Cuando los niños se convierten en el blanco

Por Vijay Prashad

El 23 de junio, la Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas sobre el Territorio Palestino Ocupado, incluida Jerusalén Oriental, e Israel publicó uno de los informes más devastadores jamás elaborados por un órgano de investigación de la ONU sobre el genocidio israelí en Gaza. Su título es casi insoportable de leer: La esencia de la infancia ha sido destruida. Detrás del título se esconde una acusación de extraordinaria gravedad. La Comisión concluye que las autoridades y las fuerzas de seguridad israelíes han atacado deliberadamente a niños palestinos y que estas acciones constituyen genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra en la Franja de Gaza, además de crímenes de guerra en la Cisjordania ocupada.

El informe no es un llamamiento emocional. Es un minucioso documento legal basado en testimonios de testigos, evidencia forense, imágenes satelitales, análisis militares, expedientes médicos y años de documentación. Lo que presenta no es simplemente otro catálogo de víctimas civiles. Sostiene que el asesinato, la mutilación, la inanición, la detención y la destrucción psicológica de los niños palestinos no pueden explicarse como daños colaterales. Más bien, la Comisión concluye que los propios niños se han convertido en objetivos deliberados de la política militar israelí. Las implicaciones de tal hallazgo van mucho más allá de Gaza. Plantean cuestiones fundamentales sobre el futuro del propio derecho internacional.

Un informe de extraordinaria gravedad

La Comisión estima que, desde octubre de 2023, al menos 20.179 niños palestinos han sido asesinados y más de 44.000 han resultado heridos. Aproximadamente el treinta por ciento de todos los palestinos asesinados han sido niños. Estas cifras por sí solas sitúan a la guerra de Gaza entre los conflictos más mortíferos para los niños en la historia moderna. Sin embargo, la importancia del informe no radica simplemente en las cifras, sino en sus conclusiones respecto a la intención.

Documenta casos repetidos en los que los niños fueron alcanzados por disparos de francotiradores, atacados por drones, alcanzados mientras buscaban comida o agua, o asesinados a pesar de no representar ninguna amenaza militar – como debería haber sido obvio. Examina el uso reiterado de explosivos de alto poder en zonas civiles densamente pobladas, mucho después de que las consecuencias previsibles para los niños se hubieran vuelto innegables. Detalla ataques contra hospitales de maternidad, salas de neonatología, escuelas, orfanatos y refugios. También analiza el bloqueo de alimentos, agua y medicamentos, mostrando cómo el hambre, las enfermedades y el colapso de los servicios médicos se han convertido en instrumentos de guerra dirigidos contra toda una población civil, cuyos miembros más jóvenes son los más vulnerables.

La Comisión investiga las prácticas de detención israelíes que involucran a menores palestinos. Los niños detenidos en Gaza y Cisjordania describen torturas, violencia sexual, tratos degradantes y desapariciones en centros de detención sin que se brinde información a sus familias. Dichos abusos, concluye el informe, forman parte de un sistema más amplio de castigo colectivo dirigido contra la sociedad palestina a lo largo de generaciones.

El informe de la Comisión de la ONU no es una novedad en este sentido, aunque las conclusiones sean devastadoras. Estas corroboran informes anteriores de Save the Children (Los niños palestinos bajo detención militar israelí denuncian condiciones cada vez más violentas, 29 de febrero de 2024) y, mucho antes de esta campaña genocida que comenzó en 2023, de UNICEF (Niños bajo detención militar israelí, febrero de 2013). En su reciente libro, Survivors of the Darkness, el periodista palestino Wesam Afifa documenta la espantosa violencia de los campos de concentración israelíes establecidos para los palestinos, incluidos los niños.

Quizás la conclusión más escalofriante del informe de la ONU es que la destrucción va más allá de la muerte física. La infancia misma se ha convertido en un campo de batalla. El trauma psicológico, la orfandad, los desplazamientos repetidos, el hambre, la educación interrumpida y la discapacidad permanente se suman para conformar lo que la Comisión describe como la destrucción de “la esencia de la infancia”.

Un patrón documentado desde hace tiempo

Las conclusiones de la Comisión no surgieron de la nada. Durante casi dos años, los periodistas palestinos han documentado cómo se rescataba a niños de edificios derrumbados, cómo morían bebés en incubadoras sin electricidad, cómo familias enteras eran aniquiladas en ataques aéreos y cómo disparaban a niños mientras intentaban conseguir comida o agua. Muchos de esos periodistas pagaron con sus propias vidas. Gaza se ha convertido en el “conflicto más mortífero de la historia para los periodistas”, informó Irene Khan, la Relatora Especial de la ONU sobre la promoción y protección del derecho a la libertad de opinión y de expresión. Sin embargo, a pesar del peligro extraordinario, los periodistas continuaron documentando acontecimientos que gran parte del mundo prefería no ver.

Las organizaciones internacionales de derechos humanos llegaron a conclusiones similares mucho antes de este reciente informe de la ONU. Save the Children advirtió en repetidas ocasiones que Gaza se había convertido en uno de los lugares más peligrosos del mundo para un niño. Defence for Children International–Palestina documentó repetidos tiroteos contra niños en circunstancias que planteaban serias dudas sobre la necesidad militar. Human Rights Watch investigó ataques contra escuelas, hospitales y campamentos de refugiados. Amnistía Internacional examinó repetidos ataques que parecían violar los principios de distinción y proporcionalidad establecidos por el derecho internacional humanitario. UNICEF advirtió en repetidas ocasiones que se estaba matando e hiriendo a niños a una escala sin precedentes. Ninguna de estas organizaciones describió accidentes aislados. Identificaron patrones recurrentes que exigían una investigación independiente. El nuevo informe de la ONU consolida de manera efectiva este vasto conjunto de pruebas en una única evaluación jurídica.

