Page 1 of 4
1 2 3 4

Maestros y ultraderecha

Por: Luis Hernández Navarro

A la maestra María Salud Morales la mataron con piedras y palos. Como a las cuatro de la tarde del 16 de junio de 1937, en el rancho de Santa Rita, tenencia del Tecario, municipio de Tacámbaro, Michoacán –cuenta el historiador David Raby–, fanáticos cristeros le destrozaron el cráneo y arrastraron su cuerpo por las calles. Aunque usualmente cargaba con ella una pistola para defenderse, ese día se encontraba desarmada.

En su carpeta de siete litografías titulada En nombre de Cristo… han asesinado a más de 200 maestros, el artista plástico Leopoldo Méndez rinde homenaje a la profesora asesinada. En la estampa, el cadáver de la maestra rural, con su largo pelo negro colgando, es cargado por tres campesinos, en cuyo rostro se funden el dolor y la rabia por el salvaje homicidio de la docente.

En 1939, Leopoldo Méndez, uno de los más grandes grabadores del siglo pasado, maestro rural él mismo en las Misiones en Jalisco y estado de México, durante muchos años comunista, integrante de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios y fundador del Taller de Gráfica Popular, elaboró las litografías por encargo de la Secretaría de Educación Pública (SEP). La carpeta ilustra, poderosamente, la violencia de la ultraderecha mexicana contra los profesores que, bajo la bandera de la educación socialista del cardenismo y la reforma agraria, combatieron en los rincones más remotos del México rústico, el fanatismo y la ignorancia y, para abrirle paso a lo que Narciso Bassols llamó el pensamiento contemporáneo.

Méndez no fue el único artista que denunció, mediante su obra, las agresiones de cristeros, fascistas y hacendados contra los educadores rurales. Entre muchos más, sobresale Aurora Reyes, quien en 1936 pintó, en el Centro Escolar Revolución, el mural Atentado a la maestra rural (https://bit.ly/3n5ZT8r).

La epopeya y el martirologio de los humildes profesores en las comunidades agrarias fueron referidos también desde la literatura. En Dios en la Tierra, José Revueltas cuenta dramáticamente cómo un educador que guía a los soldados que combaten a los cristeros hasta una fuente de agua, es vejado por una turba fundamentalista que lo acusa de traidor y lo obliga a gritar ¡Viva Cristo Rey!, al tiempo que lo empala. “De lejos –escribe el duranguense– el maestro parecía un espantapájaros sobre su estaca, agitándose como si lo moviera el viento, el viento, que ya corría, llevando la voz profunda, ci­clópea, de Dios, que había pasado por la tierra.”

Los atropellos de la extrema derecha contra los trabajadores de la educación rurales alcanzaron tal magnitud, que el 15 de mayo de 1935, el presidente Lázaro Cárdenas organizó un homenaje a los maestros asesinados, empalados, violados o desorejados por la reacción. Estableció que cada año se pasara lista a 10 de ellos. Los nombres de todos fueron estampados en un muro en la SEP.

¿Qué motivó esta agresión descomunal del protofascismo mexicano contra los mentores? Básicamente, la naturaleza y el propósito de su misión. José Santos Valdés la explicó así a los educadores: Porque no basta arrancar la tierra. Es necesario crear al hombre. Aquélla, sin éste, no ser­virá de nada. Me dirás que el hombre existe. Sin negártelo, te diré que existe el que nació, creció, se educó y se multiplicó dentro del sistema capitalista; te diré que es un tipo de hombre que heredó ideas, sen­timientos, fanatismos y miserias que lo hacen ser enemigo de su propia clase. Tú necesitas crear a un hombre que responda al anhelo desorganizado, pero enorme, de millones de campesinos mexicanos que ya no quieren ser esclavos ni vivir en garras de la miseria, de la enfermedad y de la muerte.

No eran sólo palabras. La labor de Santos Valdés fue clave en convencer a mil campesinos neoleoneses de no adherirse a la rebelión filonazi de Saturnino Cedillo de 1938, apoyada por las compañías petroleras extranjeras. Años después, con el beneplácito de la derecha, se organizó una operación de Estado para deshacerse de esos maestros comprometidos con la transformación social. En plena escuela del amor avilacamachista, fue derrumbado el muro levantado en la SEP para honrar a los profesores mártires.

En diciembre de 1951, el gánster sindical Jesús Sánchez Vite, secretario general del SNTE, anunció: Se ha destruido la leyenda negra que forjaron los enemigos de nuestra causa, al concluir falsamente que el maestro era en sí mismo un germen de disolución, cuando en verdad no es sino un ser dotado de generosos impulsos de superación.

Sin embargo, las intentonas por asfixiar el compromiso de los maestros con el cambio social fracasaron. La leyenda negra que Sánchez Vite declaró finiquitada sigue viva. Desde 1979 (como en su momento lo fue el MRM de Othón Salazar), la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) devino heredera legítima del legado de los maestros rurales cardenistas. Comprometida en la democratización de su sindicato, de la educación y del país, ha sorteado los embates de la reacción y de figuras, como Claudio X. González, y de organizaciones empresariales, como Mexicanos Primero, o conservadoras, como la Unión Nacional de Padres de Familia.

Hasta 2002, la guerra santa contra la coordinadora tenía como saldo 172 educadores asesinados o desaparecidos. La lista ha crecido. Durante el sexenio peñista, en el marco de las movilizaciones contra la reforma educativa y de Ayotzinapa, fueron ultimados por la policía los profesores Claudio Castillo, David Gemayel Ruiz y Antonio Vivar Díaz.

Como el magisterio rural cardenista en su momento, la CNTE ha combatido durante más de 40 años a la ultraderecha. Y lo seguirá haciendo. De vivir Lepoldo Méndez, seguramente haría una carpeta con litografías dedicadas a honrar la lucha de los maestros de la coordinadora contra el conservadurismo.

Twitter: @lhan55

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2021/09/07/opinion/021a1pol

Comparte este contenido:

500 años, los usos de la historia

Por: Luis Hernández Navarro

La Plaza de Colón, en Madrid, es el corazón emblemático de la ultraderecha española y de sus fantasías de recuperar la grandeza imperial perdida. En ella realizan sus movilizaciones los simpatizantes de Vox y del Partido Popular. En lo que fue un tremendo varapalo simbólico, hasta allí llegaron, el pasado 13 de agosto, los siete integrantes de Escuadrón 421 del EZLN y unos 2 mil 500 insumisos europeos.

Ese día, Vox dio fe de su colonialismo incurable en un tuit. Tal día como hoy de hace 500 años, una tropa de españoles encabezada por Hernán Cortés y aliados nativos consiguieron la rendición de Tenochtitlan. España logró liberar a millones de personas del régimen sanguinario y de terror de los aztecas. Orgullosos de nuestra historia, dijo.

Pero, ni ese exabrupto ni otros, impidieron que los rebeldes internacionalistas les clavaran, ese día, las banderillas a los herederos ideológicos de Francisco Franco y a los nostálgicos españolistas. Cinco siglos después de la invasión castellana-leonesa, andaluza, extremeña y manchega un barco con la delegación zapatista a bordo, cobijada por una multitud proveniente de muchas latitudes, surcó las calles asfaltadas de la capital del reino, desde la Puerta de Sol hasta la Plaza de Colón, haciendo la conquista al revés. Y, como si se tratara de un desmentido al tuit de Vox (y a todos los que se identifican con él en ambos lados del Atlántico), una inmensa manta anunció: No nos conquistaron (https://bit.ly/37O0umf).

Ya antes, al desembarcar en el puerto de Vigo el pasado 22 de junio, los zapatistas habían renombrado Europa como Slumil K’ajxemk’o tierra insumisa.

Inoportunos, con la Plaza de Colón como escenario, los integrantes del Escuadrón 421 tomaron la palabra. “Vivir –dijeron– no es sólo no morir, no es sobrevivir. Vivir como seres humanos es vivir con libertad. Vivir es arte, es ciencia, es alegría, es baile, es lucha.”

“Así nos traen, día y noche, queriéndonos domar, buscando domesticarnos. Y nosotros, pues resistiendo. Toda la vida y generaciones completas resistiendo, rebelándose. Diciendo ‘no’ a la imposición. Gritando ‘sí a la vida’. No es nuevo, es cierto. Podríamos remontarnos cinco siglos atrás y la misma historia.”

Al explicar el propósito de su expedición en aquellas tierras, señalaron: pensamos y sabemos que no somos los únicos que luchamos, que no somos los únicos que vemos lo que está pasando y va a pasar. Nuestro rincón del mundo es una pequeña geografía de lucha por la vida. Estamos buscando otros rincones y queremos aprender de ellos.

Para rematar el rumbo de su misión, tras señalar al capitalismo como responsable de los males que padece la humanidad y naturaleza, pidieron a sus contrapartes: “Cuando un día cualquiera, alguien les pregunte ‘¿a qué vinieron los zapatistas?’, juntos podremos responder, sin pena para ustedes y sin vergüenza para nosotras, ‘vinieron a aprender’. 500 años después, las comunidades zapatistas vinieron a escucharnos”.

La movilización zapatista en Europa marca un giro en las luchas y el discurso de los pueblos originarios de América Latina y en los usos del pasado. Más allá del lamento y la denuncia, lejos del victimismo inmovilizante, sin renunciar a llamar a las cosas por su nombre, en la perspectiva de un nuevo internacionalismo, apuesta a la construcción de redes desde abajo y a la izquierda con quienes luchan contra el capitalismo.

Hace 42 años, en La nueva presencia política de los indios: un reto a la creatividad latinoamericana, Guillermo Bonfil documentó cómo los indios del continente tienen voz propia, pese a que los europeos colonizadores y las burguesías nativas se empeñan en negarla. Seguimos soñando con naciones homogéneas, con una sola cultura, una lengua, una raza, a pesar de ser sociedades formadas por pueblos diversos, escribió.

Según el antropólogo, en los proyectos de los pueblos indios expresados a través de las organizaciones políticas étnicas recién creadas (comienzos de los 70) ha estado implícita su resistencia secular. Sin embargo, hay algo novedoso en ellas: una ideología política orientada al cambio de las sociedades latinoamericanas y no sólo a la preservación de los propios grupos étnicos. Estas organizaciones –señaló– tienen en común la decisión de los pueblos indios de actuar como unidades políticas diferenciadas.

Bonfil describió las ideas-fuerza de este emergente pensamiento político indio. Por ejemplo, la continuidad histórica de los pueblos y la convicción de que no hubo conquista, sino invasión. Ante ella, el indio ha resistido y luchado. De manera que, el imperialismo y el colonialismo son la forma de ser de la civilización occiden­tal, no un momento de su trayectoria histórica.

Un programa así, reivindica –según él– retomar el hilo de la historia, no para volver al pasado y quedarse allí. Se trata de actualizar una historia colonizada, liberarla y construir sobre ella; poner fin a un capítulo, cerrar el paréntesis, dar vuelta a la hoja y seguir adelante. Desde esta perspectiva, este ejercicio es un poderoso llamado hacia el futuro.

Sin dejar de lado la herencia de este pensamiento, el zapatismo cambia de terreno la lucha y el discurso indígena, y pone como núcleo de su propuesta la lucha por la vida en el marco de un proyecto anticapitalista, y el tejido de una comunidad trasnacional de todos los extemporáneos a partir de caminar preguntando. No sólo lo proclama, sino que pone manos a la obra. Ese es el sentido profundo de la movilización del pasado 13 de agosto.

Twitter: @lhan55

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2021/08/17/opinion/017a2pol

Imagen:  brian261 en Pixabay

Comparte este contenido:

Normales rurales: el paisaje en la pared

Por: Luis Hernández Navarro

Durante los últimos 10 años de su vida, ya como ex presidente y a cargo de la Comisión del Río Balsas, el general Lázaro Cárdenas se volcó en cuerpo y alma a la Mixteca oaxaqueña. Caminó la región de arriba abajo, atendió demandas de los pueblos, promovió obras, se reunió con sus pobladores y vivió en Juxtlahuaca.

 

Durante una de sus giras, en una comunidad de aquella región –narra el maestro Mario Aguilera Dorantes, quien llegó a ser oficial mayor de la SEP– los Ñuu Savi (pueblo de la lluvia) le dijeron al Tata que allí no había escuela. Molesto, el funcionario educativo que lo acompañaba los refutó y dio el nombre del profesor a cargo del aula y el número de alumnos que atendía.

 

Con una mirada de desprecio que taladró la arrogancia del burócrata, uno de los campesinos le respondió: Sí, general, estuvo un muchachito, pero no aguantó y se fue. Mándanos un maestro que tome atole y tortillas con chile y viva con nosotros (https://bit.ly/3CvUX1Y).

 

Si alguien sabía la importancia de ese tipo de profesores que le demandaron los mixtecos era Cárdenas. Ellos fueron claves en instrumentar durante su sexenio la reforma agraria, llevar el ideario de la Revolución mexicana, combatir el clericalismo fanatizante y promover una educación liberadora (socialista) en el campo. La transformación social cardenista habría sido imposible sin el magisterio rural. La enseñanza fue una de las más grandes pasiones del general.

 

Pese a que el hecho aconteció en la década de 1960 durante el diazordacismo, tiene enorme actualidad. Situaciones así, en que trabajadores de la educación hechos a los modos urbanos no se hallan en las comunidades se repiten una y otra vez. En las regiones más apartadas e inhóspitas no puede laborar cualquier docente. No aguanta. Se requiere un maestro especial, hijo de campesinos o crecido en las orillas miserables de las grandes ciudades, acostumbrado a enfrentar la precariedad y la pobreza y a lidiar con la adversidad; hecho a la disciplina y dotado de las herramientas del trabajo comunitario. Un docente surgido de las normales rurales.

 

La primera normal rural nació en Tacámbaro en 1922, un año después de creada la SEP. Según su fundador, el profesor Isidro Castillo (que no pudo hacerse cargo de la primera dirección por carecer de título) nadie quería alquilarles una casa, debido a las presiones del obispo cristero Lara y Torres. Tardaron cinco años para que la escuela del diablo consiguiera sede.

 

La escuela rural mexicana fue obra de los docentes, sobre todo del pueblo. José Vasconcelos –cuenta el profesor Castillo– nos ordenó alfabetizar; pero en los ranchos lo que menos interesaba era alfabetizarse; los campesinos tenían problemas más urgentes, como organizarse para repartir tierras. Por ello, la escuela rural extendió su campo de acción ayudando a los campesinos en otras actividades.

 

Este compromiso con la lucha agraria, la organización de la producción, la promoción de la higiene y la concientización comunitaria les valió que se les acusara de ser instituciones subversivas y a sus estudiantes de vándalos. José Santos Valdés, figura central de la pedagogía mexicana, recuerda que, estando él al frente de la normal rural de Tenería, en 1941-42, el general David, mando de la ciudad militar de San José, llegó a visitarlos a las 5:30 de la mañana y se encontró a los estudiantes y al director pizcando trigo.

 

El general preguntó al maestro: ¿cómo es posible que haya puesto a trabajar a estos vagos, ratas villagreras?

 

Santos Valdés contestó: Le voy a decir algo, mi general, y no se vaya a molestar. ¿Sabe por qué a los muchachos los ve tan entusiastas cortando trigo? Porque viven en un régimen democrático y porque to­do lo que se refiere a su comunidad, su ro­pa, sus medicinas, es administrado por ellos.

 

Escandalizado, el militar replicó: ¡Está usted comunizándolos!

 

–No, mi general, no tenga miedo, estamos viviendo en paz, con tranquilidad y muy bien.

 

Fieles a su misión de siempre, a las normales rurales no se les acusa más de escuelas del Diablo, kínderes bolcheviques, madrigueras de comunistas o nidos de guerrilleros. Ahora se les imputa ser corruptas y se quiere terminar con el internado y los comedores.

 

El internado es la espina dorsal del normalismo rural y de la organización política estudiantil. Desaparecerlo es desnaturalizar su especificidad pedagógica. Como en las academias militares con los cadetes, los jóvenes adquieren allí hábitos de disciplina, cooperación y camaradería que no se obtienen en otras escuelas. En esta experiencia se templa el acero de los futuros profesores que los campesinos mixtecos pedían al general Cárdenas: maestros que tomen atole y tortillas con chile y vivan con nosotros.

 

Por lo demás, los alumnos no administran ni los comedores ni los recursos destinados a las escuelas. Sólo algunas normales comparten el manejo del comedor con personal administrativo. El poco financiamiento que llega a las normales rurales es manejado por las autoridades educativas. ¿Dónde está la corrupción?

 

El profesor Isidro Castillo fue también el encargado de fundar la normal rural de Cerro Hueco, antecedente de Mactumactzá (https://bit.ly/2X1OQ4Z). La construimos –explicó– con nuestras propias manos. Cuando hicieron el comedor, había una pared y los chicos, con ansia de espacio, pintaron un paisaje para ver más lejos. Al igual que esos primeros alumnos, los nuevos normalistas rurales llenan los muros de comedores, dormitorios y aulas de grandes frescos con retratos de sus héroes, representaciones de sus luchas y grandes ventanas en las que se miran a lo lejos los horizontes que anhelan.

Fuente de la información: La Jornada

Comparte este contenido:

Tras la saga de Garín

Por: Luis Hernández Navarro

Alfabetizador, fundador de escuelas, periodista, organizador obrero y de jornaleros agrícolas, orador brillante, propagandista, el andaluz Abelardo Saavedra Toro utilizó el seudónimo de Garín para firmar sus artículos. A lo largo de los años, se ganó la vida ejerciendo múltiples oficios: zapatero, boticario, tranviario, impresor, sastre, albañil, fotógrafo, lector en una tabaquería y fabricante de aparatos ortopédicos. Fue uno de los más destacados militantes ácratas de finales del siglo XIX y las primeras tres décadas y media del XX.

Según el investigador José Luis Gutiérrez, el recorrido vital de Saavedra es el del anarquismo histórico español y caribeño. El que va desde la creación de la Primera Internacional en 1864 hasta la Revolución española de 1936. Su trayecto es el del prototipo del anarquista ibérico que aunaba las prácticas estrictamente ácratas a las societarias primero y sindicalistas después.

Este apasionante camino está amena y rigurosamente narrado en un libro de reciente aparición: Saavedra: un anarquismo, escrito por Aurelio Fernández, economista, director de La Jornada de Oriente y bisnieto de Garín. En la obra se cruzan y funden, con buen ritmo, diversas historias: la del biografiado (1860-1938); la de las luchas obreras y campesinas en España y Cuba; la de la difusión del anarquismo a través de sus periódicos y de su proyecto organizativo, y la de la elaboración del libro.

Saavedra es un personaje que parece sacado de una audaz novela social. Uno más de una generación extraordinaria de revolucionarios sin fronteras, internacionalistas de corazón, formados en el mundo del trabajo, que hacen de la revolución social, la solidaridad y la ayuda mutua el centro de su existencia. De militantes que se oponen a la profesionalización de la política, sufren cárcel y persecución sin claudicar en sus convicciones y gestan una contracultura, que piensan y practican en todos los ámbitos de la vida privada y pública.

Felipe Fernández Rodríguez, su yerno, decía: Los anarquistas no tenemos patria, nuestra patria es el mundo y allí donde haya explotación estaremos luchando. Fiel a esta divisa, Garín, además de batallar en el campo andaluz, en el mundo obrero madrileño y catalán, en la Cuba dominada por Estados Unidos y en Portugal hasta que fue deportado, combatió la dictadura de Porfirio Díaz en México.

El lance maya de Saavedra lo llevó a la cárcel en Cuba, adonde llegó después de pasar una temporada en prisión, con 42 procesos legales, como una espada de Damocles sobre su cabeza. Allí, los magonistas mexicanos lo convencieron de escribir contra Porfirio Díaz en el periódico ¡Tierra! En noviembre de 1907 aparecieron las dos entregas de su artículo La inquisición en México, en el que denuncia la oprobiosa situación que se vivía en el país. El diario entró a la Península de Yucatán a través del puerto de Progreso. La represión del dictador no se hizo esperar. En Mérida detuvieron a sus distribuidores, catalanes anarquistas, y los deportaron. El presidente Porfirio Díaz solicitó al interventor estadunidense en la isla, Charles Magoon, actuar contra la publicación y contra Garín. El juicio en su contra duró seis meses. Años después, en 1915, fue nuevamente detenido y expulsado de Cuba.

Profundamente anticapitalistas, dotados de una enorme mística, los anarquistas hispanos de aquellos años –cuenta Aurelio Fernández– crearon grupos de afinidad, primera forma de reunir a los simpatizantes, a partir de las proximidades en barrios, gremios y familias. En ellos se comentaba la actualidad, se pensaba un mundo alternativo, y se leía la prensa y la literatura ácrata en voz alta. Al que no sabía leer, se le alfabetizaba. Con la consigna de ni dios ni amo, fundaron sus propias escuelas y Centros de Estudios Sociológicos, en los se abrazaron los postulados de la ciencia y la cultura universales.

Los comunistas libertarios extendieron su influencia y construyeron sus redes a través de giras de propaganda, en las que hacían mítines y daban conferencias en las poblaciones de trabajadores. Estas excursiones estaban a cargo de formidables y entusiastas oradores, como Saavedra.

Su actualidad es sorprendente. Hace más de un siglo, rechazaban el matrimonio y exaltaban la unión y el amor libres. Fomentaban el control natal. Llamaban a sus hijos con nombres ajenos al santoral católico, como Fraternidad, Violeta o África. Los educaban en sus propios sistemas escolares, auspiciados por las organizaciones de trabajadores, con base en la laicidad y la ciencia. Promovían el cariño y respeto a la naturaleza, practicaban el nudismo, el vegetarianismo y el excursionismo popular. Fomentaban la igualdad de los sexos.

Saavedra fue enterrado, por decisión propia, en una fosa común. Solidaridad Obrera lo describió como suma de bondades, inteligencia clara y corazón exuberante. Fue, además, un hombre fecundo en toda la acepción de la palabra: en hijos, en ideas, en trabajo, en bondad, resumió la publicación.

En un mundo dominado por el presentismo y el posibilismo, en el que el futuro ya no es lo que era pero en el que urge poner a debate la sociedad que queremos, Saavedra: un anarquismo, de Aurelio Fernández, permite asomarnos no sólo a la saga de un personaje excepcional como Garín, sino a las prácticas y valores que hacen un otro mundo posible.

Twitter: @lhan55

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2021/07/20/opinion/013a1pol

Comparte este contenido:

Ezequiel Reyes Carrillo, el normalista rural

Por: Luis Hernández Navarro
Volví a nacer, dijo el maestro rural Ezequiel Reyes Carrillo a la asamblea nacional de la CNTE el 12 de junio de 1982. No exageraba. Unos meses antes, a finales de 1981, cerca de la Central Camionera de la Ciudad de México, fue secuestrado por agentes de la Dirección Federal de Seguridad, encabezada por Miguel Nazar Haro. Durante cuatro meses estuvo desaparecido y fue torturado. La incesante movilización magisterial lo rescató con vida.

No tuvo la misma suerte el profesor Juan Carlos Mendoza Galóz, fundador de escuelas populares en Ciudad Nezahualcóyotl, como la Niños Héroes, en la colonia Sol. Tampoco Austreberta Hilda Escobedo, compañera de lucha de Juan, levantada por la policía un día después. Ellos continúan desaparecidos.

Ezequiel nació el 10 de abril de 1950, en San Miguel Tlaixpan, Texcoco. Ironías de la vida, un 10 de abril fue asesinado Emiliano Zapata, y a Cheque sus compañeros lo llaman Zapata, en parte por su profuso bigote negro.

Reyes Carrillo estudió en la Escuela Normal Rural de Tenería, adonde entró con el aval de una carta del ejido. Allí entabló estrecha amistad con Misael Núñez Acosta, asesinado por pistoleros a sueldo contratados por el SNTE, 11 meses antes de que él fuera secuestrado. Como estudiante, se ganaba la vida con un grupito musical llamado Coco Seco y sus Estrellas, que interpretaba canciones de la Sonora Dinamita en ferias de los ranchitos y en un hotel de lujo de Ixtapan de la Sal.

A Zapata, además de la influencia de la revolución cubana, le tocó vivir en Tenería el movimiento estudiantil-popular de 1968. “Nos fuimos a la huelga –cuenta. Agarrábamos un autobús y veníamos a México a las marchas. Estuvimos en la que partió del Museo de Antropología y muchas más. Éramos un contingente pequeño, pero participamos abiertamente. Y salíamos a informar a las rancherías.”

Ezequiel se ve a sí mismo y los maestros rurales de su generación como producto de los viejos profesores cardenistas. Esa fue la corriente ideológica que los formó y en la que adquirieron un lenguaje común. En la escuela, la mayoría de los catedráti­cos estaban más o menos cortados por esa tijera; se habían formado en el periodo del general o bajo su influencia. Imbuían a los estudiantes de ese espíritu de lucha, de com­bate y de atender las necesidades de las comunidades. Ese era el pan de cada día.

Los normalistas rurales estaban preparados para ir al campo a trabajar. No sólo dar clases en la escuela, sino en los poblados, como líderes comunitarios, para organizar las necesidades del pueblo, hacer cooperativas y exigir que el gobierno proporcionara servicios básicos. “La política cardenista para las normales rurales consistía en formar líderes de la comunidad –asegura. Por eso, muchos egresados de esas escuelas son líderes comunitarios.”

En Tenería se impartía una educación muy apegada a la tierra. Tenían una granja con 300 pollos y gallinas ponedoras que daban huevos diario; vacas; terrenos para sembrar, y como 300 hectáreas de maíz o de frijol. Cada tarde, los jóvenes iban a labrar y cuidar los animales. Eran, a un tiempo, estudiantes y campesinos.

Los alumnos sufrían grandes precariedades en la escuela. Tenían como presupuesto para las raciones diarias de desayuno, comida y cena, 4.50 pesos. La dieta de los caballos del Séptimo Regimiento de Caballería, cerca de la escuela, era de 35 pesos al día. Sigue siendo igual, remarca Zapata.

Cuando Ezequiel se recibió de maestro se fue a enseñar a Veracruz, donde organizó un grupo peticionario de tierra en Misantla. Luego se incorporó a la Unión Campesina Independiente. En Martínez de la Torre, el pueblo indignado con el cacicazgo, incendió el palacio municipal. Las autoridades lo acusaron a él de la sublevación y lo arrestaron. Pero más tardó la policía en encarcelarlo que los campesinos en sacarlo. A un tractor cañero le amarraron unas cadenas y derrumbaron las rejas.

Ezequiel participó en la Unión de Comuneros Emiliano Zapata de Michoacán y en la fundación de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala; con unos 30 maestros egresados de normales rurales (y otros de normales urbanas) formó la Coordinadora Regional de Centros de Educación Básica en el corredor Netzahualcóyotl-Ecatepec, integrada por más de 30 escuelas; asesoró luchas obreras en Tapetes Luxor, Sosa Texcoco, Aceros Ecatepec, Fontana, Panam; acompañó luchas urbano-populares como la de la Coalición de Colonias de Tulpetlac, y organizó la disidencia magisterial democrática antes de que naciera la CNTE, de la que forma parte.

También egresado de la Normal Superior, Reyes Carrillo cree que el normalismo está muy arraigado entre los maestros rurales. “Es que la normal es algo muy especial. Es como el Poema pedagógico, de Makárenko. Tú forjas la escuela, eres parte de ella, no te lo dan todo. Y participar en la construcción de tu propia educación es fenomenal. La mayoría está muy orgulloso de su institución.”

Desde su experiencia de vida, satisfecho de su paso por Tenería, Ezequiel ve a las actuales movilizaciones de Mactumactzá y Teteles como parte de la resistencia de casi un siglo de las normales rurales por su sobrevivencia. Siempre ha sido así. Sus demandas son viejas y justas. “Ninguna represión –advierte– detendrá la lucha del normalismo. Y menos del rural, que es una herencia de las fuerzas revolucionarias zapatistas, villistas y cardenistas”.

Twitter; @lhan55

https://www.jornada.com.mx/2021/06/15/opinion/015a1pol

Comparte este contenido:

Mactumactzá: el renacer del cerro de las once estrellas

Por:  Luis Hernández Navarro

 

Cuatro veces las autoridades han cerrado la Escuela Normal Rural de Mactumactzá (en Chiapas) y cuatro veces ha renacido. Así sucedió en 1935, 1942, 1946 y 2003. La tenacidad y la lucha de sus alumnos y egresados, y de las comunidades de las que provienen, la hicieron retoñar.

 

Lo que hoy es Mactumactzá (el cerro de las once estrellas, en lengua zoque), comenzó a funcionar con el nombre de Escuela Normal Rural de Cerro Hueco, el 24 de febrero de 1931, en un terreno donado por el gobierno de Raymundo E. Enríquez. Carente de infraestructura y mobiliario, con aulas de adobe y palma, se equipó con el trabajo voluntario de los estudiantes y las donaciones en especie de los campesinos. Funcionó hasta 1935.

 

En 1936, las autoridades la cerraron y, en su lugar, en la finca La Chacona, instalaron una Escuela Regional Campesina, que funcionó muy precariamente. No les duró mucho el gusto. En 1941, la SEP la transformó en Escuela Práctica de Agricultura. Sus alumnos emigraron a otras instituciones. Durante seis años impartió enseñanza técnica a los campesinos, quienes, al egresar, podían ejercer como maestros y titularse en otra normal.

 

Como a las autoridades les incomodaba profundamente el compromiso social de los alumnos, en 1945 se suprimió el primer año, con el argumento de que no había presupuesto. Un año más tarde, su suerte estaba echada. Los estudiantes fueron trasladados a otras instituciones. El gobierno anunció que, en su lugar, se instalaría un laboratorio de inseminación artificial para mejora del ganado. El edificio quedó abandonado.

 

Diez años más tarde, se impuso la imperiosa necesidad de formar maestros en una entidad que carecía de ellos, y la escuela renació como Escuela Normal Rural Mactumactzá (ENRM). En abril de 1956, abrió sus puertas como internado para hombres, con grandes limitaciones financieras y materiales.

 

En 1970, muchos egresados de la normal participaron activamente en las luchas campesinas e indígenas (y hasta en las obreras) que irrumpieron en Chiapas en esa década. Se convirtieron en intelectuales orgánicos del mundo rural. Su participación en tomas de tierras, organización de cooperativas de producción y consumo, protestas por servicios y para incrementar precios de garantía, fue fundamental. En 1979, los maestros del estado organizaron grandes paros para aumentar su salario y democratizar el SNTE. El equipo dirigente de ese movimiento se había formado políticamente en Mactumactzá, y en las Escuelas Técnicas Agropecuarias. En diciembre de ese año, fundaron, junto a las disidencias democráticas de todo el país, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

 

Esa centralidad organizativa de los egresados de la normal en las luchas populares en Chiapas ha disminuido conforme las organizaciones campesinas e indígenas han forjado liderazgos no vinculados al magisterio. Sin embargo, sigue siendo relevante. En el comité ejecutivo de la sección 7, integrado por 155 maestros, 34 son egresados de ­Mactumactzá.

 

Un momento clave en la historia de la normal fue su confrontación con el gobierno de Pablo Salazar. Su administración recibió un préstamo del Banco Mundial por 40 millones de dólares. Entre las sugerencias que el organismo multilateral hizo estaba el cancelar las plazas automáticas a los egresados de la ENRM.

 

El conflicto se intensificó. Las autoridades reprimieron salvajemente a estudiantes y trabajadores y los encarcelaron. Pablo Salazar se propuso cerrar la escuela y crear en su lugar un instituto politécnico. Sin esa normal, miles de campesinos ya no tendrán siquiera la aspiración de llegar a ser maestros profesionales, le expresó a Blanche Pietrich, el dirigente de la sección 7, Fortino Vázquez (https://bit.ly/3fa2Q3f).

 

El desenlace representó un golpe muy duro para el normalismo. Se cerró el sistema de internado; más de la mitad de las 560 matrículas que tenían se redujeron. La persecución política en su contra fue inclemente.

 

Pese a ello, Mactumactzá sobrevivió y poco a poco comenzó a recuperarse del descalabro. La matrícula fue creciendo, se construyeron dormitorios y el equipamiento mejoró.

 

Sin embargo, el fantasma de su desaparición ronda la escuela. Durante la administración del morenista Rutilio Escandón se ha utilizado, una y otra vez, de manera bestial la fuerza pública contra los normalistas. La detención de casi 100 estudiantes, la mayoría muchachas, y la agresión sexual de la que fueron víctimas apenas la semana pasada muestra cuánto incomoda la normal al gobernador.

 

La magnitud de la represión contrasta con las demandas estudiantiles. Los jóvenes exigen que se haga pública la convocatoria para nuevos ingresos a la escuela y que el examen de admisión sea presencial y escrito en un cuadernillo. Las autoridades, en cambio, están empecinadas en que sea en línea.

 

La ENRM es una escuela de pobres para pobres. Obligar a presentar un examen de admisión en computadora a un hijo de campesinos que no ha tenido acceso a una y que en su comunidad no hay servicio de Internet significa dejarlo fuera de la escuela. Nunca podrá competir así por un lugar para estudiar, con quienes, por vivir en las ciudades o tener más recursos económicos, están familiarizados con el uso de medios digitales.

 

La sospecha de que el gobierno quiere clausurar la escuela o, al menos, modificar la composición social de sus estudiantes, tiene bases firmes. Pero quienes acarician la fantasía de golpear a Mactumactzá olvidan que, las cuatro veces que han querido cerrarla, el cerro de las once estrellas ha renacido. Ésta, no será la excepción. Los jóvenes sueñan con ser maestros de los pobres. No van a renunciar a ello. De paso, han advertido que serán la pesadilla de quienes quieran arrebatarles sus sueños.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2021/05/25/politica/015a1pol?partner=rss

Comparte este contenido:

Orgullo Magisterial

Por: Luis Hernández Navarro L

a foto tiene poco más de un año. En ella, con el puño izquierdo en alto, dentro de Palacio Nacional, los maestros Arcángel Ramírez, David Guadalupe Valenzuela, Juan Melchor Román y Fredy Ezequiel Ocampo celebran la reunión que acaba de culminar con el presidente Andrés Manuel López Obrador y otros integrantes de su gabinete.

