Según la educación tradicional, se tiende a plantear las aulas como un espacio ordenado e individual, donde toda la atención la recibe el profesor y el pizarrón o pantalla que ocupa el espacio principal.
No se trata de un mal planteamiento del espacio, solo que es muy posible que no sea el más efectivo para trabajar el contenido de algunas clases, sobre todo si el objetivo es generar el intercambio de ideas, invitar al debate y promover el pensamiento crítico.
Crear aulas que promuevan el pensamiento
Reorganizar un aula y adaptarla a las necesidades de la clase debe ser visto como una solución muy factible para cualquier profesor que quiere trabajar de un modo más conjunto y donde no es su figura la que debe tener el protagonismo, tal como publica Universia.
Las empresas más innovadoras son una importante fuente de inspiración para ver cómo crear un aula o sala en las que se generen interacciones espontáneas y los estudiantes sientan que trabajan en un espacio donde lo relevante son sus aportaciones y puesta de ideas en común.
Además, es importante que educadores y estudiantes tengan presente la relevancia del pensamiento crítico en el contexto actual y que muchas empresas buscan candidatos y profesionales que sean capaces de pensar por si mismos, aportar ideas con seguridad y defenderlas ante otras personas.
Formas de reorganizar un aula:
Espacios maker
Es la distribución más útil para trabajar en diferentes proyectos y que supone un trabajo manual o práctico.
Se trata de concebir el aula como un laboratorio o taller donde la idea es que los estudiantes se muevan libremente y tengan diferentes espacios para realizar sus tareas.
Sala Google
Este concepto defiende la idea de usar colores, texturas e iluminación para potenciar la creatividad y las diferentes formas de trabajo, ya sea de modo individual o colaborativo, pero sintiendo que se está en un espacio que invita a trabajar y crear.
Mesas en herradura
Es una distribución que ayuda que todos los estudiantes tengan contacto visual con sus compañeros y sigan el hilo de una conversación o debate.
Es una organización del aula muy útil para hacer lecturas, compartir ideas y promover la participación de todos.
Fomentar el trabajo en equipo con mesas por grupos o dividir el aula en pequeños pods, según las tareas que debe de desarrollar cada estudiante, son otras formas de dar dinamismo a una clase y aprovechar todas las posibilidades de un espacio adaptable.
Toda organización puede ser útil si responde a un objetivo claro y el docente es capaz de supervisar las tareas de los alumnos e interactuar con todos de forma sencilla y natural.
Los intentos del gobierno tunecino de disolver Shams, asociación local que defiende los derechos de las personas LGBTI, constituyen un despreciable atentado contra los derechos humanos, ha manifestado Amnistía Internacional ante una vista judicial que va a celebrarse mañana sobre la suerte de la organización.
Las autoridades tunecinas han presentado un recurso de apelación para anular una sentencia judicial de 2016 en la que, tras anteriores intentos de cerrar la organización, se determinó que Shams no infringía la ley. Las autoridades han apelado contra la sentencia aduciendo que los objetivos declarados de Shams son contrarios a los principios religiosos y la cultura tunecinos.
“Los vergonzosos intentos de las autoridades tunecinas de disolver la organización Shams representan un golpe devastador a los derechos LGBTI en Túnez y un despreciable atentado contra el derecho de asociación y la libertad de expresión. Esta actuación pone de manifiesto las actitudes discriminatorias y homófobas del gobierno tunecino, que, profundamente arraigadas, contradicen de manera flagrante las normas internacionales de derechos humanos”, ha señalado Magdalena Mughrabi, directora adjunta de Amnistía Internacional para Oriente Medio y el Norte de África.
“Se ha felicitado a Túnez por ser uno de los únicos países de la región que fomentan la creación de un espacio abierto para la sociedad civil. Pero este hostigamiento judicial arroja serias dudas sobre el compromiso de Túnez de hacer valer el derecho a la libertad de asociación.
«Los vergonzosos intentos de las autoridades tunecinas de disolver la organización Shams representan un golpe devastador a los derechos LGBTI en Túnez y un despreciable atentado contra el derecho de asociación y la libertad de expresión.»
Fundada en 2015, Shams propugna la anulación del artículo 230 del Código Penal tunecino, que penaliza las relaciones homosexuales. También ha condenado los procesamientos de personas gays que comportan exámenes anales forzados y hecho campaña contra la discriminación, y presta apoyo a las personas LGBTI de Túnez.
En enero de 2016, el secretario general del gobierno presentó una denuncia contra Shams por considerar que sus objetivos infringían la Ley de Asociaciones de Túnez, y como consecuencia de ello se suspendieron las actividades de la organización durante 30 días. En febrero de 2016,el Tribunal de Primera Instancia de Túnez capital decidió que Shams no infringía la Ley y levantó la suspensión.
Tres años más tarde, en enero de 2019, el gobierno tunecino apeló contra la sentencia por medio de un recurso derivado de la denuncia del jefe del Estado en el que se afirma que “el concepto de minorías sexuales que Shams adopta es ilegal y contrario a nuestros dictados religiosos y a la cultura árabe e islámica de nuestra sociedad.” Shams recibió la apelación el 20 de febrero de 2019.
En el recurso de apelación se acusa también a la organización de haber desobedecido un decreto gubernamental al abrir una sección en la localidad de Susa sin seguir el debido procedimiento legal.
“Las autoridades tunecinas deberían estar protegiendo a las organizaciones que luchan contra todos los tipos de discriminación y defienden los derechos de las minorías, incluidas las personas LGBTI, y no intentado destruirlas”, ha añadido Magdalena Mughrabi.
“En vez de recurrir al hostigamiento judicial para silenciar a Shams, las autoridades tunecinas deberían esforzarse por revisar con urgencia las leyes discriminatorias para ajustarlas a las normas internacionales de derechos humanos. Tienen que empezar anulando el artículo 230 y despenalizando las relaciones homosexuales.”
En vez de recurrir al hostigamiento judicial para silenciar a Shams, las autoridades tunecinas deberían esforzarse por revisar con urgencia las leyes discriminatorias para ajustarlas a las normas internacionales de derechos humanos.
El artículo 230 vulnera la propia Constitución de Túnez, que garantiza el derecho a la libertad de asociación y la igualdad entre todos los ciudadanos y ciudadanas, además de incumplir las obligaciones internacionales contraídas por el país en materia de derechos humanos. Los efectos de esta ley crean también un ambiente permisivo con los crímenes de odio contra personas sospechosas de mantener relaciones homosexuales.
