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Mapamundi literario: un viaje por las obras representativas de cada país

Por: bloghemia.com.

En el año 2017, un usuario de la plataforma Reddit, que se hacia llamar Backforward24, decidió elaborar un mapa ilustrado, con la obra mas representativa de la literatura, !por país!.

Con la ayuda de los usuarios de la plataforma, Backforward24,  comenzó su genial proyecto, que valió la pena al final: un hermoso «mapa lierario» con las obras cumbres de la Literatura Universal.

Es cierto, el mapa recibió muchas críticas por una razón (demasiado obvia para dejarlo a un lado): La obra seleccionada por España no fue Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes. En su lugar, había colocado «Sombra del viento», de Carlos Ruiz Zafón.  Pero solo fue por poco tiempo, y al final terminó por colocar la obra de Cervantes en su lugar.

Como toda lista, siempre será difícil complacer a todos. Pero si he de ser sincero, esta es una de las mejores selecciones que se han realizado, de las cientos de listas que pululan en la web. Quizás, su riqueza se encuentra , en haber sido elaborada, en parte, de manera colaborativa.

La lista, que incluye 144 países del mundo (La ONU reconoce 193) es una excelente guía, para aquellos que nos apasiona la Literatura, de conocer la obra literaria de otras latitudes.

A continuación les dejo el listado completo, y al final, podrán acceder al mapa.

Nota: La selección y el mapa, como se mencionó anteriormente, no fue realizado por la página, y debido a la cantidad de mensajes recibidos en nuestras redes sociales, colocaré al final, algunas acotaciones realizadas por los usuarios.

EUROPA

Noruega: Hambre, de Knut Hamsun

Iceland: La voz, de Arnaldur Indriðason

Suecia: La saga de Gosta Berling, de Selma Lagerlöf

Finlandia: Soldados desconocidos, de Väinö Linna

Dinamarca: La señorita Smila y su especial percepción de la nieve, de Peter Høeg

Latvia: Nāvas Ena, de Rūdolfs Blaumanis

Estonia: Verdad y justicia, de A. H. Tammsaare

Lituania: White Field, Black Sheep: A Lithuanian American Life, de Daiva Markelis

