No tenemos más remedio

Por: Elena Simón

La cultura de la violación no apela al deseo sexual masculino irresistible, sino que engarza con las relaciones desiguales de poder entre los sexos. Y ello no está erradicado, ni mucho menos.

Estamos en verano y eso significa sobre todo y en España FIESTA: fiestas locales y patronales, playeras, discotequeras, conmemorativas, conciertos, concentraciones humanas en las calles, etc. Fiestas de cuerpo, de música, de pérdida de mesura y de conciencia, a veces.

Nos acabamos de dar cuenta de que la cultura de la violación como fiesta masculina está instalada con «normalidad» en todas partes y es posible que algunos chicos extranjeros vengan aquí de vacaciones atraídos por estas fiestas veraniegas que, además de ser muy divertidas, son también permisivas respecto a los actos de violación contra las que viven y hacen fiesta aquí, en cualquier pueblo o ciudad, en cualquier calle o plaza.

Estamos en julio y recordamos qué pasó en Sanfermines hace tres años, pero no debemos olvidar que después de tres años de injusticia, por fin tenemos una sentencia que califica de horrendo el acto de violación colectiva intencionada, no de banal, divertido o inconsciente.

Como vivimos desde siempre en una cultura de la violación, donde los hombres se pueden permitir sentir deseo indiscriminado por cualquier cuerpo sexuado de cualquier mujer y ejecutarlo en solitario o en grupo, con o sin testigos presenciales; los hombres, hasta ahora, creían que eso era un simple ataque contra el honor (de las mujeres siempre estuvo en entredicho) y no un atentado contra las personas y su libertad sexual. Como los chicos siguen creciendo y viendo escenas sexuales violentas normalizadas, lo que quieren es repetirlas, pensando que las víctimas de su crimen no sienten ni sufren ni padecen, no sólo asco y dolor físico, sino consecuencias psicológicas y confusión mental, que arrastran durante buena parte de sus vidas, ante la permanente duda de si, en último extremo, consintieron.

El asunto de la violación es cosa de hombres y son ellos los que han de posicionarse claramente en contra, colectivamente y con toda clase de instrumentos a su alcance: manifiestos, libros, artículos, audiovisuales, publicidad, acciones colectivas visibles y hasta simples conversaciones entre amigos, conocidos o familiares.

Es cierto que muchos hoy día no son sujetos activos de violaciones, pero muchos más son sujetos pasivos y cómplices: no se pronuncian, no reaccionan, no hacen ni dicen, miran para otro lado o, incluso, sospechan de la palabra denunciante de las mujeres víctimas.

La verdad es que hay que romper drásticamante una acción patriarcal que tenía patente de corso: en las familias, en el vecindario, en los entornos ciudadanos o familiares y profesionales, en los gimnasios, en las playas.

Que las mujeres hayan adoptado formas de estar, vestirse y presentarse atrevidas y, en otros tiempos llamadas “descaradas”, no quiere decir en absoluto que vayan anunciando jornada de puertas abiertas por doquier. La mayoría de las jóvenes adoptan una estética de desnudez que, al ser tan generalizada, no habla de ninguna actitud sexualmente provocadora, sino de una moda para el verano.

Y otra cosa es que tenemos que conseguir desterrar esa idea masculina y aceptada socialmente de que el sexo “un poquito” forzado tiene más gracia y procura más placer. Las adolescentes y las jóvenes son objeto de deseo masculino, sin discusión, pero también lo son mujeres de otras edades, por el mero hecho de ser mujeres. Y, por ello, los chicos y los niños tienen que aprender que sus iguales, las chicas y las niñas, tienen unos genitales penetrables por los genitales penetradores, que son gobernados por ellas mismas.

La cultura de la violación no apela al deseo sexual masculino irresistible, sino que engarza con las relaciones desiguales de poder entre los sexos. Y ello no está erradicado, ni mucho menos.

Mientras tanto, vamos poniendo parches, inundando nuestras fiestas de puntos violeta y whatsapps de ayuda, poniendo carteles y logos y apelando a la solidaridad ciudadana para parar estos actos criminales, para crear conciencia.

¿Podemos hacer algo más al respecto?

Ir arrinconando, denunciando y condenando la frivolización de las violaciones, aislar a los sujetos, afear esas conductas, contrarrestar la única visión pornográfica que se divulga: mujeres sometidas a todo tipo de penetraciones y vejaciones, fingiendo deseo y placer.

Es verano, hay muchas fiestas, la gente sale y entra, se mueve por lugares sin normas y -yo diría- sin derechos, todo vale.

NO TENEMOS MÁS REMEDIO que empezar a actuar desde la justicia y el buen trato. Los hombres no tienen una condición humana superior que los convierta en impunes.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/blog/2019/07/15/no-tenemos-mas-remedio/

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Libro: ¿Qué quiere el movimiento feminista? Reivndicaciones y Razones

Licencia: CC BY-NC-ND
ISBN: 978-84-12-04782-0
Coleccion del libro: Lemur
Idioma: Castellano
Número de páginas: 71
Dimensiones: 150×200

Fecha edición:20/05/2019

Materia:  Feminismo
Reseña: El 8 de marzo de 2019 miles de mujeres tomamos las calles. Fue un grito global que nos unía a mujeres de otras tierras. Precedida de las revueltas de años anteriores, la huelga fue también resultado de un proceso colectivo de las mujeres y grupos que formamos la Comisión Feminista del 8M de Madrid. Durante meses debatimos y analizamos los objetivos y las razones que cada una tenía para hacer esa huelga y lo recogimos en este documento. No es, ni pretende ser, un inventario de las reivindicaciones feministas, pero sí un reflejo de nuestros consensos. No están todas, pero todas las reivindicaciones que están forman parte de una agenda feminista imprescindible y siempre abierta. Porque sabemos desde dónde hablamos: desde un feminismo internacionalista, antirracista, anticapitalista, que lucha contra la heteronormatividad. Ojalá sirva para animar
muchas más revueltas feministas.
Descargar: https://www.traficantes.net/sites/default/files/pdfs/LEM9_8M_web.pdf
Fuente: https://www.traficantes.net/libros/%C2%BFqu%C3%A9-quiere-el-movimiento-feminista
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Día Internacional de la Mujer en América Latina y el Caribe: una entrevista sobre la educación libertaria, el derecho de decidir y el combate a la violencia

Por:

 

En este diálogo por ocasión del Día Internacional de la Mujer, Guadalupe Ramos Ponce, abogada, feminista y coordinadora de CLADEM en Jalisco, aborda temas como: educación, equidad e igualdad de género, violencia de género y el avance conservador que ha resultado en retrocesos para los derechos de las mujeres y para la libertad de decidir sobre sus cuerpos

GUADALUPE, EN EL CENTRO, DURANTE UNA DE LAS MOVILIZACIONES FEMINISTAS. FOTO: EVA DA PORTA

“Toda educación tiene que ser no sexista, no discriminatoria, una educación sin fobias, sin miedos, una educación libertaria y que promueva el derecho a vivir una vida sin violencia. Pero, para alcanzar todas esas aspiraciones, tenemos que promover una educación sexual integral con perspectiva de género y de derechos humanos. (…) Una educación de esa manera no solo irá fortalecer la promoción de las relaciones de género igualitarias, sino también la construcción de Estados democráticos y respetuosos de los derechos humanos”, afirmó Guadalupe Ramos Ponce, abogada, feminista, profesora e investigadora de la Universidad de Guadalajara, defensora de los Derechos Humanos y coordinadora del  Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (CLADEM) en Jalisco, México.

