En términos generales, hay que destacar que desde el año 2000 por lo menos 280 millones de niños y niñas tienen una mejor situación hoy de la que habrían tenido hace dos décadas. Los niños y las niñas tienen más probabilidades de crecer sanos, recibir educación y estar protegidos.
Nuestro informe evalúa la situación de la infancia en 176 países en lo referido al acceso a la atención de la salud, la educación, la nutrición y la protección.
EL ÍNDICE DE PELIGROSIDAD PARA LA INFANCIA 2019
Según nuestro indicador del nivel de peligrosidad, desde el año 2000 las circunstancias para la infancia han mejorado en 173 de los 176 países analizados. Singapur es el país que ocupa el primer lugar de la clasificación por ser el que mejor protege y asiste a la infancia. Entre los diez primeros lugares también se incluyen ocho países europeos y Corea del Sur. España ocupa el puesto número trece.
De los ocho peligros para la infancia, el desplazamiento debido a conflictos es el único que ha aumentado en los últimos 20 años. Ahora hay 30,5 millones de personas más que han debido desplazarse por la fuerza de las que había en el año 2000, hecho que se traduce en un aumento del 80%.
Los tres países donde la infancia sufre las mayores amenazas son Chad, Níger (a pesar de los progresos) y la República Centroafricana, que ocupa el último lugar.
Los países afectados por conflictos armados tienen las tasas de mortalidad infantil más altas, una proporción demasiado elevada de niños y niñas con retraso del crecimiento y una proporción creciente de la tasa mundial de niños y niñas sin escolarizar.
Por nuestra experiencia sabemos que recopilar datos durante los períodos de conflictos es difícil y peligroso. Los últimos datos disponibles sobre países en guerra suelen ser anteriores a la escalada de violencia y no reflejan las duras realidades para la infancia en estos entornos.
Puede descargar el resumen ejecutivo y el informe completo en los siguientes enlaces:
Sin una educación de calidad, inclusiva y equitativa para todos y de oportunidades de aprendizaje a lo largo de toda la vida, los países no lograrán alcanzar la igualdad de género ni romper el ciclo de pobreza que deja rezagados a millones de niños, jóvenes y adultos.
En la actualidad, 262 millones de niños y jóvenes siguen sin estar escolarizados, 617 millones de niños y adolescentes no pueden leer ni manejan los rudimentos del cálculo; menos del 40 por ciento de las niñas del África Subsahariana completan los estudios de secundaria baja y unos 4 millones de niños y jóvenes refugiados no pueden asistir a la escuela. El derecho a la educación de estas personas se ve afectado y eso es inaceptable.
CELEBRACIONES 2019
La celebración de 2020 colocará a la educación y al aprendizaje que emana de esta como mejor recurso renovable de la humanidad y reafirmará el papel de la educación como derecho humano fundamental y bien público. Pondrá en relieve los numerosos medios por los que el aprendizaje conduce al empoderamiento de los pueblos, a la preservación del planeta, a construir la prosperidad y a promover la paz.
Día Internacional de la Educación – Nota conceptual
Filósofos y tecnólogos abren un diálogo sobre los retos de la inteligencia artificial
Una demostración simple de cómo a veces fracasamos a pesar de toda la tecnología a nuestra alcance. Acudimos con prisas a las Jornadas de Filosofía e Inteligencia Artificial, en la Facultat de Filosofia de Catalunya, y tanto la pantalla luminosa de la parada del autobús como la app que tenemos en el móvil nos indican que la llegada de nuestro transporte es “inminente”. En efecto, un autobús aparece y lo abordamos. No es el nuestro, sin embargo: se trata de otro autobús que tendría que haber llegado unos minutos después. Pero ¡estábamos seguros de haber visto el número correspondiente en el frontal del vehículo!
Llegamos tarde. Y en el aula magna (repleta de público) de la facultad, el profesor Joan Albert Vicens recuerda cómo un conductor de autobús que se guiaba únicamente por su GPS chocó con un puente en Seattle en el 2008. También sugiere que la experiencia e intuición de los pilotos debería imponerse a la superautomatización de los aviones, recordando lo ocurrido en los dos accidentes del modelo Boeing 737 Max 8 que costaron la vida a 346 personas. “La inteligencia artificial nos desposee de capacidades en algún sentido”, es la conclusión de Vicens al respecto.
