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Sexismo en el lenguaje, ¿filología o ideología?

Por: Enric Llopis

El uso rutinario del lenguaje puede, muchas veces, nublar la visión de la realidad. ¿Es posible ser padre sin tener hijos? He aquí el “enigma”, de sencilla resolución en teoría pero en la práctica un acertijo por los inadecuados hábitos lingüísticos. La profesora de Lengua Castellana y militante del movimiento feminista, Teresa Meana, ofrece la respuesta al arcano: “Muy fácil, teniendo hijas”. Es autora del libro “Porque las palabras no se las lleva el viento… Por un uso no sexista de la lengua” (2002) y activista en la Casa de la Dona de Valencia. En las conferencias que imparte, suele advertir al auditorio: “Todas las lenguas son igualmente sexistas, el patriarcado es universal”. No hay más que observar la lengua inglesa y el torrente de palabras que agregan “-man” (hombre) a la raíz. Pero todo empieza en la escuela. Así, cuando la maestra apela a los niños puede estar utilizando el genérico masculino (con lo que incluye a las alumnas) o refiriéndose sólo a ellos. Y para hacer la distinción, “ahí es cuando interviene la famosa intuición femenina”, afirma la activista en las Jornadas Feministas organizadas por el sindicato Acontracorrrent. La psicóloga Montserrat Moreno señaló muchos de estos usos en “Cómo se enseña a ser niña. El sexismo en la escuela” (Icaria, 2000). Aunque la cuestión trasciende las aulas, porque en una reunión de críticos ¿hay presencia de mujeres?

La conferencia de Teresa Meana pone en claro la utilización torcida del lenguaje. A mujeres como la científica polaca Maria Salomea Sklodowska-Curie (1867-1934) se las conoce por el apellido del padre o del cónyuge, sin embargo permanece ignoto el de la madre. También pueden rastrearse las huellas de la discriminación de género en los diccionarios, “que no reflejan la lengua sino el poder de quien los hace”. Meana recuerda que el diccionario de la Real Academia Española definió al huérfano-huérfana como la persona cuyo padre o madre (o ambos) han fallecido, aunque preferentemente el padre; además, actualmente la RAE considera que un sombrero es, en la segunda acepción, una prenda de adorno usada por las mujeres para cubrirse la cabeza (en la primera no se hacen distingos de género: prenda de copa y ala para cubrir la cabeza). Se trata de reflexiones que parten de dos premisas. La lengua –y en el mundo se hablan cerca de 6.000- no es un “hecho biológico” ya cerrado, sino un organismo vivo y en evolución constante. Además el ser humano habla y aprende –desde la lengua materna- por imitación. Ello significa que la lengua –en tanto que producto cultural- es aprendida y por tanto modificable.

Hay veces que el hablante incurre en usos directamente racistas. Los incluye Eduardo Galeano en el poema dedicado a “Los Nadie” (1940): “Que no son, aunque sean / Que no hablan idiomas, sino dialectos / Que no hacen arte, sino artesanía / Que no practican cultura sino folklore / Que no son humanos, sino recursos humanos”. Por esta razón una homilía en el Vaticano se considera una ceremonia religiosa, mientras que un rito de los indios Aymara en el Lago Titicaca se tacharía oficialmente de superstición. La invisibilización que denuncian los versos de Galeano se extiende a las mujeres en el lenguaje del día a día. Ocurre con el título de la exposición “Las edades del hombre”, organizada por la fundación religiosa del mismo nombre para la promoción del patrimonio de las once diócesis católicas de Castilla y León. O con usos tan habituales que pasan inadvertidos. “Zorro” equivale a astuto, mientras que en femenino es sinónimo de prostituta, palabra con una sinonimia vastísima. El gobernante es quien rige los destinos de un país, pero la gobernanta es la responsable de planta en un hotel. Podría reservarse un capítulo específico para el refranero. “Mujer que sabe Latín, ni tiene marido ni tiene buen fin”, le enseñaban a Teresa Meana en el colegio de monjas. Y otro apartado al deporte, con expresiones como “había numerosos aficionados, también mujeres”.

En otras ocasiones el sexismo se plantea de manera subrepticia. “Quizá se pueda afirmar que el hombre –en genérico- inventó la rueda, pero decir que fue el hombre quien inventó la agricultura es una mentira enorme”, apunta Teresa Meana. En los años de combate lingüístico se ha encontrado incluso con casas editoriales que, tras declararse contrarias a los usos sexistas, han elaborado diccionarios que definen al hombre como “individuo de la especie humana” y a la mujer como “persona del sexo femenino”; más aún, en la segunda acepción caracterizaban a la mujer como aquella persona que dejó de ser niña, mientras que para el hombre se reservaba el adjetivo “adulto”. O anuncios rocambolescos, por ejemplo uno de la marca de relojes IWC: “Igual de complicado que una mujer, pero puntual”. La profesora y militante feminista ha vivido la jerarquización política de las lenguas. “Cuando yo estudiaba sólo había una lengua, el castellano, y el resto se consideraban dialectos; se incluía aquí a una lengua no indoeuropea como el Euskera, cuya presencia es muy anterior”.

Durante años de militancia ha entablado batalla dialéctica con celebrados escritores, como Javier Marías. Una de ellas en 2006, en respuesta a un artículo publicado por el novelista en El País (“Narices con poco olfato”). Teresa Meana defendía el uso del femenino “jueza”, al igual que se admite el término “andaluza”; o cancillera, profesora, bedela y oficiala. Frente a argumentos como que las feministas odian el latín, ironizaba con una apelación a lo que en esos casos hubiera hecho el pueblo romano: Invocar por separado a dioses y diosas (deus-dea). “Porque temían que las deidades no escucharan sus ruegos si empleaban una sola forma; Ah!, y para las obsesiones, nada como visitar al psiquiatro”, concluía la carta a Marías. “Con Pérez Reverte también tengo un problema”. La profesora de Lengua señala el trasfondo de este tipo de polémicas: “Los argumentos nunca se basan en cuestiones lingüísticas, sino ideológicas”.

