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La formación de los intelectuales | por Antonio Gramsci

Por:

El presente momento histórico es de una gravedad indecible, sus consecuencias pueden ser gravísimas, hagamos de tal modo que se resuelva el mayor número posible de las cuestiones dejadas irresueltas por el pasado y que la humanidad pueda volver a emprender su camino.  – Antonio Gramsci

Ensayo del  filósofo , periodista , lingüista , escritor y político marxista italiano Antonio Gramsci.

Antonio Gramsci fue un periodista y activista italiano conocido y célebre por destacar y desarrollar los roles de la cultura y la educación dentro de las teorías de economía, política y clase de Marx. Nacido en 1891, murió a los 46 años como consecuencia de los graves problemas de salud que desarrolló mientras estaba encarcelado por el gobierno fascista italiano. Las obras más leídas y notables de Gramsci, y las que influyeron en la teoría social, fueron escritas mientras estaba preso y publicado póstumamente como  Los diarios de la prisión.
En su teoría, Gramsci vio el estado como un instrumento de dominación que representa los intereses del capital y de la clase dominante. Desarrolló el concepto de hegemonía cultural para explicar cómo el estado logra esto, argumentando que la dominación se logra en gran parte mediante una ideología dominante expresada a través de instituciones sociales que socializan a las personas para que consientan en el gobierno del grupo dominante. Razonó que las creencias hegemónicas amortiguan el pensamiento crítico y, por lo tanto, son barreras para la revolución.
La contribución intelectual clave de Gramsci a la teoría marxista es su elaboración de la función social de la cultura y su relación con la política y el sistema económico. Si bien Marx discutió brevemente estos temas en su escrito, Gramsci recurrió a los fundamentos teóricos de Marx para elaborar el importante papel de la estrategia política en el desafío de las relaciones dominantes de la sociedad, y el papel del estado en la regulación de la vida social y el mantenimiento de las condiciones necesarias para el capitalismo.. Por lo tanto, se centró en comprender cómo la cultura y la política podrían inhibir o estimular el cambio revolucionario, es decir, se centró en los elementos políticos y culturales del poder y la dominación (además de y junto con el elemento económico). Como tal, el trabajo de Gramsci es una respuesta a la falsa predicción de la teoría de Marx de que la revolución era inevitable, dadas las contradicciones inherentes al sistema de producción capitalista.
Gramsci vio a la institución educativa como uno de los elementos fundamentales de la hegemonía cultural en la sociedad occidental moderna y elaboró ​​esto en ensayos titulados «Los intelectuales» y «Sobre la educación». Aunque influido por el pensamiento marxista, el cuerpo de trabajo de Gramsci abogó por una revolución multifacética y a más largo plazo que la prevista por Marx. Abogó por el cultivo de «intelectuales orgánicos» de todas las clases y estilos de vida, que entenderían y reflejarían las visiones del mundo de una diversidad de personas. Criticó el papel de los «intelectuales tradicionales», cuyo trabajo reflejaba la cosmovisión de la clase dominante y, por lo tanto, facilitaba la hegemonía cultural. Además, abogó por una «guerra de posición» en la que los pueblos oprimidos trabajarían para interrumpir las fuerzas hegemónicas en el ámbito de la política y la cultura.
Hoy, Gramsci es considerado un teórico fundamental para la sociología de la cultura y para articular las importantes conexiones entre la cultura, el estado, la economía y las relaciones de poder. Las contribuciones teóricas de Gramsci estimularon el desarrollo del campo de los estudios culturales y, en particular, la atención del campo a la importancia cultural y política de los medios de comunicación.
Aquí pueden descargar su ensayo titulado: «La formación de los intelectuales»
Fuente e Imagen: https://www.bloghemia.com/2020/05/la-formacion-de-los-intelectuales-por.html?m=1
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Educación política en el pensamiento de Gramsci

Por: Marlon  Javier López/ Kaos en la Red

Una educación liberadora debe comprender un proceso gradual que busque estimular la personalidad de los grupos sociales en su totalidad, desde sus primeros años hasta la edad madura.

En virtud del deterioro actual de la democracia, la elaboración de un lenguaje crítico y de posibilidad se vuelve una necesidad imperiosa. Se trata de reconstruir nuevas formas discursivas que no solamente fijen su mirada en los aspectos antihumanistas y antidemocráticos del capitalismo actualmente existente, sino que, al mismo tiempo, irradien alternativas esperanzadoras. La obra de Gramsci cobra especial importancia en este sentido, en la medida en que nos permite entender a las escuelas como parte de un conjunto mayor de relaciones de poder. De este modo, la lucha por la escolaridad implica “no olvidar ni alejarse de la lucha en favor del cambio social” (Giroux, 2000, p. 124). Antonio Gramsci, gracias a conceptos como el de Hegemonía cultural y su idea deIntelectuales orgánicos, redefinió completamente el modo de entender la política, centrando la atención en los aspectos que la vinculan con las prácticas culturales, relaciones y discursos educativos.

