La contextualización de la educación y la complejidad

Por: Luis Palacios Ortega*

 

La educación actual,  ¿descontextualiza?

 

La educación no ocurre por partes, separada, sino en forma compleja, integrada, holística. No es posible dividirla por rubros, fragmentarla, ya que terminaríamos destruyéndola y privándola de sentido. Aprendemos por la vía de la complejidad, respondiendo a nuestras propias motivaciones, decidiendo qué conocer. Pero dichas motivaciones no provienen exclusivamente de la inteligencia sino también del sentido que le damos a nuestra vida, donde  significar va más allá de una aplicación, significa inventar, crear, asumir el mundo.

Descontextualizar es sacar algo (objeto, contenido, persona) de su contexto natural e introducirlo en otro al que no pertenece. La educación convencional, a través de la formación  por competencias ha sacado de su contexto al alumno al pretender lograr: la innovación, la competitividad, la productividad o la excelencia, como lo han mencionado en muchas oportunidades el Gobierno Mexicano en turno. La educación convencional descontextualiza, debido a que obliga a los estudiantes a aprender conceptos, apropiarse de modelos, atender demandas y a ser evaluados con contenidos, estándares e instrumentos  ajenos a sus necesidades e idiosincrasia, a esto hay que agregar lo que Elie Wiesel dice, que el problema de la educación es que: “ha enfatizado teorías en lugar de valores; conceptos más que seres humanos; abstracciones en vez de sentido; respuestas y no preguntas; ideología y eficiencia, más que conciencia” (citada en Orr, 2004).

Descontextualiza debido a que ha restringido el aprendizaje  exclusivamente a lo que sucede en la escuela, a las competencias a desarrollar, a los perfiles de egreso a cubrir y a las evaluaciones estandarizadas, sin comprender que la educación se nutre con la experiencia personal y social. Esto promueve procesos de enseñanza  descontextualizados, que  no abonan a la comprensión de la dimensión local-regional como parte constitutiva de la trama vital del planeta y que permita a las comunidades construir sistemas ecológicos sanos y resilientes (Rutter, 1993). La educación ha trabajado en favor del llamado desarrollo económico, dejando de lado el social o el sustentable. Contrario a lo que expresa Schön (1998), la educación deja de lado un proceso importante para el docente: confrontar la teoría con la práctica cotidiana, imposibilitando el compromiso reflexivo en la acción.

Con el distanciamiento social la tecnología (las TIC), el internet y la llamada educación a distancia crean en los estudiantes y docentes “trampas” sutiles. La pantalla y los buscadores nos llevan a creer que se tiene una biblioteca en casa y pueden enterarse y leer sin comprar libros. El cómputo, su velocidad  y los instrumentos sofisticados, nos distraen y han llegado al punto de conceptualizarse como herramientas “indispensables”, más allá de lo que podemos lograr con ellas. El problema que se presenta en esta era de la información, no es cómo utilizar el internet o la biblioteca para encontrar o canalizar información, sino cómo transformar esta información en conocimiento y cómo transformar el conocimiento en sabiduría. Los estudiantes deben saber cernir, desgranar la información que entra por nuestros sentidos, como la corriente de agua subterránea que se purifica al pasar por el manto de piedra.

Por si fuera poco, cuando nos conectamos a internet ya no vemos el bosque, bueno, ni siquiera los árboles, vemos sólo hojas y ramas, pues entramos a un ecosistema de tecnologías de interrupción, donde tanto Google como Microsoft nos presentan pedazos o fragmentos de la realidad a través de sus buscadores (Carr, 2010).

¿Qué es contextualizar?

Morin (2000), en su texto: “La mente bien ordenada”  plantea que la contextualización y el desarrollo de las aptitudes para contextualizar, se han convertido en un imperativo de la educación. El desarrollo de las aptitudes para contextualizar promueve un pensamiento que sitúa todo acontecimiento, información o conocimiento y promueve habilidades respecto de su entorno cultural, social, económico, político y natural. Es por ello que se hace necesaria una educación que permita a las personas responder a los desafíos de la globalidad y de la complejidad en la vida cotidiana, social, política, nacional y mundial, es ahí donde cobra importancia la contextualización.

Contextualizar es el manejo de conocimientos e información crítica que permita entender el contexto,  donde el entramado de conflictos, emociones y situaciones diversas, son resultado de la complejidad (Morin, 2000). A partir de ella plantea siete principios para la educación, de los cuales  rescato los dos que considero abonan a la contextualización. El primero es el principio dialógico, el cual:

[…] ayuda a pensar en un mismo espacio mental lógicas que se complementan y se excluyen […] puede ser definido como la asociación compleja (complementaria/concurrente/antagonista) de instancias necesarias, conjuntamente necesarias para la existencia, el funcionamiento y el desarrollo de un fenómeno organizado (Morin, 2002, p. 31).

El segundo es  el principio de reintroducción del cognoscente en todo conocimiento. Éste principio propone devolver el protagonismo del observador/computador/estratega (o sea del educador), en todo conocimiento, en virtud de que el sujeto no es un reflejo de la realidad, la construye. Así mismo señala que el conocimiento no es la acumulación de datos o de informaciones, sino su organización.

Contextualizar ayuda a describir, comprender y detallar cómo se dan las relaciones entre un fenómeno determinado y su apropiado contexto para ser bien interpretado. Es buscar la explicación del por qué se dan los eventos o fenómenos, y cómo se producen. Un aspecto importante en el proceso de explicación del por qué en la contextualización lo representa la inferencia.  Inferir es  llegar a una conclusión a partir de hechos, proposiciones o principios, ya sean generales o particulares.

El educador contextualiza cuando vincula la educación al contexto. En la Educación Normal, por ejemplo, esto es posible cuando los estudiantes normalistas realizan sus actividades de práctica docente en condiciones reales. Esto representa un contacto directo con el ámbito local-regional en el que se ubica un centro educativo. Se hace necesario orientar la Educación Normal  hacia el fortalecimiento esta actividad, con elementos que le permitan al estudiante normalista, no sólo “cumplir” con  los requerimientos de una actividad en teoría formativa, sino abrirse al estudio del territorio local, pensarlo y participar en su transformación, descubrir las conexiones ocultas en las cosas más cotidianas, en los fenómenos que afectan al planeta entero (Guillaumín, 2009).  Es necesario  transitar hacia nuevas formas de educar y de recuperar la relación entre las comunidades y los contextos locales, relación rota por la globalización, la cultura global, la sociedad del conocimiento y la economía.

Desarrollar esta educación requiere un docente que piense (planee, programe, dosifique, medie), considerando la complejidad y se comprometa a fomentarlo con los estudiantes, así como a promover la organización de sus ideas y conocimientos a partir de la interpretación de  los fenómenos, problemas y acontecimientos, con la idea de promover y acompañar a los estudiantes hacia una visión educativa distinta, al abordar todos los fenómenos de la naturaleza, la curiosidad, el desarrollo de la observación y la indagación constante, lo que posibilita intervenir en su realidad y contexto.

Cuando me refiero a contextualizar, me refiero también a que el docente disponga el ambiente necesario para un proceso educativo donde un estudiante descubra, comparta, discuta y construya significados propios. Esto no es una idea nueva en sí misma, lo que es nuevo es el cambio paradigmático que le da curso, ya que es lograr que pase a otro nivel de consciencia, a través de un planteamiento distinto en relación con el uso de sus sentidos  y de su interacción con el medio y sus problemáticas. Para ello se hace necesario que el manejo curricular sea abierto, dinámico y que permita que se aborden los contenidos a través de situaciones reales. No me refiero a la “manoseada” flexibilidad curricular sino a una visión renovada de ésta.

Es evidente y criticado por innumerables actores en el proceso educativo, que los actuales procesos de enseñanza, desconectados del contexto, no motivan la reflexión crítica sobre la realidad social del entorno. En la educación convencional se intentan establecer algunos vínculos, que se limitan a esfuerzos aislados, que no transcienden a la reflexión ni a la toma de posturas ante las diferentes problemáticas de la región o del país. Es necesario educar para la vida en comunidad, por lo tanto ésta debe formar parte de la institución educativa, a través de incorporar los contenidos o problemáticas locales a las escuelas. Hacer referencia a los asuntos del medio, para así, comprender la realidad.

Contextualizar la educación tiene  una importante relación histórica. Representa una alternativa que busca revertir los rasgos representativos básicos de la Modernidad, de las ideas que influenciaron al desarrollo: a) La industrialización, que representa la principal herramienta a través de la cual se aspira a aumentar la productividad, la economía y se aspira al llamado desarrollo;  b) la innovación: bajo esta idea las tradiciones del pasado se consideran obsoletas, por lo que se promueve su revisión, actualización y los cambios constantes; c) el conocimiento científico: la ciencia, la experimentación práctica y la razón  son  las bases del conocimiento superando el antiguo dominio de los saberes ancestrales;  d) la capacidad de creación: se enfatiza en la capacidad creativa y creadora del hombre en relación a su potencial para modificar su entorno a través de la ciencia y la tecnología al servicio del mercado y  e) la individualidad: se ha fomentado la introspección, la búsqueda de objetivos y recursos económicos de forma individual, que brinden status y permitan acceder a satisfactores de necesidades creadas por el mercado (Lasso, 2015).

La contextualización y la complejidad 

Existe una relación entre complejidad y  contextualización.  La complejidad puede pensarse como un tejido y no como la existencia de objetos y fenómenos separados. Es por ello que se necesario asociar los contenidos de aprendizaje en relación con el entorno, así como vincularlos con el estudiante, que tengan un significado para su vida. Esa sería una aproximación al concepto de contextualización. La relación entre la contextualización y la complejidad se origina con el término contexto, en relación a la idea de un entramado o tejido de significados provenientes del medioambiente. El contexto tiene las características de un todo; de un todo articulado, entrelazado, imbricado, que se desarrolla sobre planos distintos, y que evoluciona, vive, se genera en un constante proceso dialéctico entre sus componentes, que están caracterizados por una propia autonomía organizacional y experiencial.

Contextualizar representa un proceso cognitivo, en el que se reconocen los múltiples contextos (escalas, dimensiones) de fenómenos, hechos y situaciones, es decir, existen fenómenos que se presentan el contexto familiar, escolar, comunitario o regional que afectan al estudiante. El resultado del proceso de contextualización se refleja en la consciencia con la que el estudiante analiza y  representa su entorno y la comprensión de la unión entre el fenómeno que se intenta comprender y el contexto en el que se ha situado.

La contextualización  ayuda a describir, comprender y detallar cómo se generan las relaciones entre un fenómeno determinado y su apropiado contexto para ser bien interpretado. No sólo tiene que ver con acompañar/vincular las informaciones de un tema concreto con las circunstancias (naturales, sociales, históricas, culturales) que sitúan dinámicamente en tiempo y espacio los fenómenos. También tiene que ver con la «conexión» de dicho tema con las experiencias (o la ausencia de ellas) de los estudiantes. Cuando se habla de contextualizar la educación, lo primero que se piensa es en contextualizar las materias del curriculum, es decir, los contenidos a trabajar.

Presento a continuación dos esquemas, el de un currículum convencional y el de mi propuesta de un currículum orgánico (Palacios, 2018). En el ejemplo del currículum en la educación convencional: cuadrado, rígido, donde las materias se encuentran dispersas, aisladas. Sus contornos están perfectamente delimitados sin vinculación entre ellas, lo que provoca que los estudiantes aprendan a pensar por separado y a ubicar los problemas en una asignatura, sin vincularlos a otras ni a la realidad. No se articulan con el ámbito local donde se ubica la escuela, éste se encuentra fuera de esa propuesta:

En el ejemplo que presento a continuación relativo a un currículum orgánico, los cursos comparten algunas áreas y contenidos. Un curso sigue teniendo un centro, contenidos disciplinares, pero ahora consigue articularse a otros saberes contenidos en otras materias. Lo que se consigue es que se «expandan» y comiencen a «tocarse» e «introducirse» entre ellas. Los límites que separan a los cursos desaparecen. El ámbito local es donde esas materias, cursos y contenidos interactúan, generan un sistema de conocimiento e informaciones y producen emergencias en forma de informaciones y conocimientos nuevos, que se traducen en una paulatina contextualización del proceso de aprendizaje:

En la formación de docentes durante su Educación Normal, la contextualización puede concretarse, en primer lugar, al orientar a los estudiantes hacia la observación y análisis de problemáticas educativas, sociales o ambientales a partir de una visión integradora de su práctica docente. Por ejemplo, las  relacionadas con atender el desfase que existe en  lo relativo a la comprensión lectora, a través de los contenidos de otras asignaturas, como la geografía o la historia.

