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Entrevista a María Acaso: “Un chaval de 7 años es un constructor de conocimiento, no solo lo es el adulto”

Fuente: El Diario de la Educación

María Acaso es una mujer polémica por criticar el sistema educativo, reivindicar el uso del arte contemporáneo dentro de las aulas como metodología y defender la visibilización del papel de la mujer.

María Acaso es una de esas “gurús” que en los últimos años se ha hecho un lugar en el mundo de la innovación educativa. En su caso, desde las artes. Desde el arte contemporáneo. Tan criticada como apreciada, en estos meses ha puesto en marcha una Escuela de Art Thinking en la que intenta aterrizar este pensamiento en prácticas posibles en un aula ordinaria. Hablamos de esto y del papel de las mujeres.

¿Qué es art thinking?

Utilizar las artes para innovar, una metodología para conseguir que el aprendizaje suceda.

Meter el arte en las escuelas…

Bueno, no meter en el arte, que se supone que ya está. Es meter arte contemporáneo.

¿Por qué contemporáneo?

El matiz es importante. Hace tiempo me pregunté por que me importaba tanto lo contemporáneo. La respuesta la encontré en un libro de Marina Garcés. Ella habla de la “honestidad con lo real” en Un mundo común. ¿Por qué tiene que ser arte contemporáneo? Porque es el arte de nuestro tiempo. Vale que cojamos a Velázquez y a Van Gogh, pero el arte contemporáneo está mucho más cerca de las problemáticas, de la estética y de las prácticas de nuestros niños, niñas, adolescentes y universitarios que Rubens. Ese concepto de honestidad con lo real es lo que ha perdido la escuela, la universidad, en estos momentos.

¿Por qué?

Porque siguen con presupuestos que no se corresponden con la realidad. Y ahí es donde entra la innovación bien entendida. Si en clase de arquitectura pongo a alguien a hacer una banqueta con dibujo técnico me va a decir qué aburrimiento. Si le pongo a hacer lo mismo con propuestas más cercanas al arte, lo hará encantado porque conecta con su realidad.

Pero puede haber un choque con el currículo escolar…

Yo creo que el currículo, sobre todo con la LOMCE, es súper adaptable. Pero el problema es hacer esa adaptación. Estoy segura de que te coges el currículo de plástica y visual y puedes hablar de cine. Pero en vez de poner El sol del membrillo de Víctor Erice, pones It! y a partir de ella haces lo que sea. Pero como tu cultura como profesor está relacionada con otras cosas no eres capaz de hacer esa adaptación.

¿Y qué pasa con la cultura en mayúsculas?

La pública hoy se enfrenta, por ejemplo, a un profe con 30 alumnos… ¿cómo se aterriza el art thinking en la práctica de una clase de matemáticas?

Te respondo como en dos bloques. El primero tiene que ver con ¿por qué las artes? Me voy a algo abstracto, pero importante. Estoy leyendo Foucault, La clínica, en donde habla de los dispositivos de verificación, es decir, las instituciones que generan las nociones de verdad. Habla del hospital y de la ciencia médica como una institución que nace y se adueña de la verdad de la vida médica; lo que dice el médico y la institución están en lo más alto. Es paralelo a la escuela.

La escuela es un dispositivo de verificación que dice lo que es la verdad. Y esa es nuestra lucha conceptual. Lo que subyace a la discusión sobre la innovación es esto: “Tío, lo siento, pero no es la verdad”. Dejemos de decir que lo científico, lo lógico y el pensamiento positivista de la Ilustración es la verdad. Porque estamos en otro momento histórico.

Lo que hacen el arte y las metodologías que se apoyan en él es deslegitimar los dispositivos de verificación. Las metodologías son las herramientas de esos dispositivos. La lección magistral es la herramienta que valida la verdad que la escuela dice a través del profesor. Si yo impido el uso de la lección magistral, estoy poniendo en duda la noción de verdad. Y esto lo hacen muy bien las artes, porque trabajan con lo divergente, con los crítico, con lo no positivista… Umberto Eco, cuando habla de obra abierta está hablando de que una otra artística tiene múltiples miradas, verdades que no son verdades. Es eso lo que me interesa de las artes.

¿Y el otro bloque?

También está el verse como productor cultural Un chaval de 7 años es un constructor de conocimiento. Lo siento, pero sí, no solo lo es el profesor o el adulto. Y por último, todo lo relacionado con el DIWO (Do It With Others), hagámoslo juntos, por proyectos, despacio…

Todo esto es la razón de las artes, que al estar cerca de ese pensamiento no positivista, desbaratan el dispositivo de verificación…

Fotografía: Elena de la Puente

En en Congreso de Innovación Educativa de Zaragoza dijiste que no hay nada más intelectual que una maestra de infantil y primaria. Me hizo pensar en por qué no está tan considerada la profesión docente.

Porque es un mecanismo de transmisión de saberes, no de generación de saberes. Por eso es tan importante entender la pedagogía como una producción cultural, porque así no solo eres un transmisor, sino que tú produces el saber.

Pero el currículo lo tienes que transmitir…

El currículo es un elemento del que te apropias y que remixeas, quieras o no. Es un esqueleto sobre el que construyes otras cosas. Lo que es fundamental es que la maestra es productora de conocimiento y sus alumnos también.

¿No habría que convencer de esto a las familias? Porque también esperan que sean un transmisor…

Sí, por supuesto. Y volviendo a la pregunta de cómo aterrizas las artes en una escuela: una formación del profesorado innovadora, que incluye la generación de una comunidad. Esto es lo que intentamos en la escuela de Art Thinking. ¿Tú sabes esto de las bodas, en algunas en las que se genera una buena energía? Pues pasó esto porque todas las chicas estaban encantadas de encontrarse con sus semejantes: “Ah, estamos aquí, estamos juntas”. La formación del profesorado no puede ser ir a hacer un curso, te piras y ya está. Tiene que ser ir, crear comunidad, ver cómo lo que tú ves en clase funciona en el aula. Una formación de acompañamiento.

Hablas de las formación permanente…

Sí, porque no me meto con la inicial, que ahí hay mucho tema.
Y, por otra parte, está la formación de directivos. Si tienes un director que te empodera, que te anima, que llama a no sé quién para que vaya, que te compra el libro, que genera… La innovación florece. Si tienes un director obsesionado con el rendimiento, como ocurre en algunos centros donde solo les interesa el bachillerato internacional, y que los mejores niños, estresadídimos, estén allí, pues claro…

Ahí se cruzan muchas cosas. La presión desde la administración sobre rendimientos, los rankings para familias. Es contraintuitivo pensar en meter artes para mejorar los rendimientos.

La clave está en lo que acabas de decir. Lo que voy a decir lo tacha mucha gente de neoliberal, pero es que es verdad: en poco tiempo los robots van a hacer muchas cosas de las que hacemos ahora. ¿Qué hacemos nosotros que no hacen los robots? Las competencias creativas, las relacionadas con los afectos, corporales… todo eso es lo que valdrá el día de mañana. De hecho es lo que ya está valiendo. Es verdad que el giro tiene que ser social; que todos los agentes alrededor de la escuela empiecen a cuestionarse qué es la excelencia académica…

Planteas cambios metodológicos. Ahora que hablamos de las notas. Algo habrá que hacer con la evaluación…

Absolutamente. Es uno de los elementos clave, porque tenemos un sistema que está basado en la evaluación en vez de en el aprendizaje. Hay que darle la vuelta. Es lo más complicado, pero puede hacerse. Hay que descentrar el proceso de las notas: como profesor puedes poner las notas en el centro o sacarlas de ahí. Hay muchas cosas que hacer y no se hacen un poco por inercia.

El sistema tiene ese problema. Tanto en ESO como en la universidad. El sistema también te toca…

Sí, sí, he estado a punto de ser expedientada por cambiar mis métodos de evaluación. Lo sufro, pero considero que tengo que hacerlo. Y volvemos al concepto de honestidad con lo real. Yo llego mi primer día a clase y digo: “Estáis todos aprobados, esto no es una competición por las notas. El que quiera venir a clase, que venga”. Y resulta que gracias a esto mucha gente viene a clase…

Hace un año un alumno de 4º de la ESO no dijo que el sistema va más de aprobar que de aprender.

Totalmente. Es lo mismo que el “no tengo tiempo para aprender porque tengo que estudiar”. Da mucha pena porque se pierden unos años maravillosos de sus vidas para aprobar. Lo veo ahora con mi hija mayor. Con las posibilidades que hay, por ejemplo, de enseñar Historia haciendo representaciones…

Hay quien utiliza el cómic en esas mismas clases de Historia…

Y seguro que enganchaba mucho, porque es su lenguaje. Honestidad con lo real: lenguaje visual y algo que los alumnos controlan.

Puedes hacer Historia en modo “youtuber”. ¿Cómo puede ser que el Rubius tenga 20 millones de seguidores? A eso hay que darle una vuelva. Es un contenido terrible. Pero podría utilizarse como metodología. Estamos hablando de videoarte, arte digital…

Hablas de un ovni… e igual nos acercamos un día a ARCO y vemos un ovni muy grande y no lo comprendemos…

Pero ARCO es el mercado del arte contemporáneo, no el arte contemporáneo. Son cosas diferentes. Hace unos días, con el colectivo Basurama, Alberto Nanclares dijo una cosa interesante: el arte es algo que se hace, no una cosa. Es un proceso, una forma de pensar, no es un objeto. Cuando hablo de art thinking no hablo de llevar el mercado del arte a clase, sino de llevar los procesos que los artistas utilizan a clase.

