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El éxito de la educación portuguesa y qué debería aprender España de ellos

Por Héctor G Barnés.

Hace dos décadas, nuestros vecinos se enfrentaban a malos resultados en PISA y a un alto abandono escolar. Hoy, la situación es completamente diferente. ¿Qué hicieron?

“Un gran problema que Portugal debe solucionar está relacionado con las demandas de la economía del conocimiento y los bajos niveles de rendimiento mostrados por los alumnos en el examen PISA de 2000. En lectura se encuentra por debajo de la media (474 puntos). Lo mismo ocurre con matemáticas (466) y ciencias (474)”. Estas eran las frases que cerraban el capítulo dedicado a nuestro país vecino en el libro ‘Los sistemas educativos de Europa’, escrito por Carlos Fino y Jesus Maria Sousa, catedrática de Ciencias Sociales en la Universidad de Madeira. Una década después, la situación ha dado un giro de 180 grados y Portugal ha pasado a convertirse en un sorprendente ejemplo de mejora radical educativa.

En parte, por haber dado un vuelco a esos malos resultados, convirtiéndose en el país que asciende a mayor velocidad en PISA, mientras otros gigantes como Finlandia ven cómo su rendimiento desciende: 501 puntos en ciencias (por 493 de España), 498 en lectura (por 496 de España) y 492 en matemáticas (por 486 de España). No es una mera cuestión de cifras. Además, Portugal ha conseguido una escuela pública de calidad, igualitaria, con muy buena reputación social y que ha conseguido atajar uno de sus grandes problemas. “Ha logrado reducir el abandono escolar temprano en un 25%, de 38,5% a 13,7%”, recuerda Susana Agudo Prado, profesora de Ciencias de la Educación de la Universidad de Oviedo que ha estudiado la educación inclusiva en España y Portugal.

El énfasis en los ciudadanos y la participación democrática es una diferencia sustancial entre la actitud de España y la de Portugal“Se ha hecho un gran trabajo a lo largo de los años para soltar el lastre de un pobre sistema educativo heredado de la dictadura, por ejemplo abriendo la educación a todos los ciudadanos independientemente de su origen, atajando el analfabetismo o abriendo el país a una sociedad moderna”, explica a El Confidencial Diana dos Santos Sousa de la University College de Londres, especialista en la educación de su país. Las reformas que se pusieron en marcha tras la llegada de la democracia en los años 70 era revertir las desigualdades generadas tras décadas de represión. “La educación portuguesa, hoy en día, sigue estando muy influida por las ideas de izquierda, aunque quizá ahora con un poco menos de fuerza”, añade Dos Santos Sousa.

Las bases del sistema educativo del país vecino se sentaron en 1986, con la conocida como Ley de Bases del Sistema Educativo, que estableció la mayoría de principios que siguen vigentes hoy desarrollando los principios de “igualdad de oportunidades” de la Constitución, apuntalados a través de reformas que, no obstante, no han alterado sus ideas esenciales. “Puede decirse que el tono ideológico de la Constitución Portuguesa, con su énfasis en los ciudadanos y la participación democrática es una diferencia sustancial entre la actitud de España y la de Portugal respecto a la educación”, opina la investigadora de la institución inglesa.

Al contrario que en España, la mayoría de familias de Portugal suelen elegir centros públicos porque tienen buena fama

A simple vista, una diferencia sustancial entre nuestro país y el vecino es la proporción entre colegios privados y públicos. En Portugal, alrededor de un 82,6% de los niños acuden a colegios públicos, un 4% a concertados y el 13% restante a privados; en España, el porcentaje en concertada y privada asciendehasta el 28 y el 4, respectivamente, mientras que la pública se queda en el 68%. En Portugal, la cantidad en los concertados ha descendido después de que el Gobierno socialista de Antonio Costa haya decidido poner fin a más de la mitad de subvenciones a estos centros.

“Al contrario que en España, la mayoría de familias de Portugal suelen elegir centros públicos para enviar a sus hijos porque están bien valorados por la sociedad en general”, recuerda a El Confidencial Jesus Maria Sousa, que diagnosticó los males del sistema portugués en 2007. A pesar de los recortes, Portugal destina alrededor del 5,1% de su PIB a educación, mientras que en España se encuentra en un 4,1%. Sin embargo, como recuerda la profesora, aunque durante años el objetivo ha sido mejorar en PISA, los objetivos del gobierno de Costa forman parte de “una tendencia contra el entrenamiento para los exámenes”.

La mejora, a través de los profesores

Todos los expertos coinciden en que gran parte de los buenos resultados de Portugal se deben a la preparación de los demandados profesores, una de las más exigentes en la Unión Europea. Un informe de la OCDE sobre profesores portugueses recordaba que su formación “incluye preparación inicial (incluidas prácticas), tienen un aprendizaje continuo obligatorio y se benefician de altos salarios”. “Portugal pertenece al reducido grupo de países que piden un máster para ejercer, ya sea en la guardería, en primaria o secundaria”, explica Sousa.

A diferencia de lo que ocurre en otros países, los profesores comienzan a hacer prácticas desde muy pronto, ya en el primer semestre del primer año de la carrera. Los docentes que darán clase en primaria (que es considerada la base del resto de sistema educativo) deben enfrentarse a dos exámenes: Lengua y Matemáticas. Que, no por casualidad, son los dos ámbitos donde más ha mejorado Portugal en PISA, lo que muestra que gran parte de los esfuerzos han estado destinados a revertir la tendencia que se puso de manifiesto en los exámenes del año 2000.

Hay una fuerte apuesta por mejorar la experiencia de aprendizaje de los estudiantes formando a los docentes en innovación

“Hay similitudes entre el sistema educativo español y el portugués, la estructura y los recursos tienen grandes parecidos”, añade Susana Agudo. “La clave puede encontrarse en los factores de carácter procesual, apostando por la formación de los docentes para que tengan gran abanico de recursos y herramientas metodológicas para enseñar y atiendan a la diversidad de formas que el estudiante tiene de aprender”. La profesora de la Universidad de Oviedo incide en “la fuerte apuesta por el ‘proceso’, por mejorar la experiencia de aprendizaje de los estudiantes formando a los docentes en metodologías innovadoras”. Algunas de ellas, recuerda la Comisión Europea, se imparten en el currículo de Educación para la Ciudadanía.

Descentralización e independencia

España es uno de los países más descentralizados de Europa en lo que a educación se refiere, con un gran número de competencias transferidas a las comunidades. Portugal, no obstante, no se queda atrás, y ha dado un paso más allá ofreciendo a los centros educativos una gran autonomía. “En contraste con nuestra vieja costumbre de centralización, el currículo nacional puede ser parcialmente descentralizado en proyectos curriculares de colegios y clases, según los intereses y necesidades locales”, explica la profesora de la Universidad de Madeira. Eso sí, matiza que es así “al menos en un plano ideal”.

