60% de los hogares en Chile gasta más de lo que percibe. Sube gasto en salud y baja en educación

Autora: Pía Toro M/La Tercera

Así lo reveló la VIII Encuesta de Presupuestos Familiares del INE, la que además arrojó que el gasto promedio mensual de los hogares chilenos aumentó 19% en los últimos cinco años, alcanzando $1.121.925. Alimentos y Transporte acaparan casi el 34% del desembolso mensual de las familias del país.

El gasto promedio mensual de las familias se elevó en 19,2% entre los años 2012 y 2017. Así lo reveló la VIII Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF) del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), que mostró que en cinco años el desembolso pasó de $940.964 a $1.121.925.

Este gasto promedio es mayor en el Gran Santiago que en el resto de las capitales regionales: $1.243.155 y $969.048, respectivamente. Hay que recordar que desde 2007 que la medición también incluye a regiones, adecuándose a los estándares exigidos por la Ocde. En esta oportunidad, la encuesta también consideró a la nueva Región de Ñuble (Chillán y Chillán Viejo).

En cuanto a ingresos de los hogares, la medición muestra un crecimiento real del 16,4%, pasando de $1.025.313 a $1.193.456 en promedio. Esto significa que el gasto creció 2,8 puntos porcentuales más que el ingreso.

Los ingresos de los hogares del país provienen mayoritariamente del trabajo (85%). Este se descompone en un 64,2% por sueldos y salarios; 13% por trabajo independiente o cuenta propia y 6,8% jubilaciones y pen-siones.

El principal sustentador del ingreso del hogar son los hombres (62,4%), mientras que la participación de las mujeres llega al 37,6%.
Los resultados de esta encuesta son primordiales para el diseño de la nueva canasta de alimentos (que debe estar a fines del primer semestre), que inciden en las variaciones del Índice de Precio al Consumidos (IPC) y para la medición de la pobreza y la corrección de las cuentas nacionales.

Gastan más

La encuesta también muestra que los hogares más vulnerables del país presentan gastos mayores a los ingresos de los que perciben. Así sucede en los tres primeros quintiles socioeconómicos, es decir, el 60% de los hogares en Chile (ver gráfico). Por ejemplo, en el primer quintil (más pobres) el ingreso mensual es de $358.181, mientras que el gasto es de $595.144. En el segundo quintil es de $610.100 versus $743.260. Y el tercer quintil, aunque la diferencia es menor, los hograes tienen ingresos por $854.635 y gastos por $876.521.

Esto, además, da cuenta que en el I quintil la diferencia entre el ingreso y el gasto se elevó. Si en 2012 era de 49%, en la última encuesta EPF esta diferencia es de 66%. En el II quintil, este margen también aumentó, pero en menor magnitud, pasando de 18% a 22%.

A su vez, los ingresos disponibles promedio per cápita se elevaron entre 2012 y 2017, pasando de $344.899 a $425.608, elevándose en un 23% aproximadamente. Sin embargo, en comparación con el gasto, la encuesta revela que el 80% de las personas gastan más de lo que perciben, es decir, este fenómeno afecta a los cuatro primeros quintiles socioeconómicos a nivel per cápita.

Para el director del INE, Guillermo Pattillo, estos resultados no sor sorpresivos. “Sin duda que el proceso de crecimiento económico y desarrollo a largo plazo van modificando los resultados. Este es un antecedente que nos ubica en el estado de desarrollo que es consistente con lo que es nuestro PIB per cápita y los programas que la autoridad tiene de redistribución de ingresos”.

¿Qué consumen?

Al observar el consumo de los hogares, el podio se lo llevan los alimentos y bebidas no alcohólicas con $209.983 mensuales en promedio, transporte con $170.238 y vivienda y gastos en servicios básicos con $160.692 al mes.

Ahora bien, los bienes que elevaron el consumo de los chilenos en estos últimos 5 años están asociados más bien al tiempo libre y al bienestar. Es así como el gasto en hoteles y restaurantes aumentó su participación en el consumo de los hogares en 2,3 puntos porcentuales (pp) (6,5% del total), lo siguen salud que se elevó en 1,3 pp (7,6%) y alojamiento, electricidad y combustibles con un 0,8 pp más de incidencia (14,3%).

En la vereda contraria, educación presentó resultados a la baja, pues fue el servicio con mayor descenso en el consumo de los hogares, retrocediendo 1,4 puntos (hasta 6,5% del total).

