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Tecnologías ocultas. La IA no monta en bicicleta

¿O sí?

La falsa imagen de la inteligencia artificial: no es “artificial” ni “inteligente”

Este sería la última parte de la serie de artículos dedicados a las tecnologías y sus consecuencias «ocultas». En este caso sobre la IA. Como decía al principio de la serie, la academia y la sociedad confunde o identifica tecnología con cibernética, y útimamente con Inteligencia artificial. Es un error, como hemos mostrado. Como se ha escrito tanto y tan bien sobre las consecuencia nocivas de la IA, este artículo se centrará en las consecuencias sobre la ciencia y la medicina, aspectos, considero, menos trabajados.

El sumum de la fetichización de la tecnología viene con la mal llamada «inteligencia artificial» (IA). Entrecomillado porque ni es “artificial” ni es inteligente. Como en la película Her, hay aplicaciones IA que se hacen pasar por una novia sexy. IAs para flirtear. La realidad es menos «atractiva», al otro lado de los cables hay miles de personas, no solo escribiendo código, y entrenando a la IA, sino escribiendo las respuestas. En India, en Filipinas, en Kenia, y en otros países del Sur Global, trabajan por muy poco dinero alimentando modelos de IA, etiquetando imágenes, corrigiendo textos, filtrando contenido violento, respondiendo consultas como si fueran “chatbots”. Algunos sistemas de “compañía” por IA incluso utilizan mujeres contratadas que responden manualmente, simulando ser una IA conversacional.

Tampoco es “inteligente”. La IA no entiende sino que predice palabras. Su funcionamiento esencial es estadístico y está entrenada para complacer. Esto genera fenómenos como las alucinaciones: datos inventados que parecen reales, referencias científicas falsas, afirmaciones sin fundamento que la IA presenta con total seguridad. Es un problema grave en ciencia y medicina, porque un sistema venerado y diseñado para no decir nunca «no sé” puede ser peligroso.

Inventarse una referencia puede no parecer grave, pero se está generalizando (y entrenando) su uso en el genocidio en Gaza y en el ataque a Irán. Parece seguro que la matanza de niñas en la escuela iraní por parte de EEUU fue «decisión» de una IA, en concreto de la empresa Palantir.
Un aspecto de la IA muy bien estudiado y difundido es el de sus costes en agua y energía, por lo que seré conciso. Los grandes modelos de IA necesitan GPU muy potentes, granjas de servidores que funcionan 24/7 y millones de litros de agua dulce para los sistemas de refrigeración intensiva.

Pero mejor os dejo referencias: Ana Valdivia como experta en IA y sus costes socio ambientales, y Alicia Valero experta en los minerales necesarios para las tecnoogías emergentes. También recomiendo la organización «Tu nube seca mi río».

Ellas estudian dónde se instalan los centros de datos, cuánta agua consumen, cómo afectan a los ecosistemas y comunidades locales, qué minerales necesitan los chips, de dónde vienen, en qué condiciones se extraen y la burbuja económica cuyo estallido podría arrastrar a la economía real. En definitiva, cómo el crecimiento ilimitado de la IA no es sostenible.

Pero centrémonos en la parte menos conocida, las consecuencias sobre la ciencia y la biomedicina.

A pesar de que el sistema científico de publicaciones y organización del conocimiento está reglado, organizado de manera que «la mejor evidencia disponible» se podía utilizar para tomar decisiones, en la actualidad, las alucinaciones de la IA se han infiltrado de tal manera en todos los niveles del conocimiento científico que si no se ataja, se pondrá en cuestión la credibilidad de todo el sistema, su armazón.

Y es que según esta publicación en The Lancet, entre el 30 y el 69 % de las referencias generadas por IA en biomedicina son inventadas. Eso es la mitad. Eso no quiere decir que las personas investigadoras las usen. Sin embargo, auditan 2.5 millones de publicaciones en ese ámbito, y encuentran que en 2023, aproximadamente una de cada 3000 publicaciones eran fraudulentas. En 2025 ya eran una cada 458 y los primeros dos meses de 2026 1 de cada 277 artículos científicos tenía al menos una. Y no parece que ese aumento vaya a parar.

No solo se inventa las referencias de las afirmaciones, sino que a partir de una serie de referencias científicas se inventa las afirmaciones y las conclusiones de las mismas. Según este estudio, más de las mitad de las conclusiones (o afirmaciones) eran falsas o equivocadas.

Y luego la seguridad. En este artículo titulado «Los agentes del caos», unos investigadores dieron archivos, información personal y datos diversos a una IA que les prometió (sic) que no usaría esos datos. Sin embargo, distribuyó información sensible, usó esos archivos y datos, y además lo hizo incorrectamente. Afirmó que había terminado determinadas tareas cuando no lo había hecho. Y un largo etcétera de despropósitos.

El problema es grave, porque pone en cuestión la futura generación de conocimiento epistemológicamente válido. Sin embargo, el sesgo solucionista del profesional de la ciencia hace que, como dice Alex Gaita, las recomendaciones sean poner detectores y extractores para retirar el humo, en vez de penar a los pirómanos y a sus cómplices con ánimo de lucro. O sea, se pretende desarrollar más IA que detecte la IA, en una carrera tecnológica secapantanos sin fin.

En mi día a día, tratando con cientos de investigadores, están utilizando la IA desde para calcular una concentración de un compuesto, hacer (horribles) presentaciones con personas de 6 dedos, buscar los precios de instrumentos, resúmenes de referencias científicas, redacción de propuestas científicas, e incluso de pliegos técnicos de concursos públicos de cientos de miles a millones de € que generan serios problemas.

La única esperanza parece que sea que reviente pronto la burbuja de los centros de datos y oracle parece que ya se ha pillado las manos.