Y al mismo tiempo está la crítica de los Fernández Liria diciendo que estas cosas que hacéis…

Es hacer el lila, como me han dicho…

Hacer el lila, dirían, no le da a las clases populares el conocimiento que necesitan para defenderse en una sociedad capitalista que les torpedea.

Pues yo creo que es justo lo contrario. La herramientas que puedes darle a unos adolescentes para luchar contra un mundo capitalista es precisamente el pensamiento crítico visual. En la escuela de art thinking hablamos de la cultura visual, la mainstream… y me parece importante para articular un pensamiento crítico.

Fernández Liria identifica arte con elitismo y con mercado del arte y de lo que hablamos nosotros es del arte como un modo de hacer, no una cosa que se hace. Es lo que yo quiero: la potencia de los procesos artísticos para desarrollar ese pensamiento crítico, creativo, placentero, y sobre todo muy combativo de lo neoliberal.

Esto de lo placentero es parte de la discusión: el conocimiento, el aprendizaje, necesita de un esfuerzo, más allá de lo placentero.

A Deleuze y Guattari se les atribuye una frase: “El conocimiento no llega si el deseo no lo convoca”. Estamos en un momento en el que la neuroeducación está poniendo sobre la mesa estos procesos relacionados con el placer. Esto entronca con una frase que me dijo mi terapeuta: “El esfuerzo solo lleva al fracaso”. ¿Qué subyace? Que hay que redefinir el concepto de esfuerzo. El esfuerzo extrínseco funciona un corto periodo de tiempo. Es un concepto que debe unirse con la pasión, con el placer… Hay que hacer este cambio.

En la educación sois mayoría las mujeres, en el arte también… en la representación sois franca minoría.

Soy la aguafiestas. Mis alumnos dicen que soy una lesbiana matahombres (risas). Me encanta además la idea de que si eres feminista y eres lesbiana… Pero es que esto me lo dicen tíos superjóvenes y yo flipo.

Hay un paso atrás en el concepto de hombría. Cuanto más “subís” vosotras, más peleamos nosotros.

En Cuadernos de Pedagogía habrá un especial de educación artística y he escrito un artículo titulado: “Qué puede aprender la educación artística del porno feminista”. Estoy muy metida en temas de porno feminista, de porno positivo. Bueno, esto tiene que ver con el mecanismo de verificación, los dispositivos, el capitalismo y el patriarcado.

El patriarcado ve que una de sus herramientas más potentes para seguir legitimándose es la escuela y boicotea el ascenso de las mujeres a las estructuras de poder. Un ejemplo: las mujeres con poder son las malas de todos los mecanismos audiovisuales mainstream: siempre que aparece una con poder acaba siendo una mala. Michele Obama organizó una campaña llamada: “No soy mandona, soy líder”. Creo que la educación es el mecanismo para llevar a cabo esto pero se boicotea, desde nosotras mismas, que es lo malo.

Si no hay un 50% de mujeres no hay innovación es algo que dices mucho.

No, es que no… Un proceso de transformación muy fuerte es incorporar a las mujeres a los procesos sociales. Hay una lucha alrededor de la cuota. Cuando se normaliza la innovación y se convierte en cultura, entonces te puedes relajar. Ahora es momento de hacer el esfuerzo porque hay mujeres en innovación y educación, pero no están visibilizadas. El ejercicio de feminismo que hay que hacer es encontrar a esas mujeres…

Dame algún nombre de mujer…

Mar Romera, por supuesto. Heike Freire, Catherin L’Ecuyer. En la Ikastola Arizmendi, Aitziber Arregi responsable del área de inmersión pedagógica que ha escrito un libro sobre pedagogía de la confianza. Yayo Herrero, que habla de ecofeminismo o Rosa Liarte, profesora en Cárcama, Málaga. En educación y arte hay muchas mujeres, por la vinculación con los cuidados. Hay que hacer ese esfuerzo de comisariar. Y cuando lo haces, lo que te encuentras es súper potente.

¿Hay una pedagogía de mujeres?

Desde los transfeminismos, no hablaría de una pedagogía de hombres y una de mujeres, pero sí de una pedagogía de los cuidados, honesta. Esta idea de no conformarte con lo primero que sale en Google y bucear en otras páginas, eso de escarbar, ser más críticas, desgraciadamente nos ha tocado a las mujeres por la posición subalterna que hemos tenido.

¿Ha influido en la consideración social de la docencia?

Claro ¿Cuál es el imaginario? Cierras los ojos, piensas en LA maestra y es una señora de mediana edad con un baby que solo quiero que sea muy buena con mis niños y los trate muy bien.

Y eso que hay maestras con un conocimiento muy serio, científico de lo que hace un cómo lo hacen…

Claro, pero no escriben, no tienen post, un blog, no tienen Twitter. Estos son los mecanismos de visibilización.

¿Falta ambición?

Hay personas a las que les interesa el conocimiento y a las que les interesa el poder. Es más masculino el interés por el poder, que incluye la visibilización. Más femenino el trabajo con el conocimiento, que no incluye el poder ni visibilización. Y creo que es importante trabajar por esas cuotas de poder. A mí me interesa el poder como un vehículo para visibilizar el conocimiento.

ahora estoy aquí porque tengo un marido maravilloso, que comparte la crianza conmigo; puedo irme de viaje porque sé que él está ahí y es un tío que me posibilita ser lo que soy.

¿Es el siguiente paso, un paso atrás de los hombres?

No es un paso atrás, es hacia otro sitio. ¿Te acuerdas de aquel vídeo del Fary hablando del hombre blandengue? ¿El que va con las bolsas de la compra? Todos tenemos que hacer todo. Ahí recomiendo mucho el libro de Maternidades subversivas de María Llopis.

Hay algo que dice Foucault: la producción de saberes no es luchar contra el saber hegemónico y derrocarlo, que es imposible, sino la producción de alternativas. No es luchar contra el Fary, es ponerse en otra posición.
Es lo mismo que la innovación en la escuela. No luches contra los no innovadores. Tú ve haciendo y cuando se vea que esa posición, en la que estamos los innovadores, es la que funciona, los otros tendrán que pasarse de bando.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/12/14/un-chaval-de-7-anos-es-un-constructor-de-conocimiento-no-solo-lo-es-el-adulto/

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Cineasta Ai Weiwei: «La única conclusión es que hay mucha inhumanidad en nosotros»

El gran problema: ¿Cómo se asustó a los refugiados?

Ai Weiwei: No hay nadie que voluntariamente deje su hogar.Nadie renuncia a todo aquello con lo que está familiarizado, como su idioma o su religión, sin ser obligado por la fuerza.Todos los refugiados en este mundo son expulsados, como un árbol sacado de la tierra por una tormenta. Vemos cómo puede aparecer la naturaleza trágica después de que pasa una gran tormenta. La tragedia humana es cien veces mayorya que podemos compartir la tristeza y las dificultades que experimentan esas personas. Podemos ver cómo esos hombres, mujeres y niños han perdido el apoyo y la seguridad de su vida; podemos ver que están buscando refugio, pero no pueden encontrar uno. También vemos gente volteando intencionalmente la cara y proponiendo todo tipo de razones para no actuar. La única conclusión que se puede extraer es que hay mucha inhumanidad, cobardía y egoísmo dentro de nosotros.

¿Pueden las artes y los artistas cambiar el mundo más que la política y los políticos?

El arte es muy importante como actividad mental porque se relaciona con la salud de la moralidad y la filosofía. La comprensión del arte puede afectar profundamente las emociones, el comportamiento y el juicio racional del ser humano. Sin arte, la condición de racionalidad sería pobre y no reflejaría las emociones humanas. En ese sentido, el arte no solo cambia la sociedad, sino que es el ingrediente principal de uno.

La gente sabe que hay una crisis migratoria pero estos problemas pueden sentirse muy lejos. ¿Cómo podemos conectarnos con ellos?

Las mejores cualidades que tenemos son empatía y la capacidad de ayudar a los demás. La humanidad se convierte en una palabra vacía cuando esas cualidades no se aplican.Siempre ha habido personas que son desafortunadas o victimizadas por aquellos que se benefician del sistema establecido. Solo al crear una comprensión de que la humanidad es una, que debe ser compartida y protegida por todos, podemos comenzar a mejorar esta situación.

Una vez que la sociedad ha establecido los derechos humanos y la libertad de expresión, ¿se olvida inevitablemente de otros que todavía luchan por los suyos?

El mundo está dividido, y no solo por el territorio, las diferencias religiosas o la desigualdad económica. También está dividido en su comprensión de las necesidades de la humanidad. Sin estar bien informados o sin comprender realmente la verdadera condición humana, no puede haber ningún desafío a nuestra propia ideología. Esa ideología, si tiene algún valor, debe ser desafiada. La libertad y la libertad no son palabras vacías. Son valores que no solo necesitan protección, sino redefinición: un nuevo contexto y un nuevo significado. No existe la libertad o la libertad; inyectamos el significado. Esto requiere cada generación y el esfuerzo de cada individuo.

