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La Soberanía Reproductiva, una “alternativa” al capitalismo en crisis

14 autores publican una propuesta de “transformación social” que cubra las necesidades vitales

Por: Enric Llopis

Tras ocho meses de empantanamiento, los ministros de Economía y Finanzas de la Eurozona alcanzaron el 15 de junio, en Luxemburgo, un acuerdo para el desembolso a Grecia de 8.500 millones de euros, dentro del sistema de “ayudas” para el rescate del país. Uno de los economistas que clamó desde primera hora contra las propuestas de la Troika y denunció el fracaso del Euro fue Costas Lapavitsas, profesor de la Universidad de Londres SOAS (School of Oriental and African Studies) y autor de libros como “Crisis en la Eurozona” y “Contra la Troika”. En marzo de 2017 Lapavitsas lamentaba que la izquierda, “que históricamente ha sido una voz crítica con la UE, parezca perdida en las palabras”. Constataba además que buena parte del movimiento progresista se halla comprometido con el “europeísmo” y la defensa de la UE, aunque sea para reivindicar una “Europa social”. “Se trata de una elección políticamente desastrosa”, concluía el economista heleno.

La reflexión de Lapavitsas (“Por una perspectiva radical en Europa”) introduce el libro colectivo de 200 páginas “Sobiranies. Una proposta contra el capitalisme”, publicado recientemente por Espai Fàbrica. El libro se presenta como una propuesta de discusión para la transformación social, en el contexto del capitalismo del siglo XXI. A los 14 autores les une la participación en el Seminari d’Economia Crítica Taifa, la militancia en la izquierda independentista o en diferentes movimientos sociales. Se trata de Isabel Benítez, Josep Manel Busqueta, Iván Gordillo, Clara Griera, Elena Idoate, Pau Llonch, Carles Muntaner, Helena Ojeda, Jordi Oliveras, Roc Padró, Alfons Pérez, Oleguer Presas, Xavi Urbano e Isabel Vallet.

“La socialdemocracia ha muerto, fagocitada por la lógica implacable del neoliberalismo”, defienden los autores entre las ideas centrales del texto. Se basan en que el capitalismo, en su estadio actual, no admite ningún tipo de redistribución; y para ello, ponen la vista en la experiencia de Syriza, de la que han de aprender los pueblos de la periferia europea. “Hay que superar la etapa reformista respecto a la UE”, concluyen. Otro eje del libro es la apuesta por la Soberanía Reproductiva, con el fin de cubrir las necesidades humanas básicas. Actualmente, los procesos de reproducción de la vida se hallan relegados al ámbito doméstico, y los desempeñan básicamente las mujeres. La Encuesta de Empleo del Tiempo publicada por el INE en 2010 señala que las mujeres dedican diariamente dos horas y cuarto más que los hombres a las tareas del hogar. El estudio añade que el 92,2% de las mujeres realizan labores domésticas y se ocupan de los niños, ancianos y personas dependientes, frente al 74,4% de los hombres. El texto define la Soberanía Reproductiva como un “proceso de transformación social”, en el que se despliegan las diferentes soberanías (energética, alimentaria, cultural, residencial y sanitaria) y las relaciona entre sí.

La primera parte del libro realiza un diagnóstico de la situación actual. Se impugna el capitalismo neoliberal por múltiples razones. Por ejemplo, entre los años 80 del siglo pasado y los primeros años 2000 el crecimiento de la economía global se situó en torno al 3%, “una ratio que está poniendo en peligro el ecosistema mundial” y que, sin embargo, no resulta suficiente para las élites. La obra publicada en 2017 por Espai Fàbrica también señala las paradojas del sistema. Una entre tantas, en 2007, cuando comenzó una oleada de intervención de los poderes públicos para reflotar a la banca y paliar la contracción del crédito. “Una intervención del Estado de la mano de quienes lo habían demonizado”, apuntan los autores. En agosto de 2017 el BCE acudió en socorro de los bancos europeos con créditos por valor de 95.000 millones de euros, y la Reserva Federal estadounidense actuó de modo similar, con una inyección de 38.000 millones de dólares en el sistema. La autoridad monetaria no había actuado de manera tan significativa desde el atentado contra las “torres gemelas”, en 2001.

Tal vez la propuesta de “soberanías” que plantea el libro se justifique por el impacto de la crisis y la llamada “recuperación”. En septiembre de 2016, el 56,4% de las personas desempleadas en Cataluña llevaban más de un año sin trabajo; además, el 24,3% no percibían subsidio ni prestación alguna. El índice de Gini (medidor de las desigualdades) pasó en el estado español del 31,9 en 2007 al 34,6, mientras que en la UE-27 se mantuvo prácticamente estable, resalta el libro “Sobiranies. Una proposta contra el capitalisme”. El índice S80/20 aplicado a Cataluña constata la misma tendencia a los desequilibrios sociales. En 2015, el 20% de la población catalana con rentas más altas, sextuplicaba los ingresos del 20% con menores recursos.

¿Y en cuanto al porvenir? La obra colectiva se hace eco de un artículo, titulado “La turbulencia global que viene”, publicado por el economista británico Michael Roberts en la revista Sin Permiso (octubre de 2016). Roberts señala que, desde 2012, según el Banco Mundial, el crecimiento del volumen del comercio mundial fue menos de la mitad que en las tres décadas anteriores. UNCTAD (organización de Naciones Unidas que sigue la economía de los países del Sur) sostenía en 2016 que el mundo “está a punto de entrar en una tercera fase de la crisis financiera”. Agrega que muchos países del Sur han visto aumentar los desequilibrios respecto a las economías más ricas, si se compara con los años 80 del siglo XX. Y ello, destaca UNCTAD, pese a la apertura de los países llamados en vías de desarrollo a los capitales transnacionales. Por otro lado, un informe de la consultora estratégica global McKinsey destaca que, tras la caída del PIB mundial provocado por la crisis de 2008, “la resaca se ha mantenido y muchos países luchan con recuperaciones inesperadamente débiles”.

Ante tales perspectivas, los 14 autores proponen un avance hacia modos de propiedad comunal, cooperativa, municipal y estatal; que no sean explotadoras, patriarcales ni depredadoras de la naturaleza; fórmulas redistributivas fundamentadas en el derecho a una vida plena; y la toma de decisiones democráticas, no jerárquicas ni despóticas, que pueden resumirse en el “mandar obedeciendo”, del movimiento zapatista. El texto defiende una sociedad solidaria, en la que tal como subraya el economista estadounidense Michael Lebowitz, autor de “Más allá del capital” y “La alternativa socialista. El verdadero desarrollo humano”, la producción priorice no las necesidades propias sino las del prójimo. Este autor marxista, uno de los referentes del libro, considera la producción cooperativa “una gran victoria”; y apuesta por un nuevo sentido común en el que la condición para el desarrollo libre de cada persona, sea el libre desarrollo de la comunidad. El razonamiento se completa con el viejo ideal proclamado por Marx en el Programa de Gotha (1875): cada persona recibe según su necesidad y aporta según sus posibilidades.

El libro ve la luz en un contexto muy concreto: la sociedad catalana, “inmersa en la reclamación de la independencia política como propuesta de mejora de las condiciones de vida de la población”. Donde la comarca de El Barcelonés concentra más de un tercio del PIB catalán, y si se agregan las comarcas de El Baix Llobregat y el Vallés (oriental y occidental), el porcentaje del PIB se eleva al 60%. Donde la capital Barcelona ha pasado de proyectarse como “la millor botiga del món” a convertirse en una “marca” global. Y donde el macroproyecto Barcelona World, basado en casinos y el turismo de negocios, se transmuta en el Centre Recreatiu i Turístic de Vila-Seca i Salou, junto a Port Aventura World y con una inversión anunciada de más de 2.000 millones de euros. Ante ese estado de cosas, el libro plantea la recuperación de la soberanía energética (en Cataluña Iberdrola y Endesa concentran el 76% de la potencia instalada para la generación de electricidad), incluida una auditoría ciudadana del actual sistema. La idea capital apunta a una transición desde las energías “sucias” a las renovables, “proceso que ya está en marcha”, sostienen los autores. La cooperativa Som Energia, comercializadora con fuerte participación de los socios, constituye uno de los ejemplos de consumo eficiente.