Compartió este testimonio durante un diálogo con la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE) y la Asociación Latinoamericana de Educación y Comunicación Popular (ALER), por ocasión de las celebraciones de 2019 del Día Internacional de la Mujer.

En la entrevista, Guadalupe abordó la real importancia de recordar esta fecha, que lejos de ser un día para recibir regalos, es – según ella – un día de lucha por los derechos de las niñas y mujeres. “Es un día de conmemoración, pero también un día de accionar respecto a la condición de las mujeres, a lo que está pasando en el mundo, sobretodo en América Latina y el Caribe, con su condición social, política, jurídica y también por el tema de la educación de las mujeres, y cómo ha sido el avance en relación a las brechas de desigualdades históricas que hemos vivido. Ese día es un día de lucha y de seguir exigiendo también todo eso que nos hace falta”, dice.

Diversos temas fueron tocados en la entrevista, desde la importancia de que temas y enfoques de género y sexualidad sean abordados en la educación, así como el combate a la violencia y la lucha para que las mujeres puedan decidir sobre sus cuerpos.

“El cuerpo de las mujeres se convierte en un campo de batalla. Allí encontramos las explicaciones al acoso sexual, al hostigamiento y a la pregunta ‘¿Por qué cuando vamos a la calle nos gritan, nos dicen cosas?’. Es una manera de inhibir nuestra presencia en el espacio público de la calle. ¿Por qué cuando entramos en las escuelas, a las universidades, encontramos también en ocasiones espacios hostiles para nosotras, desde un maestro que nos acosa, que nos hostiga y demás? Es una manera de desalentar la presencia de las mujeres allí”, afirma Guadalupe.

Lee la entrevista completa:

¿Cómo está la educación de América Latina y el Caribe respecto a la igualdad y equidad de género?


Guadalupe Ramos Ponce – 
Antes de responder esta pregunta, me gustaría comenzar con una brevísima reflexión sobre el Día 8 de Marzo porque luego se distorsiona, sobretodo en los últimos años. Las instituciones, los Estados, se han encargado de distorsionar el día 8 de Marzo como un día de celebración, un día en que te regalan una florecita, y ahora todo el mundo te manda felicitaciones por ser el día de la mujer.

Historia del 8 de Marzo

Como explicó Guadalupe Ramos Ponce, esta fecha está lejos de ser un día festivo. Su origen se enmarca en un contexto histórico e ideológico de luchas de las mujeres, determinado por profundas desigualdades de género.

El 8 de marzo de 1857, un suceso trascendental marcó la historia del trabajo y la lucha sindical en el mundo entero: 129 mujeres se murieron en un incendio en la fábrica Cotton, de Nueva York, Estados Unidos, luego de que se declararon en huelga con permanencia en su lugar de trabajo.

Estas mujeres se movilizaron para exigir la reducción de su jornada laboral a 10 horas, un salario igual al que percibían los hombres por las mismas actividades y medidas para corregir las malas condiciones de trabajo que padecían. El dueño de la fábrica ordenó cerrar las puertas del edificio para obligar las manifestantes a dejar el lugar. Sin embargo, el resultado fue la muerte de las obreras en el interior de la fábrica.

La protesta y la muerte de estas mujeres generaron otras manifestaciones, actos y conferencias hasta que, en el 1977, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) designó oficialmente el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer.

Más informaciones sobre el Día Internacional de la Mujer

Me parece importante que comencemos con esta reflexión de que es un día de conmemoración, pero también un día de accionar respecto a la condición de las mujeres, a lo que está pasando en el mundo, sobretodo en América Latina y el Caribe, con su condición social, política, jurídica y también por el tema de la educación de las mujeres. Es un día de lucha y de seguir exigiendo todo eso que nos hace falta.

En relación a la pregunta, toda la región de América Latina y el Caribe ha significado históricamente por las enormes brechas de desigualdad entre los grupos poblacionales – por ejemplo, en la misma región, países como Uruguay, Costa Rica o Argentina tienen niveles en el tema de la educación mucho más elevados que los de Guatemala, Bolivia y Perú.

En la última década, si bien se redujeron las brechas entre mujeres y hombres en el tema educativo – porque la población femenina comenzó a entrar a la educación formal, media y a las universidades, alcanzando en algunos casos mayoritariamente los espacios educativos – encontramos en otros lugares que tales brechas siguen aumentando.

¿Cómo la perspectiva de la igualdad de género debería abordarse en el ámbito educativo?


Guadalupe Ramos Ponce – 
La perspectiva de género es una perspectiva de análisis que nos permite revisar y mirar cuál es la condición de las mujeres en la educación de la región.

Si bien hemos visto la lucha de las bases sociales por igualdad de género, al mismo tiempo, hemos encontrado – sobretodo en los últimos años – un reposicionamiento de grupos de la extrema derecha que, ante los avances significativos que se van logrando respecto a los derechos de las mujeres, comienzan a impulsar rechazos y, en algunos casos, hasta retrocesos con el discurso de la llamada “ideología de género”, como una manera de deslegitimar estos avances importantes que se habían tenido.

Fueron avances en términos de visibilizar la condición de desventaja histórica en que las mujeres hemos estado, y que por lo tanto requería una serie de acciones afirmativas en la región para disminuir estas brechas de desigualdad.

¿Equidad e igualdad de género es lo mísmo?


Guadalupe Ramos Ponce – 
La equidad es el camino para alcanzar la igualdad. Yo les pongo un ejemplo muy sencillo: cuando en clases yo les doy a mis alumnos(as) una manzana, en este momento, a cada una y a cada uno, aparentemente estoy realizando una acción igualitaria, y no es así.

Para que yo pueda aportar en el sentido de superar la desigualdad en la que viven mujeres y hombres, yo tengo que mirar – y para eso me ayuda la perspectiva de género – ¿cuál es la situación que cada una y cada uno tiene, no solamente en el aula, sino en su casa, en su vida social y familiar? Entonces, me voy a percatar que, en su casa, algunos tienen un kilo de manzanas, pero hay otros que ni siquiera en su vida han conocido una manzana. Entonces, para algunos les va a tocar una manzana, a otros les van a tocar tres manzanas y posiblemente a alguna y a alguno no le toque ninguna manzana. Eso es equidad, es equitativo, porque miré la condición de cada quién para darle de acuerdo a su circunstancia, y de esta manera doy pasos para alcanzar la igualdad.

¿Pensando en los espacios educativos, más allá del aula, qué importancia tiene abordar temas de género y sexualidad?


Guadalupe Ramos Ponce – 
Por supuesto, toda educación debe ser no sexista, no discriminatoria, una educación sin fobias, sin miedos, una educación libertaria y que promueva el derecho a vivir una vida sin violencia.

Pero, para alcanzar todas estas aspiraciones, tenemos que promover una educación sexual integral con perspectiva de género y de derechos humanos. Es decir, el abordaje tiene que ser tan amplio que abarque los derechos sexuales y reproductivos, la salud sexual, la diversidad, la orientación sexual y la identidad de género, la autonomía, el acceso a la información, la libertad sexual, la promoción de decisiones libres y responsables, y la superación de todo tipo de estereotipo y de discriminación.

Una educación de esta manera no solo fortalecerá la promoción de las relaciones de género igualitarias, sino también la construcción de Estados democráticos y respetuosos de los derechos humanos.