Hay otra consecuencia interesante además que oculta, cómo la tecnología y la IA no solo crea dependencia material; también puede hacernos perder habilidades cognitivas y manuales esenciales.

Un ejemplo que me apareció en redes me parece representativo.

En La Ser, el periodista Javier Ruiz entra en un quirófano donde están utilizando un robot guiado por imágenes de rayos X en tiempo real para operar zonas muy difíciles, como la columna vertebral. El cirujano decía algo así: “Gracias a este sistema, los cirujanos jóvenes pueden operar igual de bien que yo después de años de experiencia.” A primera vista esto parece positivo: democratiza la habilidad, permite más cirujanos competentes, potencialmente reduce errores, reduce el tiempo de formación. El cirujano critica que antes de esta tecnología, tenía que recurrir al «instinto». Como si el instinto fuese algo contrario a la racionalidad o la ciencia. En realidad un cirujano en formación, cuando desarrolla ese «instinto» lo que en realidad está generando es conocimiento tácito: sentido del tacto, intuición sobre el tejido, comprensión espacial, precisión manual, experiencia gradual acumulada.

El ser humano se define por varias cosas, una de ellas es el «instinto». La toma de decisiones correctas, precisas, aprendidas, (por eso no son instintivas en sentido estricto), es un conocimiento, con base neuronal, que no se puede escribir en un manual ni enseñar con un tutorial. Se transmite de persona a persona. Es en buena parte artesanal.

Cuando yo empecé a hacer inyecciones en la cola de ratones se me daba bien, y algunos colegas querían entender cómo lo hacía, y no sabía transmitirles con palabras las sensaciones de saber cuándo la aguja estaba dentro de la vena o no, era algo táctil subjetivo a la vez que real, no puedes decir a media atmósfera de presión no sigas. Es pura sensación. Y así funcionamos en muchísimos ámbitos.

Un ejemplo maravilloso es el de las misiones Apolo a la Luna. Hay varias explicaciones de por qué el ser humano no ha vuelto a pisar la Luna: los estándares de seguridad actuales, la guerra fría, o la carrera armamentística. Pero hay uno muy interesante, y es que en la crisis de los 70, la NASA canceló el programa lunar, jubiló a los ingenieros y las empresas satélite cerraron. Cuando la NASA intentó revivir el programa en los 2000, fue incapaz de reconstruir algunas partes de los cohetes y módulos usados en los años 60–70 para llegar a la Luna. ¿Por qué? Porque a pesar de que los planos estaban bien, no describían todo al detalle, no podían describir un conocimiento como el de soldar juntas, y técnicas que dependían del conocimiento tácito de trabajadores expertos, que no se podía reproducir exactamente los materiales, ensamblajes ni procesos.

Estos ejemplos muestran la importancia del conocimiento tácito. Una cita atribuida a Michael Polanyi: “Sabemos más de lo que podemos escribir o decir.” Esto significa que gran parte de lo que sabemos hacer no es consciente, no se puede formalizar, no se puede escribir completamente, ni siquiera se puede transmitir sin imitación (neuronas espejo), práctica y repetición. Ejemplos cotidianos son montar en bicicleta, tocar un instrumento, reconocer una cara, operar un animal en un laboratorio, manipular una pipeta con precisión, etc.

La IA no puede aprender ese conocimiento tácito, porque no se puede traducir en datos explícitos. La IA, de nuevo, es un software que plagia, no inventa. Lee y escribe según probabilidades, pero por más que las llamen «redes neuronales», ni de lejísimos podrán imitar las biológicas. No ya las de un humano, ni siquiera la capacidad de aprendizaje de una babosa marina a los estímulos químicos.

Si la nueva generación aprende solo mediante un robot o una IA, pierde el conocimiento tácito, se vuelve dependiente del sistema y, si ese sistema deja de funcionar, pierde la capacidad de operar y, lo que es más dramático, pierde la capacidad de enseñar.

Hay una limitación si se quiere más mundana. Los Boeing 737 tenían una ampliación opcional (de pago) en el software que les alertaba de algún fallo, y el no tenerlo llevó a accidentes graves. Al final se hizo obligatorio. Os imagináis cuando ese cirujano experimentado se jubile y la nueva remesa se encuentre con que algunas de las opciones, las licencias, del software-IA, en el que se apoyan, se vuelven de pago y no se adquieren; o un ciberataque (han habido varios muy serios en hospitales españoles); o que quiebra la compañía y no hay actualizaciones o más soporte; o que falla el servidor en medio de la operación… ¿No querriamos que tumbados en la sala de operaciones nos operara una cirujana que se guíe por su instinto y no por una (inexistente) IA?

Y en general, las cibertecnologías (espero que después de esta serie de artículos no asociemos tecnología a cibertecnología) tienen consecuencias sobre nuestras habilidades intelectuales básicas. Por ejemplo, se está viendo que aprender escribiendo a mano desarrolla mejor la memoria, la comprensión, refuerza conexiones cerebrales que no se activan al teclear, y facilita el aprendizaje profundo. Y eso cambia la manera en que pensamos y recordamos. La escritura manual es un ejemplo básico de cómo una habilidad puede desaparecer en una generación por culpa del fetichismo cibertecnológico.

Y como conclusión general a esta serie de textos es que las «tecnosociedades» son muy frágiles. La tecnología es fantástica y necesaria. Pero si reemplaza nuestras habilidades sin permitirnos mantenerlas, nos vuelve frágiles, dependientes, vulnerables, y menos resilientes como sociedad. No se pretende ser “ludita” o antitecnología. Pero la tecnología debe acompañar, no sustituir, el conocimiento humano.

Debemos seguir desarrollando habilidades manuales, cognitivas y críticas, incluso cuando la tecnología nos ofrezca hacerlo todo “automáticamente”.

Fuente: https://cienciamundana.wordpress.com/2026/08/15/4-tecnologias-ocultas-la-ia-no-monta-en-bicicleta/

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Los docentes y su salud mental: “Si están bien, pueden ser garantes de la educación”

Valentina Aray

El ejercicio de enseñar adquiere otro significado después del terremoto. Por primera vez, los docentes deben poner como prioridad su salud mental para poder acompañar, educar y sostener a sus estudiantes.

Este año, el regreso a clases será distinto para los venezolanos. Para muchos niños, el camino hacia el salón lleva consigo experiencias que no caben en un cuaderno y preguntas que no siempre tienen respuesta.Para los docentes, el retorno a las aulas tampoco será fácil.

Mientras los estudiantes intentan recuperar relativa normalidad, alguien debe acompañarlos en el proceso, sostener las dudas y abrir espacio para que puedan seguir aprendiendo y, ese alguien, suele ser los docentes. Si para los estudiantes volver a clases tiene un significado diferente, ¿qué ocurre con los que están al frente del aula?

CORTESÍA PEXELS

Andrea Vázquez, psicóloga clínica, pone el foco en una realidad que suele quedar en segundo plano: los docentes también necesitan apoyo para poder acompañar a otros.

Su primera recomendación es sencilla: aplicar la llamada regla de oro de los aviones. “Primero te pones tú la máscara de oxígeno antes de intentar ayudar a los demás”, explica. Para ella, un docente que se encuentra emocionalmente desbordado difícilmente podrá contener a un niño que atraviesa una situación similar.

Ese cuidado no necesariamente requiere grandes cambios. La experta propone dedicar algunos minutos al día a respirar, conectar con el cuerpo y buscar apoyo en otros docentes o profesionales de la salud mental. También plantea crear espacios entre colegas donde puedan hablar no solo de cómo regresar a clases, sino de cómo se sienten después de lo ocurrido.

A esto suma una palabra que considera fundamental: autocompasión. Bajar las exigencias profesionales y entender que también está permitido sentirse afectado puede ayudar a los docentes a recuperar estabilidad. “Si están bien van a poder ser garantes de la educación que tantos niños de este país necesitan”, afirma.

Para la experta, el papel del maestro en estas circunstancias va más allá de cumplir con un programa. Su estabilidad también puede influir en la de sus estudiantes y, a largo plazo, en una sociedad con mayor riqueza intelectual y, sobre todo, emocional.

Por eso cierra con una reflexión: “Que todos los docentes sigan iluminando a los niños, adolescentes y también a los universitarios para ayudar a construir una Venezuela mejor”.

https://elestimulo.com/terremoto-en-venezuela/2026-08-21/los-docentes-y-su-salud-mental-si-estan-bien-pueden-ser-garantes-de-la-educacion/

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Trabajadores uruguayos realizan paro general parcial por más recursos para educación y niñez

La central sindical uruguaya PIT-CNT realiza este martes 11 de agosto un paro general parcial en Montevideo y su área metropolitana para exigir mayor presupuesto social, educación pública de calidad y combatir la pobreza infantil.

La movilización de los trabajadores comenzó en la Universidad de la República y avanza hacia el Palacio Legislativo para presentar sus reclamos presupuestarios en la Rendición de Cuentas.

Entre las demandas principales resalta la asignación de recursos específicos para la educación pública y para combatir la pobreza en la infancia del país suramericano.

Asimismo, la central obrera exige aplicar un gravamen del uno por ciento al Impuesto al Patrimonio de las Personas Físicas (IRPF) a los sectores con mayores ingresos y rechaza los incumplimientos estatales en materia de seguridad social.

La medida de fuerza, convocada entre las 9:00 de la mañana y las 13:00 hora local, recibe el respaldo de organizaciones docentes como la Federación Uruguaya de Magisterio (FUM-TEP) y la Federación Nacional de Profesores de Secundaria (Fenapes), que ejecutan una paralización de 24 horas en escuelas y liceos.

Por su parte, la Confederación de Organizaciones de Funcionarios del Estado (COFE) coordina la detención total de labores durante 24 horas en el sindicato vial Suutravi, la Biblioteca Nacional, la Corte Electoral, dependencias de operadores penitenciarios, el Ministerio de Educación y Cultura (ATEC) y el Sodre.

La protesta también abarca de forma parcial a ministerios e instituciones públicas, mientras que áreas estratégicas operan con esquemas mínimos para garantizar derechos fundamentales.

Sindicatos como la Federación de Funcionarios de Salud Pública (FFSP), el Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) y el Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente (Inisa)mantienen guardias gremiales activas. Estas guardias aseguran de forma exclusiva la atención de urgencias, emergencias médicas, tratamientos oncológicos e internaciones hospitalarias.

Esta jornada de movilización nacional evidencia la tensión social en Uruguay ante el debate de la Rendición de Cuentas del Ejecutivo. La central obrera PIT-CNT busca presionar al Parlamento para que priorice la inversión en sectores vulnerables frente a las políticas de austeridad fiscal vigentes.

La unidad de los sectores educativo, sanitario y administrativo en esta huelga reafirma el compromiso de los sindicatos uruguayos con la defensa del Estado de bienestar y los derechos de la clase trabajadora.

Autor: teleSUR: er- RR

Fuente: Agencias

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Los talibanes han dejado a 2,4 millones de niñas sin educación secundaria en Afganistán desde su regreso al poder en 2021, según la ONU

Ana Puentes

Si la prohibición continúa, cerca de cuatro millones de alumnas quedarán excluidas del sistema escolar en el año 2030.

Cinco años después de la caída de Kabul y del regreso de los talibanes al poder, 2,4 millones de niñas están privadas de enseñanza secundaria en Afganistán. Son 200.000 más que en 2025 y más de un millón más que en 2024. Las restricciones impuestas por los fundamentalistas han impedido el acceso a un derecho humano fundamental y han revertido dos décadas de avances en la formación de las mujeres, según ha advertido este martes la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), que ha publicado un nuevo balance sobre una situación que la ONU califica de apartheid de género.

“Cuando las niñas no pueden completar la educación secundaria, pierden cualquier vía de acceso a la educación superior, al empleo cualificado y a la independencia económica, es decir, a algunos de los principales mecanismos de inclusión social”, ha explicado este martes Hoda Jaberian, coordinadora del Programa de Educación en Emergencias de la Unesco, en una rueda de prensa virtual.

Las dos décadas anteriores al regreso de los talibanes estuvieron marcadas por un aumento de la presencia de las niñas en las aulas, según el informe El derecho a la educación: ¿qué está en juego en Afganistán? Un balance de 20 años, publicado en 2021. En 2001, representaban menos de uno de cada diez alumnos de primaria; en 2018, ya eran cuatro de cada diez. Tras la intervención internacional de 2001, también subieron las tasas de alfabetización femenina.

Pero, ahora, Afganistán es el único país del mundo que prohíbe formalmente el acceso a la educación de las niñas a partir de la escuela primaria. Desde 2022, más de 100.000 mujeres han tenido que dejar también la universidad. “Hoy podemos afirmar que Afganistán afronta simultáneamente una crisis de acceso [a la educación], una crisis de igualdad de género y una crisis de aprendizaje”, ha alertado Jaberian, que ha liderado varias misiones en terreno para verificar la situación de la población femenina.

Este es el escalón fundamental de un sistema que trata de borrar a 22 millones de mujeres del espacio público. En los años posteriores al 15 de agosto de 2021, los talibanes las han excluido de la mayoría de trabajos remunerados y empleos públicos, les ha obligado a viajar siempre en compañía un tutor masculino y hasta les ha prohibido hablar o mostrar su rostro en la calle.

Algunas mujeres han tratado de resistir con la creación de escuelas clandestinas, clubes de lectura secretos y de programas de televisión educativos emitidos desde el exterior. Pero algunas han pagado un alto precio por defender el derecho a aprender, como es el caso de Amal y Ariana, madre e hija, que viven como fugitivas después de que las autoridades descubrieran el aula que habían instalado en el sótano de su casa para impartir clases de matemáticas, historia, inglés y lengua darí. “Mi madre siempre dice que guardar silencio significa aceptar la injusticia”, le decía Ariana a EL PAÍS, en un reportaje publicado este lunes.

La Unesco ha alertado reiteradamente de que, si la prohibición continúa, cerca de cuatro millones de niñas estarán fuera del sistema escolar secundario en el año 2030. El deterioro es vertiginoso en un país que ya acumulaba brechas educativas y de género. En 2019, el 93% de los niños que estaban en edad de cursar la primaria no podían leer un texto sencillo y, en 2022, la tasa de alfabetización en Afganistán era del 37,3% y ya era especialmente baja en las mujeres: solo el 22,6% sabía leer frente al 52,1% de los hombres.

Pocas profesoras

Las proyecciones de las Unesco indican que, si nada cambia, el país atravesará una escasez de más de 11.000 profesoras cualificadas de aquí a 2030. Esto, como ha advierte Jaberian, será un problema el día que comience la recuperación del sistema educativo. “Se trata de un auténtico círculo vicioso: menos niñas pueden estudiar, menos mujeres pueden convertirse en profesoras o profesionales cualificadas y, poco a poco, el sistema pierde el capital humano que necesita para recuperarse y desempeñar el papel que se espera de él en el futuro”.

Además, se calcula que, para 2066, aproximadamente 600.000 afganas podrían abandonar la fuerza laboral. Las pérdidas económicas, agrega la organización, ascenderían a 9.600 millones de dólares (unos 8.300 millones de euros).

Otra preocupación de los organismos internacionales es el creciente número de migrantes afganos que retornan desde Pakistán por las políticas de expulsión ordenadas por Islamabad. Entre abril de 2025 y agosto de 2026, han regresado 1,8 millones de personas y, de estas, unas 480.000 son niñas menores de 17 años. Las adolescentes que tenían acceso a la educación secundaria en Pakistán, dejarán de tenerlo al cruzar la frontera. Y las niñas que van a la primaria se encontrarán con un sistema al límite.

“Estos movimientos ejercen una presión adicional sobre un sistema educativo que ya se encuentra saturado: escuelas masificadas, infraestructuras inadecuadas o inseguras para el aprendizaje y una escasez de docentes con la formación y las capacidades necesarias para garantizar una educación de calidad”, ha descrito Jaberian.

https://elpais.com/planeta-futuro/2026-08-11/los-talibanes-han-dejado-a-24-millones-de-ninas-sin-educacion-secundaria-en-afganistan-desde-su-regreso-al-poder-en-2021-segun-la-onu.html

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Venezuela: Jazmín Urimare, la maestra que lucha por educar bajo una carpa en Vargas.

Las carpas azules, símbolo del refugio en Vargas, están instaladas frente al estadio de béisbol César Nieves, en Catia La Mar, al oeste del estado. Allí, cientos de refugiados intentan retomar parte de sus rutinas después del doble terremoto, uno de 7,2 y el otro de 7,5, ocurrido el 24 de junio. No es una transición sencilla, en especial para los niños, niñas y adolescentes que perdieron sus hogares, familiares e incluso sus colegios.

