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La educación formal es una quimera para indígenas cameruneses

África/YAUNDÉ/ Camerún/ 11 de agosto de 2016/ Fuente y autor: IPS/ Ngala Kilian

En una pequeña aldea de Boumba y Ngoko, en el sureste de Camerún, una maestra dibuja unos animales salvajes en el pizarrón y pregunta a sus 15 alumnos: “¿Quién puede decirme los nombres?”.

Lisette Bikola es una de las que responde. La niña de 12 años pertenece a la comunidad baka y está en tercer año de primaria, al que la mayoría llega con ocho, pero igual tiene grandes sueños para su futuro.

“Vengo a la escuela porque quiero ser maestra”, explicó. “Quiero aprender inglés y francés, y me gustaría escribir y leer cartas a mis padres”, acotó.

En otra escuela en Ntam Carrefour, Bernard Elinga, de 14 años, alberga sueños similares. “Me gustaría ser alguien importante”, explica. “Quizá un maestro, un soldado o un policía”, dice.

Pero es muy difícil que sus sueños se conviertan en realidad porque casi todos los niños del pueblo baka que concurren a la escuela primaria nunca llegan a la secundaria por los varios obstáculos que deben afrontar como la pobreza, la discriminación y las políticas educativas mal adaptadas a su realidad.

De los 30 niños y niñas que se inscribieron en la escuela hace dos años, Elinga es el único que queda en Ntam Carrefour. El resto abandonó para poder ayudar a sus padres en las actividades tradicionales de los cazadores recolectores.

El derecho a la educación es el tema este año del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, que se celebra este 9 de agosto.

Ello porque para romper con su vulnerabilidad y exclusión, se considera clave el acceso a una escolaridad apropiada a sus métodos culturales de aprendizaje y con pleno reconocimiento de su diversidad, de sus valores y de sus necesidades específicas, incluyendo el aprender en su lengua materna.

David Angoula, cuyos dos hijos abandonaron la escuela, explicó que los niños de su comunidad reciben las enseñanzas que les dejaron sus ancestros en la selva.

“Vamos a la selva a buscar comida”, detalló. “Nuestros padres nos dejaron una escuela en la selva, y es esa escuela la que los padres deben mostrar a sus hijos para que no se olviden de la cultura de sus ancestros”, arguyó.

“A los bakas les importa el presente. El pasado y el futuro no importan”, añadió.

Los hijos de Angoula están entre unos hombres que intentan cortar un árbol enorme con picos. Cuando lo tiran, las mujeres y los niños se escabullen hacia el tronco, donde las abejas tenían una colonia, y usan el humo para atontarlas y recolectar la miel.

La recolección de miel forma parte de las actividades diarias de casi 30.000 bakas. Este pueblo cazador recolector vive de frutas, tubérculos y de la caza de animales.

“La selva es nuestro hogar”, explicó Dominique Ngola, de 58 años y originario de la comunidad salapumbe, en la región Este de Camerún. “Nos da todo lo que necesitamos: el aire puro que respiramos, los alimentos que comemos y las hierbas medicinales que usamos para estar sanos. Es nuestra farmacia”, explicó.

Los bakas están tan vinculados a la selva que los árboles, los pájaros y los otros animales son una parte integral de su existencia cotidiana. El estrecho vínculo que tienen con la naturaleza ha dificultado los intentos de integrarlos a la educación formal.

Sarah Tucker, consultora del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), explicó que muchos padres no ven los beneficios de la educación formal.

“Mandar un hijo a la escuela y que se quede requiere de muchos sacrificios para ellos, en su lugar podrían ir a la selva con ellos y realizar sus actividades tradicionales, por eso no ven los beneficios de ese sacrificio”, arguyó.

Pero saben que para sobrevivir en un mundo con cambios rápidos, tienen que conocer el sistema educativo. Pero mantener a los niños en la escuela es un gran desafío para quienes tienen que pasarse en la selva buscando alimentos y plantas medicinales.

“La educación de comunidades como la baka es muy diferente a la de otros grupos de Camerún”, observó Martiyn Ter Heedge, oficial del programa Kudu Zambo, en el parque nacional Campo Ma’an, en la región Sur de Camerún.

“Lo que aprendimos es que tenemos que tener una educación especial para los bakas. Los programas habituales no han tenido mucho éxito. Creo que ahora se entiende mejor que su contenido tiene que ser especial con lecciones y métodos especiales”, subrayó.

El gobierno de Camerún trabaja con socios como WWF y la propia comunidad baka para proponer un enfoque exitoso, pero los avances son lentos.

