¿Por qué el programa analítico no es una planeación didáctica?

Por: Abelardo Carro Nava

 

«Con la construcción del programa analítico por parte de los docentes, ¿la SEP considerará la posibilidad de revisar y valorar la pertinencia del Programa Escolar de Mejora Continua en las escuelas de educación básica?»

De entrada, advierto, que las siguientes líneas no pretenden establecer una verdad absoluta en torno a un tema que, desde luego, tiene varias aristas de análisis; tampoco sugieren que, desde este espacio, se le esté haciendo el trabajo a la Secretaría de Educación Pública (SEP) en razón del mismo tema que me ocupó a escribirlas; lo que sí pretende generar, es un momento de reflexión sobre lo que en los últimos días se ha hablado mucho en el sector educativo y que ha generado una serie de interpretaciones al interior de los colectivos docentes derivado del Taller Intensivo de Formación Continua que se desarrolló, del 2 al 6 de enero, en la mayoría de los estados de la República Mexicana, me refiero al programa analítico y la planeación didáctica. Aspectos que, como se sabe, fueron confundidos, en principio, por la Secretaria de Educación, Leticia Ramírez y, posteriormente, en los Consejos Técnicos Escolares (CTE), en virtud de la desorganización que prevalece en la SEP en cuanto a los tiempos en los que emite las orientaciones para que sean trabajados en estos espacios por las maestras y maestros.

Dicho lo anterior, pretendí recuperar de diversas fuentes consultadas, algunos referentes que permitieran vislumbrar por qué el programa analítico no es una planeación didáctica, aunque se ésta última se derive de éste. Veamos.

Si partimos de la búsqueda de un par de definiciones básicas o generales que no necesariamente estén vinculadas con el ámbito educativo, dado que las fuentes que las ofrecen, solo abordan algunos principios genéricos de lo que se entiende por programa, encontraríamos que éste, por un lado, hace referencia a un plan o proyecto organizado de las actividades que se irán a realizar (Significados, 2022), mientras que el otro, con una mirada un poco más específica, alude a un sistema y distribución de las materias de un curso o asignatura, que forman y publican los profesores encargados de realizarlas (RAE, 2023). Consecuentemente, organización y planeación, parecen ser dos conceptos que, de manera inmediata, podrían llamar nuestra atención; ambas definiciones, desde luego, con miras a desarrollarse en un futuro que puede ser inmediato, a mediano o largo plazo, dependiendo de lo que la institución o docente organice y planee. No obstante, si nos detenemos a analizar un poco más la segunda, podremos identificar tres cuestiones: materias, curso o asignatura, y la figura del profesor encargado de diseñar lo que en el medio educativo se conoce como programa de estudios. Un tema que es por demás interesante considerar, sobre todo en el ámbito universitario, donde muchos profesores se encargan de conformar dicho programa, pero, para el caso que nos ocupa, el de la educación básica, por mandato constitucional y/o reglamentario, esta cuestión no la realiza (o realizaba) el docente porque, como sabemos, le corresponde al estado determinar los planes y programas de estudio (Artículo 3º constitucional). Entonces, con la idea propuesta en el Plan de Estudios 2022 denominada codiseño, ¿la SEP estaría incumpliendo el mandato constitucional dado que los profesores tendrían que elaborar un programa analítico con algunos contenidos que se deriven de situaciones locales, institucionales o de su grupo para incorporarlas como parte de su ejercicio docente? No necesariamente; pero de ello escribo unas líneas más adelante.

Dicho lo anterior, qué podríamos entender por programa de estudio. De acuerdo con Díaz Barriga (2009) por programa podemos entender, el documento oficial de carácter nacional en el que se indica el conjunto de contenidos a desarrollar en determinado nivel, mientras que (si) hablamos de programación (podríamos) referirnos al apoyo educativo-didáctico específico desarrollado por los profesores para un grupo de alumnos en concreto. Programa y programación son planteamientos no excluyentes. Entonces, en el ámbito educativo podría decirse, que es un documento en el cual contiene el proceso pedagógico que los docentes deben cumplir durante el año escolar dado que, dicho programa, establece los contenidos, actividades y los objetivos que deben cumplir los docentes con respecto a sus alumnos.

De esta forma, resulta claro que el programa de estudios, es un documento que posibilita el proceso pedagógico que se pondrá en marcha durante un tiempo determinado, cuyo vínculo con el proceso didáctico es, por así decirlo, indisoluble. Qué se enseña (pedagogía) y cómo se enseña (didáctica), es un tema del cual hablaré en los siguientes párrafos, sobre todo cuando aborde lo relacionado al programa sintético y analítico.

Ahora bien, una de las principales funciones que se pueden identificar de un programa de estudios, sería posibilitar la visión global del plan del que forman parte, (de ahí que) acceder a todos los programas nos puede informar del proyecto educativo que adopta la institución (en este caso la SEP) a través de la carga académica semestral o anual, del conjunto de disciplinas o problemas que se propone abordar y de origen global (Díaz-Barriga, 2009), aspectos que resultan sumamente interesantes considerar, en razón de la comprensión de que los programas, como tales, se desprenden de lo que en nuestro caso conocemos como Plan de Estudio que, dicho sea de paso, en la últimos años se ha venido cambiando, prácticamente cada sexenio, aunque en los hechos, sigan operándose en las escuelas de educación básica: 2011, 2017 y, en próximas fechas (esperemos) el 2022.