Una mujer de rostro sereno, pañoleta roja y una franela con la imagen de Cristo coronado de espinas, dice sin vacilar: “Lo único que quiero hacer es dar clases”.

Es Jazmín Urimare Ramírez, una docente con 28 años de experiencia que se mantiene firme en su compromiso con la enseñanza. Su tiempo, vocación y energía, por encima incluso de su dolor físico, tienen un solo propósito: educar a niños y adolescentes. Perdió sus dos espacios vitales: su apartamento en el bloque 1 de la urbanización La Páez y su colegio, la U.E. Cruz Felipe Iriarte, en Mare Abajo. Ambas estructuras quedaron sepultadas tras el doble terremoto.

A este panorama se suma su condición de salud: es paciente oncológica y su doctora de cabecera falleció durante la tragedia. Su tratamiento —que suma cinco años de lucha contra el mieloma múltiple, un tipo de cáncer en la sangre que afecta las células plasmáticas de la médula ósea— quedó interrumpido.

“Si me preguntas del 1 al 10 cuánto me duele, te digo 15. Pero aquí estoy, lo aguanto de a poco hasta que vuelva a retomar mi tratamiento”, señala.

El día del terremoto, la profesora Urimare, como se le conoce en la escuelita, descansaba en la sala de su apartamento la tarde del 24 de junio, cuando la estructura comenzó a sacudirse. Las paredes se quebraron y el edificio quedó al borde del colapso. “Lo perdí todo: mi hogar y la escuela que era mi segunda casa”.

Su cuadro de salud requiere una atención especializada que hoy se tambalea tras el sismo. Con la pérdida de su hogar y el fallecimiento de su médica tratante en la tragedia, la docente ha tenido que recurrir a analgésicos comunes para intentar aplacar dolores óseos intensos. Ha atravesado varios ciclos de quimioterapia —un proceso que describe con serenidad como parte de una rutina de resistencia—, pero la falta de su esquema regular amenaza con agravar su estado. “A mí me tocaba el tratamiento el 25 de junio y el terremoto fue el 24. Para el 28 la doctora me iba a programar una nueva biopsia de médula, que es muy costosa”, relata.

Tras atenderse entre el Hospital Periférico de Pariata y el Centro Integral de Macuto, ahora está a la espera de ser evaluada por un nuevo especialista que determine cómo retomar su esquema médico. Pese al desgaste físico y la recomendación de descansar que recibe a diario por parte de sus colegas, rechaza detenerse. Para Jazmín, el aula improvisada no es un esfuerzo prescindible, sino el motor que la mantiene en pie. De no estar activa en la “escuela”, no duda en decir que se moriría “y yo no me quiero morir todavía. Quiero seguir luchando hasta que Dios diga. Mi fuerza me la da Dios, mis santos y los niños”.

Durante los primeros días en el campamento notó cómo los niños se acostaban de madrugada y permanecían expuestos a un tiempo de ocio sin contención. Para la maestra, la afectación emocional de los pequeños requería una intervención urgente guiada por la empatía.

“Estos niños están afectados psicológicamente. Hay muchos que han perdido a sus padres y eso los ha impactado mucho más. Hay que trabajar un poquito con el corazón, hay que trabajar con el amor”, agrega.

Otras maestras se suman al proyecto

Un aula bajo la carpa

Es una escuela, pero también un refugio; un espacio de orden y estabilidad indispensable para el crecimiento sano de los niños. La iniciativa comenzó en una carpa unifamiliar dotada inicialmente con un televisor, mesas, sillas y cuadernos. Posteriormente, con el apoyo de líderes comunitarios, aportes de la comunidad e insumos institucionales —que incluyeron pizarras acrílicas, marcadores y ventiladores—, el proyecto cobró forma.

“Esto es para ti, para que trabajes. Mira, me dio como taquicardia, fue una emoción demasiado… Se me salieron las lágrimas, la abracé, le dije gracias”, recuerda sobre el inicio del proyecto, que luego sumó pizarras y el respaldo del Ministerio de Educación.

Actualmente, el espacio atiende a más de 60 niños inscritos en materias básicas como Matemática, Lengua y Lectura. Además, la iniciativa ha sumado a ocho docentes voluntarias; incluso se abrieron turnos en las tardes para la atención adaptada de niños dentro del espectro autista.

Jazmín comenzó a dar clases desde que tenía 27 años de edad, en otra Venezuela. Inició con alumnos de educación universitaria, luego con alumnos de bachillerato, y poco a poco transitó a la primaria. Para ella, la educación es el pilar fundamental de los países.

Entre la carencia de toldos y la incertidumbre del reasentamiento, la profesora Urimare no pierde el norte de su entrega pedagógica ni el arraigo por su tierra.

“A Vargas hay que construirla. Vargas tiene que volver a crecer y Vargas se va a construir. Yo tengo fe en que Vargas va a nacer de nuevo”, enfatiza.

Frente al tiempo que tomará la reconstrucción de las infraestructuras destruidas, la docente sostiene que este modelo de aulas provisionales debería multiplicarse en cada centro de acopio de la entidad: “En todos los refugios de nuestra Guaira debería de haber dos escuelas mínimo”.

La vocación contra el naufragio

Mantenerse en un aula en Venezuela implica confrontar una economía donde el salario base de un docente se redujo a cifras simbólicas. Ante un sueldo oficial que apenas alcanza para sobrevivir, la respuesta de Jazmín no pasa por la resignación sino por la exigencia y el oficio diario.

La profesora, como muchos maestros, también ha recurrido a manifestar contra los bajos salarios. Al momento de responder sobre las razones para no abandonar las aulas, su respuesta es tajante: “Por vocación. Por vocación, porque tenemos que hacer milagros”, dice.

Incluso cuando advierte a los jóvenes bachilleres sobre la realidad del gremio, son ellos quienes reafirman el deseo de enseñar. “Siempre les digo: piénselo tres veces porque somos mal pagados, ‘pero yo quiero ser docente’. Es vocación”.

Las carencias operativas persisten en el día a día. Al no contar con un espacio cerrado, el mobiliario corre el riesgo de deteriorarse por el clima, por lo que la docente coordina con los líderes comunitarios del refugio para que las familias resguarden el material en sus propios espacios.

“Bueno, por los momentos necesito toldos porque, con este tiempo, se me van a mojar las mesas y las sillas. Todo el mundo me dice que se van a dañar, pero ¿cómo hago si no tengo dónde guardarlas?”, dice.

A pesar del desgaste físico que implica el avance de su enfermedad y la incertidumbre sobre el reasentamiento de su propia familia, la profesora Urimare mantiene la estructura del aula comunitaria.

Madre de cuatro hijos —tres residenciadas en la entidad y uno en el exterior—, enfrenta la incomprensión cotidiana de quienes ven en su esfuerzo un desgaste innecesario frente a su salud. “Todos los días me dicen: ‘Mamá, estás loca, ¿cómo vas a publicar en las redes eso?’”, relata.

Su meta sigue fija en la reconstrucción del sistema escolar de la región y en el retorno de los niños a aulas permanentes: “Espero que se reconstruyan las escuelas para que estos niños vayan a las escuelas, porque en un refugio… no, es difícil. Y espero que pronto cada familia que perdió su casa tenga su hogar de nuevo”.

Caracas / Efecto Cocuyo

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Las reformas de Kast y la lucha estudiantil: ¿Cómo afectan al estudiante popular?

Mauricio Andrés

Durante décadas, el movimiento estudiantil chileno ha levantado demandas por el derecho a una educación pública, gratuita y de calidad. Sin embargo, las condiciones que permiten a un joven estudiar no dependen únicamente de lo que ocurre dentro de las universidades o liceos. También están determinadas por el trabajo de sus familias, los salarios que reciben sus padres, las posibilidades de compatibilizar estudio y empleo y el rol que el Estado decide asumir frente a los derechos sociales.

En ese contexto, cuesta ver el programa de reformas impulsado por José Antonio Kast como algo ajeno a lo que vivimos como movimiento estudiantil. Sus propuestas económicas, tributarias y laborales no son medidas aisladas, sino parte de un mismo proyecto político que apunta a reducir el rol del Estado, ampliar los beneficios del gran empresariado y profundizar la flexibilización de las relaciones laborales. A esto se suman, además, los recortes al gasto público que golpean directamente áreas tan sensibles como la educación y la salud.

La reforma tributaria plantea reducir la carga impositiva para las grandes empresas y establecer mecanismos de mayor estabilidad para los grandes inversionistas, bajo el argumento de incentivar la inversión y el crecimiento económico. Paralelamente, la propuesta de reforma laboral apunta a ampliar la flexibilidad de la jornada de trabajo, otorgando mayores facultades a los empleadores para organizar los horarios de acuerdo con las necesidades de la empresa y debilitando herramientas de negociación colectiva de los trabajadores.

Uno de los aspectos menos discutidos del proyecto es que no solo modifica el régimen tributario y laboral, sino que también introduce cambios directos al sistema de educación superior. Mientras el discurso oficial sostiene que el objetivo es «reactivar la economía» y «estimular la inversión», las medidas concretas muestran una redistribución de recursos y prioridades que inevitablemente repercute sobre las familias trabajadoras y los estudiantes.

Esa misma lógica de ajuste aparece cuando el proyecto aborda la educación. Una de sus disposiciones posterga aún más la ampliación de la gratuidad para los estudiantes de los deciles 7 al 10. El informe estima que, sin la reforma, el séptimo decil podría incorporarse a la gratuidad hacia 2038. Con la modificación propuesta, esa expansión simplemente deja de ocurrir antes de 2050. Es decir, miles de familias de sectores medios y populares deberán seguir financiando la educación superior durante al menos otra generación.

El proyecto tampoco se limita a retrasar la ampliación de la gratuidad. También establece una moratoria de dos años para que nuevas instituciones de educación superior puedan incorporarse al sistema de financiamiento de la gratuidad. El propio Ministerio de Hacienda estima que esta medida impediría que cerca de 48.000 estudiantes accedan a este beneficio durante los primeros años de aplicación.

¿Por qué debería importarle todo esto a los estudiantes? Porque la mayoría de quienes estudian en Chile provienen de familias trabajadoras. Estas medidas no pueden analizarse de manera aislada. Si, paralelamente, se impulsan reformas laborales que buscan flexibilizar las jornadas, aumentar la capacidad de los empleadores para distribuir los horarios de trabajo y reducir el poder de negociación colectiva, las consecuencias recaen directamente sobre las familias que financian esos estudios y sobre los miles de estudiantes que trabajan para sostenerse mientras cursan una carrera.

Cuando se debilitan los derechos laborales, se deterioran también las condiciones materiales que hacen posible estudiar. Salarios más bajos, jornadas más inciertas y menor capacidad de negociación significan mayores dificultades para costear transporte, alimentación, arriendo, materiales de estudio o el propio arancel. Para un estudiante popular, la flexibilidad laboral no suele significar mayor libertad para compatibilizar estudio y trabajo. En la práctica, suele traducirse en horarios impredecibles, mayor disponibilidad frente al empleador y dificultades para asistir regularmente a clases o planificar la vida académica. Quien trabaja para sostener sus estudios termina enfrentando permanentemente la disyuntiva entre cumplir con su jornada laboral o continuar estudiando.