En el caso de nuestro autobús, el fallo se dio por partida doble: en el sistema que nos hace de muleta para movernos por la ciudad y en nuestra propia mente, que creyó ver el número que esperábamos. Posiblemente, un transhumanista resolvería un problema tan tonto de percepción abogando por la unión del pobre humano que se equivoca con un software que no lo hace. O quizás con el propio hardware. El teléfono móvil es solo un apéndice: quizás sería mejor la unión con la máquina…
Siguiendo en la escala de la anécdota, los llamadosbiohackersson la expresión radical del transhumanismo.Surgen de la siempre productiva cultura de garaje de Estados Unidos y son capaces de experimentar insertándose bajo la piel chips y sensores biométricos, o la llave electrónica del coche. Lo que hacen no tiene gran utilidad práctica realmente, pero lo importante es su convicción de que es mejor convertirse en ciborg.
Tim Cannon, de Pittsburgh (Estados Unidos), se ha implantado un dispositivo llamado Northstar bajo la piel de la mano que puede usarse para proporcionar diversos estímulos sensoriales, com la geolocalitzación. (Media3.14/Yuzu Productions)
El transhumanismo –y su derivado extremo, el posthumanismo– consideran que la evolución darwiniana ha tocado techo y que el desarrollo exponencial de la inteligencia artificial –IA, a partir de ahora– no nos deja otra salida que integrarnos en la tecnología. “Es la convicción de que el ser humano está en el soporte inadecuado”, dice Antonio Diéguez, catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Málaga. “Aristóteles se reiría de esto…”, añade. Diéguez es autor de Transhumanismo: la búsqueda tecnológica del mejoramiento humano (Herder, 2017), y sostiene que esta doctrina “tiene más base en la biotecnología que en la IA y en la robótica. Soy bastante escéptico, pero hay filósofos importante que se lo toman en serio”.
Muy probablemente no se hablaría en un aula magna universitaria de biohackers, de ciborgs o de cerebros volcados en un avatar digital después de la muerte si no fuera porque todo esto tiene un componente escatológico importante, no en el sentido excremental del término (aunque algo podría haber) sino en el filosófico. Se trata de la trascendencia.
El transhumanismo quizás no habría salido de un ámbito ciberpunk si no fuera porque su gran apologeta es Ray Kurzweil, director de ingeniería de Google
“El transhumanismo es la nueva utopía del siglo XXI; viene a decir: vamos a cambiar la evolución”, dice un estudioso del tema, el urbanista Albert Cortina. Y observa que todo esto tiene detrás a las grandes corporaciones de Silicon Valley. En efecto, es muy posible que estas ideas no hubieran salido nunca de un ámbito ciberpunk si no fuera porque su gran apologeta es nada menos que el director de ingeniería de Google, Raymond Kurzweil, por más señas inventor (diseñó, siendo muy joven, una máquina lectora para ciegos), teórico visionario, un hombre empeñado en la prolongación de la vida, especialmente la suya propia.
Ray Kurzweil, durante una conferencia en Nueva Delhi, en marzo del 2012 (Mail Today / India Today Group/Getty Images)
Kurzweil, en La Singularidad está cerca: cuando los humanos trascienden la biología (Lola Books, 2012), publicado originalmente en el 2005, va un paso más allá del transhumanismo moderno formulado quince años antes por el filósofo futurista Max More (seudónimo del irlandés Max O’Connor que se traduce por Max Más), al afirmar que el desarrollo exponencial de la IA hará que para el año 2100 se alcance la “superinteligencia”: cada nuevo cerebro artificial será capaz de diseñar otro aún más potente; éste hará lo mismo que el anterior, y así sucesivamente…
Algunos de los teóricos del transhumanismo, antiguos desarrolladores de IA hoy seriamente preocupados por su impacto, así como los a veces inefables biohackers de California exponen sus ideas en un libro de muy reciente publicación: Cómo ser una máquina, de Mark O’Connell (Capitán Swing, 2019). Incluido Max More, que parece hoy más interesado en la “extensión de la vida” (como Kurzweil) mediante la criogenización de cadáveres o de sus cabezas metidas en un tarro en espera de ser un día insertadas en un cuerpo artificial.