Bielorusia: Voces de Chernóbil, de Svetlana Alexievich

Ucrania: Muerte con pingüino, de Andrei Kurkov

Moldavia: Siberian Education, de Nivolai Lilin

Rumanía: El bosque de los ahorcados, de Liviu Rebreanu

Bulgaria: Bajo el yugo, de Ivan Vazov

Polonia: Pan Tadeusz, de Adam Mickiewicz

Alemania: Los Buddenbrook, de Thomas Mann

Países Bajos: El descubrimiento del cielo, de Harry Mulisch

Bélgica: La pena de Bélgica, de Hugo Claus

Luxemburgo: In Reality: Selected Poems, de Jean Portante

Reino Unido: Grandes Esperanzas, de Charles Dickens

Irlanda: Ulysses, de James Joyce

República Checa: Las aventuras del valeroso soldado Schwejk, de Jaroslav Hašek

Eslovaquia: Los ríos de Babilonia, de Peter Pišťanek,

Francia: El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas

España: Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes

Portugal: Baltasar y Blimunda, de José Saramago

Austria: El hombre sin atributos, de Robert Musil

Suiza: Heidi, de Johanna Spyri

Italia: La divina comedia, de Dante Alighieri

Eslovenia: Alamut, de Vladimir Bartol

Croacia: Café Europa, de Slavenka Drakulik

Hungría: Eclipse of the Crescent Moon, de Géza Gárdonyi

Bosnia y Herzegovina: Diario de Zlata, de Zlata Filipovic

Serbia: Diccionario Jázaro, de Milorad Pavić

Montenegro: Montenegro, de Starling Lawrence

Albania: El general del ejército muerto, de Ismaíl Kadaré

Macedonia: La hermana de Freud, de Goce Smilevski

Grecia: La Ilíada, de Homero

Rusia: Guerra y paz, de León Tolstoi

AMÉRICA

Canadá: Ana de las tejas verdes, de L. M. Montgomery

Estados Unidos: Matar un ruiseñor, de Harper Lee

México: Pedro Páramo, de Juan Rulfo

Guatemala: Hombres de Maíz, de Miguel Ángel Asturias

Belize: Beka Lamb, de Zee Edgell

Honduras: Cipotes, de Ramón Amaya Amador

El Salvador: Bitter Grounds, de Sandra Benítez

Nicaragua: El país bajo mi piel, de Gioconda Belli

Costa Rica: La isla de los hombres solos, de José León Sánchez

Panamá: Plenilunio, de Rogelio Sinán

Colombia: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

Venezuela: Dona Bárbara, de Rómulo Gallegos

Guyana: El palacio del pavo real, de Margarita Mateo Palmer

Surinam: The Cost of Sugar, de Cynthia McLeod

Guayana Francesa: Papillon, de Henri Charrière

Ecuador: Huasipungo, de Jorge Icaza

Brasil: Don Casmurro, de Machado de Assis

Perú: Lituma en los Andes, de Mario Vargas Llosa

Bolivia: Raza de bronce, de Alcides Arguedas

Paraguay: Yo el Supremo, de Augusto Roa Bastos

Argentina: Ficciones, de Jorge Luis Borges

Chile: La casa de los espíritus, de Isabel Allende (*)

Uruguay: Fútbol a sol y sombra, de Eduardo Galeano

Cuba: Havana Bay, de Martin Cruz Smith (**)

Haití: Breath, Eyes, Memory, de Edwige Danticat

República Dominicana: La maravillosa vida breve de Oscar Wao, de Junot Díaz

Bahamas: The Measure of a Man, de Sidney Poitier

Jamaica: Breve historia de siete asesinatos, de Marlon James

Puerto Rico: Cuando era puertorriqueña, de Esmeralda Santiago

Antillas Menores: El ancho mar de los Sargazos, de Jean Rhys

Groenlandia: Islands, the Universe, Home, de Gretel Ehrlich

ÁFRICA

Argelia: El extranjero, de Albert Camus

Libia: Solo en el mundo, de Hisham Matar

Egipto: Entre dos palacios, de Naguib Mahfuz

Marruecos: El niño de arena, de Tahar Ben Jelloun

Mauritania: Silent Terror: A Journey into Contemporary African Slavery, de Samuel Cotton

Mali: Sundiata: An Epic of Old Mali, de Mamadou Kouyaté

Níger: Sarraounia, de Abdoulaye Mamani

Chad: Las raíces del cielo, de Romain Gary

Sudán: Lyrics Alley, de Leila Aboulela

Nigeria: Todo se desmorona, de Chinua Achebe

Camerún: El viejo y la medalla, de Ferdinand Oyono

República Centroafricana: Batouala, de René Maran

Sudán Sur: They Poured Fire on Us from the Sky, de Benson Deng, Alephonsion Deng, Benjamin Ajak y Judy A. Bernstein

Etiopía: Beneath the Lion’s Gaze, de Maaza Mengiste

Somalia: The Orchard of Lost Souls, de Nadifa Mohamed

República Democrática del Congo: El antipueblo, de Sony Labou Tansi

Uganda: Crónicas abisinias, de Moses Isegawa

Kenia: Pétalos de sangre, de Ngũgĩ wa Thiong’o

Tanzania: Desertion, de Abdulrazak Gurnah

Angola: A Gloriosa Familia, de Pepetela

Zambia: Scribbling the Cat: Travels with an African Soldier, de Alexandra Fuller

Mozambique: Tierra sonámbula, de Mia Couto

Zimbabue: La casa del hambre, de Dambudzo Marechera

Namibia: Born of the Sun, de Gillian Cross

Botswana: La primera agencia de mujeres detectives, de Alexander McCall Smith

Sudáfrica: Desgracia, de J. M. Coetzee

ASIA

Turquía: Me llamo Rojo, de Orhan Pamuk

Georgia: The Knight in the Panther’s Skin, de Shota Rustaveli

Armenia: El visionario, de Raffi

Azerbaiyán: Blue Angels, de Chingiz Abdullayev

Irán: Shahnameh, el Libro de los Reyes, de Ferdousí

Iraq: El loco de la plaza Libertad, de Hassan Blasim

Siria: El lado oscuro del amor, de Rafik Scahmi

Líbano: The Hakawati, de Rabih Alameddine

Israel: Amaneceres en Jenin, de Susan Abulhawa (***)