¿Cuáles son las consecuencias negativas para las y los estudiantes de la exclusión del abordaje de los temas género y sexualidad en los espacios educativos?


Guadalupe Ramos Ponce – 
Estos efectos ya lo estamos viviendo, y de hecho lo que tenemos que hacer es mirar esta realidad. Cuando no se educa de esta manera integral como hemos señalado y cuando se trata de impedir una educación sexual integral, las consecuencias son funestas.

En las últimas semanas, hemos tenido dos casos de dos niñas – una de once y otra de doce años de edad – embarazadas, producto de una violencia sexual y obligadas a vivenciar estos partos. Les aplicaron cesáreas y las sometieron a situaciones de torturas incalificables.

Esto en el caso de la violencia sexual, pero hay otras situaciones en que prevalece la ignorancia, la desinformación, y con esto estamos llevando a que se incremente la violencia contra las niñas y mujeres de la región.

Se observa como tendencia en nuestra región una presencia de movimientos conservadores a la incorporación de los temas sexualidad y género, y también del debate político, en los sistemas educativos. En Brasil, por ejemplo, está el movimiento “Escuela sin Partido”, y en Perú y Ecuador está “Con mis hijos no te metas”. ¿Cómo explicamos que esta tendencia conservadora tenga tanta fuerza?


Guadalupe Ramos Ponce – 
Hice un análisis muy específico en el caso de México, cuando estos grupos de “Con mis hijos no te metas” se conformaron en redes a nivel nacional para impedir que se promulgaran leyes.

“Detrás de esta idea de ideología de género hay una gran persecución a los temas de la diversidad sexual”

Lee también la entrevista de CLADE con Nilma Lino Gomes, ex ministra del Ministerio de la Mujer, la Igualdad Racial y los Derechos Humanos durante el gobierno de Dilma Rousseff. En el diálogo, se abordan las actuales amenazas a los derechos de niñas, mujeres y personas LGBTI en Brasil, y la importancia sobre la discusión sobre género y las diferentes formas de discriminación esté presente en las escuelas.

Había todo un paquete de reformas legislativas que se habían propuesto en el sexenio anterior, por parte del ex-presidente, y se llevó al Congreso de la Unión, a la Cámara de Diputados. Este paquete proponía, además del matrimonio igualitario, los cambios de identidad – para que legalmente pudieran estar protegidas con certeza jurídica todas las personas en sus diversidades y en sus identidades – y una serie de derechos. Con esta campaña que “Con mis hijos no te metas” impulsó en todo el país, logró impedir que se aprobaran estas reformas legislativas, resultando en un gran retroceso.

¿Por qué tienen tanto peso, incluso para impedir esta reforma y avances en México y otros países de la región? Veo que se ha alzado una fuerza insospechada, apoyada por los gobiernos, que les han abierto las puertas de espacios institucionales y gubernamentales. Pero, sobretodo, han alcanzado esta fuerza por tres cuestiones fundamentales:

  1. Los recursos económicos con los que cuentan. Ellos tienen dinero que les posibilita realizar estas campañas que trascienden las fronteras de los países;
  1. Tienen apoyo institucional y gubernamental, lo que les ha facilitado acceder a las instancias gubernamentales, e inclusive organizarse en partidos políticos o candidaturas para llegar a los espacios de decisión.
  1. La ignorancia y el miedo de las personas se han manejado con muchos argumentos mentirosos. Dicen que “a tus hijos la escuela les va a cambiar de nombre, los niños van a poder entrar en los baños de las niñas” y toda una serie de tonterías que la gente cree y termina diciendo que apoya a esta causa para proteger a sus hijos.

Estos tres factores fundamentales fueron los que han influido para que haya este fortalecimiento de las derechas (política), sobretodo de los grupos evangélicos en América Latina y el Caribe, con propuestas totalmente regresivas.

¿Cómo se cruza la agenda del movimiento feminista con la lucha por el derecho a la educación, frente a un contexto regresivo para los derechos de las niñas y mujeres?


Guadalupe Ramos Ponce – 
Por un lado, existe una respuesta de ejercicio de violencia contra las mujeres cuando llegamos a un espacio a donde no estábamos invitadas históricamente. Es decir, al espacio público.

Nosotras habíamos sido confinadas al espacio doméstico, al espacio privado, al espacio del cuidado y de la atención a las hijas e hijos, de los quehaceres de casa. A ese espacio nos confinaron y construyeron la historia.

“¿Entonces, qué pasa cuando comenzamos a invadir un espacio que no era para nosotras, el espacio público, la calle, las escuelas, el ámbito laboral, el ámbito educativo? ¿Porque tampoco era para nosotras? Pues hay una respuesta de violencia. Esta es la realidad. ¿Y donde se ejercen estas violencias? En el cuerpo de las mujeres”.

Les recomiendo un libro de Jean-Jacques Rousseau llamado Emilio. En él, Emilio se dedica a labores del ejercicio del gobierno, porque tiene alguien en casa que le atienda, le cuide, le haga la comida, le planche, le cuide a los niños, etc. Para eso está Sofía, a quien confinan en un espacio privado y para Emilio está el espacio público.

Pues, es lo que nos ocurrió en la historia, ¿no? Cuando pasan a ocupar el espacio público, las mujeres tienen sus cuerpos convertidos en un campo de batalla. Allí encontramos las explicaciones al acoso sexual, al hostigamiento y a la pregunta “¿Por qué cuando vamos a la calle nos gritan, nos dicen cosas?”. Es una manera de inhibir nuestra presencia en el espacio público, en la calle.

Otro tema es el “derecho a decidir”, son las decisiones de las mujeres sobre su cuerpo, sobre su vida, particularmente respecto al aborto y a la interrupción legal del embarazo.

Las mujeres, de manera individualizada, tienen que tomar esta decisión. ¿Qué le corresponde al Estado? Le toca garantizar que esta decisión sea tomada por la mujer en las mejores condiciones, y que existan los espacios de salud adecuados para que, cuando tome esta decisión, la mujer pueda hacerlo sin riesgos para su vida. ¿Y la sociedad qué tiene que hacer? Pues, respetar esa decisión.

Sin embargo, ocurre exactamente lo contrario: se convierte el tema en un debate público, donde todo mundo opina, todo mundo dice y plantea opiniones y decisiones, cuando las únicas que deberían hacerlo somos las mujeres.

CLADEM actúa en toda la región, para defender los derechos de las mujeres. ¿Cuáles son sus principales focos de acción actualmente?


Guadalupe Ramos Ponce –
 CLADEM existe hace más de 30 años, y surgió en el marco de la Conferencia de Beijing, donde se encontraron muchas compañeras feministas, abogadas y sociólogas inicialmente, luego de distintas formaciones, que decidieron unirse en una red de mujeres para actuar contra las discriminaciones y desigualdades históricas que sufren las mujeres en la región.

Conferencia de Beijing

La Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, marcó un importante punto de inflexión para la agenda mundial de la igualdad de género.

La Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, adoptada de forma unánime por 189 países, constituye un programa en favor del empoderamiento de la mujer, siendo un documento clave para la política mundial sobre igualdad de género.