En enero de 2024, la Corte Internacional de Justicia determinó que el caso presentado por Sudáfrica, en el que se alegaba un genocidio por parte de Israel, era plausible y ordenó medidas provisionales que exigían a Israel prevenir los actos prohibidos en virtud de la Convención sobre el Genocidio, preservar las pruebas y facilitar la asistencia humanitaria. Las órdenes posteriores reforzaron estos requisitos a medida que las condiciones en Gaza se deterioraban. Aunque la Corte aún no se ha pronunciado sobre el fondo del caso de genocidio, ha reconocido en repetidas ocasiones el grave riesgo al que se enfrenta la población palestina y las obligaciones continuas que le incumben a Israel en virtud del derecho internacional. El nuevo informe de la Comisión aporta más material probatorio que, inevitablemente, influirá en futuros procedimientos legales.

El silencio del Estado israelí

Quizás igual de llamativa ha sido la naturaleza de la respuesta de Israel. En lugar de abordar seriamente las pruebas reunidas por la Comisión, los funcionarios israelíes, una vez más, desestimaron el informe de plano, calificándolo de motivado políticamente y fundamentalmente sesgado. Rechazaron sus conclusiones en su totalidad sin ofrecer una refutación sustantiva de los incidentes específicos, los testimonios de los testigos o las pruebas forenses presentadas por los investigadores. Todo Estado tiene derecho a defenderse contra las acusaciones. Pero las acusaciones graves requieren respuestas serias.

Si los niños no fueron blanco de ataques deliberados, recae sobre las autoridades israelíes la responsabilidad de explicar por qué han muerto miles de niños en circunstancias documentadas repetidamente por periodistas, organizaciones humanitarias, personal médico y, ahora, una Comisión de Investigación de la ONU. ¿Por qué se han atacado una y otra vez hospitales, salas de maternidad, escuelas y refugios para refugiados? ¿Por qué los convoyes humanitarios han sido atacados repetidamente? ¿Por qué han seguido muriendo niños incluso después de los acuerdos de alto el fuego? ¿Por qué las investigaciones militares han dado lugar a tan poca rendición de cuentas? El mero hecho de repetir acusaciones de sesgo institucional no puede sustituir a una explicación basada en hechos. La negativa a abordar las pruebas se ha convertido en sí misma en una característica inquietante de esta guerra.

El derecho internacional humanitario se basa en el principio de que los Estados son responsables de su conducta. La rendición de cuentas se vuelve imposible cuando cada investigación es desestimada incluso antes de que se examinen las pruebas.

El juez S. Muralidhar y el deber del juez

Las conclusiones de la Comisión de la ONU también nos recuerdan la importancia de contar con jueces que comprendan que la ley no es meramente un instrumento técnico, sino una defensa contra el poder arbitrario. Pocos jueces indios han encarnado ese principio de manera más consistente que el juez S. Muralidhar, quien, como miembro de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, presidió el comité encargado de este nuevo informe.

El juez Muralidhar se ganó a lo largo de décadas la reputación de ser uno de los juristas constitucionales más respetados de la India, particularmente en casos relacionados con las libertades civiles, la violencia comunal y la protección de las comunidades vulnerables. Fue una de las principales voces judiciales en la aplicación de la rendición de cuentas tras el pogromo antisij de 1984, insistiendo en que la impunidad no podía convertirse en la norma simplemente porque los crímenes resultaran políticamente inconvenientes. Su compromiso con el deber constitucional se dio a conocer internacionalmente durante los episodios de violencia intercomunitaria en el noreste de Delhi en febrero de 2020.

Mientras los hospitales se esforzaban por atender a las víctimas atrapadas por la violencia, el juez Muralidhar y el juez Anup J. Bhambhani convocaron una audiencia extraordinaria a medianoche en la residencia del juez Muralidhar. La Corte Superior de Delhi ordenó a la policía garantizar el traslado seguro de los heridos a los hospitales y dispuso que se les brindara atención médica de emergencia de inmediato. Más tarde ese mismo día, el juez Muralidhar cuestionó enérgicamente el hecho de que la Policía de Delhi no hubiera registrado denuncias contra los líderes políticos cuyos discursos incendiarios se habían difundido ampliamente, y recordó a las autoridades que el país no podía permitir “otro 1984”.

A pocas horas de estas audiencias, el Gobierno de la India notificó el traslado del juez Muralidhar al Tribunal Superior de Punjab y Haryana, aunque la recomendación para su traslado ya había sido formulada formalmente por el Colegio del Tribunal Supremo a principios de ese mismo mes. El momento en que se produjo esta medida generó una gran preocupación entre abogados, jueces jubilados y organizaciones de la sociedad civil, quienes consideraron que el episodio planteaba cuestiones inquietantes sobre la independencia judicial.