En segundo lugar, al promover el desarrollo de una práctica docente cuya referencia sea el contexto y la complejidad, lo que  implica estrategias orientadas hacia: a) pensar, tratar y resolver problemas en situaciones de complejidad; b) el desarrollo del pensamiento como arte dialógico, en la esfera del lenguaje, la lógica y la conciencia y c) la reflexión, es decir la capacidad de “pensar bien”,  de reflexionar acerca de nuestros pensamientos, volvernos capaces de elaborar y practicar estrategias, llevar a cabo nuestras apuestas (en este caso educativas) de manera absolutamente consciente. Esforzarse por  pensar bien es practicar un pensamiento que privilegie contextualizar y totalizar las informaciones y los conocimientos.

¿Cuáles son los desafíos hacia lograr la contextualización en la educación?

La contextualización en la educación requiere ser abordada a través de un currículum diferente, que promueva el conocimiento y estudio del territorio, que permita la religación de saberes, su vinculación en función del contexto e integración del conocimiento de éste a un  currículum  diferente. Este planteamiento se traduce en una práctica docente fundamentada en el conocimiento contextual del que emerge una pedagogía de la complejidad que promueve alumnos participativos, activos, que comprendan los fenómenos complejos y una escuela desprogramada, abierta al territorio, que reconozca la causalidad, simultaneidad y las contradicciones, cuya función sea la transformación de la sociedad actual, dominada por la cultura globalizadora a una que estreche sus relaciones con el mundo natural.

Un proceso educativo puede promover la contextualización de los conocimientos cuando el contexto adquiere una mayor importancia en la concepción del mismo, ya que determina y condiciona, en gran medida, lo que el estudiante realiza en el aula, la manera en que asume ciertas tareas de aprendizaje, su percepción del estudio y su estilo particular de actuación en la institución educativa. La contextualización privilegia el aprendizaje y reconoce al profesor como uno de varios mediadores del conocimiento y de la cultura social.

La contextualización es posible cuando el currículum promueve en los alumnos la visión del conocimiento de una disciplina,  la física por ejemplo, como parte de una compleja red de valores y actividades que afectan al entorno y a la sociedad. Así, la enseñanza de la física en el contexto de las situaciones del mundo real evitaría dar a los alumnos la idea que las ciencias no tienen que preocuparse de los problemas de la sociedad, que los científicos sólo se preocupan de inventar teorías y de hacer descubrimientos sin que les interese si estos se usan o cómo se usan. La enseñanza en el contexto del mundo concreto le daría real valor a la premisa que la educación (incluyendo la educación científica o artística) es para todos.

Cuando la información se contextualiza (se pone en contexto y es significativa) genera aprendizajes significativos. Se logra un aprendizaje significativo a través del uso del aprendizaje incidental (en forma no deliberada y sin esfuerzo),  donde las ciencias se aprenden al tratar de resolver problemas de otras áreas.  Esto es posible, por ejemplo, a través de estrategias como presentar  algunos organizadores visuales (Terán y Apolo, 2015), previos basados en el conocimiento que ya poseen los alumnos y relacionarlo con la vida diaria. Si el conocimiento es  un entramado de estructuras conceptuales, éste puede ser construido por el  alumno a partir de estos organizadores. Por otra parte, como el proceso enseñanza-aprendizaje es una actividad social, donde tienen lugar diversas interacciones (profesor-alumno, alumno-alumno, etc.), el profesor debe guiar el aprendizaje a fin de inducir la formación de esas interacciones. El manejo de conocimientos e información crítica permite comprender el contexto: el entramado de conflictos, emociones y situaciones diversas  resultado de la complejidad. El educador contextualiza cuando vincula la educación al contexto  y desarrolla habilidades para contextualizar a través del desarrollo de un pensamiento y una habilidad  situar todo acontecimiento, información o conocimiento respecto de su entorno cultural, social, económico, político y natural.

Se contextualiza la educación  si las situaciones de aprendizaje son plenas de sentido  para el alumno, logrando que el aprendizaje sea significativo, tengan sentido.  Pero, ¿qué es lo que tiene sentido para el alumno? La experiencia en la docencia de alumnos de la Escuela Normal, así como la observación de la práctica docente en diversos centros escolares, me permiten afirmar que los contextos cercanos a la experiencia cotidiana de los alumnos son los que tienen sentido para él, los que despiertan su interés, los que favorecen una disposición positiva hacia el aprendizaje y sirven para que los alumnos, guiados por el profesor, vayan estableciendo conexiones entre situaciones ya conocidas por ellos y los conceptos científicos o contenidos de aprendizaje nuevos necesarios para comprenderlos y que se articularán a lo largo del proceso educativo, a partir de esto podemos aproximarnos a un aprendizaje significativo. ¿Cómo saber si fue significativo? Una de los efectos es que después de algún tiempo, los alumnos recuerdan con claridad los temas tratados, aun en el caso de aquellos que regularmente habían tenido bajos rendimientos y se manifiesta en una mejor opinión de los alumnos acerca de alguna asignatura, por ejemplo, en la Física.

Debemos recordar que tener sentido o darle sentido al proceso educativo implica un fenómeno racional y emocional. De forma abstracta, el sentido puede ser la capacidad de una idea de tener coherencia y funcionalidad.  Sentido viene del latín sensus, la cual a su vez se deriva del vocablo sentío (sentir)  y tiene varios significados. Cuando me refiero a  “tener sentido o darle sentido”  a lo educativo a través de la contextualización,  me estoy refiriendo a la capacidad de percibir, tanto por los sentidos físicos como por la inteligencia, para conocer, saber o darse cuenta, así como para juzgar u opinar (http://deconceptos.com/general/sentido#ixzz4I66biBJU).

El proceso de contextualización de la educación se vincula a diversas vertientes educativas, un ejemplo de ellas es la Educación Basada en lo Local (EBL). La EBL se convierte en un vehículo para ello al promover una pedagogía que ayude a resistir a los embates de la economía neoliberal con dos propósitos fundamentales: la descolonización del espacio local,  una liberación progresiva de los efectos de las fuerzas económicas que dañan el ámbito local y la rehabitación del espacio local. Esto significa re-aprender a  habitar nuestros lugares sin hacer daño a los demás,  humano o no humano, lo que  representa otra dimensión del currículum.

Un currículum contextualiza la educación cuando la escuela se desprograma de la cultura globalizadora y evoluciona de un currículum convencional que enseña a través del entorno,  a uno que organiza los conocimientos alrededor del contexto con la consciencia de que  el entorno dicta su propio currículum y cuyos rasgos debieran aparecer en éste. La estrategia para lograrlo es promover  la investigación sobre problemas identificados por los propios niños y jóvenes,  a través de metodologías  como la investigación-acción,  que permitan conocer científicamente el territorio y vincular los contenidos de un currículum orgánico, lo que permite establecer una educación ambiental como una parte las vidas de las personas en sus lugares.

La contextualización promueve a través del currículum descubrimiento, la curiosidad y la experiencia como promotoras de la innovación. En ese proceso  se problematiza la realidad a partir de diversas perspectivas y actores. Se contextualiza cuando se involucra a profesores y estudiantes en los procesos de problematización, de investigación y de enseñanza-aprendizaje y descubren las posibilidades de crear relaciones posibles. Esto se contrapone, por ejemplo,  al planteamiento del enfoque por competencias del Aprendizaje Basado en Problemas (ABP),  que  adapta problemas a los contenidos de aprendizaje del plan de estudios. La diferencia está que la estrategia cambia: mientras el ABP cambia los elementos de un problema, los estudiantes en la EBL proponen soluciones a problemáticas partir de su interés, el diálogo y su narrativa de la realidad,  se extraen los elementos del problema y se ubican en relación con sus conocimientos, y lo más importante, se relacionan con lo que ignoran, lo que genera la necesidad de indagar, explorar, descubrir, investigar y proponer alternativas de solución.

En la contextualización, el educador, traslada sus saberes pedagógicos a la comunidad, a fin lograr la reintegración de los vínculos entre los individuos y su entorno. Su práctica docente se realizaría a través de una pedagogía crítica del lugar, cuya estrategia  parte de observar, junto con los actores del proceso educativo (alumnos, padres de familia, autoridades educativas), las afectaciones de la economía y corporaciones a su espacio vital, problematizar y buscar soluciones alcanzables, lo cual  representa poner el  currículum alrededor del estudio y del cuidado del lugar provee elementos hacia construir un currículum orgánico que se anida en  el contexto. El aula y la escuela se abren a los acontecimientos del entorno y a las experiencias e intereses del alumno. No se renuncia al trabajo áulico, se establecen y re-establecen las relaciones con lo que le rodea. Esto inspirar el cuidado del territorio y promueve la revitalización de la ciudadanía.  La estrategia consiste  en analizar, enriquecer y vincular el currículum oficial  a partir de la apertura de la escuela a los acontecimientos del entorno, lo que hace necesario un planteamiento (enfoque) diferente del currículum.

En una educación contextualizada, el currículum se abre al contexto y a sus características, evoluciona hacia un currículum que he llamado orgánico, el cual se desprograma y el contexto le provee de temáticas, informaciones y problemáticas que le dan sentido y enriquecen el aprendizaje. La relación entre los cursos produce nuevos conocimientos y contenidos, la interacción y complementariedad de los cursos producen emergencias.

 

La contextualización y la religación de saberes

 

La contextualización es una alternativa para  religar los conocimientos que están fragmentados y dispersos en las materias, asignaturas o cursos en el currículum convencional. Bajo el enfoque de que el contexto genera conocimiento, éste  cobra sentido para los estudiantes cuando el educador vincula los contenidos del currículum al contexto, y esos contenidos al interactuar producen emergencias. En esa idea el currículum orgánico se conformará al cambiar, sustituir o enriquecer los cursos en función de esas emergencias y las necesidades y condiciones histórico-sociales de los estudiantes.

Religar los conocimientos en el proceso de aprendizaje conlleva ámbitos que van desde la escritura de un texto hasta la aplicación de conocimientos científicos en su contexto. El estudiante puede tratar de explicar el ciclo el agua a través de la narrativa, a partir de los contenidos de la física o de las matemáticas, así como  un fenómeno social puede ser explicado por la narrativa desde la visión de  la estadística o la sociología. La estrategia es que el alumno  logre percibir  que los contenidos de los cursos de español, matemáticas o ciencias, tienen relación entre sí,  ya que existe una diversidad de formas de vinculación en la realidad, por lo que la propuesta es el reconocimiento de áreas, contenidos y saberes comunes, que permitan articularse con el contexto de aplicación. Un ejemplo es que a través de la indagación de un tema de ciencias (como pudiera ser el magnetismo), se utilice la narrativa para comunicar los resultados de un experimento y las alternativas o posibles aplicaciones en su realidad.

Otro aspecto que abona a  la contextualización y la religación de saberes es la integración del observador (el docente) a lo observado  (grupo escolar), a través de metodologías como la investigación-acción, y cómo esa visión transforma la percepción de lo que es el conocimiento y el aprendizaje, lo que favorece la capacidad de reflexionar, de meditar sobre el saber y eventualmente de integrarlo dentro de su propia vida. La integración del observador a lo observado, el aprendizaje de la religación,  aprender a problematizar y el estudio del pensamiento complejo, son ámbitos que se hacen necesarios en la Educación Normal a fin de religar, contextualizar, reflexionar y tratar de integrar el saber con la vida. Lo anterior provee  coherencia en la diversidad y complejidad de los fenómenos y permite comprenderlos.

La contextualización y la  religación de saberes permiten distinguir  dos vertientes que se hace necesario revisar en la educación: 1)  lo relativo al currículum y 2) una pedagogía de la complejidad:

  • Lo relativo al currículum.

A fin de que el currículum se contextualice,  es necesario incorporar a su diseño temas significativos para los alumnos. Si se tiene en cuenta como se aprende, se ve la imperiosa necesidad de partir del aquí y del ahora, lo que permitiría salir definitivamente de la fragmentación y diseñarlo pensando en qué es lo que los alumnos deben aprender y cómo se deben estructurar los aprendizajes para lograr resultados significativos. Se debe poner énfasis en ayudar a los alumnos a lograr resultados desde  perspectivas más amplias, desarrollar habilidades de pensamiento del más alto nivel y darles las oportunidades de hacer las conexiones entre los contenidos y los problemas de la vida real.

Se trata de dar el lugar central al diálogo, la confianza y el respeto, como forma de conexión enfocada hacia los problemas o preocupaciones compartidas, que tome en cuenta cada una de las perspectivas individuales y donde sus miembros establecen sus propios procedimientos para pensar, juzgar y comportarse. Las circunstancias que los alumnos deben enfrentar determinan lo que deben saber, lo que deben saber hacer y las actitudes que deben tener para que su vida sea una fuente de constante aprendizaje. En ese proceso desarrollan la comprensión, es decir,  la habilidad para usar el conocimiento en situaciones nuevas;  la capacidad de superar la acumulación de información y la transformación de las comunidades que forman parte.