El documento establece una serie de objetivos estratégicos y medidas para el progreso de las mujeres y el logro de la igualdad de género en 12 esferas cruciales:

>> La mujer y la pobreza
>> Educación y capacitación de la mujer
>> La mujer y la salud
>> La violencia contra la mujer
>> La mujer y los conflictos armados
>> La mujer y la economía
>> La mujer en el ejercicio del poder y la adopción de decisiones
>> Mecanismos institucionales para el adelanto de la mujer
>> Los derechos humanos de la mujer
>> La mujer y los medios de difusión
>> La mujer y el medio ambiente
>> La niña

En un primer momento, nos dedicamos a mirar las leyes de la región que resultaban regresivas y opresoras para las mujeres, con el objetivo de utilizar el derecho como una herramienta de cambio.

En ese sentido, hemos llevado litigios estratégicos. Por ejemplo, el caso del campo algodonero en México, en el que se obtuvo una sentencia al Estado por feminicidio, generando jurisprudencia para toda la región de cómo deben investigarse los casos de feminicidio. A partir de casos como este, buscamos generar cambios no solamente normativos, sino también estructurales en la región.

Este 8 de marzo, ¿cuáles son las principales banderas de lucha del movimiento feminista?


Guadalupe Ramos Ponce – 
Impulsamos la consigna internacional “nosotras paramos”, para hacer un llamado a la consciencia mundial de que, si las mujeres somos más de la mitad de la población y si nosotras paramos, el mundo se para.

Si dejamos de cocinar, de tener sexo, de barrer, trapear, atender a los hijos; si dejamos de ir a la escuela, si dejamos el trabajo en la oficina – es decir, si paramos de hacer lo que hacíamos por un día, en todos los ámbitos, en todos los lugares – seguramente, el mundo se va a parar. Entonces, el llamado es por la huelga feminista, a dejar de hacer lo que estamos haciendo ese día para generar consciencia de que sin nosotras el mundo no sigue.

Fuente de la entrevista: https://redclade.org/noticias/dia-internacional-de-la-mujer-en-america-latina-y-el-caribe-una-entrevista-sobre-la-educacion-libertaria-el-derecho-de-decidir-y-el-combate-a-la-violencia/

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Mirta Israel: “No hay forma de avanzar en esta despatriarcalización, si no es desde lo colectivo”

Colombia Informa: ¿cuál ha sido su proceso en este movimiento feminista?

Mirta Israel: Soy parte del equipo de educación popular “Pañuelos en Rebeldía”, es un equipo de educadoras y educadores populares que nos definimos como feministas, pero no es una organización feminista en el sentido de que no es formado por mujeres y disidencias sexuales. No. Entendemos que el feminismo es algo que atraviesa la lucha fuertemente hoy, y de manera fundamental. Entonces cuando hacemos la formación de educadoras y educadores, en los espacios con los que militamos con otras organizaciones, este es un eje central de nuestro trabajo.

CI: Teniendo en cuenta la expansión que el movimiento feminista está teniendo en nuestro continente, ¿Cuál es la perspectiva sobre esta lucha anti patriarcal en Argentina y en América Latina?

MI: Hay un crecimiento de esta lucha desde los pocos espacios de los movimientos populares. Hoy analizábamos como está la correlación de fuerzas en el movimiento popular en relación al sistema y en ese plano creo que el feminismo y el movimiento de mujeres y de disidencias sexuales vienen creciendo, porque sortean algunos temas que el movimiento popular en su conjunto todavía no ha logrado superar. Pero viene en ese camino de generar espacios de unidad, poniendo el cuerpo en acción concreta desde la praxis y no desde una unidad de acuerdos entre cúpulas y organizaciones.

CI: ¿Es más práctico el asunto?

MI: Más en los hechos concretos.

CI: ¿Cuáles son los principales obstáculos para esta lucha feminista en América Latina?

MI: El primer obstáculo es con el propio sistema, desde sus espacios de reproducción de la cultura dominante como son las iglesias diversas, los grandes medios de comunicación, la propia educación que recibimos. Pero sobre todo, la reproducción de patrones culturales patriarcales que es más invisible desde la familia, desde la casa, desde lo cotidiano, incluso dentro de los movimientos sociales y populares en los que participamos. Quizá, difícilmente podamos cambiar al sistema en ese plano pero si podemos generar una transformación al interior de todas nuestras organizaciones. Ese obstáculo, por lo menos en Argentina se viene superando empezando a visibilizar quizás, esa opresión patriarcal que se da al interior de las organizaciones, que no permite que las mujeres ocupen los lugares que deberán ocupar.

CI: ¿Cómo luchar o trabajar con esas estructuras patriarcales que se mantienen al interior de las organizaciones y de los diferentes movimientos feministas?

MI: Lo primero es brindar espacios a las mujeres, espacios propios que nos fortalezcan, que nos permitan construir poder. Sentirnos fuertes, levantar la autoestima, entender que podemos y corrernos del lugar de la víctima. Asumir un lugar en el que entendamos que colectivamente es posible generar esos espacios y cambios. Hay una parte que les corresponde a los varones que se dicen revolucionarios y rebeldes y es comprender que también tienen que trabajarse a sí mismos y asumir que tienen todo ese atravesamiento patriarcal en su interior.

CI: Toda esta transformación requiere de una pedagogía, así pues, ¿cuál es el papel de esta pedagogía popular en esta lucha?

MI: Es fundamental. Nosotras trabajamos mucho en los feminismos populares porque entendemos que tampoco hay un solo feminismo y también de los feminismos populares porque también ha habido un feminismo colonizador, europeo, blanco. En todo caso es como partimos de la realidad concreta de las mujeres del campo popular y hacemos ese camino juntas y eso es pedagógico. También formarnos en los autocuidados, -en el acuerparnos decimos nosotras-, para poder caminar juntas y ese es el aprendizaje y es parte de la pedagogía feminista.

CI: Usted decía que cada mujer vive una realidad y un contexto específico, por ejemplo, una mujer que tiene que trabajar con un horario riguroso, lunes a viernes en jornada de ocho horas en donde muchas veces los espacios para pedagogía feminista no existen, ¿Cómo ejerce su lucha para que los espacios pedagógicos también lleguen a dichos contextos?

MI: Claro. No basta con una intención o voluntad individual. El tema es comprender como construimos o nos sumamos a espacios colectivos que a veces están en los barrios, así no estén en nuestro trabajo pero están en otros espacios, en nuestros territorios, donde sí se vienen juntando las mujeres por diversos temas y hay que saber identificar que temas pueden unir a esas compañeras en concreto. No hay una formula, no hay una receta, pero si hay una búsqueda y entender que es una búsqueda colectiva, no hay forma de avanzar en esta despatriarcalización si no es desde lo colectivo.

CI: Uniéndolo con todo lo trabajado en el seminario que trató sobre la resistencia al capitalismo, ¿cómo desde el feminismo se le hace resistencia a este sistema que está muy relacionado a todo lo patriarcal?
MI: Los círculos de mujeres ayudan a que tomemos fuerza también desde la casa, desde lo cotidiano, desde lo que nos pasa en nuestras camas hasta lo que nos pasa a todo nivel donde estamos. El trabajo colectivo y el entendernos juntas, aunque en ese momento no estemos juntas, pero el sabernos parte de ese cuerpo colectivo, nos da una fuerza y un poder que nos permite hacer cosas que ni nos imaginamos pero es una vivencia que hay que atravesar.

CI: Entre nosotras las mujeres, muchas veces se deslegitimiza el movimiento feminista y todo su trabajo, ¿cómo lograr que esa resistencia entre nosotras desaparezca y crear esa consciencia de la importancia que tiene esta lucha feminista?