Alumnas de la FP portuguesa. (Reuters/Jose Manuel Ribeiro)
Alumnas de la FP portuguesa. (Reuters/Jose Manuel Ribeiro)

Como señalaba el informe de la OCDE, esto ha sido posible gracias a un decreto del año 2008 que daba un mayor peso a los ayuntamientos en la financiación de las escuelas en la hora de contratar al personal no docente y las infraestructuras. En 2012, la reforma del currículo dio mayor autonomía a cada centro a la hora de decidir sobre los contenidos lectivos y sucesivas leyes han reforzado la capacidad de decisión del director del centro. Diana dos Santos recuerda que los principios organizativos de la educación de preescolar fueron revisados en 2016.

La gran victoria contra el abandono escolar

Si los datos de PISA son llamativos, aún más relevantes son las medidas para combatir el fracaso escolar, que en 2002 se encontraba en nada menos que un 41%. Aunque aún sigue siendo uno de los países con un nivel más alto (un 13,6%), el cambio de tendencia parece casi milagroso. Es, en parte, consecuencia de la ya citada independencia de los centros, cuya flexibilidad de currículum permite que los colegios diseñen programas individualizados para los alumnos en riesgo de fracaso. En parte, fomentando alternativas como la formación profesional que “permiten que no salgan del sistema educativo”, como explica Sousa. Un puente que también permite alcanzar la universidad una vez se concluye.

Tendencias en abandono temprano: Portugal comenzó peor que España, pero ha terminado superándola. (Fuente: Comisión Europea)
Tendencias en abandono temprano: Portugal comenzó peor que España, pero ha terminado superándola. (Fuente: Comisión Europea)

Un hito reciente es el conocido como Plano Integrado e Inovador de Combate ao Insucesso e Abandono Escolar, lanzado en 2012 con una serie de medidas entre las que se encontraban planes personalizados de estudio a los alumnos de primaria que presentaban dificultades o la creación de nuevos cursos de Formación Profesional. A finales de los 80, no obstante, el PIPSE (Programa Interministerial de Promoción del Éxito) ya intentó hacer frente a este problema. “Portugal está haciendo frente a uno de los problemas actuales más alarmantes: el fracaso escolar”, recuerda Susana. En España, la tasa de abandono es del 19%, más de cuatro puntos por encima de nuestros vecinos.

Y ahora, ¿qué? El regalo envenenado de PISA

Portugal se encuentra en una encrucijada educativa. Los expertos portugueses recuerdan que la coalición de izquierdas liderada por Antonio Costa se centrará en algunos de los aspectos educativos que se han dejado de lado, como “el pensamiento crítico y analítico o aspectos relacionados con lo social y político”, en opinión de Jesus Maria Sousa. Es una de las paradojas del aparente éxito portugués en los exámenes de la OCDE (que, como recuerda, se trata un organismo económico) que, en opinión de la catedrática, pasa por haber “concentrado en Matemáticas y Lengua tiempo, recursos y créditos educativos”. Es más, el TIMSS, que mide el rendimiento en ciencias, mostró un descenso del país portugués en el año 2016.

Es posible que de manera paulatina vayamos asistiendo a una reducción de servicios como los colegios concertados

Es una dificultad que reconocía el propio ministro de Educación, el ingeniero químico Tiago Brandao, al afirmar que “en muchos centros, los profesores vivían más pendientes de preparar a sus alumnos para esos exámenes y que obtuvieran buena nota que del aprendizaje en sí”. Algunas de las nuevas medidas, de hecho, no tienen un reflejo inmediato en las notas de los alumnos u otras mediciones. Es una de las trampas del éxito, como advierte Sousa: “Si un país sale o no bien parado en el examen está influido por que su currículo se centre en enseñar las habilidades que PISA pone a prueba”.

En el horizonte, al igual que en España, se avecina un cambio demográfico que hará que los dos países ibéricos tengan que replantearse la estructura de su sistema. Como recuerda la profesora Agudo, la natalidad en Portugal se encontraba en 2016 en el 8,4% (un 8,8% en España), datos “muy bajos”. “Con el descenso de niños en edad escolar, el Estado puede encontrarse que son suficientes los centros públicos con los que cuenta para dar respuesta a la demanda”, explica. “Es posible que de manera paulatina vayamos asistiendo a una reducción de la contratación de servicios externos (simplemente, porque no se necesitan)”. Una situación, con colegios concertados y centros públicos vacíos, que es común a Portugal y a algunas comunidades autónomas españolas como Asturias.

Fuente del artículo: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2018-03-15/exito-educacion-portugal-espana_1535548/

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La universidad española se rompe: Cada vez menos dinero y matrículas más caras

Por: Hector G. Barnés.

Las universidades españolas se encuentran en una difícil encrucijada de la que depende su futuro. Entre 2009 y 2015, sus ingresos no financieros totales disminuyeron un 20,2%, a causa de la caída de la financiación pública en un 27,7%. No solo eso, sino que esta reducción en inversión afecta de forma diferente a cada comunidad autónoma, algo que ocurría ya antes de la crisis, pero que se ha acentuado en los últimos años, como muestra la diferencia entre el 12,9% de La Rioja y el 33,3% de Castilla-La Mancha. Las tasas universitarias han aumentado, pero ni siquiera eso ha servido para compensar la reducción en financiación pública de las universidades españolas. Las cuentas no salen.

Son los datos que muestra el estudio ‘¿Quién financia la Universidad? Comparación entre comunidades autónomas en España, Europa y la OCDE, 2009-2015’, realizado por el Observatorio del Sistema Universitario de la Universidad Complutense, y que señala una nueva dirección para la educación superior española, más cercana al modelo británico de matrículas altas y reducción del número de alumnos. Un cambio de paradigma que considera que estudiar ofrece, ante todo, un beneficio personal al alumno, por lo que debe ser él quien costee sus estudios. Es el modelo de países donde “la financiación pública es muy inferior pero los ingresos totales son superiores”, como explica a El Confidencial la autora del informe, Vera Sacristán, presidenta del Observatorio del Sistema Universitario.

El dinero por estudiante que tienen las universidades ha disminuido, lo que ha impedido que se renueven las plantillas de profesores

La mayoría de comunidades encajaran, en opinión de la autora, ente ese modelo y otro intermedio en el que “se sigue considerando que el beneficio público de estudiar es superior, pero no consiguen hacer el mismo esfuerzo de inversión”. En el que no encaja ninguna comunidad española es en el de las regiones “donde hay una enorme financiación pública, los estudiantes no pagan por matricularse y obtienen beca-salario, porque se entiende que el trabajo de ese joven es estudiar”, matiza la investigadora. Un traducción práctica de las palabras de Montserrat Gomendio, que calificó en 2015 el sistema universitario español de “insostenible” por sus grandes tasas de acceso y el bajo coste de sus matrículas.

Foto: Observatorio del Sistema Universitario.
Foto: Observatorio del Sistema Universitario.

El gráfico muestra la diferencia entre comunidades respecto a la financiación pública de sus centros en un período en el que ha menguado en todas. Como recuerda Sacristán, esta divergencia en las decisiones de financiación “no está directamente relacionada ni con la riqueza de cada comunidad ni con el número de estudiantes que hay que atender, y por lo tanto son condiciones que no se entiende bien a qué responden, por lo que probablemente se trata de cuestiones políticas de cada comunidad”.