La meta es construir el currículum que mejor abarque y atienda el proyecto institucional de cada escuela, el cual debe promover la comprensión de los objetivos a cumplir, eligiendo el modo de acceder al aprendizaje, conociendo sus posibilidades y desarrollando y buscando soluciones para potenciar sus capacidades.  Las implicaciones que conlleva el diseño de un currículum orgánico contextualizado:

  • El curriculum muestra lo que se piensa sobre lo que se debe aprender y lo que es importante para los alumnos a partir del conocimiento del ámbito local donde se ubica la escuela.
  • Debe estar lo más cercano a la realidad de los estudiantes, llevándolos a realizar patrones de asociación mental, a cuestionarse, a transformar, a formular nuevos modelos mentales más profundos, más complejos.
  • Tomar en cuenta que el aprendizaje es algo personal, y que el saber debe servir para la vida misma, a partir de contenidos y procesos significativos.
  • Pensar en un curriculum interdependiente, que refuerce la aptitud interrogativa, exigir la capacidad de contextualizar, de plantearse los problemas del hombre y del medio, de buscar soluciones, de ejercer un pensamiento riguroso.
  • Debe garantizar la libertad, es decir, ofrecer la posibilidad de elecciones permanentes. Esto garantiza el objetivo de aprender a elegir, de responsabilizarse por lo elegido y desarrollar al máximo sus capacidades. Logra que el alumno esté altamente motivado, dedicado a algo que le es significativo y, por lo tanto, poniendo todo su esfuerzo y voluntad para lograrlo.
  • La evaluación de este curriculum debe ser integral y realista, donde se demuestre la comprensión, la apropiación y la aplicación del conocimiento, las habilidades, actitudes y valores en una situación de vida real; la resolución de problemas, la habilidad para utilizar el lenguaje de las disciplinas en situaciones complejas, la habilidad para demostrar, explicar o enseñar ideas o habilidades a otros y la habilidad para resolver situaciones inesperadas.

La estrategia más adecuada es hacerlo a través de un enfoque sistémico, pero, ¿cuál es el beneficio de este enfoque en la educación?  La educación no debe estar organizada para que domine rígidamente la estructura y el orden, porque un sistema completamente ordenado es incapaz de interactuar con su medio y producir algo nuevo. El enfoque sistémico permite a la educación  contar con principios organizativos que incluyen  lo azaroso,  para sacudir el orden inestable del que está hecha la vida, para arribar a situaciones en las que prevalezcan ciertos principios que permitan el entendimiento y la colaboración, con una dosis de desorden y desorganización, que no es sino expresión de la libertad creativa de quienes reflexionan para explorar situaciones educativas novedosas.

  • Una pedagogía de la complejidad.

Una pedagogía de la complejidad propone caminos, conduce a algo que es posible; indica vías, trayectorias, movimiento, orientaciones, hacia formas realizables,  hacia aperturas, conocimientos, realidades y propuestas. Expresa una búsqueda, un deseo de descubrimiento, un sentido de incertidumbre, de duda. Implica un acercamiento, una manera de observar, de leer, de  comprender la realidad. Es una teoría abierta a posibilidades y diversidades y al mismo tiempo una praxis intencional generadora de cambio y de reflexiones que en espiral continua se abre en juegos de oposiciones y resoluciones, de convergencias y divergencias (Morin, 1998). Jimeno Sacristán (en  Pujolás, 2010) la plantea como una estructura educativa capaz de enseñar con un alto nivel intelectual en clases que son heterogéneas desde el punto de vista académico, lingüístico, racial, étnico y social, de forma que las tareas académicas puedan ser atractivas y retadoras.

Se constituye como elaboración permanente, como análisis, como explicación, en un entrecruzamiento de praxis y teoría. Pretende ser un cuestionamiento constructivo desde la complejidad de los fenómenos  que estudia. Se presenta como construcción de conocimiento acerca de la enseñanza, que es su fuente y su meta, como un esfuerzo por parte del espíritu para enlazar, articular  y religar la dispersión de nuestro saber vivir y de nuestra capacidad de comprensión. Consiste en la respuesta del espíritu frente a la fragmentación y dispersión de los conocimientos que no pueden hacer frente a la emergencia  de los fenómenos complejos. Finalmente  es un pensamiento que relaciona, el arte de pensar y una estrategia del espíritu frente a la paradoja que anima el actual contexto que globaliza y al mismo tiempo fragmenta.

Para que el conocimiento sea pertinente deberá  ubicar las informaciones y los elementos en su contexto para que adquieran sentido. La contextualización determina las condiciones de su inserción y los límites de su validez. El desarrollo de la aptitud para contextualizar tiende a producir el surgimiento de un pensamiento ecologizante en el sentido de que sitúa todo acontecimiento, información o conocimiento en una relación inseparable con el medio cultural, social, económico, político y por supuesto, natural. (Morin, 2001). Es en el salón de clases donde se conjugan las diversas perspectivas de abordaje de la didáctica y donde es posible (re)plantear las estrategias que hagan posible una  pedagogía de la complejidad como construcción dialéctica, que conjuga la teoría con la práctica a través de un método y a partir  del  contexto.

Es necesario abordar el ámbito de la didáctica en relación directa y profunda con el del salón de clases, el patio escolar, el parque o cualquier lugar que sirva de aula, en virtud de que sea ahí donde los niños y los jóvenes sean capaces de transformar sus percepciones, informaciones y datos en conocimientos significativos, a conocer y revalorizar sus propios lugares. Esto puede posibilitar la construcción de alternativas al sistema económico hegemónico que vivimos, al atender a los alumnos como seres ubicados en contextos particulares, no como recursos que deben moldearse a las necesidades del mercado. Esto implica la no disciplinarización de la educación y, como lo he mencionado, la no linealización de los currículos.

Replantear la didáctica hace necesario proponer contextualizar la educación, lo que implica complejizarla, y que se traduzca en cambios en las estructuras de aprendizaje. Ello conduce a la necesidad de considerar la importancia de un aprendizaje diferente al acumulativo, y situar abiertamente en el foco la importancia de la innovación, a diferencia de lo que convencionalmente se realiza: simplemente la educación doma, condiciona, determina. En contraste, en la complejización de la educación a mayores grados de libertad mayor complejidad.

La educación  ha sido vista simple y llanamente como un fenómeno centrado en la memoria, didáctica, programas, indicadores, mediciones, impacto, habilidades y competencias, a partir del trabajo en un salón de clases.  En contraste, complejizar en éste tiene que ver con poner claramente sobre la mesa, a plena luz del día, el papel fundamental del juego, la imaginación, la fantasía. En otras palabras, el significado de las emergencias y la autorganización,  por encima de los programas y currículos, siempre eminentemente secuenciales y lineales y que no permiten ni admiten sorpresas, es decir, aprendizaje. En ese sentido los educadores debemos tener claro que la institucionalización-escolarización es un proceso opuesto a la contextualización-complejización de la educación a la que me he referido, cuyo impacto se refleja en las dinámicas y estructuras de orden institucional (Morin, 2004).

Una especie de conclusión…

Contextualizar la educación representa el desafío de crear un sistema que responda al sentido más humanista de la educación: la capacidad de un sujeto para formular y realizar su proyecto personal de vida, para ser protagonista activo de la sociedad del mañana, la cual se presenta compleja, cambiante, globalizada, llena de oportunidades, rica en conocimiento, pero abatida por los problemas ecológicos, económicos  y sociales generados por el capitalismo devorador. Es necesario plantear un modelo alternativo de educación que apunte a la reunificación y contextualización del conocimiento, que  reintegre y (re)articule las disciplinas científicas en el marco de las prácticas pedagógicas, en el que cada escuela pueda ser un primer circuito de aprendizaje con su entorno, captar el medio ambiente escolar de forma natural, las interacciones y entrecruzamientos con el contexto, al que deberá cuidar y dar nuevas respuestas en cada instancia. La idea es mejorar la educación, no la escolarización de los estudiantes.

*Académico de la B.E.N.V.


REFERENCIAS

De conceptos. (2021). Concepto de sentido. Recuperado de: http://deconceptos.com/general/sentido#ixzz4I66biBJU

Guillaumín, A. y Ochoa, O. (Eds.). (2009). Hacia otra educación. Miradas desde la complejidad. Xalapa. Arana Editores.

Lasso, S. (2015). Modernidad: Qué es y características. Artículo. Recuperado de:

http://arte.about.com/od/Que-es-el-arte/fl/Modernidad-Que-es-y-caracteristicas.htm

Morin, E. (1998). Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Editorial Gedisa

Morín, Edgar (2000). La mente bien ordenada. Barcelona: Editorial Seix Barral.

Morín, Edgar (2001). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. México:

UNESCO.

Morin, E., et. al. (2002). Educar en la era planetaria. España. Universidad de Valladolid.

Morin, E. (2004).  Epistemology of complexity. Artículo. Gazeta de antropología.

Recuperado de:  http://hdl.handle.net/10481/7253

Orr, D. (2004), Earth in Mind. On education, environment, and the human prospect, Island Press, Washington.

Palacios, L. (2018). Hacia un currículum orgánico para la Educación Normal. Tesis Doctoral. Universidad Popular Autónoma de Veracruz, México.

Pujolás, P. (2010). No es inclusión todo lo que se dice que es. Aula de Innovación Educativa, 191. Recuperado de:

Pedagogía de la complejidad

Rutter, M. (1993). La resilencia. Artículo. Recuperado de:

http://resilnet.uiuc.edu/library/resilencia/resilencia2.pdf

Schön, D. (1998). La formación de profesionales reflexivos. Hacia un nuevo diseño de la enseñanza y el aprendizaje en las profesiones. Barcelona. Paidos.

Terán, F. y Apolo, G. (2015). El uso de organizadores gráficos en el proceso de enseñanza-Aprendizaje. Artículo. Revista: Atlante. Cuadernos de Educación y Desarrollo. Recuperado de:

http://www.eumed.net/rev/atlante/2015/05/organizadores-graficos.html

Fuente de la información: https://profelandia.com/

Comparte este contenido:

Música y Educación en México, algunas consideraciones.

Dr. Luis Palacios Ortega.

INTRODUCCIÓN

El medio mágico por sí mismo, que al escucharlo nos altera, nos fascina, nos da energía y hasta nos sana, es la Música. En un instante, la Música es capaz de animarnos, nos despierta el espíritu de oración, de comprensión y amor, nos despeja la mente y hasta puede ayudar a nuestra inteligencia. La música es capaz de llevarse nuestras preocupaciones y tristezas con sólo una melodía. Despierta recuerdos de amantes perdidos, de amigos fallecidos, lugares y situaciones vividas. Provoca al niño a jugar, a la bailarina a moverse al compás y motiva al hombre a superar todos los obstáculos. En el cine nos produce el terror, alegría o tristeza propia de la temática de un film, ¿cómo no recordar los violines disonantes en la escena de la regadera de la película “Psicosis” o evocar la imagen de Darth Vader con la “Marcha Imperial”? Así mismo, los efectos de la música van desde la relajación hasta reencontrar el lenguaje y la expresión a las personas que han tenido una embolia cerebral.

El ser  humano es un ser musical y la música ha formado parte de su organización social desde los inicios de ésta. Storr (1992), en el libro “La música y la mente”, dedica una buena parte de su análisis a describir cómo, en todas las sociedades, la música tiene una función primordial colectiva y comunal, consistente en la unión de los habitantes, logrando que ésta se convierta en una experiencia comunitaria; pareciera un matrimonio con los sistemas nerviosos, una neurogamia (magnetismo animal). La música, desde ese enfoque, surgía y funcionaba como un elemento del entramado sociocultural. Hoy en día ese papel se ha perdido, pues contamos con una clase especializada de compositores, géneros e intérpretes, que funcionan desde una visión comercial y a los que escuchamos de forma pasiva, es decir, no interactúan en nuestro contexto cercano. La música forma parte del ser humano y no existe una cultura en la que no se haya desarrollado y valorado, sin embargo, su misma universalidad nos ha llevado a trivializarla en la vida cotidiana, lo cual ha hecho que se pierda su importancia relacional y cultural.

En el mundo actual la música se ha convertido en un idioma de fácil acceso. Se le dedica más tiempo y dinero al contacto con ella que a libros, películas o deportes. Los cantantes o grupos musicales se convierten en íconos generacionales, modelos de comportamiento y de vida. Aparte de nuestra adicción a los conciertos de rock, discos compactos, aparatos de sonido y música en televisión, las comunicaciones diarias, la publicidad y el comercio se apoyan principalmente en un modelo musical. Esta musicofília (propensión a la música), es una manifestación de nuestra cultura y es probable que se haya iniciado con nuestra especie, “los humanos somos una especie tan lingüística como musical. Es algo que adquiere formas diversas” (Sacks, 2009, p. 11). Nos expresamos con frases con alto contenido musical como: “estamos en armonía con los demás y con el mundo que nos rodea”, “estamos desafinados, desincronizados”, en pleno romance o en relaciones de cualquier tipo, deseamos dar “la nota correcta, tocar la cuerda de la empatía”, reconocemos al ejecutivo que sabe “orquestar un negocio” y observamos, atendemos o esquivamos una “audiencia” (de la raíz audio: “oír”). Comencemos explorando qué es la música…

LA MÚSICA, ¿QUÉ ES?

