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Esa irresistible compulsión por mentir

Por: Atilio A. Boron

 

Ya nos parecía extraño que Mario Vargas Llosa permaneciera en silencio ante las calamidades de la pandemia. Sobre todo las sufridas en sus dos países, el de origen, Perú, y el de su adopción, España. Allí se refugió después de haber sido repudiado por sus compatriotas  hace hoy exactamente treinta años –un 10 de Junio de 1990- tras su humillante derrota a manos de Alberto Fujimori en la elección presidencial de ese año. Como era previsible aprovechó la ocasión de esta plaga para dar a conocer otra de sus tantas mentiras que parecen verdades -arte maligno del cual es un refinadísimo cultor- para alabar al gobierno de su amigo Luis Lacalle Pou que, según el escritor,  decidió combatir al Covid-19 apelando a “la responsabilidad de los ciudadanos” y declarando  “que nadie que quisiera salir a la calle o seguir trabajando sería impedido de hacerlo, multado o detenido, y que no habría subida de impuestos, porque la empresa privada jugaría un papel central en la recuperación económica del país luego de la catástrofe.”

Quien lea estas líneas comprobará que su indudable talento como escritor es tan grande como su ignorancia en materia de economía y estadística. También que su resentimiento contra la izquierda exacerba este defecto y lo induce a extraer conclusiones que se desmoronan como un castillo de naipes ante la más suave brisa. Aplaude el hecho de que en Uruguay sólo se registren 23 muertos a causa del coronavirus, pero insólitamente le atribuye ese mérito a un presidente que asumió pocos días antes del estallido de la pandemia. Su obcecación lo mueve a desconocer que antes de la presidencia de su amigo Lacalle Pou hubo quince años de gobierno del Frente Amplio (al que descalifica por sus  “equivocaciones notables en política económica” aunque reconoce que se respetó “la libertad de expresión y las elecciones libres”) durante los cuales la salud pública fue una de las prioridades de la gestión del médico Tabaré Vázquez, durante diez años, así como durante el interregno de José “Pepe” Mujica. Fue esto: la fuerte presencia del estado en el terreno de la sanidad y no las palabras huecas e insulsas de Lacalle Pou lo que protegió al pueblo uruguayo de la pandemia.

A contrapelo de las políticas de la izquierda en Uruguay, en sus patrias de nacimiento y adopción el desastre producido por las ideas que Vargas Llosa publicita con tanto fervor es estremecedor. Con 5.738 muertos el Perú figura en el 21º lugar en la lista de 215 estados y territorios compilados por la Organización Mundial de la Salud.  España ocupa el 6º lugar en el ranking  gracias a las 27.136 víctimas del Covid-19 condenadas por las “políticas de austeridad” de los sucesivos gobiernos neoliberales que asolaron a ese país. Otros gobiernos admirados por el escritor: el de Ecuador con sus 3.690 muertos se coloca en el puesto número 17 mientras que el 19º está reservado para el Brasil de Jair Bolsonaro con un saldo luctuoso de 38.701 muertos.

Pero la medición del impacto de la pandemia y la eficacia de las políticas gubernamentales se muestran de modo más nítido si se controla el número de muertos por millón de habitantes. Bélgica, uno de los portaestandartes de la reacción neoliberal, registra 831muertos por millón de habitantes y el Reino Unido de su admirado Boris Johnson tiene un índicede 606/millón y un poco más abajo, en el sexto lugar, encontramos a España, con 580 muertos por millón de habitantes. Ecuador con 209, Brasil con 182 y Perú con 174 continúan en el pelotón de la vanguardia. Como se puede apreciar, todos países con gobiernos fieles a los cánones del neoliberalismo. Mucho más abajo en ese ranking necrológico está el Uruguay, con 7 muertos por millón, una performance notable, sin duda, igual a la que exhibe Japón. Pero mucho más meritorio es que esa misma cifra sea la que tiene Cuba, tan denostada por el hechicero neoliberal. Igual que Uruguay y el Japón pero sin que ninguno de estos dos países sufra la asfixia de un encarnizado bloqueo que se extiende a lo largo de sesenta años, que los maleantes que gobiernan Estados Unidos sólo atinaron a endurecerlo aún más en el medio de la pandemia.

Implacable crítico de Alberto Fernández –“lamentaremos la derrota de Macri”, dijo el escritor poco después de la victoria del candidato del Frente de Todos- y los gobiernos “populistas” de la Argentina Vargas Llosa debería saber que con sus 717 víctimas de la plaga este país exhibe una tasa de letalidad de 16 muertos por millón de habitantes, lejos, muy lejos de los valores que registran España y Perú, inclusive de Estados Unidos con sus 348 por millón.  Y que en el país que gobierna su amigo Sebastián Piñera,  este índice es ocho veces mayor que el de la Argentina. En efecto,  en el más antiguo experimento neoliberal de América Latina y en donde la privatización de la salud ha sido llevada a sus extremos durante casi medio siglo el índice llega a 130 por millón.

