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De huelgas y currículos. Cataluña

Ante todo, quiero expresar mi satisfacción por el éxito de las huelgas y manifestaciones en la enseñanza que se han llevado a cabo estos días. Creo que ya era hora de que salga a la luz el abandono de nuestros gobiernos en cuanto a la educación. Y, como decía uno de los eslóganes más gritados: “No son 5 días de vacaciones. Son 10 años de carencias”.

Da un poco de vergüenza que, después de 13 años de la aprobación de nuestra gran Ley de Educación (LEC) no nos hayamos ni aproximado al 6% del PIB de inversión en educación, tal y como mandaba dicha ley y sea el profesorado quién de nuevo tenga que salir a reivindicarlo. Por no hablar cómo, además, se ha aumentado año tras año el dinero dedicado a la educación privada concertada: por encima de 179 millones de euros en los tres últimos años. Y, además, el Departamento ha cerrado más de 5.200 plazas públicas en todo el territorio catalán, mientras que los conciertos se han mantenido intactos.

La falta de presupuestos implica que los recortes que se hicieron con la crisis del 2008 todavía no se han revertido y, por tanto, la demanda de menos alumnos por aula, menos horas lectivas para poder tener tiempo para reunirse y debatir, no se está tampoco resolviendo. Ni la estabilidad del personal interino y laboral, ni el aumento de las plazas públicas de FP, ni la retirada del decreto de plantillas que tan malestar está creando en los centros… Pero, además, nuestro hiperactivo consejero pretende (pretendía), sin consensuar con nadie, cambiar también el calendario escolar, el comienzo de curso, los horarios escolares, la obligación del C2 de catalán… ¿después alguien se extraña de que haya protestas y huelgas?

Y, por si fuera poco, el Departamento ha presentado un borrador de currículum que ha generado un gran rechazo entre el profesorado. Ahora parece que el Conseller está dispuesto a que los centros que deseen puedan aplazar la aplicación de estos currículos. Pero ésta no es la cuestión. El problema importante es que estos currículos son una imposición más y unos cambios que en absoluto favorecen el aumento de la calidad de nuestro sistema educativo y, sobre todo, hacen pensar que aumentarán las desigualdades ya muy grandes y empobrecerán el nivel cultural y de conocimientos del nuestro alumnado.

Y es que los nuevos currículos son una copia de las propuestas de la fallida Escola Nova21 (que, por cierto, nadie ha presentado una evaluación de sus resultados) y siguen una línea definida por patronales, bancos, grandes empresas y fundaciones privadas (vía OCDE). Propuestas que no son progresistas, sino que van en línea contraria a los intereses de la mayoría de la población. Son una renuncia a la democratización de los saberes, gracias a los cuales se puede estructurar el pensamiento y ampliar horizontes tanto individuales como colectivos. La apuesta por «la educación competencial y el aprendizaje por proyectos» es «un sistema que profundiza las desigualdades y abandona por completo su misión ilustrada de elevar el nivel cultural e intelectual de la población» (Carlos Fernandez Liria, 2017).

Resumiendo, las medidas planteadas por estos currículos, podemos apuntar algunos aspectos que, en mi opinión, van en la dirección completamente equivocada:

1.El desprecio del conocimiento que comporta el enfoque «competencial» y que hace tiempo venimos denunciando y que ahora queda bien explicitado. Textualmente se dice: «La meta no es la mera adquisición de contenidos, sino aprender a utilizarlos para solucionar necesidades encarnadas en la realidad». La pregunta es, si no se adquieren los contenidos, ¿cómo se pueden utilizar? Pero aún parece más grave lo que dice el sr. Ramón Grau (jefe del equipo que ha diseñado estos currículos): “Muchos contenidos están ahí porque serán útiles para continuar estudiando. A un sector del alumnado le funciona muy bien, porque sigue estudiando, pero a otro, no. ¿Para qué te ha servido prepararte para lo que vendrá después, si no hay después?”. O sea, ¿al alumnado que está destinado a no seguir estudiando, se le deben negar los conocimientos qde los que sí “tienen un contexto que les ayuda a salir adelante” podrán obtener?

Está claro que alejar a los alumnos del acceso al conocimiento implica tener ciudadanos sin capacidad crítica, lo que les convierte en ciudadanos dóciles y fáciles de manipular. Y los más perjudicados son precisamente los que más lo necesitan, los más desfavorecidos socialmente, porque se les tima los contenidos culturales a los que no tendrán acceso fuera de la escuela y que les permitirían comprender las causas, políticas y económicas, que los han llevado a su situación.

La supresión de horas de casi todas las materias y el desprecio de las clases magistrales, de la utilización de la memoria, de los libros de texto (convertidos en digitales) y de todo lo que se hacía, son también elementos que dificultan la transmisión del conocimiento. La memoria es absolutamente necesaria para retener los conocimientos y sin conocimientos no existe cultura, no hay comprensión de la realidad, no hay posibilidad de tener espíritu crítico, ni hay tampoco posibilidad de ampliar el propio conocimiento.

2.En la misma línea va La introducción de los ámbitos educativos en secundaria, que implican también un desprecio al conocimiento y al profesorado que es especialista en su materia. Una experiencia que se está llevando a cabo en Valencia y que está demostrando que no ayuda en nada a mejorar el aprendizaje.

3.La introducción del mundo emocional como objetivo evaluable, en unos términos que superan lo que yo creo que debe hacer, y que puede hacer, un profesor o profesora en un aula, y que, además, abre la puerta a prácticas derivadas de diversas teorías, algunas de orígenes dudosos y que pueden acabar haciendo más daño que bien a nuestro alumnado. En este sentido, Grau nos viene a decir que la educación debe prepararse “para la frustración en una situación de desamor. Para la soledad. Para el momento en el que fracasa un proyecto y nos encontramos sin trabajo”.