Cultura y política

Aún en la actualidad la izquierda no ha sido capaz de vislumbrar correctamente la relación entre la cultura, la política y la producción de identidades. La obra de Gramsci, apunta en esa dirección, constituyendo uno de los más profundos y vigorosos esfuerzos por poner de manifiesto el papel de la educación en las configuraciones políticas, mediante el análisis del contexto emergente de inicios del siglo XX. No se trata simplemente de comprender la nueva función de la cultura y sus consecuencias políticas, se trata, ante todo, de esclarecer cómo transformar las distintas esferas culturales en espacios de lucha y resistencia, animados por un nuevo tipo de intelectuales capaces de romper con la polarización característica de la sociedad contemporánea, entre una intelectualidad, que sabe pero no comprende, y el elemento popular que siente, pero no sabe. Es un error creer que se puede saber sin comprender, “no se hace historia-política sin pasión, esto es, sin estar sentimentalmente unidos al pueblo, esto es, sin sentir las pasiones elementales del pueblo, comprendiéndolo, o sea explicándolo”. (Gramsci, 1981, p. 164)

Al igual que el resto de esferas culturales, las escuelas son el resultado de luchas de significado, sometidas a mecanismos permanentes, que involucran al conjunto total de los actores sociales. En este punto cobra relevancia lo que Gramsci denominó sociedad civil, la cual define como la “hegemonía política y cultural de un grupo social sobre la sociedad entera como contenido ético del Estado”. (Gramsci, 1984, p. 28) Se trata pues del espacio público desde el cual es posible reorganizar las energías de la ciudadanía en torno a actos de afirmación, resistencia y lucha.

Bajo estas coordenadas, la educación se vincula a un proyecto de democracia radical, en oposición a las visiones conservadoras, las cuales la relegan a ser una actividad centrada en la producción de tecnócratas y toda clase de expertos profesionales (Giroux, 2000). El dedicado esfuerzo llevado a cabo por Gramsci, con el propósito de entender cómo se vincula la cultura, el conocimiento y el poder, así como sus estudios acerca de las relaciones de la vida cotidiana, nos permite extender la esfera de lo político, señalando los diversos espacios en los que se despliega el poder. Permiten asimismo entender de manera acertada la relevancia de la cultura popular, evidenciando el vasto espacio público en el que tiene lugar la educación y el ejercicio de la política.

Educación y cultura

Una pedagogía radical debe tener muy presente que la educación es una forma de intercambio y de producción cultural. En este sentido, los educadores críticos deben abordar el modo en el que el conocimiento es producido, mediado y representado dentro de relaciones de poder tanto dentro como fuera de las instituciones educativas.

Es necesario prestar atención a la forma en la cual los estudiantes construyen activamente las categorías de significado que prefiguran el modo en el que ellos producen el conocimiento y reaccionan ante él; aquellas instancias que moldean sus experiencias, permitiéndoles definir y construir su sentido de identidad política y cultural (Giroux, 1997).

El estudio de la cultura popular adquiere en este punto una importancia crucial, proporcionando la posibilidad de entender el modo en el que las formas culturales, centradas en la afección y el placer, condicionan las relaciones de la gente con los procesos de aprendizaje, así como la política de la vida cotidiana, en aras de considerar la totalidad de elementos que organizan las subjetividades; pues si bien es cierto que la producción de significado constituye un elemento esencial en la configuración de la subjetividad, dista mucho de ser el único que interviene. La producción de significado es inseparable de las implicaciones emocionales y de la producción de placer. Estos aspectos, en su conjunto, determinan las identidades de los individuos y grupos sociales en relación a sí mismos y a su visión del futuro.

La dialéctica de la cultura popular

En contraposición a las visiones unilaterales que prevalecen acerca de la cultura popular, la obra de Antonio Gramsci proporciona una base teórica profunda para su análisis. El término Gramsciano de hegemonía redefine los principios que moldean las relaciones entre las clases en las sociedades contemporáneas. El liderazgo hegemónico es el que explica, más que el uso de la fuerza, el ejercicio de control de parte de las clases dirigentes en una determinada sociedad. El concepto de hegemonía hace referencia a la lucha por asegurar el consentimiento de los grupos subordinados ante el orden social existente.

En su esfuerzo por señalar los diversos aspectos por los cuales tienen lugar los procesos de construcción hegemónicos, Gramsci ilumina los modos complejos mediante los cuales el consentimiento se estructura, como parte de un proceso pedagógico activo en la vida cotidiana. De esta forma, el concepto de hegemonía señala importantes consideraciones relacionadas con la forma en que las distintas prácticas culturales, políticas y económicas definen lo que él llama “sentido común”. La disputa por el consentimiento posee una carga política y pedagógica, en la medida en que atraviesa una serie de procesos constantes de aprendizaje, elaboración y reelaboración de valores y reestructuración de las relaciones de poder.

Es importante subrayar que no se trata de ninguna polaridad entre una cultura dominante y una cultura subordinada. El proceso de lucha por la hegemonía relaciona la cultura popular con el consentimiento, no dejando lugar para ningún tipo de “esencialismo cultural” (Giroux, 1997, p. 221). En lugar del desplazamiento entre visiones del mundo rivales, lo que tiene lugar es una permanente transformación del terreno ideológico y cultural. Los grupos dominantes, en aras de lograr el consentimiento de los grupos dominados se ven obligados a articular algunos intereses y valores de estos. Del mismo modo, los distintos espacios de resistencia y afirmación de las culturas subordinadas, llevan la obligación de negociar aquellos aspectos apropiados por la cultura dominante y aquellos que mantienen como seña de clase de sus deseos e intereses. Por ello, es imposible pensar que la cultura dominante se encuentre en algún momento en “estado puro”, no contaminado; lo mismo vale para el caso de la cultura de los grupos subordinados.

En el pensamiento de Gramsci, la hegemonía y la educación establecen una relación dialéctica. La realidad social es asumida por el filósofo como una red de relaciones móviles, que transforman y reconstituyen permanentemente al sujeto, tanto en su dimensión individual como colectiva. En tal sentido, la hegemonía implica un proceso siempre en permanente construcción, disputa y renegociación del sentido común.

No se trata de un proceso externo a los sujetos, sino puesto en marcha por ellos mismos. Por tanto, la dominación nunca es ejercida por imposición, sino más bien, por medio de una naturalización del control social. (Jarpa, 2015) El sentido común se construye bajo la complicidad de los dominados, alimentando el conformismo y creando un estado de aceptación y naturalización de las condiciones impuestas por la ideología hegemónica.