James Bedford, el primer hombre en ser criogenizado, después de muerto, en 1967, fue trasladado en 1982 a la Fundación Alcor, cuyo consejero delegado es Max More desde el 2011 (Alcor Foundation)
Los expertos le han dado vueltas a la idea de la Singularidad y han presentado todo tipo de hipótesis, algunas de ellas apocalípticas al mejor estilo de Terminator: esa “explosión de inteligencia” hará que los humanos acabemos siendo prescindibles; una IA fuerte hasta puede llegar a asesinarnos… ¿Exageran? Podría ser. Pero cuando tales vaticinios vienen de Steve Hawking –”El desarrollo de una inteligencia artificial completa podría significar el fin de la raza humana”, dijo en el 2014, cuatro años antes de fallecer– o de Elon Musk, una de las grandes personalidades del momento, es como para pensarlo. Musk no ha dejado de reiterar esa advertencia, pero apuesta porque el ser humano se imponga a las computadoras.
Sophia, en la Feria IoT (Internet of Things ), en L’Hospitalet de Llobregat, el 4 de octubre del 2017. Sophia es la primera máquina en obtener un estatuto de ciudadanía: la de Arabia Saudí, en el 2017. Todavía se comenta el hecho que este robot de aspecto humanoide tenga ‘derechos’. Esto es muy relativo pero probablemente Sophia ha sido más escuchada que cualquier mujer en la represiva sociedad saudí. (Llibert Teixidó)
Si nos ponemos en el mejor de los mundos posibles, una comunión con la máquina, lo que tenemos delante por el momento es, en palabras de Albert Cortina, “un nuevo mesianismo, una pseudoreligión”, que vende una nueva forma de inmortalidad.
No hay que extrañarse entonces de que la teología cristiana lleve “años atenta a la inteligencia artificial”, según afirma el doctor en la materia, profesor de bioética en la Universitat Blanquerna e ingeniero químico además de sacerdote Juan Ramón La Parra. “Los trabajos en IA han contribuido al conócete a tí mismo” socrático, dice, pero “una IA fuerte –la Singularidad– y el transhumanismo corren el riesgo de rebajar al hombre. Los defensores de una IA fuerte parten de una base religiosa secularizada, apocalíptica. Pero ¿qué relato de salvación ofrece la IA en un escenario apocalíptico?”
Todo esto propicia un interesante debate intelectual, y científico también. Por ejemplo, en opinión de Javier Montserrat,profesor de psicología en la Universad Autónoma de Madrid, “nos podemos plantear si es posible hablar de identidad ontológica y funcional entre ordenador y ser vivo. En mi opinión, no es posible. Uno y otro funcionan de diferente manera”. Así, “entre el teléfono móvil y yo intercambiamos datos, pero nada más”.
Se rechaza lo físico por lo virtual, se reduce nuestra historia a datos, y esto es algo parecido a una condena
JUAN RAMÓN LA PARRATeólogoLos problemas que afronta ahora mismo la relación entre los humanos y la inteligencia artificial son otros, más palpables y urgentes. “Es muy probable que nos estén distrayendo con historias de ciencia ficción”, advierte Antonio Diéguez. En la mente de todos está el “enorme poder”, señala, que se ha concentrado en manos de empresas como Google y Facebook, y que implican lo que todos coinciden en calificar de una reducción del ser humano a datos, el llamado big data. Por supuesto, con intereses comerciales. Así, Montserrat Esquerda, directora del Instituto Borja de Bioética, recuerda cómo Google ha adquirido los datos médicos de millones de pacientes en Estados Unidos, con la promesa (¿creíble?) de no ponerlos a la venta.
Pero la crítica por parte de los humanistas va más allá de estos efectos ya de por sí preocupantes, y obliga a buscar un punto de encuentro con los tecnólogos.