Si bien la llamada «educación emocional» ha calado bastante en una parte del profesorado y de la sociedad, es una cuestión muy controvertida que introduce en la educación técnicas que provienen del mundo empresarial y que pueden acabar en un adiestramiento con el objetivo de desplazar las problemáticas sociales al ámbito de las emociones. En definitiva, lo que importa no es cambiar el contexto (político, económico, laboral), sino variar la reacción emocional para adaptarse a éste.

Por otra parte, parece muy complicado poder realizar una evaluación objetiva de cuestiones como si el alumnado ha logrado “…la experiencia personal de satisfacción con uno mismo para poder hacer frente a las dificultades y superarlas en positivo”. Esto no quita que, como hace la mayoría de profesorado, se cuide del alumnado y se esté atento a sus problemas.

4.La obligatoriedad de realizar un “servicio comunitario”. No está claro que el voluntariado deba ser obligatorio ni que sea la escuela la que tenga que obligar a la participación del alumnado en este tipo de servicios. Una cosa es estimular el espíritu crítico y los valores de solidaridad, y proporcionar herramientas para entender y enfrentar las desigualdades sociales y económicas, las segregaciones por diferentes razones, etc. Y otra es obligar a prestar un «servicio», que muchas veces está más ligado a la caridad que a la solidaridad.

5.Un aumento de la “autonomía de centro” que, mientras no se derogue el Decreto de Plantillas, cada vez más acaba siendo una imposición de la dirección. Si consideramos que la educación es una tarea colectiva, no es una buena cosa que las decisiones vengan impuestas y que el profesorado las asuma acríticamente por miedo a perder la plaza.

Por otra parte, dejar el 20% del currículo a decisión del centro puede acabar con un aumento de la competitividad y de las desigualdades, dependiendo del tipo de alumnado o de las decisiones de la dirección. Por no decir que esto rompe con la idea de red de educación pública, que tiene la obligación de ofrecer una educación de igual calidad a todo el alumnado, sea cual sea su status o viva en el barrio que viva. Pretender que cada centro dedique estas horas a las “necesidades propias del centro” es dar por supuestos que los centros concentran un tipo homogéneo de alumnado que tiene necesidades distintas a las del centro de al lado.

Adaptar los currículos y las actividades al alumnado, es algo que siempre hemos hecho el profesorado, pero poner ya materias diferentes es ir un paso más en dirección a la segregación.

6.Toda la complicación que supone la propia estructura del currículo y que, en ningún caso, parece que esto vaya a mejorar los aprendizajes del alumnado, pero sí obliga (al menos teóricamente) a que el profesorado comience de nuevo a re-programar todo lo que hacía en el aula.

Parece que cada cambio de gobierno debe dejar su impronta, y en educación pasa por cambiar cuestiones burocráticas que no hacen más que aumentar las horas de trabajo del profesorado en detrimento de la preparación de las clases. Recuerdo que hasta ahora nos regíamos por la LOGSE, que ya obligaba a programar por conceptos, procedimientos, actitudes y valores. Ahora se cambian todos los nombres, todos los objetivos, introduciendo perfiles competenciales de salida, competencias clave, indicadores operativos, competencias específicas, criterios de evaluación, saberes básicos; y contextos de aprendizaje. En definitiva, parece hecho más para agobiar al profesorado que para facilitarle su labor.

7. Y finalmente, cuando se llega a los contenidos, que ahora se llaman “saberes”, nos encontramos con un caos de conceptos desordenados y mezclados, que no facilitan en absoluto una planificación racional de los conocimientos ni de las actividades a realizar en el aula.

Que debían modificarse los currículos, seguramente todas estamos de acuerdo. Se podía haber estudiado bien la cantidad de conocimientos que había en el anterior currículo, sacar lo que estaba de más, señalar lo fundamental, y añadir lo que no estaba. Se podían haber dado recomendaciones para realizar la enseñanza más activa o más participativa, incluso más competencial, sin que ello implicase menospreciar y devaluar los conocimientos y sin imponer metodologías únicas que, además, se han demostrado ya negativas para la mayoría del alumnado. La experiencia nos demuestra que cada maestro, profesor o profesora sabe encontrar la metodología que mejor le va y que tiene mejores resultados.

Más allá de la pérdida de tiempo y energía que implica para el profesorado programar su tarea diaria en el aula, no parece que unos conocimientos tan poco estructurados puedan ayudar al alumnado a asumirlos.

En definitiva, cambiarlo todo para no mejorar nada.

Creo que es necesario abrir un debate sobre qué queremos de la educación y exigir políticas encaminadas a una educación pública, bien dotada y cohesionada, que dé respuesta a las necesidades reales de nuestro alumnado y no a las necesidades del mundo empresarial.

Fuente: https://vientosur.info/de-huelgas-y-curriculos/#

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LOMLOE, Nueva ley de educación: Una tibia recuperación de lo perdido

Desde el punto de vista más pedagógico hace una opción por el modelo competencial y el aprendizaje por proyectos.

Desde el punto de vista más pedagógico hace una opción por el modelo competencial y el aprendizaje por proyectos.

En este país, no terminamos nunca de avanzar. En educación, con ocho leyes en 40 años, vamos dando un paso adelante y dos para atrás y así nunca conseguimos un sistema educativo que tenga el financiamiento que se merece, la equidad necesaria y el nivel de calidad que precisamos. La nueva Ley educativa la podríamos resumir en: una tibia recuperación de lo que perdimos con la antigua ley del PP, la LOMCE.

Y como sí que avanza, pero no suficiente, las críticas le llueven por todas partes, básicamente por la derecha más reaccionaria y las patronales de la concertada. No tanto porque conculca unos “derechos adquiridos” por los centros privados concertados, sino porque la educación es un campo de batalla político, y la oposición tiene que protestar, aunque no tenga ninguna razón.