La palabra “Música” viene de la raíz griega mousa. La mitología nos dice que las nueve musas, hermanas celestiales que rigen la canción, la poesía, las artes y las ciencias y Mnemosina, la diosa de la Memoria, nacieron de Zeus rey de los dioses (Grout y Palisca, 1989), por lo que podríamos decir que la música es hija del amor divino. La música hace crecer las plantas, pero también puede volver locos a nuestros vecinos, induce el sueño en los niños con las canciones de cuna y anima a los hombres a marchar hacia la guerra. Con la música se expulsan los malos espíritus, se entonan alabanzas a la Virgen de Guadalupe, se invoca al Buda de la Salvación Universal, puede hechizarse a líderes y naciones (recordemos el caso de Mozart), cautivar, tranquilizar y transformar; en mi opinión, la música es más que todo esto, representa el sonido de la tierra misma.

En el libro: “Los neandertales cantaban rap: los orígenes de la música y el lenguaje”, Steven Mithen plantea que la música y el lenguaje poseen un origen común, y que una especie de protomúsica y protolenguaje fue construido por los neandertales. Menciona que podría ubicarse como lenguaje de significados cantado, sin palabras individuales tal como las entendemos. A este tipo de lenguaje lo llama “Hmmm (holístico-mimético-musical-multimodal), y especula que se basaba en un conglomerado de destrezas aisladas, incluyendo habilidades miméticas y de tono absoluto (conocido también como oído absoluto)” (Sacks, 2009, p. 160-161).

La música es un lenguaje que posee elementos comunes al ser humano, se dice que es “el lenguaje universal”, ya que es un lenguaje comprensible independientemente de edad, idioma, sexo, raza, religión y nacionalidad. Se dice que el lenguaje musical supera en número a los hablantes de varios idiomas y se disfruta por encima de niveles de ingresos, niveles de desarrollo, clases sociales y educación. Forma parte de la vida de todos los seres humanos y de algunas especies, por ejemplo, los pájaros producen música, cantan, al igual que las ballenas y delfines y las serpientes reaccionan con ella, se sienten hechizadas. La música además, ha trascendido la frontera de la atmósfera terrestre. Con la llegada de la era espacial la nave Voyager llevaba a bordo, en un disco de oro con noventa minutos de música, una selección de piezas de Bach, Beethoven, rock, jazz y música folclórica de varios países (incluyendo música de mariachi), para disfrute de cualquier civilización extraterrestre que pudiera escucharla.

En la escuela tradicional (la de los conservatorios o academias), nos hacían aprender de memoria que la música es el arte de bien combinar los sonidos y los silencios con el tiempo, un concepto un tanto abstracto, fuera de la comprensión de niños de primaria o secundaria. Estos espacios de formación musical se han centrado en dotar de las herramientas teóricas y técnicas para la ejecución instrumental con la finalidad de formar concertistas, es decir, músicos que exclusivamente se dediquen al trabajo orquestal o como solistas de éstas. Contrario a lo anterior surgen diversas pedagogías en el siglo XX con una visión diferente y que contemplan su integración a la educación.

A la mayoría de las personas nos agrada escuchar música, sin darnos totalmente cuenta de su efecto. Es estimulante, a veces demasiado, incluso abrumadora. Sea cual sea la reacción, la música produce efectos mentales y físicos. Para llegar a entender la forma en que nos afecta la música, es necesario mirar con más profundidad sus efectos. A partir de lo expuesto en “El efecto Mozart”, por Campbell (1998), se afirma que la música enmascara los sonidos y sensaciones desagradables, hace más lentas y uniformes las ondas cerebrales. Influye en la respiración, en el ritmo cardiaco y la presión arterial. Reduce la tensión muscular y mejora el movimiento y coordinación del cuerpo, además de influir en la temperatura. Las bandas sonoras de las películas son famosas por explotar efectos sonoros como crujir de puertas, así como por la música disonante (sonidos que el oído percibe con tensión, que parece que se repelen y chocan entre sí) (Fernandez, 2011), para acompañar escenas de incertidumbre, peligro y desastre.

Uno de los beneficios más comentados es que la música aumenta los niveles de endorfinas, neuropéptidos (pequeñas cadenas proteicas) que se liberan a través de la medula espinal y del torrente sanguíneo. Son opiáceos naturales del organismo que puede ser hasta 20 veces más potentes que los medicamentos contra el dolor que se venden en las farmacias. Las actividades como escuchar música, bailar, darse un baño, caminar o convivir con los amigos, hacen que aumenten los niveles de endorfinas en sangre. El cerebro produce como mínimo 20 tipos diferentes de endorfinas, que se almacenan principalmente en el hipotálamo. Las endorfinas tienen un rol importante en la recuperación y tiene funciones esenciales para la salud: Promueven  la calma, crean un estado de bienestar, mejoran el humor, reducen el dolor, retrasan el proceso de envejecimiento, potencian las funciones del sistema inmunitario, reducen la presión sanguínea, contrarrestan los niveles elevados de adrenalina asociados a la ansiedad. Ayudan a reducir los síntomas, ya que la mente nota que la persona está haciendo caso a la necesidad de más satisfacción emocional.  Demuestran a la mente que la reducción de los síntomas es posible y la recuperación también (Eaton, 2008). La capacidad de la música para regular los niveles de endorfinas en la sangre promete futuras aplicaciones de mucho alcance en la curación.

La música regula las hormonas del estrés, estimula la actividad inmunitaria, aquí es donde toma sentido el efecto Mozart,el cual se centra en los efectos que la música clásica, en especial la de Mozart, cuya escucha promueve la destreza intelectual (Campbell, 1998). Ciertos tipos de música, así como cantar, entonar y diversas formas de vocalización, pueden oxigenar realmente la sangre.  La música cambia nuestra percepción del espacio, cambia nuestra percepción del tiempo,refuerza la memoria y el aprendizaje y favorece la productividad.  La música favorece el romance y la sexualidad, estimula la digestión, favorece la resistencia, mejora la receptividad inconsciente al simbolismo y genera la sensación de seguridad y bienestar. La música conecta con los ritmos más profundos de la vida. Cuando comenzamos a integrar la mente y el cuerpo y a participar plenamente en el proceso de la salud, nos independizamos. Recurriendo a nuestra sabiduría musical recién descubierta podríamos comprobar que los modelos médicos más antiguos (medicina tradicional o natural) se pueden aplicar con más eficacia y creatividad.

En cuanto a los efectos de la música en el ser humano, destaco los efectos en la inteligencia. El Dr. Howard Gardner realizó estudios que concluyen que ésta es una capacidad del ser humano que se convierte en una destreza con la posibilidad de desarrollarse. Gardner no niega la parte genética, cada individuo nace con potenciales marcados, que se van a desarrollar dependiendo del medio ambiente, las experiencias y la educación recibida. Según estudios realizados, Gardner y su equipo de investigación han deducido que existen ocho tipos de inteligencias: lógica-matemática, espacial, lingüística, corporal-kinestésica, intrapersonal, interpersonal naturalista e inteligencia  musical. Así mismo se han realizado estudios a fin de  evaluar los efectos de la música a través de los registros que producen los  electroencefalogramas. Encontró que la música origina una actividad eléctrica cerebral tipo alfa, y que provoca aumento en la capacidad de memoria, atención y concentración de los niños. Mejora la habilidad para resolver problemas matemáticos y de razonamiento complejo. Introduce a los niños a los sonidos y significados de las palabras y fortalece el aprendizaje. Estimula la creatividad y la imaginación. Al combinarse con el baile, estimula los sentidos, el equilibrio, y el desarrollo muscular. Provoca la evocación de recuerdos e imágenes con lo cual se enriquece el intelecto. Estimula el desarrollo integral del niño, al actuar sobre todas las áreas del desarrollo.

Una de las áreas del desarrollo poco fomentada en todos los niveles educativos, que se enriquece con el trabajo musical y que es vital para la práctica docente, es la memoria semántica, la cual es una memoria declarativa de la que depende nuestra visión del mundo y el lenguaje, que en conjunto con la memoria explícita y episódica  hacen posible la adquisición y retención de un conocimiento general. En la memoria semántica está organizada toda la información que poseemos relacionada con hechos, conceptos y con el lenguaje. En relación al lenguaje y la música, estos se basan en mecanismos fonatorios (que generan sonido) y articulatorios y en procesos cerebrales dedicados al análisis de flujos de sonidos complejos, segmentados y que cambian rápidamente.

Sin embargo, hay importantes diferencias en el habla y el canto en el cerebro, como ejemplo, el trastorno del habla más común es el tartamudeo, y, como sabían muy bien los griegos y romanos, incluso aquellos que tartamudean mucho hasta el punto de no entenderse, casi siempre cantan con fluidez y libertad, y son capaces de sortear su tartamudeo cantando o hablando con una cantinela.  La música, dadas sus características como lenguaje, influye en los procesos cerebrales facilitándonos la capacidad de organizar, de seguir secuencias complicadas o de contener grandes volúmenes de información en la mente, ese es el poder narrativo o mnemotécnico  de la música. El potencial musical y sus beneficios para los procesos cerebrales, necesitan estímulo para desarrollarse completamente (trabajo en el aula en el caso de los educadores), en su ausencia estos talentos y procesos no llegan a desarrollarse.

¿Afectan a nuestro cerebro los diferentes géneros musicales? La exposición a los sonidos y a la música puede ayudarnos a desarrollar nuestras capacidades cerebrales, con todo lo que eso implica: mayor capacidad de memoria, atención y concentración; mejores habilidades matemáticas, de lenguaje y una buena capacidad para la resolución de problemas. Sin embargo, no toda la música sirve para lo mismo. Algunos tipos de música estimulan la creatividad y la imaginación, otros ayudan a establecer relaciones interpersonales sanas y a integrarse a la sociedad y a su medio ambiente. Y unos más, ligados al baile, brindan también un mejor acondicionamiento físico y otras pueden apoyar procesos terapéuticos. No está comprobado que la música clásica nos haga más inteligentes, pero escucharla al menos media hora al día proporciona al cerebro un mejor ambiente para desarrollar ideas y restablecer conexiones neuronales que, al final del día, nos ayudarán a estar alertas, concentrarnos mejor y optimizar los procesos de aprendizaje (Navarrete, 2011).

LA MÚSICA  EN LA EDUCACIÓN DE MÉXICO

A pesar  de la riqueza musical de México, falta mucho para fortalecer la enseñanza de la música en las escuelas de México, con una presencia significativa en la formación que requieren los diversos niveles educativos bajo un enfoque integral. El problema es holístico, ya que la educación no ha reconocido las múltiples interacciones de la música con las diversas asignaturas que conforman el trayecto educativo de cualquier estudiante. La educación musical en la enseñanza básica de nuestro país atraviesa una situación crítica y compleja. Algunos problemas tienen que ver con los planes de estudio, otros con la formación docente y de docentes especialistas en música, otros con la situación económica y otros son de naturaleza social y cultural. En mi experiencia como educador musical he comprobado que en México la formación musical ha encontrado obstáculos institucionales, estructurales y culturales que han impedido su pleno desarrollo. En contraste, la educación musical es obligatoria en los niveles primario y secundario en países como Argentina, Chile o Uruguay y depende directamente de los Ministerios de Educación Pública a través de departamentos especializados.

La Ley General de Educación de México (2019), propone una visión un poco más “progresista” acerca del área artística en la educación. Menciona “el desarrollo humano integral del educando” (Artículo 11, pág. 9), que la prestación de los servicios educativos impulsará el desarrollo humano integral” (pág.12), que la orientación integral, dentro del Sistema Educativo Nacional, considerará “la apreciación y creación artística, a través de conocimientos conceptuales y habilidades creativas para su manifestación en diferentes formas” (Artículo 18, Inciso X, pág. 9).  Propone que, en los contenidos de los planes y programas de estudio, la enseñanza de la música sirva para potencializar el desarrollo cognitivo y humano, así como la personalidad de los educandos (Artículo 30, Inciso XXII, pág. 13) y establece las atribuciones del sistema educativo, de las cuales la relativa a la música, y las demás artes, se encuentra en el Artículo 115, Inciso XI: Fomentar y difundir las actividades artísticas, culturales y físico-deportivas en todas sus manifestaciones (pág. 42-43).

Cuando se revisa la Ley General de Educación y el plan y programas de estudio en el área de artes, particularmente en el área de música en la educación básica, surge un cuestionamiento central: ¿está preparado el profesor encargado de un grupo para abordar los contenidos de la misma? Otros cuestionamientos están relacionados con agrupaciones musicales como las orquestas, bandas, estudiantinas y otras con las que cuentan algunas escuelas: ¿realmente se está formando musicalmente a los alumnos o sólo se trabaja empíricamente?, ¿cómo vincula la institución la clase de música con ese tipo de agrupaciones?, ¿cómo se vincula con las otras asignaturas? En los contenidos no se especifica su creación; sin embargo, existen y suelen ocupar un papel preponderante en desfiles y festivales escolares. La respuesta en mi experiencia es que no, conceptos como: notación musical, pulso musical, planos de audición, polirrítmia, armonía, entre otros, requieren de una formación técnico-musical y de didáctica musical más que básica.