Aunque el año pasado se presentó al Parlamento un anteproyecto de ley para despenalizar las relaciones homosexuales, las personas LGBTI continúan siendo objeto de ataques.
En 2018, al menos115 personas fueron detenidas por su presunta orientación sexual o identidad de género, según Damj, organización tunecina que trabaja por los derechos LGBTI. Al menos 38 fueron luego acusadas formalmente y declaradas culpables en virtud del artículo 230. Detener a alguien por su orientación sexual o identidad de género constituye una violación de sus derechos humanos.
La policía sigue también sometiendo a hombres acusados de mantener relaciones homosexuales a exámenes anales forzados, violando con ello la prohibición de la tortura que establece el derecho internacional. Las personas trans continúan sufriendo hostigamiento policial y viven con el temor constante de ser detenidas en aplicación de imprecisas leyes sobre la decencia pública.
Fuente de la noticia: https://www.amnesty.org/es/latest/news/2019/02/tunisia-authorities-must-end-shameful-attempts-to-shut-down-prominent-lgbti-organization/
Conversamos con Natalia Martínez sobre la metáfora de las olas del feminismo en Argentina y el mundo. La doctora en ciencia política, investigadora asistente del CONICET e investigadora del área FemGeS (Feminismos, Género y Sexualidades) del Centro de Investigaciones María Saleme de Burnichón de la Facultad de Filosofía y Humanidades realiza un repaso por la historia de los feminismos.
Por Redacción La tinta
Para ella, la metáfora de las olas del feminismo, si bien ordena, al mismo tiempo, hay que mantenerla siempre abierta. En la historia de los feminismos y hacia el interior del movimiento, hay límites difusos, porosos, siempre hubo tensiones, contradicciones y debates que van y vuelven como la marea.
“La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos”. Olympe de Gouges (1748-1793)
“No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas”. Mary Wollstonecraft (1759-1797)
—¿Por qué se habla de las olas del feminismo y cuáles fueron las principales demandas de cada una?
—Las feministas “de la primera ola” no se reconocieron así, fueron las feministas “de la segunda ola” las que comenzaron a nombrarse como tal, como un reconocimiento al legado de las primeras. Se reconocieron a sí mismas como parte de una historia, pero, a su vez, distintas a las de la primera ola. Como referencia, se suele citar a los ’60 en Estados Unidos: un artículo, en el New York Times del año 1968, se tituló “La segunda ola feminista”, es decir, el término ya circulaba en ese momento. Hay otra referencia también, menos conocida. Una activista irlandesa, Frances Power Cobbe, a fines del siglo XIX, ya habló de las olas del movimiento de mujeres. Dijo que la articulación de las distintas luchas, al igual que las olas, comenzaban separadas, pero terminaban acoplándose unas a otras, se iban sumando y la ola se iba haciendo cada vez más grande.
Luego, con la complejidad de las demandas y las agendas de los feminismos, lamentablemente, la referencia a “las olas” en los feminismos comenzó a tomar un cariz progresivo. Es decir, se instaló la noción de que las olas sucesivas eran superadoras de las precedentes, que cada ola era mejor que la anterior. Las olas venían a mostrar un cambio que excedía los límites de la anterior. Ahora, afortunadamente, comenzaron a aparecer lecturas revisionistas sobre este sentido progresista de la metáfora, porque uniformiza períodos históricos que son re distintos y opaca los conflictos, la variedad y diversidad que hubo en cada ola. Se termina contando un cuentito que dice: “La primer ola hizo tal cosa, la segunda, tal otra…” y así, cuando, en realidad, en todas las olas hubo de todo.
A mí me gusta la referencia a las olas del feminismo, pero entiendo que las olas van y vienen, como la marea, las olas nunca se van, sino que se mezclan y una nunca sabe cuál es cuál. Por ejemplo, creo que seguimos muy enganchadas, pensando, luchando y saliendo a la calle por problemas que escribieron y dieron cuenta las feministas de la primera ola.
Y, en relación a las demandas y agendas de cada ola, se suele englobar a las sufragistas como la primera ola, pero también hay una referencia anterior que se encuentra en la Revolución Francesa con Olympe de Gouges que escribió la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791) en respuesta a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789). Los jacobinos la guillotinaron en 1793. En la misma época, en 1792, en Inglaterra, Mary Wollstonecraftescribió un hermoso libro llamado Vindicación de los derechos de la mujer, fue la primera publicación que realizó una reflexión sistemática sobre la opresión femenina. Ella le discute a Rousseau que el maravilloso discurso de la ciudadanía, la igualdad y la libertad se caía a pedazos cuando había que pensar en la mujer.
Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft son individualidades. A mediados del siglo XIX, se comienza a ver más lo colectivo con la Declaración de Séneca Falls (1848) en el estado de New York. Tiene 12 puntos que hacen explícitas las demandas del período: inclusión de derechos civiles, acceso a la educación, al trabajo rentado, a la salud y, como aspiración última, los derechos políticos. Esta primera ola estadounidense estuvo muy vinculada con la lucha antiesclavista.
Para la segunda ola, las limitaciones que tuvo esta primera ola pasaron por creer que se iba a encontrar la igualdad en la ley, sin llegar a reconocer la importancia de la cultura o de la propia sexualidad, sin llegar a comprender los efectos de las diferencias raciales o de clase entre las mujeres, diferencias que hacían que la opresión fuese vivida de una manera muy distinta. Por eso, la primera ola suele caracterizarse como protagonizada por mujeres de clase media alta, blancas y educadas. Aunque eso no fue del todo así. Las increíbles declaraciones de Sojourner Truth en la Convención de mujeres de Akron, Ohio, donde interpela a lxs presentes con la pregunta: “Acaso no soy yo una mujer”, es una referencia ineludible de esa primera ola también.
Las feministas de la segunda ola son las feministas de los sesenta, en particular, reconociendo a las yanquis, aunque todas estuvieron muy inspiradas en la obra de Simone de Beauvoir, referente del feminismo francés quien escribió su obra más conocida en el ’49 (El segundo sexo). La segunda ola fue enorme, con múltiples activismos y grandes obras que han terminado siendo nuestras “clásicas”, obras increíbles -pensemos en La política sexual de Kate Millet, Dialéctica del sexo de Shulamith Firestone o Enemigo Principal de Christine Delphy-. Pero, lamentablemente, las referencias que pasaron con la tercera ola, en general, terminaron simplificándolas, reconociendo, por un lado, al “feminismo de la igualdad” y englobando ahí a las radicales, liberales, socialistas y marxistas, y, por otro lado, al “feminismo de la diferencia”, también conocido como “feminismo cultural” en EE.UU. El primero (de la igualdad) aspirando a la igualdad con los varones (por vías muy diferentes entre sí) y el segundo, a la valoración social y cultural de las diferencias que serían propias de las mujeres.
