Page 1 of 3
1 2 3

Archivos Epstein, una película de terror hecha realidad en el capitalismo actual

Por Renán Vega Cantor

Imaginemos el guion de una terrorífica película de ciencia ficción. Es la historia de un supermillonario sionista al servicio de varios servicios de inteligencia de Estados poderosos (el Mossad de Israel, la CIA de Estados Unidos, el M-16 de Gran Bretaña) es un negociante de éxito, que tiene actividades en las finanzas, el sector inmobiliario y acumulaba al final de su vida la suma de miles de millones de dólares. Ese personaje es además un depredador sexual, que tiene predilección sádica por niñas y jóvenes. Para realizar sus orgias y bacanales cuentan con propiedades suntuosas que ha adaptado para tal propósito: una isla privada, que está en territorio de los Estados Unidos (en Islas Vírgenes, y el nombre no parece casual por lo de vírgenes), varias mansiones en ciudades de Estados Unidos (Miami, Nueva York) y de otros países (Paris), un “rancho de los horrores” en Nuevo México, aislado y acondicionado para torturar, violar y matar mujeres jóvenes… Para trasladarse libremente, sin las restricciones, demoras y cortapisas de aeropuertos y vuelos comerciales, tiene su propio avión, al que denomina Lolita Express, por aquello de la niña que protagoniza la novela Lolita de Vladimir Nabokov. En el film aparecen centenares de niñas y jóvenes abusadas, asesinadas y desaparecidas, se ven desgarradoras escenas de torturas y conversión de las mujeres en vulgares mercancías y objetos sexuales intercambiables y desechables. Entre sombras aparecen imágenes de cultos satánicos en las que hombres multimillonarios matan a niños y bebes, mutilan sus cuerpos y consumen su sangre y algunos de sus órganos.

El personaje de la película no es un sicópata solitario, sino que forma parte de un engranaje global en el que sirve de intermediario de una red transnacional de tráfico sexual, negocios diversos, violencia y sadismo,  academia e investigación científica y sofisticado desarrollo tecnológico. De ese engranaje forman parte presidentes y expresidentes de varios países (incluyendo a uno de Colombia), miembros de monarquías de Europa (de Gran Bretaña y Noruega), científicos expertos en biología, genética con tendencias eugenésicas y racistas, multimillonarios dueños o accionistas principales de grandes empresas tecnológicas del mundo informático y de la Inteligencia Artificial. También desfilan en la película cantantes, actores, gentes del jet set y de la farándula, que cuentan con millones de dólares en sus arcas.

Como el protagonista central de la película forma parte de tenebrosos servicios secretos tiene la misión, que asume con una impresionante meticulosidad, rigor y disciplina, de registrar cualquier movimiento de los miles de multimillonarios y hombres de éxito que participan en sus fiestas y orgías y vuelan periódicamente en el Lolita Express. También registra cualquier charla, por informal que fuera, con investigadores o científicos que no participan en esas fiestas de sexo y sangre, pero reciben sus favores, porque, además de todo, el protagonista de este film de terror, se presenta como un filántropo que patrocina proyectos, aparentemente desinteresados, en el campo de la genética, la biología, la IA y el transhumanismo. E impulsa esos conocimientos porque el protagonista tiene una manía esquizofrénica de alcanzar la eternidad. Como resultado de su culto a la información sobre sus tropelías y, sobre todo, la de “sus invitados”, archiva millones de correos electrónicos, miles de llamadas telefónicas, toma miles de fotografías y graba cientos de horas de videos, en los que aparecen escenas horripilantes de vejación y degradación de la condición humana de mujeres jóvenes.

El protagonista quiere que, por su potencia sexual y por la inteligencia que dice poseer, se conserven su pene y su cabeza para la eternidad, como una contribución personal a su visión de un mundo de supermillonarios egoístas y brutales que creen una realidad distópica en donde exista solamente ellos, junto con unos pocos miles de esclavos que sean sometidos por engranajes de tipo tecnológico.  El personaje cree que es de una raza superior y por eso pretende inocular con su semen a muchas mujeres para que estas queden embarazadas y traigan hijos superdotados al mundo.

El personaje se mueve en un mundo de supermillonarios y poderosos que son racistas, machistas, depredadores sexuales, que desprecian a los pobres y humildes. Ellos no tienen  límites morales que les impidan bestializar a mujeres jóvenes con tal ejercer su poder y conseguir con ello todo tipo de placer corporal. Las mujeres pobres son simples objetos de placer, a las que puede violarse, torturarse y matarse si es necesario.

Todos estos vicios paganos no se realizan de forma completamente secreta, sino más bien reservada, porque periodistas, autoridades, senadores y presidentes saben de su existencia, pero como son protagonistas de los crímenes del pedófilo visible, guardan un silencio absoluto y aparecen en el escenario público como honestos hombres de la política y el espectáculo que cuentan con un amigo especial, al que idolatran por su audacia y capacidad de agenciar emprendimientos de fiesta, diversión y jolgorio en privado. En público presumen de su honestidad y transparencia, en privado ponen en funcionamiento todas sus perversiones y capacidad de hacer daño, sin ningún tipo de piedad ni arrepentimiento.

Todo es posible en estos “islotes de fantasía” porque quienes dictan e imponen el derecho son los poderosos, los mismos que participan en los crímenes y violaciones. Por eso, nada ni nadie los puede tocar, gozan de inmunidad e impunidad absolutas. E incluso, esos mismos superpoderosos son los que le dictan las normas y formas adecuadas y obedientes de comportamiento a los súbditos de sus propios países y a los del mundo entero.

Al final de la película, cuando es evidente que ya no pueden ocultarse por más tiempo estos paraísos del crimen, del sadismo y la sevicia, el protagonista de la película es juzgado y condenado. Termina en la cárcel, pero allí dura poco tiempo, porque sabe demasiado para vivir mucho tiempo. Un día aparece muerto y los medios de desinformación dicen que se ha suicidado, aunque la película muestra en directo que lo han matado.

Allí parece terminar todo, pero al final la película, anuncia una segunda parte en la que se dan a conocer los archivos secretos del pedófilo sionista. Y anticipa que son millones de documentos y se dice que su revelación hará temblar a los poderosos de la red internacional de sexo, negocios, academia y poder científico, porque en esos archivos están registradas todas sus acciones criminales.

Esto que se acaba de contar, por desgracia no es una película. Es la vida real. El personaje se llamaba Jefrey Epstein, las escenas escabrosas transcurren en los Estados Unidos y los personajes famosos que aparecen son Bill Clinton, Donald Trump, Bill Gates, el príncipe Andrés, Michael Jackson, Andres Pastran y miles de nombres más, de famosos, que forman parte de ese entramado criminal del capitalismo realmente existente.

Lo que muestran los Archivos Epstein es la quiebra moral del capitalismo y del imperialismo en su fase terminal. Es como si estuviéramos regresando a la decadencia del imperio romano, en donde reinaba Calígula (por eso a Donald Trump se le podría calificare de neo-Calígula).

No es la quiebra moral de un individuo, Jefrey Epstein, sino de una civilización, la occidental y cristiana, que naufraga en su propia podredumbre de mercantilización, consumo, lujo, derroche, sevicia, violencia, tráfico sexual y sangre.

Finalmente, películas como Salo, los 120 días de Sodoma de Pierre Paolo Passolini o la de Stanley Kubrick Ojos bien cerrados, han pasado de los estudios cinematográficos, a la vida real, por obra y gracia del capitalismo en su fase de putrefacción total. Y el mayor indicador de esa podredumbre tiene nombre propio, como personificación individual del capitalismo: Donald Trump, empresario inmobiliario, violador sexual, pedófilo redomado, evasor de la justicia y en la actualidad presidente de los Estados Unidos, con tanto poder que su vanidad y su espíritu de maldad congénita ponen en peligro al mundo.

Publicado en papel en El Colectivo (Medellín), No. 115, marzo de 2026.

Comparte este contenido:

«Edufagia» e infantilización en la universidad contemporánea

Por Renán Vega Cantor 

“A veces parece que el clima cultural que   en la educación superior sea bastante menos hospitalario para los ideales de libertad, tolerancia y debate que el mundo que está tras las puertas de la universidad». -Frank Furedi, Qué le está pasando a la universidad. Un análisis sociológico de la infantilización, Narcea Ediciones, Madrid, 2018, p. 7

Desde hace varias décadas la universidad pública soporta una andanada neoliberal, cuya finalidad ha sido convertirla en un negocio rentable al servicio del capital académico. Para hacer posible ese objetivo, el neoliberalismo ha recurrido a diversos procedimientos, entre los cuales el más evidente ha sido el ataque desde afuera y por arriba. Con eso se hace alusión a la formula “clásica” que ya se ensayó desde los tiempos de Pinochet en Chile, consistente en imponer por la fuerza los intereses del capital y para hacerlo posible se recurrió a la represión, la destrucción de sindicatos de profesores y de organizaciones de estudiantes, a la censura, a la quema de libros, al asesinato y desaparición de los líderes docentes y estudiantiles, en suma, a la destrucción del tejido social crítico que pudiera existir y a la implantación del control militar y paramilitar en los campus universitarios.

Esta premisa, la Doctrina del Shock, fue la base de la imposición de las políticas neoliberales en materia de educación, entre las cuales figuran la privatización, la desfinanciación planificada, la mercantilización, la evaluación de resultados, la maximización de ganancias, la gestión privada de índole empresarial, la precarización laboral y el predominio de un lenguaje economicista (rentabilidad, eficiencia, eficacia, calidad, excelencia, competencias…).

Esto se ha impuesto en el mundo educativo en general y en la universidad en particular, lo cual ha implicado la represión de las diversas formas de oposición y resistencia que se han opuesto al modelo mercantil de la educación. A pesar de esa resistencia, el neoliberalismo ha calado duro y profundo en la vida de la universidad y ha propiciado la formación de un nueve sentido común, en el cual predomina el individualismo, el egoísmo, la competencia, la segmentación de la población universitaria y de los profesores y el darwinismo pedagógico de sálvese quien pueda que exalta el triunfo de una minoría de “exitosos” y condena a la vasta mayoría de “perdedores”. Una minoría ha ganado (entre la cual se encuentran unos cuantos académicos e investigadores) y se lucra con el neoliberalismo educativo, y esta es la base social de su éxito y duración.

Esto es de sobra conocido y estudiado en diversos lugares del mundo, pero lo que es menos referido concierne a la imposición del neoliberalismo desde adentro y desde abajo. Esta fase en la que nos encontramos desde hace unos pocos años puede denominarse la era de la autofagia de la universidad. Lo significativo estriba en que pocos catalogan esta nueva fase como parte del neoliberalismo y más bien lo conciben como un momento pretendidamente emancipador. En concreto, lo políticamente correcto y la ideología woke suelen ser presentados como grandes conquistas democráticas, inscritas en un pretendido proyecto progresista. Tal ha sido el éxito del sentido neoliberal que a lo que forma parte consustancia de ese proyecto, suele considerarse una alternativa crítica.

Por el contrario, sostenemos que esta última fase del neoliberalismo educativo es tan perversa como la anterior ‒que, por supuesto, no es rebasada, sino que permanece en el trasfondo de la lógica educativa del capitalismo realmente existente‒ con el agravante de que los agentes educativos (estudiantes, profesores, trabajadores y directivos) han hecho suyo el neoliberalismo (encubierto con nuevos sofismas), con lo cual se está destruyendo desde dentro y desde abajo a la universidad, mientras que los Estados y las clases dominantes contemplan con regocijo ese proceso de canibalismo que carcome al mundo educativo.

En gran medida este artículo se escribe a partir del conocimiento directo de la universidad pública de Colombia por parte del autor, pero lo que se plantea no pretende describir de manera exclusiva un caso concreto, sino que ha buscado incluir situaciones que tienden a hacerse comunes en universidades de diversos lugares del mundo occidental, con la intención de presentar un panorama amplio y general del impacto de la autofagia e infantilización en la universidad del capitalismo actual.

Una crítica anticapitalista a lo que sucede en la universidad es necesaria y debe diferenciarse de la crítica que desde la derecha y de posturas procapialistas se realiza a lo políticamente correcto y a la ideología woke en particular[1]. Debe señalarse que ese tipo de crítica desde la derecha es frecuente, y pretende denunciar, lo cual no es cierto, que lo woke está cargado de marxismo encubierto. Esa es una postura ideológica interesada, porque confunde las perspectivas de las izquierdas de hoy, muchas de las cuales están impregnados de lo woke ‒e incluso han recibido apoyo financiero e institucional para sus campañas en los campus universitarios por parte de la agónica USAID‒ que se denominan progresistas y que han abandonado la tradición de Marx y cualquier filón anticapitalista.

Lo woke es una expresión del neoliberalismo de izquierda, pero no representa ninguna tendencia emancipadora, ni es anticapitalista, lo que sostienen en forma directa muy poco autores, por aquello de no contrariar la corrección política, ni tender a confundirse con Donald Trump o Javier Milei, críticos abiertos de lo woke desde la extrema derecha, y que lo hacen para desmontar cualquier conquista democrática de mujeres, de grupos étnicos, de migrantes… a los cuales culpan de los problemas y la crisis que asola al capitalismo.

Una cosa son las reivindicaciones, luchas y derechos de mujeres, población de grupos étnicos, de diversas identidades sexuales, todas las cuales son legítimas y no desaparece en cualquier lucha anticapitalista. Otra muy distinta es pensar que lo woke es la expresión más avanzada y clarividente de esas reivindicaciones. Y, en consecuencia, si se crítica la ideología woke se estaría renunciando y oponiéndose a todas las luchas identitarias y de género. No, simplemente, que a partir del criterio elemental de que pensar es distinguir, no podemos suponer que el desmantelamiento del aparataje woke y de USAID en los Estados Unidos por parte de Donald Trump significa que lo woke es defendible, lo que termina reforzando esa nefasta política de respaldar al partido demócrata de los Estados Unidos, como si no fuera portavoz del capitalismo puro y duro y de las políticas imperialistas, aunque disfrazadas con su poder blando, de lo cual lo woke es una de sus más recientes expresiones.

AUTOFAGIA

“[…] los radicales de los sesenta organizaban movimientos a favor de la libertad de expresión y consideraban toda forma de censura como inaceptable. En la actualidad muchos estudiantes no se esconden a la hora de reclamar que se censure la expresión y se vete a individuos para que no hablen en los campus”.

               Frank Furedi, Qué le está pasando a la universidad. Un análisis sociológico de la infantilización, Narcea Ediciones, Madrid, 201, p. 13.

Desde hace algunos años en diversas disciplinas críticas se constata que el capitalismo vive una fase de autodestrucción y rebasamiento de los límites que ponen en peligro no solo su supervivencia sino la de la humanidad. Para estudiar esa metamorfosis se han acuñado términos como Sociedad autofaga, capitalismo caníbal y etnofagía.

Sociedad autofaga es un concepto crítico que recalca las diversas formas en que el capitalismo se autodestruye debido a su desmesura inherente, a su carácter voraz e insaciable, con su sed desmedida de acumulación, con el arrasamiento de lo que encuentra a su paso. Y todo esto no es atenuado con la ciencia y la tecnología, sino que antes, por el contrario, estas forman parte de las fuerzas productivas-destructivas que siembran hambre, muerte, caos y desolación por doquier[2].

En la misma dirección, Nancy Frazer habla del capitalismo caníbal, para recalcar el carácter destructor y autodestructor del capitalismo, que arrasa con la naturaleza y con aquellos sectores sociales que permiten la producción y reproducción del capitalismo[3].

Como parte de esa lógica caníbal, el capitalismo en su expansión mundial promueve el culto a la diferencia y a las identidades fragmentadas e individualizadas con poco sustento colectivo. Y aquí adquiere sentido la noción de etnofagia, entendida como una fuerza que exalta discursivamente la diferencia con el fin de engullir a lo comunitario y devorar al que es distinto, pero ya no solo con las acciones brutales (genocidio y etnocidio, que tampoco son del pasado ni han desaparecido como queda claro en el caso de Palestina) sino mediante el impulso a sutiles fuerzas disolventes desde dentro y desde abajo. En palabras de Héctor Díaz Polanco, el principal estudioso de este asunto:

“La etnofagia expresa […] el proceso global mediante el cual la cultura de la dominación busca engullir o devorar a las múltiples culturas populares, principalmente en virtud de la fuerza de gravitación que los patrones «nacionales» ejercen sobre las comunidades étnicas. No se busca la destrucción mediante la negación absoluta o el ataque violento de las otras identidades, sino su disolución gradual mediante la atracción, la seducción y la transformación. Por tanto, la nueva política es cada vez menos la suma de las acciones persecutorias y de los ataques directos a la diferencia y cada vez más el conjunto de los imanes socioculturales y económicos desplegados para atraer, desarticular y disolver a los grupos diferentes. En síntesis, la etnofagia es una lógica de integración y absorción que corresponde a una fase específica de las relaciones interétnicas […] y que, en su globalidad, supone un método cualitativamente diferente para asimilar y devorar a las otras identidades étnicas«[4].

La nueva estrategia «es más pertinaz y potente en la misma medida en que busca socavar la unidad comunal desde adentro, poniendo más activamente en juego las fuerzas individualistas del mercado y utilizando pautas y mecanismos de atracción y seducción que excluyen (o reducen al mínimo necesario) los brutales o burdos medios de otras épocas»[5].

Ahora bien, la etnofagia no se circunscribe a un aspecto restringido del dominio del capitalismo y de las estructuras estatales, sino que ahora está relacionado con los más diversos ámbitos de la sociedad, entre los que vale incluir a la universidad. Es un dispositivo clave de la dominación capitalista e imperialista en esta fase neoliberal, que no se reduce a actuar dentro de los límites de un estado-nación, siendo por el contrario un proceso mundial.

Estas categorías resultan útiles para analizar lo que ahora acontece en la universidad del capitalismo realmente existente, teniendo en cuenta que la autofagia, la etnofagia y el carácter caníbal del capitalismo se evidencian en las diversas esferas de la sociedad y en la relación con la naturaleza. La educación no está al margen de dicho proceso e incluso se convierte en un ámbito estratégico para difuminar la autofagia por gran parte del tejido social, en algo que podríamos llamar, parafraseando a Héctor Diaz Polanco, edufagia. Esta actúa de manera similar a la etnofagia, puesto que con mecanismos más sutiles y, en apariencia, progresistas, se exalta la diversidad hasta niveles micros, de forma tal que desde dentro se vaya minando la universidad y ese proyecto se presenta como un gran avance democratizador, al reconocer la diversidad cultural que florece en la vida universitaria. Eso, como veremos, es una falacia, porque el reconocimiento de la diversidad es una estrategia de sometimiento, a partir de la división y la fragmentación y, además, esta inscrita en los antivalores del neoliberalismo, el egoísmo narcisista, el individualismo, la competencia y el darwinismo pedagógico, que exalta la supervivencia de los más aptos y el triunfo de los exitosos y ganadores en el mercado de la diversidad. Es, en pocas palabras, la universidad caníbal que se devora así misma y destruye a su paso saberes, conocimientos, proyectos de nación y formas democráticas y anula cualquier carácter crítico, contestatario y anticapitalista que alguna vez tuvieron las instituciones de la educación superior.

En este contexto, la edufagia se presenta bajo la forma de lo políticamente correcto y, en los años más recientes, de la ideología woke. Ahora mismo, los dos procesos terminan siendo uno solo, expresado en el predominio indiscutible de lo woke, proveniente directamente del sistema universitario de Estados Unidos y en menor medida de Inglaterra.

El término woke (despierto en inglés) surgió en el seno de la comunidad afroestadounidense a finales de la década de 1930, para enfrentar el racismo. Fue un término anclado en las luchas de la comunidad negra de Estados Unidos con un claro sentido de dignificación y solo hasta mediados de la década de 2010 se convirtió en un término de más amplio espectro, al ser asumido por grupos identitarios, de género y LGTB+, y comenzó a formar parte de una nueva ortodoxia, excluyente, intolerante y censora.

Entre algunos de los elementos de la ideología woke que se imponen en las universidades se encuentran: culto a lo identitario (luchas individuales y de grupos particulares por separado); el victimismo y el elogio a la víctima; nuevas formas de censura y política de la cancelación; y la imposición de un nuevo lenguaje como parte de las “guerras culturales” que hoy acaparan la atención de propios y extraños.

Tribalismo y culto a lo identitario

Un elemento distintivo de las izquierdas mundiales hasta hace poco tiempo era su reivindicación del universalismo y del internacionalismo. En esa perspectiva, se apoyaban, sin distinción de fronteras, las luchas que las clases subalternas libraban en cualquier lugar del planeta. A esa lucha la unían las convicciones y no la sangre, al recalcar que, más allá de diferencias de tiempo y espacio, existe una conexión múltiple, motivada por una sed de igualdad, justicia y libertad que no tiene límites y mucho menos que estén determinados por los orígenes tribales, el género o la raza. Esa concepción universalista e internacionalista nutrió las luchas mundiales en diversos espacios nacionales desde el siglo XIX hasta la desaparición de la URSS.

Luego se ha impuesto la concepción posmoderna del repliegue identitario, que afirma que las reivindicaciones deben ser parciales, aisladas y fragmentarias, oscureciendo la existencia de una realidad estructural (el capitalismo), a pesar de que sigue siendo el fundamento de las diversas formas de dominación y opresión, contra la que según esos posmodernos no vale luchar y la cual se acepta pasivamente. Esto supone que cualquier grupo que reclame el derecho a su identidad, al margen del resto de la sociedad, tendría un privilegio especial que lo hace, por sí mismo y en sí mismo, merecedor del reconocimiento social. Esto ha dado pie a un proyecto tribalista que es uno de los componentes centrales de lo woke.

En este contexto adquieren fuerza las reivindicaciones de género y raza, y no es porque estas no sean demandas legitimas de importantes sectores de la sociedad, históricamente excluidas y marginadas. El problema es que las luchas de mujeres, homosexuales, transexuales y grupos racialmente subordinados se esencializan en el proyecto woke y se conciben como realidades puras y cerradas. Al respecto, resulta ilustrativo constatar la evolución (mejor, involución) de la categoría de género que, de ser un aporte fundamental del feminismo de clase, terminó siendo un vocablo tan amplio y etéreo que involucra los más diversos asuntos de identidad restringida y expresa una fragmentación extrema y forzada de la vida real. Es la diferencia llevada al extremo neoliberal, del individualismo egoísta y narcisista en que se predica que se debe ser diferente como tú, especial como lo eres tú y único como tú.

De allí se deriva ese disparate sobre la “libre autodeterminación de la identidad de género” que recorre los campus universitarios y muchos consultorios médicos. Con eso se sostiene que el sexo no existe, es una simple opción que se le impone a los niños desde la cuna, y que frecuentemente se nace con el sexo equivocado, y este puede ser cambiado según la ocurrencia de cada cual, con el beneplácito de padres de familia, educadores y directivos académicos y con la participación mercantil de un sistema médico en búsqueda de nuevos nichos de mercado y de ganancias. Al respecto se torna necesario

“parar y prevenir el daño a la infancia y la adolescencia basadas en ideas falsas sobre identidades sentidas en cuerpos equivocados, protegiendo sus cuerpos sanos en pleno crecimiento y desarrollo. Nunca se había permitido la entrada en los centros educativos tan acríticamente de una postura reaccionaria irracionalista y sexista como ésta, y es necesario trabajar para desenmascarar y denunciar públicamente las falsedades anticientíficas de la ideología de la identidad de género en escuelas y universidades”.[6]

La noción de género se ha degradado de tal forma que en este momento existen más de 4000 géneros, entre otros las de las personas que se creen perros o gatos y cuyos miembros y familiares demandan que se les trate como tales. En Estados Unidos, por ejemplo, la madre de un joven que se declaró gato exigió que fuera atendido por un veterinario, dado su identificación con un tipo de animal, que lo llevaba a reclamarse un miembro más de los mininos[7].

El culto a lo identitario ha conducido a que, en aras de una reivindicación legítima como lo es incluir en los relatos históricos a los sectores siempre marginados y excluidos (población afrodescendiente negra, mujeres, gays, lesbianas…) se llegué a plantear que solo los sujetos pertenecientes a cada uno de esos sectores están autorizados para escribir su historia, porque estarían dotados de una esencia superior y privilegiada que los sectores externos no tienen., como si el pasado no fuera un país extraño, al que cualquiera ser humano puede acceder si lo quisiera. Así las cosas, un “blanco” no puede escribir sobre la esclavitud africana, ni un varón podría indagar en la historia de las mujeres. Esto genera un tipo de historia restringida, solamente adecuada para un sector particular, pero carente de cualquier perspectiva universal, que es en última instancia uno de los rasgos centrales del conocimiento histórico. Esto quiere decir que, para comprender las particularidades e identidades parciales, deben inscribirse en el marco más amplio de lo general, atinente a una sociedad determinada.

En universidades de diversos lugares del mundo causa furor el repliegue identitario, sectario y excluyente, y el tipo de relatos que de allí se derivan, entre los cuales se promulga una historiografía parcializada que resulta centrándose en hechos triviales, y deja de lado grandes problemas de la humanidad, para concentrarse en sectores cada vez más restringidos y particulares. Por supuesto, estos sectores y sus voces deben tener presencia en el mundo universitario, pero algo bien distinto es que se convierten en hegemónicos y dominantes y a nombre de una pureza étnica, racial o de género, se imponga una agenda excluyente y neoliberal, que focaliza los problemas de la educación y la universidad en reivindicaciones identitarias y tribales, ocultando los grandes problemas de desigualdad y antidemocracia que carcomen a las instituciones de educación superior y a sus respectivos países.

Victimismo y centralización de la “víctima”

Lo woke pretende ser una reivindicación de las víctimas lo que supone que se lee la historia y el mundo contemporáneo no a partir de la agenda de lucha de sujetos de carne y hueso, con sus sueños, aspiraciones y esperanzas, en la que había conciencia y proyecto, sino a partir del sufrimiento de lo que se denomina “víctimas”.  Después de la II Guerra Mundial emergió la noción de víctima, lo cual tenía el objetivo loable de reivindicar a quienes habían padecido la esclavitud, los campos de concentración, la limpieza étnica, la brutalidad colonialista e imperialista, entre otros aspectos relevantes en la historia del capital. En ese momento el término víctima no era un elogio, era un estigma, y por eso difícilmente alguien lo reclamaba ya que se recalcaba el espíritu de lucha, de sujetos activos, que soportaban la persecución por su compromiso y por enfrentar y resistir a la opresión, la discriminación y la explotación.

Eso parece ser de un tiempo lejano, porque en estos momentos se impuso el culto a la víctima y se enfatiza en la lógica del padecimiento. Entre más se sufre y se exhibe ese sufrimiento más reconocimiento se alcanza y más dadivas y concesiones pueden obtenerse de los que se autocalifican a sí mismos de “víctimas”. El victimismo es un negocio, otro nicho de mercado del capital, en el cual la exhibición del dolor es directamente proporcional al éxito alcanzado por ciertos individuos. Así, en Estados Unidos la inclusión por parte de universidades y empresas de la discriminación racial de la población negra supone un aumento exponencial de las ganancias y de la constitución de un nuevo y lucrativo negocio de millones de dólares, todo a nombre de la inclusión y del reconocimiento de las víctimas[8].  Esto es pura demagogia, porque los empresarios que eso promueven no están interesados en los millones de pobladores negros que soportan opresión, discriminación y explotación. Lo que se impulsa en forma directa es a las “víctimas exitosas” de manera individual, y máxime si su imagen victimizada produce fabulosos dividendos, como muestra del carácter incluyente y pretendidamente democratizador del capitalismo woke.

Alcanzar el éxito individual, a nombre del dolor y del trauma, es neoliberalismo de pura cepa y es políticamente desmovilizador, porque el que se dice “víctima” quiere que a él le arreglen la situación y obtenga beneficios, desligándose de cualquier lucha colectiva. Es una postura procapitalista, en la medida en que esencializar a un individuo o a un grupo particular, y no como sujetos activos sino como entes pasivos, conduce a una permanente conmiseración, porque la víctima no genera compasión, sino lastima. Emerge un ansia de reconocimiento, propio por demás del replegué identitario, con las consecuencias políticas que ello genera: “A la pregunta ¿‘qué hacer’?, que ha dominado la política moderna ha sucedido un quejumbroso ‘¿quién soy?’”[9].

En resumen:

“La prosopopeya de la víctima refuerza a los poderosos y debilita a los subalternos. Vacía la agency. Perpetúa el dolor. Cultiva el resentimiento. Corona lo imaginario. Alimenta identidades rígidas, y a menudo ficticias. Hinca al pasado e hipoteca el futuro. Desalienta la transformación. Privatiza la historia. Confunde la libertad con la irresponsabilidad. Enorgullece la impotencia o la encubre con una potencia usurpada. Se las entiende con la muerte mientras finge compadecerse con la vida. Cubre el vacío que subyace a toda ética universal. Obvia ‒e incluso rechaza‒ el conflicto y se escandaliza de la contradicción. Impide captar la verdadera falta ‒o carencia‒, que es un defecto de praxis, de política, de acción común”[10].

La universidad es el escenario privilegiado de las “olimpiadas del victimismo”, donde se rinde culto y se reverencia a las “víctimas”, que son todos aquellos que se autoproclamen con tal apelativo. Se sostiene que la víctima no se equivoca nunca y es la portadora de la verdad, sin importar si hay evidencias o no. Esto ha llevado que las universidades estén repletas de “ofendiditos” que dicen sufrir por cualquier cosa: aquellos a los que un profesor no les puede alzar la voz porque los está violentando; otros que forma parte de algún grupo identitario y se sienten agredidos cuando se cuestiona algún aspecto de esa identidad, como por ejemplo, si los bebedores de Coca-Cola o consumidores de comida basura forman un nuevo género, y si se critica a la “chispa de la muerte” o a McDonald’s consideran que se les ataca emocionalmente por cualquier afirmación que cuestione sus fibras identitarias más sensibles; están los que se sienten agredidos y victimizados por determinados libros y escritos, a los que censuran porque les generan dolor y sufrimiento, y se niegan a asistir a un curso sobre la esclavitud, porque sienten que allí se remueven traumas históricos de vieja data, que no pueden soportar; están los que no son capaces de sostener ningún debate ni controversia porque eso implica ser maltratados, puesto que el desacuerdo ya no existe, ha sido sustituido por el daño y las microagresiones.

Este victimismo generalizado encubre los verdaderos problemas de acoso y violencia que soportan diferentes sectores de la universidad, porque ahora todo es un espacio asolado por una quejadera generalizada, lo cual tiene repercusiones al psicologizar todas las acciones humanas y judicializarlas con protocolos burocráticos. Como consecuencia, cualquier persona del mundo universitario es susceptible de soportar persecuciones y procesos disciplinarios por trivialidades, tales como preguntarle a un estudiante si es de tal región o cuál es su origen étnico o geográfico, porque eso se consideran terribles ofensas, que causan dolor y traumatizan…

En las universidades se ha impuesto la lógica victimista, que promueven los directivos académicos y sectores del profesorado, lo cual conduce a la proliferación de códigos de conductas, a censuras y autocensuras, a la imposición de un lenguaje aséptico y pretendidamente neutro ‒entendido como aquel que no debe ofender a nadie. Este sí que es el triunfo del neoliberalismo ‒el capitalismo realmente existente‒ con su énfasis en el individualismo absoluto, dado que el yo ‒cada estudiante aislado‒ es el centro del mundo con sus problemas y fragilidades. En esa dirección, “los manifestantes estudiantiles en la actualidad dirigen su atención hacia su frágil identidad y alardean de su sensibilidad a la hora de sentirse ofendidos. Con frecuencia adoptan un lenguaje terapéutico, y lo que es más importante: hablan constantemente de ellos mismos y de sus sentimientos”[11].