A partir de lo anterior, puedo vislumbrar que los desafíos a los que se enfrenta la educación musical en la actualidad en nuestro país son variados y se encuentran en diferentes dimensiones y estratos de la educación en el país. Algunos corresponden a la organización e implementación de los planes de estudio de la Secretaría de Educación Pública (SEP), otros se refieren a cuestiones de índole social y cultural, en otros casos escapan del alcance de las instituciones que apoyan el desarrollo de esta área del conocimiento. Es necesario estudiar las problemáticas y, en la medida de lo posible, resolverlas. Uno de los ámbitos donde me ha sido posible comprobar la necesidad de consolidar la educación musical es el de la educación básica.

Durante casi 20 años me desempeñé como Director fundador de la Orquesta de la Escuela Primaria “Abraham Castellanos” de Xalapa, Veracruz, México, de 1992 a 2011, donde trabajé con alumnos de preescolar, primaria, secundaria y preparatoria, así como instructor en la formación y actualización de los educadores en formación y en servicio en el estado y asesor técnico-pedagógico del programa de Educación Artística en el Estado de Veracruz, donde tuve la oportunidad de diseñar e implementar cursos de iniciación musical para docentes, promoviendo no sólo el ámbito técnico-musical, sino también los beneficios de esta área del conocimiento en los procesos educativos, por lo que tengo una visión real de las posibilidades y desafíos de ésta área del conocimiento en la realidad.

El escenario es complejo, y aunque aquí lo describo de forma muy general, lo observado a lo largo de mi trabajo en esta actividad, lo que se puede resumir en los siguientes puntos:

  • Existe una insuficiencia de maestros con el perfil adecuado para la enseñanza de las actividades artísticas.
  • La formación que se da en las escuelas normales es poco adecuada, por no decir deficiente o nula en algunos casos.
  • No se realiza investigación educativa en esta área.
  • No se realiza una selección de aspirantes a la docencia de forma adecuada, se valoran los conocimientos en un examen objetivo, pero no las habilidades y/o formación complementaria como al artística.
  • Las horas destinadas para la clase de música en la educación básica son insuficientes, lo cual habla del desconocimiento, casi ofensivo, de los procesos para acceder al lenguaje artístico (musical en particular), y los beneficios de los que he hablado en este escrito.
  • Los temas planteados en el plan de estudios de la SEP no han sido seleccionados de acuerdo con las necesidades de formación de los alumnos de todos los niveles, a la idiosincrasia y acervo cultural de las diversas regiones del país.
  • Debido a las deficiencias de la formación musical en la educación básica, el egresado de bachillerato que pretenda dedicarse a realizar una carrera musical, probablemente la iniciará con un rezago considerable en su formación.
  • Desconocimiento de las carreras relacionadas con la música diferentes al músico ejecutante, es decir, docencia musical, producción, grabación, sonorización, arreglos, dirección orquestal, entre otras
  • La centralización de las escuelas de música dificulta el acceso de la población a una formación musical complementaria.

LA MÚSICA EN LA FORMACIÓN DOCENTE Y EN EL DESARROLLO PERSONAL

He mencionado los beneficios cognitivos de la música y de la educación musical. En relación a aporte de la música en el desarrollo personal, José Antonio Rodríguez-Quiles, catedrático de Educación Musical de la Universidad de Granada, España y coordinador de meNet (Music Education Network) en ese país, en su artículo: ¿Es necesaria una Educación Musical para todos?, resalta las innumerables ventajas que reporta a los niños la práctica prolongada de la música en la escuela. Entre otros beneficios, señala, permite que experimenten por sí mismos su propia capacidad de expresión, favorece el aumento de las competencias sociales gracias a la práctica en grupo y facilita el significado de la forma y el orden. La educación musical reforzada estimula de forma positiva la inteligencia, tanto de los alumnos mejor dotados intelectualmente, como de los que presentan algún déficit de desarrollo. Por otra parte, el rendimiento en otras asignaturas de los estudiantes «reforzados» en música, a pesar del tiempo dedicado a esta actividad, no se vio afectado en ningún momento (Rodriguez-Quilmes, 2003).

La UNESCO (2006), realizó un estudio internacional sobre la importancia de las artes en educación en el que participaron 91 países, se constata que los buenos programas de educación artística (entre los que la música tiene un papel fundamental), además de dar lugar a mejores resultados en otras áreas de conocimiento, tienen un efecto positivo sobre los estudiantes que los reciben y en especial en aquellos con más dificultades de adaptación y más desfavorecidos. El informe de la UNESCO apunta asimismo un dato revelador: los países de la OCDE que obtienen buenos resultados en PISA, parecen coincidir con los que tienen mejores programas educativos en artes.

Más allá de lo informado por la UNESCO, la importancia de la música ha ido evolucionando hasta formar parte significativa en el desarrollo de los sujetos, sin embargo este progreso se ha visto disminuido, básicamente por no conocer sus beneficios o por algún motivo cultural. Como lo he mencionado, muchos de los docentes desconocen la variedad de beneficios que trae la música al desarrollo humano, ya sea por falta de interés y por una mala preparación profesional, a pesar de que existen numerosas fuentes que lo respaldan. Personajes del mundo de la música han estudiado este arte, sus beneficios y otros se enfocado en su enseñanza formal con proponiendo métodos diferentes al tradicional. Menciono algunos de estos.

En la formación de los educadores, la música favorece el desarrollo del razonamiento lógico-matemático, la creatividad y el pensamiento flexible, indispensable para realizar adaptaciones curriculares, por ejemplo. En el plano psicomotor la ejecución de instrumentos favorece el desarrollo de la motricidad fina a la vez que aprende a valorar sus destrezas y aumenta su autoestima (plano afectivo) (Navarrete, 2011). Mills (1997) concuerda con lo beneficiosa que resulta la música en el desarrollo del autoestima y agrega que los docentes debemos ser capaces desarrollar el autoestima en nuestros estudiantes ya que los estudiantes logran más cuando se los estimula a pensar de una manera positiva en sus habilidades y logros, consiguiendo al mismo tiempo un mayor desarrollo. Casas propone que “los distintos planos cognitivos, así como el psicomotor y afectivo pueden verse favorecidos al iniciarse de manera temprana en el aprendizaje de la música” (Casas, 2001, pág. 66). Garretson (1980), menciona que la música puede utilizarse con fines terapéuticos y propone que la musicoterapia puede usarse para remediar problemas de aprendizaje, ayudar a los niños a aprender las interacciones sociales adecuadas, contribuir a motivar a niños que sufren trastornos emocionales o incapacidades formativas, auxiliar a los niños a corregir sus problemas perceptivos y motores, entre otras situaciones. Además, menciona que la práctica vocal e instrumental permite mejorar la postura y la respiración correcta, y que la pertenencia a conjuntos musicales favorece el desarrollo social en ámbitos como el respeto y la colaboración.

Considero que no tan sólo se hace imprescindible el estudio sobre los beneficios en distintos ámbitos que tiene este arte sobre los sujetos, sino que también su enseñanza y la manera en que forma parte importante del desarrollo personal. Un ejemplo es la integración de la música popular y el folclore a la educación y a la formación de los educadores, en virtud de que apoya el desarrollo integral rescatando elementos culturales propios de nuestro país, fortaleciendo el carácter nacionalista. Uno de los métodos para la enseñanza musical, que apoya esta incorporación, es el método Kodály, el cual considera que “el valor de la educación musical está en el ejercicio musical activo, como contribución a las facultades del niño” (Pascual, 2002a, pág.125), así a través de ésta el alumno aprende de manera más contextualizada, activa, acercándolo a cantos más familiares, puesto que el niño viene desde su hogar con un repertorio ya integrado y éste es el que se rescata posteriormente en la escuela, manteniendo siempre una relación firme entre los conocimientos previos y el que adquirirá posteriormente en la escuela. Cabe mencionar que esta metodología se implementa actualmente en Hungría, como un proceso que va desde el preescolar hasta la educación superior, no para la formación de músicos, para la formación integral con elementos culturales propios.

Los músicos y educadores musicales Carl Orff y Emile Jacques Dalcroze, comparten un punto en común en sus metodologías para la enseñanza de la música: la importancia del cuerpo al aprender música, conocerse y expresarse mediante éste y la trascendencia al estudiar el arte, lo cual contribuye al desarrollo del área motriz, mental, la coordinación, entre otras, porque pone en juego al mismo tiempo mente y cuerpo al trabajar, además de aprender a su vez los elementos de la música, como por ejemplo el ritmo, vital en los dos métodos (Pascual, 2002b).

La inteligencia musical, citando la propuesta de Gardner, puede desarrollarse en el estudiante conociendo el impacto que tendrá la música para su desarrollo, en la conciencia de que este impacto está sujeto a las particularidades del contexto en el que se trabajará. Debemos ser capaces de atender a todos los estudiantes, cada uno con necesidades particulares y cubrirlas. La música cumple un rol importante durante el desarrollo de estos, no tan solo los planos cognitivos, también en los afectivos, psicomotores y la forma en que nos expresamos, muchas veces podemos recurrir a la música como medio de expresión para manifestar nuestras emociones. Los educadores debemos tener conocimientos formales de estos beneficios y prepararnos para así poder llevar a cabo una metodología acorde a las necesidades de nuestros estudiantes, guiarlos, facilitar las herramientas adecuadas para que estos puedan explorar sus capacidades y potenciar las áreas necesarias para ayudar a enriquecer su crecimiento, logrando así un desarrollo integral.

Un ámbito que poco se relaciona con la música, y que se fortalece con ella, es la formación en valores. Éste es un proceso integral donde influye todos los recursos disponibles por el docente y no está limitado a la música, pero si el docente conoce los beneficios y alcances de la música como herramienta pedagógica entonces puede sacarle mayor provecho, más allá de crear habilidades y destrezas de ejecución musical y canto (Conejo, 2013). La música y su aplicación como herramienta para la formación en valores me ha permitido reafirmar, a lo largo de mi práctica docente, que la música tiene muchas aplicaciones como recurso pedagógico y efectivamente es una herramienta muy útil para la formación en valores, ya que enseña a compartir entre los alumnos, al participar de manera cooperativa en producciones o grupos musicales, desarrolla el sentido de la sana competencia, permite confrontar los rasgos personales entre los alumnos, establece nexos sociales, fomenta el trabajo en equipo, permite demostrar al alumno su capacidad de alcanzar metas propuestas y facilitan el desarrollo de su identidad nacional a través del uso de elementos propios de nuestra cultura.

REFLEXIONES FINALES O ENCORE, HABLANDO EN TÉRMINOS MUSICALES…

Educar integralmente al incluir a la música en la educación, implica diversos retos en diferentes ámbitos. A continuación expongo algunas reflexiones y alternativas que considero relevantes:

  1. En relación a los planes de estudio: el primer reto es consolidar la importancia de la enseñanza de la música en la educación básica. En los actuales planes, la formación musical se encuentra dentro de la Educación Artística, con una temporalidad de una hora a la semana para una asignatura que abarca cuatro especialidades (música, teatro, danza y artes visuales), tiene carácter obligatorio en el nivel básico y optativo en el nivel medio superior. Estoy convencido que debe existir obligatoriedad en todos los niveles. En cuanto a la organización dentro del sistema educativo, es necesario establecer un Departamento especializado en el área musical, con especialistas formados, como requisito indispensable, en música y docencia.
  2. En cuanto a la formación de docentes: la solución puede comenzar con realizar una selección de aspirantes a la docencia de forma integral, no sólo valorar los conocimientos en un examen objetivo (CENEVAL en este caso), debe valorarse las habilidades y/o formación complementaria (formación musical entre ellas), capacidad de comunicación, empatía, lectura, aptitudes artísticas, matemáticas y tecnológicas. Si el docente en formación conoce los elementos básicos de la música (duración, intensidad, altura, timbre, ritmo), podrá hacer uso en su ámbito de los aportes de la música en el desarrollo del aspecto intelectual, socio afectivo, psicomotor, de crecimiento personal y formación de hábitos en el alumno; sólo entonces puede contar con un recurso muy variado y efectivo en la formación integral del alumno. Los usos y ventajas de éste recurso puede ser adaptados y aprovechados según los objetivos específicos que se deseen alcanzar.
  3. Es necesario realizar investigación orientada a la búsqueda de integración en actividades musicales en todos los niveles educativos y para todos los alumnos, incluyendo a los que presentan limitaciones auditivas, perceptivas y de ejecución. Investigar las necesidades y efectos del trabajo musical en los diversos contextos regionales del país; de manera que puedan disfrutar también de los beneficios y alcances de la música a través de una formación integral. Investigar donde se compruebe, de manera práctica, el uso de la música como herramienta para la formación docente, diseñando herramientas de evaluación para sustentar los alcances. Promover entre los educadores de educadores el uso de la música como herramienta para la formación docente en todos los ámbitos.
  4. La música es una actividad que debe promoverse más allá de sólo formar destrezas musicales. Cultural y políticamente se ha cometido el error de encasillarla como una actividad accesoria, lúdica y sin valor educativo. Esto se observa, por ejemplo, en la asignación de presupuestos y profesiogramas para maestros especializados, así como en presupuestos para infraestructura y materiales. La propuesta es que a partir del trabajo en el aula los educadores promuevan ese cambio de mentalidad.
  5. Es necesaria una metodología propia, unificada y que responda a una realidad nacional multicultural, multilingüística y de acuerdo a las posibilidades económicas para su aplicación. Los que tenemos contacto con la música hemos sido formados a partir de metodologías extranjeras, que poco o nada se identifican con nuestra cultura.