La carrera del juez Muralidhar ilustra un principio esencial del estado de derecho. Los tribunales no existen para ratificar la conducta de los gobiernos. Su función es examinar las pruebas sin temor ni favoritismo, especialmente cuando las víctimas son quienes tienen menos poder político. El mismo principio inspira la labor de la Comisión de Investigación de la ONU. Sus conclusiones pueden ser cuestionadas, pero no pueden simplemente descartarse por ser políticamente inconvenientes. La respuesta adecuada ante pruebas serias es un compromiso serio. Esa es la primera obligación de cualquier Estado que afirme respetar el estado de derecho.

La prueba ante la humanidad

En última instancia, el informe de la Comisión de la ONU no trata únicamente de Israel o Palestina.

Se pregunta si el orden jurídico internacional creado tras la derrota del fascismo europeo aún posee la autoridad moral para defender a los niños de la violencia organizada. Si se puede asesinar a más de 20 000 niños mientras las instituciones de la diplomacia internacional siguen funcionando en gran medida con normalidad, entonces la promesa plasmada en la Convención sobre el Genocidio, los Convenios de Ginebra y la Convención sobre los Derechos del Niño queda gravemente menoscabada. El informe no pondrá fin a la guerra. No puede devolver las vidas que ya se han perdido. Pero establece un registro histórico que será cada vez más difícil de borrar. Mucho después de que cambien los gobiernos y concluyan las campañas militares, este registro permanecerá. La historia recuerda a quienes cometieron atrocidades. También recuerda a quienes miraron para otro lado.

*Historiador y periodista indio.

Nueva Tribuna

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El derecho al desarrollo es un derecho humano inalienable

Por: Vijay Prashad

Sesenta años después de la Conferencia Tricontinental, el derecho al desarrollo —la base material de la dignidad— sigue siendo el horizonte de la revolución socialista y la liberación nacional.

En memoria de Mehdi Ben Barka (1920-1965), cuyos pasos seguimos.

Hace casi 60 años, en enero de 1966, cientos de revolucionarixs de todo el Tercer Mundo se reunieron en La Habana, Cuba, para la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina: la Conferencia Tricontinental. Allí discutieron la inevitabilidad de la descolonización y sus ideas para un mundo más allá del imperialismo. Fidel Castro y los demás organizadores convocaron la conferencia para reunir las dos corrientes de la revolución mundial: la corriente de la revolución socialista y la de la liberación nacional. Lxs delegadxs vieron la necesidad de radicalizar los ideales de soberanía que habían sido expresados 10 años antes en la Conferencia de Bandung. Les frustraba que el orden mundial seguía atrapado en las estructuras del neocolonialismo. Estas mantenían en ciclos de subdesarrollo incluso a los países recién independizados, con partidos de liberación nacional anteriormente revolucionarios desmovilizándose tan pronto como se izaban las nuevas banderas y comenzaban a sonar los nuevos himnos.

Para conmemorar el legado de la Conferencia Tricontinental, que da su nombre a nuestro instituto, este mes publicamos el dossier n° 95 El imperialismo será inevitablemente derrotado: el resurgimiento del espíritu tricontinental (diciembre de 2025). En el transcurso de 2026, también organizaremos varias discusiones y seminarios en línea y presenciales (el primero de ellos, coorganizado con CLACSO, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, puede verse aquí). En el dossier argumentamos que, mientras el espíritu de Bandung se anclaba en una insistencia en la soberanía y el multilateralismo, el espíritu tricontinental va más allá, fundamenta la verdadera emancipación en la dignidad y la lucha de clases.

Una de las ideas clave de las eras de Bandung y de la Tricontinental fue que la dignidad no puede lograrse sin desarrollo, y que el derecho al desarrollo pertenece a todos los pueblos del mundo. En noviembre de 1957, la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU) adoptó la  Resolución 1161 (XII) sobre “Progreso económico y social equilibrado e integrado”. Cuatro años después, en 1961, la AGNU declaró que la década de 1960 sería el “Decenio de las Naciones Unidas para el Desarrollo”. En mayo de 1968, hacia el final de esa década, lxs delegadxs en la Conferencia Internacional de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos celebrada en Teherán, Irán, aprobaron la Proclamación de Teherán, que advertía:

La creciente disparidad entre los países económicamente desarrollados y los países en desarrollo impide la realización de los derechos humanos en la comunidad internacional. Dado que el Decenio para el Desarrollo no ha alcanzado sus modestos objetivos, resulta aún más necesario que cada país, en particular los países desarrollados, procure por todos los medios eliminar esa disparidad

La Conferencia Tricontinental tuvo lugar a mediados del denominado decenio para el desarrollo. En ese momento, ya existía un reconocimiento claro entre los países líderes del Tercer Mundo de que el marco de desarrollo de la ONU no podría cerrar la brecha mientras la economía mundial se mantuviera organizada en torno a estructuras de dependencia. Pasarían casi dos décadas después de Teherán para que la ONU adoptara una declaración sobre el derecho al desarrollo. El 4 de diciembre de 1986, cuando muchos Estados del Tercer Mundo ya colapsaban bajo el peso de una crisis de deuda que se extendería hasta la década de 1990, la AGNU finalmente adoptó la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo. El documento brillaba con los mejores ideales:

El derecho al desarrollo es un derecho humano inalienable en virtud del cual todo ser humano y todos los pueblos están facultados para participar en un desarrollo económico, social, cultural y político en el que puedan realizarse plenamente todos los derechos humanos y libertades fundamentales, a contribuir a ese desarrollo y a disfrutar de él.  (Artículo 1.1).

