La contextualización de la educación y la complejidad

Por: Luis Palacios Ortega*

 

La educación actual,  ¿descontextualiza?

 

La educación no ocurre por partes, separada, sino en forma compleja, integrada, holística. No es posible dividirla por rubros, fragmentarla, ya que terminaríamos destruyéndola y privándola de sentido. Aprendemos por la vía de la complejidad, respondiendo a nuestras propias motivaciones, decidiendo qué conocer. Pero dichas motivaciones no provienen exclusivamente de la inteligencia sino también del sentido que le damos a nuestra vida, donde  significar va más allá de una aplicación, significa inventar, crear, asumir el mundo.

Descontextualizar es sacar algo (objeto, contenido, persona) de su contexto natural e introducirlo en otro al que no pertenece. La educación convencional, a través de la formación  por competencias ha sacado de su contexto al alumno al pretender lograr: la innovación, la competitividad, la productividad o la excelencia, como lo han mencionado en muchas oportunidades el Gobierno Mexicano en turno. La educación convencional descontextualiza, debido a que obliga a los estudiantes a aprender conceptos, apropiarse de modelos, atender demandas y a ser evaluados con contenidos, estándares e instrumentos  ajenos a sus necesidades e idiosincrasia, a esto hay que agregar lo que Elie Wiesel dice, que el problema de la educación es que: “ha enfatizado teorías en lugar de valores; conceptos más que seres humanos; abstracciones en vez de sentido; respuestas y no preguntas; ideología y eficiencia, más que conciencia” (citada en Orr, 2004).

Descontextualiza debido a que ha restringido el aprendizaje  exclusivamente a lo que sucede en la escuela, a las competencias a desarrollar, a los perfiles de egreso a cubrir y a las evaluaciones estandarizadas, sin comprender que la educación se nutre con la experiencia personal y social. Esto promueve procesos de enseñanza  descontextualizados, que  no abonan a la comprensión de la dimensión local-regional como parte constitutiva de la trama vital del planeta y que permita a las comunidades construir sistemas ecológicos sanos y resilientes (Rutter, 1993). La educación ha trabajado en favor del llamado desarrollo económico, dejando de lado el social o el sustentable. Contrario a lo que expresa Schön (1998), la educación deja de lado un proceso importante para el docente: confrontar la teoría con la práctica cotidiana, imposibilitando el compromiso reflexivo en la acción.

Con el distanciamiento social la tecnología (las TIC), el internet y la llamada educación a distancia crean en los estudiantes y docentes “trampas” sutiles. La pantalla y los buscadores nos llevan a creer que se tiene una biblioteca en casa y pueden enterarse y leer sin comprar libros. El cómputo, su velocidad  y los instrumentos sofisticados, nos distraen y han llegado al punto de conceptualizarse como herramientas “indispensables”, más allá de lo que podemos lograr con ellas. El problema que se presenta en esta era de la información, no es cómo utilizar el internet o la biblioteca para encontrar o canalizar información, sino cómo transformar esta información en conocimiento y cómo transformar el conocimiento en sabiduría. Los estudiantes deben saber cernir, desgranar la información que entra por nuestros sentidos, como la corriente de agua subterránea que se purifica al pasar por el manto de piedra.

Por si fuera poco, cuando nos conectamos a internet ya no vemos el bosque, bueno, ni siquiera los árboles, vemos sólo hojas y ramas, pues entramos a un ecosistema de tecnologías de interrupción, donde tanto Google como Microsoft nos presentan pedazos o fragmentos de la realidad a través de sus buscadores (Carr, 2010).

¿Qué es contextualizar?

Morin (2000), en su texto: “La mente bien ordenada”  plantea que la contextualización y el desarrollo de las aptitudes para contextualizar, se han convertido en un imperativo de la educación. El desarrollo de las aptitudes para contextualizar promueve un pensamiento que sitúa todo acontecimiento, información o conocimiento y promueve habilidades respecto de su entorno cultural, social, económico, político y natural. Es por ello que se hace necesaria una educación que permita a las personas responder a los desafíos de la globalidad y de la complejidad en la vida cotidiana, social, política, nacional y mundial, es ahí donde cobra importancia la contextualización.

