El planeta necesita indígenas para guardar sus tierras

Por: Manipadma Jena/Ecoportal

La preservación de las culturas indígenas, sus conocimientos tradicionales y la gestión sostenible de sus recursos, aun ayudándolos a acceder, a elegir y a priorizar las vías de desarrollo para que no queden rezagados, ha sido un desafío para los gobiernos de todo el mundo.

El maestro Ramakrushna Bhadra tenía un desafío enorme en la escuela primaria rural Hatrasulganj Santhal, en el oriental estado indio de Bengala Occidental, hasta que decidió aprender la lengua indígena.

“Al mostrarle la fotografía de un cuervo en un libro, entono ‘kaak’, en bengalí, la lengua estadual. Muchos repiten a coro la palabra, pero los santhalis de primer grado quedan con la mirada perdida. Solo lo conocen por ‘koyo’”, relató Bhadra.

“Con gusto lanzan las canicas para contar, pero si les preguntas cuánto contaron, se quedan callados porque en su lengua materna, uno es ‘mit’ y dos es ‘bariah’, muy distinto del bengalí, ‘ek’ y ‘du’”, añadió.

Para la comunidad santhal, la mayor de Bengala Occidental, el bengalí es una lengua extranjera; por eso al comenzar la escuela, los nuevos alumnos no aprenden nada, pierden interés y abandonan para ir con sus padres en la migración estacional. Eso genera un analfabetismo que no hace más que perpetuar el ciclo de pobreza.

India aprobó una ley que declara que la educación es un derecho constitucional de todos los niños y niñas de seis a 14 años. La norma también procura reducir el abandono escolar de las minorías étnicas, dispone la enseñanza en su lengua materna en primaria y crea escuelas residenciales gratuitas en áreas tribales, como le dicen a los indígenas en este país.

Con una población de 8.000 personas y solo tres por ciento de mujeres alfabetizadas, la comunidad dongria kondh, en el vecino estado de Odisha, cuenta con una escuela residencial gratuita solo para niñas en el distrito de Rayagada, creada por el gobierno en 2008.

La inscripción y la retención de las niñas requiere de un esfuerzo continuo, pero las más grandes, que hace años que están escolarizadas, se alejan de sus raíces y se avergüenzan de sus peinados y atuendos tradicionales únicos.

De los 370 millones de indígenas que hay en 70 países, India concentra 700 grupos étnicos distintos, unas 104 millones de personas.

Para ello es fundamental, y lo más cercano a una solución, concederles derechos consuetudinarios a la tierra, así como a los recursos que se encuentran en ella.

Los recursos y los territorios ancestrales tienen una importancia fundamental para su estilo de vida, su sustento, su cultura y su religión y, de hecho, para su supervivencia física y cultural colectiva como comunidad.

El gobierno tiene varios programas específicos para las comunidades indígenas en materia de educación, medios para ganarse la vida, cuotas educativas y laborales, así como un presupuesto enorme para la seguridad alimentaria, cuyo objetivo es reducir la visible brecha económica entre ellas y el resto de la población.

“La mala implementación de los programas existentes en las regiones tribales hace que no solo la pobreza siga excepcionalmente alta en esa regiones, sino que su disminución ha sido mucho más lenta que en todo el país”, según el informe nacional de la Comisión de Planificación, ahora llamada Niti Aayog.

La discriminación, la apatía oficial y la falta de sensibilidad a los estilos de vida tribales, además de la corrupción generalizada, la falta de justicia y respeto por la dignidad humana y la marginación política fortalecieron el extremismo en varias regiones tribales de India.

En este país, la mayoría de los pueblos indígenas viven en la selva profunda que encima de ricos depósitos de hierro, bauxita, cromita, carbón y otros minerales, muy codiciados por el gobierno y las mineras.

Foto: Uno de los pueblos con menor contacto con el mundo exterior, la comunidad bonda, forma parte del corredor Rojo, donde están activos los insurgentes de extrema izquierda y donde los planes del gobierno en materia de educación, salud y saneamiento han tenido muy poco impacto. Crédito: Manipadma Jena/IPS.

La Constitución de India preserva el derecho al autogobierno y a la autonomía a los indígenas sobre sus territorios. Incluso, el consejo de aldea tiene la última palabra en las decisiones, aun por encima de la del gobierno en lo que respecta al uso de los recursos, en especial en el marco de la Ley de Derechos Forestales, de 2006, y de la Ley de Compensación Justa y Transparencia en la Adquisición de Tierras, Rehabilitación y Reasentamiento, de 2013.

