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Chile: Microsoft Chile y Universidad Andrés Bello formarán a profesionales en habilidades digitales para los negocios

Microsoft Chile y Universidad Andrés Bello formarán a profesionales en habilidades digitales para los negocios

Vivimos en un mundo que cada día transita a pasos agigantados hacia la transformación digital, el que demanda profesionales altamente capacitados para afrontar con éxito los nuevos desafíos.

Sin embargo, es frecuente pensar que la digitalización depende únicamente de la tecnología y esto es solo una parte de la ecuación. Para tener una visión holística e integral de esta transformación, es necesario sumar otros factores como son las personas, organizaciones, procesos y estrategia de negocio.

Por lo mismo, Microsoft Chile, en alianza con la Universidad Andrés Bello (UNAB), formarán a las nuevas generaciones de profesionales para afrontar con éxito los cambios tecnológicos que se están produciendo en industrias de todo tipo a través del Diplomado en Transformación Digital para los Negocios.

La planificación de este programa, que se imparte en la Facultad de Economía y Negocios UNAB, se presenta en un escenario de gran cambio en las empresas, lo cual impulsa a las personas a adquirir nuevas habilidades digitales, contribuyendo en la generación de nuevas oportunidades e innovación.

Así, el propósito de esta especialización es dotarlos con herramientas, habilidades y destrezas que les permitan a los profesionales líderes del cambio empoderarse con conocimientos reales de la industria 4.0, las soluciones disponibles y también atreverse a ampliar su visión estratégica para lograrlo.

De esta forma, al finalizar su capacitación, cada profesional será capaz de detectar oportunidades, liderar con propiedad los procesos de transformación digital dentro de las organizaciones, independiente de la dimensión y sector productivo. También podrá desarrollar modelos, gestionando una serie de habilidades tecnológicas y las implicancias de privacidad, seguridad, ética, y marco regulatorio.

https://twitter.com/MSFTChile/status/1409932864297345027?ref_src=twsrc%5Egoogle%7Ctwcamp%5Eserp%7Ctwgr%5Etweet

Este tipo de iniciativas es parte de los pilares del Plan Transforma Chile, anunciado en diciembre pasado por Microsoft Chile. Para la compañía, el acceso extendido a las habilidades tecnológicas es un importante paso para acelerar la recuperación económica, el desarrollo personal y encontrar un empleo de calidad, una manera de generar más oportunidades para todos los chilenos. De hecho, según estadísticas de Microsoft basadas en datos de LinkedIn, para 2050 se generarán 792 mil puestos de trabajo adicionales en el país en áreas relacionadas al desarrollo de software, análisis de datos, administración TI, Inteligencia Artificial, nube y ciberseguridad, entre otros.

La planificación de este programa desarrollado en conjunto con UNAB se presenta en un escenario de gran cambio en las empresas. Esto impulsa a las personas a adquirir nuevas habilidades digitales, ya que la recapacitación es una de las claves para que la Inteligencia Artificial contribuya a generar más oportunidades.

Para conocer más sobre esta iniciativa, los invitamos a revisar el sitio web aquí.

 

Fuente de la Información: https://virtualeduca.org/mediacenter/microsoft-chile-y-universidad-andres-bello-formaran-a-profesionales-en-habilidades-digitales-para-los-negocios/

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OEI: La brecha entre formación y trabajo lastra la competitividad en Iberoamérica

La brecha entre formación y trabajo lastra la competitividad en Iberoamérica

Consta así en el informe “Educación superior, competitividad y productividad en Iberoamérica”, de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), presentado en la Casa de América de Madrid.

Existe una brecha en Iberoamérica entre lo que demanda el mercado laboral y la formación que ofrece el sistema universitario, lo que redunda, junto a una productividad baja, en el “rezago competitivo” que presenta la región en comparación con el conjunto de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Consta así en el informe “Educación superior, competitividad y productividad en Iberoamérica”, de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), presentado en la Casa de América de Madrid.

Según el estudio, en América Latina la productividad ha disminuido en los últimos 50 años y es baja en todos los sectores.

El problema está en cuestiones como la debilidad institucional del entorno productivo, la alta informalidad del mercado de trabajo, que en toda la región afecta a alrededor del 50% de los empleados, y el desempleo juvenil, incrementado por la irrupción de la pandemia del COVID-19, déficits que lastran la productividad de la región.

El secretario general de la OEI, el español Mariano Jabonero, destacó en la presentación del estudio el crecimiento del número de universitarios en Iberoamérica, donde hay 32 millones de estudiantes, de los que el 70% son los primeros de su familia en acceder a la universidad.

Sin embargo, lamentó que estos buenos datos no logren revertir la tendencia que sitúa desde 1960 a América Latina, junto con el África Subsahariana, como las regiones que registran un crecimiento negativo de la productividad total.

Hay que poner el foco en la pertinencia de los programas de estudios y la capacidad de las universidades para responder con rapidez a los retos de formación y las competencias requeridas realmente por el mercado laboral”, afirmó Jabonero.

Según el máximo responsable de la OEI, “es el momento de hacer frente al déficit histórico expuesto en materia de productividad, cuyos efectos negativos se han exacerbado con la pandemia del COVID-19, que puede ser una oportunidad para hacer frente al reto de la productividad, y hacerlo desde la educación, el recurso más estratégico y sostenible”.

Transformación digital

Por su parte, el secretario general de la OCDE, el mexicano Ángel Gurría, señaló que “la productividad de Iberoamérica está estancada, puesto que solo representa 38% de la productividad promedio de la OCDE”.

