Page 1 of 4
1 2 3 4

Mundo: Casi la mitad de las mujeres y niñas del mundo se siente incapaz de decidir sobre su cuerpo

Así lo recoge el informe ‘Mi cuerpo me pertenece’ del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA)

Casi la mitad de las mujeres y niñas del mundo, un 45%, no se sienten capaces de decidir sobre su cuerpo, esto es, para determinar si debe tomar anticonceptivos, tener hijos, negarse a sufrir una mutilación genital o para mantener relaciones sexuales.

Así lo recoge el informe ‘Mi cuerpo me pertenece’ del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA). El estudio se ha centrado en dos indicadores de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030: el que mide el poder de las mujeres para tomar decisiones autónomas sobre el cuidado de la salud, la anticoncepción y las relaciones sexuales, y el que evalúa las leyes y políticas de los países sobre este mismo tema.

A través de estos análisis y el testimonio de mujeres y niñas de entre 15 y 49 años de todo el mundo, se han recogido datos que, para uno de los investigadores del estudio, Jaume Nadal, son «alarmantes» y «preocupantes».

Empezando, ha explicado, por el hecho de que «casi la mitad» de las encuestadas no se siente con la capacidad necesaria para decidir sobre su cuerpo. Además, ha precisado, en su mayoría es porque no conoce que tiene el derecho a decidir sobre su cuerpo y porque en su comunidad existen leyes o prácticas culturales muy arraigadas.

Así, cuanto Nadal se ha referido, en rueda de prensa recogida por EP, a los factores que impiden que esas mujeres adopten decisiones autónomas sobre su cuerpo, se ha referido a leyes que permiten o arraigan «la desigualdad de género, como el matrimonio infantil, la negación de la educación afectivo-sexual, la mutilación femenina, el examen anal forzado, las violaciones homófobas y tránsfobas, los asesinatos por honor o la violencia machista dentro del matrimonio».

En retroceso por la pandemia

También se ha referido a normas que obligan a las mujeres violadas a casarse con su agresor o las pruebas de virginidad a las mujeres. «Son prácticas que vulneran los derechos humanos más fundamentales y que aún siguen presentes en muchas sociedades», ha indicado.

Además, ha advertido, con la irrupción de la crisis sanitaria generada por el Covid-19, esta situación se ha agravado y, en algunos casos, ha supuesto un «retroceso» en prácticas que habían acercado a un país a la igualdad de género.

Como ejemplo, el estudio recoge el incremento en 4 millones de casos, a escala mundial, de mujeres sometidas a mutilación genital como consecuencia del confinamiento y aislamiento de las mismas. «Los poderes públicos no pudieron intervenir para prevenir en esta situación», ha lamentado el experto.

En relación al segundo indicador que ha analizado el estudio, el que se refiere a la legislación de los países, Nadal ve «claras contradicciones» entre la información que dan los estados y la realidad de la población.

Contradicciones entre leyes

Así, el informe recoge que el 80% de los países aseguran tener leyes favorables a la salud y al bienestar sexual; un 75% señala que tienen leyes que garantizan el pleno acceso e igualitario a los métodos anticonceptivos y el 56% indica que sus normas apoyan la educación afectivo-sexual integral. Para Nadal, estas cifras no son compatibles con que un 45% de las mujeres no se vean capaces de decidir sobre su cuerpo.

En la práctica, ha denunciado el investigador, hay países que determinan por ley la edad de consentimiento para mantener relaciones sexuales en los 14-16 años, pero no legislan a favor de que los menores tengan acceso a la educación afectivo sexual o no permiten el acceso a los métodos anticonceptivos hasta la mayoría de edad.

Esta situación, explica, está «privando» a los jóvenes a partir de los 14 años, que sí pueden mantener relaciones consentidas, de información para evitar embarazos no deseados, Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) o a gozar de una vida sexual plena.

Sobre las recomendaciones del informe para cambiar esta situación y lograr «la autonomía personal universal», UNFPA llama a reformular normas, a promover la educación y hacer un seguimiento del progreso de implementación de los programas que promuevan la información de este derecho.

Fuente: https://www.abc.es/familia/mujeres/abci-casi-mitad-mujeres-y-ninas-mundo-siente-incapaz-decidir-sobre-cuerpo-202104160050_noticia.html

Comparte este contenido:

Informe de la ONU: La crisis causada por la COVID-19 en África tiene rostro de mujer

El informe, realizado con datos recogidos en 28 países de estas regiones entre septiembre y diciembre de 2020, revela que, en todos ellos, a excepción de Malaui, las mujeres eran más susceptibles de caer enfermas y menos de tener cobertura médica que los hombres.

Las peores consecuencias de la pandemia tienen rostro de mujer en el este y el sur de África, donde la COVID-19 ha exacerbado las desigualdades de género, según un estudio publicado hoy por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FPNU) y ONU Mujeres.

“Si bien hay impactos socioeconómicos diferenciales ligados a la pandemia para hombres y mujeres -y en algunos casos los hombres se ven más afectados- la evidencia sugiere cada vez más que la COVID-19 ha exacerbado las desigualdades existentes entre ellos”, apuntó la directora de ONU Mujeres para África Oriental y Meridional, Roberta Clarke.

El informe, realizado con datos recogidos en 28 países de estas regiones entre septiembre y diciembre de 2020, revela que, en todos ellos, a excepción de Malaui, las mujeres eran más susceptibles de caer enfermas y menos de tener cobertura médica que los hombres.