La educación es crucial en la construcción de lo que Gramsci denomina “bloque histórico”. Los intelectuales no se definen por el trabajo que hacen, sino por el rol que desempeñan, como aquellos destinados a liderar técnica y políticamente a la sociedad. Resulta falaz, entonces, caracterizar a la educación como una actividad neutral, en la medida en que se encuentra vinculada a la realidad cultural, social, política y económica sedimentada como concepción del mundo en la ideología dominante. Gramsci se opondrá, tanto a los enfoques positivistas que defienden un conocimiento sin sujeto, como a los enfoques libertarios que insisten en el sentimiento y la emoción desligándolos de la realidad social e histórica:

El interés de Gramsci por los “hechos” y el rigor intelectual en sus escritos sobre educación únicamente tienen sentido como una crítica debidamente razonada de aquellas formas de pedagogía que separan los hechos de los valores, el aprendizaje de la comprensión y el sentimiento de la inteligencia. (Giroux, 1990, p. 254)

Por otro lado, la educación agrega una dimensión moral, en el deber ser inherente a su fin. Es por eso que “toda relación hegemónica es una relación pedagógica” (Gramsci, 1986, p. 210). Todo educador tiene que elegir, de manera responsable, entre generar los vínculos orgánicos que perpetúen la ideología dominante, o elevar el nivel de consciencia para construir disenso o cuestionamiento, asumiendo posiciones de liderazgo que contribuyan a generar sociedades humanas, emancipadas de la explotación.

Conclusiones

La educación cumple una función política en el pensamiento de Gramsci. Esto es así en un doble sentido. Primero, a medida que prepara a los ciudadanos para ejercer un rol en la sociedad, dotándolos del nivel cultural y técnico indispensable para el mantenimiento del orden imperante. En segundo lugar, porque como parte de la superestructura se vuelve productora y transmisora de ideología.

La escuela es uno de los principales medios a través de los cuales todo Estado cumple la función de construir y difundir las costumbres, prácticas y actitudes que sostienen un específico tipo de civilización. La profunda comprensión de este hecho constituye un importante aporte a la educación de parte del filósofo italiano.

Los educadores, como intelectuales orgánicos, tienen la tarea de consumar el nexo entre la instrucción y la educación. En el proceso de construcción hegemónica, la escuela actúa sobre un entramado de relaciones sociales, configurando un sistema de valores culturales, activo y dinámico, en permanente transformación.

En este sentido la educación posee un importante aspecto ético, el cual está definido por la norma de conducta que debe regir a la humanidad en términos genéricos. Existe, entre la moral y la política, una tensión dialéctica. En esta relación, el lugar predominante pertenece siempre a lo político, dada la imposibilidad para cada individuo de abstraerse de lo social. Por esta razón, la escuela opera desde una función ética y política, la cual le otorga la tarea de organizar los aspectos centrales dentro de la formación del Estado, -y por tanto, dentro de la superestructura ideológica de la sociedad- en la formación de consenso hegemónico. Dicha tarea, en definitiva, se reduce a elevar formativamente a la población al nivel correspondiente con las necesidades de las clases dominantes.

En ese sentido, una educación liberadora debe comprender un proceso gradual que busque estimular la personalidad de los grupos sociales en su totalidad, desde sus primeros años hasta la edad madura; especialmente la de los grupos explotados, marginados y subordinados dentro del capitalismo. La educación debe ser capaz de dotar a los oprimidos de la capacidad de cuestionar la realidad, asumir liderazgo y crear nuevos argumentarios favorables a una propuesta de cambio radical.

Referencias bibliográficas

Giroux, H. (1990). Los profesores como intelectuales. Hacia una pedagogía crítica de los aprendizajes. Barcelona: Paidos/M.E.C.

Giroux, H. (1997). Cruzando Límites. Trabajadores culturales y políticas educativas. Barcelona: Editorial Paidós.

Giroux, H. (2000). La inocencia robada. Juventud, multinacionales y política cultural. Madrid: Ediciones Morata, S. L.

Gramsci, A. (1984). Cuadernos de la cárcel (Vol. 2). México D.F.: Ediciones Era S.A. de C.V.

Gramsci, A. (1981). Cuadernos de la cárcel (Vol. 3). México D.F.: Ediciones Era S.A. de C.V.

Gramsci, A. (1986). Cuadernos de la cárcel (Vol. 4). México D.F.: Ediciones Era S.A. de C.V.

Jarpa, C. G. (2015). Función política de la educación en el pensamiento de Antonio Gramsci. Cinta moebio, 124-134.

 

Fuente: https://kaosenlared.net/educacion-politica-en-el-pensamiento-de-gramsci/

 

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Myanmar: Las limpiezas étnicas no son cuentos del pasado

Myanmar/Diciembre de 2017/Autor: Mateo Guerrero Guerrero/Fuente: El Espectador

La discriminación contra la minoría musulmana en Myanmar ya había producido varios desplazamientos y masacres desde 1948. Este año, la historia se repitió y nadie pudo hacer nada para evitarlo.

Esta es la historia de un genocidio anunciado. “El Ejército le prendió fuego a mi casa. Dentro estaban mi suegra, de edad avanzada, y mi cuñada, que tenía dificultades mentales. Las quemaron vivas. No pudimos salir con ellas cuando los militares llegaron al pueblo”, dice una de las mujeres rohinyás que prestaron su testimonio para el informe que en febrero de este año publicó el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas. En ese momento faltaban seis meses para que los crímenes contra los rohinyás, la minoría étnica y religiosa que habitaba la provincia de Rakhine, al norte de Myanmar, protagonizara los titulares de prensa.