La reflexión publicada por Espai Fàbrica desciende a la propuesta concreta. El capítulo sobre la soberanía alimentaria recuerda que en el ámbito de Països Catalans existen cerca de 210.000 hectáreas de superficie agraria útil (10% del total) en manos de las administraciones públicas, lo que ofrece diferentes posibilidades. Por ejemplo, liberar tierras para el uso de los labradores agroecológicos y la población con menos recursos. En el caso de las fincas agrarias en desuso durante un largo periodo, el texto plantea la opción de que los municipios impongan gravámenes. Numerosas iniciativas trabajan día a día en la recuperación de la soberanía, como la Xarxa de Graners, que lleva más de una década en el empeño de crear una red local y autogestionada de graneros, y para el intercambio de información y semillas; o la Associació de Menjadors Ecològics, que funciona en Cataluña desde 2013.

En cuanto a la soberanía residencial, se plantean iniciativas como la expropiación de solares o viviendas vacías para fomentar su ocupación; y, con el fin de que el derecho a la vivienda deje de estar en manos de bancos privados, se apuesta por crear una banca pública complementada con cooperativas solidarias, uno de cuyos ejemplos es Coop57. El libro se apoya en los datos de la Taula del Tercer Sector: en Cataluña existen 450.000 viviendas vacías (100.000 en manos de las entidades financieras). En el ámbito de la soberanía cultural se pone como ejemplo la sustitución de patrocinios empresariales (BBVA, Damm, Airbnb y otros) por la gestión comunitaria. La formación en los espacios no académicos y la relación “vertical” entre educadores y alumnos ya se planteó en los proyectos de animación sociocultural en Barcelona, en el final de los años 70 y el inicio de los 80; y en los centros sociales y difusión de la cultura crítica.

*Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=228101

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Más de 5.000 inmigrantes fueron expulsados del estado español en 2016

Por: Enric Llopis

La legislación española prohíbe la estancia de menores en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE). Pero a Mohamed, menor de edad, no le realizaron las pruebas para comprobarlo. Tras un periplo de 20 horas en patera, arribó a las costas españolas en busca de algo tan elemental como escapar de la miseria. Primero pasó una noche en los calabozos, y después 32 días en un CIE. Mohamed confiesa que pasó mucho miedo. Salió a la calle acogido por una ONG. Su caso es uno de los recogidos en Informe CIE-2016, publicado el presente mes de junio por el Servicio Jesuita a Migrantes-España (SJM-E). Circunstancias distintas atravesó Omar, quien llegó hasta en tres ocasiones al estado español. La primera terminó expulsado, tras una estancia de cuatro meses; la segunda, fue directamente “devuelto”; y la tercera vez, acabó en un CIE, después de ser interceptada la patera en la que viajaba. El deseo de Omar es ir a Marsella, donde vive su madre, quien le abandonó cuando tenía cinco años.

El Servicio Jesuita a Migrantes, red que trabaja por los derechos de las personas migrantes y su acceso pleno a la ciudadanía, califica los CIE de institución “inútil” e “injusta”. Además, forman parte del entramado “que somete a millones de seres humanos a la condición de piezas desechables”. El informe se apoya en la experiencia sobre el terreno, pues los equipos del SJM-E han realizado durante 2016 un total de 1.741 visitas a 658 personas en cuatro CIE: Madrid, Barcelona, Valencia y Tarifa.

En 2016 fueron internadas en Centros de Internamiento de Extranjeros 7.597 personas; de esa cifra total, 5.695 ingresaron en el CIE después de llegar al litoral español en zodiac o patera. Elaborado con datos del Ministerio del Interior, el informe señala que 51 personas fueron trasladadas a un CIE desde el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Melilla, y otras 12 desde el CETI de Ceuta. En cuanto a la población reclusa en los diferentes centros, 3.101 inmigrantes permanecieron en el CIE de Algeciras (el 41% del total de los internos), incluida la extensión de Tarifa, que el SJM-E califica de “paralegal”. Una posible explicación apunta a la condición de CIE de “frontera”, donde llegan personas que han entrado de manera considerada “irregular” a Ceuta y Melilla, o por la zona marítima del Estrecho (provincias de Almería, Granada, Málaga y Cádiz).

El informe pone el acento asimismo en las 1.526 personas que pasaron por el CIE de Aluche (Madrid), lo que representa el 20% del total. El tercer centro con mayor estancia de inmigrantes fue el de Zapadores, en Valencia (829 personas, el 10,9% del total de internos). Por otra parte, de las 5.051 personas finalmente expulsadas en 2016 (según los datos del Ministerio del Interior), el 58,2% no estuvieron antes en un CIE. La mayor relación entre internamiento y repatriación se produjo en el CIE de Zapadores (59%) seguido por el de Sangonera Verde, en Murcia (58%) y el de Aluche (46%).

El documento del SJM-E recopila episodios ocurridos durante el último año en los centros de internamiento; como la huida el 17 de agosto de siete internos del CIE de Aluche (Madrid), al que siguió otro intento, impedido por la policía, una semana después. Los hechos llevaron a la permanencia de las Unidades de Intervención Policial (“antidisturbios”) en el recinto. Hechos similares ocurrieron en el centro de Murcia. A partir de octubre y durante seis meses, el CIE de Valencia estuvo cerrado debido a una plaga de chinches. El 23 de octubre cerca de 70 internos del CIE de Zona Franca (Barcelona) pidieron su puesta en libertad con una huelga de hambre de 24 horas.

El Servicio Jesuita a Migrantes informa que el promedio de detenciones en España por estancia considerada “irregular” alcanza, diariamente, casi el centenar. Por idéntico motivo 35.882 personas resultaron detenidas durante 2016. En la ratio por autonomías destaca Andalucía (9.089), a la que sigue Madrid (6.333), Ceuta (5.139), Cataluña (2.735), el País Valenciano (2.415) y el País Vasco (2.307). Las primeras posiciones de Andalucía y Ceuta posiblemente se expliquen por la detención de inmigrantes nada más llegar al estado español; en cuanto a Madrid, el SJM-E esgrime la razón de las entradas calificadas como “irregulares” a través del aeropuerto de Barajas. En cuanto a las detenciones policiales por provincias, resaltan Almería (2.634), Granada (2.083), Barcelona (2.074) y Málaga (1.854).

Llama la atención en el estudio las 5.051 expulsiones ejecutadas por el estado español en 2016, de las que 2.144 tuvieron como origen la estancia entendida como “irregular”, que el artículo 53.1 de la Ley Orgánica de Extranjería tipifica como infracción grave. Además, el SJM-E alerta de que se ha triplicado el número de menores identificados en los CIE (51 en 2016, frente a los 19 del año 2015). “Causan estupor estas cifras”, califica el documento. En el centro de Murcia se han señalado 17 casos, y otros 15 en el de Valencia. “La identificación de estos menores, todos procedentes de entradas ‘irregulares’, cuestiona los procedimientos de determinación de la edad utilizados en España”, apuntan los autores.