Conclusión: la pandemia exige para su control una fuerte presencia del estado para proteger a la población, cosa que no se logra cuando la salud y los medicamentos son onerosas mercancías. La experiencia actual refuta los funestos delirios de los mentores intelectuales de Vargas Llosa: Popper, von Hayek, Berlin, Revel y compañía, responsables indirectos de políticas que sólo en los Estados Unidos produjeron más de 115.000 muertos. Afiebrados delirios que contrastan con los sobrios números de Cuba, Uruguay, China, Vietnam y Venezuela. Sí, la bloqueada república bolivariana que, como el Uruguay, también tuvo apenas 23 muertos por el Covid-19. Sólo que cuando se estandardiza esta medida por millón de habitantes la tasa en ese país no alcanza siquiera al 1 por millón, contra el muy plausible 7 del Uruguay.  Pero todas estas cosas las calla el escritor, y no creo que sea porque desconozca algo tan elemental. Ha dado sobradas pruebas de que ignora las complejidades teóricas de la Economía Política y los fundamentos matemáticos de la Estadística. Pero cálculos tan simples como los que hemos expuesto más arriba están al alcance de cualquier persona que conozca las cuatro operaciones básicas de la aritmética. Me niego a admitir que Vargas Llosa sea incapaz de tan elemental tarea. Pero su fanatismo lo lleva, una y otra vez, a mentir para defender una causa perdida. No parece haber caído en cuenta de que aparte de las cuantiosas pérdidas humanas el Covid-19 hizo algo más: descerrajarle el tiro de gracia al neoliberalismo como fórmula de gobernanza. ¡Game over! Y si no me cree que por favor se dedique a leer los diarios de la mal llamada “comunidad financiera internacional” (en realidad una tropa de truhanes y bandidos de “cuello blanco”) que allí le explicarán con pelos y señales sus planes para el mundo que amanecerá cuando la pandemia haya sido controlada. Y en ese mundo el neoliberalismo se convirtió en una mala palabra que, si se la pronuncia, se lo hace en voz baja y mirando de reojo a los costados.

Fuente e imagen:  https://atilioboron.com.ar/esa-irresistible-compulsion-por-mentir/

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Desescalada escolar incierta en todo el mundo

Redacción: La Vanguardia

Incertidumbre. Los grandes países europeos y Estados Unidos se debaten en cómo rematar el actual curso, si hacerlo por vía telemática o abriéndolas unas semanas. En Rusia los alumnos ya recibieron las notas y están de vacaciones. En Italia habrá aprobado general. En un segundo horizonte los distintos gobiernos ya piensan en el siguiente curso: cuándo empezará y, sobre todo, en qué circunstancias.

Alemania: el examen de selectividad se ha realizado con cierta normalidad

En Alemania, la desescalada escolar está en manos de los 16 länder (estados federados), titulares de las competencias educativas, si bien la labor de coordinación ejercida por la canciller Angela Merkel condujo a un pacto para un reinicio común el 4 de mayo. Aunque algunos länder incluso retomaron algunas clases antes, la mayoría arrancó ese día con alumnos de determinados cursos y en grupos reducidos. Los exámenes del Abitur (selectividad) se han realizado con relativa normalidad. El regreso escalonado aún no ha concluido; de hecho, hoy vuelven a las aulas en Schleswig-Holstein los alumnos de 1.º a 3.º de Primaria y los de 8.º, 9.º y 10.º de Secundaria. Pero todo indica que de aquí a fin de curso –que termina entre finales de junio y finales de julio, según el calendario de cada land– se alcanzará la voluntad de las autoridades de que cada menor vaya un día a la semana a la escuela.

Son, con todo, clases presenciales anómalas: un solo día a la semana, unas tres horas, solo asignaturas troncales (alemán, matemáticas e inglés), en grupos reducidos, y con estrictas reglas de higiene y distancia interpersonal (1,5 metros). De esta forma, los alumnos no pueden moverse de su pupitre ni salir del aula salvo para ir al baño. No hay deporte ni canto ni, claro, tareas en grupo.

Aunque en Alemania la mascarilla es obligatoria en el transporte público y dentro de las tiendas, no lo es para los escolares en clase. Algunos länder sí obligan a que la lleven en los pasillos y en el baño, y la mayoría de profesores se la ponen y la recomiendan.

Durante las siete semanas de cierre total por el coronavirus, imperó la enseñanza por vía digital, con resultados desiguales, pues Alemania tiene aún graves carencias en digitalización. También hubo quejas de las familias por la sobrecarga de deberes, mientras madres y padres estaban también teletrabajando.

A estas alturas, parece claro que en el próximo curso no habrá normalidad escolar. Todo apunta a que seguirán los grupos reducidos y solo las asignaturas clave, el resto se hará vía internet. Pero el curso comenzará, dependiendo del calendario de cada land, entre primeros de agosto y primeros de septiembre.

Francia: volver a clase, un medida para preservar la cohesión social

Francia decidió reabrir sus escuelas de manera gradual y voluntaria a partir del 11 de mayo, con un estricto protocolo higiénico y de distancia social. Los departamentos catalogados como verdes , los menos afectados por la pandemia, han podido ir más rápido que los rojos , la región parisina incluida. Los padres han tenido libertad para mantener a sus hijos en casa si lo preferían. Las clases de primaria y de la escuela intermedia han sido las primeras en reanudar la actividad. Los últimos serán los institutos. La capacidad de las aulas se ha limitado a 15 alumnos (10 para los más pequeños), lo que ha obligado a la rotación y a proseguir, en paralelo, las clases por internet. La casuística ha sido muy variada según el municipio. Los alcaldes han retrasado la reapertura de centros en virtud de las circunstancias. El retorno a la escuela ha provocado mucho debate, sin unanimidad, entre las ampas y los sindicatos de los docentes. El Gobierno ha creído necesario dar el paso para reinstaurar una cierta normalidad. Una de las prioridades era que volvieran a la escuela los alumnos de estratos sociales más humildes, pues para ellos era más complicado seguir el curso por vía telemática durante el confinamiento. No tenían ni la vivienda adecuada ni los mejores medios para hacerlo. Según el ministro de Educación, Jean-Michel Blanquer, siempre es importante ir a la escuela, pero más en un periodo de crisis.