“Mis dos hermanas, de ocho y diez años, estaban huyendo porque vieron venir al Ejército. Las mataron, pero no a tiros; las cortaron con cuchillos”, dijo para el mismo informe la sobreviviente de un caso de violación colectiva, una niña de 14 años proveniente del mismo pueblo que, según Human Rights Watch, junto con otros cinco asentamientos habitados por rohinyás, ya tenían 820 edificios destruidos por cuenta del Ejército en noviembre de 2016.

Lejos de Myanmar, el nombre que adoptó tras su independencia la antigua Birmania, es fácil imaginar que la crisis empezó el 25 de agosto de este año, cuando los insurgentes del Ejército de Salvación Rohinyá de Arakán (ERSA) desencajaron la reputación de las autoridades del país al asestarles un golpe sorpresa a 30 estaciones de policía.

Tras un vistazo apresurado, también es posible pensar que la ira desbordada fue la principal causa de la violencia en contra de la minoría musulmana que nutre las filas del ERSA. Las cifras de la crisis, que hablan de 6.700 muertos y 650.000 personas desplazadas en menos de cinco meses, piden explicaciones más allá de una venganza ciega.

Una historia que se repite

El informe del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas no fue la única alerta temprana. Durante meses, organizaciones como el Centro Simon-Skjodt para la Prevención del Genocidio o la comunidad de académicos de la International State Crime Initiative venían advirtiendo del riesgo de que la población rohinyá fuera víctima de crímenes atroces a gran escala. No sería la primera vez.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los rohinyás pelearon codo a codo con los británicos para repeler al Imperio japonés en el sudeste asiático. A cambio, la corona inglesa prometió el fin del dominio colonial y la creación de un Estado independiente.

Como tantas otras veces, la promesa se cumplió a medias y, en lugar de restablecer las fronteras del antiguo reino de Arakán, que durante siglos fue la última frontera de la expansión del islam por Asia, las comunidades musulmanas que pelearon para tener su propio país tuvieron que conformarse con convertirse en una minoría étnica y religiosa en el interior de Myanmar, la nación que surgió tras la guerra y que aún hoy sigue siendo gobernada por representantes de su abrumadora mayoría budista.

En el año 2000, Human Rights Wahtch publicó un informe que demuestra que los ingredientes de la crisis humanitaria de hoy estaban servidos desde 1948.

Desde que Myanmar empezó a dar sus primeros pasos, el gobierno insistió en que los rohinyás eran inmigrantes ilegales. Como consecuencia, a lo largo de los años se les ha negado la posibilidad de servir como funcionarios públicos, acceder al sistema de educación o incluso movilizarse libremente por el país.

También desde el comienzo, la discriminación provocó el surgimiento de grupos insurgentes e independentistas que, en una de sus primeras y anecdóticas encarnaciones, estaban dirigidos por un tal Cassim, quien, tras ser capturado en Bangladés en 1950, dejó a sus tropas libres para dedicarse al robo y el contrabando de arroz.

La historia de insurgencia y marginalización regresó con una cara más reconocible en la década de los 70, cuando las autoridades migratorias y el ejército birmano comenzaron una operación que se conoció como Nagamin. La palabra se traduce como “rey dragón” y el programa al que estaba asignada provocó que, para mayo del 78, cerca de 200.000 rohinyás huyeran del país. Como hoy, la excusa fue la lucha contra el terrorismo y el destino exactamente el mismo: Bangladés.

La Cruz Roja no tardó en quedarse corta para atender a tanta gente y Naciones Unidas tuvo que intervenir con trece campos de refugiados. Mientras tanto, los gobiernos de Birmania y Bangladés acordaron la repatriación de los rohinyás, que sólo empezaban a cruzar la frontera cuando los refugios dejaron de recibir fondos y las raciones de comida a escasear.

Entre 1991 y 1992, el desplazamiento masivo de los 70 se volvió a repetir, esta vez con cerca de 250.000 y con la particularidad de que, en esa ocasión, Human Rights Watch reportó que el gobierno de Bangladés fue menos tolerante y empezó a realizar deportaciones forzadas.

Nada habría permitido prever las proporciones de la reciente escalada de violencia hasta 2012. En junio de ese año, los medios de comunicación birmanos reportaron la captura de tres hombres rohinyás relacionados con la violación y el asesinato de Ma Thida Htwe, una costurera de 27 años.

Poco después, un bus que iba por el municipio costero de Taungup fue detenido por un grupo de 300 budistas enardecidos. Esa noche, diez miembros de la minoría musulmana fueron linchados tras ser arrancados de los asientos en los que viajaban. Tres días más tarde, en un hecho sin precedentes que habla de la gravedad de la situación, el gobierno militar anunció la creación de un comité para investigar “los actos ilegales y anarquistas” que habían tenido lugar en la provincia de Rakhine. El Grupo Internacional de Crisis de Naciones Unidas también intervino para recomendarle al gobierno birmano que la mejor forma para evitar un rebrote de violencia era ponerle fin a la discriminación de los rohinyás. Eso no pasó.

Lo que no aprendemos de la historia

El 9 de octubre de 2016, varias personas armadas con palos, cuchillos y explosivos caseros asaltaron tres estaciones de policía en el norte de Myanmar. Decían que eran miembros del Harakah al-Yaqin (Movimiento de la Fe, en árabe). La violencia contra los rohinyás se desató.

“Los soldados me daban puños y patadas mientras gritaban ‘dile a Alá que venga a salvarte’”, se lee en otro de los muchos testimonios que la ONU recogió en su informe de febrero, cuando las alertas sobre un posible genocidio apenas empezaban a sonar.