The Big Issue es una revista galardonada en múltiples ocasiones, editada por el Editor actual del año de la Sociedad Británica de Editores de Revistas (BSME).

Pero, ¿los individuos tienen algún poder?

El individuo tiene el máximo poder para decidir su destino y el tipo de sociedad en la que vive. Esta forma de pensar es la razón por la cual Occidente se ha desarrollado más rápido que otros lugares durante los últimos cien años. La ciencia y la creatividad, el conocimiento y la imaginación, han sido bien protegidos y nutridos. Más importante aún, esas ideologías y beneficios sociales deben volver a un individuo. Un individuo no es solo alguien que inicia una mejor comprensión, sino que también es un beneficiario de esa comprensión.

En este momento hay el mayor desplazamiento de personas desde la Segunda Guerra Mundial. ¿Está el mundo actualmente librando una guerra de otro tipo, que no siempre tiene que ver con el conflicto sino con la desigualdad, los prejuicios y el medioambiente?

Podemos ver que hay una guerra contra los valores humanos.Al sacrificar a las personas más débiles y vulnerables, aquellas que tienen poca educación, están desplazadas y carecen de poder, este es un desafío para la civilización, nuestras sociedades democráticas en funcionamiento y nuestra visión del futuro para los humanos. Este es probablemente el mayor desafío que los humanos hayan conocido; menos obvio que el derramamiento de sangre, pero que ha dejado una profunda herida psíquica.

Ai Weiwei viajó por todo el mundo para documentar la crisis de refugiados en el flujo humano

¿Los costos de ayudar serían eclipsados ​​por el precio que tendríamos que pagar al no ayudar?

El verdadero costo de no ayudar no es simplemente dejar a los necesitados en la oscuridad, sino que se puede ver el deterioro de la sociedad humana. Puedes ver las mejores partes de la mente humana desperdiciadas debido a la miopía, la búsqueda de ganancias, la cobardía y el egoísmo. Esto es realmente trágico para un individuo y la sociedad.

¿Es absurdo el concepto de fronteras entre diferentes áreas de la tierra?

Siempre habrá fronteras mientras haya ricos y pobres y mientras haya naciones de rápido desarrollo y menos motivadas. Los bordes son como montañas físicas y ríos. No desaparecerán pronto. Sin embargo, existen fronteras aún más severas en los corazones y las mentes de las personas, que pueden detener la capacidad de la humanidad de unirse.

El flujo humano de Ai Weiwei está en los cines ahora

Fuente: https://www.bigissue.com/interviews/ai-weiwei-conclusion-lot-inhumanity-us/

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Salvador Alva: “Las ciudades serán comunidades de aprendizaje”.

Salvador Alva destacó las cinco tendencias que cambiarán el rol de las universidades.

Al inaugurar el 4° Congreso Internacional de Innovación Educativa (CIIE) ante más de 3 mil asistentes, Salvador Alva, Presidente del Tecnológico de Monterrey, señaló que las ciudades se convertirán en un gran campus y en comunidades de aprendizaje.

En su conferencia “¿Para qué sirven las universidades?”, Alva destacó las cinco tendencias que cambiarán el rol de las universidades en la educación y en la vida:

  1. Un mundo sin fronteras. Gracias a la tecnología es más fácil y rápido que las personas tengan acceso a internet, puedan estar hiperconectadas y compartir el conocimiento sin restricciones.
  2. Organizaciones que distribuyen y generan confianza. Todo se va a distribuir: aprendizaje, trabajo, gobierno, computación, medios, comercio. La confianza se va a descentralizar y distribuir con ayuda de tecnologías blockchain.
  3. Ciudades abiertas. Las ciudades deben ser las detonadoras de la innovación. “Mientras más incluyente sea una sociedad, más innovación se genera en ella, las personas ya no están eligiendo vivir en países sino en grandes ciudades”.
  4. Aprendizaje de por vida. Estamos entrando en una era de aprendizaje continuo, donde los títulos tradicionales son insuficientes para demostrar competencia.
  5. La era de la simulación: cómo aprender en el futuro. Se puede aprender a través de las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial, la realidad virtual y el Big Data, las cuales convergerán en plataformas capaces de modelar sistemas complejos que el ser humano no ha logrado actualmente.

Revisa nuestra cobertura en tiempo real del 4° Congreso Internacional de Innovación Educativa y ve las conferencias en vivo.

Fuente: https://observatorio.itesm.mx/edu-news/las-ciudades-seran-comunidades-de-aprendizaje-salvador-alva

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Entrevista a Victoria Carrió: “Es necesario que el alumnado entienda que la historia está viva en su presente”

14 diciembre 2017/Fuente: El Diario de la Educación

La profesora del instituto Marta Estrada de Granollers explica si el contexto político ha acondicionado sus clases y profundiza en cómo se aprende la historia en pleno siglo XXI.

“A los alumnos les interesa mucho la cuestión política”, explica Victoria Carrió. En sus clases de Ciencias Sociales se habla, de política, pero no porque ella tenga más o menos ganas, sino porque suele plantear la clase a partir de  preguntas. Y los chicos y chicas preguntan, más aún cuando los temas de historia que tratan tienen una conexión a menudo evidente con la actualidad en Cataluña o en todo el mundo. A lo largo de la entrevista, esta profesora del instituto Marta Estrada de Granollers explica si el contexto político ha acondicionado sus clases y profundiza también en cómo se aprende la historia en pleno siglo XXI.

¿En qué parte del temario se encuentra estos días en el instituto?

Ahora en tercero estamos estudiando una parte pequeña de Historia Moderna. Hoy hemos trabajado la Inquisición, aunque la forma de hacerlo tal vez es diferente de la que estamos acostumbrados tradicionalmente. En nuestro centro no utilizamos libros de texto en la materia de Ciencias Sociales. La propuesta para tercero es crear un cómic histórico como trabajo final de una labor de investigación histórica y los alumnos se documentarán en grupos cooperativos. Yo les propongo temas generales, como por ejemplo la Monarquía Hispánica, y ellos hacen una búsqueda que después deben verificar en clase como base para el cómic.

¿Es complicado hablar de historia en el curso que estamos viviendo?

Quizás es un poco más difícil. El proceso independentista hace años que existe, y los alumnos igualmente hace años que preguntan, ya sea en la asignatura de Historia o en la de Valores éticos y ciudadanía. Ha sido constante y ahora aún más, claro.

Lo preguntaba porque algunos maestros nos decían que tienen miedo de hablar de según qué temas en clase vistas las acusaciones y querellas.

¿Se puede contar la historia de una forma neutral?

No se puede. Si en clase incluyo la conquista de América y me dedico a hablar de la vida de los indígenas, estoy posicionándome. Si no lo hago, también. Si cuando explicas la historia hablas sólo de los reyes y las dinastías, de nuevo te estás posicionando. Si hablas del papel de las mujeres, de la caza de brujas durante la Inquisición, también. Pasa en todo. Desde el punto de vista feminista es clarísimo, es evidente quiénes aparecen y quién no en los relatos históricos. Y eso siempre se lo digo a los alumnos, que se fijen. Esta es la potencia de las ciencias sociales, que permiten entrar en diferentes puntos de vista.

¿También ocurre con las otras religiones y culturas que tienes en clase?

Al igual que la visión de género está la visión de los lugares de origen de los alumnos, y esto es más una cuestión de la cultura del centro que de una asignatura sola.

Me ha pasado más de una vez que maestros me cuentan que se dan cuenta del eurocentrismo de sus clases cuando tratan en clase el descubrimiento de América… Y sus alumnos son de origen latinoamericano.

Además, este es un tema que les interesa mucho en general. Este año cuando lo planteamos era alrededor del 12 de octubre, el Día de la Hispanidad, y estuvimos buscando sobre su significado y vieron que había gente que reivindiva que no hay nada que celebrar, que fue un genocidio… Es un planteamiento necesario. No se puede explicar la historia de América sin hablar de la gente que vivía allí, porque no fue un descubrimiento, fue un grupo de europeos que llegó allí. Hay que desembarazarse de la visión de superioridad cultural: este es también un objetivo de las ciencias sociales.

¿Cuando los propones que hagan investigación percibes que les faltan conocimientos a la hora de encontrar fuentes fiables? Pienso en el problema de las fake news.

Lo más habitual es que de entrada vayan en la Wikipedia [risas]. Y sí, a menudo sucede que la información que recogen es poco rigurosa, pero para eso es precisamente interesante que la trabajen en grupo cooperativo, porque entonces son varias personas haciendo investigación y contraste, construyendo discurso conjuntamente. Tengo que decir que al cabo de unos meses de trabajar así tienen mucha más facilidad para distinguir la solvencia de las fuentes.

Victòria Carrió, profesora de Historia en el instituto Marta Estrada de Granollers / © Sandra Lázaro

El currículo de historia es de los más extensos que en cuanto a contenido. Y a menudo, además, se reproduce la historia de forma lineal. ¿Tiene sentido esta organización? ¿Se puede llegar a todo?

