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La industria militar se infiltra en la educación

Enrique Díez

Debemos comprometernos en cada centro educativo a proclamarnos como “espacios de educación e investigación para la paz y la desmilitarización”, libres de formación militar.

Me acaba de llegar un correo electrónico, remitido por la Secretaría General de la Universidad de León, promocionando los Premios de Defensa 2019 del Ejército. Cada poco tiempo, me llegan emails que anuncia y difunde los eventos de la Cátedra militar del Ejército que tenemos “empotrada” en nuestra Universidad, como en tantas universidades de nuestra geografía.

Estos premios del ejército están dotados con 48.000 euros, cuando hay centros educativos que funcionan con apenas 17.000 y se ha recortado tanto en presupuestos educativos como en personal docente o en materiales escolares hasta límites escandalosos. Premian investigaciones de universidades y centros docentes que contribuyan a “la cultura de defensa”, trabajos sobre “temas relacionados con la seguridad y la defensa”, fotografías que “contribuyan a difundir e impulsar el aprecio por los valores militares”. En la modalidad “docencia”, destinada a reconocer a “personas o entidades de carácter docente, o vinculadas con la enseñanza en todos sus niveles, que se hayan destacado por su actividad orientada a la promoción de la difusión de los temas relacionados con la defensa en el ámbito educativo, especialmente a través de la ejecución de proyectos curriculares en las diferentes etapas educativas”.

Una carta que ganó una de las ediciones de estos premios comienza así: “Te escribo para pedirte disculpas y, a la vez, darte las gracias. Disculpas por si alguna vez he tenido una mala visión de tu trabajo, de tu valentía y de tu dedicación, por tener miedo a confiar en alguien que mata y muere por defender su país…”; sigue con un argumento patriótico y termina: “Para finalizar, quiero darte las gracias. Gracias por despertar en mí un sentimiento patriótico, por no tener miedo a decir que soy española. Gracias por enseñarme a amar una bandera, un país y una profesión como la tuya. Gracias por defender a mi país y a mi gente y por hacer que me sienta segura y orgullosa de vuestro trabajo.”

Estos premios se unen a todo un proyecto sistemático y organizado de infiltración del discurso militar en la educación: concursos literarios escolares militares, en estrecha colaboración con las Áreas de Reclutamiento de cada provincia del Ministerio de Defensa; formación militar a los docentes a través de talleres y cursos, con el fin de que el espíritu patriótico y la defensa “formen parte de la educación de nuestros jóvenes”; creación de la Escuela Militar de Ciencias de la Educación; campamentos anuales de chicos para ejercitar las virtudes bélicas; manuales de exaltación patriótica; plazas de toros que acogen a miles de escolares para ver “exhibiciones y desfiles de armas y efectivos, e incluso simulacros de detención, con explosivos incluidos”; cátedras militares y e investigación militar en las Universidades públicas…

El capitalismo neoliberal pretende utilizar la educación como un sistema de adoctrinamiento en su ideología de una forma constante, sutil y difusa. Es como el cuento de la rana que hierve en la cazuela lentamente, porque no es consciente de que el agua sube de temperatura lenta pero inexorablemente, hasta que muere hervida.
No hay que retroceder mucho en el tiempo para darnos cuenta de que el capitalismo sigue propalando que para construir la paz hay que armar la guerra. Donald Trump anunciaba, en marzo de 2017, el incremento más grande en el gasto de defensa de Estados Unidos, “para volver a ganar guerras”.

España no le va a la zaga. La deuda del Ministerio de Defensa por la compra de material militar a las empresas productoras de armas se convierte en déficit público: 20.642 M€ entre 1996-2016 y con compromisos por más de 26.000 M€ hasta 2025. Con esta deuda acuciante el Gobierno español necesita extender una ideología que fomente la imagen de necesidad de una “fuerzas armadas” imprescindibles para “garantizar la seguridad”.

Es bien sabido que “para convencer tienes que crear una necesidad”. Y es ahí donde la socialdemocracia, que pretende gestionar un supuesto “capitalismo de rostro humano”, introdujo en el currículum escolar, con la Ley Orgánica de la Educación (LOE), la concepción de la Defensa “como un compromiso cívico y solidario” en la asignatura de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos.