El 25 de agosto, rebautizados como Ejército de Salvación Rohinyá de Arakán (ERSA), los insurgentes que desafiaron con cuchillos a las autoridades de Myanmar regresaron con ametralladoras y multiplicaron por diez el número de estaciones atacadas en octubre. El ejército birmano no se quedó atrás y rompió su propio récord de desplazados y víctimas mortales. La ONU definió los hechos como un caso clásico de limpieza étnica.

“He estado en República Centroafricana en dos ocasiones, en Congo, en Níger, en Honduras, en México, pero nunca he trabajado en una crisis tan grande y tan dura como esta”, dice María Simón, coordinadora de la misión de Médicos Sin Fronteras en Chittagong, la región al sur de Bangladés que ha recibido el grueso de desplazados provenientes de Myanmar.

En los campos de refugiados habita el equivalente a la población de una ciudad del tamaño de Cúcuta y a Simón se le van los días gestionando al personal médico y la llegada de camiones llenos de agua y alimentos que buscan que la crisis no se agrave por motivos sanitarios.

Con el fantasma de una epidemia a cuestas, la médica se sorprende por el modo en que, entre los campamentos hechos con plástico y bambú a lado y lado de las carreteras, los rohinyás no dan su brazo a torcer.

“Hay escuelas que están funcionando, hay pequeños mercados con tiendas, incluso hay una peluquería. La gente se adapta al medio y continúa con su vida, pese a que las condiciones son muy complicadas”, dice. Además destaca la política de fronteras abiertas que el gobierno de Bangladés ha tenido durante la crisis.

Para Tasleem Shakur, profesor de geografía humana en la Universidad de Edge Hill (Reino Unido), la actitud del gobierno bangladesí es producto de sus aprendizajes históricos. En 1971, cuando Bangladés se desangraba en una guerra de independencia que dejó 10 millones de refugiados en el extranjero y el genocidio de 3 millones de personas, ellos mismos fueron receptores del tipo de ayuda que ahora necesitan los rohinyás.

A pesar de eso, y siguiendo el mismo derrotero de otras crisis protagonizadas por los rohinyás, los gobiernos de Myanmar y Bangladés ya firmaron un acuerdo de repatriación a finales de noviembre. La idea es, por un lado, librar a Bangladés de la inmensa carga que supone la llegada de un número tan grande de refugiados y, por otro lado, permitirle a Myanmar limpiar un poco su reputación internacional. El acuerdo llega sin un compromiso claro para ponerle fin a la discriminación que sufren los rohinyás en Myanmar. En pocas palabras, hicieron todo para que nada cambie. El problema es que esta vez el precio de que todo vuelva a la “normalidad” es mucho mayor.

Con el genocidio y el desplazamiento de este año, la causa rohinyá atrajo la atención de organizaciones yihadistas. El pasado 27 de octubre, Abu Syed al-Ansari, líder del brazo armado de Al Qaeda en India, publicó un video en el que llamaba a pelear la guerra santa contra Myanmar.

Otra fuente de preocupación es el debilitamiento del Estado Islámico en Oriente Medio, lo que desde ya se ha traducido en un incremento de sus operaciones en el sudeste asiático, como ocurrió en Filipinas a finales de mayo. Ante la amenaza inminente, vale la pena preguntarse si el gobierno y el ejército de Myanmar van a seguir utilizando la misma excusa que han transmitido en inglés y birmano a través de sus medios oficiales: que todo es un caso de noticias falsas y que las fuerzas armadas no tienen nada que ver en lo que está pasando.

Fuente: https://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/las-limpiezas-etnicas-no-son-cuentos-del-pasado-articulo-728742

 

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Se inicia el curso, continúa el combate

Por: Jaume Martínez Bonafé

La creación de una verdadera sociedad democrática pasa por instituciones que cultiven y profundicen en un proyecto de contrahegemonía cultural autogestionado, libre y transparente.

Lo diré como los clásicos: la educación es un territorio de combate, un campo social en el que se dirimen posiciones de fuerza, intereses diferentes en permanente conflicto. A estas alturas esta afirmación es casi una obviedad, y fundamento empírico lo encontramos por todos los lados, por eso sorprende la ausencia o poca presencia de esta mirada -de esta tesis- en los análisis e informaciones o declaraciones sobre las políticas educativas actuales.

En el País Valenciano, por poner un ejemplo, la Generalitat pretende eliminar algunos de los conciertos de la enseñanza posobligatoria, casi todos en bachillerato, y la jerarquía católica, la judicatura, la prensa de toda la vida, las radios también de toda la vida, incluida la SER, y claro, los partidos conservadores como PP y Cs ponen el grito en el cielo y a sus fieles en las calles. No debería sorprendernos.

Hay un grupo social e ideológico que ve la educación como una estrategia de reproducción de sus propios intereses y privilegios. Los conciertos educativos facilitan un sustancial negocio dejando intocable la selección/segregación social de los niños y niñas según su origen de clase. Como sustancial negocio es el privilegiado mercado del libro de texto, dejando intocable un discutible modelo de reproducción cultural y un más discutible todavía modelo pedagógico.

Para seguir con el caso valenciano les diré que durante las más de dos décadas de gobierno del PP en la Generalitat el incremento del negocio en la Universidad Católica ha sido espectacular, mientras en la Universidad pública aumentaban las dificultades. No fue formalmente un concierto lo que firmaba el Ejecutivo del PP, pero la concesión de becas, entre otras formas, facilitaban las cosas a la jerarquía católica. Es natural o de sentido común, diría Rajoy. Estamos aquí para lo que estamos. En efecto, no debería sorprender.