Vistas las ideas hasta aquí expuestas, encuentra sentido lo que en nuestros días conocemos con el nombre de programa sintético (que bien podría ser equiparado a un programa de estudios de carácter nacional) y programa analítico (que podría ser definido como un programa de estudios local, institucional o grupal elaborado por el docente); el primero, como se sabe, se concibe como aquel que organiza los contenidos que los estudiantes deben aprender, pero que es necesario contextualizar para atender a la diversidad intercultural y social en su acción pedagógica… Plantea que las maestras y los maestros decidan QUÉ ENSEÑAR y CÓMO ENSEÑAR tomando en consideración a la comunidad y sus saberes, a sus estudiantes y conocimientos y (por tanto) el programa de estudios define los contenidos nacionales comunes (SEP, 2022); mientras que, el segundo, es decir, el programa analítico puede entenderse, como una ESTRATEGIA para la contextualización que los maestros, como colectivo escolar, llevan a cabo a partir de los programas sintéticos, de acuerdo con las condiciones de su situación comunitaria, escolar y, en particular, de su grupo escolar… el programa analítico NO ES UN FORMATO que se llene con ALGUNA RECETA, implica organizar de manera específica varias de las acciones QUE YA SE LLEVAN A CABO EN LA ESCUELA, incorporar nuevas o reorientar el sentido de otras para atender las FINALIDADES que el Plan de Estudios 2022 señala… (por tanto) es un DOCUMENTO de trabajo SENCILLO que se elabora, analiza y evalúa durante el ciclo escolar en las sesiones del CTE o en las academias de secundaria, además de los espacios de formación docente… Se configura a partir de tres planos: 1. Análisis del contexto socioeducativo de la escuela; 2. Contextualización; 3. Codiseño. El primero refiere al ejercicio de lectura de la realidad educativa de la escuela, el segundo explica los procesos de integración curricular y contextualización y, el tercero, incorpora especificidades locales (SEP, 2022).

Resulta claro que, mientras el programa sintético define los contenidos nacionales que habrán de trabajar las maestras y maestros durante el ciclo escolar, el programa analítico, los toma como referente para que, mediante un proceso de contextualización que considera la situación comunitaria, la situación de la escuela o del grupo escolar, diseñe o construya el propio; por tanto, el tema que surge en estos momentos, sería el del codiseño, situación que también ha generado diversas reacciones, más por las ambigüedades y confusiones que, como al inicio comentaba, se desprenden de lo que cada actor está entendiendo por este concepto derivado de la desorganización que hasta el momento permea en la SEP, que por el concepto mismo.

Por codiseño se entiende, según la SEP, aquel proceso que: 1. Incorpora problemáticas, temas y asuntos comunitarios locales y regionales como contenidos necesarios para enriquecer la propuesta curricular; 2. Considera que el colectivo docente de cada escuela delibere en torno a los contenidos que se integrarán a los programas analíticos; 3. Reconoce los procesos de decisión curricular que las maestras y maestros llevan a cabo; 4. No elude la observancia obligatoria de los programas de estudio (programa sintético); 5. Implica una visión contextualizada, flexible y realista para la toma de decisiones de los maestros respecto a cómo se enseña (didáctica) en la escuela; 6. Lo nacional tiene que reposicionarse como el espacio de lo común desde la diversidad que nos caracteriza como país (SEP, 2022).

Entonces, este es un proceso de codiseño que, bien podría decirse, de alguna manera la maestra o maestro realiza, en mayor o menor medida, en su quehacer cotidiano, en su grupo y en su escuela. Cierto, tal vez sin la sistematicidad o siguiendo una metodología previamente establecida (dada la escasa formación en diseño curricular que se le pudo haber brindado en su formación inicial), pero sí con algunos elementos que, pienso, son parte de ésta o éstas.

¿No habría la imperiosa necesidad de propiciar que los maestros identifiquen aquellos momentos en los que incorporan temáticas o contenidos locales, institucionales o hasta grupales en su quehacer docente?, ¿no habría la imperiosa necesidad de propiciar un aprendizaje para la identificación y/o construcción de contenidos y su incorporación al programa analítico tomando en cuenta que, tal ejercicio, puede ser sencillo para algunos y complicado para otros?, ¿no habría la imperiosa necesidad de que existiera una formación continua más sólida sobre diseño curricular para que el profesorado mexicano se adentrara en estos temas? En fin. Algunas cuestiones que, desde luego, desearía que pudiera contestar la SEP en otros CTE y como parte de ese proceso “formativo” que está llevando en este ciclo escolar.

Como se ha visto, Plan de Estudios y Programa Sintético (qué se enseña), responden a una serie de documentos que los profesores tienen que tomar en cuenta para construir en colectivo, o tal vez, de manera individual, lo que se ha denominado Programa Analítico (qué se enseña). Documentos que, si bien consideran el tema de la planeación y organización, su lógica es diferente en cuanto a la que sigue una planeación didáctica (cómo se enseña). Entonces, ¿a qué nos referimos con este último término?

La planificación didáctica se puede concebir como un proceso amplio, flexible y mental que no se limita al registro de información en un formato; sino que empieza con la revisión de materiales (programas de estudio, libros de apoyo, recursos didácticos, bibliografía, entre otros), y que termina y se regenera en cada momento que se evalúan los resultados y se toman decisiones… considera diversos aspectos como el conocimiento de los alumnos, del contexto, del contenido que se aborda, de la teoría pedagógica en la que sustenta su práctica, y el conocimiento de enseñanza presentes en los programas de estudio (SEP, 2012).

Entonces, si el programa sintético y analítico definen QUÉ SE ENSEÑA (derivado de un proceso de contextualización y demás elementos referidos), la planeación didáctica alude al CÓMO PODRÍA ENSEÑARSE aquello que se pretende enseñar, por tanto, planear la situación y el trabajo en el aula y en los espacios escolares, implica prever la organización y la secuencia del modelo educativo, así como los métodos, las estrategias, las actividades, las tareas, las interacciones entre los participantes (el lenguaje, el diálogo, la reflexión, los valores que se anticipan cómo podría operar el grupo), los tiempos disponibles y los espacios para la evaluación formativa… (por ello) habrá de anticipar, en lo posible, los procedimientos que ayudarán al estudiante a construir el aprendizaje, es decir, las estrategias didácticas que usará el profesor… (por tanto) la planeación didáctica anticipa la organización, la estructura y la secuencia de los procesos de enseñanza y de aprendizaje; es el momento para seleccionar actividades, la organización del espacio y tiempo de las actividades; la ocasión para anticipar los medios, recursos, apoyos, instrumentos o materiales didácticos (Monry, s/f).