Hasta no hace mucho las mujeres tenían el acceso casi vetado a determinadas profesiones. Pero al igual que los libros de texto para escolares contienen el femenino “médica”, el criterio puede ampliarse a “fontanera”, “ingeniera” o “ministra”. Teresa Meana insiste en que el masculino “nunca puede considerarse genérico, sino estrictamente masculino”; así pues, los vascos, los refugiados o los niños “no incluyen a las mujeres”. Así expresadas, pueden parecer afirmaciones poco objetables, pero el uso no sexista del lenguaje se enfrenta a fuertes reticencias: que si las expresiones figuran o no en los diccionarios académicos, que si da lugar a expresiones largas y complicadas… Tal vez fueran las mismas adversidades e incomprensiones contra las que batalló Olimpia de Gouges, autora en 1791 de la Declaración de Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, en cuyo preámbulo –que declaraba a madres, hijas y hermanas “representantes de la Nación”- denunciaba la “ignorancia”, el “olvido” y el “desprecio” de los derechos de la mujer.

Autor del libro “¿Es sexista la lengua española? (Paidós, 1994), el fallecido ingeniero y profesor del CSIC Álvaro García Meseguer profundizó en un asunto capital, el “salto semántico”. Consiste en empezar la oración con un sujeto genérico, pero que a continuación revela una referencia exclusiva a los varones. Teresa Meana ha recopilado ejemplos (“hay miles de casos”) de diferentes libros de texto. “Todo el pueblo bajó al río a recibirles, quedando en la aldea las mujeres y los niños”; “Los romanos permitían a sus esposas tener esclavos propios”. La Gran Enciclopedia Salvat de 2008 hacía referencia a la gran impedimenta para los hunos de “carros, mujeres y rebaños”. En este tipo de expresiones incurre un Premio Nobel de Literatura como Camilo José Cela: “El afán de aventuras suele acompañar al hombre y todos, de niños, soñamos con cazar leones, asaltar bancos, perseguir criadas (…)”. En enero de 2006 el escritor Javier Cercas publicaba un artículo en El País, “Este oficio no es para cobardes”, en el que desarrollaba su concepción del poeta: “No es una damisela asustadiza que se pasa la vida oliendo flores y soltando remilgos de monja o flatulencias sentimentales. Un poeta es un peligro público”. Una página Web sobre el consumo de drogas corona la retahíla. ¿Qué hacer ante una intoxicación aguda por ingesta de cannabis? En primer lugar, recabar toda la información posible de “los amigos y la novia de la persona afectada”.

Muchas de las pegas, impedimentos y prejuicios podrían resolverse con un vistazo a los clásicos. En el Siglo XII el “Cantar del Mío Cid” incluye las variantes moros y moras; o mujeres y varones. En el siglo XIV “El Libro del Buen Amor”, del Arcipreste de Hita, tampoco consideraba “farragoso” incluir a los dos géneros. El Ordenamiento de Menestrales de las Cortes de Valladolid (1354) menciona, sin mutilaciones sexistas, a hombres y mujeres, aquéllos y aquéllas, los mozos y las mozas o los peones y las peonas. Los especialistas en Literatura también han estudiado la “novela de adulterio”, vertebrada por la siguiente tríada: “Ana Karenina” (1877), de Tolstoi; “La Regenta” (1884-85), de Leopoldo Alas “Clarin” y “Madame Bovary” (1856), de Flaubert. “Pero no se incluye ‘Fortunata y Jacinta’, que es de la misma época y donde el personaje adúltero es masculino”, señala Teresa Meana. En “La Regenta” Clarín (“y esto no quiere decir que fuera feminista”) escribe sin reparos muchachos y muchachas o señoritos y señoritas. En Colombia se asume sin remordimientos el sustantivo “lideresa” y en Panamá se cita a los miembros y las miembras del Parlamento. Se trata de una lucha sufrida, tortuosa y empedrada de dificultades. Hace apenas un siglo que se escolarizan las mujeres en España. Meana subraya el ejemplo de la escritora Concepción Arenal (1820-1893): “Estudió en la universidad vestida de hombre, con capa y sombrero de copa”.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=223163&titular=sexismo-en-el-lenguaje-%BFfilolog%EDa-o-ideolog%EDa?-

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La policía iba a la caza de los estudiantes, como si fueran conejos

Los movimientos sociales conmemoran en Valencia el quinto aniversario de las protestas estudiantiles contra los recortes
“La policía iba a la caza de los estudiantes, como si fueran conejos”

Por: Enric Llopis

Se cumple el quinto aniversario de las protestas estudiantiles conocidas como la “Primavera Valenciana”. Las movilizaciones, que alcanzaron relieve internacional, comenzaron el 13 de febrero de 2012 cuando los estudiantes del Instituto Luis Vives de Valencia salieron a la calle -en una “sentada” pacífica- para denunciar los recortes educativos promovidos por el Gobierno Valenciano, entonces en manos del PP. Las primeras acciones reivindicativas ya terminaron con cargas policiales. En la ciudad de Valencia -y después en el País Valenciano y el estado español- se generó una importante corriente de solidaridad con el movimiento estudiantil. Se propagaron las imágenes de la represión en la capital valenciana: “Una brutalidad no vista -al menos públicamente- desde los tiempos de la dictadura”, recuerda la Assemblea per les Llibertats i contra la Repressió-València sense Mordassa. Pasado un lustro, unas 70 personas con el apoyo de una treintena de organizaciones sociales, sindicatos y partidos de izquierda organizaron un acto conmemorativo el 16 de febrero en el centro de Valencia.

