Estudiantes de países del este asiático como Singapur, Corea del Sur y Japón, además de los sistemas educativos de Hong Kong y Taiwán mantienen el liderazgo en estas materias desde hace 20 años.
Las calificaciones en matemáticas y ciencias de los estudiantes estadounidenses de cuarto y octavo grado mejoraron ligeramente durante los pasados cuatro años, pero los estudiantes de países asiáticos, con Singapur a la cabeza, son quienes más dominan estas materias, según los más recientes resultados de las pruebas internacionales Estudio de las Tendencias en Matemáticas y Ciencias (TIMSS).
Los resultados indican que estudiantes de los países del este asiático como Singapur, Corea del Sur y Japón, además de los sistemas educativos de Hong Kong y Taiwán,mantienen el liderazgo en estas materias desde hace 20 años, mientras EEUU les sigue, según la categoría, en un octavo o undécimo lugar.
Los exámenes TIMSS son administrados cada cuatro años desde 1995 y en 2015 los tomaron 600,000 estudiantes de 49 países. Varios sistemas educativos, como los de Hong Kong, el estado norteamericano de Florida o las provincias canadienses de Quebec y Ontario son evaluados como si fuesen países.
Según el informe TIMSS 2015, los estudiantes estadounidenses de octavo grado mejoraron sus calificaciones de matemáticas en el examen global durante los últimos cuatro años, de 509 puntos (sobre 1,000) en 2011 a 518 puntos en 2015. Sin embargo, en ciencias las calificaciones no mostraron grandes diferencias, de 525 en 2011 a 530 en 2015.
Las calificaciones de los estudiantes de cuarto grado, por su parte, se quedaron sin cambios significativos durante los pasados cuatro años y solo aumentaron de 544 a 546 puntos en ciencias y bajaron de 541 a 539 puntos en matemática
Hay que destacar, sin embargo, que todas las puntuaciones indican una tendencia al alza durante los pasados 20 años desde que se comenzó a administrar la prueba.
“Los estudiantes de cuarto y octavo grado en un puñado de sistemas de educación, casi todos en Asia, siguen sacando puntuaciones más altas, en promedio, que los estudiantes en EEUU. Pero los estudiantes de cuarto y octavo grado en EEUU hanprogresado considerablemente en matemáticas desde mediados de los años 1990”, dijo Peggy G. Carr, comisionada interina del Centro Nacional de Estadísticas de la Educación.
Según el informe, los estudiantes de cuarto grado en 10 sistemas educativos sacaron mejores calificaciones en matemáticas que los estudiantes de EEUU, incluyendo los de los países asiáticos antes mencionados más Irlanda del Norte, Rusia, Noruega y la República de Irlanda.
En matemáticas de octavo grado los estudiantes de ocho sistemas educativos sacaron mejores calificaciones que los estadounidenses, entre ellos los rusos, los canadienses y los canadienses de la provincia de Quebec.
En ciencias de cuarto y octavo grado los estudiantes de siete países sacaron mejores calificaciones que los estadounidenses, entre ellos chicos de Finlandia, Rusia y Eslovenia.
Por otro lado, el informe TIMSS 2015 también indica que los niños que asistieron a programas preescolares o recibieron el apoyo de sus padres en actividades que estimulan la lectura y las matemáticas tuvieron mejor desempeño en ciencias y matemáticas que aquellos que no participaron en este tipo de programas.
“Un inicio temprano en la educación tiene un efecto duradero hasta el cuarto grado”, indica el reporte.
“El alto desempeño está vinculado a estudiantes que asistieron a al menos tres años de programas preescolares y a aquellos cuyos padres se ocuparon de participar con ellos en actividades de alfabetización y aritmética temprana antes de comenzar la primaria”, agrega el reporte.
1. Pienso poco en la revolución como objetivo porque casi todas han terminado en la instalación de una burocracia política que luego ha degenerado en ser más de lo mismo. Prefiero pensar en las rebeliones y revueltas que demuestran el permanente descontento de los pueblos hasta lograr sus más profundos objetivos. No se trata de sustituir una idea, un poder, un grupo político, un discurso, por otro; sino crear un pensamiento crítico en la gente, una rebeldía contra lo establecido y una lucha social que jamás sea controlada por líderes o políticos que sólo les preocupe su bienestar individual. No se trata de cambiar un gobierno por otro, un programa educativo por otro, sino hacer que nuestro pueblo, que nuestros niños, aprendan a pensar en su mundo, en las cosas que como colectividad les conviene. No es un problema de quitar y poner gobiernos, sino de cómo autogobernarse.
