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Ghana ha renovado su censo para hacerlo más inclusivo, pero han aflorado las viejas tensiones

La autora, investigadora de la Universidad Martín Lutero de Halle-Wittenberg, recuerda que los datos servían para controlar el país en la época colonial. Hoy, la estadística poblacional contribuye a revelar realidades que apoyen políticas públicas encaminadas a un mejor desarrollo, pero hay polémica.

Ghana acaba de efectuar su censo de población y vivienda más reciente, una tarea que se lleva a cabo cada diez años. Por primera vez se ha utilizado un sistema digital de recopilación y transferencia de datos. El uso de las innovaciones digitales ha aportado ventajas significativas. Por ejemplo, ha facilitado la comprobación de la calidad de los datos en tiempo real y reducido el tiempo necesario para procesarlos.

Además, la integración de información basada en GPS sobre la ubicación de los entrevistados ha añadido nuevas capas de datos espaciales. El nuevo sistema permite analizar espacialmente el acceso a necesidades básicas como el agua. Esto ayuda a la estadística a cumplir su objetivo de analizar las condiciones de vida de los ciudadanos.

En un artículo de investigación publicado el año pasado, examiné la transformación digital del sistema de datos ghanés sobre la población. Por el momento, el estudio de estos avances se ha centrado principalmente en los costes y la aplicación.

Pero hay también aspectos políticos y sociales que se han pasado en gran medida por alto. Por ejemplo, el objetivo del censo digital de este año era dar “voz a todos los habitantes del país”. Para lograrlo, se introdujeron cambios, como por ejemplo, nuevas categorías censales que cubren la situación de discapacidad. Esto indica una nueva forma de inclusividad. Y con el uso de las TIC, las nuevas áreas focales incluían el acceso a infraestructuras básicas.

Por otra parte, el último recuento de habitantes ofrece una ventana al disputado terreno de las estadísticas de población. Estas se basan en clasificar la variación individual en categorías, que son medios técnicos para poder contar los habitantes. Pero son mucho más que eso. Producen líneas divisorias con las que la gente se identifica, personal y colectivamente. De ese modo constituyen un elemento fundamental para esquematizar a la ciudadanía y representarla como nación.

Ghana es una democracia relativamente joven. Y la construcción del país aún no ha terminado. No es de extrañar, por tanto, que las categorías de los censos hayan sido objeto de debate. El último no se ha librado. Queda claro por el hecho de que ha suscitado emociones intensas acerca de la ciudadanía y la pertenencia.

La consolidación del sistema estadístico

Históricamente, el sistema de datos de población ghanés ha dependido en gran medida de la realización de censos. Algunos países, como Países Bajos o Dinamarca, se basan en sus sistemas de registro civil para obtener esas estadísticas. Pero, tradicionalmente, en Ghana no se ha invertido lo suficiente en estas capacidades. Por lo tanto, los cálculos de población requerían encuestas y proyecciones periódicas.

En la era colonial, los censos no se centraban tanto en las condiciones de vida de la población como en establecer el control sobre la colonia

Los cimientos para establecer un sistema estadístico integral en Ghana pueden situarse en la Constitución de 1979 y en la Ley de Servicios Estadísticos de 1985. Ambas establecieron el Servicio Estadístico de Ghana como un organismo independiente. En 2019, una revisión de la Ley de Servicios Estadísticos (Ley 1003) otorgó competencias adicionales a la institución.

Esta consolidación ha beneficiado de distintas maneras al censo de población y vivienda de 2020/2021. Por ejemplo, se ha usado el sistema de direcciones del país para comprobar la calidad de los datos mediante la comparación con el registro de viviendas existente.

La evolución

En la historia ghanesa posterior a la independencia, la confección del censo hacía algo más que meramente cubrir las necesidades de datos de diferentes programas políticos y de desarrollo. Ha ayudado también a construir una sociedad en la que los individuos se reconocieran a sí mismos. De este modo, ha contribuido de manera crucial a forjar la visión que el país tiene de sí mismo.

Por ejemplo, según escribe el historiador Gerardo Serra, el primer censo de Ghana después de la independencia, realizado en 1960, se presentó como un alejamiento del colonialismo y como un primer paso hacia la era moderna. En la época colonial, estos recuentos no se centraban tanto en las condiciones de vida como en establecer el control sobre la colonia.

Cuando Ghana volvió al régimen democrático, en 1992, el censo hizo hincapié en el desarrollo nacional prestando más atención a la planificación del agua, el transporte, la salud y las infraestructuras educativas

Tras la independencia, reflejaban la preocupación cada vez mayor por el aumento de los habitantes, y se centraban en la natalidad y la ciudadanía. Gradualmente, se fueron añadiendo categorías que supuestamente debían reflejar la estructura económica del país. Por ejemplo, tras los programas de ajuste estructural de 1983, el censo de 1984 se adaptó a las necesidades de las organizaciones internacionales, entre ellas, el Banco Mundial.

Por otra parte, la descentralización en ciernes del sistema de Gobierno exigía una localización mayor del análisis y la declaración de datos. Cuando Ghana volvió al régimen democrático, en 1992, la elaboración de la estadística hizo hincapié en el desarrollo nacional. Las cuestiones a las que se prestó mayor atención fueron la planificación del agua, el transporte, la salud y las infraestructuras educativas.

Desacuerdos

Los cambios en el objeto y el método ghanés han ido acompañados históricamente de desacuerdos acerca de las categorías utilizadas. Se añadieron y situaron en primer plano nuevas categorías, como los límites de las autoridades locales, los nombres de las comunidades o las distinciones profesionales.

Este censo no ha sido distinto. Los debates públicos y los boicots locales a la edición del 2021 se han centrado en las preocupaciones por una representación insuficiente.

Por ejemplo, en la región de Alta Ghana Oriental se expresó la preocupación por la supuesta discriminación en la enumeración de localidades. En la región del Volta, las protestas se centraron en que supuestamente no se habían incluido subgrupos de la etnia ewé.

El estudio suscitó también debate público acerca de quién se considera ghanés. Algunos alegaban que determinados grupos incluidos en la entrevista representaban a extranjeros. Por ejemplo, tachaban de togoleses a los residentes en las zonas fronterizas, mientras que repetidamente se calificaba de inmigrantes a las poblaciones de fulanis y hausas.

Y mientras que el Gobierno lo enmarcaba como un medio para mejorar el desarrollo del país, algunos residentes afirmaban que no iban a participar porque el desarrollo había pasado por alto a sus comunidades.

Estos debates han politizado la elaboración de esta estadística, convirtiéndola en una oportunidad para cimentar la identidad nacional y, al mismo tiempo, reformular el relato oficial sobre el potencial de los datos para fomentar el desarrollo.

El censo de población y vivienda de 2020-2021 ha ido acompañado de la promesa de mejores datos para el desarrollo. Sin embargo, las protestas en torno a la identidad y la pertenencia son preocupaciones que la tecnología no puede solventar.