Los activistas cortaron simbólicamente la calle Marqués de Sotelo, frente al Instituto Luis Vives, tal como hicieron los estudiantes hace cinco años. Una pancarta con la consigna “De la Primavera Valenciana a la Llei Mordassa, 2012-2017” recordaba la actualidad de aquellas movilizaciones. La portaban ciudadanos con las camisetas verdes de “Stop Desahucios”, chalecos amarillos de Yayoflautas, “chapas” contra la central nuclear de Cofrentes y los carteles de la convocatoria. De modo espontáneo, una de las asistentes se acercó y pintó con una tiza sobre el asfalto: “Som i serem. Primavera Valenciana. No tenim por”. La pintada actuó como un reclamo para los fotógrafos.

El comunicado de la Assemblea per les Llibertats i contra la Repressió recordó la responsabilidad de los altos cargos de la época, hoy desaparecidos de la primera línea política. Entre otras, la delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana entre enero de 2012 y junio de 2014, Paula Sánchez de León, “quien ejerció con toda la fuerza la represión contra el pueblo”. Los activistas calificaron de “brazo ejecutor” de la exdelegada del Gobierno a quien fuera jefe superior de la policía en la Comunidad Valenciana, Antonio Moreno; a este alto cargo policial, relevado cinco meses después, se le achaca “un nivel totalmente desproporcionado de represión, identificaciones, retenciones, detenidos y heridos”. Moreno se dio a conocer por las palabras pronunciadas durante una rueda de prensa al calor de las protestas, cuando se le preguntó por el número de agentes desplegados: “No es prudente desde el punto de vista de la táctica policial que yo le diga al ‘enemigo’ cuáles son mis fuerzas”. Los activistas extendieron las responsabilidades al expresidente de la Generalitat, Alberto Fabra (se refirió a las “violentas protestas” y al riesgo de un “efecto llamada”); y a la fallecida alcaldesa de Valencia, Rita Barberá (señaló una “estrategia premeditada de la izquierda radical”).

En el turno de los parlamentos, una de las abogadas que se implicó en la defensa de los jóvenes subrayó, de espaldas a la fachada del instituto, “cómo este edificio hervía hace cinco años”. “Se aplicaron recortes en educación, cultura e investigación, la política de la derecha castigaba todo lo relacionado con el pensamiento crítico; y los estudiantes salieron a la calle pidiendo mejoras”. Para connotar la actuación policial, la letrada y activista recurrió a los adjetivos: cruel, atroz, sádica… En febrero de 2012 se vivieron escenas que rememoraban a los “grises” reprimiendo a los opositores a la dictadura. Persecución de jóvenes por las calles de Valencia, palizas, detenciones… “Como si estuvieran cazando conejos”. Un grupo de entre 15 y 20 abogados han colaborado de manera voluntaria y gratuita durante cinco años en la defensa de los jóvenes denunciados.

Dada la gravedad de los hechos, los movimientos sociales organizaron una asamblea ciudadana en la Societat Coral El Micalet de Valencia, y constituyeron la Assemblea per les Llibertats i contra la Repressió. La conocida como Assemblea “El Micalet” ha venido convocando acciones de denuncia en la calle (contra la reforma del Código Penal y la “Ley Mordaza”), pero también ha afrontado los procedimientos judiciales y las sanciones de los jóvenes de la “Primavera Valenciana”. Fuentes jurídicas destacan que los estudiantes ganaron prácticamente todos los litigios en los juzgados, y muchas de las sanciones recurridas fueron anuladas. La mayoría de los juicios se produjeron por supuestos delitos de resistencia y atentado a la autoridad, desobediencia y lesiones a agentes policiales. Constituyó otro hito en la actividad antirrepresiva el concierto organizado en septiembre de 2012 en el municipio de Godella, con músicos que actuaron de manera voluntaria y cuya recaudación se destinó a afrontar la defensa de los encausados.

“Posiblemente la ‘Primavera Valenciana’ representó el principio del final del PP en el País Valenciano”, recalca una de las activistas. Éste llegaría tras las elecciones municipales del 24 de mayo de 2015, en las que el Partido Popular perdió el poder en la Generalitat y en las tres capitales de provincia. Toma la palabra un joven militante del Bloc d’Estudiants Agermanats (BEA), que señala los motivos para que hoy prosiga la movilización. “Nos enfrentamos a la ‘Ley Mordaza’, a la elitización de la educación y a la subida de las tasas; de hecho, hoy nuestra universidad es exageradamente cara en comparación con otras en Europa: eso también es violencia”. Otra activista de Acontracorrent, sindicato al que pertenecían tres de los detenidos durante el primer día de las protestas, señala lo que fue una explosión reivindicativa por una educación pública y de calidad: “Ocupamos y dormimos en la facultad, donde organizamos asambleas y nos apoyaron los profesores, porque a ellos también les afectaban los recortes”. La joven coincide en que queda mucho trabajo pendiente, de ahí la huelga general educativa convocada para el próximo nueve de marzo.

En el acto conmemorativo participó el colectivo Estrela Roja de Benimaclet, que acompaña las reivindicaciones sociales en el País Valenciano con la música autóctona (el ‘tabal’ y la ‘dolçaina’). “También estuvo presente en la ‘Primavera Valenciana’ y nos llenaba de coraje con su música”, señala un portavoz de la Plataforma “València Sense Mordassa”, encargado de la presentación. “Dolçaines y tabalets hicieron callar a verdugos de traje y corbata”. Otro de los artistas invitados fue el cantautor Pau Alabajos, quien el 18 de febrero de 2012 contribuyó a popularizar la causa con el siguiente tuit: “Vos tenim preparada una #PrimaveraValenciana, que vos aneu a cagar!” En la lectura final del comunicado, muchas de las referencias se dirigieron a la “Ley Mordaza”, que los activistas calificaron como “antisocial” y relacionaron con la legislación franquista.

