Vida cotidiana reimaginada

Por: Dinorah García Romero 

El proceso de reimaginar la vida cotidiana requiere, además, una reflexión permanente de la interrelación entre la vida y la muerte.

Desde marzo de 2020 hasta la fecha, la vida cotidiana de los dominicanos y de muchos países del mundo ha experimentado un giro significativo. Cada día se producen hechos que requieren respuesta efectiva, a tiempo y en consonancia con la realidad generada por la pandemia global.  Pero cuando la situación problemática se prolonga en el tiempo, se  institucionalizan  rutinas diferentes que exigen un comportamiento distinto también; afloran nuevos desafíos y emergen nuevas respuestas. Si auscultamos la vida cotidiana propia y observamos con atención la de los demás, vamos a encontrar similitudes y rasgos específicos que dan cuenta del talante elegido para vivir en esta época especial. Se constata, además, la resistencia del ser humano a desprenderse de las rutinas anteriores. Se buscan todos los medios para volver a lo anterior, porque era mejor. Casi siempre, pensamos que lo de ayer es mejor que lo de hoy y con lo que se puede resolver cualquier situación difícil. Se advierte una debilidad acentuada en el ser humano para acoger sin miedo las novedades que va presentando la vida. La inseguridad nos lleva a repetir las prácticas a las que estamos habituados. Tendemos a desarrollar una adaptación acrítica, que nos envuelve y domina. Actualmente, nos movemos en una línea temporal que requiere una vida cotidiana mediada por la creatividad y la audacia para entenderla y sobrevivir. Ahora no vale la reproducción de formas de actuar en otros tiempos y espacios. Se impone la necesidad de reimaginar la vida cotidiana, de repensarla con un pensamiento flexible y emancipado.  Para ello es necesario contar con una voluntad firme y educada. Sin la intervención de la voluntad, es difícil entrar en un proceso de reinvención de la práctica en la cotidianidad. A la voluntad ha de unirse la razón. Es precisa una actuación ágil para que ambas facultades funcionen en una misma dirección. La interrelación entre la voluntad y la razón ha de posibilitar que la persona asuma, de forma consciente y responsable, los nuevos modos de ser, estar y actuar que les exigen los tiempos marcados por la pandemia.

Reimaginar la vida cotidiana hoy tiene implicaciones personales, sociopolíticas, económicas y éticas. De igual manera, comporta una reorganización de las relaciones interpersonales, laborales y sociales. Supone, además, una nueva manera de organizar y de utilizar los espacios propios y colectivos. Implica un modo diferente de entender y de asumir el trabajo; y de comprender su interdependencia de la salud personal, familiar y social. De otra parte, requiere una comprensión nueva del sentido de la distancia social, de quedarse en casa; y de gestionar las fiestas con criterios sociales y de salud. El sentido de fiesta no desaparece. Se fortalece en estos tiempos, pero demanda una organización y una gestión marcadas por el respeto al bienestar personal y colectivo. Se ha de priorizar, ante todo, la vida personal y la social. El protocolo de bioseguridad no forma parte de acciones optativas, constituye un prerrequisito ineludible. Es tiempo de recomponer el sentido común de las personas adultas y jóvenes. En una nueva cotidianidad cargada de incertidumbres e inestabilidad, el esfuerzo de reimaginarla se vuelve difícil, pero no imposible. Es una tarea y un desafío de todos. Es necesario construir ambientes cotidianos que contribuyan a valorar la vida personal y colectiva. Importa el esfuerzo de reimaginar nuevas formas de compartir, de establecer lazos solidarios, de encontrar el lado  revitalizante del día a día que nos toca enfrentar. Es una oportunidad para prevenir aburrimientos estériles y sacar a flote talentos escondidos o debilitados por la presión de volver a lo de ayer o de antes de ayer. Reimaginar la vida cotidiana es desarrollar la libertad y descongestionar el pensamiento de ataduras. Es, también, fortalecer el autogobierno de la voluntad y de la diversidad de capacidades que nos permiten avanzar en madurez y sabiduría. El proceso de reimaginar la vida cotidiana requiere, además, una reflexión permanente de la interrelación entre la vida y la muerte; la relectura sistémica de lo que sentimos, hacemos y vivimos. De ahí la necesidad de una mirada reflexivo-crítica de la realidad personal y social, que posibilite una vida cotidiana gratificante y coherente con los hechos y acontecimientos que enfrentamos diariamente.