Y para que todo este proceso ocurra, no habría que perder de vista que, en éste, el profesor pone en juego sus capacidades, conocimientos, experiencia, formación, entre otras cuestiones para construir situaciones de aprendizaje que le permitirían eso, generar aprendizajes en sus alumnos, y bueno, planear lo que haya que planear, puede realizarse siguiendo una determinada secuencialidad dado el desarrollo de los aprendizajes planeados, pero también, del desarrollo cognitivo de los alumnos; para el caso que me ocupa, sabemos que una secuencia didáctica es fundamental en este ejercicio porque, como tal , se encuentra en el marco de una planeación dinámica, donde todos los factores de la planeación se afectan entre sí. Su punto de partida es la selección de un contenido (en el marco que tiene el programa de estudios en su conjunto) y con la determinación de una intención de aprendizaje de ese contenido, sea expresada en términos de objetivos, finalidades o propósitos de acuerdo a la visión pedagógica y didáctica de cada docente (Díaz-Barriga, 2013); por tanto, el inicio, desarrollo y cierre, resultan fundamentales para la generación del proceso que conocemos con el nombre de enseñanza y de aprendizaje.

Ahora bien, desafortunadamente, pienso que un ejercicio tan importante como lo es la construcción de una planeación didáctica por parte del profesor, en las dos últimas décadas (aunque no signifique que con anterioridad no se daba), cuando la tan afamada y mal lograda calidad educativa entró de lleno al terreno educativo, perdió su esencia puesto que, además de dar paso a eso que yo llamó “formatitis”, se le exigió al docente, incluir una serie de indicadores aunque éstos no tuvieran relevancia ni trascendencia para el proceso que el profesor estaba diseñando en esos momentos. Y, lo que es peor, fue la imposición de innumerables formatos para que los profesores “reportaran” dicha planeación a sus autoridades educativas inmediatas y éstas a sus superiores, etcétera, sin que se supiera el destino final de éstas y, mucho menos, se retroalimentara a los profesores. ¿Acaso esta acción no generó un “burocratismo” innecesario que llevó al docente a cumplir solo por cumplir cuando en los hechos, muchas veces, elaboraba otra planeación que, siendo flexible como lo es, suele modificarse una vez que comienza el trabajo con el grupo de alumnos?

De hecho, sobre este tema, en los últimos días, me ha llamado la atención la existencia de muchas páginas que circulan en las redes sociales, que ofrecen a las maestras y maestros formatos algunos programas analíticos construidos a partir del diseño, precisamente, de un formato. Pienso, que todo puede ser de utilidad, siempre y cuando se profundice en los elementos conceptuales, teóricos y metodológicos que fundamente una propuesta curricular puesto que, de lo contrario, caeríamos, una y otra vez, en esa “formatitis” que poco abona al proceso de enseñanza y de aprendizaje; por tanto, considero que es necesario que los docentes construyan un documento orientador en el que, tanto los contenidos, como los procesos de aprendizaje, sean la base para la generación del mismo, y no un formato que solo se tenga que entregar porque se tiene que entregar ante la exigencia de una autoridad que, muchas veces, se encuentra un tanto alejada de lo que verdaderamente ocurre en el aula.

Finalmente, pienso que estamos en la antesala de un proceso que, por años, buena parte del magisterio mexicano de educación básica venía solicitando, me refiero a la posibilidad de tener esa libertad para construir un programa a partir de sus propias necesidades, problemáticas y formas de ver y entender la docencia. La idea del codiseño, con mucha seguridad para algunos docentes universitarios no sea del todo desconocida, dado que muchos de ellos construyen el programa de estudios de la materia, asignatura o curso que imparten; en básica, con esta propuesta curricular, comienza a generarse esta idea pues, como se sabe, habrá contenidos nacionales plasmados en el programa sintético, sin embargo, el docente podría incorporar otros en su programa analítico, dependiendo de sus necesidades (diagnóstico) y los demás elementos que ya he señalado; el probable problema que yo veo es que, de alguna forma, el sistema, por la misma normatividad establecida y por la misma cultura que ha permeado por más de tres décadas en el mismo, impide transitar hacia una forma diferente de concebir el quehacer educativo y docente, pero además, si no se cuenta con una formación continua sólida para las maestras y los maestros, todo proyecto, que podría ser extraordinario, quedaría en los anales de la historia como un buen intento.

 

Al tiempo.

Con negritas:

Con la construcción del programa analítico por parte de los docentes, ¿la SEP considerará la posibilidad de revisar y valorar la pertinencia del Programa Escolar de Mejora Continua en las escuelas de educación básica? Una pregunta que, espero, abordar en otras entregas.

Referencias:

SEP. (2022). Avance del contenido para el libro del docente. el diseño creativo. http://gestion.cte.sep.gob.mx/insumos/php/docs/sesion3/El%20dise%C3%B1o%20creativo.%20Avance%20del%20contenido%20del%20Libro%20del%20docente.%20Primer%20grado.pdf

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Por la recuperación del currículo de la formación docente en México

Redacción: Educación Futura

La Red de Especialistas en Docencia, Difusión e Investigación en Enseñanza de la Historia (REDDIEH) se pronuncia por recuperar la meta de formar una conciencia histórica ciudadana en la educación básica, la cual queda suprimida en el proyecto curricular que la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha dado a conocer como “Modelo Educativo 2018”.

Así mismo, la REDDIEH se pronuncia por una revisión a fondo del proyecto curricular que la SEP ha hecho público para la formación inicial de docentes en las escuelas normales, particularmente solicitamos a las autoridades de la SEP que se reconsidere la decisión de suprimir los espacios curriculares como “Historia de la educación”, “Educación histórica en el aula” y “Educación histórica en diversos contextos” de las licenciaturas en Educación Primaria y Preescolar, pues consideramos que la formación histórica es una parte fundamental de la formación humanista que los futuros docentes de México necesitan con la finalidad de ejercer una docencia de calidad, basada en el conocimiento pedagógico del contenido y que les permita una actuación profesional con la autonomía necesaria para la toma de decisiones cotidianas en el aula.