Italia: los estudiantes pasarán de curso automáticamente

Las escuelas y universidades no abrirán hasta septiembre. Así lo decidió el Gobierno, a finales de abril después de que todos los escenarios previstos por el comité de técnicos y científicos que lo asesoraba dibujaran “riesgos muy elevados de contagio” en el caso de una eventual reapertura. Todas las aulas están cerradas desde el 4 de marzo, y los estudiantes tienen que seguir clases desde sus domicilios, ayudados por internet. El Ejecutivo ya tenía previsto que, de no volver a abrir las aulas todos los estudiantes pasarán de curso automáticamente con el fin de terminar con éxito el año escolar . La recuperación del programa perdido se hará desde septiembre. Para ayudar a los padres a volver a sus trabajos presenciales el Gobierno ha dispuesto permisos extraordinarios y ayudas.

Reino Unido: reabrir las aulas el 1 de junio, un plan cogido con alfileres

Un 43% de los padres de niños de primaria, y un 54% de los de secundaria, tienen miedo al regreso a las aulas y consideran que es prematuro, según las encuestas, y la reticencia es aún mayor entre los profesores, los sindicatos que los representan, y las autoridades municipales. Pero aun así el primer ministro Boris Johnson sigue adelante con sus planes de una reanudación parcial de las clases el próximo dia 1 de junio.

El plan del Gobierno está cogido con alfileres. Solo parte de los alumnos de primaria reanudarán las clases in situ, y ello si sus padres quieren enviarlos al colegio, los profesores aceptan correr el riesgo de ir en transporte público a las escuelas y estar en contacto con decenas o centenares de niños, y los municipios dan el visto bueno. Más de mil quinientos centros educativos han advertido que no piensan atenerse por el momento a las instrucciones oficiales, y que van a seguir cerrados. Downing Street no les impondrá sanciones.

El Gobierno está ansioso de que los niños vayan a clase para que sus padres puedan volver a ir trabajar y la economía repunte, y usa el argumento del enorme daño educativo que sufren los alumnos más vulnerables. Las familias acomodadas, que se pueden permitir pagar tutores, son más reticentes a mandar a sus hijos al colegio. Las de clase trabajadora se muestran más favorables a la idea. En Escocia no habrá clases hasta el nuevo curso escolar que comienza a mediados de agosto.

Estados Unidos: en los territorios con menos pandemia, clases en agosto

La educación es una cosa de estados. Los gobernadores son los que tienen la llave en Estados Unidos para el regreso de universidades y escuelas a la actividad.

Todo depende de la relajación de las medidas de distancia social, que más o menos han iniciado los 50 estados que componen el país. En los territorios donde la pandemia ha tenido menos impacto, la vuelta de los colegiales se producirá a partir de agosto. Pero el sistema escolar estadounidense más grande, el de la ciudad de Nueva York, con más de 1.100.000 niños y adolescentes, todavía no ha concretado si realmente las puertas se abrirán a partir de septiembre.

La Gran Manzana ilustra a la perfección quién tiene las competencias. El alcalde Bill de Blasio se resistió en marzo a cerrar. Pero el jefe superior, el gobernador Andrew Cuomo, tomó la decisión. Los estudiantes no pisan las aulas desde el 16 de marzo. A las semanas, De Blasio anunció que el curso presencial se daba por acabado. Al momento salió Cuomo y, en un ataque de celos, dijo que esa decisión la debía tomar él y que aún no había decidido. A los quince día, Cuomo informó que no habría más clases físicas este curso.

La vuelta a la nueva normalidad ha llevado a anuncios concretos. En Indiana, la Universidad
de Notre Dame
, institución privada dependiente de la iglesia, ha comunicado que reabrirá el campus el próximo 10 de agosto, dos semanas antes de lo previsto.

La idea generalizada es que las aulas universitarias volverán en otoño, pero no queda claro en que condiciones.

Rusia: curso acabado, notas puestas y regreso en septiembre

Con la excusa del buen tiempo y las dachas, el curso escolar de primaria y secundaria suele terminar a finales de mayo. El coronavirus ha adelantado un poco más el final, y el pasado 15 de mayo ya estaban puestas las notas. Ahora el Gobierno confía en recuperar el ritmo normal el próximo curso. Se prevé comenzar, como es habitual, el 1 de septiembre y de forma presencial, abandonando el sistema online del último trimestre, que quedará recomendado para casos especiales. La decisión final queda en manos de los gobiernos regionales en función de la situación epidemiológica local, aunque la agencia de la salud pública estatal, Rospotrebnadzor, cree que habrá escuelas que retrasen el regreso.

Uno de los motivos de ese posible retraso es que, por exigencias de la pandemia, las nuevas medidas no estén listas en todos los centros. Además de las normas sanitarias y de desinfección, Rospotrebnadzor quiere llevar a la enseñanza el distanciamiento social. Uno de los momentos más esperados por los alumnos, el recreo, ya no será lo que era. La agencia recomienda elaborar horarios individuales para cada grupo de alumnos, de forma que no coincidan en los pasillos ni en el patio con los de otras clases, y que tampoco tengan contacto ni a la entrada ni a la salida del centro. Además, cada clase tendrá que reducir el número de alumnos y recibir sus lecciones siempre en una misma aula, algo habitual en primaria, pero no así en secundaria. La pandemia ha retrasado también la selectividad, de finales de mayo hasta finales de junio.