Kuwait: A Map of Home, de Randa Jarrar

Emiratos Árabes Unidos: The Sand Fish, de Maha Gargash

Arabia Saudí: Ciudades de sal, de Abderrahmán Munif

Qatar: The Emergence of Qatar, de Habibur Rahman

Yemen: The Hostage, de Zaid Mutiee Damaj

Omán: The Turtle of Oman, de Naomi Shihab Nye

Kazajistán: The Book of Words, de Abay Qunanbayuli

Turkmenistán: The Tale of Aypi, de Ak Welsapar

Uzbekistán: Chasing the Sea, de Tom Bissell

Kirguistán: Jamilia, de Chingiz Aitmatov

Tayikistán: Hurramabad, de Andrei Volos

Afganistán: Cometas en el cielo, de Khaled Hosseini

Pakistán: El fundamentalista reticente, de Mohsin Hamid

Nepal: Palpasa Café, de Narayan Wagle

India: El dios de las pequeñas cosas, de Arundhati Roy

Bután: The Circle of Karma, de Kunzang Choden

Bangladés: Días de amor y guerra, de Tahmima Amam

Myanmar: Smile as they Bow, de Nu Nu Yi

Laos: In the Other Side of the Eye, de Bryan Thao Worra

Tailandia: Four Reigns, de Kukrit Pramoj

Vietnam: El dolor de la guerra, de Bao Ninh

Camboya: Se lo llevaron, de Loung Ung

Taiwán: Green Island, de Shawna Yang Ryan

Sri Lanka: El fantasma de añil, de Michael Ondaatje

Mongolia: Cielo azul, de Galsan Tschinag

Corea del Norte: Los acuarios de Pyongyang, de Kang Chol Hwan

Corea del Sur: La vegetariana, de Han Kang

Japón: Kokoro, de Natsume Soseki

China: Sueño en el pabellón rojo, de Cao Xueqin

Malasia: El jardín de las brumas, de Tan Twan Eng

Brunei: Some Girls: My Life in a Harem, de Jillian Lauren

Indonesia: Hijo de todos los pueblos, de Pramoedya Ananta Toer

Filipinas: Noli Me Tangere, de José Rizal

Timor Este: La redundancia del valor, de Timothy Mo

OCEANÍA

Australia: Cloudstreet, de Tim Winton

Papúa Nueva Guinea: Death of a Muruk, de Bernard Narokobi

Vanuatu: Black Stone, de Grace Mera Molisa

Islas Salomón: Suremada, de Rexford T. Orotaloa

Fiyi: Tales of the Tikongs, de Epeli Hau’ofa

Nueva Zelanda: The Bone People, de Keri Hulme

Pueden visualizar el mapa ilustrado AQUI

(*) El caso de la selección de Chile, fue el mas comentado, particularmente, seleccionar a Isabel Allende como representante de la Literatura Chilena es un despropósito, tomando en cuenta que el país sudamericano cuenta, entre otros, con autores de la talla de Pablo Neruda. Pero la lista no es nuestra, como lo expliqué al principio.

(**) La selección de esta obra, por parte del publico anglosajón, denota lo poco que conocen la literatura del Caribe. Dejar a un lado, obras como «El reino de este mundo» de Alejo Carpentier, la Edad de Oro, de José Martí, o «Paradiso» de José Lezama Lima, es terrible.

(***) Una selección muy polémica, no por la obra, sino por la nacionalidad. Susan Abulhawa, una de las mejores escritoras contemporáneas, nació en un campo de refugiados de palestinos, y ha luchado toda su vida por la causa palestina. El que la hayan colocado como representante de la Literatura en Israel, resulta vergonzoso. Aquí quisiera darle las gracias a Odette Yidi David, quien me escribió para mencionarme dicho detalle, y al no poder cambiar los nombres (por que la lista no me pertenece) me dio la idea de realizar las notas a pie de página.