Ellos son parte de la Comisión Nacional Única de Negociación (CNUN) de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), la instancia que se ha reunido con el mandatario mexicano 18 veces en los últimos tres años, para buscar solución a problemas laborales, pedagógicos y de seguridad social del magisterio.

Pero a partir de ahora, ni Arcángel (de Guerrero), ni David (de Sonora), ni Melchor (de Michoacán), ni Fredy (del estado de México) aparecerán en las futuras fotografías en la sede del Poder Ejecutivo. Como muchos otros profesores, no pudieron sobrevivir al Covid-19. No fueron los únicos. Hasta febrero de este año, fallecieron por la pandemia al menos 2 mil 700 mentores. El virus llenó de luto y dolor a sus familias, a sus compañeros y a su organización. Le arrancó la vida a la décima parte de la comisión negociadora de la coordinadora.

Los estragos fueron aún más lejos. A pesar de todos los cuidados y precauciones sanitarias, muchos dirigentes más de la CNTE se contagiaron. Varios debieron ser hospitalizados de urgencia. Algunos cargan a cuestas con las secuelas de la enfermedad.

La plaga afectó drásticamente el proceso educativo. De un día para otro, los maestros se vieron obligados a dejar de lado las clases presenciales y aprender a impartirlas a distancia. Con su salario, tuvieron que adquirir equipos de cómputo o de telefonía celular, pagar la interconexión, aplicaciones y elaborar material pedagógico de apoyo.

Según la coordinadora, el gobierno, escuchó y respaldó a los monopolios televisivos e ignoró a los trabajadores de la educación y comunidades escolares. Avanzó la educación digital, la flexibilidad laboral y con ésta la privatización de la educación beneficiando a los dueños de las trasnacionales de las comunicaciones digitales, como Google, Microsoft y Facebook.

Ya de por sí las cosas no estaban bien para el magisterio democrático desde antes de la pandemia. La reforma educativa del nuevo gobierno es, de acuerdo con la CNTE, una simulación, continuidad de la reforma neoliberal del régimen anterior, que favorece a la iniciativa privada transgrediendo la educación pública y los derechos laborales de los trabajadores de la educación.

Por si fuera poco, la Nueva Escuela Mexicana ofrecida por la 4T, resultó una cáscara sin contenido. La promesa de revalorizar al magisterio fueron palabras vacías. Además de anular la relación laboral bilateral, los procesos de inscripción en línea para las convocatorias de las promociones verticales y horizontales estuvieron plagadas de irregularidades. Además, la segunda sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), sentencia de manera definitiva el pago de pensiones a los jubilados tomando como cálculo la unidad de medida y actualización (UMA), precarizando las pensiones.

Para romper la dinámica de confinamiento y cerrazón gubernamental a la solución de la problemática laboral, en febrero y marzo de 2021, la CNTE organizó dos caravanas nacionales, en las que demandó la reinstalación de la mesa nacional de negociación entre el Ejecutivo federal y la CNUN. La primera fue bautizada como Por la estabilidad laboral y salarial, y partió de Lázaro Cárdenas (Michoacán). La segunda fue nombrada, Caravana del Sur, y salió de Tuxtla Gutiérrez (Chiapas). Ambas llegaron a la Ciudad de México. Sin embargo, no lograron revertir el impasse en las negociaciones.

Es ese contexto, para reorganizar a la coordinadora en su conjunto, se efectuó del 13 al 15 de mayo, en Tuxtla Gutiérrez, el Congreso Nacional 14 de la CNTE.

Aunque la coordinadora se fundó en diciembre de 1979, no fue hasta septiembre de 1990 que organizó su primer congreso. En ese acto comenzó una nueva etapa en la vida del movimiento magisterial democrático y de elaboración de su proyecto educativo y sindical para transformar México. Allí se aprobaron documentos básicos, un pliego petitorio y un plan de acción nacional, con el objetivo de unificar y coordinar sus acciones.

Decía el gran José Carlos Mariátegui en Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana que no es posible democratizar la enseñanza de un país sin democratizar su economía y sin democratizar, por ende, su superestructura política. Fiel a estas enseñanzas, la CNTE ratificó en su congreso 14 sus objetivos estratégicos de avanzar en la democratización del sindicato, de la enseñanza y del país, mantener en pie sus 22 principios y su táctica movilización-negociación-movilización.

El acto permitió avanzar en la definición de la ruta de resistencia y lucha por la exigencia de solución de sus demandas más sentidas, “además de las afectaciones laborales y sindicales derivadas de la imposición de la mal llamada reforma educativa del actual gobierno. La CNTE –acordó el congreso– no tiene representación legislativa ni cargos de elección popular alguno”.

A 41 años de su fundación, en un país repleto de canallas, la lucha de los maestros mexicanos de la CNTE es nuestro orgullo. Es la muestra de que no todo puede ser mejor, sino de que seguramente lo será. El ejemplo de los profesores Arcángel, David, Fredy y Melchor así lo muestra.

Twitter: @lhan55

https://www.jornada.com.mx/2021/05/18/opinion/015a1pol

Comparte este contenido:
Page 1 of 4
1 2 3 4