Fuente: https://acento.com.do/opinion/vida-cotidiana-reimaginada-8954314.html

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La mujer en el escenario de la pandemia

Por: Dinorah García Romero 

La pandemia de los altos precios de los alimentos, también espolea la creatividad de las mujeres.

Hoy en el contexto internacional y local llueven los elogios y las descripciones en torno a la mujer. Forma parte de la cultura aprovechar este día para declararla como el ser más especial de la creación y, además, para subrayar sus avances y los desafíos que todavía le quedan por enfrentar. En síntesis, el día 8 es la fecha que promueve más análisis de carácter laboral, político y social en torno a la mujer. Los medios de comunicación, los gobernantes, los dirigentes políticos y los dirigentes de iglesias se explayan al máximo. No sabemos si el 50 % de las mujeres cree todo lo que se externa y divulga. La diferencia entre lo que se dice y la realidad que vive es abismal. Por ello muchas mujeres se mofan de las condecoraciones y de los poemas que se exhiben este día. Estos planteamientos no están orientados a la eliminación de referencias en torno a la mujer; pero sí plantean en el fondo y en la forma que se ha de acercar cada vez más el discurso a la realidad de las mujeres. Resultan irritantes tantos enaltecimientos ante tanta precariedad política, económica, social y religiosa.

Lo importante es que la mujer cada vez está más consciente de que puede ser objeto de instrumentalización. Tiene una convicción más clara de que se la considera como un recurso más para obtener ventajas plurales. Simultáneamente, desarrolla mayor capacidad para gestionar la compleja situación en la que se mueve, sobre todo en el escenario de la pandemia. Es un panorama que no la arredra, sino que despliega estrategias y mecanismos diversos para resolver las mil y una complicaciones de la pandemia. Sus habilidades están siendo desafiadas por la cantidad y variedad de problemas que está enfrentando. Este no es un asunto local, es también de otras esferas del mundo. La multiplicidad de esfuerzos que desarrolla es más palpable en contexto precario como el nuestro. En la República Dominicana son incontables las mujeres que están afectadas por la COVID-19. Estas, al mismo tiempo, permanecen en pie hasta donde la enfermedad les permite, y atienden a familiares. No se refugian en ellas mismas. Son mujeres resilientes, que no se amilanan. Enfrentan con gallardía las dificultades propias de la enfermedad. Trazan pautas para resistir y reconstruir el estado depresivo de muchos de los que forman parte de su familia. Pero la lucha no es solo con la enfermedad. En el caso dominicano, al abrigo de la pandemia se han desatado otras, no menos agresivas.

La pandemia de los altos precios de los alimentos, también espolea la creatividad de las mujeres. Es un aumento contrario a la ley; pero la economía salvaje que nos gobierna está por encima de la ley. Ellas convierten la vivencia diaria en una obra de arte, para sobrevivir y dejar de ser un objeto social y económico. La pandemia ha puesto al descubierto las múltiples capacidades de las mujeres para afirmarse como sujeto. Hacen sin ruido; enfrentan responsablemente obstáculos multiplicados. Muchas de estas mujeres caminan solas, no cuentan con el apoyo de un compañero. Esta realidad no las limita. Avanzan hasta casi perder las fuerzas. Se levantan y continúan erguidas como las palmeras tropicales. Refuerzan su autoestima y redescubren su vocación de seres corresponsables del desarrollo del mundo. Mamá Tingó, Minerva, Rosa Elena y otras cuyos nombres no aparecen en titulares son prototipo de trabajo incansable por una sociedad mejor. Su lucha está marcada por un aporte desinteresado a favor de la dignificación y el respeto de las mujeres. La pandemia es un escenario que les demanda mayor atención y concentración, pues cualquier descuido las convierte en las cenicientas de la COVID-19. Se mantienen y mantendrán con los ojos abiertos. Este tiempo exige de todas más fuerza interior y capacidad de decisión. El horizonte es salir de las pandemias que afrontan con nuevas fuerzas

Fuente: https://acento.com.do/opinion/la-mujer-en-el-escenario-de-la-pandemia-8920838.html

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Educación y confinamiento

Por: Dinorah García Romero

La gestión gubernamental ha sido bastante traumática. A estos rasgos hemos de agregar la pobreza que afecta a muchos dominicanos, por lo cual no pueden permanecer confinados.Viven de la informalidad y necesariamente han de salir de la casa para buscar cómo sobrevivir. En un contexto de pobreza, la discrepancia es mucho más acentuada.