Lo que sí es sorprendente, al menos para mi, es la timidez argumentativa con la que ahora otras políticas diferentes pretenden detener esa estrategia de la reproducción conservadora. Es sorprendente que el Conseller Marçà -por continuar en el Pais Valencià- tenga casi que disimular una política que en ese conflictivo campo social de la educación juega ahora con otras estrategias. Sorprende que lo que aplaudimos en los YouTube de Pepe Múgica, y nos emociona en los textos de Galeano no pueda decirse con esa misma claridad y contundencia cuando se ejecuta una política pública. Sorprende que lo que está más que claro en cualquier comentario de un texto de Paulo Freire o Celestin Freinet, cueste tanto de decir cuando se tiene la responsabilidad política de construir una voz pública. Sorprende que sea tan difícil decir que se gobierna a favor de los pobres y que la escuela pública está para dignificar el crecimiento integral de quienes no tienen más recurso que el que le puede ofrecer esa escuela pública. Sorprende que lo que está más que claro en la mirada histórica si se quiere estudiar la relación entre las órdenes religiosas, la educación y la reproducción social, sea tan difícil de explicar cuando se defiende una tímida reforma en los conciertos educativos.

Quizá la cuestión está (vuelvo a los clásicos) en que se ganó el Ejecutivo en la contienda electoral pero sin ganar la hegemonía cultural en el discurso sobre lo público. El proceso continuado de construcción de la experiencia colectiva sobre el sentido de la escuela, de modelación de significados y de valores sobre lo público, y de un modo mas amplio, de creación de concepciones del mundo y de dirección moral e intelectual de la sociedad está todavía en manos de quienes controlan de un modo autoritario y/o paternalista los medios de difusión cultural.

Y si esa es la cuestión, salir de los despachos para abrir un diálogo político con las familias, el profesorado y la ciudadanía es vital. Además de un mandato democrático -no hay democracia sin participación- si las palabras se gastan, si no hay diálogo para encontrar el sentido profundo y radical de las palabras, si no se es capaz de discernir sobre lo que es diferente, lo que contradice, lo que se opone, y lo que es común y en lo que nos encontramos, si no se hace de esto pedagogía política, la explicación -política- quedará en manos de quien todavía tiene la hegemonía. La creación de una verdadera sociedad democrática pasa por instituciones que cultiven y profundicen en un proyecto de contrahegemonía cultural autogestionado, libre y transparente. Si esperamos que tertulianos y burócratas nos lo expliquen todo estamos listos.

Se inicia el curso, continúa el combate.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/09/12/se-inicia-el-curso-continua-el-combate/

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Critican nuevo programa educativo de Japón por incluir entrenamiento de época de guerra

Japón/Abril de 2017/Fuente: Spanich China.org

El ministerio de Educación de Japón aprobó recientemente una versión nueva de las directrices de educación que incluyen por primera vez el jukendo, o «forma de usar la bayoneta», en el programa de educación física para estudiantes de secundaria, lo que ha provocado condena de parte del público.

Las directrices, que se espera sean implementadas en el año fiscal 2021 en las escuelas secundarias, sugieren que las escuelas deben ofrecer a los estudiantes lecciones de artes marciales como judo, kendo y jukendo para dar a los estudiantes mejor acceso a la llamada cultura japonesa tradicional.

Sin embargo, los críticas señalan que es inapropiado enseñar a los estudiante jukendo en las escuelas, pues el jukendo es, en esencia, «un arte para matar» en el que los practicantes usan bayonetas de madera contra sus oponentes, con el objetivo de dañar partes vitales del cuerpo como pecho y garganta.

También han surgido preocupaciones de que como la lucha con bayoneta fue un aspecto en el que se entrenó al Ejército Imperial Japonés antes y durante la Segunda Guerra Mundial, llevar la lucha a las escuelas podría reactivar la nostalgia por el militarismo en Japón.

«La lucha con bayoneta no es un deporte bien reconocido como el judo o el sumo. No es adecuado para nuestra época y es aterrador», dijo Ryuichi Yoneyama, gobernador de Niigata, centro de Japón, en un mensaje vía Twitter.

Yoneyama agregó que como el jukendo necesita equipo especial y no es adecuado para la educación obligatoria, la adopción de la práctica en el programa de educación, impulsado por algunos legisladores del gobernante Partido Liberal Democrático (PLD), sólo podría «recordar a la gente la nostalgia por el militarismo pasado de Japón».

Las directrices en el currículo son una práctica estándar del Ministerio de Educación de Japón para especificar los temas que se impartirán en las escuelas primarias, secundarias y preparatorias en Japón. El estándar, aunque no es una ley, hasta cierto punto es obligatorio legalmente.

El jukendo no estaba incluido en el proyecto de las directrices publicado en febrero por el Ministerio de Educación para solicitar opiniones de la gente. La práctica fue agregada después a petición de la Federación de Jukendo de Japón y de Masahisa Sato, un legislador del gobernante PLD, entre otros.

Las directrices también provocaron una gran controversia por pedir que en las escuelas primarias y secundarias se enseñe en las clases que las Islas Diaoyu de China y un grupo de islas disputadas actualmente bajo el control de la República de Corea, son territorio «inherente» de Japón.

China ha enfatizado que las Islas Diaoyu y sus islotes adyacentes son territorio chino inherente y China tiene la determinación y voluntad firmes de salvaguardar su soberanía territorial.

«No importa lo que haga o diga, la parte japonesa no puede cambiar el hecho de que las Islas Diaoyu pertenecen a China», dijo la vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Hua Chunying, en conferencia de prensa.

China pide a la parte japonesa que respete la historia y los hechos, enseñe a las nuevas generaciones visiones históricas correctas, y deje de causar problema en los temas relevantes, dijo Hua.