Heedge y la consultora de WWF, Tuker, coincidieron en que todo comienza por comprender su estilo de vida.

“Recibimos muchas propuestas de diferentes actores: ministerios, organizaciones, los propios bakas; y entre las recomendaciones lo primero y más importante es usar su propia lengua en la escuela”, precisó Tucker.

“Hay amplia literatura e información que confirma que la mejor forma de aprender es utilizando la lengua materna”, indicó.

“También es importante adaptar el calendario escolar al calendario tradicional de los bakas, es decir no dar clases en enero y diciembre, por ejemplo, porque los alumnos se van con sus padres y pasan semanas en el bosque”, detalló Tucker.

“Además de adaptar los métodos de enseñanza a la cultura baka, como poner ejemplos de la selva y de su estilo de vida, y realizar más juegos, actividades y trabajos prácticos de descubrimiento, que es lo que más les gusta hacer a los niños bakas”, añadió.

“Es importante que de alguna manera, en la enseñanza primaria, exista la posibilidad de ofrecer una educación bilingüe, es decir baka y francés”, coincidió Heedge.

“Los niños bakas que tengo en mi clase suelen aprender rápido si uso ejemplos de su entorno inmediato”, confirmó Quinta Kochi, maestra de la escuela primaria de Boui.

Rosalie Aboutou, del Ministerio de Asuntos Sociales, señaló: “el gobierno aplaude todas las iniciativas que se propongan para que todos los cameruneses se beneficien de los servicios estatales”.

“Los pigmeos baka forman parte de ese país y su educación entra dentro de la política gubernamental”, aseguró.

Traducido por Verónica Firme

Fuente: http://www.ipsnoticias.net/2016/08/la-educacion-formal-es-una-quimera-para-indigenas-cameruneses/

Imagen: http://cdn.ipsnoticias.net/wp-content/uploads/2016/08/camerun-629×418.jpg

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África: 3 de Julio de 2016 El drama de los chicos excluidos de la educación

África/ Julio de 2016/La Capital

En el mundo son más de 260 millones los niños, niñas y jóvenes que todavía permanecen fuera de la escuela.

En el mundo más de 260 millones de niños, niñas y jóvenes están aún fuera de la escuela. Las nenas son las que corren con mayor desventaja. Desde la Unesco instan a los gobiernos a garantizar políticas inclusivas para alcanzar la meta mundial de llegar a 2030 con todos los chicos aprendiendo en las aulas.

Unos 263 millones de niños y jóvenes, cifra equivalente a la cuarta parte de la población de Europa, no están escolarizados, según nuevos datos del Instituto de Estadística de la Unesco. La cifra total incluye 61 millones de niños en edad de cursar la educación primaria (6-11 años), 60 millones en edad de cursar el primer ciclo de secundaria (12-14 años) y, por primera vez, la estimación de los jóvenes en edad de cursar el segundo ciclo de educación secundaria (15-17 años), que ascienden a 142 millones.

Estos datos se presentan en un nuevo documento publicado conjuntamente por el Instituto de Estadística de la Unesco y el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo. «Los países han prometido que, para 2030, todos los niños podrán cursar la educación primaria y secundaria. Estos nuevos datos muestran la ardua labor que tenemos por delante para alcanzar este objetivo», afirmó la directora general de la Unesco, Irina Bokova, quien agregó: «Debemos centrarnos en la inclusión desde la edad más temprana y durante el ciclo completo de aprendizaje, en las políticas destinadas a eliminar las barreras en cada etapa, prestando especial atención a las niñas, que siguen encontrándose en una situación de mayor desventaja».

La región más excluida

De todas las regiones del mundo, el Africa Subsahariana es la que tiene los índices más altos de exclusión. Más de una quinta parte de los niños de edades comprendidas entre los 6 y los 11 años no están escolarizados, seguidos por una tercera parte de los jóvenes de entre 12 y 14 años. De acuerdo con los datos del Instituto de Estadísticas de la Unesco, casi el 60% de los jóvenes de entre 15 y 17 años no asiste a la escuela. Un obstáculo importante para alcanzar la meta son las disparidades que siguen existiendo en lo que respecta a la participación en la educación y que tienen que ver con el sexo, la ubicación y los recursos económicos.

Los conflictos armados constituyen otra importante barrera a la educación. En todo el mundo, el 35% del total de los niños no escolarizados en edad de cursar la educación primaria (22 millones), el 25% de los adolescentes en edad de cursar el primer ciclo de secundaria (15 millones) y el 18% de los jóvenes sin escolarizar en edad de cursar el segundo ciclo de secundaria (26 millones) viven en zonas afectadas por conflictos.