Si bien los hogares de menores ingresos tienen una incidencia mayor en el gasto en educación superior que los hogares de mayores recursos, 15,4% y 9,6%, respectivamente, en términos monetarios es a la inversa, es decir, por este concepto el I quintil gasta $144.713 y el de mayores recursos $276.506.

La encuesta también refleja que las familias compuestas por adultos mayores tienen mayores gastos. Por ejemplo, el gasto en salud de un hogar sin adulto mayor corresponde al 10,7% de los ingresos, mientras que en un hogar sin una persona mayor este gasto sólo llega a 6,8%. Cuando observamos el consumo de alimentos, el pan sigue siendo el líder en los hogares, ya que el 96,3% de los hogares de las capitales regionales de Chile realiza gastos en algún tipo de pan. Le siguen las bebidas gaseosas con un 73,9%.

 Fuente: http://www.latercera.com/pulso/noticia/60-los-hogares-chile-gasta-mas-lo-percibe-sube-gasto-salud-baja-educacion/220366/

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EE.UU: The Cost of Child Care in America Is Even More Outrageous Than You Thought

América del Norte/EE.UU./07 de octubre de 2016/www.slate.com/Por: Ruth Graham

Resumen: El tema del costo del cuidado infantil se ha convertido en tema de conversación favorito en la campaña electoral de los candidatos de EE.UU. Hilary, por ejemplo, propone la limitación de los gastos de cuidado de niños en el 10 por ciento de los ingresos de una familia, por su parte, Donald Trump, ha expresado que permitiría a los padres deducir el costo del cuidado infantil de sus impuestos sobre la renta, excluyendo de este modo a las familias de bajos ingresos que más necesitan del cuidado de niños. Sin embargo, hoy en día, un nuevo informe conjunto del grupo de expertos New America y Care.com ilustra porqué el costo del cuidado de niños en Estados Unidos es indignante. El coste medio de la inscripción a tiempo completo de un niño de 4 años o menos en un centro de cuidado de niños en Estados Unidos es $ 9,589 al año, lo que es más alto que el costo promedio de la matrícula universitaria estatal. Una familia que gana el ingreso medio por hogar gastaría el 18 por ciento de la misma en el cuidado de niños. Para un solo padre ganando el salario mínimo, llevar a su hijo a un cuidado de niños sería comer hasta 64 por ciento de sus ingresos. Por supuesto, los EE.UU. sigue siendo el único país industrializado que no requiere a los patronos proveer siquiera un solo día de licencia de paternidad remunerada, y la Familia y los mandatos de la Ley de Licencia Médica sólo otorgan 12 semanas de licencia sin sueldo para las madres después del parto. Eso significa que muchos padres que trabajan tienen que poner a sus hijos en algún tipo de centro de atención en cuestión de semanas. Y los costos de la atención infantil son 12 por ciento más alto que para los niños mayores, de acuerdo con el nuevo informe. Mientras tanto, sólo el 11 por ciento de los centros de cuidado infantil y centros de atención en el hogar están acreditados, una medida de seguridad básica y tanto la calidad educativa en lo que se entiende cada vez más como un período de desarrollo crucial. Mientras tanto, los trabajadores de cuidado de niños mismos se les paga salarios de pobreza. A nivel nacional, los salarios medios son menos de la mitad de la media de los maestros de preescolar, de acuerdo con un informe publicado en julio de este año por el Centro para el Estudio de Empleo de cuidado de niños.

Noticia original:

One of the stranger policy twists in this very strange election season is that the high cost of child care has become a favorite talking point for both the Democratic and Republican nominees for president. Hillary Clinton proposes capping child care expenses at 10 percent of a family’s income. And Donald Trump has said he would allow parents to deduct the cost of child care from their income taxes—thereby excluding the low-income families who most need help, but never mind. Forty-five years after President Nixon vetoed a universal child care plan because of its “family-weakening implications,” today both major-party nominees see child care costs as a problem that benefits them to address.

Today, a New Joint Report from the think tank New America and Care.com illustrates why. In short, the cost of child care in America is outrageous. The average cost of enrolling a child age 4 or younger full-time at a child care center in America is $9,589 a year, which is higher than the average cost of in-state college tuition. A family earning the median household income would spend 18 percent of it on child care. For a single parent earning minimum wage, child care would eat up 64 percent of her income. And that’s for one child. For perspective, child care is considered affordable if it doesn’t exceed 10 percent of a family’s income, according to standards from the Department of Health and Human Services. Not only are current costs way beyond that for many parents, but they have risen at nearly twice the rate of inflation since the end of the recession.