Si preparas la guerra, la acabarás provocando en un lugar u otro, en una espiral sin fin que necesita alimentar el miedo, los conflictos y el terrorismo para poder “dar salida” a la producción de la industria militar. De hecho, parece que es uno de los “negocios” actuales más próspero y sobre el que hay mucho interés en que no desaparezca.
Mientras se proclama educar para la cooperación, el cuidado ecológico y sostenible, la solidaridad, la interculturalidad, la convivencia o la resolución de los conflictos pacífica en la escuela y la universidad, se financia y promociona la educación patriótica militar en las aulas.

Todo esto contradice radicalmente lo que vienen tratando de hacer generaciones de profesores y profesoras que ayudan a su alumnado, desde infantil hasta la Universidad, a entender que la vida valiosa, la vida feliz, la vida a la que aspiramos los seres humanos es aquella que promueve la paz, el entendimiento, la solidaridad, la ayuda mutua. Difícilmente se puede desarrollar así en nuestros centros educativos la educación para la paz, como aparece en los proyectos educativos de centro, o diseñar planes de mediación y programas de convivencia y resolución pacífica de conflictos o celebrar el 30 de enero Día Escolar de la Paz y la Noviolencia.

Ciertamente, la libertad de expresión es un derecho ineludible, pero el adoctrinamiento en valores contrarios a lo que hemos acordado mundialmente en la carta de los derechos humanos parece que debería estar fuera de lugar en una sociedad del siglo XXI. Por eso, debemos comprometernos en cada centro educativo a proclamarnos como “espacios de educación e investigación para la paz y la desmilitarización”, libres de formación militar, y exigir simultáneamente a nuestros responsables políticos que legislen en este sentido con el fin de desmilitarizar la educación.
Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/blog/2019/07/08/la-industria-militar-se-infiltra-en-la-educacion/
Imagen tomada de: https://www.ara.cat/2016/09/17/opinio/Para-bellum_1652244805_34025659_651x366.jpg

 

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Brasil: Aumenta el número de escuelas y liceos públicos brasileños que pasan a manos de instituciones militares en el gobierno de Bolsonaro

América del Sur/Brasil/ladiaria

La propuesta está instalada hace años en algunos estados y ahora se expande.

El gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil está marcado por la presencia de los militares en muchas áreas, entre ellas la educación. El ministro de Educación, Ricardo Vélez Rodríguez, es filósofo y profesor de esta materia, y además es profesor emérito de la Escuela de Comando y del Estado Mayor del Ejército brasileño. Ese pasado podría explicar, en parte, la defensa de la expansión de las escuelas militarizadas en varios estados del país, que hizo a fines de febrero en el Senado. “Son escuelas municipales que optan por tener una administración dada por policías o, en otros estados, por las Fuerzas Armadas. No sale caro para el municipio, que encuentra una manera de dar mejor destino a sus instalaciones, y tienen un buen rendimiento académico”, dijo el ministro, según informó el portal periodístico Nexo.

Durante la campaña Bolsonaro prometió que en dos años, a más tardar, extendería el programa para llegar a tener una escuela militarizada en cada capital del país, amparado en una ley de 2001 que posibilita la transferencia en la gestión de los centros educativos públicos a instituciones militares, como la Policía Militarizada. Para profundizar en este modelo el presidente creó la Subsecretaría de Fomento de las Escuelas Cívico-Militares, con el objetivo de conformar programas académicos de todos los niveles que puedan ser aplicados en cada municipio.

“A quien tenga preocupaciones con la militarización, o sobre si el niño no se ríe, lo invito a que visite una ciudad de Goiás que tenga una escuela cívico-militar. Es fantástico. Los buenos resultados son palpables. No hay tal militarismo, hay educación cívica y educación de la práctica de las normas, de la ley. El profesor es respetado; cuando entra en la habitación todo el mundo está de pie”, dijo Vélez Rodríguez en el Senado. El estado de Goiás, ubicado al centro-este de Brasil, es el que actualmente tiene el mayor número de escuelas militarizadas en el país, con 46 centros a cargo de la Policía Militar, a los que concurren 53.000 alumnos. Según informó el periódico Folha de São Paulo, en 2015 había 93 escuelas militarizadas en Brasil, 26 de ellas en Goiás, y en 2018 el número ascendió a 122.