MI: Bueno, eso es parte de lo que hay que trabajar en los espacios de las mujeres. Romper con esa cultura de la competencia entre las mujeres que está alimentada por el sistema. Eso es parte de la pedagogía feminista cuando hablamos de sororidad o de hermandad, estamos hablando de eso, de entendernos diferentes pero en cooperación y no en competencia y bueno eso es parte de la cosa.

CI: ¿Cuál es el rol que tenemos las mujeres en la construcción del poder popular en América Latina?

MI: Fundamental. Analizábamos que el sistema donde más pega es en las mujeres y en los jóvenes, pero en las mujeres es donde recae toda esta política, entonces es prioritario comprender eso en el movimiento popular.

CI: Con todo esto que está sucediendo con las elecciones de Brasil, los resultados en Argentina el 8 de agosto y demás contextos similares en América Latina, ¿Qué se le viene al movimiento feminista en nuestro continente? Teniendo en cuenta como usted decía, que estamos yendo para atrás en todos los escenarios políticos, económicos y sociales.

MI: Se viene seguir fortaleciendo los espacios. Es el momento de fortalecer, de seguir resistiendo. Entendemos que hay un retroceso en general del movimiento popular, pero poder analizar qué paso con esta marea feminista y que está pasando puede dar algunas pautas de cómo avanzar ante determinados retos. Perdimos las votaciones en el parlamento en Argentina el 8 de Agosto, pero ganamos en organización y en creación de espacios colectivos, entonces es poder ver eso y poderlo ver más allá de los resultados en espacios e institucionales del sistema. Hoy hay muchas más mujeres en Argentina que se sumaron a las socorristas, que son las que acompañan a las mujeres que quieren abortar, entonces el tema del aborto lo venimos intentando resolver de todas maneras. No estamos esperando que el sistema nos diga si lo pueden hacer, lo hacemos y hay que generar las condiciones para que eso suceda. Entonces, la construcción de poder popular significa el cómo estamos construyendo ese poder popular hoy. No es un poder mañana, es un poder hoy. Y este poder hoy significa encontrar alternativas y soluciones a problemas que estamos teniendo hoy y que le quite espacio, no es pensar en función de cómo destruimos al sistema sino en función de que construimos.

CI: Finalmente, ¿Cómo se concibe el feminismo de cara a los crecientes gobiernos de derecha que están en el territorio latinoamericano?
MI: Hay que generar más espacios de autodefensa y de cuidado. Está claro que hay un ataque a las mujeres, más que nunca incluso hasta quitarnos la vida. Aquí es donde es fundamental el movimiento organizado.

CI MFR/FC/15/10/18/16:00

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Feminismos populares Las brujas necesarias en los tiempos de cólera

Por Claudia Korol

Los feminismos populares se han extendido por América Latina y abarcan un abanico diverso de movimientos de base territorial que interactúan con  movimientos de mujeres que no necesariamente se definen como feministas y participan de organizaciones populares mixtas. En el feminismo indígena, negro o de los barrios latinoamericanos emergen crecientes demandas de despatriarcalización, se desarrolla una renovada pedagogía feminista y se ponen en cuestión las propias jerarquías de las organizaciones de izquierda.

Apesar de la ofensiva conservadora que conmueve este tiempo, arrasando conquistas de los pueblos, contagiando cólera y rabia en los corazones, hay un aquelarre subterráneo, un movimiento de conciencia histórica que crece, se «encuerpa» desde la memoria, y cambia –nos cambia– la vida cotidiana. Me refiero a la irrupción en la política de colectivas de acción, pensamiento, sentimientos, sueños, que asumimos el feminismo como una propuesta que desafía a las múltiples opresiones producidas por el capitalismo colonial y patriarcal. Feminismos indígenas, campesinos, barriales, de trabajadoras de doble y triple jornada. Feminismos de sujetas no sujetadas, que respondemos colectivamente a los desafíos de la sobrevivencia y vamos haciendo realidad la propuesta: «si tocan a una, tocan a todas».

Los feminismos populares se han extendido por América Latina y abarcan un abanico diverso de movimientos de base territorial que interactúan con movimientos de mujeres que no necesariamente se definen como feministas y participan de organizaciones populares mixtas. En el feminismo indígena, negro o de los barrios latinoamericanos emergen crecientes demandas de despatriarcalización, se desarrolla una renovada pedagogía feminista y se ponen en cuestión las propias jerarquías de las organizaciones de izquierda.

El mapa político de nuestros feminismos

Históricamente han existido corrientes del feminismo que han sostenido fuertes vínculos con los movimientos de trabajadoras, entre ellas las anarquistas, socialistas y comunistas de comienzos del siglo xx, y también feministas que a lo largo de los siglos xx y xxi desarrollaron su activismo en organizaciones populares, fueron parte del movimiento de derechos humanos que enfrentó a las dictaduras, refundaron las luchas democráticas integrando los derechos de las mujeres, aportaron a la organización de las víctimas de prostitución y trata, comparten la búsqueda de niñas, adolescentes y mujeres desaparecidas en democracia, acompañan a mujeres que sufren violencia en sus familias, a niñas y niños que sufrieron abuso sexual, a mujeres que denuncian la violencia sexual como crímenes de los Estados terroristas, etc. Pero fue en estas últimas décadas cuando se visibilizaron experiencias que denominamos genéricamente como «feminismos populares». Se trata de colectivas feministas, espacios de mujeres y/o lgttbi, que en algunos casos son parte de organizaciones mixtas, en otros no, pero que coinciden en la necesidad de no establecer jerarquías entre las distintas opresiones y eluden caracterizar las luchas como «principales» y «secundarias» –como las clasificaba la izquierda tradicional– para organizar sus acciones. Las feministas populares asumimos que en el sistema capitalista patriarcal y colonial las distintas formas de dominación y disciplinamiento de los cuerpos, los territorios, las comunidades, la naturaleza de la que somos parte se refuerzan mutuamente, y que cada logro en una perspectiva emancipatoria erosiona los pilares del sistema, en la medida en que contribuye a la creación de subjetividades –individuales y sociales– autónomas, capaces de imaginar un mundo diferente, y de crearlo. En Argentina existe un antecedente inelu- dible de estos feminismos populares: el de las asambleas de mujeres pique- teras que se realizaban los días 26 de cada mes sobre el puente Pueyrredón después del 26 de junio de 2002, cuando la policía asesinó a Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en la estación Avellaneda (hoy renombrada como «Da- río y Maxi»)1. En el corte del puente Pueyrredón, donde se exigía justicia por Darío y Maxi, las mujeres hablaban en asamblea de las temáticas que las preocupaban, reconociendo sus necesidades, sus problemas, las dificultades en sus organizaciones.

Este proceso –impulsado por algunas compañeras feministas que venían de experiencias anteriores e «hicieron escuela» en los movimientos– revolucionó el lugar de las mujeres piqueteras en las casas, en las calles y en la historia. El Frente Popular Darío Santillán abrió caminos en esta dirección al constituir el Espa- cio de Mujeres, que promovió que más tarde toda la organización se asumiera como «antipatriarcal», además de considerarse «anticapitalista» y «antiimperialista». Ese camino fue recorrido también por otras organizaciones sociales y políticas y, sobre la marcha, esos colectivos de mujeres y diversidades sexuales nos fuimos encontrando en un proceso de formación feminista realizado en co- mún, con encuentros plenos de debates, pasiones, risas e intercambios que aún estamos compartiendo.