Pero, si te detenés a analizar las obras y los activismos del período, te das cuenta, rápidamente, que las fronteras no son tan nítidas (entre esos dos feminismos). Las demandas, en general, las unificaban y los análisis abrían múltiples aspectos, algunos complementarios entre sí y otros contrapuestos. Por ejemplo, si se reconocía que el rol principal de las mujeres en nuestras sociedades era su identificación como “madres” y que trabajaban de forma gratuita, invisibilizadas, en condiciones precarias, explotadas. Para cambiar esta situación: ¿se pedía al Estado reconocimiento público, licencias y beneficios sociales por maternidad? ¿o una repartición equitativa de la crianza y el cuidado de hijes entre padres y madres, o guarderías públicas? Ambas propuestas salieron de la mano de esas feministas y ambas dan cuenta de los diferentes planteamientos entre feministas de la igualdad y de la diferencia. Son planteamientos contrapuestos entre sí, que parten de premisas muy diferentes, pero que, sin embargo, conviven en sus efectos, digo, en las prácticas políticas que posibilitaron.
Y la tercera ola que, a grandes rasgos, aparece a mediados de los ’80 y llega a nuestros días, comenzó a partir de las críticas que se hicieron a esos feminismos. Se plantea que la atención se focalizó demasiado en la opresión de las mujeres por sus múltiples causas, pero no vieron que, en esta equiparación de la opresión, terminaron invisibilizando las diferencias al interior de las mujeres. Las críticas las hacen, sobre todo, feministas lesbianas, negras, feministas chicanas. Y son críticas que vienen de la mano de la crítica poscolonial y posestructuralista que ya se estaba dando en gran parte del pensamiento político y filosófico del período. Una crítica centrada en la mirada esencialista que se había filtrado cuando se definía “la opresión común” de las mujeres. ¿Quiénes eran las que definían esa opresión? ¿qué experiencias, de qué mujeres era la opresión que se privilegiaba en las perspectivas feministas?
(Imagen: Colectivo Manifiesto)
“La liberación de las mujeres deberá ser encarada por ellas mismas en una lucha que arrastrará todos los vestigios anacrónicos de una vida cotidiana deshumanizada y sin alicientes. La acción revolucionaria de las mujeres, su ingreso a la historia, significará la ‘humanización de la humanidad’, por eso es la revolución más profunda, auténtica y necesaria para la realización de la especie humana”. (Mirta Henault, Las mujeres dicen basta, 1972)
“Somos el grito de las que ya no tienen voz”. (Movilización Ni Una Menos)
—¿En qué contextos históricos se fueron situando las olas del feminismo en Argentina? ¿Cuáles fueron los principales debates que han generado diferencias al interior del movimiento feminista argentino?
—En la Argentina, la primera ola se suele ubicar a principios del siglo XX, aunque también se reconoce que, antes de eso, hubo producciones literarias y algunas organizaciones femeninas, no “feministas”, que tenían sus revistas como La Camelia o el Álbum de señoritas de Juana Manso. Pero la organización colectiva y la identificación con el “feminismo”, con esa palabra, se da recién en 1900.
Aunque, antes de esto, se suele englobar, dentro de nuestra primera ola, a las anarquistas que escribieron el periódico La Voz de la Mujer -entre 1896 y 1897-. Pero, en realidad, las anarquistas estaban en la vereda de en frente de las feministas porque, para ellas, el feminismo era burgués y contrario a sus objetivos. Propugnaron la emancipación de las mujeres desde una concepción anarquista más que feminista. No les interesaba el sufragio ni cualquier otro “derecho” porque la ley era un instrumento de la burguesía. De todas formas, el feminismo argentino se ha nutrido de esa tradición, en la actualidad, está muy presente en sus orgas. Por ejemplo, el lema: “Ni dios ni patrón ni marido” viene de las anarquistas. Ellas pensaban que las mujeres obreras eran “doblemente esclavas” por su explotación en las fábricas y en el hogar como madres y esposas. Muchas de ellas pasaron a la historia del feminismo, pero, en ese momento, el feminismo estaba representado, más bien, por socialistas como Elvira López. Ella formaba parte del Partido Socialista, junto a su hermana Ernestina y otras referentes como Alicia Moreau, y fueron las que participaron en el primer Consejo Nacional de la Mujer, en alianza con las matronas, mujeres de la alta sociedad que hacían caridad desde el Estado. Desde este sector, el feminismo era un movimiento que aspiraba a la “elevación de la mujer”, en particular, desde la educación. Decían que no aspiraban a la igualdad con los varones, porque eso era imposible. Había diferencias naturales, centradas en la posibilidad de gestar, sobre todo, y en el lugar “natural” de las mujeres en el cuidado del hogar, que impedían que las mujeres hicieran lo mismo que los varones en la sociedad.
Los límites -y la potencialidad- de este primer feminismo, quizás, tengan que ver con esta visión gradualista que le imprimió el propio ideario socialista. Las transformaciones más importantes llegarían de la mano de reformas graduales, muchas de las cuales fueron posibilitadas por su militancia. Lo interesante de nuestra historia es que, a la par de este ideario, las anarquistas clamaban por la destrucción del hogar y el amor libre.
Después de esta primera ola, que podríamos decir que termina en el ’47 cuando accedemos al sufragio, los feminismos se sostienen y diversifican. El peronismo las va a unir, aunque como opositoras. Desde el socialismo, el comunismo e incluso el anarquismo, las feministas van a salir juntas en contra del peronismo. Lo vieron, y algunas lo vivieron, como una dictadura. Pensemos que algunas fueron detenidas y otras exiliadas por el gobierno peronista. En ese sentido, el feminismo de ese período fue muy gorila -recordemos a Victoria Ocampo como una de sus principales referentes-. Por otra parte, para muchas mujeres que entraron a la política de la mano del peronismo, el feminismo era oligárquico e, incluso, imperialista. Era una moda que venía de EE.UU. Esta concepción también afectó a las feministas comunistas. Les costó mucho que sus partidos apoyaran su feminismo.