La educación es un proceso que influye en todas las dimensiones que configuran al ser humano y a la sociedad. Es una ciencia con un potencial elevado para transformar a las personas y a las estructuras sociales y político-económicas. De igual manera, la carencia de educación agiliza la muerte intelectual, social y física, tanto de las personas como de la sociedad.  Con estas afirmaciones no busco deificar la educación. No. Las ciencias tienen sus límites, pero esto no impide que reconozcamos el despliegue de fuerzas que esparcen para enriquecer a los seres vivos, especialmente a los humanos. En el caso de la educación, los indicadores de transformación, cuando puede intervenir con efectividad una situación determinada, son múltiples las evidencias que se pueden registrar. Empecemos valorando el peso que tiene la educación en los países de mayor desarrollo en el mundo; y el desastre que opera en aquellos en el que la educación es un bien que no llega a todos y que, además, posee calidad escasa.

Las personas y la sociedad que se ven afectadas por la carencia de una educación de calidad, ponen en riesgo su desarrollo, su inserción orgánica en la construcción de un mundo sostenible. También ponen en alto riesgo su vida y la de las demás personas e instancias con las que interactúan. Por esto, la acción para que la educación sea un derecho para todos no puede ni debe bajar la intensidad ni la frecuencia. Si la educación es un cauce de vida personal y social, ya es insostenible pretender organizar, cambiar y desarrollar una nación al margen de ella. Los avances de Vietnam, Korea del Sur y Costa Rica han de animarnos a un cuidado más sistémico y cualificado de la educación de la población dominicana.

En la nueva época que vivimos, constatamos que en varios países de América Latina y el Caribe se observa discrepancia entre la respuesta educativa que debe dar la población ante el avance de la pandemia y los requerimientos que esta exige para superar el incremento de los contagios y la letalidad incontrolable que afecta a varios países. En la República Dominicana, un país tropical marcado por la alegría, el sentido de fiesta y el encuentro cercano entre las personas, la gestión personal y familiar de la pandemia se ha convertido en un trabajo difícil. La gestión gubernamental ha sido bastante traumática. A estos rasgos hemos de agregar la pobreza que afecta a muchos dominicanos, por lo cual no pueden permanecer confinados.Viven de la informalidad y necesariamente han de salir de la casa para buscar cómo sobrevivir. En un contexto de pobreza, la discrepancia es mucho más acentuada. El problema se vuelve más agudo por los errores de las políticas del Ministerio de Salud Pública y de la campaña electoral en tiempos de COVI-19. Todos estos aspectos son factores causales del desorden con el que se ha manejado la política global vinculada a la pandemia que nos vuelven a colocar a la puerta de un nuevo confinamiento más prolongado y más complejo. El confinamiento que nos espera nuevamente es necesario, pero nos interpela a todos, particularmente a los que trabajamos en los procesos de formación y aprendizaje de las personas y de las instituciones. Es necesario que busquemos formas alternativas que le ayude a comprender a la población que el autocuidado y el cuidado de los otros son aspectos prioritarios. Hemos de reimaginar las metodologías y los procedimientos para ayudar a las personas a que retomen la importancia de la responsabilidad y, de forma especial, a que inicien, aunque sea tarde, la educación de la razón y de la voluntad.

Educación y confinamiento son dos ejes que vertebran nuestra existencia en este período y hemos de hacer todo lo posible para que la interrelación sea equilibrante y potenciadora de las personas y de la colectividad. La educación crítica es una necesidad en todos los sectores y en todas las zonas del país. Trabajemos con más empeño para que la población del país avance hacia una actuación razonada, hacia una voluntad educada y hacia un compromiso serio consigo y con la nación

Fuente: https://acento.com.do/opinion/educacion-y-confinamiento-8840790.html

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En Argentina, el 51,7% de los universitarios estudian y trabajan al mismo tiempo

América del Sur/Argentina/22-09-2019/www.diariodecuyo.com.ar

Surge de una encuesta a 13 mil alumnos y entre ellos, el 73,1% afirma que trabaja por una «necesidad económica».