En general, los jóvenes de más edad (15-17 años) tienen cuatro veces más probabilidades de no estar escolarizados que los niños de edades comprendidas entre los 6 y los 11 años. Esto se debe en parte a que la educación primaria y el primer ciclo de la educación secundaria son obligatorios en casi todos los países, mientras que el segundo ciclo de secundaria no lo es. Al mismo tiempo, esos jóvenes suelen tener la edad legal para trabajar. Muchos de ellos no disponen de más opción, mientras que otros intentan combinar la asistencia a la escuela con el empleo.

Diferencias de género

Las niñas tienen más probabilidades que los niños de no asistir nunca a la escuela, pese a todos los esfuerzos realizados y los avances logrados en las dos últimas décadas. De acuerdo con los datos aportados por Unesco, 15 millones de niñas en edad de cursar la educación primaria no tendrán nunca la oportunidad de aprender a leer ni a escribir en la escuela primaria, en comparación con 10 millones de niños. Más de la mitad de esas niñas (9 millones) vive en el Africa Subsahariana.

La pobreza constituye un obstáculo adicional para las niñas. De acuerdo con los análisis que figuran en el Informe de Seguimiento, en Africa Septentrional y Asia Occidental, las diferencias son aún mayores entre la población más pobre de la región: solo 85 niñas por cada 100 niños en edad de cursar el primer ciclo de educación secundaria asisten a la escuela. Entre los que tienen edad de cursar el segundo ciclo de secundaria, solo 77 de las niñas más pobres por cada 100 de los niños más pobres asisten a la escuela.

Fuente: http://www.lacapital.com.ar/el-drama-los-chicos-excluidos-la-educacion-n1195536

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Tracoma, el mal que ciega el futuro del África negra

África/18 de Julio de 2016/La Rioja

Hay pocos lugares del mundo donde el futuro se sienta más borroso que en poblados como el de Mayuge, en Uganda. Por eso, el doctor Bandobere Eleager se afana desde hace años en operar tantos ojos como puede. Practica una media de seis operaciones cada mañana a pacientes que sufren tracoma, una enfermedad que no tiene cura y en la que, solo a veces, se puede hacer algo por salvar parcialmente la visión del afectado. A la pregunta de cuántas operaciones hace, responde que «demasiadas». «Además, muchas veces tienen que volver en unos días y hay que repetir la intervención», explica sin dejar de coser los ojos de un anciano que soporta con estoicismo los bisturíes y el remiendo sobre sus párpados. Junto a Eleager, otro colega opera a toda velocidad en el humilde pero aséptico quirófano del dispensario del pueblo apoyados por otros dos facultativos. Fuera, un nutrido grupo de hombres y mujeres esperan su turno.

Más de 200 millones de personas de 51 países de África, Asia y América Latina corren el riesgo de padecer tracoma, conocida como la ceguera de los pobres porque solo se registra en los países con graves carencias en su desarrollo. De hecho el 90% de los invidentes del mundo se concentran en ese medio centenar de estados, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Este organismo insiste en que África es el continente más afectado. La desnutrición, la exposición al aire libre en zonas de arena y polvo y la intensidad de la luz solar forman un cóctel explosivo, que acaba de ‘eclosionar’ debido a las graves carencias de salud. En Mayuge se da toda esta combinación de factores. «Aquí el tracoma era endémico hasta hace nueve años -continúa el doctor Eleager mientras sus larguísimos dedos operan con soltura-. Uno de cada siete niños lo padecía, ahora hemos bajado esa cifra hasta el 2%», afirma orgulloso.

 «La combinación de agua potable y unas simples letrinas ayudarían a detener el mal»

En esas cifras ha tenido bastante que ver la cooperación global. La Iniciativa Internacional contra el Tracoma (ITI), junto a la Coalición Internacional para el control del Tracoma (ICTC), tienen como ambicioso objetivo erradicar la dolencia en 2020. Pero los antecedentes son esperanzadores. Estados como Omán, China, Irán, Marruecos o Vietnam fueron declarados libres de tracoma en 2012. En los últimos 30 años, los afectados en el mundo han bajado de 360 millones a menos de 80. Pero todavía hay 230 millones de personas en riesgo.