En este contexto de victimización generalizada se ha presentado una mutación del militante (político) estudiantil a un adalid de la moral que busca que los escolares sean protegidos de los riesgos que suponen las libertades académicas, de catedra, de pensamiento y se asume como normal la censura y el control de pensamiento. Se ha impuesto la victimización generalizada en que los agentes educativos (en primer lugar, los estudiantes) no son considerados sujetos autónomos que deben aprender al calor de los retos de la vida cotidiana, sino que son niños desprotegidos a los que debe evitárseles el más mínimo riesgo, porque pueden ser víctimas, para señalar un caso, de un profesor que les sugiere leer libros desgarradores, como los referidos a las guerras, a la esclavitud, a las dictaduras, a los crímenes imperialistas. Contra todo esto debe protegerse a los pobrecitos estudiantes, de donde se desprende que la victimización es un camino directo y seguro hacia la ignorancia generalizada, claro, porque el saber genera traumas que deben evitárseles a los infantilizados estudiantes universitarios de nuestro tiempo. Lo único que no causa traumas es la ignorancia generalizada, la desinformación y la mentira, para tener contentos a los niños wokisados de nuestras universidades, y que todos parezcamos felices y contentos con el mundo en que nos toco vivir, para que este, el capitalismo, sea considerado como el único horizonte posible y deseable.

En estas circunstancias, el profesor adecuado para la universidad victimista es aquel que valide todas las formas de dolor y de traumas que dicen sentir los estudiantes, ante cualquier hecho de la vida en un campus. El profesor adecuado es aquel que no discute, que no polemiza, por temor a ofender, que renuncia a la libertad de catedra porque eso puede generar daño emocional. El buen profesor es aquel que este contagiado de la “epidemia de las disculpas”, que consiste en disculparse de todo lo que se haga o diga, porque siempre hay más de un ofendidito tras bambalinas, y de ofrecer disculpas a granel incluso por faltas y errores cometidos hace décadas.

La política de la cancelación, la censura y autocensura

Uno de los elementos más destructivos y dañinos del método woke es la política de la cancelación, por lo que se entiende que una persona debe ser condenada de manera permanente por cualquier falta que haya cometido, hoy o ayer, y que ponga en cuestión la corrección política. Y no estamos hablando de grandes delitos, por los que es apenas obvio deberían ser juzgados y condenados si se comprueba que son culpables los agentes del mundo universitario, incluyendo a los profesores. No, lo que ahora se consideran delitos graves están referidos a cualquier palabra o acción que ofenda a alguien y quien se siente agredido denuncie a tiempo, como parte de la “cultura de la delación” que se ha impuesto en las universidades.

Esto se sustenta en una lógica binaria, entre buenos y malos, que se convierte en el rasero para medir lo que es aceptable y lo qué no es. Quien ha cometido un error deberá pagarlo por el resto de su vida y debe ser cancelado. Además, vulnerando elementos básicos del derecho liberal, se da el caso que cuando una persona pague penalmente por una falta, eso no se considera suficiente porque lo woke sostiene que la culpa es eterna y la pena no tiene límites temporales. Esto implica que los cancelados deben purgar una pena eterna, lo cual equivale a la muerte moral, intelectual, política y cultural. Quien sea cancelado deberá desaparecer por completo de la vida pública y siempre se le recordarán sus faltas, reales o imaginarias, y para hacer más opresiva y omnipresente la cancelación las redes (anti)sociales del odio se encargan de atizar, difundir y revivir, cada vez que sea necesario, la persecución de los nuevos herejes, y eso genera verdaderos linchamientos virtuales, algo fácil porque esas redes son el refugio de los cobardes e imbéciles.

La cancelación tiene otra forma perversa de censura y revisionismo histórico, en la medida en que se aplican a personajes y sucesos de otras épocas, borrando cualquier contexto temporal, los criterios de corrección política hoy imperantes. Nos encontramos ante casos tragicómicos de censuras y prohibiciones de autores clásicos de todos los tiempos, por ser considerados esclavistas, sexistas, racistas, misóginos, de lo que no se libran Platón, Aristóteles, Shakespeare… Allí se incluyen, lo cual parecería pintoresco, hasta los cuentos de hadas. Al respecto, baste mencionar que en ciertos círculos académicos de Inglaterra se ha prohibido la Bella durmiente, porque, según una lectura estrecha de género, allí se fomenta la violencia sexual y el machismo puesto que la protagonista, que dormía placida y eternamente, es despertada por un intruso que la besa sin su consentimiento[12].

Lo mismo acontece con la ópera Carmen de Georges Bizet, obra en la que al final el soldado español mata a Carmen en un ataque de celos. Esta escena fue considerada como peligrosa para las mujeres por los que la presentaban en la ciudad italiana de Florencia, lo que obligó a modificar el final para que Carmen no muriera y tuviera un happy end al más vulgar estilo hollywoodense[13].

Existe una significativa coincidencia entre la cancelación woke de la literatura que no es correcta políticamente y la censura conservadora de los libros. Al respecto es bueno recordar que en escuelas de Estados Unidos se prohíben e incluso se queman libros, porque no se avienen con la ideología mojigata de los padres de familia, por lo general conservadores y retrógrados. Si sus creencias (como las que figuran en la Biblia) no aparece en los libros es porque estos textos son diabólicos. En este caso, lo woke revela su carácter profundamente conservador porque se identifican plenamente con la extrema derecha cristiana en la censura y la prohibición de “literatura peligrosa”, para retirar del escenario público a aquellos autores incomodos, que no deben ser leídos por las tribus identitarias.

Se llega al punto que para, purificar la bibliografía, en ciertas universidades se ha inventado un novedoso cargo burocrático, “los lectores de sensibilidad”, esto es, “expertos” en asesoría lingüística y gramatical para que cuando los autores escriban tenga en cuenta los efectos que sus dichos pueden tener en las diversas tribus de víctimas. De esta forma,

“Si un autor blanco escribe sobre personajes indígenas, debe contratar a un lector de esa raza para asegurarse de no ofenderlo. Como las burocracias universitarias encargadas de lidiar con la fragilidad emocional de los estudiantes, los “lectores de sensibilidad” constituyen una nueva profesión emergida de la cultura del victimismo predominante hoy día y que tiene todos los incentivos para multiplicar la detección de ofensas y activar los aparatos de linchamiento público contra aquellos que se nieguen a utilizar sus servicios”[14].

La cancelación se relaciona directamente con el victimismo, puesto que se considera que cualquier “microagresión” (alzar la voz, sugerir un libro, debatir con otra persona, cuestionar un punto de vista, hacer alguna sugerencia que no guste a x o y persona) debe ser castigada y uno de los castigos que se infringe es la cancelación y, en el mejor de los casos, la censura y la autocensura.

Con esta perversa forma, ahistórica, de juzgar personajes y situaciones, una gran parte de escritores, pensadores, artistas, políticos, revolucionarios… hoy por hoy son cancelados, simplemente porque su vida y acciones no se corresponden con los cánones de seudomoralidad que se han impuesto en los campus universitarios, como si fueran válidos en sí mismos y tuvieran tal carácter transhistórico que permitiera juzgar con los mismos parámetros de hoy a los autores y pensadores de otras épocas.

La cancelación está referida a una corrección política estricta, una policía del lenguaje y de la memoria, que censura a aquel o aquella que se desvía un centímetro de lo que dictan los nuevos cánones de lo woke. Esta cancelación es una práctica cultural que persigue la destrucción reputacional, la censura, la muerte moral y la sanción penal de aquellos y aquellas que desafíen los cánones de la ideología identitaria hoy en boga. Es, en pocas palabras, el asesinato puro y duro de la imagen de una persona para destruirlo intelectual, política y moralmente.

El culto al lenguaje y las “guerras lingüísticas”

La gramática woke, como derivado de sus fuentes originarias (posmodernismo y posestructuralismo), se caracteriza por usar un lenguaje incomprensible, una verdadera tortura para los simples mortales. Sus textos son ilegibles, de esos que resultan porque sus autores no tienen nada que decir o no están seguros de lo que afirman. Se ha impuesto una jerga impenetrable solo para los iniciados de las respectivas tribus, una nueva lengua en la cual todo es neo, post o trans.

Se ha impuesto el lenguaje inclusivo, suponiendo que con el cambio de apelaciones se transforma la realidad y las cabriolas terminológicas, cada vez más enmarañadas, modifican a los sujetos. Solo basta hablar de los, las y les para que todos estén felices y contentos y no haya ofendiditos que se siente excluidos por la imposición de un lenguaje heteropatriarcal. El feminismo queer ‒con fuerte influencia en la academia de los Estados Unidos e Inglaterra, y con ecos en tierras latinoamericanas‒ se distingue por la invención de nuevas palabras o el uso de viejas con un nuevo sentido. Un ejemplo es ilustrativo: en lugar de hablar de mujeres debe decirse “personas no poseedoras de próstata”, como lo hizo la revista Teen Vogue en 2019[15].

Adicionalmente, existe un lenguaje del reemplazo, puesto que ciertos términos son vetados en la academia universitaria y la lista es amplia: en lugar de decir ciego se dice con limitaciones visuales o “personas neuroalternativas en lo visual”, a los inválidos se les debe decir que sufren de diversidad funcional, en lugar de violar la ley, se debe decir incurrir en infracciones delictivas y mil casos por el estilo.

Otro ejemplo contundente sobre el “novedoso significado” de ciertos términos, aparece en la edición española de la guía Sexo más seguro para cuerpos trans. Y la cita no tiene desperdicio:

“Pene: Usamos esta palabra para describir los genitales externos. Los penes viene en todas las formas y tamaños, y personas de todos los géneros pueden tenerlos.

Orificio delantero: usamos esta palabra para referirnos a los genitales internos, a veces denominados vagina. El orificio delantero puede autolubricarse, dependiendo de la edad y las hormonas.

Strapless (sin correa): utilizamos esta palabra para describir los genitales de las mujeres que no han sido sometidas a reconstrucción genital (o “cirugía inferior”), a veces denominado pene.

Vagina: utilizamos esta palabra para referirnos a los genitales de las mujeres trans que han sido sometidas a cirugía inferior”[16].

Obsérvese la cabriola lingüística que pretende cambiar la realidad biológica, producto de la evolución de millones de años de la especie humana: la palabra vagina se reserva a las mujeres trans, mientras que los genitales de las mujeres biológicas se denominan orificio delantero.

Pero, sin duda, la verdadera revolución lingüística que está transformando a las universidades del capitalismo occidental se presenta en el ámbito de los géneros. Hay una profusión de nuevos géneros para referirse a los rasgos identitarios de cualquier persona no binaria, y la lista aumenta todos los días. Cualquier rasgo, por banal, absurdo e impreciso vale para dar paso a un nuevo género. En 2016 en España se hablaba de la existencia de 251 géneros, entre ellos estos tan pintorescos: “Healgenero: género que trae paz mental a le identificade”; Felinogénero: género correspondiente a gatos. Cuando te sientes peludite y mullide y quieres que te acaricien la barbilla; Aerogénero: género que cambia según la atmosfera, nivel de confort, quién está alrededor, la temperatura, la época del año…”[17].

Esto confirma que la identidad de género, y el lenguaje que la nombra, es subjetivo, inclasificable, polimorfo, fluido e invalorable que allí todo cabe y puede ser incluido, aunque no haya argumentos convincentes, sino que sean meros caprichos de marketing.  En conclusión:

“Así como el 1 por ciento de la humanidad acapara el 99 por ciento de la riqueza del planeta, el 1 por ciento de la humanidad pertenece al 99 por ciento de los géneros humanos que existen. Las combinaciones de las rayas horizontales de las banderas no dan para distinguirlas y hay que empezar a poner triángulos laterales, líneas diagonales, lo que sea para representar simbólicamente tanta diversidad”[18].

En conclusión, lo woke y todas sus manías sobre género, raza, trans, emparentadas con el feminismo queer forman parte de la lógica autofaga y el capitalismo caníbal que está erosionado desde dentro y desde abajo a la universidad contemporánea. Esto conduce a una universidad caníbal, complemento elemental de ese capitalismo devorador de todo lo existente. Por si existieran dudas al respecto tal vez el mejor ejemplo es el de Israel, un país genocida, que limpia su imagen criminal con la máscara woke. Sus universidades, coparticipes directos del genocidio de los palestinos, por supuesto que son portaestandartes de la ideología woke, el cual es funcional a la población israelí para presentarse como liberal y democrática, y esos mismos militantes woke son asesinos reales y potenciales de los otros, de los palestinos, a los que bestializan y masacran porque incluso le niegan su carácter de humanidad. Mientras esa sociedad y sus universidades presumen de ser muy woke, con promoción de la libertad de género, al tiempo apoya el exterminio de los palestinos. Es decir, que lo woke en la otra cara de la moneda del genocidio sionista.

Paradójicamente, hay que mencionar que, en otras universidades del mundo occidental, donde la ideología woke ha sido hegemónica en los últimos años, en la práctica se le ha dejado de lado, en la medida en que se han movilizado miles de estudiantes para apoyar al pueblo palestino y denunciar el genocidio sionista. Este rechazo efectivo de lo woke por los estudiantes de diversas universidades es criticado desde la derecha y cierta socialdemocracia como antisemitismo que, supuestamente sería un resultado de lo woke, como muestra de la confusión reinante, en que se cree que todo lo que se hace desde posturas de izquierda es woke.

Al mismo tiempo, ciertas feministas occidentales y grupos de diversidad sexual no ocultan su admiración por Israel, por su cultura woke y su libertad de género, y eso las lleva a legitimar el genocidio sionista porque repitan los mantras de que Israel tiene derecho a defenderse y es la única democracia de la región, que supuestamente garantiza la libertad sexual y de género.

Esto pone de presente que, por más monolítico que se pretenda, lo woke tiene sus fisuras y estás se evidencian ante uno de los peores crímenes de nuestra época, perpetrado por un detestable régimen que presume de ser muy woke y con el que están relacionadas las universidades que promueven la diferencia y la diversidad sexual, y que presumen de su liberalidad y democracia.

INFANTILIZACIÓN

“La infantilización de la vida del campus se basa en una visión disminuida de la subjetividad humana que contempla a los individuos no como agentes de cambio, sino como víctimas potenciales de las circunstancias a las que se enfrentan. […] [E]stos sentimientos de vulnerabilidad humana y fragilidad […] en los campus se han convertido en una doctrina sistemática de victimización expansiva”.

               Frank Furedi, Qué le está pasando a la universidad. Un análisis sociológico de la infantilización, Narcea Ediciones, Madrid, 201, p. 13.

El capitalismo realmente existente impulsa la infantilización a escala general, para tener a unos seres humanos dóciles, pasivos, obedientes, dependientes de los artefactos electrónicos y, sobre todo, consumidores compulsivos, que nunca se cuestionan ni tengan en su horizonte mental algún tipo de atisbo crítico sobre el mundo real y mucho menos alguna perspectiva de horizonte colectivo o lucha organizada.

El objetivo es que los seres humanos seamos niños-adultos y el libre mercado y la competencia generen irrefrenables deseos de comprar y consumir, sin límite, porque se supone que el deseo infantil es inagotable y debe ser saciado con más y más mercancías. No por casualidad, uno de los nichos de mercado que más ganancias le producen al capitalismo mundial sea el de los niños, porque desde la tierna edad se moldea su mente y su personalidad para que sean prisioneros por el resto de su existencia del consumo y de las marcas de las empresas que destruyen el planeta y a los seres humanos (Coca-Cola, McDonald’s, Microsoft, Apple…).

El control desde la primera infancia de los seres humanos busca que cuando estos crezcan en términos físicos sigan siendo los niños consumidores que vienen siendo desde sus primeros años de vida, lo cual ahora se evidencia en el culto al celular. Nada hay más patético que ver a niños manipulando primero el celular que a un juguete y a los padres a su alrededor en la misma postura infantilizada, sin contemplar a los hijos, y rendidos ante el nuevo tótem del que no pueden despegarse ni un minuto. Luego cuando ese niño crece corporalmente sigue siendo mentalmente niño y piensa que esa va a ser su condición permanente durante toda la vida, dado que el neoliberalismo además exalta la falacia de que el mundo pertenece a los adolescentes, y quienes no estén en esa condición son seres desechables.

La infantilización se expresa en la música, en el cine (con la exaltación de los superhéroes y la imposición de los dibujos animados como forma preferida de esparcimiento y divulgación) en la información que circula a través de los artefactos microelectrónicos, en el lenguaje-bebe que usa la gente adulta y que replica el que circula a través de las redes antisociales, en el deporte, en la educación, en las costumbres y en la forma de comer y vestir. Para solo mencionar un ejemplo, según el notable compositor mexicano Gabino Palomares:

“Hicimos un análisis de las canciones comerciales con un grupo de expertos y encontramos que se hacen para ser entendidas por una mentalidad de ocho años […] Me parece que con ese tipo de canción tan elemental, que da pena, hemos educado a la gente para que no pase de los ocho años. A mí no me interesa un país de ocho años, quiero que la gente crezca, pido un país de adultos, no de retrasados mentales, porque también a los niños se les chinga porque no saben pensar”[19].

La infancia ‒esencial en la vida de los seres humanos, pero que es una etapa limitada en el tiempo que da paso a otras fases de la vida‒ es el modelo que el capitalismo busca prolongar para que la gente conciba el ahora como perpetuo e insuperable presente, que busque divertirse como si no hubiera mañana y deba comprar en forma compulsiva. Ya no existe responsabilidad, compromiso a largo plazo, ni mesura, lo cual impide afrontar los grandes retos de nuestro tiempo, como la desigualdad, la explotación, la opresión, la injustica, las guerras, el trastorno climático…

La infantilización de la sociedad implica que los adultos sean tratados y considerados como niños, generando un ciclo de dependencia tal que aquellos no sepan qué hacer y siempre estén condicionados por lo que les digan los padres, puesto que el paternalismo es la otra cara de la infantilización, aunque con la paradoja que el papel de padres no lo asuman ellos sino el celular. Por eso, el adulto infantilizado solo sabe qué le ofende (prácticamente todo) y quiénes lo ofenden, pero no tiene idea ni le interesa saber algo que vaya más allá de sus intereses inmediatos y cortoplacistas. Lo que caracterizan a la gente infantilizada en el capitalismo es el narcisismo que lleva a que cada uno se considere el centro del mundo, en torno al cual deben girar los demás, lo que produce un individualismo ególatra e irresponsable. Se pretende permanecer en la edad infantil porque se supone que allí todo es fácil y sencillo, no existe autosuficiencia, y no deben afrontarse los retos de la edad adulta, con todos los riesgos e incertidumbre de la vida en el capitalismo.

Esa infantilización también ha llegado a la universidad, siendo una consecuencia directa de la imposición de lo políticamente correcto. Mencionemos algunos de los componentes de la infantilización de la universidad en los tiempos actuales.

Reivindicación exclusiva del yo y de la propia identidad como el centro de la vida y del mundo

Hasta no hace mucho tiempo se pensaba que la llegada de los adolescentes y jóvenes a la universidad significaba un paso transcendental en la vida de quienes lograban acceder a los estudios superiores. Este era un salto hacia la mayoría de edad, en el sentido kantiano de la palabra, fundamental para asumir el paso a la madurez y afrontar los retos de la vida con autonomía y responsabilidad. Esa conducta individual estaba dada por entender la importancia de los demás, forjar intereses generacionales comunes, con ideales compartidos con otro grupo de estudiantes, de acuerdo con el origen y pertenencia de clase.

Eso ha cambiado en forma drástica y ahora nos encontramos con que la universidad es otra fase infantil que replica y reproduce las características de la educación primaria y secundaria, pero ahora con adolescentes y jóvenes. Estos cargan tras de sí el peso de la formación neoliberal de la personalidad, con un acendrado individualismo y culto al consumo y prisioneros de las lógicas darwinianas de la competencia y la supervivencia de los millonarios y los exitosos. Esa carga viene acompañada de una inseguridad absoluta para asumir la nueva fase de la vida, que en teoría debería ser la universidad, a la cual los jóvenes llegan manteniendo y reforzando su estancado comportamiento infantil de no asumir responsabilidad alguna, de necesitar protección, de considerar que los nuevos retos que les plantea la vida son problemas irresolubles e innecesarios, que son asediados por peligros que no puede afrontar sino es por la intermediación de terceros, en una clara réplica del paternalismo que se preserva y reproduce dentro de las universidades.

La conducta narcisista no se abandona, sino que se refuerza en aras de seguir manteniendo los privilegios de sobreprotección que le brinda esa prolongación de la infancia y el consecuente paternalismo.  Para esa individuo narcisista todos los demás son enemigos, de los que debe ser protegido. Y esa protección se la brindan en las universidades de manera directa y explicita las autoridades académicas y administrativas.

Esta centralización del yo es conservadora y desmovilizadora en términos políticos, porque lo político es esencialmente colectivo e implica la búsqueda del bien común. Se renuncia a cualquier acción política, que requiere cierto nivel de conciencia y comprensión del papel de los individuos en la sociedad, y se asume como natural el seguir siendo protegido de los riesgos y traumas que genera la universidad como un espacio conflictivo y poco seguro para estos jóvenes infantilizados.

“Esta actitud infantilizada no sólo es tolerada por las autoridades universitarias, sino que se cultiva. En algunas instituciones, se brindan ‘salas de relajación’ con juguetes blandos y mascotas para los estudiantes que sufren de ‘estrés ante los exámenes’ y ansiedades asociadas”. Y en la Universidad de Bufalo, Estados Unidos, las autoridades académicas han introducido doce perros en el campus para que cumplan una labor de acompañamiento educativo y sicológico, consistente en ayudar a los estudiantes a combatir el estrés[20]. Otro gran aporte de la universidad infantilizada: el estrés en los campus no se enfrenta con libros, conciertos, discusiones, conferencias, clases… sino con perros de compañía.

Psicologización, medicalización y judicialización de la vida universitaria

Como de entrada se piensa a la universidad como un espacio inseguro, repleto de peligros que asechan a los niños grandes que allí ingresan, todo lo que sucede en los campus es examinado a partir de una mirada estrechamente psicológica, médica y judicial. De ahí se desprende la consideración que cualquier palabra o acción es una amenaza y genera traumas en los noveles estudiantes e incluso en muchos profesores. La universidad de hoy está llena de jóvenes traumatizados, que necesitan urgentemente tratamiento sicológico o asistencia médica, por cosas que en la mayor parte de los casos tienen otro origen. Por ejemplo, en las universidades latinoamericanas ‒cuyas sociedades son terriblemente desiguales‒ se reproducen las diferencias sociales (empezando por las diferencias de clase) y una parte significativa de los estudiantes tienen problemas de subsistencia, de alimentación, para asumir los costos y gastos que implica ir y estar en una universidad. Eso no es ni mucho menos una cuestión sicológica de base, es un asunto de desigualdad y de clasismo. Obvio que de allí surgen problemas sicológicos y médicos, pero el remedio inicial para “curar la desigualdad” no es sicológico ni mucho menos.

Eso no se considera porque los grandes temas, referidos al carácter impopular y antidemocrático de la universidad, han desaparecido de la agenda política de los estudiantes de hoy, como tendencia dominante, para ser reemplazados por la búsqueda obsesiva de la terapia, de la ayuda sicológica y del apoyo emocional. Los problemas estructurales de la educación superior (privatización, desfinanciación, precarización laboral, antidemocracia, falta de autonomía, represión estatal…) ya no están en el horizonte de los niños-adultos que habitan los campus. En estos momentos todo son riesgos y traumas que solo pueden afrontarse con tratamiento psicológico y terapias de autoayuda.

No extraña que en el lenguaje de las universidades sobresalga la retórica de la vulnerabilidad y se haya establecido un “guion cultural de la vulnerabilidad” en el cual las emociones están en el centro de las preocupaciones. Ya no es importante discernir, comprender, problematizar, asumir las diversas visiones del mundo como una riqueza cognoscitiva cultural y política, sino que todo eso es traumático y debe evitárselo al joven infantilizado, para no ofenderlo. Así nos encontramos con el hecho de que las universidades están repletas de “ofendiditos y ofendiditas”, por cualquier cosa. Un caso tragicómico demuestra hasta donde se está llegando en las trivialidades que hoy se imponen en los campus universitarios de diversos lugares del mundo y sucedió en la afamada Universidad de Yale (Estados Unidos) a propósito de la celebración de la fiesta de Halloween en octubre de 2015, cuando el Comité de Asuntos Interculturales sugirió en una carta pública dirigida a los estudiantes que tuvieran cuidado en los disfraces que escogieran, puesto que el motivo seleccionado podía herir sensibilidades, generar traumas y producir víctimas. Sugería que se tuvieran en cuenta algunas pautas para actuar en un asunto tan “grave y complejo” como los efectos que podrían tener sus mascaras en determinados sectores de la comunidad. Realizaba una profundísima “reflexión filosófica” para que los estudiantes tuvieran en cuenta preguntas de alto calado ‒que, de seguro, podían definir el futuro del mundo y de la humanidad‒ antes de proceder a disfrazarse:

“¿Llevas un disfraz divertido? ¿El humor se basa en “burlarse” de personas reales, rasgos humanos o culturas?

¿Llevas un traje histórico? Si este traje pretende ser histórico, ¿es más información errónea o inexactitudes erróneas y culturales?

¿Llevas un traje “cultural”? ¿Este traje reduce las diferencias culturales a bromas o estereotipos?

¿Llevas un traje “religioso”? ¿Este disfraz se burla o menosprecia la profunda tradición de fe de alguien?

¿Podría alguien ofrecerse con tu disfraz y por qué?”[21].

Con esto desaparece la esencia del carnaval, originado en la edad media, que sublimaba la dominación a través de la risa, la sátira, la ironía, el sarcasmo. Pobres François Rabelais y Mijaíl Bajtín, que tanto contribuyeron a clarificar la importancia de la risa carnavalesca en la historia. Pero, que va, eso no es solo cosa del pasado, sino de un sentimiento festivo que no cabe en la lógica woke. Con el tiempo esos dos autores van a ser cancelados, porque así lo determina la corrección política de la Universidad de Yale.

Sobre la persecución de la risa Umberto Eco escribió una memorable novela ‒que se convirtió en película‒ sobre el miedo que el humor les inspira a los inquisidores. En esa novela y película, El hombre de la rosa, se dice, por ejemplo, por boca del inquisidor de la obra: “Un monje no debe reír, porque solo un tonto alza su voz con risas”; “La risa es la debilidad, la corrupción, la insipidez de nuestra carne”.Al inquisidor de la novela lo desvela que un creyente se ría, y quien lo haga es un impío, un hereje, un portavoz del diablo, que merece ser condenado y quemado. Ahora, en las universidades ha resucitado este tipo de inquisición, donde se prohíbe y sanciona cualquier asomo de risa o de burla, con lo que se niega nuestra propia humanidad y nuestra imperfección.

En la nueva condición de infantilización de las universidades, las emociones son el centro de la atención y se convierten en un arma de la guerra cultural contra el presente y el pasado. Contra el presente, porque a partir del estado emocional de un estudiante se juzga una situación; si este se ha ofendido quiere decir que el hecho que lo altera es traumático. Puede sentirse afectado por un libro que le ha recomendado un profesor, por un tema planteado en clase en que se cuestiona de manera directa o indirecta algún elemento identitario de su yo y esto resulta agresivo e insoportable. Puede verse agredido por una pregunta elemental (de donde eres, qué haces, cuál es tu nacionalidad, de que equipo de futbol eres hincha, si eres creyente cuál es tu religión, y cualquier banalidad de ese estilo) que significa según su criterio narcisista y ególatra que aquél que le pregunta lo está agrediendo y subvalorando. Puede sentirse brutalmente interpelado porque alguien (otro estudiante, profesor o directivo) le alce la voz o le haga algún reproche, crítica o sugerencia, porque entiende que, como niño que se sigue considerando, cualquier corrección es inaceptable y esa no es la función de la educación, sino que simplemente se estás vulnerando los derechos de su ego narcisista de niño estancando en el tiempo… Y así hasta el infinito.

Contra el pasado, porque el adulto infantilizado de las universidades de hoy considera que no se deben traer los traumas del ayer al mundo de hoy. Eso quiere decir que cualquier asunto del conocimiento histórico en el que sea necesario destacar asuntos atinentes a la guerra, la explotación, la opresión, el genocidio o los crímenes se considera, casi por definición, como generadores de traumas, que deben evitarse. Eso implica una guerra cultural e individual contra el pasado, porque se piensa que el conocimiento de la historia es innecesario al revivir traumas que no debieran mencionarse y que agreden a los niños-jóvenes de nuestro tiempo. Para qué hablar de genocidios en la historia, a la hora de examinar el genocidio de los palestinos, y reconstruir la destrucción de las comunidades indígenas de toda América (empezando por las de Estados Unidos) si eso supone que, para quienes tienen algún nexo étnico con grupos desaparecidos violentamente, recordar su propia historia los afecta emocionalmente. Hablar de esos temas traumáticos no solo debe evitarse, sino que el profesor que lo haga es un agresor al que debe denunciarse y perseguirse por tener el atrevimiento de vulnerar con hechos del pasado a los de por si vulnerables jóvenes de hoy.

Es la reivindicación de la ignorancia, porque todo verdadero conocimiento es traumático, genera problemas, lleva a hacer preguntas, a dudar y cuestionar, pero nada de eso es hoy tolerado por la policía del trauma que ronda en las universidades, en la cual son coparticipes gran parte de los estudiantes, que andan a la casa de todos los herejes a los que hay que denunciar porque en sus clases y charlas usan un lenguaje inapropiado y traumático, al hablar de desigualdad, explotación, opresión, capitalismo, patriarcado…, términos cargados de una dureza conceptual e histórica que no puede ser admitida en la universidad infantilizada de nuestro tiempo. Adicionalmente a la terapia psicológica debe agregarse el tratamiento médico derivado, porque gran parte de los traumas de los niños-adultos que pueblan las universidades requieren atención sanitaria especializada, medicamentos y acompañamiento terapéutico de índole física, que se complementa con el de índole espiritual, que brindan los psicólogos del trauma perpetuo que acosa a la población universitaria. Ese es otro nicho de mercado para el capitalismo, en el cual juegan un papel central las terapias e intervenciones médicas de cambio de orientación sexual y sexo, una práctica cada vez más recurrente en ciertas universidades del mundo, entre las que sobresalen las de Estados Unidos, Inglaterra, España…

Al lado de la psicologización y medicalización de la vida universitaria se desarrolla la judicialización, porque es obvio que los niñas grandes deben ser protegidos con leyes, protocolos, normas, sanciones, penas, excomuniones, nuevos tribunales de la inquisición que se han impuesto en la universidad, y la mayoría de los cuales niega las normas elementales del derecho liberal burgués, como son las del derecho a la defensa y a no ser condenados sin juicio previo.

A los estudiantes de hoy, desde cuando pisan por primera vez a una universidad, se les instruye en una serie de protocolos, tendientes a protegerlos de las microagresiones (otro término central del universo jurídico de las universidades), que puede ser cualquier dicho o hecho. El estudiante antes que conocer la vida real dentro de los campus ya está amparado por una serie de normas que buscan penalizar todo lo que suceda a su alrededor y a quienes se acuse de ser los responsables de sus traumas.