Para superarlo, Gurría defendió aprovechar la transformación digital, mejorando el acceso a las nuevas tecnologías y fortaleciendo el impulso de habilidades digitales, e involucrar a todo el sistema de educación superior, que debe “fomentar el espíritu empresarial de los jóvenes”.

Nuestros jóvenes deben dejar de ser las principales víctimas de la pandemia y convertirse en los principales reconstructores de Iberoamérica”, que debe ser “resiliente, incluyente, sostenible, unida y fuerte”, aseguró.

La ministra española de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, destacó que debe prestarse atención a la formación del profesorado, la regulación y el fomento de la formación profesional dual (en centros de enseñanza y de trabajo), los doctorados industriales y el impulso de la cooperación público-privada.

Según la canciller, este trabajo, “si alguna vez fue necesario, hoy, con la crisis y con la necesidad de reinventar nuestras economías se hace imprescindible”.

El informe fue elaborado por el Instituto Iberoamericano para la Educación y la Productividad, dependiente de la OEI, bajo la dirección de Germán Ríos, director del Observatorio de América Latina del Instituto de Empresa, y Victoria Galán-Muros, directora ejecutiva de Innovative Futures Institute, que reclama una “acción coordinada” entre universidades, gobiernos e industria para “cerrar la brecha de competitividad”.

También hoy, la OEI y la OCDE firmaron un acuerdo para que ambas organizaciones colaboren en el Instituto Iberoamérica de Educación y Productividad de la OEI, en el cual la OCDE participará como organismo integrante de su consejo rector.

 

Fuente de la Información: https://gestion.pe/economia/management-empleo/la-brecha-entre-formacion-y-trabajo-lastra-la-competitividad-en-iberoamerica-noticia/

 

 

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Las 7 tendencias educativas para la nueva era

Por: Xavier Mas García

Desde el acceso masivo a internet a mediados de los años 90, la llamada transformación digital ha modificado significativamente todos los ámbitos de actividad humana.

Es así como la compra del último CD de nuestra banda de rock favorita o la descarga de los Hits del 2020 de una tienda online han dado paso a Spotify, o la saga Star Trek habita en los catálogos de Netflix y Prime Video o cómo –en un futuro no muy lejano– veremos transformarse las grandes industrias automovilísticas europeas y asiáticas en operadoras digitales gestionando la movilidad de millones de personas a través de una app y una flota de automóviles eléctricos sin conductor.

Mientras el mundo gira a una velocidad que escapa a nuestra capacidad de predicción, la educación parece tomárselo con más tranquilidad –por lo menos hasta el momento–, resguardada de los vientos de la digitalización. De hecho, pese a las incontables experiencias de innovación pedagógica llevadas a cabo por docentes y expertos educativos, mayoritariamente seguimos formando a nuestro alumnado de la misma manera que décadas atrás.

La crisis desencadenada por la Covid-19 ha sumergido al ecosistema educativo –escuelas y universidades, centros de formación, profesorado, alumnado, familias, investigadores, administración pública, empleadores y demás agentes– en una situación de excepcionalidad e incertidumbre que parece no tener fin. Con la llegada de la primera ola de la pandemia (marzo de 2020), de la noche a la mañana la red se convirtió en un auténtico bazar de herramientas, recursos de aprendizaje, experiencias y consejos de cientos de opinadores sobre tecnología educativa y aprendizaje en línea.

La segunda ola (octubre de 2020) está siendo distinta. Ahora el nuevo foco es cómo adaptar las instituciones educativas a las normativas impuestas por la emergencia sanitaria y repensar los modelos formativos para que se adapten a un escenario social y tecnológico distinto del actual. Empezamos a preguntarnos sobre el mañana.

Prácticas obsoletas frente a nuevos modelos

La evolución del ecosistema educativo a partir de esta crisis es poco previsible. Nuevos factores y retos entran en juego alterando las condiciones del entorno, estresando a sus agentes y creando nuevos nichos para ser ocupados. Algunas de las tendencias del aprendizaje previstas para el siglo XXI van a quedar obsoletas. Otras, en cambio, se verán potenciadas y se convertirán en los cimientos y materiales de construcción de nuevos modelos y prácticas educativas.

Veamos una selección con siete tendencias representativas. Son la síntesis de un análisis de distintos informes y aportaciones de expertos educativos hecho antes de la pandemia. Ahora son una invitación para preguntarnos cuáles de ellas se verán potenciadas, cuáles perderán su relevancia y cuáles formarán parte del nuevo ecosistema educativo en la era poscovid-19:

  1. Informalización del aprendizaje. Incremento del aprendizaje informal potenciado por la red y la tecnología digital. Tiene relación con el llamado aprendizaje a lo ancho de la vida referido a la interconexión de aprendizajes adquiridos en diferentes ámbitos (profesional, social, académico, lúdico, etc.). Con formas de crear y distribuir el conocimiento distintas de las del aprendizaje formal, penetra en la actividad formativa de los entornos académicos.
  2. Educación permanente. Actividad formativa a lo largo de todo el ciclo de vida de una persona. Tiene lugar tanto en ámbitos formales como informales y en contextos diferentes (laboral, académico, doméstico, etc.). La capacidad de las personas para diseñar su trayectoria formativa a lo largo de la vida y disponer de habilidades superiores para aprender en contextos digitales se considera un aspecto fundamental.
  3. Aprendizaje autodirigido. La personalización del aprendizaje es uno de los mantras más recitados por los responsables docentes y gestores formativos. Sin embargo, la verdadera personalización debe estar orientada a empoderar y capacitar a las personas para tomar sus propias decisiones con relación a su proceso formativo para aprovechar las incontables oportunidades de aprendizaje que ofrecen la red y el ecosistema educativo. En un contexto de formación a lo largo de la vida, con una tendencia creciente hacia la informalización, la capacidad de dirigir y gestionar el propio aprendizaje es crucial.
  4. Aprendizaje social. El aprendizaje social está en la base de teorías y movimientos de renovación pedagógica anteriores a la red y en numerosos enfoques y pedagogías emergentes actuales como el Aula invertida, el movimiento maker o el Pensamiento de diseño. La proliferación en los ámbitos profesionales y domésticos de aplicaciones y herramientas de computación en la nube, de comunicación o de gestión de proyectos contribuyen a la realización de experiencias educativas de corte socioconstructivista basadas en la colaboración.
  5. Deslocalización. Como ocurre con otras actividades, el aprendizaje ya no puede estar referenciado por coordenadas espacio-temporales. La conexión permanente y las aplicaciones de computación en la nube que ofrecen los dispositivos móviles permiten aprender en cualquier momento y lugar, disfrutando de las máximas prestaciones en cuanto a acceso a la información, a la comunicación y a la productividad.
  6. Automatización. Los avances en inteligencia artificial (IA) empiezan a esbozar escenarios educativos con bots y asistentes virtuales desempeñando diferentes papeles en los procesos académicos y formativos. Asimismo, la confluencia de la Analítica del aprendizaje con los algoritmos de inteligencia artificial ponen al alcance de docentes e instituciones educativas la posibilidad de personalizar el aprendizaje, diseñando de forma dinámica contenidos y actividades a medida.
  7. Liberalización de la acreditación. La irrupción de la tecnología de cadena de bloques en el ecosistema educativo abre la posibilidad de tener sistemas alternativos de reconocimiento y acreditación de competencias, habilidades y experiencias formativas sin necesidad de disponer de archivos centralizados en instituciones determinadas. Aprendizajes adquiridos en espacios informales o destrezas desarrolladas en entornos corporativos pueden ser acreditados de forma fiable, permanente y detallada.

Solo queda esperar y tratar de propiciar un cambio en la educación aprovechando el momento que estamos viviendo. Inclinarse más por una u otra tendencia no es lo importante. Lo realmente significativo es dejar atrás los planteamientos que hayan quedado obsoletos.

Fuente: https://theconversation.com/las-7-tendencias-educativas-para-la-nueva-era-149489

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‘Apps’ educativas para rediseñar la educación del futuro

Por: Nacho Meneses

La tecnología educativa, o ‘EdTech’, crece significativamente durante la pandemia y acelera la transformación digital de los centros educativos en todo el mundo

La nueva realidad social que ha traído la pandemia ha afectado a todos los ámbitos de nuestra vida, cambiando la forma en que nos comunicamos, cómo nos relacionamos y, por supuesto, la manera en que enseñamos y aprendemos, ya sea dentro o fuera del aula. Escuelas y universidades regresan a una actividad que aspira a mantener una cierta normalidad, y lo hacen girando hacia un modelo digital que pueda dar respuesta a las cambiantes necesidades de los docentes, los alumnos y sus familias. Un contexto en plena transformación en el que destacan soluciones como Google Classroom, recursos audiovisuales como Zoom o YouTube y numerosas aplicaciones educativas, cuyo uso, a nivel global, creció un 105 % solo durante el pasado mes de marzo.

A juzgar por los números, el desarrollo de las tecnologías educativas (o EdTech) será clave en los próximos años, ya que apenas el 2 % de la educación global está hoy digitalizada. Un mercado que en España es aún muy joven y que AEFOL, la empresa que organiza cada año Expoelearning junto a IFEMA, cifra en torno a los 1.000 millones de euros. A nivel global, tiene un valor de algo más de 65.000 millones de euros, y se cree que, para 2027, puede superar los 243.000, según un reciente estudio de Grand View Research. Statista, por su parte, considera que solo el gasto en realidad virtual y aumentada aplicada a la educación pasará de unos 1.400 millones de euros en 2018 a 11.000 millones en 2025.

“La educación se está transformando, y cobran protagonismo metodologías activas como la clase invertida, el aprendizaje basado en proyectos o el aprendizaje cooperativo, así como el desarrollo de habilidades blandas como el trabajo en equipo, la resolución creativa de problemas o el liderazgo”, explica Gonzalo Romero, responsable de Google for Education España. Un objetivo a corto, medio y largo plazo que exige la participación de familias, escuelas, administraciones y compañías tecnológicas, de manera que se cuente no solo con los recursos materiales necesarios, sino también con los humanos, para saber cómo utilizarlos. “Las facultades de Pedagogía deben incorporar en sus planes de estudio tanto el EdTech como el e-learning, y los graduados deberían realizar un máster práctico en empresas y centros educativos para conocer y aplicar estas tecnologías, indispensables para crear una sociedad competitiva y tecnológica, a la vez que más humana, porque no son aspectos incompatibles”, sostiene José Lozano, CEO de AEFOL.

Lo que está claro es que la pandemia de coronavirus ha acelerado la transformación digital de los centros educativos porque, aunque la tecnología ya existía, muchos centros no la habían todavía incorporado a su proyecto pedagógico, esgrime Javier Arroyo, cofundador de Smartick, una app española para el aprendizaje de matemáticas. “Creo que la incorporación de metodologías online sigue siendo la asignatura pendiente de los colegios. Lo que es un error, y es algo que se ha repetido hasta ahora, es replicar lo que haces presencialmente en un entorno digital”. Esa adaptación, tan necesaria como desigual en los meses de confinamiento, exige a su vez un cambio de rol por parte de los docentes, que han de pasar de ser meros transmisores de conocimiento a convertirse en facilitadores o gestores del aula, “que puedan dar una clase de grupo pero que luego lleven a cabo un entrenamiento superpersonalizado, algo que solo es posible con tecnología. Y que esas herramientas les den una información de mucho valor añadido, donde vean exactamente cómo va avanzando cada alumno, y qué es lo que sabe o no sabe”.