Concluyo definiendo, en términos musicales, la relación de la música con nuestra salud, como una orquesta que recibe y produce una sinfonía de sonidos, sustancias químicas, cargas eléctricas, colores e imágenes. Si estamos sanos, nuestra orquesta funciona fluidamente, en armonía y afinada. Cuando estamos enfermos, una o más secciones instrumentales suena mal, entrecortada, desafinada. Igualmente es posible que el conjunto suene desincronizado. Imaginemos, por otra parte, a todos los instrumentos del cuerpo sonando a todo volumen, ese sería el peor de los sonidos posibles; pero el extremo opuesto, el silencio absoluto, representa un cuerpo sin vida. Es necesario observar nuestra orquesta en su totalidad y valorarla con precisión, a partir de su funcionamiento actual, las experiencias y su capacidad de mejora. Considero que una buena parte de la prevención de la enfermedad está en enseñar al cuerpo y mente a tocar y entender su propia música, no la partitura que dicta la sociedad del conocimiento, el “Mc World” (Barber, 1995), o el sistema económico global.

Comprendemos al mundo de diversas maneras: un campesino describe una tormenta de acuerdo a la devastación y a las pérdidas que le deja, un científico indicando las pulgadas de presión barométrica, el porcentaje de humedad y la velocidad de los vientos; José Revueltas (compositor mexicano),  describe una tormenta haciendo vibrar los metales de una orquesta con el vaivén de los violines. José Clemente Orozco lo expresa con una explosión de colores en un lienzo. La importancia de la música en el desarrollo personal y la formación docente no es una temática contemplada en los planes de estudio relativos a ésta, por lo que considero que representa un vacío importante personal y profesional que debe atenderse, ya que el conocimiento musical, nos permite tener una visión más amplia, complementaria y crítica del mundo.

REFERENCIAS

Barber, B. (1995). Jihad vs. McWorld : How Globalism and Tribalism Are Reshaping the

World. Times Books.

Campbell, D. (1998). El efecto Mozart. Barcelona: Urano.

Casas, M. (2001). ¿Por qué los niños deben aprender música? Colombia: Universidad

del Valle. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=28332408.

Conejo, P. (2013). El valor formativo de la música en la formación de valores. Artículo.

Rescuperado de dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3825651.pdf.

Eaton, J. (2008). Qué son la endorfinas. Artículo. Recuperado de: http://www.reverse-

therapy.es/que_son_las_endorfinas-faq-2-15.htm.

Garretson, R. (1980). La música en el plan de estudios de la escuela moderna. México:

Diana.

Grout, D. y Palisca C. (1989). Historia de la música occidental I. Madrid”: Alianza Música.

  1. Congreso de la Unión. Cámara de Diputados (2019). Ley General de Educación.

http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LGE_300919.pdf

Mills, J. (1997). Los profesores de enseñanza básica y media. Barcelona: Andrés Bello.

Navarrete, G. (2011) ¿Cómo afecta a tu cerebro cada género musical? Artículo.

Rescatado de www.cnnespanol.cnn.com

Pascual, P. (2002a). Los instrumentos. Madrid: Pearson.

Pascual, P. (2002b). El método Kodály. Madrid: Pearson

Rodriguez-Quilmes, J. (2003). ¿Es necesaria una Educación Musical para todos?

Recuperado de http://musica.rediris.es/leeme/revista/rodriguezja03.pdf.

Sacks, O.  (2009). Musicofilia. Relatos de la música y el cerebro. Barcelona:

Anagrama.

Storr, A. (1992). La música y la mente. El fenómeno auditivo y el porqué de las

pasiones. Barcelona: Paidós.

United Nations for Education Science and Culture Organization (UNESCO) (2006). Hoja de

Ruta para la Educación Artística. Conferencia Mundial sobre la Educación Artística: construir capacidades creativas para el siglo XXI. Lisboa, 6-9 de marzo de 2006.  Recuperado de:

http://www.unesco.org/new/fileadmin/MULTIMEDIA/HQ/CLT/CLT/pdf/Arts_Edu_RoadMap_es.pdf.

Comparte este contenido:

Música y educación en México: algunas consideraciones.

Por: Luis Palacios Ortega

INTRODUCCIÓN

El medio mágico por sí mismo, que al escucharlo nos altera, nos fascina, nos da energía y hasta nos sana, es la Música. En un instante, la Música es capaz de animarnos, nos despierta el espíritu de oración, de comprensión y amor, nos despeja la mente y hasta puede ayudar a nuestra inteligencia. La música es capaz de llevarse nuestras preocupaciones y tristezas con sólo una melodía. Despierta recuerdos de amantes perdidos, de amigos fallecidos, lugares y situaciones vividas. Provoca al niño a jugar, a la bailarina a moverse al compás y motiva al hombre a superar todos los obstáculos. En el cine nos produce el terror, alegría o tristeza propia de la temática de un film, ¿cómo no recordar los violines disonantes en la escena de la regadera de la película “Psicosis” o evocar la imagen de Darth Vader con la “Marcha Imperial”? Así mismo, los efectos de la música van desde la relajación hasta reencontrar el lenguaje y la expresión a las personas que han tenido una embolia cerebral.

El ser  humano es un ser musical y la música ha formado parte de su organización social desde los inicios de ésta. Storr (1992), en el libro “La música y la mente”, dedica una buena parte de su análisis a describir cómo, en todas las sociedades, la música tiene una función primordial colectiva y comunal, consistente en la unión de los habitantes, logrando que ésta se convierta en una experiencia comunitaria; pareciera un matrimonio con los sistemas nerviosos, una neurogamia (magnetismo animal). La música, desde ese enfoque, surgía y funcionaba como un elemento del entramado sociocultural. Hoy en día ese papel se ha perdido, pues contamos con una clase especializada de compositores, géneros e intérpretes, que funcionan desde una visión comercial y a los que escuchamos de forma pasiva, es decir, no interactúan en nuestro contexto cercano. La música forma parte del ser humano y no existe una cultura en la que no se haya desarrollado y valorado, sin embargo, su misma universalidad nos ha llevado a trivializarla en la vida cotidiana, lo cual ha hecho que se pierda su importancia relacional y cultural.

En el mundo actual la música se ha convertido en un idioma de fácil acceso. Se le dedica más tiempo y dinero al contacto con ella que a libros, películas o deportes. Los cantantes o grupos musicales se convierten en íconos generacionales, modelos de comportamiento y de vida. Aparte de nuestra adicción a los conciertos de rock, discos compactos, aparatos de sonido y música en televisión, las comunicaciones diarias, la publicidad y el comercio se apoyan principalmente en un modelo musical. Esta musicofília (propensión a la música), es una manifestación de nuestra cultura y es probable que se haya iniciado con nuestra especie, “los humanos somos una especie tan lingüística como musical. Es algo que adquiere formas diversas” (Sacks, 2009, p. 11). Nos expresamos con frases con alto contenido musical como: “estamos en armonía con los demás y con el mundo que nos rodea”, “estamos desafinados, desincronizados”, en pleno romance o en relaciones de cualquier tipo, deseamos dar “la nota correcta, tocar la cuerda de la empatía”, reconocemos al ejecutivo que sabe “orquestar un negocio” y observamos, atendemos o esquivamos una “audiencia” (de la raíz audio: “oír”). Comencemos explorando qué es la música…

LA MÚSICA, ¿QUÉ ES?

La palabra “Música” viene de la raíz griega mousa. La mitología nos dice que las nueve musas, hermanas celestiales que rigen la canción, la poesía, las artes y las ciencias y Mnemosina, la diosa de la Memoria, nacieron de Zeus rey de los dioses (Grout y Palisca, 1989), por lo que podríamos decir que la música es hija del amor divino. La música hace crecer las plantas, pero también puede volver locos a nuestros vecinos, induce el sueño en los niños con las canciones de cuna y anima a los hombres a marchar hacia la guerra. Con la música se expulsan los malos espíritus, se entonan alabanzas a la Virgen de Guadalupe, se invoca al Buda de la Salvación Universal, puede hechizarse a líderes y naciones (recordemos el caso de Mozart), cautivar, tranquilizar y transformar; en mi opinión, la música es más que todo esto, representa el sonido de la tierra misma.

En el libro: “Los neandertales cantaban rap: los orígenes de la música y el lenguaje”, Steven Mithen plantea que la música y el lenguaje poseen un origen común, y que una especie de protomúsica y protolenguaje fue construido por los neandertales. Menciona que podría ubicarse como lenguaje de significados cantado, sin palabras individuales tal como las entendemos. A este tipo de lenguaje lo llama “Hmmm (holístico-mimético-musical-multimodal), y especula que se basaba en un conglomerado de destrezas aisladas, incluyendo habilidades miméticas y de tono absoluto (conocido también como oído absoluto)” (Sacks, 2009, p. 160-161).

La música es un lenguaje que posee elementos comunes al ser humano, se dice que es “el lenguaje universal”, ya que es un lenguaje comprensible independientemente de edad, idioma, sexo, raza, religión y nacionalidad. Se dice que el lenguaje musical supera en número a los hablantes de varios idiomas y se disfruta por encima de niveles de ingresos, niveles de desarrollo, clases sociales y educación. Forma parte de la vida de todos los seres humanos y de algunas especies, por ejemplo, los pájaros producen música, cantan, al igual que las ballenas y delfines y las serpientes reaccionan con ella, se sienten hechizadas. La música además, ha trascendido la frontera de la atmósfera terrestre. Con la llegada de la era espacial la nave Voyager llevaba a bordo, en un disco de oro con noventa minutos de música, una selección de piezas de Bach, Beethoven, rock, jazz y música folclórica de varios países (incluyendo música de mariachi), para disfrute de cualquier civilización extraterrestre que pudiera escucharla.

En la escuela tradicional (la de los conservatorios o academias), nos hacían aprender de memoria que la música es el arte de bien combinar los sonidos y los silencios con el tiempo, un concepto un tanto abstracto, fuera de la comprensión de niños de primaria o secundaria. Estos espacios de formación musical se han centrado en dotar de las herramientas teóricas y técnicas para la ejecución instrumental con la finalidad de formar concertistas, es decir, músicos que exclusivamente se dediquen al trabajo orquestal o como solistas de éstas. Contrario a lo anterior surgen diversas pedagogías en el siglo XX con una visión diferente y que contemplan su integración a la educación.

A la mayoría de las personas nos agrada escuchar música, sin darnos totalmente cuenta de su efecto. Es estimulante, a veces demasiado, incluso abrumadora. Sea cual sea la reacción, la música produce efectos mentales y físicos. Para llegar a entender la forma en que nos afecta la música, es necesario mirar con más profundidad sus efectos. A partir de lo expuesto en “El efecto Mozart”, por Campbell (1998), se afirma que la música enmascara los sonidos y sensaciones desagradables, hace más lentas y uniformes las ondas cerebrales. Influye en la respiración, en el ritmo cardiaco y la presión arterial. Reduce la tensión muscular y mejora el movimiento y coordinación del cuerpo, además de influir en la temperatura. Las bandas sonoras de las películas son famosas por explotar efectos sonoros como crujir de puertas, así como por la música disonante (sonidos que el oído percibe con tensión, que parece que se repelen y chocan entre sí) (Fernandez, 2011), para acompañar escenas de incertidumbre, peligro y desastre.

Uno de los beneficios más comentados es que la música aumenta los niveles de endorfinas, neuropéptidos (pequeñas cadenas proteicas) que se liberan a través de la medula espinal y del torrente sanguíneo. Son opiáceos naturales del organismo que puede ser hasta 20 veces más potentes que los medicamentos contra el dolor que se venden en las farmacias. Las actividades como escuchar música, bailar, darse un baño, caminar o convivir con los amigos, hacen que aumenten los niveles de endorfinas en sangre. El cerebro produce como mínimo 20 tipos diferentes de endorfinas, que se almacenan principalmente en el hipotálamo. Las endorfinas tienen un rol importante en la recuperación y tiene funciones esenciales para la salud: Promueven  la calma, crean un estado de bienestar, mejoran el humor, reducen el dolor, retrasan el proceso de envejecimiento, potencian las funciones del sistema inmunitario, reducen la presión sanguínea, contrarrestan los niveles elevados de adrenalina asociados a la ansiedad. Ayudan a reducir los síntomas, ya que la mente nota que la persona está haciendo caso a la necesidad de más satisfacción emocional.  Demuestran a la mente que la reducción de los síntomas es posible y la recuperación también (Eaton, 2008). La capacidad de la música para regular los niveles de endorfinas en la sangre promete futuras aplicaciones de mucho alcance en la curación.