De hecho, si no fuera porque la ley anterior era tan reaccionaria en muchos aspectos, quien tendría que protestar sería el 60 o 70 % de la población que escolariza sus hijos e hijas en la escuela pública, la de todos y todas.

Decía que se avanza, tímidamente, en algunos aspectos: elimina los itinerarios segregadores desde los 13 años; suprime las reválidas, recupera la Educación Infantil como etapa educativa, desde los 0 a los 6 años; devuelve las competencias sustraídas a los claustros y consejos escolares;  pierde protagonismo la asignatura de Religión; introduce la coeducación, el medio ambiente y la memoria democrática en la escuela;  refuerza la inmersión lingüística catalana al devolver a las lenguas co-oficiales la consideración de lenguas vehiculares, juntamente con el castellano. Proclama la gratuidad en los centros concertados (difícil de llevar a cabo), así como la pérdida del concierto educativo en los centros que segregan por sexo (más difícil aún de cumplir, ya que el Tribunal El TJSC ya ha dejado en suspenso la resolución aprobada por el Departamento de educación en Cataluña de suspender el concierto a 11 centros del Opus Dei que segregan por sexo), y prohíbe destinar suelo público para centros privados.

Pero se deja por el camino una gran cantidad de reivindicaciones que son cada día más necesarias: No termina con la segregación educativa. No contempla la desaparición de los conciertos educativos. No pone fin a la precariedad de los profesionales. No soluciona la discriminación laboral del profesorado del Cuerpo de PTFP, no dota al sistema de recursos suficientes. No elimina la religión del horario lectivo. No rebaja las ratios (una de las demandas más urgentes), no garantiza la gratuidad de las escuelas infantiles ni de la universidad, ni revierte el modelo de direcciones autoritarias ni opta por la elección democrática de las mismas.  Por citar algunas de las carencias más importantes.

Desde el punto de vista más pedagógico hace una opción por el modelo competencial y el aprendizaje por proyectos, apuesta por la agrupación de asignaturas por ámbitos y limita las repeticiones de curso. Todo ello para algunos sectores no es más que el vaciamiento cultural y el desprecio a la memoria, la exigencia y el esfuerzo, lo que repercute negativamente en el alumnado más desfavorecido, porque si en la escuela no se les proporciona conocimientos, no podrán encontrarlos en otro sitio. De hecho, no hay una apuesta clara por racionalizar, disminuir o mejorar los currículos, que sería lo conveniente y necesario.

En definitiva, es un paso tibio hacia adelante, pero con muchos pasos a recorrer. Y, a pesar de ello, a pesar que no se avanza nada en la reversión de la privatización de la enseñanza, que se consolida la doble red financiada con fondos públicos y que, de hecho, se reconoce la permanencia de la educación privada concertada, la patronal de la escuela concertada ha declarado la guerra a la nueva ley, ha creado una plataforma y ha convocado numerosas protestas aduciendo medidas que ni siquiera se corresponden con la realidad de la ley, ya que “ni se quita el castellano, ni desaparecen los centros de educación especial, ni se suprimen los conciertos, ni se elimina religión” ¿Por qué protesta, pues, la patronal concertada y la iglesia si es una ley casi hecha a su medida?, se preguntan algunos.

Han aparecido también críticas sobre la necesidad de pactar las leyes educativas, para no tener que deshacerlas cada cambio de gobierno. Y es verdad que sería muy conveniente una ley que pudiera ser aceptada y mejorada en los sucesivos gobiernos, sin tener que cambiarla cada vez, pero el problema es que, con estos mimbres, con esta oposición, con esta derecha y estas patronales religiosas que defienden con uñas y dientes sus privilegios, sus negocios y su poder para transmitir su ideología a los futuros jóvenes, digo, con estos mimbres es imposible hacer ningún pacto.

La cuestión de la doble red educativa, de la segregación social que ello conlleva y del supuesto “derecho a elegir” son temas que, en este país, se han permitido por demasiado tiempo. Las izquierdas, en general, han sido poco agresivas y han denunciado poco lo que ello comporta, y ahora es mucho más difícil revertir la situación ya que hacen valer sus “derechos adquiridos”.  No deja de ser curioso, y terrible a la vez, que una de las protestas que esgrimen las organizaciones de la concertada es que la nueva ley los considera “subsidiarios” de los centros públicos, cuando en realidad nacieron justamente para ser esto: subsidiarios, para poder escolarizar a toda la población en un momento en que las escuelas públicas no podían atender a todo el alumnado.

Necesitamos, no solamente avanzar más en los diversos aspectos antes mencionados, sino, sobre todo, hacer mucha pedagogía y cambiar el discurso. Es necesario dotar a la educación pública de todos los recursos necesarios y convencer a la mayoría de la población que la escuela no tiene que ser un reflejo de la familia, sino un lugar en donde se aprenden conocimientos y valores compartidos con la sociedad, un lugar donde se abren las mentes y no una continuación de la ideología de los padres y madres. Es necesario convencer que la socialización entre diferentes culturas, ideologías, clases sociales, religiones, sexos, identidades, etc. Es una gran riqueza y es lo que permite una sociedad cohesionada y una juventud sabia y crítica. Y ello sólo puede hacerlo la educación pública.

Seguiremos insistiendo. Nos jugamos el futuro.

  • Rosa Cañadell. Llicenciada en Psicologia. Profesora. Exportaveu d’USTEC.STEs. Articulista. Membre fuundador del Seminari ïtaca d’Educació Crítica (SIEC). Defensora de l’educació pública. 

Fuente: https://kaosenlared.net/lomloe-nueva-ley-de-educacion-una-tibia-recuperacion-de-lo-perdido/

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La pandèmia i les noves tecnologies

Per: Rosa Cañadell

Llicenciada en psicologia, professora, articulista. Membre del SIEC (Seminari Ítaca d’Educació Crítica)

La COVID 19, juntament amb la manca de recursos sanitaris, educatius i d’atenció a la gent gran, ens està obligant a diferents graus de confinament. La mala resolució de l’anterior crisi econòmica, amb les retallades en els pressupostos de tots els serveis socials, amb l’augment de la precarietat, la posada en qüestió de les pensions públiques, l’allau de desnonaments i una economia basada en el monocultiu del turisme i la restauració, ens està deixant un país al llindar de la misèria.