Quiénes somos

La Red de Especialistas en Docencia, Difusión e Investigación en Enseñanza de la Historia (REDDIEH) está constituida por académicos universitarios, normalistas, de media superior y básica que dedican sus esfuerzos académicos a enseñar, difundir e investigar la historia y su enseñanza. La REDDIEH se ha consolidado como un espacio de intercambio académico nacional e internacional sobre los asuntos de interés académico señalados líneas arriba y ha logrado realizar relevantes aportaciones al conocimiento de los mismos.

En este marco, los académicos adscritos a la red REDDIEH han seguido con interés profesional las transformaciones que el sistema educativo ha sufrido en los últimos años, en particular los cambios relacionados con la enseñanza de la historia en la educación básica y normal han despertado el interés y la inquietud de las y los miembros de la REDDIEH.

Es debido a este interés académico, pero también ciudadano, que los miembros de la red realizaron el coloquio “Historia, humanismo y formación docente” el día viernes 15 de junio en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Este encuentro académico en el que participaron miembros de la REDDIEH, así como destacados académicos de la UNAM, las escuelas normales, la Universidad Nicolaíta, la Universidad Iberoamericana, la Universidad Pedagógica Nacional, entre otras, permitió realizar un balance serio, ponderado y con el debido sustento teórico – práctico, tanto de los cambios en el currículo de la educación básica, como de la formación docente en las escuelas normales de México.

Nuestros argumentos

El presente pronunciamiento se basa en las participaciones presentadas por las y los académicos que se reunieron en el coloquio “Historia, humanismo y formación docente”, a partir de las cuales fue posible contar con elementos de juicio que permitieron construir la postura expresada en las presentes líneas en relación con los proyectos curriculares que la SEP ha dado a conocer y que pretenden implementarse a partir de agosto del año 2018.

Con la finalidad de presentar de forma clara nuestros argumentos los hemos organizado de la siguiente forma: primero comentaremos los trabajos relacionados con la enseñanza y el aprendizaje de la historia en la educación básica y en segundo lugar los referidos a la formación de docentes.

Las niñas, los niños y los jóvenes ante la enseñanza de la historia

Un primer elemento que nos interesa resaltar es que las investigaciones que se han producido en tiempos recientes dejan claro que la historia es un elemento relevante en la formación en la infancia y la juventud; esto, desde su propia visión, expresada a través de diversos medios como por ejemplo los textos que las niñas y los niños enviaron al gobierno federal para responder al concurso nacional sobre los Símbolos Patrios o en encuestas, grupos focales y entrevistas a profundidad que los miembros de la REDDIEH hemos realizado como parte de nuestras investigaciones.

En estas aproximaciones de la infancia y la juventud a la historia y sus formas de enseñanza hemos podido constatar que para los miembros más jóvenes de nuestra sociedad la historia puede contribuir a la comprensión de la forma en la que la sociedad contemporánea fue constituyéndose a partir de las relaciones sociales del pasado, pero también a comprender la necesidad de un compromiso ético en el presente para construir el futuro.

En este punto es indispensable señalar que las condiciones actuales de inseguridad, violencia exacerbada, corrupción, deterioro ambiental, entre otras, tienen un alto impacto en la vida de las niñas, los niños y los jóvenes. Para ellas y ellos comprender lo que sucede, así como las condiciones que posibilitaron estas circunstancias puede ayudarles a contrarrestar el miedo y la sensación de desesperanza. Es decir, este anhelo no se debe a simple curiosidad o interés académico, sino a la necesidad de construir las posibilidades de tener una mejor vida y un futuro, tanto para ellas y ellos, como para sus pares en el país y el mundo, pues a partir de diversas investigaciones hemos constatado la conciencia humanista y global de una gran cantidad de menores.

En segundo término, es fundamental precisar que las generaciones en edad de cursar la educación básica, media superior y superior que han participado en investigaciones que los miembros de la REDDIEH hemos realizado, consideran que las formas en las que se concibe y practica la enseñanza de la historia les alejan del conocimiento histórico y rechazan esta visión cerrada, unívoca y de adoctrinamiento de la historia. Nuestros niños y jóvenes nos demandan apertura a nuevas prácticas de enseñanza de la historia que considere sus necesidades de aprendizaje, así como la cultura histórica que han desarrollado en sus ámbitos comunitarios y familiares. Una historia más cercana a la apertura, al debate y a la construcción de interpretaciones diversas y no aquella que se construyó en el Siglo XIX o en el XX con fines políticos, que no tienen cabida en una democracia del Siglo XXI.

Los programas de estudio que se pretenden llevar a la práctica a partir de la última reforma presentan contradicciones que es necesario evidenciar, analizar y superar antes de pretender que se lleven a las aulas: por un lado, en sus planteamientos generales el proyecto curricular de la SEP introduce un enfoque crítico que recurre a planteamientos supuestamente novedosos, pero por otro lado se sigue promoviendo una visión lineal y progresiva de la historia que pone énfasis en los contenidos políticos que siempre se han priorizado. En los hechos se aleja de prácticas concretas que permitan a los sujetos reconocer su historia y que ofrezca maneras de vincularlo con el acontecer actual y la participación ciudadana.

Aunado a lo anterior, nos parece que en el nuevo programa sigue siendo dominante el enfoque positivista de la historia, con pequeños destellos de análisis crítico, a la manera como lo hacen los historiadores, lo que aleja a los educandos de la reflexión sobre sus propias realidades y la generación de alternativas desde sus propias circunstancias; al respecto nos parece indispensable señalar que es necesaria la discusión entre estudiantes y profesores normalistas y universitarios, no sólo en cuanto a la cuestión de los tiempos y contenidos de la historia sino en cuanto a los enfoques con los que se realiza en la práctica su enseñanza-aprendizaje.

A la luz de la revisión de los programas de la educación básica y normal, tal parece que no hay un sentido claro del para qué de la Historia. Nos parece que es impensable que no se considere a la Historia como una herramienta de análisis para conocer los problemas de las sociedades de otros tiempos, así como de cualquier fenómeno político y social de la actualidad, ello mediante el exhaustivo análisis de sus causas y consecuencias. Actualmente, el trabajo con fuentes primarias permite que los estudiantes realicen sus propias interpretaciones y construyan su conocimiento; el objetivo es que puedan aprender operaciones mentales importantes de la conciencia histórica.