2. Desde Oaxaca se informa: La circulación vehicular en la capital y varias ciudades y poblaciones de Oaxaca, está colapsada por los bloqueos que inició la Sección 22 la mañana de este miércoles 30, como parte de la jornada de 48 horas de protestas a la que convocaron en la víspera de la toma de protesta de Alejandro Murat como gobernador. El boicot al que convocó el magisterio oaxaqueño hizo eco en profesores de todo el estado que se unieron a las protestas en las que, además de bloquear las principales calles y carreteras, también montaron campamentos afuera de dependencias gubernamentales donde quedó suspendido el servicio. Entre empujones y jaloneos, que no pasaron a mayores, los maestros ingresaron y llegaron hasta las puertas del recinto legislativo donde se ultiman detalles para que este jueves se realice la toma de protesta del nuevo gobernador Alejandro Murat.
3. Los profesores oaxaqueños de la CNTE desde 1989, cuando en aquella lucha nacional derrocamos los maestros -encabezados por la Coordinadora- a Carlos Jongitud del liderazgo del SNTE y el gobierno de Carlos Salinas impuso a Esther Gordillo, nos demostraron junto a Michoacán, Chiapas, Guerrero, el DF, que iban a la vanguardia. En 2006 volvieron en sus batallas (organizados en la APPO) contra el gobernador Ulises Ruiz. Hoy nuevamente, sin descanso después del paro de 120 días, vuelven a las calles y los bloqueos, exigiendo la reinstalación de los alrededor de los tres mil profesores cesados, la libertad de los presos políticos y la anulación de la reforma educativa privatizadora. Al mismo tiempo exigen al nuevo gobernador Alejandro Murat –como lo hicieron con Gabino Cue- que favorezca al pueblo. ¡Viva la CNTE de Oaxaca, ejemplo de lucha!
Maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) tomaron las instalaciones de la Secretaría de Educación en el Estado (SEE), bloquearon las vías del tren a un costado de la comunidad de Caltzontzin, municipio de Uruapan, así como casetas de peaje de las autopistas Pátzcuaro-Lázaro Cárdenas y México-Guadalajara, para rechazar la reforma educativa y exigir trato igualitario a trabajadores estatales y federales, además del pago inmediato de salarios y prestaciones rezagadas.
Desde las 8:00 horas, los profesores disidentes tomaron las oficinas centrales de Educación estatal, en tanto que otro grupo bloqueó las vías del tren de la empresa Kansas City y casetas de peaje de Zirahuén, Taretan, Santa Casilda, Feliciano, de la autopista Siglo 21 y las casetas de Maravatío, Zinapécuaro, Copándaro, Zamora, de la autopista Occidente, donde permitieron el paso libre a vehículos particulares y ambulancias.
Una ley canadiense en vigor desde 1982 autoriza el castigo corporal contra los niños.
“Cada maestro de escuela, padre o una persona que ocupa el lugar de un padre, está justificado en el uso de la fuerza para corregir a un alumno o un niño, según el caso, que esté bajo su cuidado, si la fuerza no es superior a lo razonable dadas las circunstancias “.
¿Por qué la ley canadiense permite todavía a los padres golpear a sus hijos? ¿Por qué el gobierno liberal no ha cumplido todavía su promesa de prohibir el castigo corporal, hecha hace un año como parte de una promesa de implementar las 94 recomendaciones de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación con las Primeras Naciones?
La Comisión, con razón, calificó el castigo corporal de “reliquia de un pasado desacreditado que no tiene lugar en las escuelas ni en los hogares canadienses”.
Ha habido numerosos intentos de derogar esta ley a lo largo de los años, incluyendo 17 proyectos de ley privados desde 1994, pero todos han fracasado.
La oposición proviene de dos sectores principales: de los grupos conservadores que creen que los derechos de los padres están por sobre los derechos de los niños y que el Estado debería ocuparse de sus propios asuntos y, en menor medida, de grupos educativos que creen que los profesores deben intervenir físicamente (por ejemplo, cuando los estudiantes pelean) y que temen ser acusados de agresión.
La Sección 43 fue incluso cuestionada como una violación de los derechos de los niños, pero la ley fue considerada constitucional por el Tribunal Supremo de Canadá en 2004.
La Corte Suprema
Seis de los nueve jueces de la Corte Suprema de Canadá votaron a favor de mantener la ley cuando el caso les llegó en 2004.
Pero el fallo redujo su alcance cuando dictaminó que los padres pueden usar “la fuerza como corrección”, exponiendo exactamente cómo podría ser ese castigo. También le quitó legalmente a los profesores el uso de la fuerza física, excepto para evitar que un estudiante se dañara a sí mismo o a otra persona.
Según la ley ahora, los padres no pueden golpear a los niños con la intención de hacerles daño, ni pueden azotar a un niño menor de dos años o mayor de 12 años.