Según datos del portal Nexo, en 2016 los siete primeros lugares en el ranking de escuelas brasileñas fueron ocupados por instituciones militarizadas; para explicar estos resultados el gobierno afirma que la disciplina eliminó la “pérdida de tiempo” que se producía cuando los estudiantes conversaban en el aula y no escuchaban al maestro.

El primer día de clases en el CED 01 de la Estructural, una de las escuelas públicas donde se implementó el modelo cívico-militar.
El primer día de clases en el CED 01 de la Estructural, una de las escuelas públicas donde se implementó el modelo cívico-militar.

Señor, sí, señor

La característica más sobresaliente de este modelo educativo es la disciplina. Los funcionarios militares se encargan de las tareas administrativas y también del disciplinamiento de los estudiantes y los docentes, que siguen asumiendo sus roles pedagógicos tradicionales. Por ejemplo, es frecuente ver en estas escuelas a los docentes dentro de los salones y a los policías, con sus armas cargadas, en los pasillos.

Según la agencia de noticias AFP, las normas de imagen y vestimenta son muy estrictas en estos centros. La agencia cita el caso de una escuela en las afueras de Brasilia en la que los varones tienen que cortarse el pelo con una máquina rasuradora, al número dos en las sienes y al número cuatro en la parte de arriba de la cabeza, mientras que las mujeres deben tener el pelo largo y atado con accesorios “muy moderados”. Todos los estudiantes deben usar uniformes, que tienen un costo que ronda los 800 reales y no son proporcionados por la institución. De hecho, el alto gasto económico que deben afrontar las familias de los estudiantes es otra de las diferencias notorias con respecto a otras escuelas. Más allá de los uniformes, se les pide una “donación” –porque legalmente no pueden cobrar una cuota– que puede variar entre 80 y 110 reales.

Entre las normas básicas que se imponen en este régimen está la formación en fila antes de entrar a los salones y el izamiento de la bandera de la nación todos los días antes de dar comienzo a la jornada académica.

Como ejemplo de las exigencias de estos centros, Nexo menciona el reglamento que aplica la Policía Militarizada en Goiás. Algunas “transgresiones leves” son perturbar el estudio de los compañeros, mascar chicle, tener las uñas pintadas o ingresar a la sala de profesores sin autorización; la sanción para este nivel de transgresión es una advertencia. Entre las “transgresiones medias” están presentarse con el pelo fuera del patrón exigido, ejecutar mal una tarea que se le haya asignado, negarse a colaborar en los eventos que organice la institución, utilizar términos irrespetuosos y tener en su poder dentro del colegio publicaciones, estampas o periódicos que atenten contra la disciplina, la moral y el orden público; la sanción en estos casos es reprensión y suspensión. Las “transgresiones graves” son la mayoría: dejar de velar por el buen nombre del colegio, no respetar en público las convenciones sociales, mantener contacto físico que denote cariño amoroso (citas, besos) mientras estén usando el uniforme, ya sea dentro o fuera del colegio; la sanción en este caso es la suspensión, la firma de un “Término de Ajuste de Conducta” y, en último caso, la expulsión.

Fuente: https://educacion.ladiaria.com.uy/articulo/2019/3/aumenta-el-numero-de-escuelas-y-liceos-publicos-brasilenos-que-pasan-a-manos-de-instituciones-militares-en-el-gobierno-de-bolsonaro/

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Instrucción militar como parte de la educación en China

Asia/China/15 Julio 2017/Fuente: Yuanfangmagazine

Los ciudadanos de la R.P.C. tienen la obligación de realizar el servicio militar, sin importar la etnia, raza, ocupación, situación familiar, religión y nivel de educación.

Ley de reclutamiento de la República Popular China. Capitulo 1, articulo 3: Según esta ley, los ciudadanos de la R.P.C. tienen la obligación de realizar el servicio militar, sin importar la etnia, raza, ocupación, situación familiar, religión y nivel de educación.