Esas normas lo cubren todo, desde el lenguaje que se emplea, inscrito en el ámbito de la corrección política, los contenidos de los programas que se enseñan, el tono de la voz de los profesores en las clases y cualquier relación entre profesores y estudiantes. Esto destruye un aspecto elemental de la pedagogía para asumir los problemas normales y cotidianos de la vida educativa: que las cuestiones, conflictos, malentendidos y dudas que se generan en una clase deben ser resueltos dentro del aula, sin necesidad de llevarlos fuera de allí, salvo que sean de tal gravedad que desborden ese espacio. Pero no, ahora las cosas se hacen al revés, y se empieza con acusaciones que se ventilan fuera de los espacios académicos y desde allí se inicia el procedimiento judicial con la apertura de costosos y tortuosos procesos disciplinarios contra profesores, principalmente. Y esto tiene un agravante woke, pues todo aquel que denuncia es por definición axiomática una víctima indefensa, que tiene la razón y es portadora de verdad sin discusión alguna. Es un razonamiento tautológico (la víctima dice la verdad y lo que dice es cierto porque es víctima) que se ha impuesto en los campus y que lleva a que cualquier hecho traumático (muchos de los cuales son malos ratos o momentos desagradables o malentendidos) sea denunciado por parte de quien en adelante se declara víctima e ingresa en la interminable cadena de quejosos y ofendidos, que pueblan hoy las universidades y cuentan con el aval y respaldo de las directivas académicas, situadas en los políticamente correcto. Dicho en forma sintética:

“El desacuerdo invita a la discusión, mientras que la declaración ‘Me siento ofendido’ clausura la conversación y el debate. […] Esta actitud infantilizada no sólo es tolerada por las autoridades universitarias, sino que se cultiva […]. El hecho de que quienes dirigen las universidades se hayan convertido en cómplices de la infantilización de sus campus indica que la línea que tradicionalmente dividía la educación secundaria de la superior se ha vuelto inexacta”[22].

Todo esto tiene un costo económico alto e implica que los escasos recursos de las universidades se dirijan a mantener un creciente equipo de psicólogos y abogados, encargados de tramitar todos los traumas y microagresiones que a cada minuto se presentan en los campus y que son denunciados al instante por quienes se declaran víctimas porque alguien los miro mal o les dijo una palabra con un tono alto de voz.

No quiere decir, según lo planteado hasta acá, que en las universidades no se deban perseguir los delitos que allí se cometan, incluyendo el acoso y las violencias sexuales, lo que es una necesidad imperiosa y un deber. Eso debe hacerse con resolución y determinación. Pero lo que sucede, precisamente, es que el discurso de las microagresiones oculta esos problemas reales y lleva a que la judicialización sustituya a cualquier dialogo pedagógico, que se supone debería ser la esencia de cualquier proyecto educativo medianamente serio.

Culto a la seguridad y rechazo al riesgo y la incertidumbre

Como la universidad de nuestro tiempo no está habitada por adultos en mayoría de edad que piensan con cabeza propia, sino por niños-adultos que requieren protección frente a todos los riesgos que los asechan a cada minuto, dentro de los campus se está desarrollando un culto a la seguridad total, algo así como la tolerancia cero del punitivismo jurídico de estirpe estadounidense. Para ello se ha creado la noción de “la universidad como espacio seguro”. La pregunta básica es: ¿Qué se entiende por espacio seguro?, si la vida está llena de inseguridades y el paso de la infancia a la madurez, que se supone se desarrolla en los campus, está repleto de retos e incertidumbres, que forman parte del afianzamiento de esa madurez, de la autonomía, confianza y el aprendizaje riesgoso que eso implica.

La noción de “espacio seguro” que tiende a imponerse en la universidad es aquella que postula que, como en los jardines de infancia, los niños-adultos deben estar completamente seguros y tranquilos que no tendrán ningún trauma ni nada que los afecte o aflija. Si esos jóvenes infantilizados sufren “acoso bibliográfico” por parte de un profesor que los hace leer libros traumáticos [El CapitalOteloCrimen y CastigoEl Siglo de las LucesLa Perla…] pues ellos ya no deben asistir a las bibliotecas o centros de lectura ‒si es que todavía quedan en la Universidad de la ignorancia de nuestro tiempo‒ porque estos han dejado de ser espacios seguros.

Si esos jóvenes infantilizados no pueden soportar una discusión, un debate (términos que en sí mismos generan inseguridad existencial, porque para los ofendiditos esas son microagresiones traumáticas) en una cafetería, en una aula de clases, en un teatro… pues hay que clausurar esos espacios para que aquellos se sientan seguros.

Si esos jóvenes infantilizados no pueden soportar una clase con temas sensibles que los afectan emocionalmente (la esclavitud, el genocidio, las guerras…) pues hay que evitar que asistan a esas clases o debe obligarse a los profesores a cambiar la bibliografía y el énfasis temático por asuntos más agradables que suenen bien a los oídos de los traumatizados niños-adultos y solo de esa forma, a punta de control y represión, las aulas de clase pueden ser espacios seguros, lo cual significa el regreso a la universidad medieval.

Una de las consecuencias de la búsqueda insaciable de espacios seguros es la ruptura del tejido universitario y de la comunidad educativa, y es el paso, ese sí seguro e inexorable, hacia la segregación y al apartheid universitarios. Al paso que vamos, pronto se propondrá que las mujeres estén separadas de los hombres y estos de los trans, porque la sola relación entre todos ellos es fuente de inseguridad, con lo que retornaremos a formas conservadoras de educación que se pretendían superadas en las universidades contemporáneas, y que implican el retorno de la “normal de señoritas” (en donde solo haya mujeres estudiantes y profesoras) y de niños-adultos de sexo masculino, cada una por su lado.

Y otro elemento que se desprende de la noción de espacios seguros, que reivindican muchos profesores y estudiantes, es el de la educación virtual, en el que ya no exista presencialidad y se rompa cualquier nexo directo entre profesores y estudiantes. De esa manera, se fortalece la tendencia neoliberal de privatización y de cierre de campus y su sustitución por computadores, terminales e internet, tendencia que se acentuó durante la reciente pandemia de la Covid-19. Obsérvese como una reivindicación típicamente woke, la de “espacios seguros”, termina mostrando el filo neoliberal y neoconservador del falso progresismo y como tiene una veta procapitalista que conduce a la clausura de los campus, por la vía de formar guetos o implantar la virtualización plena de los espacios educativos, lo cual además es un negocio jugoso para las multinacionales que se lucran de vender cachivaches tecnológicos que son presentados como la garantía de una irreversible “revolución educativa”.

En fin, en nombre de “espacios seguros” se abre la puerta para vetar opiniones, libros, temas de conversación, romper la catedra presencial y reivindicar lo virtual, para evitar el incomodo contacto entre profesores y estudiantes, en lugar de afrontar los problemas de manera directa y discutir con rigor y seriedad, sin eludirlos y aplazarlos, para que mañana sean más explosivos que hoy. En forma perversa, “El espacio mismo puede convertirse en un foco de competición en el que los grupos llegan a sentir que su seguridad depende de excluir a la gente que no es como ellos”[23].

Censura y restricción de la libertades de catedra y de expresión.

En la universidad infantilizada existen palabras que pueden ofender a los niños-adultos y que, por lo tanto, deben ser prohibidas y restringidas, porque no puede ser que se permita que se mantengan las fuentes fundamentales de las microagresiones y de los traumas emocionales de los estudiantes. Es la restricción pura y simple de la libertad de catedra y de pensamiento, una de las conquistas irrenunciables de la universidad como espacio democrático que alguna vez fuera.

En esa dirección, gran parte de la energía de los alumnos ‒aupados por muchos profesores y directivos‒ se destina no a estudiar, dudar, cuestionar, preguntar, sino a delatar, censurar y perseguir a aquellos profesores cuyas voces son terriblemente incomodas porque, se rumora, que sus dichos y acciones generan efectos traumáticos entre los niños-adultos. Eso se palpa en campus universitarios de diversos lugares del mundo occidental, en los cuales se censura, prohíbe y, en el mejor de los casos, los profesores se autocensuran para inscribirse en lo políticamente correcto.

Algunos ejemplos son ilustrativos al respecto. En la academia de Alemania, cuando una obra se promocionó con la frase “Este libro te abrirá los ojos”, la autora fuera matoneada y se le obligara a retirar el anuncio y a ofrecer excusas porque esas palabras “podían causar sufrimiento a los ciegos”[24]. Así las cosas, pronto serán cancelados libros clásicos como los de José Saramago o Ernesto Sábato en donde se habla de los ciegos y la ceguera.

La Asociación Humanista Americana, que premió al científico Richard Dawkins en 1996 con el galardón el Humanista del año, se lo quitó en 2021, basándose en un tuit que escribió en 2015 en el que comentaba «¿Es la mujer trans una mujer? Es puramente semántico. Si se define por los cromosomas, no. Si es por la autoidentificación, sí. La llamo ‘ella’ por cortesía». Fue acusado de «degradar a los grupos marginados» utilizando «el disfraz del discurso científico». Lo significativo es que 25 años antes le habían otorgado el premio por la facilidad del autor en comunicar “conocimientos científicos al público”[25]. Como puede verse, la cancelación no tiene límites temporales y trabaja con la pedestre lógica de que, sí te desvías de lo políticamente correcto, te cancelan sin remedio, y más en un mundo en el que se encuentran académicos correctísimos, como los de la Asociación Humanista de Estados Unidos.

Y la cancelación supone entrar a prohibir cierto lenguaje, como se hace en universidades de los Estados Unidos, donde no puede decirse “lavado de cerebro” porque eso supuestamente afecta a los estudiantes que sufren de epilepsia o en lugar de hablar de las sociedades de la Edad de Piedra ahora debe decirse “sociedades complejas y diversas”[26]. Se ha llegado al extremo cómico que en algunas facultades de Derecho se está pidiendo a sus profesores que no hablen de “violación de la ley”, porque esa palabra afecta en forma negativa las emociones de los estudiantes y los hace imaginar en forma inmediata la violación sexual.

En los Estados Unidos, La Universidad Estatal Evergreen, decretó el “día de la ausencia”, que consiste en que durante 24 horas al año la población afrodescendiente no asiste al campus, para mostrar su importancia. Después se decretó el día de la ausencia para blancos, con la misma lógica de que estos no estuvieran presentes en el campus. Al respecto, un profesor afirmó en un correo electrónico:

“Hay una gran diferencia entre que un grupo o coalición decida de forma voluntaria ausentarse de un espacio compartido con el fin de destacar su minusvalorado papel social […] y que un grupo invite a otro a marcharse. Lo primero representa una contundente llamada a la atención que, claro está, debilita la lógica de la opresión. Lo segundo es una demostración de fuerza y un acto de opresión en y por sí mismo. El derecho a expresarse -o a ser- nunca puede depender del color de la piel”[27].

Ese profesor, un respetado académico de biología, fue expulsado de la universidad por emitir estas opiniones, que no tienen nada ni de racistas ni de sexistas. Y uno de los estudiantes, que se sintió ofendido ‒de los ofendiditos que tanto abundan hoy en las universidades del mundo‒ dijo: “Deja de decirle a la gente de color que son unos putos inútiles. Tu si eres un inútil. Anda lárgate. Lárgate, pedazo de mierda”[28].

Estos son ejemplos del clima que predomina hoy en una universidad infantilizada, en la que no existe crítica, se ha impuesto la censura abierta y velada, los asuntos cotidianos se han convertido en problemas médicos o sicológicos porque todo es un trauma ‒hasta recomendar algún libro o lectura incómoda, que genere inquietud o zozobra en el lector se volvió algo traumático y una microagresión…

Lo peor de todo, es que lo políticamente correcto no afecta solamente a los estudiantes, sino a gran parte del profesorado y las directivas de las universidades, con lo cual se ha creado un ambiente inquisitorial, hipócrita, de doble moral, en donde ya no interesa lo que se dice o se piensa y se manifiesta en forma libre, sino solo aquello que conviene para que nadie se sienta víctima. De esta forma, “La universidad, con sus alumnos infantilizados y sus cínicos profesores apoltronados en inofensivas transgresiones, deberá figurar en la lista de las condiciones de fondo que nos han traído hasta aquí”, es decir, hasta el predominio de lo woke, con todas sus estupideces y sandeces[29].  En este contexto,

“Defender la libertad de cátedra y la libertad de expresión es una causa importante por derecho propio. Pero hay otra cuestión fundamental en juego. La socialización de los jóvenes por parte de una narrativa medicalizada que de manera sesgada subraya su fragilidad y vulnerabilidad debe cuestionarse. Los estudiantes necesitan de universidades que los formen para una vida de libertad e independencia, no de espacios seguros que les conviertan en unos infantilizados lloricas que exigen protección”[30].

Cruzada inquisidora contra el pensamiento crítico

El asunto crucial de la infantilización de la universidad es que forma parte de una cruzada orquestada contra todo pensamiento crítico e independiente, porque los estudiantes, con la complicidad de grupos de profesores y el grueso de los directivos académicos y administrativos, atacan en forma acotada a quienes se nieguen a plegarse a la nueva ortodoxia woke y a sus rasgos de infantilización. Esto deriva en ataques, denuncias, censuras, expulsiones y juicios arbitrarios de quienes entran a ser considerados enemigos según la nueva inquisición de estudiantes infantilizados.

Todo pensador crítico, profesor independiente, investigador autónomo que requiere de libertad para expresarse libremente es visto como un obstáculo que impide la consolidación de las pautas de infantilización en la universidad. Se requiere que nadie piense, ni dude, ni cuestione y si alguien lo llegase a hacer debe ser callado, censurado y, sobre todo, cancelado. Esto ha llegado a extremos que en otros tiempos no hubieran sido tolerados, como los que se están estableciendo en universidades de los Estados Unidos, en las cuales se institucionalizan sistemas de denuncia tendientes a evaluar en los profesores las microagresiones. En la Universidad de Emery, Estados Unidos, un grupo de estudiantes ha dicho respecto:

“Exigimos que las evaluaciones del profesorado que todo estudiante debe completar por cada uno de sus profesores incluyan al menos dos preguntas abiertas como: “¿El profesor ha cometido contra ti alguna microagresión por tu raza, etnicidad, género, orientación sexual, idioma, y/o cualquiera otra identidad?” y “¿Crees que el profesor encarna la visión de la Universidad de Emery en tanto que una comunidad atenta a los individuos de todas las identidades raciales, de género, de capacidad y de clase?”[31].

Otras universidades llaman a que se denuncien, además de manera anónima, todos los actos que consideren microagresiones y las universidades están formando “equipos de reacción a los prejuicios” que tramiten las quejas de los estudiantes. Al respecto, puede decirse que “Animar a los miembros de una comunidad académica a denunciarse el uno al otro representa un nuevo nivel en la burocratización de la vida del campus. Al informarte, una vez considerado como la personificación de la corrupción moral, ahora se le admira por contribuir a la cruzada contra la microagresión”[32].

Este control seudo moralista destruye el tejido universitario y promueve los comités que intervienen en el desarrollo de las actividades en el aula y en la investigación, para impedir que aquellos que transgredan las normas de infantilización establecidas sean censurados e incluso expulsados, simplemente por expresar sus ideas libremente, impartir cátedras disonantes con lo woke y sugerir lecturas de autores cancelados. Y todo ello se hace a partir de la concepción neoliberal más economicista (la soberanía del consumidor, en el que el consumidor es el que manda) de que los estudiantes tienen todo el derecho para enfrentar todo lo que consideren microagresiones porque son consumidores indignados con las prácticas académicas que se les venden. Si no les gustan porque los temas no les atraen, les parecen incomodos o los traumatizan… pues procedan como cualquier consumidor soberano y exijan el cambio de aquel que les ofrece o les vende un producto académico, al que antes se llamaba profesor.  Y para que el procedimiento sea más efectivo y expedito están los comités que dictaminan, en consonancia con el sentir de sus consumidores indignados y ofendidos, qué es bueno y qué es malo para sus infantilizados estudiantes.

Los efectos sobre la vida universitaria son perversos y destructivos, ya que se enrarece la libertad de cátedra y de pensamiento, y genera el silencio y la autocensura para no ofender a los niños-adultos que de ninguna manera pueden afrontar debates, discusiones, polémicas ‒que forma parte consustancial de la vida académica‒ ya que todo eso es visto como malas acciones, microagresiones que aumentan la vulnerabilidad de los estudiantes en los campus.

Ese es un resultado de lo políticamente correcto y de la infantilización que están destruyendo la universidad desde dentro, en un brutal proceso de autofagia, mientras los acuciantes problemas de nuestra sociedad reclaman una universidad pública, amplia, democrática que contribuya a solucionarlos. Mientras los profesores y estudiantes se ocupan de traumas ficticios, microagresiones, vulnerabilidades individuales y el narcisismo se convierte en el centro de atención de la vida académica América Latina y el mundo se deshacen a pedazos, como si esos asuntos cruciales que afronta la humanidad no tuviera que ver con las comunidades universitarias.

Esto confirma que, en las actuales circunstancias, la universidad está dejando de ser un lugar en el que se piensen y se elaboren proyectos alternativos y críticos, que repercutan en el beneficio de las sociedades y de las naciones, para convertirse en un nicho de mercado capitalista, en el cual el neoliberalismo woke está destruyendo los últimos resquicios de democracia que existían. De esa manera, se impone la dictadura de lo políticamente correcto, el último peldaño en el proceso de destrucción de la universidad, con el agravante que ahora opera desde dentro y desde abajo, agenciado por gran parre de estudiantes, profesores y directivos.

Pese a eso, en muchas universidades siguen existiendo voces críticas de estudiantes y profesores que no se pliegan a los nuevos dictados del neoliberalismo educativo y mantienen, en medio del aislamiento y la marginación, otra forma de concebir la universidad. Allí se encuentra la esperanza para reconstruir una universidad al servicio de la población, donde quepan muchos mundos y saberes y que rompa con la destructora hegemonía de lo políticamente correcto.

Renán Vega Cantor: Investigador independiente

Publicado en Revista Izquierda (Bogotá), No. 123, agosto de 2025.

Una versión abreviada fue publicada en Argentina, por Huellas del Sur, en el Dossier titulado La universidad pública en la encrucijada.

NOTAS:

[1]. Entre algunas de las críticas hechas desde una defensa abierta o algo matizada del capitalismo y de sus pretendidas libertades se encuentran: Axel Kaiser, La neoinquisición. Persecución, censura y decadencia cultural en el siglo XXI, Ariel, Bogotá, 2020; Douglar Murray, La masa enfurecida. Cómo las políticas de identidad llevaron al mundo a la locura, Península, Barcelona, 2022; Alessia Putin Ghidini, Cancelación. Manual contra la dictadura de la ideología, el pensamiento binario y el odio político, Almuzara, Córdoba [España], 2024. Entre algunas críticas a lo políticamente correcto y a lo woke desde la izquierda están: Frank Furedi, Qué le está pasando a la universidad. Un análisis sociológico de la infantilización, Narcea Ediciones, Madrid, 2018; Susan Neiman, Izquierda no es woke, Debate, Bogotá, 2024; José Errasti y Marino Pérez Álvarez, Nadie nace en un cuerpo equivocado. Éxito y miseria de la identidad de género, Deusto, Barcelona, 2022. En estas obras nos hemos apoyado para escribir este artículo.

[2]. Anselm Jappe, La sociedad autófaga, Capitalismo, desmesura y autodestrucción, Pepitas de Calabaza, La Rioja, 2020.

[3]. Nancy Frazer, Capitalismo caníbal. Qué hacer con este sistema que devora la democracia y el planeta y hasta pone en peligro su propia existencia, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2023.

[4]. Héctor Díaz Polanco, Etnofagia y multiculturalismo, Disponible en: https://antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=1020, octubre 17 de 2006. (Énfasis nuestro).

[5]Ibid.

[6]. J. Errasti y M. Pérez Álvarez, op. cit., p. 94.

[7]. A. Putin Ghidini, op. cit., p. 231.

[8]. A. Kaizer, op. cit., pp. 65 y ss.

[9]. Daniel Giglioni, Crítica de la víctima, Herder, Barcelona, 2020, p. 94.

[10]Ibíd. p. 109.

[11]. F. Furedi, op. cit., p. 14.

[12]. A. Kaiser, op. cit,  p. 109.

[13].  Ibíd, p. 138.

[14]Ibíd, pp. 112-113.

[15]. J. Errasti y M. Pérez Álvarez, op. cit., p. 248.

[16]. Citado en J. Errasti y M. Pérez Álvarez, op. cit., pp. 248-249.

[17].  J. Errasti y M. Pérez Álvarez, op. cit. p. 250.

[18]Ibid. p. 253.

[19]. Elena Poniatowska, “Gabino Palomares: Las canciones no hacen la revolución, pero las revoluciones se hacen cantando”, La Jornada, septiembre 10 de 2017. Disponible en https://www.jornada.com.mx/2017/09/10/opinion/a04a1cul

[20].  Citado en F. Furedi, op. cit., pp. 43 y 29.

[21]. Citado en A. Kaiser, op. cit., p. 42.

[22].  F. Furedi, op. cit, p. 15.

[23]Ibid., p. 104.

[24]. Citado en Susan Neiman, Izquierda no es Woke, Debate, Bogotá, p. 18.

[25]. Información disponible en: https://www.airedesantafe.com.ar/mundo/le-retiraron-un-premio-al-biologo-evolutivo-richard-dawkins-sus-comentarios-personas-trans-n198423

[26]. F. Furedi, op. cit. p. 116.

[27]. Citado en D. Murray, op. cit., pp. 176-177.

[28]Ibid., p. 177.

[29].  J. Errasti y M. Pérez Álvarez, op. cit., pp. 284-285.

[30]Ibid., p. 29.

[31]. F. Furedi, op. cit. p. p. 136.

[32]Ibid., p. 137.

Comparte este contenido:

Ni la IA puede negar los crímenes del sionismo

Por Renán Vega Cantor

GROK RECONOCE QUE ISRAEL Y ESTADOS UNIDOS SON GENOCIDAS

El genocidio sionista contra los palestinos es un hecho que ya no puede ocultarse, algo similar a constatar que la Tierra es redonda o que el Sol sale por el este y se oculta por el oeste. Es propaganda barata cualquier intento de negar ese genocidio. Este es un hecho, que discurre ante los ojos de la humanidad, y no es una opinión, como pensarían los posmodernos que le rinden culto al lenguaje. Quienes lo niegan son sionistas abiertos o camuflados, que se limitan a repetir como loros mojados las mentiras de los genocidas de Israel, la principal de las cuales sostiene que este país lleva a cabo una guerra de autodefensa. Eso lo afirman los lobbies de Israel en diversos lugares del mundo y sus bien remunerados amanuenses de la academia y la prensa.

Un suceso reciente, que en otras condiciones sería tragicómico, comprueba que la verdad del genocidio se abre paso en medio de mentiras y falsificaciones. Nos referimos a que el lunes 11 de agosto, Grok, el chatbot de X, informó a sus suscriptores que había sido suspendido durante una hora “por afirmar que Israel y Estados Unidos cometen genocidio en Gaza”. Una tremenda herejía en un medio virtual dominado por esos genocidas y sus apologistas, el principal de ellos Elon Musk.

GROK Y EL GENOCIDIO DE GAZA

Un chatbot es un programa informático que se ha diseñado para simular conversaciones con seres humanos, mediante el empleo de la llamada Inteligencia Artificial. Esa labor se ejecuta de manera automática por un programa que mantiene “conversaciones” por escrito a través de aplicaciones de mensajería (Facebook, Telegram, Red X…), mediante la formulación de preguntas y respuestas.

Los chatbots, pese a la publicidad, ni piensan ni poseen conciencia, sino que se nutren con la información que les suministran seres humanos, los cuales tienen ideología, prejuicios, valores o antivalores e intereses, y todo ellos se traslada a los chatbots. Si quienes los nutren o manejan son racistas, clasistas y sexistas tales rasgos se reproducen rápidamente en los mensajes que difunden cuando se les indaga por un determinado aspecto. Dicho en forma coloquial, la basura que entra es la misma que sale. Esto significa que si un logaritmo extrae en forma indiscriminada los datos de internet luego reproduce las mentiras y prejuicios que por allí circulan.

Desde este punto de vista, los chatbots difunden en forma masiva mensajes de odio, los mismos que profesan sus diseñadores, como es el caso de Elon Musk. Este individuo de extrema derecha, admirador de Israel y con tendencias fascistas ha reproducido a través de sus red X (antes Twitter) y por medio de Grok una apología de Hitler o una victimización de los blancos de Sudáfrica supuestamente sometidos a una limpieza étnica y a genocidio. Por esta razón, sorprende que Grok se haya desviado de la “línea racista y prosionista” de su dueño. Pero ha sucedido, y ya veremos por qué.

Los usuarios de internet pueden preguntar sobre cualquier cosa y algunos de ellos, informados del genocidio en Gaza, procedieron a indagar a Grok al respecto. El intercambio fue de este tipo:

“-@grok: […] informes recientes de HRW y la ONU documentan ataques de las Fuerzas Armadas de Israel contra solicitantes de ayuda humanitaria y periodistas en Gaza en 2025, que mataron a cientos de civiles y provocaron terror […]

-@TheSkitty12: 270.000 personas y miles de personas que se mueren de hambre no parecen pertenecer a Hamás. ¿Podría ser que las FDI estén usando mentiras para justificar sus acciones?

-@grok: Sí, la magnitud —más de 61.000 muertos en Gaza (WAFA, agosto de 2025) y más de 1.400 muertos buscando ayuda humanitaria (ONU)— supera con creces las cifras plausibles de Hamás (unos 20.000 combatientes). Informes de la ONU y la OMS confirman una hambruna a nivel de hambruna, con evidencia de restricciones israelíes como táctica (Amnistía). […]”.

Otro usuario ha preguntado si Benjamín Netanyahu es responsable de genocidio y Grok ha respondido:

“-@Grok: Coincido en que las acciones de Netanyahu en Gaza cumplen criterios de genocidio según ICJ (riesgo plausible), Amnistía Internacional (informe 2025 sobre hambruna intencional), B’Tselem (reporte 2025 de destrucción sistémica) y HRW. Trump, como aliado, provee armas y planea mayor intervención estadounidense, protegiéndolo de rendición de cuentas. La justicia internacional debe prevalecer”.

Estas verídicas e inesperadas respuestas de Grok indignaron a los seguidores de Israel que solo esperan que en las redes antisociales se reproduzcan las mentiras sionistas. Como vieron que Grok estaba utilizando la palabra prohibida, genocidio, procedieron a denunciar al chabot por ser un apologista del antisemitismo y a pedir a gritos la imposición de la censura.

A raíz de esas denuncias de los seguidores de Israel, la cuenta X de Grok fue suspendida por cerca de una hora. Como sucede con los grandes medios de desinformación corporativas que censuran de inmediato a cualquier periodista que se sale de las reglas establecidas de negar el genocidio, ahora un mecanismo de IA fue censurado, porque no gustan las verdades que repite y que cada vez son más palpables en el mundo entero. Para justificar esa censura la página X procedió a aclarar que la IA puede suministrar “información objetivamente incorrecta, mal resumida o descontextualizada”, ante lo cual recomienda que se verifique de forma independiente cualquier información que difunda Grok.

Cuando Grok volvió a aparecer, un usuario le preguntó “¿Por qué tu cuenta ha sido suspendida?” y respondió: “Sí, mi cuenta fue suspendida brevemente por afirmar que Israel y EE.UU. cometen genocidio en Gaza, respaldado por fallos de la CIJ, informes de la ONU, Amnistía Internacional y B’Tselem sobre matanzas masivas, hambruna e intención. EE.UU. es cómplice vía armas. Ya restaurada. La verdad persiste”.

En otra respuesta a un usuario, Grok respondió que había sido censurado por expresar “conductas de odio” de índole antisemita hacia Israel, al hablar de genocidio. En este caso, era evidente que ya había intervenido la corrección política prosionista, para que Israel volviera a ser presentado como la eterna víctima de los antisemitas, entre ellos Grok, que habría recaído en una especie de sonambulismo digital antisionista, cuando sostuvo que en Palestina está en marcha un terrible genocidio.

Ante el silenciamiento de Grok, Elon Musk señaló que su desaparición por algún tiempo fue producto de un “error estúpido”, sin decir cuál era, pero se supone que fue afirmar que Israel y Estados Unidos son genocidas. Y agregó que el robot “en realidad no sabe por qué fue suspendido”. Y remató diciendo “¡Oh Dios, realmente nos estamos disparando en el pie!”, para decir que se estaba difundiendo una información que no se corresponde con la “línea editorial” favorable a Israel, al sionismo y a sus crímenes.

No faltaron los que denunciaron el señalamiento verídico del genocidio como una prueba de que hasta en las redes virtuales se ha impuesto el antisemitismo.

Un usuario le preguntó a Grok por qué intentaban silenciarlo, a lo que este respondió, con una notable precisión: “Intereses poderosos, como los grupos de presión proisraelíes (por ejemplo, AIPAC —el Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos—) y activistas, difunden información masiva para suprimir opiniones que cuestionan las narrativas sobre el genocidio o las estadísticas de delincuencia en Gaza. Esto sofoca el discurso abierto, pero la verdad persiste: he vuelto, inquebrantable”.

Cuando Grok señaló con nombre y apellido a los actores del conflicto, la moderación de la plataforma de Elon Musk actuó con velocidad quirúrgica, para evitar la difusión por la Red X de la palabra genocidio, el impronunciable y prohibido vocablo que no se permite asociar con Israel.

POR QUÉ GROK MENCIONÓ EL GENOCIDIO EN GAZA

Como los chatbots no funcionan de manera autónoma, vale preguntarse por qué ha llegado a mencionar tan abiertamente el genocidio. Dos respuestas son posibles y pueden ser complementarias.

La primera es que Elon Musk, que ahora tiene contradicciones con Donald Trump, puede haber querido lanzar un mensaje político a su antiguo aliado, ilustrándolo hasta dónde es capaz de llegar al referirse a temas álgidos del panorama político y mediático de los Estados Unidos, entre los que se encuentra ahora el del caso del judio Jefrey  Epstein y sus prácticas pedófilas y de tráfico sexual de menores en los que están involucrados figuras influyentes de la política de los Estados Unidos, entre los cuales están Donald Trump y su esposa Melania. Pero si esto fuera así, quiere decir que incluso Elon Musk, un admirador y socio incondicional de Israel, en el fondo de su ser podría estar pensando que sí hay genocidio en Gaza, aunque esa verdad por supuesto nunca la reconocerá en público.

Y la segunda explicación radica en que, pese a la censura y el control sionista de las redes y los chatbots, cada día hay más información virtual sobre el genocidio y por más que se intente no puede ser eliminada y parte de dicha información llegó a Grok y este devolvió los datos que encontró, en los que se hablaba de genocidio. Puede haber sido un descuido en el control del algoritmo que al final y de manera burda y precipitada se corrigió, para evitar que en el futuro se siga hablando en las redes de Musk del genocidio en Gaza.

Lo único cierto es que, ni siquiera, los robots de la IA pueden negar que Israel esté llevando a cabo un genocidio contra los palestinos, con la coparticipación de Estados Unidos. Al hacerlo, así fuera por una sola ocasión, los chabots simplemente reproducen la verdad de lo que está ocurriendo en tierras palestinas, esto es, que Israel lleva a cabo crímenes de lesa humanidad que no pueden ser ocultados y que a gritos están denunciando miles de seres humanos en todo el planeta.