Los bebés y niños pequeños que podrían sufrir heridas físicas no verían la conexión entre sus acciones y las palizas, mientras que a los adolescentes castigados les “pueden inducir comportamientos agresivos o antisociales”, dice el fallo de la Corte Suprema de Canadá de 2004.
Los jueces también dictaminaron que los padres no podían golpear a los niños con cinturones, reglas u otros objetos, ni golpearlos en ninguna parte de la cabeza.
El periodista del Globe and Mail de Toronto, André Picard, en una entrevista con Jim Brown de CBC, dice que es hora de que la ley se ponga al día con la sociedad.
“En varios momentos de la historia, se ha permitido el castigo físico de los esclavos, los sirvientes, los marineros, los aprendices, los presos, las esposas, los perros y los niños. Las normas culturales y las leyes han evolucionado, pero estas prácticas han sido desterradas con una excepción: los niños. Ya es hora de que el gobierno les dé la misma protección a los niños como lo hace con los adultos».
– André Picard
El columnista del Globe and Mail argumenta que no sólo la mayoría de los canadienses se han dado cuenta de que no está bien golpear a los niños, sino que la ciencia demostró que no funciona.
“Incluso si no está convencido de que golpear a un niño deberías ser ilegal, o que se considere moralmente incorrecto, existe una fuerte evidencia de que no funciona … Aunque se necesita más tiempo y paciencia, realmente hablar con los niños acerca de por qué un comportamiento es equivocado funciona mucho mejor que golpearlos.”
El primer ministro Justin Trudeau dijo el 20 de noviembre, Día Nacional del niño:
“Cada niño merece ser criado en un ambiente libre de violencia, discriminación y explotación; crecer con una nutrición adecuada, con salud y una buena educación; y tener una voz en asuntos que les afectan, y una oportunidad real, justa de tener éxito”.
Entonces André Picard le pidió al Primer Ministro que preste atención a las palabras que pronunció y se deshaga de la Sección 43.
Hay que invertir más y mejor en aquellos aspectos que hacen que los centros educativos sean más eficaces y eficientes. La autonomía de gestión, la evaluación externa y la innovación pedagógica son elementos esenciales de mejora.
Cuando se produce una inundación, lo primero que falta es agua potable. Esta paradoja ilustra la situación vivida durante años por la educación española. Mientras se producía una inundación de declaraciones de principios, casi siempre excluyentes, y disquisiciones de similar calibre, la escuela y sus grandes protagonistas, profesores y alumnos, han sobrellevado su actividad cotidiana sin recibir la atención que se merecen.
Pasó el tiempo y se han perpetuado graves situaciones, tan conocidas como nunca resueltas: nuestra inversión en educación, el 4,3% del PIB, sigue estando lejos de la media de los países de la OCDE, que es de un 5,2%. Junto a ello, la distribución de la inversión nos enfrenta a una inercia reacia al cambio, que despierta otra preocupación cualitativa: tan importante es invertir más, como hacerlo mejor.
Hoy sabemos que hay que invertir más en aquellos aspectos que hacen que los centros educativos sean más eficaces y eficientes, y sabemos, aunque no lo parezca, que eso solo se consigue si se trabaja a favor de la equidad, el desarrollo intelectual temprano, con la mejora de la formación, selección y evaluación del profesorado, fortaleciendo el liderazgo y la mejora de la dirección y gestión escolar, promocionando la enseñanza del inglés, mediante el desarrollo de nuevas competencias o apoyando la inversión en nuevas metodologías didácticas y en sistemas educativos digitales.
Hablando de inversión, es obligado referirnos a un factor de inequidad que, quizás por crear incomodidad política, suele soslayarse por parte de algunos autoproclamados expertos. Al nacer un niño o niña en algunas de nuestras comunidades autónomas puede sentir helado su corazón, y no en el sentido machadiano sino en el educativo, si lo hace en aquellas que invierten por alumno casi la mitad de lo que hacen otras, en ocasiones vecinas. Pocas lideran ese esfuerzo inversor y son, en consecuencia, las que obtienen mejores resultados y menores tasas de desempleo juvenil, por hacerlo en lo que realmente importa y en la formación profesional.
La lotería que siempre ha supuesto nacer en uno u otro lugar de España, hoy tiene importantes efectos educativos y de bienestar futuro para las personas: en algunas comunidades es una ventaja, en otras es un hándicap, agravio que no solo tiene una dimensión presupuestaria, sino que representa un importante desafío político que apela por igual a la justicia, la igualdad y la cohesión interna.