Alena Thiel es investigadora posdoctoral, investigadora principal del artículo How Democracies Know: Identification Technologies and Quantitative Analyses of Development in Ghana, Universidad Martín Lutero de Halle-Wittenberg.

Fuente: https://elpais.com/planeta-futuro/2021-08-13/ghana-ha-renovado-su-censo-para-hacerlo-mas-inclusivo-pero-han-aflorado-las-viejas-tensiones.html

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Indígenas de Bangladesh viven con la zozobra de perder sus bosques

 Cuando el Departamento Forestal de Bangladesh taló el huerto de bananos de Basanti Rema, esta habitante indígena de los bosques de Madhupur, sintió que estaba viviendo una pesadilla.

Rema, de la aldea de Pegmari, en Madhupur, parte del distrito de Tangail, había cultivado sus platanales  en media hectárea dentro del bosque de esa área protegida. Pero el Departamento Forestal alegó que la tierra en la que se cultivaban los bananos pertenecía al organismo estatal.

La historia de Rema no es inusual, ya que en el pasado los garo y otras minorías indígenas han sido desalojados de sus tierras ancestrales por falta de derechos registrados sobre ellas, aunque existan pruebas de que junglas como la de Madhupur han sido su hogar de siempre.

“La disputa por la tierra es el principal problema, ya que el gobierno declaró 9145 acres (3700 hectáreas) de tierra del bosque de Madhupur como bosque de reserva forestal absoluta, poniendo en riesgo nuestra vida en nuestra tierra ancestral”, dijo Jonajetra, un miembro de la comunidad garo que vive dentro de ese bosque selvático, en la región norcentral de este país del sur de Asia.

En su diálogo con IPS, aseguró que el Departamento Forestal a menudo presenta casos falsos contra los indígenas por la supuesta tala de árboles. Incluso se ha demandado por esa actividad a niños de siete y ocho años.

En el boletín oficial de Bangladesh del 15 de febrero de 2016, el Ministerio de Medio Ambiente y Bosques declaró la tierra parque nacional de Madhupur como reserva forestal en virtud de la sección 20 de la Ley Forestal de nada menos que de 1927.

“Los habitantes garo se han enfrentado a varios problemas en la jungla. El Departamento Forestal presenta con frecuencia casos falsos contra nosotros”, dijo a IPS el dirigente Eugin Nokrek, presidente de Joyenshahi Adivasi Unnayan Parishad, una organización de pueblos indígenas bangladesíes.

“Si queremos construir una nueva casa y desmantelar la antigua, el departamento obstruye nuestras obras. Si queremos plantar huertos de bananos o piñas en nuestras tierras en barbecho, recibimos objeciones del Departamento Forestal”, añadió.

Miedo al desalojo

A pesar de vivir en la jungla de Madhupur, también conocida como Garth Gazau, durante generaciones, a los indígenas garo y otras minorías no se les han reconocido sus derechos en aquellas tierras declaradas como forestales.

Los esfuerzos del Departamento Forestal por recuperar las tierras perdidas por la agricultura y el acaparamiento de tierras han acrecentado el temor de las comunidades indígenas de perder las tierras donde han vivido por muchas generaciones, con derechos diferenciados a otros ocupantes que no se están teniendo en cuanta.

“Estamos a punto de ser desalojados de nuestras tierras ancestrales, ya que el gobierno ha declarado el bosque de Madhupur como una reserva absoluta. Podemos ser desalojados del bosque en cualquier momento”, dijo Nokrek, miembro del pueblo garo.

Hace décadas, Madhupur, en el distrito de Tangail, tenía 49 750 hectáreas, de las que  22 450 eran bosques protegidos.

Miembros de los pueblos indígenas de Bangladesh forman una cadena humana en el distrito de Tangail, en una de sus muchas iniciativas para exigir que se le reconozcan derechos legales sobre sus tierras ancestrales, en especial en la jungla de Madhupur. Foto: Rafiqul Islam / IPS

Según los funcionarios del Departamento Forestal de Tangail, ya han desaparecido algo más de 32 000 hectáreas de bosque debido a la tala indiscriminada y al acaparamiento de tierras, en un proceso que continúa y que se busca revertir.

Mohammad Jahirul Haque, funcionario forestal en la división de Tangail, dijo que el Departamento continuará sus campañas para recuperar las tierras forestales de los acaparadores. Sin embargo, aseguró a IPS que no había ningún plan para desalojar a los indígenas del bosque y que permanecerían en sus tierras ancestrales.

Según Sanjeeb Drong, secretario general del Foro de Pueblos Indígenas de Bangladesh, legalmente el bosque de Madhupur está bajo la jurisdicción del Departamento Forestal, pero los indígenas lo reclaman como su territorio colectivo ancestral y tienen pruebas para defender sus derechos.

El activista recordó que Madhupur es el hogar de las etnias garo, barman y koch, que viven entre sus árboles por muchas generaciones.

Cumplir una promesa

Al gobierno de la primera ministra Sheikh Hasina se le considera sensible a los derechos indígenas y en el programa electoral que la elevó por primera vez al poder en enero de 2009 se comprometía a formar una comisión independiente para resolver los conflictos territoriales de las diferentes minorías étnicas.

Pero la estela de persecuciones del pasado mantiene el temor entre las comunidades originarias, lo que se recrudece con las medidas adoptadas por el Departamento Forestal contra las actividades de los indígenas en Madhupur y los obstáculos de todo tipo al desarrollo de sus comunidades.

Nokrek dijo que muchas familias indígenas fueron desalojadas de Madhupur durante el bienio 2007-2008, durante el gobierno provisional de entonces.

Al dirigente indígena le preocupa que un cambio de gobierno pueda incrementar los desalojos, aduciendo causas de conservación ambiental o de otro tipo.

“Somos los habitantes del bosque y exigimos derechos legales sobre nuestra tierra, en la que hemos vivido durante generaciones. Queremos el reconocimiento legal de nuestra tierra ancestral para que nadie pueda desalojarnos”,  dijo Nokrek.

Además, explicó, “si tenemos el reconocimiento legal, obtendremos una compensación cuando el gobierno quiera hacerse con nuestras tierras ancestrales por un interés mayor”.

Los propietarios de tierras son compensados cuando se adquieren sus tierras para proyectos gubernamentales. Sin embargo, los garo y otras etnias indígenas no pueden recibir una indemnización porque no tienen pruebas legales sobre la propiedad de la tierra y otros derechos colectivos sobre ella.

De hecho, “la larga disputa sobre el derecho a la tierra de las minorías étnicas aún no se ha resuelto, ya que el gobierno todavía no ha formado la prometida comisión”, dijo Drong.