Foto: Observatorio del Sistema Universitario.
Foto: Observatorio del Sistema Universitario.

La financiación pública oscila entre los 8.429 euros por estudiante del País Vasco y los 4.730 euros de la Comunidad de Madrid. El valor máximo como proporción del PIB corresponde a Andalucía (0,87%) y el mínimo a las Islas Baleares (0,23%). En cuanto a los ingresos por tasas y precios públicos, el valor mayor se da en Cataluña, con 2.123€ de media por estudiante. A continuación se encuentra Madrid, con 1.715€. El importe en Cataluña es más de 2,55 veces el importe mínimo. Se trata de Galicia, con 832€.

Estos datos desvelan algo “preocupante”, en opinión de la autora, incluso en el caso de que la tendencia se modere o revierta, como muestran los datos de 2015, el último año disponible: que la cantidad de dinero por estudiante se ha reducido. Ello se traduce en que, junto a los recortes y la tasa de reposición, las universidades no puedan renovar su plantilla de profesorado e investigadores. Esto ya se reflejaba en un estudio previo realizado en Cataluña que mostraba que “las plazas de doctorandos e investigadores postdoctorales se habían reducido significativamente en los últimos años”. “Hay una generación de personas con expedientes brillantes que no han podido ingresar”, lamenta la profesora.

En línea descendente

España se encuentra actualmente muy por debajo del resto de países de la OCDE y de la Unión Europea en cuanto a gasto por estudiante; en concreto, un 13,1% en el primer caso y un 16.8% en el segundo. Un vuelco absoluto, ya que en 2009 nos encontrábamos por encima de la media de ambas instituciones; desde entonces, estas han crecido mientras que nuestro gasto ha menguado. Una vez más, vuelve a haber diferencias sustanciales entre regiones. Las Islas Baleares solo alcanzan un 82,2% de la media de España (6.479 euros por estudiante), mientras que La Rioja, que ha reducido su número de estudiantes, se encuentra un 26,9% por encima (10.000 euros).

Foto: Observatorio del Sistema Universitario.
Foto: Observatorio del Sistema Universitario.

Eso provoca que comunidades como Baleares se sitúen por debajo de países como Eslovaquia en financiación por estudiante, mientras que La Rioja se encuentre por encima de Austria. Una problemática diferencia entre regiones que ya se puso de manifiesto en el último informe PISA, que mostraba que regiones como Navarra, Castilla León o Madrid se encontraban en los primeros puestos (y mejorando) y otras como Andalucía o Extremadura en los últimos y empeorando). El estudio, no obstante, advierte de que la disminución de la financiación pública no guarda relación con la disminución de su riqueza.

Los efectos del sobrecoste económico se verán a largo plazo. La familia que ya ha decidido que su hijo va a ir a la universidad no cambia de opinión

El futuro a corto y largo plazo

¿De qué manera pueden impactar estas tendencias en financiación y coste en la sociedad española y en el número de familias que pueden permitirse que sus hijos estudien? Como recuerda Sacristán, lo más probable es que los cambios se noten dentro de unos años, quizá en la siguiente generación, no inmediatamente. “Los economistas recuerdan que en el ámbito educativo y universitario la elasticidad de la demanda es muy grande, por lo que los efectos del sobrecoste económico se verán a largo plazo”, explica la investigadora. “La familia que ya ha decidido que su hijo va a ir a la universidad no va a cambiar de opinión tan fácilmente”.

Es algo similar a lo que ha ocurrido en Gran Bretaña, donde los universitarios pueden terminar pagando hasta 10.000 libras (14.300 euros) por sus matrículas anuales. El pasado verano, los datos de UCAS (el servicio inglés de admisión universitaria) mostraban que se había producido un descenso de un 5% en el número de matriculaciones en las universidades inglesas en el curso 2016-2017, pero que los efectos del aumento de los precios en 2012 no se había notado en el lustro anterior. Otro factor a tener en cuenta es que el descenso en la natalidad de los países occidentales también impactará en el número de estudiantes.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2018-01-16/universidad-espanola-financiacion-coste_1506514/

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El futuro de la educación: hacer prácticas gratis mientras estudias Bachillerato

Por: Hector G. Barnés

Una de las ideas que se han repetido con mayor frecuencia durante los últimos años, especialmente desde que la crisis económica disparó los niveles de paro entre los jóvenes españoles, es que el sistema educativo de nuestro país y el mercado laboral siguen caminos muy distintos. Las palabras del ministro de Educación, Iñigo Méndez de Vigoapuntan precisamente en esa dirección, especialmente en lo que concierne al refuerzo de la Formación Profesional y las enseñanzas prácticas como una “alternativa educativa moderna, de calidad, especializada y que va de la mano del mercado laboral”.Íñigo

Esta orientación hacia la empleabilidad de la enseñanza formal está comenzando a reflejarse en una etapa incluso más temprana. Es decir, durante el Bachillerato (y, en ocasiones, la ESO). Es el caso, por ejemplo, del Colegio Internacional de Sevilla San Francisco de Paula, que incorporó el pasado curso la posibilidad de que sus alumnos realicen de forma voluntaria prácticas prelaborales en organizaciones de distinto perfil (tecnológicas, de comunicación u ONG). Es algo relativamente habitual en otros países donde la Formación Profesional tiene un gran peso, como Alemania. Allí, en regiones como Schleswig-Holstein, las prácticas forman parte del currículo en asignaturas como Economía y Política para que el estudiante entienda cómo funciona una empresa.

Son cada vez más los centros que ofrecen a los alumnos la posibilidad de empezar a integrarse en el mercado laboral antes de abandonar el instituto

Ello provoca que, por ejemplo, el Colegio Alemán de Bilbao oferte prácticas en empresas alemanas a los alumnos de Bachillerato, con el objetivo de que “tengan su primera experiencia profesional”. En el Colegio Virgen del Mar de Tenerife, los estudiantes de ESO y Bachillerato con mejor expediente pueden hacer prácticas en las instalaciones del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Otros centros, como el Colegio Internacional Peñacorada, llevan a cabo la ‘work experience’, unas prácticas formativas no laborales en 20 empresas diferentes de Castilla y León.

De las aulas a las oficinas. (iStock)
De las aulas a las oficinas. (iStock)

Son cada vez más los centros que ofrecen a los alumnos la posibilidad de empezar a integrarse en el mercado laboral antes de abandonar el instituto como una forma de prepararlos para lo que se avecina. “Debemos ser conscientes de que el mundo profesional está demandando habilidades que no se están evaluando”, explica el director del colegio sevillano, Luis Rey. “Podríamos dar la espalda a la realidad, y centrarnos solo en lo académico, pero estaríamos haciendo un flaco favor a nuestros hijos”. En la elaboración de los planes estratégicos del centro participan, además, empresarios y directivos del sistema productivo español.

¿A quién beneficia?