Los datos recogidos evidencian que ellas se llevaron la peor parte de la crisis causada por la pandemia en ámbitos como la atención médica infantil y maternal, los servicios relacionados con enfermedades crónicas y la salud sexual y reproductiva, incluida la planificación familiar y la prevención del VIH.

Menos acceso a la planificación familiar

Según el informe, menos del 20 % de mujeres en Mozambique y Sudáfrica tuvieron acceso a servicios de planificación familiar y salud sexual durante ese periodo como consecuencia de la COVID-19.

También la salud mental y psicosocial de las mujeres de la región se vio especialmente afectada por la emergencia sanitaria: más del 60 % en Kenia y Etiopía y más del 50 % en Mozambique, Malaui y Sudáfrica aseguraron haber sufrido “tensión mental y emocional” desde el inicio de la pandemia, según el estudio.

Asimismo, en todos los países analizados, las mujeres pasaban más tiempo que los hombres realizando trabajos de cuidados no remunerados en los hogares, a pesar de que, como ellos, sufrieron “severas reducciones” de sus ingresos.

Disminución de ingresos

El informe también arroja datos mixtos, como por ejemplo que más del 60% de mujeres y hombres en Etiopía, Kenia, Malaui, Mozambique y Sudáfrica experimentaron una pérdida total o una disminución de sus ingresos a causa de la pandemia, “agudizando las ya altas tasas de pobreza en muchos países y afianzando la desigualdad de género que hace a la mujer más susceptible de sufrir extrema pobreza”.

También los estudiantes de ambos géneros vieron gravemente afectada su educación por la crisis sanitaria, con un total de 124 millones de alumnos de la región sufriendo el cierre de sus escuelas durante entre tres y seis meses.

Etiopía fue la nación más golpeada en este sentido, con 25 millones de estudiantes afectados, seguida por Sudáfrica (15 millones), Kenia y Tanzania (14 millones cada una).

De hecho, en Uganda, Kenia, Esuatini (antigua Suazilandia) y Mozambique los centros educativos no pudieron reabrir sus aulas para todos los cursos hasta principios de 2021.

Matrimonio infantil y violencia

Esto supone “riesgos adicionales” para las niñas que, cuando dejan de estudiar por un tiempo “indefinido”, pueden enfrentarse a la mutilación genital femenina, los embarazos precoces o el matrimonio infantil.

El FPNU estima que la interrupción de iniciativas contra el matrimonio infantil conducirá a un incremento de 13 millones de casos entre 2020 y 2030 por las dificultades económicas, que obligan a las familias a aceptar las uniones a cambio de dinero; o por los embarazos adolescentes, a menudo causados por los abusos sexuales a los que las niñas se vieron expuestas por el cierre de escuelas.

La COVID-19 también ha tenido terribles consecuencias en cuanto a la violencia machista, cuyas cifras “subieron dramáticamente durante la pandemia”.

En Zimbabue, por ejemplo, el 90 % de las llamadas a teléfonos nacionales de emergencia entre marzo y mayo de 2020 estuvieron relacionadas con violencia por parte de la pareja.

“La pandemia tiene una fuerte dimensión de género, con las mujeres en la primera línea como responsables de la salud y el cuidado, experimentando a la vez el impacto en varios frentes, como su salud sexual y reproductiva”, concluyó Julitta Onabanjo, directora regional para África Oriental y Meridional del FPNU.

Fuente: https://www.el-carabobeno.com/onu-crisis-covid-africa-mujer/

Comparte este contenido:

Entrevista a Silvia Frías Nebra: “En las comunidades donde trabajamos, el matrimonio infantil se vincula con la mutilación genital femenina”

¿Ser mujer en el África Subsahariana implica vivir con miedo?

No tiene por qué. En Amref Salud África trabajamos con lideresas africanas que se opusieron firmemente a tradiciones dañinas como la mutilación genital femenina o el matrimonio forzado y que están sensibilizando no solo a mujeres y a niñas, también a los hombres y ancianos de su comunidad. Para llegar a ser líder en tu comunidad, el miedo debe quedar atrás. Eso es lo que promovemos desde la campaña #NiñasSinMiedo: empoderar a las niñas para que se alcen contra tradiciones que atentan contra sus derechos y su propio cuerpo. Con dignidad y respeto.

No puedo entender cómo en tiempos de pandemia pueden aumentar los casos de mutilación genital femenina, así como los matrimonios infantiles forzosos… ¿Qué está pasando?

La pandemia de la COVID-19 conlleva la interrupción de los programas de prevención de la MGF como consecuencia de la focalización de los esfuerzos y fondos contra la propia COVID, las restricciones de movimiento, la imposibilidad de hacer actividades comunitarias de sensibilización y educación, el distanciamiento social, la carencia de apoyo de redes de protección, el cierre de las escuelas, la pérdida de acceso a servicios de salud reproductiva y el deterioro de los medios de vida. Todos estos factores aumentan el riesgo de que las niñas y adolescentes sufran mutilación genital femenina y matrimonio infantil. Por ejemplo, en Kenia, uno de los países donde trabajamos contra la mutilación genital femenina, los colegios escuelas han cerrado durante 9 meses. Las escuelas actúan como red de seguridad para las niñas: ahí están protegidas y monitoreadas. En zonas con mucha distancia entre aldeas y pocas instalaciones educativas lo normal es que los alumnos y alumnas duerman en la escuela de lunes a viernes. Con la pandemia, han tenido que volver a casa y han perdido esa protección. Además, muchas familias de bajos recursos y de zonas rurales se han empobrecido y, con más personas en casa y menos capacidad económica, han aumentado los matrimonios forzados. Los padres casan a las chicas menores de edad con hombres mucho mayores a cambio de bienes o servicios. Se trata de una estrategia de supervivencia. Pero para casarte, en algunas comunidades, tienes que sufrir la mutilación genital femenina, porque es en ese momento cuando tu comunidad te ve como mujer.