De las 770 solicitudes de protección internacional presentadas en los CIE, se admitieron 158 (el 20,5% del total). Pero se advierte un fenómeno nuevo y “muy preocupante”: el ingreso en los CIE de personas que solicitaron protección internacional. El Servicio Jesuita a Migrantes califica este hecho de “aberración”. Los casos han sido detectados principalmente en los centros de internamiento llamados “de frontera” (Algeciras y Tarifa, además de Tenerife y Las Palmas), y denunciados fundamentalmente por el Colegio de Abogados de Málaga.

En cuanto al origen de los internos, más de la mitad provienen del África Subsahariana; esta procedencia es muy mayoritaria en los CIE de Algeciras y Tarifa. El segundo grupo más numeroso es el magrebí, sobre todo el correspondiente a ciudadanos argelinos. Asimismo, los autores del informe manifiestan su “preocupación” al no percibirse un vínculo entre la procedencia de los internos en los CIE y el origen de la población migrante en España; “Y ni tan siquiera de los extranjeros en situación ‘irregular’”, matiza el documento, que señala como ejemplo “la desproporción de subsaharianos especialmente en Algeciras y Tarifa; ello apunta a un uso perverso del CIE como recurso de primera acogida en el territorio de personas que, luego, quedarán en un limbo jurídico durante años”.

De los datos se infiere una tendencia al aumento de la población reclusa en los CIE. Así, tras una evolución a la baja entre 2012 (11.135 internos) y 2014 (7.340), la cifra ha vuelto a incrementarse en 2015 (6.930 inmigrantes recluidos) y 2016 (7.597). Pero además de la estadística, hay otras conclusiones que se extraen de las visitas a los centros. Así, el informe subraya, pese a lo establecido teóricamente en la legislación, “el carácter penitenciario de los CIE”. Pese a que la mayor parte de la población interna es masculina (93%), el trabajo empírico pone de relieve la situación de algunas mujeres. Muchas de las visitadas por los equipos del SJM-E, 42 en Madrid y 10 en Valencia, afrontan cargas familiares en España o sus países de origen y aparecen “vinculadas a entornos de prostitución o trata no reconocida”.

El documento da cuenta de la situación vivida en el CIE de Aluche por una mujer brasileña, a quien la guardia civil reconoció como víctima de trata, por lo que solicitó autorización de residencia por razones excepcionales. Es más, su declaración contribuyó a la detención de una red dedicada a la prostitución, el tráfico de drogas y armas. “Por un error burocrático”, relata el informe, la mujer fue detenida e ingresada en el CIE madrileño, donde pasó 28 días. Finalmente logró la libertad gracias a los voluntarios del SJM-E y la colaboración del Defensor del Pueblo.

De las estadísticas oficiales se deduce, según los autores, que los CIE operan más como “siniestros centros de acogida, en los que se encierra a personas a las que luego se dejará en libertad en un limbo jurídico, que como espacios destinados a asegurar la eficacia de la expulsión”. Aunque de las visitas a los CIE del Servicio Jesuita a Migrantes se deduce que casuística es muy diversa. Por ejemplo, un 36% de las personas visitadas son recién llegados por mar al estado español. El 5% declaró su permanencia entre uno y cuatro años en España, mientras que el 5% llevaba entre cuatro y siete. Además, un 26% de las personas acompañadas mantenía la residencia en el estado español durante más de 15 años. El informe también lanza preguntas por los sistemas de contratación pública que giran en torno a los CIE: la publicidad en los procedimientos, el número de empresas que se presentan a las licitaciones o la relación entre el precio acordado y los servicios que se prestan. Prueba de la magnitud del negocio son los contratos por valor de 8,2 millones de euros para servicios de alimentación, de 11,8 millones de euros para vuelos de repatriación o de 730.000 euros para la asistencia sanitaria. A finales de 2016 e inicios de 2017 se emprendieron obras de reforma en diferentes CIE. ¿Con qué criterios? La preocupación básica del Ministerio del Interior es “aumentar la seguridad frente a los intentos de huida y la de los efectivos policiales”, remata el documento.

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=228151

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“De la exclusión tan brutal, nacen todos los males de Colombia”

Por: Enric Llopis

El director Víctor Gaviria presenta la película “La Mujer del Animal” en la cooperativa Aragó Cinema de Valencia.

Una mujer es raptada por un individuo a quien llaman “El Animal” en el barrio Popular de Medellín –una barriada de “invasión”-, allá por el año 1975. La mantiene secuestrada durante siete años, sin que nadie le ofrezca ayuda. La gente del barrio ha asumido con “normalidad” una situación extrema de maltrato. Con estos ingredientes argumentales y basada en hechos reales, el director colombiano Víctor Gaviria (Liborina, Antioquía, 1955) ha realizado la película de 120 minutos “La Mujer del Animal”, estrenada el pasado nueve de marzo en Colombia y el 16 de junio en el estado español. En el primer cuatrimestre de 2017 se produjeron 204 casos de homicidios a mujeres en Colombia, cuyos principales autores fueron las parejas o exparejas de la víctima, según el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses. Durante el mismo periodo el instituto público registró 21.979 episodios de violencia machista (de ellos, 16.222 intrafamiliares), y 5.808 casos de mujeres mayores de 18 años que pasaron los exámenes médicos legales para determinar un presunto delito sexual.

La última película de Víctor Gaviria ha recibido premios y reconocimientos en los festivales de La Habana, Cali, Málaga y la Mostra de Cinema Llatinoamericà de Catalunya. El cineasta explica en parte la violencia narrada en la película por la historia del país: “El Estado ha estado siempre ausente de muchas ciudades, municipios y veredas de Colombia; esto ha hecho que haya mujeres muy vulnerables”. Director de cuatro filmes, Gaviria ha escogido para rodar “La vida del animal” actores no profesionales, seleccionados con mucho detenimiento. “El actor natural tiene una presencia muy fuerte ante la cámara, encuentro a algunos que son muy talentosos”, destaca antes del preestreno en la Cooperativa Aragó Cinema de Valencia, en un acto organizado por CEAR-País Valencià, CEDSALA, el colectivo Sur-Cacarica, Entreiguales Valencia e Intersindical Valenciana. El mismo afán de realismo le ha llevado a grabar la película en el barrio Nueva Jerusalén, entre el municipio de Bello y la capital Medellín, que evoca la barriada Popular de los años 70.

“La Vida del Animal” llega a las pantallas tras doce años de ausencia del realizador. Pero durante el largo paréntesis, trabajó en filmes que después no pudieron realizarse “por problemas con los productores”, según afirma. En algunas ocasiones falló la financiación y en otras no se produjo el entendimiento necesario, como en “La hora de los traidores”, proyecto de película iniciado en 2007 y finalmente frustrado sobre un bandolero, “Sangrenegra”, que recorría el país durante los años 60 del siglo pasado. Director, guionista, autor de cortometrajes y documentales, poeta (ha publicado seis libros de poesía)… ¿Hay algún hilo conductor en todos los trabajos? “Como poeta escribo de asuntos más personales, pero mi cine es social”. Sin embargo, no hay una separación tajante en su obra: “Mi intención es hacer películas como poemas, en el cine me guió por intuiciones poéticas”. Y esta voluntad se pone de manifiesto en películas de tanta rudeza y violencia como “La vida del animal”.

En la el filme “Sumas y restas” (2005), el realizador trató de contar los años del Medellín lacerado por la mafia del narcotráfico. Ocurrió durante los años 80 del siglo XX. “La mafia se presenta en parte como una utopía política y social, pero después se revela como una gran empresa delicuencial”, explica Gaviria. En “La vendedora de rosas” (1998) cuenta la historia de unos niños de la calle, asimismo actores no profesionales. Todas sus películas se basan en la construcción de argumentos muy sencillos, a partir de los cuales introduce las costumbres y vida cotidiana de la gente. ¿Por qué no una película sobre el conflicto armado, prolongado durante más de 50 años y con 8,4 millones de víctimas según los registros oficiales? “En la década de ‘parón’ llegué a escribir el guión de una película sobre unos secuestrados por la guerrilla”.