Of course, the U.S. remains the only industrialized country that does not require employers to provide even a single day of paid parental leave, and the Family and Medical Leave Act mandates just 12 weeks of unpaid leave for mothers after childbirth. That means many working parents need to place their children in some kind of care setting within weeks. And the costs for infant care are 12 percent higher than they are for older children, according to the new report. Meanwhile, only 11 percent of child-care centers and home-based care settings are accredited, a measure of both basic safety and educational quality in what is increasingly understood to be a crucial developmental period.

The report addresses quality and availability of care along with cost. All vary widely in what the report describes as the country’s “fragmented, patchwork system.” With expenses so high and availability so spotty, many families decide to rely instead on the “gray market” of unregulated options: care provided by family, friends, or neighbors, which is often unreliable and even unsafe. In other cases, women (yes, usually women) cut back on their hours or simply opt to stay home with their children, making the reasonable calculation that it makes little financial sense to work if your income is effectively being funneled into the child care that you need because you’re going to work.

Meanwhile, child care workers themselves are often paid poverty wages. Nationally, their median wages are less than half of the average for kindergarten teachers, according to a report released in July by the Center for the Study of Child Care Employment. In 2015, almost half of early childhood workers in the U.S. relied on public assistance. When it comes to child care in America, parents, children, and providers are somehow all getting the short end of the stick. The “family-weakening implications” of our current broken system deserve attention during this presidential election—and afterward.

Tomado de: http://www.slate.com/blogs/xx_factor/2016/09/28/cost_of_child_care_in_america_still_outrageous_yet_somehow_more_so.html

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Australia: Brisbane school told girl, 5, ‘you’re out if you don’t have iPad’

Oceanía/Australia/Junio 2016/Autor: Natasha Bita / Fuente: theaustralian.com.au

ResumenUna escuela pública, que está obligando a los padres a comprar iPads para los niños de jardín de infantes para el próximo año escolar, se enfrenta a una reacción violenta de los familiares de sus representados. La Escuela Estatal de Ashgrove, ha dicho a los padres que los estudiantes deben traer su propio iPad a la escuela el próximo año, a un costo de hasta $863, además de pagar $150 en «cuota anual de uso de tecnología ».

A public school that is forcing ­parents to buy iPads for kindergarten kids next year is ­facing a backlash from families.

Ashgrove State School, in the inner-Brisbane electorate of Queensland Education Minister Kate Jones, has told parents that “Prep’’ students must bring their own iPad to school next year, at a cost of up to $863, plus pay a $150 “technology fee’’.

When mother Karen Cox complained, she was told there was no “screen-free’’ option for her five-year-old daughter Lily.

“We feel we should have a choice,’’ Ms Cox said yesterday. “iPads are not educationally proven — we think our kids should get concrete learning in writing and the basics throughout the whole of primary school.

“There’s time enough for technology in high school.’’

As parents across Australia grapple with the cost of buying laptops and iPads, the requirement to use technology in the classroom raises questions over equity and educational outcomes.

School principals can decide whether and when to require “bring your own” devices, but state and territory education depart­ments require that schools give all students access to a computer if their parents cannot ­afford to buy or lease one.

Ms Cox’s husband, Dean, said he was told at a recent Parents & Citizens meeting that unless Lily used an iPad in class, she would have to attend a different school — despite living in the catchment for Ashgrove, one of the state’s top-performing primary schools.

Principal Anita Bond declined to comment yesterday but an Education Department spokesman said the school would review the policy in light of objections by “half a dozen families’’. “One possible outcome would be to have an iPad-free class,’’ he said. He said Lily would be ­“welcomed at the school’’, which would provide her with an iPad if required.

Ms Cox said she could afford an iPad but did not want Lily using one in class, and was concerned that families would have to police their young children’s ­internet use. “I don’t want my young child connected to the ­internet,’’ she said. “And it’s defin­itely a financial issue for some parents.’’

The Ashgrove State School website states that iPads give children “valuable learning exper­­iences’’, but warns that stud­ents as young as four could be exposed to inappropriate material.

“Be aware that the internet gives access to information on and from a wide variety of organisations, subjects, people, places with origins from around the world (sic),’’ it says. “The school cannot control information ­accessed through the internet.

“Information may be accessed or accidentally displayed which could be illegal, dangerous or ­offensive, with or without the stud­ent’s immediate knowledge.