Contextualizar es el manejo de conocimientos e información crítica que permita entender el contexto,  donde el entramado de conflictos, emociones y situaciones diversas, son resultado de la complejidad (Morin, 2000). A partir de ella plantea siete principios para la educación, de los cuales  rescato los dos que considero abonan a la contextualización. El primero es el principio dialógico, el cual:

[…] ayuda a pensar en un mismo espacio mental lógicas que se complementan y se excluyen […] puede ser definido como la asociación compleja (complementaria/concurrente/antagonista) de instancias necesarias, conjuntamente necesarias para la existencia, el funcionamiento y el desarrollo de un fenómeno organizado (Morin, 2002, p. 31).

El segundo es  el principio de reintroducción del cognoscente en todo conocimiento. Éste principio propone devolver el protagonismo del observador/computador/estratega (o sea del educador), en todo conocimiento, en virtud de que el sujeto no es un reflejo de la realidad, la construye. Así mismo señala que el conocimiento no es la acumulación de datos o de informaciones, sino su organización.

Contextualizar ayuda a describir, comprender y detallar cómo se dan las relaciones entre un fenómeno determinado y su apropiado contexto para ser bien interpretado. Es buscar la explicación del por qué se dan los eventos o fenómenos, y cómo se producen. Un aspecto importante en el proceso de explicación del por qué en la contextualización lo representa la inferencia.  Inferir es  llegar a una conclusión a partir de hechos, proposiciones o principios, ya sean generales o particulares.

El educador contextualiza cuando vincula la educación al contexto. En la Educación Normal, por ejemplo, esto es posible cuando los estudiantes normalistas realizan sus actividades de práctica docente en condiciones reales. Esto representa un contacto directo con el ámbito local-regional en el que se ubica un centro educativo. Se hace necesario orientar la Educación Normal  hacia el fortalecimiento esta actividad, con elementos que le permitan al estudiante normalista, no sólo “cumplir” con  los requerimientos de una actividad en teoría formativa, sino abrirse al estudio del territorio local, pensarlo y participar en su transformación, descubrir las conexiones ocultas en las cosas más cotidianas, en los fenómenos que afectan al planeta entero (Guillaumín, 2009).  Es necesario  transitar hacia nuevas formas de educar y de recuperar la relación entre las comunidades y los contextos locales, relación rota por la globalización, la cultura global, la sociedad del conocimiento y la economía.

Desarrollar esta educación requiere un docente que piense (planee, programe, dosifique, medie), considerando la complejidad y se comprometa a fomentarlo con los estudiantes, así como a promover la organización de sus ideas y conocimientos a partir de la interpretación de  los fenómenos, problemas y acontecimientos, con la idea de promover y acompañar a los estudiantes hacia una visión educativa distinta, al abordar todos los fenómenos de la naturaleza, la curiosidad, el desarrollo de la observación y la indagación constante, lo que posibilita intervenir en su realidad y contexto.

Cuando me refiero a contextualizar, me refiero también a que el docente disponga el ambiente necesario para un proceso educativo donde un estudiante descubra, comparta, discuta y construya significados propios. Esto no es una idea nueva en sí misma, lo que es nuevo es el cambio paradigmático que le da curso, ya que es lograr que pase a otro nivel de consciencia, a través de un planteamiento distinto en relación con el uso de sus sentidos  y de su interacción con el medio y sus problemáticas. Para ello se hace necesario que el manejo curricular sea abierto, dinámico y que permita que se aborden los contenidos a través de situaciones reales. No me refiero a la “manoseada” flexibilidad curricular sino a una visión renovada de ésta.

Es evidente y criticado por innumerables actores en el proceso educativo, que los actuales procesos de enseñanza, desconectados del contexto, no motivan la reflexión crítica sobre la realidad social del entorno. En la educación convencional se intentan establecer algunos vínculos, que se limitan a esfuerzos aislados, que no transcienden a la reflexión ni a la toma de posturas ante las diferentes problemáticas de la región o del país. Es necesario educar para la vida en comunidad, por lo tanto ésta debe formar parte de la institución educativa, a través de incorporar los contenidos o problemáticas locales a las escuelas. Hacer referencia a los asuntos del medio, para así, comprender la realidad.