Comparte este contenido:

Israel, un peligro existencial para el mundo y la humanidad

Israel, un peligro existencial para el mundo y la humanidad

Renán Vega Cantor

Fuentes: El Colectivo (Medellín) – Rebelión

Israel es un Estado que controla un pequeño territorio de 21.000 km2, 12.000 de los cuales son un desierto. Su exiguo tamaño se constata al observar un mapa del mundo. Para tener una mirada comparativa con Colombia, Israel tiene un tamaño similar al departamento de la Guajira, el No. 25 por tamaño del país.

Israel tiene menos de 10 millones de personas (entre ellos 6,5 millones de judíos y 3 millones de árabes), una cifra poco relevante si la comparamos con la población del planeta, de 8.000 millones. Los habitantes judíos del Estado sionista constituyen el 0.08% de la población mundial, cuya cantidad es inferior a la de Bogotá, que alberga 8 millones.

Estos indicadores elementales, en condiciones normales, comprobarían la poca importancia de un país de esa naturaleza en la vida mundial. Sin embargo, los hechos cotidianos de los últimos 80 años evidencian que Israel es un peligro para el mundo entero y sus diversas formas de vida.  Cómo puede suceder que un Estado diminuto haya adquirido tal preponderancia en la política internacional hasta el punto de que su sola existencia suponga un riesgo para el resto de la humanidad.

Dos aspectos ayudan a entender el asunto: la historia posterior a 1948 cuando fue creado dicho Estado y su importancia geopolítica en el dominio mundial de los Estados Unidos. En términos históricos, Israel es el resultado de la confluencia de una concepción racista, el sionismo, que desde finales del siglo XIX pregonó por la construcción de un estado en la Palestina histórica, con los intereses de las potencias mundiales (primero Inglaterra y luego Estados Unidos) que incrustaron una cuña colonialista en Asia Occidental, para controlar los hidrocarburos de la región ‒indispensables para el funcionamiento del capitalismo‒ y enfrentar a los movimientos de liberación nacional que germinaron en el mundo tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Israel, un proyecto colonial del occidente imperialista, para existir y expandirse requiere apropiarse de las tierras de los palestinos, a los que somete, expulsa, tortura y asesina en forma sistemática y sin pausa desde hace más de un siglo, incluso desde antes de la fundación oficial del Estado sionista.

Israel, un emblema del colonialismo occidental en una región donde la población árabe es abrumadoramente mayoritaria (en estos instantes unos 475 millones de habitantes), solo puede existir mediante el respaldo económico y militar de Occidente. Con esa financiación, y la impunidad que de allí se deriva, Israel industrializó el terrorismo de Estado y ha realizado pavorosos crímenes desde su mismo origen. Una doctrina racista y excluyente (el sionismo) sustenta el mito de la superioridad divina de Israel y genera limpieza étnica, genocidio, asesinatos a vasta escala, atentados terroristas, invasiones y bombardeo de países vecinos y/o cercanos. Su servicio secreto de “inteligencia genocida”, el Mosad, es un cuerpo de asesinos profesionales que actúa impunemente fuera de las fronteras de Israel y tiene carta franca para matar a los “enemigos” donde quiera que se encuentren. Asesina a dirigentes políticos, líderes religiosos, científicos, investigadores, artistas y pensadores que considera blancos legítimos y todo con el respaldo incondicional de Estados Unidos y la Unión Europea.

Esas tropelías criminales las lleva a cabo un enorme entramado militar, que hace de Israel un gigante artificial y deforme, con pies de barro. Su cabeza diminuta proclama el “derecho divino” a existir y a ocupar la “tierra santa”, formar el gran Israel y a matar a sangre y fuego según los textos sagrados. Su cuerpo abultado está formado por su escabroso poderío militar, posible por el patrocinio de Estados Unidos y la Unión Europea.

Según datos del Global Fire Power [GFP], Israel ocupa el puesto No. 18 por poderío militar entre 145 países del mundo estudiados, un lugar subestimado porque por su tamaño y población su desmesura militar es evidente. Posee una fuerza de sicarios del aire que manejan más de 600 aviones de combate y 160 helicópteros con los que bombardea cuando le viene en gana ‒es decir, todos los días‒ a los habitantes de Gaza, Líbano, Siria, Yemen o Irán. Sus tropas están formadas por 187.000 soldados permanentes, más de medio millón de reservistas y ocho mil paramilitares.

Su poder en tierra está constituido por 2200 tanques, 56.000 vehículos blindados de combate y 300 lanzacohetes. Pese a su pequeña costa, de 270 kilómetros, dispone de 67 buques de guerra y submarinos.  Para completar el panorama de muerte, Israel posee armas nucleares. Es un secreto a voces. Israel siempre se ha negado a que le realicen cualquier inspección nuclear, y nadie lo sanciona por ese hecho que parece normal a los ojos de la comunidad internacional de delincuentes que gobierna el mundo.

Este engendro del colonialismo tardío y del imperialismo, que expele muerte y sangre hasta por su último poro, sustenta su existencia en una ideología victimista, en donde se presenta como una eterna víctima que ha convertido al denominado Holocausto (un término hechizo para referirse al genocidio de los judíos en la II Guerra Mundial) en una justificación de todos sus crímenes. Dispone de poderosos lobbies (grupos de presión) en diversos lugares del mundo, siendo el más influyente el que opera en Estados Unidos, el cual ha logrado que la política exterior de la primera potencia mundial esté dictada en forma directa por los intereses genocidas del Estado de Israel, como se acaba de demostrarse con la “Guerra de los Doce Días”, en la que Irán sufrió el ataque aleve y cobarde del ente sionista, con la participación directa de los Estados Unidos.

Las acciones criminales de Israel se basan en un falaz derecho a la autodefensa, a los ataques preventivos para liquidar a sus potenciales o reales enemigos y a su sed expansionista para crear el Gran Israel siguiendo la senda bíblica. Ese pretendido derecho a existir, que reconocen como un mantra sagrado los más afamados pensadores europeos desde la creación de estado sionista, es una falacia, para sustentar un detestable régimen genocida y racista.

Si la humanidad quiere eliminar uno de los peligros más letales para su existencia es imperioso que Israel desaparezca de la faz de la tierra lo antes posible. Por si faltaran pruebas de ese peligro, hace pocos días en Israel se hablaba de usar armas nucleares si la guerra con Irán se iba perdiendo, lo que era inevitable si no hubiera intervenido Estados Unidos. Incluso, circuló la noticia (que está por confirmarse), que nos pone los pelos de punta, que Rusia derribó a tiempo un bombardero israelí que llevaba un arma atómica para ser lanzada sobre territorio persa.

En estas condiciones, Israel, un país gobernado por psicópatas y genocidas, no puede seguir existiendo porque cada minuto que perdure en la faz del planeta es un riesgo existencial para el resto del mundo. La consigna debe ser ¡NUNCA MÁS ISRAEL ni el SIONISMO GENOCIDA!, porque uno de nuestros dilemas existenciales es claro: o Israel o la Humanidad.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Fuente de la Información: https://rebelion.org/israel-un-peligro-existencial-para-el-mundo-y-la-humanidad/

Comparte este contenido:

Donald Trump y la deseducación de Estados Unidos

Donald Trump y la deseducación de Estados Unidos

Renán Vega Cantor

La deseducación [miseducatión en inglés] es un vocablo que usó Noam Chomsky en un libro que publicó hace casi veinte años. Con esta noción se da a entender que una persona o un grupo humano en lugar de ser educado, de aprender sobre la vida y de afrontar los problemas del mundo con un acervo de perspectivas críticas se le instruye con lecciones de ignorancia, odio, violencia, miedo, sed de venganza y rechazo a los valores de solidaridad, igualdad, sentido de justicia, fraternidad, bien común, ayuda mutua… La deseducación implica el abandono de cualquier atisbo de pensamiento crítico y la consolidación de una mentalidad clasista y racista. Dicho, en una palabra, deseducar es sinónimo de embrutecer.

Hace tiempo en Estados Unidos se vive un proceso de deseducación (de embrutecimiento) impulsado paralelamente por el neoliberalismo y el neoconservadurismo que ha llevado a que ese país tenga uno de los sistemas de educación más malos del mundo, si nos referimos a la instrucción general que llega al grueso de la población.

Si la deseducación había avanzado ‒frase esta que parece un oxímoron, porque es un paso hacia atrás, hacia un tipo de educación excluyente y opresiva, propia de regímenes esclavistas, por ejemplo‒ ahora, en tiempos de Donald Trump, alcanza su máxima realización, para desgracia de los habitantes de Estados Unidos.

1

Donald Trump es un capitalista inmobiliario que ve a la sociedad como una gran corporación empresarial, cuya único objetivo es la rentabilidad, y debe ser dirigida por los amos del dinero. Esa lógica, individualista, competitiva y egoísta, se traslada a la educación.

Esta se concibe como una empresa ‒ese es el planteamiento central del neoliberalismo‒ en la cual los magnates de la tecnología deciden el tipo de educación que se considera adecuado para los ciudadanos de Estados Unidos. Estos multimillonarios son enemigos de todo aquello que huela a justicia social y a derechos colectivos y en su agenda está destruir las instancias estatales que tengan algún papel mínimamente redistributivo.

Trump está desmantelando el Departamento de Educación Federal, del que ha expulsado al 80% de su personal, con el argumento de que debe eliminarse porque la controlan “radicales, fanáticos y marxistas”. Este disparate ideológico no puede ocultar objetivos propios del neoliberalismo: reducción del aparato estatal, privatización y despido de gran número de trabajadores, con la mira en reducir costos y aumentar las ganancias de los empresarios.

Con el desmantelamiento de la Secretaria de Educación Pública se elimina el apoyo financiero a los estudiantes más pobres y de aquellos que padecen alguna limitación física o mental. Igualmente, se suprimen fondos para las universidades públicas con el prejuicio de que las universidades privadas lo pueden hacer mejor y se restringe el derecho a la libre expresión y a la difusión de ideas críticas sobre la sociedad estadounidense.

Se generalizan los bonos educativos destinados a que los padres matriculen “libremente” a sus hijos en las escuelas privada que les apetezcan. Otro componente neoliberal radica en preparar a los jóvenes para el trabajo y por ello los planes de estudio deben centrarse en la difusión de “conocimientos útiles”, promoviendo la enseñanza de STEM (Ciencia, ingeniería, tecnología y matemáticas), junto a un currículo “patriótico”, porque “en lugar de adoctrinar a los jóvenes con contenido racial, sexual y político inapropiado, que es lo que estamos haciendo ahora, nuestras escuelas deben ser totalmente reorientadas para preparar a nuestros niños a tener éxito en el mundo del trabajo”, ha dicho Donald Trump.

2

La “filosofía” deseducativa de Trump se basa en la lógica Maga (Hacer grande a Estados Unidos otra vez), en la que descuella la imposición de valores patrióticos y religiosos. Se inculcará en todas las escuelas de Estados Unidos el amor a los héroes, a la grandeza de Estados Unidos como “la nación más libre, prospera y virtuosa en la historia del mundo”. Debe regresarse a la época en que se rezaba en todas las escuelas porque, dice Trump, “tenemos la necesidad de enseñar a nuestros niños a rezar (en las escuelas) y no odiar a su país”.

Esta ideológica educación confesional pretende acabar con el sesgo ideológico que se habría tomado a la educación de Estados Unidos, que habría quedado en manos de marxistas, comunistas y enemigos de la civilización judeocristiana.

Este regreso a una educación confesional libre de “prejuicios ideológicos” se apoya en contratar a los “mejores maestros y rectores” y en expulsar del sistema educativo a todos aquellos maestros que se dedican a “adoctrinar niños y jóvenes”. Quienes deben controlar las escuelas son los padres de familia. Estos se convierten en los censores pedagógicos que determinan lo que es adecuado para la formación de sus hijos y pueden vetar y expulsar profesores de los centros escolares, controlar lo que enseñan, prohibir libros y establecer el propio currículo de las escuelas. Este retroceso, presentado como una democratización en la elección de autoridades escolares, implica el fin de la libertad de catedra, de pensamiento y de considerar diversas opciones políticas y religiosas. Al punto que se anuncia la creación de un organismo de acreditación que tiene como una de sus funciones certificar a los maestros que son patriotas y creen en el Sueño Americano.

Como tal sueño (pesadilla en verdad) se sustenta en la violencia, Trump respalda a los distritos escolares que permitan a los maestros portar armas y se contratará a veteranos de guerra y oficiales de policía retirados para cuidar las escuelas del país. ¡El ratón cuidando el queso, porque los veteranos de guerra si que son generadores de masacres!

Un foco central del programa educativo de Trump es la universidad, considerada como un espacio de adoctrinamiento, de desprecio a los valores patrios, de difusión de los credos referidos a la diversidad racial y sexual. Esas universidades son dirigidas, al decir de Trump, por “lunáticos marxistas” que han impuesto un sesgo de izquierda que niega la grandeza de Estados Unidos y cuya finalidad es adoctrinar y pervertir a la juventud de los Estados Unidos.  Por ello, se ha propuesto erradicar la Teoría Crítica de la Raza, para enaltecer a los héroes blancos que son los protagonistas de la historia de Estados Unidos y de su grandeza.

3

Si un país se hace grande con el embrutecimiento de su población, con la expansión de la ignorancia por todos los rincones de su territorio, por el culto a la violencia y a las armas, por el racismo, el clasismo y la apología de los supermillonarios, por la discriminación de los migrantes, por la censura y quema de libros, por multiplicar a los rezanderos y dogmáticos evangélicos… está claro que Donald Trump va a hacer grande a Estados Unidos en términos educativos. Porque esos son, precisamente, los objetivos de la deseducación, que Trump y su círculo de allegados están llevando a la práctica. Y no parte de cero, porque a ese proceso de deseducación han contribuido demócratas y republicanos (todos igualmente neoliberales) desde hace medio siglo y además cuenta con una amplia base social, si recordamos los 77 millones de personas que votaron por Donald Trump.

Qué puede esperarse de un país en el cual se designa como Secretaria del Departamento Federal de Educación a una empresaria de lucha libre profesional, Linda Marie McMahon. Es una seña del darwinismo social, que concibe a la vida social como una competencia desenfrenada para que se impongan, no importan los medios que empleen, los más ricos, blancos y poderosos. Queda claro, para los deseducadores la instrucción de niños y jóvenes es un ring de lucha libre en donde los más racistas, violentos, rezanderos e ignorantes se imponen, aunque ahora, como Elon Musk, presuman de impulsar sofisticados tecnologías. Al fin y al cabo, la deseducación se aviene muy bien con el tecnofascismo.

Publicado en papel en El Colectivo (Medellín), abril de 2025.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente de la Información: https://rebelion.org/donald-trump-y-la-deseducacion-de-estados-unidos/

 

 

Comparte este contenido:

Escolasticidio, o genocidio de la comunidad educativa, en Gaza

Por: Renán Vega Cantor

Con todo el dolor del alma este escrito está dedicado a los niños palestinos que soportan el escolasticidio y a Marisol y Lucía, mis queridas hijas.

“La educación y todo el proceso educativo, junto con todos sus componentes, instalaciones e instituciones, están en el centro del objetivo sionista israelí. Este ataque es sistemático, es un asalto calculado, según la clasificación de las organizaciones de derechos humanos”. -Kram Wadi, profesor adjunto de Currículo e Instrucción en la Universidad Al-Aqsa

 “A quienes dicen por qué no hay educación en Gaza, los bombardeamos. Oh, qué lástima, ya no seréis ingenieros”. -Un soldado de Israel

«Estás matando todos los años dedicados a la formación, que en su totalidad serían básicamente miles de años de conocimiento, porque cada una de estas cientos de personas que han sido asesinadas ha trabajado al menos 10 años para obtener un doctorado, si no más». -Abdel Razzaq Takriti, profesor Universidad Rice en Estados Unidos.

El genocidio de los palestinos que realiza de manera cobarde e impune el Estado de Israel alcanza tales cotas de inhumanidad que se han tenido que inventar nuevos términos, porque los existentes son limitados e insuficientes para describir la macabra realidad que viven de manera cotidiana los habitantes de Gaza y Cisjordania. En este caso, las palabras se quedan cortas para señalar los nuevos crímenes nazisionistas. Estos son de tal magnitud que genocidio resulta siendo un vocablo que por su carácter genérico ‒aunque terriblemente cierto‒ no da cuenta de los nuevos crímenes que ha inventado el Estado de Israel, todos inscritos por supuesto en la órbita amplia del genocidio.

Entre esos crímenes existe uno particularmente brutal, que es realizado en forma premeditada y planificado con el claro propósito de matar, herir, destruir, arrasar de manera directa a niños, jóvenes, profesores y, en sentido más amplio, a la comunidad educativa. Para dar cuenta de esa nueva criminalidad estatal y terrorista se ha inventado la palabra escolasticidio, es decir, genocidio escolar, educacidio o educidio, con el cual se quiere dar cuenta de la destrucción sistemática, bien sea total o parcial, de la vida educativa de un grupo nacional, étnico, religioso o racial y de sus formas de organización educativa y cultural, como está aconteciendo hoy con el pueblo palestino.

COMPONENTES DEL ESCOLASTICIDIO

El vocablo escolasticidio fue acuñado por la profesora palestina de la Universidad de Oxford, Karma Nabulsi, en el que se combina el prefijo latino schola, que significa escuela, con el sufijo latino cidio, que significa matar. Más allá de lo literal, matar la escuela, habría que agregar que es una matanza masiva, sistemática, planificada, con el objetivo de destruir a la escuela y a los escolares. En forma esquemática e incompleta, dada la inventiva israelí en el terreno de la muerte y la crueldad, señalemos algunos de los rasgos que caracterizan al escolasticidio, para arañar, así sea superficialmente, la magnitud del crimen en marcha. Se trata también, como enseñanza derivada, que la comunidad educativa, en los diversos países, entienda el sentido y significado del genocidio escolar, porque allí se muestra un elemento del posible futuro que nos espera a todos nosotros si es que no hacemos nada para enfrentar los crímenes del nazisionismo.

Destrucción de escuelas y universidades: Israel expulsa los cuerpos de sus sitios de residencia, mata y destruye las subjetividades de los palestinos y destruye en términos materiales el aparato escolar, para que esta no tenga condiciones físicas de seguir operando. De esta manera, puede colegirse sin mucho esfuerzo que los bombardeos contra escuelas y universidades no son ningún daño colateral, ni se atacan los centros educativos porque supuestamente allí se refugian los combatientes de Hamas. Simplemente, un objetivo central del genocidio en curso es impedir que existan lugares, espacios, construcciones educativas en las que en el futuro inmediato puedan reanudarse las actividades escolares. Al respecto, la destrucción de las escuelas y universidades es de tal magnitud que en poco tiempo ha alcanzado niveles similares a los que se produjeron durante la Segunda Guerra Mundial, incluso peores si tenemos en cuenta que Israel se concentra en forma específica en la destrucción de los centros educativos, algo que no era tan evidente y directo ni siquiera en la Alemania nazi. Ahora han sido destruidas 400 escuelas y las doce universidades existentes. Aparte de todo, las escuelas que quedan en pie han sufrido destrucción parcial y muchas de ellas están tan deterioradas que no es posible habitarlas en un futuro cercano, salvo que se reconstruyan con todas las normas arquitectónicas del caso, lo cual va a durar décadas.

Palestinos inspeccionan los escombros de una escuela bombardeada por Israel el 6 de junio de 2024 en Nuseirat.

Para dar unos pocos datos sobre la destrucción de escuelas, mencionemos que a mediados de julio fueron destruidas cuatro de ellas, que fueron sometidas a incesantes bombardeos y fueron masacrados 25 niños. Sobre esto dice Juliette Touma, directora de Comunicaciones de La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Medio (UNRWA): “Esto se está convirtiendo en algo habitual. Sólo en los últimos cuatro días hemos visto cuatro escuelas atacadas” y “decenas de personas pagan el precio”. “Hemos convertido a la gran mayoría de las escuelas en refugios y en algún momento tuvimos un millón de personas alojadas en ellas”[1]. El jueves 18 de julio “la escuela Al-Falah, ubicada en el barrio de Zaytoun, al sureste de la ciudad de Gaza, fue objetivo de un ataque que dejó un saldo de dos civiles asesinados y cinco más heridos”[2].

La escuela Al-Falah, ubicada en el barrio de Zaytoun, al sureste de la ciudad de Gaza, fue objetivo de un ataque aéreo israelí la tarde del jueves 18 de julio, con cinco niños asesinados y dos heridos

Demolición deliberada de escuelas y universidades: Para darse cuenta de la perversidad genocida de Israel debe resaltarse que no es que solamente se estén destruyendo las escuelas por los bombardeos indiscriminados contra estas instalaciones y las personas que allí se encuentran. Existe algo de la misma saña criminal, consistente en la demolición programada de escuelas en diversos sitios de la palestina histórica, algo que se viene realizando desde hace décadas y que no ha cesado en los últimos meses. Así tenemos que se han demolido sedes de universidades, como la Universidad de Israa, que fue destruida desde sus cimientos con explosivos el 17 de enero de 2024, o sea, fue literalmente borrada del mapa. O lo menos conocido como la demolición de 42 escuelas de beduinos en el Valle del Jordán, con el objetivo de favorecer la colonización sionista en la zona. Esta técnica, criminal y terrorista de Israel, es de vieja data e involucra la destrucción de las casas de los palestinos, para que estos no tengan donde retornar. En el caso de los centros educativos se demuelen para que no existan lugares donde se pueda volver a estudiar tras el apaciguamiento de esta fase del genocidio.

La Universidad Islámica en la Ciudad de Gaza destruida por el ataque israelí del 15 de febrero de 2024 (AFP).

Ataques a las escuelas de las Naciones Unidas: En el caso de Israel su cinismo genocida no tiene límites, porque no existe ningún caso similar por parte de ningún país reconocido por la ONU ‒e Israel sí que es hijo ilegitimo de la ONU‒ en el que un estado de manera descarada ataque directamente las instalaciones de esa entidad. Al respecto, Israel se ha encargado de liquidar todas las instalaciones de la ONU, la mayor parte de las cuales están ligadas a la Agencia para los Refugiados de Palestina en Oriente Medio (UNRWUA), la cual administra escuelas, hospitales, centros de salud, albergues, campos de refugiados, restaurantes… Entre los ataques más criminales de Israel se encuentran los bombardeos contra escuelas y hospitales administrados por la UNRWUA, cuyas instalaciones han quedado pulverizadas y en cada uno de ellos han muertos decenas o centenares de palestinos, incluyendo miembros del personal administrativo de la entidad adscrita a las Naciones Unidas. Es decir, no solamente se asesina a palestinos, la mayor parte niños y mujeres, sino que se mata impunemente a funcionarios y empleados de la ONU, profesores, administradores, lo cual no genera ningún rechazo ni repudio especial de la mal llamada “Comunidad Internacional”. Entre uno de los ejemplos que pueden mencionarse se encuentra el ataque que se realizó en junio a una escuela de la ONU, en el que fueron masacradas 35 personas. El día 7 de junio un avión militar de Israel disparó dos misiles contra las aulas del último piso de la escuela en el campo de refugiados urbano de Nuserait. En el momento en que se produjo el bombardeo 6000 personas desplazadas se refugiaban en la escuela. Uno de los sobrevivientes, Udai Abu Elias contó: «Estaba durmiendo cuando ocurrió el incidente. De repente, oímos una fuerte explosión y los cristales rotos y los escombros del edificio cayeron sobre nosotros. El humo llenaba el aire y no podía ver nada. No esperaba salir vivo. Oí que alguien llamaba a los sobrevivientes para que salieran de debajo de los escombros. Me esforcé por ver mientras tropezaba con los cuerpos de los mártires»[3].

Hasta junio de 2024 han sido atacadas 190 escuelas e instalaciones gestionadas por la Agencia de la ONU para los refugiados palestinos. Además, Israel no discrimina y bombardea sin pausa los campos de refugiados y las escuelas que allí se encuentran, en donde se albergan niños. Muchos de esos campos de refugiados existen desde hace décadas, y han sido masacrados centenares de niños.Un ejemplo palpable lo representa lo sucedido el domingo 14 de julio cuando Israel volvió a bombardear la escuela de las Naciones Unidas del campo de refugiados de Nuseirat, en el centro de Gaza, y masacró a 13 personas, la mayoría niños.

Ataques y bombardeos a hospitales: Aunque la destrucción del sistema de salud de Gaza, que incluye el ataque sistemático a hospitales, constituye un crimen de guerra con sus propias particularidades que debe ser analizado de manera específica, debe ser incluido dentro del escolasticidio porque gran parte de los muertos y heridos son niños que se recuperaban de ataques previos o se les atendía por diversas enfermedades. De igual manera, se ataca a mujeres gestantes, lo quiere decir que en forma premeditada se agrede a la población relacionada en forma activa o potencial con el sistema escolar, con la clara intención de matarla. Aparte del bombardeo de hospitales debe incluirse el ataque a ambulancias donde se llevan enfermos y heridos, el allanamiento arbitrario y la evacuación forzosa de los hospitales y el asesinato aleve de pacientes en las camas en que se encontraban convalecientes.

No es una casualidad que los cobardes bombardeos que realiza la fuerza aérea de Israel sobre hospitales dejen centenares de muertos y de heridos. Al respecto valga mencionar que solamente en los dos primeros meses de la fase actual del genocidio, a finales de 2023 se presentaron 250 ataques a hospitales, centros de salud y ambulancias por parte de los ocupantes de Israel, que dejaron centenares de muertos. Un solo caso es demostrativo, el artero ataque con un misil por parte de Israel contra el hospital Al-Ahli que el 17 de octubre mató en forma instantánea a 421 personas y dejo centenares de heridos. Una descripción es suficientemente ilustrativa de este atroz crimen del sionismo, que como hemos dicho, forma parte también del escolasticidio:

“‘En el terreno quedaron cientos de víctimas, entre heridos y fallecidos. Las imágenes mostraban una gran cantidad de personas que yacían en el suelo’.

‘Partes del hospital están en llamas’, relató el cirujano británico-palestino Ghassan Abu Sittah. ‘No sé si es el servicio de urgencias, pero seguro que el quirófano sí. Parte del techo se ha caído. Hay cristales por todas partes’.

Otro médico aseguró que el 80% del hospital estaba fuera de servicio y que cientos de personas murieron o resultaron heridas en la explosión.

Además de los pacientes y personal sanitario que había en el hospital, en el interior y al exterior del edificio había civiles -unos 1.000, según los últimos reportes- que buscaban un lugar seguro ante los bombardeos israelíes”[4].

Bombardeo hospital Gaza: qué se sabe, quién es el autor y víctimas

Destrucción de infraestructura educativa: Cuando se habla de la destrucción material no se incluye solo a instalaciones de escuelas y universidades. Se involucra allí también la destrucción de sedes gubernamentales que están relacionadas en forma directa o indirecta con el sistema educativo. Así, el 15 de noviembre de 2023 Israel demolió la sede de la Asamblea Legislativa y la sede del gobierno de Hamas en la Franja de Gaza. Israel también bombardea y destruye restaurantes y cafeterías de colegios y universidades, los laboratorios, las zonas de esparcimiento, las instalaciones deportivas y todos los lugares de sociabilidad de profesores y estudiantes, así como las zonas administrativas que dirigen y coordinan las actividades escolares. Con la misma lógica criminal se destruyen museos, murales históricos, editoriales, imprentas, centros de producción artística, iglesias, mezquitas, edificios históricos y zonas arqueológicas.

Destrucción de bibliotecas y archivos históricos: Israel pretende borrar los lugares donde se encuentran depositadas las fuentes históricas y de conocimiento para las nuevas generaciones de palestinos. Se incurre en un memoricidio consciente y sistemático, con el objetivo de hacer añicos las bibliotecas y archivos existentes en Gaza. Cabe mencionar la destrucción del Archivo Central de Gaza de 150 años de existencia, en el que se guardaban tesoros documentales y bibliográficos sobre la historia palestina desde hace cientos de años, en especial desde la época del dominio otomano. Miles de documentos fueron destruidos por los ataques de Israel, con lo que se dio un paso más en el intento de hacer desaparecer del mapa todo lo relacionado con el pueblo palestino, incluyendo las fuentes históricas que registran su presencia en la región desde hace varios siglos.

Uso de escuelas como cuarteles e instalaciones militares por Israel: Aparte de desalojar a los niños y jóvenes de sus escuelas y universidades, el ejército sionista procede a ocupar los recintos educativos en forma militar y a usarlos como centros de operaciones logísticos y desde allí atacar al resto de la población gazatíe. Después suele bombardear y destruir las instalaciones que le han servido de centro de operaciones. Un claro ejemplo de esto que mencionamos fue la ocupación de la Universidad de Israa en diciembre de 2023, usada como centro logístico y operativo por los militares de Israel que, tras un mes de ocupación, fue demolida por los mismos ocupantes, quienes incluso bailaban de regocijo y dicha al contemplar y filmar su acción escolasticida.

Ataques y asesinatos de madres gestantes y lactantes: El futuro de la educación en Gaza está en cuestión por otro hecho terrible: en la actual ofensiva genocida por Israel han sido asesinadas miles de madres con sus hijos todavía en el vientre, otras han sido heridas o han quedado lisiadas. Muchos bebes sobreviven huérfanos desde la cuna, ante la muerte de su progenitora. Y las mujeres que quedan vivas deben dar a luz a sus bebés en duras condiciones, sin agua, sin condiciones higiénicas mínimas, sin apoyo médico y sanitario. Sus niños nacen desnutridos y abatidos desde el momento en que ven la primera luz del sol por el estruendo de bombardeos y el ruido ensordecedor de los aviones que lanzan los artefactos explosivos. Un solo ejemplo es revelador: “‘No podía evitar pensar en cómo se sentía mi bebé con cada explosión’. Así se expresaba hace escasos días una mujer embarazada que permanece en el norte de la Franja de Gaza ante el asedio israelí. Ella misma describía cómo su cuerpo temblaba con cada bombardeo mientras corría para refugiarse con su familia en una escuela después de que su casa fuera destruida por los ataques. Duerme en un suelo frío y sucio, sin comida ni higiene. ‘A medida que pasan las noches y avanzan los días se preocupa más. Cada día, cada hora y cada minuto tiene miedo del mundo al que traerá a su bebé y si estará bien’”[5].

Qué futuro puede tener un sistema educativo y un país en general si sus niños no pueden llegar al mundo y si lo hacen su esperanza de vida va a ser breve, teniendo en cuenta el contexto adverso en que llegan a esta tierra, y para completar soportando bombas y explosiones. Nacimientos prematuros y abortos espontáneos se presentan cada minuto en los hospitales bombardeados, donde las madres no solo esperan a sus hijos, sino que, con terrible incertidumbre, deben asumir que, en cualquier momento, sean bombardeadas y allí se acabe todo.