“Se rechaza lo físico por lo virtual, se reduce nuestra historia a datos, y esto es algo parecido a una condena”, sentencia el teólogo La Parra. Vicens apunta que, “siguiendo a Xavier Zubiri, la inteligencia humana aprende realidades, y la realidad no se reduce a datos que nos llegan por sistemas automáticos, una realidad digitalizada, facilitada, que no plantea preguntas. Y, como dice Ortega y Gasset, nos damos cuenta de la realidad cuando nos plantea preguntas”.
No estamos tan locos, los desarrolladores nos planteamos una ética
ELISABET GOLOBARDESCatedrática de La SalleLos datos constituyen el cambio de paradigma en la concepción de la IA. “Es insensato pensar que lo que programamos es neutro. Lo más honesto es explicar por qué estos criterios nos parecen nobles. Pero no son neutros, y en ocasiones están preñados de prejuicios o de tópicos. Es mejor explicarlos”, puntualiza Francesc Torralba, director de la cátedra Ethos de ética aplicada en la Univsersitat Ramon Llull.
La réplica de los programadores no puede ser otra: “No estamos tan locos, los desarrolladores nos planteamos una ética, y me atrevería a decir que la comunidad de IA es ética y responsable”, afirma Elisabet Golobardes, investigadora y catedrática de La Salle. “Estamos muy preocupados por hacer un mundo mejor, estamos apostando por una utopía; la clave está en la educación”.
Carme Torras, profesora del Instituto de Robótica (Consejo Superior de Investigaciones Científicas-Universittat Politènica de Catalunya (Llibert Teixidó)
Del mismo modo, la experta Carme Torras, profesora en el Instituto de Robótica de la Universitat Politècnica de Catalunya e implicada en un proyecto europeo sobre ética y robótica, asegura que “es importante que las personas tengan el control”. Torras, que se dedica además a la divulgación pedagógica a través de la literatura de ciencia ficción, afirma que “la comunidad robótica está muy concienciada de la necesidad de diálogo” entre tecnólogos y humanistas, algo en lo que, por cierto, coincidían todos los ponentes de las Jornadas. “Todos hemos convergido en un punto de encuentro, hemos superado un poco el naufragio en comunicación”, concluía Elisabet Golobardes.
Hace dos años, otras jornadas, Inteligencia artificial: sueños, riesgos y realidad, concluyeron con una Declaración de Barcelona que reclamaba prudencia, transparencia y responsabilidad en el desarrollo de la IA. Ahora, la cita de tecnólogos y filósofos se hacía necesaria porque, según su promotor y coorganizador, el ingeniero Francisco Batlle, “la IA se está adentrando peligrosamente en conceptos que le son extraños: mente, humano, conciencia…, un terreno en el que la filosofía ha transitado mucho, y es ahora cuando, más que nunca, se impone que colaboren en una necesaria reflexión conjunta”.
La inteligencia artificial puede proveer soluciones a problemas complicados pero no a problemas complejos
MONTSERRAT ESQUERDAExperta en bioéticaSi, como decía Montserrat Esquerda, “en este momento, la IA puede proveer soluciones a problemas complicados pero no a problemas complejos”, aún estamos lejos de una IA fuerte que nos pinte un panorama apocalíptico. “La máquina, por exceso de datos, puede llegar a manipularte –reconocía Núria Agell, matemática de Esade–. Ya tenemos las máquinas que nos están superando en capacidad de cálculo, memoria y velocidad. Pero se está investigando en la interacción persona-IA, en introducir nuevas formas de razonamiento; se tiene que intentar trabajar con etiquetas lingüísticas valorativas, que sirvan para tomar decisiones con el razonamiento que nosotros los humanos utilizamos”.
De modo que la vieja cuestión planteada por Alan Turing en 1950, ¿puede pensar una máquina?, todavía sigue abierta.