Uno de los principios en los que se basan estos proyectos es en que los alumnos adquieran aprendizajes que puedan poner en práctica en el mercado laboral antes de concluir sus estudios. Sin embargo, para Paco Ávila, responsable del Instituto Oficial de Formación Profesional MEDAC y experto en la relación entre empresa y mundo educativo, aunque “todo lo que sea sacar al alumno de su entorno y acercarle al mundo laboral es fantástico”, el final último no debería ser tanto que el alumno recibiese un aprendizaje práctico como que le sirviese de orientación a la hora de encontrar su vocación.

Deberían llevarlos a un supermercado o a un centro médico. No es una cuestión de aprender, sino de descubrir su vocación

De ahí que, en opinión de Ávila, las prácticas ideales no se centrarían en una única empresa, sino que tendrían lugar en distintos sectores profesionales en que los estudiantes desempeñasen distintos trabajos para facilitar su comprensión de los distintos entornos laborales. Ello contribuiría, por ejemplo, a reducir el número de estudiantes que abandonan prematuramente su carrera universitaria. “Con 18 años es difícil tomar una decisión, y hay mucho fracaso porque se dan cuenta de que no es lo que querían”, explica. “Deberían llevarlos a una cadena de supermercados, a una empresa de servicios o a un centro médico. No es una cuestión de aprender, sino vivencial, como un viaje”.

El Colegio Alemán de Bilbao, por ejemplo, incide en el carácter orientativo de sus prácticas. En el caso del Francisco de Paula, los propios estudiantes eligen el perfil de empresa en el que desean realizar las prácticas. El centro organiza una Feria de las Organizaciones en la que los alumnos, junto con sus padres, se informan de las características de cada una y deciden en función de sus intereses. Las prácticas prelaborales, no remuneradas, se realizan a lo largo de unas semanas, durante el verano.

Habilidades, ¿qué habilidades?

Estos proyectos pioneros en el panorama español reabren el debate del rol que debe jugar la empresa en la formación de los jóvenes. En concreto, entre los distintos roles que deben jugar la educación obligatoria —que en nuestro país llega hasta la ESO—, la posobligatoria y preuniversitaria (el Bachillerato) y la superior (grados, licenciaturas y posgrados). El Bachillerato, según la Ley Orgánica 2/2006, además de capacitar a los alumnos para la educación superior, tiene como finalidad “proporcionar a los alumnos formación, madurez intelectual y humana, conocimientos y habilidades que les permitan desarrollar funciones sociales e incorporarse a la vida activa con responsabilidad y competencia”.

El acento, en este caso, se sitúa en preparar mejor a los alumnos para un entorno profesional que, se entiende, dista mucho de lo que se aprende en la escuela. “El informe sobre el futuro de los empleos del Foro Económico Mundial fue tan taxativo como elocuente: las habilidades técnicas necesitarán ser fuertemente complementadas por facultades sociales y de colaboración”, señala el San Francisco de Paula. Para Jurjo Torres, catedrático de Didáctica y Organización Escolar en la Universidad de A Coruña y autor de ‘Políticas educativas y construcción de personalidades neoliberales y neocolonialistas’, esto se traduce en “prácticas en el mundo de las grandes empresas, pero como ‘empresarios, directivos y ejecutivos”.

En su opinión, el programa está “obsesionado por encaminar la vida futura del alumnado hacia el mundo empresarial” (y hacia las STEM, es decir, ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas) y considera que “en ningún momento se le hace analizar críticamente el mundo de la empresa capitalista: la justicia de la organización empresarial, del sexismo dominante, el grado de participación democrática, la ética que caracteriza ese modelo empresarial y productivo, etc.”. La educación no debería limitarse a eso. “En Bachillerato, el alumnado no suele tener decidido su futuro profesional (eso caracteriza más a la FP y a la universidad), pero si ya se hace tanto hincapié en estas prácticas prelaborales en esos ámbitos es previsible que otros no lleguen a conocerse”, añade el profesor. Como recuerda Ávila, esta estrategia de acercamiento al mercado laboral de ciertos colegios privados no puede llevarse a cabo de cualquier manera.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2018-01-18/practicas-empresas-bachillerato_1507562/

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La regla de las cinco horas a la semana: el hábito cotidiano que conduce al éxito

Por: Hector G. Barnés

Benjamin Franklin, inventor y uno de los Padres fundadores de Estados Unidos, solía levantarse todos los días muy temprano, antes que el resto de su familia. Dedicaba ese tiempo arañado al reloj –una hora al día, los cinco días de la semana– a leer y estudiar, a fijar unas metas de aprendizaje y a reflexionar sobre lo que había aprendido, una costumbre que muchos otros innovadores han copiado durante los últimos dos siglos y medio. Aunque no siempre le era posible, este hábito le ayudó a convertirse, entre otras cosas, en el inventor del pararrayos y en uno de los colaboradores en la redacción de la Declaración de Independencia de EEUU. No está mal.

Durante los últimos tiempos, la regla de las cinco horas se ha convertido en uno de los lugares comunes de la literatura de crecimiento personal y éxito empresarial. Al fin y al cabo, es una fórmula sencilla y útil. En ‘Inc’, por ejemplo, el fundador de Empact y autor de ‘The Student Success Manifesto’ Michael Simmons invoca de nuevo a Franklin para recordar que se trata de “una estrategia para el éxito que todos podemos usar, y que de hecho, nos veremos obligados a emplear”. No solo porque espoleará nuestra creatividad, nos hará más felices o nos ayudará a desarrollarnos como personas, sino sobre todo porque terminará marcando la diferencia entre aquellos que consigan salir adelante y los que no.

 Nos pasamos el día corriendo porque pensamos que eso es lo que mide nuestro éxito, pero no es lo mejor que podemos hacer

Hay que hacer tiempo aunque parezca que no lo tenemos, recuerda Simmons en una entrada personal en ‘Medium’, pues incluso personas tremendamente atareadas como Bill GatesElon Musk o Warren Buffett lo han hecho. Es notorio que el oráculo de Omaha, por ejemplo, puede llegar a dedicar hasta un 80% de su jornada diaria a leer. Simple y llanamente, leer. Se puede argumentar que tan solo unos privilegiados pueden hacerlo, pero Simmons insiste en que cualquiera debería ser capaz. Tan solo hay que planificarlo.

“Muchas personas miden su jornada laboral en función de cuánto consiguen hacer”, explica el autor. “Como resultado, pasan todo el día corriendo pero cada vez mejoran de forma más lenta”. El éxito en el día a día suele medirse por la productividad inmediata, pero el experto en desarrollo personal recuerda que es un triunfo ilusorio, ya que resulta muy poco rentable a largo plazo, puesto que apenas deja poso. Por el contrario, aprender cosas nuevas, poco a poco, es mucho más inteligente. A largo plazo, es lo que nos diferenciará de nuestros competidores.

¿Cómo hacerlo?