Els diferents confinaments, a més de totes les conseqüències psicològiques, humanes, socials i econòmiques, ens ha portat a un augment massiu de l’ús de les noves tecnologies: ordinadors, tabletes, mòbils, TV digital, etc. en les que les plataformes de twitter, Facebook, Google, Youtube, Meet, jitsi, Zoom… estan fent el seu agost. Per posar només alguns exemples:  Apple ha augmentat el seu benefici entre abril i juny del 2020 un 12% i Facebook ha duplicat el seu benefici en aquests mesos de confinament.

Les empreses tecnològiques han trobat una gran oportunitat per accelerar el teletreball, el comerç electrònic, l’entreteniment digital, l’educació on-line i l’atenció sanitària no presencial. Això vol dir una quantitat desmesurada d’hores davant d’una pantalla per part d’infants, adults i gent gran. I el que és pitjor, una ferma voluntat per part d’aquestes empreses de que aquests canvis es consolidin més enllà de la pandèmia. I no pensem pas que és per humanitarisme o per fer una societat millor, sinó que el seu objectiu és bàsicament com obtenir més beneficis.

És evident que els avenços tecnològics tenen innombrables avantatges a molts nivells, però la seva implantació massiva en tots els àmbits de la vida, té també molts  perills i ens pot portar a una societat totalment deshumanitzada.

En l’àmbit del treball, la implantació del tele-treball ens aboca a l’aïllament social, a la individualització i a possibles abusos laborals. Si bé té avantatges d’entrada, sobretot pel que fa a evitar grans desplaçaments i a fer més compatible la conciliació familiar, el fet d’aïllar els treballadors i treballadores té conseqüències tant psicològiques com socials: la manca de relació personal amb companys i companyes, la impossibilitat de lluites conjuntes i el perill de sobre-explotació en són algunes. I no oblidem les diferències econòmiques, ja que no és el mateix vuit hores diàries davant l’ordinador en una casa gran, amb llum, silenci, jardí o altres comoditats, que en un habitacle petit, fosc i sorollós. Ni tampoc és el mateix haver de compartir el teletreball amb la cura de fills/es petits o gent gran, sobretot per part de les dones que, després del treball continuaran a casa amb les feines domèstiques i de cura, o sigui, l’aïllament total.

En l’àmbit del comerç, les tele-compres poden acabar arruïnant del tot els petits comerços, les petites agències de viatges i  la possibilitat de socialització en els mercats o tendes del barri.

En el món de l’educació les conseqüències també poden ser molt greus. De fet les noves tecnologies, que ja fa temps que han entrat en l’educació, intenten substituir l’escola tradicional per una educació online, sobretot per part de les grans empreses del sector, que veuen en l’educació un mercat altament rendible i que estan aprofitant la pandèmia per tirar endavant els seus plans. No és per casualitat que el passat 29 d’octubre va néixer la «Alianza por la Educación «HAZ». Una xarxa política conformada per Fundació La Caixa, Fundació Endesa, Google, Instituto Superior para el Desarrollo de Internet (ISDI) y Fundació Vodafone España, que la Ministra d’Educació  Isabel Celaá va presentar com una aliança «publico-privada per transformar el sistema educatiu». Quan, a més, la realitat ens ha demostrat, durant  el confinament i la tancada d’escoles del curs passat, que l’educació presencial és absolutament necessària.

En el món del lleure, sobretot pels infants i adolescents, està clar que les noves tecnologies poden tenir  un gran potencial educatiu i comunicatiu però el seu ús inadequat o abusiu pot implicar importants conseqüències negatives per a joves i adults. L’addicció a les xarxes pot donar lloc a l’aparició d’importants conseqüències negatives que interfereixen en la  vida diària: aïllament social, dificultats per a mantenir el lloc de treball, baix rendiment escolar i relacions socials insatisfactòries són algunes d’aquestes possibles conseqüències negatives. Segons l’Organització Mundial de la Salut (OMS) reconeix que 1 de cada 4 persones sofreix algun trastorn de conducta relacionat amb aquest tipus d’addiccions.

La sanitat no presencial que s’està implementant i que també s’intenta que es quedi, deteriora considerablement l’atenció a les persones malaltes, dificulta el diagnòstic i fa impossible la relació personal dels pacients amb els professionals de la sanitat.

El problema de les dades que totes aquestes empreses guarden tenen també conseqüències en diferents àmbits. Des de l’ús per la publicitat, a la gestió dels perfils per a campanyes electorals, transmissió de Fake news, fins a possibles conseqüències futures per trobar un lloc de treball o davant la repressió política.

Finalment, no podem oblidar que l’ús de les noves tecnologies no es gratis ni per a nosaltres ni pel nostre planeta. Podem pensar que els elements tecnològics i les  xarxes són innocus, que no suposen cap impacte sobre el medi ambient però no és així. El consum energètic per al seu funcionament i els recursos necessaris per a la seva fabricació i la posterior gestió dels seus residus, tenen un impacte importantíssim en el nostre medi ambient. Per l’ús d’internet es calcula que enviem a l’atmosfera 850 milions de tones de CO2 a l’any, el que suposa un 4% de les emissions totals o l’equivalent de les emissions de tota l’aviació europea en un any.

Per acabar, un apunt: «Els ‘nadius digitals’ són els primers nens amb un coeficient intel·lectual més baix que els seus pares«, segons explica en el seu llibre «La fàbrica de cretins digitals», el neurocientífic Michel Desmurget (Lió, 1965), director de recerca en l’Institut Nacional de la Salut de França, en el qual compta amb dades dures i en forma contundent com els dispositius digitals estan afectant greument, i per a mal, al desenvolupament neuronal de nens i joves.