Contextualizar la educación tiene  una importante relación histórica. Representa una alternativa que busca revertir los rasgos representativos básicos de la Modernidad, de las ideas que influenciaron al desarrollo: a) La industrialización, que representa la principal herramienta a través de la cual se aspira a aumentar la productividad, la economía y se aspira al llamado desarrollo;  b) la innovación: bajo esta idea las tradiciones del pasado se consideran obsoletas, por lo que se promueve su revisión, actualización y los cambios constantes; c) el conocimiento científico: la ciencia, la experimentación práctica y la razón  son  las bases del conocimiento superando el antiguo dominio de los saberes ancestrales;  d) la capacidad de creación: se enfatiza en la capacidad creativa y creadora del hombre en relación a su potencial para modificar su entorno a través de la ciencia y la tecnología al servicio del mercado y  e) la individualidad: se ha fomentado la introspección, la búsqueda de objetivos y recursos económicos de forma individual, que brinden status y permitan acceder a satisfactores de necesidades creadas por el mercado (Lasso, 2015).

La contextualización y la complejidad 

Existe una relación entre complejidad y  contextualización.  La complejidad puede pensarse como un tejido y no como la existencia de objetos y fenómenos separados. Es por ello que se necesario asociar los contenidos de aprendizaje en relación con el entorno, así como vincularlos con el estudiante, que tengan un significado para su vida. Esa sería una aproximación al concepto de contextualización. La relación entre la contextualización y la complejidad se origina con el término contexto, en relación a la idea de un entramado o tejido de significados provenientes del medioambiente. El contexto tiene las características de un todo; de un todo articulado, entrelazado, imbricado, que se desarrolla sobre planos distintos, y que evoluciona, vive, se genera en un constante proceso dialéctico entre sus componentes, que están caracterizados por una propia autonomía organizacional y experiencial.

Contextualizar representa un proceso cognitivo, en el que se reconocen los múltiples contextos (escalas, dimensiones) de fenómenos, hechos y situaciones, es decir, existen fenómenos que se presentan el contexto familiar, escolar, comunitario o regional que afectan al estudiante. El resultado del proceso de contextualización se refleja en la consciencia con la que el estudiante analiza y  representa su entorno y la comprensión de la unión entre el fenómeno que se intenta comprender y el contexto en el que se ha situado.

La contextualización  ayuda a describir, comprender y detallar cómo se generan las relaciones entre un fenómeno determinado y su apropiado contexto para ser bien interpretado. No sólo tiene que ver con acompañar/vincular las informaciones de un tema concreto con las circunstancias (naturales, sociales, históricas, culturales) que sitúan dinámicamente en tiempo y espacio los fenómenos. También tiene que ver con la «conexión» de dicho tema con las experiencias (o la ausencia de ellas) de los estudiantes. Cuando se habla de contextualizar la educación, lo primero que se piensa es en contextualizar las materias del curriculum, es decir, los contenidos a trabajar.

Presento a continuación dos esquemas, el de un currículum convencional y el de mi propuesta de un currículum orgánico (Palacios, 2018). En el ejemplo del currículum en la educación convencional: cuadrado, rígido, donde las materias se encuentran dispersas, aisladas. Sus contornos están perfectamente delimitados sin vinculación entre ellas, lo que provoca que los estudiantes aprendan a pensar por separado y a ubicar los problemas en una asignatura, sin vincularlos a otras ni a la realidad. No se articulan con el ámbito local donde se ubica la escuela, éste se encuentra fuera de esa propuesta:

En el ejemplo que presento a continuación relativo a un currículum orgánico, los cursos comparten algunas áreas y contenidos. Un curso sigue teniendo un centro, contenidos disciplinares, pero ahora consigue articularse a otros saberes contenidos en otras materias. Lo que se consigue es que se «expandan» y comiencen a «tocarse» e «introducirse» entre ellas. Los límites que separan a los cursos desaparecen. El ámbito local es donde esas materias, cursos y contenidos interactúan, generan un sistema de conocimiento e informaciones y producen emergencias en forma de informaciones y conocimientos nuevos, que se traducen en una paulatina contextualización del proceso de aprendizaje:

En la formación de docentes durante su Educación Normal, la contextualización puede concretarse, en primer lugar, al orientar a los estudiantes hacia la observación y análisis de problemáticas educativas, sociales o ambientales a partir de una visión integradora de su práctica docente. Por ejemplo, las  relacionadas con atender el desfase que existe en  lo relativo a la comprensión lectora, a través de los contenidos de otras asignaturas, como la geografía o la historia.