中华人民共和国兵役法》第一章第三条:“中华人民共和国公民,不分民族、种族、职业、家庭出身、宗教信仰和教育程度,都有义务依照本法的规定服兵役。”

Así es, según la ley, en China tanto estudiantes de primaria y secundaria, como estudiantes universitarios tienen la obligación de participar en el entrenamiento militar que tiene lugar durante las primeras semanas de curso. Es parte de su educación, hasta el punto de que la nota que obtengan en estas clases contará para la media final de sus estudios, por lo que a parte de ser obligatorio, no es algo que deban tomarse a la ligera.

Esto es algo que me llamó muchísimo la atención cuando llegué a mi universidad china porque jamás había escuchado hablar sobre el tema antes de llegar allí. Al pisar la universidad por primera vez y encontrarme con cientos de estudiantes vestidos de militares paseando campus arriba y campus abajo pensé: “¿pero en qué clase de universidad me he metido?”

Tras mucho observarles desde mi ventana, comprendí que aquello debía ser normal y que los militares de aspecto peligroso eran estudiantes como yo. Fue entonces cuando me lancé a charlar con una de las chicas para indagar un poco más en el asunto. Y así, por fin, el misterio quedó resuelto.

Cada día, a eso de las 6 de la mañana, me despertaban los cánticos patrióticos de estos jovencitos que, dirigidos por un profesor recién salido del Ejército, desfilaban por el patio que había debajo de mi habitación. Así se pasaban un par de horas, moviéndose a buen ritmo de acá para allá y siguiendo las órdenes del profe que, de vez en cuando, les hacía parar en seco y colocarse en filas perfectas. Terminado este ejercicio, salían de marcha por las calles del campus, desfilando, siempre desfilando, con una coordinación que solo los chinos son capaces de conseguir. Y así hasta la noche, cuando volvían a colocarse bajo mi ventana para darme las buenas noches con otra canción dedicada a la patria.

Solo fue necesaria una semana para que la vocecita de los militares que dirigían a estos grupos de estudiantes se quedase grabada en mi cabeza para siempre. Aún hoy en día, ya unos cuantos años después, sigue viniendo a mi cabeza en determinadas ocasiones ese “Yi, er, saaaan, si! Yi er saaaan, si! Yi, er! San, si!”, que tantas veces al día escuché durante mi primer mes en Hangzhou.

Una de las primeras cosas que pregunté a la chica que me informó sobre el asunto, fue que durante cuánto tiempo exactamente iba a tener que disfrutar de sus serenatas bajo mi ventana. Fue todo un alivio escuchar que el entrenamiento militar solo duraba 3 semanas, ya que yo ya había empezado a hacerme a la idea de tener que soportar los cánticos (sobre todo los de las 6 de la mañana) eternamente.

Investigando sobre el asunto en internet (desde luego, no es algo que la chica me contase), descubrí que la idea de realizar esta instrucción militar surgió tras la Revuelta de Tiananmen en 1989, con el fin de prevenir cualquier tipo de insurrección estudiantil en el futuro.

El objetivo de este entrenamiento es enseñarles tanto teoría como práctica para que puedan hacer un mejor uso de habilidades como la disciplina, el orden, el sentimiento de unidad o la obediencia. Además de recordarles cuáles son los valores que importan en China, inculcarles un amor incondicional por el país o hacerles comprender la trascendencia de la defensa de la nación.

Otro de los datos interesantes que aportó la chica, casi como si me lo confesara en secreto, fue el de que sabía que se trataba de algo importante para China y que debía sentirse orgullosa de recibir ese tipo de formación, pero que aquello le parecía un rollo absoluto y que era bastante agotador. Le di la razón y le desee ánimo con una sonrisa, ella me la devolvió y me respondió diciendo que intentaba mantener la paciencia y las fuerzas hasta que terminase la instrucción, porque si el profesor veía un atisbo de desmotivación en sus rostros, les haría trabajar aún más duro.

Después de haber hablado con esta chica, cada vez que iba de camino al comedor, a la biblioteca o al supermercado, compadecía a aquellos pobres estudiantes chinos con los que me cruzaba y que aguantaban hasta 15 horas de instrucción militar.