Beneficios de los contenidos digitales

Se trata, en cualquier caso, de tecnologías que vienen a complementar la labor del docente en el aula, de manera que mejoren el proceso de aprendizaje. “Sirven para optimizar su trabajo con recursos que enriquecen los contenidos y dinamizan el aprendizaje; no convierten a los alumnos en máquinas de aprender, sino que multiplican su potencial de formarse y crecer tanto en el plano académico como en el personal”, afirma David Murillo, director de producto de Telecoming. Entre sus beneficios, los expertos citan la capacidad de retener la información y una mayor motivación para el aprendizaje, lo que contribuye a reducir las tasas de abandono escolar temprano y al desarrollo de habilidades no cognitivas “como pueden ser el sentido de la responsabilidad, el desempeño, el pensamiento crítico, la colaboración, la sana competitividad, la creatividad o incluso la puntualidad”, de acuerdo con un estudio de la Fundación Junior Achievement España.

Un contexto que, de la mano de la tecnología, sirve también para transformar el tiempo de ocio en tiempo de aprendizaje, dentro de lo que se conoce como edutainment, y que se traduce en aplicaciones para móvil o tableta que sirvan para divertirse o entretenerse sin renunciar al aprendizaje, independientemente de la edad del usuario. No en vano los estímulos audiovisuales contribuyen a mejorar la memoria y la retención de la información. Según Telefónica, el 54 % de los usuarios de Internet en España ven vídeos educativos, y una encuesta de GP Strategies arroja que el 81 % de las personas colocan a los vídeos entre las tecnologías de aprendizaje más útiles.

Las aplicaciones educativas más populares

Las circunstancias tan especiales que envuelven este 2020 han hecho que, solo en el primer trimestre de 2020, Apple Store tuviera 470 millones de descargas de aplicaciones educativas, frente a los 466 de Google Play; en ambos casos, las cifras más altas en el histórico de descargas de ambas plataformas. Un futuro lleno de oportunidades para los profesionales especializados en el desarrollo de contenidos digitales y los perfiles de usabilidad (UX/UI), ya que la de los niños es muy diferente a la de los adultos: botones más grandes, colores brillantes… Aspectos importantes para que se interactúe de forma correcta. Sin olvidar, por supuesto, la ciberseguridad, para que los menores naveguen en un entorno 100 % seguro.

En general, la utilización de las aplicaciones educativas en España ha aumentado un 25 % con respecto a septiembre de 2019, y se prevé que el nuevo curso escolar registre también un aumento significativo, según datos de Qustodio, plataforma de seguridad y bienestar digital para las familias que ha analizado también cuáles son las apps educativas más usadas en estos momentos por los menores españoles. Un top 10 encabezado por Smartick, cuyo método para aprender matemáticas con 15 minutos diarios ofrece, gracias a la inteligencia artificial, un plan de estudios personalizado que identifica en cada momento las áreas de mejora para cada alumno. Y no solo eso. “Para nosotros, saber matemáticas es mucho más que el cálculo; es saber resolver problemas. Y por eso, le damos mucha importancia a la lógica y el razonamiento”, cuenta Arroyo.

  1. Smartick. Ofrece un método gamificado para aumentar la motivación de los menores (de 4 a 14 años), que van acumulando estrellas que les permiten luego acceder a un mundo virtual donde pueden jugar y personalizar su propio avatar.
  2. Duolingo. Permite aprender más de 20 idiomas y personalizar las lecciones, y en su versión para escuelas, los profesores pueden hacer un seguimiento del progreso de cada alumno.
  3. Google Classroom. Ayuda a organizar las tareas e incrementar el aprovechamiento de las clases. En mayo ocupaba el primer puesto del ranking en España y, con el inicio de las clases, es fácil que vuelva a ocuparlo.
  4. Photomath. Una herramiento que permite leer y resolver problemas matemáticos de forma inmediata utilizando la cámara del móvil.
  5. Bible app for kids. Ofrece la posibilidad de conocer y entender la biblia, y está disponible en más de 60 idiomas.
  6. Kahoot! es una plataforma gratuita para crear cuestionarios que los estudiantes contestan usando sus propios dispositivos móviles, con un formato de concurso que fomenta la competitividad entre los alumnos.
  7. U-Dictionary. Diccionario en línea en una docena de idiomas.
  8. Khan Academy. Un sistema de educación personalizado y gratuito y que permite a los docentes hacer un seguimiento del progreso de sus clases en las diferentes materias.
  9. Wordreference. Diccionario online que permite traducir en varios idiomas, con acceso a un foro de discusión en el que los propios usuarios formulan y responden dudas.
  10. BinkLearning. Plataforma digital que permite a las editoriales adaptar su contenido y libros para que los alumnos puedan acceder a ellos por Internet. También permite a los profesores poder gestionar sus clases.