El problema fundamental sigue siendo lo que saben nuestros alumnos y lo que saben hacer con lo que saben. De nuevo la realidad es terca: no obstante algunos avances, somos un país líder en Europa en abandono escolar temprano y en el maldito fenómeno de los “ninis”: jóvenes con edades entre 15 y 29 años que ni estudian ni trabajan, categoría en la que destacamos con un 22,8% sobre el total de ese tramo de edad, lo que equivale a 1,6 millones de jóvenes en esa situación. Y según nos dice la OCDE, la insuficiencia u obsolescencia de las competencias de nuestros conciudadanos mayores de 16 años en relación con las necesidades del sistema productivo se encuentra entre los peores niveles de occidente.
España dedica a educación el 4,3% del PIB, cuando la media de la OCDE es del 5,2%
Un análisis con perspectiva nos lleva a conclusiones aún más preocupantes: nuestro alto nivel de desempleo, junto con la elevada tasa de abandono escolar temprano, han sido factores decisivos para que la brecha de la desigualdad existente en España entre ricos y pobres no haya dejado de crecer desde 2008. De acuerdo con un reciente informe del BBVA, tenemos un país con dos grandes grupos poblacionales: los insiders, es decir, los que tienen trabajos o pensiones indefinidas, y los outsiders, un numeroso y creciente colectivo de desempleados, con empleos precarios o temporales, que han pasado a ser parte de ese traumático colectivo, o pueden dejar de ser parte de él a través de la educación.
El próximo día 6 de diciembre se hará público el nuevo informe PISA que actualizará la ingente información que aporta esa evaluación externa. Seguro que de nuevo se despertarán fantasmas: por un lado, quienes sobrevaloran PISA con interpretaciones interesadas, sin olvidar que solo es, y no es poco, una evaluación de tres competencias básicas; y, por otro, los que, con gesto atávico, querrán romper un espejo que les devuelve una imagen negativa que les interpela y cuestiona. Se intentará matar al mensajero o utilizarlo en provecho propio, lo que no deja de ser lo mismo, aunque supongo que PISA nos dirá lo que ya sabemos: que hemos hecho avances, como venimos haciendo desde comienzos de la Transición, que tenemos un sistema inclusivo con graves desequilibrios internos, y que nos cuesta alcanzar el nivel educativo que este país necesita y merece.
Finalmente quiero referirme a dos cuestiones importantes para la mejora de nuestra educación. En primer lugar, la autonomía de los centros educativos, requisito que, junto con la evaluación externa, como demuestran Hannusek y Woskmann de la Universidad de Harvard, son decisivos para el éxito de una escuela, como la española, a veces reacia a la evaluación y con un frecuente intervencionismo por parte de sus titulares, públicos o privados.
El alto desempleo y la elevada tasa de abandono escolar temprano han aumentado la desigualdad
En segundo lugar, la importancia de la innovación educativa, especialmente la didáctica y metodológica: un factor cualitativo y diferenciador de mejora que hoy caracteriza a las escuelas de manera distinta a la tradicional clasificación en públicas o privadas: las que son inclusivas e innovadoras cuentan cada vez con mayor reputación y las que no innovan pierden reconocimiento y relevancia.
Una estrategia de mejora de la educación necesita un impulso político amplio que ayude a movilizar un sistema que durante un tiempo sufrió una cierta parálisis como consecuencia de los efectos de la crisis, la injustificada confianza en opciones tan excluyentes como supuestamente providenciales y, en ocasiones, distraído en cuestiones coyunturales o particulares que solo interesan a quienes las defienden.
Stiglitz dice que el aprendizaje nunca ha sido tan importante como ahora. Exigencia propia del momento que vivimos, que llega cuando la escuela está perdiendo su función histórica de ser transmisora de información y conocimientos, para tener que asumir el reto de dotar a sus alumnos de nuevas competencias necesarias para un futuro caracterizado por la incertidumbre.
En estos momentos un primer paso, como el dado en estos días, es muy importante: sirve por igual a objetivos a corto y largo plazo y ayuda a superar inundaciones y disponer del agua potable que realmente importa: más y mejor educación para todos, sin demoras.
Unión europea/05 de Diciembre de 2016/ El Nuevo País
Variables como la tolerancia, la inclusión y el desarrollo personal marcan el nuevo paradigma.
Los datos ayudan a comprender el mundo, pero interpretarlos puede ser tan complicado como caminar descalzo por un campo de cactus. El PIB per capita dice que, por ejemplo, un gallego (con 20.619 euros) está al mismo nivel que un valenciano (21.468 euros). Sin embargo, en la comunidad del botafumeiro la fortuna de un solo vecino, Amancio Ortega (fundador de Inditex), supera el PIB generado por el resto —2,7 millones de personas—. Del otro lado, el patrimonio que la revista Forbes asigna a Juan Roig, presidente de Mercadona, serviría para pagar las pensiones de los 8,5 millones de jubilados españoles durante un mes. Saltando el charco, un estadounidense puede sentirse afortunado por formar parte del 10% de la población más rica del planeta. Pero si así fuera, el Gobierno de la nación más poderosa no habría acabado en manos de una persona como Donald Trump.
¿Cómo hemos llegado al punto de no comprender lo que está pasando?, se preguntan muchos analistas ante fenómenos como el norteamericano o el Brexit en Europa. Quizá no baste con las clásicas variables económicas (renta, riqueza) para calibrar el descontento social, la frustración por la falta de empleo o la creciente intolerancia contra los inmigrantes. “Medir la desigualdad no es desde luego fácil, y aparte de las dificultades técnicas del propio cálculo están los temas relacionados con la calidad de la información en la que esos cálculos se basan”, reflexiona el profesor Francisco J. Beltrán Tapia, historiador económico de Magdalene College, de la Universidad de Cambridge.
LUIS TINOCO
Recientemente la Comisión Europea, junto con el Instituto Vasco de Competitividad (Orkestra), ha aplicado el índice de progreso social ideado por la ONG norteamericana Social Progress Imperative a 272 regiones europeas. Este indicador, apadrinado por el economista Michael Porter, valora en cada territorio cientos de variables gracias a las bases de datospublicadas por la oficina estadística (Eurostat) y a centenares de encuestas. El resultado es elocuente: las regiones con un mayor PIB per capita no son las que mejor lo hacen en términos de progreso social. España, y por extensión los países del arco mediterráneo, cubre de manera muy eficaz las necesidades básicas de sus ciudadanos, pero no facilita oportunidades igualitarias en la medida en que sí lo hacen otros países con el mismo nivel de riqueza.
El índice aporta datos sobre tres dimensiones: atención a necesidades humanas básicas —ahí la mayoría de las regiones europeas muestran buenos resultados—; fundamentos de bienestar, como acceso a conocimientos básicos, información o cuidados médicos esenciales y, en tercer lugar (y no menos importante), las oportunidades que ofrece cada territorio en la medida que permite a sus habitantes desarrollarse personal y profesionalmente, proteger sus derechos personales, su libertad para elegir o sus decisiones.
María Luisa Blázquez de la Hera, del Centro Internacional de Competitividad del IESE y colaboradora del proyecto, subraya que, si bien hay una correlación muy estrecha entre la medición de las necesidades básicas y el PIB per capita (cuanto más PIB, mejor cubiertas están), en el terreno de las oportunidades hay mucha más dispersión. “La riqueza no necesariamente se emplea en mejorar los derechos personales, la tolerancia, o en facilitar el acceso a la enseñanza superior”, señala. Con este análisis, resalta, han comenzado a bucear en un territorio inexplorado. “Este tipo de conceptos [por ejemplo, analizar la obesidad en una región o la tolerancia hacia los homosexuales] no se suelen incorporar y desde el ICC creímos que era una buena idea hacerlo, porque, recordemos, lo que no se mide, no existe”. El baremo utilizado en el estudio suma variables básicas —como acceso a la sanidad, alcantarillado, mortalidad infantil o calefacción en el hogar— junto a otras menos previsibles, como muertes por accidentes de tráfico, seguridad por la noche, confianza en el sistema político, penetración de la corrupción, acceso de la banda ancha en el hogar o contaminación del aire.
ÍNDICE DE GINI Y OCDE.
España sale mal parada en casi todos los estudios sobre la desigualdad. Uno de los últimos, de la OCDE, muestra cómo entre 2010 y 2014 los empleados españoles con los sueldos más bajos sufrieron el mayor recorte salarial de entre los 34 países que forman la organización, solo por detrás de Portugal. El índice de Gini, además, coloca al país en una de las peores posiciones de Europa.
Si el mundo fuera un país, obtendría 62 puntos en la escala marcada por el estudio (en un rango del 1 al 100). China, con niveles de progreso medios, e India, con registros bajos, influyen fuertemente en los resultados al combinar una población de 2.000 millones de personas. Rusia, Arabia Saudí y Venezuela, con ingresos relativamente altos, presentan bajos niveles de progreso social y, en Europa, las regiones nórdicas (Dinamarca, Finlandia, Islandia, Suecia y Noruega) confirman que su modelo funciona pese a sus históricos talones de Aquiles, como las elevadas tasas de suicidios.
Con 85 puntos, España figura en el puesto número 17 entre los Estados con un mejor resultado en el índice de 133 países analizados. La clasificación la encabezan Finlandia, Canadá
—con su modelo multicultural— y Dinamarca; y la cierran la República Centroafricana, Afganistán y Chad. Pese a la buena posición global de España, acercando la lupa a las autonomías el estudio constata que a la hora de ofrecer mejores oportunidades a sus ciudadanos para progresar, ninguna de las 17 obtiene una mejor nota respecto a otras regiones del globo con niveles de riqueza similares. Un total de 11 presentan registros más bajos que la media. “Tenemos que conseguir, por ejemplo, mayores oportunidades de acceso a la enseñanza superior. Aunque tenemos muchas y buenas universidades, no es suficiente”, cree Blázquez.
Las oportunidades de los jóvenes españoles respecto a otros europeos son, de partida, inferiores. “España es un país que ofrece un sólido acceso a conocimientos básicos, aunque en alfabetización de sus adultos está en desventaja. Es un país con un buen sistema de salud y bienestar, pero con desventajas relativas en temas de tolerancia, por ejemplo, tolerancia religiosa”, apunta Blázquez. Susana Franco, investigadora de Orkestra, destaca que el país acarrea un gran déficit en educación por culpa de que gran parte de su fuerza laboral abandonó en su día la secundaria. “Otro de los indicadores que peores resultados ofrece tiene que ver con la poca confianza en las instituciones, en el sistema legal y político”, que enlaza con la sensación de hartazgo por los casos de corrupción.
Para conocer la realidad social de manera más precisa otros economistas ofrecen sus propias recetas. “No podemos basarnos en un solo indicador porque, por definición, son limitados, miden unas cosas y olvidan otras. Además, el crecimiento por sí solo no nos asegura el progreso social”, cree Raúl Flores, analista e investigador social de Cáritas. Habla de hasta cuatro referencias(índices Gini y 80/20, tasa Arope e informes de la OCDE) para aproximarse a la fotografía real, esa que puede explicar por qué una ola de extremismo hace que la ultraderecha esté tomando posiciones en países clave de Europa.
El poder es mío
Luis Molina, miembro de Economistas frente a la Crisis, recuerda en sus estudios publicados que, según el reparto del patrimonio, “el 1% de la población española posee el 27,2% de la riqueza conjunta”. Su diagnóstico sobre el futuro es muy sombrío. “Lo que está salvando la situación en España (como en Grecia, que registra una distribución de patrimonio muy parecida) es el hecho de que amplias capas de la población vienen compartiendo su modesto patrimonio familiar para paliar las consecuencias de las políticas de austeridad. Una solución de emergencia, porque comerse el patrimonio por carecer de rentas es pan para hoy y hambre para mañana”. Los recortes de derechos sociales y los desahucios corroboran, según él, el proceso de vaciamiento patrimonial de los que menos tienen. Y la reforma laboral vendría a dar la puntilla a un marco de relaciones laborales que permite “trabajar y seguir siendo pobre”, como lo demuestra el hecho de que casi seis millones de trabajadores ingresen el salario mínimo (o menos), sin “ensombrecer” las estadísticas.
En este punto se detiene la reflexión de otro economista, Luis Ayala, coordinador de dos informes sobre desigualdad (Los Libros de la Catarata, Fundación Alternativas, 2015). Ayala cree que los salarios bajos derivados del sistema productivo (centrado en la construcción y los servicios) hacen que estemos “peor que hace 15 o 20 años”. Es lo que Raúl Flores llama “la pérdida del espacio de seguridad”. Porque para muchas familias tener un trabajo ha dejado de ser una forma de satisfacer sus necesidades.
Pero ¿y si el problema no está en la desigualdad? El profesor de sociología de la Universidad Complutense Julio Carabaña desafía el aparentemente sólido consenso sobre el aumento de las diferencias sociales que trasladan economistas de Europa y EE UU, desde Thomas Piketty a Joseph Stiglitz o los investigadores de The Luxembourg Income Study (LIS), un centro apoyado por personas como Paul Krugman, Nobel de Economía. “La desigualdad social en el mundo está disminuyendo, lo dicen los datos. En España ha aumentado durante la crisis el equivalente a lo que disminuyó durante la época de bonanza”, cree Carabaña. “En la Europa de los 15 no ha aumentado en absoluto desde el año 1995, en el último ciclo económico, aunque sí lo ha hecho en EE UU”. ¿Por qué, según él, se exagera? “Porque hay un desplazamiento perverso de la atención, porque parece que el problema es que haya mucha gente rica, y no que haya pobres. Pero el aumento de las rentas en la parte alta de la tabla no es el problema”.
Alternativas
El índice del Social Progress Imperative y otros análisis económicos arrojan otra conclusión: hay margen para que los Gobiernos cambien las cosas porque es la política la que favorece o ataja esos desequilibrios. Francisco Beltrán pone como ejemplo las trayectorias de EE UU y Reino Unido, donde el porcentaje de riqueza en manos del 1% de la sociedad no ha dejado de crecer desde los años setenta (alcanza el 18% y 14%, respectivamente), frente al camino opuesto recorrido por países como Alemania o Dinamarca (que están por debajo del 10%). “Mientras la Europa continental ha logrado mantener relativamente controlada la desigualdad medida, los ricos en EE UU y Reino Unido han incrementado de forma sustancial la parte del pastel económico que acaba en sus manos”.
Bajo la globalización capitalista, piensa Luis Molina, es difícil actuar: “Cualquier síntoma de irracionalidad colectiva se produce porque el sistema responde a una razón económica minoritaria, y por cierto irracional: la acumulación patrimonialista sin límite en un entorno de desigualdad extrema y creciente”. Para enfrentarlo propone que la mayoría social recupere la capacidad de hacer que el poder político represente sus intereses. “Se pueden mejorar las desigualdades de renta, destinar transferencias donde más se necesitan, potenciar los servicios públicos, organizar mejor la carga de la fiscalidad, subir el salario mínimo, acabar con las puertas giratorias …”. Otros economistas recetan más mecanismos de redistribución para corregir los fuertes déficits. “Tanto desde el punto de vista de impuestos como de prestaciones sociales. Gastamos menos que otros países con un PIB per capita más bajo”, recuerda Ayala.
“Tenemos que generar elementos propositivos, ir hacia adelante”, enfatiza Raúl Flores. “No podemos dejar que el ascensor social, ese que en los años de bonanza subía, no pare en las plantas más bajas”.
RADIOGRAFÍA DE LA FALTA DE OPORTUNIDADES
Yugoiztochen, la peor de la UE. Al sudeste de Bulgaria se encuentra Yugoiztochen, una región con poco más de un millón de habitantes, apenas 5.237 millones de PIB y una renta de 9.000 euros. Según el Social Progress Index, es la que menos oportunidades ofrece a los ciudadanos de toda la UE. Le sigue Severozapaden, en el mismo país, zona donde apenas hay universidades y que tiene la peor tasa de esperanza de vida.
La zona con más oportunidades. Rodeada por vastos paisajes, Övre Norrland, la región más septentrional de Suecia (forma parte de Sápmi, Laponia) encabeza el ránking regional de las zonas que ofrecen más oportunidades del continente. Más del 20% de su población tiene estudios superiores (las mujeres, en proporción, están mucho mejor formadas que los hombres). Es una gran exportadora de madera y minerales.
Madrid, la mejor situada de España. En el puesto número 92 entre 273 regiones del continente se sitúa Madrid dentro de la clasificación del índice que mide el progreso en Europa. A su favor, ofrece un buen acceso a servicios básicos y aceptables niveles de tolerancia. En su contra, la baja confianza de sus ciudadanos en el sistema político así como una alta percepción de la corrupción.
Londres, ¿una gran capital? Con un PIB per capita de 80.400 euros, el más alto de la UE, Londres ofrece, comparativamente con otras ciudades de su nivel, muy malos resultados en sanidad (mortalidad infantil y muertes antes de los 65 años altas), calidad del agua, sanidad básica y seguridad personal. También falla en aspectos como su alto número de jóvenes que ni estudian ni trabajan.
El débil corazón europeo. Bruselas es otro de esos ejemplos sorprendentes: ocupa el tercer puesto en la generación de riqueza pero queda relegada al 81 (de 272 regiones) en relación a lo que ofrece a sus ciudadanos. Un bajo nivel educativo, el alto coste de la vivienda (que comparte con Londres), una alta tasa de muertes por enfermedades cardíacas o una alta tasa de homicidios lastran su puntuación.
Poca potencia italiana. Cinco de las 10 regiones que menos oportunidades de desarrollo ofrecen a sus ciudadanos (en relación a su PIB) están en Italia. Se trata de Véneto, Liguria, Piamonte, el Valle de Aosta y Lombardía. Además, las regiones del sur del país registran las peores puntuaciones globales, entre otras cosas por la baja calidad de los servicios públicos y la escasa confianza en las instituciones.
Los grupos de la cabeza y la cola. Junto a la capital de España, las regiones más avanzadas del país son el País Vasco, Navarra, Cantabria y Castilla y León. El informe sitúa en la cola, por este orden, a Melilla, Ceuta, Andalucía, Baleares y Castilla La Mancha. Los autores del estudio destacan el gran desequilibrio que existe entre las autonomías españolas, mayor que el que se detecta en países de tamaños similares.
Educación. Baleares presenta la tasa de inscripción en educación secundaria más baja del país, seguida de Melilla, Ceuta y Canarias. En cambio, Ceuta, Extremadura y Andalucía son las tres regiones donde el abandono temprano de la escuela es mayor. Extremadura, Baleares y Castilla La Mancha tienen las peores puntuaciones en acceso a la educación superior. En el lado opuesto están País Vasco, Madrid y Navarra.
Sanidad. España sale muy bien parada en los parámetros que miden la salud y el bienestar, así como en el acceso a cuidados sanitarios básicos y nutrición. Y eso pese a que el presupuesto para sostener hospitales y centros de salud ha caído un 14% durante la crisis (más de 10.000 millones). Sin embargo, los indicadores de opinión de los ciudadanos y las listas de espera anticipan que esa situación puede terminar por revertirse.
Corrupción.La corrupción es un grave problema en un buen número de regiones de Italia, Bulgaria, Rumanía o Grecia. España se encuentra en posiciones intermedias en la tabla. La clasificación tiene en el lado opuesto la limpieza de los países nórdicos. En España a principios de este año había un millar de políticos con causas judiciales pendientes. Un 95% de ciudadanos están convencidos de que el sistema favorece la impunidad.
La pobreza de los salarios. Según un estudio de UGT, un total de 5,9 millones de personas, es decir, el 35% de los asalariados, cobra menos del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), fijado en 655,20 euros para 2016. A eso se añade, según datos del INE, que en la última década los trabajadores con ingresos bajos, (en especial los trabajadores a tiempo parcial), han perdido un 11,4% de salario.
Jóvenes con la vida difícil. Solo el 20% de la población joven (entre 16 y 29 años) ha conseguido emanciparse de sus padres, según los datos del Consejo de Juventud español. El 92,5% de las contrataciones realizadas a personas menores de 30 años son de carácter temporal y la tasa de paro en ese colectivo se eleva al 34,4%. Un panorama desolador que marcará el futuro económico del país.
Estados Unidos/05 de Diciembre de 2016/Dos Manzanas
Ya en alguna ocasión anterior hemos señalado la notable visibilidad LGTB en varias universidades jesuitas de Estados Unidos, algunas de ellas tan emblemáticas como la de Georgetown. Una nueva noticia que nos llega por el portal católico LGTB New Ways Ministry confirma esta apuesta de los centros de la Compañía en el país norteamericano. Se trata del encuentro Ignatian Family Teach-In for Justice2016, que tuvo lugar del 12 al 14 de noviembre pasado. En esta ocasión, la iniciativa ha incluido tanto a las universidades como a los centros de enseñanza preuniversitaria.
Promovidos por la Red Ignaciana de Solidaridad (Ignatian Solidarity Network), los Teach-In son encuentros que cada año reúnen a estudiantes y personal de los centros educativos jesuitas de Estados Unidos. Este año, el encuentro tuvo como tema “la misericordia en acción”, y entre los talleres y ponencias hubo varios de temática LGTB.
Hubo así una charla sobre cuestiones LGTB en los campus jesuitas impartida por Jack Raslowsky, presidente de la Xavier High School de Nueva York. Jane Bleasdale, del Instituto de Liderazgo Educativo en la Universidad de San Francisco, habló de las experiencias de los estudiantes negros, latinos y LGTB en las escuelas secundarias jesuitas, debatiendo acerca de cómo la educación católica podría avanzar desde la mera tolerancia hacia una inclusión real. Por su parte, Isaiah Blake y Erik Krebs, de The Spectrum, una organización para la justicia racial en la Xavier High School, llevaron a cabo una charla sobre raza, sexualidad y masculinidad, y lanzaron la siguiente pregunta: “Si Jesús no sintió la necesidad de ponerle adjetivos a su amor, ¿por qué debemos hacerlo nosotros?”.
Asimismo, Jane Barry, graduada por la Facultad de Teología del Boston College, dirigió un taller acerca de cómo los católicos podrían ser mejores aliados de las personas LGTB. Por último, Glen Bradley y Robert Shine, de New Ways Ministry, dirigieron una sesión titulada “Amor valiente: respondiendo a la criminalización de las identidades LGBTQ”, poniendo el acento sobre los más de 70 países donde la homosexualidad sigue penada por ley.
Todo además resulta especialmente significativo tras la victoria en las elecciones presidenciales estadounidenses de Donald Trump, como afirma Robert Shine: “estos tiempos inciertos nos han dejado a muchos con miedo y tratando de encontrarle un sentido a lo que está pasando. Pero estar con 1.800 estudiantes y otros católicos tan motivados para ‘prenderle fuego al mundo’ amando sin excusas a toda persona me convence de nuevo de que el amor vence siempre al odio”. La última frase, por cierto, en el original, hace un juego de palabras con el apellido del nuevo presidente de Estados Unidos, y se ha hecho popular en el país: “love always trumps hate”.
Aunque estos talleres y charlas ocurren también en otros encuentros, no debe pasarse por alto que en este caso ha sido promovido por una orden religiosa católica tan importante como la Compañía de Jesús. No está de más desear que cundiese el ejemplo en otras latitudes.
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