“Los responsables políticos deben tomar decisiones sobre cómo conceder a las personas de las etnias los derechos sobre sus tierras ancestrales”, insistió el secretario general del Foro de Pueblos Indígenas de Bangladesh.

En 1956, el entonces gobierno de Pakistán declaró el bosque a Madhupur como parque nacional y desalojó a los indígenas para adquirir las tierras forestales.

Tras alcanzar  Bangladesh su independencia en 1971, el bosque de Madhupur fue declarado bosque nacional o bosque reservado.

“Aunque los garo llevaban mucho tiempo viviendo en este bosque, los terratenientes no les concedieron derechos sobre la tierra tras la aprobación de la Ley de Adquisición y Tenencia del Estado de Bengala Oriental en 1950. Por eso perdieron sus derechos sobre sus tierras ancestrales”, detalló Drong en su diálogo con IPS.

Eso no ha sido obstáculo para que “la mayor parte del bosque de Madhupur ya haya sido acaparada por personas influyentes y ocupantes locales”, señaló.

Los árboles nativos son reemplazados

Nokrek, por su parte, denunció que el Departamento Forestal está sembrando plantones de acacia, en lugar de mantener los tradicionales árboles de sal (Shorea robusta ) en el bosque más grande de esta especie en Bangladesh, en el marco de un llamado programa de forestación social.

“El Departamento Forestal, los políticos y las personas influyentes encuentran negocio en este proyecto”, dijo.

Tras señalar que, debido a la presión del aumento de la población, la superficie forestal disminuye día a día, el dirigente indígena dijo que en los últimos años se han establecido fábricas e industrias en terrenos forestales mediante la falsificación de documentos.

Haque, el responsable de la división del Departamento Forestal de Tangail, dijo que había algo menos de 50 000 hectáreas de bosque de sal en Madhupur, aunque reconoció que parte de ese territorio estaba ocupado por acaparadores locales de tierra y personas influyentes.

El Departamento Forestal ha recuperado hasta ahora unas 7500 hectáreas de esas tierras boscosas, aseguró.

Como el bosque se está reduciendo rápidamente en la principal zona de Madhupur,  Haque  aseguró que el gobierno tomó ya la decisión de restaurar el bosque tradicional de sal y la tierra forestal en barbecho se pondrá bajo cobertura verde con la plantación de nuevos plantones de esa especie nativa.

Fuente: https://rebelion.org/indigenas-de-bangladesh-viven-con-la-zozobra-de-perder-sus-bosques/

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Amnistía Internacional: 11 cosas que debes saber sobre el trabajo infantil

Tendrían que estar jugando o camino a la escuela, pero no pueden porque se ven obligados a trabajar. Cada 12 de junio, Día Mundial contra el Trabajo Infantil, ponemos el foco en este problema mundial que roba a niños, niñas y adolescentes su infancia, su presente, su futuro y su derecho a una vida digna.

Además, este 2021 ha sido declarado por Naciones Unidas como el Año Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil. También es un reto de la Agenda 2030 que pretende poner fin a todas las formas de trabajo infantil para el año 2025. Estamos en el camino, pero aún queda mucho por hacer.

¿Qué es el trabajo infantil?

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) lo define como todo trabajo que priva a los niños y niñas de su niñez, su potencial y su dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico. Hablamos, por tanto, de una vulneración de los derechos de los niños y niñas.

El término “trabajo infantil” se refiere a cualquier trabajo que es físico, mental, social o moralmente perjudicial o dañino para el niño o la niña; e interfiere en su escolarización, privándole de la oportunidad de ir a la escuela, obligándole a abandonar prematuramente las aulas o exigiendo que intente combinar la asistencia a la escuela con largas jornadas de trabajo pesado.

Según las normas internacionales, varios baremos muestran qué es el trabajo infantil: la edad, la peligrosidad del trabajo y el número de horas trabajadas. La edad a partir de la cual niños y niñas deberían empezar a trabajar es variable según la OIT. En ningún caso deben hacerlo si son menores de 12 años, y a partir de ese límite depende de varias variables: si el trabajo supone o no peligros para su salud y el nivel de desarrollo del país.

Menores y adultos trabajando en las minas de cobalto en República Democrática del Congo. © AI

Menores y adultos trabajando en las minas de cobalto en República Democrática del Congo. © AI

¿Cuáles son las peores formas de trabajo infantil?

Hablamos de la esclavitud, el reclutamiento forzoso para conflictos armados, la trata de niños y niñas, la servidumbre, la prostitución y la pornografía, la obligación de realizar actividades ilegales, en particular la producción y el tráfico de estupefacientes, o actividades que supongan cualquier tipo de peligro, dañen su seguridad o su salud.

¿Qué no es trabajo infantil?

Cuando se habla de trabajo infantil no se incluyen actividades como la colaboración en las tareas del hogar, en el negocio familiar fuera del horario escolar o vacaciones. De hecho, se considera que este tipo de actividades pueden ser positivas para su desarrollo personal, siempre que sean adecuadas a su edad y madurez, no afecten de manera negativa a su salud y no interfieran en su educación y desarrollo personal.

¿Cuántos niños y niñas son víctimas del trabajo infantil?

Según las últimas estimaciones de la OIT y Unicef, con datos del año 2020, en todo el mundo hay 160 millones de niños y niñas víctimas de trabajo infantil79 millones -casi la mitad- sufren alguna de las peores formas de trabajo infantil como la esclavitud, la trata o el reclutamiento forzoso para conflictos armados.

No hay que perder de vista que las cifras pueden ser mayores, puesto que hay trabajos difíciles de contabilizar como, por ejemplo, el trabajo doméstico.

En las dos últimas décadas se había dado una disminución progresiva e ininterrumpida del trabajo infantil en todo el mundo. Sin embargo, esta tendencia se ha frenado y en los últimos cuatro años las cifras han aumentado. En este periodo, el trabajo infantil ha crecido de 152 a 160 millones. Es decir, hoy hay 8 millones de niños y niñas más trabajando que en 2016. Una tendencia y unos datos que nos deberían preocupar.

“El trabajo infantil ha crecido de 152 a 160 millones. A día de hoy, hay 8 millones de niños y niñas más trabajando que en 2016”

El último informe de la OIT y Unicef apunta a que este incremento se concentra principalmente en los niños y niñas que tienen entre cinco y once años. En este colectivo, hay casi 17 millones más obligados a trabajar que en el 2016.

Ambas organizaciones también alertan de que si no se toman las medidas adecuadas, el número de menores sometidos a trabajo infantil podría aumentar de aquí a finales de 2022 por las consecuencias de la COVID-19, el cierre de escuelas, la pérdida de ingresos familiares y el aumento de la pobreza en muchas zonas del planeta.

¿Cómo afecta el trabajo infantil a las niñas?