Y yo quejándome de mis dos horas semanales de educación física, allá por la secundaria…

Días después, escuché por casualidad algo sobre una ceremonia de clausura y, sin saber muy bien si me dejarían entrar o no, me fui para allá cámara en mano. No fue difícil encontrar el lugar; solo tuve que seguir a los chicos que caminaban hondeando banderas rojas por el campus. Conseguí colarme sin problemas y, aunque la luz no me permitió sacar fotos demasiado decentes, pude apreciar la felicidad que había dibujada en el rostro de todos los estudiantes. Lo que no me quedó claro es si esta expresión estaba motivada por el hecho de que al fin se libraban de aquella tortura involuntaria, o si por el contrario se debía a que de verdad les habían convencido de que cantar canciones patrióticas al unísono era algo que les honraba en extremo. A ellos, y a China.

Fuente: http://www.yuanfangmagazine.com/cultura/instruccion-militar-parte-la-educacion-china/

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Uruguay: Educación Policial y Militar deben ser reconocidos por MEC

Uruguay, 08 de julio de 2017.  Fuente: MEC.gub.uy

Las carreras que otorgan títulos universitarios deberán ser reconocidas por el MEC 

En el marco de lo previsto por la Ley Nº 19.188 de Educación Policial y Militar, que en su artículo 6 establece que “Las carreras de los Sistemas de Educación Policial y Militar que otorgan títulos terciarios y universitarios de grado y postgrado, deberán ser reconocidas por el Ministerio de Educación y Cultura o el organismo que la ley determine en su momento”, se creó el Grupo de Trabajo de Educación Policial y Militar con el fin de elaborar una propuesta de reglamentación.

Este grupo de trabajo estuvo conformado por el Ministerio de Educación y Cultura como coordinador, el Ministerio de Defensa Nacional, el Ministerio del Interior, la Administración Nacional de Educación Pública, la Universidad de la República y la Universidad Tecnológica.

Luego de siete meses de intensa labor, el miércoles 5 de julio, se aprobó por unanimidad la propuesta que será elevada para la elaboración del decreto posterior. En esta oportunidad, se contó con la presencia de la Directora de Educación Rosita Ángelo, que felicitó al grupo de trabajo por el resultado obtenido.

Fuente noticia: http://www.mec.gub.uy/innovaportal/v/103567/2/mecweb/educacion-policial-y-militar?parentid=98213

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El innegable respaldo popular al Ejército de Guatemala

Guatemala / www.es.pamanpost.com / 27 de Diciembre de 2016

Por Roberto Dardón

Muchos nos hemos preguntado alguna vez que utilidad pueden tener los ejércitos. En el caso guatemalteco, la institución castrense es incondicionalmente amada u odiada ―en forma desaforada y visceral― pues la percepción de afinidad u hostilidad dependerá de razones estrictamente personales. Particularmente he notado estos extremos entre los estratos sociales más y menos educados. Sin embargo, hay algunos —en especial entre el medio urbano menos instruido— que perciben al uniformado de una forma más neutral; como sí pertenecer a la institución fuera una suerte de castigo para los descarriados que necesitan ser corregidos.

Con todo, el resto de la población —en particular la del medio rural que más sufrió los embates de la fase más compleja del enfrentamiento armado interno ocurrido en Guatemala entre 1977 y 1990— la percepción de las fuerzas armadas no deja de sorprender por su amplio respaldo popular. Este fenómeno no deja de llamar la atención, puesto que desde hace décadas la incansable campaña que busca desacreditar a los militares guatemaltecos no ha dejado de crecer en intensidad y agresividad.

A partir de esta entrada, en la que cuento con la asistencia magistral de la Capt. As. Lucila Sierra González (B. A. en Arqueología, USAC) curadora del Servicio de Historia Militar—Museo del Ejercito de Guatemala— quiero centrarme concretamente en lo que han recibido los pueblos de Guatemala; a cambio tener una institución como el Ejército de Guatemala. Por eso en la presente entrada dejaré momentáneamente de lado su mandato histórico y constitucional: proteger y defender a la Nación Guatemalteca de sus potenciales agresores externos y/o internos (Art. 244 y 245 de la Constitución Política de la República de Guatemala).