La ITI, creada por la Fundación Edna McConell Clark, y la farmacéutica Pfizer, ha donado 500 millones de dosis de zitrimocina, un antibiótico que se ha mostrado eficaz contra la ‘Chlamydia trachomatis’, la bacteria que provoca la dolencia. Un avance para paliar sus efectos, que se agravan por las dolorosas úlceras de las córneas. El contagio se produce por secreciones oculares y nasales entre personas, gente que comparte objetos de higiene personal o ropa y luego se frotan los ojos. Los insectos son otro ‘aliado’ de la propagación. En Uganda ocho de sus 40 millones de habitantes viven en alguno de los 41 distritos en los que la enfermedad es endémica. Pero el mundo está lleno de escenarios como Mayuge. Zonas rurales de África (en especial subsahariana), América Central y del Sur, Oriente Medio y Asia. Lugares en los que «la combinación de agua potable y unas simples letrinas contribuirían a detener el mal», concluye el oftalmólogo Eleager mientras remata el cosido de su último paciente.

Un paciente con tracoma en lugares con tantas carencias se convierte en una vida lastrada y que agota una parte importante de los recursos y esfuerzos de la comunidad que debe atenderle. Una vez más, el futuro está en las aulas. En la cercana escuela comunal de Kyebando, a unas pocas decenas de metros del hospital, estudian algo más de mil niños en aulas que superan de largo los 60 o 70 críos. Pero todos participan en los programas para evitar pasar por la misma dolencia que sus padres y abuelos. Cuando su profesor pregunta «¿quién tiene un familiar que sufra tracoma?» solo un chico extiende la mano. «Hace una década la habría levantado más del 60%», dice con orgullo su director, Muwubani Fred. Son barracones muy sencillos pero, en el programa educativo del centro, los planes de formación incluyen maestros de apoyo para responder a las necesidades específicas de cada alumno: «incluidos los que puedan estar afectados en casa por una pandemia como el tracoma», saca pecho el maestro Fred.

Fuente: http://www.larioja.com/culturas/201607/17/tracoma-ciega-futuro-africa-20160717000405-v.html

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Los efectos de El Niño aún no han terminado: 26 millones de niños en África necesitan ayuda

África/14 de julio de 2016/Fuente: iagua

A pesar de que el fenómeno climático El Niño –activo durante 2015 y 2026- ha llegado a su fin, su impacto devastador sobre los niños está empeorando. Esto se debe a que el hambre, la desnutrición y las enfermedades continúan aumentando después de las graves sequías e inundaciones que ha generado este fenómeno, uno de los peores en la historia.

Son algunas de las conclusiones del informe de UNICEF «Aún no ha terminado: Las consecuencias de El Niño sobre la infancia«. La publicación alerta además de las grandes posibilidades de que La Niña –el fenómeno inverso de El Niño– comience su actividad en algún momento de este año, agravando aún más la dura crisis humanitaria que está afectando a millones de niños en algunas de las comunidades más vulnerables.

Los niños que viven en las zonas más afectadas ya están pasando hambre. En África oriental y meridional –las regiones que han sufrido las peores consecuencias de este fenómeno– unos 26,5 millones necesitan ayuda, incluidos más de 1 millón que necesitan tratamiento para la desnutrición aguda grave.

En África oriental y meridional unos 26,5 millones necesitan ayuda, incluidos más de 1 millón que necesitan tratamiento para la desnutrición aguda grave.

En muchos países, los recursos que ya eran escasos han llegado a su límite, y las familias afectadas han agotado sus mecanismos para superar la situación llegando a saltarse determinadas comidas o a vender sus activos. Si no se moviliza ayuda que incluya el envío urgente de suministros nutricionales para los niños pequeños, la situación podría socavar varias décadas de progreso en favor del desarrollo.

El Niño ha afectado también el acceso de poblaciones de numerosos países al agua potable y se ha relacionado con un aumento de enfermedades como el dengue, la diarrea y el cólera, que son las principales causas de mortalidad infantil. En América del Sur, y especialmente en Brasil, El Niño ha generado unas condiciones favorables para la reproducción del mosquito Aedes, que puede transmitir el virus del Zika, así como el dengue, la fiebre amarilla y la chikungunya. Si La Niña evoluciona, podría contribuir a la propagación del virus del Zika en zonas que no han sufrido sus efectos hasta la fecha.

Para UNICEF es también preocupante la posibilidad de que en África meridional, el epicentro mundial de la pandemia del SIDA, se produzca un aumento en la trasmisión del VIH como consecuencia de los efectos de El Niño. La falta de alimentos influye en el acceso a la terapia antirretroviral, ya que los pacientes tienden a no tomar el medicamento con el estómago vacío y, además, muchas personas prefieren utilizar sus limitados recursos para obtener alimentos en lugar de emplearlos en el transporte a un centro de salud. La sequía también puede forzar a las adolescentes y las mujeres a practicar relaciones sexuales transaccionales para sobrevivir. La mortalidad de los niños que viven con el VIH es de dos a seis veces mayor entre los niños que están gravemente desnutridos en comparación con aquellos que no lo están.