Pero el poder de la aldea se ve subvertido cada tanto por las empresas y las agencias gubernamentales, concluyeron numerosos estudios.

La falta de reconocimiento y de protección de los derechos a la tierra y los recursos naturales, en especial la selva, es una de las principales causas de conflictos y del malestar que perturban a la mayoría de los proyectos de infraestructura, lo que con el tiempo lleva a la interrupción de proyectos y a la pérdida de miles de millones de dólares.

Los grupos étnicos se volvieron en cierta forma más conscientes, pero además la Corte Suprema de India sigue de cerca el respeto de sus derechos a la tierra y a la selva. Eso marcó una diferencia enorme en la última década. El asunto ha estado en el tapete porque las organizaciones de la sociedad civil, tanto locales como internacionales, mantienen las protestas y el debate abierto.

Hasta el censo de 2011, más de la mitad de la población indígena de India se había ido a vivir a las ciudades, en un entorno totalmente distinto a su estilo de vida, más en contacto con la naturaleza. Las principales causas de la migración han sido la pobreza, los desplazamientos derivados de proyectos de infraestructura y la pérdida de su sustento al no tener acceso a la tierra y a las selvas.

En la aldea de Kadaraguma, en lo alto de las colinas de Rayagada, Kone Wadaka, de 66 años, busca una heredera para pasarle su rico conocimiento sobre plantas medicinales. Ella heredó de su padre, un curandero del clan dongria kondh, el conocimiento oral que pasó de generación en generación.

De adolescente, Wadaka acompañaba a su padre durante días y aprendió a identificar hojas y raíces para evitar la concepción, aliviar ataques y convulsiones, curar heridas y calmar el dolor. Y ya de joven quiso tomar la posta del conocimiento familiar.

Como la selva está cada vez más lejos de la aldea y se talan los árboles para dar lugar a plantaciones comerciales de madera, Wadaka teme que de no encontrar pronto una heredera adecuada, el invalorable conocimiento muera con ella. Le apena que su pueblo pierda algo que le perteneció durante generaciones.

La Agenda 2030 de desarrollo sostenible, cuyos objetivos clave siguen siendo construir sociedades inclusivas, buscar el empoderamiento de los pueblos indígenas garantizando sus derechos a la tierra, a la igualdad de educación y de capacitación, duplicar los ingresos y la productividad de los pequeños emprendimientos agrícolas e impulsar a los Estados para que incluyan a los líderes indígenas en las subsiguientes revisiones del progreso del país.

Fuente: https://www.ecoportal.net/temas-especiales/planeta-necesita-indigenas-guardar-tierras/

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España: “¿Cómo vamos a tener una sociedad inclusiva si no tenemos educación inclusiva?”

Por: Eduardo Azumendi

Los profesionales lamentan que en el sistema educativo se está funcionando con normativas del siglo pasado para necesidades de este siglo en cuanto a la integración de niños con discapacidad

“Hoy en día, todavía persiste la idea de que la respuesta a los niños y niñas con patologías mentales debe hacerse en el aula. La respuesta hay que darla en el centro porque el aula en sí es un concepto restrictivo”

En la década de los 80 se sucedieron una serie de cambios y movimientos sociales importantes que ayudaron a impulsar el surgimiento de la escuela y la sociedad inclusiva. “Antes, la integración de los niños con discapacidad no existía”, según Juan Antonio Tejero, responsable de Berritzegune Nagusia Bilbao. Sin embargo, con el paso de los años ningún gobierno ha sido capaz de actualizar a 2016 las nuevas  necesidades de integración en la escuela de los niños con discapacidad. Eso es lo que cree Tejero.

Los berritzegunes son servicios de apoyo para la innovación y mejora de la educación en los niveles de enseñanza no universitaria. Estos centros, pertenecientes al Departamento de Educación del Gobierno vasco, tienen entre sus misiones posibilitar esa integración en las mejores condiciones. Tejero, quien ha participado en un taller de los cursos de verano de la Universidad del País Vasco sobre la educación inclusiva sostiene que “a los problemas globales, la administración da respuestas puntuales y en el ámbito de la educación nos estamos acostumbrando cada vez más a que cada problema tenga una solución puntual que no asume el claustro educativo”.