Si analizas el currículo desde una perspectiva competencial, todo cambia. La materia de Ciencias Sociales está dividida en cuatro áreas: historia, geografía, historia del arte y ciudadanía. Si hacemos un planteamiento globalizador, podemos relacionar estas cuatro dimensiones y trabajar los contenidos de una manera más ágil y menos repetitiva. Por ejemplo, si analizo el urbanismo de un territorio lo puedo hacer ligando el contenido de la geografía, así como de la historia política, social, económica, del arte y desde el punto de vista de los derechos y deberes de la ciudadanía. Además, la relación con otras ciencias sociales, como la antropología, la filosofía, las ciencias políticas o la sociología nos ayuda a tener diversas miradas sobre unos mismos hechos, ampliando la visión del alumnado de forma clara. Y si unimos, como en un engranaje, las ciencias sociales con otras materias como ciencias naturales, matemáticas, tecnología, lenguas… Aunque puedes pulir más los contenidos, y muchas veces reducirlos. Como ejemplos este curso en primero de ESO hemos estudiado los diferentes tipos de proyección cartográfica, y el alumnado ha diseñado un viaje por el mundo para conocer los diversos paisajes, climas y problemas medioambientales. Pues bien, a matemáticas han aprovechado para diseñar a escala un mapa del mundo gigante para poder crear un mapa temático con sus búsquedas. De esta manera trabajamos los contenidos de una forma más ligera pero a la vez profunda. En ciencias sociales es más importante darles herramientas e instrumentos para enfrentarse al pasado, presente y futuro, más que los conocimientos generales, que tampoco querría desmerecer. No es importante que memoricen cosas que podrán encontrar en internet, sino que les garantizamos que puedan acceder al conocimiento.

¿Y cuáles son estas herramientas?

De entrada, la autonomía. Parece un poco abstracto, pero esto quiere decir que una persona sepa qué instrumentos necesita en cada momento. Además, para ser competentes en historia deben saber investigar en fuentes, sobre todo a través de internet. Y la otra herramienta importante es despertar la curiosidad y el placer por el descubrimiento. Es esto lo que da sentido a nuestro trabajo.

¿Y cómo se puede despertar la curiosidad de los alumnos por la historia?

Si la profesora ama lo que hace, transmite esa emoción al alumnado. Creo que esta es la base. Luego, además, hay recursos como partir del conocimiento del alumnado y de sus intereses para establecer preguntas, diálogos y conclusiones donde el estudiante es un sujeto activo de su proceso de aprendizaje. El diseño de la materia a partir de aprendizaje basado en proyectos permite que el interés por conseguir el objetivo, o realizar el proyecto, sea un aliciente que despierta esta curiosidad. También es necesario que el alumnado entienda que la historia está viva en su presente, hay que llevar la historia a lo cotidiano. Por ejemplo, tengo en mente proponer un proyecto para crear una gran constelación familiar del grupo de alumnos y que, a partir de una recopilación de memoria oral con sus padres, puedan reconstruir a partir de estos recuerdos cercanos una parte de la historia del siglo XX.

Otro recurso es empoderar al alumnado en lo que saben, por ejemplo, a partir de propuestas donde puedan compartir lo aprendido con otros grupos o niveles. El uso de las tecnologías también es una buena herramienta para hacer más atractiva la materia, ya que el alumnado está bastante acostumbrado a hacer uso y generalmente no les asusta utilizar las herramientas digitales.

Y por último destacaría el papel, muchas veces olvidado, de la importancia del arte. El arte no sólo entendido como una parte del contenido, sino también como un instrumento, como un hilo creativo que sirve para unir los conocimientos de los contenidos de las ciencias sociales, que a veces pueden ser demasiado abstractos y complejos para el alumnado. Cuando crean un objeto o una acción artística estamos trabajando profundamente muchos saberes: la creatividad, la estética, la expresión, la comunicación, la educación visual, el pensamiento crítico, las creencias del alumno… Todo ello activa la curiosidad de el alumno.

¿Hay algún episodio de la Historia que estimule por sí solo sus ganas de saber?

Hombre, ¡la Segunda Guerra Mundial! Se han hecho muchas pelis, están los nazis… Les suena mucho, tienen mucho interés. Y esto choca con el hecho de que la Guerra Civil no despierta tanto, sólo engancha a algunos. Aparte de que todo es bastante imprevisible. Este año tengo dos grupos que han seguido intereses muy diferentes. Uno de ellos se ha interesado por la caza de brujas, y han tirado del hilo para saber de dónde viene, para hablar del asesinato de mujeres (80.000 mujeres aproximadamente). ¿Quiénes eran? ¿Había en el Vallès? ¿Por qué pasaba? Antes del siglo XV tenían de media cuatro hijos y después ocho o diez. ¿Qué significaba eso para ellas? ¿Y para su cuerpo? En cambio, el otro grupo se ha entusiasmado con la expulsión de los judíos y los musulmanes. Lo que une los dos casos es que los alumnos les interesa sobre todo la historia social, más que la política. Se sienten más identificados, les gusta profundizar en las condiciones de vida de la época.

¿Es sencillo transformar la Historia en una propuesta educativa activa?

La historia tiene muchísimo potencial, porque hablas de la sociedad. Todas las asignaturas se podrían tratar como una sola… ¿Dónde empieza la ciencia y dónde termina la historia de la ciencia? Se puede analizar la sociedad desde muchos aspectos. Para mí el principal problema que tienen las ciencias sociales es que viven una contradicción: se explican conceptos como la democracia o el diálogo y luego los centros educativos no cumplen con estos preceptos, sino que repiten las estructuras de control y poder absoluto. Y eso los alumnos nos lo dicen y nos expone como profes.

¿Crees que hay un déficit democrático en las escuelas?

Claramente. La escuela es una reproductora de un sistema social desigual, y si no mira quiénes son los alumnos que abandonan los estudios. El sistema educativo no siempre sirve como ascensor social, ya que el factor socioeconómico sigue siendo determinante y la escuela no ha podido superar este acondicionado. Para mí, innovar en educación es sacudir la institución educativa, incluidas las contracciones que vivimos los profesores, para que también formamos parte de las paredes de lo que a veces es una prisión. Podemos ser castradores de la imaginación y la autoestima de los alumnos.

¿Como sería tu planteamiento ideal para dar clase de historia?

De entrada, para mí sería fantástico que los alumnos quisieran estar en clase, y eso no pasa. Los hay que están obligados, y eso tiene una carga importante, porque el sistema no está dando respuesta a sus necesidades. Como estamos allí lo tenemos que sostener: una de las funciones del profesorado es hacer de acompañante de todos estos procesos emocionales y eso es toda una tarea pedagógica importantísima. Pero creo que debería ser todo un poco más flexible para que libremente pudieran estar en clase. A partir de aquí, me encantaría poder enseñarles el currículum entero y preguntarles: ¿qué queréis hacer? ¿Estudiar el estado de las autonomías en España? Pues vamos a hacer una investigación, hipótesis, desgranarlas… Pero eso quizás sería ya con alumnos mayores, de cuarto.

Victòria Carrió, profesora de Historia en el instituto Marta Estrada de Granollers / © Sandra Lázaro

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/12/12/es-necesario-que-el-alumnado-entienda-que-la-historia-esta-viva-en-su-presente/

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Entrevista: “La río-teca” un proyecto ecológico del Liceo Pino Verde en Pereira

13 de diciembre de 2017 / Fuente: https://compartirpalabramaestra.org

Conozca la experiencia de este proyecto enfocado al servicio social y al cuidado del medio ambiente.

El Liceo Pino Verde, un colegio campestre ubicado en zona rural de la ciudad de Pereira, en la actualidad lidera con sus estudiantes de grado 11 un proyecto enfocado al servicio social y al cuidado del medio ambiente, llamado “La río-teca”.

Nuestro aliado Corpoeducación habló con Catalina Londoño, coordinadora del proyecto CAS (Creatividad, Actividad y Servicio) del Liceo Pino Verde*, para conocer un poco más acerca de esta experiencia.

CORPOEDUCACIÓN: ¿De qué se trata el proyecto?

CATALINA LONDOÑO: En nuestra institución siempre impulsamos a nuestros estudiantes del grado 11 para que realicen proyectos relacionados con la creatividad, la actividad física o el deporte y el trabajo social. Es por ello que en febrero del 2016, con 18 de nuestros estudiantes nos pusimos en la tarea de pensar y poner en marcha un proyecto enfocado en el medio ambiente.

C: ¿Cómo nació la iniciativa?

CL: En el marco del proyecto CAS quisimos poner en marcha en la institución una iniciativa que nos permitiera desarrollar la dimensión personal de los estudiantes. Además, quisimos expandir el campo de acción del trabajo social de la institución y los estudiantes y realizar actividades diferentes a las experiencias con adultos mayores, primera infancia o población vulnerable que comúnmente se pueden encontrar en nuestra región. Después de un período de profunda reflexión, consulta y planeación previa, se decidió que el Liceo Pino Verde participaría con su aporte en un proyecto ciudadano de recuperación del Río Otún en la ciudad de Pereira. El proyecto existe desde hace algún tiempo y lo lideran personas particulares de la comunidad pereirana con el apoyo de algunas entidades gubernamentales, empresa privada y la ciudadanía. El río atraviesa la ciudad, y los ciudadanos trabajan en su recuperación en varios puntos, así que nuestra labor se concentra en la zona específica que es la Avenida del Río con calle 15.

C: ¿Qué actividades realizan con los estudiantes?