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Fuente de la reseña: https://www.bloghemia.com/2020/02/mapamundi-literario-un-viaje-por-las.html?m=1

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Conferencia: «La emergencia sanitaria y la agudización de la crisis de los sistemas educativos en el mundo»

Por: OVE.

El Centro de Estudios filosóficos, históricos, económicos, políticos y culturales

Invitación a partir en la conferencia:

«La emergencia sanitaria y la agudización de la crisis de los sistemas educativos en el mundo»

A cargo de los distinguidos Doctores:

Marco Raúl Mejía Jimenez (Colombia)

Luis Bonilla Molina (Venezuela)

Lev Velásquez Barriga (México)

Martes 26 de mayo de 2020

Hora: 7:00 pm (Hora del centro)

Se transmitirá por ZOOM

Solicitar enlace a: jcazarest@gmail.com

Se extenderá constancia de participación

 

Fuente de la reseña: Equipo de Ove

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Francesco Tonucci, experto italiano en educación: «La cuarentena no hace más que dejar al descubierto que la escuela no funciona»

Por: elmostrador.

El reconocido experto italiano en educación, que ha dedicado una vida a estudiar y defender la infancia, considera que la cuarentena para prevenir la propagación del COVID-19 no hace más que dejar al descubierto que la escuela no funciona, aunque, al mismo tiempo, constituye una oportunidad única para que los niños y las niñas aprendan cosas nuevas. Su nuevo libro «Por qué la infancia» es un ensayo que pone luz a las grandes contradicciones de nuestra sociedad con la niñez: por un lado, a favor de una nueva pedagogía, más centrada en el descubrimiento de talentos y capacidades que en el mero objetivo de alcanzar unas metas académicas, que no aportan la garantía del éxito y la felicidad en la vida; por el otro, abogando por la promoción de políticas públicas que devuelvan a las personas, y especialmente a niños y niñas, el uso del espacio público como ámbito de libertad, esencial en las ciudades modernas.

Fuente de la reseña: https://www.elmostrador.cl/destacado/2020/05/26/francesco-tonucci-experto-italiano-en-infancia-la-cuarentena-no-hace-mas-que-dejar-al-descubierto-que-la-escuela-no-funciona/

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“Ni sueño, ni vida”: La crisis de la pandemia para los indígenas, entre Colombia y Brasil

Por: telesurtv.

Dos líderes de los indígenas han muerto por la Covid-19 a cada lado de la frontera. El cacique de Manaos, MessíasKokama y el diputado Camilo Suárez, indígena Murui, exponen con el sacrificio de sus vidas, una crisis endémica, mucho más profunda que una “debilidad demográfica”entre Brasil y Colombia.

Dos líderes de los indígenas han muerto por la Covid-19 a cada lado de la frontera. El cacique de Manaos, MessíasKokama y el diputado Camilo Suárez, indígena Murui, exponen con el sacrificio de sus vidas, una crisis endémica, mucho más profunda que una “debilidad demográfica”entre Brasil y Colombia.

“La debilidad demográfica de los pueblos indígenas asentados en el departamento de Amazonas agrava el riesgo de extinción que enfrentan en medio de esta pandemia”: La frase fue expuesta por el Procurador General de Colombia, Fernando Carrillo, quien ha pedido urgentemente en Twitter, una mayor coordinación de Bogotá con el Perú y el Brasil.

En 1767 los portugueses fundaron el fuerte Tabatinga, para tomar posesión de la frontera de Brasil con Colombia, desde entonces se establece la barrera militar. Mucho ha llovido desde entonces, mientras nadie les pregunta a los indígenas, por qué para ellos no existen las fronteras.

Los indígenas ticuna han ocupado este escenario geográfico desde hace más de 2.000 años, lo que demuestra que el establecimiento de las fronteras entre los tres países, incluyendo al Perú, conforman imaginarios nacionales creados por intereses políticos.