Con la distancia de los años, la perspectiva se modera. Pero en aquellas fechas históricas de 2012 los portavoces estudiantiles recibían llamadas de medios informativos rusos, franceses y latinoamericanos. Las redes sociales bullían en un proceso de vértigo, acelerado por una represión que no encontraba tregua. Pasada una semana, el balance señalaba 37 personas detenidas (en libertad con cargos), de las que siete eran menores; heridos, contusionados, golpes, palizas, insultos y vejaciones de la policía formaban parte de la agenda diaria. Aparecieron las pelotas de goma, los “punzones” y los helicópteros, que sobrevolaban la ciudad, mientras quien podía trataba de esconderse en los comercios de las cargas policiales. El 20 de febrero se produjeron siete horas de persecuciones y agresiones, también dentro de la Estación del Norte. Dos días antes, en la comisaría de Zapadores los agentes formaron un “cordón” en el que retuvieron a 150 personas, la mayoría menores. Durante las protestas hubo lugares que se convirtieron en punto de referencia, como la Facultad de Geografía e Historia de Valencia, donde los estudiantes celebraron asambleas permanentes. Llegado el momento políticamente oportuno, el Ministerio del Interior decidió retroceder. Ante las imágenes de inusitada violencia, Rajoy apeló desde Londres, durante una rueda de prensa con David Cameron, a la tranquilidad y mesura “de todo el mundo”.

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=223136

 

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150 personas viven hoy en el mayor barrio okupado del Estado español Errekaleor, tres años de okupación y autogestión en Vitoria

Por: Enric Llopis
El barrio de Errekaleor (río Seco) empezó a construirse en la década de los 50 del pasado siglo en la periferia de Vitoria, en un contexto de desarrollo industrial. Se trataba de un barrio obrero, habitado en buena parte por el proletariado inmigrante que provenía de Castilla y León, Extremadura y Andalucía; desde primera hora Errekaleor se destacó por una identidad fuerte. Fue una cooperativa de la iglesia católica –“El mundo mejor”- la que dio el impulso inicial al barrio en pleno franquismo. Como en otras ciudades de la época, la Asociación de Vecinos se implicó en las luchas de los años 60 y 70 por mejoras en el barrio. Los 90 fueron los de la criminalización y el “gueto” -sobre la barriada se arrojó este baldón-, en parte vinculado a la población de etnia gitana. Con el nuevo milenio, el Ayuntamiento de Vitoria comenzó a promover planes urbanísticos con la idea de “regenerar” la zona y hacer de ésta, en plena expansión de la ciudad, un símbolo de la “modernidad”. Se empezó a realojar a vecinos de Errekaleor en otros puntos de Vitoria, mientras los resistentes se constituían en plataforma de afectados. Cuando los actuales vecinos hacen un ejercicio de memoria histórica, subrayan las presiones y estrategias de “mobbing” inmobiliario desplegadas por el consistorio.

Hoy es el barrio okupado de Errekaleor, el mayor del Estado español autogestionado por los vecinos. Un grupo de activistas y miembros de la asamblea han informado del proyecto en el Centro Social Okupado y Anarquista L’Horta de Benimaclet (Valencia). La historia reciente de la barriada empieza el tres de septiembre de 2013. Ese día un grupo de diez universitarios ocuparon el portal 26 –de seis pisos- en el barrio vitoriano. “Fue la primera okupación, llaves en mano, tras contactar con la plataforma de afectados de Errekaleor”, recuerda Jonde, quien vive en el barrio y participa en la asamblea desde septiembre de 2014. El grupo pionero de activistas empezó a organizarse de manera comunitaria y a colaborar con las familias que aún vivían en el barrio. Desde entonces hasta hoy, “cada vez hay más gente okupando en un proyecto que se expande”, apunta Jonde. “No se han producido intentos de desalojo”. Con las llaves en mano del cine y el frontón, los jóvenes se fueron abriendo camino e insuflando vida a la barriada: en el verano de 2014, ya vivían unos treinta okupas. Entre los episodios de resistencia y victoria, destaca el rechazo en marzo de 2015 a los cortes de luz en las viviendas que realizaban los técnicos de Iberdrola, tras los correspondientes informes municipales. Regía entonces el Ayuntamiento de Vitoria Javier Maroto, del PP. El consistorio alegó riesgos para la seguridad de los vecinos. Se convocaron protestas y “sentadas” ante la actuación primero de la policía local, y después de la Ertzaintza. ¿Qué estaba ocurriendo? “En el fondo se trataba de una estrategia de desgaste para que abandonáramos el barrio, desde entonces no se ha producido un ataque tan directo”, sostienen fuentes de la asamblea. Además, “el PP dejó hacer, pero quien estaba detrás de todo era el PNV, que se hallaba al frente del ejecutivo vasco”.

Actualmente está pendiente de resolución judicial el litigio sobre el iniciático portal 26. Viven en Errekaleor unas 150 personas, en el que se considera un punto de referencia para los movimientos sociales de la ciudad. El barrio cuenta con 192 viviendas distribuidas en 32 portales, de los que 28 se mantienen hoy okupados. No se reproduce un patrón único en los bloques de viviendas. En algunos casos viven personas solas, otras veces en pareja, aunque también en comunidad o en familias. Por ejemplo existe un bloque habitado sólo por mujeres. Irune, de 29 años y desempleada, vive en Errekaleor y participa en la asamblea desde hace un año. Destaca como uno de los logros que las mujeres hayan empezado a reunirse y “trabajar el feminismo”. El colectivo de mujeres ha organizado conciertos, charlas de formación, cenadores feministas abiertos, actividades musicales y de poesía. “Necesitamos nuestro espacio, todavía queda mucho para que éste sea un barrio feminista”, sostiene la joven, que destaca lo que personalmente le aporta vivir en Errekaleor: “Poder realizarme a mí misma, saliéndome de lo que te ofrece una ciudad como Vitoria-Gateiz”. En el mercado de las capitales Vitoria se “vende” como una ciudad “verde”, peatonal y con una destacada movilidad sostenible. Sin embargo la activista, natural de Pamplona, niega que haya tantas diferencias: “Se ‘vende’ mucho más de lo que realmente es”.