“Aprender es la mejor inversión que podemos realizar en nuestra vida”, explica. “Es algo fundamental en nuestra economía del conocimiento, aunque pocas personas se han dado cuenta”. Por eso mismo, aprovechando esa oportunidad que tan solo conocen los lectores de Michael Simmons (y, desde ahora, de este artículo), podemos diferenciarnos del resto con apenas una hora de trabajo al día. Decirlo es fácil, objetarán algunos, pero mucho más difícil es hacerlo. Por eso el propio autor proporciona unas pautas.

Quizá leer un libro de historia sobre la Guerra de Secesión americana nos pueda ayudar a resolver un problema en nuestra empresa

Aprender no es simplemente leer y memorizar, aunque este sea un interesante punto de partida. La mayor parte del aprendizaje autodidacta comienza por la lectura. “¿Qué tal coger un libro para empezar?”, propone Simmons. Si te resulta difícil, recuerda que Bill Gates lee un libro a la semana, algo que le ayuda no solo a expandir sus horizontes, sino también a encontrar soluciones imprevistas a problemas cotidianos. La lectura es, por lo tanto, una manera de abandonar el marco mental cotidiano en el que estamos presos.

Pero no debemos quedarnos ahí. La reflexión y el pensamiento son esenciales, tanto sobre aquello que acabamos de leer como sobre otros temas que nos preocupen. Debemos tener cuidado con no caer en los pensamientos obsesivos, que nos pueden asaltar una y otra vez y conseguir que esa hora de reflexión se convierta en otro momento más para estresarnos. Más bien, deberíamos centrarnos en algo muy diferente a lo que nos consume: quizá leer un libro de historia sobre la Guerra de Secesión americana nos pueda ayudar a resolver un problema en nuestra empresa.

Benjamin Franklin por Joseph Duplessis.
Benjamin Franklin por Joseph Duplessis.

¿Habría podido Ben Franklin inventar el pararrayos si no hubiese unido un esqueleto de metal a una cometa y la hubiese hecho volar un día de tormenta? La experimentación es otro paso esencial de nuestro proceso de aprendizaje, aunque no hace falta que sea tan espectacular. Basta con probar, fracasar y fracasar mejor (como diría Beckett) o tener éxito. Es una manera de aplicar el conocimiento que hemos adquirido a la vida real. Como recuerda Simmons, “más que hacer las cosas automáticamente y no mejorar, podemos aplicar los principios de la práctica deliberada para seguir mejorando”. Es decir, debemos centrarnos en aquellas habilidades en las que tenemos un amplio margen de mejora.

El conocimiento no se devalúa

Una buena estrategia a la hora de profundizar en este proceso de reflexión es caminar, algo que han hecho a menudo los grandes pensadores. Es una manera sencilla (¡y saludable!) de recibir estímulos que nos ayuden a elaborar nuestro pensamiento y que contribuyen a que broten de manera aparentemente espontánea nuevas ideas. Otra buena opción es conversar con un amigo, un familiar o, mejor aún, un desconocido. Todo lo que alimente nuestra maquinaria cognitiva puede ser útil.

Lo peor que puedes hacer es trabajar sin parar y no sacar tiempo para ti mismo y aprender cosas nuevas, porque te sitúa en el grupo “de riesgo”

La tesis de Simmons tiene un objetivo claro (y no, no es únicamente promocionar su seminario). Vivimos en la sociedad del conocimiento, de acuerdo, pero también en la que el futurólogo tecnológico Peter Diamandisllamó de la “rápida desmonetización”, en la que productos que hasta hace no mucho tiempo eran muy caros se están abaratando sensiblemente y algunos, de hecho, pueden adquirirse de manera gratuita. De esa manera, una gran cantidad de productos que se pueden comprar con dinero se devalúan rápidamente.

El conocimiento, sin embargo, no lo hace. Como el autor recuerda, “a la gente en los peldaños de abajo de la escalera económica se le estruja más y se le compensa menos, mientas que los que se encuentran arriba tienen más oportunidades y ganan más”. ¿Lo peor que puedes hacer? “Aquellos que trabajen realmente duro a lo largo de su carrera y no saquen un poco de tiempo libre para seguir aprendiendo serán el nuevo grupo ‘de riesgo’”, cree Simmons. Un nuevo estado de las cosas en el que el esfuerzo ya no es lo importante, sino seguir aprendiendo. Nosotros somos los robots que, de no reciclarnos, podemos quedar obsoletos en cualquier momento.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2018-01-08/regla-cinco-horas-semana_1478127/

 

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Carreras ‘low cost’ de dos años: este será el futuro de la universidad

Por: Hector G. Barnés

La educación superior se encuentra en un momento de transición, en el que se verá obligada a replantearse sus objetivos, a quién va dirigida, cuáles son sus vías de financiación y cuál es su rol dentro de la sociedad. Una de las tendencias más polémicas de los últimos años es el aumento del precio de las matrículas, que junto con la reducción de becas, está dejando fuera a muchos estudiantes de entornos menos favorecidos. En España, según el informe ‘La universidad española en cifras 2015/2016’, alrededor de 70.000 estudiantes ven alteradas sus expectativas de acceso a las ayudas, lo que puede provocar su expulsión.

Algo muy semejante ocurre en Reino Unido, donde el Ministro de Educación Jo Johnson acaba de tantear una propuesta innovadora: flexibilizar la oferta para los estudiantes con carreras de dos años que condensen en este tiempo lo que ahora suelen aprender en tres. De esa manera, los alumnos se ahorrarán unas 5.500 libras (unos 6.246 euros) en matrícula, además de otros gastos añadidos como el hospedaje o la comida (que valora en unas 25.000 libras). Es una forma de “romper el molde” de un sistema en el que apenas hay alternativas para los estudiantes, ha afirmado Johnson.

Los dos años costarán unas 22.000 libras, mientras que ahora tres cursos salen por 27.750. El mayor ahorro es en alojamiento y manutención

El objetivo del plan, recuerda el ministro, es que estos estudiantes reciban la misma formación y las mismas asignaturas, solo que en un curso menos. Además, esto les dará una ventaja adicional, al poder entrar un año antes al mercado laboral. Sin embargo, bajo este plan de beneficio para el alumno, hay una clara apuesta por el ahorro de recursos para el Estado, que podrá presumir de tener más universitarios. Según asegura Johnson, es una respuesta a la crítica de muchos alumnos que no creen que estén recibiendo una educación acorde con el alto coste que implica. Las cuentas son las siguientes: los dos años costarán 11.100 libras al año (22.200 en total), mientras que el máximo anual está en 9.250 (lo que hace 27.750 en total por tres cursos).

Esta propuesta persigue otros objetivos. Por una parte, atraer a estudiantes adultos, cuyo número ha descendido en los últimos años, y que renuncian a estudiar en la universidad por falta de tiempo. Algo que, en opinión del ministro, es importante en un entorno en el que los trabajadores deben aprender nuevas habilidades para reciclarse en el mercado laboral: “Esta política será particularmente atractiva para estudiantes mayores que deseen mejorarse sus habilidades y adaptarse a los cambios en la economía y que puedan querer pasar la educación superior a un ritmo mayor”.