Millones de niños y sus comunidades necesitan apoyo para poder sobrevivir. Necesitan ayuda para prepararse ante la eventualidad de que La Niña agrave la crisis humanitaria que confrontan. Y necesitan ayuda que les permita acelerar las medidas para la reducción del riesgo de desastres y la adaptación a los cambios climáticos que están causando fenómenos meteorológicos extremos más intensos y más frecuentes”, dijo la directora de programas de emergencia de UNICEF, Afshan Khan. “Los mismos niños que han sufrido los efectos de El Niño, y que están amenazados por La Niña, se encuentran en primera línea ante el cambio climático”.

Fuente: http://www.iagua.es/noticias/unicef/16/07/08/efectos-nino-aun-no-han-terminado-26-millones-ninos-africa-necesitan-ayuda

Imagen: http://img.rtve.es/i/?w=1180&i=1467944642773.jpg

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Africa: El rostro infantil de la pobreza

TeleSur.TV/01 de julio de 2016/

África es la región que ofrece el «panorama más sombrío», según la Unicef.

Se estima que 69 millones de niños morirán por causas inevitables y unos 167 millones de vivirán en pobreza para el año 2030.

De acuerdo al documento Estado Mundial de la Infancia publicado por la Unicef este martes, para el año 2030 podrían morir 69 millones de niños por causas inevitables y otros 167 millones vivirán en la pobreza.

El informe revela que en 2030, fecha en que se vence el plazo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, aquellos niños en situación de vulnerabilidad les espera «pobreza, analfabetismo y muerte prematura».

Futuro devastador

Los niños se ven afectados «desproporcionadamente» por los conflictos violentos, emergencias humanitarias y desastres naturales, así como por crisis sanitarias, destaca el estudio.

Además, estima que para ese año 750 millones de mujeres se habrán casado siendo aún niñas.

“Las vidas de millones de niños se ven arruinadas por la simple razón del país, la comunidad, el género o las circunstancias en las que nacen», lamentó el director ejecutivo de Unicef, Anthony Lake, quien además agregó que «antes de que respiren por primera vez, las opciones de vida de los niños pobres y excluidos a menudo se ven modeladas por las desigualdades».

El informe destaca, asimismo, que se ha avanzado considerablemente en la labor de salvar las vidas de los niños, reducir la pobreza y lograr que asistan a la escuela.

De esta forma se ha conseguido reducir la tasa de mortalidad de menores de cinco años desde 1990, que los niños y niñas asistan a la escuela primaria en igualdad en 129 países y que el número de personas que viven en la extrema pobreza se haya reducido a casi la mitad en comparación a la década de 1990.

Sin embargo, el progreso no ha sido “uniforme y justo”, según Unicef, debido a que los niños en mayor situación de pobreza tienen el doble de probabilidades de morir antes de los cinco años que los más ricos, así como de sufrir desnutrición crónica. En cuanto a las niñas provenientes de hogares más pobres tienen un 2 por ciento de probabilidades de casarse durante la infancia que otras niñas de estratos sociales más altos.

«A pesar de los avances en las últimas décadas, un gran número de niños se ha quedado atrás, por lo que tenemos que mantener este progreso, pero centrándonos en los más desfavorecidos», explicó el director de programas de Unicef, Ted Chaiban.

África con un “panorama más sombrío”

La región de África Subsahariana mantiene un panorama más desolador. Al menos 247 millones de niños, el equivalente a dos de cada tres, viven en pobreza multidimensional y sin los elementos necesarios para sobrevivir.

Los niños tienen hasta 10 veces más probabilidades de morir antes de los cinco años, y un total de nueve de cada 10 niños que viven en la pobreza en el mundo se encuentran en esta región.

Además, casi el 60 por ciento de los jóvenes de entre 20 y 24 años ha tenido menos de cuatro años de escolaridad.

La educación contra la desigualdad

La educación desempeña «un papel único para poner fin a los ciclos intergeneracionales de desigualdad». Sin embargo, desde 2011 Unicef ha denunciado que el número de niños que no asisten a la escuela ha aumentado, mientras que existe una proporción significativa de aquellos que sí van pero no logran aprender.

Otros datos reflejan que 124 millones de niños no acceden a la enseñanza primaria o secundaria, y casi 2 de cada 5 alumnos que terminan la escuela primaria no han aprendido a leer, escribir o hacer cálculos aritméticos simples.

Para el 2030, según las estimaciones de Unicef habrá más de 60 millones de niños fuera de la escuela.