La conciencia histórica ha sido definida en varias ocasiones. Destaca la contribución de Jörn Rüsen (1992) que la delimitó para realizar una aproximación comprensiva, metódica y que permitiera realizar investigaciones con base empírica, con el fin de acercarse tanto a su contenido como a los factores que le dan sentido a lo asimilado, lo aprendido y lo aplicado en la vida diaria. La conciencia histórica, como una forma de comunicar una visión del pasado con un proyecto de futuro, encuentra en la escuela uno de los escenarios privilegiados para su construcción.

La conciencia histórica condensa conceptos, representaciones, interpretaciones, comprensiones, perspectivas, valoraciones, experiencias y expectativas que una sociedad tiene sobre sí misma (y de los otros) y que se expresan en narrativas estructuradas del pasado. De esta forma podría analizarse cómo se manifiestan y se comunican tanto la experiencia como la expectativa (Koselleck, 1993) con la conciencia histórica, en un contexto en el que persiste un pasado colonial (y colonializante) mezclado con la incertidumbre del futuro provocada, entre otros factores, por el neoliberalismo.

La historia nacional y la enseñanza de las virtudes ciudadanas al amparo de los valores de la patria habían funcionado hasta que la sociedad en vías de globalización ha mostrado su contingencia y sus contradicciones. Nos parece que ahora se circula entre la imposibilidad de abandonar no ya sólo la historia maestra de vida sino también la historia nacional, a la vez que se sabe que no se puede seguir enseñando historia desde este marco conceptual. En estos años se ha complejizado más el problema en dos direcciones principalmente: la línea metodológica que se inclina hacia los problemas didácticos de la enseñanza de la historia y la que se ocupa de la historia que se enseña en términos de ella misma, o sea en términos historiográficos: ¿qué enseñamos cuando enseñamos historia? Si no están claros el contenido y la función de esta materia en el currículum escolar, no creemos que ninguna metodología pueda resolver el asunto.

Sobre la formación docente

En un sentido distinto, pero complementario al expuesto hasta aquí, es posible plantear cuestionamientos a la forma en la que se construyó el proyecto curricular para la formación docente en las escuelas normales de preescolar y primaria, el papel que juegan la historia de la educación y la historia en general en esta formación, así como la investigación que se produce en las escuelas normales, la cual no encuentra relación con la construcción del proyecto curricular.

Para ilustrar este primer sentido, en el documento de trabajo titulado “Planes y programas de estudio de la Educación Normal. Documento Base. Transformación pedagógica de acuerdo al Nuevo Modelo Educativo”, fechado en febrero 2018,    se destaca “la eliminación del programa de Historia de la educación en México, situación que es inconcebible ya que la Historia de la educación es un campo de conocimiento fundamental para la formación inicial de los docentes de educación básica”.

A decir de Ramírez (2018) “La importancia de la asignatura radica en el hecho de que favorece el desarrollo del pensamiento histórico en los docentes en formación; éste les permitirá comprender el presente de la educación a partir del conocimiento, comprensión y análisis de su evolución histórica”.

En este mismo sentido Monter (2018) menciona que “En la última versión de Malla Curricular presentada por DGESPE para la implementación del Plan 2018 en la Licenciatura en Educación Primaria, se observa una reducción a tan sólo dos asignaturas de Historia (Historia y Estrategias para la Enseñanza de la historia) de las cuales los docentes hasta la fecha, desconocemos sus fundamentos, enfoque y contenidos”.

El papel que juega la historia de la educación y la historia en la formación docente son relevantes, pues se relacionan con la conciencia del devenir educativo y la responsabilidad social de quien enseña, tal como señala Luna (2018), “el papel de la historia de la educación y la forma de aprenderla como una opción para el ejercicio de la docencia en la educación básica; el valor cognitivo y disciplinar de la historia; y la formación de la conciencia histórica  desde el conocimiento del devenir de la profesión, se conjugan para puntualizar algunos argumentos por la necesaria restitución o permanencia del estudio histórico de la educación y la docencia de la historia”.

Por otro lado, nos parece cuestionable que en un proyecto curricular que se pretende humanista se prescinda de la historia en la formación de las docentes de educación preescolar y aún en otras licenciaturas, tal como argumentan Guerrero y Rodríguez (2018) “la Licenciatura en educación preescolar, en cuya malla curricular (propuesta 2018) están ausentes las unidades de aprendizaje relacionadas con la Historia, lo que nos lleva cuestionar que no es posible que se pretenda brindar una formación humanista e integral, si se carece del conocimiento de la realidad social, de manera que al futuro profesor de preescolar se le está  dejando un gran vacío en su formación profesional, misma que se verá reflejada en las generaciones de infantes que este atiende”.

En palabras de una Profesora de la Licenciatura en educación Preescolar “un análisis del modelo de educación histórica (suprimido en la propuesta 2018 de la SEP), implementado en la formación de profesores y profesoras de educación preescolar  y primaria con el Plan de estudios 2012 que se opera en las escuelas normales a nivel nacional da cuenta de cómo los estudiantes para profesores y profesoras,  tuvieron la posibilidad de comprender la importancia de la enseñanza de la historia desde otra perspectiva, en la que se develó cómo los alumnos fueron cambiando sus representaciones, mismos que tuvieron un impacto de gran alcance en su desempeño profesional con niños de preescolar”.

Las estudiantes de tres generaciones elaboraron portafolios de evidencias que develan el nivel de logro obtenido con el enfoque de educación histórica en el aula y educación histórica en diversos contextos.  Por primera vez en la licenciatura de educación preescolar se contempló en la curricular, cursos que permiten acercar a los profesores noveles al conocimiento de la disciplina de la historia, su enseñanza y su trascendencia en el trabajo en educación básica.