¿Cómo es posible que la MGF sea un efecto colateral de la pandemia?

Las restricciones a causa de la pandemia han supuesto la interrupción de los programas de protección de la infancia y de acciones de sensibilización colectivas contra la mutilación genital femenina. Desde Amref lo hemos intentado paliar con la difusión de mensajes a través de la radio y de internet, así como visitas casa por casa con los equipos de protección necesarios en estas circunstancias, en las que además hemos facilitado linternas para que las chicas puedan seguir estudiando en casa, pero no es suficiente. En contextos como este, el aumento de la calidad y cantidad de nuestros programas contra la MGF se hace necesario y urgente.

He leído en vuestro dosier que “13 millones de matrimonios infantiles de aquí a 2030”. ¡Qué horror!

De qué manera se ve obstaculizada vuestra labor debido a la COVID-19. ¿Os sentís impotentes?

La pandemia ha dificultado nuestro trabajo; nuestros programas se basan en acciones con la comunidad. El no poder reunirnos ha supuesto un cambio de enfoque, hemos tenido que utilizar más la difusión a través de los medios, principalmente redes sociales, con las poblaciones que tienen acceso a ellos, y difusión por radio para las más remotas y rurales. También trabajamos mucho con las niñas y niños a través de las escuelas y durante algunos meses hemos tenido que implementar acciones puerta a puerta. Hemos buscado alternativas para seguir haciendo nuestro trabajo. Además del programa contra la mutilación genital femenina, hemos realizado programas de emergencia para la contención del virus, distribuyendo equipos de protección para sanitarios, mascarillas y geles hidroalcóholicos para los hogares que carecen de agua. También hemos fortalecido los laboratorios que tiene Amref en Kenia y Etiopía. No nos sentimos impotentes, porque hemos sabido reinventarnos y porque estamos luchando también contra el avance del coronavirus en África.

¿Cómo se pueden reforzar los programas que habéis estado llevando a cabo para evitar que esto suceda, Silvia?

Necesitamos más apoyo. En 2020 iniciamos un programa de lucha contra la mutilación genital femenina en Etiopía y en 2021, otro en Senegal. Y queremos seguir trabajando, pero para iniciar otras acciones necesitamos apoyo económico. Tenemos que aunar esfuerzos de instituciones, empresas y personas que se sumen con sus donaciones. Cualquier apoyo, por modesto que sea, es vital en estos momentos.

En varios países, la MGF está prohibida, pero se sigue haciendo. ¿Acaso la ley no es suficiente para parar a estas personas que destrozan la integridad de estas niñas?

La MGF es ilegal en 26 países africanos pero cambiar la ley sin modificar las actitudes y normas sociales no es suficiente para acabar con esta práctica tan profundamente arraigada en ciertas comunidades de esos países (no todas las etnias de un país la practican). Es necesario acompañar los cambios legales con campañas de sensibilización y educación que logren un pleno convencimiento, así como la decisión de la propia comunidad para ponerle fin. En muchos casos las comunidades ni siquiera conocen la legislación. En Afar, por ejemplo, zona en la que trabajamos en Etiopia, sólo un 28% de la población que entrevistamos conocía la prohibición. Al ser una práctica ancestral, ligada a conceptos como intimidad o sexualidad, además de prohibirla es necesario educar y sensibilizar.

Imagino que hay quien os verá como intrusas, que queréis acabar con la cultura y la tradición de un país. Y eso no es cierto. ¿Cómo hacéis esa labor pedagógica?

Amref es una entidad africana. La sede de la red internacional de Amref está en Nairobi. Las necesidades y estrategias de intervención se identifican en países africanos dónde se van a ejecutar las acciones (soluciones africanas a problemas africanos). El 97% de los trabajadores de Amref Global (en África, Europa y Norteamérica) son africanos.

Las personas que trabajan contra la mutilación genital femenina en el terreno son integrantes de las propias comunidades. Son personas que aman su cultura y su identidad, pero que luchan contra prácticas dañinas. Y desde Amref España se trabaja en estos programas siguiendo las líneas estratégicas surgidas de Nairobi. Por tanto, es un ámbito de trabajo que se ha identificado e iniciado desde África y que en España apoyamos.

Sin educación, está claro que nos extinguimos. Y todavía hay quien no cree en su importancia…

La educación es la base para eliminar tradiciones dañinas e injustas. En algunas comunidades de Kenia y Tanzania donde trabajamos, la mutilación genital femenina también va ligada a la educación, ya que se practica en el rito de paso de niña a mujer (en torno a la pubertad) y cuando se mutila a las niñas, suelen dejar la escuela para casarse. Desde Amref trabajamos con el modelo de ritos de paso alternativos, que respetan la cultura y los valores del rito de paso, pero eliminan la mutilación genital. En el rito de paso tradicional, los ancianos bendicen a las niñas con leche para que sean buenas esposas y madres. En el alternativo, las bendicen con cuadernos y bolígrafos para que sigan estudiando.

Silvia, como ciudadanos, cómo podemos contribuir a la lucha contra la mutilación genital femenina.

Todos podemos luchar contra la mutilación genital femenina y formar parte de este movimiento para liberar a las niñas del miedo y permitir que puedan construir su propio destino. Hemos lanzado la campaña #NiñasSinMiedo para recaudar fondos que nos permitan ampliar nuestra respuesta. La situación es gravísima y amenaza la vida y el futuro de millones de niñas. Por favor, si puedes, súmate con una donación.