Invertir en el futuro de las sociedades

El informe expone que si se invierte en aquellos niños que viven en las situaciones más vulnerables, se podrían producir beneficios inmediatos y a largo plazo.

En promedio cada año adicional de educación que recibe un niño aumenta sus ganancias cuando sea adulto en un 10 por ciento. Por cada año de estudio aprobado, la tasa de pobreza de un país caerá en un 9 por ciento.

Tomado de: http://www.telesurtv.net/telesuragenda/El-rostro-infantil-de-la-pobreza-20160628-0032.html

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Albinos en África: Persecusiones y Asesinatos

DiocesisdeCanarias.es/27 de junio de 2016

Albinos en África

En Tanzania los albinos son víctimas de la superstición y la brujería del pueblo. Se cree que poseer una parte del cuerpo de un albino, reporta dinero y riqueza. Los niños son el principal objetivo de los asesinos. Muchos se han refugiado en la escuela primaria de Mitindo para huir de sus perseguidores. Los asesinatos empezaron en 2007 y la mayoría de los hechiceros de los pueblos están instigándolos.
Víctimas de la superstición, a menudo son secuestrados porque se cree que sus huesos tienen propiedades mágicas

ROMA
Piden al Papa que intervenga para que se acabe la discriminación de los albinos en el Congo. La iniciativa es de la Asociación para el desarrollo de las personas albinas en África, que pretende sensibilizar a las autoridades de la República Democrática del Congo sobre la situación de los albinos que son víctimas de la superstición y, sobre todo, porque en la región de Kivu son secuestrados y asesinados porque se cree que sus huesos tienen propiedades mágicas y taumatúrgicas. Además, como afirma la Radio Vaticana al comentar la iniciativa, «también las condiciones sanitarias de los albinos son críticas», porque son más sensibles y pueden desarrollar melanomas malignos y necesitan cremas solares y vestidos específicos para sobrevivir.

Benedicto XVI había intervenido al respecto durante su viaje a Benín, en noviembre del año 2011, como recordó el misionero comboniano Giulio Albanese ante los micrófonos de la Radio Vaticana: «el Papa tocó el problema incluso porque lo indicó el episcopado africano. Desde este punto de vista, se trata verdaderamente de cambiar página, pero no hay duda de que el único modo, de una forma u otra, para poner en marcha el rescate es el de insistir en la educación. No hay que olvidar que fenómenos de este tipo, aunque con connotaciones diferentes, también se verifican en nuestra casa, en Europa, en el sentido de que la magia es considerada por muchos como una práctica aceptable».

Tomado de: http://www.diocesisdecanarias.es/solidaridad/albinos-en-africa-persecuciones-y-asesinatos.html

Imagen: https://www.google.com/search?q=situacion+de+los+albinos+en+africa&espv=2&biw=1366&bih=667&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwiD4MrKm8bNAhVMKh4KHXc4AKkQ_AUIBigB&dpr=1#imgrc=cv82QF83lSqPoM%3A

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Camerún: La reserva de la biosfera del Dja se muere.

Los intereses económicos de los poderosos de Camerún están matando uno de los espacios naturales más importantes del mundo.

África/Camerún/14.06.2016/Autor:Chema Caballero/Fuente:http://elpais.com/

Basil Fouda y su ayudante, Pierre, acaban de cruzar el puente de madera sobre el río Dja, abandonando la reserva de la biosfera del mismo nombree, en el sur de Camerún. En su camión transportan varios troncos enormes de moabi hasta Yaundé, donde serán transformados en tablas en una serrería antes de continuar hasta Duala para ser embarcados rumbo a Europa.

La compañía para la que los camioneros trabajan es francesa y ha conseguido una concesión para talar árboles en el corazón de la reserva. “Es el Gobierno quien las otorga porque ahora él gestiona directamente el parque”, asegura el conductor. “Ya no lo hace Ecofac (el programa de la Unión europea para el establecimiento de una red de áreas protegidas en África)”.

No se sabe hasta qué punto esta afirmación es verdad, pero unos metros más allá del puente se encuentra una edificación abandonada donde hasta hace cuatro años los guardas forestales registraban a todo el que pretendía adentrarse en la reserva. Ahora, los vehículos y las personas entran y salen libremente. A pocos metros de la antigua garita, una decena de camiones esperan a ser cargados y emprender la misma ruta que Basil y Pierre. Además, el Gobierno está arreglando las carreteras del parque para que los camiones puedan pasar más fácilmente.