“Los ticuna constituyen una población aproximada de 40.000 personas, de las cuales unas 26.000 viven en Brasil, 9.000 en Colombia y de 5.000 a 6.000 en Perú, de acuerdo con la investigadora del Museo Paraense, Claudia López Garcés.

¿Cuál es el origen de la “debilidad demográfica”?

“Le pedimos al Gobierno central que nos ayude con el tema de más médicos para el departamento de Amazonas, ayuda humanitaria, personal de salud, ventiladores mecánicos, camas, camillas”, dijo otra voz: el gobernador de Amazonas, Jesús Galindo. De los 79.000 habitantes que tiene Amazonas -precisa- 605 necesitarían de una unidad de cuidados intensivos en el caso de ser contagiados con Covid-19, pero actualmente solo existe una.

“Las acciones que ha manifestado el señor ministro de Salud, no llegan al departamento. Quiero decirle señor presidente que Amazonas es Colombia, por favor, la esperanza del mundo”, aseveró Camilo Suárez, diputado de Amazonas.

El indígena de Murui, hace días clamaba: “El Amazonas está en SOS y necesitamos de su ayuda. No estamos preparados para atender esta pandemia”. Suárez le había enviado al periodista Omer Sánchez, de la emisora Ondas del Amazonas, afiliada a RCN Radio, varios mensajes de Whatsapp, repudiando la falta de atención, por parte de los encargados de la salud pública del departamento.

Y “todos los que han muerto en casa, porque ese puto comité Covid-19 no sirve pa’ nada. Yo llevo seis días esperando que alguien de ese comité venga a tomarme la muestra y no llegan”, escribió el dirigente indígena.

Camilo Suárez agonizó a la espera sin asistencia médica, a consecuencia del virus y la desprotección sanitaria. Tampoco pudieron hacerle las pruebas diagnósticas de la Covid-19, dadas las insuficiencias del sistema de salud. El líder Murui fue víctima de las malas condiciones de vida de los amazonenses, que había denunciado consistentemente: falta de acceso a la salud y la educación, ambientes infrahumanos por carencia de agua potable en algunas regiones, entre otras.

El departamento de Amazonas solo cuenta con el Hospital de San Rafael y la clínica privada de Leticia, su capital. Entre ambas instituciones, cuentan con cinco camas de cuidados intermedios, cuatro camas para adultos y tres pediátricas. Se dice que hay ocho ventiladores y que no poseen insumos para enfrentar al virus.

Hasta el 20 de mayo de 2020, el coronavirus supera los 1.000 contagios y 35 fallecidos, entre los 49.000 pobladores de Leticia, el territorio con más casos por millón de habitantes de toda Colombia. Unos días antes, se conoció del primer contagio entre indígenas.

Colombia es una de las naciones con un mayor número de comunidades indígenas en Latinoamérica. En 2005, se contabilizó a casi 1.400.000 personas indígenas, 3,5 por ciento de la población del país. En las 102 comunidades indígenas colombianas, algunas auto aisladas, han visto morir a sus ancianos, la población más susceptible y clave para la supervivencia y memoria cultural.

“El abrazo de la serpiente”

La productora cinematográfica, Cristina Gallego, dice que allí donde filmaron, hay unas 80.000 personas que necesitan asistencia médica, de las cuales el 75 por ciento es indígena. Bien lo sabe ella, porque convivió con “el abuelo”, cuando fueron a rodar la película. Karamakate, fue elegido para representar a un hombre nativo y nómada que vive solo en la selva.

Pero el virus mató al abuelo. Como mismo nadie pudo salvarlo, tampoco hubo pruebas de confirmación de la enfermedad. El nativo, Antonio Bolívar, fue uno de los protagonistas de “El abrazo de la serpiente”.

Nominada al Oscar en 2016 como la mejor película de habla no inglesa, fue realizada en coproducción de Colombia, Venezuela y Argentina. Dirigida por el joven colombiano Ciro Guerra, fue filmada durante siete semanas en la selva de los departamentos de Guainía y Vaupés.

¿Aislados o atrapados?