Director que se mancha de barro, Víctor Gaviria no rehúye la conversación política. ¿Cómo evalúa los Acuerdos firmados en septiembre de 2016 entre el Gobierno y las FARC? “Fue un gran acierto, hago parte de esa mitad de la población que apoyó el ‘Sí’ a los Acuerdos de Paz”; me parece que se ha criticado a Santos por ello de manera injusta”. Pero, sobre todo, “porque ahora podrán verse los problemas que el conflicto ocultó durante tanto tiempo”. Por ejemplo, “el narcotráfico como aliado del ejército y el paramilitarismo contra la insurrección”. Se consideraba, explica el cineasta, como “verdadero enemigo” a los guerrilleros comunistas que practicaban la violencia contra el Estado, “pero ahora se verá cuál era el ‘verdadero’ enemigo del país, y que todo aquello era una ‘cortina de humo’, como mínimo tan letal como la guerrilla”. Gaviria se refiere en concreto a la corrupción política, el paramilitarismo, las bandas criminales, el narcotráfico, la minería ilegal… “A todo el que se oponía al Estado se le revestía de ‘guerrilla’”. Actualmente, tras el abandono de tierras ocupadas por la insurgencia, penetrarán paramilitares, “Bacrim” y transnacionales, “pero el Estado ha de estar allí, para proteger estos territorios”.

La conversación retorna al cine, que en el caso de Víctor Gaviria se caracteriza por el estilo realista y el compromiso social. Las explicaciones sobre los males de Colombia se trasladan a su filmografía. Considera como principal problema del país la exclusión de más de la mitad de la población, “gente que vive sin proyecto de vida, sin un oficio o en la absoluta pobreza”, critica el realizador. “De ahí, de la exclusión tan brutal, nacen todos los males de Colombia; y tenemos que ser un país para todo el mundo”. Tal vez por ello aprecie especialmente las películas de Passolini y su búsqueda en las culturas populares (“Mamma Roma”, “Accatone”, “Pajaritos y pajarracos”…) o todo el cine neorrealista italiano, por ejemplo “Roma ciudad abierta” (1945), de Roberto Rossellini, también autor de “Camarada” (1946) y “Alemania Año Cero” (1947); y otro estandarte del neorrealismo, “Ladrón de bicicletas” (1948), de Vittorio de Sica. Valora aquellas películas sin transición, en las que oficiales nazis pueden estar en una habitación conversando con italianos y con unas prostitutas, mientras justo al lado se está torturando a comunistas. “Sólo el cine realista puede mostrar esas convivencia de escenarios entre vida cotidiana, civilización y barbarie”.

El autor de “La Vida del Animal” forma parte de una generación de realizadores colombianos, comprometidos, que proyectaron su obra en los años 80 y sobre todo en los 90. Víctor Gaviria resalta a directores como Francisco Norden, autor del largometraje “Cóndores no entierran todos los días” (1984). O a Sergio Cabrera, quien ha producido películas como “La estrategia del caracol” (1992), “Golpe de Estadio” (1998) o “Técnicas de duelo: una cuestión de honor” (1999). Directores más jóvenes y con nuevos lenguajes han seguido la estela comprometida de los veteranos. En la nómina figuran Ciro Guerra (“El abrazo de la serpiente”, 2015); Rubén Mendoza (“Tierra en la lengua”, 2014), César Augusto Acevedo (“La tierra y la sombra”, 2015), Óscar Ruiz Navia (“El vuelco del cangrejo”, 2009) y Juan Sebastián Mesa (“Los nadie”, 2016).

A los 62 años, el director colombiano echa la vista atrás: “Siempre me he mantenido en el cine realista”. Pone algunos reparos al término militancia. “En Colombia vamos a entrar en una etapa en la que estará algo cuestionada, al igual que los dogmatismos”. Víctor Gaviria piensa que quienes apoyaban de modo irrestricto la acción armada y a la guerrilla como forma de hacer política, “no pueden insistir más en ese tema; aunque obviamente la guerrilla exprese el malestar y rencor de quienes queremos un país más justo”. El cineasta añade que ha llegado el momento, para hablar de asuntos como la tierra o la reforma agraria, de trabajar con partidos políticos y “entre todos, impedir que las elites colombianas y las trasnacionales hagan con el país lo que ellos quieran”.

*Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=227955

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Camino Oscoz: maestra, comunista y asesinada por el franquismo

 

Enric Llopis /Rebelión

“Hay que sembrar el terror… Hay que dar la sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensan como nosotros. Nada de cobardías. Si vacilamos un momento, y no procedemos con la máxima energía, no ganaremos la partida”. El general de brigada Emilio Mola hablaba de esta guisa en una reunión con alcaldes de Navarra, pocas fechas después del 18 de julio de 1936. “Todo aquel que ampare u oculte un sujeto comunista o del Frente Popular será pasado por las armas”, concluía la alocución de uno de los promotores del golpe de estado.

Militante del PCE y de la UGT, Camino Oscoz Urriza fue asesinada el 10 de agosto de 1936, a los 26 años. Los franquistas arrojaron el cuerpo de esta maestra –la única liquidada en Navarra- al vacío desde el balcón de Pilatos, actualmente en el Parque Natural de Urbasa-Andía. Fue trasladada en automóvil por unos falangistas, pero antes había permanecido en la prisión de Pamplona. Posiblemente fue torturada, aunque resistió hasta el final: nunca se arrepintió ni pidió perdón por sus ideas. La joven de izquierdas también participó en el Socorro Rojo Internacional, organización de apoyo a presos y refugiados constituida por la Internacional Comunista en 1922. El libro “Camino Oscoz y otras historias del 36” (Cenlit), del escritor Joseba Eceolaza, toma la historia de esta mujer represaliada como punto de partida para abordar la represión franquista.

Prologado por la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, el autor ha presentado el texto de 194 páginas en las VII Jornades de Memòria Democràtica organizadas por el Fórum de Debats de la Universitat de València entre el 25 y el 31 de mayo. El libro hace referencia a lugares especiales en la biografía de Camino Oscoz, como la Cuesta de Santo Domingo de Pamplona, donde residió; el colegio donde cursó estudios, las Teresianas de la Calle Mayor; las Escuelas de San Francisco, en las que organizaba mítines la izquierda de Navarra; también la Casa del Pueblo, o la calle del Carmen, desde donde se la llevaron para darle el “paseo” final.

El bando faccioso arrasó en Navarra, donde no tuvo una sola baja y liquidó a 3.452 personas, con urgencia y especial encarnizamiento, sobre todo en el verano de 1936. Eceolaza llama la atención sobre la invisibilización a la que se ha sometido a las mujeres, incluso en ocasiones por quienes reivindican el derecho a la memoria. Muchas veces eran las viudas quienes tenían que afrontar las consecuencias de la represión. Ocurrió, entre otros muchos, con Francisco Castro Berisa, herrero, socialista y alcalde del municipio navarro de Azagra. Tras un consejo de guerra, fue fusilado en Pamplona en febrero de 1937. Cuatro años después de la ejecución, fue condenado a indemnizar al Estado con cinco pesetas por perjuicios, así como a una sanción a diez años de destierro, por la que no podía residir a menos de 50 kilómetros de Azagra.