És aquest el món que volem???

Fuente e Imagen: https://blogs.publico.es/torndeparaula/5837/la-pandemia-i-les-noves-tecnologies/

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I Congreso Mundial de Educación 2020. Ponencia de Rosa Cañadell, Exvocera del sindicato USTEC•STEs. España

Ponencia de Rosa Cañadell

La educación es fundamental para el futuro de la sociedad. En ella, los chicos y chicas se socializan y aprenden conocimientos, valores, actitudes y comportamientos que, con seguridad, marcaran su futuro.

La educación oficial siempre ha tratado de transmitir la cultura dominante, pero los centros educativos son también un espacio de confrontación con otras culturas alternativas al servicio del cambio social. El objetivo de la educación debería ser tanto la emancipación individual como la emancipación social y colectiva.

 En estos momentos de crisis de todo tipo: económica, social, cultural, ecológica…en el que todo apunta que nos espera un mundo peor, es más importante que nunca todos nuestros jóvenes tengan herramientas para comprender el funcionamiento de la sociedad y sean capaces de mejorarla. Para ello es indispensable un acceso igualitario a la educación y al conocimiento, no sólo técnico y científico, sino también filosófico, histórico y artístico. Ya que es el conocimiento el que nos ayuda a entender las causas (de la desigualdad, la injusticia social, el racismo, el machismo, el agotamiento del planeta…) y a poder pensar soluciones.

Desde finales de los años 90 la política educativa a nivel internacional se ha redefinido en virtud de las necesidades del capitalismo, en su versión neoliberal. En muchos países, incluyendo el mio, la política educativa oficial se ha modificado con el objetivo de responder a la sociedad de mercado y a las necesidades del mundo financiero; los valores de la empresa han empezado a suplantar a los antiguos ideales humanistas y una versión   pragmática de la educación, ha cobrado vigor a lo largo y ancho del mundo y en la mayoría de las instituciones educativas.

En Cataluña y el resto del Estado español, estamos en una situación totalmente distinta de la que se dio en las décadas precedentes (después de la dictadura franquista) en las que se construyó una educación pública con la participación activa del profesorado, y con el estímulo y el apoyo de los poderes públicos. Una escuela pública que tuvo como reto la igualdad de oportunidades, la democratización de los centros, las buenas prácticas profesionales y el progresivo mejoramiento de las condiciones laborales del profesorado. Ello dio sus frutos y, por primera vez en mucho tiempo, las clases populares accedieron a la universidad.

Poco a poco fuimos construyendo un modelo de escuela pública basado en la idea que la educación es un derecho universal y un bien público, que la Administración tiene el deber de garantizar en condiciones de calidad y de igualdad. Un modelo que considera que la educación es un factor de desarrollo personal, de emancipación social y una de las herramientas para hacer posible una sociedad cohesionada, inclusiva y justa. Este modelo centra su preocupación en buscar los contenidos, valores y metodologías que mejor pueden ayudar a una educación global y que puedan compensar el desigual capital cultural y social con el que el alumnado llega a la escuela. Por este modelo luchamos durante mucho tiempo y habíamos avanzado bastante.

Pero llegaron los vientos neoliberales que todo lo impregnaron y nuestros gobiernos cambiaron el paradigma e impusieron un nuevo modelo: el que se deriva de la progresiva imposición del  neoliberalismo a escala mundial, y que viene avalado por las directrices de los organismos supra-nacionales, como el Banco Mundial, el FMI, la OMC y la UE. Este modelo parte de la base que la educación es un bien individual y su valor es básicamente económico y, por lo tanto, debe estar sujeto a las leyes del mercado como cualquier otra mercancía.

La educación, así entendida, pasa a estar al servicio de la economía en su doble vertiente: por un lado, debe ser “adaptada” a las necesidades de las empresas y del mundo laboral y, por otro, debe ser “rentable”, o sea gestionada con criterios empresariales y ser susceptible de negocio privado.

Una característica de esta nueva etapa es la creciente intervención de los organismos internacionales en el ámbito educativo. Ya en 1995, Miquel Soler (catalán como yo, afincado en Uruguay y un gran maestro para América Latina) ya nos alertaba de la publicación del Banco Mundial en la que se decía: «La tasa de rentabilidad en educación se expresa como rendimiento anual, similar al cotizado por las cuentas bancarias de ahorro o los bonos de Estado…» y también: «las políticas oficiales deberían alentar el aumento del financiamiento privado a fin de estimular la competencia, la innovación y la sensibilidad al mercado de trabajo.»

Esta nueva estrategia educativa se ha ido imponiendo poco a poco y está ya presente a nivel mundial, Esta nueva concepción neoliberal de la educación tiene tres objetivos: 1) poder hacer negocio con la educación, por lo que es preciso privatizar lo máximo posible; 2) poner los conocimientos al servicio de las necesidades laborales de las empresas; y 3) promocionar valores que hagan posible la consolidación del sistema. Y para hacerlo posible se basan en varios pilares: las leyes educativas, los recortes con la excusa de la crisis, la Nueva Innovación educativa, la penetración de las empresas en las políticas educativas y ahora, aprovechando la tragedia de la pandemia del COVID-19.

Parece, pues, que el neoliberalismo nos ganó la partida, pero esto no significa que no se pueda rescatar el proyecto emancipador .