Suecia: la escuela primaria y secundaria no ha cerrado

El contrapunto lo aporta Suecia, que ha mantenido las aulas abiertas durante toda la crisis del coronavirus, excepto las de los dos últimos cursos de secundaria y las universidades, que a mediados de marzo iniciaron la enseñanza a distancia y la mantendrán al menos hasta final de curso. Ante algunas voces críticas que reclamaban al Gobierno sueco medidas más restrictivas, la Agencia de Salud Pública, organización independiente que ha liderado la gestión de la epidemia, ha argumentado desde el principio que cerrar las escuelas no habría tenido ningún efecto, o un efecto muy limitado, en la propagación de la infección, a la vez que habría obligado a muchos trabajadores esenciales a quedarse en casa para cuidar de sus hijos o a poner en riesgo a los abuelos. Las autoridades recomiendan, eso sí, que alumnos y empleados no vayan al colegio si tienen síntomas de la Covid-19, por leves que sean. Suecia se ha desmarcado de sus vecinos: tanto Dinamarca, como Noruega Finlandia cerraron las aulas a mediados de marzo, aunque los tres ya han empezado a reabrirlas de forma gradual.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/internacional/20200525/481374399795/ensenanza-educacion-curso-alemania-francia-estados-unidos-italia-suecia-reino-unido-desescalada-coronavirus-covidc.html

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Wuhan prohíbe la cría y el consumo de animales salvajes, posible origen del coronavirus, durante cinco años

Redacción:  El Mundo

Como parte de la prohibición, la ciudad ha introducido controles estrictos sobre la cría de todos los animales salvajes, según informó la cadena CBS. Además, Wuhan formará parte de un plan más amplio en todo el país que comprará los animales a los ganaderos que crían especies salvajes.

Una mujer prepara noodles en un mercadillo de Wuhan. HECTOR RETAMAL AF

Las autoridades en Wuhan, el origen de la pandemia de coronavirus, han prohibido oficialmente el consumo de todos los animales salvajes.

La administración local de la ciudad china ha asegurado este miércoles que, junto con la prohibición del consumo, Wuhan se convertiría en un «santuario de vida silvestre» donde prácticamente se prohíbe la caza de animales salvajes, con la excepción de medidas para «investigación científica, regulación de la población, monitorización de epidemias, enfermedades y otras circunstancias especiales «.

Como parte de la prohibición, la ciudad ha introducido controles estrictos sobre la cría de todos los animales salvajes, según informó la cadena CBS. Además, Wuhan formará parte de un plan más amplio en todo el país que comprará los animales a los ganaderos que crían especies salvajes.

Los primeros casos de Covid-19 se registraron en Wuhan, una ciudad de 11 millones de habitantes en la provincia china de Hubei, a finales del año pasado. Aunque los orígenes de la pandemia aún se están investigando, uno de los puntos sospechosos es el Mercado Mayorista de Mariscos de Huanan en la ciudad, que incluía una sección de animales vivos que supuestamente vendía más de 30 especies de animales, incluidos cachorros de lobo vivo, cigarras doradas, escorpiones y civetas. China clausuró el mercado en enero.

En general, los investigadores coinciden en que la explicación más plausible es que el virus diera el salto de un animal a un humano en un caso de «desbordamiento zoonótico». Ya antes, China había recibido presiones de la comunidad internacional para frenar su comercio ilegal de vida silvestre después de que se vinculó con la aparición de enfermedades zoonóticas.

La cifra global de muertes por coronavirus en el mundo es de 318,789 personas, según los datos de la Organización Mundial de la Salud. Además, más de 4,7 millones de personas han sido infectadas en todo el mundo.

La semana pasada, dos provincias centrales de China anunciaron planes para que el gobierno comprara a los ganaderos que crían animales silvestres los ejemplares. Además, se ha anunciado un plan para ayudar a estos criadores a transformar su forma de ganarse la vida.

Una mujer protegida con mascarilla espera la llegada de clientes a su puesto de Wuhan.
Una mujer protegida con mascarilla espera la llegada de clientes a su puesto de Wuhan.HECTOR RETAMALAFP

Así, los planes darían a los criadores de especies silvestres en las provincias de Hunan y Jiangxi, dos regiones vecinas, la opción de ser compensados por cambiar la cría de animales por el cultivo de frutas, verduras, plantas de té o hierbas para la medicina tradicional china. También hay una opción para criar otros animales como cerdos y pollos.

A los agricultores de Hunan se les ofrece una compensación de 630 yuanes (81 euros) por puercoespín; 600 yuanes (77 euros) por civeta; 75 yuanes (10 euros) por cada kilo de rata de bambú y 120 yuanes (unos 15 euros) por kg de cobra. Además, cada ganso salvaje tendrá un valor de 2.457 yuanes (315 euros) cada uno.

El pasado febrero, China emitió una orden temporal sin precedentes a nivel nacional en la que se prohibía todo el comercio y consumo de animales salvajes terrestres, incluidas las especies exóticas criadas en granjas.

La compra inicial cubre 14 especies silvestres y sólo para las granjas que operaban legalmente con permisos de reproducción antes de la prohibición de febrero pueden beneficiarse del programa.

En la actualidad, la prohibición de Wuhan tiene una duración de cinco años. Medidas similares existen en las ciudades de Beijing, Shenzhen y Zhuhai, pero ya se han hecho permanentes.

Fuente: https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2020/05/20/5ec59a05fdddffe4ac8b45b6.html

 

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Metáforas militares

Por: Leonardo Díaz

Una de las grandes lecciones de la reflexión filosófica es que nuestra existencia tiene un carácter narrativo. Interpretamos el mundo a partir de narraciones cuya característica básica es que están conformadas por metáforas.

El avance de la pandemia del COVID-19 ha estimulado el resurgimiento del discurso belicista en la gestión de la crisis. Algunos de los principales líderes, en América y Europa, acuden a metáforas bélicas o militares para referirse a la situación de excepción. Se habla de que: “estamos en guerra”; “el enemigo penetró hace ya tiempo en la ciudad”; “la victoria será total”…. En síntesis, metáforas que, con buenas intenciones en algunos casos, y dudosas en otros, nutren el campo semántico del debate público.