…

Los Estados deben adoptar, en el plano nacional, todas las medidas necesarias para la realización del derecho al desarrollo y garantizarán, entre otras cosas, la igualdad de oportunidades para todos en cuanto al acceso a los recursos básicos, la educación, los servicios de salud, los alimentos, la vivienda, el empleo y la justa distribución de los ingresos. Deben adoptarse medidas eficaces para lograr que la mujer participe activamente en el proceso de desarrollo. Deben hacerse reformas económicas y sociales adecuadas con objeto de erradicar todas las injusticias sociales. (Artículo 8.1).

Los Estados deben alentar la participación popular en todas las esferas como factor importante para el desarrollo y para la plena realización de todos los derechos humanos.  (Artículo 8.2).

Estos ideales están consagrados en resoluciones y declaraciones de la ONU no por el altruismo del Norte Global, sino porque cientos de millones de personas en movimientos anticoloniales y socialistas lucharon por ellos.

Rafael Morante Boyerizo (OSPAAAL), No al militarismo y al hambre, 1981. Cortesía de The Radical Media Archive.

Dos años después de la adopción de la declaración, el Banco Mundial publicó el World Development Report [Informe sobre el desarrollo mundial] (1988), el que constataba que la deuda externa total del Tercer Mundo había alcanzado más de US$ 1,035 billones en 1986. Esta cifra representaba un aumento asombroso desde los US$ 560.000 millones en 1982 y los US$ 130.000 millones en 1974. El informe señalaba: “Sus deudas [de los Estados del Tercer Mundo] están aumentando, pero todavía enfrentan transferencias netas de recursos negativas porque las obligaciones del servicio de la deuda superan las limitadas cantidades de nuevo financiamiento. En algunos países en desarrollo la gravedad de esta prolongada recesión económica ya supera la de la Gran Depresión en los países industrializados, y en muchos países la pobreza va en aumento”. El Fondo Monetario Internacional (FMI) llegó a una conclusión similar en su propia evaluación, que situó la deuda total del Tercer Mundo en US$ 916.000 millones, una cifra ligeramente menor que aún apuntaba a la misma tendencia.

El próximo año se cumplirá el 40° aniversario de la Declaración de la ONU sobre el Derecho al Desarrollo, pero pocas personas lo conmemorarán. Desde 1986, se han realizado esfuerzos dentro del sistema de derechos humanos de la ONU para pasar de una declaración no vinculante y en gran medida simbólica a un instrumento jurídicamente vinculante. Sin embargo, esos esfuerzos han encontrado una resistencia sostenida por parte de las naciones más ricas, que consideran dicho instrumento como perjudicial para su monopolio sobre la riqueza y los recursos.

En octubre de 2021, por ejemplo, el Consejo de Derechos Humanos aprobó su resolución anual sobre el derecho al desarrollo por una votación de 29 votos a favor, 13 en contra y 5 abstenciones. Los 13 votos en contra procedían íntegramente de países del Norte Global. Dos años después, en octubre de 2023, cuando el consejo votó a favor de presentar un proyecto de convención sobre el derecho al desarrollo a la AGNU, la resolución volvió a aprobarse con una votación de 29 votos a favor, 13 en contra y 5 abstenciones. Todos los votos en contra procedían una vez más de los países del Norte Global. Es evidente que, a pesar del apoyo retórico del Norte al desarrollo, ha dedicado mucha energía a recortar las resoluciones de la ONU sobre el desarrollo e incluso a impedir cualquier discusión sobre un alivio mayor de la deuda, un paso crucial para el desarrollo del Sur Global.

Esta es la contradicción que encierra el derecho al desarrollo: proclamado como inalienable, pero denegado en la práctica. El dossier n° 95 retoma la insistencia del espíritu tricontinental en que la emancipación no puede medirse por banderas y discursos, sino por si la vida del pueblo mejora materialmente. El desarrollo no es un eslogan, ni un conjunto de objetivos que deben gestionarse desde arriba. Es el derecho a expandir la capacidad de la gente para vivir con dignidad. Pero tal derecho seguirá fuera del alcance de la mayor parte de la humanidad mientras el servicio de la deuda, las medidas económicas coercitivas y las guerras continúen drenando la riqueza social de las naciones más pobres.

Las aspiraciones de desarrollo del Sur Global no se lograrán en los pasillos de la ONU. Solo se harán realidad a través de la lucha organizada que obligue a las instituciones y los Estados a actuar.

Al terminar el año, también culmina la primera década de nuestra existencia como instituto de investigación. Comenzamos con la ambición de ser el centro de estudios inter-movimientos del Sur Global, con los pies arraigados en las más de 200 organizaciones de trabajadorxs y campesinxs y movimientos políticos que conforman la red de la Asamblea Internacional de los Pueblos. En el transcurso de la última década, nos dimos cuenta que teníamos dos tareas fundamentales: primero, amplificar las perspectivas de los movimientos y estimular un debate entre ellos y dentro de la sociedad; segundo, construir una nueva teoría de desarrollo para el Sur Global para cuando nuestros movimientos lleguen al poder y tengan la obligación de reestructurar la sociedad y llevarnos a un futuro mejor más allá de las cadenas del capitalismo. A medida que nuestro mandato crecía, también lo hacía el alcance de nuestro trabajo.