La excusa del ejecutivo para conceder estos permios en una reserva de la biosfera es la construcción de una presa hidroelectrica en mekim, sobre el río Dja, por parte de una compañía china y con financiación del Banco de China, que inundará parte de las tierras de la misma. Por eso ha permitido que las madereras saquen los árboles que quedarán cubiertos por las aguas dentro de pocos meses. No es solamente la deforestación lo que está poniendo en peligro el rico patrimonio de este parque, también las actividades mineras, la caza ilegal y la presión de la población que vive en ella la amenazan de muerte.

Cercada casi en su totalidad por el río Dja, la reserva es excepcional por su rica biodiversidad y la gran variedad de primates que viven en ella. Alberga 107 especies de mamíferos, de las cuales cinco están en peligro de extinción.

Cualquier reserva de la biosfera debe cumplir tres funciones de manera integrada: conservación de la biodiversidad y la diversidad cultural, desarrollo económico, socio-cultural y ambiental sostenible y apoyo logístico a la investigación, el monitoreo, la educación ambiental y la formación. Por eso, toda reserva necesita de una zonificación adecuada: un núcleo dotado de instrumentos legales de protección que garanticen la función de conservación de aquellos componentes más valiosos o representativos y de la preservación de los servicios ambientales que proporciona. Una zona tapón, donde las actuaciones deben ser compatibles con la conservación del núcleo y contribuir al desarrollo, a la investigación, a la educación y a la conservación de modelos tradicionales de uso. Y finalmente una zona de transición, donde tendrán lugar las actuaciones destinadas específicamente a promover el desarrollo de las poblaciones locales dentro de criterios de sostenibilidad, donde se experimentarán estrategias y modelos de desarrollo sostenible y donde tendrán lugar la mayor parte de las acciones de demostración.

Todo esto está presente, al menos sobre el papel, en la reserva del Dja que,segun la UNESCO, es uno de los bosques húmedos más vastos y mejor conservados de África ya que el 90% de su superficie no ha sido perturbada por la presencia humana. Pero estos datos puede que no sean verdad.

Etienne Mefe Sala, jefe búlu de Mimbil, uno de los pueblos que está dentro de la reserva, tiene claro que la deforestación de la misma no reporta ningún beneficio a la población local: “las madereras vienen porque el Gobierno les ha dado la concesión y nosotros no recibimos nada a cambio de que se lleven los árboles. También tenemos problemas con nuestros campos, a veces caen árboles sobre ellos y destrozan el sembrado. Tendríamos que ser indemnizados por ello y no lo somos”. Tampoco sabe muy bien si las aguas del nuevo embalse inundarán sus tierras. “Si fuera así tendrían que indemnizarnos como han hecho con otros pueblos, pero a nosotros no nos han dado nada, lo único que sabemos es que se están llevando nuestros árboles y nosotros no recibimos nada a cambio”. Esta declaración contradice la afirmación del Gobierno de que solo se concede la explotación de las tierras que serán anegadas tras la conclusión de la presa.

El Gobierno está arreglando las carreteras del parque para que los camiones puedan pasar 

En el pueblo de los pigmeos baka del mismo nombre que está pegado al anterior, tampoco ven con buenos ojos la deforestación. Los pigmeos han vivido siempre de la selva, de la que se consideran parte inalienable, no habitantes de la misma. En ella cazan, pescan y recolectan miel, frutos y tubérculos para comer o hojas, cortezas y raíces para su medicina. Jean Pierre Bessala, sentado a la puerta de su mungulu (casa tradicional pigmea hecha de ramas y hojas) comenta que no está bien que talen la selva. «En ella nos buscamos la vida plantando y cazando. Antes era una riqueza para nosotros pero ahora no es tan fácil como antes. La explotación forestal comenzó en esta zona hace seis meses y desde entonces la caza ha descendido. Los animales huyen por el ruido y la destrucción. Todos, no queda casi ninguno”, explica.

Su vecino, Francis Libendji, es de la misma opinión: “necesitamos los árboles que se llevan para nuestras medicinas. La caza desaparece, la vida es más complicada. Todo esto nos plantea buscar una selva nueva porque la que ahora nos rodea está desapareciendo. Ahora mismo están ampliando un mungulu en el pueblo. Antes eso se hacía en un par de días, ahora se tarda semanas porque cuesta mucho encontrar las hojas”.

Robert Okale, al que todo el mundo conoce como Petit Robert, es uno de los guardas forestales de la reserva; nació en ella, en un pueblo llamado Ndjibot. Es también voluntario de cerca y lejos, la única ONG que trabaja en la zona, principalmente por el desarrollo de los bakas. Él no está de acuerdo con que se haya abierto el parque a las madereras, piensa que todo lo que no es el núcleo del mismo tendría que haberse transformado en bosque comunal para beneficio de la población que allí habita. “La gente que vive en la reserva es de la más pobre del país. Solo se benefician de ella unos pocos, gente importante del país: el presidente y sus amigos.”