En su clásico de 1980, Metáforas de la vida cotidiana, George Lakoff y Mark Johnson llevaron a cabo una reflexión sobre la naturaleza metafórica del lenguaje y como las mefáforas impregnan nuestra vida cotidiana estructurando nuestras acciones. Una de sus principales afirmaciones es que “las metáforas pueden crear realidades sociales”. Por este poder configurador del discurso, las metáforas belicistas son peligrosas, además de inadecuadas para explicar un fenómeno epidemiológico.

En el momento en que asumimos las metáforas militares estamos incitando a una disposición y actitud belicista. La cuestión es que las guerras tienen una dinámica, atmósfera y reglas de juego opuestas a las que requieren las situaciones problemáticas relacionadas con la salud pública.

En su lúcido ensayo de 1988, El sida y sus metáforas, http://ceiphistorica.com/wp-content/uploads/2016/04/Susan-Sontag-La-enfermedad-y-sus-met%C3%A1foras.-El-sida-y-sus-met%C3%A1foras.pdf, Susan Sontag concibe como probable que el uso excesivo de las metáforas militares sea inevitable en una sociedad capitalista, donde resulta cada vez más difícil la movilización de la ciudadanía por razones éticas.

Es razonable pensar que los líderes políticos encuentren cada vez menos recursos narrativos para incentivar al sacrificio, la empatía, la entrega, el cuidado del otro, la escucha. Durante décadas, la mayoría de los sistemas educativos han privilegiado el entrenamiento de habilidades para competir en el mercado laboral, en el marco de un modelo económico e ideológico que percibe las emociones que requerimos con más urgencia dentro de un estado de excepción como muestas de debilidad, incompetencia, e ineficacia.

Así, se revierte contra nosotros la ausencia de una educación emocional y la carencia de unos hábitos relacionados con lo denominado por Aristóteles como “amistad cívica”, los vínculos que unen a los ciudadanos en un proyecto de sociedad común.

Las carencias señaladas fomentan una serie de actitudes existentes ya en el discurso político populista y xenófobo previo a la pandemia y que en el marco de la misma son reforzadas por gobernantes irresponsables. No es caualidad escuchar el concepto del “virus chino” o las constantes denuncias de que el virus viene del “otro lado”.

Sontag nos recuerda que hay un vínculo en cómo concebimos las enfermedades y cómo percibimos al extranjero, dos caras de una misma realidad amenazante.

Y si hay un vínculo entre la enfermedad entendida en términos bélicos y la xenobofia, también la hay entre las metáforas bélicas y el autoritarismo. Porque la guerra constituye el estado de excepción por excelencia, la situación idónea donde se constriñen libertades, se impone la censura y se justifica cualquier medio que nos lleve a la victoria.

Esquilo afirmó que  “La verdad es la primera víctima de la guerra”. Pero con ella, también lo es la dignidad de los seres humanos. El discurso belicista, aunque de manera explícita se dirija contra un virus, de manera implícita se dirige contra las personas, contra aquellos que no consideramos “igual que nosotros” (los pobres, los estigmatizados, los inmigrantes). Podemos y debemos diseñar estrategias para defendernos del COVID-19. Pero como concluye Sontag: “no estamos autorizados para defendernos de cualquier manera que se nos ocurra”.

Fuente: https://acento.com.do/2020/opinion/8811598-metaforas-militares/

Imagen: https://pixabay.com/photos/composing-toilet-paper-hamster-4984027/

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Nuevas Reflexiones

Por: Giorgio Agamben

¿Estamos viviendo, con este confinamiento forzado, un nuevo totalitarismo?

«En muchos aspectos se formula ahora la hipótesis de que estamos viviendo el fin de un mundo, el de las democracias burguesas, basado en los derechos, los parlamentos y la división de poderes, que está dando paso a un nuevo despotismo que, en lo que respecta a la omnipresencia de los controles y el cese de toda actividad política, será peor que los totalitarismos que hemos conocido hasta ahora. Los politólogos estadounidenses lo llaman el Estado de Seguridad, es decir, un Estado en el que «por razones de seguridad» (en este caso, «salud pública», término que hace pensar en los notorios «comités de salud pública» durante el Terror) se puede imponer cualquier límite a las libertades individuales. En Italia, después de todo, estamos acostumbrados desde hace mucho tiempo a una legislación de decretos de emergencia por parte del poder ejecutivo, que de esta manera sustituye al poder legislativo y de hecho suprime el principio de la división de poderes en el que se basa la democracia. Y el control que se ejerce a través de las cámaras de vídeo y ahora, como se ha propuesto, a través de los teléfonos móviles, supera con creces cualquier forma de control ejercido bajo regímenes totalitarios como el fascismo o el nazismo».

En lo que respecta a los datos, además de los que se reunirán por medio de los teléfonos móviles, también habría que reflexionar sobre los que se difunden en las numerosas conferencias de prensa, a menudo incompletos o mal interpretados.

«Este es un punto importante, porque toca la raíz del fenómeno. Cualquiera que tenga algún conocimiento de epistemología no puede dejar de sorprenderse de que los medios de comunicación hayan difundido durante todos estos meses cifras sin ningún criterio científico, no sólo sin relacionarlas con la mortalidad anual del mismo período, sino incluso sin especificar la causa de la muerte. No soy ni virólogo ni médico, pero simplemente citaré fuentes oficiales fiables. 21.000 muertes para Covid-19 parecen y son ciertamente una cifra impresionante. Pero si se comparan con los datos estadísticos anuales, las cosas, como es debido, adquieren un aspecto diferente. El presidente del ISTAT, el Dr. Gian Carlo Blangiardo, anunció hace unas semanas las cifras de mortalidad del año pasado: 647.000 muertes (1772 muertes por día). Si analizamos las causas en detalle, vemos que los últimos datos disponibles para 2017 registran 230.000 muertes por enfermedades cardiovasculares, 180.000 muertes por cáncer, al menos 53.000 muertes por enfermedades respiratorias. Pero hay un punto que es particularmente importante y que nos concierne de cerca.