Como señalan desde el Col·lectiu Pere Quart.  : «Con las materias humanísticas, desde las aulas, se puede hacer frente a las ideas impuestas, desenmascarar las mentiras y el cinismo de los poderes establecidos y, contra la ortodoxia oficial y mediática, oponer resistencia a los discursos simplistas del miedo que provienen de formaciones fascistas o complacientes con las actitudes autoritarias. En las aulas, se puede afilar la capacidad crítica como forma de libertad democrática y como ejercicio de cuestionamiento continuo de la realidad»

No deberíamos permitir que se consolide una educación al servicio de las empresas y mucho menos  que las empresas dicten lo que se tiene que enseñar en las aulas. No debemos permitir que se implanten objetivos y valores tan descaradamente al servicio de la ideología más neoliberal que es, precisamente, la que nos ha llevado a la actual crisis, a la desigualdad, a la pobreza y a la falta de democracia.

La resistencia y la lucha, del profesorado, del alumnado, de las familias y de las fuerzas de la izquierda progresista, son el camino a seguir. Necesitamos una juventud sabia, solidaria, culta, con preparación laboral y sentido de la justicia.

Los y las jóvenes de hoy son los que podrán mejorar la sociedad del mañana y tenemos la obligación de prepararlos para que ello sea posible. Nos estamos jugando el futuro de nuestra sociedad. No olvidemos que

PARA QUE OTRO MUNDO SEA POSIBLE

OTRA EDUCACIÓN ES NECESARIA.

 

26 setiembre 2020
ROSA CAÑADELL
Del Seminario Ítaca de Educación Crítica (SIEC)
Exvocera del sindicato USTEC·STEs
Barcelona. Cataluña. España.

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Primer Congreso Mundial en defensa de la educación pública y contra el neoliberalismo

Por: Rosa Cañadell

Los días 25, 26 y 27 de septiembre tuvo lugar el Primer Congreso Mundial en defensa de la educación pública y contra el neoliberalismo, en el que participaron de manera virtual 500 ponentes, profesores, académicos e investigadores en educación y con más de 18.000 oyentes, de una veintena de países, básicamente de América Latina, pero también de Canadá, EEUU o Sudáfrica. Cataluña y el Estado Español también estuvimos presentes con las voces de Rosa Berrio, Mari Luz González, Marc Casanovas, Xavier Diez, Jurjo Torres Santomé, Enrique Díez, Vicent Mauri y Rosa Cañadell.

En él se constató que la educación, paulatinamente, ha dejado de ser un derecho, convirtiéndose cada vez más en un artículo dentro del sistema mercantilista, donde se ha desvalorizado el papel del docente y que el deterioro del sistema educativo, los recortes presupuestarios y la disminución de los derechos del profesorado y del alumnado son un patrón que se repite en los distintos países del mundo.

Se denunció que las prácticas pedagógicas se centran cada vez más en cuestiones tecnológicas y de competencias al servicio de las necesidades laborales de las empresas, dejando de lado los contenidos culturales y humanísticos, necesarios para la emancipación individual y colectiva, y olvidando los conceptos de libertad y solidaridad, necesarios para una sociedad justa y democrática.

El modelo económico neoliberal, impuesto también en la educación, ha degradado las prácticas pedagógicas y reducido el papel trascendente de los maestros a meros técnicos del conocimiento, en medio de un sistema económico que no fomenta la igualdad, la justicia social, el respeto al planeta, ni la riqueza cultural de los pueblos. Y que en este modelo económico la educación se vuelve un campo de disputa, donde maestros y gobiernos nacionales deben plantearse qué clase de enseñanza se desea. Hasta ahora, el neoliberalismo, con manuales estandarizados, ha impulsado una escuela que ha fracasado desde el punto de vista humano, pero eficiente para reproducir al sistema.

Se condenó de manera firme y contundente el nuevo modelo de privatización educativa que se intenta imponer en el marco de la pandemia del COVID-19. Esta ha generado una situación inédita de parálisis global programada, que desnudó las profundas desigualdades del sistema, pero que también se convirtió en una oportunidad para el gran capital en su propósito de avanzar en una redefinición de sus procesos y dinámicas, con elementos de mayor exclusión y dominación. La ola de privatizaciones de los servicios básicos y de interés social ocurridas en las últimas décadas han hecho que los sectores sociales más empobrecidos y la clase trabajadora fueran los más afectados por la crisis de la pandemia.

El experimento de la virtualidad en casa se usa para colocar una disputa que no existía en febrero de 2020, entre educación presencial en la escuela versus educación virtual en casa. El capitalismo sabe que no puede suprimir de manera impune y rápida las escuelas, pero está creando el imaginario social sobre la obsolescencia de lo escolar. Con ello procura dar entrada a las corporaciones tecnológicas y de contenidos educativos digitales al “mercado educativo”, lo cual va acompañado de una desinversión sostenida en la actualización y formación docente para contextos digitales como el actual. La propuesta de educación virtual, híbrida y multimodal ha encontrado a millones de niños, niñas y jóvenes sin posibilidades reales de continuar sus estudios. Es del todo necesario volver a las clases presenciales, pues las virtuales han vulnerado los derechos de los estudiantes y los docentes y han significado una baja calidad académica.

Uno de los objetivos del Congreso es pensar y construir respuestas, no solo para la coyuntura actual, sino que desde el presente de resistencias se pueda trazar un horizonte estratégico, que pasa ineludiblemente por la construcción de alternativas pedagógicas que sustenten una nueva escuela, una nueva universidad. Asumir de la manera más consistente y responsable este desafío, supone ir más allá de las fronteras nacionales puesto que lo que está en juego es precisamente la superación de la crisis de un modelo globalizado de educación neoliberal.

Para ello es urgente generar un diálogo educativo abierto y permanente con las organizaciones de los y las estudiantes y sus familias que defienden el derecho a la educación en los nuevos contextos de asedio de las corporaciones tecnológicas, para con ellos y ellas construir rutas de trabajo compartidas y establecer un plan de unidad en las luchas que se exprese en la solidaridad activa con todas las formas de defensa de la educación pública y contra el neoliberalismo educativo que se libren en los territorios locales, nacionales, continentales y mundiales.

