neumar, en un taller con el título “Todo se mueve”, invitó a aprender distintas dinámicas que a su vez sirvan para “transformar todos juntos”. En concreto, buscó dotar de herramientas a educadores para replicar ese tipo de dinámicas con el objetivo de romper el hielo en grupos cuyos integrantes no se conocen, o favorecer aprendizajes que no necesariamente se logran por medio de la exposición oral o escrita de conocimientos. La tallerista explicó que esas dinámicas sirven para trabajar la discapacidad de una forma corporal, pero también para abordar otro tipo de temas. Por ejemplo, mencionó que en algunos momentos, al trabajar con niños o adolescentes es necesario “canalizar las energías” del grupo, y para ello puede ser útil plantear alguna dinámica que requiera movimiento. Por lo tanto, señaló que es posible “cambiar el modo de dar una clase” y salir de las metodologías más tradicionales y transmisivas.

Ya adentro de la sala de conferencias de la Casa de Alicia, se intercambió sobre la situación de la inclusión para las personas con discapacidad en el sistema educativo uruguayo y se habló en particular sobre el Protocolo de actuación para la inclusión de personas con discapacidad en los centros educativos. Dicha norma reglamenta parte de la Ley de Protección Integral a las Personas con Discapacidad y fue sancionada mediante un decreto presidencial el 20 de marzo, luego de un proceso de discusión y consulta promovido por la Comisión de Continuidad Educativa y Socio-Profesional para la Discapacidad del Ministerio de Educación y Cultura (MEC). El protocolo debe aplicarse tanto en la educación pública como en la privada. Entre otras cosas, prevé que los entornos y materiales de trabajo en los centros educativos sean accesibles física, comunicacional y cognitivamente, además de que para garantizar el acceso de las personas con discapacidad, desde la institución se ofrezcan los apoyos y ajustes necesarios.

Una herramienta

Jorge Méndez, coordinador de la Comisión de Continuidad Educativa y Socio-Profesional para la Discapacidad del MEC, explicó que el protocolo comenzó a gestarse en 2016 y busca revertir la situación de “familias que acumulan dolor por el rechazo” del sistema educativo, pero también de la sociedad en general, ya que se visualizó como un problema el hecho de que no existe una política pública unificada para las personas con discapacidad. Si bien dijo que en el Estado hay instituciones que trabajan articuladamente, planteó que eso “es complejo”, y, por ejemplo, ilustró que para la elaboración del protocolo no fue sencillo ponerse de acuerdo en algunos puntos, por lo que consideró que es difícil llegar a consensos en el tema.

Méndez planteó que se trata de una herramienta “perfectible” que va a ser evaluada y por tanto puede incorporar, cambiar o suprimir contenido, y al mismo tiempo señaló que se trata sólo de un instrumento, porque la inclusión “no se decreta ni se puede hacer un recetario” para que se cumpla. Según añadió, se trata del inicio de un proceso “que permite discutir el tema desde otro lado”, generar debate, “empoderar” a los actores y al mismo tiempo reconocer buenas prácticas. En suma, Méndez indicó que la norma “invita a perder el miedo y a darle lugar al otro”, en referencia a las personas con discapacidad y a sus familias. No obstante, dijo que es importante que otras instituciones del Estado acompañen las acciones, que no pueden quedar exclusivamente en manos del sistema educativo.

Para Méndez, también es necesario jerarquizar el tema en la formación de los docentes, que actualmente no tienen formación obligatoria en discapacidad. En ese sentido, destacó la existencia de un buen diálogo con actores del Consejo de Formación en Educación, que actualmente está discutiendo el cambio de sus planes de estudios. Al mismo tiempo, consideró que en Uruguay se necesita “más investigación en educación y no sobre educación”, en referencia a la necesidad de generar más estudios sobre pedagogía. Como síntesis, señaló que para que la educación sea inclusiva se debe dar un cambio de paradigma, y para ello se requiere de “mucha reflexión” y de preguntarnos “cómo podemos ser accesibles”. “Si no lo sabemos les preguntamos a otros, a otros docentes o a la propia familia”, se respondió. Según Méndez, es necesario dejar “que la discapacidad nos interpele” y “romper barreras internas para darle lugar al otro en el sistema”.

Falta

Silvia Prida, profesora de literatura y militante por los derechos de las personas con discapacidad, consideró que contar con un protocolo firmado por el presidente de la República “es muy importante e implica un cambio”. Según dijo, las personas con discapacidad en Uruguay históricamente han estado “encerradas” y “segregadas”, al tiempo de que se partía de la idea de que el solo hecho de poner a la persona con alguna discapacidad en un espacio común haría que se pareciera a los demás, según dijo. Para ilustrar la falla de ese sistema, contó la experiencia de dos estudiantes con síndrome de Down que ingresaron al liceo sin saber escribir su propio nombre, ya que en la escuela las maestras los sacaban de la clase durante buena parte del tiempo de aula.

La profesora advirtió que la inclusión es difícil de lograr, y que para ello se requieren dos bienes escasos: tiempo y dinero. Si bien dijo que actualmente hay dos centros de recursos para personas con discapacidad en secundaria que funcionan muy bien, uno para ciegos y otro para sordos, consideró que ello no es suficiente. Por ejemplo, advirtió que dentro del panorama de dificultad de acceso, las discapacidades intelectuales son las que quedan más relegadas en el sistema educativo, porque “todos les huyen”. Al respecto, consideró que la idea de que las personas con una discapacidad de ese tipo no pueden aprender “es falsa”, y para argumentar citó el trabajo de Miguel López Melero en materia de neurociencia. Según dijo, a partir de su trabajo puede afirmarse que la inteligencia en las personas se desarrolla en la medida en que tienen oportunidades para hacerlo y que “no todo está en los genes”.

Prida consideró inadmisible que haya excluidos de la educación en una sociedad democrática y reclamó la existencia de una política en la materia que vaya desde las autoridades a los docentes, pero también en la dirección contraria, ya que señaló que el compromiso de los últimos es fundamental. Por ejemplo, planteó que muchos docentes sin formación específica en la materia han logrado buenos resultados con personas con discapacidad “a ensayo y error”, probando qué cosas dan mayor resultado.

En particular, Prida se refirió a las personas con síndrome de Down, de quienes dijo que la sociedad uruguaya tiene “representaciones equivocadas”, generadas a partir de “mitos y prejuicios”. Según explicó, los prejuicios tienen que ver con “un error” del doctor John Down, quien hace años asoció el síndrome con grupos nómadas de Mongolia. Para revertirlo, llamó a “sacarnos las vendas de los ojos” y poder ver que, más allá de que haya personas con una discapacidad, al mismo tiempo tienen “muchas otras capacidades”. Como ejemplo, señaló el caso del maestro y escritor español Pablo Pineda, quien tiene síndrome de Down y da charlas y conferencias por todo el mundo. Al mismo tiempo, proyectó videos que muestran los casos de una consejera municipal en España y de una maestra preescolar en Argentina, ambas con síndrome de Down.

La profesora concluyó su exposición con la definición de inteligencia planteada por López Melero, que fue leída por su hija, que también tiene síndrome de Down. Según dicha definición, la inteligencia es “la emoción por conocer”: cuando un estudiante está interesado en algo, lo aprende.

 Fuente: https://ladiaria.com.uy/articulo/2017/6/protocolo-de-inclusion-educativa-para-personas-con-discapacidad-se-ve-como-el-inicio-de-un-proceso-que-busca-generar-debate/

 

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