Por esa razón, y porque ustedes creen en nuestra misión, esperamos que decidan apoyar nuestro trabajo durante un año más. Dependemos de su solidaridad para sostenerlo. Hay muchas formas de contribuir:

  1. Si desean unirse a nuestra Brigada Internacional de Pasantes Tricontinental, escriban a intern@thetricontinental.org.
  2. Si desean ayudarnos con trabajo de edición y traducción, escriban a volunteers@thetricontinental.org.
  3. Si desean hacer una contribución financiera, escriban a donations@thetricontinental.org.

Realmente dependemos de su apoyo para continuar este trabajo.

Esperamos que se unan a nuestra comunidad Tricontinental.

Fuente: https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/boletin-desarrollo-sur-global/

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Otro mundo es posible: El mundo necesita una nueva teoría del desarrollo que no atrape a las personas pobres en la pobreza

El mundo necesita una nueva teoría del desarrollo que no atrape a las personas pobres en la pobreza

 Vijay Prashad

En junio, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas publicó su Informe sobre Desarrollo Sostenible 2023, que hace un seguimiento de los avances de los 193 Estados miembros hacia la consecución de los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). “Entre 2015 y 2019, el mundo avanzó algo en los ODS, aunque ya era muy insuficiente para alcanzar los objetivos. Desde el estallido de la pandemia en 2020 y otras crisis simultáneas, el progreso de los ODS se ha estancado a nivel mundial», señala el informe. Esta agenda de desarrollo se adoptó en 2015, con metas que debían cumplirse para 2030. Sin embargo, a mitad de este plazo, el informe señala que “todos los ODS están seriamente retrasados”. ¿Por qué los Estados miembros de la ONU son incapaces de cumplir sus compromisos con los ODS? Según la red, “en esencia, los ODS son un programa de inversión: es fundamental que los Estados miembros de la ONU adopten y apliquen el estímulo de los ODS y apoyen una reforma integral de la arquitectura financiera mundial”. Sin embargo, pocos Estados han cumplido con sus obligaciones financieras. De hecho, para hacer realidad la agenda de los ODS, las naciones más pobres necesitarían al menos 4 billones de dólares más de inversión al año.

Hoy en día no hay desarrollo posible, ya que la mayoría de las naciones más pobres están sumidas en una crisis de deuda permanente. Por eso, el Informe sobre Desarrollo Sostenible 2023 pide que se revise el sistema de calificación crediticia, que paraliza la capacidad de los países para pedir dinero prestado (y cuando pueden pedirlo, es a tasas significativamente más altas que las que se conceden a los países más ricos). Además, el informe pide al sistema bancario que revise las estructuras de liquidez para los países más pobres, “especialmente en lo que respecta a la deuda soberana, para evitar crisis bancarias y de balanza de pagos que se autocumplan”.

Es esencial situar la crisis de la deuda soberana a la cabeza de los debates sobre desarrollo. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) calcula que “la deuda pública de los países en desarrollo, excluida China, alcanzó los 11,5 billones de dólares en 2021”. Ese mismo año, los países en desarrollo pagaron 400.000 millones de dólares por el servicio de su deuda, más del doble de la ayuda oficial al desarrollo que recibieron. La mayoría de los países no piden prestado dinero para invertir en su población, sino para pagar a los tenedores de bonos, por lo que consideramos que no es financiación para el desarrollo, sino financiación para el servicio de la deuda.

El ferrocarril TAZARA (o ferrocarril Uhuru), que conecta a dos países de África oriental: Tanzania y Zambia, fue financiado por China y construido por trabajadores chinos y africanos. El ferrocarril se terminó en 1975 bajo las presidencias de Julius Nyerere (Tanzania), Kenneth Kaunda (Zambia) y Mao Zedong (China) y se ha convertido en un importante salvavidas para que Zambia, un país sin salida al mar, eluda a los gobiernos coloniales dirigidos por blancos y acceda a puertos comerciales a través de Tanzania.
El ferrocarril TAZARA (o ferrocarril Uhuru), que conecta dos países de África Oriental, Tanzania y Zambia, fue financiado por China, construido por trabajadores chinos y africanos y terminado en 1975.

Leer la literatura académica y de la ONU sobre desarrollo es deprimente. La conversación está capturada por las restricciones de la inabordable y permanente crisis de la deuda. Tanto si se destaca como si se ignora la cuestión de la deuda, su existencia excluye la posibilidad de cualquier avance genuino para los pueblos del mundo. Las conclusiones de los informes suelen terminar con un llamamiento moral —esto es lo que debería ocurrir— en lugar de un análisis de la situación basado en los hechos de la estructura neocolonial de la economía mundial: los países en desarrollo, con ricas reservas de recursos, son incapaces de obtener precios justos por sus exportaciones, lo que significa que no acumulan riqueza suficiente para industrializarse pensando en el bienestar de su propia población, ni pueden financiar los bienes sociales necesarios para su población. Debido a esta asfixia de la deuda, y debido al empobrecimiento de la teoría académica del desarrollo, no se ha proporcionado ninguna orientación teórica general eficaz para guiar agendas de desarrollo realistas y holísticas, y no parece haber ningún proyecto disponible para salir del ciclo permanente de deuda-austeridad.

Collage de la represa de Asuán (Egipto), la planta siderúrgica de Bhilai (India) y el rascacielos de Eisenhüttenstadt (República Democrática Alemana).