La resistencia y la lucha del profesorado, del alumnado, de las familias y de las fuerzas de la izquierda progresista son el camino. Necesitamos una juventud sabia, solidaria, culta, con preparación laboral y sentido de la justicia.

Para todo ello se va a trabajar en una ruta unitaria que permita el establecimiento de la segunda semana de junio de 2021 como la semana mundial de movilizaciones en defensa de la educación pública, la ciencia y la cultura, en la cual se coordinen organizaciones de trabajadores de la educación, asociaciones de familias y estudiantiles.

Finalmente se recordó que los y las jóvenes de hoy son quienes podrán mejorar la sociedad del mañana y los y las docentes tenemos la obligación de prepararlos para que ello sea posible. Nos estamos jugando el futuro de nuestra sociedad.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/2020/09/30/primer-congreso-mundial-en-defensa-de-la-educacion-publica-y-contra-el-neoliberalismo/

 

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El racismo, en aumento

Por: Rosa Cañadell

Desgraciadamente, hemos consolidado una sociedad cada vez más desigual y hemos aceptado situaciones de menosprecio, de explotación y de marginación de algunos colectivos. Con la crisis sanitaria a raíz de la Covid-19 y la crisis económica que ya tenemos encima, está rebrotando uno de los males que más barbaridades ha infligido a nuestra humanidad: el racismo.

Vemos como los EE.UU. están en llamas por las protestas antirracistas a partir del asesinato de un hombre negro a manos de la policía, pero este hecho no es más que la punta del iceberg de la marginación constante de los afroamericanos en ese país. Pero también en nuestra Europa estamos viendo como aumenta la xenofobia y como nadie se inmuta ante los miles de muertos en el Mediterráneo de personas que huyen de la guerra y el hambre. Y también aquí: en Lleida, los hoteleros se han negado a aceptar a 200 trabajadores que recolectan la fruta y que están viviendo en la calle, a pesar de que un futbolista de origen senegalés ha querido pagarles la estancia. Racismo y clasismo en estado puro.

El racismo no se basa en las preferencias individuals o en el grado de simpatía o antipatía hacia las personas que son diferentes. La diferencia existe siempre dentro de cualquier sociedad. La principal característica del racismo es la defensa de un sistema social que
niega una serie de derechos a un colectivo, en función de alguna de sus características. La negación puede ser al trabajo, a la vivienda, a la sanidad, a la educación, a circular libremente y, en circunstancias extremas, a la vida. Y el colectivo varía también en función de las necesidades del momento: los indios en la América colonial, los negros en las plantaciones americanas, los judíos en la Alemana nazi y, en la actualidad, los inmigrantes no comunitarios en la Unión Europea.

El racismo no es innato ni natural, sino que es una construcción social que tiene como objetivo justificar algún tipo de explotación. Es también una manera de dar salida al malestar social, de buscar una «cabeza de turco» a quién traspasar la responsabilidad de los males que sufre una sociedad en un momento dado. Por eso el racismo crece en momentos de crisis, y algunos líderes políticos lo utilizan en beneficio propio, estimulando el odio a partir de falsas informaciones y estereotipos que ayudan a fabricar enemigos y a desviar el malestar hacia los más débiles.

En los momentos actuales, es más fácil culpar los inmigrantes o los negros del paro y la carencia de servicios sociales que no a los banqueros y especuladores. El racismo, además, cumple otra función perversa, que es la de dividir a las clases menos favorecidas, para que no sumen sus fuerzas. Otro factor que estimula el racismo es la desaparición de los modelos tradicionales de confrontación social: la lucha de clases y las organizaciones sindicales y vecinales que habían articulado propuestas de lucha y de cambio, canalizando así el malestar social. Los proyectos de cambio, como el que proponía el movimiento obrero, ofrecían un eje para organizar las demandas de los sectores menos favorecidos. Cómo afirmaba M. Wieviorka, «cuanto más se organiza una sociedad a partir de un conflicto propiamente social, más restringido es el espacio para el racismo». Se trata, pues, de resituar los conflictos dentro del eje social y no de la pertenencia a una etnia, raza o nacionalidad.

Nos esperan tiempos de nuevas crisis. Una vez controlada la sanitaria en que la Covid-19 nos ha sumergido durante casi tres meses, nos esperan tiempos difíciles económicamente hablando, en los que azuzar la xenofobia en lugar de enfrentarse a los poderosos es una salida fácil y vergonzosa que la derecha no duda en utilizar. Hay que construir un nuevo discurso basado en la ciudadanía y la igualdad de derechos, un discurso en qué a los inmigrantes no se les tiene que tolerar porque hacen el trabajo que nosotros no queremos hacer, o porque les necesitamos para pagar nuestras pensiones, sino un discurso que valore a las personas que emigran, que se les reconozcan todos los derechos sociales y laborales y que se resalten los valores positivos de la diversidad cultural, ententdida como riqueza. Y en esto tienen que colaborar la escuela, los medios y los discursos oficiales.

Es imprescindible una alianza de todas las instancias sociales y políticas de izquierdas para exigir una salida de la crisis que no pase por el aumento de las desigualdades, el desmantelamiento de los servicios sociales, la violencia o la exclusión. No olvidemos que la desigualdad alimenta el racismo y este puede acabar convirtiéndose en fascismo. Y esto no nos lo podemos permitir.

Fuente: https://www.eltriangle.eu/es/opinion/el-racismo-en-aumento_106408_102.html

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Educación en tiempos de confinamiento, ¿y no sería mejor dejar a las criaturas un poco en paz?

Por: Rosa Cañadell.

 

Estamos en una situación especial en que todo está parado y trastornado.  El cierre  de escuelas e instituto ha puesto sobre la mesa un debate sobre qué hacer ante esto: ¿Se debe continuar el curso vía internet? ¿Hace falta que el profesorado adapte las actividades previstas para hacer “clases” virtuales? ¿Todo el alumnado tiene condiciones para hacerlo? ¿Las familias tienen que insistir en que sus hijos e hijas hagan todos los deberes que el profesorado les asigna? ¿Todas las familias están en condiciones de hacerlo?