¿Cuáles?

«Cito las palabras del Dr. Blangiardo: «En marzo de 2019 hubo 15.189 muertes por enfermedades respiratorias y el año anterior hubo 16.220. Por cierto, son más que el número correspondiente de muertes para Covid (12.352) declaradas en marzo de 2020″. Pero si esto es cierto y no tenemos motivos para dudarlo, sin querer minimizar la importancia de la epidemia, debemos preguntarnos si puede justificar medidas de restricción de la libertad que nunca se han tomado en la historia de nuestro país, ni siquiera durante las dos guerras mundiales. Existe una duda legítima de que al sembrar el pánico y aislar a la gente en sus hogares, la población se ha visto obligada a asumir las gravísimas responsabilidades de los gobiernos que primero desmantelaron el servicio nacional de salud y luego, en Lombardía, cometieron una serie de errores no menos graves al enfrentar la epidemia».

Incluso los científicos, en realidad, no ofrecieron un buen espectáculo. Parece que no pudieron dar las respuestas que se esperaban de ellos. ¿Qué opinas?

«Siempre es peligroso dejar las decisiones que en última instancia son éticas y políticas a los médicos y científicos. Verán, los científicos, con razón o sin ella, persiguen de buena fe sus razones, que se identifican con el interés de la ciencia y en nombre de las cuales – la historia lo demuestra ampliamente – están dispuestos a sacrificar cualquier escrúpulo moral. No necesito recordarles que bajo el nazismo científicos muy estimados dirigieron la política de eugenesia y no dudaron en aprovechar los lagers para llevar a cabo experimentos letales que consideraban útiles para el progreso de la ciencia y el cuidado de los soldados alemanes. En el presente caso el espectáculo es particularmente desconcertante, porque en realidad, aunque los medios de comunicación lo oculten, no hay acuerdo entre los científicos y algunos de los más ilustres entre ellos, como Didier Raoult, tal vez el mayor virólogo francés, tienen opiniones diferentes sobre la importancia de la epidemia y la eficacia de las medidas de aislamiento, que en una entrevista calificó de superstición medieval. He escrito en otra parte que la ciencia se ha convertido en la religión de nuestro tiempo. La analogía con la religión debe tomarse al pie de la letra: los teólogos declararon que no podían definir claramente lo que es Dios, pero en Su nombre dictaron reglas de conducta a los hombres y no dudaron en quemar a los herejes; los virólogos admiten que no saben exactamente qué es un virus, pero en Su nombre afirman decidir cómo deben vivir los seres humanos».

Se nos dice – como ha sucedido a menudo en el pasado – que nada volverá a ser lo mismo y que nuestras vidas deben cambiar. ¿Qué crees que pasará?

«Ya he intentado describir la forma de despotismo que debemos esperar y contra la que no debemos cansarnos de estar en guardia. Pero si, por una vez, dejamos de lado la actualidad y tratamos de considerar las cosas desde el punto de vista del destino de la especie humana en la Tierra, recuerdo las consideraciones de un gran científico holandés, Ludwig Bolk. Según Bolk, la especie humana se caracteriza por una inhibición progresiva de los procesos naturales de adaptación al medio ambiente, que son sustituidos por un crecimiento hipertrófico de los dispositivos tecnológicos para adaptar el medio ambiente al hombre. Cuando este proceso supera un cierto límite, llega a un punto en el que se vuelve contraproducente y se convierte en la autodestrucción de la especie. Fenómenos como el que estamos experimentando me parece que muestran que se ha llegado a ese punto y que la medicina que se suponía que iba a curar nuestros males corre el riesgo de producir un mal aún mayor. Incluso contra este riesgo debemos resistir con todos los medios».

Fuente e imagen: https://ficciondelarazon.org/2020/04/22/giorgio-agamben-nuevas-reflexiones/

 

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Declaración de la LIS / Latinoamérica: ante la pandemia, no pagar la deuda

América Latina/22/04/2020/Autor: Liga Internacional Socialista/Fuente: http://lis-isl.org

La pandemia de Covid 19 ha revelado las fallas estructurales de los sistemas de salud alrededor del planeta. Décadas de recortes en la salud pública y de políticas orientadas a su privatización han producido como resultado un sistema desigual e incapaz de responder ante situaciones de este tipo. Las y los trabajadores de salud y pacientes sufren las consecuencias de décadas de recortes.

Esta realidad en América Latina y los países más pobres esta estructuralmente vinculada a la deuda externa. A través del pago de la deuda se transfieren riquezas, de manera sistemática, de la clase trabajadora y el pueblo hacia los sectores más concentrados de la burguesía (sean “nacionales” o extranjeros), y de cada uno de nuestros países hacia los países imperialistas. Es una aspiradora que mantiene el flujo de dinero hacia arriba y hacia afuera.

Al mismo tiempo, la deuda es una herramienta de control político. Se trata de un mecanismo de sujeción estructural. Su carácter impagable implica que siempre está sujeta a renegociaciones y restructuraciones a cambio de concesiones hacia los acreedores y las grandes corporaciones, condicionando las decisiones políticas de los países deudores.

Para sostener el pago de la deuda externa los gobiernos han apelado a políticas de austeridad y privatizaciones. El imperativo de pagar deuda logrando superávit fiscal ha implicado un ajuste hacia abajo, recortando la inversión en salud, educación y servicios públicos, reduciendo salarios, imponiendo flexibilización laboral e impulsando reformas previsionales. Éstas últimas han incrementado la vulnerabilidad de las personas mayores, quienes constituyen el principal grupo de riesgo en la pandemia y sobreviven con pensiones que no cubren necesidades vitales esenciales.