Nuestra segunda ola, que se suele ubicar en los 70’s, mantuvo bastante esta tensión, de hecho, se hizo más fuerte. Aparecen agrupaciones feministas antes de la dictadura. En 1970, la Unión Feminista Argentina (UFA) y el Movimiento de Liberación Femenina, luego Movimiento de Liberación Feminista (MLF), se formaron con activistas de clase media alta, intelectuales que viajaban y trajeron libros del feminismo radical de EE.UU sobre todo. Los traducen, los leen acá y comienzan a organizarse. La UFA replica los grupos de “consciousness raising”, que acá se traducen como “grupos de autoconcienciación”. Se juntaban de 8 a 10 mujeres a hablar de sus problemas cotidianos, para, entre todas, visibilizar su dimensión “común”, lo común de la opresión femenina.
Otros grupos también se arman desde las izquierdas, como la editorial Nueva Mujer que viene de Palabra Obrera(publicaron el libro: Las mujeres dicen basta), y, después, otra agrupación que se llamaba Muchacha que era del Partido Socialista de los Trabajadores. Todas estas grupas tienen diferencias, discusiones y rupturas en torno a un gran debate del momento: la relación entre la política y el feminismo. Así, se habla de la “doble militancia” (las que venían de partidos políticos y también eran feministas) y del “feminismo puro”. Esta división veía, en la política, una práctica patriarcal y criticaba fuertemente la jerarquía de los partidos y su injerencia en una agenda que aspiraba a ser “puramente feminista”. De todos modos, todas están cerca y se van a acompañar en un montón de iniciativas. El terrorismo de Estado tuvo sus efectos desmovilizadores en estas agrupaciones, pero, en algunas, las reuniones se van a mantener como grupos de estudio.
Ya después, en los ochenta, reaparecen algunas grupas y se arman muchas nuevas, con demandas específicas al Estado. En un clima que veía que la democracia iba a solucionar todos nuestros problemas, las feministas irrumpieron participando en política desde una concepción muy diferente a la que se tenía en los ’70.
Se multiplican los frentes con activistas peronistas, de las izquierdas y las feministas de antes (el MLF pasa a llamarse Organización Feminista Argentina OFA). Una demanda importante fue la patria potestad compartida, se hace una comisión en 1980 y, en el ’83, se forma el Tribunal Contra la Violencia hacia la Mujer. La mítica Multisectorial de la Mujer encuentra a feministas, políticas, sindicalistas, amas de casa y a las Madres de Plaza de Mayo. Luego, todas ellas son las que van a organizar el primer Encuentro Nacional de Mujeres en el ’86, inspirado a nivel internacional por los procesos que se fueron abriendo desde la primera Conferencia Internacional de la Mujer que se hizo en el ’75 y la segunda que se hizo en el ’85. También por los Encuentros Feministas Latinoamericanos y del Caribe (EFLAC) que comenzaron a hacerse desde 1981. Todos estos eventos tuvieron mucha influencia en los feminismos latinoamericanos y en Argentina también.
Nuestra tercera ola empezaría a verse en los noventas, con un fuerte quiebre tras el 2001. O, quizás, el 2001 fue la precuela de nuestra cuarta ola. Todavía faltan análisis que den cuenta de cuáles fueron los ejes principales de nuestra tercera ola y si llegamos a estar ahora en presencia de una cuarta. A modo de hipótesis, algunas aproximaciones dicen que la irrupción de lo popular en los feminismos marcaría una cuarta ola, pero esto ya sucedió en el 2001.
Recordemos que, en los 90’s, uno de los ejes del gobierno neoliberal fue recortar la gestión pública y tercerizar las políticas sociales desde las ONG’s. En ese período, se multiplicaron las ONG’s feministas con financiamiento de organismos internacionales que sostuvieron políticas públicas dirigidas a las mujeres. Esto fortaleció y amplió la agenda de los feminismos. Se organizaron un montón de redes, se financiaron muchos eventos que conectaron a los feminismos en la región. Muchas demandas llegaron al Estado, incluso, de la mano de feministas que se comprometieron en la gestión de gobierno. Pero muchas fueron críticas de este proceso. Sostuvieron la necesidad de autonomía frente al Estado y los financiamientos internacionales porque llegaron a tener mucha injerencia en las agendas feministas y en la propia militancia. Criticaron que, en las ONG’s, el activismo se transforme en un trabajo rentado y que sus “directoras” tomen la voz por todo el movimiento sin mediar instancias de representación democráticas. Este proceso se dio en toda la región y llegó a ser un eje de discusión que opuso a los feminismos entre sí y los desmovilizó bastante. En otro punto, habilitó un cierto cuidado y una llamada de atención, tanto para pensar el modo en que los feminismos se vinculaban con el Estado así como sobre los modos en que se gestionaban sus recursos y se organizaban sus activismos.
Y la crisis del 2001 fue un sismo para todo el país y para los feminismos también. En particular, en el Encuentro Nacional de Mujeres 2003, que se hizo en Rosario, se llenó de organizaciones populares, de mujeres piqueteras y se hicieron visibles las diferencias de clases y las prioridades entre los feminismos. Frente a la disputa entre autónomas e institucionalizadas de los noventa, apareció la potencia de lo que se venía nombrando como “movimiento amplio de mujeres” y la necesidad de que el feminismo abriera su agenda a los problemas estructurales que estaban afectando al país. Fue un proceso que no sólo afectó a los feminismos, sino a muchos movimientos sociales.
En este sentido, los gobiernos de Néstor y Cristina, y el modo en que se abrieron e implicaron en la agenda de los movimientos sociales, también afectó a los feminismos. En particular, desde su vínculo con el movimiento de Derechos Humanos. Desde entonces, se han producido grandes cambios, otras sensibilidades y articulaciones entre activismos -políticos, populares, barriales, sexuales, académicos, institucionales- y se ha fortalecido un montón la movilización feminista en las calles. Aunque no se puede negar la masificación increíble que se generó desde el 2015 con el #Ni Una Menos y, más recientemente, con la reactivación de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, se trata de un proceso que es necesario comprender desde sus condiciones de posibilidad.
Los feminismos tienen más de un siglo de historia en nuestro país. En este marco, hablar de una cuarta ola, quizás, tenga sentido para entender una nueva dimensión que está dada por el increíble ingreso de pibas, pibes muy jóvenes, al feminismo, un ingreso que no sólo retoma lo que ya estaba sucediendo en los feminismos, sino que le imprime una potencia y vertiginosidad muy particular. Las redes sociales son un aspecto central (quizás, también, un límite). Pero también lo es la pregnancia, la facilidad con la que se reconocen como feministas, como si ya no hubiera necesidad de recorrer todas las olas porque ya las llevan puestas y van para adelante. Y acá, aunque se me pone la piel de gallina con todo esto que está pasando, no dejo de ver que hay un riesgo, porque, por ahí, lo difícil es habitar al feminismo en toda su complejidad, reconociendo sus antecedentes, su pluralidad constitutiva y, al mismo tiempo, hacer frente a sus múltiples implicancias, que no sólo afecta a las mujeres, ni siquiera a “las mujeres, tortas, travas y trans”.