Otro afluente del feminismo popular fue el quiebre de los modos de hacer política generado a partir del 19 y el 20 de diciembre de 2001. En ese contexto de rebeldías nacieron varias colectivas feministas articuladas como «Feministas Inconvenientes», en un espacio donde participamos mujeres, lesbianas, travestis y trans, que pensamos un feminismo con raíces en el continente, mestizo, descolonizador, anticapitalista, autónomo, de acción directa, integrado en las luchas populares. Los sucesivos Encuentros Nacionales de Mujeres realizados en Argentina nos permitieron «enredarnos» con otras feministas y organizaciones de mu- jeres, lesbianas, travestis y trans, y plantear temáticas comunes para nuestras acciones. En el marco de esos encuentros nos autoconvocamos en las mesas de «Feministas Latinoamericanas en Resistencia», que tuvieron un primer impulso con la presencia de la ex-senadora colombiana Piedad Córdoba en el 23o Encuentro Nacional de Mujeres reunido en la provincia de Neuquén en agosto de 2008, y tomaron fuerza a partir del golpe de Estado de Honduras en junio de 2009, con el ejemplo de las Feministas en Resistencia de ese país, que crearon la incisiva consigna-síntesis: «Ni golpes de Estado ni golpes a las mujeres».

Las feministas indígenas de los pueblos del Abya Yala, las feministas comunitarias de Guatemala y Bolivia y las feministas campesinas aportaron lecciones de radicalidad teórica y práctica, con un feminismo de enfrentamiento directo a las transnacionales, a las políticas extractivistas y a la violencia de los narcoestados. Activistas como Berta Cáceres del Consejo Cívico de Orga- nizaciones Populares e Indígenas de Honduras (copinh), Miriam Miranda de la Organización Fraternal Negra de Honduras (ofraneh), Bety Cariño del Centro de Apoyo Comunitario Trabajando Unidos (cactus) de Oaxaca, Mé- xico, Blanca Chancosa, de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (conaie), las mujeres zapatistas en Chiapas, entre otras experiencias significativas, enseñaron a los feminismos populares que no se trata solo de «despatriarcalizar» en el marco de las luchas anticapitalistas, sino también de descolonizar nuestras vidas.

Las mujeres de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (cloc) y de La Vía Campesina Internacional han venido creando un feminismo campesino, que tiene entre los ejes centrales el cuidado de las se- millas nativas, la lucha por la soberanía alimentaria y por la reforma agraria integral y contra la violencia patriarcal. Superando la distancia existente unas décadas atrás entre las organizaciones campesinas y las feministas, hoy las mujeres de La Vía Campesina dicen que «sin feminismo no hay socialismo». Desafían así las ideas patriarcales en sus organizaciones, que piensan que las luchas de las mujeres «dividen» al movimiento, o que hay que hacer primero las revoluciones socialistas para luego transformar las relaciones de género. Desafían también a las corrientes feministas que consideran que las demandas de las mujeres se limitan a una agenda consensuada y financiada de integración en el sistema, lo que legitima explotaciones estructurales del capitalismo patriarcal colonial occidental.

Por su parte, las feministas negras aportan a las miradas descolonizadoras y denuncian cómo se conjugan las opresiones de raza, clase y género. Ponen de relieve que las propuestas políticas del feminismo colonizado y colonizador no las representan, porque no son las mismas sus necesidades y demandas básicas para la sobrevivencia como parte de sus pueblos. Las feministas ne- gras e indígenas se encuentran en la tensión permanente de ser parte de co- munidades criminalizadas por el poder capitalista, por lo cual sostienen una difícil batalla para que las luchas antipatriarcales no sean funcionales a las lógicas de judicialización y estigmatización de los Estados que segregan y persiguen a sus pueblos. Sin embargo, tienen conciencia de que en el interior de sus comunidades también hay relaciones de poder opresivas, que hacen de las mujeres las oprimidas entre los oprimidos. Es muy importante y esclarecedor, para develar estos conflictos, el aporte de las feministas comunitarias, que han conceptualizado las dimensiones del territorio cuerpo y el territorio tierra, y lo que nombran como «entronque patriarcal», que explica cómo el patriarcado original de las comunidades se ha visto reforzado por el pacto impuesto en los procesos de colonización por el patriarcado occidental.

Existen debates entre las mujeres indígenas por la presión que se ejerce desde ese entronque patriarcal, que postula que la emancipación de las mujeres constituye una amenaza para la unidad en la lucha de las comunidades. Las cosmovisiones de algunos pueblos ponen énfasis en la «complemen- tariedad» entre varones y mujeres y señalan que estas eran relaciones de equilibrio rotas por el colonialismo y que la denuncia de las inequidades que se producen en estas relaciones vuelve a reforzar las políticas colonizadoras y debilita a sus pueblos. Aparece una crítica al feminismo, tratado como un pensamiento político ajeno al continente, sin valorar que son las propias mujeres indígenas quienes han asumido las luchas por sus derechos en tanto mujeres, sin dejar de estar en la primera línea de las batallas de sus comunidades por la vida, por los territorios y por el conjunto de los derechos culturales, económicos, sociales y políticos de sus pueblos.

Otra corriente que confluye en las experiencias del feminismo popular es la de las colectivas feministas que en el marco de procesos que dibujan horizontes socialistas en Venezuela y Bolivia volvieron a poner en debate temas como las relaciones de los movimientos con el Estado, los alcances y límites de la auto- nomía en los procesos de transformación y el aporte de las mujeres a las revoluciones. Las feministas bolivarianas tienen el inmenso desafío de ser parte de la defensa de la revolución y, al mismo tiempo, de dar batalla contra las lógicas profundamente patriarcales, burocráticas, verticalistas y autoritarias que atra- viesan muchas de las organizaciones y los movimientos que la sostienen. Se trata de feminismos que hacen y defienden, cuidan y critican, que son parte y cuestionan los procesos de cambio desde perspectivas antipatriarcales. Femi- nismos que se levantan desde nuestros territorios cuerpos y territorios tierras, y revolucionan las revoluciones ganadas y perdidas. Feminismos en revolución.

Los cuerpos de los feminismos populares

En los feminismos populares hay poca distancia entre las palabras y los actos, y las prácticas van caminando más rápido que las teorías. Tenemos la fortaleza de nuestro activismo y la debilidad de los procesos de sistematización de las prácticas y de sus aprendizajes, que quedan siempre relegados por atender «urgencias» que nos «matan». Porque en tiempos conservadores crece la violencia contra las mujeres, crecen los femicidios y crecen las emergencias que vuelven más vulnerables nuestras vidas. Porque además los Estados no cumplen con las tareas de cuidados que deberían asumir.

Los feminismos populares van amasándose así a fuego lento, por manos de mujeres trabajadoras. Manos que hacen cunas y acunan, siembran, cocinan, martillan, cultivan, escriben, acarician, pintan, bordan, limpian, curan, sostienen, empu- jan, juegan. Nuestros pies pisan sobre las huellas dibujadas en la tierra por nuestras ancestras, y otras veces inventan atajos. Por momentos nuestros pies no caminan… bailan las muchas revoluciones imaginadas que se recrean desde el deseo, el placer, la alegría de la lucha codo a codo con otras, otres, otros. Re- voluciones que en sus rotaciones descolonizan, despatriarcalizan, desmercan- tilizan nuestras danzas y andanzas. Mientras nuestros pies corren, nuestros cuerpos socorren. Ahí estamos, al lado de la chica que sufre la violencia en el noviazgo, de la muchacha que necesita interrumpir su embarazo, de la mujer que sufre la violencia de su pareja, o de sus hijos que son atrapados por las redes del narcotráfico.