La batalla por la memoria ofrece un repertorio de episodios singulares. En Cintruénigo, municipio hoy con 7.800 habitantes, el tambor de Antonio Martínez Caracciolo avisaba a los vecinos de que las viudas de los fusilados iban a aparecer en público, “y así podían salir a insultarlas”, señala Joseba Eceolaza. Las mujeres lucían la cabeza rapada, y previamente se les había forzado a ingerir aceite de ricino. Hasta el pasado cuatro de noviembre, cuando el pleno del Ayuntamiento decidió por unanimidad la revocación, la Escuela de Música de Cintruénigo llevaba el nombre de Antonio Martínez Caracciolo.

El autor pretende en el libro deshacer varios mitos. Uno entre otros, presente sobre todo en los pueblos más pequeños, es el que asegura que las muertes por la guerra del 36 obedecen a envidias y rencillas. “Se trata de un relato franquista para desideologizar los asesinatos”. Pero en Navarra, “el 70% de los fusilados tenían militancia política, en los diferentes partidos de izquierda; aquí no hubo dos bandos, ni trincheras, ni resistencia”, asegura Eceolaza. Asesinatos como el de Camino Oscoz pretendían servir de ejemplo. Ya lo había advertido el marqués y teniente general de caballería, Gonzalo Queipo de Llano, en una de sus arengas: “Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad y de paso también a sus mujeres; esto está totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones; no se van a librar por mucho que berreen y pataleen”.

Mujer de coraje y gran vitalidad, el libro recoge algunas de las misivas de Camino Oscoz, como la que escribió con 25 años al escritor Pío Baroja y otra en la que pedía materiales para la escuela. Su resistencia inquebrantable permite trazar un paralelismo con otra mujer, Matilde Landa (1904-1942), también militante del PCE y activista del Socorro Rojo Internacional. Sometida a consejo de guerra en diciembre de 1939 por adherirse a la “rebelión”, resultó condenada a muerte, aunque después se le conmutó la pena. En agosto de 1940 ingresó en la cárcel de mujeres de Palma de Mallorca. Matilde Landa terminó suicidándose, pero rechazando hasta el final el arrepentimiento y el bautismo.

Otro lugar común que quiere desmontar el escritor es el que dice que Navarra fue, casi en términos absolutos, una región carlista en los años 30 del pasado siglo. Eceolaza no niega el notable peso de este movimiento ultraconservador, “pero hay que desinflar su influencia”. Para ello recuerda una conocida frase de la época: “O al fuerte (cárcel), o al frente”; es decir, “había republicanos que se alistaban en el ejército carlista únicamente para salvar el pellejo”. Además menciona la influencia de UGT, que en Pamplona organizó antes de la guerra una mutualidad médica, una red de panaderías (para evitar los fraudes a los que se veían sometidos los obreros), una revista –“Trabajadores”- y 69 viviendas sociales. “Decían muchas de las cosas que hoy planteamos para rechazar los desahucios, ciertamente estas iniciativas resultan impensables sin una masa crítica detrás”. Según Joseba Eceolaza, “los carlistas conspiraron contra la II República, fueron a la Italia de Mussolini a aprender el manejo de las armas y los voluntarios requetés contribuyeron a extender la causa de los golpistas, pero no tanto como se ha afirmado”. En octubre de 2016, el Archivo de Navarra publicó en Internet 40.791 fichas de combatientes de esta región -durante la guerra de 1936- en el bando faccioso; además de 1.538 sentencias del Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas de Navarra contra opositores al golpe militar.

En el libro “Morir, matar, sobrevivir. La violencia en la dictadura de Franco” (Crítica, 2002), el historiador Francisco Espinosa Maestre destaca la existencia de un “plan previo de exterminio” en el estado español, que pretendía finiquitar cualquier eco de la República. Así, el también autor de “La Primavera del Frente Popular” enumera el amplísimo espectro de víctimas que fueron cayendo desde primera hora: alcaldes, concejales, líderes políticos y sindicales, militantes de partidos, maestros y principalmente obreros de toda clase. En muchas ocasiones el franquismo también liquidó a los familiares y amigos. Ya en 1940 y 1941, acota Espinosa Maestre, al franquismo no le urgía matar a tanta gente. Además en 1941 y 1942, “el hambre y las enfermedades que reinaban fuera y dentro de las cárceles se suman a la tarea exterminadora”, escribe en el capítulo titulado “Julio de 1936. Golpe militar y plan de exterminio”. Además incluye un texto del diario ABC, del cuatro de abril de 1939, que propone no cejar en el empeño: “Españoles, alerta. España sigue en pie de guerra contra todo enemigo del interior o del exterior, perpetuamente fiel a sus caídos. España, con el favor de Dios, sigue en marcha. Una, Grande y Libre, hacia su irrenunciable destino”.

En el libro “El holocausto español” (Debate, 2011), el historiador Paul Preston se refiere a las circunstancias de Navarra. Explica episodios como el del 23 de agosto de 1936, cuando el obispo de Pamplona, Marcelino Olaechea, presidía una procesión muy concurrida que rendía honores a la virgen de Santa María la Real. Durante el acto, una partida de falangistas y requetés sacó de la prisión a 52 detenidos. Los historiadores también apuntan lo sucedido en las afueras del municipio de Caparroso: la mayoría de los presos, entre ellos el dirigente socialista Miguel Antonio Escobar Pérez, fueron asesinados. Las escabechinas se sucedieron en el año del golpe fascista. El 21 de octubre fue en un pequeño pueblo, Monreal, al sudeste de Pamplona, cuenta Preston. Esos días, en el funeral por un teniente del requeté (paramilitares carlistas) celebrado en el municipio de Tafalla, la turba se dirigió a la prisión con la idea de linchar a más de un centenar de detenidos. La guardia civil impidió que se consumara la degollina. A los tres días, 65 de los reclusos fueron trasladados de madrugada a Monreal, donde una partida de requetés procedió a ejecutarlos.

El historiador británico resalta asimismo la importancia de la Federación de Trabajadores de la Tierra de UGT antes de la conflagración. Y remata con ejemplos de las prácticas represivas del franquismo en los pueblos menudos de Navarra. En Sagartuda, de 1.242 habitantes, se perpetraron 84 ejecuciones extrajudiciales; en Peralta resultaron asesinadas 98 personas, sobre una población cercana a los 4.000 habitantes.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=227352

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Ayer y hoy, mujeres silenciadas

Por: Enric Llopis

Retales de biografía, contenidos poéticos, declaraciones aisladas, pedazos de texto… Con estos materiales “mínimos”, la artista Carmela García (Lanzarote, 1964) compone la muestra “Imágenes de(l) poder. Cartografía de lo invisible”, que permanece abierta al público hasta el 17 de septiembre en el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM). Con trece fotografías de grandes dimensiones y un vídeo, la autora pone en cuestión el discurso dominante desde una perspectiva de género. En la muestra hay paisajes convertidos en invisibles por el patriarcado; encuentros internacionales de mujeres relevantes en la cultura y la política en los años 1936 y 1937, hoy olvidadas; y otras que conquistaron un ámbito de libertad, pero a las que se dejó sin espacio en el imaginario compartido. El punto de partida de la exposición es la feminista, sindicalista y poeta Lucía Sánchez Saornil (1895-1970). Fue una proletaria madrileña, anarcosindicalista, mujer libre y lesbiana, que trascendió el obrerismo para trabajar (de telefonista) en Telefónica; asimismo componía poemas y colaboraba con la prensa de vanguardia.