En síntesis, puede concluirse que el aporte del Ejército guatemalteco a los pueblos que componen nuestra nación puede destacarse en tres elementos de carácter patriótico: la instrucción (transformada en educación formal y técnica), las comunicaciones (convertidas en oportunidad de crecimiento económico) y la asistencia comunitaria (desde el ámbito sanitario hasta la contingencia de desastres). Para el presente artículo ofrezco algunos datos curiosos sobre el apoyo castrense en materia de instrucción y educación durante la época previa a la revolución de 1944.

En distintos grados y magnitudes, dichos componentes han estado relacionados al Ejército guatemalteco desde los albores de la Primera República o período conservador (entre 1847 y 1870). En aquel tiempo, se recompensaba a quienes habían cumplido su servicio militar con un estipendio complementario a su retiro, siempre y cuando al regresar a lugar de origen, proyectara lo aprendido en el cuartel en beneficio de su comunidad.

Sin embargo, esta praxis quedó institucionalizada dentro del ordenamiento jurídico a principios de la Segunda República o tercer régimen liberal (1871-1885), cuando se habilitaron las primeras escuelas de educación primaria dentro de los cuarteles. Ejemplos donde la tropa recibió los rudimentos de la alfabetización se encuentran tanto en la literatura costumbrista (como los trabajos del finado periodista chapín Héctor Gaitán Alfaro) como en los ensayos historiográficos más rigurosos (como el caso de historiador italiano Piero Gleijeses).

A finales del siglo XIX y principios del XX, el déficit de preceptores y pedagogos civiles era tan notorio que —en virtud al espíritu positivista de la época—se aprovechó el personal con formación académica y militar formado en la Escuela Politécnica, nacida en 1873. Algo después, durante la administración del Presidente General José María Reina Barrios (1892-1898), quedaron incorporados algunos cursos militares como el manejo de fusil, armamento y orden cerrado al pensum de estudios en los institutos nacionales masculinos. De acuerdo a Sonia Alda Mejías (Ph.D. de Historia, Fund. O&G) la educación [en tiempos del liberalismo positivista], era «el bautismo de la civilización” [donde] el ciudadano sería capaz “de comprender sus deberes, […] derechos, […] intereses [y] de conducirse i(sic) vivir bajo el imperio de la libertad» (Alda, 2000, p. 301).

No obstante, ante el aumento demográfico en la primera mitad del siglo XX, la demanda de profesionales en el ramo educativo aumentó, sin que su oferta realmente llenara este requerimiento. La escasez de personal magisterial calificado, así como su eficiencia, puso en aprietos a los gobiernos en tiempos de nuestros ancestros más cercanos. Por esa razón el Estado tuvo que seguir apoyándose en los militares para administrar y enseñar dentro de los planteles de educación pública. Por eso la Secretaría de Estado en el Despacho de Educación Pública —apoyándose en el despacho de la Guerra— tuvo para nombrar oficiales graduados de Escuela como directores académicos y administrativos, así como personal docente. En este sentido los motivos concretos para obrar de esta forma se debieron a dos razones, una de carácter institucional y otra de carácter civilista.

La primera fue durante la década de los veintes y los treintas; muchos elementos del gremio magisterial —los mismos maestros— se quejaban que el comportamiento de los alumnos; tanto normalistas como de los institutos nacionales, rayaba en la anarquía; por cuanto las solicitudes habrán sido rápidamente atendidas. En el segundo caso, de acuerdo al testimonio de un testigo de la época, hubo jóvenes que —a título personal—solicitaron la militarización de los institutos públicos a principios de la época del Presidente General Jorge Ubico Castañeda (1931-1944). Este dato fue proporcionado por el venerable Teniente y Doctor don Jorge Martínez del Rosal Alburéz, nacido en 1924 (CC. 831 y Ph.D. en MVZ, UNAM).