La música regula las hormonas del estrés, estimula la actividad inmunitaria, aquí es donde toma sentido el efecto Mozart, el cual se centra en los efectos que la música clásica, en especial la de Mozart, cuya escucha promueve la destreza intelectual (Campbell, 1998). Ciertos tipos de música, así como cantar, entonar y diversas formas de vocalización, pueden oxigenar realmente la sangre.  La música cambia nuestra percepción del espacio, cambia nuestra percepción del tiempo, refuerza la memoria y el aprendizaje y favorece la productividad.  La música favorece el romance y la sexualidad, estimula la digestión, favorece la resistencia, mejora la receptividad inconsciente al simbolismo y genera la sensación de seguridad y bienestar. La música conecta con los ritmos más profundos de la vida. Cuando comenzamos a integrar la mente y el cuerpo y a participar plenamente en el proceso de la salud, nos independizamos. Recurriendo a nuestra sabiduría musical recién descubierta podríamos comprobar que los modelos médicos más antiguos (medicina tradicional o natural) se pueden aplicar con más eficacia y creatividad.

En cuanto a los efectos de la música en el ser humano, destaco los efectos en la inteligencia. El Dr. Howard Gardner realizó estudios que concluyen que ésta es una capacidad del ser humano que se convierte en una destreza con la posibilidad de desarrollarse. Gardner no niega la parte genética, cada individuo nace con potenciales marcados, que se van a desarrollar dependiendo del medio ambiente, las experiencias y la educación recibida. Según estudios realizados, Gardner y su equipo de investigación han deducido que existen ocho tipos de inteligencias: lógica-matemática, espacial, lingüística, corporal-kinestésica, intrapersonal, interpersonal naturalista e inteligencia  musical. Así mismo se han realizado estudios a fin de  evaluar los efectos de la música a través de los registros que producen los  electroencefalogramas. Encontró que la música origina una actividad eléctrica cerebral tipo alfa, y que provoca aumento en la capacidad de memoria, atención y concentración de los niños. Mejora la habilidad para resolver problemas matemáticos y de razonamiento complejo. Introduce a los niños a los sonidos y significados de las palabras y fortalece el aprendizaje. Estimula la creatividad y la imaginación. Al combinarse con el baile, estimula los sentidos, el equilibrio, y el desarrollo muscular. Provoca la evocación de recuerdos e imágenes con lo cual se enriquece el intelecto. Estimula el desarrollo integral del niño, al actuar sobre todas las áreas del desarrollo.

Una de las áreas del desarrollo poco fomentada en todos los niveles educativos, que se enriquece con el trabajo musical y que es vital para la práctica docente, es la memoria semántica, la cual es una memoria declarativa de la que depende nuestra visión del mundo y el lenguaje, que en conjunto con la memoria explícita y episódica  hacen posible la adquisición y retención de un conocimiento general. En la memoria semántica está organizada toda la información que poseemos relacionada con hechos, conceptos y con el lenguaje. En relación al lenguaje y la música, estos se basan en mecanismos fonatorios (que generan sonido) y articulatorios y en procesos cerebrales dedicados al análisis de flujos de sonidos complejos, segmentados y que cambian rápidamente.

Sin embargo, hay importantes diferencias en el habla y el canto en el cerebro, como ejemplo, el trastorno del habla más común es el tartamudeo, y, como sabían muy bien los griegos y romanos, incluso aquellos que tartamudean mucho hasta el punto de no entenderse, casi siempre cantan con fluidez y libertad, y son capaces de sortear su tartamudeo cantando o hablando con una cantinela.  La música, dadas sus características como lenguaje, influye en los procesos cerebrales facilitándonos la capacidad de organizar, de seguir secuencias complicadas o de contener grandes volúmenes de información en la mente, ese es el poder narrativo o mnemotécnico  de la música. El potencial musical y sus beneficios para los procesos cerebrales, necesitan estímulo para desarrollarse completamente (trabajo en el aula en el caso de los educadores), en su ausencia estos talentos y procesos no llegan a desarrollarse.

¿Afectan a nuestro cerebro los diferentes géneros musicales? La exposición a los sonidos y a la música puede ayudarnos a desarrollar nuestras capacidades cerebrales, con todo lo que eso implica: mayor capacidad de memoria, atención y concentración; mejores habilidades matemáticas, de lenguaje y una buena capacidad para la resolución de problemas. Sin embargo, no toda la música sirve para lo mismo. Algunos tipos de música estimulan la creatividad y la imaginación, otros ayudan a establecer relaciones interpersonales sanas y a integrarse a la sociedad y a su medio ambiente. Y unos más, ligados al baile, brindan también un mejor acondicionamiento físico y otras pueden apoyar procesos terapéuticos. No está comprobado que la música clásica nos haga más inteligentes, pero escucharla al menos media hora al día proporciona al cerebro un mejor ambiente para desarrollar ideas y restablecer conexiones neuronales que, al final del día, nos ayudarán a estar alertas, concentrarnos mejor y optimizar los procesos de aprendizaje (Navarrete, 2011).

LA MÚSICA  EN LA EDUCACIÓN DE MÉXICO

A pesar  de la riqueza musical de México, falta mucho para fortalecer la enseñanza de la música en las escuelas de México, con una presencia significativa en la formación que requieren los diversos niveles educativos bajo un enfoque integral. El problema es holístico, ya que la educación no ha reconocido las múltiples interacciones de la música con las diversas asignaturas que conforman el trayecto educativo de cualquier estudiante. La educación musical en la enseñanza básica de nuestro país atraviesa una situación crítica y compleja. Algunos problemas tienen que ver con los planes de estudio, otros con la formación docente y de docentes especialistas en música, otros con la situación económica y otros son de naturaleza social y cultural. En mi experiencia como educador musical he comprobado que en México la formación musical ha encontrado obstáculos institucionales, estructurales y culturales que han impedido su pleno desarrollo. En contraste, la educación musical es obligatoria en los niveles primario y secundario en países como Argentina, Chile o Uruguay y depende directamente de los Ministerios de Educación Pública a través de departamentos especializados.

La Ley General de Educación de México (2019), propone una visión un poco más “progresista” acerca del área artística en la educación. Menciona “el desarrollo humano integral del educando” (Artículo 11, pág. 9), que la prestación de los servicios educativos impulsará el desarrollo humano integral” (pág.12), que la orientación integral, dentro del Sistema Educativo Nacional, considerará “la apreciación y creación artística, a través de conocimientos conceptuales y habilidades creativas para su manifestación en diferentes formas” (Artículo 18, Inciso X, pág. 9).  Propone que, en los contenidos de los planes y programas de estudio, la enseñanza de la música sirva para potencializar el desarrollo cognitivo y humano, así como la personalidad de los educandos (Artículo 30, Inciso XXII, pág. 13) y establece las atribuciones del sistema educativo, de las cuales la relativa a la música, y las demás artes, se encuentra en el Artículo 115, Inciso XI: Fomentar y difundir las actividades artísticas, culturales y físico-deportivas en todas sus manifestaciones (pág. 42-43).

Cuando se revisa la Ley General de Educación y el plan y programas de estudio en el área de artes, particularmente en el área de música en la educación básica, surge un cuestionamiento central: ¿está preparado el profesor encargado de un grupo para abordar los contenidos de la misma? Otros cuestionamientos están relacionados con agrupaciones musicales como las orquestas, bandas, estudiantinas y otras con las que cuentan algunas escuelas: ¿realmente se está formando musicalmente a los alumnos o sólo se trabaja empíricamente?, ¿cómo vincula la institución la clase de música con ese tipo de agrupaciones?, ¿cómo se vincula con las otras asignaturas? En los contenidos no se especifica su creación; sin embargo, existen y suelen ocupar un papel preponderante en desfiles y festivales escolares. La respuesta en mi experiencia es que no, conceptos como: notación musical, pulso musical, planos de audición, polirrítmia, armonía, entre otros, requieren de una formación técnico-musical y de didáctica musical más que básica.

A partir de lo anterior, puedo vislumbrar que los desafíos a los que se enfrenta la educación musical en la actualidad en nuestro país son variados y se encuentran en diferentes dimensiones y estratos de la educación en el país. Algunos corresponden a la organización e implementación de los planes de estudio de la Secretaría de Educación Pública (SEP), otros se refieren a cuestiones de índole social y cultural, en otros casos escapan del alcance de las instituciones que apoyan el desarrollo de esta área del conocimiento. Es necesario estudiar las problemáticas y, en la medida de lo posible, resolverlas. Uno de los ámbitos donde me ha sido posible comprobar la necesidad de consolidar la educación musical es el de la educación básica.

Durante casi 20 años me desempeñé como Director fundador de la Orquesta de la Escuela Primaria “Abraham Castellanos” de Xalapa, Veracruz, México, de 1992 a 2011, donde trabajé con alumnos de preescolar, primaria, secundaria y preparatoria, así como instructor en la formación y actualización de los educadores en formación y en servicio en el estado y asesor técnico-pedagógico del programa de Educación Artística en el Estado de Veracruz, donde tuve la oportunidad de diseñar e implementar cursos de iniciación musical para docentes, promoviendo no sólo el ámbito técnico-musical, sino también los beneficios de esta área del conocimiento en los procesos educativos, por lo que tengo una visión real de las posibilidades y desafíos de ésta área del conocimiento en la realidad.

El escenario es complejo, y aunque aquí lo describo de forma muy general, lo observado a lo largo de mi trabajo en esta actividad, lo que se puede resumir en los siguientes puntos:

  • Existe una insuficiencia de maestros con el perfil adecuado para la enseñanza de las actividades artísticas.
  • La formación que se da en las escuelas normales es poco adecuada, por no decir deficiente o nula en algunos casos.
  • No se realiza investigación educativa en esta área.
  • No se realiza una selección de aspirantes a la docencia de forma adecuada, se valoran los conocimientos en un examen objetivo, pero no las habilidades y/o formación complementaria como al artística.
  • Las horas destinadas para la clase de música en la educación básica son insuficientes, lo cual habla del desconocimiento, casi ofensivo, de los procesos para acceder al lenguaje artístico (musical en particular), y los beneficios de los que he hablado en este escrito.
  • Los temas planteados en el plan de estudios de la SEP no han sido seleccionados de acuerdo con las necesidades de formación de los alumnos de todos los niveles, a la idiosincrasia y acervo cultural de las diversas regiones del país.
  • Debido a las deficiencias de la formación musical en la educación básica, el egresado de bachillerato que pretenda dedicarse a realizar una carrera musical, probablemente la iniciará con un rezago considerable en su formación.
  • Desconocimiento de las carreras relacionadas con la música diferentes al músico ejecutante, es decir, docencia musical, producción, grabación, sonorización, arreglos, dirección orquestal, entre otras
  • La centralización de las escuelas de música dificulta el acceso de la población a una formación musical complementaria.

LA MÚSICA EN LA FORMACIÓN DOCENTE Y EN EL DESARROLLO PERSONAL

He mencionado los beneficios cognitivos de la música y de la educación musical. En relación a aporte de la música en el desarrollo personal, José Antonio Rodríguez-Quiles, catedrático de Educación Musical de la Universidad de Granada, España y coordinador de meNet (Music Education Network) en ese país, en su artículo: ¿Es necesaria una Educación Musical para todos?, resalta las innumerables ventajas que reporta a los niños la práctica prolongada de la música en la escuela. Entre otros beneficios, señala, permite que experimenten por sí mismos su propia capacidad de expresión, favorece el aumento de las competencias sociales gracias a la práctica en grupo y facilita el significado de la forma y el orden. La educación musical reforzada estimula de forma positiva la inteligencia, tanto de los alumnos mejor dotados intelectualmente, como de los que presentan algún déficit de desarrollo. Por otra parte, el rendimiento en otras asignaturas de los estudiantes “reforzados” en música, a pesar del tiempo dedicado a esta actividad, no se vio afectado en ningún momento (Rodriguez-Quilmes, 2003).

La UNESCO (2006), realizó un estudio internacional sobre la importancia de las artes en educación en el que participaron 91 países, se constata que los buenos programas de educación artística (entre los que la música tiene un papel fundamental), además de dar lugar a mejores resultados en otras áreas de conocimiento, tienen un efecto positivo sobre los estudiantes que los reciben y en especial en aquellos con más dificultades de adaptación y más desfavorecidos. El informe de la UNESCO apunta asimismo un dato revelador: los países de la OCDE que obtienen buenos resultados en PISA, parecen coincidir con los que tienen mejores programas educativos en artes.