A las personas que quieren entrar en el barrio, les recibe el grupo de trabajo Ongi Etorri (“Bienvenida”). Se les explica las características del Errekaleor okupado: un territorio feminista, anticapitalista y euskaldún. Además se trata de un proyecto político, que trasciende la mera necesidad de vivienda. “Aunque también sea muy importante cubrir las carencias de la gente”, subraya Jon, quien llegó al barrio en julio de 2016 procedente de San Pedro de Alcántara (Marbella). “Aquí hay mucho ‘kurro’ por hacer, y eso ya supone un primer filtro”, añade. Se refiere a que muchas de las casas albergan escombros, les faltan los grifos y las ventanas o están tapiadas. Es lo que explica la organización de talleres de fontanería, electricidad o la actividad del grupo Azpiegitura (Infraestructura), que trabaja en el mantenimiento de cubiertas, fachadas y en general de todo el barrio. También entra material desde el exterior. Así, tras cerrar el negocio, una imprenta de Vitoria les ha donado las máquinas e incluso el papel. Mientras, proliferan las actividades. El cine-fórum proyecta “El séptimo sello”, de Ingmar Bergman (en una sala con más de cien butacas, ya adecuada); en la “Tienda Gratis” pueden realizarse intercambios de ropa y el fin de semana está prevista la actuación de un grupo vitoriano de Hard Core. La biblioteca continúa operativa. Algunas de las actividades lúdicas tienen lugar en el frontón cubierto, cuya pista es la segunda en dimensiones de Álava. Además de las partidas, en el frontón se puede practicar el boxeo y la bicicleta en pista.

La memoria histórica también está presente en las reivindicaciones de los okupas. Una de las personas más recordadas es Barroso Romualdo, vecino de Errekaleor y uno de los cinco asesinados por la policía armada en Vitoria, el tres de marzo de 1976. Tenía 19 años. Cuatro décadas después, el grupo de comunicación organiza charlas, presentaciones del proyecto en otras ciudades, atiende a los medios informativos y en alguna ocasión ha convocado ruedas de prensa. Ainhoa, de 23 años y procedente de Lekeitio (Bizkaia), es miembro del colectivo. “Intentamos obtener información de todo lo que se ‘mueve” en el ayuntamiento y promover estrategias de comunicación sobre cómo llegar a la gente”, explica. Ainhoa participa en el grupo de formación que lee y debate textos de teoría política desde octubre. “Somos entre diez y quince personas, pero no se trata de algo académico; ahora estamos con la lectura y puesta en común de Marx”. Otro activista de la asamblea que se ha desplazado a Valencia es Kauldi, del grupo de cultura. Son diez personas. Una de las primeras iniciativas consistió en el llamamiento a los artistas de Gasteiz para conocerse y constituir un colectivo. En dos años organizaron tres exposiciones sobre fotografía y diferentes técnicas de pintura. Para tales cometidos hacen uso del Gaztetxe.

En la primera exposición participaron una veintena de artistas de Vitoria. En la segunda –titulada “Intrahistorias”, en noviembre de 2016-, mostraron sus fotografías y pinturas con las experiencias de viaje. En enero el Gaztetxe acogió la obra de 25 creadores de la ciudad, en una muestra titulada “What is revolution?”. Se trataba de exponer, mediante vídeos, poesía, música, fotografías y pintura, el punto de vista particular sobre la revolución. El objetivo de las actividades es “conocernos, que los artistas vengan a Errekaleor y generar una contracultura ‘alternativa’ a la institucional”, argumenta Kauldi. El portal número cinco se adecuó para que los creadores pudieran producir su obra y organizar talleres. Recientemente se ha impulsado también en el barrio un grupo de teatro. Las tareas se extienden a todas los ámbitos de la vida cotidiana. Hay un colectivo que elabora tres veces a la semana el pan –integral y blanco-, del que una parte se vende en dos bares de la ciudad (uno en el centro y otro próximo al barrio). Los vecinos del Errekaleor okupado lo pueden adquirir un euro más barato en el centro social, donde también se pueden comprar yogures y productos de una huerta autogestionada de casi una hectárea, que en invierno produce ajos, cebollas, acelgas o alubias. El barrio también dispone de una guardería, y hay un grupo que trabaja en el gallinero. De este modo se va construyendo y ampliando la autogestión.

  • Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=222760
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Los Marx, una biografía humana y política


Por: Enric Llopis
A partir del testimonio de dos hijas de Karl Marx –Eleanor, que se suicidó a los 43 años y Laura, que finiquitó su vida a los 66- el filósofo Juan Carlos Ruiz Franco trenza una novela documental de 138 páginas titulada “El bastardo de Marx”, publicada por Ediciones Dyskolo en noviembre de 2016. El título del libro invoca al vástago “ilegítimo” que el historiador, economista y filósofo germano tuvo con la criada de la familia, Helene Demuth. La narración, que intercala cartas y artículos de la época, permite una aproximación biográfica a Karl Marx, Friedrich Engels y otras personas del círculo íntimo. Cuenta Eleanor Marx que su padre nació el cinco de mayo de 1818 en la ciudad renana de Tréveris, inserta en el reino de Prusia. Hombre de fuerte carácter, se doctoró en la Universidad de Jena e intentó dedicarse a la docencia, pero del mismo modo que Bruno Bauer, un significado hegeliano de izquierda, fue expulsado de su cátedra en 1842, Karl Marx no pudo impartir clases. La mordaza del estado militarista prusiano se lo impidió. Entonces buscó una salida en el periodismo. Fue redactor jefe de “La Gaceta Renana”, un periódico liberal, pero a los seis meses (octubre de 1843) se topó de nuevo con la censura, que cerró el periódico por la publicación de un artículo considerado “antirruso”.