Algunos pros, muchas contras

Las opiniones en contra de esta propuesta no se han hecho esperar. La primera y más sonada ha sido la de la secretaria de Educación en la sombra, Angela Rayner, que ha argumentado que no hay evidencias claras de que esta reducción de años vaya a “detener la sangría en estudiantes a tiempo parcial o a producir mejores resultados”. Es más, el hecho de que la matrícula de cada año sea más cara puede causar un efecto aún más pernicioso. Por ahora, tan solo un 0,2% de los estudiantes participan en los cursos acelerados que ya existen, y que son ofrecidos por centros como la Universidad de Middlesex, la de Greenwich o la de Derby.

Para algunos profesores es “un intento arriesgado de minar el mercado” que puede producir títulos de menor calidad que sirvan para maquillar las cifras

Una de las síntesis más completas sobre los pros y los contras ha sido recabada por Phil Baty, director editorial de ‘Times Higher Education’, una de las grandes publicaciones académicas del mundo. Este le preguntó a sus seguidores de Twitter qué pensaban sobre la medida, y muchos objetaron dudas razonables, aunque con algún matiz a favor. Entre los contras, el más obvio es que es imposible que los resultados sean los mismos. Una profesora llamada Sally Andrews, de la Universidad tecnológica Nanyang, recuerda que hay habilidades que se deben desarrollar lentamente a lo largo del tiempo; otro docente matiza que tal ritmo dificulta llevar la teoría a la práctica.

Para un usuario llamado Sjoerd Levelt, la duración de los cursos tiene como objetivo que los estudiantes reflexionen sobre lo que están aprendiendo, o que dediquen tiempo a sus trabajos. No es lo mismo, en definitiva, tener dos semanas que tres días para preparar un proyecto, lo que dañaría el aprendizaje incluso aunque los contenidos fuesen los mismos. Además, “los profesores deben responder al contexto”, recuerda. Como recuerda David Morris de la Universidad de Greenwich, muy pocas universidades se verán dispuestas a ofrecer carreras que les proporcionen menos ingresos, además de tratarse de “un intento arriesgado de minar el mercado”. Además, recuerdan que esto eliminaría gran parte de la vida académica no oficial, como la participación en organizaciones o la colaboración en proyectos estudiantiles.

El precio de las universidades inglesas se ha disparado en los últimos años. (iStock)
El precio de las universidades inglesas se ha disparado en los últimos años. (iStock)

Ese es otro problema: que dicho cambio dispare la figura del profesor interinoo por horas, que tendrán que llenar los huecos que deja el profesorado contratado, y que por sus convenios tan solo pueden dar un número limitado de horas lectivas. Esto puede tener grandes efectos negativos en los departamentos de investigación: “No veo a los académicos de las universidades de Londres sosteniendo la mayoría de sus actividades de investigación”, asegura Matthew Robb. “Si tratas a los académicos como ratones en la noria te quedarás con los desesperados y la basura”, recuerda Charles Knight. Robb apunta otra posibilidad, que es “quedarte con los profesores bien pagados y cargarte a los investigadores basura”.

En España, el proceso de reconfiguración de la estructura universitaria ha sido parecido al propuesto en Reino Unido. El conocido como “decreto 3+2” impuso un modelo de grados de tres años acompañados por un máster de dos. El Sindicato de Estudiantes lamentaba que esto produciría una devaluación de los títulos de grado, “papel mojado en el mercado laboral”, lo que obligaba a los estudiantes a gastar mucho más en másteres, cuyos créditos son mucho más caros. Una devaluación, y no flexibilización, que también presienten los detractores ingleses, que recuerdan cosas como que “sería como darle un título a alguien por completar un cursillo”. ¿Una profecía autocumplida?

Fuente: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2017-12-15/carreras-low-cost-dos-anos_1491591/

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¿De verdad sabes de economía? Un proyecto educativo para que no te puedan engañar

Por: Hector G. Barnés

La Cátedra Abierta de Economía es el nuevo proyecto de José Antonio Marina y Santiago Satrústegui para conseguir que todos dispongamos de un conocimiento básico sobre el tema.

Cuando el filósofo y pedagogo José Antonio Marina daba clase a alumnos de Bachillerato de unos 17 años, solía introducir unas pequeñas pautas de economía en sus lecciones. La mayoría de principios, recuerda, eran fácilmente aceptados por los alumnos, menos uno: la ley de la oferta y la demanda. “Les ponía siempre el mismo problema”, explica. “Un besugo cuesta 40 euros a comienzos de diciembre. Pero si lo compras el 23 de diciembre, te va a salir a 80. La pregunta era: ¿quién ha fijado el precio?”. La mayoría de alumnos respondía que “el pescadero”. Y el escritor respondía: “No, ha sido tu madre”. Es decir, el aumento de demanda en dichas fechas había provocado la subida.

Es un buen ejemplo de las dudas, incertidumbre y mala comprensión que seguimos teniendo de los elementos básicos de la economía. En gran parte, porque apenas se estudia en el colegio, y como recuerda Marina durante la presentación del proyecto, muchas de las propuestas recientes, como la del BBVA, se centran tan solo en el ámbito financiero. Su propuesta para remediarlo es la Cátedra Abierta de Economía, diseñada en colaboración entre la Universidad de Padres, fundación que el toledano dirige, y la entidad financiera Abante Asesores, presidida por Santiago Satrústegui, que ofrece un curso rápido y para todos los públicos de los principios fundamentales de la economía.

La mayoría va a la tienda que está más lejos si una camisa de 50 euros está rebajada un 10%. Pero no lo hacen si se ahorran cinco en un televisor de 195

Según explica Marina, a la sazón colaborador de este medio, hay dos razones en las que se basa este nuevo proyecto. Por una parte, “ayudar a las personas a tomar buenas decisiones sobre su vida personal”. La vertiente práctica del curso hace que gran parte del contenido se centre en cuestiones de economía cotidiana e, incluso, en su faceta más psicológica, que durante mucho tiempo ha sido olvidada, pero que cada vez está siendo más reivindicada. Es algo que muestra que este año el Premio Nobel haya ido a parar a Richard Thaler, especialista en finanzas conductuales y un gran crítico de la figura del ‘homo economicus’ hiperracional, una tendencia que prolonga la iniciada por Daniel Kahneman o Robert Shiller.

El filósofo propone otro ejemplo, que es al mismo tiempo uno de los ejercicios del programa. “La mayoría de la gente se va a la tienda que está a 500 metros, si la misma camisa de 50 euros está rebajada un 10%”, expone. “Sin embargo, si quiere comprar un televisor y este vale en la tienda de al lado 195 euros en lugar de 200, se quedará en esta. ¿Por qué, si el ahorro es el mismo?”. Esta es la clase de reflexión práctica que propone la cátedra, que comienza analizando la economía familiar antes de ascender a otros agentes como productores, Estado o bancos. La primera lección, por ejemplo, concluye con un replanteamiento del célebre problema de Thaler.