Fuente: https://www.elcorreogallego.es/tendencias/en-las-comunidades-donde-trabajamos-el-matrimonio-infantil-se-vincula-con-la-mutilacion-genital-femenina-FE6420968

Comparte este contenido:

La pandemia a través de los ojos de las adolescentes (IV): más desigualdad, más mutilación genital

Noticia/África/elpais.com

En muchos países la ablación es norma social con origen en la desigualdad de género. Unos 200 millones de mujeres la han sufrido y, sin campañas de prevención por la covid-19, su práctica aumenta. Esta serie documental recoge, de la mano de Unicef, el testimonio de 16 jóvenes sobre el impacto en sus vidas. La ofrecemos en castellano en exclusiva

En esta cuarta entrega de nuestro documental, han transcurrido cuatro semanas desde que las chicas nos permitieron echar un vistazo a su mundo, pero con el paso del tiempo, la situación de la covid-19 ha evolucionado. Con el aumento de los contagios, en muchos países el impacto del virus empieza a golpear más cerca de casa y se sienten los efectos.

Antes de la pandemia, la desigualdad de género ya limitaba la capacidad de muchas niñas para acceder a la educación. Ahora, a medida que algunas escuelas reabren después de los confinamientos, la covid-19 añade una nueva serie de complicaciones que reducen aún más su acceso a la educación y algunas chicas lo sufren más que otras. Aunque la pandemia está dificultando que estas niñas se mantengan al día con los estudios, y a pesar del confinamiento en Nepal, Madhu sigue haciendo todo lo posible para aprender desde casa. “Por culpa del coronavirus, a mi padre y a mi madre les preocupa nuestra educación y que podamos olvidar lo que hemos aprendido hasta ahora […] Uno de los problemas a los que se enfrenta mi familia es que no hay dinero para comprarnos libros y otro material. Por eso cogí el dinero que ahorré con mis hermanos y compramos libros y bolígrafos para estudiar”, explica esta joven.

Para muchas niñas, acceder a la educación antes de la crisis sanitaria mundial ya era un problema. Ahora hay una amenaza muy real de que el virus empeore aún más la discriminación y la desigualdad, y cree una barrera más para las niñas. Pero más allá de la falta de acceso a la educación, hay otras prácticas dañinas que las discriminan. En muchos países, la práctica de la mutilación genital femenina es una norma social profundamente arraigada que tiene su origen en la desigualdad de género. En todo el mundo, hay al menos 200 millones de niñas y mujeres que han sido sometidas a este ritual, que consiste en realizar una escisión total o parcial de los órganos genitales femeninos o cualquier otra lesión de los mismos por motivos no médicos. En Malí, se calcula que casi nueve de cada 10 niñas y mujeres la han sufrido. “Me dan lástima las niñas cuyos padres las envían a que les hagan esto. No creo que sea bueno porque complica la vida de sus hijas. Actualmente, las autoridades no castigan con dureza a los padres, de modo que hacen lo que quieren con sus hijas”, se lamenta Laetititia, desde Chad.

Mientras que las familias en países como Chad mantienen la práctica en secreto, las familias de otros países no lo hacen. En Indonesia, a pesar de que la práctica es ilegal, casi una de cada dos niñas ha sufrido la ablación, que suele aceptarse más abiertamente desde el punto de vista cultural. “En mi zona también se circuncida a las niñas, por lo general cuando tienen alrededor de cinco, seis o incluso siete años. Normalmente, las niñas que son circuncidadas llevan un vestido bodo de siete capas. Es la ropa tradicional de Bugis. Cuando es circuncidada, sus padres celebran una fiesta”, explica Zulfa, desde Indonesia.

Muchos de los países con altas tasas de mutilación genital femenina han ilegalizado el ritual, pero en la mayoría de ellos, la práctica continúa, aunque se hable menos de ello. Ahora, con los confinamientos y las medidas de distanciamiento social en todo el mundo, es más importante que nunca seguir prestándole atención y seguir hablando de ello. Si queremos que la situación cambie, tenemos que asegurarnos de que vemos y escuchamos los problemas de estas chicas.

Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/elpais/2020/10/06/planeta_futuro/1601994688_299254.html

Comparte este contenido:

Al mundo le faltan 142 millones de mujeres ‘desaparecidas’ por machismo

Por: Alejandra Agudo

El informe del Estado Mundial de la Población 2020 publicado por el UNFPA denuncia que hay 19 formas de violar los derechos de las mujeres y analiza en profundidad tres de ellas: los feticidios de niñas, la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil

Las llaman «las desaparecidas». Son las que no llegaron a nacer porque fueron víctimas de feticidio femenino o murieron tempranamente porque sus padres desatendieron su alimentación y salud deliberadamente en su primera infancia. Por ser mujeres. El Fondo de las Naciones Unidas para la Población (UNFPA, por sus siglas en inglés), la agencia que se encarga de la salud sexual y reproductiva, calcula que hoy al mundo le faltan 142,6 millones de mujeres. Nacen menos de lo que es naturalmente normal (100 niñas por cada 106 niños) y fallecen de más en sus primeros años de vida. La preferencia por los hijos varones detrás de estas desapariciones es una de las 19 violaciones de sus derechos fundamentales que sufren las mujeres por el hecho de serlo, según este organismo. Desde el planchado de senos hasta las pruebas de virginidad. Pero en su informe anual del Estado de la Población Mundial 2020 se ha centrado en tres: la ya citada selección de niños, el matrimonio infantil y la mutilación genital femenina.