Estas y otras muchas preguntas están surgiendo por parte de las Administraciones, del profesorado y de las familias, con un gran número de informaciones contradictorias y no del todo posibles. Pero, ¿es tan importante perder dos, tres o cuatro meses de “clase” ante una situación de emergencia, y totalmente nueva, como la que nos encontramos?

Es normal la inquietud y las dudas, pero yo creo que hace falta más reflexión pausada y, sobre todo, pensar en las necesidades de los niño y jóvenes, así como del profesorado y de las familias.

Hace falta, además, tener en cuenta las diferentes y desiguales situaciones en que se encuentran las familias y también el profesorado. No es el mismo ser médico, enfermera, personal sanitario, de limpieza, transporte, o cualquier otra profesión que está en activo, que estar en casa haciendo teletrabajo. No es el mismo tener una vivienda confortable y con todos los medios tecnológicos, que vivir en precario sin acceso a internet, o sin espacios apropiados para poder estudiar. No es el mismo tener padres y madres con tiempo y conocimientos para ayudar los niños, que no tenerlo. No es el mismo que en casa haya un padre y una madre a que sea una familia mono-parental. Y así sucesivamente.

Pero, al margen de todo esto, yo creo que hay una cuestión que podría ser generalizable. Y es que, a una situación excepcional se tienen que dar respuestas también excepcionales. Quiero decir, que intentar que la escolarización siga su curso (vía telemática) como si no pasara nada, no es la respuesta más sensata. Estén en la situación que estén, ni los chavales ni las familias tienen como prioridad subsanar la pérdida que puede significar perder una pequeña parte del temario escolar.

La situación de confinamiento mente diferente a la situación de escolarización y la angustia ante la posibilidad de contraer la dolencia, la angustia ante el estado de personas mayores y queridas (abuelos, tíos, etc.) hace que los niños y jóvenes vivan en un estado emocional muy diferente del que pueden tener en un tiempo escolar normal. Y si a esto le añadimos la angustia de muchos padres y madres que han perdido el trabajo y no pueden pagar el alquiler o comprar comida, aún parece más absurdo tener que preocuparse por los contenidos escolares de los más pequeños.

Ante esta situación, y sin que esto quiera decir que no se tiene que hacer nada que tenga que ver con la escolarización, quizás habría que dejar los chavales un poco en paz. Quizás el que hace falta es no agobiarlos  más con la obligación de hacer todos los “deberes” y, en cambio estar muy atentos a sus miedos y angustias. Quizás habría que dejar que hagan cosas nuevas, que inventen, que tomen iniciativas, que busquen nuevas actividades, que jueguen, que recorten, que escriban (un diario, cartas a los amigos, cuentos inventados, pequeñas obras de teatro), que canten y bailen, que construyan instrumentos, que pinten y decoren, que se disfracen, que recuperen juegos de los más mayores, que cocinen y hagan pasteles, que ayudan en las tareas domésticas (barrer, sacar el polvo), que aprendan a coser un botón…0 incluso, que se aburran! Dicen que no hay nada más creativo que el aburrimiento!

Quizás no es lo mejor obligarlos a estar muchas horas ante la pantalla para recibir “las clases”, más bien al contrario, el que haría falta es justamente limitar las horas de ordenador y de móvil, las horas de tele y de videojuegos. Hay tiempo para todo, y hay que aprovecharlo lejos de las pantallas. Es preciso que ordenar un poco la vida y ponar algunas normas, y ayudar a que ellos y ellas se vayan organizando. Hay que darles ideas y pautas, cosas que pueden hacer (que  son muchas) y algunos límites para que no abusen, sobre todo de las pantallas. Quizás en vez de seguir “clases” escolares, es mucho mejor mirar documentales y leer historias que tengan que ver con los contenidos que están haciendo en la escuela. Reportajes de países remotos, personajes que han estudiado, la vida en una etapa concreta de la historia, visitas virtuales a museos, conciertos… y todo aquello que amplíe su bagaje intelectual, cultural y artístico.

También habría que aprovechar para estimular los valores de la solidaridad y la colaboración. Hace falta que los niños y los jóvenes entiendan el que está pasando, sin alarmismos, pero explicando también todo el trabajo que hacen el personal sanitario (salir al balcón a aplaudir), las personas que limpian, las personas voluntarias que ayudan a la gente mayor y, en general, todas aquellas personas que hacen posible que ellos y ellas puedan estar en casa, a cobijo del virus. Hay que explicar la importancia de tener una sanidad pública donde todas las personas, ricas o pobres, pueden ir a curarse. Y como el quedarse en casa es, en sí mismo, un acto de solidaridad con sus amigos y amigas, abuelos y abuelas y con la población en general.

Por parte del profesorado, no se trata de reconvertir el temario que tocaba en forma digital, sino tener contacto personal (virtual, está claro) con el alumnado, que puedan explicar como están y que hacen y darles diferentes opciones y materiales que los ayuden a pasar el tiempo y que sean educativas, en el sentido amplio de la palabra.

Todo esto quizás ahorraría la angustia de las familias y la desazón de los niños y jóvenes, y nos ahorraríamos, también, no aumentar la gran desigualdad escolar que ya existe. Es evidente que compensar las desigualdades que ya existían sin el coronavirus, es del todo imposible, pero lo que sí podríamos hacer es buscar maneras de no aumentarlas. Y esto querría decir: por un lado, no avanzar ninguna materia escolar, ya que ello dejaría atrás los que tienen más dificultades. Y por la otra, dedicar muchos más recursos el próximo curso para atender aquel alumnado que ha sido más perjudicado de este período de confinamiento.

Cuidaos mucho!

Fuente del artículo: Equipo de OVE.

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