Abre un horizonte emancipatorio radical y, acá, no me refiero a la UCR ni a las feministas radicales yanquis. Digo “radical” en el sentido de una transformación de toda la sociedad, desde la raíz, en lo personal y en lo político. De eso se trata cuando se dice que: “La revolución será feminista o no será”. No es soplar y hacer botella. El feminismo nos atraviesa desde todas las fibras, a su tiempo, y requiere una atención y un cuidado especial. De ahí es que creo que está bueno prestar especial atención a todas sus olas, aprender de sus vaivenes. Si la marea feminista nos alcanzó, será momento de zambullirse y disfrutar.
(Imagen: Colectivo Manifiesto)
*Por Redacción La tinta / Imagen de portada: Eloisa Molina para La tinta.
La recepción, la religión, las revueltas de los chalecos amarillos, el uso legítimo de la violencia, la política internacional, los límites de las libertades y los de la ley son solo algunos de los temas de la corriente política que crean más dolores de cabeza para los maestros. Hablar en la clase de la actualidad es tan importante como peligroso.
El miedo a hacer proselitismo parece chocar con la misión necesaria de iluminar el camino del espíritu crítico de cada estudiante.
Discutiendo con colegas, la vergüenza de ser acusado de “hacer política” en la escuela alimenta una brecha creciente en los problemas clave de la actualidad que repercute en los estudiantes que son educados en la neutralidad y luego en la indiferencia. De generación en generación, los desinteresados en la historia y la política aumentan, con todas las esperanzas de cambio.
Un ejemplo emblemático es la forma en que se tratan las ideologías del siglo XX en la actualidad.
La ataraxia política derivada de la ideología de neutralidad es lo que tanto predica la escuela que se preocupa más por satanizar y equiparar las ideologías anti-liberales que hablar en profundidad sobre la historia política de nuestros países, tanto que se dice que los profesores enseñan sólo desde la Segunda Guerra Mundial en adelante.
Estas ideologías famosas permanecen presentes de manera latente pero ya no invierten en el debate público. Sin embargo, una de estas ideologías a través de esta neutralidad y esta indiferencia hacia todo lo que es público y, por lo tanto, político, puede realizar silenciosamente su propio proyecto.
La acusación de hacer política en la escuela, en las calles, en la televisión o en la mesa, es de hecho instrumental para el deseo de neutralidad de la teoría político-económica dominante.
El neoliberalismo desea neutralidad, linealidad, fluidez, normas estandarizadas. Cualquier construcción colectiva que pueda ser autoconsciente debe ser destruida para permitir que la fría racionalidad del mercado garantice el “bienestar”.
Esta neutralidad crea un vacío gigantesco que, llenado por la espectacularización del debate de bar llevado a cabo en los foros políticos de los programas de entrevistas o en los flujos de twitter, se convierte en divisorio y polémico. Este es el vacío que ha traído los frutos del llamado populismo que asombra durante algunos años con el Brexit, con la elección de Trump y Bolsonaro.
En este vacío, la sociedad se radicaliza, al no encontrar códigos de referencia comunes ni lugares adecuados para un debate dialéctico y constructivo: así se repiten los monólogos de las charlas e imitan los que hablan en la televisión o en las redes sociales.
Este es el vacío que separa a los pueblos de las élites, y que separa geográficamente a la América profunda de la Gran Manzana, a las ciudades, contrariamente al Brexit de la campiña (lo que la beneficia), y dentro de las ciudades, los centros de los suburbios, los barrios rehabilitados del bobo (radical-chic) de las ronds-points (rotondas) de los chalecos amarillos.
El mismo mecanismo que ocurrió con los chalecos amarillos en la política, en la Francia laica, ya había ocurrido en el frente de la religión.
En el país de la Revolución, una interpretación distorsionada del secularismo ha llevado a las comunidades educativas a abandonar la enseñanza de la religión en todas sus formas y a una actitud demasiado tímida al abordar los debates de la coexistencia. Este prurito al enfrentar audazmente la cuestión de vivir juntos, de la ciudadanía, de la presencia de signos religiosos o lugares de culto en el espacio público, proviene de la falta personal de preparación del cuerpo docente y de la ciudadanía misma.
De ahí la necesidad del Ministerio de Educación francés, a través de Rapport Debray en 2002, unos meses después del ataque a las Torres Gemelas, a afirmar la necesidad de enseñar el “hecho religioso” en la escuela laica. Debray denunció que esta “incultura religiosa” provoca una pérdida de códigos de reconocimiento, de cualquier conocimiento y discernimiento.
Por lo tanto, puede que no sea una coincidencia que la interpretación francesa del secularismo, que desea imponer neutralidad en el espacio público, haya provocado un resurgimiento de la identidad del espacio privado y las confesiones religiosas, atestiguada por las leyes que han impuesto la prohibición de usar el velo completo en el espacio público y del que prohíbe los signos ostentosos en el colegio. Así como la menor problemática de las discusiones sobre la integración llevada a cabo hasta ahora en Italia podría deberse a una versión de la laicidad suavizada por Pactos de Letrán y los Acuerdos del Palazzo Madama, así como a una menor presencia histórica de poblaciones culturalmente diferentes del antiguo monolito católico.
En resumen, décadas de neutralidad en la esfera religiosa han provocado la radicalización de algunas franjas de la sociedad francesa, y décadas de políticas liberales, mortificando las luchas sociales, están llevando a una radicalización apolítica de la sociedad que está reemplazando a las clases dominantes del pasado.
Esta incultura política se alimenta a nivel sistémico de una clase dominante y política que hace todo lo posible para hacerse odiar y a nivel mediático de una parodia formalista e hipócrita. En el campo asociativo, se defienden minúsculos segmentos de lucha y demanda, y todas esas afirmaciones socialmente relevantes se sostienen a nivel europeo sin afectar las luchas económicas.
Desilusionado con las posibilidades de un cambio a través de los viejos partidos y neutralizando su capacidad agregativa, el ciudadano francés o italiano ya no conoce su papel y se convierte en espectador de un juego jugado por despliegues binarios.
Esta incultura política coincide con una fidelidad absoluta a la adhesión a la ideología capitalista. Por lo tanto, ha transformado el voto en “like”, la militancia política en apoyo, la tarjeta del partido en la tarjeta de fidelidad, la participación en obediencia al algoritmo que hace a cada persona-avatar, la caja de resonancia de un pensamiento político del personaje seguido en Facebook o Twitter.