«Imaginen a una niña de 12 años que adora ir a la escuela, pero a la que sus padres un día le dicen que se ponga su mejor ropa y dos horas después la casan con su vecino que le triplica la edad. O una chica de 16 años a la que le mutilan sus genitales. Imaginen a una pequeña de cuatro que escucha a sus padres quejarse de que no tienen un hijo y que ella es solo una carga», pide Natalia Kanem, directora ejecutiva del UNFPA, a un grupo de periodistas en la presentación por videoconferencia del informe titulado en esta edición Contra mi voluntad. «No nos hace falta imaginarlo porque son situaciones reales que ocurren miles de veces cada día en todo el mundo», agrega.

No fue una ficción paraJasbeer Kaur. Cuando tenía 25 años supo que estaba embarazada de trillizas. Tres niñas. «Ahora está prohibido pero, en aquel momento, te decían el sexo del bebé. La doctora se ofreció a practicarme un aborto porque consideró que sería difícil para mí criar a tres hijas Me explicó que el procedimiento era sencillo, similar a un parto. Por unos momentos tuve miedo, pero Dios me dio fuerzas para rechazar su oferta y dije que no», recuerda esta madre india 23 años después. Una decisión nada común que no gustó a su marido ni a sus suegros. «Ninguna niña había nacido en la familia de mi esposo en tres generaciones. Y dijeron que no iban a permitir que vinieran al mundo tres de golpe. Me dieron un ultimátum: aborta o vete», rememora Kaur. Y se marchó.

A pesar de que actualmente la revelación del sexo del bebé está prohibida en India para evitar los feticidios femeninos, tampoco algunos de los vecinos de Kaur en el Rajastán rural entienden aún hoy su decisión. «La gente aquí en mi pueblo a menudo me dice: ‘Pobrecita, deberías haber tenido al menos un hijo en lugar de tres hijas’. Y les digo: ‘¡Ahórrense esa basura! Soy mujer y estoy orgullosa de haber criado a estas chicas que ahora son adultas», relata. Pero esta madre es también un ejemplo vivo que todas las mujeres locales citan con orgullo, aseguran los autores del documento.

Sin embargo, la selección prenatal y posnatal de varones sigue muy extendida en India. De acuerdo con los datos analizados por el UNFPA, cada año se abortan selectivamente casi medio millón de niñas. Y una de cada nueve de las muertes infantiles de niñas menores de cinco años en el país son atribuibles a esta discriminación de género. India y China (666.300 feticidios femeninos anuales), son los mayores generadores de desaparecidas en el mundo. Y su balanza de sexos está muy descompensada con 112 niños por cada 100 niñas.

«Las mujeres no pueden esperar. Las chicas representadas en este informe no pueden esperar. Y sus derechos no deben dejarse de lado debido a la covid-19 o un huracán, ni por nada. Deben ser una prioridad. Es lo que exigen los Objetivos de Desarrollo Sostenible [ODS]», reclama Kanem en una entrevista por teléfono. «Aun así, muchas no van a la escuela, no terminan la primaria y ni sueñan con la secundaria. Y sabemos que la educación es protectora frente a otras violencias. El matrimonio infantil o la mutilación genital femenina es una discriminación hoy, pero es un trauma para el resto de sus vidas. Y, por supuesto, lo es la preferencia de hijos», resume.

En opinión de Kanem es necesario preguntarse por qué en algunas culturas y territorios los progenitores prefieren tener hijos varones y se producen abortos selectivos de niñas. «Es irónico. Encontramos que muchos quieren chicos para que, cuando sean adultos, les mantengan. Pero a veces eso no sucede e incluso tienen problemas para encontrar esposa. A veces es por cuestiones religiosas o porque es el hombre el que hereda y perpetúa el nombre de la familia». Pero todo eso se puede cambiar, anota la doctora, si se repiensa la seguridad económica de los ancianos o se pone en valor que una hija educada también cuidará de sus mayores, por ejemplo.

Es posible acabar con la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil en 10 años

Para acabar con las prácticas dañinas contra las niñas y mujeres es necesario que las leyes y las políticas se traduzcan en acciones sobre el terreno, apunta Kanem. Y que las intervenciones que se desarrollan en las comunidades se puedan hacer crecer. «Algunos enfoques no son escalables. Entonces, si solo estamos haciendo dos y tres pequeños cambios en comunidades aquí y allá, es posible que no sean lo suficientemente potentes como para conseguir la transformación radical que necesitamos para lograr la igualdad de género para el año 2030».

Kanem cree que es posible alcanzar algunas de las metas establecidas en los ODS, sobre todo, acabar con la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil para 2030. Pero con más acción y más actores involucrados. «Es por eso que hago un llamamiento a los hombres; para que sean parte de la solución, para que defiendan los derechos de las mujeres», apela. «También creo que es importante no subestimar el papel que están jugando los jóvenes. Ellas exigen la igualdad».

Tienen motivos. Los datos publicados por el UNFPA demuestran que hay progresos en la lucha contra la ablación o el matrimonio infantil, pero más niñas se verán afectadas debido al crecimiento demográfico en el planeta. Este 2020, se estima que 4,1 millones de niñas serán sometidas a la mutilación genital. En total, 200 millones de mujeres en el mundo han sido sometidas a esta violencia. Hoy, en un solo día, 33.000 niñas menores de 18 años serán obligadas a casarse, en la mayoría de los casos con hombres mucho mayores que ellas. Se sumarán a los 650 millones de esposas que fueron forzadas a enlazarse antes de alcanzar la mayoría de edad.