Las directrices del programa para las escuelas primarias, secundarias y preparatorias son revisadas cada 10 años en Japón.

Las nuevas directrices serán aplicadas plenamente en las escuelas primarias y secundarias a partir de los años fiscales 2020 y 2021, respectivamente.

Fuente: http://spanish.china.org.cn/science/txt/2017-04/03/content_40551654.htm

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España: Marcial Marín destaca la importancia de las instituciones educativas para trasmitir la identidad europea a los alumnos

España/Febrero de 2017/Fuente: MECD

El secretario de Estado de Educación, Formación Profesional y Universidades, Marcial Marín, ha destacado la «necesidad de enriquecer nuestras tradiciones y nuestras culturas» y ha apostado por el «respeto a las diferencias y el diálogo como instrumentos básicos de convivencia».

Así lo ha dicho esta tarde en Bruselas, donde se ha reunido con profesores españoles de las Escuelas Europeas, a los que ha agradecido su trabajo a la hora de trasmitir a los alumnos los valores y la identidad europea.

«Las instituciones educativas deben participar en la construcción de una identidad europea que arrope las distintas identidades, creencias, pensamientos, etc. Y el papel que juegan las Escuelas Europeas, y ustedes como profesores del sistema es en este sentido incuestionable», ha dicho.

Las Escuelas Europeas constituyen un organismo Intergubernamental gestionado conjuntamente por los gobiernos de los 28 Estados miembros de la Unión Europea. Gozan de estatuto jurídico de centro público en los países en los que están ubicadas y ofrecen enseñanzas de Educación Infantil, Primaria y Secundaria en un sistema educativo propio. Los alumnos, prioritariamente hijos de funcionarios de la Unión Europea, al terminar la escolaridad obtienen el título de Bachillerato Europeo, que se reconoce hoy día como requisito de acceso a la Universidad, además de en los Estados miembros, en otros países, como Estados Unidos o Suiza.

El secretario de Estado de Educación, Formación Profesional y Universidades ha recalcado «los estándares de calidad» de estas Escuelas y les ha animado a continuar en la senda de «la promoción de las identidades nacionales y las lenguas, así como la diversidad europea y la tolerancia».

Las Escuelas Europeas ofrecen una enseñanza plurilingüe y multicultural a sus alumnos, al mismo tiempo que van construyendo su identidad europea, conservando al mismo tiempo su propia identidad cultural como nacional de uno de los países de la Unión. Las Escuelas ofrecen enseñanza en las 23 lenguas oficiales de la Unión Europea, aunque el alumnado se divide por secciones lingüísticas de 15 de estas lenguas. En Infantil y Primaria, las enseñanzas se imparten en totalidad en la lengua materna del alumno, aunque se estudia una primera lengua extranjera desde 1º de Primaria, que ha de ser alemán, francés o inglés, obligatoriamente. A partir de la Secundaria las diferentes áreas se imparten en lengua materna o en la primera lengua extranjera. Los alumnos pueden estudiar hasta 4 lenguas extranjeras.

En la actualidad existen 14 Escuelas Europeas, en 7 países diferentes (Alemania, Bélgica, España, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Reino Unido).

Fuente: http://www.mecd.gob.es/prensa-mecd/actualidad/2017/02/20170216-marin.html

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Entrevista al historiador Leandro Morgenfeld: Trump pone en crisis la estrategia de apertura neoliberal

Entrevista al historiador Leandro Morgenfeld, especialista en Relaciones Interamericanas
“Trump pone en crisis la estrategia de apertura neoliberal»

 

Tomás Forster
NODAL
Quién es el entrevistado: Leandro Morgenfeld es un historiador, profesor e investigador argentino que se especializa en el vínculo entre América Latina y Estados Unidos. Es autor de los libros Vecinos en conflicto. Argentina y Estados Unidos en las conferencias panamericanas y de Relaciones peligrosas. Argentina y Estados Unidos. El blog Vecinos en Conflicto reúne su producción académica. Morgenfeld es una referencia a la hora de indagar en las implicancias que puede tener, para nuestra región, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

– ¿Cómo analiza las primeras señales que envío Trump: en especial la salida de Estados Unidos del TPP, las medidas proteccionistas y la ratificación de la construcción del muro en la frontera con México?

Quiere mostrarse fuerte e hiperactivo. Hasta ahora, dio múltiples señales de que pretende ampliar su base de apoyo y cumplir sus promesas de campaña. Uno de ellas era el inmediato retiro del TPP, decisión que tomó rápidamente. Está claro que el apoyo de Hillary Clinton a ese proyecto (aunque en la campaña lo criticó, fue ella quien lo impulsó como Secretaria de Estado de Obama) le costó la elección en los estados clave del Rust Belt, los más golpeados por el proceso de deslocalización de fábricas y pérdida de empleos industriales. Los anuncios proteccionistas de Trump, si bien no creo que modifiquen radicalmente la lógica de trasnacionalización del capital a nivel global, sí muestran la crisis de la globalización neoliberal y las contradicciones al interior de la propia burguesía estadounidense.

¿En qué medida esto puede afectar la relación entre Estados Unidos y Latinoamérica?

Las relaciones con América Latina van a empeorar. La hostilidad manifiesta de Trump hacia los hispanos (el muro fronterizo, el aumento de las deportaciones de indocumentados, el primer gabinete en 28 años sin hispanos, el cierre de la versión en español de la web de la Casa Blanca), los ataques a la Revolución Cubana y la aproximación a asesores proclives a la agresión contra los gobiernos bolivarianos van a aumentar el rechazo al nuevo ocupante de la Casa Blanca, que ya es de por sí alto entre los latinoamericanos

– A partir de lo afirmado por Trump hasta el momento y de ciertas declaraciones en tono expectante y moderado que hicieron presidentes como Correa o Maduro, ¿cómo imagina que será la relación de Washington con los países de la región que mantienen gobiernos nacional-populares como Venezuela, Ecuador, Nicaragua o Bolivia?