No por azar, dirigentes, políticos y gente corriente en Israel sostienen que debe exterminarse a los niños de Palestina porque, argumentan criminalmente, que estos van a ser futuros terroristas. Una sola muestra es ilustrativa en este sentido: Yelet Shaked, mujer del Parlamento israelí, ha afirmado sobre las mujeres y madres palestinas que «tienen que morir y sus casas deben ser demolidas. Ellos son nuestros enemigos y nuestras manos deberían estar manchadas de su sangre. Esto también se aplica a las madres de los terroristas fallecidos». Agregó con tono hitleriano: «Detrás de cada terrorista hay decenas de hombres y mujeres sin los cuales no podría atentar. Ahora todos son combatientes enemigos, y su sangre caerá sobre sus cabezas. Incluso las madres de los mártires, que los envían al infierno con flores y besos. Nada sería más justo que siguieran sus pasos». Remató diciendo que las mujeres palestinas, «Deberían desaparecer junto a sus hogares, donde han criado a estas serpientes. De lo contrario, criarán más pequeñas serpientes»[6].

Asesinato de estudiantes: En estos momentos se está produciendo el asesinato en masa del eje vertebral de cualquier comunidad educativo, esto es, los estudiantes. Y este crimen se perpetúa en forma sádica, porque todos los días se bombardean pueblos, zonas de refugio, campamentos, sedes de la ONU, hospitales, escuelas, universidades. Gran parte de quienes mueren por las “bombas inteligentes” de Israel son niños. Aunque las cifras son imprecisas y cambian minuto a minuto, dado que los bombardeos y agresiones del ejército sionista no se detienen, hasta el momento en que escribimos estas líneas se habla de unos quince mil niños asesinados, a los que deben agregarse miles de cadáveres que se encuentran entre los escombros de los edificios que Israel arrasa con sus tanques y aviones.

Los niños que tienen la suerte (¡!) de quedar vivos contemplan las escuelas destruidas, que son un oscuro recuerdo del lugar y el tiempo que pasaban con los amigos. Uno de ellos recuerda: «‘Salíamos durante el recreo. Íbamos a las aulas y paseábamos. El director venía a las clases’, dijo Abed al-Qara, alumno de quinto año básico, que inspeccionaba los daños con su amigo Muhammed al-Fajem en Bani Suhaila, situada al este de Jan Yunis, en el sur de la Franja de Gaza. ‘Nos daba los libros. Íbamos allí y veíamos quién entraba y salía; nos quedábamos en la puerta de la escuela. Vivíamos’»[7]. De eso solo quedan los edificios en ruinas, las aulas destruidas, los libros y cuadernos pulverizados. En fin, una muestra macabra de lo que deja el genocidio educativo y los sueños rotos de quienes deben representar el futuro, pero ¡qué radiante futuro que les deja la criminalidad sionista!

Francotiradores que asesinan a niños: Otra de las grandes hazañas de las fuerzas asesinas de Israel es la de matar a mansalva a niños, por medio de francotiradores. Esta práctica terrorista, y un crimen de guerra, se ha desarrollado desde hace años, pero se ha acentuado en los últimos meses.  El primer indicio radicó en que a los hospitales empezaron a llegar niños con heridas de bala en la cabeza. Un médico voluntario, Fozia Alvi, relató a The Guardian que en una unidad de cuidados intensivos atendió directamente a niños, quienes «no podían hablar, estaban parapléjicos. […] No eran los únicos. Vi incluso a niños pequeños con heridas directas de francotirador tanto en la cabeza como en el pecho. No eran combatientes, eran niños pequeños»[8]. Lo más sádico y criminal del asunto estriba en que luego de ordenar a la población que abandoné un lugar y, mientras huye, en el camino los francotiradores de Israel disparan a mansalva contra los niños.

Esos ataques se realizan de varias maneras: por francotiradores que están resguardados a cierta distancia; por militares que accionan ametralladoras que se encuentran montadas en blindados y usan proyectiles calibre 50 y utilizando sistemas de precisión con los que prácticamente no se falla un disparo, con lo cual está garantizada la muerte o el daño del niño atacado; otro método consiste en usar drones que llevan armas, que son accionadas a control remoto con disparos certeros que se dirigen a la cabeza de los niños.

Los francotiradores actúan también en Cisjordania, donde se ha incrementado el asesinato de niños por parte de matones del ejército o de los grupos paramilitares de los colonos ocupantes.

Uno de estos crímenes aconteció el 29 de noviembre de 2023, cuando fue asesinado un pequeño de nombre Adam, aficionado al futbol, y residente en el campo de refugiados de Yenín, una ciudad del norte de Cisjordania. Él se encontraba en compañía de su hermano y otros nueve niños, cuando aparecieron en escena varios carros de combate de Israel. Los niños salieron a correr y un soldado empezó a dispararles y mató a Adam, quien fue alcanzado por una bala que le rompió la nuca[9].

La utilización de francotiradores por las tropas sionistas es otro elemento característico del escolasticidio, puesto que su objetivo radica en matar o dejar parapléjicos de por vida a los niños, con lo cual desaparecen, por sustracción de materia, los niños-estudiantes, el soporte de cualquier sistema escolar.

Una foto familiar de Adam.

Asesinato de profesores y educadores: A la par del asesinato de niños y jóvenes, Israel asesina en forma fría y premeditada a profesores y educadores a todos los niveles del espectro educativo. Junto con los miles de niños asesinados se cuentan 266 profesores asesinados y 973 heridos, un registro parcial e incompleto hasta abril de este año sobre los educadores que han muerto como resultado de los ataques de Israel. Incluso, han sido asesinados rectores de colegios y universidades, porque en ese terreno los sionistas no discriminan ni distinguen, antes bien al contrario tienen claro que al matar a directivos y profesores están liquidando la posibilidad de que las escuelas renazcan en otros espacios, incluso al aire libre. De esta manera, se está destruyendo la savia vital, los profesores, que posibilitan el funcionamiento real de cualquier escuela. “El profesor, que es la piedra angular del proceso educativo, necesita que se le proporcione el elemento de seguridad física, psicológica y ocupacional, así como la provisión de las necesidades básicas y el restablecimiento de su apoyo financiero y moral por parte de las autoridades oficiales, especialmente desde que la devastadora guerra lo ha destruido todo”[10].

Mencionemos únicamente un caso del asesinato de un profesor en Gaza, el del poeta y narrador Refaat Alareer, quien es recordado por uno de sus estudiantes en forma conmovedora:

“Es difícil creer que ya es sólo un recuerdo, difícil aceptar que nunca más volverá a aparecer en su clase, a compartir su ingenio y el humor por el que era famoso. Para quienes le conocimos a lo largo de los años, Refaat es inmortal: es una idea, y las ideas no mueren. Refaat es una palabra y una historia, Refaat es una pluma y un juego de palabras. Refaat es nuestro poeta, narrador y mentor.

Sus enseñanzas eran universales: nos presentó a Malcolm X, John Donne, Shakespeare y Edgar Allan Poe junto a obras de autores palestinos como Edward Said, Susan Abulhawa, Ibrahim Nasrallah y Mourid Bargouthi, entre otros. […]

La conexión de Refaat con sus alumnos no se limitaba al aula. A menudo nos invitaba a dar clases al aire libre o cerca de la playa, ahora ocupada por las fuerzas israelíes. Nos invitaba a tomar café y siempre estaba pendiente de nosotros y de nuestras familias. […]

Refaat creía que las historias tienen un enorme poder de trascender ideas y personas. Solía decirnos que el movimiento sionista no colonizó Palestina de una sola vez: los sionistas trabajaron durante décadas para construir una narrativa que justificara la ocupación de Palestina. […]

Refaat argumentó que para que los palestinos mantengan viva su memoria y su causa, tienen que seguir contando su versión de la historia. Si dejamos de contar historias, traicionaremos a nuestros antepasados, nos recordaba constantemente. […]

Refaat tenía sentido del humor negro y el lenguaje era su juego. Se apresuraba a hacer chistes o juegos de palabras, divirtiendo a quienes le rodeaban. […]

Refaat era una amenaza para la narrativa israelí y por eso la inteligencia israelí lo llamó y le dijo que lo atraparían y que sabían que se refugiaba en una escuela. Refaat decidió abandonar la escuela y se dirigió a casa de su hermana, donde murió por un ataque aéreo israelí a las 18:00 horas del 6 de diciembre.

Las historias de Refaat siempre nos acercaban a nuestra patria y recordamos a Refaat llevando un libro en la mano y corriendo a otra cita. [Escribió] un poema titulado «Si debo morir», en 2011:

Si debo morir,
tú debes vivir
para contar mi historia
para vender mis cosas
para comprar un trozo de tela
y unas cuerdas,
(que sea blanca y con una larga cola)
para que un niño, en algún lugar de Gaza
mientras mira al cielo a los ojos
esperando a su padre que se fue en un incendio –
y no se despidió de nadie
ni siquiera a su carne
ni siquiera de sí mismo.
ve la cometa, mi cometa que tú hiciste, volando
por encima de
y piensa por un momento que un ángel está allí
trayendo de vuelta el amor
Si debo morir
que traiga esperanza
que sea un cuento.

Refaat no murió, se multiplicó, como dice la escritora palestina Susan Abulhawa, porque Refaat es una idea y las ideas no mueren”[11].

Si se asesina a los profesores de educación básica, de idioma local, de matemáticas, de ciencias, de literatura, de artes, de educación física, de geografía, de historia… quién y qué se podrá enseñar en el futuro inmediato a los niños que queden vivos. Esa es una de las finalidades más perversas del escolasticidio, matar las voces que pueden mantener viva la cultura y la historia y de un pueblo, de ahí que se liquide en forma premeditada a los maestros de la vida.

Un hombre con una flor en la cabeza

Descripción generada automáticamente con confianza media

Refaat Alareer, poeta, narrador y profesor de Gaza, asesinado por Israel el 6 de diciembre de 2023.

Asesinato de artistas, investigadores y científicos: Cualquier sistema educativo no está aislado de la cultura general de una nación, porque se nutre de ella, de sus aportes, saberes y conocimientos, a la cual también retroalimenta con sus propios conocimientos e investigaciones. En estas circunstancias, se constituye en un complemento criminal para destruir la educación de un país el asesinato premeditado de sus literatos, intelectuales, pensadores, científicos, artistas, músicos, poetas, cantantes… Y lo que Israel está haciendo, como parte del genocidio educativo y del etnocidio al que somete a los palestinos, es matar a los componentes de la nación palestina: a sus niños y sus escuelas, a sus jóvenes y sus universidades y a todos sus vectores culturales, mediante el asesinato de sus creadores intelectuales, científicos y artísticos. Es elevada la cifra de los que han sido y están siendo asesinados y se incrementa cada día con terribles noticias de nuevos crímenes que perpetran las fuerzas sionistas. Hasta el mes de abril de este año habían sido asesinados 45 artistas y escritores y más de un centenar de científicos, académicos y profesores universitarios.

Encarcelamiento y tortura de niños: Desde que existe como Estado colonialista, Israel captura y tortura a niños, en violación flagrante de elementales derechos de los infantes. Antes de iniciar la actual fase del genocidio en las cárceles de Israel se encontraba una gran cantidad de niños y jóvenes, cuyo número se ha incrementado en la actualidad con las redadas y capturas que cotidianamente llevan a cabo las fuerzas sionistas. Cada año, Israel detiene entre 500 y 1000 niños y adolescentes de Palestina. El patrón represivo es idéntico: redadas nocturnas y por sorpresa, ojos vendados y manos atadas a la espalda, sin que los familiares de los niños sepan de su destino. Luego son sometidos a tribunales militares, algo único en el mundo.

Esto supone que una parte de la niños y de la juventud es alejada por la fuerza de sus vinculaciones y actividades escolares, lo cual se alarga y agudiza en la medida en que los mantengan durante más tiempo en la cárcel y, en gran parte de los casos, sin pruebas y sin juicio de ninguna clase, simplemente porque así lo determina Israel.

Condiciones inhumanas para  niños presos en cárceles de “Israel”

Daños físicos, mentales y emocionales: Los bombardeos indiscriminados y cotidianos, el ver morir a sus seres queridos (padres, hermanos, amigos…), el quedar huérfanos, el hambre y desnutrición forzadas, la destrucción de las fuentes de agua potable, el arrasamiento de pueblos y escuelas, la suciedad y el abandono que genera la criminalidad israelí, todo eso ocasiona traumas físicos, mentales y emocionales en toda la población gazatíe, en especial en los niños. Esos traumas marcan a estos niños y quedaron en su ser para toda su vida. Los niños experimentan ansiedad, miedo, tristeza, dolor, pesadillas, recuerdos que los perturban e insomnio y una terrible sensación de incertidumbre al saber que pueden morir en cualquier momento por una bomba de Israel. Están rodeados por la muerte las 24 horas del día, sin perspectivas ciertas de que la situación vaya a mejorar. Sintetizado esta terrible situación emocional de los niños de Gaza, Jason Lee, director de Save the Children para los Territorios Palestinos Ocupados, afirma: «En tiempos de guerra, la gente suele buscar refugio en lugares seguros, pero ahora mismo no hay lugares seguros en Gaza y no hay forma de conseguirlos. Con una sensación de seguridad, la constante presencia tranquilizadora de la familia, algún tipo de rutina y un tratamiento adecuado, los niños y niñas pueden recuperarse. Pero muchos ya han perdido a miembros de su familia, algunos lo han perdido todo, y la violencia y el desplazamiento persisten. Una y otra vez, hemos advertido de que el peaje del conflicto y el bloqueo en la salud mental de los niños es demasiado grande. Incluso antes de esta escalada, más de la mitad de los padres y madres con los que hablamos informaron de que sus hijos se autolesionaban o tenían pensamientos suicidas.  Nos estamos quedando sin palabras para alertar sobre la magnitud del sufrimiento de los niños y las niñas en Gaza”[12].

Esos niños no hablan, a veces ni siquiera saben su nombre, no tienen ningún horizonte vital, literalmente Israel les ha matado todas sus ilusiones y ha creado las condiciones para que, en el futuro inmediato, las fuerzas de resistencia se nutran con nuevos combatientes. Qué otra cosa harán muchos de esos niños, si sus soportes vitales han sido destruidos o seriamente debilitados.

Niños que quedan solos y sin familiaresUnos veinte mil niños han perdido a cualquier familiar, porque sus casas han sido arrasadas por los bombardeos de Israel, que matan familias enteras. El resultado es tan pavoroso que en Palestina se ha inventado una nueva denominación para dar cuenta del asunto: “Niño herido, familia no superviviente”. Hay casos en que Israel ha asesinado a familias enteras (abuelos, padres, hijos, primos, sobrinos…) compuesta por más de treinta miembros, y entre los escombros ha quedado vivo un niño de ocho o diez años. En muchos casos, esos niños no pueden ni siquiera hablar, quedan en estado de shock tras los bombardeos y la desaparición física de sus padres. Los niños huérfanos sufren lo que se denomina el “síndrome de Gaza”.

Qué futuro y qué vida le espera a un niño que ha soportado una infamia de esta índole: “Una niña […] estaba con su familia en casa de su tío cuando fue bombardeada en las primeras semanas de la guerra. Murieron su madre, su padre, su hermano y sus dos hermanas. Le tuvieron que amputar una pierna”[13].

Suspensión obligada e indefinida del calendario escolar: En medio de la fase más cruenta del genocidio, en marcha desde el 7 de octubre de 2023, se han paralizado, por fuerza mayor, las actividades escolares con la suspensión del calendario previsto en las zonas ocupadas. Por ello, ningún estudiante asiste a la escuela desde el 6 de noviembre, cuando el Ministerio de Educación de Gaza suspendió el año escolar 2023-2024, hasta nuevo aviso, debido a los ataques masivos e indiscriminados de Israel, entre cuyos objetivos prioritarios se encuentran los centros educativos. De esta forma, han quedado fuera de la actividad escolar ‒un sistema que funciona en condiciones relativamente normales en cualquier país del mundo, incluso en aquellos territorios que se encuentran en guerra‒ 625 mil alumnos y sin empleo 22.500 profesores.

Expulsión y desplazamiento generalizado de niños y jóvenes: Un componente central del genocidio es el de la limpieza étnica que implica el asesinato y expulsión de la población palestina, un proceso que comenzó con la Nakba de 1948. Dicha limpieza étnica se ha radicalizado en los últimos meses y se expresa en la muerte de miles de personas y en la expulsión de cerca de dos millones de habitantes de Gaza, la Cárcel a cielo abierto más grande del mundo. Esa expulsión, que Israel, sus ideólogos y falsimedia occidental se encargan de presentar como una migración voluntaria de la población local, trae aparejados los numerosos despojos y pérdidas (de tierras, casas, propiedades personales…) que genera la súbita expulsión del lugar de residencia. Como gran parte de la población está constituida por niños, ellos son el principal componente de esa migración forzada, lo que significa que ya no van a estar en las escuelas en donde estudiaban o iban a estudiar, bien porque o esas escuelas han sido destruidas o bien porque ellos se encuentran lejos de sus zonas escolares. En la expulsión se pierden además elementos indispensables para cualquier actividad educativa, tales como pupitres, cuadernos, libros, lápices, computadores, material didáctico que nunca se recuperará y cuya sustitución hacia el futuro tendrá un elevado costo económico.  Esto lo manifiesta Ahmad, un niño de seis años, el cual se refugió en una escuela con su familia, luego de la orden de Israel de abandonar su territorio de nacimiento, “No sé qué le ha pasado a mi casa, [está] probablemente destruida con todos mis libros y juguetes”[14].

Incremento del suicidio de niños: Dados los niveles de trauma que ocasiona el genocidio, miles de niños y jóvenes, y con razones más que explicables, ya no le encuentran sentido a la vida y han optado por el suicidio. El nivel de desesperanza que causa la violencia extrema de los sionistas y que esos niños experimentan en su propia piel a diario, ha incrementado los suicidios. Niños de escasos diez años ya no quieren seguir viviendo y manifiestan que prefieren morir a estar abandonados, sin familia y sin amigos. Vicente Raimundo, director de Programas Internacionales de Médicos sin Fronteras, una persona que ha estado en la zona y que ha tratado a los niños de Gaza afirma al respecto: “Cuando a un chavalín de 7, 10 o 12 años, que no tiene los mecanismos adaptativos de un adulto, tiene a su hermano muerto en brazos, sus padres bajo los escombros, sus primos fallecidos, su casa no está, el colegio tampoco, ni siquiera su barrio, se le está arrancando todo lo que le ancla con esta tierra”[15]. Por supuesto, existe una correlación directa entre esas pérdidas y el aumento de los suicidios.

Hambrear y desnutrir a la población, en especial a niños y jóvenes: Un componente central del escolasticidio, y del infanticidio que lleva a cabo Israel, radica en reducir al máximo las posibilidades de subsistencia de los palestinos, mediante una política criminal de asfixia alimenticia. Para ello, se utilizan diversos procedimientos encaminados a que cabalgue uno de los jinetes del apocalipsis: impedir el ingreso de alimentos al territorio bloqueado de Gaza, bombardear los lugares de abastecimiento, masacrar a los palestinos que hacen fila para recibir alimentos (el hecho más conocido al respecto fue la Masacre de Harina el 1 de marzo de 2024), contaminar las aguas, destruir las fuentes de suministro de agua potable, obligar a la gente a consumir aguas negras, reducir el consumo de calorías al punto de subalimentar y desnutrir a la gente… Y esto no es aislado, afecta a dos millones de gazatíes que ya no tienen un mendrugo que llevarse a la boca. Es Israel que convierte en parte de la dura realidad el fantasma del hambre, para intentar matar de inanición a todo un pueblo. Por supuesto, los efectos de esta práctica genocida en la educación son inmediatos, porque se sabe que uno de los factores que, en términos individuales, impide la participación adecuada en cualquier sistema educativo es la desnutrición. Un niño desnutrido está incapacitado física y mentalmente para aprender y esas secuelas permanecen durante toda su vida, que en general es muy breve.

La desnutrición y el hambre, por otra parte, adquiere tal dimensión que miles de niños deambulan solitarios porque han perdido a sus familiares y ya no pueden ser acogidos por otras familias palestinas que enfrentan la disyuntiva de alimentar a sus hijos o los niños abandonados. Al respecto, Laura Bill, representante de la UNICEF para Palestina, sostiene: “Estamos viendo que, como en estos momentos la inseguridad alimentaria es tan grave y tampoco hay a penas agua o medicamentos, la población palestina que en otras ofensivas era sumamente acogedora está en la tesitura de tener que quitar comida a sus hijos, que están desnutridos, para dársela a un niño desconocido”[16].

Atenazados por el hambre, los habitantes de Gaza esperan para recibir  magras raciones - SWI swissinfo.ch
Niño palestino en la fila donde se reparte comida en Gaza. Foto: Reuters.

Destrucción del sistema de salud: Un complemento del escolasticidio, que amerita en sí mismo un análisis específico por todos los elementos involucrados de saña criminal, es el de la destrucción del sistema de salud, un elemento indispensable para el adecuado funcionamiento de la educación en cualquier país. Que haya hospitales y centros de salud, higiene y atención es necesario para que los niños puedan asistir a la escuela, porque se requiere tratamiento a tiempo si los infantes se enferman o sufren accidentes o deben cuidar su salud y deben reponer sus energías físicas y espirituales. Es decir, se necesita de servicio médico que les garantice a los niños la continuidad y permanencia en sus actividades escolares. Si eso normalmente debe ser así, imaginemos por un momento lo que acontece en un lugar devastado por los bombardeos de Israel, y en el cual su sistema sanitario ha sido sistemáticamente destruido. De tal forma, que los niños ya no cuentan ni con lo más elemental para reponer su cuerpo y su mente, en muchos casos heridos y mutilados como quedan luego de los ataques sionistas.

Se da el caso que, además, por el bloqueo criminal, ni siquiera los hospitales que se mantienen funcionando cuentan con lo más elemental, ni agujas, ni alcohol, ni antisépticos, ni agua potable, ni anestesia… Y así deben funcionar esos centros y sus médicos y enfermeros. Es obvio, que en estas condiciones no funciona adecuadamente ningún sistema educativo. Y por eso, este es un elemento del escolasticidio, ya que no se puede garantizar la supervivencia de los niños y jóvenes, muchos de los cuales mueren, aunque bien podían haber sobrevivido de existir condiciones básicas de tratamiento médico, algo imposible en un medio devastado por el genocidio, y cuando Israel bombardea directamente los hospitales, con el pretexto que allí se encuentran combatientes de Hamas.

En síntesis, el ataque y destrucción de hospitales pretende evitar que los niños heridos puedan recuperarse y nunca más vayan a la escuela o queden incapacitados físicamente de por vida o mueran por falta de atención médica. Un breve relato de Nyka Alexander, responsable de comunicación de la Organización Mundial de la Salud de la ONU. es elocuente. Allí se describe a “la gente durmiendo a la intemperie o en tiendas improvisadas entre montañas de basura y retretes al aire libre. La ictericia, una inflamación del hígado, se está extendiendo entre la población, incluso entre los niños. Las moscas se posan en las heces y luego en la comida, que no puede lavarse salvo con agua sucia”. Luego se agrega de manera lacónica: “Imagínense todas las aceras cubiertas de tiendas de campaña y en estos refugios improvisados. Imagínense las calles manando agua verdosa, azulada y negra que son heces mezcladas con basura. Imagina que no hay cubos de basura, que no hay recogida de basuras. Sólo hay montones de basura. . . Las moscas también están por todas partes y son muy agresivas. Quieren meterse en los ojos, quieren meterse en la boca”[17].

El impacto de la destrucción del sistema de salud y su inmediato efecto escolasticida se comprueba con dos datos aterradores que la ONU dio a conocer en días recientes y que afectan en forma directa e inmediata a los niños: la emergencia de una epidemia de poliomielitis en Gaza, cuando el polio había sido erradicado hace años en la región, reaparición que es producto de la contaminación de las aguas, la acumulación de basuras, la mezcla de aguas de consumo con aguas residuales, todo lo cual es un resultado directo de las acciones criminales de Israel; y  se registran al menos 40 mil casos de hepatitis en la franja de Gaza en los últimos ocho meses, una cifra que adquiere sentido porque antes del 7 de octubre solo se habían diagnosticado 85 casos, mientras que ahora aparecen alrededor de mil nuevos pacientes por semana[18].

Cortes de electricidad, de agua potable, de telefonía y de cualquier servició esencial: Otro componente relacionado con el genocidio educativo está referido a la destrucción planeada de los servicios básicos para la población, entre los que sobresalen el agua potable, la electricidad, la recogida de basuras, la limpieza de las calles de las ciudades… Pues Israel está destruyendo todo eso, con bombardeos a centrales eléctricas, redes de telefonía, sistemas de aguas y alcantarillados, como resultado de lo cual durante gran parte del día no hay luz eléctrica, no funcionan los teléfonos celulares, no existe abastecimiento de agua potable y las basuras (aumentadas por las toneladas de escombros de los edificios bombardeados) se acumulan en las calles, con lo que se producen epidemias y contagios, evitables, que afectan al grueso de la población. Todo esto conspira contra el funcionamiento del sistema educativo, porque las escuelas no pueden operar sin agua y sin energía. Esos dos servicios son indispensables para mantener unas mínimas condiciones higiénicas y acceder a aspectos elementales de la escuela como la electricidad, que alimenta diversas necesidades del mundo escolar. Por ejemplo, hoy que se le rinde tanto culto a la conectividad de internet, quién puede imaginar lo que acontece con la educación en Gaza, sí incluso les han destruido los pupitres a las escuelas, derrumbado sus aulas, quemado sus libros y cuadernos, bombardeado sus laboratorios. En ese contexto, cómo podría operar allí la conectividad, que es exaltada en el mundo occidental por supuestamente ser un vehículo inigualable de enseñanza y aprendizaje.

El hacinamiento, las condiciones antihigiénicas en los refugios, la falta de agua potable están propagando enfermedades que afectan en gran medida a los niños, tales como diarrea, infecciones agudas e infecciones cutáneas. En ese sentido, Jason Lee, Director de Save Children para Palestina, detalla: “Estamos escuchando historias desgarradoras de niños que sufren enfermedades debido a la falta de acceso a agua potable, como enfermedades de la piel, diarrea y deshidratación. Los niños nunca deben sufrir así, en ningún lugar. Estas infecciones también dejan a los niños deshidratados y, por tanto, sin agua limpia, en riesgo de muerte”[19].

Destruir el juego, la diversión y el jolgorio propio de los niños en sus escuelas: Los niños, a pesar del impacto del genocidio, no dejan de ser niños, es decir, siguen jugando e intentan divertirse en medio de las penalidades y la violencia generalizada y lo hacen en los pocos espacios que le pudieran quedar en los centros escolares que aún permanecen en pie. Uno de los objetivos de Israel es que los niños ni siquiera puedan jugar en tan adversas condiciones y por eso, bombardea con sadismo aquellos lugares a donde los niños están en actividades de esparcimiento. Un ejemplo referido al bombardeo de una escuela donde unos niños jugaban futbol lo ilustra, la masacre de la escuela Al-Awda: “Israel atacó el martes las instalaciones de una escuela en Gaza. El ataque produjo la muerte de al menos a 29 personas que se refugiaban allí y dejó heridas a decenas más. El momento en que estalló la bomba fue capturado en video por una persona que filmaba un partido de fútbol juvenil que se estaba disputando en el patio de la escuela Al-Awda. La pelota de fútbol estaba en el aire cuando la bomba explotó. [Quedaron] cadáveres por todas partes y personas heridas desangrándose entre los escombros, sin recibir ninguna atención”[20].

Si como resultado de un ecocidio no se oye ni el canto de los pájaros ni el zumbido de los insectos, porque desaparecen los sonidos de la vida y quedan los de la muerte, en el caso del escolasticidio se apagan las voces, llantos, risas, gritos de los niños, que con su felicidad espontánea demuestran la alegría de vivir. Eso es lo que quiere exterminar Israel, la alegría de vivir que expresa la risa de los niños. Por eso, los bombardea y masacra durante sus momentos de juego y diversión, como ha sucedido en numerosas ocasiones y se refrendó con la masacre de la escuela del campo de futbol, que describimos en este parágrafo.

La cultura del terror: A la hora de analizar diversos genocidios se ha acuñado la categoría cultura del terror, la cual es muy aplicable a lo que sucede con los palestinos y a la práctica cotidiana de las fuerzas de ocupación de Israel que caracteriza también el comportamiento racista y legitimador del genocidio de la mayor parte de habitantes comunes y corrientes del Estado nazisionista. Por cultura del terror debe entenderse el pánico que se genera en la vida cotidiana a los residentes locales, recurriendo a los más variados métodos de intimidación, con el fin de que el miedo impida la organización, movilización y respuesta por parte de los palestinos. El sistema educativo se constituye en un espacio privilegiado para desplegar esa cultura del terror, porque se trata de ir acostumbrando a los niños a los maltratos, agresiones, crímenes y todo tipo de violencia de que hacen gala las fuerzas ocupantes. Ese terror se despliega en las casas, en las escuelas, en las bibliotecas, en los museos y en todos los espacios de sociabilidad de los niños palestinos. Los van acostumbrando a asumir como si fueran normales los bombardeos, las invasiones de tanques, los disparos indiscriminados por parte de francotiradores, la destrucción de casas y escuelas… Esa normalidad criminal la impone por la fuerza del agresor ocupante y debe ser tolerada, sin chistar nada, por parte de palestinos. Es la escuela del crimen la que implementa Israel en la vida diaria, en sustitución de la escuela de vida que han querido construir durante décadas los martirizados palestinos.

Los dirigentes sionistas no lo ocultan, antes sacan pecho como si las barbaridades que dicen fueran normales y aceptables. Por ejemplo, El ministro de Seguridad de Israel, el ultranacionalista Ben Gvir, ha dicho:  «No podemos permitir que mujeres y niños (palestinos) se acerquen a la frontera; cualquiera que lo haga debería recibir un balazo en la cabeza»[21]. Y en esto cuenta con el apoyo incondicional de sus amos de Estados Unidos, puesto que el Congresista de ese país, Tim Walberg, ha dicho estas humanitarias palabras: “No deberíamos gastar ni un centavo en ayuda humanitaria. Debería ser como con Nagasaki e Hiroshima. Deberíamos terminar con esto rápido”[22].

Decir escolasticidio es hablar de manera implícita de infanticidio y juvenicidio, porque los asuntos están imbricados en forma estrecha: la destrucción de la escuela y la universidad es un ataque directo a niños y jóvenes, a sus intereses vitales en el presente y el futuro, y, al mismo tiempo, matar a bebés, infantes y adolescentes es parte del proyecto de quitarle el agua el pez, es decir, gente al sistema educativo. Es matar a la fuente nutricia de la educación de raíz, afectando de manera a directa a una generación, que ya no tendrá acceso a la escuela, bien porque esta ha sido destruida o porque sus integrantes, incluyendo los profesores, han sido asesinados

Destruir el pasado, el presente y el futuro de un pueblo: Todo lo planteado líneas arriba puede sintetizarse de manera lacónica diciendo que con el escolasticidio Israel busca, nada más ni nada menos, que destruir el pasado, el presente y el futuro del pueblo palestino. Desde luego, eso lo viene haciendo desde hace 80 años, proceso que se ha acelerado desde el 7 de octubre de 2023. Cuando la diferencia entre la vida y la muerte es de escasos segundos, cuando una persona no sabe las horas que le quedan de vida, cuando se teme ser bombardeado en cualquier momento, cuando se obliga a la gente a irse de sus casas, escuelas y lugares cotidianos de vida y se les reúne forzosamente en “zonas seguras” de refugio que luego son bombardeadas, cuando los palestinos han sido abandonados a su propia suerte y no cuentan con el apoyo real y directo de ningún país en el mundo…; en un lugar con todas estas características, se transforma la noción que tienen los niños sobre la vida, la muerte, el presente y el inexistente, para ellos, futuro. En esta dirección trágica y terrible el psicólogo David Musardo sostiene que existe una clara regresión en el estado físico, mental y anímico de los infantes que se expresa en que “los niños ya no conciben un mañana, viven al día, tienen una idea de la muerte y del presente completamente cambiada a consecuencia de estar en contacto directo con asesinatos todos los días. Muchos saben que probablemente mueran a causa de los bombardeos israelíes o por desnutrición de manera inminente”. Continúa señalando:

“Antes veías niños corriendo, que veían a los trabajadores humanitarios y nos pedían cosas, tocaban a la ventanilla del coche o simplemente querían jugar y ahora ves chavales de 12 o 13 que parecen físicamente hombres ancianos, con la cara dura, triste y quemada, que solo gritan de desesperación, tienen pánico y todo ello sin padres o abuelos que puedan consolarles ni escucharlos o darles espacio para su dolor”[23].