En 1982 se aprobó el Plan de Educación del País Vasco en el que se adoptó el concepto de aulas de educación especial, en las que “los niños estaban incluidos en aulas de los centros, pero estaban cerradas. Por esta razón, coloquialmente se les llamaba ‘aulas cerradas’. El 7 de octubre de 1982, como consecuencia de la presión de un movimiento colaborativo compuesto por asociaciones de padres, personal sanitario, educativo e, incluso político, se aprobó en el País Vasco una norma sobre educación especial que tenía como objetivo dar respuesta a nuevas necesidades.

Sin embargo, actualmente “existe un gran problema ya que se mantienen las estructuras de la década de los 80 en 2016, lo que significa que no se posibilita la capacidad de adaptarse a los cambios”.

De forma paralela, “el sistema sanitario y el educativo han ido reproduciendo los mismos problemas”. Algunas patologías como el Síndrome de Down están más incluidas en las aulas porque “causan menos problemas”, pero otras como el TDAH (déficit de atención con o sin hiperactividad) presentan más dificultades para la inclusión. “Hemos ido integrando esas patologías, pero están surgiendo otras diferentes que el sistema educativo intenta resolver derivando al ámbito sanitario”.

Desde la década de los 90 al año 2000 se produjo un cambio “socialmente interesante” ya que la educación se hizo obligatoria hasta los 16 años después de la aprobación de la LOGSE en 1992. “Esos dos años supusieron un gran avance social y espero leer algún día que la educación obligatoria se amplía hasta los 18 años”.

Teniendo en cuenta todas estas cuestiones, Tejero cree que se impone una reflexión sobre la forma de solucionar los conflictos. “A los problemas globales, la administración da respuestas puntuales y en el ámbito de la educación nos estamos acostumbrando cada vez más a que cada problema tenga una solución puntual que no asume el claustro educativo”.

“Estamos acotando nuestra zona de confort”. Se crea, por tanto, un gran problema para la administración ya que va creando figuras determinadas. Desde que en 1998 el Departamento de Educación aprobara una nueva normativa, no se han efectuado reformas. “No ha habido ningún gobierno que se haya puesto de acuerdo para cambiar o actualizar a las necesidades de 2016. Por ejemplo, hoy en día todavía persiste la idea de que la respuesta a los niños y niñas con patologías mentales debe hacerse en el aula. La respuesta hay que darla en el centro porque el aula en sí es un concepto restrictivo”.

Sin cambios

La ampliación de la duración de la etapa escolar obligatoria supuso un avance importante pero “de 2001 a 2016 no ha habido ningún cambio ni ninguna dinámica clara del Departamento de Educación. Ahora cambiamos sólo la terminología”.

Las necesidades han hecho que surjan algunos proyectos que pretender dar solución a estos nuevos retos. Por ejemplo, en 2007 nacieron los Centros Territoriales para la Atención Educativa, Hospitalaria, Domiciliaria y Terapéutico-Educativa cuya finalidad es  “ofrecer apoyo educativo y terapéutico al alumnado si no puede asistir de manera habitual a su centro escolar por prescripción facultativa”. Aun así “estamos funcionando con normativas del siglo pasado para necesidades de este siglo”.

Según Tejero, “la normativa de la administración encorseta para dar seguridad a la propia administración. Intentamos protocolarizar todo, lo que tiene un lado positivo, al aportar seguridad, pero, a su vez, nos deja absolutamente vendidos. Estamos hablando de sociedad incluyente pero, como va a un ritmo muy pausado igual hay que saltarse los protocolos para que sea de verdad incluyente”.

“Estamos en una sociedad cambiante”, añade, “y si no tenemos la capacidad de adaptarnos no sobreviviremos. Un sistema inclusivo debe hacer que el alumno o paciente sienta respeto por la persona que tiene delante. En la educación inclusiva no tenemos un plan amplio, sino muchos protocolos. ¿Cómo vamos a tener una sociedad inclusiva si no tenemos educación inclusiva? Hay que dar respuestas globales a problemas individuales”.