Eran sólo los comienzos y Karl Marx “gozaba de un gran prestigio entre la burguesía progresista de la época”, relata Eleanor. De ahí que, con la oferta de un buen estipendio, el editor Arnold Ruge le planteara la publicación en París de los “Anales Franco-Alemanes”. A la capital francesa se trasladaron, en 1843, Marx y su esposa Jenny Von Westphalen. La ciudad se destacaba por el fulgor intelectual: allí se hallaban entre otros el último poeta romántico, Heinrich Heine. Karl Marx entabló relación con ellos. Además en París “comenzó la fraternal relación entre mi padre y Engels”, subraya la hija del filósofo. Por aquellos años Marx ya se ubicaba en los aledaños del comunismo, lo que marcaba una distancia insalvable con Arnold Ruge, en posiciones demócrata-liberales. Debido al antagonismo, al editor no le agradó el primer número de los “Anales”, por sus excesos revolucionarios y por lo que consideró un abuso de las aportaciones alemanas. El Gobierno prusiano se sumó a los reparos: señaló nuevamente a la figura de Marx, la amenaza que implicaba la publicación de la obra y advirtió que se producirían detenciones si los autores entraban en el territorio de Prusia. “Pero mi padre tuvo suerte porque consiguió encontrar a un mecenas que le compró parte de la edición y organizó una colecta para mantenerle en parís”, relata Eleanor.

En esas circunstancias, Marx se vio obligado a prolongar las colaboraciones periodísticas. Por ejemplo en el rotativo “Adelante”, donde continuó apuntando contra el Gobierno de Prusia. La reacción del ejecutivo fue pedir que se le expulsara de Francia; y así ocurrió. El itinerario político y vital del filósofo y activista continuó en Bruselas, donde se tuvo que comprometer a no escribir artículos políticos. Sin empleo, Karl Marx se dedicó a publicar libros y textos con Engels, figura que resultó siempre capital para el sustento de la familia: “Mis padres lograron mantenerse económicamente gracias al dinero de algunos amigos, a varias colectas y a lo que ya entonces les daba Engels”, comenta Eleanor Marx en el libro de Juan Carlos Ruiz Franco.

Pese a la represión y la censura, nunca abandonó la militancia política; así, en Bruselas militó en la “Liga de los Justos”, que después se llamó “Liga de los Comunistas”. Advertido el Gobierno de Bélgica de sus actividades subversivas, Karl Marx volvió a tener problemas… En este punto Ruiz Franco introduce las palabras de Jenny Von Westphalen en primera persona, que complementan las impresiones de su hija: “La policía, los militares y la guardia civil fueron puestos en estado de alerta; entonces los trabajadores alemanes decidieron que ya era hora de armarse a su vez; se procuraron dagas, revólveres… Karl aportó dinero gustosamente, pues acababa de recibir una herencia; el Gobierno vio pruebas de conspiración e intriga; Marx obtiene dinero y compra armas, por lo tanto ha de ser expulsado” (“Breve bosquejo de una vida memorable”). Dos sargentos de la policía irrumpieron en la vivienda donde residía el revolucionario alemán. Afirmaban poseer una orden de arresto para conducirlo a un interrogatorio. Tras la estancia belga y revocada una antigua orden de expulsión, el siguiente destino revolucionario de Marx se hallaba en parís. Corría el mes de febrero de 1848 y la Monarquía de Luis Felipe I estaba a punto de sucumbir. Marx se enrola en las “barricadas” parisinas y ese año redacta con Engels el “Manifiesto del Partido Comunista”.

El “fantasma” revolucionario se propaga por Europa. Marx viaja a Colonia: publica un número de la “Nueva Gaceta Renana”. Cuando retorna a París, observa cómo el proceso revolucionario ha derivado en una República presidida por Luis Napoleón Bonaparte, que decide liquidar los sueños de emancipación obrera. Un año después, en julio de 1849, Marx recibe la orden de abandonar París, de manera que tiene que fijar un nuevo destino: Londres. En la capital inglesa “viviría prácticamente en la miseria; la familia subsistió en todo momento gracias a las ayudas y las herencias, ya que no existía ningún ingreso fijo”, explica Eleanor. Sólo entraba, de tanto en tanto, el dinero de algún préstamo a fondo perdido. La hija de Carlos Marx dedica asimismo unas palabras a Engels, su inseparable socio y mecenas. Nacido en el seno de una familia burguesa, religiosa y propietaria de fábricas textiles, Friedrich Engels se escoró ya en los años de universitario en Berlín (1841 y 1842) hacia el hegelianismo de izquierda. Se trasladó a Manchester para ayudar en la dirección de las factorías. Selló el inicio de su estrecha relación con Marx aquel día de noviembre de 1842 en que apareció por la redacción de “La Gaceta Renana”. Poco después empezaron a colaborar en los “Anales Franco-Alemanes”…

Además de uno de los fundadores en 1869 del Partido Socialdemócrata de Alemania, Wilhelm Liebnecht fue padre de Karl, mentor éste con Rosa Luxemburgo de la Liga Espartaquista y el Partido Comunista de Alemania. Wilhelm Liebnecht define la constitución física de Marx como naturalmente adecuada para los grandes esfuerzos. En Londres, tan pronto se sentía mejor de los achaques, “volvía a caer paulatinamente en la costumbre de trabajar por las noches, hasta que de nuevo se producía una crisis que le obligaba a un tren de vida más razonable (…)”. Pero sólo el tiempo justo: “Las crisis eran cada vez más intensas; contrajo una afección hepática y tumores malignos”. Poco a poco su fortaleza natural fue mermando.