El presidente camerunés, Paul Biya, tiene en la actualidad una gran plantación de piñas junto al río Dja. Según Robert, los informes de impacto no la permiten, como tampoco la presa de Mekin, “pero las autoridades pasan por alto las normas internacionales”.

Robert está seguro de que con la inundación de tierras provocada por la nueva presa se creará una fuerte presión sobre el núcleo de la reserva, ya que la gente entrará en él para plantar.

El guarda forestal comenta también que el presidente y sus amigos se han apoderado de “miles de hectáreas” en la zonas aledaña a la reserva para plantar palmeras de aceite, árboles de caucho y cacao. “Hay tanto beneficio que tienen su propio aparcamiento, enorme, y han construido pueblos para los trabajadores”, añade. “Eso está provocando que mucha gente que se queda sin tierras por la expropiación esté entrando en el interior de la reserva para cultivar”.

Robert también denuncia que son los amigos del presidente y los ministros los que practican la caza ilegal dentro de la reserva. Comenta la frustración de querer perseguir a cazadores ilegales y encontrarse con que no se puede hacer nada “contra estos hombres importantes”, que incluso se permiten dejar a los agentes forestales “notas con amenazas si intentamos perseguirlos sobre, por ejemplo, un elefante al que le han quitado los colmillos. Los tribunales solo condenan a pequeños cazadores furtivos, en su mayoría pigmeos. Es una injusticia”.

El Gobierno dice que solo se concede la explotación de las tierras que serán anegadas tras la conclusión de la presa

Moise Kwanbe es uno de los cazadores bakas más famosos de la reserva del Dja. Como la mayoría de los pigmeos, practica la caza tradicional que está permitida fuera del núcleo de la reserva, pero sabe que la gente con dinero de la capital contrata a los bakas para que rastreen a los grandes animales: “si llegas con dinero se puede organizar la caza del elefante y sacar el marfil fácilmente de aquí”.

Robert añade que no solo se cazan ilegalmente elefantes. “También el pangolín y el cuerno de rinoceronte tienen mucho mercado, principalmente en Asia”. Pierre, el ayudante del camión, asegura que gran parte del marfil sale entre los grandes troncos que transportan los vehículos madereros hasta Yaundé o Duala.

Es difícil controlar toda la reserva, “es enorme”, asegura Robert. “Tiene 526 hectáreas en el núcleo y un millón en los alrededores. Tiene más de 40.000 habitantes y solo somos 80 guardas forestales para todo eso”. Añade: “no tenemos vehículos ni medios de comunicación, tenemos que hacer todo el trabajo a pie, o depender de las empresas madereras que nos presten vehículos para perseguir a los furtivos”. Además, están muy mal pagados, él mismo no llega ni a los 100.000 francos CFA al mes (unos 150 euros). “No puedes pedirle a un funcionario que no puede ni pagar el colegio de su hijo que defienda la reserva”, comenta.

Según Robert, varias ONG han escrito informes denunciando el deterioro de la reserva de la biosfera del Dja y la UNESCO amenaza con clasificarla como sitio en peligro. “Pero el Gobierno utiliza esos informes para decir que es verdad que la reserva está sometida a mucha presión pero que no tiene dinero, así consigue fondos que luego nunca se invierten en el parque”.

Cuando habla como persona nacida en la reserva, Petit Robert también se indigna; piensa que “sin reserva, la gente que vive aquí tendría mucho más dinero. No entiendo por qué aquí la población es tan pobre y en Djoum, que no tienen reserva, es rica: tienen luz, teléfono… Explotan la selva y sacan riqueza de ella. Nosotros no recibimos nada por conservar la reserva”. Según él los habitantes de la reserva del Dja deberían recibir dinero por conservarla: “nosotros guardamos la reserva para beneficio de todo el planeta, pero sus habitantes no reciben ningún beneficio. Cada árbol contribuye oxígeno al planeta, pero la gente que vive aquí no recibe nada porque el planeta respire”.

En definitiva, concluye Petit Robert, con mucha amargura: “Unos pocos se están haciendo ricos a costa de explotar en su propio beneficio la reserva de la biosfera del Dja, mientras que la población que la habita es de la más pobre y marginada del país. Una injusticia”.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/06/10/planeta_futuro/1465567296_724634.html

Imagen: http://ep01.epimg.net/elpais/imagenes/2016/06/10/planeta_futuro/1465567296_724634_1465568615_noticia_normal_recorte1.jpg

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