En el Instituto Tricontinental de Investigación Social, deseamos abrir un debate sobre la necesidad de una nueva teoría socialista del desarrollo, que se construya a partir de los proyectos que llevan a cabo los movimientos populares y los gobiernos progresistas. Como parte de ese debate, ofrecemos nuestro último dossier, El mundo necesita una nueva teoría socialista del desarrollo, que examina el terreno de la teoría del desarrollo desde 1945 hasta la actualidad y plantea algunas pistas de un nuevo paradigma. Como señalamos en el dossier:

Empezar por los hechos requeriría un reconocimiento de los problemas de la deuda y la desindustrialización, la dependencia de las exportaciones de productos primarios y la realidad de los precios de transferencia y otros instrumentos empleados por las corporaciones multinacionales para exprimir regalías de los Estados exportadores, las dificultades para implementar estrategias industriales nuevas y amplias, y para desarrollar las capacidades tecnológicas científicas y burocráticas en las poblaciones de la mayor parte del mundo. Estos hechos han sido difíciles de superar para los gobiernos en el Sur Global, aunque ahora —con el surgimiento de las nuevas instituciones Sur-Sur y las iniciativas globales de China— estos gobiernos tienen más opciones que en las décadas pasadas y ya no dependen tanto de las instituciones financieras y de comercio controladas por Occidente. Estas nuevas realidades exigen la formulación de nuevas teorías del desarrollo, nuevos análisis de las posibilidades y caminos para trascender los hechos persistentes de la miseria social. En otras palabras, lo que se ha vuelto a poner sobre la mesa es la necesidad de planificación nacional y cooperación regional, así como la lucha para producir un mejor entorno exterior para las finanzas y el comercio.

La Compañía Siderúrgica de Anshan fue renovada y ampliada como uno de los 156 proyectos de construcción en China que contó con el apoyo de la Unión Soviética en la década de 1950.

Una reciente conversación en Berlín con nuestros compañeros y compañeras del Centro Internacional de Investigación sobre la RDA (IF DDR) nos hizo darnos cuenta de que este dossier no abordaba los debates y discusiones sobre el desarrollo que tuvieron lugar en la Unión Soviética, la República Democrática Alemana (RDA), Yugoslavia y el movimiento comunista internacional en general. Ya en el II Congreso de la Internacional Comunista, celebrado en Moscú en 1920, las y los comunistas empezaron a formular una teoría del “desarrollo no capitalista” (DNC) para las sociedades que habían sido colonizadas e integradas en la economía mundial capitalista, pero que aún conservaban formas precapitalistas de producción y jerarquía social. La idea general del DNC era que las sociedades poscoloniales podían eludir el capitalismo y avanzar hacia el socialismo mediante un proceso nacional-democrático. La teoría del DNC, desarrollada en conferencias internacionales de partidos comunistas y obreros y elaborada por figuras destacadas de la academia soviética como Rostislav A. Ulyanovsky y Sergei Tiulpanov en revistas como la World Marxist Review, se centraba en tres transformaciones:

  • La reforma agraria, para sacar al campesinado de su condición de indigencia y acabar con el poder de los terratenientes.
  • La nacionalización de sectores económicos clave, como la industria y el comercio, para limitar el poder de los monopolios extranjeros.
  • La democratización de las estructuras políticas, la educación y del sistema de salud para sentar las bases sociopolíticas del socialismo.

A diferencia de la política de industrialización por sustitución de importaciones promovida por instituciones como la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina (CEPAL), la teoría del DNC comprendía mucho mejor la necesidad de democratizar la sociedad en lugar de limitarse a mejorar los términos de intercambio. En la serie Amistad de IF DDR, Matthew Read relata en un artículo la aplicación práctica de la teoría del DNC en Malí durante la década de 1960. Próximamente el IF DDR y el Instituto Tricontinental de Investigación Social trabajaremos en un estudio exhaustivo de la teoría del DNC.

Page from Usul al-‘Adl li-Wullat al-Umur wa-Ahl al-Fadl wa-al-Salatin (‘The Administration of Justice for Governors, Princes, and the Meritorious Rulers’), c. late 1700s.
Página de Usul al-Adl li-Wullat al-Umur wa-Ahl al-Fadl wa-al-Salatin [La administración de justicia para gobernadores, príncipes y gobernantes meritorios], hacia fines del siglo XVIII.

Antes del colonialismo, los eruditos africanos y árabes de África Occidental ya habían empezado a elaborar los elementos de una teoría del desarrollo. Por ejemplo, ʿUthman ibn Muhammad ibn ʿUthman ibn Fodyo (1754-1817), el jeque fulani que fundó el califato de Sokoto (1804-1903), escribió Usul al-‘Adl li-Wullat al-Umur wa-Ahl al-Fadl wa-al-Salatin [La administración de justicia para gobernadores, príncipes y gobernantes meritorios] para guiarse a sí mismo y a sus seguidores por el camino de la prosperidad de su pueblo. El texto es interesante por los principios que esboza, pero —dado el nivel de producción social de la época— el califato se basaba en un sistema de baja productividad técnica y mano de obra esclavizada. Antes de que los pueblos de África Occidental pudieran arrebatar el poder al califato e impulsar su propia sociedad, el último califa fue asesinado por los británicos, que –junto con los alemanes y los franceses– se apoderaron del territorio y subordinaron su historia a la de Europa. Cinco décadas más tarde, Modibo Keïta, militante comunista, lideró el movimiento independentista de Malí, tratando de revertir la subordinación de las tierras africanas mediante el proyecto del DNC. Keïta no trazó explícitamente una línea directa hasta ibn Fodyo —cuya influencia podía verse en toda África Occidental—, pero podemos imaginar los itinerarios ocultos, las notables continuidades entre aquellas viejas ideas (a pesar de estar impregnadas de las miserables jerarquías sociales de su época) y las nuevas ideas propusieron las y los intelectuales del Tercer Mundo.