El yerno de Marx, Paul Lafargue, también resaltaba esta capacidad titánica de Marx para la producción intelectual. Fue en 1865, en Londres, cuando Lafargue se encontró al activista e ideólogo por primera vez. El periodista y médico revolucionario nacido en Cuba, defensor de “El derecho a la pereza”, conoció a Marx enfermo y fajándose para levantar el primer volumen de El Capital. En el gabinete de Maitland Park Road, donde le visitaban camaradas de todo el mundo, “no se me apareció como el incansable agitador socialista, sino como un erudito (…), las paredes estaban cubiertas de estanterías repletas de libros, y cargadas hasta el techo de manuscritos y paquetes de periódicos”. No sólo leía en todas las lenguas europeas –también en ruso- y escribía en alemán, inglés y francés, sino que la biblioteca de Marx –cuenta Lagargue- “contenía más de mil volúmenes reunidos durante su larga vida de investigaciones”; pero no era suficiente y, por ello durante años frecuentó el Museo Británico.

Entre la encarnizada persecución de los poderes y la loa de los seguidores, el libro de Dyskolo incluye a los críticos de la época. Uno de los más reputados, Mijail Bakunin, afirmó sobre Marx: “Cree de modo absoluto en sus propias teorías, y desde sus alturas desprecia a todo el mundo”. Otra aproximación a los Marx puede basarse en la reconsideración del rol de las mujeres, a menudo relegadas frente a los prohombres. El dos de diciembre de 1881 falleció en Londres Jenny Von Westphalen. En el funeral Engels recordó que Jenny sufrió el exilio parisino, el hostigamiento del Gobierno de Prusia y la prisión en Bélgica. Tras la revolución, frustrada, de 1848 afrontaría todas las penalidades del exilio londinense.

También a la muerte de Jenny, hija mayor de Karl Marx, Engels rememoraba la “presencia de ánimo y energía que muchos hombres envidiarían”. Se refería a la actuación de Jenny cuando los periódicos irlandeses revelaron los maltratos afligidos en las cárceles británicas a los presos nacionalistas, juzgados en 1866; y, dado que el político liberal William Gladstone no cumplió con las promesas previas de amnistía al acceder a la presidencia, Jenny Marx tomó partido. Escribió dos artículos en el periódico “Marsellesa”, de Rochefort, en los que denunciaba las vejaciones. Después se hizo eco la prensa parisina. A las pocas semanas, celebraba Engels, O’Donovan Rossa y la mayoría de los patriotas irlandeses estaban ya libres y de camino a América. Pero el libro de Juan Carlos Ruiz Franco no es una biografía estrictamente política. Desentraña también el lado humano (demasiado humano) de los Marx: quién fue Helen Demuth, la tormentosa relación entre Eleanor Marx y Edward Aveling; el carácter de Freddy, el hijo bastardo; la vida sexual de Carlos Marx, su relación con el dinero…

El bastardo de Marx

J.C. Ruiz Franco

Ediciones Dyskolo 1.0. noviembre 2016

epub: 1,9 Mb.

mobi: 2 Mb.

pdf: 138 pág.

Página del libro [descarga]: http://www.dyskolo.cc/cat%C3%A1logo/lib024/

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=221726&titular=los-marx-una-biograf%EDa-humana-y-pol%EDtica-

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El movimiento estudiantil contra la Universidad SA

Por: Enric Llopis

En los centros superiores de enseñanza los estudiantes estaban viendo que no se les formaba como tales profesionales libres y creativos del futuro, con un concepto de servicio a todos (…) sino en razón de las demandas concretas de las empresas para sus necesidades concretas, para su beneficio económico o para la expansión del capitalismo”, escribía el periodista Eduardo Haro Tecglen en el libro “El 68: Las Revoluciones Imaginarias”. Tal vez se trate de la eterna aspiración. El pasado 24 de noviembre miles de estudiantes del estado español participaron en una huelga general y se manifestaron contra las “reválidas” previstas en la LOMCE o Ley “Wert”. Un mes antes se convocó otra huelga estudiantil y protestas en la calle contra estas pruebas de evaluación final para la obtención del título del graduado en ESO y bachiller. La nueva correlación de fuerzas parlamentaria obligó a Rajoy a suspender los efectos académicos de las reválidas el 27 de octubre.

Publicado en abril de 2015 por Caliu Espai Editorial, el libro “Universitat Perduda” recoge 220 páginas de reflexiones, pequeños ensayos, panfletos, comunicados, cómics y fotografías de las luchas del movimiento estudiantil en el País Valenciano durante los últimos años. Algunos de los protagonistas dan cuenta de las movilizaciones, las diferentes formas de organización y sus límites, las reivindicaciones principales y el modelo de universidad al que se enfrentaron. Sin intención de relato experto ni resumen prolijo, se trata de una herramienta para la discusión y el avance. La posición de los autores se explicita en un párrafo del prólogo, firmado por “Independència Total”: “Nuestra universidad no cabe en su universidad. No tiene cabida entre estos muros. Ahora ya lo sabemos y hemos salido a buscarla. Seguiremos construyéndola afuera”.

Se podría establecer un hilo conductor entre la batería de leyes, reformas y modelos que las instituciones pretenden implantar, pero también en la heterogeneidad del movimiento de oposición estudiantil. Encargado por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), el Informe Universidad 2000 o “Informe Bricall” (por el apellido del autor, rector durante ocho años de la Universidad de Barcelona) ya fue rechazado por los estudiantes al plantear la mercantilización y servidumbre de la universidad ante las empresas o sugerir una subida de tasas. “Fue financiado por empresas privadas como El Corte Inglés y Telefónica”, recuerda Andrés González, exmilitante de la Coordinadora d’Estudiants dels Països Catalans (CEPC). Se marcaba, así, la pauta de las “reformas” subsiguientes. Un incipiente movimiento de base organizó dos huelgas estudiantiles. En 2001, el segundo gobierno de Aznar aprobó la Ley Orgánica de Universidades (LOU), que se inspiraba en principios muy similares. Entre las manifestaciones, ocupaciones y huelgas se podía trazar una divisoria. Por un lado, la izquierda más o menos afín al PSOE, que reclamaba la falta de financiación y por los ataques a la autonomía universitaria. Y quienes “trataban de ir un poco más lejos”, apunta Andrés González, al denunciar el proceso de mercantilización global de la educación.