Más allá de lo informado por la UNESCO, la importancia de la música ha ido evolucionando hasta formar parte significativa en el desarrollo de los sujetos, sin embargo este progreso se ha visto disminuido, básicamente por no conocer sus beneficios o por algún motivo cultural. Como lo he mencionado, muchos de los docentes desconocen la variedad de beneficios que trae la música al desarrollo humano, ya sea por falta de interés y por una mala preparación profesional, a pesar de que existen numerosas fuentes que lo respaldan. Personajes del mundo de la música han estudiado este arte, sus beneficios y otros se enfocado en su enseñanza formal con proponiendo métodos diferentes al tradicional. Menciono algunos de estos.

En la formación de los educadores, la música favorece el desarrollo del razonamiento lógico-matemático, la creatividad y el pensamiento flexible, indispensable para realizar adaptaciones curriculares, por ejemplo. En el plano psicomotor la ejecución de instrumentos favorece el desarrollo de la motricidad fina a la vez que aprende a valorar sus destrezas y aumenta su autoestima (plano afectivo) (Navarrete, 2011). Mills (1997) concuerda con lo beneficiosa que resulta la música en el desarrollo del autoestima y agrega que los docentes debemos ser capaces desarrollar el autoestima en nuestros estudiantes ya que los estudiantes logran más cuando se los estimula a pensar de una manera positiva en sus habilidades y logros, consiguiendo al mismo tiempo un mayor desarrollo. Casas propone que “los distintos planos cognitivos, así como el psicomotor y afectivo pueden verse favorecidos al iniciarse de manera temprana en el aprendizaje de la música” (Casas, 2001, pág. 66). Garretson (1980), menciona que la música puede utilizarse con fines terapéuticos y propone que la musicoterapia puede usarse para remediar problemas de aprendizaje, ayudar a los niños a aprender las interacciones sociales adecuadas, contribuir a motivar a niños que sufren trastornos emocionales o incapacidades formativas, auxiliar a los niños a corregir sus problemas perceptivos y motores, entre otras situaciones. Además, menciona que la práctica vocal e instrumental permite mejorar la postura y la respiración correcta, y que la pertenencia a conjuntos musicales favorece el desarrollo social en ámbitos como el respeto y la colaboración.

Considero que no tan sólo se hace imprescindible el estudio sobre los beneficios en distintos ámbitos que tiene este arte sobre los sujetos, sino que también su enseñanza y la manera en que forma parte importante del desarrollo personal. Un ejemplo es la integración de la música popular y el folclore a la educación y a la formación de los educadores, en virtud de que apoya el desarrollo integral rescatando elementos culturales propios de nuestro país, fortaleciendo el carácter nacionalista. Uno de los métodos para la enseñanza musical, que apoya esta incorporación, es el método Kodály, el cual considera que “el valor de la educación musical está en el ejercicio musical activo, como contribución a lasfacultades del niño” (Pascual, 2002a, pág.125), así a través de ésta el alumno aprende de manera más contextualizada, activa, acercándolo a cantos más familiares, puesto que el niño viene desde su hogar con un repertorio ya integrado y éste es el que se rescata posteriormente en la escuela, manteniendo siempre una relación firme entre los conocimientos previos y el que adquirirá posteriormente en la escuela. Cabe mencionar que esta metodología se implementa actualmente en Hungría, como un proceso que va desde el preescolar hasta la educación superior, no para la formación de músicos, para la formación integral con elementos culturales propios.

Los músicos y educadores musicales Carl Orff y Emile Jacques Dalcroze, comparten un punto en común en sus metodologías para la enseñanza de la música: la importancia del cuerpo al aprender música, conocerse y expresarse mediante éste y la trascendencia al estudiar el arte, lo cual contribuye al desarrollo del área motriz, mental, la coordinación, entre otras, porque pone en juego al mismo tiempo mente y cuerpo al trabajar, además de aprender a su vez los elementos de la música, como por ejemplo el ritmo, vital en los dos métodos (Pascual, 2002b).

La inteligencia musical, citando la propuesta de Gardner, puede desarrollarse en el estudiante conociendo el impacto que tendrá la música para su desarrollo, en la conciencia de que este impacto está sujeto a las particularidades del contexto en el que se trabajará. Debemos ser capaces de atender a todos los estudiantes, cada uno con necesidades particulares y cubrirlas. La música cumple un rol importante durante el desarrollo de estos, no tan solo los planos cognitivos, también en los afectivos, psicomotores y la forma en que nos expresamos, muchas veces podemos recurrir a la música como medio de expresión para manifestar nuestras emociones. Los educadores debemos tener conocimientos formales de estos beneficios y prepararnos para así poder llevar a cabo una metodología acorde a las necesidades de nuestros estudiantes, guiarlos, facilitar las herramientas adecuadas para que estos puedan explorar sus capacidades y potenciar las áreas necesarias para ayudar a enriquecer su crecimiento, logrando así un desarrollo integral.

 Un ámbito que poco se relaciona con la música, y que se fortalece con ella, es la formación en valores. Éste es un proceso integral donde influye todos los recursos disponibles por el docente y no está limitado a la música, pero si el docente conoce los beneficios y alcances de la música como herramienta pedagógica entonces puede sacarle mayor provecho, más allá de crear habilidades y destrezas de ejecución musical y canto (Conejo, 2013). La música y su aplicación como herramienta para la formación en valores me ha permitido reafirmar, a lo largo de mi práctica docente, que la música tiene muchas aplicaciones como recurso pedagógico y efectivamente es una herramienta muy útil para la formación en valores, ya que enseña a compartir entre los alumnos, al participar de manera cooperativa en producciones o grupos musicales, desarrolla el sentido de la sana competencia, permite confrontar los rasgos personales entre los alumnos, establece nexos sociales, fomenta el trabajo en equipo, permite demostrar al alumno su capacidad de alcanzar metas propuestas y facilitan el desarrollo de su identidad nacional a través del uso de elementos propios de nuestra cultura.

REFLEXIONES FINALES O ENCORE, HABLANDO EN TÉRMINOS MUSICALES…

Educar integralmente al incluir a la música en la educación, implica diversos retos en diferentes ámbitos. A continuación expongo algunas reflexiones y alternativas que considero relevantes:

  1. En relación a los planes de estudio: el primer reto es consolidar la importancia de la enseñanza de la música en la educación básica. En los actuales planes, la formación musical se encuentra dentro de la Educación Artística, con una temporalidad de una hora a la semana para una asignatura que abarca cuatro especialidades (música, teatro, danza y artes visuales), tiene carácter obligatorio en el nivel básico y optativo en el nivel medio superior. Estoy convencido que debe existir obligatoriedad en todos los niveles. En cuanto a la organización dentro del sistema educativo, es necesario establecer un Departamento especializado en el área musical, con especialistas formados, como requisito indispensable, en música y docencia.
  2. En cuanto a la formación de docentes: la solución puede comenzar con realizar una selección de aspirantes a la docencia de forma integral, no sólo valorar los conocimientos en un examen objetivo (CENEVAL en este caso), debe valorarse las habilidades y/o formación complementaria (formación musical entre ellas), capacidad de comunicación, empatía, lectura, aptitudes artísticas, matemáticas y tecnológicas. Si el docente en formación conoce los elementos básicos de la música (duración, intensidad, altura, timbre, ritmo), podrá hacer uso en su ámbito de los aportes de la música en el desarrollo del aspecto intelectual, socio afectivo, psicomotor, de crecimiento personal y formación de hábitos en el alumno; sólo entonces puede contar con un recurso muy variado y efectivo en la formación integral del alumno. Los usos y ventajas de éste recurso puede ser adaptados y aprovechados según los objetivos específicos que se deseen alcanzar.
  3. Es necesario realizar investigación orientada a la búsqueda de integración en actividades musicales en todos los niveles educativos y para todos los alumnos, incluyendo a los que presentan limitaciones auditivas, perceptivas y de ejecución. Investigar las necesidades y efectos del trabajo musical en los diversos contextos regionales del país; de manera que puedan disfrutar también de los beneficios y alcances de la música a través de una formación integral. Investigar donde se compruebe, de manera práctica, el uso de la música como herramienta para la formación docente, diseñando herramientas de evaluación para sustentar los alcances. Promover entre los educadores de educadores el uso de la música como herramienta para la formación docente en todos los ámbitos.
  4. La música es una actividad que debe promoverse más allá de sólo formar destrezas musicales. Cultural y políticamente se ha cometido el error de encasillarla como una actividad  accesoria, lúdica y sin valor educativo. Esto se observa, por ejemplo, en la asignación de presupuestos y profesiogramas para maestros especializados, así como en presupuestos para infraestructura y materiales. La propuesta es que a partir del trabajo en el aula los educadores promuevan ese cambio de mentalidad.
  5. Es necesaria una metodología propia, unificada y que responda a una realidad nacional multicultural, multilingüística y de acuerdo a las posibilidades económicas para su aplicación. Los que tenemos contacto con la música hemos sido formados a partir de metodologías extranjeras, que poco o nada se identifican con nuestra cultura.

Concluyo definiendo, en términos musicales, la relación de la música con nuestra salud, como una orquesta que recibe y produce una sinfonía de sonidos, sustancias químicas, cargas eléctricas, colores e imágenes. Si estamos sanos, nuestra orquesta funciona fluidamente, en armonía y afinada. Cuando estamos enfermos, una o más secciones instrumentales suena mal, entrecortada, desafinada. Igualmente es posible que el conjunto suene desincronizado. Imaginemos, por otra parte, a todos los instrumentos del cuerpo sonando a todo volumen, ese sería el peor de los sonidos posibles; pero el extremo opuesto, el silencio absoluto, representa un cuerpo sin vida. Es necesario observar nuestra orquesta en su totalidad y valorarla con precisión, a partir de su funcionamiento actual, las experiencias y su capacidad de mejora. Considero que una buena parte de la prevención de la enfermedad está en enseñar al cuerpo y mente a tocar y entender su propia música, no la partitura que dicta la sociedad del conocimiento, el “Mc World” (Barber, 1995), o el sistema económico global.

Comprendemos al mundo de diversas maneras: un campesino describe una tormenta de acuerdo a la devastación y a las pérdidas que le deja, un científico indicando las pulgadas de presión barométrica, el porcentaje de humedad y la velocidad de los vientos; José Revueltas (compositor mexicano),  describe una tormenta haciendo vibrar los metales de una orquesta con el vaivén de los violines. José Clemente Orozco lo expresa con una explosión de colores en un lienzo. La importancia de la música en el desarrollo personal y la formación docente no es una temática contemplada en los planes de estudio relativos a ésta, por lo que considero que representa un vacío importante personal y profesional que debe atenderse, ya que el conocimiento musical, nos permite tener una visión más amplia, complementaria y crítica del mundo.

Fotografía: estepaís

REFERENCIAS

Barber, B. (1995). Jihad vs. McWorld : How Globalism and Tribalism Are Reshaping the

World.             Times Books.

Campbell, D. (1998). El efecto Mozart. Barcelona: Urano.

Casas, M. (2001). ¿Por qué los niños deben aprender música? Colombia: Universidad

del Valle. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=28332408.

Conejo, P. (2013). El valor formativo de la música en la formación de valores. Artículo.

Rescuperado de dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3825651.pdf.

Eaton, J. (2008). Qué son la endorfinas. Artículo. Recuperado de: http://www.reverse-

therapy.es/que_son_las_endorfinas-faq-2-15.htm.

Garretson, R. (1980). La música en el plan de estudios de la escuela moderna. México:

Diana.

Grout, D. y Palisca C. (1989). Historia de la música occidental I. Madrid”: Alianza Música.

H. Congreso de la Unión. Cámara de Diputados (2019). Ley General de Educación.

http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LGE_300919.pdf

Mills, J. (1997). Los profesores de enseñanza básica y media. Barcelona: Andrés Bello.

Navarrete, G. (2011) ¿Cómo afecta a tu cerebro cada género musical? Artículo.

Rescatado de www.cnnespanol.cnn.com

Pascual, P. (2002a). Los instrumentos. Madrid: Pearson.

Pascual, P. (2002b). El método Kodály. Madrid: Pearson

Rodriguez-Quilmes, J. (2003). ¿Es necesaria una Educación Musical para todos?

Recuperado de http://musica.rediris.es/leeme/revista/rodriguezja03.pdf.

Sacks, O.  (2009). Musicofilia. Relatos de la música y el cerebro. Barcelona:

Anagrama.

Storr, A. (1992). La música y la mente. El fenómeno auditivo y el porqué de las

pasiones. Barcelona: Paidós.

United Nations for Education Science and Culture Organization (UNESCO) (2006). Hoja de

Ruta para la Educación Artística. Conferencia Mundial sobre la Educación Artística: construir capacidades creativas para el siglo XXI. Lisboa, 6-9 de marzo de 2006.  Recuperado de:

http://www.unesco.org/new/fileadmin/MULTIMEDIA/HQ/CLT/CLT/pdf/Arts_Edu_RoadMap_es.pdf.
Fuente e imagen: https://insurgenciamagisterial.com/musica-y-educacion-en-mexico-algunas-consideraciones/
Comparte este contenido: