Asma escribió este artículo en 2025. Se publicó con su consentimiento dentro de la cobertura especial que cuenta las historias de muchachas y niñas de Afganistán tras la toma del poder del Talibán en agosto de 2021.
El destino de niñas y mujeres afganas bajo el régimen talibán refleja de cerca la distopía retratada en el libro «El cuento de la criada» de Margaret Atwood. Al igual que en la novela, un régimen religioso y extremista le ha quitado a las mujeres todos sus derechos sociales, económicos y humanos.
En los últimos tres años y medio, el Talibán nos ha hecho lo mismo, nos ha privado de nuestros derechos más básicos. ¿Por qué? ¿Cuál es nuestro delito? ¿Haber nacido mujeres?
Sí, nacimos como mujeres, pero no somos delincuentes.
Recuerdo que estaba en undécimo grado, me preparaba lentamente para los exámenes, cuando escuchamos la noticia: Ashraf Ghani, nuestro presidente fugitivo, había huidoy el Talibán había tomado la capital.
Para una adolescente como yo, llena de sueños y esperanza sobre mi educación y futuro, esa noticia fue una pesadilla, una que no ha terminado, ni siquiera después de todo este tiempo. Es una pesadilla que vivo durante el día y la noche, y que ahora se convirtió en parte de mi vida y la de millones de muchachas afganas.
Al principio, el Talibán nos permitió rendir exámenes y nos aferramos a la pequeña esperanza de que las escuelas y universidades se mantuvieran abiertas para las mujeres. Sin embargo, esa esperanza rápidamente se convirtió en desesperanza. Las puertas al conocimiento y a las oportunidades se cerraron con fuerza y no se han vuelto a abrir.
Iba a la entrada de la escuela solo para echar un vistazo a mis compañeros, mis profesores, mi sala de clases e incluso a mi viejo pupitre, pero no me permitían entrar. Miraba desde lejos con nostalgia y luego caminaba a casa con un nudo en la garganta.
Durante este tiempo, me preguntaba constantemente, preguntaba a mi familia y a mis amigos: ¿Cuál fue nuestro delito? ¿Por qué se pueden denegar tan fácilmente los derechos básicos y naturales de una mujer? ¿Por qué, como adolescentes, debemos lamentar la pérdida de nuestros derechos en vez de vivir libremente?
A menudo me comparaba con muchachas de otros países. Qué afortunadas eran de poder ir a la escuela, a la universidad, de caminar con libertad y de visitar bibliotecas, mientras que a mí y a millones más se nos niegan estos derechos simples y fundamentales.
Con el tiempo, la sombra de la desesperanza se hacía más pesada. Cada mujer que conocía hacía las mismas desgarradoras preguntas y ninguna tenía respuestas.
Porque la ignorancia, por su naturaleza, no ofrece lógica.
Como adolescente, fue difícil salir de ese oscuro lugar, pero con el apoyo de mi familia encontré un manera. Me uní a un centro de inglés secreto en Herāt, ciudad en el este del país, pero la realidad era que nuestras valientes profesoras secretamente enseñaban inglés a las chicas.
Luego de un año de arduo trabajo, logré un excelente nivel de inglés. Por sugerencia de la directora del centro, incluso llegué a convertirme en profesora y enseñar inglés a chicas de mi edad y menores. Obtener conocimiento es satisfactorio, pero compartirlo es aún más gratificante.
Además de enseñar, también dedicaba el tiempo en casa para leer más.
Me sumergí en literatura oriental y occidental, con obras como «El sexo inútil» de Oriana Fallaci, «El cuento de la criada» nuevamente, «Amiga, lávate esa cara» de Rachel Hollis, libros de psicología para reavivar la esperanza, escritos espirituales como «Masnavi» de Rumi y libros de historia, como «Breve historia del mundo» de Ernest Gombrich.
Quería entender: ¿hubo otras naciones en la historia que compartieran nuestro destino? ¿O solo estamos repitiendo el pasado a ciegas?
Estos libros me abrieron los ojos y ampliaron mi perspectiva sobre la vida. Aunque el anhelo por una educación formal nunca desapareció, continué buscando alternativas.
Al final, encontré una universidad en línea en Estados Unidos, la Universidad del Pueblo, donde podía estudiar para obtener una licenciatura si cumplía los requisitos. Postulé al programa de Administración de Empresas y, luego de unos meses, recibí mi carta de aceptación.
Empezaré mis estudios en abril y no podría estar más emocionada. Aún así, no puedo evitar sentir una profunda tristeza al pensar que a muchas otras chicas aún se les niega una educación. Deseo que también puedan tener la oportunidad de estudiar, si no es en persona, al menos que sea en línea.
Soy afortunada, porque mi familia siempre me ha apoyado e incentivado.
Mis padres siempre nos han dicho a mis hermanas y a mí: «Estudien primero, sean independientes y luego planeen el resto de sus vidas».
Sin su apoyo, podría haber terminado como miles de otras chicas: callada, olvidada, sentada sin esperanzas en una esquina de la casa. Sin embargo, con su ayuda, logré un alto nivel de inglés, me aceptaron en una universidad estadounidense y, si Dios quiere, algún día completaré una maestría e incluso un doctorado.
Sueño con que un día todas las familias reconocerán la importancia de apoyar y empoderar a sus hijas.
Ahora, cuando miro hacia atrás y veo quién era hace tres años y medio, me doy cuenta de que no soy la misma persona. He madurado más allá de mi edad, he adquirido conocimiento y me he vuelto más fuerte.
Estoy lista para construir un futuro brillante y seguiré avanzando, más fuerte que nunca, hacia mis metas y sueños.
Cómo superé la prohibición del Talibán a la educación de las mujeres en Afganistán






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