“Solo cuando llegué a Vaupés, me enteré que la película fue grabada aquí, en las comunidades de Santa Marta, Puerto Golondrina, y otras zonas en el caño Cuduyarí, a veinte minutos de Mitú, navegando por el río Vaupés”, dice a Telesur la socióloga Jenn Romero, quien llegó en septiembre del año pasado para apoyar un proyecto de seguridad alimentaria en comunidades indígenas.

“Me encontré con pueblos y etnias, en un 90 por ciento indígenas, donde se hablan más de 24 lenguas nativas. A ésta zona, la he llamado la ‘Amazonía invisible’, porque para los colombianos y extranjeros, solo existe Leticia. Y no quiero ser sarcástica, pero donde estoy, hace apenas tres décadas, los hombres usaban ‘guayuco’ -taparrabos- y las mujeres andaban naturalmente en ‘tetas”.

“La entidad que me trajo y la gobernación del Departamento de Vaupés, nos dejaron terminar el trabajo y cerraron el municipio. Ahora no podemos salir, no tenemos cobertura médica y tampoco nos pagan por nuestros servicios. Ni a mí, ni a los indígenas de aquí, porque los dejaron sin trabajo y no reciben ayuda humanitaria. Se sostienen de su “chagra”.

“El hospitalito no puede atender a más de 10 personas a la vez. Desde hace una semana hay once contagios, pero creemos que nos mienten, no están haciendo las pruebas”.

“Aquí estamos en un toque de queda, mientras tanto el Gobierno de Colombia falla a favor de leyes, buscando aceptar medidas de extracción de petróleo en la zona”.

“Tampoco han enviado ayuda a los pobladores con que hacer frente a la pandemia- responde la socióloga a la entrevista- conocemos de una campaña de donación en el departamento, pero los recursos no se distribuyen a la gente. Los indígenas no tienen qué comer, ahora les suspendieron las ayudas del Programa de Alimentación Escolar. Muchos están aislados en sus chagras y comunidades, sin poder comprar lo que necesitan, ni alimentos, ni artículos de aseo. El mercado indígena no abre y se les tiene prohibido entrar al casco urbano”

“Donde estoy, el internet va y viene y la poca información que llega es para quienes estamos en las redes sociales -Facebook y Whatsapp- con un celular. Aquí no hay Wifi. Algunos se informan por la radio comunitaria. Son unas 35.000 personas que intentan reinventar su cotidianidad, pero es difícil en la selva. La realidad es que la educación occidental deja como lastre, que les enseñan la religión, pero no a trabajar la tierra, que es a donde tienen que mirar  y producir alimentos para sobrevivir. Será un largo proceso, en medio de una situación económica que siempre ha sido difícil para los indígenas”

“Los únicos que tienen estabilidad en los ingresos permanentes -precisa la socióloga Jenn Romero- son los comerciantes, los colonos provenientes de Medellín, Villavicencio y otras zonas del país. Son ‘los blancos’, nunca los indígenas, quienes manejan el dinero de la cooperación internacional y las regalías nacionales.Siempre a través de ONG y del gobierno departamental, donde tampoco hay indígenas”.

“Lo único que se hace presente es la malversación de fondos, ya que en plena contingencia, el Gobernador está siendo investigado por corrupción en la contratación de vuelos chárter con presuntas misiones médicas”.

“Las paisanas y los paisanos -concluye la investigadora- como se reconocen los ‘originarios’, caminan rápido y nadan bien. Comen lo que les da el monte, duermen en hamacas y tienen una contextura física para moverse con fluidez en un entorno, que para el resto de nosotros sería imposible. Ellos no dejarán morir a sus hermanos, así sean de Brasil. Porque del lado colombiano, apenas les toma dos minutos cruzar el río y ya están en la ribera brasileña. Una ‘frontera porosa’, donde los paisanos hablan español o portugués y la lengua de su etnia”

Sin embargo, el virus los ha dejado indefensos. Tanto es así, que algunos ancianos -los sabedores- de las comunidades, han querido quitarse la vida por no poder respirar, aún después de tomar su medicina natural, como desde hace tiempo, es la única que tienen.