La seguridad en Internet, fundamental

No se trata de amenazas nuevas, pero sí de un aumento en las probabilidades de que algo malo pueda sucederles a nuestros hijos por Internet. Es una simple regla matemática: a mayor uso (y lo hay, claramente), mayor riesgo, porque ahora la familia pasa mucho más tiempo en casa y hay, por lo general, más dispositivos, tanto de entretenimiento como de productividad. “Hemos visto que los niños han pasado jornadas laborales completas conectados a Internet, hasta 10 o 12 horas diarias; y eso se ha quedado ahí. Eso significa que hay una mayor probabilidad de que caigan en problemas como adicciones, descontrol de prioridades, bullying, fraude, actuaciones ilegales…”, explica Eduardo Cruz, CEO de Qustodio. Hace unos meses, Google lanzó, en colaboración con la Policía Nacional, el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) y la FAD el proyecto Sé Genial en Internet, para ayudar a familias y educadores a fomentar en los niños y adolescentes buenos hábitos para que puedan manejarse de manera segura en el entorno digital.

La mejor manera de proteger a los menores, sin embargo, no es nueva: la implicación de los padres y las madres. “Si todos estamos en nuestra pantalla, de manera unitaria y aislada, y no compartimos ni disfrutamos de alguna de esas cosas en familia, estamos creando mundos paralelos, sin que tú te enteres de lo que me pasa a mí o con lo que yo disfruto”, argumenta Cruz. “Es necesario que haya momento de conciliación, ya sea viendo un contenido juntos, charlando de lo que hemos descubierto o visto en Internet, o interesándonos por las experiencias e interacciones que tienen nuestros hijos”. De igual manera que en el mundo físico no les dejaríamos hacer muchas cosas, como salir a la calle y no volver en ocho horas, tampoco conviene hacerlo en Internet.

Para Cruz, lo primero que tiene que haber es higiene y salud digital, un equilibrio: “Si tomo helado a todas horas, tarde o temprano me va a pasar algo. Pues con esto es lo mismo: mi dieta digital ha de ser saludable, no basada exclusivamente en horas y horas de juego, por ejemplo. Hay cosas que se pueden hacer y cosas que no; tampoco le damos click a todo ni descargamos todo”. Y, en segundo lugar, es imprescindible asegurarse de que las relaciones que establezcan online estén gestionadas de una manera inteligente, porque lo que se hace en el mundo digital puede perdurar para siempre. “Si lo que define quién soy mañana son las relaciones que yo llevo hacia adelante, y no lo hago de manera correcta, puedo encontrarme con que, dentro de 10 años, muchos de esos niños que hoy están en casa, y que a lo mejor van a pasar en casa los próximos tres años, tengan un vacío temporal de madurez en sus relaciones que les pasará factura”.

A través de Qustodio, las familias pueden tener un sentido de cómo y para qué se usa Internet en su hogar, así como gestionar el tiempo que le dedican a cada cosa. “Los niños muy pequeños, por ejemplo, no necesitan que todo Internet esté disponible en su dispositivo, porque con un año ya están usando contenido de YouTube Kids, por ejemplo, o de Blippi, en el mundo anglosajón. Y, si el día de mañana sucede lo que no tiene que suceder, yo puedo saber qué ha pasado durante los últimos días y dónde ha estado este niño, o dónde estaba físicamente en el momento que desapareció”.

Fuente: https://elpais.com/economia/2020/09/23/actualidad/1600864548_666566.html

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España: La importancia de la transformación digital en la universidad para ofrecer una educación híbrida de calidad durante el curso 2020-2021

Europa/ España/ 28.07.2020/ Fuente: www.eleconomista.es.

  • El nuevo año escolar pondrá a prueba la capacidad de transformación tecnológica de las universidades españolas

Tras un fin de curso diferente, el sistema educativo se enfrenta al reto de planificar un nuevo año académico en el que las medidas sanitarias son una prioridad. El Ministerio de Universidades ha publicado unas recomendaciones que deben servir como orientación; entre ellas: un aforo limitado gracias a un sistema semipresencial que no obligue a desdoblar los grupos, medidas de higiene y seguridad como el uso de mascarillas, digitalización del sistema para una conectividad adecuada así como un plan de contingencia por si fuera necesario un nuevo periodo de confinamiento.

Con estas recomendaciones presentes, la universidad española prepara un curso escolar donde la tendencia será una educación híbrida o semipresencial en la que las herramientas online jugarán un papel clave para el éxito. La presencialidad adaptada insta a la digitalización y a una capacitación del profesorado en el uso de la comunicación digital, asimismo a ofrecer ayudas a la conectividad para que ningún estudiante sea discriminado por la brecha digital.

«El confinamiento total sorprendió al sistema educativo sin estar preparado para continuar con su actividad habitual de una forma totalmente digital. Ahora es el momento de poner las bases, no solo para hacer frente a una emergencia sino, para el futuro. La digitalización se ha adelantado y los plazos son inminentes. No se trata de hacer clases magistrales a través de videollamadas, el objetivo de la universidad debe ser ofrecer una enseñanza híbrida donde se aprovechen todas las ventajas que ofrece la tecnología actual», defiende Israel Rosales, Director Regional para España de D2L, plataforma de aprendizaje.

Un curso de transición

El curso 2020-2021 va a ser para muchas universidades la transición de las clases presenciales a la digitalización del sistema. La educación híbrida recomendada por el Ministerio para el nuevo año escolar va a poner a prueba la capacidad de transformación de las universidades españolas. El soporte tecnológico implantado por las distintas facultades va a ser un punto clave en el que convivan educadores, alumnos y contenido educativo. Poder ofrecer a todas las partes una buena experiencia virtual es la base del éxito.

«Los efectos de la digitalización en la educación serán mínimos e incluso positivos si se cuenta con el sistema adecuado y se le saca el máximo partido a la enseñanza activa online. El uso de plataformas y aplicaciones para videollamadas, como se han utilizado en los últimos meses, no es una enseñanza online. La digitalización es contar con una plataforma creada para el aprendizaje donde todas las partes activas en la educación puedan disfrutar de una verdadera experiencia virtual», asegura el Director Regional para España de D2L.