La rutina diaria de Santiago Cassain (23) hoy se divide en dos partes. Por las mañanas, entre las 8 y las 13, trabaja en la empresa de biotecnología Biosidus. Come algo rápido y sale para Ciudad Universitaria, donde está completando la tesis para recibirse de licenciado en Biotecnología por la UADE. Allí se queda hasta las 18. Cuenta que empezó a trabajar y estudiar al mismo tiempo en tercer año de la carrera, en otra empresa. Y que “no siente” que el trabajo haya pesado sobre su carrera, sino que lo ayudó a organizarse para poder aprovechar mejor el tiempo.

Santiago está entre el 51,7% de los jóvenes universitarios argentinos que estudian y trabajan al mismo tiempo y -entre ellos- en el selecto grupo del 36,7% que consiguió un puesto de trabajo vinculado a su carrera. Al resto les cuesta conseguir ocupación, y más aún en algo afín a lo que estudiaron.

Este sábado fue el Día del Estudiante y una buena forma de conmemorarlo es observar la relación que tienen con el mundo laboral, y más precisamente con el empleo de calidad, ese objetivo tan deseado pero difícil de lograr para los jóvenes argentinos, según se desprende de los últimos informes sobre empleo que publica el Indec.

Una investigación realizada por el portal de empleos Bumeran a más de 13 mil personas muestra que seis de cada diez jóvenes universitarios en el país no trabajan de lo que estudian, y la mayoría de los que estudian y trabajan (el 73,1%) lo hace por necesidad económica. El 24,3%, por su parte, lo hace para “aprender y sumar experiencia”.

“Hoy, nuestros estudiantes necesitan trabajar y buscan empleo en cualquier lado. Ante la oferta de trabajo se enganchan en lo que pueden. La prioridad de ellos es terminar la carrera y después eligen más en qué trabajan”, dijo a Clarín Daniel Martínez, rector de la Universidad Nacional de La Matanza. En esa universidad del Conurbano bonaerense, el 80% de los estudiantes trabajan.

Con respecto a los que trabajan en lo que estudian, Martínez afirma que en cada carrera de la universidad es distinto. “En algunas, trabajar y estudiar puede ser positivo, porque el trabajo agrega a la formación. Pero en otras carreras más demandadas, como las ingenierías, es muy común que los estudiantes consigan buenos puestos de trabajo y abandonen los estudios. Y eso, a largo plazo, termina siendo negativo para el estudiante”. En la encuesta de Bumeran, el 58,4% admitió que se retrasó en su carrera luego de empezar a trabajar.

En la universidad UADE, que tiene 28 mil estudiantes, el 60% trabaja, y en el turno noche la cifra sube al 83%. Diego Dalman, de Relaciones con Empresas, dice que las carreras más demandadas son las tecnológicas, administración, contabilidad y turismo.

La Universidad Austral, en tanto, tiene 4.000 alumnos. María Manson, del departamento de graduados y desarrollo profesional, dice que la mayoría empieza a trabajar en el último año, y los más pedidos son los de ingeniería industrial e informática, abogacía y la licenciatura de enfermería.

Para Javier Lindenboim, economista de la UBA y director del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (Ceped), “en los últimos 4 años el mercado de trabajo se deterioró. Hay más puestos de trabajo pero la composición es deficitaria: se produjo más empleo salarial desprotegido y empleo no asalariado y menos puestos de trabajo protegido. Visto de otro modo, hubo creación neta de trabajo pero de calidad deficitaria”. Y esto afecta más a los jóvenes.

“Las estadísticas de empleo que se difundieron esta semana, que son del segundo trimestre del año, muestran que aumentó el porcentaje de desempleo con respecto al año pasado pero también la tasa de empleo. Hoy en la Argentina hay más gente que quiere entrar al mercado de trabajo pero no hay lugar para todos”, afirma.

Fuente e imagen: https://www.diariodecuyo.com.ar/argentina/En-Argentina-el-517-de-los-universitarios-estudian-y-trabajan-al-mismo-tiempo-20190920-0085.html

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