“Sobre estos resultados y el impacto en la práctica docente de esta formación histórica, se han presentado ponencias en congresos nacionales e internacionales, tales como el Congreso Nacional de Investigación Educativa (CNIE), organizado por el Consejo mexicano de Investigación Educativa (COMIE), el Encuentro Internacional de Historia de la Educación,  entre otros, en los que señalamos los resultados logrados”. Nos parece relevante señalar que la investigación realizada en las escuelas normales debería fortalecer el diseño y la implementación de proyectos curriculares y la voz de los propios docentes normalistas ser escuchados. “Pedimos que se sigan contemplando dichas asignaturas (Historia de la educación, educación histórica en el aula y educación histórica en diversos contextos) en la formación de profesores en la licenciatura de educación preescolar y primaria”.

Una Profesora de la Licenciatura en Educación Primaria señala que debe considerarse “La importancia de la investigación sobre la enseñanza, la difusión y el aprendizaje de la historia en el diseño de proyectos curriculares”. Pues al obviarse la investigación realizada en las escuelas normales se inhibe su desarrollo, “resulta fundamental reflexionar sobre cuáles son los principales factores que han influido para impedir que se dé cumplimiento a las actividades sustantivas de la educación superior en las escuelas normales. Se trata de prácticas de diversa índole, pero que en conjunto han limitado el desarrollo de la investigación y con ella, de su difusión”.

Conclusión y pronunciamiento

Las preocupaciones y argumentos expresados nos permiten señalar que suprimir la historia de la educación y los enfoques novedosos, basados en la investigación y la reflexión sobre los fines de la enseñanza de la historia acarrean riesgos graves para la formación de las y los docentes de educación básica, concretamente de las licenciadas en educación preescolar y primaria.

En vista de lo cual la REDDIEH hace un respetuoso, pero firme llamado al Secretario de Educación Pública, Dr. Otto Granados Roldán; Al Subsecretario de Educación Básica, Maestro Javier Treviño Cantú; al Subsecretario de Educación Superior, Dr. Rodolfo Tuirán Gutiérrez; a la Directora General de Desarrollo Curricular, Maestra Elisa Bonilla Rius y al Director General de Educación Superior para Profesionales de la Educación, Licenciado Mario Chávez Campos para que suspendan la implementación o bien que se reconsidere la decisión de eliminar los espacios curriculares de “Historia de la educación”, “Educación histórica en el aula” y “Educación histórica en diversos contextos” y la formación de la conciencia histórica para la convivencia ciudadana del proyecto curricular 2018 para la educación básica (llamado “Modelo educativo”) y el correspondiente para la formación inicial de docentes con la finalidad de realizar una consulta participativa que considere las voces de los docentes de educación básica, así como de los académicos de las Escuelas Normales y universidades y específicamente a los investigadores en enseñanza de la historia del país, a fin de contar con los mejores elementos para el diseño de una propuesta curricular a la altura de las demandas de nuestros tiempo y de la sociedad mexicana.

ATENTAMENTE

Miembros de la REDDIEH, académicos, docentes y ciudadanos interesados.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/por-la-recuperacion-del-curriculo-de-la-formacion-docente-en-mexico/

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Exportación no tradicional

Autor: Mariano Tacchi

Nueva Zelanda, lugar que ya es conocido por los programas »work and travel», está haciendo una fuerte apuesta por atraer no sólo a más turistas, sino que a interesados en su mercado más emergente: la educación superior. Varios chilenos que han respondido a ese llamado cuentan su experiencia.

Según el Instituto de Estadísticas de la Unesco, en 2012 el número de chilenos estudiando en el extranjero era de 8.814 y los destinos más recurrentes eran Estados Unidos (24 por ciento) y España (16 por ciento). En el otro extremo, el uno por ciento estaba en Nueva Zelanda, un destino que aunque todavía poco masivo, en cinco años casi ha duplicado el número de locales que ha recibido, y en 2015 tenía a 700 chilenos estudiando ahí.

Para muchas personas en este país, la ex colonia británica aún es un destino y lugar poco conocido, salvo por filmes que se han rodado en su territorio, como la saga de películas El señor de los anillos de Peter Jackson o la próxima película de Scarlett Johansson, Ghost in the Shell. Pero sí ha logrado despertar gran interés a través de medidas específicas como por ejemplo los programas “work and travel”, que se popularizaron a comienzos de esta década y que son un tipo de visa especial, que permite que gente joven viva en el país por un año y trabaje para costear su estadía.

Pero a la par de eso, en los últimos años el territorio kiwi (como se le dice comúnmente a sus habitantes) se ha ido convirtiendo en punto de atracción para estudiantes de todo el mundo. De hecho, el nuevo mercado de Nueva Zelanda es la educación internacional, que es hoy la quinta industria más grande del país y que en 2014 contribuyó con  casi tres mil millones de dólares al producto interno bruto.

Los neozelandenses se enorgullecen de vivir en un país con alto nivel de desarrollo e integrado culturalmente, y en eso influye mucho la calidad de su sistema educativo, el que aparece permanentemente en los primeros lugares en las mediciones internacionales. Durante los años 80 y 90, el gobierno realizó profundas reformas en el sistema público escolar para mejorarlo. A nivel de educación superior el país tiene ocho universidades públicas –no existen las privadas-  que tienen un amplio espectros de programas de pregrado, máster y doctorado que son mundialmente reconocidos. A esos se suma el sistema público de politécnicos e institutos tecnológicos, distribuidos por el país con cursos académicos y de enseñanza de oficios.

Ahora, los decididos neozelandeses están tratando de atraer a gente hacia esos centros de estudios. Por eso en marzo organizaron en Chile una feria universitaria en el Hotel W de Santiago, a la que más de veinte instituciones del área llegaron a mostrar qué ofrecen. La actividad fue organizada por Education New Zealand, una oficina de gobierno que se dedica específicamente a fomentar a ese país como un destino para ir a estudiar. “Chile y Nueva Zelanda tienen una larga y estable relación bilateral de más de 40 años, siendo uno de sus pilares la educación”, cuenta Lisa Futschek, directora regional para América y Europa de la organización. “Los estudiantes chilenos traen diversidad a las salas de clases neozelandesas, lo que es muy agradecido y potenciado en todos los sectores”, agrega.