En la enseñanza híbrida, el docente sigue siendo clave en la educación. Los profesores y catedráticos cambiarán sus herramientas de trabajo pero mantienen un papel activo en la nueva aula virtual. La digitalización no es una réplica de lo presencial sino que dotará a los educadores de nuevas e innovadoras herramientas con las que desarrollar su trabajo.

Fuente de la noticia: https://www.eleconomista.es/ecoaula/noticias/10692081/07/20/La-importancia-de-la-transformacion-digital-en-la-universidad-para-ofrecer-una-educacion-hibrida-de-calidad-durante-el-curso-20202021.html

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COVID19 y Educación: Problemas y desafíos

COVID19 y Educación: Problemas y desafíos

En esta crisis de la pandemia COVID19, para la cual el sistema educativo público y privado no estaba preparado, las medidas de confinamiento y distanciamiento social nos obligaron a todos a experimentar diversas estrategias de educación a distancia. Las experiencias han sido diversas, entre lo absurdo y creativo

POR ÓSCAR PICARDO JOAO

Inicio una nueva etapa como columnista permanente en El Diario de Hoy; y no quisiera comenzar de otra manera… El campo educativo es mi pasión, y les presento esta reflexión esencial para dialogar sobre los problemas y desafíos de hacer educación en épocas de COVID19.

En el año 2001 publicamos el artículo para la Universitat Oberta de Catalunya titulado: “Pedagogía Informacional: Enseñar a aprender en la Sociedad del Conocimiento” (con 85,800 resultados en Google); se trataba de un llamado a preparar nuestras capacidades didácticas y pedagógicas e incorporar las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones en el proceso de enseñanza aprendizaje. El aporte teórico se basaba en las teorías del destacado sociólogo Manuel Castells Oliván, autor de la trilogía “La era de la Información” y actual Ministro de Universidades del gobierno español. En efecto, ya transcurrían 5 años de la aparición de internet en nuestras vidas y todo comenzaba a cambiar.

En nuestro Ministerio de Educación, para 1999, se comenzaron a diseñar tímidamente las primeras herramientas; en el marco del plan “Desafíos para el Nuevo Milenio” se incorporaron los “Centros de Recursos para el Aprendizaje” (CRA), pero los terremotos de 2001 cambiaron los planes. En 2004, cuando se presenta el “Plan Nacional y educativo 2021” aparecen las estrategias “Conéctate” (tecnología y conectividad), “Grado Digital” y Edunet. Luego en 2009 se diseña –o más bien se copia mal del Plan Ceibal y de OLPC One Laptop per Child- el plan “Un niño, una niña una computadora”; en el plan original se tenía planificado entregar 800,000 computadoras –lempitas-, no obstante, en 10 años apenas se entregaron 50 mil equipos, cuando la matrícula era de 1.3 millones de estudiantes.
A la fecha, según el informe del “Observatorio MINED 2018” sólo 1,521 centros escolares tienen conexión a internet, es decir el 34.53% (de 5,179 instituciones censadas); además, debemos recordar que sólo la mitad de la población tiene internet (dataportal.com) y el costo promedio mensual sería no menor a US$ 20. La brecha es enorme, y uno se pregunta ¿cómo las autoridades van a implementar estrategias de educación a distancia on line con éstas cifras?. Al filo de la industria 4.0 e ingresando a los escenarios de la economía digital observamos un despliegue inimaginable de desafíos: Internet de las cosas (IoT), Big Data, Inteligencia Artificial (IA), automatización, robótica, Nanotecnologías, el movimiento STEAM (Science, Technology, Engineering, Arts and Mathematics), Cloud Computing, realidad aumentada, 3D, etcétera; todo a una velocidad de los avances acelerada y con una amplitud y profundidad agresiva.

Nuestros niños (as) y docentes tienen capacidades similares a sus pares en el primer mundo; la diferencia fundamental de las brechas son las oportunidades de equipamiento y el modelo de enseñar; en efecto, en nuestro medio, los estudiantes “conocen, pero NO comprenden y aplican lo que saben” –todo es teórico y de pizarra-, mientras que en los países más desarrollados los sistemas educativos generan capacidades y aprendizajes basados en proyectos para solucionar problemas reales, aplicando lo que aprenden en el aula. La educación on line mediada por plataformas –Sakai, Blackboard, Moodle y hasta Teams, Zoom o Hangouts- es tan efectiva como la presencial; de hecho, inclusive, me comenta la profesora Ana María Ábrego –docente de arte del Liceo Francés- y Directora del Instituto de Investigación para el Aprendizaje (IIA), que permite descubrir nuevas capacidades e identidades de estudiantes; así, niños (as) que se sienten inhibidos por la presión grupal en el aula, cuando están aprendiendo en plataformas y más solitarios despliegan una mayor capacidad y creatividad: “Observo niños muy felices con la metodología virtual; sin estrés, implicados, motivados, cumpliendo objetivos, adquiriendo competencias, descubriéndose a sí mismos, revalorizándose, sonriendo y disfrutando”.

En esta crisis de la pandemia COVID19, para la cual el sistema educativo público y privado no estaba preparado, las medidas de confinamiento y distanciamiento social nos obligaron a todos a experimentar diversas estrategias de educación a distancia. Las experiencias han sido diversas, entre lo absurdo y creativo. Así, muchos niños sólo reciben listas interminables de actividades y tareas para hacer en casa, si ninguna mediación pedagógica, mientras que unos pocos usan plataformas de comunicación con acompañamiento virtual. No se escapa de esta crítica nadie, ni los colegios más prestigiosos; el COVID19 nos movió el tapete a todos; en efecto, una cosa es ser maestro en el aula y otra, tutor virtual.