En 2002, el ejecutivo de Aznar aprobó la Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE), que afectaba a la enseñanza secundaria y que también tuvo respuesta en la calle. En 2003 las asambleas, acampadas, huelgas y manifestaciones de estudiantes combatieron la guerra de Irak. De la conflagración y las dos leyes citadas, el exmilitante de la CEPC extrae la siguiente conclusión: “La lucha contra el PP se convirtió en el denominador común de todas las personas movilizadas, de manera que se le hizo el juego al principal partido de la oposición, el PSOE”. Con el cambio de mayoría en 2004, el ejecutivo de Rodríguez Zapatero realizó pocos cambios, pero mucha de la gente que había salido a la calle retornó a casa. Uno de los hitos en la batalla universitaria de los últimos años es la contestación en 2007-2008 al “Plan Bolonia”, cuyo objetivo, en los textos y discursos oficiales, era el establecimiento en 2010 de un “Espacio Europeo de Educación Superior”. Para ello, se utilizaban términos como “convergencia”, “comparabilidad”, “empleabilidad” o “movilidad”. Cada trimestre se convocaba una movilización estudiantil a escala europea. Seis asambleas de la Universidad de Valencia lanzaron un comunicado de ocho puntos contra el “Plan Bolonia”, que se resume en el primer parágrafo: “Las reformas se han orientado según las demandas del mercado”.

El libro “Universitat Perduda” recupera las huellas del conflicto. Como la carta hecha pública por los compañeros de Alexis Andreas Grigoropoulos, de 15 años, asesinado por la policía el seis de diciembre de 2008 en el barrio de Exarjia, en el centro de Atenas. La muerte del adolescente precipitó dos semanas de revueltas. “Recordad: una vez vosotros también fuisteis jóvenes; ahora perseguís el dinero, sólo os preocupa la fachada; habéis engordado, os habéis quedado calvos y os habéis olvidado”, decía la carta presentada el día del entierro, que asimismo pedía que no se lanzaran más gases lacrimógenos. “Nosotros lloramos por nuestra cuenta”. En el libro también se incluyen fragmentos de canciones, como “Tan sometido”, de La Polla Records: “El mercado laboral pronto va a necesitar/gente con preparación más competitividad/no pensar ni criticar, sumisión, adaptación/y llaman universidades a criaderos de mutantes”.

Recorren este ensayo las reflexiones de antiguos alumnos que señalan un viraje en las expectativas, al pasar de la aspiración a un título con “salida”, que supuestamente capacitaba al licenciado para el mercado laboral; frente lo que ocurre hoy, explica Lluïs Pascual, exmilitante del Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans (SEPC): “Parece que te preparen para consumir uno o varios máster, de modo que se ha de acertar con el que dé acceso a uno de los pocos trabajos precarios que te ofrecen”. La batalla contra el Plan Bolonia se perdió, pero el activista recuerda que, a diferencia de lo que sucedió contra la LOU, sí cuajó una consigna por encima de organizaciones y programas: “Todo el poder para las asambleas”.

Las experiencias de Okupación en la Universitat de València apuntan a modos “alternativos” de autoorganizarse. El 12 de noviembre de 2012 (dos días antes de la huelga general del 14-N) la antigua Facultad de Agrónomos de Valencia se convirtió en un centro social autogestionado, “Ca la Vaga”, donde se podían leer las siguientes octavillas de primera hora: “Quan la injustícia es fa llei, la revolta és un deure”. Pero finalmente el reto devino superior a la fuerza de los activistas, según reconocen Flora Jakobson, Felip-El-Caliu y M.Tramoyeres en el libro “Universitat Perduda”. Se habían fijado unas expectativas muy altas, como apuntaba la consigna de la gran pancarta colgada en la fachada de la “Okupa”: “La llibertat no es demana, es pren”. Casi un año después los estudiantes okuparon otro espacio en la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universitat de València, “Ca l’Estudiantat”. “Fue un espacio de comunidad dentro de la maquinaria”, coinciden. En mayo de 2015, el decano de la facultad comunicó que se debía producir el desalojo en el plazo de un mes, a lo que se respondió con movilizaciones en el Campus de la avenida Blasco Ibáñez. Pocos días después, unos individuos destrozaron el local de “Ca l’Estudiantat” y realizaron pintadas con simbología fascista.

Una de las iniciativas desarrolladas en “Ca l’Estudiantat” fue la “Universitat Negativa”. De este modo se designó a un proyecto de educación crítica forjado por el movimiento estudiantil de Trento, entre enero y abril de 1967. Además de ocupar instalaciones universitarias y denunciar la formación de estudiantes para el mercado, fomentaron los “contra-cursos” y “contra-lecciones”, con autores excluidos de las aulas como Marx, Lenin, Mao, el Tribunal Russell, Marcuse, Malcom X o el sociólogo Wright Mills. La crítica a la mercantilización de la universidad permea el texto. Un artículo de febrero-marzo de 2014 del colectivo “Independència Total” recuerda que las transacciones diarias en los mercados de divisas internacionales superaban los 1,8 billones de dólares diarios en 1998, es decir, 60 veces más que los intercambios de bienes y servicios. No se trata de mera estadística, ni de números ajenos a la universidad. La financiarización de la economía tiende a que, más allá de la formación en un “saber hacer” determinado, a los empleados se les exija una “infinita disponibilidad personal” en las empresas. Además, frente a la universidad mercantilizada no hay panaceas ni estrategias infalibles. Enrique Martín y Jordi García, de “Independència Total”, consideran un error prescindir de las estructuras. Un miembro de la Federación Estudiantil Libertaria advierte de uno de los grandes riesgos por resolver: “la tiranía de las estructuras”. Otras reflexiones se centran en la violencia, el peso de las asambleas, la informalidad, la autonomía y la relación entre movimientos, plataformas y organizaciones.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=220073

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