Una propuesta ilustrada

La segunda razón va más allá del interés personal y atañe a toda la sociedad. En resumidas cuentas, si el nivel de conocimiento de la economía es alto, mejor funcionará el país. Por ejemplo, como defendía el economista Jean Tirole, Premio Nobel de Economía en 2014, a la hora de implantar buenas políticas que en apariencia son impopulares, pero también a la hora de reivindicar el papel activo del ciudadano, que va mucho más allá de votar en unas elecciones. “El individuo debe ser consciente de que lo que compra tiene un impacto económico y político”, explica Satrústegui. Es lo que ha ocurrido con Cataluña o con la reciente huelga de taxis.

El objetivo es llenar el hueco que permitiría que todas las medidas económicas de los políticos pudiesen ser entendidas por alguien con la ESO

La cátedra se divide en dos partes. Por un lado, un módulo sobre el funcionamiento básico de la economía. Por otro, un segundo especializado en finanzas, del que se encargan los profesionales de Abante. Su público objetivo es universal, es decir, vale tanto para jóvenes como para adultos, independientemente de su nivel de conocimiento previo de economía o de matemáticas. Su objetivo, recuerda Marina, es llenar ese hueco que permitiría que “todas las medidas económicas pudiesen ser entendidas por alguien que tenga la ESO”. Un principio que se remonta a la Ilustración, ya que, como recuerda el filósofo, “una democracia de ignorantes no es democracia”.

El enfoque que han adoptado los profesores es más crítico que ortodoxo. Satrústegui explica que es “una mirada crítica hacia lo que nos han contado hasta ahora”. La crisis de 2008, añade, nos recordó que no hay un orden natural en la economía, sino que es la manera en que los hombres nos ponemos de acuerdo para organizarnos entre nosotros. Durante mucho tiempo, la teoría imperaba por encima de lo demás y la realidad debía adaptarse a ella. Marina matiza que la crisis ha supuesto una importante “cura de humildad” para la economía, una vez que el propio Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal, admitiese que ni siquiera él sabía muy bien qué estaba pasando.

Marina y Satrústegui.
Marina y Satrústegui.

Los impulsores de la cátedra protestan contra la ‘endogamia teórica’ de la economía en el ámbito académico, cuyas ideas terminan trasladándose a las decisiones de políticos y de entidades financieras. “Primero tenías que ser keynesiano para estar en la universidad y luego neoliberal, o seguir la tradición monetaria para entrar en la Universidad de Chicago”, lamenta el profesor. “No es muy sensato que sea un saber tan ideologizado”. Pero que nadie se alarme: el curso no pretende meterse en discusiones de eruditos, sino ayudarnos a entender un poco mejor, por ejemplo, por qué la economía sumergida perjudica a toda la sociedad, por qué la crisis económica fue un problema de titularización, por qué el proteccionismo empobrece a los países y, sobre todo, proporciona herramientas para identificar rápidamente las mentiras que nos cuentan.

La parábola del pueblo ruso

Satrústegui y Marina cuentan otra ilustrativa historia. Un magnate ruso llega a un pueblo arruinado, donde todo el mundo debe dinero a los demás, por lo que nadie puede saldar sus deudas: el hotelero al carnicero, el carnicero al campesino, el campesino al molinero, el molinero a la prostituta y este al hotelero. El ruso deja en depósito 100 euros para reservar una habitación antes de verla, pero es un billete falso. Sin embargo, con ese dinero, el hotelero salda su deuda con el carnicero; el carnicero, con el campesino; el campesino, con el molinero; el molinero, con la prostituta, y esta, con el hotelero. El ruso, al final, no queda convencido por la habitación, así que se marcha con sus 100 euros falsos. Sin saberlo, ha conseguido revitalizar la economía del pueblo con puro aire.

La economía debe tener en última instancia una orientación ética universal y ser un juego de suma positiva en el que todos ganen

Es otro de los ejemplos planteados que nos ayudan a entender las funciones del dinero y que muestran que la economía va mucho más allá del mundo financiero. El propio Marina ha sido adalid de la educación económica, y en 1997 logró el Premio Giner de los Ríos a la Innovación Educativa gracias a un proyecto que consistía en impartir principios de economía en la clase de Filosofía. En apenas 15 minutos, en que los alumnos debían aprender a interpretar las noticias económicas del periódico. El primer ejercicio consistía, una vez se conocía el funcionamiento de la bolsa, en invertir un millón de pesetas imaginarias en acciones; un mes después, se comprobaba cuánto habría ganado y perdido cada cual.

El germen de este proyecto se encuentra en ‘La creatividad económica’, el libro que Marina y Satrústegui publicaron en 2013. Al final del libro, se hacía una distinción entre los ‘mecanismos del mercado’ (aquellos que utilizan el juego de la oferta y la demanda para la fijación de precios) y el ‘proyecto económico’, la integración de fines, medios y criterios de evaluación. La economía, recordaban, debe tener en última instancia una orientación ética universal y ser un juego de suma positiva en el que todos ganen. Es algo que también se encuentra en este proyecto, que se basa en el principio de que “hay que conocer para comprender, y hay que comprender para tomar buenas decisiones y actuar”. O, dicho de otra forma, en palabras del propio profesor, “las sociedades más ilustradas y con mejor pedagogía toman mejores decisiones”.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2017-11-30/catedra-abierta-economia-marina-satrustegui_1485762/

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UCJC, Católica de Ávila y Alfonso X el Sabio, las universidades menos transparentes

Por: Hector G. Barnés

En septiembre de 2012 se publicó la primera edición del ‘Informe de transparencia voluntaria en la web de las universidades españolas’, un examen realizado por la Fundación Compromiso y Transparencia que analizaba el nivel de información que los centros de educación superior españoles ofrecen de manera pública. Desde entonces, la situación ha mejorado sensiblemente. Si en aquel primer año no había ninguna universidad que cumpliese todos los criterios para ser considerada transparente, en esta ocasión el porcentaje asciende hasta el 55%. Una tendencia que prolonga la del año pasado.

Lo que la edición de este año muestra es que, si bien muchos de los centros públicos han cambiado sus políticas para encajar en dicha definición, no se puede decir lo mismo de los privados. “El caso de las universidades privadasdista aún mucho de los buenos resultados cosechados por las públicas”, recuerdan en el informe sus autores, Javier Martín Cavanna, director ejecutivo de la Fundación, y Esther Barrio. En la presente edición, de las 26 universidades privadas analizadas, tan solo tres pueden clasificarse como transparentes. En la edición de 2013, la primera en la que se analizaron, todas eran opacas.

La situación es muy diferente en los centros públicos, donde se ha mejorado sensiblemente. De las 49 universidades que componen la muestra, 26 son calificadas como transparentes, y hasta un 80% de ellas satisfacen el 75% de los indicadores del informe. Los autores recuerdan que esta diferencia no se traduce en, simplemente, “colgar información”, sino en que “esta cada vez tenga más calidad, sea más relevante y que a la hora de comunicarla sea comprensible para todos”. La Fundación recuerda que, sin su participación activa a través de este informe, es probable que nunca se hubiesen alcanzado dichos objetivos.