Una educación a distancia efectiva mediada por internet necesita al menos: a) Un docente formado como tutor y alfabetizado tecnológicamente hablando; b) Un modelo educativo y pedagógico digital; c) Una planificación educativa diferente a la usual; d) Una plataforma educativa con foros, recursos digitales, materiales multimedia y transmedia y herramientas de evaluación digital; e) Ancho de banda de internet adecuado; f) Equipo PC o laptop, ¿cuántos estudiantes tienen esto?

A lo anterior le llamamos “Transformación Digital”, y no se trata de digitalizar documentos o utilizar tecnologías; es algo más complejo, se trata de una transformación institucional que supera e integra la educación on line, el uso de tecnologías o digitalizar procesos administrativos y académicos; es una nueva forma de conceptualizar y gerenciar las instituciones educativas para dar respuestas a los retos y desafíos de las transformaciones económicas, industriales y científicas.

Dadas las limitaciones actuales y los escenarios futuros el MINED debería diseñar una batería de estrategias plausibles en al menos cuatro líneas: 1) a nivel educativo, diseñar un modelo de educación alternativa con los ajustes curriculares y materiales necesarios, y decidir con cuál plataforma se va a trabajar; 2) a nivel de medios, además de internet, MOOCs (Massive Online Open Courses), canales de youtube, tutoriales y otras herramientas, incorporar TV Educativa y Radio para zonas sin cobertura; 3) a nivel de recursos humanos: dos cosas importantes: alfabetizar tecnológicamente hablando a todos los docentes (recuperen Grado Digital) y entregar laptop a los 46,277 docentes; y 4) a nivel de infraestructura tecnológica: negociar con las empresas de telefonía, con un trato de beneficio fiscal, para que doten de internet a las 5,179 escuelas de forma gratuita y con un ancho de banda adecuado.

COVID19 ha sido una buena oportunidad para demostrar la creatividad, las limitaciones y la improvisación. Ahora ya sabemos qué hacer…

Investigador educativo.

Fuente de la Información: https://www.elsalvador.com/opinion/editoriales/educacion-virtual/709079/2020/
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Cuando ‘lo digital’ no deja tiempo a lo importante

Por: Linda Castañeda

Lo digital, entendido como las herramientas que usamos, nos ha distraído de debates de fondo sobre lo que es ser profesor, lo que es la calidad de la educación, o lo que es el propósito de la universidad.

Lo “digital”, antaño lo “multimedia”, después las “Nuevas Tecnologías”, las “TIC”, lo “2.0”, se ha usado como adjetivo que caracteriza lo nuevo, lo moderno, lo interesante. Al menos en educación ha sido así. Una de las reflexiones que me ocupan desde hace unos cuantos años, tiene que ver con la forma en que el excesivo uso de “lo digital”, como adjetivo en sus distintas variaciones, ha influido en debates fundamentales sobre la educación y ha contribuido, al menos desde mi punto de vista, a la “descafeinación” -cuando no desnaturalización- de cuestiones importantes.

Antes de seguir quiero aclarar que no es que crea que lo digital no sea importante. El cambio tecnológico de los últimos 70 años me parece absolutamente maravilloso y descomunal. Pero si algo me resulta fascinante y preocupante a la vez es la forma en la que nuestra sociedad evoluciona en ese cambio. Dicho esto, volvamos al argumento.

Tras cada una de las “marquesinas” de títulos “tecnologizados” más o menos rimbombantes (atención, no tengo nada en contra de los títulos llamativos; cuando se ha de invitar a alguien a que se una a algo, mejor un buen título) relativas a la revolución “digital” (o 2.0, o TIC), se han incluido acciones básicamente idénticas en el fondo: medidas -en casi todos los niveles educativos- que intentan mejorar la educación a través de la implementación de las tecnologías más modernas posibles. Y sí, siempre esas implementaciones se enmarcan teóricamente en propuestas de cambios didácticos, al menos el cambio metodológico siempre aparece en teoría como objetivo. De hecho, lo de “no es la tecnología sino la metodología que usemos” es un mantra en educación desde hace más de 20 años.

Así, pasamos de las Nuevas Tecnologías Aplicadas a la Educación en todos los planes educativos, a la Innovación con TIC (TAC, TEP, entre otros), que a su vez pasó a ser la Escuela 2.0 (para un mundo 2.0, 3.0 y hasta 4.0) y ahora se incluye en todo lo relativo a la “transformación” digital (que incluye, cómo no, educación digital, universidad digital, pensamiento crítico digital, y así todo). Todos ellos basados en el mismo principio: debemos responder al cambio en la tecnología (entendida solo como artefactos -aunque esa es otra reflexión que puede que haga otro día-) y para ello qué mejor que adoptarla como base para ayudarnos a estar más updated, más “en la onda”.

Sin embargo, las cuestiones a las que se le ha ido aplicando el término digital -como antes todos sus predecesores-, han terminado prácticamente ausentes de la discusión de fondo o francamente desnaturalizadas. Es como si en lugar de actuar como término que adjetiva el sustantivo, “lo digital” (lo 2.0, lo TIC…) se hubiese convertido en lo sustantivo. Hay que ser ciudadano digital, profesor digital, competente digital, no tanto por lo de ciudadano, lo de profesor y lo de competente sino, según parece sobretodo, por lo digital. Casi todos los modelos de loquesea digital entienden que se trata de usar la tecnología de la forma más eficiente posible, aprovechándose de todas sus cualidades, para hacer ese loquesea. Entendiendo que es sólo cuestión de usar mejores herramientas, pero para hacer lo mismo, solo que de un modo más… contemporáneo.