Patricia Ramírez

Educado por kiwis

Hay varias características geográficas que no sólo hacen fácil para el chileno adecuarse en Nueva Zelanda, sino que también implican que hay muchos intereses en común: si dibujamos una línea recta ficticia desde Auckland –una de las ciudades más al norte de ese país– hasta Chile, esta llegaría a la altura de Concepción, por lo que los climas en general son similares a los que conocemos. A eso sumémosle montañas, largas franjas de mar y las corrientes heladas del Pacífico. Ellos, al igual que nosotros, tienen productos marinos, cordero y vino. Pese a las similitudes de clima, geografía e incluso alimentación, las diferencias están en el capital humano. Así al menos lo cree William Pereira, chileno que llegó a seguir estudios de horticultura al politécnico de la Universidad de Otago, ubicado en Central Cromwell, un lugar en la isla Sur y que tiene un clima muy similar al de Coyhaique. Allí se encuentra el campus de William, al cual llegó hace cerca de seis meses con una beca del programa Técnicos para Chile del Mineduc. Tras analizar las posibilidades en distintos países, optó por la isla “porque posee un clima muy similar al nuestro y la agricultura dentro del país juega un rol muy importante al igual que en Chile”. Le ha llamado la atención el ritmo de estudio que explica que es más relajado pero sin dejar de lado la exigencia: “Calidad no es cantidad”, es la forma en que él describe la educación kiwi.

Cuenta que aunque en su institución actualmente hay dos chilenos, eso cambia en el verano “cuando llegan muchos latinos a la isla Sur para trabajar en las cosechas de distintos frutales”. Estos no vienen sólo de los programas de “work and holiday”, sino que también hay estudiantes como él, ya que a los alumnos extranjeros les permiten trabajar hasta 20 horas semanales durante el semestre y a tiempo completo en verano, para que puedan generar ingresos, lo que no ocurre en otros países.

Algo parecido a lo que dice William destaca desde la Universidad de Victoria, en Wellington, la bióloga Olivia Vergara, quien llegó hace cuatro años a realizar su PhD en Biología de la Conservación: “Te cuidan mucho, si estás estresado, te apoyan y son menos competitivos. Cuando en mi grupo de laboratorio alguien logra un avance, discutimos entre todos para mejorarlo, no como en Chile. Nadie trata de quitarte tU descubrimiento, sino que te ayudan a potenciarlo”. Ella decidió cruzar el Pacífico siguiendo la recomendación de uno de sus profesores en la Universidad de Concepción. “Trabajé mucho tiempo en Chile y acá llegué a un proyecto más grande que tiene que ver con los mamíferos pequeños introducidos y que se convierten en plagas”, cuenta.

La bióloga ambiental Patricia Ramírez se vino desde la Universidad de Chile a la de Victoria en 2013 atraída por los estudios que estaba haciendo el profesor que hoy es su tutor. “Su investigación sobre restauración de población animal me gustó mucho. También los lugares donde se hacía el trabajo en terreno me parecieron atractivos, por lo que decidí venirme”, cuenta. Mientras realiza su PhD en Ecología y Biodiversidad, cuenta que su postulación no fue sencilla, pues además de lograr ser aceptada en la universidad tuvo que pasar por el proceso de Becas Chile, el programa del Mineduc que entrega fondos para realizar estudios de postgrado en el extranjero.  La iniciativa de gobierno no es la única que existe: gran parte de las instituciones neozelandesas ofrecen becas para estudiantes de buen nivel de otros países. La bióloga ya lleva tres años allá pero sigue asombrada por la calidad de vida universitaria y el acceso a diferentes herramientas para hacer sus investigaciones. También destaca que los neozelandeses “tienen la mente muy abierta y les interesa traer a varias personas que puedan hacer un cambio constructivo y trabajar”, comenta.

William Pereira

Tú me das y yo te doy 

La comunidad de estudiantes en el país kiwi está dominada por los chinos e indios, que juntos son la mitad de los extranjeros que cursan estudios de educación superior ahí. Los chilenos son un porcentaje menor del total, pero con todo, son la segunda comunidad de latinos después de los brasileños. Según datos del gobierno de Nueva Zelanda, los chilenos que van a estudiar allá optan principalmente por hacerlo en áreas ligadas a la agricultura y los estudios ambientales (25 por ciento), seguido por campos de estudio mixtos (13 por ciento), estudios sociales (12 por ciento), salud (11 por ciento) e ingeniería (7 por ciento).  Lisa Futschek, directora Regional de Education New Zealand, explica que el interés de su país no es “sólo atraer a estudiantes chilenos a cursar carreras. Nueva Zelanda presenta una gran oportunidad para desarrollar investigaciones en conjunto”, comenta.

Como las universidades están en distintas partes del país, los chilenos no se concentran en un sólo lugar o en las grandes ciudades, sino que se reparten en distintos puntos, lo que promueve el intercambio cultural con los dueños de casa y alumnos de otras partes del mundo.

María Jesús Valdés

Así es como Paulo Lagos ha aprendido que en Nueva Zelanda “todas las profesiones son bien vistas. Se puede ser desde basurero hasta manejar tráfico y ganas un buen sueldo y te tratan con el mismo respeto que a un doctor”. Su polola, María Jesús Valdés, destaca la preocupación medioambiental de los kiwis: “Hay una cultura muy consciente con el planeta. Muchas casas reciclan, hacen compost, huertos. Todos intentan comer saludable y orgánico”, explica la estudiante de un PhD en Investigación de Mamíferos Marinos.

Llegaron a Nueva Zelanda de vacaciones  y se quedaron maravillados con los paisajes del país, que además les ofrecía buenos programas en sus respectivas áreas de estudio. Ambos postularon a la Universidad de Otago y quedaron, donde ahora trabajan y estudian. “Decidimos no postular a Becas Chile porque te obligan a volver y no te garantizan una inserción laboral”, cuenta María Jesús. Mientras que ella trabaja en terreno y como guía turística en las islas cercanas, Paulo actualmente está tratando de medir el impacto climático sobre el krill: “Acá se me abrieron las puertas con muchas herramientas con las que podría hacer muchas cosas”.