Muchos de estos gobiernos criticaron acertadamente la hipocresía de la política exterior de Obama y vislumbraron que ésta sería aún más agresiva con Hillary Clinton, teniendo en cuenta su período a cargo de la Secretaría de Estado. Desde 2009, hubo golpes de nuevo tipo en Honduras, Paraguay y Brasil, y desestabilizaciones contra Venezuela, Ecuador, Bolivia, entre otros países. La llegada de Trump resalta la crisis política en Estados Unidos y va a dificultar la estrategia de ese país de mostrarse como un “faro de las democracias de Occidente”. Si Estados Unidos abre otros frentes de conflicto da una oportunidad a Nuestra América de retomar la coordinación política a nivel regional y establecer estrategias de inserción internacional más multilaterales y autónomas. De todas formas, no podemos albergar ninguna esperanza en el gobierno de Trump. Va a desplegar estrategias de injerencia en la región, probablemente apelando más al hard power y no tanto al soft power que prefería Obama.

– ¿Y con Cuba?

Lo de Cuba es un claro ejemplo. Trump, para captar el voto de los anti-castristas de la Florida, modificó su posición y criticó duramente la distensión implementada por Obama desde diciembre de 2014. Prometió dar marcha atrás con la “normalización” de las relaciones bilaterales, va a mantener el bloqueo y la cárcel de Guantánamo, nombró como asesores a lobistas anti-cubanos y dijo barbaridades cuando murió Fidel Castro en noviembre pasado. Nuestra América debe seguir abrazando a Cuba y exigirle a Estados Unidos que termine con el criminal bloqueo económico, comercial y financiero que hace décadas es rechazado por todos los países en la ONU, menos Israel.

– La derecha regional apostaba a un triunfo de Hillary Clinton. Eso fue muy notorio en el posicionamiento internacional llevado adelante por el gobierno argentino de Mauricio Macri. ¿Cómo afecta la llegada de Trump a estos gobiernos que pretenden “abrir” las economías de sus países?

La asunción de Trump pone en crisis la estrategia de apertura neoliberal a la que apostaron los gobiernos derechistas de la región. No sólo los de la Alianza del Pacífico, sino el de Temer y Macri. Este último pretendía firmar el TLC con EEUU, además de sumarse al TPP. Esto venía negociándose con Obama y pretendían seguir en esa línea. Ahora va a encarecerse el crédito externo, llegaran menos inversiones y se cerrarán mercados, como acaba de pasar con los limones que Argentina suponía que iba a venderle a Estados Unidos. O sea, es una política desastrosa apostar a la firma de TLC y abrir las economías, cuando EEUU y Europa van en sentido inverso. El problema es que estamos viendo que los gobiernos de Peña Nieto y Macri, en vez de modificar la estrategia, están enviando señales de “seducción” a Trump. Esa estrategia ya fracasó y va a volver a fracasar. Hay que apostar a la integración latinoamericana y a negociar en forma conjunta con las potencias, justo lo contrario a lo que plantean los gobiernos neoliberales.

– En el discurso de asunción, Trump apeló a “refundar” a los Estados Unidos y él mismo se mueve como un outsider que busca erosionar los modos de la política tradicional. ¿En qué sentido su arribo a la Casa Blanca puede implicar una ruptura con la política exterior que Estados Unidos ha tenido desde el fin de la guerra fría en adelante?

Trump se presenta como un outsider pero es parte de la clase dominante estadounidense. Tiene 3000 millones de dólares y está entre las 350 personas más ricas del planeta, según Forbes. O sea, es parte del 1% que gobierna contra el otro 99%. Ahora bien, su llegada expresa las fracturas políticas, económicas e ideológicas que hay en EEUU. Hasta ahora, desde la posguerra, los distintos gobiernos temporarios respondieron al “gobierno permanente” de EEUU y ningún presidente modificó la estrategia de fortalecer a Estados Unidos como el gendarme global del capital. Veremos si Trump va a intentar romper ese consenso bipartidista en materia de política exterior y, en ese caso, si lo van a dejar. Tengo mis dudas sobre si Trump logrará completar su mandato. Hasta ahora, de 44 presidentes que tuvo EEUU, 9 no lo hicieron (4 por asesinato, 4 por muerte natural y 1 por renuncia, tras inicio de un proceso de impeachment).

– ¿Cree que la histórica movilización encabezada por las mujeres el sábado pasado y el creciente clima de protestas que se vive en Estados Unidos contra Trump, pueden llegar a condicionar el rumbo que tome su gobierno?

Desde los años sesenta que no se registra el nivel de movilizaciones y tensiones sociales que se está viviendo en este momento. El sábado pasado marcharon más de dos millones de personas, encabezados por las mujeres. Pero hubo marchas casi todos los días. Creo que vamos a ver crecientes tensiones, en particular con las mujeres, jóvenes, afroamericanos, hispanos, musulmanes, estudiantes, colectivos de minorías sexuales. También los trabajadores se movilizarán, cuando se vean frustrados por sus promesas incumplidas. Trump tiene un discurso antisindical y ataca derechos socialesy civiles (como el del aborto) para consolidar a su base conservadora y eso va a traer resistencias. Creo que las movilizaciones no cesarán y condicionarán a Trump a lo largo de toda su presidencia. Vamos a presenciar procesos muy interesantes en Estados Unidos, que además tendrán impacto global.

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=222351

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