El enlace original esta disponible en: https://www.lavanguardia.com/tecnologia/20191222/471947287537/transhumanismo-filosofos-tecnologos-dialogo-inteligencia-artificial-biohackers.html
En todos los países hay muchas personas con escasas perspectivas de vivir un futuro mejor. Carecen de esperanza, sentido de propósito y dignidad; desde su situación de marginación, solo les queda contemplar a otras personas que prosperan y se enriquecen cada vez más. Muchos seres humanos han escapado de la pobreza en todo el mundo, pero aún son más los que no tienen oportunidades ni recursos para tomar las riendas de sus vidas. Con demasiada frecuencia, el lugar que ocupa una persona en la sociedad sigue estando determinado por su etnia, su género o la riqueza de sus progenitores. Desigualdades: sus huellas están en todas partes. Las desigualdades no siempre reflejan un mundo injusto; sin embargo, cuando tienen poco que ver con la recompensa del esfuerzo, el talento o la asunción de riesgos empresariales, suponen una afrenta para la dignidad humana. Bajo la sombra del profundo cambio tecnológico y la crisis climática, las desigualdades del desarrollo humano dañan las sociedades y debilitan la cohesión social y la confianza de la población en los gobiernos, las instituciones y sus congéneres. La mayoría de ellas deteriora las economías al impedir que las personas alcancen todo su potencial en su vida personal y profesional. A menudo dificultan que las decisiones políticas reflejen las aspiraciones de toda la sociedad y protejan el planeta, cuando las escasas personas que ostentan el poder lo utilizan para influir en las decisiones de modo que beneficien a sus intereses. En casos extremos, los ciudadanos pueden tomar las calles. Estas desigualdades del desarrollo humano constituyen un obstáculo crucial para hacer realidad la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. No son únicamente disparidades en términos de ingreso y riqueza. Tampoco pueden explicarse utilizando únicamente medidas sintéticas de desigualdad centradas en una sola dimensión, y condicionarán las expectativas de aquellas personas que consigan vivir hasta el siglo XXII. El Informe explora las desigualdades del desarrollo humano más allá del ingreso, más allá de los promedios y más allá del presente. Se pregunta qué tipos de desigualdad son importantes y qué factores las provocan, reconociendo la necesidad de considerar las desigualdades perniciosas como un síntoma de la existencia de problemas más amplios en una sociedad y en una economía. También se plantea qué políticas pueden contribuir a hacer frente a esos factores y ayudar a las naciones a impulsar su crecimiento económico, mejorar su desarrollo humano y reducir las desigualdades. Es complicado obtener una visión clara de las desigualdades del desarrollo humano y su evolución. Esto se debe, en parte, a que tales desigualdades son muy amplias y presentan múltiples facetas, como la vida misma. Asimismo, las medidas que se suelen utilizar —y los datos en los que se apoyan— son a menudo inadecuadas. No obstante, existen patrones que se repiten una y otra vez.
En todos los países las metas se van moviendo. La desigualdad en el ámbito del desarrollo humano es alta o va en aumento en las áreas que se espera que vayan ganando importancia en el futuro. Se han producido algunos avances en ámbitos fundamentales a escala mundial; por ejemplo, ha aumentado el número de personas que consiguen salir de la pobreza y el de personas que reciben una educación básica, aunque continúan existiendo diferencias significativas. Al mismo tiempo, sin embargo, las desigualdades se están ampliando en los tramos superiores de la escalera del progreso. Un enfoque basado en el desarrollo humano abre nuevas perspectivas en relación con las desigualdades —por qué son importantes, cómo se manifiestan y qué hacer al respecto— que ayudan a diseñar medidas concretas. El Informe sugiere la importancia de realinear los objetivos de las políticas existentes haciendo hincapié, por ejemplo, en la educación de calidad en todas las edades —incluida la enseñanza preescolar— en lugar de prestar una atención exclusiva a las tasas de matriculación en la educación primaria y secundaria. Muchas de estas aspiraciones están ya reflejadas en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Esto también implica que se deben combatir los desequilibrios de poder que se encuentran en el origen de numerosas desigualdades, por ejemplo mediante el establecimiento de medidas antimonopolio para garantizar unas condiciones más equitativas en el terreno económico. En algunos casos la lucha contra las desigualdades exige hacer frente a normas sociales profundamente arraigadas en la historia y la cultura de una nación. Muchas políticas contemplan medidas dirigidas a mejorar la equidad y la eficiencia. El principal motivo por el que no suelen aplicarse puede estar relacionado con el poder de los intereses creados, que no ven los beneficios de que la situación cambie. El futuro de las desigualdades del desarrollo humano en el siglo XXI está en nuestras manos, pero no podemos descuidarnos. La crisis climática muestra que el precio de la inacción aumenta con el tiempo, ya que fomenta una mayor desigualdad que, a su vez, dificulta cada vez más la acción por el clima. La tecnología está cambiando ya los mercados de trabajo y nuestra vida, pero todavía desconocemos en qué medida podrán las máquinas sustituir a las personas. Sin embargo, nos estamos acercando a un precipicio y, si caemos en él, la recuperación puede ser muy complicada. Tenemos elección, pero hemos de actuar ahora.