En segundo lugar, al promover el desarrollo de una práctica docente cuya referencia sea el contexto y la complejidad, lo que  implica estrategias orientadas hacia: a) pensar, tratar y resolver problemas en situaciones de complejidad; b) el desarrollo del pensamiento como arte dialógico, en la esfera del lenguaje, la lógica y la conciencia y c) la reflexión, es decir la capacidad de “pensar bien”,  de reflexionar acerca de nuestros pensamientos, volvernos capaces de elaborar y practicar estrategias, llevar a cabo nuestras apuestas (en este caso educativas) de manera absolutamente consciente. Esforzarse por  pensar bien es practicar un pensamiento que privilegie contextualizar y totalizar las informaciones y los conocimientos.

¿Cuáles son los desafíos hacia lograr la contextualización en la educación?

La contextualización en la educación requiere ser abordada a través de un currículum diferente, que promueva el conocimiento y estudio del territorio, que permita la religación de saberes, su vinculación en función del contexto e integración del conocimiento de éste a un  currículum  diferente. Este planteamiento se traduce en una práctica docente fundamentada en el conocimiento contextual del que emerge una pedagogía de la complejidad que promueve alumnos participativos, activos, que comprendan los fenómenos complejos y una escuela desprogramada, abierta al territorio, que reconozca la causalidad, simultaneidad y las contradicciones, cuya función sea la transformación de la sociedad actual, dominada por la cultura globalizadora a una que estreche sus relaciones con el mundo natural.

Un proceso educativo puede promover la contextualización de los conocimientos cuando el contexto adquiere una mayor importancia en la concepción del mismo, ya que determina y condiciona, en gran medida, lo que el estudiante realiza en el aula, la manera en que asume ciertas tareas de aprendizaje, su percepción del estudio y su estilo particular de actuación en la institución educativa. La contextualización privilegia el aprendizaje y reconoce al profesor como uno de varios mediadores del conocimiento y de la cultura social.

La contextualización es posible cuando el currículum promueve en los alumnos la visión del conocimiento de una disciplina,  la física por ejemplo, como parte de una compleja red de valores y actividades que afectan al entorno y a la sociedad. Así, la enseñanza de la física en el contexto de las situaciones del mundo real evitaría dar a los alumnos la idea que las ciencias no tienen que preocuparse de los problemas de la sociedad, que los científicos sólo se preocupan de inventar teorías y de hacer descubrimientos sin que les interese si estos se usan o cómo se usan. La enseñanza en el contexto del mundo concreto le daría real valor a la premisa que la educación (incluyendo la educación científica o artística) es para todos.

Cuando la información se contextualiza (se pone en contexto y es significativa) genera aprendizajes significativos. Se logra un aprendizaje significativo a través del uso del aprendizaje incidental (en forma no deliberada y sin esfuerzo),  donde las ciencias se aprenden al tratar de resolver problemas de otras áreas.  Esto es posible, por ejemplo, a través de estrategias como presentar  algunos organizadores visuales (Terán y Apolo, 2015), previos basados en el conocimiento que ya poseen los alumnos y relacionarlo con la vida diaria. Si el conocimiento es  un entramado de estructuras conceptuales, éste puede ser construido por el  alumno a partir de estos organizadores. Por otra parte, como el proceso enseñanza-aprendizaje es una actividad social, donde tienen lugar diversas interacciones (profesor-alumno, alumno-alumno, etc.), el profesor debe guiar el aprendizaje a fin de inducir la formación de esas interacciones. El manejo de conocimientos e información crítica permite comprender el contexto: el entramado de conflictos, emociones y situaciones diversas  resultado de la complejidad. El educador contextualiza cuando vincula la educación al contexto  y desarrolla habilidades para contextualizar a través del desarrollo de un pensamiento y una habilidad  situar todo acontecimiento, información o conocimiento respecto de su entorno cultural, social, económico, político y natural.

Se contextualiza la educación  si las situaciones de aprendizaje son plenas de sentido  para el alumno, logrando que el aprendizaje sea significativo, tengan sentido.  Pero, ¿qué es lo que tiene sentido para el alumno? La experiencia en la docencia de alumnos de la Escuela Normal, así como la observación de la práctica docente en diversos centros escolares, me permiten afirmar que los contextos cercanos a la experiencia cotidiana de los alumnos son los que tienen sentido para él, los que despiertan su interés, los que favorecen una disposición positiva hacia el aprendizaje y sirven para que los alumnos, guiados por el profesor, vayan estableciendo conexiones entre situaciones ya conocidas por ellos y los conceptos científicos o contenidos de aprendizaje nuevos necesarios para comprenderlos y que se articularán a lo largo del proceso educativo, a partir de esto podemos aproximarnos a un aprendizaje significativo. ¿Cómo saber si fue significativo? Una de los efectos es que después de algún tiempo, los alumnos recuerdan con claridad los temas tratados, aun en el caso de aquellos que regularmente habían tenido bajos rendimientos y se manifiesta en una mejor opinión de los alumnos acerca de alguna asignatura, por ejemplo, en la Física.

Debemos recordar que tener sentido o darle sentido al proceso educativo implica un fenómeno racional y emocional. De forma abstracta, el sentido puede ser la capacidad de una idea de tener coherencia y funcionalidad.  Sentido viene del latín sensus, la cual a su vez se deriva del vocablo sentío (sentir)  y tiene varios significados. Cuando me refiero a  “tener sentido o darle sentido”  a lo educativo a través de la contextualización,  me estoy refiriendo a la capacidad de percibir, tanto por los sentidos físicos como por la inteligencia, para conocer, saber o darse cuenta, así como para juzgar u opinar (http://deconceptos.com/general/sentido#ixzz4I66biBJU).

El proceso de contextualización de la educación se vincula a diversas vertientes educativas, un ejemplo de ellas es la Educación Basada en lo Local (EBL). La EBL se convierte en un vehículo para ello al promover una pedagogía que ayude a resistir a los embates de la economía neoliberal con dos propósitos fundamentales: la descolonización del espacio local,  una liberación progresiva de los efectos de las fuerzas económicas que dañan el ámbito local y la rehabitación del espacio local. Esto significa re-aprender a  habitar nuestros lugares sin hacer daño a los demás,  humano o no humano, lo que  representa otra dimensión del currículum.

Un currículum contextualiza la educación cuando la escuela se desprograma de la cultura globalizadora y evoluciona de un currículum convencional que enseña a través del entorno,  a uno que organiza los conocimientos alrededor del contexto con la consciencia de que  el entorno dicta su propio currículum y cuyos rasgos debieran aparecer en éste. La estrategia para lograrlo es promover  la investigación sobre problemas identificados por los propios niños y jóvenes,  a través de metodologías  como la investigación-acción,  que permitan conocer científicamente el territorio y vincular los contenidos de un currículum orgánico, lo que permite establecer una educación ambiental como una parte las vidas de las personas en sus lugares.

La contextualización promueve a través del currículum descubrimiento, la curiosidad y la experiencia como promotoras de la innovación. En ese proceso  se problematiza la realidad a partir de diversas perspectivas y actores. Se contextualiza cuando se involucra a profesores y estudiantes en los procesos de problematización, de investigación y de enseñanza-aprendizaje y descubren las posibilidades de crear relaciones posibles. Esto se contrapone, por ejemplo,  al planteamiento del enfoque por competencias del Aprendizaje Basado en Problemas (ABP),  que  adapta problemas a los contenidos de aprendizaje del plan de estudios. La diferencia está que la estrategia cambia: mientras el ABP cambia los elementos de un problema, los estudiantes en la EBL proponen soluciones a problemáticas partir de su interés, el diálogo y su narrativa de la realidad,  se extraen los elementos del problema y se ubican en relación con sus conocimientos, y lo más importante, se relacionan con lo que ignoran, lo que genera la necesidad de indagar, explorar, descubrir, investigar y proponer alternativas de solución.

En la contextualización, el educador, traslada sus saberes pedagógicos a la comunidad, a fin lograr la reintegración de los vínculos entre los individuos y su entorno. Su práctica docente se realizaría a través de una pedagogía crítica del lugar, cuya estrategia  parte de observar, junto con los actores del proceso educativo (alumnos, padres de familia, autoridades educativas), las afectaciones de la economía y corporaciones a su espacio vital, problematizar y buscar soluciones alcanzables, lo cual  representa poner el  currículum alrededor del estudio y del cuidado del lugar provee elementos hacia construir un currículum orgánico que se anida en  el contexto. El aula y la escuela se abren a los acontecimientos del entorno y a las experiencias e intereses del alumno. No se renuncia al trabajo áulico, se establecen y re-establecen las relaciones con lo que le rodea. Esto inspirar el cuidado del territorio y promueve la revitalización de la ciudadanía.  La estrategia consiste  en analizar, enriquecer y vincular el currículum oficial  a partir de la apertura de la escuela a los acontecimientos del entorno, lo que hace necesario un planteamiento (enfoque) diferente del currículum.

En una educación contextualizada, el currículum se abre al contexto y a sus características, evoluciona hacia un currículum que he llamado orgánico, el cual se desprograma y el contexto le provee de temáticas, informaciones y problemáticas que le dan sentido y enriquecen el aprendizaje. La relación entre los cursos produce nuevos conocimientos y contenidos, la interacción y complementariedad de los cursos producen emergencias.

 

La contextualización y la religación de saberes

 

La contextualización es una alternativa para  religar los conocimientos que están fragmentados y dispersos en las materias, asignaturas o cursos en el currículum convencional. Bajo el enfoque de que el contexto genera conocimiento, éste  cobra sentido para los estudiantes cuando el educador vincula los contenidos del currículum al contexto, y esos contenidos al interactuar producen emergencias. En esa idea el currículum orgánico se conformará al cambiar, sustituir o enriquecer los cursos en función de esas emergencias y las necesidades y condiciones histórico-sociales de los estudiantes.

Religar los conocimientos en el proceso de aprendizaje conlleva ámbitos que van desde la escritura de un texto hasta la aplicación de conocimientos científicos en su contexto. El estudiante puede tratar de explicar el ciclo el agua a través de la narrativa, a partir de los contenidos de la física o de las matemáticas, así como  un fenómeno social puede ser explicado por la narrativa desde la visión de  la estadística o la sociología. La estrategia es que el alumno  logre percibir  que los contenidos de los cursos de español, matemáticas o ciencias, tienen relación entre sí,  ya que existe una diversidad de formas de vinculación en la realidad, por lo que la propuesta es el reconocimiento de áreas, contenidos y saberes comunes, que permitan articularse con el contexto de aplicación. Un ejemplo es que a través de la indagación de un tema de ciencias (como pudiera ser el magnetismo), se utilice la narrativa para comunicar los resultados de un experimento y las alternativas o posibles aplicaciones en su realidad.

Otro aspecto que abona a  la contextualización y la religación de saberes es la integración del observador (el docente) a lo observado  (grupo escolar), a través de metodologías como la investigación-acción, y cómo esa visión transforma la percepción de lo que es el conocimiento y el aprendizaje, lo que favorece la capacidad de reflexionar, de meditar sobre el saber y eventualmente de integrarlo dentro de su propia vida. La integración del observador a lo observado, el aprendizaje de la religación,  aprender a problematizar y el estudio del pensamiento complejo, son ámbitos que se hacen necesarios en la Educación Normal a fin de religar, contextualizar, reflexionar y tratar de integrar el saber con la vida. Lo anterior provee  coherencia en la diversidad y complejidad de los fenómenos y permite comprenderlos.

La contextualización y la  religación de saberes permiten distinguir  dos vertientes que se hace necesario revisar en la educación: 1)  lo relativo al currículum y 2) una pedagogía de la complejidad:

  • Lo relativo al currículum.

A fin de que el currículum se contextualice,  es necesario incorporar a su diseño temas significativos para los alumnos. Si se tiene en cuenta como se aprende, se ve la imperiosa necesidad de partir del aquí y del ahora, lo que permitiría salir definitivamente de la fragmentación y diseñarlo pensando en qué es lo que los alumnos deben aprender y cómo se deben estructurar los aprendizajes para lograr resultados significativos. Se debe poner énfasis en ayudar a los alumnos a lograr resultados desde  perspectivas más amplias, desarrollar habilidades de pensamiento del más alto nivel y darles las oportunidades de hacer las conexiones entre los contenidos y los problemas de la vida real.

Se trata de dar el lugar central al diálogo, la confianza y el respeto, como forma de conexión enfocada hacia los problemas o preocupaciones compartidas, que tome en cuenta cada una de las perspectivas individuales y donde sus miembros establecen sus propios procedimientos para pensar, juzgar y comportarse. Las circunstancias que los alumnos deben enfrentar determinan lo que deben saber, lo que deben saber hacer y las actitudes que deben tener para que su vida sea una fuente de constante aprendizaje. En ese proceso desarrollan la comprensión, es decir,  la habilidad para usar el conocimiento en situaciones nuevas;  la capacidad de superar la acumulación de información y la transformación de las comunidades que forman parte.