En la muestra de Carmela García ocupan un lugar relevante las militantes de “Mujeres Libres”, organización anarcosindicalista que desplegó su actividad durante la guerra española de 1936 y llegó a contar con 20.000 afiliadas. Así, la abogada y pedagoga Mercedes Comaposada Guillén, la médica Amparo Poch y Gascón o Lucía Sánchez Saornil, entre otras, promovieron un feminismo anarquista “que no subordinaba la autonomía de las mujeres a las aspiraciones de la revolución social”, destaca la profesora de Historia de la Educación en la Universitat de València y militante del movimiento feminista, Llum Sanfeliu. Fue Lucía Sánchez Saornil la gran impulsora de la revista “Mujeres Libres”, quien se hizo cargo de la línea editorial y ha inspirado a Carmela García para la presente exposición. Pero tan importantes como las personas son los espacios de la memoria. De ahí la fotografía del Conservatorio de Valencia, donde se celebró en octubre de 1937 la Segunda Conferencia de Mujeres Antifascistas. O, en el siglo XXI las “Mujeres de Negro”, que manifiestan su luto contra la guerra y a quien la artista fotografía bajo un imponente ficus. También las “Lesbian Band”, que en una de las imágenes de la muestra ensayan el son de las “batukadas” debajo de un puente. El arte, lo lúdico y lo festivo como vía de autoafirmación.

El visitante puede acercarse a la pintora, escritora comunista y miembro de la Agrupación de Mujeres Antifascistas, Manuela Ballester. También al recuerdo de la militante del PCE (desde 1934 hasta su muerte) y maestra de la Universidad Popular de Valencia Alejandra Soler, recientemente fallecida a los 103 años y desconocida para muchos, pese a que fue una mujer licenciada en Filosofía y Letras, que logró escapar de un campo de internamiento en Francia terminada la guerra civil y sobrevivió a la batalla de Stalingrado durante la segunda contienda mundial. Incluso se acercó al 15-M. La de Alejandra Soler fue la primera fotografía realizada para la exposición del IVAM.

Carmela García incluye asimismo en la muestra a Sara Berenguer, quien fue maestra en el barcelonés Ateneu Cultural de les Corts y en las Juventudes Libertarias. También ocupó la secretaría de Propaganda del Comité Regional de “Mujeres Libres”. Con las delegaciones de la organización anarcofeminista, visitó el Frente de Aragón y los Hospitales de Sangre, además de integrarse en Solidaridad Internacional Antifascista” (SIA). Es otra de las “olvidadas”, pese a los 37 años que vivió en el exilio. En junio de 1988 Seuba Ediciones publicó la primera edición de las memorias de Sara Berenguer: “Entre el sol y la tormenta. Revolución, guerra y exilio de una mujer libre”. Y no se trata de arqueología; de hecho, la obra de Carmela García ata cabos. Hoy “Mujeres Libres” es un programa de Radio Klara, emisora comunitaria de la ciudad de Valencia; las mujeres del equipo aparecen retratadas en la exposición.

Imágenes de gran formato, un mapa “subjetivo” con documentos, acotaciones, fotografías sobre asociaciones de mujeres de los años en que Valencia fue capital de la II República… ¿Qué queda de todo ello en la actualidad? Tal vez sea la pregunta que haya motivado el trabajo de la fotógrafa. Y la artista canaria quizá responda captando las imágenes de una ristra de colectivos (actuales) de mujeres: “Las Heidis”, “Joves Desobedients”, “Mujeres Libres”, “Dones de Frontera”, “Dones Progressistes” o la “Asociación de Mujeres Separadas y Divorciadas del País Valenciano”. “Ellas necesitan asociarse para tener más fuerza en el espacio público, como forma de resistencia y para sobrevivir; por esta razón hago las fotografías en la ciudad”, explica la autora en un recorrido guiado por la exposición. Llama la atención a los visitantes sobre un muro, que no es urbano. Se trata de una réplica de la pared de su estudio, donde cuelga anotaciones, ideas, dibujos y fotografías, como la de un cuadro que pintó Lucía Sánchez Saornil; pero no el paisaje entero, sino –ampliada- la parte que aloja la firma. Hay también en el muro simples hojas, con una leyenda a bolígrafo y subrayado en rotulador: “Lo que no se ve no se nombra, y lo que no se nombra no existe”.

La autora de “Imágenes de(l) poder. Cartografía de lo invisible” no entiende el arte como una expresión cerrada y dogmática, ni tampoco dirigida exclusivamente al intelecto. “No se trata sólo de entender, el espectador puede extraer sus conclusiones e ir construyendo su propio mapa de la ciudad”, afirma. Una de las imágenes que Carmela García pretende es la de una mujer que transite por la calle, vista como espacio no masculinizado que les pertenece a ellas. Fotografías de mujeres que caminen solas, y sin posado previo. Le costó encontrar estas fotos antiguas en los archivos. A continuación, al pasar junto a la fotografía de las “Mujeres de Negro”, advierte contra el eurocentrismo y las apologías de la democracia occidental. Porque el feminismo ha sido siempre internacionalista, recuerda, y “la cadena es tan fuerte como su eslabón más débil”.

De la docena de fotografías sólo hay dos retratos individuales. Uno es la de Mariló Rodríguez, del colectivo “Joves Desobedients”, que en los años 90 del siglo pasado realizaban acciones como salir de noche con antorchas para reclamar seguridad frente a las agresiones sexuales. Tomada en el centro histórico de Valencia, la fuerza de la imagen hace que vaya a figurar en la portada de una próxima publicación, según informa Carmela García a los visitantes. El segundo retrato es el de Heide Braun, una librera especializada en temática feminista. Con la biblioteca de la universidad al fondo, su figura cuestiona los tradicionales espacios de poder y la manera en que históricamente se ha negado a las mujeres el acceso al conocimiento. Se produce, así pues, un choque entre espacios, que también se da en la fotografía de tres jóvenes activistas en el tradicional barrio del Cabanyal, en Valencia, amenazado desde hace décadas por los procesos especulativos y de “gentrificación”. Las muchachas forman parte del colectivo “Brúfol”, que trabaja en la formación no reglada, con mujeres y en el ocio con niñas y niños en situación precaria. La imagen pone de manifiesto la degradación de esta barriada marinera.

El recorrido termina en una sala ubicada en una planta superior. Allí Carmela García proyecta un vídeo con un equipo de fútbol integrado por mujeres lesbianas, “Las Heidis”. Se pasan un balón de color en una sala de juntas, metáfora del poder masculino y hegemónico. En cierto modo la composición se inspira en la película “El Padrino”. Podría interpretarse que el grupo de mujeres trata de perder el miedo y reforzar su identidad. “Las Heidis” son el equipo femenino del colectivo “Lambda” de lesbianas, gays, “trans” y bisexuales, surgido hace 14 años. ¿Por qué un mapa de lo invisible, que se articule en torno a las mujeres, tal como propone la exposición? “Muchas de sus acciones, creaciones y luchas han sido olvidadas, excluidas de los discursos y la memoria”, remata la artista canaria.

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=226863

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Un grupo de activistas okupa el Colegio Mayor Luis Vives de la Universitat de Valencia

Por: Enric Llopis

“La Ingovernable. Espai alliberat”. La consigna se divisa en lo alto de la fachada del Colegio Mayor Luis Vives de la Universitat de Valencia, okupado por un grupo de activistas con el fin de recuperarlo, dotarlo de vida y generar un nuevo espacio de “cultura, pensamiento crítico y empoderamiento para la lucha”. Los jóvenes okupas abrieron el pasado primero de mayo las puertas de las instalaciones, que la Universitat de Valencia mantenía cerradas desde el verano de 2012. El día festivo de la clase trabajadora se hizo pública la okupación del Colegio Mayor Luis Vives, tras un proceso iniciado por una veintena de personas hace quince días, informan fuentes de la asamblea de okupas. Los activistas trabajan actualmente en la limpieza y adecuación de “La Ingovernable” (denominación del espacio okupado), y por el momento han rehabilitado cuatro grandes salas. Asimismo dan cuenta, en conversación telefónica, de la situación de abandono y deterioro en el que se encontraron el espacio: “Estamos tragando mucho polvo”.