La falta de información sobre el trabajo de las niñas hace difícil establecer una radiografía real de su situación. Los datos señalan que el trabajo infantil es más frecuente entre los niños que entre las niñas, pero si se tienen en cuenta las tareas domésticas realizadas por 21 horas o más a la semana, la brecha de género se reduce.

Las niñas sufren la doble carga de la escuela y las tareas del hogar. Una situación que empeora su rendimiento escolar y que, en muchas ocasiones, las obliga a abandonar las clases de forma temporal y, en otras, a dejar el colegio para nunca regresar.

¿En qué países existe trabajo infantil?

Un chico de 14 años, que vive en el asentamiento de desplazados internos de Chaman-e- Babrak, compra verduras en el mercado local, donde vende té para ganarse la vida.

Un chico de 14 años, que vive en el asentamiento de desplazados internos de Chaman-e- Babrak, compra verduras en el mercado local, donde vende té para ganarse la vida. © AI

Se concentra en los países más pobres y con mayor desigualdad. Casi la mitad del trabajo infantil lo encontramos en África, seguida por la región de Asia y el Pacífico.

En África Subsahariana casi uno de cada cuatro menores está afectado por esta situación. Además, en todo el continente las cifras han aumentado de 72 a 92 millones desde 2016.

Por ejemplo, en la República Democrática del Congo alrededor de 40.000 niños y niñas trabajan en minas en el sur del país, muchas de ellas de cobalto, según datos de UNICEF. Llegan a trabajar hasta 24 horas en la mina y su salario no supera los 2 dólares al día. 

“En la República Democrática del Congo alrededor de 40.000 niños y niñas trabajan en minas en el sur del país, muchas de ellas de cobalto, según datos de UNICEF. Llegan a trabajar hasta 24 horas en la mina y su salario no supera los 2 dólares al día. ”

En Indonesia, Amnistía Internacional investigó en 2016 las plantaciones de aceite de palma, donde menores de tan solo ocho años trabajan en condiciones peligrosas, sin equipos de seguridad en campos donde se usan pesticidas tóxicos y transportando bolsas de frutos de palma que pueden pesar entre 12 a 25 kilos.

En todo el mundo se calcula que hay unos 300.000 niños y niñas soldados en conflictos armados. Son víctimas de las atrocidades de la guerra y, al mismo tiempo, son obligados a empuñar un arma y estar en la primera línea de combate. Además, se les usa como cocineros/as, mensajeros/as o esclavos/as sexuales. Las heridas físicas y los traumas emocionales que sufren son difíciles de superar.

¿En qué sectores los niños y niñas sufren trabajo infantil?

Existe en casi todos los sectores. Sin embargo, 7 de cada 10 niños y niñas trabajan en la agricultura, ganadería y pesca, según la OIT. Le siguen el sector servicios (31,4 millones) y el sector industrial (16,5 millones).

En 2017 Amnistía Internacional denunció cómo grandes marcas de aparatos electrónicos, como teléfonos móviles u ordenadores, y empresas de automóviles eléctricos no hacían comprobaciones para asegurar que no se utiliza cobalto extraído con mano de obra infantil en sus productos.

¿Qué causas están detrás del trabajo infantil?

La pobreza económica lleva al trabajo infantil, y este a su vez perpetúa la pobreza. Según la OIT, es fruto de la combinación de varios factores como la pobreza, las emergencias regionales y la migración. De esta forma, muchos niños y niñas se ven en la obligación de trabajar para contribuir a la economía familiar o como único medio de supervivencia, realizando trabajos que ponen en peligro su vida.

Por otro lado, los niños y niñas que no tienen acceso a la educación tienen más posibilidades de convertirse en víctimas del trabajo infantil y este les roba su derecho a acceder a una educación de calidad. Asistimos así a otro círculo de pobreza y desigualdad que hay que romper.

Otras causas que explican el trabajo infantil son la trata de menores y la explotación sexual.

Niños clasificando mineral de cobalto en el barrio de Kasulo, Kolwezi, República Democrática del Congo, mayo de 2015.

Niños clasificando mineral de cobalto en el barrio de Kasulo, Kolwezi, República Democrática del Congo, mayo de 2015. © AI

¿Cuáles son las consecuencias?

El trabajo infantil afecta al desarrollo físico y emocional de los niños y niñas. Los menores pueden llegar a desarrollar enfermedades y dolencias crónicas o desnutrición por estar expuestos a largas jornadas, cargas pesadas, sustancias peligrosas o a ser víctimas de abuso por parte de los adultos.

Además, sufren las consecuencias de vivir en un ambiente hostil o violento. En muchos casos, son separados de sus familias. También pierden su derecho a la educación, ya que compaginar trabajo y estudios aumenta las tasas de abandono escolar. En otros casos, directamente se ven obligados a abandonar las clases. Todo ello afecta a su desarrollo personal.

¿Qué normas internacionales lo regulan?

Para prevenir y erradicar el trabajo infantil existen normas internacionales impulsadas por la Organización Mundial del Trabajo. Una de ellas es el Convenio número 138, que establece que la edad mínima de admisión al empleo no deberá ser inferior a la edad en que cesa la obligación escolar. La mayoría de los países firmantes han establecido la edad mínima para trabajar en los 15 años. Este convenio ha sido ratificado por 173 países. Otros como Australia, Bangladesh, Estados Unidos, Irán, Liberia o Somalia no lo han firmado.

Por otro lado, el Convenio 182regula las peores formas de trabajo infantil. Un convenio que ha sido ratificado por los 187 países que forman parte de la organización, algo que sucede por primera vez en la historia de la OIT.

¿Cómo frenarlo?

La concienciación internacional sobre este problema es fundamental para acabar con lo que es una vulneración de los derechos de los niños y niñas. Gobiernos, organizaciones, empresas y ciudadanía debemos asumir nuestra parte de responsabilidad.

Los Estados deben recordar su papel a la hora de establecer políticas de protección de los menores y prohibir el trabajo infantil. Las empresas también pueden contribuir a ello mostrando su compromiso con los derechos humanos y los derechos de la infancia. Y en la mano de todos y todas está informarse, denunciar las situaciones de vulneración de derechos de los niños y niñas, y hacer un consumo responsable.

Proteger la infancia debe ser una prioridad en cualquier lugar del mundo. Es necesario que se garanticen sus derechos. Nada ni nadie debe robarles su infancia y su futuro.

Fuente: https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/blog/historia/articulo/11-cosas-que-debes-saber-sobre-el-trabajo-infantil/

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La crisis en Líbano deja a muchos niños sin acceso a las escuelas

En un campo de refugiados sirios en el este de Líbano, Mohamed y sus tres hermanas temen quedarse sin ir a la escuela por tercer año consecutivo, debido a que no tienen cómo acceder a la enseñanza remota.

«Mire mi teléfono, ¿cómo espera que mi hijo estudie con esto?», preguntó su padre, Abdel Nasser, sentado en la carpa de su familia en el valle del Becá. «La pantalla está quebrada… y no tengo internet», lamentó.