Cuando mi señora abuela, Profesora, Marta Camey Herrera de López (n. 1922- m. 2015) y graduada en 1941 (Mtrª. de Ed. Prim. – Instituto Nacional Central para Señoritas de Belén) compartió con este servidor sus recuerdos de juventud hace algunos años; corroboró que el modelo de la educación militarizada era sumamente estricto, pero altamente eficaz (Dardón, 2013, pp. 61-78). Fue ella quien contó que ―en tiempos del General Ubico―, se incorporó la calistenia como parte del pensum de estudios en el «colegio de Belén». Esta disciplina, precedente inmediato de los cursos de educación física, tenía sus orígenes en la formación física militar. Para aclarar dudas sobre sus lealtades personales, mi finada antepasada siempre se consideró como una maestra «revolucionaria del 44».

Siguiendo con las impresiones de la Capitán Sierra González, cuando se inició el proceso de militarización en las escuelas normales, institutos públicos civiles e incluso colegios privados —v. gr. el Instituto «Modelo»—; fue uno de los centros educativos que solicitó a la Secretaria de Estado en el despacho de la Guerra (precedente del actual Ministerio de la Defensa Nacional) la adopción del régimen de militarización por aquel entonces. Para efectos prácticos, se nombraba a un instructor militar que impartiera la catedra asignada dentro del plantel. Generalmente el oficial nombrado como instructor se mantenía de alta en el cuartel más cercano al centro educativo, por lo que recibía entonces su sueldo ordinario del Ejército. En estas circunstancias el oficial se vería en la necesidad de compartir su tiempo de servicio militar con la función civil.

Un ejemplo, particularmente conspicuo, fue el caso del General de División Jose María Orellana Pinto (luego Presidente de la República, 1922-1926), cuando ocupó el puesto de director del Instituto Nacional Central de Varones entre 1902 y 1904 teniendo también la responsabilidad de la Jefatura del Estado Mayor Presidencial (Rodríguez Beteta, 1980, p. 57; Mérida González, 2003, p. 34). Sí concentramos la atención en cómo se conducían nuestros padres, abuelos y bisabuelos (para quienes tuvimos la dicha de conocerlos) durante nuestros años de crianza; caemos fácilmente en la cuenta que la disciplina, orden y civismo fueron el “pan nuestro de cada día” de nuestros ancestros más inmediatos.

Aunque haya quienes se empeñen en hacer «las de los tres monos» (¡que de sabios no tiene nada!), rezongando su extremada frustración y obtusa antipatía frente a los uniformados, cabe preguntarse: Sí la educación militarizada solo enseñaba a marchar con fusil y crear autómatas, ¿cómo fue que después de la caída del régimen liberal, no se buscó extirpar el «militarismo autoritario» a favor del «civilismo democrático»? como ocurrió, aparentemente, en el caso costarricense. ¿Por qué entonces una institución «tan mal vista» (según sus detractores) no solo permaneció en el tiempo y el espacio, sino que profundizó su campo de acción directa sobre la población civil, particularmente la rural?

En la siguiente entrada, se ofrecerán algunas consideraciones sobre la continuidad del Ejercito en su labor de proyección y permanencia dentro del imaginario popular de los años posteriores a las transformaciones políticas y sociales de mediados del siglo XX.

Fuente: https://es.panampost.com/editor/2016/12/22/el-innegable-respaldo-popular-al-ejercito-de-guatemala/

 

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Venezuela: Buque Escuela Simón Bolivar galardonado como el velero más veloz del mundo 2016.

América del Sur/Venezuela/16.08.2016/Autor y Fuente: http://www.avn.info.ve/

El Buque Escuela Simón Bolívar obtuvo el primer lugar en la Regata Grandes Veleros Europa 2016, como el más veloz en su categoría, informó este sábado la Armada Nacional.

La información se dio a conocer a través de su cuenta en twitter.

Al Buque le fue otorgado el trofeo como Velero más veloz del Mundo 2016 en la categoría de grandes veleros de más de 1.000 toneladas. En dicha Regata participaron más de 60 Veleros de todo el Mundo.

El buque, que lleva el nombre Embajador Sin Frontera, llegó este jueves al puerto de la ciudad de Galicia, España, tras culminar su participación en la 60 edición la competencia deportiva.