Fuente: https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/nueva-teoria-desarrollo/

 

Fuente de la Información: https://rebelion.org/el-mundo-necesita-una-nueva-teoria-del-desarrollo-que-no-atrape-a-las-personas-pobres-en-la-pobreza/

 

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¿Puede el Sur global construir un nuevo orden mundial de la información y la comunicación?

Por Vijay Prashad

Es notable cómo los medios de comunicación de unos pocos países son capaces de marcar la agenda en asuntos de todo el mundo. Los países europeos y norteamericanos disfrutan de un monopolio casi mundial sobre la información, ya que sus medios de comunicación gozan de una credibilidad y una autoridad heredadas de su estatus durante la época colonial (BBC, por ejemplo), así como de su dominio de la estructura neocolonial de nuestros tiempos (CNN, por ejemplo). En la década de 1950, las naciones poscoloniales identificaron el monopolio de Occidente sobre los medios de comunicación y la información y trataron de “facilitar la libre circulación de las ideas por medio de la palabra y de la imagen”, como señalaba la Constitución de 1945 de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Como parte del Movimiento de Países No Alineados, los países y regiones de África, Asia y América Latina desarrollaron sus propias instituciones informativas nacionales y regionales: en 1958, un seminario de la UNESCO celebrado en Quito (Ecuador) condujo a la creación de una escuela regional para formar a periodistas y profesionales de la comunicación en 1960, conocida como Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL); en 1961, una reunión celebrada en Bangkok creó la Organización de Agencias de Noticias de Asia y el Pacífico (OANA); y en 1963, una conferencia celebrada en Túnez creó la Unión de Agencias de Noticias Africanas (UANA). Estos organismos intentaron amplificar las voces del Tercer Mundo a través de sus propios medios de comunicación, pero también —sin éxito— en los medios de comunicación de Occidente. Paralelamente a estos esfuerzos, en la Conferencia General de la UNESCO de 1972, expertos de la Unión Soviética y de la UNESCO de más de una docena de países presentaron una resolución titulada “Declaración sobre los Principios Rectores del Empleo de las Transmisiones por Satélite para la Libre Circulación de la Información, la Difusión de la Educación y la Intensificación de los Intercambios Culturales”, que reivindicaba el derecho de las naciones y los pueblos a determinar qué información se emite en sus países. Al igual que otras iniciativas de este tipo, contó con la oposición de los Estados occidentales, con Estados Unidos a la cabeza. Aunque conferencia tras conferencia, de Bangkok a Santiago, se tomaron en serio la cuestión de la democratización de la prensa, esta oposición hizo que apenas se pudiera avanzar.

En las décadas de 1970 y 1980, estos esfuerzos confluyeron en el movimiento para construir el Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación, con el fin de resolver los desequilibrios globales en este ámbito entre países desarrollados y en desarrollo. Esta idea influyó en la Comisión Internacional para el Estudio de los Problemas de Comunicación de la UNESCO, o Comisión MacBride, creada en 1977 y presidida por el político irlandés y premio Nobel Seán MacBride, que elaboró un importante, aunque poco leído, informe sobre el tema (Un solo mundo, voces múltiples, 1980). En 1984, Estados Unidos se retiró de la UNESCO en respuesta a estas iniciativas. La privatización de los medios de comunicación en los años 80 acabó con cualquier intento del Tercer Mundo de crear redes de medios de comunicación soberanos, incluso cuando estas redes eran anticomunistas (como la Asia-Pacific News Network, creada en Kuala Lumpur, Malasia, en 1981).

Sin embargo, en los últimos años, el sueño de la libre circulación de la información se ha reactivado en los movimientos del Sur global, frustrados por la ausencia casi total de sus puntos de vista en los debates internacionales y por la imposición a sus países de una visión del mundo estrecha y ajena sobre los dilemas a los que se enfrentan (la guerra y el hambre, por ejemplo). Como parte de este renacimiento, cientos de periodistas, editores y editoras del Sur global se reunieron en Shanghai (China) a principios de mayo en el Foro Internacional de Comunicación del Sur global. Al término de dos días de intenso debate, redactaron y votaron un Consenso de Shanghai, que puede leerse íntegramente a continuación.

Espectáculo cultural de apertura del Foro Internacional de Comunicación del Sur global, 4 de mayo de 2023. Crédito: Instituto de Investigación de la Comunicación Internacional, Universidad Normal de China Oriental.

Promoviendo la construcción de un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación en el siglo XXI

En la década de 1970, como parte del proceso del Movimiento de Países No Alineados para establecer el Nuevo Orden Económico Internacional, los Estados del Sur Global, junto con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), intentaron establecer el Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación. Este intento fue destruido por el auge de la hegemonía neoliberal durante la década de 1980. La ola de globalización neoliberal se aceleró debido a la crisis de la deuda del Tercer Mundo y a la desaparición de la Unión Soviética. Occidente estableció un “orden internacional basado en reglas” para enmascarar sus estructuras neocoloniales y sus acciones imperialistas. Samir Amin sostuvo que la estructura neocolonial se basa en “cinco controles”: sobre las finanzas, los recursos naturales, la ciencia y la tecnología, las armas de destrucción masiva y la información.