Mohamed, de 11 años, y sus hermanas están entre decenas de miles de niños sirios, libaneses y palestinos que han quedado meses sin enseñanza escolar a causa de las restricciones por el coronavirus.

Grupos de derechos humanos han calificado la situación de una «catástrofe educativa» que afecta especialmente a los refugiados, los cuales ya tenían dificultades para estudiar antes de la pandemia.

«No tenemos dinero para comprar un celular para todos. Primero tenemos que alimentar a nuestros hijos», dijo su madre, Shamaa.

Mohamed llegó a Líbano desde Siria en 2012, un año después del estallido del conflicto que ha dejado 388.000 muertos y millones de desplazados.

No pudo ingresar a la escuela hasta 2019 porque el sistema de enseñanza pública libanés no admitió a los refugiados sirios hasta 2013, y solo aceptaba un número limitado.

El primer año de escuela de Mohamed coincidió con la pandemia del covid-19, que provocó la suspensión de las clases. «Él ni siquiera sabe multiplicar por uno», contó su padre.

– Impacto de la crisis –

Hind, Sara y Amal, las hermanas de Mohamed, con edades de entre 12 y 14 años, habían estado cuatro años en la escuela cuando el Ministerio de Educación adoptó, en marzo de 2020, la enseñanza a distancia.

«Yo estaba feliz. Estaba estudiando árabe, inglés, ciencia y geografía», comentó Amal, de 14 años. «Pero ahora mis padres no pueden darme una educación en línea», lamentó.

Más de 1,2 millones de niños en Líbano han quedado sin acceso a la escuela desde febrero de 2020, cuando llegó la pandemia al país, según la organización Save the Children.

La entidad advirtió el mes pasado que muchos niños podrían no volver nunca más a un aula, ya sea porque ya han perdido tantas clases o porque sus familias no tienen recursos para matricularlos.

Líbano enfrenta su peor crisis económica desde la guerra civil de 1975 a 1990, con más de la mitad de su población abajo de la línea de pobreza.

Entre los sirios la pobreza es aún mayor, con 90% de las familias que apenas logran sobrevivir.

Lisa Abou Khaled, del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, dice que la crisis económica afecta a la educación.

Citando datos del Ministerio de Educación libanés, Abou dijo que 25.000 estudiantes sirios tenían que haber iniciado o reingresado a la escuela en el período 2020-2021, pero no lo hicieron.

«Creemos que la cifra real es más alta que eso», agregó, tras apuntar que más de la mitad de los niños sirios no asisten a clases.

– «Indignada» –

La catástrofe educativa también golpea a decenas de miles de libaneses que han perdido sus empleos o sufrido una caída en sus ingresos desde 2019, cuando se aceleró la crisis.

En un apartamento estrecho del barrio Burj Hammoud, en el este de Beirut, Pamela, de 11 años, muestra un teclado, lo único que quedó de una computadora que fue destruida en la enorme explosión del 4 de agosto de 2020 en el puerto de Beirut.

El estallido, que dejó más de 200 muertos, impactó la casa de Pamela y agravó la miseria que sufre su familia por el agravamiento de la crisis financiera.

La familia no tenía cómo comprar una nueva computadora, que se encareció por la rápida devaluación de la libra libanesa. «Comencé a llevar clases en mi teléfono celular», contó Pamela.

Pero los apagones de hasta 18 horas diarias la dejaron luchando por mantener su teléfono encendido y conectado a internet. Hasta que desistió de la escuela.

«Estaba indignada con la educación en línea, no lo podía aguantar más», reclamó.

Su padre, un taxista desempleado, dijo que quería que Pamela dejara las clases desde meses antes.

Pero Pamela tiene la esperanza de regresar un día a las aulas. «Quiero estudiar para que pueda conseguir un trabajo decente más adelante y así ayudar a mis padres», comentó.

Fuente: https://www.swissinfo.ch/spa/la-crisis-en-l%C3%ADbano-deja-a-muchos-ni%C3%B1os-sin-acceso-a-las-escuelas/46624300

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Amnistía Internacional: represión en el Sáhara Occidental por defender los derechos humanos

– Intimidación y hostigamiento de las autoridades marroquíes a los defensores saharauis de DDHH por expresar de forma pacífica sus opiniones.

– Recuerda que los presos de Gdeim Izik fueron condenados en juicios sin garantías, en los que no se investigaron las denuncias de tortura

La defensa pacífica de los derechos humanos y expresar opiniones en el Sáhara Occidental bajo ocupación marroquí supone sufrir detención, según el último informe de Amnistía Internacional (AI) sobre la situación de los derechos humanos en el mundo.

En el Informe 2020/21 Amnistía Internacional denuncia que durante 2020 en el Sáhara Occidental “continuaron la intimidación, el hostigamiento y la detención de defensores y defensoras saharauis de los derechos humanos por expresar de forma pacífica sus opiniones”.

El informe incluye la información correspondiente a los derechos humanos en el Sáhara Occidental en el mismo apartado que la de Marruecos, donde las autoridades usaron la pandemia para reprimir la disidencia aprobando legislación restrictiva e incoar procesamientos por criticar la gestión gubernamental de la crisis o por incumplir las medidas de emergencia.

De los múltiples casos de saharauis defensores de los derechos humanos que han sufrido la represión de las autoridades marroquíes, Amnistía Internacional cita el de los periodistas Ibrahim Amrikli y  Essabi Yahdih.

De Ibrahim señala que fue detenido en mayo en El Aaiún, capital del Sáhara Occidental, y durante más de dos días fue interrogado por su trabajo para la organización de derechos humanos saharaui Fundación Nushatta  y que fue  golpeado e insultado “reiteradamente”.

Dice AI que fue obligado a firmar una “confesión” de cargos falsos en la que reconocía haber arrojado piedras contra agentes, y que dos días más tarde fue acusado de “infringir órdenes relacionadas con la situación de emergencia sanitaria” y de “ofender a funcionarios públicos”.

Respecto a Essabu Yahdi, fundador de Algargarat Media, AI relata que fue detenido en julio en El Aaiún “arbitrariamente” cuando se personó en la comisaría para obtener un certificado administrativo, y que permaneció recluido durante 10 horas, antes de quedar en libertad sin cargos.

“Posteriormente –continúa- dijo que la policía lo había insultado; amenazado con su “detención, violación y asesinato”, e interrogado sobre la línea editorial de Algargarat y su personal y financiación, así como sobre sus publicaciones personales en Internet, “en concreto sobre una en la que se burlaba de otra que había compartido un parlamentario marroquí sobre el rey”.

Juicios sin garantías

Amnistía Internacional recuerda a los presos de Gdeim Izik: “las autoridades continuaron manteniendo recluidos en prisiones de Ait Melloul y Bouzarkarn, (tambien estan en Kenitra y Tiflet2) en el suroeste de Marruecos, a 19 activistas saharauis condenados en 2013 y 2017 en juicios sin garantías y en los que no se investigaron de forma adecuada las denuncias de tortura”. Agrega que “están recluidos a cientos de kilómetros de sus familias y, debido a las restricciones asociadas a la COVID-19, no les permitían las visitas de familiares”.

En el informe se señala que en octubre la ONU renovó hasta octubre de 2021 el mandato de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO), “sin concederle un componente de derechos humanos, a diferencia de la mayoría de las demás misiones de mantenimiento de la paz de la organización”.

También cita que en diciembre el Gobierno marroquí firmó un acuerdo con Estados Unidos “por el que accedía a establecer relaciones diplomáticas plenas con Israel a cambio del reconocimiento oficial estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental”.

Respecto al Frente Polisario, “administrador de los campamentos de refugiados saharauis en Argelia”, dice que fue detenida “al menos a una persona por expresar críticas” y que tanto el territorio del Sáhara Occidental como los campamentos del Polisario “seguían siendo inaccesibles para las organizaciones de derechos humanos, lo que dificultó la vigilancia de los abusos contra estos derechos”.

Esto último ha sido negado por el delegado del Frente Polisario en España, Abdulah Arabi: asegura a Contramutis que las organizaciones de derechos humanos tienen acceso a los campamentos saharauis y que jamás han sido vetadas. “Si este año no han ido se ha debido a las restricciones de la Covid-19, como les ha pasado a comisiones médicas y humanitarias”.

En el informe de Amnistía Internacional no se recogen otros casos de la amplia relación de vulneraciónes de los DDHH ocurridos el Sáhara Occidental ocupado a lo largo de 2020: represión de manifestaciones, acoso a destacadas activistas, como Aminetu HaidarEl Ghalia Djimi o Sultana Jaya y su familia; detenciones, secuestros con amenazas y vejaciones, sentencias condenatorias, malos tratos a los presos políticos saharauis… y la expulsión, en febrero, de una abogada española y una delegación de parlamentarios catalanes, como se puede ver en los informes sobre derechos humanos publicados a final de cada mes en Contramutis.

Entre las sentencias, varias de ellas a jóvenes, destacan la de Khatri Faraji Dadda, de 21 años, a 20 años de prisión, y la del estudiante Husein Bachir, entregado por España a Marruecos a pesar de haber pedido asilo político, a 12 años.

Un caso llamativo fue el de la niña de 12 años Hayat Moulay Ahmed Sidiya, detenida en la escuela, en El Aaiún, y sometida a torturas psicológicas y físicas, como cantar el himno marroquí, arrodillarse y besar la imagen del Rey de Marruecos y recibir golpes, todo ello por llevar en su bata blanca dibujada una pequeña bandera saharaui.

Fuente: https://rebelion.org/amnistia-internacional-represion-en-el-sahara-occidental-por-defender-los-derechos-humanos/

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Coronavirus hoy: Brasil supera los 310.000 decesos

En tanto, Panamá suspende el ingreso desde Suramérica tras detectar variante brasileña y Congreso chileno se abre a tramitar aplazamiento de las elecciones.

04:57| Argentina testea a viajeros y reprograma vuelos para cumplir protocolos

Argentina reprogramará a partir del 29 de abril todos los vuelos internacionales para espaciar los arribos y permitir el cumplimiento de los nuevos protocolos ante una ola de contagios de COVID-19, informó este sábado (27.03.2021) la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC).

Los vuelos mantendrán los días de llegada pero «en diferentes horarios, al efecto de establecer una separación entre los arribos, que permita el adecuado cumplimiento de los nuevos protocolos sanitarios», indicó un comunicado de la ANAC al aclarar que se establecerá una distancia de 120 minutos entre aterrizajes.

04:46| Un hombre de 101 años vence al COVID-19 tras 22 días ingresado

Un hombre de 101 años de edad recibió el alta médica tras haber superado al COVID-19 y permanecer ingresado durante 22 días en un hospital de la ciudad boliviana de Cochabamba.

El paciente, identificado como Daniel Jaldín, es cochabambino, vive en el asilo El Buen Pastor y fue ingresado en el Hospital del Norte tras dar positivo en una prueba PCR, explicó a la agencia Efe el director de ese centro municipal de salud, José Luis Hidalgo. Además del COVID-19, le detectaron otras enfermedades como «una infección urinaria, una conjuntivitis y una desnutrición», indicó el médico.

04:41| El Salvador recibirá un millón de vacunas de Sinovac

El Salvador recibirá un lote de un millón de vacunas el 28 de marzo contra el COVID-19 del laboratorio Sinovac y procedentes de China, informó en su cuenta de Twitter el presidente Nayib Bukele.

El mandatario señaló que «este millón de vacunas son parte de un lote adquirido por el Gobierno de El Salvador a la empresa Sinovac, uno de los fabricantes de vacunas más grandes del mundo. Las vacunas ya están en el aire y arribarán mañana a primera hora. Un millón de vacunas». Este sería el cuarto lote de vacunas que llega a El Salvador desde mediados de febrero.

03:52| El líder opositor de Venezuela Juan Guaidó da positivo

El líder opositor de Venezuela Juan Guaidó, a quien varias naciones reconocen como presidente encargado del país caribeño, anunció que dio positivo por COVID-19 y permanece «en aislamiento y siguiendo las indicaciones médicas».

«Quiero informarle responsablemente al país que, tras cuatro días de cuarentena producto de algunos malestares y pese a haber tomado precauciones, he dado positivo para COVID-19», dijo Guaidó en una serie de mensajes publicados en su cuenta de Twitter.

03:36| Perú prorroga por un mes el estado de emergencia por la pandemia

El Gobierno peruano prorrogó por un mes el estado de emergencia vigente desde hace un año por la pandemia del coronavirus, lo que le permite restringir derechos ciudadanos.

Un decreto firmado por el presidente transitorio Francisco Sagasti y sus ministros dispuso que el estado de emergencia, que terminaba el 31 de marzo, se prolongue durante todo abril. «Durante la presente prórroga del Estado de Emergencia Nacional queda restringido el ejercicio de los derechos constitucionales relativos a la libertad y la seguridad personales, la inviolabilidad del domicilio y la libertad de reunión y de tránsito en el territorio», dice el decreto publicado en la edición en línea de la gaceta oficial El Peruano.

03:09| Uruguay suma más muertes y alcanza nuevo récord

Uruguay alcanzó un nuevo récord diario de muertes por COVID-19 con 26 y superó nuevamente la cifra de 2.044 casos en 13.098 test de PCR analizados, según el Sistema Nacional de Emergencias del país (SINAE).