La meta es construir el currículum que mejor abarque y atienda el proyecto institucional de cada escuela, el cual debe promover la comprensión de los objetivos a cumplir, eligiendo el modo de acceder al aprendizaje, conociendo sus posibilidades y desarrollando y buscando soluciones para potenciar sus capacidades.  Las implicaciones que conlleva el diseño de un currículum orgánico contextualizado:

  • El curriculum muestra lo que se piensa sobre lo que se debe aprender y lo que es importante para los alumnos a partir del conocimiento del ámbito local donde se ubica la escuela.
  • Debe estar lo más cercano a la realidad de los estudiantes, llevándolos a realizar patrones de asociación mental, a cuestionarse, a transformar, a formular nuevos modelos mentales más profundos, más complejos.
  • Tomar en cuenta que el aprendizaje es algo personal, y que el saber debe servir para la vida misma, a partir de contenidos y procesos significativos.
  • Pensar en un curriculum interdependiente, que refuerce la aptitud interrogativa, exigir la capacidad de contextualizar, de plantearse los problemas del hombre y del medio, de buscar soluciones, de ejercer un pensamiento riguroso.
  • Debe garantizar la libertad, es decir, ofrecer la posibilidad de elecciones permanentes. Esto garantiza el objetivo de aprender a elegir, de responsabilizarse por lo elegido y desarrollar al máximo sus capacidades. Logra que el alumno esté altamente motivado, dedicado a algo que le es significativo y, por lo tanto, poniendo todo su esfuerzo y voluntad para lograrlo.
  • La evaluación de este curriculum debe ser integral y realista, donde se demuestre la comprensión, la apropiación y la aplicación del conocimiento, las habilidades, actitudes y valores en una situación de vida real; la resolución de problemas, la habilidad para utilizar el lenguaje de las disciplinas en situaciones complejas, la habilidad para demostrar, explicar o enseñar ideas o habilidades a otros y la habilidad para resolver situaciones inesperadas.

La estrategia más adecuada es hacerlo a través de un enfoque sistémico, pero, ¿cuál es el beneficio de este enfoque en la educación?  La educación no debe estar organizada para que domine rígidamente la estructura y el orden, porque un sistema completamente ordenado es incapaz de interactuar con su medio y producir algo nuevo. El enfoque sistémico permite a la educación  contar con principios organizativos que incluyen  lo azaroso,  para sacudir el orden inestable del que está hecha la vida, para arribar a situaciones en las que prevalezcan ciertos principios que permitan el entendimiento y la colaboración, con una dosis de desorden y desorganización, que no es sino expresión de la libertad creativa de quienes reflexionan para explorar situaciones educativas novedosas.

  • Una pedagogía de la complejidad.

Una pedagogía de la complejidad propone caminos, conduce a algo que es posible; indica vías, trayectorias, movimiento, orientaciones, hacia formas realizables,  hacia aperturas, conocimientos, realidades y propuestas. Expresa una búsqueda, un deseo de descubrimiento, un sentido de incertidumbre, de duda. Implica un acercamiento, una manera de observar, de leer, de  comprender la realidad. Es una teoría abierta a posibilidades y diversidades y al mismo tiempo una praxis intencional generadora de cambio y de reflexiones que en espiral continua se abre en juegos de oposiciones y resoluciones, de convergencias y divergencias (Morin, 1998). Jimeno Sacristán (en  Pujolás, 2010) la plantea como una estructura educativa capaz de enseñar con un alto nivel intelectual en clases que son heterogéneas desde el punto de vista académico, lingüístico, racial, étnico y social, de forma que las tareas académicas puedan ser atractivas y retadoras.

Se constituye como elaboración permanente, como análisis, como explicación, en un entrecruzamiento de praxis y teoría. Pretende ser un cuestionamiento constructivo desde la complejidad de los fenómenos  que estudia. Se presenta como construcción de conocimiento acerca de la enseñanza, que es su fuente y su meta, como un esfuerzo por parte del espíritu para enlazar, articular  y religar la dispersión de nuestro saber vivir y de nuestra capacidad de comprensión. Consiste en la respuesta del espíritu frente a la fragmentación y dispersión de los conocimientos que no pueden hacer frente a la emergencia  de los fenómenos complejos. Finalmente  es un pensamiento que relaciona, el arte de pensar y una estrategia del espíritu frente a la paradoja que anima el actual contexto que globaliza y al mismo tiempo fragmenta.