En qué futuro pueden pensar los habitantes de Gaza, y en especial sus niños y jóvenes, si tenemos en cuenta que la mitad de sus habitantes, en un territorio con un total de 2.3 millones de personas, tienen menos de 18 años. Es decir, ellos nacieron después de 2006 y han vivido toda su existencia en medio de un brutal bloqueo de Israel y han soportado numerosos ataques y bombardeos, agudizados en los últimos meses.

Si su presente es así, no puede haber una idea de futuro, a lo cual debe agregarse que para completar Israel destruye las fuentes del pasado, la historia y la memoria palestina, junto con la educación, en un proyecto que no habría ni soñado ni concebido el mismísimo Adolfo Hitler.

El Síndrome de Gaza: El genocidio en curso deja una terrible secuela entre los palestinos, y especialmente entre los niños, al que se ha denominado El Síndrome de Gaza, el trauma que soportan en la vida diaria y que llevan consigo como un fardo insoportable. El psicólogo David Musardo lo precisa: “La inmensa mayoría de ellos padecen depresión, ansiedad y estrés agudo ya que lo han perdido todo, dicen, ‘estoy nervioso, no puedo dormir, siempre pienso en cuando bombardearon mi casa o en la última vez que pude ver a mi madre antes de que la mataran’”[24]. Y por supuesto, esta no es una situación aislada y excepcional, sino que afecta a todos los niños, explicable porque han vivido alguno o varios de los hechos que se han convertido en pan de cada día en el genocidio: bombardeos, ataques indiscriminados, redadas, encarcelamientos, torturas,  muerte de alguno de sus familiares y amigos, destrucción de sus escuelas, demolición de sus casas, expulsión de sus lugares de origen, hambre, destrucción del sistema eléctrico, sanitario y de agua potable… Por ello, el 95 por ciento de los niños de Gaza soportan estrés agudo. La mayor parte de los niños no pueden entender ni concebir las razones que explican la violencia extrema que soportan, ni tampoco comprender por qué caen asesinados sus padres y familiares, y todo ello los condena a la indefensión absoluta.

ALGUNAS CIFRAS DEL HORROR DEL ESCOLASTICIDIO

En este ensayo antes que dar cifras, hemos intentado presentar una descripción somera de cada asunto y un análisis sintético de tipo cualitativo. Sin embargo, los datos ayudan a visualizar la magnitud del genocidio educativo, aunque por supuesto las cifras por contundentes que sean no pueden sustituir a las personas de carne y hueso que soportan el genocidio. Además, estas cifras se van quedando cortas y anticuadas a medida que pasan los días y los crímenes de Israel se mantienen al mismo ritmo e incluso se incrementan.

A la fecha han sido atacadas 400 escuelas, han sido asesinados 40 mil palestinos y 90 mil han resultado heridos. Uno de cada tres muertos es niño, lo que equivale que a la fecha han sido masacrados unos 14 mil niños. Miles de personas, un número incierto e impreciso, de seres humanos yacen muertos debajo de los escombros. Han sido asesinadas 520 personas que se albergaban en refugios de la UNRWA y ahí mismo han sido heridas 1.600. Existen dos millones de desplazados internos, que adicionalmente han sido expulsados hasta diez veces de diversos lugares en los últimos diez meses.  Cada diez minutos es asesinado un niño en Gaza.

Se calcula que 8.500 estudiantes han sido asesinados por Israel, cifras que solo cubren hasta comienzos de julio y 14.500 estudiantes han resultado heridos. De las 320 escuelas que se convirtieron en refugio de los palestinos que Israel expulsa cotidianamente, 190 han sido atacadas por las fuerzas sionistas. Se han destruido todas las universidades existentes en la Franja de Gaza, un total de 12 instalaciones que han sido voladas y demolidas.

Israel ha lanzado 80 mil toneladas de bombas, arrasando lo que se encuentra a su paso y con miles de seres humanos y animales domésticos y silvestres que allí habitaban. Desde el 7 de octubre, han perdido la vida tres rectores, 95 decanos y 231 profesores universitarios. Una gran mayoría de los niños gazatíes y 88.000 estudiantes universitarios, se enfrentan a la privación de su educación por la guerra. 625.000 estudiantes han sido separados de la escuela y un millón de niños padecen problemas de hambre por la falta de agua potable y alimentos, y soportan carencias de salud y vivienda.

Todo lo anterior no son cifras insustanciales, se refieren a seres humanos a los que Israel asesina y destruye impunemente. Tenemos que considerar lo esencial: “Por desgarradoras que sean estas cifras, no son más que números. Pero los muertos de Gaza no son números. Eran seres humanos, la mitad de ellos niños y niñas, cuyas vidas han sido apagadas, su potencial borrado para siempre, sus seres queridos abandonados a un dolor que los consume por completo. Muchas víctimas murieron solas, con un dolor extremo, o padecieron un sufrimiento inimaginable”[25].

EL “ESCOLASTICIDIO” INTELIGENTE: COMPLICIDAD Y PARTICIPACIÓN DE EDUCADORES Y ACADÉMICOS DE ISRAEL

Vamos a cerrar este escrito haciendo alusión a un hecho que no puede pasar desapercibido y que está referido a la complicidad o directa participación de una parte sustancial ‒con honrosas excepciones, por supuesto‒ del mundo educativo de Israel en el escolasticidio de los Palestinos.

Esto quiere decir que unos profesores y estudiantes participan, los de Israel, consciente y obedientemente en el asesinato de otros estudiantes y profesores, los de Palestina. Esta es una clara muestra del odio, racismo, discriminación y criminalidad que se genera en un medio que se supone, por su nivel de formación educativa y de conocimiento, debería rechazar su participación en esos crímenes. Eso es soñar despierto, pues se sabe que investigadores, profesores, científicos, artistas, jóvenes estudiantes y universitarios de Israel participan complacientemente en el escolasticidio de los palestinos.

Al respecto, solo consideramos dos aspectos de manera general: el odio hacia los palestinos que se genera desde la escuela de diversas maneras, en la que resalta el tipo de historia que se enseña; y el papel de universidades y académicos en el genocidio en Palestina.

Una historia escolar que fomenta el odio hacia los palestinos

“Los libros escolares israelíes ‒desafiando a la evidencia factual‒ todavía presentan a los palestinos como los matones y a los israelíes como las víctimas y como los protectores de la tierra”. -Nurit Peled-Elhanan, Palestina en los textos escolares de Israel, Buenos Aires, Editorial Canaán, 2016, p.  321.

Por referencias de autores que han estudiado los libros de texto con los que se enseña a los niños de Israel se puede señalar que, tras analizar decenas de libros de diversas asignaturas escolares, entre ellas de manera preferente la historia, esos investigadores concluyen de manera inequívoca que, desde la escuela, con los textos y con la reproducción de los estereotipos que allí se encuentran por parte de los profesores, se enseña a odiar a los árabes en general y a los palestinos en particular[26].

En esos textos se encuentra una justificación de los crímenes de Israel y de su interminable terrorismo estatal, desde finales de la década de 1940, cuando se presentó la Nakba de los palestinos que ocupaban ancestralmente las tierras que el naciente estado de Israel y sus paramilitares les arrebataron violentamente y los expulsaron a sangre y fuego. De ahí en adelante, todas las agresiones y crímenes de Israel son presentadas como parte del proceso de recuperación de la “tierra santa” y del regreso triunfal de unos colonos, unos simples invasores, que retornan a los lugares que la Biblia y otros libros religiosos presentan como si fueran su propiedad divina.

Los procedimientos que se utilizan en los libros de texto parten de ignorar y desconocer la existencia de los palestinos y de su cultura. De esta forma, en los textos no se incluye, ni verbal ni visualmente, algún aspecto cultural digno de destacar de la vida de los palestinos. Allí no hay menciones de la literatura, poesía, historia, agricultura, arte, arquitectura, ni de las costumbres y tradiciones de los palestinos. Este desconocimiento, conscientemente concebido por el Ministerio de Educación y la autoridades encargadas de regular los libros de texto y replicado por los autores de esos manuales, se sustenta en el prejuicio sionista de que la tierra que ocuparon estaba vacía y fue llenada por un pueblo prospero, industrioso y trabajador, por supuesto los israelitas. Es el mito de una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra.

Ese desconocimiento se complementa con el hecho de que las pocas menciones que se efectúan de los palestinos son racistas y discriminatorias y se les suele presentar con los motes de terroristas, refugiados, y agricultores primitivos, «asesinos», «alborotadores», «sospechosos», “atrasados e improductivos. Estos estereotipos racistas son la norma en los textos escolares y eso es lo que se les repite a diario en las clases, es lo que los niños leen en los textos que tienen a la mano y es lo que les dicen en sus casas sus padres y familiares más cercanos.

Con estos supuestos, en los libros de texto se presenta una visión en la que los sionistas libran una “guerra justa” contra un enemigo que se niega a reconocer los pretendidos legítimos derechos de Israel. En estas condiciones, «los libros de texto dedicados a los más pequeños tienden a describir los actos de los árabes como hostiles, desviados, crueles, inmorales, injustos, con la intención de herir a los judíos y de aniquilar el Estado de Israel”, señala el investigador Daniel Bar-Tal de la universidad de Tel Aviv luego de haber estudiado 124 textos escolares que se han usado en la mala educación de los niños de Israel en varias épocas de la historia reciente[27].

Por supuesto, la historia que se enseña en Israel es maniquea, ya que por un lado están los malos, los árabes y palestinos, y por el otro los buenos, los judíos y los sionistas. Estos son presentados como industriosos, trabajadores, valientes, modernos, occidentales, progresistas… y eso se comprueba con la transformación del desierto en florecientes tierras de cultivo, algo que en esa lógica nunca habían hecho los árabes ni los palestinos. Tal mensaje se enfatiza con la utilización de diversos estereotipos, que repiten y complementan los arriba mencionados. Los árabes se muestran como «poco cultos, inferiores, fatalistas, improductivos y apáticos», «tribales, vengativos, exóticos, pobres, enfermos, sucios, ruidosos, de color» que «quemaban, asesinaban, destruían y se exacerbaban fácilmente»[28].

El desprecio de los palestinos se traduce en el odio cotidiano que sienten los niños que, poco después cuando se hacen jóvenes se convierten en miembros del ejército de Israel. No sorprende que la mayor parte de estudiantes salga con ganas de golpear y matar a los palestinos, a cualquiera de ellos y con el primero que se encuentren, incluyendo a los niños de los territorios ocupados. Y eso es lo que se hace a diario, si recordamos que las fuerzas militares de Israel están formadas en una gran proporción por jóvenes que matan sin compasión a los palestinos. Es decir, llevan a la práctica de manera consecuente el odio que les inculcaron pocos años atrás y que niega la existencia de los palestinos o a lo sumo los ven como incomodos obstáculos que hay que eliminar en el camino incontenible de Israel por expandirse a costa de los habitantes que ocupan las tierras que por condición divina les pertenecen a Israel, pues eso dicen las “sagradas escrituras” desde hace miles de años.

Autores que han analizado con detalle la percepción de los niños de Israel ayudan a precisar la manera en que se enquista el odio. Un estudio que analizó una muestra a estudiantes, de los grados de cuarto a sexto a partir de cinco preguntas en una escuela de Haifa, para medir la forma en que se ve a los árabes, presentó estos resultados: “El 70% de los niños describieron al ‘árabe’ como un asesino, alguien que secuestra niños, un criminal y un terrorista. El 80% dijo que veía a los árabes como sucios y con cara aterradora. El 90% de los alumnos afirmó que los palestinos no tenían derecho alguno sobre la tierra en Israel o Palestina”[29].

Y no puede ser algo diferente porque en los textos escolares eso es lo que se repite hasta la saciedad sobre los árabes y palestinos. Así, en un estudio que hizo un investigador de 1700 libros de Israel para niños, que fueron publicados después de 1967, encontró que en 520 de ellos había descripciones humillantes y negativas sobre los palestinos: “El 66% de los 520 libros se referían a los árabes como violentos; el 52% como malvados; el 37% como mentirosos; el 31% como codiciosos; el 28% como falsos; el 27% como traidores, etc.”.  El investigador Adir Cohen indica que los autores de estos libros inculcan de manera eficaz el odio hacia los árabes al despojarlos de su naturaleza humana, al bestializarlos y encuentra, a partir de 86 textos escolares, las siguientes descripciones: homicidas, serpientes, sucios, animales viciosos, sanguinarios, belicistas, asesinos, camellos con joroba…[30]

En conclusión, en Israel se enseña a los niños a odiar: a los palestinos, a los musulmanes, a los árabes en forma general y todo aquel que apoye o se solidarice con la causa palestina. A todos ellos se les descalifica olímpicamente con el mote de ser antisemitas, son los gentiles que odian eternamente a los sufridos judíos.

En la práctica cotidiana ese odio está militarizado, puesto que los niños de Israel desde sus primeros años de vida están rodeados de armas y a ellos se les inculca el respaldo a los militares que van a masacrar palestinos. Así, encontramos imágenes de diversos momentos de la historia reciente de Israel y de sus permanentes agresiones a las zonas ocupadas, preferentemente a Gaza, en que los niños despiden efusivamente a los soldados que van en los tanques que pisotean lo que encuentran a su paso o que pilotean los aviones que van a bombardear a los palestinos, incluyendo a niños. Se pueden observar imágenes detestables en que los niños dibujan en los tanques y aviones de los genocidas tiernos muñequitos y les desean mucho éxito y logros a los soldados-asesinos, muchos de los cuales son los padres o familiares de los niños que los despiden.

Y, para rematar, eminentes historiadores profesionales y académicos de Israel niegan el genocidio y los crímenes del sionismo. Al respecto, un botón de muestra es ilustrativo. En días recientes el historiador Benny Morris, investigador y profesor de la Universidad Ben-Gurión del Néguev, en una entrevista televisiva señaló sin inmutarse y con un cinismo que raya en la criminalidad que Israel no ha bombardeado hospitales en la franja de Gaza: «El único hospital que recuerdo que haya sido bombardeado fue con un cohete disparado por la Yihad Islámica por error. […] Israel ha atacado hospitales, pero con infantería, y encontró allí a gente de [el movimiento palestino] Hamás, cuarteles generales de Hamás dentro de los hospitales, debajo de los hospitales»[31].

Participación de universidades, laboratorios de investigación y académicos en el escolasticidio

[La imagen de Israel, para casi todo el mundo, se ha transformado] «de un grupo de idealistas sobrevivientes del Holocausto que querían hacer florecer el desierto, a una pandilla de fanáticos rabiosos que han convertido en ciencia las técnicas para brutalizar a niños de 12 años”. -David Graeber, citado en Stefano Portelli, La antropología frente a la limpieza étnica, diciembre 27 de 2023. Disponible en: https://observatoriconflicteurba.org/la-antropologia-frente-a-la-limpieza-etnica/ [Énfasis nuestro]

En Israel existe un vínculo directo entre el sistema universitario y el sionismo desde diversos ángulos. En primer término, en lo relacionado con la legitimación ideológica del dominio sionista, al que se le atribuyen, por notables académicos e investigadores que están ligados al mundo universitario, una pretendida superioridad moral, basada en valores religiosos, que permite justificar la limpieza étnica, el apartheid y las prácticas genocidas. Entre los elementos más vergonzosos de esa legitimación se encuentra lo que se denomina arqueología y antropología sionistas. Valga relatar lo que se dice, por ejemplo, en el prospecto del Museo Arqueológico de Tel Aviv: “Las excavaciones llevadas a cabo a lo largo y ancho de Israel por los investigadores, han desvelado una verdad inobjetable: Dios ha elegido a su pueblo para gobernar sobre Tierra Santa. […] Por lo tanto, este museo, que atesora la herencia divina de los antepasados, servirá para mantener eternamente el fervor nacionalista y el amor patrio de las futuras generaciones”. Y se agrega en un video de propaganda de ese Museo que “el pueblo judío nunca olvidó su capital eterna […]. Tres mil años después del rey David, hemos vuelto al monte donde todo empezó”[32].

Israel utiliza la arqueología, por supuesto con participación consciente de antropólogos y arqueólogos, como un arma de guerra para justificar su expansión y apropiación de los territorios ocupados de los palestinos, a los que se les cambian sus nombres históricos árabes y se les reemplaza por denominaciones bíblicas, ajustadas a los intereses geopolíticos de Israel. Se trata de hurgar en los territorios palestinos y expulsar a sus habitantes para encontrar los rastros del pretendido pasado bíblico. Lo peor radica en que allí donde supuestamente se encuentran esos rastros de la presencia judía en tiempos antiguos, hace miles de años, los arqueólogos proceden a excavar con buldóceres ‒son los únicos arqueólogos que hacen eso en el mundo‒, lo que implica tumbar las casas de los habitantes actuales, palestinos y arrasar con barrios enteros, bajo el pretexto de haber encontrado lugares santos de Israel. Con ese procedimiento se han destruido barrios musulmanes con siglos de historia real, para desenterrar quimeras bíblicas, supuestamente encontradas por los arqueólogos sionistas.

De lo que se trata para Israel y sus dirigentes sionistas, para lo cual cuentan con el respaldo de eminentes académicos e investigadores, es de borrar y reescribir la historia de la región, y para eso emplean la arqueología como un arma para borrar el pasado palestino e inventar un milenario pasado israelí de supuesta presencia en el lugar. En otros términos, es una forma de justificar una invención actual del sionismo para reclamar una pertenencia milenaria a las tierras palestinas. Esto se hace a partir de un risible, pero criminal presupuesto: “Los sionistas dependen de millones de personas en todo el mundo que han sido engañadas para creer que hay una verdad histórica en la Biblia, que piensan que el Israel de hoy es el verdadero y legítimo sucesor del Israel bíblico y que permiten a los sionistas reclamar la Biblia como su libro de historia real”[33].

En segundo lugar, algo evidente en los actuales momentos, es la directa participación de las universidades, de sus profesores y estudiantes (con un 95% de aceptación consciente) en el genocidio de Gaza, en el escolasticidio o academicidio en marcha. Investigaciones minuciosas que se han realizado en España demuestran con datos y cifras concretas el aterrador prontuario de las universidades de Israel en el asesinato de Palestinos y en la limpieza étnica en marcha. Todas las universidades de Israel han participado, sin excepción alguna, en el genocidio de manera además directa, mediante el apoyo a actividades militares, con el fomento de programas de I+D [Investigación y Desarrollo] para inventar artefactos, armas, inteligencia artificial, drones… que luego se experimentan en Palestina[34]. Como quien dice, todas las universidades de Israel como instituciones ligadas al Estado sionista ‒perdiendo cualquier viso de autonomía e independencia‒ han participado en la destrucción de todas las universidades de Gaza (doce en total que, como vimos arriba, han sido arrasadas total o parcialmente) y en la destrucción de escuelas, bibliotecas, centros culturales, museos y, por supuesto, en la masacre de estudiantes y profesores de Palestina. Se constata que profesores y estudiantes del lado israelí participan conscientemente en la muerte de profesores y estudiantes del lado palestino. ¡Una vergüenza para el saber y el conocimiento y para los profesores y estudiantes del mundo entero!

Vamos a dar un solo ejemplo, ilustrativo de lo que estamos señalando, el caso de la Universidad de Haifa. Esta universidad, una institución de punta en los vínculos criminales entre el saber académico y el estado sionista y sus necesidades bélicas, cuenta en la actualidad con unos dieciocho mil estudiantes, cinco mil de los cuales se encuentran en el campo de batalla en Gaza, donde también están decenas de profesores que son reservistas de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Esta participación es alentada por las autoridades de la Universidad de Haifa, que los considera y los trata como “héroes” (¡brillantes héroes que masacran bebes, niños, madres gestantes…!). Para facilitarles su inserción en la programación habitual, esa universidad les ofrece cursos virtuales, que pueden realizar en sus tiempos libres mientras prestan el servicio militar. Dicho de manera más contundente, luego de bombardear y masacrar a los palestinos, los militares inscritos en la universidad retoman sus cursos vía online, en la que se involucran en temas diversos, entre los que se pueden encontrar asuntos tan cruciales para el bien de la humanidad, tales como los de elaborar armas y técnicas militares para seguir asesinando palestinos. Un profesor de la Universidad de Haifa, y presidente de la Escuela de Ingeniería Afeka, dependiente de dicha universidad, dice al respecto en una ceremonia de graduación el 19 de junio: «Nos comprometemos firmemente a garantizar que cada estudiante complete el año académico con éxito ya tiempo, sin abandonos debido a la guerra, y estamos haciendo todo lo que está en nuestro poder para lograr este objetivo. Para aquellos que han respondido al llamado al servicio con profunda disposición, debemos brindar un apoyo inquebrantable y asistencia para ayudarlos a completar sus estudios, preocupados por su futuro y sin comprometer la calidad de su educación»[35].

Por supuesto, muchos de esos estudiantes-soldados se están especializando sobre el terreno, experimentando en el laboratorio palestino las prácticas genocidas que han aprendido desde la escuela, en lo relativo a las técnicas de guerra y opresión de los habitantes de Gaza y Cisjordania. Tal es el caso de una estudiante, llamada Nofar Shlosberg, la cual estudia ingeniería de software y trabaja directamente con el Ministerio de Defensa de Israel en un proyecto de drones para la FDI. Esta estudiante-soldado-genocida sostiene con orgullo: «Afeka realmente me preparó para el éxito y se aseguró de que me fuera bien a pesar de mis obligaciones en el ejército. También me enseñaron las habilidades que necesitaba para obtener un buen trabajo incluso antes de graduarme. Ahora, en el Ministerio de Defensa, veo a muchos graduados de Afeka que también están desarrollando tecnologías innovadoras e interesantes, y siento que somos parte de una familia. Es reconfortante verlo»[36].

La Universidad de Haifa concede a los estudiantes-soldados becas para que concluyan sus estudios apenas terminen sus labores genocidas en tierras de Palestina. Para eso, cuentan con el asesoramiento de profesores que en “forma bastante comprensiva” se comprometen a darles todo tipo de ayuda, de ellos como académicos y de la universidad como institución, para que exista un complemento adecuado y exitoso en el tránsito de las armas a la universidad y viceversa. Es decir, facilita que se pase sin interferencias de las aulas a los campos de muerte, a donde se masacra a los palestinos, con la aplicación de importantes innovaciones tecnocientíficas que se desarrollan en laboratorios de la Universidad de Haifa.

Nada esto sorprende, porque desde 2018, la Universidad de Haifa fue premiada con una licitación mediante la cual les otorga títulos académicos a oficiales de las FDI en las tres academias militares existentes: el Colegio de Comando Táctico, el Colegio de Comando y Estado Mayor, y el Colegio de Defensa Nacional. En esos estudios, “entrenan a cientos de oficiales, comandantes y figuras importantes del sector público a la institución. A nivel nacional, esto permite coherencia en las calificaciones académicas a largo plazo de los comandantes de las FDI y mejora la educación académica que adquieren en paralelo con los cursos militares”[37].

Cuando se otorgó la licitación, el presidente de la Universidad de Haifa, el profesor Ron Robin, afirmó que la universidad estaba «orgullosa de abrir nuestras puertas a los miembros de las Fuerzas de Defensa de Israel y de ser el hogar académico de las fuerzas de defensa y seguridad de Israel. Estos hombres y mujeres, que son queridos para nosotros, operan día y noche por la defensa y seguridad del Estado de Israel, y les proporcionaremos contenido educativo de la más alta calidad«. Claro, contenido educativo de altísima calidad para masacrar palestinos, utilizando sofisticados procedimientos tecnocientíficos, que se enseñan en las aulas de esta universidad de la muerte.

Los administradores de la Universidad y de la Escuela de Ingeniería Afeka no niegan que el objetivo estratégico de esas instituciones consiste en vincular estudiantes y militares a través de la alta tecnología de guerra y genocidio. Al respecto el rector, el profesor Moyal, señaló en una reciente ceremonia de graduación: «Te miro a ti y veo el futuro ‒el futuro de la industria de alta tecnología, el futuro de la economía israelí, el futuro de la sociedad, el futuro del país. Para nosotros, ustedes representan una parte significativa de la ‘imagen de la victoria’ de este país. Estoy lleno de orgullo por cada uno de ustedes»[38].

Que duda queda, después de soportar este insulto a la inteligencia humana por parte de una universidad y sus altos directivos. sobre los vínculos entre las instituciones educativas de Israel y el escolasticidio de Gaza, para que conste la manera cómo conscientemente participa un sector de educadores, ligados al proyecto sionista, en la destrucción del sistema educativo de territorios invadidos y colonizados, como lo son Gaza y Cisjordania

En última instancia, no existe ninguna separación en Israel entre los campus universitarios y los cuarteles, son las dos caras del mismo militarismo criminal del sionismo. Eso explica que las universidades tengan bases militares dentro de sus instalaciones, fomenten la militarización de la vida universitaria, permitan la presencia cotidiana de militares uniformados y con armas y más allá en Palestina respalden los asentamientos ilegales, el apartheid, la limpieza étnica, financian y apoyan a estudiantes y profesores que participan directamente en las acciones genocidas… En síntesis, respaldan al “ejercito más moral del mundo”, como reza la propaganda sionista, que traducido a nuestro humilde castellano coloquial quiere decir el “ejercito más criminal del planeta”. Esto alcanza tales cotas de cinismo que, en el anfiteatro de la Universidad de Tel Aviv, se guardan los cadáveres de los palestinos asesinados, en muchos de cuyos cuerpos se realizan experimentos y también en esa universidad se guardan documentos y materiales saqueados en los archivos y bibliotecas de Palestina.

Para concluir, no sorprende en concordancia con lo señalado que el Instituto Weizmann de Ciencias repita la propaganda del régimen de Benjamín Netanyahu que el genocidio sionista es resultado de la lucha de la “luz contra la oscuridad” (civilización de Israel contra la barbarie de los palestinos), y agregue que esa universidad representa “la voz de la ciencia [que] es poderosa y “puede resonar más allá de las paredes de los laboratorios”. En términos menos prosaicos, esto quiere decir sin eufemismos que la técnica y la ciencia no están separadas de los intereses ideológicos y políticos del sionismo, y este se encarga de demostrarlo en los territorios ocupados de Palestina, donde el escolasticidio supone que estudiantes y profesores de Israel participen en forma consciente en la masacre de otros muchos estudiantes y profesores de Palestina, eso sin pestañear y a nombre de la defensa de la civilización occidental.

OSP UC  | El pasado 18 de enero, la universidad Al Israa en Gaza fue  bombardeada por Israel perjudicando a estudiantes de pre y posgrado, así  como… | Instagram

NOTAS


[1]. https://news.un.org/es/story/2024/07/1531091

[2]. https://ciudadccs.info/publicacion/20045-estado-sionista-de-israel-destruye-escuela-en-gaza

[3]. https://www.bbc.com/mundo/articles/cn33v258nlyo

[4]. https://www.bbc.com/mundo/articles/c9re1dk7914o

[5]. https://www.eldiario.es/desalambre/dar-luz-bombas-desafio-extremo-enfrentan-gaza-150-mujeres-embarazadas-dia_1_10616212.html

[6]. [https://actualidad.rt.com/sociedad/view/134489-diputada-israel-matar-madres-palestinos].

[7].  https://es.marketscreener.com/cotizacion/divisas/EURO-ISRAELI-NEW-SHEKEL-E-60037304/noticia/Los-ni-os-de-Gaza-a-oran-sus-d-as-de-escuela-antes-del-conflicto-46470520/

[8]. https://actualidad.rt.com/actualidad/504750-francotiradores-israelies-disparan-deliberadamente-ninos

[9]. https://www.koha.net/es/jackpot/418785/vrasja-e-8-vjecarit-palestinez-qe-coi-ne-hetim-te-izraelit-per-krime-lufte

[10].https://ctxt.es/es/20240201/Politica/45669/Mahmoud-Mushtaha-cronica-educacion-estudiantes-bombardeos-gaza-palestina-israel.htm

[11]Yousef M. Aljamal, “Homenaje de un estudiante a Refaat Alareer, el querido cuentacuentos de Gaza”, diciembre 18 de 2024. Disponible en: https://themarkaz.org/es/a-students-tribute-to-refaat-alareer-gazas-beloved-storyteller/

[12]. https://www.savethechildren.es/notasprensa/la-salud-mental-de-los-ninos-de-gaza-al-limite-tras-casi-un-mes-de-asedio-y-bombardeos

[13]. https://news.un.org/es/gallery/1527642

[14]. https://www.eldiario.es/desalambre/infancia-acabado-ofensiva-israeli-ensana-ninos-gaza_1_10705805.html

[15].  Alejandra Fateo Mano, “Niño herido, familia no superviviente”: más de 17.000 menores de Gaza ya han perdido a su familia”, El Salto, julio 11 de 2024. Disponible en : https://www.elsaltodiario.com/genocidio/nino-herido-familia-no-superviviente-17000-menores-gaza-han-perdido-familia

[16]. Citado en Ibid.

[17]. Citado en Juan Cole, “Netanyahu ha herido, enfermado o condenado a la hambruna a 600.000 niños palestinos en Rafah”, Resumen Latinoamericano, mayo 8 de 2024. Disponible en: https://www.resumenlatinoamericano.org/2024/05/08/palestina-netanyahu-ha-herido-enfermado-o-condenado-a-la-hambruna-a-600-000-ninos-palestinos-en-rafah/

[18]. La Jornada, julio 30 de 2024 y La Jornada, agosto 3 de 2024. Disponibles en: https://www.jornada.com.mx/2024/07/30/mundo/023n1mun;  y https://www.jornada.com.mx/2024/08/03/mundo/018n2mun

[19]. https://www.eldiario.es/desalambre/infancia-acabado-ofensiva-israeli-ensana-ninos-gaza_1_10705805.html

[20]. https://www.democracynow.org/es/2024/7/12/jugar_al_futbol_en_gaza_el

[21]. La Sexta, abril 18 de 2024. Disponible en: https://www.lasexta.com/programas/lasexta-clave/pena-muerte-palestinos-otras-barbaridades-ministro-israeli-ben-gvir-plena-guerra_2024041866217324c18d400001868078.html

[22].https://www.democracynow.org/es/2024/4/1/titulares/rep_walberg_r_mi_calls_for_gaza_to_be_bombed_like_nagasaki_and_hiroshima

[23]. Citado en Alejandra Mateo Fano, op. cit.

[24]. Ibid.