Los medios de comunicación informaron de incidentes en las inmediaciones del edificio la tarde del dos de mayo. Se produjeron cuando los activistas que se hallaban dentro del colegio mayor pretendían salir de las instalaciones, con el fin de realizar relevos y abastecerse de alimentos y agua. Previamente realizaron un llamamiento, al que acudieron, con bienes de primera necesidad, una treintena de personas de círculos afines. Pero los guardias de seguridad, que custodian el recinto, “no dejaron que entrara ni saliera la gente, ni tampoco que se proporcionara comida y bebida al interior”, aseguran los jóvenes okupas. Habilitaron entonces un “pasillo” para sortear a los vigilantes. “Hubo forcejeos, porrazos y golpes por parte de los agentes”, detallan, “mientras se empezaba a lanzar la comida por encima de las vallas”. Fuentes de la asamblea señalan que los vigilantes de seguridad llamaron a los servicios de ambulancia, con el fin de notificar supuestas heridas y lesiones a los agentes de las que pudieran responsabilizar después a los activistas; “así podrían además justificar una posterior denuncia”, agrega la asamblea de Okupas.

El mismo día de las agresiones, explican activistas que permanecen en el interior del edificio, se permitió que agentes de la Policía Nacional entraran en el recinto universitario, “lo que consideramos gravísimo”. Afirman que además de los guardias que mantienen la vigilancia en el colegio mayor, “la zona está todas las noches llena de ‘secretas’ rondando”. El tres de mayo la asamblea de “La Ingovernable” tachó de “invención” las versiones sobre lo sucedido el día anterior propagadas por los medios informativos y los agentes de seguridad contratados por la Universitat de València, que en ningún caso hicieron referencia a las agresiones de los guardias. Por el contrario, añaden los okupas en un comunicado, los vigilantes “fuera de sus funciones, retuvieron de manera violenta a una joven, a la que agarraron por el cuello y golpearon contra la pared; asimismo propinaron golpes a otras personas con las porras”.

La asamblea señala la responsabilidad de la Universitat de València en los hechos violentos. Además califican la situación actual de “asedio”, aunque la Universitat destaque ante los medios de comunicación un supuesto estado de “normalidad” en el Colegio Mayor Luis Vives, ya que los jóvenes pueden, según la institución universitaria, abandonar el edificio cuando consideren y finalmente se ha habilitado una zona para el suministro de vituallas. Sin embargo, el autor de este artículo pretendió ayer conversar directamente con los jóvenes okupas, lo que le fue impedido por dos vigilantes después de realizar una llamada telefónica. El interlocutor de los guardias de seguridad les dijo a estos que remitieran al periodista al gabinete de comunicación de la Universitat de València.

La okupación del colegio mayor se inspira en principios netamente anarquistas, tal como se infiere de los comunicados del grupo promotor. Los activistas hacen referencia al “control de nuestras vidas”, la fuerza colectiva, la libertad, la horizontalidad y la autogestión. “La solidaridad y el apoyo mutuo son nuestras mejores armas, nos mantenemos ingobernables”, afirman. Destacan la necesidad de espacios de grandes dimensiones en la ciudad, donde los movimientos sociales puedan desplegar actividades culturales, conciertos y asimismo recaudar fondos con los que afrontar las causas por represión. También manifiestan su solidaridad con las luchas universitarias, por ejemplo contra la subida de las tasas, el Plan Bolonia o las dificultades de los jóvenes con menos recursos para acceder a las licenciaturas. “Hay gente que ha tenido que abandonar una carrera por no poder pagar la matrícula”, afirma un activista de la asamblea.

Uno de los puntos de polémica es el estado del edificio. Ubicado en el campus universitario de la avenida Blasco Ibáñez, el Colegio Mayor Luis Vives fue inaugurado en los años 50 del siglo pasado como residencia para estudiantes y centro cultural, informó la Agencia Efe. En un teletipo emitido el primero de mayo, la agencia añade –citando fuentes de la Universitat- que el edificio cerró sus puertas el 31 de julio de 2012 para su restauración, ya que los informes técnicos aconsejaban una reforma estructural. La denuncia cursada por la Universitat de Valencia ante la Policía Nacional subraya estas deficiencias y alerta sobre la peligrosidad del edificio. Sin embargo, los jóvenes respondieron en un comunicado que las versiones sobre la falta de seguridad y las fallas estructurales son “fraudulentas”, y se difunden “para deslegitimar nuestras acciones”. Sustentan esta tesis en las declaraciones de la Fundación Goerlich (por el nombre del arquitecto autor del colegio mayor, Javier Goerlich) y en la observación sobre el terreno de las instalaciones. Además, “se trata de un pretexto ya desmentido desde hace tiempo por algunos medios de comunicación”, concluyen fuentes de la asamblea.

Los jóvenes se encontraron las instalaciones en situación de “total abandono”, según afirman, “con una capa de alrededor de un centímetro de polvo por todo el edificio; casi no se puede ni respirar”. Enumeran ejemplos del caos en el interior del colegio mayor: sillas arrojadas, la cocina “hecha una mierda”, neveras tiradas por el suelo, montones de libros desparramados… Otro aspecto denunciado por los activistas es el trato por parte de los guardias de seguridad. “Algunos intentan manipularte, otros ‘pasan’ de ti y hay otros vigilantes que se emplean con modos agresivos, te increpan y coaccionan; en alguno de los casos la provocación es continua”. En las redes sociales han difundido las expresiones de alguno de los vigilantes: “Si yo os pillo por aquí fuera os vais a acordar de mí después de esto”; “Os va a salir cara la bromita” y “os vais a arrepentir para toda la vida”, afirmaba este guardia al tiempo que movía las esposas de modo intimidatorio, siempre según la versión de los activistas.

Los okupas de “La Ingovernable” han constatado un aumento de la vigilancia –de efectivos privados y de la policía- desde que se iniciara la okupación. Lo consideran una estrategia de “desgaste”, para “bloquear cualquier apoyo desde el exterior”. Mientras, lanzan un llamamiento de apoyo, al que se han sumado la mayoría de los sindicatos universitarios. “Estamos en fase de resistencia y rehabilitación del espacio, no vamos a ceder ante ningún chantaje o amenaza”, concluyen vía telefónica, al tiempo que insisten en la crítica a la Universitat y al rector, Esteban Morcillo, “la cara más autoritaria de la institución”. “Es un cobarde, que sólo sabe mandar a sus esbirros”. Critican que la Universitat de València se haya negado a dialogar, con independencia del posterior resultado de las conversaciones: “nadie se ha pasado por aquí”. Así, desde el tres de mayo los jóvenes okupas reciben por una ventana del edificio, según confirman, agua y alimentos: “Gracias a ello sobrevivimos en el interior”.

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=226248

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“Sin fundamento político y radical el veganismo no es nada”

Por: Enric Llopis

A veces la portada de un libro condensa en el título y alguna imagen muchas páginas de contenido. Lo primero que advierte el lector del libro “Liberación animal más allá del veganismo”, publicado en 2014 por el colectivo editorial Dskntrl, es la ilustración de un ritual caníbal, en el que no hay vacas, caballos ni cerdos. Sólo seres humanos. “No estamos de acuerdo con el canibalismo, pero sí ingerimos otros animales”, advierte el autor, Roberto Lemes. El activista plantea una crítica radical (desde la raíz) a la ideología “especista”, que considera a la especie humana como superior al resto de los seres vivos. Algo así como la especie “elegida”. Y no se trata de una formulación teórica, escondida en manuales y fanzines. Existe un especismo cotidiano. “En las ciudades pueden verse numerosos anuncios de Burger King, McDonald’s o Kentucky Fried Chicken, que se suman a todas las ideas que propaga la educación familiar e institucional”. Lemes ha presentado el texto de 112 páginas en el Centro Social Okupado y Anarquista La Fustería del barrio del Cabanyal, dentro de la XVII Mostra del Llibre Anarquista de València que se celebra entre el uno y el nueve de abril.