La cuestión es que, en esa visión, hay varios problemas de fondo y de forma. Veamos algunos.

El principal problema de fondo es que la capa digital que aplicamos sobre casi cualquier concepto invade todo el discurso e inunda, u obvia, discursos de fondo sobre la naturaleza del sustantivo. Por ejemplo, en el caso de la llamada “competencia digital docente” se ha entendido tradicionalmente que se trata de usar más eficientemente la tecnología contemporánea para ser profesor, pero casi nunca se ha hecho un debate de fondo, ideológico, sobre qué es ser un buen profesor en los tiempos socio-tecnológicos que corren. Como si las necesidades de los estudiantes, de las personas (atención, no solo como futuros trabajadores) hoy, fueran las mismas que las de las personas de hace 20 años, como si los contextos escolares fueran los mismos, como si nuestras familias, o nuestros pueblos y ciudades, las comunidades en las que se enmarcan -y a las que deberían contribuir nuestras escuelas- fueran iguales… como si fuera solo cuestión de ponernos la máscara de lo digital y entonces, todo solucionado.

La fulgurante inmediatez percibida por la necesidad del cambio de tecnologías nos ha entretenido lo suficiente para evitar que dedicásemos tiempo a debates importantes que deberían ser la base de los cambios para el mundo digital, en el que lo digital no debería usarse como adjetivo, ni siquiera como marco, sino como contexto, como entramado.

Pero también hay algunas cuestiones de forma que son problemáticas -y definitorias- de “lo digital” en la sociedad. Además de ocultar el debate sobre los cambios que deberían acometerse en los sustantivos antes de cualquier barniz digital, y seguramente como consecuencia de ese ocultamiento, el adjetivo “digital” se ha unido a una hiperindividualización del proceso de transformación, innovación, implementación o como queramos que se llame.

La transformación digital descansa -injusta e ingenuamente- sobre la responsabilidad de los individuos. En la práctica totalidad de los casos se plantea como un cambio que está definido por individuos que hacen cosas, que manejan mejor las tecnologías. No se habla de las condiciones del sistema en el que se insertan, no se habla tampoco de su margen de acción para hacerlo, ni de cómo se crean condiciones para que los grupos de personas compartan visiones consensuadas sobre hacia dónde se transforman.

Hay pocos planteamientos sistémicos. Cuando se hacen planes de “transformación digital” de la educación, por ejemplo, se entiende que es una cuestión de herramientas “transformadoras” (más ordenadores, más tabletas, más conectividad), y de que los profesores y los alumnos usen más y mejor esas herramientas, entonces se piensa en la formación para que “ellos” (sobre los que descansa toda la responsabilidad), cambien. Se evade la importancia de invertir en las comunidades, en los contextos de las escuelas, en las condiciones familiares, en los mecanismos de inspección, en el currículum, incluso. Se ignora una y otra vez, aunque la investigación en cambio educativo y en tecnología educativa hace tiempo que nos dice que no debería ser así, que personas, espacios, tecnologías y demás elementos de la actividad educativa no se pueden entender ni variar aisladamente, sino que es imprescindible entender las relaciones que existen entre ellos e intentar operar el cambio en ellas.

Así, si tomamos otro ejemplo, objetivos como el de la “universidad digital” ha obviado debates en torno a preguntas francamente importantes, como cuál es el papel de la universidad en el tejido industrial, cuál es el papel de la universidad en el tejido social actual, cuál es el de la investigación y cómo se contribuye desde la investigación universitaria al conocimiento de la sociedad, a la mejora de esa sociedad global en la que todos presumimos -o nos quejamos de- vivir. El objetivo de la universidad digital ha eludido cuál es el papel del profesorado universitario, si son meros entrenadores de futuros operarios o si nuestro rol de docentes e investigadores incluye un compromiso mayor que trasciende los números con los que se miden los criterios ya tristemente “clásicos” de la eficiencia. Es más, ha eludido la discusión sobre si las estrategias para conseguir “lo digital” mejoran las condiciones de trabajo y estudio de los participantes en esa comunidad universitaria.

Lo digital, entendido como las herramientas que usamos, nos ha distraído de debates de fondo sobre lo que es ser profesor, lo que es la calidad de la educación, o lo que es el propósito de la universidad. Incluso nos ha llevado a pensar que la naturaleza de esos sustantivos en el mundo digital tiene que ver solo con un cambio “mecánico” de con qué se hace. Y lo que es peor, ha llevado a las personas encargadas de pensar y ejecutar la estrategia para enfrentar esos cambios (sí, políticos) a creer que las soluciones simples o parciales son suficientes.

Y eso son sólo algunos ejemplos.

En algunos casos esa visión cortoplacista y parcial es claramente interesada, alguien ofrece una solución (en forma de software o de toolkit), se beneficia de esa inversión y presiona, haciéndolo ineludible y urgente. Pero en otros casos, parece solo una especie de atolondramiento que nos invade ante el volumen de las necesidades… a todos, pero muy especialmente a los dedicados a organizar, a gestionar… En estos tiempos de esperanza de grandes cambios, más valdría que le diéramos una vuelta a nuestras prioridades.

Fuente e imgen tomadas de: https://eldiariodelaeducacion.com/blog/2020/01/13/cuando-lo-digital-no-deja-tiempo-a-lo-importante/

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