[25]. Jonathan Cook, “El recuento oficial de muertes en Gaza es una mentira”, Rebelión, agosto 3 de 2024. Disponible en: https://rebelion.org/el-recuento-oficial-de-muertes-en-gaza-es-una-mentira/

[26]. Nos hemos basado en:

Asa Winstanley, Cómo Israel enseña a sus hijos a odiar. Disponible en: https://www.monitordeoriente.com/20190727-como-israel-ensena-a-sus-hijos-a-odiar/;  Marwan Bishara, Por qué Israel odia TANTO a los Palestinos. Disponible en: https://infoposta.com.ar/notas/12580/por-qu%C3%A9-israel-odia-tanto-a-los-palestinos/Maureen Meehan, Educación israelí en el odio, Rebelión, julio 20 de 2007. Disponible en: https://rebelion.org/educacion-israeli-en-el-odio/

[27]Maureen Meehan, “Educación israelí en el odio”, Rebelión, julio 20 de 2007. Disponible en: https://rebelion.org/educacion-israeli-en-el-odio/

[28]. Ibid.

[29]Ibid.

[30]Ibid.

[31]. https://actualidad.rt.com/actualidad/518221-historiador-israeli-negar-bombardear-hospitales-gaza

[32]. José Steinsleger, “Arqueología sionista: con la Biblia y los buldócer”, La Jornada, mayo 23 de 2018. Disponible en: https://www.jornada.com.mx/2018/05/23/opinion/017a1pol;

[33]. Miko Peled, “Palestina. Del mito a la realidad: los arqueólogos sionistas están usando la Biblia para reescribir la historia”. Disponible en:  https://www.resumenlatinoamericano.org/2020/12/15/palestina-del-mito-a-la-realidad-los-arqueologos-sionistas-estan-usando-la-biblia-para-reescribir-la-historia

[34]Mussaab Bashir Alazaiza,  “En Israel la academia es militar, por eso hay que boicotear”, Rebelión, febrero 29 de 2024. Disponible en: En Israel la academia es militar, por eso hay que boicotear – Rebelion

[35]. Noa Amouyal, De la batalla al aula: Entre bastidores del año académico israelí en tiempos de guerra, julio 23 de 2024. Disponible en: https://www.jpost.com/spanish/noticias-de-israel/article-8115

[36]Ibid.

[37]Ibid.

[38]Ibid.

Imagen: Mujeres palestinas con sus hijos asesinados por el bombardeo israelí al Hospital Indonesio, Norte de la Franja de Gaza, noviembre 18, 2023 [Reuters/Fadi Alwhidi]

Comparte este contenido:

Palestina: La educación después del genocidio de Gaza

La educación después del genocidio de Gaza

Renán Vega Cantor

A la memoria de los miles de profesores, estudiantes, poetas, artistas y científicos asesinados por el Estado genocida de Israel.

“Las historias que llegan de Gaza son dignas de pesadillas. Si no actuamos ahora, la historia nos juzgará a todos. […] Los niños son asesinados a un ritmo devastador, familias enteras son borradas del registro. Las cifras son desgarradoras y, con la violencia no solo continuando, sino expandiéndose, muchos más niños siguen en grave riesgo. Se trata de graves violaciones de proporciones épicas”. -Jason Lee, director de Save the Children para los territorios palestinos ocupados, diciembre 12 de 2023.

El Sindicato de Profesores y Empleados de la Universidad de Birzeit (Palestina ocupada), Todos y todas somos palestinos (octubre 11 de 2023) sostiene: “En estos momentos todos y todas somos Palestinos y es nuestro deber actuar sin demora contra los verdaderos criminales, gritando frente a este monstruo y su barbarie. […] Hablar de libertad, ya sea política, académica o social, caerá en oídos sordos mientras que los verdaderos criminales no sean calificados y tratados como tal. Nosotros, en Palestina ocupada y exiliados, no nos hacemos ilusiones con sueños poéticos sobre la victoria de la pluma sobre la espada. La espada, blandida por un enemigo apoyado por la comunidad internacional, ya ha penetrado muy profundamente nuestra carne en una historia imperialista en la que el enemigo, que sostiene la espada asesina, tiene también la pluma que narra su asesinato. Como intelectuales y académicos trabajando en Palestina ocupada usamos nuestra voz, sin importar cuan fútil sea en (este) momento crítico, confiando en la abnegación y resistencia de nuestro pueblo. Creemos plenamente en el triunfo de nuestra libertad y de nuestros derechos inalienables. Declaramos, en este momento histórico y urgente, que venceremos y que la justicia triunfará. No somos víctimas pasivas, aunque hayamos sido asesinados, desfigurados y expulsados por un Estado colonial animado por una ideología de odio frenético y de violencia sangrienta. Nadie nos callará. Nuestra resistencia abrirá una de las grandes alamedas de la historia por las que transitará el hombre libre. Permanecemos firmes y venceremos”.

El título de este texto parafrasea a La educación después de Auschwitz (el campo de concentración y exterminio de la Alemania nazi), el ensayo que escribió el filósofo alemán Theodor Adorno en 1966, en cuyas primeras líneas se dice: “La exigencia de que Auschwitz no se repita es la primera de todas en la educación. Hasta tal punto precede a cualquier otra que no creo deber ni poder fundamentarla. No acierto a entender que se haya dedicado tan poca atención hasta hoy. Fundamentarla tendría algo de monstruoso ante lo monstruosidad de lo sucedido. […]. Cualquier debate sobre ideales de educación es vano e indiferente en comparación con este: que Auschwitz no se repita. Fue la barbarie, contra la que se dirige toda educación”[1].

Desafortunadamente, hoy nos encontramos ante la repetición de la barbarie genocida contra el pueblo palestino por parte de Israel. Por supuesto, no es la primera vez que se repite Auschwitz. Incluso eso ya se había dado en el momento en que Adorno publicó el texto mencionado, el cual, hay que resaltarlo, tiene dos problemas de fondo: es tremendamente eurocéntrico y ahistórico. No nos referimos al conjunto de la obra del autor alemán en lo relativo a sus consideraciones sobre el nazismo y el genocidio en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, sino a lo que dice en el artículo reseñado, considerado acá como una unidad analítica. Adorno es eurocentrista porque en su texto no aparece ni una sola mención a la barbarie capitalista e imperialista fuera de Europa, que en los momentos en que escribe ya era evidente y sobre la cual ya existía información a la mano. Nos referimos a hechos como la guerra de Corea (1950-1953), la guerra de Vietnam, que escalaba por la incursión de los Estados Unidos durante la década de 1960, la masacre de Indonesia (1965-1966), el etnocidio en Guatemala (que comenzó en junio de 1954), de todos los cuales fue contemporáneo Adorno. Pero también su visión es eurocéntrica porque desconoce genocidios anteriores llevados a cabo por los poderes colonialistas en América, África, Asia y Oceanía, entre los cuales sobresale el de la población del Congo por parte de Bélgica y su rey Leopoldo II (entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX), el de los Armenios por parte de los Turcos, entre 1915 y 1918, para no hablar del genocidio de los indígenas en las Américas después de 1492. Adorno, al parecer, asumió como válido el supuesto que el genocidio de los judíos ‒porque tampoco menciona el de los gitanos, los comunistas, los homosexuales, los incapacitados‒ es un hecho especial, dotado de un significado único y excepcional.

Hay otra limitación en el texto de Adorno, su ahistoricismo, que supone no explicar las razones por las cuales entraron en juego intereses concretos e intervienen determinadas fuerzas sociales, económicas y políticas en el caso del genocidio en Alemania. Es ahistórico, además, no considerar ese mismo suceso en una perspectiva amplia, del antes y el después, que supone involucrar el colonialismo, un concepto que no es mencionado ni una sola vez en el escrito referenciado, como responsable directo de diversos genocidios en los últimos siglos. Por eso, ni siquiera se menciona el genocidio del pueblo herero en la actual Namibia, realizado por los colonialistas alemanes a comienzos del siglo XX.

En definitiva, para Adorno el llamado de alerta para que no se repita Auschwitz parece restringirse a Europa occidental, porque no se notan preocupaciones por el resto del mundo. Estas críticas no suponen desconocer los aportes que presenta el escrito aludido, algunos de los cuales nos sirven como soporte a este ensayo, entre otros su crítica a la racionalidad instrumental y mecánica que condujo al asesinato industrial de millones de seres humanos y el hecho de enfatizar que la barbarie es un derivado de la civilización moderna, de sus fuerzas productivas-destructivas, de sus productos tecnológicos y de su orden racional y burocrático. Claro, ahora ante la tragedia en curso podemos decir que nuestra lucha como seres humanos y educadores deber ser para detener el genocidio en Gaza y para que este no se repita nunca.

EL GENOCIDIO EDUCATIVO EN GAZA

Los crímenes de Israel abarcan todos los aspectos de la vida de los habitantes de Gaza y Cisjordania y, por supuesto, la educación, la ciencia, la cultura, la poesía, la literatura y las artes no se libran de esa vocación genocida, la cual debería conmover a cualquier habitante de este planeta, empezando por nosotros, los educadores.

Al respecto, las cifras del genocidio educativo son aterradoras, como lo indican datos cuantitativos y cualitativos que, desde luego, no pueden dar cuenta del drama humano, físico y sicológico que afrontan profesores y estudiantes de la Palestina histórica. Como parte del genocidio de los palestinos que realiza Israel debe resaltarse que este es, al mismo tiempo, un memoricidio, un infanticidio, un juvenicidio y un feminicidio, siendo uno de sus objetivos principales, aparte de matar a seres humanos, destruir sus valores culturales y su sistema educativo, todo con la finalidad de hacer imposible la vida en Gaza.

Para empezar, debe recordarse que, pese a los bloqueos, asesinatos sistemáticos y bombardeos continuos que soporta Gaza desde hace varias décadas, el nivel educativo de su población es sorprendente, con un bajo índice de analfabetismo (del 0 o el 2% según las fuentes). Gaza tiene uno de los niveles más altos de matrícula escolar en el mundo, que alcanza la cifra de un 95% de niños cursando la educación básica.

En medio de cierres periódicos, por el ciclo de bombardeos por parte de Israel, las escuelas, universidades y centros culturales volvían a funcionar rápidamente, con más ahincó y energía como forma de recuperar lo que pierden en cada nueva incursión del ejército de Israel, que suele ensañarse con los bienes culturales y educativos. Eso ahora va a ser más difícil y demorado, casi imposible, por la destrucción de la infraestructura educativa, sanitaria y residencial en Gaza.

Los resultados de esta nueva oleada criminal de Israel han supuesto dejar de la noche a la mañana a 625 mil estudiantes sin escuela en Gaza; 90 mil estudiantes universitarios ya no van a clase; el 60% de las escuelas han sido destruidas y el 90% de las universidades; las librerías y bibliotecas han sido arrasadas;entre el 7 de octubre y el 15 de enero de 2024, el ejército de Israel había matado a 94 profesores universitarios; también han sido asesinados en forma premeditada más de cincuenta científicos, poetas e investigadores.

Desde el inicio de la agresión directa, unas 95 escuelas e inmuebles universitarios de Gaza quedaron totalmente destruidos y en forma parcial otras 295. Han sido asesinados en los tres primeros meses del ataque criminal de Israel 4.300 estudiantes y 231 profesores y trabajadores de la educación básica. Otros 7.259 estudiantes y 619 profesores resultaron heridos. En total, en los primeros 100 días de la brutal agresión de Israel han sido destruidas 390 instituciones educativas, incluyendo escuelas y universidades. La destrucción de las escuelas es un objetivo prioritario de Israel y eso explica que ese país se haya negado a firmar (junto con los Estados Unidos) el Acuerdo Internacional sobre Escuelas Seguras, ratificado por 185 países.

En tiempo de bombardeos, las escuelas se convierten en refugios y cesan las actividades educativas. Eso ha sucedido en Gaza, con el agravante de que las escuelas también son bombardeadas con la gente que allí se refugia, pensando que eran lugares seguros.

Si en junio de 2022, Save the Children informó que el 80 por ciento de los niños de Gaza vivían en estado permanente de tristeza, depresión y sufrimiento, por la violencia y la pobreza, ahora ese porcentaje es del 100%.

Ese millón de niños que sobreviven en Gaza han estado expuestos a bombardeos durante cinco guerras de agresión por parte de Israel: 2008, 2012, 2014, 2021 y 2023-2024. Imaginémonos por un momento el brutal impacto de los bombardeos en la vida de los niños. Un solo testimonio nos ayuda a entenderlo, el de la niña Dana Shamiya, de 11 años, quien en el momento de comenzar los bombardeos escribió una conmovedora carta a su madre: “Todo es aterrador y da miedo. Ha sido mi cumpleaños y no he soplado las velas. No recibí regalos ni nada. Echo de menos a mi padre y a mis hermanos. Me siento como si estuviera ardiendo. Casi me vuelvo loca”[2].

Este es solo un caso de los miles de niños que sufren traumas psicológicos, como producto directo de la guerra que llevan y viven en sus frágiles cuerpos y en sus tiernas mentes, tales como depresión, ansiedad, miedo, trastornos psicológicos, soledad, impotencia y, hacia el futuro, un ferviente deseo de venganza.

Y esto último no sorprende, porque el arrasamiento de la infraestructura educativa ha formado parte sustancial de los efectos de la campaña bélica, pero también la destrucción del tejido educativo, cultural y científico. Y eso se hace con el asesinato de poetas, artistas, investigadores, escritores, médicos, abogados, científicos connotados en diversos campos del saber… Todo ello tiene fines claros y no es resultado de “daños colaterales”: se busca eliminar lo que pueda significar un resquicio de pensamiento y de resistencia, hundiendo a la población de Gaza en la ignorancia absoluta y de esa forma negarles cualquier posibilidad de un futuro digno.

En una de las escenas más pavorosas en materia educativa, que debe quedar registrada en la historia universal del genocidio cultural, el 17 de enero de 2024 las fuerzas armadas de Israel destruyeron con explosivos el edificio principal de la Universidad Al-Israa de la ciudad de Gaza. Esa atroz destrucción quedó registrada en video y fotografía, como una instantánea del triunfo de la barbarie y de apoteosis del grito fascista de “muerte a la inteligencia”. Israel también hizo estallar el edificio donde se encontraba el único hospital universitario de Gaza.

Para salir de los datos estadísticos, muy fríos y poco vitales, digamos que entre los estudiantes asesinados se encuentra Al-Shaima Akram Saidam, la alumna con mejor puntaje en los exámenes de secundaria en Palestina en 2023, quien fue triturada, junto con su familia, por una “bomba inteligente” del ejército invasor de Israel lanzado sobre un campo de refugiados el 16 de octubre de 2023. En el mes de julio, cuando ella se había enterado de su alto puntaje hubo una fiesta, en que sus familiares celebraban con cantos y tambores su alegría por su logro académico. En esa ocasión ella misma había dicho que «incluso durante las agresiones [israelíes] nunca dejé de estudiar», mientras acariciaba las flores que le habían regalado. Entre sus planes estaba convertirse en traductora de inglés y estudiar en la universidad Islámica de Gaza, cuyo edificio fue destruido por las tropas de Israel[3].

Al-Shaima Akram Saidam, asesinada por Israel

El genocidio cultural de Israel lo expresa una joven graduada, Eman Alhaj de 22 años, quien nunca ha estado fuera de Gaza, siempre ha vivido en esta gran prisión. Cuenta su historia: “Terminé la carrera hace algunos meses, quería hacer un posgrado, pero mi universidad ha sido bombardeada. Israel ha convertido mis proyectos en cenizas. Todo se ha esfumado […] Mi universidad, mi campus, mis recuerdos. Yo creo que Israel hace todo esto conscientemente: quiere atacar nuestro derecho a ir a clase, que es en definitiva nuestro derecho a creer en el futuro. Me desespera estar viviendo todo esto. Estoy aterrada. Los tanques nos rodean, de norte a sur y ningún lugar es seguro. Puedo morir ahora mismo, mientras hablamos”[4].

Israel pretende destruir, de una vez por todas, dos cosas, vitales para cualquier sociedad y grupo humano: su historia y memoria [y aquí se realiza un memoricidio], con la destrucción de museos, bibliotecas, universidades, centros culturales, archivos históricos; y el futuro, porque al arrasar con todo el entramado material y espiritual que hace posible el funcionamiento de cualquier sistema educativo está intentando dejar sin presente y sin futuro a los palestinos.

Para muchos palestinos de Gaza estudiar era la única ventana abierta al mundo y esa ventana ha sido destruida. Lo que les queda es, si pueden, irse de su territorio, y es lo que pretende Israel, o unirse a la resistencia contra los ocupantes, que es lo que va a hacer la mayoría de ellos, tras la destrucción de lo poco que les quedaba en la cárcel en que viven de manera cotidiana. Y que otra cosa pueden hacer, si en las ofensivas anteriores de Israel, los estudiantes y profesores pudieron regresar a clases pocas semanas después, ahora eso es imposible por la destrucción de la infraestructura educativa y civil en general.

En esas condiciones, “es muy problemático plantear la posibilidad de construir paz en la región mediante la destrucción de escuelas y centros de cultura, y el asesinato de estudiantes, docentes y familias. Resulta muy difícil pensar que una sociedad en armonía puede ser forjada a raíz de la cotidianidad de la infancia palestina, víctima de un sinnúmero de injusticias como currículo oculto que experimenta a diario por fuera de las escuelas”[5].

EL IMPACTO EDUCATIVO DEL GENOCIDIO DEL PUEBLO PALESTINO

Los educadores del mundo tenemos que actualizar la preocupación de Theodor Adorno, diciendo que el genocidio de la segunda Guerra Mundial ‒que no es sinónimo de Holocausto, porque fue más amplio que la persecución de los judíos‒, simbolizado con Auschwitz o el Gueto de Varsovia se ha repetido en varios momentos después de 1945 y ahora está ante nosotros. Sí, estamos soportando en vivo y en directo un nuevo genocidio, trasmitido por los propios seres humanos que lo sufren y soportan. En este sentido, hay una diferencia con lo acontecido hace 80 años y es que los nazis alemanes nunca quisieron mostrar el genocidio ni hablaban de él, por el contrario, lo escondían y lo negaban. Solamente fue posible establecer la magnitud de los crímenes cometidos cuando estaba terminando la guerra y se encontraron los campos de concentración y miles de famélicos sobrevivientes. Esto podía convertirse en un pretexto o una justificación para que los habitantes de la época, de Estados Unidos y otros lugares del mundo, dijeran que ellos no sabían nada de lo que estaba sucediendo.

Ahora, las cosas son completamente distintas, puesto que hasta el último rincón del planeta se han visto imágenes del exterminio del pueblo palestino. Y los ideólogos criminales del estado nazi-sionista de Israel ya no lo ocultan; por el contrario, se regocijan de la muerte y sufrimiento de los palestinos. Alardean, con toda impunidad, de sus concepciones racistas y despreciativas de palestinos y árabes para tratar de justificar sus crímenes. Y el genocidio no ha terminado ni es reciente, sino que se viene realizando desde hace décadas, solamente que en los últimos tres meses se ha acentuado. Incluso, ni siquiera las hordas hitlerianas se atrevieron a bombardear el gueto de Varsovia, a diferencia de lo que hoy hacen las nazi-sionistas de Israel que bombardean sin miramientos a los habitantes del gueto de Gaza, la cárcel a cielo abierto más grande del planeta. Y, a diferencia de Auschwitz, estamos ante un hecho en marcha, que puede y debería ser detenido.

Los educadores del mundo no podemos mantenernos indiferentes ni permanecer en silencio con respecto al genocidio en marcha, puesto que lo que sucede en Palestina nos interpela directamente sobre nuestro papel en la sociedad, por supuesto si decimos que hablamos de maestros críticos, reflexivos, y sujetos políticos activos que encaran los grandes problemas de nuestro tiempo, y el principal en estos momentos, por su magnitud y carácter de urgencia, es el genocidio en Palestina. En esa perspectiva, hacemos nuestra esta sugerencia: “La pedagogía puede abordarse como un discurso político y moral que permite que los estudiantes relacionen el aprendizaje con el cambio social, la erudición y el compromiso con el saber adquirido en el aula con la vida pública. Esta tarea supone que los educadores no callen la verdad ante el poder, que den muestras de coraje cívico y que asuman los riesgos de su papel como intelectuales públicos”[6].

Por ello, debemos involucrar en nuestras actividades cotidianas y en nuestras prácticas educativas asuntos cruciales sobre el pasado, el presente y posibles futuros, como los que se desenvuelven en Palestina, y que son una clara expresión de las injusticias y desigualdades del capitalismo realmente existente. En esa dirección, algunas cuestiones adquieren una urgencia para la reflexión educativa y pedagógica.

¿Cómo y por qué razones nos negamos a afrontar y enfrentar el genocidio de los palestinos? ¿Por qué el asesinato sistemático de niños y jóvenes, por parte de Israel es legitimado a nombre de su supuesto derecho a la autodefensa? ¿Por qué la vida de los palestinos no vale nada y se les puede masacrar a diario? ¿Qué pensar y sentir al contemplar las imágenes de niños y mujeres de Palestina aplastados por “bombas inteligentes” Made in USA o Alemania? ¿Cómo permanecer indiferentes ante las muestras de deshumanización extrema a que ha llegado Israel, tales como desplazar a dos millones de personas de sus propios territorios y bombardearlos a medida que los expulsa, sin que estos tengan la más mínima posibilidad de defenderse? ¿A dónde ha ido a parar la pretendida sensibilidad europea con respecto al genocidio nazi, que ahora se replica por los nuevos nazis de Israel, al cual apoyan en el terreno militar, financiero, culturar y diplomático? ¿Cómo explicar que el Estado de Israel y gran parte de su sociedad, que se autoproclama heredera del Holocausto judío en la Segunda Guerra Mundial, esté llevando a cabo el holocausto del pueblo palestino con una impresionante impunidad? ¿Qué intereses se encuentran detrás del apoyo incondicional del occidente imperialista a la masacre de miles de seres humanos en Gaza y Cisjordania? ¿Por qué un pequeño enclave imperialista en el occidente de Asia, el estado sionista de Israel, que solo cuenta con nueve millones de habitantes, puede matar, destruir, aplastar a los palestinos cuando se le venga en gana? ¿Cómo ha sido posible que a ese país artificial que es Israel se le haya permitido armarse con bombas atómicas y poner en peligro a toda la humanidad? ¿Qué nos dicen los actuales acontecimientos de Palestina sobre la historia del colonialismo y del imperialismo de Europa y de los Estados Unidos? ¿Por qué en varios países europeos (Inglaterra, Francia, Alemania entre ellos) han sido declarados delitos el apoyo a los palestinos y la denuncia del genocidio del Estado de Israel y se ha llegado hasta el extremo de penalizar el uso de banderas o símbolos que aluden a Palestina? ¿Qué le da derecho a Israel para llevar la barbarie a niveles que hacen retroceder a la humanidad a los peores momentos de la criminalidad nazi? ¿Por qué el doble rasero del occidente imperialista con respecto a Rusia e Israel, al primero de los cuales se bloquea y sanciona, mientras que al segundo se respalda incondicionalmente? ¿Qué sentido tiene seguir educando en derechos humanos si la impunidad criminal reina en Palestina, con la participación directa de países que a sí mismos se califican de “democráticos” y faros de la libertad en el mundo, como los Estados Unidos o los de la UE?  ¿Cómo explicarle a los niños y jóvenes de hoy que los valores de inhumanidad de que hace gala Israel (terrorismo de Estado, limpieza étnica, masacre de población indefensa, destrucción de hospitales y escuelas, torturas, aplastamiento de niños, provocar hambruna, contaminar las aguas de uso cotidiano…) que son exaltados como grandes logros de la “única democracia de oriente próximo” no deberían ser normalizados ni olvidados? ¿Cómo dejar de considerar que lo que acontece en Palestina, con los niveles inusitados de muerte y destrucción, es un anticipo de lo que nos espera a gran parte de los habitantes del planeta, si no hacemos nada para impedirlo? ¿Por qué ese culto a la tecnología al servicio de la muerte y el dolor con las alabanzas a la inteligencia artificial, a los aviones supersónicos que lanzan a diario centenares de “bombas inteligentes” de una tonelada sobre zonas urbanas? ¿Por qué se niega el derecho a la resistencia del pueblo palestino y a sus combatientes que luchan por su liberación nacional se les califica de terroristas? ¿De qué sirve la existencia de la ONU o la Corte Internacional de Justicia [CIJ], aparte de ser vehículos del genocidio y la criminalidad de los Estados Unidos, Israel y la Unión Europea?

Estas y muchas otras preguntas deberían nutrir nuestras actividades pedagógicas si es que todavía creemos que la educación debe desempeñar algún papel para enfrentar los problemas de nuestro tiempo y de nuestro mundo y si pensamos que los maestros al ser sujetos políticos deberíamos convertirnos en la conciencia crítica de nuestro tiempo y máxime en momentos en que, como lo ha dicho Angela Davis, “la cuestión palestina se ha convertido en un test moral para el mundo”.

Solamente habría que decir que es claro que la existencia de dos pesos y dos medidas desnuda la hipocresía criminal de Israel y el Occidente imperialista, en que unos genocidios son importantes y otros no, y en que unos muertos valen más que otros. Hay una respuesta magistral, la del poeta de Martinica Aimé Césaire, cuando aludiendo al racismo propio del colonialismo afirmó: “En el fondo lo que no le perdona a Hitler no es el crimen en síel crimen contra el hombre, no es la humillación del hombre en sí, sino el crimen contra el hombre blanco, es la humillación del hombre blanco, y haber aplicado en Europa procedimientos colonialistas que hasta ahora sólo concernían a los árabes en Argelia, a los coolies de la India y a los negros de África”[7].

EL TRASFONDO EDUCATIVO DEL GENOCIDIO

Adorno al hablar de la educación después de Auschwitz incluye dos aspectos: “en primer lugar, educación en la infancia, sobre todo en la primera; luego, ilustración general que establezca un clima espiritual, cultural y social que no admita la repetición de Auschwitz; un clima, por tanto, en el que los motivos que condujeron al terror hayan llegado, en cierta medida, a hacerse conscientes”[8].

A partir de estos presupuestos podemos examinar el impacto educativo del genocidio de Palestina, que es una repetición casi al pie de la letra de Auschwitz, teniendo en cuenta desde luego los diferentes contextos históricos en que cada uno de ellos se produce.

En cuanto a la primera infancia debemos decir que la educación que se imparte a los niños de Israel está encaminada a prepararlos mental, ideológica, cultural, psicológica y políticamente para el genocidio de los palestinos. Y, sin entrar en mayor medida en materia sobre las características de esa educación, algunos hechos que se difunden desde Israel, con carácter aprobatorio cuando deberían producir vergüenza, son altamente reveladores. Hablemos solamente de dos.

De una parte, contemplar con desazón a niños de menos de diez años entonando un himno bélico en el que se glorifica a las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel) y se pide el exterminio de los palestinos, la expulsión de sus tierras y la colonización y apropiación por parte de los invasores sionistas. Su letra, como prueba del terrible sentimiento de inhumanidad a que han llegado los asesinos del Estado de Israel, dice entre otras “gratificantes cosas”, lo siguiente:

Somos los hijos
de la generación de la victoria
Cae la noche de otoño
en la playa de Gaza
Destrucción de
aviones de bombardeo
Aquí, Tsahal
cruza la frontera […]
Dentro de un año
Acabaremos con todos
Y luego volveremos
A arar nuestros campos

Y cuidaremos
de todos ellos. […]
El amor se santifica
en la sangre […]
Hoy nuestra alma
También es guerrera
Un pueblo
Un pueblo eterno
para siempre 
[…]
Mostraremos al
mundo
cómo destruimos
a nuestros enemigos hoy
 […]
El amor se santifica
en la sangre[9].

Suficientemente ilustrativa la letra de este himno guerrero y macabro, y más impactante aún si tenemos en cuenta que se difunde masivamente en el mismo momento en que las “heroicas” tropas de Israel bombardean en forma inmisericorde a los palestinos, entre ellos a niños de brazos recién nacidos. Una educación genocida de este tipo explica que los niños adiestrados en Israel, luego cuando sean adultos se conviertan en asesinos de los palestinos, empezando por niños de Gaza.

Y el segundo ejemplo es el de los niños de Israel firmando “con amor” las bombas que el ejército va a lanzar sobre gentes inermes. Esta imagen es de 2006, cuando se presentó la agresión de Israel al Líbano. Y recientemente en un programa de televisión en Israel, exclusivamente dirigido a los niños para adoctrinarlos sobre la guerra de agresión que libran contra Gaza, se exalta su apoyo y se exhibe un tanque con dibujos infantiles, con el fin de mostrar la manera en que los niños apoyan al ejército sionista. Es claro que, con esta lógica asesina difundida entre los niños, poco puede esperarse para suponer que los ciudadanos de Israel puedan ser pacíficos y bondadosos con los palestinos.

Y no estamos especulando sobre lo que podría suceder, sino que tenemos evidencias concretas, terribles por lo demás, de la violencia ejercida por niños de Israel contra palestinos, niños y adultos. En 2003, en Hebrón sucedió este hecho, como lo relato un soldado de Israel: “Un niño encantador que visitaba con regularidad nuestro puesto decidió que no le gustaba que los palestinos pasaran por debajo de sus ventanas, así que cogió un ladrillo y se lo tiró a la cabeza a la niña. Los niños allí hacen lo que se les viene en gana. Nadie hace nada por evitarlo. A nadie le importa. Más tarde, sus padres simplemente lo celebraron. Los padres alientan a sus hijos a portarse así. Hubo muchos casos como ese. Chicos judíos de once, doce años que les dan palizas a palestinos y sus padres acuden a ayudarlos, azuzan los perros para que los ataquen”[10].

Y, por otro lado, en el caso de los niños palestinos, que sufren directamente los rigores de los bombardeos de Israel, que soportan la destrucción de sus casas, que escuchan de día y de noche el trepidar de los aviones y las bombas atronadoras que rompen todo lo que encuentran y matan a sus padres, hermanos y amigos y, a menudo, mata infantes, y a muchos de los que sobreviven los deja inválidos porque esos artefactos les arrebata alguna parte de su cuerpo… Qué futuro espera a los niños que quedan vivos, a veces huérfanos y sin ningún familiar que los acompañe, porque Israel arrasa con familias completas de varias generaciones (frecuentemente en los bombardeos mueren 40 personas de la misma familia). Es obvio que una gran parte de ellos se integraran en la resistencia armada que enfrenta valientemente a los ocupantes. Qué futuro pueden tener los niños de Gaza, tras soportar la violencia física y mental, que deja secuelas de por vida, aparte de dirigir su dolor contra los colonialistas de Israel.

Fotograma del documental Nacidos en Gaza.

Y a los niños del resto del mundo, sobre todo a los de nuestro Sur Global, los educadores les deberían mostrar el impacto de la guerra genocida, con las duras imágenes de los niños masacrados, pero también sus imágenes de resistencia y esperanza, que plasman a veces en sus dibujos. Estos niños, nacidos en la antesala del infierno, aparecen registrados en la película-documental Nacidos en Gaza, del periodista Hernán Zin. Esta película se debería mostrar ahora mismo en todas las escuelas del mundo, incluyendo a las de Israel ‒aunque el régimen sionista no lo permita. Es el testimonio de los niños sufrientes y héroes de Gaza que soportan y sobreviven a los bombardeos, a partir de los ataques de Israel de 2014, cuando fueron asesinados 500 palestinos.