La muerte los alcanza primero

Por más rápido que anden, el abrazo de la muerte alcanza primero a los indígenas. El cacique MessíasKokama, considerado el líder principal de Manaos, capital del estado brasileño de Amazonas, murió víctima del virus y su comunidad apenas pudo decirle adiós sin ceremonia.

“Perdimos a nuestro líder, un cacique que soñó el primer barrio indígena. Hoy nos deja un ejemplo de persistencia y un legado conquistado, con lucha y coraje ante los conflictos y obstáculos”, dijo la profesora Claudia Baré, también fundadora de esa comunidad, en el mayor centro urbano de la Amazonía.

La muerte del cacique se supone la primera en Manaos. Mientras, la Secretaría Especial de Salud Indígena del Ministerio de Salud, había reportado 277 casos confirmados y 19 muertes de indígenas en todo el país. En la capital del estado de Amazonas, ahora cuentan 37 contagios en nativos.

Y fue precisamente Manaos el detonante del sistema de salud brasileño ante la pandemia.“Ya no estamos en estado de emergencia, sino en absoluta calamidad”, dijo el alcalde Arthur Virgilio Neto. Por día se triplica el número de muertos. En esa ciudad de 2.1 millones de habitantes, durante el tercer mes del año, se registraron 2.435 funerales, unos 80 por día, o sea, más de tres muertos por hora.

Se estima que en Brasil, unas 900.000 personas viven en 305 tribus, aunque la mitad de los indígenas de Brasil están fuera de la Amazonia. El Gobierno ha reconocido 690 territorios para sus habitantes indígenas, que abarcan aproximadamente el 13 por ciento de la superficie del país.

Brasil con más de 300.000 casos de coronavirus a finales de mayo, es uno de los focos globales de la enfermedad. La zona más afectada es el estado de Sao Paulo, seguido de Río de Janeiro. En eso ya Brasil emula a los Estados Unidos. El gigante sudamericano es ahora -tristemente- el segundo a nivel mundial en la lista de contagios.

Dos exministros de Salud, Nelson Teich y Luiz Henrique Mandetta, dimitieron por discrepancias con Jair Bolsonaro en la gestión de la crisis sanitaria, mientras el jefe de Estado rechaza las medidas de aislamiento social por priorizar a la economía.

Desaparecería el patrimonio ancestral

Allá lejos de todo, a casi dos meses después de iniciado el autoaislamiento, los indígenas intentan sobrevivir internos en la selva, entre Brasil y Colombia.

Aun así, “hacia Vaupés -declara la socióloga, asentada en territorio indígena- esto será un etnocidio y terminaríamos perdiendo el privilegio de conocer estos pluriversos culturales, los pueblos: Majiñá, Macuna, Carapana, Itana, Desano, Tanimuca, Tuyuca, Letuama, Barasana, Tucano, Bará, Yuhup, Curripaco, Yeral, Piratapuyo, Guanano, Cubeo, Yurutí, Siriano, Tatuyo, de los cuales cada uno tiene su lengua propia. Nos perderemos de conocer familias multiétnicas, que solo tienen en común el español o el portugués. Desaparecería el patrimonio ancestral de políglotas que hablan hasta diez lenguas originarias, las chagras ya no serían las unidades productivas más importantes, para ayudar a nuevas formas de desarrollo y crecimiento productivo sostenible”.

Podría perderse eso que los une hasta hoy, la vida de los indígenas, testigos ancestrales de Suramérica. Lo que los asecha ahora es la muerte.

El protagonista de “El abrazo de la serpiente” en su personaje Karamatake-encargado de guiar a través de la selva al etnobotánico Richard Evans- quedó para siempre como el indígena que nos lleva en búsqueda de la milagrosa yakruna.

Antonio Bolívar, ya no espera en el corazón de la selva a que aparezca desde la sabiduría de sus Dioses, una planta sagrada o algo que estimule la capacidad de soñar -ni siquiera eso- porque a Karamatake, MessíasKokama y Camilo Suárez o a tantos indígenas a cada lado de la frontera, la enfermedad y el etnocidio, le arrebataron sus vidas y sus profundas conexiones espirituales con la tierra que los hacían soñar.

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