En la actualidad, aunque algunos de estos monopolios se han relajado, la estructura desigual de la información y la comunicación no solo no ha cambiado, sino que se ha agravado. El paradigma teórico dominante sobre la producción de información y la comunicación en todo el mundo sigue siendo occidental-céntrico, y el mundo académico y los medios de comunicación del Sur global carecen de mecanismos para generar ideas y un marco que vaya más allá de esa perspectiva.

Vijay Prashad, director del Instituto Tricontinental de Investigación Social, pronuncia el discurso inaugural, titulado “La Historia no ha terminado: Las tres batallas de nuestro tiempo”, el 4 de mayo de 2023. Crédito: Instituto de Investigación de la Comunicación Internacional, Universidad Normal de China Oriental.

Constatamos la prevalencia de estructuras neocoloniales, en particular en los medios de comunicación, controlados por Occidente. Estos medios son incapaces de articular los retos a los que se enfrentan los pueblos del mundo o de comunicar y debatir eficazmente estrategias de desarrollo viables, en particular para el Sur global.

Los imperialistas estadounidenses y sus aliados utilizan los medios de comunicación como armas y lanzan guerras de información contra países de Asia, África y América Latina. Si el Sur Global intenta poner la paz y el desarrollo en la agenda, Occidente responde con guerra y deuda. En manos de los monopolios mediáticos occidentales, el orden comunicacional no se utiliza para promover la paz mundial, sino para exacerbar la división humana y el riesgo de guerra.

Los imperialistas estadounidenses y sus aliados utilizan la hegemonía mediática para distorsionar los bellos conceptos de democracia, libertad y derechos humanos. Atacan a otros países utilizando esos pretextos, mientras guardan silencio sobre su propio atropello a la democracia, la ausencia de libertad y las violaciones a los derechos humanos.

La profesora Lu Xinyu, decana del Instituto de Investigación en Comunicación Internacional de la Universidad Normal de China Oriental, pronuncia el discurso de clausura del Foro Internacional de Comunicación del Sur global, 5 de mayo de 2023. Crédito: Instituto de Investigación de la Comunicación Internacional, Universidad Normal de China Oriental.

Las tecnologías digitales como internet, el big data y la inteligencia artificial, que deberían estar al servicio del bienestar humano, son utilizadas por unos pocos gigantes mediáticos y plataformas monopólicas occidentales para dominar la producción y difusión de información y bloquear las voces disidentes. Dadas estas circunstancias, creemos que es esencial que las y los intelectuales y profesionales de la comunicación del Sur Global y simpatizantes del mismo revivan el espíritu de la Conferencia de Bandung de 1955 y del Movimiento de Países No Alineados (establecido en 1961), respondan a la Iniciativa de Civilización Global (2023) y establezcan la solidaridad internacional a través de la teoría y la práctica de la comunicación.

Creemos que es esencial que las y los intelectuales del Sur Global y quienes simpatizan con él promuevan las síntesis teóricas y la producción académica del Sur Global (especialmente en los ámbitos de la historia y el desarrollo), participen activamente en intercambios y colaboraciones académicas y formen una teoría de la comunicación desde la perspectiva del Sur Global.

Tings Chak, cofundadora de Dongsheng y directora artístico del Instituto Tricontinental de Investigación Social, pronuncia el discurso “Cultura, comunicación y solidaridad en el Tercer Mundo”, 4 de mayo de 2023.

Creemos que es esencial que los medios de comunicación progresistas del Sur Global y quienes simpatizan con él formen una red distribuida y diversificada de producción y difusión de contenidos, compartan sus materiales y experiencias mediáticas y establezcan un frente de comunicación internacional unido contra el imperialismo y el neocolonialismo para abogar por la paz y el desarrollo.

Creemos que es esencial que el Foro Internacional de la Comunicación del Sur Global se celebre anualmente para construir una red y una plataforma diversas y multilaterales de diálogo e intercambio entre intelectuales y profesionales de la comunicación. Esta red y plataforma servirán de base para diversas formas de colaboración con gobiernos, universidades, grupos de reflexión, medios de comunicación y otras instituciones.

La misión histórica del Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación no se ha cumplido, ni se ha desvanecido su espíritu. El antiimperialismo y el anticolonialismo siguen siendo el consenso del nuevo Movimiento de Países No Alineados. Trabajemos juntos y juntas, sobre esta base, para promover la construcción de un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación del siglo XXI en beneficio de la humanidad.

Nor Tijan Firdaus (Malasia), Just Scan It [Solo escanéalo], 2021.

En el Instituto Tricontinental de Investigación Social estamos totalmente de acuerdo con la necesidad de promover el Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación y reavivar el sueño de la libre circulación de ideas. Este empeño se basa en los esfuerzos del pasado, como el Pool de Agencias de Noticias No Alineadas, formado por la agencia de noticias yugoslava Tanjugel 20 de enero de 1975, que reunió a once agencias de noticias. En su primer año de funcionamiento, las agencias compartieron 3.500 historias; una década después, había sesenta y ocho agencias de noticias en la red. Aunque el Pool de Agencias de Noticias No Alineadas ya no existe, la idea que lo inspiró sigue siendo vital. La reciente conferencia de Shanghai forma parte de la nueva conversación para construir nuevos pools, nuevas redes y nuevos medios de comunicación, anclados en organizaciones como Peoples Dispatch y proyectos de medios afines.

Fuente: https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/nuevo-orden-mundial-informacion-comunicacion/

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