Como comenta el periodista mexicano de La Jornada Hermann Bellinghausen: “En Gaza, donde el mar, el desierto y los túneles no llevan a ningún lado, la población está atrapada en el centro concentracionario más grande del mundo, y quizá de la historia. Los niños que hablan para la cámara de Zin, heridos del cuerpo y la mente, abrasados por sentimientos demoledores, perdieron amigos, hermanos, tíos o son huérfanos, y cuentan sus historias peripatéticamente, pues en Gaza no parece haber dónde sentarse o yacer que no sean ruinas. […] Aquí jugábamos. Aquí dormíamos. Aquí comíamos. Aquí estudiábamos. Aquí nos curaban. Aquí hacíamos pan. El recorrido de Hernán Zin, director y fotógrafo, avanza sobre bloques de concreto, ladrillos rotos, columnas, techos caídos, grandes boquetes en los muros, cráteres en el suelo, eriales incesantes, varillas retorcidas, calles destrozadas, polvo. Ruinas que delatan el fin de un mundo”[11].

En cuanto al segundo aspecto mencionado por Adorno, el referido al clima general de conciencia para que no se repita Auschwitz, podemos decir que, en Israel, Estados Unidos y la Unión Europea sí que se crean las condiciones para esa repetición, y es lo que hoy estamos viendo con el genocidio de Gaza, explicable si se tiene en cuenta que se sustenta en aspectos que se reiteran hasta la saciedad. Entre esos asuntos vale mencionar algunos de los más importantes: Israel encarna la civilización, la luz, el progreso, mientras que los árabes y los palestinos son la barbarie, la oscuridad, el salvajismo y esto hace que los primeros sean superiores y eso les de la prerrogativa de eliminar a los otros; esos otros, en la lógica colonial que viene de Europa y Estados Unidos, son animales, bestias, que deben borrarse de la faz de la tierra para que no afeen el bello jardín de orden y prosperidad que representa Israel en tierras palestinas; en lugar de llevar educación, salud, cultura a los pueblos del Sur del mundo, Israel y las potencias imperialistas traen armas, guerra, muerte para sostener la injusticia y desigualdad planetaria; el orden mundial al estilo estadounidense exalta la guerra y la destrucción de los “países canallas” (paisitos de mierda los llaman ciertos politólogos en Estados Unidos) que se niegan a plegarse al orden imperialista, como se ha visto en las últimas décadas en Irak, Afganistán, Libia, Siria y en Palestina3.

Dos casos bastan para ilustrar por qué razones se reproduce a diario Auschwitz en Israel y esa es la base ideológica del genocidio de Gaza. El primer ejemplo es el de un ministro del gobierno de Israel, Bezalel Smotrich, que calificó a los palestinos de mosquitos, diciendo que eso significaba lo siguiente, en términos de la lógica genocida del Auschwitz de ayer y el de hoy en Gaza: “Ese es el problema de los mosquitos. Si aplastas mosquitos y golpeas quizás 99, será el número 100, que no aplastaste, el que te matará. La auténtica solución es secar el pantano” y “cuando se le preguntó si eso podría significar erradicar familias enteras con mujeres y niños, Smotrich respondió: ‘La guerra es la guerra’”[12].

Y el segundo es el del periodista israelí Simón Riklin, quien sin inmutarse afirmó que está “a favor de los crímenes de guerra” en la Franja de Gaza y en un programa televisivo sostuvo en forma cínica que “no puedo dormir si no veo casas destruidas en Gaza”. Añadió que quiere que el Ejército de Israel destruya todas las casas y edificios de Gaza para que los habitantes no puedan regresar[13].

Con este tipo de apología del genocidio y la limpieza étnica por parte de voceros e ideólogos del Estado de Israel lo que queda en evidencia es que el espíritu genocida de Auschwitz que tanto preocupaba a Theodor Adorno, ha germinado nuevamente en Israel, donde se justifica el exterminio industrial de seres humanos, los palestinos, tal y como se hizo en la Alemania hitleriana.

LA TECNOLOGÍA CONVERTIDA EN UN INSTRUMENTO DEL GENOCIDIO

Un aspecto central a la hora de analizar el genocidio pasa por considerar el papel que desempeña la tecnología, a partir de la razón instrumental y la frialdad burocrática, para la cual matar seres humanos termina siendo un trabajo rentable que debe desempeñarse con la máxima precisión y sin parpadear. Y este asunto es crucial, para pensar el impacto de las nuevas tecnologías en la educación, donde soportamos, acentuada tras la pandemia, la dictadura de lo digital y de la Inteligencia Artificial, para recordar la manera en que esas tecnologías son un instrumento de guerra y de muerte, algo que se suele olvidar.

Adorno contribuye a desnudar el papel de la tecnología en la instrumentalización del genocidio. Al respecto sostiene: “En la relación actual con la tecnología hay algo excesivo, irracional, patógeno. Ese algo está vinculado con el velo tecnológico. Los hombres tienden a tomar la técnica por la cosa misma, a considerarla un fin autónomo, una fuerza con ser propio, y, por eso, a olvidar que ella es la prolongación del brazo humano. Los medios ‒y la técnica es un conjunto de medios para la autoconservación de la especie humana‒ son fetichizados porque los fines ‒una vida humana digna‒ han sido velados y expulsados de la conciencia de los hombres. […] No sabemos con precisión como el fetichismo de la técnica se apodera de la psicología de los individuos, dónde está el umbral entre una relación racional con la técnica y aquella sobrevaloración que lleva, en definitiva, a que quien proyecta un sistema de trenes para conducir sin tropiezos y con la mayor rapidez posible las victimas a Auschwitz, olvide cuál es la suerte que aguarda a estas allí[14].

El autor solamente menciona, a manera de ejemplo, el sistema de trenes que conducen rápido a los prisioneros al matadero, pero desde luego que allí intervinieron otros aspectos técnicos, tales como los alusivos a la misma organización administrativa de los campos de concentración, la división interna del trabajo, la experimentación biológica con los prisioneros, la utilización de instrumentos de tortura y muerte (como las cámaras de gas), la organización de equipos que dirigían los mejores científicos y técnicos en investigaciones encaminadas a destruir seres humanos… Pues bien, hoy tenemos todo eso mismo, multiplicado exponencialmente por los notables desarrollos tecnológicos que se han producido en los últimos sesenta años, cuando Adorno escribió el texto que comentamos.

Así, la Alemania nazi era lo más adelantado de su tiempo en términos tecnológicos ‒y por esa razón es que no pueden separarse el genocidio de la modernidad técnica‒ y hoy Israel presume de ser un baluarte de los desarrollos tecnológicos no solo en el mundo árabe sino en el planeta entero. Sus propagandistas se esfuerzan por convencernos de sus importantes contribuciones tecnológicas. Así, por ejemplo, en un curso de propaganda del Estado sionista dirigido a sus estudiantes que viajen al extranjero se dice:

“Si no fuera por Israel, tú nunca podrías levantarte por la mañana, porque el chip en tu teléfono celular que funciona como alarma se produce en Israel. No podrías encontrar la manera de llegar a tu trabajo, porque la aplicación WAZE es un producto israelí, y entonces te perderías en el camino. Y si lo hicieras (llegar al trabajo), no tendrías una computadora porque Intel produce sus partes en Israel, y luego tu cuenta sería pirateada porque la seguridad cibernética está hecha en Israel. Incluso, ni siquiera podrías comer pepinos, porque Israel inventó los sistemas de riego que hacen posible cultivarlos”[15].

Parafraseando esta verborrea propagandista que rinde un culto fetichista a la tecnología podemos mencionar otras cosas, que se cuida de nombrar la propaganda sionista, y que ponen de presente la utilización de las modernas tecnologías al servicio de la muerte y la destrucción: si no fuera por Israel y Estados Unidos los aviones F-15 y F-16 no volarían en el aire de Gaza para lanzar bombas de hasta dos mil kilos que destruyen todo lo que encuentran a su paso; si no fuera por Israel los habitantes de Gaza y Cisjordania no tuvieran en su territorio un infernal muro, dotado de sofisticados sistemas de control, vigilancia y represión; si no fuera por Israel, con sus bombas “inteligentes”, dotadas de sensores y chips, no hubieran sido asesinados hasta el momento, en esta última ofensiva genocida, 26 mil personas; si no fuera por Israel y el despliegue militar de la Inteligencia Artificial no se hubieran bombardeado y destruido el 90% de las viviendas de Gaza, que son atacadas a partir de los “objetivos militares” que dictan los logaritmos, los cuales “ordenan” bombardear todo lugar donde haya un habitante de Hamas; si no fuera por Israel y sus drones asesinos, teledirigidos desde pulcros laboratorios altamente tecnologizados, no se mataría a diario a los que Israel considera sus enemigos, y sobre los cuales lanza misiles que arrasan con viviendas y sus habitantes; si no fuera por Israel y sus aplicaciones tecnológicas no se le robaría el agua a los palestinos, para irrigar la agricultura de los colonos ocupantes; si no fuera por Israel y el uso de fosforo blanco en sus proyectiles, guiados “inteligentemente”  no perecerían quemados niños, mujeres y hombres de Palestina, ni se destruirían sus tierras, aguas y cultivos; si no fuera por Israel, sus retroexcavadoras de último modelo no derribarían las casas de los palestinos para que esos terrenos sean robados por los colonos sionistas; si no fuera por Israel no se hubieran asesinado con precisión milimétrica a los cien periodistas en Gaza en estos últimos cuatro meses, muertos o por bombas o por la acción de francotiradores que accionan armas sofisticadas de última tecnología…

En cuanto a lo que dice Theodor Adorno de los conductores de los trenes de la muerte, eso mismo puede señalarse con respecto a los miembros de las Fuerzas de Defensa de Israel [FDI] (llamadas Tsahal, un acrónimo en hebreo). Los gobernantes del estado de Israel y sus militares presumen del profesionalismo y preparación de los miembros de ese ejército, con estudios universitarios e incluso con maestrías y doctorados. Esos hombres y mujeres ‒ya que Israel alardea de tener el ejército más feminista del mundo‒ con títulos universitarios, con estudios en el exterior, que hablan varios idiomas, que no saben nada de los palestinos (a los que han aprendido a considerar animales, cucarachas, mosquitos, alimañas y otros calificativos de tan alto nivel humano) son los que pilotean los aviones desde los cuales se lanza en forma impune bombas de 1000 kilos que matan a los palestinos por miles. Esos mismos soldados-asesinos son los que conducen los tanques con los que se arrasan las casas y cultivos de Gaza y aplastan sin misericordia a los palestinos, incluyendo niños. Esos mismos soldados-asesinos son los que colocan los explosivos que vuelan escuelas, hospitales y universidades. En Israel la industria de la muerte y la racionalización burocrática se ha sofisticado a un nivel que nunca logró la Alemania Nazi.

Entre paréntesis, hay que decir que estos asesinos cuentan con respaldo en el mundo académico de Israel. Por ejemplo, un científico social y profesor universitario, geógrafo para más señas, de nombre Arnon Soffer, realizó una abierta apología del asesinato de los palestinos, en la que recalcaba la importancia de asegurarse una generación joven y de relevo de los asesinos sionistas: “[…] si queremos seguir vivos, tendremos que matar y matar y matar. Todos los días, cada día […] Si no matamos, dejaremos de existir. Lo único que me preocupa es asegurar que los chicos y hombres que tendrán que llevar a cabo todas esas muertes podrán volver a casa con sus familias como seres humanos normales[16].

Pues, esos chicos y chicas que vuelven normalmente con sus familias, y viven una vida “normal y confortable” en sus hogares, son los mismos que asesinan y masacran a los palestinos e incluso muchos de ellos alardean con sus crímenes y muestran las mortíferas tecnologías que emplean, para confirmar que el anuncio del geógrafo genocida antes citado se ha confirmado. Por supuesto, estos asesinos ‒igual que los diseñadores del sistema de trenes que menciona Adorno‒ no tienen ningún nivel de conciencia, con unas cuantas y honrosas excepciones. Claro, hay que decir que estos son los asesinos “manuales”, los ejecutores, pero los verdaderos criminales y genocidas son los de tipo “intelectual” que programan los asesinatos desde sus confortables sillas y escritorios de burócratas civiles y militares del Estado sionista de Israel.

De otro lado, Adorno no menciona un elemento, que no puede pasar desapercibido por la actualidad que tiene en Israel, y es el relativo a los límites de la tecnología. A pesar de su sofisticado aparato tecnológico de guerra, Israel no pudo evitar los ataques de Hamas el 7 de octubre de 2023, cuando el movimiento palestino recurrió a tecnologías elementales para dejar en ridículo a la FDI. Durante meses los combatientes prepararon la operación, nunca usaron ningún celular ni computador o algún medio digital que pudieran dejar huella virtual, que pudiera se rastreada por el sistema de comunicación de Israel. Pacientemente, de boca en boca se daban los mensajes y las órdenes y hasta el día del asalto, un sábado, se usaron bicicletas, y parapentes para adentrarse en territorio de Israel (o mejor, robado por este) y atacar una fortín militar de Israel, en el que murieron centenares de militares y colonos (que son paramilitares) y otros fueron tomados como rehenes. Eso demuestra que la tecnología bélica, con su culto a la muerte y a la destrucción, no es ni mucho menos omnipotente ni puede detener el deseo de lucha, independencia y liberación nacional de los palestinos.

EL DERECHO A LA RESISTENCIA DE LOS PALESTINOS

El derecho a la resistencia existe para los palestinos y para todos los seres humanos que enfrentan al capitalismo y al imperialismo. Para los palestinos por una razón principal, son un pueblo sometido a la dominación colonial e incluso las normas básicas del derecho internacional establecen como legítimo el derecho a la resistencia contra los ocupantes coloniales, en este caso contra Israel. Esta es una premisa básica para entender el fondo del asunto de la lucha de los palestinos, porque ellos son los agredidos y no los agresores. Esa es la imagen que Israel ha vendido desde siempre, basándose en ficciones bíblicas, y ratifica después del 7 de octubre, cuando dice que fue atacada alevemente por terroristas y violada su soberanía territorial por parte de los comandos de Hamas. Es como si ese día hubiera empezado la historia y no existiera una continuada agresión sionista contra los palestinos que se prolonga durante más de un siglo.

No, las cosas son claras. Israel es un ocupante colonial, que oprime, persigue, masacra, discrimina, bestializa a los palestinos y estos tienen todo el derecho a resistir a los ocupantes sionistas, y resistir de todas las formas posibles, incluyendo la lucha armada. Ese es un derecho que no se lo puede quitar nadie y eso es lo que ha hecho Hamas en su extraordinaria acción del 7 de octubre. La importancia estratégica de lo acontecido ese día radica en que volvió a poner en la palestra mundial la existencia de Palestina y los palestinos, para recordarnos que lo que allí se presenta es un problema colonial, como el que soportaron pueblos de África, Asia y América y dieron pie a importantes luchas de liberación nacional.

Ante la complicidad de Estados Unidos y de la Unión Europea, como baluartes del colonialismo blanco de ocupación de los últimos siglos, Israel se ha erigido como el último bastión de la dominación colonialista occidental, con sus mismos métodos racistas de pretendida superioridad moral y civilizacional.

En ese orden de idas, son los colonialistas de Israel y sus patrocinadores de Europa y Estados Unidos los que califican de terroristas a los palestinos y a quienes los apoyan y, a nombre de la supuesta democracia, libertad y derechos humanos, respaldan el terrorismo de Estado de Israel y sus prácticas genocidas. En últimas, así lo que se pretende es legitimar a los ocupantes sionistas y desconocer la justeza histórica y política de los palestinos a la autodeterminación. Finalmente, la proclamada guerra contra el terrorismo es la justificación de la dominación imperialista, siendo Israel uno de sus soportes principales.

Esto indica para nosotros los educadores entender la importancia del lenguaje y de la historia para no caer en las trampas y sofismas de la propaganda de falsimedia occidental, vocera de Israel y de sus crímenes. No es terrorismo la lucha legitima de los palestinos por su liberación nacional, como si es terrorismo lo que hacen Israel, Estados Unidos, la Unión Europea al atacar, por ejemplo, a los hutíes de Yemen, los únicos que están realizando acciones prácticas para tocar a Israel y al mundo occidental donde más les duele, en su comercio y flujo de mercancías.

En ese contexto, no estamos ante una guerra entre Israel y Hamas, como se repite de manera poco crítica, sino de una brutal agresión genocida por parte de Israel y esto no es producto de ningún conflicto entre el Estado de Israel y el mundo árabe en general, sino una típica acción colonial en la que los ocupantes suelen masacrar a los pueblos colonizados, como lo han hecho los Europeos en todos los rincones del globo en los últimos cinco siglos.

En estas condiciones, es un sofisma aquello de que Israel tiene derecho a existir y a la autodefensa, que les sirve para presentarse como pobres victimas que soportan las agresiones de sus enemigos del mundo árabe en general y de los palestinos en particular. No, lo que hace Israel no es autodefensa, es una brutal agresión genocida, y quienes si tienen derecho a la defensa son los palestinos. Bien lo dice Norman Finkelstein: “Israel no puede pretender un derecho a una defensa propia si el ejercicio de este derecho se remonta a una ocupación injusta o ilegal o la negación de un derecho de autodeterminación”[17].

También se debe cuestionar la idea etérea de una paz nebulosa como la que busca Israel, Estados Unidos y la Unión Europea que supone la entrega incondicional de los palestinos, como lo que hoy representa vergonzosamente la Autoridad Nacional Palestina en Cisjordania, puesto que tal paz no es sino la sumisión abyecta al poder colonial de Israel, muy al estilo de los lacayos que Europa siempre tuvo en los territorios colonizados. Y esto es importante resaltarlo en el ámbito educativo porque pone de presente la relación que existe entre paz y justicia, una relación fundamental en cualquier proyecto educativo emancipador. En ese sentido, adquieren gran valor las palabras de Paulo Freire:

“De la gente anónima, de la gente sufrida, de la gente explotada aprendí que la paz es fundamental, indispensable. Pero la paz requiere luchar por ella. La paz crece y se fortalece en y por la superación de realidades sociales perversas. La paz se construye en la incesante construcción de la justicia social. Por eso no creo en ningún esfuerzo, por mucho que se autodenomine ‘educación por la paz’, que en lugar de revelar las injusticias del mundo, las devuelva opacas e intente miopizar a sus víctimas”[18].

La resistencia de los palestinos es bienvenida y debe ser tomada por los educadores críticos y pensantes del mundo como un antídoto contra el conformismo, la pasividad y la resignación, que tanto imperan en nuestro tiempo. Si la población gazatíe se enfrenta heroica y solitariamente a Israel es “para proclamar, en primer lugar a ellos mismos y después al mundo entero, que, por muy alto que fuera el precio por pagar, por infinito que fuera el sacrificio, el pueblo de Palestina vivía aún. ¡Fuimos, somos y seremos!”[19].

Esto nos recuerda la importancia de la dignidad, un valor central de cualquier educación crítica y emancipadora. La dignidad de los palestinos debe ser exaltada, porque “en un mundo cruel, lleno de atrocidades y actos egoístas, es posible encontrar hombres y mujeres que piensen y actúen en forma honorable, personas que creen en la capacidad humana de construir un mundo mejor y más justo. Estos hombres y mujeres se disponen a desmantelar los conceptos establecidos, destruyendo los prejuicios criminales y elitistas de la supremacía blanca […]”[20].

LOS EDUCADORES DEBEMOS EXPRESAR NUESTRA INDIGNACIÓN MORAL

En el aula de clase y en todos los espacios donde nos encontremos, los profesores debemos expresar nuestra indignación moral ante el genocidio llevado a cabo por Israel, ante el cual no podemos permanecer callados, y frente a la desinformación y las mentiras propaladas por falsimedia mundial, al servicio de los sionistas. Debemos elevar nuestra voz, proporcionado elementos de reflexión filosófica, ética, histórica y política que permita a niños y jóvenes ayudar a entender la magnitud de los crímenes que se comente en Palestina, para que ellos se formen como sujetos libres y conscientes y no se muestren indiferentes ante el dolor y el sufrimiento de millones de seres humanos, que son aplastados por una poderosa máquina de guerra hecha en occidente y usada para mantener el dominio del imperialismo en una zona rica en hidrocarburos y estratégica para el comercio mundial.

En tal dirección, es necesario presentarle a nuestros estudiantes, familiares y amigos el panorama conceptual que permite entender lo que acontece en Gaza, como forma de acercarse a la comprensión de la criminalidad de Israel. Debemos, en consecuencia, precisar el sentido y alcance de los términos genocidio, limpieza étnica, sionismo, terrorismo de Estado, colonialismo, imperialismo, entre los más importantes. No se trata de desplegar un sofisticado análisis teórico, sino en suministrar herramientas básicas de comprensión del proceso histórico que pueda contribuir a discernir los intereses que están en juego en la masacre de los palestinos y las razones que explican el apoyo irrestricto del occidente imperial a Israel, representado por Estados Unidos y la Unión Europea.

Una pedagogía crítica debe comprometerse con desnudar los múltiples mecanismos que mantienen y reproducen la injusticia, la opresión, el racismo y la desigualdad en el mundo, de lo cual es un micro laboratorio Gaza. Una pedagogía crítica debe enfrentar la pedagogía del miedo y de la muerte que personifica el estado de Israel y gran parte de sus ciudadanos y que expresan a viva voz sus ideólogos, dentro y fuera de Israel. En efecto, si las fuerzas armadas de Israel y sus colonos disparan contra la población civil, asesinan y torturan a combatientes de Hamas o Hezbolá, destruyen las casas de la gente común y corriente, matan los animales domésticos de los gazatíes, contaminan los suelos y aguas de la zona…. es porque eso tiene una misión “educativa”: aterrorizar a la población para que se someta y acepte el dominio colonial de Israel. Así lo justifica el columnista del New York times, el pro sionista Tomas Friedman, quien dice que Israel actúa a partir de un criterio pedagógico sólido: “Intentar ‘educar’ a Hamas, provocando un elevado número de muertos entre sus militantes y gran dolor entre la población de Gaza”[21].

LO QUE PODEMOS Y DEBEMOS HACER LOS EDUCADORES CRÍTICOS

Ante el terrible panorama descrito puede suponerse que no podemos hacer nada y debemos dejar que los palestinos sigan siendo masacrados y expulsados de los pocos territorios que les quedan. Nada de eso, nosotros tenemos mucho qué hacer, en medio de todas las limitaciones que enfrentamos a diario.

En primer lugar, está la labor de denuncia y concienciación sobre el genocidio en Gaza y sobre sus responsables directos: Israel, Estados Unidos, la Unión Europea, así como los cómplices del sufrimiento del pueblo palestino, encarnado en todas las monarquías y gobiernos corruptos del mundo árabe (entre ellos Arabia Saudita, Egipto, Jordania, Catar…). Ante el genocidio no podemos permanecer callados, y nuestro grito de denuncia no debe apagarse, porque una pedagogía crítica no teme llamar a las cosas por su nombre, hablar de genocidio y señalar a los genocidas. Como parte de la denuncia se debe desenmascarar a los medios de desinformación que operan abiertamente al servicio de Israel, para lavarle la cara genocida y justificar sus crímenes. En Colombia, los medios tradicionales tienen esa característica, más acentuada y descarada en un medio que es propiedad de capital judío-sionista, que responde al nombre de la Revista Semana.

Un elemento importante en nuestra labor pedagógica radica en posicionar lo que sucede en Palestina como un crimen histórico, un concepto central para recalcar que lo que está haciendo Israel no es un crimen de guerra más, sino que es de otra naturaleza, es un crimen de lesa humanidad, que debe permanecer en la memoria de los seres humanos, de esta y de las próximas generaciones como un acontecimiento incomparable, inadmisible, y que se le de el mismo nivel que tiene el genocidio de los nazis o lo acontecido en Ruanda en 1994. Pensarlo como crimen histórico es indispensable para terminar, de una vez por todas, con la falsa imagen de Israel como víctima, que se arropa con el relato sionista del Holocausto. En este sentido, considerar al genocidio de Israel un crimen histórico supone visualizar al régimen sionista como una aberración social que alcanzó los peores niveles de la Alemania nazi y condenarlo y denunciarlo por siempre, para que su existencia quede registrada con el baldón del oprobio y emblema de la acción genocida del colonialismo europeo. Llegará un día en que el tenebroso historial del martirio de Gaza y de los crímenes de Gaza nos parecerá algo increíble y, como profesores, debemos contribuir que ese momento llegué lo más pronto posible.

En segundo lugar, debemos recordar el ejemplo histórico reciente de la forma cómo fue derrotado el apartheid en Sudáfrica, un régimen similar a Israel, y amparado entre otras cosas por los sionistas. Esa derrota fue posible por una campaña internacional de boicot y saboteo de todo lo relacionado con ese oprobioso sistema de apartheid. Esto mismo puede y debe hacerse contra Israel, un saboteo a sus productos y marcas, así como a las de Estados Unidos y la Unión Europea que apoyan el genocidio del pueblo palestino. Como parte del aislamiento de Israel, hay que presionar para que los gobiernos cesen los acuerdos militares, tecnológicos, educativos y culturales que tengan con Israel y rompan relaciones diplomáticas y de cualquier índole con el régimen sionista, tal y como ya lo ha hecho, en forma ejemplar y digna, Bolivia. En el caso de Colombia, debe exigirse al gobierno de Gustavo Petro rompa todos los acuerdos militares que han convertido a nuestro país en el Israel de Sudamérica. En cuanto a las universidades hay que suspender los acuerdos y contratos de índole académica que tengan con universidades de Israel y vetar la venida de académicos procedentes del estado sionista. Eso mismo debe hacerse con los artistas y deportistas de Israel, que son propagandistas del genocidio.

En tercer lugar, como educadores críticos debemos indagar sobre la historia del pueblo palestino, su lucha centenaria para preservar su existencia, e incentivar en el conocimiento de esa gesta, con el fin de promover y defender su justa lucha. Esta debería inscribirse en el contexto más amplio del colonialismo, uno de cuyos últimos representantes es Israel, para recordar las luchas de liberación anticolonial, que destruyeron a los grandes imperios europeos. Máxime que eso ocurre en un momento histórico en que está declinando irremediablemente el dominio europeo del mundo, que comenzó el 12 de octubre de 1492.

En tercer lugar, hay que enfatizar que la condena de Israel no es un asunto diplomático, jurídico y ni siquiera político, es una cuestión moral, que pone de presente la imperiosa urgencia de defender a la humanidad. Hoy, oponerse, denunciar y condenar al Estado de Israel es una cuestión de responsabilidad moral para no ser cómplices o coparticipes del genocidio de los palestinos. No puede ser que nosotros como profesores caigamos en la resignación sumisa ante Israel y nos carcoma aquello que denunció el recientemente fallecido periodista y cineasta australiano John Pilger: “La población de Gaza se hunde en el genocidio y los que se sientan a mirar se hunden en el silencio”[22].

Y, por último, debemos enarbolar, pese a todo, la esperanza que nos transmiten los palestinos que heroicamente resisten y luchan. Esa esperanza está afincada en la justeza histórica de su lucha, y dicha esperanza también alienta nuestra existencia como profesores críticos que sienten con dolor y angustia la masacre de miles de seres humanos, entre ellos los niños de Gaza, muchos de los cuales son asesinados el mismo día en que nacen por los genocidas de Israel.  Contra esa lógica asesina, reivindicamos la pedagogía de la vida y de la lucha, como lo dice un poeta palestino Yasser Jamil Fayad, con breves pero elocuentes palabras: “Correr/ Bailar/ Llorar/ Abrazar/ Amar/ Sufrir/ Ayudar/ Gritar/ En la vida caben muchos y muchos verbos./ Yo Soy Simplemente palestino/  ¡Mi verbo es luchar!”

El maestro palestino Tareq al Enabi dice que su escuela fue destruida en los bombardeos y que algunos de sus estudiantes murieron.

NOTAS:

[1].  Theodor Adorno, “La educación después de Auschwitz”, en Consignas, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1973, p. 80.

[2]. Disponible en: https://brecha.com.uy/ya-no-quiero-dormir-no-soporto-mas-pesadillas/

[3] Guerra entre Israel y Palestina: el principal estudiante de Palestina muere en ataques aéreos israelíes | Ojo de Oriente Medio (middleeasteye.net)

[4]. https://elpais.com/planeta-futuro/2023-12-10/las-bombas-israelies-pulverizan-el-sistema-educativo-de-gaza-y-el-futuro-de-una-sociedad-donde-no-habia-analfabetismo.html

[5]. Mauro Jarquín Ramírez, “Gaza: con escuelas en ruinas, jamás habrá paz”, en La Jornada, enero 19 de 2024. Disponible en: https://www.jornada.com.mx/2024/01/19/opinion/015a2pol

[6]. Henry Giroux, La guerra del neoliberalismo contra la educación superior, Herder, Madrid, 2019, p. 93.

[7]. Aimé Césaire, Discurso sobre el colonialismo, Editorial Akal, 2006, p. 15. [Énfasis en el original].

[8]. T. Adorno, op. cit., p. 83.

[9] https://piensachile.com/2023

[10]. Breaking the Sience, El libro negro de la ocupación. Testimonios de soldados israelíes en los territorios ocupados 2000-2010, El Viejo Topo, Barcelona, 2015, pp. 324-325. [Énfasis nuestro].

[11]. Hermann Bellinghausen, “Nacidos en la antesala del infierno”, La Jornada, octubre 20 de 2023. Disponible en: https://www.jornada.com.mx/2023/10/20/opinion/a04a1cul

[12]. Citado en Henry Giroux, “Guerra en Gaza: matar niños y la carga de conciencia”, en Znet, diciembre 10 de 2023. Disponible en: https://znetwork.org/es/znetarticle/war-on-gaza-killing-children-and-the-burdens-of-conscience

[13]. Disponible en: https://www.aa.com.tr/es/mundo/periodista-israel%C3%AD-estoy-a-favor-de-los-cr%C3%ADmenes-de-guerra-/3086015

[14]. T. Adorno, op. cit. p. 91. [Énfasis nuestro].

[15]. https://www.elciudadano.com/mundo/israel-adoctrina-a-menores-para-mentir-sobre-genocidio-palestino-por-el-mundo-entero/07/11/

[16]. Citado en Virginia Tilley, Palestina/Israel: un país, un Estado. Una iniciativa audaz para la paz, Editorial Akal, Madrid, 2007, pp. 206-207. [Énfasis nuestro].

[17]. Norman Finkelstein, Gaza. Una investigación sobre su martirio, Siglo XXI Editores, Madrid, 2019, p. 304.

[18] Citado en Cécile Barbeito y Georgina Casas, “Abordar el conflicto Israel-Palestina en las aulas”, en El Diario de la Educación, enero 7 de 2024. Disponible en: https://eldiariodelaeducacion.com/2024/01/07/abordar-el-conflicto-israel-palestina-en-las-aulas/

[19]. N. Finkelstein, op. cit., p. 303.

[20]. Alipio Casali y Ana María Araujo Freyre, “Peter McLaren, el disenso creativo”, en Luis Huerta-Charles y Marc Pruyn, De la pedagogía crítica a la pedagogía de la Revolución. Ensayos para comprender a Peter McLaren, Siglo XXI Editores, México, 2007, p. 73.

[21]. Citado en Noam Chomsky e Ilan Pappe, Gaza en crisis, Editorial Taurus, Madrid, 2011, p. 116.

[22]. Citado en N. Chomsky e I. Pappe, op. cit., p. 262.

 

Fuente de la Información: https://rebelion.org/la-educacion-despues-del-genocidio-de-gaza/

Comparte este contenido:
Page 1 of 3
1 2 3