Fuente: http://www.eldiario.es/norte/euskadi/vamos-tener-sociedad-inclusiva-educacion_0_563444530.html

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Ahí, todos importan

Por Blanca Heredia

Hace unos días compartía con una colega extraordinaria que a unos familiares míos en Washington DC se les había perdido su perro y habían logrado encontrarlo el mismo día. Ello había sido posible, le comentaba, gracias a sistemas de información públicos, funcionales y accesibles para todos, y a una red de refugios para perros perdidos súper eficiente. En suma, a una colectividad fuerte que funciona para todos.

Mi colega escuchó mi anécdota con atención y comentó: “claro, es que ahí (Washington DC), todos importan”. Su comentario y, más concretamente, la frase precisa que usó para darle sentido a los hechos que yo le relataba, me cimbró.

En efecto, en los países desarrollados, esos cuya civilidad, eficiencia, riqueza y limpieza, las élites mexicanas admiran y en las que todos quisiéramos vivir (si no tuviera costo) “todos importan”, los que tienen y los que no. La frase de mi colega me cimbró, pues puso el dedo en la llaga. Antes de los “derechos iguales para todos”, antes y por debajo de la posibilidad de derechos y obligaciones iguales para todos hace falta una condición sine qua non. Esa condición tiene, centralmente, que ver con qué tanto nos importan los otros. Es decir, con qué tanto todos, independientemente de su color de piel, de su nivel de escolaridad, ingreso y de si emplean el término “maleta” o “veliz” para referirse al mismo objeto material, nos parecen y son tratados (no sólo por las autoridades, sino y fundamentalmente, por los otros miembros de la colectividad de la que se trate) como igualmente importantes. Es decir, como igualmente humanos y, en ese sentido, igualmente merecedores de respeto, empatía básica y consideración elemental.

Vivimos en un país en el que no todos “importan”. En México sólo “importan” y sólo han importado históricamente un puñado de personas.

A lo largo del tiempo, los más son y han sido siempre vistos y tratados por los menos que sí importan y se importan entre sí como bultos anónimos cuya misión consiste en servir y obedecer a los poquitos “importantes”. Minorías “importantes” no, necesariamente, porque lo merezcan, sino, con excesiva frecuencia, porque tuvieron la fortuna de nacer en el lugar y en el sitio correctos o, bien, porque, viniendo de “abajo” o de la capita delgadita de “en medio” fueron suficientemente hábiles para dominar los usos y costumbres de la sociedad del privilegio para hacerse de un espacio en los palcos de arriba de esta sociedad salvajemente injusta.

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¿A quién, entre los que “importan” en la sociedad mexicana, le importa que a “Julia” o “Juan” (no recordamos ni importa demasiado su apellido, su singularidad, el que sea una persona concreta con aspiraciones y sentimientos propios y valiosos) se le muera un hijo o una madre? ¿A quién le importa que esas “Julias” o esos “Juanes” tengan que dedicar horas interminables en trasladarse de su casa al trabajo? O que no les alcance para pagar la inscripción que, ilegalmente, les exigen los directivos de las escuelas públicas, supuestamente gratuitas para inscribir a sus hijos en los planteles. A muy pocos.

Quizá a una patrona o patrón mínimamente decente. Desde luego, no a la mayoría de personas que los emplean o a las autoridades a las que se les paga (con recursos producto del trabajo de todos) para hacerse cargo de proveerles servicios públicos básicos, tales como salud, educación y justicia.

¿Por qué no importan los más en México? ¿Por qué nunca han importado demasiado y la única manera que tienen y han tenido para hacerse escuchar es que unos líderes abusados aglutinen su voz, y los usen para parar carreteras o para afectar de muy diversas formas los derechos de terceros que ni la deben ni la temen en relación al agravio concreto reclamado?

Una primera respuesta posible es que no importan ni han importado porque los que sí importan han hecho hasta lo imposible para perpetuar ese estado de cosas.

Entre otras: cooptar a sus líderes, repartirles (siempre discrecionalmente para no generar costumbre ni derechos adquiridos) algunas migajas del pastel, reprimirlos cuando no quedaba de otra o, bien, como ha sido el caso crecientemente, cuando la putrefacción de las “fuerzas del orden” ya no da ni para armar un operativo correcto cuando hace falta.

Si no transitamos como colectividad a una situación en la que tenga sentido plantearnos lograr el que todos importemos, seguiremos atrapados en la violencia cotidiana, en la desigualdad salvaje y en la triste medianía.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/ahi-todos-importan/

 

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