Alejandra Teleguario, de 19 años, es una de esas jóvenes que ha dicho basta. Esta guatemalteca es «activista feminista por los derechos sexuales de las juventudes y mujeres» de su país y forma parte del Grupo Asesor de Jóvenes del UNFPA en Guatemala. Comenzó su defensa de los derechos de las niñas y adolescentes con 13 años al conocer a chicas jóvenes, incluso de su edad, en el Hogar Seguro del Estado que habían sido víctimas de violencia de género, agresiones sexuales y matrimonio infantil. «Algunos casos eran muy fuertes», recuerda. En 2015, el Código Civil de Guatemala permitía las uniones desde los 14 años ellas y 16 ellos. Y los cambios que se produjeron desde entonces dejaban la puerta abierta a los enlaces entre menores. Hasta 2017. Teleguario se siente parte de esa victoria. «Aunque todavía hay datos preocupantes, sobre todo en municipios donde predomina la pobreza extrema y persisten prácticas culturales que no han permitido defender completamente los derechos de niñas y adolescentes», advierte.

Miembro de los programas de jóvenes líderes de la organización Women Deliver, Teleguario está involucrada con diferentes organizaciones, redes y actividades para acabar con las prácticas nocivas que sufren las niñas en su país, especialmente los embarazos adolescentes. «Entre enero y mayo de 2020 se han registrado 46.863 en chicas de 10 a 19 años. Es una cantidad desorbitada teniendo en cuenta que desde marzo el país ha estado en cuarentena por la covid-19. Y es un tema tabú la educación en temas de sexualidad», explica.

También es tabú el aborto y no constan casos de feticidios femeninos en el país, pero sí hay preferencia por los varones. «Cuando se festeja la llegada de un bebé, la alegría es mucho mayor si es un niño. Cuando se enteran de que es una niña, hay rechazo en algunas comunidades. Las familias son numerosas y hay una distinción muy fuerte entre las oportunidades que se le dan a los hombres y las mujeres. No es secreto que en Guatemala y otros países de la región se prioriza la educación de los chicos, entre otros privilegios», detalla. «Ellas se quedan en casa ayudando a la madre con las tareas del hogar. Además del hecho de que todavía se sigue practicando el intercambio de hijas por objetos o animales».

Nacer niña es una misión difícil en muchos países. Y una vez en este mundo, la vida va a ser más dura, plagada de obstáculos y violaciones de sus derechos. El ritmo hacia la igualdad de género y la erradicación de estas prácticas es lento. Así lo ha señalado la ONU: el ODS 5 que llama a poner fin a todo tipo de violencia ejercida contra las mujeres es el que menos ha progresado. «Es la década de la acción», apunta Kanem. «Y una estrategia para la acción concertada necesita una hoja de ruta, necesita un plan, necesita un acuerdo. Entonces, el estilo de debate combativo del feminismo puede ser productivo, pero el punto de ese debate debe ser: ¿qué vamos a hacer? Creo que las feministas, algunas de las estrategas más sabias y comprometidas del mundo, deben unirse para avanzar en esta agenda. Espero que defiendan la igualdad de derechos para las niñas, donde sea que estén. Y aunque se produzcan debates, aceptemos que una niña debe permanecer en la escuela, que tiene que estar bien preparada para el empleo y debe contar con la información para tomar decisiones sobre su cuerpo, su fertilidad y lo que quiere hacer para dar forma a su propio futuro», zanja la experta.

Y LLEGÓ LA COVID-19

Un informe del Fondo de Población de la ONU del pasado abril, advertía de que algunas medidas para combatir la covid-19, como el confinamiento y el cierre de clínicas por falta de material y personal, dejarán sin acceso a métodos anticonceptivos a 47 millones de mujeres. La investigación del UNFPA, realizada con contribuciones de Avenir Health, la Johns Hopkins University (EE UU) y la Universidad Victoria (Australia), desvelaba que, por cada trimestre de interrupción de los servicios de salud sexual y reproductiva habrá dos millones adicionales de mujeres que dejen de usar anticonceptivos modernos. Lo que supondrá un gran paso atrás en los progresos que se venían produciendo en la extensión de su uso, que casi se había duplicado en dos décadas, pasando de los 470 millones que los utilizaban en 1990 a 840 millones en 2018. ¿Resultado? Habrá siete millones de embarazos no deseados en seis meses en 114 países de renta baja y media.

Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/elpais/2020/06/29/planeta_futuro/1593424633_591329.html

Comparte este contenido:

Mutilaciones genitales de «puerta en puerta» durante el confinamiento en Somalia

Redacción: ABC Sociedad

Las estrictas medidas impuestas en Somalia para tratar de contener el nuevo coronavirus están afectando especialmente a las niñas. El confinamiento decretado ha llevado a un gran aumento en los casos de mutilación genital femenina (MGF), según la ONG Plan International, un grupo de derechos de las niñas. «Hemos visto un aumento masivo [de casos de mutilación genital femenina] en las últimas semanas», dijo Sadia Allin, jefa de misión de Plan International en Somalia.

Según la ONG, las familias en Somalia estaban aprovechando el cierre de escuelas para llevar a cabo la mutilación genital femenina para que las niñas tuvieran tiempo de recuperarse del ritual, que puede llevar semanas. Los que practican la MGF van «casa por casa» ofreciendo circuncidar a las niñas, atrapadas en sus hogares: «Los “cortadores” han estado tocando puertas, incluida la mía, preguntando si hay chicas jóvenes que puedan circuncidar. Me sorprendió mucho», dijo Allin, que tiene dos hijas de cinco y nueve años. Según la ONG, las enfermeras de todo el país también han informado un aumento en las solicitudes de los padres que desean que realicen la mutilación genital a sus hijas aprovechando el parón escolar.