El recorte en la salud ha sido una de las variables centrales del ajuste. En 2018, 46 países del mundo destinaban una proporción mayor de su PBI en pagos de la deuda externa que en inversión en salud. En promedio, estos países gastaban 7.8% del PBI en servicios de deuda y 1.8% en salud pública.[1]

Según datos del propio Banco Mundial la deuda externa pública de los países de ingresos bajos y medios se ha duplicado entre el año 2000 y el 2018. Las políticas impulsadas luego de la crisis del 2008 produjeron un salto cualitativo en el endeudamiento tanto público como privado. Aun antes de la pandemia, países como Argentina enfrentaban crisis estructurales de sus economías en gran parte vinculadas al endeudamiento. En octubre del 2019 el FMI señalaba que 34 países estaban en default o en alto riesgo.

La pandemia desató una crisis económica que ya se venía desarrollando. Uno de los elementos de esta ha sido una caída sostenida, y ahora acelerada, de los precios de los commodities. Según mediciones de la financiera Bloomberg el índice compuesto de los precios de los principales commodities de exportación ha caído un 27% en lo que va de 2020. Por otro lado, la fuga de capitales desde los llamados “mercados emergentes” también se ha acelerado. Sólo en marzo se ha registrado una fuga de capitales de 81 mil millones de dólares. En un mes se ha más que duplicado lo registrado durante la crisis de 2008/2009.

Sin embargo, aun en este escenario, la política de los gobiernos sigue siendo sostener el pago de la deuda externa. Por ejemplo, Alberto Fernandez pagó el 30 de marzo pasado 250 millones de dólares, una suma superior a la partida extraordinaria que destinó a enfrentar la crisis sanitaria.

Existen sectores vinculados a los gobiernos llamados “progresistas” nucleados en el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) que impulsan una declaración firmada entre otros por Rafael Correa, Evo Morales, Dilma Rousseff y José Luis Zapatero. En ella solicitan la “condonación” de la parte de la deuda externa latinoamericana con organismos multilaterales de crédito y una restructuración de la deuda con acreedores privados. Es importante recordar que estos mismos sectores sostuvieron el pago de la deuda durante sus gobiernos. En realidad, lo que piden, son nuevas condiciones para poder seguir pagando.

En una línea similar, los ministros de finanzas del G20 acordaron apoyar la suspensión del pago de la deuda de los países mas pobres durante 2020. Esto no incluye a los acreedores privados a quienes se sugiere que adopten un posicionamiento similar. También es limitado su alcance, se estima que solo alcanzaría a los 76 países de menores ingresos del mundo y se trata de una medida de suspensión temporal. En definitiva, se estiran los plazos de pago para poder seguir cobrando.

En el mismo sentido se han expresado desde el Papa Francisco hasta el FMI. Centralmente promueven rebajas simbólicas de capital, quitas de un porcentaje de los intereses que están pautados pagar en lo que resta de este año y el próximo y nuevos plazos hasta que pase la pandemia y los países estén nuevamente en condiciones de pagar.

Se han vuelto buenos todos estos personajes? Claro que no. Los usureros saben bien que se puede apretar fuerte pero no asfixiar al deudor hasta matarlo, ya que es obvio que si muere no paga.

Nuestra propuesta es no pagar las deudas de manera unilateral. Esta decisión soberana permitiría disponer de todos los recursos de nuestros países para redireccionarlas hacia las medidas de salud y sociales necesarias para hacer frente a la pandemia. La urgencia de la actual situación requiere medidas de fondo. Existen condiciones de impulsar la declaración unilateral del no pago de la deuda, rompiendo con los organismos como el FMI y el Banco Mundial. Nuestros pueblos necesitan independizarse económica y políticamente de todos estos organismos financieros internacionales y disponer de los fondos que se destinan a la deuda y los que provendrían de nacionalizar la banca, el comercio exterior y fuertes impuestos progresivos a las grandes fortunas para garantizar la salud y un salario digno a las mayorías populares.

Desde la Liga Internacional Socialista impulsamos la más amplia unidad de los trabajadores y demás sectores explotados de todo el continente detrás de un proyecto emancipatorio y anticapitalista. Llamamos a la izquierda y los socialistas revolucionarios a construir una gran campaña internacional por la investigación y el no pago de las deudas externas latinoamericanas. Impulsemos desde el clasismo este eje político en los sindicatos y el movimiento obrero. Desde las agrupaciones juveniles en el movimiento estudiantil, y en cada uno de los espacios donde intervenimos, sumándolo a los reclamos concretos contra los despidos, por salarios y por condiciones de seguridad en el trabajo. Hay que unirlo con la lucha por todas las medidas de emergencia necesarias para enfrentar la pandemia, las demandas de las y los trabajadores de la salud y por el incremento del presupuesto y la nacionalización del sistema de salud privado. Impulsemos pronunciamientos, reuniones y acciones unitarias en cada uno de nuestros países. Y en EE.UU. y Europa desarrollemos  una campaña exigiendo la cancelación total y sin condiciones de las deudas, en apoyo y coordinación con los sectores que desde América Latina desarrollan una campaña por el no pago.


[1] Fuente: Datos del FMI y Banco Mundial. https://www.cadtm.org/COVID-19-and-debt-in-the-global-south-Protecting-the-most-vulnerable-in-times

Fuente e imagen: http://lis-isl.org/2020/04/21/declaracion-de-la-lis-latinoamerica-ante-la-pandemia-no-pagar-la-deuda/

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Entrevista a Noam Chomsky y Adam Shapiro: Escepticismo entre un sistema de salud colapsado y las próximas elecciones en EE.UU.