CL: Luego de la etapa de planeación, empezamos con un proceso de capacitación y sensibilización con los estudiantes que incluyó historia del río Otún, su situación actual y buenas prácticas ecológicas. Se realizó un recorrido técnico desde el nacimiento del Otún hasta su llegada a Pereira, y también un acercamiento con la comunidad de la zona del río que escogimos para trabajar, que es una zona urbana. Después de estas actividades de formación,  se iniciaron diferentes labores en esa zona específica que rodea el río. Esas labores fueron limpieza, siembra de árboles y flores, diseño y pintura de murales en las casas de la zona y recuperación de un vagón abandonado, el cual lo convertimos en “La río-teca”. La idea de este vagón es crear un espacio pedagógico para la comunidad, donde puedan encontrar herramientas para su formación, también elementos para su esparcimiento y que aprendan sobre el río. El plan con “La río-teca” es restaurar, decorar y dotar a ese vagón junto al río con libros, películas y material didáctico; todo ello sobre temas relacionados con el agua. Todo esto por iniciativa de los mismos estudiantes.

C: ¿El colegio considera que ha sido innovador el proyecto? ¿En qué sentido?

CL: Para nosotros es innovador porque en el Liceo es la primera vez que realizamos un proyecto de ciudadanía y de competencias ciudadanas fuera del aula. Y los resultados se evidencian en que los estudiantes se sienten más pereiranos, sienten que viven la ciudadanía de otra manera: directa y cercana a las comunidades. No nos quedamos en el discurso, nos hacemos visibles en la ciudad.

C: ¿El proyecto tiene alguna articulación con el PEI institucional?

CL: Si, está articulado con el PEI y el proyecto CAS, que es parte del modelo pedagógico internacional del Liceo Pino Verde. Este modelo pedagógico le da una importancia especial al desarrollo personal de los alumnos enfocado en la formación del ser; eso incluye la formación de los estudiantes como ciudadanos y como miembros activos de la comunidad. Además, también está planteado como proyecto de servicio social exigido por el Ministerio de Educación.

C: ¿Cómo ha sido el trabajo con las autoridades locales?

CL: A pocos metros de la zona del río donde realizamos nuestro proyecto hay un punto del ESMAD encargado del barrio. Así que nuestro primer contacto con las autoridades locales fue con ellos. Les interesó y les gustó mucho la iniciativa, así que antes de realizar cualquier visita les informamos. Ellos nos acompañan y también se integran a las actividades de campo que hacemos con los alumnos.

C: ¿Qué aprendizajes hasta ahora les ha dejado esta experiencia?

CL: Uno de los aprendizajes más valiosos, ha sido el poder dimensionar el grado de compromiso de los estudiantes. Los resultados han sido muy positivos. Ellos entendieron que se trataba de un proyecto de ciudadanía, y que en ese sentido, no importaban las clases ni los estratos sociales. Los muchachos de estratos 5 y 6 trabajaron de la mano con la comunidad de un barrio popular de la ciudad. Descubrieron que se pueden conectar con los ciudadanos y contribuir a mejorar su ciudad.

Además, se creó lo que llamamos en el liceo una “conciencia de río”. Es un mensaje para la sociedad colombiana que se puede replicar en cualquier parte del territorio nacional y que permite construir ciudadanía desde otros espacios como el ecológico, y a la vez acercar a los estudiantes a ofrecer un nuevo servicio a sus comunidades.

C: ¿Qué planes tienen para un futuro próximo con “La río-teca”?

CL: A pesar que este proyecto inició en febrero de este año, lo continuaremos en el 2017 con los estudiantes que sean promovidos a 11. La idea es que en un futuro lo podamos aplicar a otros niveles. El proyecto ha sido muy exploratorio, muy vivencial. Como ha sido desarrollado desde la experiencia, ha sido muy enriquecedor para nosotros.

* El Liceo Pino Verde es uno de los colegios participantes del proyecto “Aliados 10” del Ministerio de Educación en el departamento de Risaralda.

Fuente entrevista: https://compartirpalabramaestra.org/experiencias/otras-historias-de-exito/entrevista-la-rio-teca-un-proyecto-ecologico-del-liceo-pino-verde-en-pereira

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Bitcoin, Educación y Criptos: una entrevista con Ameer Rosic

Entrevista a Ameer Rosic
Ameer Rosic es un emprendedor en serie, un evangelista de Blockchain y el fundador de BlockGeeks, una plataforma de educación en línea. También es unapersonalidad de YouTube, el experto en criptos y entusiasta.

Ameer Rosic se sentó con Stephen Chase, Vicepresidente de Alianzas Estratégicas de Cointelegraph, después de moderar el BlockShow Asia de este año para hablar sobre su viaje de ser expulsado de la escuela secundaria para convertirse en una de las voces más comprensibles del mundo de la criptomoneda, las pruebas y tribulaciones de crear una plataforma educativa y la realidad innegable de Bitcoin.

CT: ¿Cómo te las arreglas para encontrarte aquí hablando con nosotros sobre una industria tan nueva?

AR: Me encontré con esta industria hace unos tres años. Tenía una compañía de ropa interior en Hong Kong y vendí mis acciones por eso. Entonces, mi viaje comenzó con exactamente las mismas preguntas como, ¿dónde puedo aprender más acerca de esto? Yo entiendo la tecnología. No soy un desarrollador, pero entiendo la tecnología y la respuesta más común que recibí fue ‘ir a Reddit’ y crear foros de odio, no iré a Reddit, no me pasaré horas. Quería que alguien me lo dijera, ¿verdad? El tiempo es lo más importante para mí. Quiero conservar mi tiempo. Entonces me di cuenta que no existe nada y que tengo que crear el mío y de ahí es de donde provienen los BlockGeeks. Y luego, me encanta el video; me encanta hacer youtube. Lo he estado haciendo durante cuatro o cinco años y lo hago por diversión. La gente piensa que es algo profesional, pero está lejos de serlo. Lo hago por diversión. No hay negocios detrás de esto. Todo lo que pienso, lo hago.
Plataformas educativas con Dmitry Buterin: una historia de amor

CT: No monetariamente, pero en lo profundo de tu corazón, ¿qué es lo mejor que te ha pasado personalmente desde que comenzaste esta serie?

AR: Esto data antes de que comenzara a hacer Blockchain. Para mí, soy un gran defensor de la educación. Nunca fui a la escuela secundaria, me echaron. Empecé a hacer negocios cuando tenía quince años. Tengo 32 años en este momento, así que he tenido muchos.

Me encanta el hecho de que no importa dónde se encuentre en el mundo, con conexión a Internet y un dispositivo de mano puede obtener una educación de forma gratuita. Para mí, mi mayor amor y lo que ilumina mi corazón es el hecho de que las personas, por su propia voluntad, sin ninguna autoridad, sin que nadie les diga que aprendan, voluntariamente aprenden por sí mismos.

CT: ¿Han pensado tú y Vitalik en construir una escuela o una plataforma educativa para la criptomoneda?

AR: De eso se trata BlockGeeks. Vivo en Toronto y tenemos una comunidad Blockchain realmente sólida en Toronto. Tenemos una gran tripulación de Bitcoin aquí, tenemos un hiperprograma, y tengo la suerte de conocer al padre de Vitalik (Buterin) Dmitry, quien es mi socio comercial en BlockGeeks. Somos la comunidad en línea más grande del mundo para capacitación de desarrolladores. Tenemos 3.5 millones de visitantes al mes y 6,000 estudiantes en este momento. En BlockGeeks tenemos tres ingenieros de Blockchain de tiempo completo que están creando un plan de estudios y estamos avanzando.
Los educadores de Blockchain: desafiando el futuro

CT: ¿Cuál es el mayor desafío que te has encontrado con la capacitación en línea?

AR: Te diré exactamente qué es eso. Número uno, encontrar maestros que puedan enseñar. Y el número dos, encontrar maestros que realmente conozcan este espacio. Esa fue misión imposible. No encontramos a nadie. Entonces, lo que encontramos fue ingenieros muy inteligentes que tienen un gran amor por la enseñanza y los capacitamos en Blockchain. Todo está basado en video, por lo que tenemos camarógrafos y pasan todos los días haciendo cursos de muy alta calidad; Estudia a tu propio ritmo, poco a poco.

CT: ¿Has pensado en incorporar una moneda o una especie de token en esta plataforma educativa?

AR: No en BlockGeeks. Estamos lanzando un Bounty pronto para incentivar a los estudiantes a que hagan un buen uso de sus conocimientos, pero no planeamos usar tokens. Para mí, no veo la necesidad de tokens en BlockGeeks, no veo la necesidad de Blockchain. Realmente quita el beneficio de mis alumnos. La realidad de la Blockchain es que es lenta, es torpe. Necesito cientos de transacciones por segundo y, si eres un token ERC20, solo puedes hacer unas 70 transacciones por segundo. Eso no quiere decir que otras plataformas no puedan funcionar, pero la realidad es que la tecnología aún no es capaz. Tenemos un par de años para que esta realidad realmente nos alcance.

CT: ¿Con quién te gustaría trabajar idealmente en tu plataforma para servir mejor a tu consumidor?