Nuestros cuerpos de mujeres, lesbianas, trans, disidentes del patriarcado y de la heteronorma guardan la memoria de nuestras ancestras indígenas, negras, mestizas, migrantes. En los muchos nacimientos que tenemos y acompañamos, parteras y parturientas como somos, nos sabemos con diferentes edades, variadas historias, que se entraman en un tejido comunitario, con hebras que desbordan este tiempo, con las tonalidades de la tierra, los ríos, los bosques y de nuestros paisajes subversivos.

Los cuerpos disidentes han cambiado nuestros modos de estar en el mundo. Las femi- nistas lesbianas han problematizado a los feminismos, proponiendo debates sobre temas tan centrales para la vida coti- diana como son el amor, la libertad, el deseo, la maternidad. Algunas colecti- vas lesbianas se desidentifican de la identidad de mujeres, por caracterizarlas como parte del binomio heteronormativo hegemónico. También forman parte de estos procesos de crítica, que enriquecen las perspectivas del feminismo popular, activistas travestis, bisexuales, trans, intersex, que nos ayudan a re- pensar las conceptualizaciones de los feminismos que reproducen las lógicas binarias de la heteronormatividad.

Feminismos populares y movimientos de mujeres

Los feminismos populares han nacido del movimiento de mujeres, lo interpelan, lo seducen, lo cuestionan. Hacen política basados fundamentalmente en el acompañamiento y en la pedagogía, contribuyendo a pensar las opresiones no desde la victimización, sino buscando el poder y la energía para enfrentarlas.

El acompañar, poner el cuerpo, crea vínculos vitales entre compañeras y colectivas feministas y con mujeres que son parte de los movimientos, muchas de las cuales no se reconocen en el feminismo. El patriarcado siembra prejui- cios para distanciar a las mujeres de las experiencias feministas y, para supe- rarlos, es necesaria una intensa práctica codo a codo que vaya derrumbando los mitos superpuestos, como los que sostienen que «el feminismo es una política de odio a los hombres», que «las feministas son todas lesbianas», que «el feminismo divide a las familias y a las organizaciones». También existen prejuicios en corrientes de izquierda, que en nombre de la ortodoxia marxista consideran el feminismo como una «desviación pequeñoburguesa» de la cen- tralidad de la lucha de clases. Las feministas populares consideramos que, por el contrario, la lucha de clases se fortalece cuando la clase trabajadora asume su participación en las batallas contra el patriarcado y el colonialismo.

La pedagogía del feminismo popular propone una epistemología del diálogo de saberes, del pensar nuestras prácticas, del caminar la palabra, de los cuerpos puestos en el juego de la acción emancipatoria.

Un feminismo sembrado en los movimientos populares

Las semillas con que multiplicamos nuestros brotes fueron sembradas en las comunidades de las que somos parte. Ser parte de movimientos populares mixtos nos ha creado tensiones que nos obligan a discutir una y otra vez los caminos para cambiar al mundo. Fuimos descubriendo cuánto de viejos tienen los «hombres nuevos», cuánto de patriarcales tienen nuestros feminismos, cuánta reproducción de opresiones hay en nuestras organizaciones revolucionarias. Des-encubrir el machismo en nuestras casas, en nuestros movimientos, ha llevado a que compañeros varones comiencen a cuestionar- se sus privilegios.

El hecho de que algunas organizaciones mixtas se definan como antipatriarcales exige una activa pedagogía que ayude a poner en consonancia las definiciones ideológicas con las prácticas cotidianas. El pacto patriarcal entorpece la transformación de los movimientos en espacios habitables para las mujeres y las disidencias sexuales. La homofobia es parte de la cultura de las izquierdas, aunque esto también está tambaleando, por los avances del movimiento lgttbi y su participación en esos movimientos populares. Como parte de los proyectos políticos rebeldes, revolucionarios, de los y las de abajo, ubicamos la vida cotidiana como un territorio en el que se despliega la «estrategia revolucionaria», que busca, precisamente, cambiar la vida cotidiana.

Cuando lo personal es político

«Lo personal es político», decimos las feministas. Esto apela a las dimensiones pedagógicas y culturales de las revoluciones. Transformar los vínculos, saliendo del «sálvese quien pueda» para llegar al «vamos juntxs», dejar el «ordeno-mando-obedezco» para llegar al «decidimos juntxs y juntxs hacemos», es una tarea gigantesca que va a contramano de lo aprendido como jerarquías, criterios de autoridad, en los límites establecidos sobre la base del aturdimiento que producen los medios de comunicación masiva, el sistema educativo tradicional, la coerción social y la represión.

Si bien la lucha socialista se ha propuesto crear nuevos valores, coherentes con una ideología basada en la solidaridad, perdura en muchas experiencias una cultura verticalista, autoritaria, caudillista, hegemonista, individualista, que reproduce modos de vinculación propios del capitalismo colonizado y patriarcal. Y esto ha sido favorecido por una crítica al capitalismo centrada en la economía y en los modos de producción de mercancías, de plusvalía, de riqueza, sin analizar la manera en que se crea la totalidad de la vida. El feminismo ha planteado superar la dicotomía entre la producción de mercancías y la reproducción de la vida, lo que permite valorar la importancia del aporte de las mujeres en las tareas de cuidado y también abre la oportunidad de distribuir de modo equitativo esas tareas. El trabajo no remunerado de las mujeres en la crianza y el cuidado de niños y niñas, jóvenes, adultos y adultas mayores es constitutivo del modelo de familia patriarcal, que además de no valorizarlo y naturalizarlo, subestima el aporte de las mujeres en la vida social. Esto se repite a la hora del reparto de roles en las organizaciones. Las mujeres están encargadas de la cocina, las actas, el comedor popular o la huerta, los círculos de cuidado de niños y niñas, las tareas educativas. Más difícil resulta encontrar a las mujeres en los lugares de decisión y representación política, aunque de a poco se va tomando conciencia y se van abriendo espacios, en algunos casos de modo enérgico y en otros aceptando lo «políticamente correcto», pero sin crear condiciones reales suficientes para que esto no signifique un gran sacrificio para las compañeras. Modificar estas situaciones no se relaciona solamente con la posibilidad de generar vínculos más placenteros entre quienes luchamos por forjar un mundo nuevo, sino también con la oportunidad de crear movimientos en los que se anticipe la experiencia de otros modos de relacionarnos, y con la constatación de que para crear ese mundo nuevo se requiere una profunda transformación de la cultura violenta del poder.

Lo difícil es asumir el cambio que implica en las conductas de cada uno y cada una. Porque el orden verticalista y autoritario es tranquilizador para los de arriba, pero también para los de abajo. Es más sencillo cumplir directivas, ser disciplinados, que rebelarnos frente a las arbitrariedades y problematizar las injusticias que reproducimos. Por eso, la pedagogía feminista asume la dimensión grupal como una necesidad básica, para que los dolores que produce el desaprendizaje de las opresiones puedan ser compartidos y sostenidos en los colectivos. En la interpelación mutua de teoría y práctica, es fundamental que se pongan en juego distintos modos de aproximación al conocimiento, y que junto con la racionalidad, tan colonizada por los procesos educativos y comunicativos hegemónicos, estén también presentes la afectividad, los sentimientos, las intuicio- nes, los sentidos. La pedagogía feminista recupera de la educación popular datos centrales como el lugar del cuerpo en el proceso educativo, la dimensión lúdica, y recurre a los aportes de la educación por el arte, el psicodrama, el teatro de los oprimidos y las oprimidas, la danza, el canto y el diálogo desde diversas perspectivas ideológicas emancipatorias (marxismos, ecofeminismo, teología feminista, feminismos negros, indígenas, feminismos lésbicos, etc.).