Su tripulación, integrada por 171 cadetes aspirantes a oficiales de la Armada Nacional, al mando del Capitán de Navío Alfonso de Gregorio, fue recibida por la cónsul general de segunda –Jefe Interina– del Consulado General de la República Bolivariana de Venezuela en Vigo, Mónica Alejandra Sánchez Morles, indica una nota de prensa de la Cancillería Venezolana.

Sánchez expresó que «nuestra delegación venezolana se llena de orgullo patrio al ver que por primera vez al puerto de A Coruña recibir a nuestro Embajador sin Fronteras. Viene hoy con su inmensidad a traer el amor y el ejemplo de paz de nuestra Venezuela. Somos un país de paz de valores y mucho compromiso por nuestra libertad y estos jóvenes lo demuestran».

Está previsto que la embarcación zarpe este domingo para continuar su gira de entrenamiento a los puertos de Tenerife y la isla de Guadalupe para luego retornar a Venezuela

El buque escuela fue construido en España en 1979 en los Astilleros y Talleres Celaya en Erando, Vizcaya, y fue entregado a la Armada Venezolana el 12 de agosto de 1980. Lleva en su proa el Mascarón de la Libertad, obra del artista venezolano Manuel Felipe Rincón, que representa a una mujer cubierta por el tricolor patrio.

La Regata Grandes Veleros Europa 2016 tuvo una duración de un mes y es una actividad concebida para proyectar los 60 años de esta competencia deportiva, entre embarcaciones a vela y competiciones de embarcaciones a remo, donde participan grandes buques escuela y veleros de diferentes partes del mundo.

Fuente: http://www.avn.info.ve/contenido/buque-escuela-sim%C3%B3n-bolivar-galardonado-como-velero-m%C3%A1s-veloz-del-mundo-2016

Imagen: http://www.avn.info.ve/sites/default/files/imagecache/index4-nodos-noticia-centro/fotografia/201608/img_448614632740191463414848.jpg

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Polonia: Alumnos estudiarán importancia de la OTAN para su país

Europa/Polonia/19 Junio 2016/Fuente y Autor:Mundo.Sputniknews

Conferencias y seminarios, juegos de rol y actividades deportivas, así como picnics militares para toda la familia son algunos de los eventos que se han implementado en la educación secundaria polaca en vísperas de la cumbre de la Alianza Atlántica en Varsovia, que va a celebrarse entre el 8 y 9 de julio, informó Frankfurter Allgemeine.

Las autoridades de Polonia pusieron el foco en los escolares para convencer a la población del país de los beneficios de la presencia militar de la OTAN en su territorio. En el curso de dos meses antes de la cumbre de la Alianza en Varsovia, se reparten clases de cuatro horas por semana dedicados a la ‘materia’.

Los institutos del país eslavo han recibido instrucciones de dar clases temáticas, que abarcarán aspectos como la participación del Ejército polaco en las operaciones de la OTAN en Afganistán o la elaboración del escenario de despliegue de la base militar en el territorio.

En el marco de esta iniciativa, los estudiantes participan en manifestaciones anticomunistas y ‘reconstrucciones’ del imaginario histórico, donde los polacos luchan contra los «ocupantes» soviéticos y los últimos, lógicamente, son doblegados.

Los cursos tienen elementos tanto interactivos como prácticos y estéticos. Los escolares diseñan carteles para la Alianza Atlántica y mapas de las operaciones del bloque militar.

El programa está basado en el manual didáctico elaborado por el viceministro de Defensa polaco, Robert Kupiecki, involucrado activamente en la preparación de la cumbre de la OTAN.

Fuera de las aulas, las familias toman parte en picnics militares en los que uno puede probar su fuerza como soldado en diferentes tipos de tropas.

Las clases especiales de la OTAN corren el riesgo de llevar a «una especie de glorificación de la organización militar», ha destacado un estudiante de 18 años, Michal Korkosz.

Los críticos de la iniciativa sostienen que dichos seminarios no hacen otra cosa que agravar las percepciones de incertidumbre y agresión en la sociedad.

Fuente de la noticia:http://mundo.sputniknews.com/politica/20160523/1059944431/polonia-escuelas-importancia-otan.html

Fuente de la imagen:http://cdn1.img.mundo.sputniknews.com/images/105739/74/1057397456.jpg

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