AR: En nuestra plataforma, idealmente estamos haciendo algo ahora así. Estamos haciendo becas, así que estamos tratando de trabajar con las compañías más grandes en el espacio Blockchain como L4V o Venture Fund. Estamos lanzando una gran beca para personas que no pueden pagarla. A pesar de que estamos tratando de hacerlo lo más asequible posible, solo se requieren cincuenta dólares por mes para acceder a todos nuestros cursos, preguntas y respuestas completas y el apoyo de nuestros maestros. Intentamos que sea lo más asequible posible, por lo que nos dices por qué no puedes pagarlo y nos dices qué quieres aprender y te interesa.
Expandiendo la familia de Bitcoin: tome la píldora roja

CT: ¿Qué quieres que el mundo sepa sobre cómo deberían considerar la criptomoneda y cómo deberían ver a Blockchain?

AR: Mi consejo para las personas es que no importa quién seas si eres un emprendedor, si estás trabajando de nueve a cinco, si eres madre, si eres padre, si eres alguien en la burocracia del gobierno. Tómese su tiempo para comprender un aspecto que le importa. La mayoría de las personas trata de entender todo, intenta convertirse en un experto. Le digo a la gente que intente comprender una cosa; Entiendo que Bitcoin, si es que se puede entender, que Bitcoin es una criptomoneda y una criptomoneda tiene estas características, «eso es un gran paso adelante.» Entonces con ese conocimiento, puedes ir por el agujero del conejo.
El mayor problema en el mundo de la tecnología: ¡muéstrame el código!

CT: ¿Cómo podemos crear un grupo de causas sociales, casi fuera de la idea de su beca, con todas estas compañías que están involucradas con la tecnología Blockchain?

AR: Es curioso que digas que lo que quiero hacer es averiguar el sistema de reputación y estamos trabajando en esto. Queremos construir nuestro propio LMS. Al final del día, soy una empresa fintech y conozco muchas compañías. Independientemente del espacio Blockchain; el mayor problema en el espacio tecnológico es la falta de desarrolladores realmente buenos. Una certificación no significa que eres un buen desarrollador, nada; quiero decir, enhorabuena, tienes un PDF de bifurcación. Quiero ver tu cartera de GitHub, quiero ver cuántas preguntas respondes en el intercambio de fichas. De hecho, quiero ver el trabajo que has realizado. Solo enséñame, muéstrame que eres desarrollador, muéstrame el código.

Estaba pensando en esto hace un tiempo. Las empresas necesitan realmente buenos desarrolladores. Imagina que tenemos que ir a África, soy un firme creyente de que no necesito estar allí. No debería estar allí. Debería darte, quién está ahí, la oportunidad de dar lo mejor de ti, eso es todo. No tienes la misma oportunidad que yo y lo entiendo, pero no debería bifurcar estar allí. No quiero estar en tu camino, no hay ninguna razón para que esté en África. Solo necesito darte la oportunidad. Entonces, imagina que tenemos un sistema donde, digamos que estoy en Kenia y realmente quiero hacer codificación y tengo habilidades básicas de codificación. Puedo ir a algún lugar tal vez como BlockGeeks donde pongo mi cartera, mi perfil dice ‘escucha, quiero aprender sobre esto, no tengo los medios financieros, y estoy dispuesto a pasar por un proceso para ser contratado’ porque eso es lo que quiero.»

Fuente: https://es.cointelegraph.com/news/bitcoin-education-and-crypto-an-interview-with-ameer-rosic

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Henry A. Giroux on Developing a Language of Liberation for Radical Transformation

By Mark Karlin, Truthout | Interview

What are the longer-term trends that gave rise to the presidency of Donald Trump? What will be the national and global impacts? And what do we need to do to resist? Henry A. Giroux tackles these questions in The Public in Peril: Trump and the Menace of American Authoritarianism. «This courageous and timely book is the first and best book on Trump’s neo-fascism in the making,» says Cornel West. To order your copy, click here and make a tax-deductible donation to Truthout now!

Confronted with the rise of an authoritarian society affecting all institutions and individuals, there is a need for resistance based on radical transformation, says Henry A. Giroux in this interview about The Public in Peril. This resistance is embodied in mass action and a vision to achieve the hope of a life beyond capitalism.

Mark Karlin: What is the impact of domestic terrorism and authoritarianism on young people?

Henry A. Giroux: Under the authoritarian reign of Donald Trump, finance capitalism now drives politics, governance and policy in unprecedented ways and is more than willing to sacrifice the future of young people for short-term political and economic gains, regardless of the talk in the mainstream media about the need to not burden future generations with heavy tuition debt and a future of low-wage jobs. American society has declared war on its children, offering a disturbing index of a social order in the midst of a deep moral and political crisis. Too many young people today live in an era of foreclosed hope, an era in which it is difficult either to imagine a life beyond the tenets of a market-driven society or to transcend the fear that any attempt to do so can only result in a more dreadful nightmare.

Young people are not only written out of the future … but are now considered a threat to the future.

Youth today are not only plagued by the fragility and uncertainty of the present, they are, as the late Zygmunt Bauman has argued, «the first post war generation facing the prospect of downward mobility [in which the] plight of the outcast stretches to embrace a generation as a whole.» It is little wonder that «these youngsters are called Generation Zero: A generation with Zero opportunities, Zero future,» and Zero expectations. Youth have become the new precariat, whose future has been sacrificed to the commands of capital and the financial elite. Moreover, as the social state is decimated, youth, especially those marginalized by race and class, are also subject to the dictates of the punishing state. Not only is their behavior being criminalized in the schools and on the streets, they are also subject to repressive forms of legislation aimed at removing crucial social provisions. At the same time, undocumented immigrant youth called Dreamers, brought to the United States by their parents as children, are now being threatened by legislation designed to expel them from the United States, the only home they have known since early childhood.

Henry A. Giroux. (Photo: Courtesy of the author)

Henry A. Giroux. (Photo: Courtesy of the author)

Beyond exposing the moral depravity of a society that fails to provide for its youth, the symbolic and real violence waged against many young people bespeaks to nothing less than a perverse collective death-wish — especially visible when youth protest their conditions. We live in an era in which there is near zero tolerance for peaceful demonstrations on the part of young and a willingness by the government to overlook the crimes of bankers, hedge fund managers, and other members of the corporate elite who steal untold amounts of wealth, affecting the lives of millions. How else to explain the fact that at least 25 states are sponsoring legislation that would make perfectly legal forms of protest a crime that carries a huge fine or subjects young people to possible felony charges?

The Trump administration needs education to fail because it fears the possibility of educated citizens developing the capacities necessary to meet the challenges of authoritarianism.

If youth were once the repository of society’s dreams, that is no longer true. Increasingly, young people are viewed as a public disorder, a dream now turned into a nightmare. Many youth live in a post-9/11 social order that positions them as a prime target of its governing through [the] crime complex. This is made obvious by the many «get tough» policies that now render young people as criminals, while depriving them of basic health care, education and social services. Punishment and fear have replaced compassion and social responsibility as the most important modalities for mediating the relationship of youth to the larger social order, all too evident by the upsurge of zero tolerance laws along with the expanding reach of the punishing state. When the criminalization of social problems becomes a mode of governance and war its default strategy, youth are reduced to soldiers or targets — not social investments. Young people are not only written out of the future … but are now considered a threat to the future. Too many youth are now removed from any discourse about democracy and increasingly fall prey to what I call the «war on youth.» The war on youth can best be understood through two concepts: the soft war and the hard war, [both] of which have been intensified under Trump’s presidency.

The soft war involves the temptation and manufactured seductions of desire, and refers to the unyielding depoliticization and commodification of youth, waged through the unrelenting expansion of a global market society. Partnered with a massive advertising machinery, the soft war targets all children and youth, treating them as yet another «market» to be commodified and exploited, and conscripting them into the system through relentless attempts to create a new generation of hyper-consumers. In this instance, young people are not only viewed as consumers but also as embodied brands. Caught in the intrusive new technologies of advertising and public relations, there is no space for young people to be free of the commercial carpet-bombing they are forced to endure. Hence, their subjectivity, desires and ways of relating to others are endlessly commodified so that their presence in the world is marked by the fact that they are either selling a product (which they inhabit) or buying one. The soft war is rooted in neoliberal disimagination zones, which makes it more difficult for young people to find public spheres where they can locate themselves and translate metaphors of hope into meaningful action. The dystopian dreamscapes that make up a neoliberal society are built on the promises of uncomplicated consumption, an assumption that is both dehumanizing and central to the war waged by an authoritarian society on critical agency, the radical imagination, and visions of a more just society. Agency and self-renewal are increasingly limited to a sphere of raw consumption and change to the empty vocabulary of fashion and lifestyles. In a society of mass consumption, shallowness becomes a strength and the mythology of American innocence becomes a blinding storm.

Under Donald Trump, the ideology and violence associated with white supremacy has been moved from the margins to the center of power in the United States.

The hard war is about coercion and is a more serious and dangerous development for young people, especially those who are marginalized by their ethnicity, race and class. The hard war refers to the harshest elements of a growing youth-crime-control complex that operates through a logic of punishment, surveillance and repression. The young people targeted by its punitive measures are often poor minority youth who are considered failed consumers and who can only afford to live on the margins of a commercial culture that excludes anyone who lacks money, resources and leisure time to spare. Or they are youth considered uneducable and unemployable, therefore troublesome. The imprint of the youth-crime-control complex can be traced to the increasingly popular practice of organizing schools through disciplinary practices that subject students to constant surveillance through high-tech security devices while imposing on them harsh, and often thoughtless, zero-tolerance policies that closely resemble measures used currently by the criminal [legal] system. In this instance, poor and minority youth become objects of a new mode of governance based on decisions made by a visionless managerial elite. Punished if they don’t show up at school, and punished even if they do attend school, many of these students are funneled into what has been ominously called the «school-to-prison pipeline.» If middle- and upper-class kids are subject to the seductions of market-driven public relations, working class youth are caught in the crosshairs between the arousal of commercial desire and the harsh impositions of securitization, surveillance and policing.