Tomado de: http://www.latercera.com/noticia/exportacion-no-tradicional/

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Libro: Tensiones para la inclusión real en la educación superior: la institucionalidad desde distintas perspectivas .

El caso del programa de admisión especial para estudiantes negros, afrocolombianos, palenqueros y raizales de la Universidad Nacional de Colombia.

Margarita María Rodríguez Morales. [Autora]

Colección Estudios sobre las Desigualdades.
ISBN 978-987-722-173-2
CLACSO.
Buenos Aires.
Febrero de 2016.

A partir del análisis del Programa de Admisión Especial –PAES– para estudiantes negros, afrocolombianos, palenqueros y raizales de la Universidad Nacional de Colombia y la normatividad institucional que lo define e implementa, este artículo presenta las tensiones a las que la institucionalidad se enfrenta cuando tiene el reto de crear programas de admisión diferencial. A partir de un enfoque de multiplicidad desde los Estudios Sociales de la Ciencia, muestro la forma en que en un escenario universitario donde prima la excelencia y el mérito, conciliar con valores asociados a la inclusión social y la eliminación de brechas históricas en el marco de un estado multiculutal, resulta un reto que parece ser difícil de abordar, pues se evidencian ciertas incoherencias en los discursos institucionales, al tiempo que se crean tensiones con actores sociales vinculados con la lucha por la creación de medidas de acción afirmativa para este grupo poblacional.

Para descargar, entre al enlace:

 http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/pobreza/20160307041750/Morales.pdf

Imagen: http://www.clacso.org.ar/clacso/novedades_editoriales/img_tapas/1087_Tapa.gif

 

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México: Alonso Orozco Soberón apoya al desarrollo y educación

México / elinformador.com / 17 de Agosto de 2016

El empresario trabaja en implementar programas que mejoren estos sectores

CIUDAD DE MÉXICO (16/AGO/2016).- El empresario Alonso Orozco declaró que uno de los grandes problemas que enfrenta la educación en nuestro país, es el de los sistemas obsoletos de aprendizaje, así como la falta de actualización en los maestros, sobre todo en zonas del país con escasos recursos sobre la situación educativa en México.

Alonso Orozco Soberón trabajó en la implementación de un programa de prueba para renovar los programas de educación obsoletos, así como el apoyo e infraestructura para alumnos y maestros a través de inversión económica.

Asimismo declara que la principal intención, es la de brindar actualización en los programas de estudio que se implementaron desde hace algunos años, teniendo como principal motor el hecho de que la educación debe consistir en ser gratuita, laica y obligatoria.

“Ha llegado éste punto en el que es inaceptable vivir de ese modo. En una visita que hicimos a comunidades de escasos recursos por Oaxaca, nos dimos cuenta que hay alumnos brillantes, pero sus estilo de vida, a veces ni si quiera les permite llegar a tiempo a clases, y para quienes eso es posible, el sistema de aprendizaje al que se someten ha resultado obsoleto, pareciera ser que no han salido del año 2006”, aseguró Soberón.

A través del programa que comenzará en el Estado de Oaxaca y posteriormente en Tabasco y Chiapas, se planea que la inversión beneficie a la escuelas al reconstruir espacios y mejorar salones, del mismo modo con la compra de computadoras y mobiliario nuevo, así como inversión en uniformes y comedores y cooperativas comunitarias que brinden alimentos saludables a los niños. Por el lado del magisterio, de planea invertir en cursos de actualización, así como programas de entrenamiento docente para mejorar sus técnicas de enseñanza e incluso la relación con los alumnos.

“La Ley General de Educación de México obliga a quienes residen en el país a cursas por lo menos los niveles primario, secundario y  medio superior, por eso buscamos que esto sea posible, el impulso a los estudiantes y escuelas debe ser primordial, la iniquidad educativa debe superarse, gracias eso, los resultados de aprendizaje serán mejores y podremos alcanzar niveles de bienestar social en el país con los que hemos estado soñando”. finalizó Alonso Orozco.

Fuente:http://www.informador.com.mx/mexico/2016/677622/6/alonso-orozco-soberon-apoya-al-desarrollo-y-educacion.htm

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México: Inicia IPN diplomado virtual para docentes sobre sustentabilidad ambiental

América del Norte/México/07 de Agosto de 2016/Autora: Rocio Méndez Robles/Fuente: NoticiasMVS

Con el propósito de proporcionar a los docentes las estrategias de análisis y componentes teóricos básicos sobre el desarrollo sustentable, la tecnología y el currículum como parte del nuevo modelo educativo, el Instituto Politécnico Nacional (IPN) creó el diplomado virtual Formación Tecnológico Ambiental para la Sustentabilidad (Fortas).

El proyecto académico está enfocado a formar profesionistas que contribuyan a la construcción de una sociedad más justa y equitativa, que oriente y fortalezca los contenidos de las unidades de aprendizaje porque se requiere de la formación de politécnicos que coadyuven al desarrollo nacional, para que la sociedad reconozca la importancia del conocimiento tecnológico en la solución de los problemas que los aquejan.

El Politécnico desarrolla estrategias para fortalecer capacidades docentes como detonador del fortalecimiento de la inserción del desarrollo sustentable en las currículas del Instituto.

Este diplomado tambien se concibe como un medio para garantizar la utilidad y aceptación social para la toma de decisiones en materia de sustentabilidad ambiental.

Además de promover el debate, este diplomado, impulsado por la Coordinación Politécnica para la Sustentabilidad, tiene como propósito que sus egresados propongan alternativas de solución a los problemas que aquejan a la sociedad para garantizar la convivencia con el medio ambiente y el respeto a la diversidad. También sentará las bases para generar propuestas de enfoque educativo para el rediseño curricular de los planes y programas de estudio del IPN.

La capacitación concluirá en enero de 2017; participan 71 docentes (coordinadores Fortas) de 42 unidades académicas de los niveles medio superior, superior y posgrado.

Fuente: http://www.noticiasmvs.com/#!/noticias/inicia-ipn-diplomado-virtual-para-docentes-sobre-sustentabilidad-ambiental-896

 

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