De esta forma, el país suramericano alcanzó los 95.278 casos de contagio desde que se decretó la emergencia sanitaria el 13 de marzo de 2020 y actualmente son 18.347 las personas que cursan la enfermedad en territorio uruguayo. Los 26 decesos están comprendidos en edades entre 36 y 92 años, por lo que la cifra de muertes con diagnóstico de SARS-CoV-2 llegó a 901. Por otra parte, hay 273 personas ingresadas en cuidados intensivos, situación que mantiene preocupados a los intensivistas.

01:35| El Salvador vacunará a docentes antes de reabrir escuelas en abril

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, anunció que cerca de 50.000 docentes de escuelas estatales recibirán la vacuna contra el COVID-19 la próxima semana, antes del regreso a las aulas previsto para el 6 de abril.

«Vacunaremos a todos nuestros maestros antes del regreso a clases», aseguró Bukele por medio de Twitter. El mandatario adelantó que la meta es vacunar entre el 30 de marzo y el 5 de abril a aproximadamente 50.000 docentes del sector público.

01:05| Panamá suspende el ingreso desde Suramérica tras detectar variante brasileña

Las autoridades de Panamá informaron este sábado (27.03.2021) que se detectó un caso de la variante brasileña de COVID-19 en una paciente procedente de Brasil y, por esta razón, suspenden a partir del 31 de marzo, temporalmente, el ingreso de personas que hayan permanecido o transitado por Suramérica.

La paciente es una mujer extranjera de 38 años residente en Panamá, que «viajó a su país de origen (en Suramérica), desde allí se dirigió a Brasil, y posteriormente al retornar a Panamá, se le realizó una prueba que dio positiva y por sus antecedentes se procedió a la secuenciación», resalta un comunicado del Ministerio de Salud.

00:58| Observatorio independiente reporta 3.014 muertes en Nicaragua

El independiente Observatorio Ciudadano COVID-19 informó que el número de personas fallecidas en Nicaragua por causas relacionadas con la pandemia alcanzó los 3.014, luego de registrar cinco nuevas víctimas, dos de ellas en el sector salud.

Según el informe del Observatorio, compuesto por una red de personal médico y voluntario que registra casos del nuevo coronavirus en todo el país, las víctimas sufrían neumonía y otros síntomas relacionados con el COVID-19 al momento de morir. Adicionalmente, el Observatorio reportó un total de 13.312 casos sospechosos, los cuales no califica de «confirmados” porque el acceso a las pruebas PCR en Nicaragua está limitado a las oficinas centrales del Ministerio de Salud, en Managua.

00:26| Paraguay supera las 4.000 muertes por coronavirus

Paraguay superó los 4.000 decesos por coronavirus desde el comienzo de la pandemia, tras registrar 45 muertes en las últimas horas, con un total de 4.003 personas fallecidas a consecuencia del virus, según informó el Ministerio de Salud en su reporte diario.

La cartera sanitaria también confirmó 1.893 nuevos casos, que suman un total de 206.597 positivos desde marzo de 2020. Además, 2.170 personas se encuentran hospitalizadas, de las que 423 están en terapia intensiva. El número de recuperados subió este sábado a 169.197, con 1.594 personas más que superaron la enfermedad.

00:17| Congreso chileno se abre a tramitar aplazamiento de las elecciones de abril

El Congreso chileno manifestó su disposición a tramitar el aplazamiento de las elecciones del 10 y 11 de abril, después de que equipos expertos recomendaran al Gobierno posponerlas por el grave avance de la pandemia, que tiene a más de 16 millones personas confinadas en el país.

La presidenta del Senado y segunda autoridad del Estado, la militante demócrata-cristiana Yasna Provoste, declaró estar «a disposición de las recomendaciones de los expertos» e hizo un llamado al Ejecutivo para «actuar con celeridad para implementar» las medidas. De igual forma, el presidente de la Cámara de Diputados, Diego Paulsen, señaló que el hemiciclo está disponible para legislar «iniciativas que permitan a la ciudadanía votar de manera segura».

00:02| Paraguayas privadas de libertad cocinarán para hospitales en Semana Santa

Las mujeres privadas de libertad del Centro Penitenciario Casa del Buen Pastor, en Asunción, cocinarán comida típica paraguaya durante Semana Santa para distribuir en los hospitales, entre las familias de pacientes con coronavirus, según informó el Ministerio de Justicia en un comunicado.

Las mujeres del Buen Pastor prepararán en estos días unas 1.000 chipas, un panecillo típico del país, para repartir de forma gratuita el Miércoles Santo en el Hospital Materno Infantil San Pablo, el Hospital del Trauma y el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias y del Ambiente (INERAM).

00:01| Brasil supera los 310.000 decesos

Brasil registró 3.438 nuevos decesos por coronavirus en las últimas 24 horas, con lo que el total de muertes causadas por la pandemia se eleva ahora a 310.550, según los datos divulgados por el Ministerio de Salud.

En el mismo período, fueron detectados 85.948 contagios, lo que lleva el acumulado en poco más de un año de pandemia a 12.490.362 casos, señala el boletín oficial. Esos datos ratifican que Brasil, el segundo país más afectado por la crisis sanitaria después de Estados Unidos, enfrenta una nueva y virulenta ola que -según han advertido algunos especialistas- puede acelerar aún más en las próximas semanas, por la circulación en todo el territorio nacional de nuevas variantes mucho más agresivas.

00:00| Sociedades médicas uruguayas piden medidas ante una «catástrofe sanitaria»

Sociedades médicas y científicas de Uruguay pidieron al Gobierno nacional «medidas efectivas» para la reducción de la movilidad ante lo que consideran una «catástrofe sanitaria inminente» debido al aumento exponencial de casos de COVID-19 de ese país.

En un comunicado a través de la red social de Twitter, el Sindicato Médico de Uruguay junto a sociedades científicas, gremios, organizaciones y facultades de la Salud insistieron en el «crítico escenario» por el aumento de casos que determina la saturación de las áreas de cuidados intensivos.

Fuente: https://www.dw.com/es/coronavirus-hoy-brasil-supera-los-310000-decesos/a-57028817

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Entrevista a Eduardo Halfon: “Nuestra identidad no es más que una colección de máscaras”

Por: Aloma Rodríguez

En ‘Canción’ Eduardo Halfon construye una novela en la que se mezclan episodios de la vida familiar pasada con el secuestro de su abuelo, pero también una intención de explicar Guatemala.

Canción (Libros del Asteroide) es la nueva entrega de esa especie de gran novela en marcha del escritor guatemalteco Eduardo Halfon (1971). Aquí los recuerdos de infancia y de un abuelo severo, de una prima que llega de Buenos Aires y cuya promesa de enseñarle las nalgas queda en suspenso se mezclan con el relato del secuestro de su abuelo por parte de la guerrilla. Halfon se cita con una de las secuestradoras en un bar, ella le ha hecho prometer que no escribirá nada. Y todo esto lo recuerda o lo cuenta a propósito de un congreso de escritores libaneses en Tokio, al que ha sido invitado porque su abuelo era libanés.