How does neoliberalism affect higher education?

Higher education in our politically desperate age is threatened by a legacy that it does not dare to name and that legacy with its eerie resonance with an authoritarian past asserts itself, in part, with the claim that education is failing and democracy is an excess. The Trump administration needs education to fail in a very particular way, because it fears the possibility of educated citizens developing the capacities, intellectual and ethical, necessary to meet the challenges of authoritarianism. Hostile to its role as a public good and democratic sphere, it is attempting to reshape education according to the market-driven logic of neoliberalism with its emphasis on privatization, commodification, deregulation, fear and managerialism. Under neoliberalism, the market becomes a template for all of social life and not just the economy. Commercial values are the only values that matter, and the only stories that matter are written in the language of finance, profit and the economy. Under such circumstances, higher education is threatened for its potential role as a public sphere capable of educating students as informed, critical thinkers capable of not only holding power accountable but also fulfilling the role of critical agents who can act against injustice and resist diverse forms of oppression. The criminogenic machinery of power has now reached the highest levels of the US government, and in doing so, it is changing not just the language of educational reform, but also making it difficult for faculty and students to resist their own erasure from modes of self-governance and a critical education.

The killing of people abroad based on race is paralleled by (and connected with) the killing of Black people at home.

New forms of exclusion, unbridled commodification, and exclusion rooted in a retreat from ethics, the social imagination, and democracy itself weakens the role higher education might take in an age of increasing tyranny. Against the force of a highly militarized mode of casino capitalism in which violence is at the center of power, higher education is being weakened in its ability to resist the authoritarian machinery of social death now shaping American society. Neoliberalism views higher education in strictly economic terms and rejects any notion of higher education as a democratic public sphere — as a space in which education enables students to be critical thinkers, learn how to take risks, hold power accountable, and develop a sense of moral and political agency through which they learn to respect the rights and perspectives of others. Under the regime of neoliberalism in the United States and in many other countries, many of the problems facing higher education can be linked to eviscerated funding models, the domination of these institutions by market mechanisms, the rise of for-profit colleges, the rise of charter schools, the intrusion of the national security state, and the slow demise of faculty self-governance, all of which make a mockery of the meaning and mission of the university as a democratic public sphere. With the onslaught of neoliberal austerity measures, the mission of higher education has been transformed from educating citizens to training students for the workforce. Students are viewed as clients and customers, and the culture of business replaces any vestige of democratic governance. At the same time, faculty are reduced to degrading labor practices and part-time contracts, administrators are reduced to a visionless managerial class, the college and university presidents inhabit the role of CEOs.

Rather than enlarge the moral imagination and critical capacities of students, too many universities are now wedded to producing would-be hedge fund managers and depoliticized workers, and creating modes of education that promote a «technically trained docility.» Strapped for money and increasingly defined in the language of corporate culture, many universities are now driven principally by vocational, military and economic considerations while increasingly removing academic knowledge production from democratic values and projects. The ideals of higher education as a place to think, to promote critical dialogue and teach students to cultivate their ethical relation with others are viewed as a threat to neoliberal modes of governance. At the same time, education is seen by the apostles of market fundamentalism as a space for producing profits and educating a supine and fearful labor force that will exhibit the obedience demanded by the corporate order. The modern loss of faith in the marriage of education and democracy needs to be reclaimed, but that will only happen if the long legacy of struggle over education is once again brought to life as part of a more comprehensive understanding of education as being central to politics, and learning as a vital component of social change.

What has been the impact of the political triumph of white supremacism and racial cleansing?

Under Donald Trump, the ideology and violence associated with white supremacy has been moved from the margins to the center of power in the United States. Trump not only courts the favor of white supremacists, neo-Nazis, militiamen and other right-wing racist groups, he panders to them as central elements of his base. How else to explain his racist travel bans, his unremitting attacks on Black athletes and his constant equating of Black communities with the culture of violence and criminality? Or, for that matter, Trump’s ramping up of the police state and his ongoing assertion that his presidency strongly endorses a platform of law and order. The current mobilization of fear and moral panics has its roots in and feeds off of a legacy of white supremacy that is used to divert anger over dire economic and political conditions into the diversionary cesspool of racial hatred. It might be best to understand Trump’s racism as part of a broader movement of white supremacy across the globe, with its attack on immigrants and its emulation of fascist ideology and social relations. Throughout Europe, fascism and white supremacy in their diverse forms are on the rise. In Greece, France, Poland, Austria and Germany, among other nations, right-wing extremists have used the hateful discourse of racism, xenophobia and white nationalism to demonize immigrants and undermine democratic modes of rule and policies.

Much of the right-wing, racist rhetoric coming out of these countries mimics what Trump and his followers are saying in the United States. One outcome is that the public spheres that produce a critically engaged citizenry and make a democracy possible are under siege and in rapid retreat. Economic stagnation, massive inequality, the rise of religious fundamentalism and growing forms of ultra-nationalism now aim to put democratic nations to rest. Echoes of the right-wing movements in Europe have come home with a vengeance. Demagogues wrapped in xenophobia, white supremacy and the false appeal to a lost past echo a brutally familiar fascism, with slogans similar to Donald Trump’s call to «Make America Great Again» and «Make America Safe Again.»

Fascism in its various forms is about social and racial cleansing.

Trump’s insistence on racial profiling echoes increasing calls among European right-wing extremists to legitimate a police state where refugees and others are viewed as a threat, unwanted and disposable. How else to explain Trump’s insistence on reintroducing nationwide «stop and frisk policies» after the demonstrations in Charlottesville, North Carolina over the police killing of an African American, Keith Lamont Scott, in September of 2016? Trump willingly reproduces similar right-wing ideologies such as those condemning and demonizing Syrian and other immigrants trying to reach Europe. He does so by producing panic-ridden taunts, tweets and executive orders whose aim is to generate mass anxiety and legitimate policies that mimic forms of ethnic and social cleansing. Trump joins a growing global movement of racial exclusion, one that is on the march spewing hatred, embracing forms of anti-Semitism, white supremacy and a deep-seated disdain for any form of justice on the side of democracy.

State-manufactured lawlessness has become normalized and extends from the ongoing and often brutalizing, and sometimes lethal, police violence against Black people and other vulnerable groups to a criminogenic market-based system run by a financial elite that strips everyone but the upper 1 percent of a future by stealing not only their possessions but also by condemning them to a life in which the only available option is to fall back on one’s individual resources in order to barely survive. At the national level, lawlessness now drives a militarized foreign policy intent on assassinating alleged enemies rather than using traditional forms of interrogation, arrest and conviction. The killing of people abroad based on race is paralleled by (and connected with) the killing of Black people at home. Trump is now a major player in shaping a world that has become a battlefield driven by racism and a stark celebration of apocalyptic nationalism — a zone of social abandonment where lethal violence replaces the protocols of justice, civil rights and democracy.

Fear is the reigning ideology, and war its operative mode of action, pitting different groups against each other, shutting down the possibilities of shared responsibilities, and legitimating the growth of a paramilitary police force that kills Black people with impunity. State-manufactured fear offers up new forms of domestic terrorism embodied in the rise of a surveillance state while providing a powerful platform for militarizing many aspects of society. One result is that [the US] has become a warrior society in which the state and civil society are organized through the practice of violence. One consequence is that Trump’s white supremacist attitudes have emboldened violence against minorities … and has given new life to neo-Nazi groups throughout the United States. As the culture of fear is racialized, compassion gives way to suspicion and a demonstration of revulsion accorded to those others who are demonized as monsters, criminals, or even worse, bloodthirsty terrorists. Under such circumstance, the bonds of trust dissolve, while hating the other becomes normalized and lawlessness is elevated to a matter of common sense.

Hannah Arendt once wrote that terror was the essence of totalitarianism. She was right, and we are now witnessing the dystopian visions of the new authoritarians who trade in terror, fear, hatred, demonization, violence and racism. Trump and his neo-Nazi bulldogs are no longer on the fringe of political life and they have no interests in instilling values that will «make America great» (code for white). On the contrary, they are deeply concerned with creating expanding constellations of force and fear, while inculcating convictions that will destroy the ability to form the formative cultures that make a democracy possible. Fascism in its various forms is about social and racial cleansing, and its end point is the prison, gated communities, walls and all the murderous detritus that accompanies the discourse of national greatness and racial purity. This will be Trump’s legacy.

What is the impact of a war culture on society?

War culture has been transformed in American culture — moving from a source of alarm to a celebrated source of pride and national identity. War has been redefined in the United States in the age of global neoliberal capitalism. No longer defined exclusively as a military issue, it has replaced democratic idealism and expanded its boundaries, shaping all aspects of society. Evidence of a war culture can be seen in the war on civil liberties, youth, voting rights, civic institutions, the poor, immigrants, Muslims and poor Black communities. The distinction between war and peace, the military and civil society, soldiers and the police, criminal behavior and military transgression, internal and external security, and violence and entertainment are collapsing.