Tan solo hay dos universidades públicas consideradas opacas en el informe, la Universidad Politécnica de Valencia y la Universidad de Oviedo

“Estamos convencidos de que nuestro informe ha servido de incentivo para que las universidades aumenten la transparencia de su información en la web y consideren la necesidad de rendir cuentas a través de este canal”, recuerdan los autores. Tan solo hay dos universidades públicas consideradas opacas en el informe, la Universidad Politécnica de Valencia (14) y la Universidad de Oviedo (12). En cuanto a las privadas, a la cola se sitúan la Camilo José Cela (4), la Católica de Ávila (5) y la Alfonso X el Sabio (5). Sin embargo, son 26 los centros públicos transparentes, con la Universidad de Cantabria a la cabeza (27). Le siguen la de Castilla La-Mancha, Córdoba, Jaén, La Rioja, Pompeu Fabra y Rey Juan Carlos. Entre las privadas, destacan la Vic-Central de Cataluyna (27), Nebrija (22) y la de Navarra (21) como las tres más transparentes.

¿En qué destacan?

Las universidades públicas han mejorado en todos los criterios a lo largo de los últimos seis años, salvo en uno, el gobierno. La razón, recuerdan los autores, es la incorporación de un nuevo indicador relacionado con la publicación de actas, que ha provocado que descienda el porcentaje. En este apartado, no obstante, destaca sensiblemente la Universidad Pompeu Fabra que, según el documento, “informa de manera muy clara de los órdenes del día, acuerdos y calendario de sesiones de sus órganos de gobierno”.

La situación es muy diferente en los centros privados, donde algunos incluso han obtenido peores puntuaciones que el pasado año. “Otras universidades que en otras ediciones presentaban altos índices de cumplimiento, en este informe han empeorado al no publicar la información de forma íntegra o actualizada, dos de las condiciones necesarias para darla por buena”, recuerdan los autores. Estas, por lo general, han mejorado en la mayoría los criterios, pero a un ritmo mucho más lento que en las públicas. Una de sus asignaturas pendientes es la información económica, especialmente en lo que se refiere a su presupuesto. Tan solo Vic-Central de Catalunya publica todo lo exigido.

En otros casos, universidades como Deusto, Navarra, Mondragón y Nebrija tan solo desvelan una escueta información sobre ingresos y gastos. El informe lamenta especialmente el caso de Mondragón, que publican sus estados financieros “solo en euskera”. Resulta llamativo que las privadas apenas alcancen un 47% en los criterios de oferta y demanda académica (frente al 77% de las públicas). Aunque hayan llegado a un 100% en lo que respecta a titulaciones (por razones obvias), en muchos casos, estos centros no presentan información actualizada al presente curso. Y, en algunos casos, han eliminado dicha información, como ocurre con las de San Antonio de Murcia, Navarra, CEU Cardenal Herrera, Internacional de La Rioja y San Jorge.

Las privadas publican menos información sobre la empleabilidad de sus egresados, así como sobre los resultados de la actividad investigadora

Otro criterio llamativo es el de los resultados. Una vez más, las públicas ascienden hasta el 76% (desde el 29% del año 2011) –especialmente destacado en lo que se refiere a la posición en ‘rankings’ y empleabilidad–, pero las privadas se quedan en un 56% (desde el 21%, y dos por debajo del año pasado). Esto se debe a la disminución en la información que publican sobre la empleabilidad de sus egresados, así como a la relativa a los resultados de la actividad investigadora. Cabe preguntarse, por lo tanto, si muchos de estos centros no ocultarán dicha información al considerar que puede resultarlescomercialmente negativa y, por lo tanto, carecer de incentivos para hacerlo.

¿Cuál es el futuro?

El informe de este año plantea por primera vez una clara separación entre los centros públicos y los privados en cuestión de transparencia. Mientras unos acatan los criterios, los otros parecen más reacios a hacerlo. Las recomendaciones del Tribunal de Cuentas en sus informes sobre fiscalización de las universidades públicas, así como un mayor escrutinio de las actividades de estos centros tras la crisis, pueden haber sido determinantes a la ahora de “ponerse las pilas”, especialmente en lo que se refiere a gobernanza. Como señala el informe, “lo que el Tribunal está poniendo de manifiesto es que existe una falta de control interno importante en los centros universitarios debido a la complejidad de la estructura de gobernanza actual”.

De ahí que la próxima edición del informe no analizará los centros públicos, sino tan solo los privados, ya que se dedicará ese tiempo a seleccionar unos nuevos indicadores que formen parte de una segunda etapa del informe. “El nivel alcanzado por las universidades públicas nos ha movido a otorgarnos un plazo de un año para elaborar nuevos indicadores de transparencia y buen gobierno que contribuyan a elevar la calidad de la información proporcionada por las universidades”, recuerda el informe. Estos se centrarán, ante todo, en gobernanza, resultados e información económica.

Las privadas, que parecen estar quedándose atrás, seguirán siendo analizadas como hasta la fecha. El informe, no obstante, valora positivamente los esfuerzos que la Universidad Internacional de Catalunya ha realizado para seguir los pasos de otros centros como Vic-Central de Catalunya, Nebrija y Navarra en sus buenas prácticas a la hora de proporcionar información útil. Es el gran reto por delante de la universidad española en cuestión de transparencia: que los centros privados estén a la altura de los públicos a la hora de comprometerse con la publicación de los datos que sus profesionales, el sector, los estudiantes y la sociedad en su conjunto tienen derecho a conocer.

Que las privadas no estén financiadas con dinero del Estado no significa que no deban dar información relevante a sus ‘stakeholders’

Recomendaciones

El informe se cierra con un decálogo de consejos que pueden favorecer esas buenas prácticas:

Mecanismos internos de control e impulso. Es importante que los responsables de la gestión en los centros universitarios se planteen objetivos anuales y den cuenta de su grado de cumplimiento.

La universidad en la web, no la web de la universidad. En el segundo caso, la finalidad es subir contenidos informativos a la web, el primero implica desarrollar un sistema de gestión interna a partir de los datos existentes.

Información actual. Sería aconsejable fijar plazos internos para disponer y publicar en la web datos relativos a matriculaciones, oferta y demanda académica u otros.

Facilitar, no difundir. Las universidades deben seguir avanzando por mejorar la claridad y accesibilidad de su información. Formatos como el PDF no son de ayuda para facilitar la visibilidad de la información.

La transparencia está en los detalles. A menudo, los datos se presentan de forma agregada por ramas de conocimiento, ciclos o centros; sin embargo, deberían ofrecerse en relación con cada una de las titulaciones.

Los retrasos no valen. Muchos centros presentan sus informes de fiscalización económica con un año o más de retraso. En algunos casos, el último se remonta al ejercicio económico 2014.

Ser privada no significa privar de información. El hecho de que no estén financiadas con dinero del Estado no significa que no deban dar información relevante a sus ‘stakeholders’, entre los que se encuentran los alumnos, los padres, los profesores, los donantes o la sociedad científica.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2017-11-23/transparencia-universidades-2016_1481925/

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