Durante algún tiempo, nuestras comunidades han estado predicando la ataraxia política ayudando a extinguir aparentemente los núcleos de cualquier reclamo económico, social o de identidad.
En las escuelas, en las familias, entre los amigos, hablar de política da miedo, ha sido divisivo, antiestético. En cada uno de estos entornos, se evita ensuciarse las manos con la política cuyo significado ha tomado progresivamente un significado negativo y pestilente, que corrompe las mentes de quienes se acercan a él y que se define como el arte sutil de gobernar y no como un análisis del equilibrio de poder en una sociedad.
Al menos aquellos maestros que tienen una buena consideración de su trabajo y su papel político, pero no para este partido, tratan de abordar el debate de manera discreta, tratando de contentarse con brindar herramientas de análisis a los estudiantes para que hagan sus elecciones de forma independiente. El desarrollo del sentido crítico permite razonar con la propia cabeza y comprender el mundo circundante.
Ni siquiera esto será suficiente pronto. Frente a la ecuación actual de la sana ignorancia a una experiencia inútil, la educación es un acto político y se está convirtiendo cada vez más en un acto de resistencia.
Probablemente incluso estos tipos raros de maestros tendrán que pasar a una acción didáctica mucho menos neutral y reclamar el papel de formadores de mentes, de vanguardia para una resistencia humana contra las políticas deshumanizantes del odio o del libre mercado, sin coartada.
Traducido del italiano por Michelle Oviedo
Fuente de la noticia: https://www.pressenza.com/es/2019/02/la-politica-en-el-aula-la-coartada-de-la-neutralidad/
Las ciencias sociales en Venezuela han tenido un espectacular desarrollo en los últimos setenta años. Grandes maestros y maestras formaron a generaciones de cientistas sociales en todos los campos y áreas del conocimiento. Sin embargo, la instrumentalización de la investigación muchas veces invisibiliza la importante labor que se realiza.
En Charlas con B nos proponemos el ambicioso proyecto de abrir una ventana semanal para dar a conocer el trabajo científico que se realiza en Venezuela. No lo haremos a través de los decisores, ni de quienes gestionan los centros de investigación, sino dándole voz y rostro a los y las investigadores(as). Nace este proyecto auspiciado por CLACSO Venezuela y el portal “Otras Voces en Educación” (OVE).
Resumen: Los costos de la publicación académica son absurdos. La Universidad de California está contraatacando.
The UC system just dropped its $10 million-a-year subscription to the world’s largest publisher of academic journals
The University of California, the largest public academic system in the US, is ending its subscription to Elsevier, the world’s biggest and most influential publisher of academic research.
This might seem like an odd move for a university — denying its students access to journals and academic papers they need for homework and research. But it’s driven by principle: The University of California doesn’t want scientific knowledge locked up behind paywalls, and thinks the costs of academic publishing have grown out of control.
“I fully support our faculty, staff, and students in breaking down paywalls that hinder the sharing of groundbreaking research,” said UC president and former Secretary of Homeland Security Janet Napolitano. “This issue does not just impact UC, but also countless scholars, researchers, and scientists across the globe — and we stand with them in their push for full, unfettered access.”
The break came, as Stat News reports, after months of failed negotiations between the California university system and the publisher.
Academics often have to pay publishers like Elsevier (which owns 2,500 journals) to print their work, and then have to pay extra to make it open access, meaning anyone in the world can read the papers for free. These fees can top thousands of dollars per journal article.
At the same time, academic institutions have to pay journal subscription costs. This setup — where academic institutions pay for both publishing and subscription — has helped make academic publishing an absurdly profitable business.
UC wanted to pay a single, reduced lump sum for open access publishing and subscriptions in Elsevier’s journals. Elsevier wasn’t willing to meet its price. So UC dropped its Elsevier subscriptions, which had cost $10 million a year.
It’s a bold move. The University of California system has 190,000 employees and 238,000 students, and it’s just one of many institutions around the world that are now demanding open access publication of science (even if it means their students might have trouble conducting research in the meantime). It also reflects a growing recognition that scientific publishing’s costs are way too high.
“Make no mistake: The prices of scientific journals now are so high that not a single university in the US — not the University of California, not Harvard, no institution — can afford to subscribe to them all,” Jeffrey MacKie-Mason, a UC librarian and economics professor, said in a press statement. It’s true: Even the very well-endowed Harvard University complained in 2012 that its $3.5 million-a-year subscriptions bill was “untenable.”
There’s a global push for open access science
If you’ve ever tried to look up an academic journal article, you’re probably familiar with this frustration: You find the study or analysis you’re after, only to learn it’ll cost you $30 to access it.
These costs are particularly prohibitive for many less wealthy scholars and institutions around the world. A 2016 article in Science described how a PhD candidate in Iran would have had to spend $1,000 a week (money he didn’t have) just to read the papers he needed for his studies. In the US, taxpayers spend $140 billion every year supporting research they can’t easily access.
Most of the world’s scientific knowledge is still locked behind expensive paywalls. Only around 15 percent of journals worldwide run on an open access model. But pressure is building — via the rise of academic paper pirating, and the increasing availability of prepublication manuscripts — for publishers to change their business model.
Recently, a group of science funding agencies from 11 European countries made a plan that by 2020, anyone who gets money from them must publish their results in a journal without a paywall. Altogether, these funders — which include UK Research and Innovation and the Research Council of Norway — spend $8.8 billion per year on grants to scientists for their research. That big financial footprint gives them some power to stipulate conditions for accepting the grant money.
Private funders, like the Bill and Melinda Gates Foundation, are ramping up pressure for more open access too: They stipulate any papers that come from their grants must be open access. The Gates Foundation funds about $4.6 billion worth of science every year. And when they introduced their open access mandate, the journal Science started an 18-month pilot program publishing open access.
Scientific communities are increasingly bypassing publishers
There are other forces at play that may pressure the publishing industry to increase access. It’s also easier than ever for students and professors (like those in the UC system) to access academic journals their libraries don’t subscribe to.
The biggest one is the rise of pirating academic papers.
In 2011, Russia-based neuroscientist Alexandra Elbakyan founded the website Sci-Hub, which has grown to host more than 50 million academic papers. Elbakyan claims this is nearly all the paywalled scientific knowledge that exists in the world. These papers are free for anyone to view and download. The service, we should note, is illegal. But it is extremelypopular.