“Understand that teachers will always exercise their duty of care, but protection, mitigation and discontinued access to harmful information requires responsible use by the student.’’

The Weekend Australian revealed in March that the headmaster of Sydney Grammar School, John Vallance, does not allow laptops in class. He called the billions of dollars spent on computers in Australian schools a “scandalous waste of money’’.

The Queensland Education Department spokesman said BYO iPads and laptops provided “improved motivation, increased engagement (and) further developed social and language skills’’.

A NSW Education Department spokesman said the BYO policy “enables, rather than compels’’ students to bring their own computers to school. Schools could provide equipment if stud­ents could not afford their own.

Fuente de la noticia: http://www.theaustralian.com.au/news/nation/brisbane-school-told-girl-5-youre-out-if-you-dont-have-ipad/news-story/079ff0d1f36a5add867c146ed2512547

Fuente de la imagen: http://cdn.newsapi.com.au/image/v1/da70ea1f06ec80558f7fee9076e76a22?width=650

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Australia:Talking Point-Going to school can stretch family budgets

Oceanía/Australia/Marzo 2016/Fuente: http://www.themercury.com.au/Autora: Alison Standen

Resumen: En Australia y Tanzania, si una familia desea llevar a su hijo a una escuela independiente debe considerar costos superiores a los 468.000 dólares solo en su ciclo de estudios escolares, en cambio en escuelas gubernamentales los costos se estiman en 66.000 dólares. Esta es la cruda realidad de la educación «gratuita» pública para miles de familia en esa región. En adición, anualmente las familias deben prever 2000 dólares solamente para uniformes, calzados e insumos por niño. Todo esto en un escenario donde 638.000 niños están viviendo con familias desempleadas.

For families suffering severe financial hardship, affording a child’s school essentials can be a distressing burden.

The Australian Scholarships Group says the lifetime cost of sending a child to an independent school is more than $468,000.

For government schools the estimate is $66,000.

This is the reality of a “free” public school education for thousands of families across Tasmania, and Australia.

However, not all of them will have the capacity to bear these costs, even when making the lowest possible contribution.

All parents want the best for their children, but for families struggling to make ends meet on an already strained household budget, finding the money to pay for their child’s educational needs causes additional stress.

How can we make sure these children are not further disadvantaged because they do not have the resources and support they need for school?

Some of us will know what it felt like to be singled out for not having the right clothes, the right pens, or schoolbag.

Some of us will remember feeling isolated, not good enough to keep up with our classmates.

When a child does not have everything they need for school, their learning can suffer — like the young student who failed an assignment because she could not afford excursion costs.

She was too embarrassed to let her teacher know why she could not attend.

We also hear about students who choose cheaper electives because they know their parents cannot afford the extra expense necessary for their preferred subject.

We hear about students falling behind in studies because they do not have access to a computer and the internet at home, essentials in today’s learning environment.

This is reality for many disadvantaged students. It is tough for their parents who, at this time of year, have been trying to prepare them for a new school year.

Last year, we estimated the cost for a family to provide the essentials for their child to attend a government primary school. We found the likely cost of uniforms, shoes and stationery, through to the charges that are part of daily attendance and study, at upwards of $2000 for one child over a year. And that’s just for primary school.

For a low-income family, $2000 is a big and probably unattainable ask.

When a child does not have the basics for school, they can start to feel different and isolated. The feelings worsen as each year passes. The consequences can be serious — becoming disengaged over time and at risk of dropping out of school altogether.

There is much that governments, community and business can and must do to positively influence the educational outcomes of disadvantaged children and help them avoid long-term dependence on welfare.

Research shows these children are more likely to experience financial hardship as adults. It’s a cycle that perpetuates through generations.

The Smith Family’s targeted educational program helps poor children to participate fully in education so they can get the chance to have a better future. However, demand for our services is far higher than the 34,000 children we are able to support — there are 638,000 children living in jobless families in Australia right now.

Education is a path out of poverty.

If we want to prevent disadvantaged children from the life-long effects of financial hardship, the best thing we can do is to support them while they are at school.

With a strong and complete education behind them, they have the best chance to go on to further training and work, and to enjoy a productive and fulfilling life.

Fuente de la noticia: http://www.themercury.com.au/news/opinion/talking-point-going-to-school-can-stretch-family-budgets/news-story/51ccd0c51fc3081c1889055195d22c73

Fuente de la imagen: https://www.pinterest.com/phyllisseidl/australian-aboriginal-history/

 

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