A continuación puede descargar el texto completo del informe haciendo click en el siguiente enlace: Informe de Desarrollo Humano 2019
Un nuevo informe revela que la sindicación de los trabajadores de la economía informal puede impulsar la renovación del movimiento sindical. Esto puede lograrse gracias al aumento del número de afiliados y la asunción de la negociación colectiva de los trabajadores de la economía informal a fin de proteger los derechos laborales, fortalecer la voz colectiva e influir en las políticas sociales y económicas.Colmar los déficits de trabajo decente que afectan a 2,5 mil millones de trabajadores en la economía informal es vital para renovar el movimiento sindical, según un nuevo informe realizado por la Oficina de Actividades para los Trabajadores de la OIT (ACTRAV) en colaboración con la Agencia Danesa de Desarrollo Sindical (DTDA).
Intitulado Organizar en sindicatos a los trabajadores de la economía informal , el informe afirma que la integración sindical de los trabajadores informales ofrece oportunidades para aumentar el número de afiliados sindicales y abordar la negociación colectiva a fin de proteger los derechos laborales, fortalecer el peso colectivo de los trabajadores e influir en las políticas económicas y sociales. (El archivo completo de este manual puede descargarlo o leerlo en siguiente enlace Organizar en sindicatos a los trabajadores de la economía informal )
“Las dinámicas y tendencias futuras de la economía informal tienen importantes implicaciones para las organizaciones de trabajadores. Por ello, el movimiento sindical en su conjunto debe seguir comprometido con la defensa de los derechos de los trabajadores de la economía informal, garantizando la mejora de sus condiciones de trabajo y ayudándoles a desempeñar un papel decisivo en el proceso de desarrollo económico y social de sus respectivos países. La Recomendación núm. 204 de la OIT es un instrumento único que ofrece pautas para centrarse en los derechos durante la transición de la economía informal a la formal”, afirmó Mohammed Mwamadzingo, Responsable de ACTRAV para África.
En el informe se identificaron los seis retos que dificultan la integración de la economía informal en el movimiento sindical:
A quién organizar;
Cómo organizar;
Estatuto y representación;
Estructura y recaudación de cuotas de afiliación;
Prestaciones y servicios ofrecidos;
Garantizar una cultura y tradiciones democráticas.
Con este informe, que incluye ejemplos de buenas prácticas y casos ilustrativos de sindicatos de todo el mundo, se pretenden mejorar las competencias y los conocimientos técnicos de organizadores, educadores y líderes sindicales y de representantes de las organizaciones de trabajadores de la economía informal, sobre la necesidad de formalizar la economía informal.
“El objetivo de este informe es ofrecer una guía práctica sobre cómo plantear cambios institucionales para la sindicalización de la economía informal. El estudio se basa en importantes lecciones prácticas aprendidas en todo el mundo sobre cómo integrar al diverso grupo de trabajadores y operarios informales en las estructuras formales del movimiento sindical”, declaró Jorgen Assens, de la Agencia Danesa de Desarrollo Sindical.
El informe forma parte de una serie de publicaciones de ACTRAV para ayudar a las organizaciones de trabajadores a entender y lidiar con los déficits de trabajo decente en la economía informal.
Un reciente informe de la OIT muestra que un 85,8 por ciento del empleo de África está en la economía informal. La tasa se eleva a un 68,2 por ciento en Asia Pacífico, un 68,6 por ciento en los Estados Árabes, un 40,0 por ciento en las Américas y un 25,1 por ciento en Europa y Asia Central. Además, el informe Mujeres y hombres en la economía informal: Un cuadro estadístico muestra que un 93 por ciento del empleo informal mundial se realiza en los países emergentes y en desarrollo.