As violence and politics merge to produce an accelerating and lethal mix of bloodshed, pain, suffering, grief and death, the US has morphed into a war culture and reached a point where politics becomes an extension of war and war culture the foundation for politics itself. The violence produced by a war culture has become a defining feature of American society, providing a common ground for the production of violence at home and abroad. Militarism now pervades American society and increasingly organizes civil society mostly for the production of violence. Entrenched militarism now exercises a powerful influence on schools, an expanding police state, airports, a ballooning military budget and a foreign policy saturated in war and violence. Even universities are now intimately linked through research with the military.

What Steve Martinot calls a «political culture of hyper punitiveness» serves not only to legitimate a neoliberal culture in which cruelty is viewed as virtue, but also a racist system of mass incarceration that functions as a default welfare program and the chief mechanism to «institutionalize obedience.» It should come as no surprise that many states, including California, spend more on prison construction than on higher education. The police state increasingly targets poor people of color, turning their neighborhoods into war zones, all the while serving a corporate state that has no concern whatsoever for the social costs inflicted on millions because of its predatory policies and practices.

At a policy level, a defense and arms industry fuels violence abroad, while domestically, a toxic gun culture profits from the endless maiming and deaths of individuals at home. Similarly, a militaristic foreign policy has its domestic counterpart in the growth of a carceral state used to enforce a hyped-up brand of domestic terrorism, especially against Black youth and various emerging protest movements in the United States. At the current moment, the United States is circling the globe with air bases and using its military power to bully and threaten other nations. War culture is the new normal, especially under Trump, and is sustained by media apparatuses that spectacularize the violence of a war culture while turning it into the defining feature of mass entertainment. At the same time, the extreme violence produced by a gun culture no longer becomes a source of alarm but is privileged as a source of profit for arms manufactures and the entertainment industries which extend from Hollywood films to the selling of violent video games to teenagers.

The US has morphed into a war culture and reached a point where politics becomes an extension of war and war culture the foundation for politics itself.

Americans are terrified by the threat of terrorism and its ensuing violence; yet, they are more than willing to protect laws that privilege the largely unchecked circulation of guns and the toxic militarized culture of violence that amounts to «58 people who die a day because of firearms.» Moreover, as the important distinctions between war and civil society collapse, contemporary institutions become more militarized. For instance, the prison becomes a model for other institutions in which the boundaries disappear between the innocent and guilty, and public safety is defined increasingly as a police matter. At the same time, policies are militarized so as to suggest that state violence is the most important way to address an increasing range of problems extending from drug addiction and homelessness to school truancy. The police are militarized and now function as soldiers; students are viewed as criminals; and cities are transformed into combat zones. Under a war culture, neoliberal society not only creates numerous spaces of repression, insecurity and violence, it also functions as a kind of delegated vigilantism policing both bodies of the Other and boundaries of thought, while limiting questions that can be raised about the use of power in the United States and its role in expanding the reach of a punishing state and domestic violence.

What do you recommend to instill courage in people who are dismayed and dejected in an age of full-blown state violence?

It is easy to despair in times of tyranny, but it is much more productive to be politically and morally outraged and to draw upon such anger as a source of hope and action. Without hope, even in the most dire of times, there is no possibility for resistance, dissent and struggle. A critical consciousness is the prerequisite for informed agency and hope is the basis for individual and collective resistance. Moreover, when combined with collective action, hope translates into a dynamic sense of possibility, enabling one to join with others for the long haul of fighting systemic forms of domination. Courage in the face of tyranny is a necessity and not an option, and we can learn both from the past and the present about resistance movements and the power of civic courage and collective struggle, and how such modes of resistance are emerging among a number of groups across a wide variety of landscapes. What is crucial is the need not to face such struggles alone, not allow ourselves to feel defeated in our isolation, and to refuse a crippling neoliberal survival-of-the-fittest ethos that dominates everyday relations.

Radical politics begins when one refuses to face one’s fate alone, learns about the workings and mechanisms of power, and rejects the dominant mantra of social isolation. There is strength in numbers. One of the most important things we can do to sustain a sense of courage and dignity is to imagine a new social order. That is, we must constantly work to revive the radical imagination by talking with others in order to rethink politics anew, imagine what a new politics and society would look like, one that is fundamentally anti-capitalist, and dedicated to creating the conditions for new democratic political and social formations. This suggests contending with and struggling against the forces that gave rise to Trump, particularly those that suggest that totalitarian forms are still with us. Rethinking politics anew also suggests the possibility of building broad-based alliances in order to create a robust economic and political agenda that connects democracy with a serious effort to interrogate the sources and structures of inequality, racism and authoritarianism that now plague the United States. This points to opening up new lines of understanding, dialogue and radical empathy. It means, as the philosopher George Yancy suggests, «learning how to love with courage.» A nonviolent movement for democratic socialism does not need vanguards, political purity or the seductions of ideological orthodoxy. On the contrary, it needs a politics without guarantees, one that is open to new ideas, self-reflection and understanding. Instead of ideologies of certainty, unchecked moralism and a politics of shaming, we need to understand the conditions that make it possible for people to internalize forms of domination, and that means interrogating forgotten histories and existing pedagogies of oppression. Recent polls indicate that two-thirds of Americans say this is the lowest point in American politics that they can recall. Such despair offers the possibility of a pedagogical intervention, one that provides a political opening to create a massive movement for resistance in the United States.

Rebecca Solnit has rightly argued that while we live in an age of despair, hope is a gift that we cannot surrender because it amplifies the power of alternative visions, offers up stories in which we can imagine the unimaginable, enables people to «move from depression to outrage,» and positions people to take seriously what they are for and what they are against. This suggests trying to understand how the very processes of learning constitute the political mechanisms through which identities — individual and collective — are shaped, desired, mobilized and take on the worldly practices of autonomy, self-reflection and self-determination as part of a larger struggle for economic and social justice.

How do we develop a new «language of liberation»?

First, it is crucial to develop a language in which it becomes possible to both imagine a future much different from the present. Second, it is crucial to develop a discourse of critique and possibility that refuses both to normalize existing relations of domination and control, and rejects the notion that capitalism and democracy are viewed as synonymous. It would be wise to heed the words of National Book Award winner Ursula K. Le Guin when she says, «We live in capitalism, its power seems inescapable — but then, so did the divine right of kings. Any human power can be resisted and changed by human beings.» Third, it is imperative to reject the notion that all problems are individual issues and can only be solved as a matter of individual action and responsibility. All three of these assumptions serve to depoliticize people and erase both what it means to make power visible and to organize collectively to address such problems. Fourth, there is a need, I believe, for a discourse that is historical, relational and comprehensive. Memory matters both in terms of reclaiming lost narratives of struggle and for assessing visions, strategies and tactics that still hold enormous possibilities in the present.

Developing a relational discourse means connecting the dots around issues that are often viewed in isolated terms. For instance, one cannot study the attack on public schools and higher education as sutured internal issues that focus exclusively on the teaching methods and strategies. What is needed are analyses that link such attacks to the broader issue of inequality, the dynamics of casino capitalism and the pervasive racism active in promoting new forms of segregation both within and outside of schools. A comprehensive politics is one that does at least two things. On the one hand, it tries to understand a plethora of problems, from massive poverty to the despoiling of the planet, within a broader understanding of politics. That is, it connects the dots among diverse forms of oppression. In this instance, the focus is on the totality of politics, one that focuses on the power relations of global capitalism, the rise of illiberal democracy, the archives of authoritarianism and the rise of financial capital. A totalizing view of oppression allows the development of a language that is capable of making visible the ideological and structural forces of the new forms of domination at work in the United States and across the globe. On the other hand, such a comprehensive understanding of politics makes it possible to bring together a range of crucial issues and movements so as to expand the range of oppressions, while at the same time, providing a common ground for these diverse groups to be able to work together in the interest of the common good and a broad struggle for democratic socialism.

Finally, any viable language of emancipation needs to develop a discourse of educated hope. Naming what is wrong in a society is important, but it is not enough, because such criticism can sometimes be overpowering and lead to a paralyzing despair or, even worse, a crippling cynicism. Hope speaks to imagining a life beyond capitalism, and combines a realistic sense of limits with a lofty vision of demanding the impossible. As Ariel Dorfman has argued, progressives need a language that is missing from our political vocabulary, one that insists that «alternative worlds are possible, that they are within reach if we’re courageous enough, and smart enough, and daring enough to take control of our own lives.» Reason, justice and change cannot blossom without hope because educated hope taps into our deepest experiences and longing for a life of dignity with others, a life in which it becomes possible to imagine a future that does not mimic the present.

 

MARK KARLIN

Mark Karlin is the editor of BuzzFlash at Truthout. He served as editor and publisher of BuzzFlash for 10 years before joining Truthout in 2010. BuzzFlash has won four Project Censored Awards. Karlin writes a commentary five days a week for BuzzFlash, as well as articles (ranging from the failed «war on drugs» to reviews relating to political art) for Truthout. He also interviews authors and filmmakers whose works are featured in Truthout’s Progressive Picks of the Week. Before linking with Truthout, Karlin conducted interviews with cultural figures, political progressives and innovative advocates on a weekly basis for 10 years. He authored many columns about the lies propagated to launch the Iraq War.

 

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