Para que el conocimiento sea pertinente deberá  ubicar las informaciones y los elementos en su contexto para que adquieran sentido. La contextualización determina las condiciones de su inserción y los límites de su validez. El desarrollo de la aptitud para contextualizar tiende a producir el surgimiento de un pensamiento ecologizante en el sentido de que sitúa todo acontecimiento, información o conocimiento en una relación inseparable con el medio cultural, social, económico, político y por supuesto, natural. (Morin, 2001). Es en el salón de clases donde se conjugan las diversas perspectivas de abordaje de la didáctica y donde es posible (re)plantear las estrategias que hagan posible una  pedagogía de la complejidad como construcción dialéctica, que conjuga la teoría con la práctica a través de un método y a partir  del  contexto.

Es necesario abordar el ámbito de la didáctica en relación directa y profunda con el del salón de clases, el patio escolar, el parque o cualquier lugar que sirva de aula, en virtud de que sea ahí donde los niños y los jóvenes sean capaces de transformar sus percepciones, informaciones y datos en conocimientos significativos, a conocer y revalorizar sus propios lugares. Esto puede posibilitar la construcción de alternativas al sistema económico hegemónico que vivimos, al atender a los alumnos como seres ubicados en contextos particulares, no como recursos que deben moldearse a las necesidades del mercado. Esto implica la no disciplinarización de la educación y, como lo he mencionado, la no linealización de los currículos.

Replantear la didáctica hace necesario proponer contextualizar la educación, lo que implica complejizarla, y que se traduzca en cambios en las estructuras de aprendizaje. Ello conduce a la necesidad de considerar la importancia de un aprendizaje diferente al acumulativo, y situar abiertamente en el foco la importancia de la innovación, a diferencia de lo que convencionalmente se realiza: simplemente la educación doma, condiciona, determina. En contraste, en la complejización de la educación a mayores grados de libertad mayor complejidad.

La educación  ha sido vista simple y llanamente como un fenómeno centrado en la memoria, didáctica, programas, indicadores, mediciones, impacto, habilidades y competencias, a partir del trabajo en un salón de clases.  En contraste, complejizar en éste tiene que ver con poner claramente sobre la mesa, a plena luz del día, el papel fundamental del juego, la imaginación, la fantasía. En otras palabras, el significado de las emergencias y la autorganización,  por encima de los programas y currículos, siempre eminentemente secuenciales y lineales y que no permiten ni admiten sorpresas, es decir, aprendizaje. En ese sentido los educadores debemos tener claro que la institucionalización-escolarización es un proceso opuesto a la contextualización-complejización de la educación a la que me he referido, cuyo impacto se refleja en las dinámicas y estructuras de orden institucional (Morin, 2004).

Una especie de conclusión…

Contextualizar la educación representa el desafío de crear un sistema que responda al sentido más humanista de la educación: la capacidad de un sujeto para formular y realizar su proyecto personal de vida, para ser protagonista activo de la sociedad del mañana, la cual se presenta compleja, cambiante, globalizada, llena de oportunidades, rica en conocimiento, pero abatida por los problemas ecológicos, económicos  y sociales generados por el capitalismo devorador. Es necesario plantear un modelo alternativo de educación que apunte a la reunificación y contextualización del conocimiento, que  reintegre y (re)articule las disciplinas científicas en el marco de las prácticas pedagógicas, en el que cada escuela pueda ser un primer circuito de aprendizaje con su entorno, captar el medio ambiente escolar de forma natural, las interacciones y entrecruzamientos con el contexto, al que deberá cuidar y dar nuevas respuestas en cada instancia. La idea es mejorar la educación, no la escolarización de los estudiantes.

*Académico de la B.E.N.V.


REFERENCIAS

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Terán, F. y Apolo, G. (2015). El uso de organizadores gráficos en el proceso de enseñanza-Aprendizaje. Artículo. Revista: Atlante. Cuadernos de Educación y Desarrollo. Recuperado de:

http://www.eumed.net/rev/atlante/2015/05/organizadores-graficos.html

Fuente de la información: https://profelandia.com/

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Luis Palacios Ortega

Académico de la Escuela Normal Veracruzana "Enrique C. Rébsamen", de la ciudad de Xalapa, Veracruz-México

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