A esto se suman los recortes en educación. Menor inversión pública puede traducirse en menos becas, deterioro de la infraestructura, menor financiamiento para universidades estatales y una mayor transferencia de los costos educativos hacia las propias familias. En otras palabras, mientras se aliviana la carga tributaria de los grandes grupos económicos, aumenta la presión sobre quienes dependen de los servicios públicos para ejercer derechos básicos.

Por eso, la discusión no es únicamente sobre impuestos o sobre educación superior. Es una discusión acerca de qué modelo de desarrollo se quiere construir. Mientras el Estado posterga el acceso a derechos sociales como la gratuidad y limita su expansión, entrega nuevas garantías tributarias a grandes inversionistas y reduce la carga impositiva de las empresas. En otras palabras, el proyecto traslada parte importante del costo de financiar la educación desde el Estado hacia las familias trabajadoras.

Desde esta perspectiva, la lucha estudiantil no puede limitarse exclusivamente a las demandas universitarias. Históricamente, las mayores conquistas del movimiento estudiantil se han producido cuando ha logrado articularse con el movimiento de trabajadores y otros sectores populares. Si las reformas laborales afectan a las familias de los estudiantes y los recortes afectan el acceso a la educación, entonces ambos procesos forman parte de una misma disputa política sobre quién financia el desarrollo del país y quién soporta sus costos.

El desafío para el movimiento estudiantil es comprender que defender la educación también implica defender las condiciones materiales que hacen posible estudiar. La pregunta, entonces, no es solo cómo enfrentar los recortes a la educación, sino también si los estudiantes estarán dispuestos a organizarse junto al movimiento de trabajadores para enfrentar un proyecto que afecta simultáneamente las condiciones de estudio y las condiciones de vida de las mayorías populares.

Por eso es necesario que para este segundo semestre del gobierno de Kast, los organismos estudiantiles como la CONFECH, la FECH y la FEUSACH, dirigidos por Partido Comunista y el Frente Amplio, asi como los centros de estudiantes, junto a sindicatos, dejen la pasividad que han mantenido durante lo que va de gobierno de Kast y llamen a asambleas para discutir cómo enfrentar la megarreforma del gobierno y se llame a levantar un plan de lucha con un gran paro nacional unificado que detenga todo el plan del gobierno.

https://www.laizquierdadiario.cl/Las-reformas-de-Kast-y-la-lucha-estudiantil-Como-afectan-al-estudiante-popular

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El mundo no está cumpliendo sus compromisos con la naturaleza

Por Fermín Koop 

Un informe de la ONU revela que los esfuerzos nacionales en materia de biodiversidad están muy lejos de los objetivos para 2030, de cara a la cumbre COP17 en octubre

El esfuerzo colectivo para salvar la naturaleza es insuficiente. Esa es la conclusión principal del primer informe oficial sobre el plan mundial para detener y revertir la pérdida de biodiversidad.

El Informe Global es el primer intento de evaluar hasta qué punto los gobiernos han avanzado en el cumplimiento de los objetivos que acordaron hace casi cuatro años en el Marco Mundial para la Biodiversidad. Ningún objetivo muestra una trayectoria totalmente positiva.

Los compromisos nacionales elevarían la superficie de tierras y aguas protegidas hasta aproximadamente el 23% para 2030, por debajo del objetivo del 30%. Por su parte, la financiación destinada a la biodiversidad (186.000 millones de dólares movilizados entre 2020 y 2023) sigue estando muy por debajo del objetivo anual de 200.000 millones de dólares fijado para 2030.

“Se han logrado avances, pero no vamos por buen camino para alcanzar los objetivos”, declaró a Dialogue Earth Cristina Eghenter, experta en políticas de gobernanza global de WWF. Señaló que los problemas fundamentales son la falta de capacidad de ejecución y la escasa ambición a nivel nacional.

Estas conclusiones llegan en un momento crucial. En octubre, los negociadores se reunirán en Ereván, Armenia, en la COP17, la cumbre de las Naciones Unidas sobre biodiversidad, con el objetivo de convertir este diagnóstico en un cambio de rumbo. “La COP17 debe considerarse una conferencia sobre la aplicación”, afirmó Astrid Schomaker, secretaria ejecutiva del Convenio sobre la Diversidad Biológica.

Armenia ya ha señalado dónde quiere que se centre la atención. “Actuar por la naturaleza” es el lema de la conferencia.

Avances, pero insuficientes

El Marco Mundial para la Diversidad Biológica se adoptó en la COP15 de 2022 como sucesor de las Metas de Aichi, que expiraron en 2020 sin haberse cumplido prácticamente en absoluto.

En conjunto, incluye 23 objetivos que deben alcanzarse para 2030 y cuatro metas menos específicas para 2050. El marco amplía la responsabilidad más allá de los gobiernos. Integra al sector privado, la sociedad civil y los pueblos indígenas en el proceso de consecución de los objetivos.

La magnitud del problema al que pretende hacer frente es abrumadora. La última evaluación exhaustiva, realizada en 2019, reveló que una cuarta parte de las especies evaluadas se encontraban en peligro de extinción, y que las especies estaban desapareciendo entre decenas y cientos de veces más rápido que la media histórica. Las evaluaciones de seguimiento a menor escala realizadas desde entonces no han encontrado indicios de que el declive se esté desacelerando.

“Lo que se necesita es una transformación: cambiar los sistemas de gobernanza, conservación y económicos”, declaró a Dialogue Earth Alejandra Duarte, responsable de políticas de Women4Biodiversity. “Eso no se está logrando al ritmo necesario para alcanzar la ambición de los objetivos para 2030 y 2050”, afirmó.

El Informe Global se basó en informes nacionales de 129 países, más de 3.700 objetivos nacionales y aportes de empresas, ONG y otros actores no estatales. Describe un impulso y un compromiso “sin precedentes” en torno al marco, pero constata que los avances “aún no se están produciendo al ritmo ni a la escala necesarios”.