Canción es la historia del secuestro de tu abuelo, un judío libanés que prospera en Guatemala, y al que la guerrilla mantuvo secuestrado 35 días. Sin embargo, “Canción” es el sobrenombre del secuestrador con el que su abuelo parece que intimó más, ¿por qué?

Nunca supe por qué mi abuelo formó una especie de amistad con ese secuestrador en particular. Pero su amistad sigue el patrón clásico del síndrome de Estocolmo, ¿no?, en el cual una víctima de secuestro o retención desarrolla un fuerte vínculo afectivo con su captor. Sabemos que mi abuelo y Canción hablaban mucho, que jugaban dominó por las tardes, que cenaban juntos. Sabemos que mi abuelo no solo le compró medicinas durante el secuestro, sino que su captor lo visitó varias veces después, en su almacén de telas en el Portal del Comercio, para que mi abuelo le entregara más medicinas.

Lo que se cuenta en el libro es también qué fue de los secuestradores. El narrador se cruza por azar con uno de los guerrilleros que planificaron el secuestro y se da cita con otra guerrillera que estuvo implicada en el secuestro. ¿Por qué ese interés por saber qué fue de ellos?

Siempre supe del secuestro de mi abuelo, pero lo supe de una manera anecdótica, fragmentada, aun prohibida. Era una historia apenas comentada en la familia. Lo que finalmente me hizo interesarme por saber más —o sea, por escribir más— fue tropezarme con la historia de uno de sus secuestradores. Yo estaba en Guatemala de visita en 2019, cuando me puse a ojear un viejo ejemplar de Los años de la resistencia, de Miguel Ángel Sandoval. En un par de páginas, y en primera persona, Sandoval narraba los detalles del secuestro de mi abuelo por la guerrilla guatemalteca en enero de 1967, y especialmente la participación de uno de los guerrilleros, un tal Percy Amílcar Jacobs Fernández. Y como Percy trabajaba entonces en una carnicería, intentaba explicar Sandoval, sus compañeros lo apodaron Canción. Ese personaje, y su apodo tan extraño, me abrió la puerta a la historia de mi abuelo, y también a la historia reciente y tan violenta de mi país.

Contar la historia de ese secuestro es contar necesariamente la historia de Guatemala, que es una historia de violencia, de dictaduras y de intentos frustrados de llevar el país hacia una cierta igualdad y justicia, un camino fallido hacia la democracia.

Podríamos decir sin ningún titubeo que en Guatemala el intento revolucionario fracasó. Hoy existe aún más desigualdad, aún más violencia, aún más injusticia y corrupción, aún más pobreza extrema y analfabetismo y desnutrición infantil. Pero si uno se acerca un poco a la historia reciente del país, nada de esto sorprende. Guatemala es, como alguna vez escribió mi abuelo, un país surrealista.

Aparece la relación con ese abuelo, un señor de carácter; hay recuerdos de infancia, pero también visitas a bibliotecas en busca de documentación, ¿cómo se mezclan materiales tan diversos y de manera tan natural?

El escenario donde suceden mis historias se va armado siempre así, con recuerdos de infancia como telón de fondo, con documentos y detalles históricos como mobiliario y accesorios. Pero el drama que se desarrolla en el escenario es ficción. Y para que esa ficción funcione el escenario debe ser verosímil, palpable, muy visual. El lector debe sentirse subido ahí en las tablas, mirando a los personajes, oliendo los aromas.

Canción se abre –y se cierra– en un congreso en Tokio dedicado a escritores libaneses. Cuando le invitan, el narrador descubre que esa es otra de sus identidades, la de libanés…

Mi abuelo libanés no era libanés. Es decir, cuando él salió de Beirut, en 1917, Beirut formaba parte del territorio sirio. Mi abuelo, legalmente, era sirio, pero siempre se llamó a sí mismo libanés. Y cuando de pronto me invitan a Tokio como un escritor libanés, primero pienso que es un error o una broma, pero luego empiezo a preguntarme qué significa ser libanés, algo que para mi abuelo ni siquiera estaba relacionado con un país. Nuestra identidad no es más que una colección de máscaras.

El congreso de Tokio y el discurso de inauguración en la Feria del Libro de Guatemala le permiten hacer un retrato, casi una foto, de en qué consiste el mundo literario. Pensaba en los libros más recientes de Rachel Cusk, donde también se asoma a la vida cotidiana del escritor.

Es que no es lo mismo escribir que ser escritor. Escribir es un oficio solitario, íntimo. Mientras que ser escritor es un oficio público y hasta histriónico, en el cual uno viaja a congresos y se viste de escritor y cuenta pequeñas historias con una voz entre graciosa y tierna. Pero en mis páginas, como quizás también en las de Rachel Cusk, escribir y ser escritor se mezclan. Mi narrador, ese otro Eduardo Halfon, no puede evitar escribir sobre su pose de escritor.

Esta novela forma parte de la exploración sobre su pasado, sus orígenes y su identidad, y en ese sentido se inscribe en un proyecto mayor, el que conforman sus novelas, una especie de libro por entregas…

Sí, es una especie de proyecto literario en marcha, pero uno que se ha ido formando muy espontáneamente ante mí, sin que yo lo supiera y sin ninguna planificación previa. Inició en 2008, con la publicación de El boxeador polaco: seis cuentos, escritos todos de una manera independiente pero narrados por un mismo personaje, un tal Eduardo Halfon. No soy yo, aunque se me parece. Fuma (yo no fumo). Viaja mucho. Es intrépido. Tiene su propio temperamento. Tiene su propia voz, en la cual nos cuenta seis episodios de su vida. Seis cuentos, y listo. Pero de pronto, en 2010, uno de esos cuentos empieza a crecer y se convierte en una novela corta titulada La pirueta. En 2013, otro de los cuentos originales se vuelve un capítulo de Monasterio. Le sigue Signor Hoffman en 2015, y Duelo en 2017, y este año Canción, todos narrados por ese mismo personaje. A veces él continua una historia anterior, otras veces revisita algún personaje. Pero siempre me sorprende. Entonces, sin yo planificarlo, y sin saber que esto iba a pasar, aquella primera edición de El boxeador polaco ha ido funcionando como una especie de libro gestor, o como libro madre, o como un sol, si se quiere, para todos los libros siguientes que circulan alrededor de él y que forman parte de un proyecto o quizás de un solo libro, escrito por entregas. Nunca sé cómo seguirá. Ni tampoco cuándo termina. Quizás sólo lo sabe ese otro Eduardo Halfon.

Fuente: https://www.letraslibres.com/espana-mexico/libros/entrevista-eduardo-halfon-nuestra-identidad-no-es-mas-que-una-coleccion-mascaras

 

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