El peligro de la pandemia

La pandemia está socavando los esfuerzos para erradicar la práctica en Somalia, el país con mayor tasa de prevalencia de todo el mundo. Según el Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF), un 98 % de las niñas de entre cinco y once años han sufrido en este país la mutilación total o parcial de sus genitales. «Queremos que el gobierno se asegure de que la MGF se incluya en todas las respuestas de Covid», piden desde la ONG.

En todo el mundo se estima que la MGF afecta a 200 millones de niñas y mujeres.

Fuente: https://www.abc.es/sociedad/abci-mutilaciones-genitales-puerta-puerta-durante-confinamiento-somalia-202005201607_noticia.html?ref=https:%2F%2Fwww.google.com%2F

 

Comparte este contenido:

El corto trecho entre coronavirus y mutilación genital

Reseñas/21 Mayo 2020/elpais.com

Las medidas de confinamiento son una trampa para mujeres y niñas. Un estudio sobre el aumento de la ablación a causa de la nueva pandemia confirma que el cierre de escuelas y programas en zonas vulnerables provocarán dos millones más de casos en la próxima década

Algunas veces, las coincidencias pueden ser realmente extrañas. El 28 de abril, el Gobierno de Sudán anunció una ley que por fin convertirá en delito la mutilación genital femenina, en uno de los países africanos con mayor número de víctimas de esta cruel tradición patriarcal (Unicef considera que el 87% de las mujeres del país la ha sufrido). Sudán era, hasta ahora, uno de los más reacios a considerar delito lo que para muchos grupos étnicos sigue siendo un sello de pureza indispensable para cualquier chica que aspire a un buen matrimonio.

En las mismas horas en que activistas de todo el mundo celebraban esta victoria histórica por los derechos de las mujeres, el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA, por sus siglas en inglés), inició un estudio sobre la posibilidad de que la mutilación genital femenina se propague en todo el mundo a causa de la pandemia en curso. Es uno de los numerosos efectos secundarios de la covid-19: las medidas de confinamiento, el toque de queda y el cierre de las actividades económicas y de las escuelas, decretado en toda en África para detener el virus pueden ser una trampa para muchas mujeres y niñas, que serán aún más vulnerables frente a la violación de sus derechos.

Según los expertos del UNFPA, que han publicado el análisis en colaboración con la ONG Avenir Health, la universidad estadounidense Johns Hopkins y la universidad australiana Victoria, la prolongación del confinamiento podría provocar en la próxima década dos millones más de casos de mutilación genital femenina respecto a las cifras previstas, además de 13 millones de matrimonios forzosos para niñas menores de 10 años.

¿Las razones? En primer lugar, el retraso en la aplicación de los programas contra la mutilación genital femenina, que se basan en encuentros con las comunidades, la sensibilización de los jefes de las aldeas, las reuniones y el intercambio continuo de informaciones. Todo ello ha quedado en suspenso debido a los cierres causados por la covid-19 y la restricción de movimientos.

La mutilación genital femenina afecta a 200 millones de mujeres en el mundo y tiene consecuencias psicológicas y sanitarias devastadoras, según el último informe de Unicef. La mayor concentración se produce en África, donde 27 Estados siguen registrando distintos porcentajes de esta violencia de género, incluidos aquellos que la declararon ilegal mucho antes que Sudán. Estos porcentajes varían del 95% de mujeres que han sufrido la mutilación en Guinea al 76% de Burkina Faso; del 65% de Etiopía al 24% de Senegal; hasta países donde la práctica es marginal, pero aún no se ha erradicado, como Benín (9%) y Togo (3%).

“Los nuevos datos muestran el impacto catastrófico que la covid-19 podría tener pronto en las mujeres y las niñas de todo el mundo”, afirma la directora del UNFPA, Natalia Kanem. Aunque son solo cálculos: “Las proyecciones ofrecen una visión alarmante sobre el futuro de las mujeres y las niñas, a menos que se hagan urgentemente esfuerzos para garantizar su bienestar y sus derechos”.

Cuatro mujeres sudanesas caminan juntas por un barrio de la capital del país, Jartum, el pasado 5 de mayo de 2020, pocos días después de que Sudán prohibiese por ley la práctica de la mutilación genital femenina.
Cuatro mujeres sudanesas caminan juntas por un barrio de la capital del país, Jartum, el pasado 5 de mayo de 2020, pocos días después de que Sudán prohibiese por ley la práctica de la mutilación genital femenina. ASHRAF SHAZLY AFP

Es probable que las mutilaciones genitales femeninas aumenten también debido a la crisis económica y la consiguiente pobreza, que es el principal motor de los matrimonios infantiles que, en países en los que se sigue esta tradición, van precedidos del “corte” de la niña para que llegue pura a la boda. “Las familias pobres tienen más probabilidades de casar a sus hijas en tiempos de estrés económico, para aliviar la carga que supone cuidarlas”, subraya Natalia Kanem.

Judy Gitayu, coordinadora regional en África de la campaña Equality Now, ha observado que también el cierre de las colegios durante la pandemia puede ser perjudicial, y no solo desde el punto de vista educativo. “Las escuelas, en general, son lugares seguros para las niñas”, asegura, “y aquellas que no asisten a clase son más vulnerables a la violación de los derechos humanos, incluida la explotación sexual y laboral, la mutilación genital, el embarazo precoz y el matrimonio infantil. Además, las escuelas suponen un canal para denunciar violaciones o amenazas y tomar medidas; la pandemia ha bloqueado esta importante fuente de salvaguardia, lo que seguramente se traducirá en una menor protección para las niñas y una menor responsabilidad para los autores del delito”.