Con esas aproximaciones indagamos la realidad. Hay también un diálogo intergeneracional que nos ayuda a pensar que las huellas que dejamos van creando nuevas posibilidades a las colectivas más jóvenes, para identificar las maneras propias de estar en el mundo. Al mismo tiempo, problematizamos las prácticas históricas de las feministas, atravesadas por lógicas de fragmentación que recorren al conjunto de colectivos y movimientos populares. Esto nos obliga a preguntarnos una y otra vez cuál es el sujeto que es necesario constituir para que las transformaciones revolucionarias sean posibles, y has- ta dónde exacerbamos las diferencias y las volvemos barreras inexpugnables, debilitando nuestras posibilidades concretas de transformaciones necesarias.

Reflexiones de este tiempo

Los retrocesos vividos en nuestros países nos obligan a mirarnos críticamente y a asumir responsabilidades en errores que pueden llevarnos a perder con- quistas y logros, no de un gobierno o de un partido, sino del movimiento La pedagogía feminista recupera de la educación popular datos centrales como el lugar del cuerpo en el proceso educativo. Es necesario que este retroceso no se agrande por la reproducción de esas mismas fragmentaciones en un contexto de pérdida de derechos y de trastocamiento reaccionario del imaginario cultural de nuestros pueblos. Es importante analizar cuánto hay en algunas de las fragmentaciones pro- ducidas en los movimientos populares de prácticas patriarcales, hegemo- nismos, peleas por el liderazgo puestas por encima del interés colectivo, autoritarismos e incluso violencias. Los momentos de contrarrevolución, de conservadorismo, si bien pueden favorecer acciones comunes de un plan de lucha, suelen también ser momentos de cierres sectarios, porque se antepone la existencia de un enemigo visible, grande, poderoso, que nos obligaría a dejar pendientes los procesos de autotransformación para tiempos más amables.

Sin embargo, el desafío es precisamente el contrario. Abrir nuestros espacios al encuentro, al sostén, al diálogo, a una mejor comprensión de los caminos que hemos intentado, recreando una pedagogía del abrazo, de la alegría, de la ternura. El desastre regresivo neoliberal nos obliga a recuperar las experiencias solidarias de sobrevivencia. Volver a la olla popular, pero no solo para atender la necesidad de la alimentación, sino pensando en experiencias de soberanía alimentaria. Cuidando que lo que echamos en la olla sean productos de nuestras huertas colectivas, donde no haya venenos ni transgénicos. Volver al traba- jo colectivo y creativo, sin patrones, sin reproducción de los modelos de orden jerárquicos y autoritarios. Volver a las calles, haciendo de la autonomía de los cuerpos y de las organizaciones parte esencial de nuestra experiencia… aprendiendo a caminar juntas, en la dirección de nuestros sueños.

Se trata de feminismos populares en movimiento, en movimientos, que ca- minan la palabra verdadera, que miran la huella, que plantan en ella una semilla, que dibujan el horizonte cuando no lo ven, que cuentan historias de brujas que no asustan a las mujeres sino que nos dan fuerzas y nos enseñan sus secretos. Feminismos compañeros para estos tiempos de desencanto y de garrote, que hacen de la esperanza no una ilusión mágica, sino una acción colectiva tendiente a revolucionar las subjetividades aplastadas por las derro- tas. Feminismos con memoria, que aprendimos con las Madres de Plaza de Mayo que «la única lucha que se pierde es la que se abandona». Feminismos que se atreven a hacer de las muchas maneras de amar y ser amadas lugares políticos, corporalidades disidentes, rebeldes, celebrantes, que no disocian el deseo y la felicidad de la lucha cotidiana por cambiar al mundo

Fuente: https://transecos.files.wordpress.com/2017/09/feminismos-populares.pdf

Imagen tomada de: http://www.centrocultural.coop/blogs/utopia/2017/07/07/novedades-en-genero-mujeres-feminismo-sexualidades-marzo-2017

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Libro: Despatriarcalización y chachawarmi

América del Sur/Bolivia/Septiembre 2016/Reseña/http://www.agruco.org

Reseñas:

El Viceministerio de Descolonización de Bolivia ha incorporado una novísima institucionalidad por América Latina: La Jefatura de Unidad de Despatriarcalización, dentro de la Dirección de Administración Pública Plurinacional del Viceministerio de Descolonización, dependiente del Ministerio de Culturas.  Ciertamente el hecho, trasciende diversas fronteras epistemológicas tanto en lo que se denomina como institucionalidad estatal, a la vez que como en el modelo de formulación en las políticas públicas, afectando sin duda el perfil del servicio público.

Este dato, no ha pasado desapercibido para el mundo académico, los operadores políticos y la sociedad civil, aglutinada en oeneges y fundaciones.  Por el contrario, ha puesto en debate, no solo la institucionalidad de la Unidad de Despatriarcalización, sino su existencia misma en tanto forma Estado.

Por ello es que, como Viceministerio se ha venido encarando dos escenarios de construcción, el académico y el estrictamente institucional.  Los resultados al presente son halagüeños, tanto en el debate académico, como en el de la institucionalidad estatal.

De hecho, la despatriarcalización en tanto concepto base, nos ha permitido concentrar la idea de descolonización en su sustancia misma, y no en aquellas heredadas de un abstracto universalizante, sino partiendo de la historia de países panandinos que han decidido caminar su propio th’aquí (en aymara) o camino.

Hasta el presente, el futuro se diseña con un solo ojo, “Ch’ulla nayra”, por ello es que las perspectivas de relación entre Estado y Sociedad, se marcan por una conflictividad ideológica marcada por el unilateralismo euro-anglo-céntrico, harto dramático para nuestros países.

Países además que para el 2015 tenemos el compromiso de lograr los objetivos de desarrollo del milenio (ODM). Y según el mismo PNUD, el cumplimiento de estos objetivos pasa por el objetivo “cero”  la armonía entre Estado y Sociedad, o en términos de René Zavaleta Mercado, la condición inevitable pasa por construir el “optimo social”, una relación fluida entre intereses de sociedad (particularmente los mas desfavorecidos y vulnerables) y los intereses de Estado concretamente al cumplimiento de los Derechos Fundamentales que van de los artículos 15 al 20 de la Nueva Constitución Política del Estado.

  • Título: Despatriarcalización y chachawarmi: Avances y articulaciones posibles.
  • Autor: Felix Cardenas/ Idon Chivi/ Sandro Canqui/ Francisca Alvarado
  • Edición: Ministerio de Culturas y Turismo / AGRUCO-PLURAL
  • Año: 2013

Fuente : http://www.agruco.org/agruco/publicaciones/libros/570-despatriarcalizacion-y-chachawarmi

Fuente Imagen : https://lh3.googleusercontent.com/vKeLhzEaH9Z02gwcGNHhT_vCmMFw1TO5vQdNNeKUPq4RssqNpTBfsMiqMG1ac9BT0oPY4xU=s85

 

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