In 2016, Scienceconducted an analysis of Sci-Hub’s web traffic (with the cooperation of Elbakyan). It found that 3 million unique IP addresses downloaded a total of 28 million documents in a six-month period between September and March 2016. And the number of users could actually be even higher “because thousands of people on a university campus can share the same IP address,” according to Science.
Many of these users came from the United States. But a great many others came from poorer nations like Tunisia and India, where the biggest hurdle to accessing knowledge in scientific journals may be high journal costs.
Another trend: Scientists are increasingly putting prepublications of their studies online, at sites like BioRxiv. Called “preprints,” these study drafts are often nearly identical to finished, published studies. And they’re free to access.
The problem is that these study drafts have not yet been peer-reviewed. But advocates of preprints say they’re a net benefit to science. “They increase the visibility of research, and sooner,” the Center for Open Science explains. Preprints can also be debated in public and have their flaws ironed out, before they ever make it onto the record in a journal.
So the pressures are now mounting on the academic publishing industry to tear down its paywalls. The question now: Will more journals catch up to the trend?
En el Estado español, uno de cada tres niños y niñas menores de 16 años está en riesgo de pobreza y/o exclusión social. Son datos del Informe sobre el Estado de la Pobreza, publicado el pasado octubre por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN). Una vez más, el documento constataba que tener menores a cargo es un factor de riesgo para caer en la pobreza.
POBREZA INFANTIL
“No interesa resolver la pobreza porque es una especie de efecto secundario del sistema económico que tenemos ahora mismo. Por eso, las políticas contra la pobreza siempre han sido una cuestión secundaria”, sentencia por teléfono, desde Albacete, Juan Carlos Llano. Autor del informe mencionado, este sociólogo se muestra escéptico ante las posibilidades de revertir una situación que viene de largo —recuerda que en el boom económico entre 2004 y 2007 había alrededor de un 20% de pobreza— si no se ataca al trasfondo estructural: una sociedad tremendamente desigual.
Sobre la desigualdad Intermón-Oxfam aportaba su propio informe el pasado 21 de enero. Mientras que el número de millonarios crecía, observaba la ONG, también lo hacía el número de hogares en los que no entraba ningún recurso económico, llegando a 617.000. “El hijo de un padre de ingresos altos ganará, al hacerse adulto, un 40% más que el de un padre de ingresos bajos”, ponían como ejemplo para ilustrar la creciente polarización. Así, si las cosas siguen su curso, los niños pobres de hoy serán los adultos pobres del futuro.
Pero, ¿qué es la pobreza infantil más allá de las estadísticas?, ¿de qué hablamos?, ¿cómo viven las niñas y los niños pobres? “Las carencias son enormes: tienen una alimentación insuficiente y deficiente, comen mal, se saltan muchas comidas, y eso afecta a su salud. Además, no van al dentista, si tienen problemas psicológicos nadie se los resuelve”, enumera Llanos. “Algunos medicamentos que son fundamentales en la infancia no están cubiertos por la seguridad: antitusivos, laxantes, antidiarreicos. Lo mismo pasa con los pañales”.
A todo esto hay que añadir el estrés de vivir en hogares atravesados por la incertidumbre económica, que tienen que decidir todo el tiempo a qué destinan sus limitados recursos. También está el dónde se vive: casas donde no se puede mantener la temperatura, que tienen humedades, o poca luz natural. Barrios mal iluminados por la noche, más peligrosos, más contaminados, en los extremos de la ciudad… “Todo eso afecta a la salud, al desarrollo social. El tiempo libre, las relaciones sociales son fundamentales para los derechos del niño, el hecho de que no pueda ir a excursiones o seguir al grupo en otras actividades afectará a su desarrollo”, sigue describiendo Llanos.
“Una de las principales medidas que hay para luchar contra la pobreza infantil es luchar contra la pobreza”, ironiza Llanos.
Si bien entiende la pertinencia y utilidad de hablar de pobreza infantil para visibilizarla, el sociólogo recuerda que, cuando se habla de niños pobres, lo que hay detrás son hogares pobres. “Una de las principales medidas que hay para luchar contra la pobreza infantil es luchar contra la pobreza”, ironiza.
POLÍTICAS PÚBLICAS
¿Cómo se interviene para acabar con la pobreza infantil? ¿hay políticas públicas a la altura? Serán los años de relevar los casi inmóviles números de la pobreza mientras el PIB se recuperaba, pero la visión de Llanos no es optimista: “La situación actual es una muestra del fracaso de las políticas públicas. El límite es que se tratan de políticas reactivas, para luchar contra la pobreza de personas que ya son pobres, y además son escasísimas, son malas”. Explica que los montos son insuficientes y el alcance limitado, por eso él tiene otra propuesta: “La clave es la predistribución, distribuir antes de que las personas sean pobres”, y eso requiere, para el experto, una mirada transversal, que aborde políticas de vivienda, recuperación de los servicios públicos, “y salarios dignos, rentas inclusivas, acceso a los recursos necesarios para vivir, que ahora no se adquieren ni trabajando”.
El 18 de junio de 2018, un recién estrenado gobierno socialista creó el Alto Comisionado para la lucha contra la pobreza infantil, un organismo vinculado directamente a presidencia. Desde septiembre de ese mismo año, su director es el sociólogo Pau Marí-Klose. Llano saluda esta iniciativa: “Demuestra al menos sensibilidad hacia un tema importantísimo”. Aún reconociendo los limites —el Alto Comisionado no tiene competencias directas en las políticas, ni presupuesto, sino que hace labores de seguimiento, evaluación, estudios y propuestas— reconoce “que ayuda a mantener la pobreza infantil como un objetivo diana de las políticas. Él de hecho está presionando en plan Pepito Grillo dentro del gobierno”, bromea.
“Que esté ahí el Alto Comisionado es definitivamente un paso en la dirección correcta”, afirma Lucía Losoviz, responsable de Políticas Locales de Infancia y Participación de UNICEF Comité Español. Para esta experta, la pobreza infantil es el primero de los grandes desafíos que enfrenta la infancia en el Estado. Selma Villa Bergman, especialista, actualmente implicada en el grupo de trabajo de Unidos Podemos-En Marea-Podem sobre derechos de la infancia como técnica, coincide en la urgencia de abordar la pobreza infantil. También retoma el argumento de Llano: “Los niños pobres no salen de una maceta. No es que viene una acaudalada vecina del barrio de Salamanca y te diga, ‘uy, he tenido un niño pobre’. Los niños pobres lo son porque sus familias lo son”.