Por: Roberto Manríquez.

 

Ambos entrevistados resaltan que EE.UU. nunca ha tenido un sistema nacional de salud que funcione. Señalan que en este momento la crisis se centra en la salud, pero luego habrá una nueva crisis económica.

En uno de los dramáticos testimonios recogidos por estos días en New York, el enfermero Derrick Smith describió en su página de Facebook lo que calificó como el peor día en sus 12 años de trabajo en un hospital. Esta semana un paciente que agonizaba por las complicaciones tras contagiarse con corona virus, en sus últimas palabras, consultó con angustia “¿Quién pagará por esto?”. “Esto es un estado fallido”, resumió el funcionario.

Para el intelectual Noam Chomsky y el director de la ONG Front Line Defenders, Adam Shapiro, si bien el sistema de salud estadounidense debiera formar parte central del debate en la próxima contienda presidencial, no está claro si Trump pagará el costo.

Pregunta: El manejo de la epidemia en un país rico como Estados Unidos se ha estrellado con un sistema de salud pública deficiente ¿percibe el estadounidense promedio esta contradicción?

Noam Chomsky: Los estadounidenses en su abrumadora mayoría han tendido a favorecer las iniciativas para el establecimiento de una atención médica universal garantizada, esto durante mucho tiempo. No he visto encuestas recientes, pero espero que la crisis actual signifique que este apoyo ha aumentado.

Adam Shapiro: La mayoría de los estadounidenses están conmocionados por lo frágil que es el sistema de salud en general. Aunque la gran mayoría no se ha visto afectada por el virus hasta ahora, muchos conocen a las personas afectadas. En este punto, sin embargo, la crisis se centra en la salud. No se han enviado facturas todavía. Cuando los hospitales y las compañías de seguros vengan a cobrar, habrá una nueva crisis económica. En cuanto a la gestión: a nivel estatal, donde los gobernadores están a cargo, las cosas se han manejado bastante bien. El problema es el nivel federal, y eso es entera responsabilidad de Trump, que ha demostrado ser incompetente en todo, no solo en esto.

¿Usted diría que el sistema de salud pública ha sido desmantelado?

NC: Eso suena engañoso. Estados Unidos nunca ha tenido un sistema nacional de salud en funcionamiento. Es, hasta cierto punto, una sociedad dirigida por el mundo de los negocios. A pesar de su riqueza extraordinaria y sus ventajas naturales únicas, en políticas de justicia social se ubica próximo a los países OCDE con los peores indicadores, incluida la atención médica. Pero también es cierto que sufrió aún más bajo las doctrinas neoliberales de «eficiencia», que resultaron una receta para el desastre, una verdadera peste.

Trump, Bolsonaro y Johnson parecieron liderar una negación inicial con la pandemia, ¿cree que sufrirán las consecuencias en términos de opinión pública?

NC: No sé qué porcentaje de la población en Brasil apoya las vigorosas protestas contra Bolsonaro. En los Estados Unidos se divide en líneas partidarias bastante estrictas. La base de votación republicana continúa apoyando a Trump, sin importar cómo este socava el país, votantes fuertemente influenciados por su verdadera cámara de eco que es el canal de televisión Fox News. El apoyo en el exterior ha sido bajo y sigue disminuyendo. No estoy seguro sobre el Reino Unido.

AS: Si bien Johnson hizo declaraciones ridículas, la política en el Reino Unido en realidad se basó intencionalmente en la idea de crear inmunidad colectiva para un virus que no tenía una vacuna. No es un enfoque no científico, pero sí significa que una gran cantidad de personas se enfermarán y un porcentaje de ellas morirá. Esa no es realmente una estrategia políticamente viable. En cuanto a Turmp y Bolssonaro, es consistente con todas sus carreras y enfoques políticos. No debería haber ninguna sorpresa en esto. y las consecuencias son las que serán: un gran número de personas infectadas, enfermas y moribundas. La pregunta es, ¿las personas que los votaron los harán pagar por esto? difícil de decir, ya que los populistas a menudo desafían la lógica

Bernie Sanders finalmente ha renunciado a la carrera de nominaciones, ¿Lo percibe como una derrota?

NC: La campaña de Sanders ha sido un gran éxito, rompiendo con más de un siglo de elecciones compradas en su mayoría. No condujo a la victoria, pero ha cambiado sustancialmente la arena del debate y la formación de políticas. Los problemas sociales que eran casi inexistentes hace algunos años ahora son el centro de atención, y hay opciones disponibles para abordarlos. El New Deal verde es uno de los muchos ejemplos.

AS: Bernie estuvo en una posición muy difícil. No creo que deba haber respaldado a Biden, pero suspender su campaña fue probablemente lo más responsable: evitar obligar a los estados a celebrar elecciones cuando hacerlo pone en riesgo a las personas. La realidad de esta crisis demuestra que Bernie tenía razón, pero era insostenible continuar haciendo campaña.

¿Es una mejor alternativa de Biden aún mejor que Trump?

NC: Incomparablemente mejor. Biden probablemente se parecería mucho a Obama. Es probable que cuatro años más de Trump sean un desastre sin posibilidad de mitigación futura.

AS: Cualquier alternativa del Partido Demócrata es mejor que Trump, es sólo que Biden es probablemente el candidato menos interesante que estuvo en la carrera y no está a la altura del desafío de llevar el país a donde necesita ir para mejorar a su gente y mejorar el mundo.

Fuente de la entrevista: https://rebelion.org/escepticismo-entre-un-sistema-de-salud-colapsado-y-las-proximas-elecciones-en-ee-uu/

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