También hay quienes aprovechan el encierro para retomar de nuevo campañas a favor de la mutilación genital femenina, que se presenta como una tradición cultural típicamente africana que debe mantenerse para preservar su identidad étnica. Lo denuncia, en Nairobi, en Kenia, Everlyne Komba de la red EndFGM: “En las comunidades donde la mutilación genital femenina está profundamente arraigada, la niña no tiene otra opción, no puede negarse sin pagar un precio social, físico o cultural muy alto. En situaciones de emergencia como la que estamos experimentando debido al virus, esas consecuencias degeneran en intolerancia extrema o en etnoterrorismo, o incluso en sanciones sociales como la marginación dentro de la comunidad, el abuso psicológico, o la maldición, la excomunión y las amenazas de muerte”.

Tomemos el ejemplo de Kenia, considerado el país más avanzado del África subsahariana en la lucha contra la mutilación genital femenina, con un porcentaje de víctimas en constante disminución (actualmente, el 21%). El Gobierno de Uhuru Kenyatta se ha comprometido a suprimirla por completo de aquí a 2022, es decir, ocho años antes que el quinto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible establecidos por la ONU. “Una meta muy ambiciosa”, comenta Komba, que ahora se enfrenta a un movimiento pequeño pero decidido que se opone a la criminalización de esta práctica.

«La pandemia ha creado las condiciones ideales para que estas personas persigan sus motivaciones perversas, aprovechando que las instituciones están completamente enfocadas en responder a la covid-19 y, por lo tanto, prestan menos atención a otros asuntos». La activista africana comunica que ha recibido noticias directas de niñas a las que mutilaron clandestinamente (en Kenia se considera un crimen desde 2001), y lo mismo cuenta la psicoterapeuta y feminista de origen somalí Leyla Hussein, que ha fundado en Reino Unido, donde vive, varias asociaciones que brindan apoyo psicológico a las víctimas de la mutilación genital: “En este período, estoy dando apoyo a través de Internet a muchas activistas de África”, explica. “Una de ellas me dijo que en su aldea mutilaron a 45 niñas en una mañana. Por supuesto, la pandemia está matando a muchas personas, pero creemos que, en el mundo, cada 11 segundos se le corta el clítoris a una niña. ¿Por qué no podemos preocuparnos también por esto? Sin embargo, el aumento de esta violencia contra las mujeres tendrá un gran impacto en comunidades enteras”.

De hecho, en toda África se alzan voces que invitan, en este período de covid-19, a no bajar la guardia en lo relativo a los derechos de las niñas. En Ghana, la actriz Yvonne Ossei, protagonista de una serie de televisión que habla precisamente de la mutilación genital femenina, no pierde ninguna ocasión de recordar públicamente a sus compatriotas que no se escuden en la pandemia para no denunciar los abusos contra las mujeres. En Kenia, en el condado septentrional de Samburu, Bernadette Loloju, del organismo gubernamental Anti-FGM, declaró a la agencia Reuters que el cierre de escuelas desde el 16 de marzo ha provocado un aumento de la mutilación genital. “Se ha detenido incluso a una madre que hizo que mutilaran a su hija de 12 años”, refiere, “y las autoridades nos pidieron a los técnicos y a los jefes de la aldea que visitáramos las comunidades rurales del condado para vigilar”.

En el sureste de Nigeria, Kenneth Ehouzou, del UNFPA, ha observado que durante el confinamiento es casi imposible vigilar a las comunidades, y que el alto riesgo de mutilación genital también se debe a la falta de apoyo social a las niñas, obligadas a recluirse en su entorno familiar. En otras palabras, si los padres deciden mutilar a su hija, ella no puede pedir ayuda a nadie.

En Tanzania, la ONG Hope reunió a expertos internacionales (todos a través de Internet) para buscar la mejor manera de lidiar con el posible aumento de las mutilaciones clandestinas debido al nuevo coronavirus: “En la región de Mara”, señalan desde Hope, “el 32% de las mujeres han sufrido la mutilación genital. Hope ha abierto dos casas refugio para niñas que huyen de esta práctica: llegan por la noche, con lo puesto, y les ofrecemos seguridad, educación y esperanza. Ahora nos preguntamos cómo equiparnos para un posible aumento de casos”.

En Nigeria, donde más de 40 millones de mujeres, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), sufren la herida de una mutilación genital, durante un foro organizado en Lagos por la fundación Think Right, varias asociaciones han pedido al Gobierno federal que, durante esta pandemia, redoble sus esfuerzos contra esta forma de violencia. “Nunca quise circuncidar a mi hija de 10 años, a pesar de la presión de la familia de mi marido”, contaba la activista Foluke Olowoyo durante el foro, “pero cuando fuimos a visitarlos con ocasión de un funeral en el estado de Ekiti, al suroeste del país, los parientes cogieron a la niña y la mutilaron a la fuerza, y luego trataron de aplacar nuestra ira diciendo que el clítoris es un tabú y que una niña no circuncidada sufrirá graves consecuencias en la vida. Mi hija desarrolló una infección y poco después murió. Esta es la realidad de la mutilación genital femenina”.

Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/elpais/2020/05/11/planeta_futuro/1589200091_762767.html

Comparte este contenido:
Page 1 of 4
1 2 3 4