Los artículos que componen el libro se publicaron en el blog “rebelionanimal”, en el que también se difundía un programa radiofónico de igual título; durante más de una década “rebelionanimal” se emitió –de manera intermitente- en radios libres de diferentes ciudades. Lemes se muestra crítico con organizaciones que hace una década defendían la alimentación vegana y denunciaban el “especismo”, pero que hoy “obvian la opresión de los animales y hablan casi de gallinas felices, aunque también se hallen explotadas”. También alerta de las modas y de presuntos aliados. Como la ONG supuestamente conservacionista Sea Sepherd, que tiene como a una de sus marcas de referencia a la exactriz Brigitte Bardot. “Es conocida por su ‘amor’ a los animales, no sé si esta persona es vegana o qué es lo que come; es algo que no interesa, ya que ha manifestado su apoyo a Le Pen, así como su odio a inmigrantes y homosexuales”, explica Roberto Lemes. Extiende su crítica a esnobismos y fetichismos. En la organización Sea Sepherd actuan, sostiene el activista, como una especie de “piratas modernos”, donde prima el espectáculo (aunque “no es esto lo que más critico”, matiza), al atacar barcos que no cumplen la legislación sobre captura de ballenas o atunes. Pero al tiempo, denominan a sus embarcaciones “Brigitte Bardot”, o las bautizan con el nombre de un domesticador de cocodrilos, Stewe Irwin.

La batalla por el veganismo y la liberación animal no es mayoritaria entre los movimientos “alternativos”. El autor se fija en una consigna conocida: “Ama la música, odia el fascismo”. No florecen las bandas musicales anti-especistas y por la liberación animal en movimientos contraculturales como el punk o el hardcore, ni en muchos colectivos libertarios. En ocasiones grupos de activistas han tratado de introducir panfletos contra el “especismo” en huelgas generales, “para hacer visible esta lucha dentro del anarquismo”, explica Roberto Lemes. Se han buscado mensajes rotundos, como el siguiente: “Hoy no estamos todos en la huelga, faltan otros que están igual de explotados o más que nosotros”. O, en plena contienda por los derechos laborales, “Nos han enseñado que los animales son cosas, reemplazables y descartables, pero el capital nos explota a todos por igual”; y “Una alimentación vegana es necesaria para que en nuestros estómagos no carguemos con el sufrimiento de otros”.

Frente a los restaurantes de comida vegana en barrios gentrificados, las modas y apelaciones exclusivas a la vida saludable, el activista defiende una idea “fuerte” del veganismo: “Si no es concebido como algo radical no es nada”; “luchamos para que algún día jaulas y prisiones resulten destruidas”. Por eso, se separan del objetivo las alegrías porque en un supermercado puedan encontrarse más productos veganos. A ello se agrega la influencia de los lobbies de consumo, que igual un año ponen de moda el aceite de palma que otro la soja y sus derivados (buena parte de la soja transgénica producida en América Latina se utiliza para el alimento del ganado). El activista reivindica un veganismo con fundamento político, que además forma parte de la historia del anarquismo. Él mismo se adentró en la cosmovisión a partir de la lectura de fanzines ácratas, antes de la generalización de Internet. ¿Puede resolverse el sometimiento de los animales no humanos con legislaciones reguladoras y directrices de consumo? “Si las leyes nunca han solucionado los problemas de la especie humana, menos aún los de los animales”.

La denuncia es por tanto de fondo, y no se limita a una crítica de la industria cárnica y los mataderos, ya que la tortura, aherrojamiento y sacrificio de un animal también puede practicarlas un campesino. “El especismo cotidiano atraviesa culturas, etnias, géneros y países”, señala Lemes. “No es legítimo que Central Lechera Asturiana viole a una vaca, pero también mi vecino puede oprimir a un animal”. Desde la perspectiva del conjunto de los seres vivos, todos los estratos sociales, aunque sufran la opresión, también aplastan a los últimos de la cadena: los animales de la especie no humana. No sólo se vinculan directamente sectores como las cárnicas, la peletería y el cuero, sino que experimenta con animales la industria farmacéutica, de limpieza, automotriz, militar, tabacalera y de bebidas alcohólicas. El libro reproduce un cartel anarquista que señala a marcas como L’Oreal, Bic, Boss, Giorgio Armani, Johnson-Johnson, Adidas, Dove, Tampax, Colgate, Rexona o Braun, entre otras. Las responsabiliza de unas cifras estremecedoras: “100 millones de animales son asesinados cada año; en Europa cada tres segundos muere un animal en laboratorios”.

La presentación del libro “Liberación animal más allá del veganismo” se plantea en forma de círculo. “Yo he visto sacrificar animales en un matadero, no es lo mismo que en un documental; si la gente se enfrentara a esta realidad en vivo, dejaría de consumir carne”, comparte uno de los asistentes, que añade sus dudas sobre la cuestión. “Las plantas también sienten”. Se entabla un diálogo. Otro de los activistas responde que los animales poseen sistema nervioso, y por lo tanto sufren. En ese punto radicaría la diferencia con los vegetales: “Podemos alimentarnos sin torturar a un ser vivo con sentimientos, sujetos de afecto y amor”. El primer interviniente vuelve a expresar sus dudas: “Pero si a una rosa se le ofrece cariño, puede transformarse, de estar mustia a manifestar lozanía”. Otro asistente afirma que ello se debe a las vibraciones, ya que con la música cercana a todo volumen la planta crecería aún más. Al autor del libro se le pregunta asimismo por la pureza del ideal. “No somos 100% veganos ni 100% anarquistas, porque vivimos dentro de un sistema capitalista y hay que sobrevivir”. Una joven pide la palabra para hacer un inciso crítico: “A veces en los colectivos las personas veganas pueden hablar con una especie de superioridad moral sobre el resto”.

Lemes destaca la diferencia entre veganos y vegetarianos. Los primeros no consideran “objetos” a las demás especies animales, pero los vegetarianos sí: consumen leche, queso (“con cuajo animal incluido”), miel, huevos y otros alimentos que provienen de la explotación animal. El autor también defiende la creación de comedores veganos como “herramienta política y de denuncia”, lo que evidenciaría que con pocos recursos o sin dinero es posible la alimentación sin someter a otros animales. Para ello, se trata de combatir una propaganda que echa raíces ya en la escuela, y que se presenta de modo tan inocente como que los animales “nos dan la leche, nos dan los huevos y nos dan la miel”.

También se recurre a los pretextos y a la mera comodidad: “Tengo esas gallinas y me dejan los huevos, ¿qué quieres que haga? ¿Que no los coma?”. Por otro lado hay quien critica el “panóptico” (Bentham) en cárceles, escuelas y fábricas, pero el sistema del ojo que todo lo vigila también se aplica en zoos, granjas y mataderos. Otro lastre para la liberación animal es el peso de las tradiciones, tan asumidas como el uso de caballos en competiciones deportivas o los carruajes para recoger las basuras. En uno de sus artículos, Roberto Lemes menciona el caso de un documental sobre un matadero en la periferia de Buenos Aires. Además de toda la información, se percibe en esta “maquinaria de la muerte ‘diferente’”, un halo de “qué bueno esto de la autogestión y la autonomía”.

*Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=224886&titular=%93sin-fundamento-pol%EDtico-y-radical-el-veganismo-no-es-nada%94-

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