Por eso, desde una perspectiva de derechos, Villa defiende la prestación universal por menor a cargo. “El PSOE ha dicho que va a ir todo mejor porque va a dar 300 euros al año por hijo a cargo. Es vergonzoso. Además se refiere solo a casos bajo el umbral de pobreza. Muchos de los países de nuestro entorno tienen para empezar la prestación universal por hijo a cargo, de al menos 100 euros al mes, luego ya si hay condiciones de vulnerabilidad hay otros recursos sociales”.
Villa admite que hay detractores a esta medida, que se preguntan por qué deben ellos pagar una ayuda por el hijo de Cristiano Ronaldo: “Si el sistema funciona, Ronaldo paga por 80 niños y niñas a través de los impuestos”. Más importante, la prestación universal afianza otro principio: los niños no pertenecen a los padres, a Cristiano, “son sujetos y tienen derecho a ese mínimo vital”, señala. El otro argumento contra la prestación universal sospecha de las familias. “‘Es que a ver en qué se lo va a gastar’, dicen. Me da igual en qué se lo gaste, es una manera de destinar recursos a lugares donde no los hay”.
Los niños no pertenecen a los padres, “son sujetos y tienen derecho a un mínimo vital”
Por su parte, Lucía Losoviz apunta a otros avances: “Tenemos herramientas para analizar los presupuestos generales y autonómicos y poder vigilar que las áreas que se doten de más presupuesto sean las áreas que tocan a la infancia. Sobre todo a las niñas y niños más vulnerables. Creemos que todas las políticas, todas las leyes, tienen que tener este enfoque de equidad, ver cuáles son los grupos más vulnerables, sus necesidades y si realmente los servicios y las políticas les están llegando”.
UNA VISIÓN MÁS AMPLIA DE LOS DERECHOS
La violencia, la educación, la participación, la situación de los menores migrantes son, junto a la pobreza, los grandes desafíos a los que se enfrenta la infancia, señala Lusoviz. El elenco coincide con las recomendaciones que hizo hace ya un año el Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas, organismo que da seguimiento a la aplicación de la Convención Internacional Sobre los Derechos del Niño y de la Niña. Tras recibir el informe de seguimiento del Estado, y el informe complementario de las organizaciones sociales —ambos se entregan cada cinco años— el Comité señaló una serie de pautas a seguir por el Estado español. Lo primero, incrementar una deficiente inversión en infancia, pero también, establecer mecanismos de análisis presupuestario.
Combatir la discriminación a niñas, niños y adolescentes; avanzar con la adopción de una ley integral de violencia; reducir la presencia de niños en instituciones, fortaleciendo el apoyo a las familias; reducir la pobreza infantil; mejorar la coordinación entre comunidades autónomas para garantizar por igual el derecho a la educación o facilitar los procesos de asilo a las personas menores eran algunas de estas recomendaciones.
En algunas cosas se ha avanzado más que en otras, comenta Villa. Pero en cuanto a los menores migrantes no se ha avanzado nada. De hecho, argumenta, ya cuesta que se les considere niños antes que migrantes. “Hay múltiples interseccionalidades que no hay que perder de vista, ante las cuales hay que responder: menores no acompañados, niñas racializadas o trans. Pero hay que recordar que, sobre todo, se trata de niños y niñas”.
En septiembre se presentó el Anteproyecto de Ley Integral contra la Violencia hacia la Infancia.
“Es una ley de buen trato”, comenta Villa, quien participó en su elaboración, “no negamos que tiene que haber una parte contra la violencia, pero hay otra que tiene que ver con el buen trato, cómo construir relaciones y vínculos no violentos y positivos”. Villa considera vital esta aproximación, que implica la escucha, que se les sea tenidos en cuenta: “En temas como el abuso sexual, no se les cree, se les somete a complejos procesos para que ratifiquen su versión de los hechos. Son —establece paralelismos— como las mujeres antes. Se trata, en resumen de que se les considere sujetos de derecho”.
“Llama la atención —comenta Losiviz—que a 30 años de la firma de la Convención, no se conozcan prácticamente los derechos políticos y sociales de la infancia
En concreto Villa se refiere a una tendencia al adultocentrismo, que imposibilita relaciones más equitativas con la infancia: “Es pensar que los y las niñas no son sujetos en sí, sino que pertenecen a su madre o a su padre o al adulto de referencia o a la institución de referencia”. Losoviz, que coordina programas de participación —principalmente con municipios pero también con colegios— nota también estas resistencias a entender a las niñas y niños como sujetos de pleno de derecho. “Llama la atención —comenta—que, a 30 años de la firma de la Convención, no se conozcan prácticamente los derechos políticos y sociales de la infancia”.
A la experta de UNICEF en ocasiones le ponen pegas en las escuelas, “no hablemos de derechos”, le dicen. “que luego nos exigen los niños demasiadas cosas”. Tal como señala, “es un error no entender qué es ser sujeto de derecho, ser sujeto de derecho significa poder compartir, opinar libremente, expresar las opiniones que se tienen. Otra cosa es que tú como representante del centro, docente, tutor, decidas tomar la que consideras la mejor decisión por el interés superior del niño, eso los niños lo tienen que entender, pero debes explicárselo”. Y añade: “Yo creo que ese es el proceso que nos queda por afianzar. ¿Cómo hacer entender que ser sujeto de derecho es una relación más equitativa y no un traspaso de responsabilidades”.
Quedándonos en la escuela, una de las vulneraciones a los derechos de la infancia señaladas por la ONU, y refrendadas por las personas entrevistadas en este texto, son las falencias de la educación, ante las cuales no ha sido posible alcanzar un pacto de Estado “que no cambie las leyes cada legislatura”. Además de esta volatilidad de los planes en función del liderazgo político, Llanos recuerda un estudio de reciente publicación de la OCDE, el cual señalaba que la mitad de los estudiantes españoles de clases pobres se concentran en escuelas en condiciones depauperadas. La escuela se ha convertido en un espacio segregador.
Losoviz es optimista, cree que, a pesar de los datos, va creciendo la convicción de que “el bienestar de la infancia es el indicador de qué sociedad somos, qué país estamos construyendo. Yo creo que se están dando pasos, que se hable de la pobreza infantil, que haya surgido del Alto Comisionado”. Villa cierra con un llamamiento. Se niega a ver a los niños como a los adultos del futuro en lo que hay que invertir. “Entiendo cual es la idea cuando hablamos de inversión, para no decir gasto. Pero me revelo un poco ante la idea de que hay que invertir en las niñas y niños porque son la sociedad del futuro. No, son la sociedad del presente. No es que cumplan 18 años y se hagan sociedad, lo son ya de pleno derecho”.
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