Si desea más información, póngase en contacto con:
Mamadou Kaba SOUARE
Responsable de información y comunicación
OIT/ACTRAV
Tel.: +41 22 799 74 08
Compared to what? That’s the key question this report asks, when it comes to assessing sustainable development performance. So-called sustainable development indicators abound, but do they actually do what they purport to do? Not really, argues Bill Baue in this report: almost no current sustainable development indicators, that is, actually indicate sustainable development.
Why not? To answer this question, it helps to ask, compared to what? Current sustainable development indicators typically compare performance to incremental goalposts – less this, less that – which, of course, doesn’t actually tell us anything about the sustainability of the impacts. To remedy this, the report invokes the Sustainability Quotient (S = A/N), which compares actual impacts (in the numerator) to normative impacts (in the denominator) to calibrate sustainability.
Bill Baue, an internationally recognized expert on Thriveability, Sustainability Context, and Online Stakeholder Engagement, is a co-founder of r3.0, Sustainability Context Group, Sea Change Radio, and Currnt. He currently serves as Senior Director of r3.0, where he oversees the Blueprint Projects that are crowdsourcing redesign templates for the fields of reporting, accounting, data, new business models, sustainable finance, and value cycles. He is also currently leading the establishment of the Global Thresholds & Allocations Council, and is undertaking research for the International Integrated Reporting Council (IIRC) in addition to UNRISD. Bill Baue has worked with organizations across the sustainability ecosystem, including Audubon, Cabot Creamery Coop, Ceres, GE, Harvard, United Nations Environment Programme, Walmart, and Worldwatch Institute. He serves on the Technical Advisory Group of the Science Based Targets initiative, and as a Senior Advisor to Preventable Surprises.
El informe completo está disponible en este enlace:
«El estado de derecho es el fundamento en el que se asientan las sociedades justas, inclusivas y pacíficas. Obliga a las instituciones a rendir cuentas, a salvaguardar los derechos humanos, a obrar de forma justa y transparente, y a empoderar a los ciudadanos para que puedan participar de manera constructiva en el quehacer de la sociedad. Se crea así una cultura de la legalidad, en la que los ciudadanos participan en la formulación de las leyes, las conocen y respetan, en beneficio de toda la sociedad. La educación desempeña un papel importante en la promoción del estado de derecho y de una cultura de la legalidad. Básicamente, dispone una función de protección importante reforzando la capacidad de los alumnos a enfrentar y superar las situaciones difíciles de la vida.Los jóvenes pueden hacer aportaciones significativas a esta cultura de la legalidad, y los gobiernos tienen el deber de proporcionarles un apoyo educativo que fomente las actitudes y los valores positivos en las generaciones futuras.La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) han elaborado en colaboración esta guía para ayudar a la formulación de políticas y programas que propicien el estado de derecho por intermedio de la educación. Contiene orientaciones y ejemplos de buenas prácticas acerca de la aportación que puede efectuar el sector educativo en su conjunto para que los jóvenes se conviertan en ciudadanos comprometidos y constructivos, tomen decisiones éticamente responsables en su vida cotidiana y actúen con empatía y respeto por los demás.Se basa en el enfoque de la UNESCO sobre la educación para la ciudadanía mundial, promoviendo una cultura de paz y el respecto de los derechos humanos y aprovechando la experiencia de la UNODC en materia de lucha contra los delitos que amenazan gravemente la seguridad humana. Este proyecto conjunto contribuye a la realización de la Agenda para el Desarrollo Sostenible, en particular las metas relacionadas con la educación y el fomento de la paz, la justicia e instituciones sólidas, y complementa otras publicaciones de la colección de recursos educativos sobre determinadas problemáticas relacionadas con la juventud.Esperamos que este nuevo recurso proporcione a los países las herramientas necesarias para que respondan a los desafíos que comprometen la paz, la justicia, los derechos humanos y las libertades fundamentales, y construyan sociedades más resilientes y sostenibles.
PrólogoAudrey AzoulayDirectora General Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura
Yury Fedotov Director Ejecutivo Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito»
A continuación el enlace para descargar o leer el libro:
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