La tendencia es similar en las 23 metas. Los objetivos tradicionales, más fáciles de cuantificar —áreas protegidas, conservación de especies, restauración de ecosistemas— acaparan la mayor atención a nivel nacional y reciben las evaluaciones más positivas. Por el contrario, las metas relacionadas con la gobernanza, las subvenciones, la integración de la biodiversidad en otros sectores y la financiación son las que más se quedan atrás.

Una mariposa monarcha en una rama
Una mariposa monarca en la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca en Michoacán, en el centro-sur de México (Imagen: Benny G / FlickrCC BY-SA)

“Algunas metas se están aplicando en mayor medida. Las más tradicionales, como el ‘30 por 30′, acapararon toda la atención”, señaló Eghenter, refiriéndose al objetivo de proteger el 30% de la superficie terrestre y marina del planeta para 2030. “Pero otras, como las metas impulsoras y aquellas que promueven condiciones propicias para una aplicación efectiva, aún no están siendo abordadas con la misma firmeza por las partes”.

Las cifras relativas a la financiación siguen la misma tendencia. De los 186.000 millones de dólares movilizados entre 2020 y 2023, 136.000 millones procedieron de presupuestos públicos nacionales, 33.000 millones de fuentes privadas y solo 18.000 millones de financiación pública internacional. Esto supone una fracción del hito anual de 20.000 millones de dólares que se suponía que los países desarrollados debían alcanzar para 2025. La financiación privada, señala el informe, alcanzó su punto máximo en 2021 y desde entonces ha disminuido.

Detrás de esta situación se esconde un problema de seguimiento. Solo se dispone de datos cuantitativos sólidos para unos pocos objetivos. La información sigue siendo escasa sobre cómo —o si— se está involucrando a los pueblos indígenas, las mujeres, los jóvenes y el sector privado en la consecución de los objetivos.

Ana Di Pangracio, subdirectora de FARN, ONG medioambiental argentina, declaró a Dialogue Earth que el informe refleja un patrón que ya ha observado anteriormente. Según ella, los países que se comprometieron a eliminar gradualmente las subvenciones perjudiciales para el medioambiente han comenzado a identificarlas, pero no están llevando a cabo las regulaciones necesarias para redirigir realmente los fondos. “Estamos repitiendo los errores del pasado”, afirmó. Invertir más dinero en la biodiversidad mientras se sigue financiando su destrucción en otros ámbitos no servirá de nada, añadió.

La prueba que se avecina

Ese diagnóstico recae ahora en los negociadores. En la COP17, los gobiernos tendrán que ponerse de acuerdo sobre cómo interpretar las conclusiones del Informe Global.

“Los Estados miembro no quieren un discurso demasiado negativo, debido al estado [precario] del multilateralismo”, explicó a Dialogue Earth Juliette Landry, investigadora sobre gobernanza internacional de la biodiversidad en el IDDRI, un centro de estudios con sede en París.

Las partes quieren que el informe demuestre que el marco sigue funcionando, aunque aceptan que hay que reconocer las deficiencias, señaló Landry. Además, dijo que los países en desarrollo tienden a insistir en que las naciones ricas no han aportado la financiación prometida, mientras que otros hacen hincapié en la débil coordinación sectorial o en la escasa capacidad técnica.

Aún está por ver si el texto final de la decisión de la COP nombrará a los sectores con más responsabilidad en la pérdida de biodiversidad —al igual que el balance climático de la ONU lo hizo con los combustibles fósiles—, añadió. Atribuir la responsabilidad a industrias o países concretos es políticamente delicado en un proceso basado en el consenso.

La financiación será la batalla que determine todo lo demás en Ereván. Schomaker ha vinculado la credibilidad de la cumbre a la participación plena de las empresas y las instituciones financieras en las negociaciones. “La financiación privada no debería estar ahí simplemente para hacer promesas al margen”, escribió. “Debería formar parte del debate central sobre cómo integrar la biodiversidad en la toma de decisiones económicas y financieras”.

Pero el volumen no es el único problema, señaló Alejandra Duarte. A pesar de que se prometen más fondos, muy poco de ese dinero llega a los grupos que realmente llevan a cabo labores de conservación sobre el terreno, afirmó. Esto se debe a que, por lo general, para acceder a esos fondos se requieren estructuras institucionales formales y sistemas de rendición de cuentas de los que carecen las organizaciones de base y las dirigidas por pueblos indígenas.

El Fondo Cali, adoptado en la COP16 para canalizar los beneficios derivados del uso comercial de los recursos genéticos hacia los pueblos indígenas y las comunidades locales, sigue siendo de carácter voluntario, y Duarte considera que tiene el mismo problema de acceso. “Lo que se necesita es que la propia arquitectura de financiación llegue directamente a estos grupos”, afirmó. Señaló un proyecto llevado a cabo por su propia organización que destinó fondos directamente a iniciativas de restauración dirigidas por mujeres en seis países de África y América Latina.

Para Eghenter, la esperanza es que la COP17 se convierta en el momento en que los gobiernos dejen de solo catalogar las carencias y empiecen a fijar plazos para subsanarlas. “Se han asumido compromisos y ahora contamos con el Informe Global que nos indica lo que hay que hacer”, añadió. “El texto final de la COP debería marcar los próximos pasos, fijar plazos y transmitir la sensación de que los países se están uniendo para abordar las carencias”.

Fermín Koop es el editor adjunto para América Latina de Dialogue Earth.

Fuente: https://dialogue.earth/es/naturaleza/el-mundo-no-esta-cumpliendo-compromisos-naturaleza/

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